lolita_anabelle
Usuario (Argentina)
Estoy Buscando a mi dupla en el concurso tic tac. Para los que no saben de que se trata les comento que ingresando un codigo de las tic tac frutilla te dan una clave y tenes que buscar tu par. Hay que registrarse en la pagina de tic tac siguiendo los pasos que te indican y todos los sabores participan. ¿DÓNDE ESTÁ EL CÓDIGO? Cargá el código único de tu pack de Tic Tac (ej. PS01047248) para recibir tu clave. En caso de que tu pack no posea código único, ingresá el código de lote (ej. L293R12QAM2). Para estar más cerca de ganarte el iPad®, sólo tenés que hacer click en CONFIRMÁ TU DUPLA e ingresar el email de la persona que forma tu dupla. (Ej. si tu clave es Ácido 2457, deberás encontrar a la persona que tenga Dulce 2457). No te olvides de compartir cada una de tus Claves Tic Tac en Facebook y Twitter para encontrarte con tu dupla. Voy a ir actualizando el post con mis claves, si a alguien le coincide por favor contactense por mp pasandome su mail asi participamos por el sorteo. Mis Claves: DULCE 7013 ÁCIDO 6941

Hola a todos. Les traigo otro cuento de mi autoría que espero les guste El reflejo en el reloj La guerra había terminado hacía un par de días. No recuerdo cuantos exactamente. Todavía se podían escuchar algunas explosiones en edificios que continuaban en llamas. Lo que sí puedo recordar son mis miembros esparcidos por todos lados. No lo podía creer. ¿Como hacía para verlos? Reconocí mi brazo por el reloj que llevaba puesto. Sabía que algo raro sucedía porque al dar órdenes a todos los miembros de mi cuerpo la única acción que podía realizar era parpadear. Inesperadamente un niño que andaba jugando en los escombros encontró mi cabeza y se dio cuenta de esto. Me agarró con sus manos de los pelos y me miró como si en realidad sostuviera una pelota. Es increíble lo que le puede llegar a hacer la guerra a los sentimientos de una persona. En otros tiempos un niño en esa situación hubiese reaccionado de otra forma. Que digo de otra forma, ¡hubiese reaccionado! Me llevo hasta el patio trasero de su casa donde con cajas, palos y sábanas viejas, había armado una especie de casa. Comenzó a hablarme, porque sabía, o quería imaginar que lo escuchaba y le entendía. Se lo confirmé parpadeando. Para responder a sus preguntas una vez era si y dos era no. Y así comenzó nuestra amistad. Realmente era muy buena compañía. Y yo todo oídos. Me confesó que no tenía amigos y que en tan poco tiempo me veía como a su padre que había muerto en la guerra. Moría de ganas de saber mas detalles sobre este hombre. Quizá nos habíamos conocido en algún momento. Pero no tenía manera de hacerle preguntas a Tomas. Solo respondía. Pasaron las semanas y el olor cada día se hacía mas fuerte. Los vecinos se quejaban a cada instante y su madre no sabía de donde provenía. A Tomas cada vez le costaba mas acercarse para contarme sus secretos y yo no entendía por que, hasta que me lo hizo comprender. Ningún plan era bueno. Si ponía mi cabeza en formol para conservarme ya no podría escucharlo y me ahogaría. Así que lo que Tomas decidió fue llevarme al lugar donde me había encontrado. Tirado entre los escombros. Me dejó exactamente en el mismo lugar. Desde ahí divisé nuevamente mi brazo con el reloj. Tomas también lo notó. Así que lo sacó y al revisarlo encontró el compartimiento donde al parecer guardaba una foto. Las lágrimas de su rostro me quedaron impresas en la retina. Antes de irse corriendo me hizo una última pregunta. Me preguntó si lo quería y yo parpadee una sola vez. Tomas tiró la foto junto a mi cabeza. Al verla entendí todo y al hacerlo dejé de parpadear y finalmente morí. Yo había sido el padre de Tomas. Asumo que por alguna explosión y todo lo sucedido perdí la memoria y no lo recordaba. Supongo que el tampoco me había reconocido por las quemaduras y deformidades de mi rostro que noté en el pequeño reflejo del reloj.

Espero que les guste esto que encontre revisando mi disco duro y me dieron ganas de compartir con ustedes. La Cuchara Había dejado la cuchara embadurnada de dulce sobre el mantel. Lo entendí cuando vi la cara de Mariana petrificada, con los ojos hacia ese lugar. Inmediatamente la levanté, y todo prosiguió como si nada hubiese ocurrido. Pero no era así. La marca del mantel indicaba que después de eso ya nada era lo mismo. Ni siquiera nosotros dos. A pesar de seguir hablando del tema tratado antes del incidente, no podíamos dejar de pensar en la cuchara y la mancha de dulce sobre el mantel. Esa mancha color rojo oscuro era perfecta, como si hubiese derramado una gota de sangre. Bebimos 4 tazas de café. Realmente uno de los mejores que había probado hasta entonces. Cuando me di cuenta que sentía un calor anormal en la mano donde tenía la cuchara. No le di importancia. Mariana continuaba con su monólogo sobre chismes familiares y yo solo escuchaba. Me gustaba pasar tiempo ahí, era confortable, familiar, hasta podría decirse que casi me sentía bien. Pero solo casi. Eso nunca sucede completamente. Pidió permiso para levantarse y me dejó solo en la sala. Inspeccioné la mancha y no parecía tan grotesca como la recordaba. Continuaba con la cuchara en la mano. La miré y había cambiado de color. O eso me pareció. Si, seguro. Eso debió parecerme. Era imposible que haya cambiado de color solo con el contacto de la humedad y el calor de mi mano. Empezó a quemarme de nuevo. La arrojé contra la mesa. Pero al parpadear estaba otra vez conmigo. Hice el segundo intento. La vi caer al el suelo, pero al parpadear volvía a tenerla aferrada a mi mano. El grito de Mariana me despertó. Me había quedado dormido mientras veía la mancha sobre el mantel. Le comenté el sueño esperando una carcajada, pero no sonrió. Me acompañó hasta la puerta y tras el adiós, la trabó con llave y candado. Muy extraña su actitud. Más que de costumbre. Al doblar en la esquina, bajo una luz, pude distinguir la marca de la cuchara que hasta el día de hoy me quema cada vez que tomo café o me acuerdo de Mariana. Ella ya no vive ahí. Regresé al tiempo para mostrarle la marca pero ya no estaba. Pude entrar por una ventana que se había olvidado apenas abierta, pero lo único que encontré dentro fue, sobre la mesa, el mantel con la cuchara pegada sobre la gota de sangre. Muchas gracias por su tiempo