Hola a todos. Les traigo otro cuento de mi autoría que espero les guste
El reflejo en el reloj
La guerra había terminado hacía un par de días. No recuerdo cuantos exactamente.
Todavía se podían escuchar algunas explosiones en edificios que continuaban en llamas.
Lo que sí puedo recordar son mis miembros esparcidos por todos lados. No lo podía creer.
¿Como hacía para verlos? Reconocí mi brazo por el reloj que llevaba puesto.
Sabía que algo raro sucedía porque al dar órdenes a todos los miembros de mi cuerpo la única acción que podía realizar era parpadear.
Inesperadamente un niño que andaba jugando en los escombros encontró mi cabeza y se dio cuenta de esto.
Me agarró con sus manos de los pelos y me miró como si en realidad sostuviera una pelota.
Es increíble lo que le puede llegar a hacer la guerra a los sentimientos de una persona.
En otros tiempos un niño en esa situación hubiese reaccionado de otra forma. Que digo de otra forma, ¡hubiese reaccionado!
Me llevo hasta el patio trasero de su casa donde con cajas, palos y sábanas viejas, había armado una especie de casa.
Comenzó a hablarme, porque sabía, o quería imaginar que lo escuchaba y le entendía. Se lo confirmé parpadeando.
Para responder a sus preguntas una vez era si y dos era no.
Y así comenzó nuestra amistad. Realmente era muy buena compañía. Y yo todo oídos.
Me confesó que no tenía amigos y que en tan poco tiempo me veía como a su padre que había muerto en la guerra.
Moría de ganas de saber mas detalles sobre este hombre. Quizá nos habíamos conocido en algún momento. Pero no tenía manera de hacerle preguntas a Tomas. Solo respondía.
Pasaron las semanas y el olor cada día se hacía mas fuerte.
Los vecinos se quejaban a cada instante y su madre no sabía de donde provenía.
A Tomas cada vez le costaba mas acercarse para contarme sus secretos y yo no entendía por que, hasta que me lo hizo comprender.
Ningún plan era bueno. Si ponía mi cabeza en formol para conservarme ya no podría escucharlo y me ahogaría.
Así que lo que Tomas decidió fue llevarme al lugar donde me había encontrado. Tirado entre los escombros.
Me dejó exactamente en el mismo lugar.
Desde ahí divisé nuevamente mi brazo con el reloj. Tomas también lo notó.
Así que lo sacó y al revisarlo encontró el compartimiento donde al parecer guardaba una foto.
Las lágrimas de su rostro me quedaron impresas en la retina.
Antes de irse corriendo me hizo una última pregunta.
Me preguntó si lo quería y yo parpadee una sola vez.
Tomas tiró la foto junto a mi cabeza.
Al verla entendí todo y al hacerlo dejé de parpadear y finalmente morí.
Yo había sido el padre de Tomas. Asumo que por alguna explosión y todo lo sucedido perdí la memoria y no lo recordaba.
Supongo que el tampoco me había reconocido por las quemaduras y deformidades de mi rostro que noté en el pequeño reflejo del reloj.
El reflejo en el reloj
La guerra había terminado hacía un par de días. No recuerdo cuantos exactamente.
Todavía se podían escuchar algunas explosiones en edificios que continuaban en llamas.
Lo que sí puedo recordar son mis miembros esparcidos por todos lados. No lo podía creer.
¿Como hacía para verlos? Reconocí mi brazo por el reloj que llevaba puesto.
Sabía que algo raro sucedía porque al dar órdenes a todos los miembros de mi cuerpo la única acción que podía realizar era parpadear.
Inesperadamente un niño que andaba jugando en los escombros encontró mi cabeza y se dio cuenta de esto.
Me agarró con sus manos de los pelos y me miró como si en realidad sostuviera una pelota.
Es increíble lo que le puede llegar a hacer la guerra a los sentimientos de una persona.
En otros tiempos un niño en esa situación hubiese reaccionado de otra forma. Que digo de otra forma, ¡hubiese reaccionado!
Me llevo hasta el patio trasero de su casa donde con cajas, palos y sábanas viejas, había armado una especie de casa.
Comenzó a hablarme, porque sabía, o quería imaginar que lo escuchaba y le entendía. Se lo confirmé parpadeando.
Para responder a sus preguntas una vez era si y dos era no.
Y así comenzó nuestra amistad. Realmente era muy buena compañía. Y yo todo oídos.
Me confesó que no tenía amigos y que en tan poco tiempo me veía como a su padre que había muerto en la guerra.
Moría de ganas de saber mas detalles sobre este hombre. Quizá nos habíamos conocido en algún momento. Pero no tenía manera de hacerle preguntas a Tomas. Solo respondía.
Pasaron las semanas y el olor cada día se hacía mas fuerte.
Los vecinos se quejaban a cada instante y su madre no sabía de donde provenía.
A Tomas cada vez le costaba mas acercarse para contarme sus secretos y yo no entendía por que, hasta que me lo hizo comprender.
Ningún plan era bueno. Si ponía mi cabeza en formol para conservarme ya no podría escucharlo y me ahogaría.
Así que lo que Tomas decidió fue llevarme al lugar donde me había encontrado. Tirado entre los escombros.
Me dejó exactamente en el mismo lugar.
Desde ahí divisé nuevamente mi brazo con el reloj. Tomas también lo notó.
Así que lo sacó y al revisarlo encontró el compartimiento donde al parecer guardaba una foto.
Las lágrimas de su rostro me quedaron impresas en la retina.
Antes de irse corriendo me hizo una última pregunta.
Me preguntó si lo quería y yo parpadee una sola vez.
Tomas tiró la foto junto a mi cabeza.
Al verla entendí todo y al hacerlo dejé de parpadear y finalmente morí.
Yo había sido el padre de Tomas. Asumo que por alguna explosión y todo lo sucedido perdí la memoria y no lo recordaba.
Supongo que el tampoco me había reconocido por las quemaduras y deformidades de mi rostro que noté en el pequeño reflejo del reloj.

