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Analizando Cortázar: Continuidad de los Parques

Reviews4/2/2011



Continuidad de los parques

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.





Análisis



En un resumen de la historia, podemos ver que hay un hombre que vive su vida normal, entre negocios, que decide leer una novela en el sillón del estudio de su finca. El hombre retoma la novela que ya había comenzado antes pero no había podido continuar por diversas complicaciones. La novela (que llegamos a ella a través del lector) cuenta una historia de una pareja de amantes que viven su vida amorosa en secreto y deciden, para terminar sus huidas, matar al esposo de la mujer que impedía su vida al descubierto. El final de la historia se deja a conclusión del lector del cuento: “¿los amantes lograron su cometido asesinando al esposo o al lector?”.


Luego de esta síntesis, podemos determinar que el tipo textual predominante en “continuidad de los parques” es el narrativo debido a que se desarrolla una sucesión de acciones llevadas a cabo por sujetos en un marco (lugar y tiempo) determinado. Responde a una pregunta implícita “¿qué paso?”, y su intencionalidad es dar a conocer una historia.


Para poder establecer el género de este cuento, tenemos que definir ciertos puntos: podríamos distinguir dos planos o mundos que corresponden a la “realidad” (el lector) y a la ficción (la novela) y que se enfrentan, se unen o se chocan en un suceso aparentemente sobrenatural(la ficción representada) que irrumpe la “realidad”.

Como no hay certidumbre de que ocurriese este suceso sobrenatural: se presenta la duda, la vacilación (¿Ocurrió o no ocurrió?). Esta vacilación genera la ambigüedad (que produce la interpretación del lector). En esta ambigüedad podemos distinguir dos explicaciones: la racional o lógica y la irracional o ilógica. Si el lector elige la explicación racional es porque no acepta que exista un suceso sobrenatural: que el lector se compenetró tanto en la novela que se identificó con sus personajes, que el lector pudo haberse quedado dormido mientras la leía y lo soñó, que es coincidencia, etc. Toda esta explicación racional definiría al cuento como realista o extraño. En cambio, si el lector del cuento acepta lo sobrenatural (explicación irracional o ilógica), que la realidad de la vida del personaje lector coincide con la realidad representada en la novela; que aparentemente hay dos planos o mundos, que corresponden a la realidad y a la ficción, y que sobre el final del relato se cruzan; o que el personaje se concentra tanto en la novela que se traslada a la ficción, es decir, se introduce en la novela o bien viceversa, el género sería maravilloso.
Ya que no podemos concretar ninguna de las explicaciones, la ambigüedad es obligatoria por lo tanto toda la explicación anterior fundamenta, según Todorov, que “Continuidad de los parques” pertenece al género fantástico.
Para lograr esa ambigüedad, el autor utiliza ciertos recursos como el borramiento de límites entre los dos planos (el de la “realidad” y el de la ficción), la falta de nombres que definan a los personajes, la utilización de los pronombres que aumentan la ambigüedad ya que no hay sustantivos antecedentes bien definidos, los sustantivos muy generales como “el hombre”, “la mujer”, etc., que cuando se transforman en sujetos tácitos, aumentan la ambigüedad.

También otro de esos recursos son las figuras retóricas: la metonimia, (figura retórica que nombra algo cuya existencia depende de otra cosa) por ejemplo (“hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante…”, caricias dependen de las manos y de los brazos para poder abrazar), la sinécdoque (alude a una parte de algo,) por ejemplo (“… terciopelo verde…” que estaría nombrando al sillón) y la metáfora, por ejemplo: (“sangre galopando” que se refiere a pulsaciones rápidas, (“galopando” se asocia con el galope rápido de los caballos)).


Así mismo, hay distintos recursos que fundamentan el borramiento de límites (se convierte en todo en un mismo plano por la simultaneidad de acciones):
- El uso de los tiempos verbales predominantes: el pretérito perfecto simple (en primer plano) y el pretérito imperfecto (en segundo plano). El uso de estos marca la diferencia entre la “realidad” y ficción (doble pasaje simétrico inverso, la realidad se ficcionaliza y la ficción se realiza.). Por ejemplo en el último párrafo se retoma el pretérito perfecto simple como antes (en el primer plano) para lograr que se junten las dos acciones de la realidad y de la ficción (“Corrió a su vez…”);

- El uso de gerundios que provocan un efecto de proceso, de transición entre los dos planos (“En lo alto, dos puertas… el alto respaldo del sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela”);

- Las redes léxicas: las de libro en su orden (libro, página, línea palabra) que demuestra una transición (el pasaje de planos), y que luego las “palabras” se transforman en imágenes con movimiento, cobran vida, lo que produce un doble pasaje simétrico inverso (la realidad se ficcionaliza y la ficción se realiza.). Ejemplo: “palabra a palabra, dejando se ir hacia las imágenes que se concentraban en color y movimiento”. La red léxica de amor (amantes, pasión, caricias, sangre, besos, etc.) demuestra que los personajes de la novela cobran vida,(de la ficción (la novela en palabras) a la “realidad” (el mundo del lector)) ya que esas palabras son usuales en la “realidad”;

- La falta, al final del texto, de verbos que indican que no hay distinción de planos (“En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela. ”);

- La cosificación del lector, que pasa de ser un sujeto activo a ser un sujeto pasivo (un objeto) en el pasaje de planos, “se deja llevar” pasivamente por lo que se convierte en un objeto (“dejándose ir…”, “absorbido…”, “…irse desgajando…”, etc.);

- La simultaneidad expresada a través de los indicios del tiempo: tarde, atardecer, anochecer, crepúsculo.

- La repetición intencional de palabras por parte del autor que demuestra la unión o la similitud de ambos planos. Por ejemplo terciopelo verde, sillón, mayordomo, novela, etc.

- El uso de la palabra “palabras”, que une “realidad” con ficción y ficción con la “realidad”, es utilizada dos veces (separa los planos). La primera vez que se utiliza en la frase de transición: “Palabra a palabra, dejandose ir hacia las imágenes que se concentraban en color y movimiento” significa que las “palabras” se transforman en imágenes con movimiento, cobran vida, lo que produce un doble pasaje simétrico inverso (la realidad se ficcionaliza y la ficción se realiza.). La última vez que funciona como el último sujeto con verbo conjugado (“llegaban”) y muestra la simultaneidad entre las palabras (de la mujer) y las imágenes (lo que pasaba). Las “palabras” se van transformando en realidad por lo que cuando el personaje va por la finca con el puñal en mano, lo que ve (el camino que recorre) le hace recordar las palabras de su mujer (“Palabras que se tornan realidad”). “Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería…”.



El narrador esta en tercera persona del singular, tiene una visión escénica interna ya que mira desde el punto de vista del personaje, sabe las sensaciones físicas del mismo, lo que piensa, etc. (“…gozaba de placer…”, “recordaba sin esfuerzo…”, “…de espalda a la ventana, que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones…”). En un momento parecería que empieza a ver otra escena (del estudio frente al los robles a la cabaña de la novela) como un testigo (“…fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte.”) y ahí, cuando se produce el cambio de plano. Luego, en las últimas frases parecería: que cambia de narrador (al amante) o que es el mismo narrador, el que está leyendo la novela, que cambió de focalización (seria que el lector empieza a leer la novela y en su mente narra desde la perspectiva del amante por lo que el primer narrador narra lo que esta narrando el lector, sus pensamientos).
Valora (es subjetivo). Ejemplo: “…sórdida disyuntiva de los héroes…” (El cruel dilema de matar o no matar al esposo); “…casi perverso”, etc.
Sabe lo mismo que el personaje (narrador equiciente) y con los distintos recursos de repetición de palabras genera una trama atrapante en la cual si uno lee atentamente uno puede suponer que va anticipando.
A lo largo del texto, el narrador utiliza distintos métodos para destacar la ambigüedad que se presenta. Por ejemplo: el borramiento de límites como el uso de la palabra “palabras”, cuando estas se transforman en imágenes, es decir, que los planos dejan de distinguirse (“Palabra a palabra absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes…fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte”). También, que accedamos indirectamente al dialogo de los amantes de la novela (a través del narrador) produce un borramiento de límites. Ya que todo se une en un mismo plano.


El personaje de “Continuidad de los parques” está bien acomodado económicamente. Esto se está reflejado en la presencia del mayordomo, los negocios, y la posesión de una finca (“…La abandonó por negocios urgentes…”, “…cuando regresaba el tren a la finca”, “… después de escribirle una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo un cuestión de aparecías…”). El tiempo que le sobra después resolver los problemas de negocios permite al personaje disfrutar de la lectura sin preocupaciones (“…la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba…”). Lo que lo distingue como lector es el proceso de buscar un lugar especial para ponerse tranquilo a leer (el estudio), luego el proceso que va describiendo de cómo se incursiona en la trama de la novela (“Gozaba del placer casi perverso…”, “ir dejándose…”,”…la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida…”, etc.). Esta frase sugiere que el proceso de inmersión lleva al protagonista a volverse débil o que se deja llevar (sujeto pasivo), en lo literal.


El título “Continuidad de los parques” ofrece elementos que sirven para sostener la simultaneidad de los hechos (borramiento de límites). Hay dos palabras claves en el título “continuidad” y “parques”. La palabras continuidad nos lleva a la ausencia de límites, a la idea de que hay solo un plano mientras que la palabra parques se puede leer de dos maneras: en el sentido literal (parques) o en un sentido más amplio (parte espacial de los planos o mundos) continuidad en la ficción y en la realidad. Este título también genera ambigüedad que para terminar la explicación que acepta lo sobrenatural podría haber sido continuidad de los mundos (ligada la simultaneidad espacial con la temporal) pero, el autor lo escribió así para poder continuar en el ámbito de lo fantástico.

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