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luisy86

Usuario (Argentina)

Primer post: 1 abr 2010Último post: 26 jun 2011
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Publicidad de Brahma- Instructores
HumorporAnónimo4/1/2010

Ay dios que risa link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=iO-lZT_MSQ4

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''La larga risa de todos estos año'' de R. Fogwill
''La larga risa de todos estos año'' de R. Fogwill
ArteporAnónimo2/7/2011

HOLA T!. Hoy paso por acá para compartir con ustedes este cuento genial de Fogwill. Disfrútenlo y comenten luego de leer LA LARGA RISA DE TODO ESTOS AÑOS No éramos tan felices, pero si en las reuniones de los sábados alguien hubiese preguntado si éramos felices, ella habría respondido "seguro sí", o me habría consultado con los ojos antes de decir "sí", o tal vez habría dicho directamente "sí", volteando su largo pelo rubio hacia mi lado para incitarme a confirmar a todos que éramos felices, que yo también pensaba que éramos felices. Pero éramos felices. Ya pasó mucho tiempo y sin embargo, si alguien me preguntase si éramos felices diría que sí, que éramos, y creo que ella también diría que fuimos muy felices, o que éramos felices durante aquellos años setenta y cinco, setenta y seis, y hasta bien entrado el año mil novecientos setenta y ocho, después del último verano. Salía por las tardes, a las dos, o a las tres.Siempre los martes, miércoles y jueves, después de mediodía, se maquillaba, me saludaba con un beso, se iba a hacer puntos y no volvía hasta las nueve de la noche. A fin de mes, si había dinero, no salía a hacer puntos. Entonces, también aquellas tardes de martes a jueves nos quedábamos charlando, tomando té, o ella se encerraba en el cuarto para mirar televisión mientras yo trabajaba, o me acostaba a descansar sobre la hamaca paraguaya que habíamos colgado en el balcón. Y si faltaba plata, en la primera semana del mes hacía dos puntos cada tarde: se iba temprano al centro, hacía algún punto, después volvía a nuestro barrio para hacer otro punto por Callao, y yo la esperaba sabiendo que aquella noche llegaría más tarde. _ Pero siempre teníamos dinero. Hubo caprichos: el viaje a Miami, los muebles de laca con gamuza amarilla y la manía de andar siempre cambiando de auto, esos fueron los gastos mayores de la época, y como casi nunca nos faltaba plata, ella hacía, puntos entre martes y jueves las primeras semanas del mes, llegaba a casa bien temprano, me daba un beso, se cambiaba y se encerraba a cocinar. A veces pienso que por entonces cada día era tan parecido a los otros, que por esa constancia y esa semejanza se producía nuestra sensación de felicidad. Salía temprano. Dejaba el taxi en Veinticinco de Mayo y Corrientes y se iba caminado hacia Sarmiento; a veces se entretenía mirando una vidriera de antigüedades, monedas viejas, estampillas. Serían las tres. Había por ahí hombres parados frente a las pizarras de las casas de cambio, gente que copia en sus libretas las cotizaciones, y el precio de los bonos y de los dólares de cada día. Alguno de ésos la miraba. Entraba al bar de la esquina de la Bolsa. Se hacía servir un té en la barra y generalmente alguien la veía y la reconocía y la citaba. Los conocidos la citaban allí, en el bar de la Bolsa. Los hombres no podían olvidarla con facilidad. Si no conseguía cita, pagaba el té, dejaba su propina, se iba caminando por Sarmiento, y en algún quiosco compraba revistas francesas o brasileñas para mirarlas tomando su café en la confitería Richmond de la calle Florida. Ahí siempre alguien se le acercaba. De lo contrario, poco antes de las cuatro, salía a recorrer Florida hacia la Plaza San Martín mirando vidrieras, o demorándose en las cercanías del Centro Naval y en los barcitos de la zona, llenos de oficiales de paso que dejan sus familias en las bases del sur y sabían de ella. Si no encontraba un oficial, seguía hasta Charcas y pasaba por la vieja galería, donde nunca solía fallar, porque si los mozos del snack bar la veían sola, le presentaban a los turistas que habían andado por ahí buscando una mujer. Una mujer. ¿Qué sabrían ellos qué es una mujer? Yo sí sé. Sé que ella era una mujer. No sé si lo sabrán todos los hombres que la encontraban en la Bolsa, en la Richmond, en el Centro Naval, o en algún sitio de su camino entre la Bolsa de Comercio y la galería, pero sé que algunos lo supieron, y fueron sus amigos, y casi amigos míos fueron –los conocí–, y me consta que, por conocerla, algunos de ellos aprendieron qué es una mujer. Algunas veces se le acercaban hombres de civil fingiendo que buscaban citas, pero ella los descubría –tenía para eso un olfato especial–, y les decía que se fuesen a alcahuetear a otro. Los especiales, los de la División Moralidad, la dejaban seguir. En cambio, los oficiales nuevos de las comisarías, recién salidos de los cursos, se ofendían y la llevaban detenida a la seccional. Allí tenía que hablar con los de la guardia; mostraba las fotos de publicidad, los documentos, las llaves de casa y las del auto y los jefes le permitían salir. ¿Qué otra cosa podían hacer? Una noche llegó a casa con un subcomisario. Yo la esperaba trabajando frente a mi escritorio, y cuando oí la cerradura, miré hacia la puerta para ver su carita sonriente y lo vi a él. Parecía un profesor de tenis, o un vividor de mujeres ricas. El notó la expresión de mi cara al oír que me lo presentaban como subcomisario y quedó sorprendido, igual que yo. ' Me reconoció por aquella película de la Edad Media –la del whisky como había pensado que ella vivía sola, miraba mi kimono de yudo, veía el desorden de papeles sobre mi escritorio, y la miraba a ella, averiguando. Notó un papel de armar entre mis libros. Era un papel americano, con los colores de la bandera yanqui y preguntó si fumábamos. Ella dijo que estaba para ofrecer a las visitas y a él le pareció bien y siguió curioseando entre los libros. Esa primera vez estuvo medio trabado, igual que yo, que jamás esperé que me trajera un policía a casa. Pero después nos hicimos amigos. Se acostumbró a venir y nos telefoneaba desde el garage para anunciar que al rato subiría a tomar algo, o a charlar. Dejaba sus armas en el auto. Para ellos es obligatorio llevar siempre la pistola en su funda de la cintura, o en esas carteritas que usan ahora, pero él, por respeto a la casa, dejaba todo en el garage. A veces preguntaba por ella: –¿Y Franca...? –Parecía amenazarme: "si decís que no está, seguro que me muero...". Y yo le explicaba que estaría haciendo puntos, que pronto llegaría, y lo invitaba con un whisky. Para no molestar, él se quitaba los zapatos, se acostaba en el sillón del living y se quedaba ahí mirando el techo hasta que ella llegara, sólo por verla, aunque estuviesen esperándolo en su oficina, una sección especial de vigilancia que funcionaba cerca de casa en la época de la presidencia de Isabel. Parecía un instructor de tenis, o el encargado de un yate de lujo. Siempre de sport, bronceado; tenía cuarenta y dos años, pero parecía menor, de treinta o treinta y cinco. Se llamaba Solanas. Fuimos bastante amigos. No es fácil ahora confesar amistad hacia un policía, pero no has sido el único. También siento amistad hacia el inspector Fernández, de la Policía Federal, a la llaman la mejor del mundo aunque a él lo tenga destinado a una comisaría de mala muerte, en un barrio donde jamás nada sucede. A Solanas lo había conocido haciendo puntos. Le habrá cobrado, la primera vez, lo mismo que por entonces les cobraba a todos; serían veinte, o veinticinco mil pesos: unos cien dólares, quinientos millones de ahora. ¿Cómo decirlo si el valor del dinero cambia más que cualquier otra costumbre de la gente...? Desde que se hizo amiga de Solanas y lo empezó a traer a casa, nunca volvió a cobrarle. Tampoco creo que haya vuelto a acostarse con él: ella diferenciaba a los amigos de los puntos, y entre los puntos distinguía bien a los clientes estables de aquellos hombres ocasionales que aceptaba sólo cuando veía que se le estaba yendo la tarde sin conseguir un conocido. . Si los entraba a casa, significaba que ya era amiga de los puntos. Saldrían del hotel, o del departamentito del hombre y entusiasmados, irían a un bar para seguir charlando. Después, cuando llegaba la hora de volver, ella querría volver –necesitaba volver–, se haría acompañar hasta la puerta y si seguía la charla y le seguía el entusiasmo, lo hacía subir a nuestro departamento. Cuando está comenzando una amistad, nada la puede detener. Por eso, al nuevo amigo ella lo hacía pasar, lo presentaba, y el hombre seguía hablando conmigo mientras ella se cambiaba y se encerraba a cocinar para los tres. Los que se hacían amigos cenaban en casa; a los que no se querían ir, les preparábamos una camita en el living, y ahí dormían, sin preocuparse por lo que hacíamos en nuestra habitación. Hasta venir a nuestro departamento nunca un . cliente sabía de mí. Yo en cambio sabía de ellos porque Franca me detallaba todo lo que hacía con los puntos. Fue una época. Yo quería averiguar, conocer más. Sentía curiosidad por entender qué había hecho cada tarde, y hasta «ataba de imitar, por la noche, lo que ella había estado haciendo con los puntos durante el día. Por eso conocí, sin haber ido nunca, todos los hoteles que a ella le gustaban, y hasta podía imaginarme los departamentitos de los solteros, y la decoración de los departamentos que alquilan los casados para escaparse un poco de la mujer. Tenía de cada uno de esos lugares una idea tan nítida como la de Franca, que se acostaba allí dos o tres veces por mes. Parece mentira, pero la gente, aun en las cosas que hace más en la intimidad, se parece entre sí tanto como en las que hace porque las vio hacer antes a los vecinos, a sus socios del club o a los actores de las propagandas de la televisión. Después dejé de averiguar. Ella me anunciaba si había hecho algo poco común, aunque eso sucediera muy pocas veces. Celos jamás sentí. Rabia sí; cuando pensé que me mentía, o cuando sospeché que ella agregaba algún detalle para probar si yo sentía celos. Con el tiempo aprendí que así como yo nunca le había mentido, ella tampoco a mí me había mentido, y por eso, si alguien hubiera preguntado si éramos felices, habría dicho ella, igual que yo, que sí, que éramos muy felices a pesar de las pequeñas peleas y de los celos. Porque ella sí celos sentía. –¿Qué hiciste hoy...? –preguntaba al llegar. –Y... nada... –decía yo, mostrándole mi yudogui impecable, el cinturón recién planchado, el escritorio cubierto de fichas y de notas, y el mate frío junto a mi cenicero lleno de filtros de cigarrillos terminados. –Nada... volvía a decirle, disimulando la sonrisa que me nacía al pensar que ella había andado por ahí creyendo que esa tarde yo habría sido capaz de salir o de hacer algo diferente de cualquier otra tarde de mi vida. –¿Qué hiciste hoy? ¿Quién estuvo esta tarde? –volvía a preguntar. –Y... nadie, Franca, nadie –le repetía yo. ¿Quién iría a estar? –¡Mentiras...! –decía ella–. ¡Mentiras! Te leo en los ojos que hubo alguien. –No. No hubo nadie Franca –le decía, y ya sin sonreír, porque sabía cómo iba a terminar todo eso, empezaba a mirarle los ojos verdes, para que al comprobar que resistía su mirada, ella entendiese que no tenía nada que ocultarle, que nadie había venido, y que yo, aquella tarde, no había hecho nada distinto a lo de todas las otras tardes de la semana. Entonces ella dejaba de mirarme. Sus ojos verdes se fijaban en la pared j yo veía sólo la parte blanca de los ojos que empezaba a nublarse por lágrimas mezcladas con rimnmel aceitoso disuelto. (Había algo loco en eso de mirar siempre hacia un costado, siempre al mismo costado, como si la pintura de la pared, o la pintura de los cuadros colgantes de la pared, pudiese responder sus preguntas: "¿Quién vino?" "¿Dónde fuiste?".Y yo quería consolarla. Alzaba un brazo, trataba de acariciarle el pelo, pero ella se volvía más hacia la pared y miraba algún cuadro, o peor, al zócalo directamente. Gritaba: –¡Ves que siempre mentís! ¿Ves que mentís? –volvía a gritar, como si la pared le hubiese confirmado que yo mentía. (Yo no mentía.) –No nena... No te miento... –juraba yo, riendo, pero ella lloraba cada vez más fuerte y me decía entre sollozos que se iba a ir con un punto que le había prometido un departamento en Manhattan, con otro que la invitaba a un viaje por islas del Caribe, o con aquel que le ofrecía pasar el verano en su estancia del Brasil. ¿Cómo no iba a reír si siempre amenazaba igual: el Brasil, las islas del Caribe, el departamento "studio" en la isla de Manhattan...? Pero debía haber evitado reír. Era peor: ella gritaba más: –¿Ves...? –preguntaba–. ¡Te reís! –se respondía. Y explicaba–: ¡Quiere decir que no te importa que me vaya...! Quiere decir que vos no me querés... ¡Que nunca me quisiste! ¡Das asco! –No nena... –hablaba yo––––: ¡No peliés! –rogaba. Yo había dejado de reír, pero ella no había dejado de llorar. –¿Cómo que no peliés? –decía–. ¡Cómo querés que no pelee si me mentís! –Y me miraba y me gritaba:¡Sos insensible! –protestaba cada vez más, gritando más. Entonces yo miraba la hora y calculaba. Sentía el paso del tiempo. .. Sentía que perderíamos la cena. Y ella miraba mi escritorio –venía hacia mí y yo temía que comenzase a destrozar los libros, o a revolverme los papeles, o peor, que como muchas veces, acabara tirando el cenicero y mi mate al piso, aunque después ella misma tuviese que juntar la ceniza y los restos de yerba, y fregar la mancha verdosa que impregnaría la alfombra. Procuraba proteger mi escritorio; cubría todo con mis brazos abiertos. –¡No sigás...! –rogaba yo. Pero seguía, ella. Tac, un libro. Trac: el cenicero. Tlaf: el mate de boca contra la alfombra; todo caía. Y yo me controlaba, me relajaba, trataba de calmarla. Imposible: nunca se calmaba. Entonces dejaba mi escritorio; iba hacia ella, le aplicaba una palanca de radio–cúbito, y la llevaba encorvada hacia el sofá. Trabándola contra los almohadones, sobre el sofá o sobre la alfombra, evitaba que se lastimase tratando de librarse de mi palanca. –Calmáte amor... no sigas... –le pedía entonces, hablándole contra la oreja. Pero ella gritaba más: que la iba a matar, que la quería matar. Y yo pensaba en los vecinos, intentando callarla, y aplastaba su boca contra los almohadones. Era peor: se sacudía, gritaba más. Entonces le vendaba la boca con mi cinturón, tensaba el cinturón bajo su pelo, por la nuca, y con sus cabos le ataba las manos contra la espalda. Inmóvil, podía decirle lentamente que la quería, que nadie había venido, que yo no había salido y que sabía que nunca me cambiaría por el de Brasil, ni por nadie y ella dejaba de forcejear y yo apagaba la lámpara y me desnudaba. Le hablaba despacito. La desnudaba y antes de desatar el cinturón le acariciaba el cuello y los brazos para probar si estaba relajada. Sólo la castigaba si hacía algún ruido o intentos de gritar por la nariz que pudiesen alarmar a los vecinos. Cuando se ponía bien soltaba el nudo la besaba, le besaba los ojos y la cara, acariciaba todo su cuerpo y la sentía todavía sollozar, o temblar –eran los ecos de tanto que había llorado y gritado y nos besábamos las bocas, y ella empezaba a reír porque reconocía en mi boca el gusto de sus lágrimas mezclado con gusto de tabaco y de rimmel, y así nos abrazábamos como jamás debió haberse abrazado con sus puntos y nos íbamos al cuarto, o a la hamaca, y nos quedábamos por horas mándonos, o hamacándonos hasta que el hambre, la sed o mis absurdas ganas de fumar nos obligaban a separarnos. Esas noches no cocinaba. Después del baño bajábamos a un restaurante del barrio y nos sentíamos felices. La gente, desde las otras mesas nos notaría felices y pasábamos días y semanas enteras felices sin pelear. Si le quedaban marcas, reprochaba –¡Qué van a pensar...! –decía, riéndose, reconociendo que ella había tenido la culpa. Y nos divertíamos pensando que a los puntos de esa semana, las marcas del cuello, la espalda y las muñecas los entusiasmarían más. Decía que le contaba a algunos –a los que le parecían más sensible–, que el hombre que vivía con ella se emborrachaba y le pegaba. Que algunas veces debían llevarla desmayada al hospital. Que no se separaba ni se atrevía a abandonarlo porque el tipo era un asesino y que estaba segura de que tarde o temprano terminada matándola. A otros les hacía creer que se había lastimado en una caída del caballo. –Tenía un caballo en el Club Hípico Alemán de Palermo. Lunes y sábados se iba a practicar equitación. Le hacía bien eso a ella, como a mí me hacían bien las prácticas de yudo. Toda la gente debería practicar un deporte violento: teniendo el cuerpo tenso y fortalecido se está mejor de la cabeza, se respira y se duerme mejor, se fuma menos y la vida comienza a parecerse más a lo que debe ser la verdadera felicidad. El caballo era un alazán. Se [[amaba Mitre; no sé por qué. Lo conocí un sábado, mientras la esperaba cerca del lago. Ella desmontó, vino hacia mí trayéndolo por una rienda, y cuando dejé el auto para besarla, el animal olió mi pelo, resopló, y se puso a golpear, nervioso, el suelo con las patas. . Nunca, dijo ella, se había portado así. Era un caballo que tenía fama de noble y manso, pero algo de mí debía ponerlo mal, porque las pocas veces que me tuvo cerca reaccionó igual: resoplaba, pisoteaba nervioso el césped con sus cascos. . La seguían militares por Palermo. A ella no le gustaban los militares, pero los lunes y los sábados –los días de ella–, muchos van por ahí probando sus caballos. Se le arrimaban. Trataban de hacer citas. Siempre los rechazaba. Nunca hizo puntos por Palermo, ni en el Hípico. Para ella los caballos, especialmente su caballo, eran una pasión. El cuidador del Mitre, lo supimos después, era suboficial de Ejército. Se ocupaba de eso para reforzar su pequeño sueldito de fin de mes. Yo luchaba con un capitán. Por mi peso –sesenta y dos kilos–, nunca encontraba en la academia con quién luchar. A veces probaba con mujeres, pero no tenían técnica ni fuerza. Había muchachos jóvenes, de mi peso, con fuerza y con técnica, pero sin la madurez y la concentración que se logran en el yudo sólo mediante años de práctica. Entonces debía buscar gente de más peso. El capitán –setenta kilos era un hombre moreno y bajito. Cuando Fukuma nos presentó, y durante el saludo, miró mi cinturón y habrá pensado que el maestro le pedía, como favor, que me probase. Gané los seis primeros lances seguidos. Siempre ganaba. Una tarde, practicando retenciones, le apliqué algunas técnicas de hapkido y lo noté desesperado por salir. Cuando le hacía un "ojal" con la solapa de su yudogui argentino de loneta, no bien sentía que la circulación cerebral se le dificultaba, en vez de golpear para que lo dejase salir, me clavaba sus ojitos negros reticulados de capilares rojos y yo veía una mirada de odio distinta a la de Franca, no sólo a causa del contraste con el hermoso color verde de ella, sino también porque se entendía que en aquel hombre nadie podría transformar el odio en un sentimiento más elaborado. Mucha gente jamás comprenderá el deporte. Ahora permiten federarse y competir en torneos a personas llenas de ideas agresivas, a quienes la experiencia del triunfo y el fracaso no les sirve de nada. Habría que averiguar bien qué entiende alguien por éxito y derrota antes de autorizarlo a combatir o darle un rango que habilita para formar discípulos. De lo contrario, en pocos años, terminarán por desvirtuarse los principios de las artes marciales. Perder es aprender. Esto me lo enseñó Fukuma, que lo aprendió del maestro Murita, dan imperial que nunca autorizó la ostentación de colores de rangos en su dojo. "Si yo tuviera tanta fuerza y tanta habilidad..." –decía ella, refiriéndose a mis palancas y mis técnicas. Pero jamás pudo aprender. Compró kimono, pagó matrícula y el primer mes de un curso con Fukuma, pero al cabo de cuatro clases desistió reconociendo que no alcanzaba a comprender los fundamentos de nuestro deporte. Franca había nacido para los caballos. Calculó Olda Ferrer que yo podría ganar una fortuna instalando un gimnasio. –¿Cuánto ganaría? –le pregunté. –Mucho –decía ella, mientras su marido, un psicoanalista, aconsejaba a Franca que me impulsase a tomar discípulos. Para los psicoanalistas, poner un cartelito y arreglar un local donde otra gente pague por asistir es un ideal de la vida humana, que resulta aún más elevado si el lugar se llama "instituto" y el dinero que los clientes pagan es mucho. –¿Pero cuánto es mucho? –pregunté a la Ferrer, que era una economista bastante conocida, y calculó una cifra: –Diez mil, para empezar. Después más, veinte, o treinta mil... Dijo eso o cualquier otro número; no sé cuánto valía el dinero por entonces. Recuerdo en cambio que Franca me guiñaba los ojos, porque durante el mes anterior ella había producido treinta y cinco mil sin poner instituto ni perder tiempo preparando discípulos incapaces de alcanzar objetivo alguno. Pero una vez casi me instalo. Se lo dije a Fukuma. El viejo recomendaba que sí: –¡Metéte! –dijo, y era gracioso oírlo, porque a causa de su acento, "metéte" nos parecía una palabra japonesa, mientras que a él le sonaría tan natural y tan argentina como cualquiera de las palabras del español que siempre pronunciaba mal. Sucedió en 1975. Estaba intervenida la universidad y echaban a los profesores porque en la facultad habían tolerado a los grupitos de estudiantes que se mezclaron con la guerrilla. Pensé que me despedirían también a mí. En el segundo cuatrimestre cambié el turno de mis clases y comencé a dictar los teóricos en este horario de lunes y sábados entre ocho y diez de la mañana. Con los nuevos horarios venían menos alumnos, y como las autoridades de la intervención siempre llegaban tarde y nunca me veían, se fueron olvidando de mí y no tuve necesidad de "meter" un instituto. Calculaba así: "si con cuatro horas semanales gano mil, y con cuarenta horas ganaría diez mil, cambiar no me conviene". Las cifras son falsas: nadie. recuerda cuánto ganaba por entonces. Hay algo que se aprende con el estudio de las artes marciales: actuar sobre las partes del enemigo que ofrecen menos resistencia. Escribí "partes". Una traducción correcta del japonés habría elegido la palabra "puntos". Franca reiría si leyese estas notas. Hablé una tarde con el capitán. Le conté lo que ocurría en la Universidad y hablé de mis temores por mí, por Franca. Prometió ayudarme. Al tiempo, vino a decirme que había hecho averiguaciones y que como yo no tenía antecedentes, no debía preocuparme. Pero a mediados del setenta y siete, cuando desapareció un chico del gimnasio al que también le había prometido que no necesitaba preocuparse porque no tenía antecedentes, llamé a Solanas y él me llevó, sin que Franca supiese, a la oficina aquella a blanquear. "Blanquear" quería decir contar lo que uno pensaba, lo que sabía que pensaban o hacían los otros y lo que pensaba que hacían, pensaban o sabían los otros. El hombre de la oficina, un canoso muy alto que debía ser el jefe, después de hablar y preguntar durante más de tres horas, aconsejó que si algún día me llevaban tenía que convencerlos de que había blanqueado, y reclamar que revisaran mis hojas en el batallón trescientos y pico. Después Solanas me aclaró que haber blanqueado no garantizaba nada, que no se podía Poner las manos en el fuego por nadie y que todo aquel trámite> "en el mejor de los casos", podía ser una ayuda. Creo que todos vieron lo que fue pasando durante aquellos años. Muchos dicen que recién ahora se enteran. Otros, más decentes, dicen que siempre lo supieron, pero que recién ahora lo comprenden. Pocos quieren reconocer que siempre lo supieron y siempre lo entendieron, y que si ahora piensan o dicen pensar cosas diferentes, es porque se ha hecho una costumbre hablar o pensar distinto, como antes se había vuelto costumbre aparentar que no se sabía, o hacer creer que se sabía, pero que no se comprendía. Se lo aprende en la vida, o en el dojo: siempre es igual que antes. Para la gente, lo importante es vivir mirando hacia donde los otros le señalan, como si nada sucediera detrás, o más adelante. Si cuando sucedía aquello había que pensar otra cosa, ahora, que hay que pensar en lo que entonces sucedía, indica que no habrá que mirar ni pensar las cosas que suceden en este momento. Ochenta y tres. Empieza otro año y llegan nuevas promociones de alumnos. Cada cuatrimestre los estudiantes me parecen más jóvenes, más niños. Es porque en mi memoria los alumnos de antes han seguido creciendo o envejeciendo, aunque nunca los haya vuelto a ver. En mi memoria crecen y encanecen muchachos y muchachas que murieron poco después de aprobar el examen final, hace cinco o diez años. Mi memoria de mí continúa intacta. Me imagino como el día que comencé en la cátedra, hace ya doce años. Tenía veintisiete. Franca tampoco envejeció. Tiene treinta y nueve, mi edad. Hace puntos aún, pero jura que 'el marido no lo sabe. Vive con él, con los hijitos que –tuvieron con él, y con la suegra, que los cuida. La veo muy pocas veces. Pregunto cómo no pudimos seguir siendo felices. Ella protesta que es feliz, que ya no siente celos, y que ahora es él –el marido– quien siente celos. ' Sabe que ella hacía puntos, pero no sabe, o finge que no sabe, que sigue haciendo puntos ahora. Ella dice que él nunca conocerá lo nuestro, porque si se enterase la echaría de la casa, le quitaría los hijos o haría cualquier locura. Lo cree capaz. Cuenta que salvo alguna situación en la que debió entrar para satisfacer caprichos de los clientes, jamás ha vuelto a acostarse con mujeres, y que yo fui la única por quién sintió algo frente y sincero en la vida. Le creo. Creer, o no creer, no me hace más ni menos feliz, Claudia volvió a leer hasta aquí y quiere saber si éramos felices. Digo que sí: –Como con vos. Igual que con vos, Claudia –le digo y me parece que está por volver a llorar. ¿Llorará? A veces llora. –No Claudia, celos no, por favor –le ruego, porque siento que comienza a llorar. Y ella me jura que no son celos de mí, ni de la otra, sino celos de un tiempo en el que fuimos muy felices y ella no estaba conmigo. –Y ahora, Claudia –pregunto–: ¿No somos felices? Desde el rincón del living me mira sin hablar. Recién llega de hacer sus puntos y se ha puesto a ordenar los discos. Después de un rato dice: –Sí... somos felices... Pero quisiera que todo esto se te borre de la podrida cabeza... Y yo soplo. (Algo así ha de haber sentido el caballito de Franca Charreau.) Ella no pudo oírme, pero se acerca. Adivino qué va a ocurrir. Acerté. Se arrima al escritorio. Espía lo que escribo. Revuelve mis papeles y empieza, como siempre, a hablar de Franca. –¡Esa puta...! Andaba con mujeres... ¡Se encamaba con todas las putas reventadas de Buenos Aires...! Cuando se pone así, Claudia siempre habla así. Después me dice que soy una estúpida, una imbécil, y vuelve a repetir que Franca era una puta. –Igual que vos, mi amor –le digo. Estoy serena. ¿Será necesario que alguna vez pierda el control y que me exalte para calmarla? –Dudás de mí –me dice y llora–: ¡No creés en mí! –No nena –digo–, nunca dudé de vos. –Claro –responde–, es porque estás segura, porque salís con otras... Porque te ves con esa puta de Franca... Por eso... Y llora y habla a gritos. ¿Tendré que interpretar? Interpreto: –No, nena, no es así. La que quiere salir con otras debés ser vos... No yo... Yo estoy muy bien en mi escritorio... Te ponés mal... estás haciendo esto –digo para sentirte mal, para no estar mejor conmigo... –Y ella... ¿Podía estar bien con vos? –pregunta y me golpea el escritorio. –Sí, Claudia –digo temiendo que vuelva a romper algo–, como vos: a veces, como vos hoy, ella tampoco podía... Ella no sabe controlar sus reacciones. Tampoco yo sé controlar mis no–reacciones. Si actuase como ella desea, todo sería distinto. Más violento y confuso –más peligroso pero tal vez sería mejor. Apagaré la luz. . Veo su silueta moverse en la semipenumbra del living y reconozco su intención. Amenazo: –Si seguís, Claudia, sabés lo que te va a pasar... Pero sigue: –Sos una mierda... ¡Sos una mierda! ¡Sos una renga borracha y podrida como las cosas que escribís...! Y grita. Grita cada vez más: –Sos una puta como Franca... –Ahora todos los vecinos la escucharán. Odio sus miradas indiferentes en el ascensor, o en el palier. Atentos, educados, fingen no habernos oído nunca. Así son ellos: viven fingiendo, ocultando lo que ocurre detrás. ¿Como en el cine? Como en un cine. Como en la vida. Que termine. Por los vecinos, pido. Que no quiero más humillaciones con los vecinos, digo. Sigue: –Podrida... Renga... ¡Como lo que escribís...! ¡Era una puta...! Grita más, sigue gritando hasta que dejo mi silla, la sorprendo por detrás y le cruzo el antebrazo contra la boca haciendo firme su muñeca con el cabo del cinturón. Ya no la pueden oír. Grita por la nariz. Entiendo cada una de sus sílabas: "Borracha", "renga", "podrida", "curda". ¡Tantas veces la oí! La vuelco sobre los almohadones. Se arquea. Golpea su frente y las orejas contra la alfombra y contra las patas del sofá. No es fácil sujetarla. Se marcará. Cuando termino de atar sus manos me desnudo, manteniéndola quieta con mi pierna apoyada en su cintura. Chilla por la nariz, sacude la cabeza. Todo retumba. Después, desnuda, comienzo a desnudarla. No es fácil; Claudia es fuerte –pesa cincuenta y ocho–, se mueve y se resiste. Comienzo a acariciarla. Beso sus lágrimas. Beso sus ojos, beso su pelo húmedo y siento el gusto de su sangre: otra vez se le han abierto las cicatrices de la sien. La abrazo. Siento cómo se va calmando lentamente. Entonces paso mis manos tras su espalda y desato el cinturón. La mano libre de ella se clava en mi cintura, bajo la espalda. Me hiere con sus uñas, pero se está calmando. Después se aquieta y nos besamos. Se mezclan gustos en nuestras bocas: las lágrimas, la sangre y los restos de rimmel y de lápiz de labios. Nos abrazamos más. Nos apretamos cada vez más y vamos abrazadas a la hamaca o al cuarto, para hamacarnos, o acariciarnos. Ríe. Reímos juntas y más tarde, después del baño, cuando salimos i comer, vuelve a reír al recordar la escena de esta noche y yo río a la par y la gente nos mira reír ¿Pensarán todos que somos muy felices? Tal vez. Pero aquí nadie nos conoce. Los que solían comer en estos restaurantes ya no andan más por nuestro barrio. –Todo cambia –le digo, y querría que entendiese que no le estoy diciendo cualquier frase, que en estas dos palabras hay una enseñanza que ella, algún día, deberá aprender. –Soy feliz... –me dice, como si hubiera comprendido y confiesa que si encontrase un hombre capaz de darle la cuarta parte de la felicidad que ha tenido conmigo, se iría con él, porque soy una borracha podrida que sólo sabe destruir, y repite que soy una borracha, que algún día me olvidará como seguramente Franca me ha olvidado. Y yo río. (¡Tantas veces la gente del restaurante me habrá visto reír...!) Río porque ella está simulando una pelea para probarme –para provocarme–, pero cuan do pregunta por qué río, miento y respondo que me río de ella, porque si confesase que río de un país, de una ciudad, de un restaurante y de sus mesas semejantes donde la gente come menús idénticos al nuestro y todo nos parece natural, o real, ella no me creería, sentiría que la engaño y hasta sería capaz de reiniciar otra de sus escenas de violencia. FIN

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Oscar 2012: Predicciones
Oscar 2012: Predicciones
ReviewsporAnónimo6/26/2011

Acá dejo las predicciones que hicieron los de esta página: http://www.cineol.net/ . No sé si esta bien hacer predicciones tan pronto, pero me parecieron interesantes. Acá seleccionan 20 elículas posibles candidatas 20. Shame: Carey Mulligan y Michael Fassbender protagonizan la segunda película de Steve McQueen tras la celebrada Hunger. En esta ocasión centra su mirada en las relaciones personales y sexuales en la edad de Internet, en la que hasta las mayores perversiones están al alcance de un click. Puede ser un tanto extrema para la Academia, pero la crítica la va a ensalzar sin ninguna duda. 19. The Eye of the Storm: Geoffrey Rush, Judy Davis y Charlotte Rampling protagonizan esta comedia dramática de Fred Schepisi, en la que dos intrigantes hermanos intentan aprovecharse de su anciana y enferma madre, todavía más tiránica y manipuladora que ellos. El libro en el que se basa fue el principal motivo por el que Patrick White ganó el Nobel de Literatura, así que el material al menos es de calidad. 18. Carnage: La nueva cinta de Roman Polanski está basada en una exitosa obra de teatro sobre dos matrimonios que tienen una charla porque sus respectivos hijos se han peleado en el patio del colegio, charla que derivará progresivamente hacia una batalla campal dialéctica entre ellos. Se trata de una sátira cómica, lo que puede disminuir sus opciones, pero también es un caramelito para los actores, que pueden apoyarla hasta el final. 17. Hugo Cabret: Martin Scorsese sigue experimentando con distintos géneros tras el alivio de ganar el Oscar, y esta vez le toca a la fantasía familiar. El filme cuenta la historia de un huérfano de 12 años que vive en una estación de tren y se ve envuelto en un misterio que involucra a un robot creado por su difunto padre. Parece un material más apropiado para Tim Burton que para Marty, pero seguro que es capaz de sacar oro de él. ¿Suficiente para llegar al final? 16. The Help: Una joven (Emma Stone) regresa a su pueblo sureño en los años 60 tras licenciarse en la Universidad, dispuesta a escribir un libro sobre el coraje de las mujeres negras de la localidad. Algo que, por supuesto, no sentará bien en una comunidad que todavía se resiste a cambiar su mentalidad. Una historia de amistad y tolerancia como esta tiene dos caminos posibles: o es una potencial ganadora, o se hunde en la miseria del almíbar. Dependerá del inexperto Tate Taylor conseguir que sea lo primero. 15. One Day: Tras conseguir colar en la terna su anterior filme, An Education, Lone Scherfig regresa al drama romántico con un concepto original: mostrar la vida de dos personas (Jim Sturgess y Anne Hathaway) que en su día fueron amantes, pero saltando en el tiempo para mostrar solo un día de cada año. Y con cada elipsis, sus vidas han sufrido cambios drásticos. Es una premisa que puede servir para una cinta comercial y blanda, pero también para un drama emotivo y de calado. 14. Moneyball: Seis años ha tardado Bennett Miller en volver a coger la cámara tras Truman Capote. Y lo hace con una cinta de béisbol basada en una historia real, la del entrenador Billy Beane (Brad Pitt), que consiguió reunir un equipo ganador con un presupuesto ridículo gracias a un novedoso programa informático. Con un guión escrito por Steven Zaillian y Aaron Sorkin, mucho tendría que fastidiarla Miller para no conseguir algo decente. ¿Podrá conseguir además que el deporte regrese a las nominadas? 13. Contagion: Nunca se sabe por dónde va a tirar Steven Soderbergh. Igual coge una idea comercial y varios actores famosos y te hace una de arte y ensayo, que coge a desconocidos y te hace una para todos los públicos. La cinta que nos ocupa es un thriller sobre un grupo de científicos que intentan detener una plaga antes de que se extienda a escala global. Parece ser que es un filme coral con varias historias separadas en distintos puntos del planeta, lo cual puede convertirla en el Babel de las epidemias, o en el Estallido de las cintas de historias cruzadas. ¿Hacia dónde se decantará la moneda? 12. The Rum Diary: Basada en una novela de Hunter S. Thompson, la película gira en torno a un periodista que se muda a trabajar a Puerto Rico, donde se ve rodeado por una caterva de personajes que buscan un sentido para su vida y junto a los que se consume en el alcoholismo, al tiempo que la situación política de la zona (son los años 60) se vuelve más inestable. Dirigida por Bruce Robinson (Withnail y Yo) y protagonizada por Johnny Depp, la cinta tiene el potencial para ser una de las candidatas al título si no buscan endulzar el material para todos los paladares, cosa que acabaría con sus puntos fuertes. 11. The Descendants: Han pasado siete años desde que Alexander Payne nos dejó su obra maestra, Entre Copas, y se han hecho largos pese a contar con su pequeño segmento en Paris, je t'aime. Pero por fin este año regresa con otra comedia dramática, en esta ocasión sobre un acaudalado terrateniente (George Clooney) que intenta reconectar con sus hijas tras quedarse viudo. Sus credenciales son suficientes para considerarla como una nominada segura a mejor guion adaptado, probable a mejor actor y muy posible a película, director y las que hagan falta según lo buena que sea o el éxito que tenga. 10. Young Adult: Jason Reitman ha dirigido solo tres películas, pero dos de ellas han sido nominadas al Oscar (y él con ellas). Con su cuarto filme vuelve a unirse a Diablo Cody, ganadora de un Oscar por Juno, en una comedia dramática sobre una escritora fracasada y divorciada (Charlize Theron) que regresa a su pueblo natal para intentar reconquistar a su viejo amor (Patrick Wilson), que ahora está felizmente casado y con hijos. Está claro que la cinta deberá luchar no solo contra la película de Payne, sino también para estar a la altura de lo que ya han demostrado Reitman y, en menor medida, Cody. Difícil papeleta. 9. A Dangerous Method: David Cronenberg se ha domesticado un tanto en los últimos años, al menos en cuanto a su afición por el sexo y el gore. Eso no quiere decir que sus películas sean ahora peores, y de hecho cada vez parece acercarse más al momento en el que la Academia reconozca su trayectoria. Su mejor oportunidad hasta el momento la tiene con este filme, que se centra en la rivalidad entre Sigmund Freud y Carl Jung que dio lugar al nacimiento del psicoanálisis. Con un reparto encabezado por Viggo Mortensen, Keira Knightley y Michael Fassbender (que está en todos lados este año) y un guion de Christopher Hampton, es una de las cintas que más expectativas está despertando. 8. Tinker Taylor Soldier Spy: Después de sorprender a escala internacional con Déjame Entrar, el sueco Tomas Alfredson hace su entrada triunfal en Hollywood con este thriller de espionaje basado en una novela de John Le Carré, que ya fue adaptado con éxito en una miniserie británica. Gary Oldman hereda el papel que en su día hizo Alec Guinness, el de un agente retirado del MI6 que debe volver al servicio durante la Guerra Fría para descubrir a un espía ruso infiltrado en la agencia. Con un reparto de cinco estrellas o más, es un material ideal cuando menos para un duelo actoral a varias bandas, y si Alfredson no sucumbe a la enfermedad que debió de afligir a Florian Henckel von Donnersmarck cuando rodó The Tourist, una segura candidata. 7. The Tree of Life: Terrence Malick es tan caro de ver que cada vez que saca una película la comunidad cinéfila se muerde las uñas por ver el resultado. En este caso, se une el hecho de que tiene una pinta asombrosa. Aunque cuenta la historia de una familia americana a los largo de varias décadas, según dicen los involucrados en el filme, Malick ha intentado perseguir más las sensaciones y las atmósferas que el argumento, lo cual puede poner a la cinta en dificultades para convencer a los académicos más clásicos. ¡Pero es que tiene una pinta! Todo dependerá de que la crítica se ponga unánimemente de su lado (no como pasó con El Nuevo Mundo) y de que su estreno veraniego consiga más tiempo para dejar poso en lugar de provocar el olvido. 6. The Girl With the Dragon Tattoo: Hay poco que no sepamos ya del mundo creado por Stieg Larsson en su multimillonaria saga Millennium. Las adaptaciones suecas de sus novelas han sido un éxito comercial y de crítica en todo el mundo, consiguiendo el año pasado, una gran repercusión en Estados Unidos. Y si esas cintas, inicialmente rodadas como telefilmes, fueron tan bien recibidas, sería de tontos pensar que David Fincher no puede conseguir otro peliculón de los suyos con este material. La Academia parece haberle cogido cierto gustillo a su estilo, y es solo cuestión de tiempo que se sientan obligados moralmente a bañarle de estatuillas por pasados olvidos flagrantes. ¿Será este thriller dramático con personajes jugosos y una trama de fondo tan misteriosa como socialmente afilada su boleto hacia el éxito? Candidata desde luego sí que parece. 5. We Need to Talk About Kevin: La madre de un chaval que cometió un asesinato múltiple en un instituto debe enfrentarse al dolor y a la responsabilidad de los actos de su hijo, para lo cual intentará encontrar al padre del chico. Si el argumento os suena, es porque más atrás hemos mencionado Beautiful Boy, que tiene una trama similar. ¿Por qué esta película está significativamente más arriba en la lista? Porque la directora, Lynne Ramsay, tiene pedigrí en el círculo indie; porque se trata de una producción con pesos pesados de la industria detrás; porque se basa en un libro muy aclamado; porque el guion ha sido incluido durante años en la lista de los mejores que había todavía sin rodar; y porque Tilda Swinton parece que está en racha últimamente, y podría ganar su segundo Oscar con esta cinta. 4. The Ides of March: George Clooney hace una película como director cada tres años, y este le tocaba. En esta ocasión abandona la comedia (que no se le dio tan bien como uno podía pensar) para llevar a la gran pantalla una obra de teatro que cuenta la historia de un joven idealista (Ryan Gosling) que entra a formar parte del gabinete de asesores de un candidato a la presidencia (el propio Clooney) durante la campaña electoral. Con un guion que explora los aspectos más sucios y cuestionables de la política, un reparto fabuloso en el que también están Marisa Tomei, Paul Giamatti y Philip Seymour Hoffman, entre otros, y el mismo equipo que triunfó con Buenas Noches, y Buena Suerte, es de lógica que este filme sea uno de los contendientes más serios para el gran triunfo. In Clooney we trust. 3. War Horse: Hace poco ya hablamos de la nueva película de Steven Spielberg con motivo de sus primeras fotos oficiales. Poco ha cambiado en cuatro días. Sigue siendo una película sobre la amistad de un chico con un caballo en medio de la Primera Guerra Mundial, es decir, historia dura + pero qué bonito y emotivo es esto que son amigos hasta el final y el caballo es taaaaaan mono. Aparte de eso, la cinta se basa en una obra teatral de gran éxito (en la que el caballo era de tela y cartón y con actores debajo, por si os lo estáis preguntando) y tiene el potencial para ser una historia que llegue a toda la familia por igual. Claro que, conociendo a Spielberg, también podría ser un exceso de almíbar que provocase el rechazo de parte del público y la crítica. Sus posibilidades dependen exclusivamente de su conexión emocional con la audiencia. 2. J. Edgar: Parece que Clint Eastwood siempre es un favorito para los Oscar, pero lo cierto es que desde hace cinco años no tiene ninguna película que se acerque siquiera a tal reconocimiento. Parece que su racha victoriosa de 2003-2006 ya se ha calmado, pero eso no quiere decir que haya que mirar a otro lado cuando saca una película. Y más si, como en este caso, es la biografía de una de las figuras más importantes de Estados Unidos en el siglo XX: J. Edgar Hoover, fundador y director del FBI, responsable de miles de chantajes y conspiraciones, homosexual en el armario y anticomunista hasta niveles enfermizos. Con un guion de Dustin Lance Black (Mi Nombre es Harvey Milk) y Leonardo DiCaprio de protagonista, lo normal sería que al menos arrasase en nominaciones, cuando no directamente ganar. En IMDb dice que se estrena en 2012, pero por pura tontería: Clint la está terminando de rodar, y a la velocidad a la que él suele ir, tiene tiempo de tenerla montada y lista incluso en verano. 1. Extremely Loud and Incredibly Close: Basada en una novela de Jona… Bah, ¿a quién le importa? Está dirigida por Stephen Daldry, un tío que ha rodado tres películas y ha sido nominado por las tres, incluso cuando la crítica le ha dado la espalda y había solo cinco nominadas. Además cuenta con un guion de Eric Roth (El Curioso Caso de Benjamin Button, Forrest Gump) según un libro de Jonathan Safran Foer (Todo Está Iluminado), tiene un reparto lleno de estrellas y cuenta la historia de un niño inventor, astrofísico y mil cosas más que busca por Nueva York a qué cerradura pertenece una llave que le dejó su padre cuando murió en los atentados del 11-S. ¿Por qué no le dan el Oscar ya y acabamos con una agonía de 11 meses? Lo único que puede jugar en su contra es que esta vez no cuenta con el apoyo de Harvey Weinstein. Un momento, es que Weinstein no tiene ninguna película importante este año. Y el productor es Scott Rudin, alias el tío que tiene el resto de películas de Oscar de los últimos años. Nada, acabemos ya. Muy mediocre tendría que ser para no llevarse el premio, y totalmente infumable para no estar nominada. Bueno, opinen...

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Analizando Cortázar: Continuidad de los Parques
ReviewsporAnónimo4/2/2011

Continuidad de los parques Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer. Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela. Análisis En un resumen de la historia, podemos ver que hay un hombre que vive su vida normal, entre negocios, que decide leer una novela en el sillón del estudio de su finca. El hombre retoma la novela que ya había comenzado antes pero no había podido continuar por diversas complicaciones. La novela (que llegamos a ella a través del lector) cuenta una historia de una pareja de amantes que viven su vida amorosa en secreto y deciden, para terminar sus huidas, matar al esposo de la mujer que impedía su vida al descubierto. El final de la historia se deja a conclusión del lector del cuento: “¿los amantes lograron su cometido asesinando al esposo o al lector?”. Luego de esta síntesis, podemos determinar que el tipo textual predominante en “continuidad de los parques” es el narrativo debido a que se desarrolla una sucesión de acciones llevadas a cabo por sujetos en un marco (lugar y tiempo) determinado. Responde a una pregunta implícita “¿qué paso?”, y su intencionalidad es dar a conocer una historia. Para poder establecer el género de este cuento, tenemos que definir ciertos puntos: podríamos distinguir dos planos o mundos que corresponden a la “realidad” (el lector) y a la ficción (la novela) y que se enfrentan, se unen o se chocan en un suceso aparentemente sobrenatural(la ficción representada) que irrumpe la “realidad”. Como no hay certidumbre de que ocurriese este suceso sobrenatural: se presenta la duda, la vacilación (¿Ocurrió o no ocurrió?). Esta vacilación genera la ambigüedad (que produce la interpretación del lector). En esta ambigüedad podemos distinguir dos explicaciones: la racional o lógica y la irracional o ilógica. Si el lector elige la explicación racional es porque no acepta que exista un suceso sobrenatural: que el lector se compenetró tanto en la novela que se identificó con sus personajes, que el lector pudo haberse quedado dormido mientras la leía y lo soñó, que es coincidencia, etc. Toda esta explicación racional definiría al cuento como realista o extraño. En cambio, si el lector del cuento acepta lo sobrenatural (explicación irracional o ilógica), que la realidad de la vida del personaje lector coincide con la realidad representada en la novela; que aparentemente hay dos planos o mundos, que corresponden a la realidad y a la ficción, y que sobre el final del relato se cruzan; o que el personaje se concentra tanto en la novela que se traslada a la ficción, es decir, se introduce en la novela o bien viceversa, el género sería maravilloso. Ya que no podemos concretar ninguna de las explicaciones, la ambigüedad es obligatoria por lo tanto toda la explicación anterior fundamenta, según Todorov, que “Continuidad de los parques” pertenece al género fantástico. Para lograr esa ambigüedad, el autor utiliza ciertos recursos como el borramiento de límites entre los dos planos (el de la “realidad” y el de la ficción), la falta de nombres que definan a los personajes, la utilización de los pronombres que aumentan la ambigüedad ya que no hay sustantivos antecedentes bien definidos, los sustantivos muy generales como “el hombre”, “la mujer”, etc., que cuando se transforman en sujetos tácitos, aumentan la ambigüedad. También otro de esos recursos son las figuras retóricas: la metonimia, (figura retórica que nombra algo cuya existencia depende de otra cosa) por ejemplo (“hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante…”, caricias dependen de las manos y de los brazos para poder abrazar), la sinécdoque (alude a una parte de algo,) por ejemplo (“… terciopelo verde…” que estaría nombrando al sillón) y la metáfora, por ejemplo: (“sangre galopando” que se refiere a pulsaciones rápidas, (“galopando” se asocia con el galope rápido de los caballos)). Así mismo, hay distintos recursos que fundamentan el borramiento de límites (se convierte en todo en un mismo plano por la simultaneidad de acciones): - El uso de los tiempos verbales predominantes: el pretérito perfecto simple (en primer plano) y el pretérito imperfecto (en segundo plano). El uso de estos marca la diferencia entre la “realidad” y ficción (doble pasaje simétrico inverso, la realidad se ficcionaliza y la ficción se realiza.). Por ejemplo en el último párrafo se retoma el pretérito perfecto simple como antes (en el primer plano) para lograr que se junten las dos acciones de la realidad y de la ficción (“Corrió a su vez…”); - El uso de gerundios que provocan un efecto de proceso, de transición entre los dos planos (“En lo alto, dos puertas… el alto respaldo del sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela”); - Las redes léxicas: las de libro en su orden (libro, página, línea palabra) que demuestra una transición (el pasaje de planos), y que luego las “palabras” se transforman en imágenes con movimiento, cobran vida, lo que produce un doble pasaje simétrico inverso (la realidad se ficcionaliza y la ficción se realiza.). Ejemplo: “palabra a palabra, dejando se ir hacia las imágenes que se concentraban en color y movimiento”. La red léxica de amor (amantes, pasión, caricias, sangre, besos, etc.) demuestra que los personajes de la novela cobran vida,(de la ficción (la novela en palabras) a la “realidad” (el mundo del lector)) ya que esas palabras son usuales en la “realidad”; - La falta, al final del texto, de verbos que indican que no hay distinción de planos (“En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela. ”); - La cosificación del lector, que pasa de ser un sujeto activo a ser un sujeto pasivo (un objeto) en el pasaje de planos, “se deja llevar” pasivamente por lo que se convierte en un objeto (“dejándose ir…”, “absorbido…”, “…irse desgajando…”, etc.); - La simultaneidad expresada a través de los indicios del tiempo: tarde, atardecer, anochecer, crepúsculo. - La repetición intencional de palabras por parte del autor que demuestra la unión o la similitud de ambos planos. Por ejemplo terciopelo verde, sillón, mayordomo, novela, etc. - El uso de la palabra “palabras”, que une “realidad” con ficción y ficción con la “realidad”, es utilizada dos veces (separa los planos). La primera vez que se utiliza en la frase de transición: “Palabra a palabra, dejandose ir hacia las imágenes que se concentraban en color y movimiento” significa que las “palabras” se transforman en imágenes con movimiento, cobran vida, lo que produce un doble pasaje simétrico inverso (la realidad se ficcionaliza y la ficción se realiza.). La última vez que funciona como el último sujeto con verbo conjugado (“llegaban”) y muestra la simultaneidad entre las palabras (de la mujer) y las imágenes (lo que pasaba). Las “palabras” se van transformando en realidad por lo que cuando el personaje va por la finca con el puñal en mano, lo que ve (el camino que recorre) le hace recordar las palabras de su mujer (“Palabras que se tornan realidad”). “Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería…”. El narrador esta en tercera persona del singular, tiene una visión escénica interna ya que mira desde el punto de vista del personaje, sabe las sensaciones físicas del mismo, lo que piensa, etc. (“…gozaba de placer…”, “recordaba sin esfuerzo…”, “…de espalda a la ventana, que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones…”). En un momento parecería que empieza a ver otra escena (del estudio frente al los robles a la cabaña de la novela) como un testigo (“…fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte.”) y ahí, cuando se produce el cambio de plano. Luego, en las últimas frases parecería: que cambia de narrador (al amante) o que es el mismo narrador, el que está leyendo la novela, que cambió de focalización (seria que el lector empieza a leer la novela y en su mente narra desde la perspectiva del amante por lo que el primer narrador narra lo que esta narrando el lector, sus pensamientos). Valora (es subjetivo). Ejemplo: “…sórdida disyuntiva de los héroes…” (El cruel dilema de matar o no matar al esposo); “…casi perverso”, etc. Sabe lo mismo que el personaje (narrador equiciente) y con los distintos recursos de repetición de palabras genera una trama atrapante en la cual si uno lee atentamente uno puede suponer que va anticipando. A lo largo del texto, el narrador utiliza distintos métodos para destacar la ambigüedad que se presenta. Por ejemplo: el borramiento de límites como el uso de la palabra “palabras”, cuando estas se transforman en imágenes, es decir, que los planos dejan de distinguirse (“Palabra a palabra absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes…fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte”). También, que accedamos indirectamente al dialogo de los amantes de la novela (a través del narrador) produce un borramiento de límites. Ya que todo se une en un mismo plano. El personaje de “Continuidad de los parques” está bien acomodado económicamente. Esto se está reflejado en la presencia del mayordomo, los negocios, y la posesión de una finca (“…La abandonó por negocios urgentes…”, “…cuando regresaba el tren a la finca”, “… después de escribirle una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo un cuestión de aparecías…”). El tiempo que le sobra después resolver los problemas de negocios permite al personaje disfrutar de la lectura sin preocupaciones (“…la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba…”). Lo que lo distingue como lector es el proceso de buscar un lugar especial para ponerse tranquilo a leer (el estudio), luego el proceso que va describiendo de cómo se incursiona en la trama de la novela (“Gozaba del placer casi perverso…”, “ir dejándose…”,”…la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida…”, etc.). Esta frase sugiere que el proceso de inmersión lleva al protagonista a volverse débil o que se deja llevar (sujeto pasivo), en lo literal. El título “Continuidad de los parques” ofrece elementos que sirven para sostener la simultaneidad de los hechos (borramiento de límites). Hay dos palabras claves en el título “continuidad” y “parques”. La palabras continuidad nos lleva a la ausencia de límites, a la idea de que hay solo un plano mientras que la palabra parques se puede leer de dos maneras: en el sentido literal (parques) o en un sentido más amplio (parte espacial de los planos o mundos) continuidad en la ficción y en la realidad. Este título también genera ambigüedad que para terminar la explicación que acepta lo sobrenatural podría haber sido continuidad de los mundos (ligada la simultaneidad espacial con la temporal) pero, el autor lo escribió así para poder continuar en el ámbito de lo fantástico.

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Injusticias en los Premios Oscars [1990-2010]
Injusticias en los Premios Oscars [1990-2010]
ReviewsporAnónimo4/18/2011

Hola T!, vengo acá para hablar sobre los Premios Oscar.No quiero hablar sobre injusticias, porque queseyó; pero SÍ sobre lo que a mí me parece que le erraron. Bueno, acá empezamos Año 1990 Quién ganó: Danza con Lobos, de Kevin Costner Quien debería haber ganado para mí:: Buenos Muchachos, de Martin Scorsese Por qué: Danza con Lobos me pareció una muy buena película. Además de su bella música e implacable fotografía, su historia me había entretenido. Pero, me parece a mí, que ni en pedo se compara con la obra de Martin Scorsese Buenos Muchachos. Me parece que como calidad de película es mucho mejor Buenos Muchachos. Danza con Lobos es linda, pero para lograr ganar el oscar mejor película le falto, MUCHO. Danza con Lobos es una película sencilla para ganar el oscar. Además tiene partes que no podes creerlas, como por ejemplo, cuando Kevin Costner al final se queda los Sioux. Dale loco, más final hollywood no podía ser.. Año 1991 Quién ganó: El Silencio de los Inocentes, de Jonathan Demme Quién debería haber ganado para mí: El Silencio de los Inocentes, de Jonathan Demme Por qué: Bue, de esta entrega, la única que le hacía competencia a esta era JFK. Me parece que esta es muchísimo mejor. Creo, que acá no tengo que aclarar nada Año 1992 Quién ganó: Unforgiven, de Clint Eastwood Quién debería haber ganado para mí: Unforgiven, de Clint Eastwood Por qué: Bueno, creo que acá esta no tenía competencia. De los mejores Westerns que hubo. Creo que tampoco hay nada que aclarar Año 1993 Quién ganó: La lista de Schindler, de Steven Spielberg Quién debería haber ganado para mí: La lista de Schindler, de Steven Spielberg Por qué: Bueno, haber. Uno de los Oscar mas peleados. Estaban Schindler's List, Lo que queda del día y En el nombre del padre. A mí, la que más me gusta de acá es En el nombre del padre, pero como película, es mejor La lista de Schindler, que además de ser un peliculón, toca el tema del Holocausto, y eso influye. Ojo, no quiero desvalorizar a Schindler's List, esta película me parece que es de las mejores de la historia, pero en los Premios influye. Año 1994 Quién ganó: Forrest Gump, de Robert Zeckemis Quién debería haber ganado para mí: Pulp Fiction, de Quentin Tarantino Por qué: Bueno loco. Como me costó elegir acá. Están: -The Shawshank Redemption: peliculón infernal. Lo mejor de lo mejor. Como me gusta esta película, es increíble lo que es. De acá lo más lindo es la historia, o eso creo yo. Después las actuaciones está geniales, Morgan Freeman y Tim Robbins actúan espectacular. No me hubiese molestado que haya ganado el oscar. Esta es la que más me gusta de las 3 -Pulp Fiction: veo esta película y me tengo que arrodillar de los buena que es. Es INCREÍBLE. Las actuaciones de Travolta, Samuel Jackson y Uma Thurman son BÁRBARAS. El guión, PERFECTO. Sin duda, me parece que es la que se merecía llevar la estatuilla dorada. -Forrest Gump: Bue, es la que menos me gusta de las 3, pero igual me encanta. Tom Hanks actuó muy bien, demasiado. Creo que es correcto que el se haya llevado el oscar. Después, la historia también es muy linda. No creo que haya sido un crimen que le hayan dado el oscar a Forrest Gump (como si creo que lo es dárselo a Danza con Lobos,; pero igual mantengo mi opinión de que Pulp Fiction se lo debería haber llevado Año 1995 Quién ganó: BraveHeart, de Mel Gibson Quién debería haber ganado para mí: BraveHeart, de Mel Gibson Por qué: Bueno, creo que acá la peli no tenía competencia. Braveheart es una muy buena película, al no tener competencia ganó. Creo que no hay nada que aclarar Año 1996 Quién ganó: El Paciente Inglés, de Anthony Minghella Quién debería haber ganado para mí: Fargo, de Joel Coen Por qué Bueno, creo que acá es por gustos. Las dos pelis son lo suficientemente buenas para llevarse el Oscar. Yo le hubiese puesta una ficha más a Fargo, quizás porque me gustan más los Coen, no se muy bien. Como antes, no me parece un crimen que se lo haya llevado El paciente inglés, pero yo se lo hubiese dado a Fargo. Año 1997 Quien ganó: Titanic, de James Cameron Quien debería haber ganado para mí: Titanic, de James Cameron Por qué No estoy seguro. A mí me gustó más L.A Confidential, pero me parece que, como película, Titanic la supera. Sí, creo que sí. Que es mejor. Más allá de todo, no está mal que lo haya recibido Titanic, más allá de cuál sea mejor, no es un insulto. Año 1998 Quién ganó: Shakespeare in Love, de John Madden Quién debería haber ganado para mí: La Vida es Bella, de Roberto Benigni Por qué: Bueno, creo que acá los premios Oscar cometieron su segundo grave error. Me parece que Shakespeare in Love es la peor de las nominadas. Están: Saving Private Ryan, a pesar de no gustarme tanto, me parece muchísimo mejor que la ganador. Un drama bélico muy bien logrado. La delgada línea roja también me parece que es mucho mejor que la ganadora. Otro drama bélico MUY BIEN LOGRADO. Y, por último, La vida es bella. Creo que era, LEJOS, la mejor. Creo que Shakespeare in Love, no tiene comparación con La Vida es Bella. Creo que acá los Premios Oscar, SE EQUIVOCARON FEO. Año 1999 Quién ganó: American Beauty, de Sam Mendes Quién debería haber ganado para mí: American Beauty, de Sam Mendes Por qué Acá, creo que de las nominadas, American Beauty es la mejor. Había otras candidatas buenas, como The Green Mille, The Insider o The Sixth Sense, pero como película, abarcando temas, actuaciones y guión, me parece que es mejor American Beauty Año 2000 Quién ganó: Gladiador, de Ridley Scott Quién debería haber ganado para mí: Gladiador, de Ridley Scott Por qué: Acá me parece que las máximas competencias eran Tigre y Dragón y Traffic. Me parece que Gladiador es muy superior a ambas, mas allá de los errores históricos que tenga, me parece que es mucho mejor que las otras. Las actuaciones, la dirección y la puesta en escena me parecieron bárbaras. Año 2001 Quién ganó: Una mente brillante, de Ron Howard Quién debería haber ganado para mí: Una mente brillante, de Ron Howard Por qué: Más allá de la primera entrega de El Señor de los Anillos, me parece que A beautiful mind es superior. Me parece que las actuaciones, el guión (más allá del error de como John Nash trata su esquizofrenia), la dirección son mejores. Quizás estoy medio cegado porque a mi la película me gustó mucho, porque muchos me dicen que ganó injustamente; pero creo que era la mejor de las candidatas Año 2002 Quién ganó: Chicago, de Rob Marshall Quién debería haber ganado para mí: El Pianista, de Roman Polanski Por qué: A ver, acá Chicago era la peor de todas, LA PEOR. Estaban: Gangs of New York, de Martin Scorsese, la cual me parece que no se lo debería haber llevado, pero antes que Chicago, SEGURO. Las horas y El Señor de los Anillos: Las Dos Torres también me parecen mejor. Y, por último, El Pianista. Esta película es mejor en todos los sentidos, hasta su banda sonora es mejor, y eso que Chicago es musical; pero igual, NO ENTIENDO. Acá los premios cometen su 3er Grave Error. Año 2003 Quién ganó: El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey, de Peter Jackson Quién debería haber ganado para mí: Río Místico de Clint Eastwood Por qué: Bue, acá comprendo si los fanáticos de El señor de los anillos me re cagan a putiadas. Yo la vi la peli, y me gustó bastante; pero me pareció que como obra cinematográfica es bastante mejor Río Místico. Ojo igual, no es porque sea fan del gran Clint Easrwood, ya que mi favorita en la entrega era Lost in Translation, de Sofía Coppola, pero como bien dije antes, Río Místico me parece mejor. Año 2004 Quién ganó: Million Dollar Baby, de Clint Eastwood Quién debería haber ganado para mí: Million Dollar Baby, de Clint Eastwood Por qué: Supongo que en esta parte no tengo nada que decir. Era la mejor lejos las otras que había estaban buenas (El Aviador, Entre Copas, Descubriendo el País de Nunca Jamás y Ray), pero no a la altura de Million Dollar Baby. Todo: la historia, las actuaciones, la dirección, la música, la TODO. Año 2005 Quién ganó: Crash, de Paul Haggis Quién debería haber ganado para mí: Brockeback Mountain, de Ang Lee Por qué: Acá creo que nos enfrentamos a otro error. Hay dos películas (que me acuerde) que son mucho mejor a esta: Buenas Noches y Buena Suerte, la cual es un es una excelente película acerca del periodismo/libertad de expresión. Y, la otra, Secreto en la Montaña, la cual me parece la mejor de todas. Muchos me saltaron con lo de western gay. Nada que ver. Por maás gay que suena, Secreto en la Montaña cuenta una de las más bellas historias de amor en la historia del cine; y eso vale. Además, como película, excelente: actuaciones, dirección, música, fotografía, TODO. Año 2006 Quién ganó: The Departed, de Martin Scorsese Quién debería haber ganado para mí: The Departed, de Martin Scorsese Por qué: Aquí también creo que era la mejor de todos. Estaban Little miss Sunshine, que es muy linda, pero no para ganar el oscar; tambíen Cartas desde iwo jima, esta sí que estaba muy buena, pero en calidad de película la supera Infiltrados. Infiltrados acá era la posta Año 2007 Quién ganó: No Country for Old Men, de Joel & Ethan Coen Quién debería haber ganado para mí: There will be blood, de Paul Thomas Anderson Por qué: Buen, acá era las dos más piolas, pero me parece que There Will Be Blood estaba más buena, me pareció más profunda. Sin ir más allá, No country for old men no me pareció mala, me pareció muy buena; pero a la hora de definir cual es mejor, creo que la de Daniel Day Lewis se merecía el Oscar. Año 2008 Quién ganó: Slumdog Millionaire, de Danny Boyle Quien debería haber ganado para mí: Slumdog Millionaire, de Danny Boyle Por qué: Era la mejor de las que competían esa vez. Estaban Milk, The Reader, Frost/Nixon y El Curioso Caso de Benjamin Button. La mejor, como película (dirección, historia, guión,etc), era Slumdog Millonaire. Creo que no hace falta aclarar nada más. Año 2009 Quién ganó: Vivir al Límite, de Kathryn Bigelow Quién debería haber ganado para mí: Vivir al Límite, de Kathryn Bigelow Por qué: No estoy tan seguro. La que a mí más me gustó de las nominadas era Bastardos Sin Gloria, pero creo que Vivir al límite es mejor en calidad. Además habla de la guerra desde un punto de vista más serio que Tarantino, el cual hace a un Hitler re loco, y unos flacos que matan nazis al estilo nazi. Me pareció más piola, pero creo que los Premios prefieren (correctamente) el estilo serio. Año 2010 Quién ganó: The King's Speech, de Tom Hooper Quién debería haber ganado para mí: Black Swan, de Darren Aronofsky Por qué: Bueno, acá creo que hay OTRO GRAN ERROR. Creo que acá pasó algo. Black Swan era mucho mejor que El Discurso del Rey. No entiendo que pasó. Debe de ser que Black Swan es una película muy fuerte(?). No tiene sentido ni lo que digo. La dirección de Aronofsky, espléndida. No entiendo, no entiendo.... Bueno T!, acá terminamos. Abajo les dejo las estadísticas Según YO 42.86% ------------------> ERRARON 57.14--------------------->ACERTARON COMENTAÁA

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La Fuente de la Vida: Análisis (Darren Aronofsky)
ReviewsporAnónimo4/4/2011

Trailer link: http://www.youtube.com/watch?v=GlWoOTeC8Bg Acá va: En esta película se dice que la muerte puede ser un acto de creación. Pues bien, Darren Aronofsky se ha sacrificado a sí mismo y a muchos de sus admiradores para crear esta hermosa película. Hoy en día la mayoría de las cosas que nos llegan desde Hollywood son refritos de obras maestras anteriores o adaptaciones de libros sin cesar. Y por fín nos llega esta originalísima historia de amor, aventuras y ciencia ficción, todo ello combinado a la perfección en un guión que no tiene desperdicio y que nos demuestra que en la meca del cine aún hay gente que se estruja los sesos para llevar a la gran pantalla una buena historia sin tener que recurrir nada más que a la imaginación del guionista. La película puede tener muchas analogías: - Como un poema: en el que los diálogos, la historia de amor y la cara de Rachel Weisz nos alegran el día. - Como un cuadro: la película no tiene un significado concreto, hay que dejarse llevar por la magia de la historia y que cada uno ate los cabos que crea convenientes. Es como ver un cuadro abstracto que sabes que te gusta pero que en ocasiones no puedes explicar el motivo. - Como una droga: Una vez que la ves, sientes sus efectos y es imposible dejar de pensar en ella, y tienes que probarla otra vez. El trabajo de dirección de Aronofsky es simplemente genial, sus primeros planos de las caras de los protagonistas y sus vistas en planta son preciosas aunque a veces un tanto abusivas. Como guionista es el maestro de la película, aunque sea en la última historia donde quizás minimamente flojee la película para el público en general, aunque no para mí. Hugh Jackman por fín ha demostrado que es algo mas que Lobezno en los X men, y aquí nos ofrece una interpretación muy profesional de sus tres personajes. Y Rachel Weisz está impresionante como Izzy en la historia central del film. Los dos actores nos transmiten toda su fuerza y energía en escenas como la de la bañera, con una escena de amor como pocas se han visto. La música de Clint Mansell es preciosa, sencilla en cuanto a variedad, pero efectiva en su cometido desde principio a fín. Como punto final, decir que esta película se tiene que ver con la mente muy abierta y que no es para entretener. Sino para enriquecer el alma durante poco más de hora y media. Música link: http://www.youtube.com/watch?v=6kgWgqTTgrY

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