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Usuario (Costa Rica)

Manuel Acuña ANTE UN CADAVER ¡Y bien! aqui estás ya... sobre la plancha donde el gran horizonte de la ciencia la extensión de sus límites ensancha. Aqui donde la rígida experiencia viene a dictar las leyes superiores a que está sometida la existencia. Aquí donde derrama sus fulgores ese astro a cuya luz desaparece la distinción de esclavos y señores. Aquí donde la fábula enmudece y la voz de los hechos se levanta y la superstición se desvanece. Aquí donde la ciencia se adelanta a leer la solución de ese problema cuyo sólo enunciado nos espanta. Ella que tiene la razón por lema y que en tus labios escuchar ansía la augusta voz de la verdad suprema. Aquí está ya... tras de la lucha impía en que romper al cabo conseguiste la cárcel que al dolor te retenía. La luz de tus pupilas ya no existe, tu máquina vital descansa inerte y a cumplir con su objeto se resiste. ¡Miseria y nada mas! dirán al verte los que creen que el imperio de la vida acaba donde empieza el de la muerte. Y suponiendo tu misión cumplida se acercarán a ti, y en su mirada te mandarán la eterna despedida. Pero, ¡no!... tu misión no está acabada, que ni es la nada el punto en que nacemos ni el punto en que morimos es la nada. Círculo es la existencia, y mal hacemos cuando al querer medirla le asignamos la cuna y el sepulcro por extremos. La madre es sólo el molde en que tomamos nuestra forma, la forma pasajera con que la ingrata vida atravesamos. Pero ni es esa forma la primera que nuestro ser reviste, ni tampoco será su última forma cuando muera. Tú sin aliento ya, dentro de poco volverás a la tierra y a su seno que es de la vida universal el foco. Y allí, a la vida en apariencia ajeno, el poder de la lluvia y del verano fecundará de gérmenes tu cieno. Y al ascender de la raíz al grano, irás del vergel a ser testigo en el laboratorio soberano; Tal vez, para volver cambiado en trigo al triste hogar donde la triste esposa sin encontrar un pan sueña contigo. En tanto que las grietas de tu fosa verán alzarse de su fondo abierto la larva convertida en mariposa; Que en los ensayos de su vuelo incierto irá al lecho infeliz de tus amores a llevarle tus ósculos de muerto. Y en medio de esos cambios interiores tu cráneo lleno de una nueva vida, en vez de pensamientos dará flores, en cuyo cáliz brillará escondida la lágrima tal vez con que tu amada acompañó el adiós de tu partida. La tumba es el final de la jornada, porque en la tumba es donde queda muerta la llama en nuestro espíritu encerrada. Pero en esa mansión a cuya puerta se extingue nuestro aliento, hay otro aliento que de nuevo a la vida nos despierta. Allí acaban la fuerza y el talento, allí acaban los goces y los males allí acaban la fe y el sentimiento. Allí acaban los lazos terrenales, y mezclados el sabio y el idiota se hunden en la región de los iguales. Pero allí donde el ánimo se agota y perece la máquina, alli mismo el ser que muere es otro ser que brota. El poderoso y fecundante abismo del antiguo organismo se apodera y forma y hace de él otro organismo. Abandona a la historia justiciera un nombre sin cuidarse, indiferente, de que ese nombre se eternice o muera. El recoge la masa únicamente, y cambiando las formas y el objeto se encarga de que viva eternamente; La tumba sólo guarda un esqueleto mas la vida en su bóveda mortuoria prosigue alimentándose en secreto. Que al fin de esta existencia transitoria a la que tanto nuestro afán se adhiere, la materia, inmortal como la gloria, cambia de formas; pero nunca muere. UNA LIMOSNA A mi querido amigo A.F. Cuenca. ¡Entrad!... en mi aposento donde sólo se ven sombras, está una mujer muriendo entre insufribles congojas... Y a su cabecera tristes dos niñas bellas que lloran, y que entrelazan sus manos y que gimen y sollozan. Y la infeliz ya no mira ni tiene aliento en la boca, y cuando habla sólo dice con voz hueca y espantosa: "¡Yo tengo hambre! ¡Yo tengo hambre! Por piedad ¡Una limosna!" Y calla... y las niñas gimen... y calla... y el viento sopla... y llora... y nadie la escucha, ¡que nadie escucha al que llora! ........................................... ¿Y la oís? - ¡Ay!, hijas mías vanse por fin a quedar solas... solas... y sin una madre que os alivie y que os socorra... solas... y sin un mendrugo que llevar a vuestra boca... Adiós... adiós... ya me muero... ya no tengo hambre... y la mísera expiraba ¡"Una limosna"! entre angustias y congojas, mientras que las pobres niñas casi locas, casi locas la besaban y lloraban envueltas entre las sombras. Después... temblando de frío bajo sus rasgadas ropas, caminaban lentamente por la calle oscura y sola, exclamando con voz triste al divisar una forma; ..."¡Me muero de hambre!" Y la otra... ...¡"Una limosna"! Enero de 1869. ADIÓ S A MÉXICO Escrita para la Sra. Cayrón y leída por ella en una función de despedida. Pues que del destino en pos débil contra su cadena, frente al deber que lo ordena tengo que decirte adiós; Antes que mi boca se abra para dar paso a este acento, la voz de mi sentimiento quiere hablarte una palabra. Que muy bien pudiera ser que cuando de aquí me aleje, al decirte adiós, te deje para no volverte a ver. Y asi entre el mal con que lucho y y que en el dolor me abisma, quiero decirte yo misma, sepas que te quiero mucho. Que enamorada de tí desde antes de conocerte, yo vine sólo por verte, y al verte te puse aquí. Que mi alma reconocida te adora con loco empeño, porque tu amor era el sueño más hermoso de mi vida. Que del libro de mi historia te dejo la hoja mas bella, porque en esa hoja destella tu gloria más que mi gloria. Que soñaba en no dejarte sino hasta el poster momento, partiendo mi pensamiento entre tu amor y el del arte. Y que hoy ante esa ilusión que se borra y se deshace, siento ¡ay de mí! que se hace pedazos mi corazón... Tal vez ya nunca en mi anhelo podré endulzar mi tristeza con ver sobre mi cabeza el esplendor de tu cielo. Tal vez ya nunca a mi oído resonará en la mañana, la voz del ave temprana que canta desde su nido. Y tal vez en los amores con que te adoro y admiro estas flores que hoy aspiro serán las últimas flores... Pero si afectos tan tiernos quiere el destino que deje, y que me aparte y me aleje para no volver a vernos; Bajo la luz de este día de encanto inefable y puro al darte mi adiós te juro, ¡oh dulce México mío! Que si él con sus fuerzas trunca todos los humanos lazos, te arrancará de mis brazos pero de mi pecho, nunca! MISTERIO Si tu alma pura es un broche que para abrirse a la vida quiere la calma adormecida de las sombras de la noche; Si buscas como un abrigo lo más tranquilo y espeso, para que tu alma y tu beso se encuentren sólo conmigo; Y si temiendo en tus huellas testigos de tus amores, no quieres ver más que flores, más que montañas y estrellas; Yo sé muchas grutas, y una donde podrás en tu anhelo, ver un pedazo de cielo cuando aparezca la luna. Donde a tu tímido oído no llegarán otros sones que las tranquilas canciones de algún ruiseñor perdido. Donde a tu mágico acento y estremecido y de hinojos, veré abrirse ante mis ojos los mundos del sentimiento. Y donde tu alma y la mía, como una sola estrechadas, se adormirán embriagdas de amor y melancolía. Ven a esta gruta y en ella yo te daré mis desvelos, hasta que se hunda en los cielos la luz de la última estrella. Y antes que el ave temprana su alegre vuelo levante y entre los álamos cante la vuelta de la mañana. Yo te volveré al abrigo de tu estancia encantadora, donde el recuerdo de esa hora vendrás a soñar conmigo... Mientras que yo en el exceso de la pasión que me inspiras iré a soñar que me miras, e iré a soñar que te beso. NADA SOBRE NADA Poesía leída en la velada literaria que celebró la Sociedad "El Porvenir" la noche del 3 de mayo de 1873. Pues, señor, dije yo, ya que es preciso puesto que asi lo han dicho en el programa, que rompa ya la bendecida prosa que preparado para el caso había, y que escriba en vez de ella alguna cosa asi, que parezca poesía, pongámonos al punto, ya que es forzoso y necesario, en obra, sin preocuparnos mucho del asunto, porque al fin el asunto es lo que sobra. Así dije, y tomando no el arpa ni la lira que la lira y el arpa no pasan hoy de ser una mentira, sino una pluma de ave con la que escribo yo generalmente violenté las arrugas de mi frente hasta ponerla cejijunta y grave y pensando en mi novia, en la adorada por quien suspiro y lloro sin sosiego, mojé mi pluma en el tintero, y luego puse ocho letras: "A mi amada." Su retrato, un retrato firmado por Valleto y compañía, se alzaba junto a mi plácido y grato, mostrándome las gracias y recato que tanto adornan a la amada mía; y como el verlo sólo basta para que mi alma se emocione, que Apolo me perdone si, dije aqui que me sentí un Apolo. Ella no es una rosa ni un ser ideal, ni cosa que lo valga; pero en verso o en prosa no seré yo el estúpido que salga con que mi novia es fea, cuando puedo decir que es muy hermosa por más que ni ella misma me lo crea; así es que en mi pintura hecha en rasgos por cierto no muy fieles, aumenté de tal modo su hermosura que casi resultaba una figura digna de ser pintada por Apeles. Después de dibujarla como he dicho, faltando a la verdad por el capricho, iba yo a colocar el fondo negro de su alma inexorable y desdeñosa, cuando al hacerlo me ocurrió una cosa que hundió mi plan, y de lo cual me alegro; porque, en último caso, como pensaba yo entre las paredes de mi cuarto sombrío, ¿qué les importa a ustedes que mi amada me niegue sus mercedes, ni que yo tenga el corazón vacío? Si mi vida vegeta en la tristeza y el yugo del dolor ya no soporta, caeré de referirlo en la simpleza para que alguien me diga en su franqueza: ¡"¿si viera usted que a mi nada me importa?..."! No, de seguro, que antes prefiero verme loco por tres días, que imitar a ese eterno Jeremías que se llama el señor de Cervantes. Y convencido de esto, ya que era conveniente y necesario, borré el título puesto, y buscando a mi lira otro pretexto escrbí este otro título: El Santuario. ¡El santuario!... exclamé; pero y ¿qué cosa puedo decir de nuevo sobre el caso, cuando en cada volumen de poesías, en versos unos malos y otros buenos, sobre templos, santuarios y abadías? Para entonar sobre esto mis cantares, a mas de que el asunto vale poco, ¿Qué entiendo yo de claustros ni de altares, ni qué se yo de sacristán tampoco? No, en la naturaleza hay asuntos mas dignos y mejores, y mas llenos de encantos y de belleza, y que he de escribir, haré una pieza que se llame: Los prados y las flores. Hablaré de la incauta mariposa que en incesante y atrevido vuelo, ya abandona el cielo por la rosa; ya abandona la rosa por el cielo, del insecto pintado y sorprendente que de esconderse entre las hierbas trata, y de el ave inocente que lo mata, lo cual prueba que no es tan inocente; hablaré... pero y luego que haya hablado sacando a luz el boquirrubio Febo, me pregunto, señor, ¿qué habré ganado, si al hacerlo no digo nada nuevo?... Con que si esto tampoco es un asunto digno de preocuparme una sola hora, dejemos sus inútiles detalles, ya que no hay ni un señor ni una señora que no sepa muy bien lo que es la aurora y lo que son las flores y los valles... Coloquemos a un lado estas materias que valen tan poco para el caso, y pues esto se ofrece a cada paso hablemos de la vida y sus miserias. Empezaré diciendo desde luego, que no hay virtud, creencias ni ilusiones; que en criminal y estúpido sosiego ya no late la fe en los corazones; que el hombre imbécil, a la gloria ciego, sólo piensa en el oro y los doblones, y concluiré en estilo gemebundo: ¡Que haya un cadáver mas que importa al mundo! Y me puse a escribir, y asi en efecto, lo hice en ciento cincuenta octavas reales, cuyo único defecto, como se ve por lo que dicho queda, era que en vez de ser originales no pasaba de un plagio de Espronceda. Como era fuerza, las rompí en el acto desesperado de mi triste suerte, viendo por fin que en esto de poesía no hay un solo argumento ni una idea que no peque de fútil, o no sea tan vieja como el pan de cada día. En situación tan triste y estando la hora ya tan avanzada, ¿qué hago, dije yo, para salvarme de este grave y horrible compromiso, cuando ningún asunto puede darme ni siquiera un adarme de novedad, de encanto, o de un hechizo? ¿Hablaré de la guerra y de la gente que enardecida de las cumbres baja desafiando al contrario frente a frente, y habré de convertirme en un valiente yo que nunca he empuñado una navaja? No, señor, aunque estudio medicina y pertenezco a esa importante clase que no hay pueblo y lugar en donde no pase por ser la mas horrible y asesina, aparte de que en esto hay poco cierto, como lo prueba y mucho la experiencia, yo, a lo menos hasta hoy, me hallo a cubierto de que se alce la sombra de algún muerto a turbar la quietud de mi conciencia. Sobre los libros santos, se podría con meditar y con plagiar un poco, arreglar o escribir una poesía; pero ni esto es muy fácil en un día ni para hablar sobre esto estoy tampoco; porque en fiestas como esta donde el saber está en su templo, salir con el Diluvio, por ejemplo, fuera casi querer aguar la fiesta; y como yo no quiero que se diga que he venido a tal cosa, ya que en mi numen agotado me hallo el asunto y el plan a que yo aspiro rompo mi humilde cítara, me callo, y con perdón de ustedes me retiro. UN SUEÑO A Ch.... ¿Quieres oir un sueño?... Pues anoche ví la brisa fugaz de la espesura que al rozar con el broche de un lirio que se alzaba en la pradera grabó sobre él un "beso", perdiéndose después rauda y ligera de la enramada entre el follaje espeso. Este es mi sueño todo, y si entenderlo quieres, niña bella, une tus labios en los labios míos y sabrás quién es "él" y quien es "ella". AMOR ¡Amar a una mujer, sentir su aliento, y escuchar a su lado lo dulce y armonioso de su acento; tener su boca a nuestra boca unida y su cuello en el nuestro reclinado, es el placer mas grato de la vida, el goce mas profundo que puede disfrutarse sobre el mundo! Porque el amor al hombre es tan preciso, como el agua a las flores, como el querube ardiente al paraíso; es el prisma de mágicos colores que transforma y convierte las espinas en rosas, y que hace bella hasta la misma muerte a pesar de sus formas espantosas. Amando a una mujer, olvida el hombre hasta su misma esencia, sus deberes mas santos y su nombre; no cambia por el cielo su existencia; y con su afán y su delirio, loco, acaricia sonriendo su creencia, y el mundo entero le parece poco... Quitadle al zenzontle la armonia, y al águila su vuelo, y al iluminar espléndido del día el azul pabellón del ancho cielo, y el mundo seguirá... Mas la criatura, del amor separada morirá como muere marchitada la rosa blanca y pura que el huracán feroz deja tronchada; como muere la nube y se deshace en perlas cristalinas cuando le hace falta un sol que la sostenga en la etérea región de las ondinas. ¡Amor es Dios!, a su divino fiat brotó la tierra con sus gayas flores y sus selvas pobladas de abejas y de pájaros cantores, y con sus blancas y espumosas fuentes y sus limpias cascadas cayendo entre las rocas a torrentes; brotó sin canto ni armonía... Hasta que el beso puro de Adán y Eva, resonando en el viento, enseñó a las criaturas ese idioma, ese acento magnífico y sublime con que suspira el cisne cuando canta y la tórtola dulce cuando gime, ¡Amor es Dios!, y la mujer la forma en que encarna su espíritu fecundo; él es el astro y ella su reflejo, él es el paraíso y ella el mundo... Y vivir es amar. A quien no ha sentido latir el corazón dentro del pecho del amor al impulso, no comprende las quejas de la brisa que vaga entre los lirios de la loma, ni de la virgen casta la sonrisa ni el suspiro fugaz de la paloma. ¡Existir es amar! Quien no comprende esa emoción dulcisima y suave, esa tierna fusión de dos criaturas gimiendo en un gemido, en un goce gozando y latiendo en unísono latido... Quien no comprende ese placer supremo, purísimo y sonriente, ese miente si dice que ha vivido; si dice que ha gozado, miente. Y el amor no es el goce de un instante que en su lecho de seda nos brinda la ramera palpitante; no es el deleite impuro que hallamos al brillar una moneda del cieno y de la infamia entre lo oscuro; no es la miel que provoca y que deja, después que la apuramos, amargura en el alma y en la boca... Pureza y armonía, ángeles bellos y hadas primorosas en un Edén de luz y de poesía, en un pensil de nardos y de rosas, Todo es el amor. Mundo en que nadie llora o suspira sin hallar un eco; fanal de bienandanza que hace que siempre ante los ojos radie la viva claridad de una esperanza. El amor es la gloria, la corona esplendente con que sueña el genio de alma grande que pulsa el arpa o el acero blande, la virgen sonriente. El Petrarca sin Laura, no fuera el vate del sentido canto que hace brotar suspiros en el pecho y en la pupila llanto. Y el Dante sin Beatriz no fuera el poeta a veces dulce y tierno, y a veces grande, aterrador y ronco como el cantor salido del infierno... Y es que el amor encierra en su forma infinita cuanto de bello el universo habita, cuanto existe de ideal sobre la tierra. Amor es Dios, el lazo que mantiene en constante armonía los seres mil de la creación inmensa; y la mujer la diosa, la encarnación sublime y sacrosanta que la pradera con su olor inciensa y que la orquesta del Supremo canta, ¡Y salve, amor! emanación divina... ...¡Tú, más blanca y más pura que la luz de la estrella matutina! ¡Salve, soplo de Dios!... Y cuando mi alma deje de ser un templo a la hermosura, ven a arrancarme el corazón del pecho ven a abrir a mis pies la sepultura Enero de 1869. POBRE FLOR -¿Por qué te miro así tan abatida, pobre flor? ¿En dónde están las galas de tu vida y el color? Díme, ¿por qué tan triste te consumes, dulce bien? ¿Quién?, ¡el delirio devorante y loco de un amor, que me fue consumiendo poco a poco de dolor! Porque amando con toda la ternura de la fe a mí no quiso amarme la criatura que yo amé Y por eso sin galas me marchito triste aquí, siempre llorando en mi dolor maldito, ¡Siempre así! ¡Habló la flor!... Yo gemí... era igual a la memoria de mi amor. Cabrío, febrero de 1969 LA RAMERA A mi querido amigo Manuel Roa. Humanidad pigmea, tú que proclamas la verdad y el Cristo, mintiendo caridad en cada idea: tú que, de orgullo el corazón beodo, por mirar a la altura te olvidas de que marchas sobre lodo: tú que diciendo hermano, escupes al gitano y al mendigo porque son un mendigo y un gitano: Ahí está esa mujer que gime y sufre con el dolor inmenso con que gimen los que cruzan sin fe por la existencia; escúpela tambien... ¡anda!... ¡no importa que tú hayas sido quien la hundió en el crimen que tú hayas sido quien mató su creencia! ¡Pobre mujer! que abandonada y sola sobre el oscuro y negro precipicio, en lugar de una mano que la salve siente una mano que la impele al vicio; y que al bajar en su redor los ojos y a través de las sombras que la ocultan no encuentra mas que seres que la miran y que burlando su dolor la insultan... Antes era una flor... una azucena rica de galas y de esencias rica, llena de aromas y de encantos llena; era una flor hermosa que envidiaban las aves y las flores, y tan bella y tan pura como es pura la nieve del armiño, como es pura la flor de los amores, como es puro el corazón del niño. Las brisas le brindaban con sus besos, y con sus tibias perlas el rocío, y el bosque con sus álamos espesos, y con su arena y su corriente el río; y amada por las sombras en la noche, y amada por la luz en la mañana, vegetaba magnífica y lozana, tendiendo al aire su purpúreo broche; pero una vez el soplo del invierno en su furia maldita, pasó sobre ella y le arrancó sus hojas, pasó sobre ella y la dejó marchita; y al contemplar sin galas su cálice antes de perfumes lleno, la arrebató impaciente entre sus alas y fue a hundirla cadáver en el cieno. ¡Filósofo mentido!... ¡Apóstol miserable de una idea que tu cerebro vil no ha comprendido! Tú que la ves que gime y que solloza, y burlas su sollozo y su gemido... ¿Qué hiciste de aquel ángel que amoroso y sonriente formó de tu niñez el dulce encanto! ¿Qué hiciste de aquel ángel de otros días, que lloraba contigo si llorabas y gozaba contigo si reías...? ¡Te acuerdas!... Lo arrancaste de la nube donde flotaba vaporoso y bello, y arrojándola al hambre, sin ver su angustia ni su amor siquiera, le convertiste de camelia en lodo: le transformaste de ángel en ramera! ¡Maldito tú que pasas junto a las frescas rosas, y que sus galas sin piedad les quitas! ¡Maldito tú que sin piedad las hieres, y luego las insultas por marchitas! ¡Pobre mujer!... ¡Juguete miserable de su verdugo mismo!... Víctima condenada a vegetar sumida en un abismo mas negro que el abismo de la nada y a no escuchar mas eco en sus dolores, que el eco de la horrible carcajada con que el hombre le paga sus amores. ¡Pobre mujer, a la que el hombre niega el derecho sublime de llamar hijo a su hijo! ¡Pobre mujer que de rubor se cubre cuando escucha que le grita madre! Y que quiere besarle, y se detiene, porque sabe que un beso de sus besos se convierte en borrón donde lo imprime! Deja ya de llorar, pobre criatura, que si del mundo en la escabrosa senda, caminas entre fango y amargura, sin encontrar un ser que te comprenda, en el cielo los ángeles te miran, te compadecen, te aman, y lloran con el llanto lastimero que tus ojos bellísimos derraman. ¡Y que se burle el hombre, y que se ría! ¡Y que te llame harapo y te desprecie! Déjale tú reír, y que te insulte, Que ha de llegar el día en que la gota cristalina y pura se desprenda del lodo para elevarse nube hasta la altura. Y entonces en lugar de un anatema, en lugar de un desprecio, escucharás al Cristo del Calvario, que añadiendo tu pena a tus lágrimas tristes en abono te dirá como ha tiempo a Magdalena: Levántate, mujer, yo te perdono. LÁ GRIMAS Quum subit illius tristissima noctis imago quae mihi supremum tempus in urbe fuit; quum respeto noctem qui a tot mihi cara reliquie labitur es oculis nuc quoque gutta meis. OVIDIO.-ELEGÍ AS III. Aún era you muy niño, cuando un día, cogiendo mi cabeza entre sus manos y llorando a la vez que me veía "¡Adiós! ¡Adiós!" me dijo; "desde este instante un horizonte nuevo se presenta a tus ojos; vas a buscar la fuente donde apagar la sed que te devora; marcha... y cuando mañana al mal que aún no conoces ofrezca de tu llanto las primicias, ten valor y esperanza, anima el paso tardo, y mientras llega de tu vuelta la hora, ama un poco a tu padre que te adora, y ten valor y ... marcha... yo te aguardo". Asi me dijo, y confundiendo en uno su sollozo y el mío, me dio un beso en la frente... sus brazos me estrecharon... y despues a los pálidos reflejos del sol que en el crepúsculo se hundía sólo vi una ciudad que se perdía con mi cuna y mis padres a lo lejos. El viento de la noche saturado de arrullos y de esencias, soplaba en mi redor, tranquilo y dulce como aliento de niño; tal vez llevando en sus ligeras alas con la tibia embriaguez de sus aromas, el acento fugaz y enamorado del silencioso beso de mi madre sobre el blanco lecho abandonado... Las campanas distantes repetían el toque de oraciones... una estrella apareció en el seno de una nube; tras de mi oscura huella la inmensidad se alzaba... y haciendo estremecer el infinito de mi dolor supremo con el grito; "¡Adiós, mi santo hogar", clamé llorando, "¡Adiós, hogar bendito,! en cuyo seno viven los recuerdos más queridos de mi alma... pedazo de ese azul en donde anidan mis ilusiones cándidas de niño... ¡Quién sabe si mis ojos no volveran a verte!... ¡Quién sabe si hoy te envío el adiós de la muerte!... Mas si el destino rudo ha de darme el morir bajo tu techo, si el ave de la selva ha de plegar las alas en su nido, ¡guárdame mi tesoro, hogar querido, guárdame mi tesoro hasta que vuelva!" Las lágrimas brotaron a mis hinchados párpados... las sombras espesas y agrupadas de repente se abrieron de los astros a la huella... cruzó una luz por lo alto, alcé la frente, el cielo era una página y en ella ví esta cifra -¡Detente! Detente... y a mi oído llegó como un arrullo de paloma la nota de un gemido; algo como un suspiro de la noche rompiendo del silencio la honda calma; algo como la queja algo como el adiós con que los muertos, del amor al esfuerzo soberano, saludan desde el fondo de sus tumbas al recuerdo lejano. ........................................... Al despertar de aquel supremo instante de letargo sombrío la noche de la ausencia desplegaba su impenetrable velo, sus sombras sin estrellas, su atmósfera de hielo... esa odiosa ceguez en que el ausente proscrito del cariño cumple con su destierro, suspirando por sus recuerdos vírgenes de niño; ese inmenso dolor que hace del alma en el terrible y solitario viaje, un árido desierto en donde es un miraje cada punto y en donde es un amor cada miraje... Y así de la ampolleta de mi vida se deslizaban las eternas horas sobre mi frente mustia y abatida, soñando al extenderse en lontananza, como una dulce estrofa desprendida del arpa celestial de la esperanza; así, cuando una vez, en el instante en que la blanca flor de mi delirio desplegaba en los aires su capullo; cuando mi muerta fe se estremecía bajo sus ropas fúnebres del duelo al ver flotando en el azul del cielo el alma de mi hogar sobre la mía; cuando iba ya a sonar para mis ojos la última hora de llanto, y se cambiaba en música de salve la música elegíaca de mi canto; mi corazón como la flor marchita que se abre a las sonrisas de la aurora esperando la vida de sus rayos también se abrió... para plegar su broche, y las caricias del amor abierto, encerrando en el fondo de su noche ¡las caricias de un muerto!... En el espacio blanco y encendido por los trémulos rayos de la luna yo vi asomar su sombra... La gasa del sepulcro lo envolvía con sus espesos pliegues... En su frente espectral se dibujaba una aureola de angustia, lo que dijo se perdió en la región donde flotaba... su mano me bendijo... su pecho sollozaba... La sombra se elevó como la niebla que en la mañana se alza de los campos; cerró los ojos, supirando y luego... oí un adiós en la profunda calma de aquella inmensidad muda y tranquila, y al levantar de nuevo la pupila ¡el cielo estaba negro como mi alma! En el reloj terrible donde cada dolor marca su instante, el destino inflexible señalaba la cifra palpitante de aquella hora imposible; hora triste en que el íntimo santuario de mis sueños de gloria, vio su altar solitario, convertido su sol en tenebrario, y su culto en memoria... Hora negra en que la urna consagrada para envolverlo, ¡oh, padre! del cariño en la esencia perfumada, fue un sepulcro sombrío donde sólo dejaste tu recuerdo para hacer más inmenso su vacío. ¡Padre... perdón porque te amaba tanto, que en el orgullo de mi amor creía darte en él un escudo! ¡Perdón porque luché contra la suerte, y desprenderme de tus lazos pudo! ¡Perdón porque a tu muerte le arrebaté mis últimas caricias y te dejé morir sin que rompiendo mi alma los densos nublos de la ausencia, fuera a unirse en un beso con la tuya y a escuchar tu postrera confidencia! Sobre la blanca cuna en que de niño me adurmieron los cantos de la noche, el cielo azul flotaba, y siempre que mis párpados se abrían, hallé en ese cielo dos estrellas que al verme desde allí se sonreían; mañana que mis ojos se alcen de nuevo hacia el espacio umbrío que se mece fugaz sobre mi cuna, tú sabes, padre mío, que sobre aquella cuna hay un vacío, de esas dos estrellas falta una. Caiste... de los libros de la noche yo no tengo la ciencia ni la clave; en la tumba en que duermes yo no sé si el amor tiene cabida... yo no sé si el sepulcro puede amar a la vida; pero en la densa oscuridad que envuelve mi corazón para sufrir cobarde, yo sé que existe el germen de una hoguera que a tu memoria se estremece y arde... yo sé que es el más dulce de los nombres el nombre que te doy cuando te llamo, y que en la religión de mis recuerdos tú eres el dios que amo. Caíste de tu abismo empenetrable la helada niebla arroja su negra proyección sobre mi frente, crepúsculo que avanza derramando en el aire transparente, las sombras de una noche sin oriente y el capuz de un dolor sin esperanza. Padre... duérmete... mi alma estremecida te manda su cantar y sus adioses; vuela hacia ti, y flotando sobre la piedra fúnebre que sella tu huesa solitaria, mi amor la enciende, y sobre ti, sobre ella en la noche sin fin de tu sepulcro mi alma será una estrella. EL REO A MUERTE Al eminente actor D. José Valero Esa noche, ardiendo el pueblo de animación y entusiasmo bajo el influjo sublime de tu genio soberano, todo era bravos y dianas, todo era vivas y aplausos, todo cariño en los ojos todo cariño en los labios, y todo flores, laureles, admiración y ... entretanto, allá muy lejos, muy lejos, sonando lento y pausado, se alzaba entre las tinieblas y entre el silencio un cadalso, sin otro eco que el latido del pecho del condenado que en diálogo con la muerte velaba en un subterraneo. aquel cadalso se alzaba cada vez más y más alto, como un espectro, sombrío como un vampiro, callado, como una tumba implacable, y como un monstruo, inhumano; se alzaba y, sin que ninguno oyera aquel ruido amargo, por los sollozos de un hombre solamente acompañado, la humanidad impasible bajo su mudo letargo, miraba crecer y alzarse las formas de aquel cadalso, cuando tú, tú que escuchaste sus ecos tristes y vagos te levantaste por ella con la voz del entusiasmo, y en presencia de aquel pueblo y enfrente de aquel tablado ceñida con tus laureles la hiciste hablar por tus labios, salvando al sol de aquel día del rubor de aquel cadalso. * * * Aquel que es su desamparo, y aún más que unos pocos días y aún más que unos pocos años pudo gozar la dulzura de ver a su hijo en los brazos, libre del infame nombre de hijo del ajusticiado; pero yo que desde niño aprendí lleno de espanto a aborrecer los verdugos y a maldecir los cadalsos dejo a la gloria que entonces para ensalzarte su canto, y del condenado a muerte bajo los recuerdos gratos, en nombre suyo, las gracias de la humanidad te mando. ODA Leida en la sesión que el Liceo Hidalgo celebró en honor de Doña Gertrudis Gómez de Avellaneda. De los tres cielos que recorre el hombre de la existencia en la medida impía, cuando la gloria me enseñó tu nombre yo estaba en el primero todavía. La pena que del pecho hasta el abismo lóbrego desciende, y del cadáver de un amor deshecho finge flotando en derredor del lecho la aparición bellísima de un duende; la sombra a cuyo peso aborrecido muere el placer y el alma se acobarda, tratando de evocar en el olvido el recuerdo dulcísimo y querido de los besos del ángel de la guarda; todo eso que en la frente deja un sello de luto y desconsuelo, cuando en el alma pálida y doliente no queda ni la fe que es del creyente la última golondrina que alza el vuelo todo eso que de noche baja hasta el corazón como una sombra, y que terrible y sin piedad ninguna sus ilusiones todas despedaza, aún no era sobre el cielo de mi cuna. Ni la pálida nube que importuna se levanta enseñando la amenaza. Dichoso con la dulce indiferencia del que al amor de su callado asilo ha vivido a la luz de la inocencia, acostumbrado a ver en la existencia la imagen de un azul siempre tranquilo, yo entonces ignoraba que, más alla de aquel humilde techo que sus caricias y su amor me daba, clamando al cielo y suspirando en vano desde el rincón sin luz de la vigilia, hubiera en otro hogar una familia de la que yo también era un hermano... Mi amor no sospechaba que existiera más ilusion ni cariñoso exceso que la mirada dulce y hechicera de la santa mujer que la primera nos anuncia a la vida con un beso... Y hasta que al ducle y mágico sonido del arpa que temblaba entre tus manos, dejé mi rama, abandoné mi nido y te segué hasta ese árbol bendecido donde todos los nidos son hermanos, fue cuando despertando de la calma en que flotaba la existencia mía, sentí asomar en lo íntimo de mi alma algo como la luz de un nuevo día. Tu voz fue la primera que me habló en la dulzura de ese idioma que canta como canta la paloma y gime como gime la palmera... las cuerdas de tu lira, como la voz de la primera alondra que llama a las demás y las despierta, fueron las que al arrullo de tu acento sonaron sobre mi alma estremecida, como si siendo un pájaro la vida quisieran despertarlo al sentimiento... Tu nombre va ligado en mi cariño con los recuerdos santos y amorosos de mis tiempos de niño, con los placeres dulces y sabrosos de esa época sonriente en la que es cada instante una promesa y en la que el ángel de la fe aún no besa las primeras arrugas de la frente; tu nombre es la memoria del pueblo y del hogar adonde un día fue a estremecerse el eco de tu gloria y el trino arrullador de tu poesía; la evocación de todo lo más santo en medio de mis noches desmayadas, que aún tiemblan a las dulces campanadas, de aquellas horas en que amaba tanto... Y así, cuando yo supe que abandonada a tu dolor morías, y que en tu muda y lánguida tristeza renunciabas a ver junto a tu lecho, quien, al rodar sin vida tu cabeza, recogiera el laurel de tu grandeza y el último sollozo de tu pecho; cuando yo supe que en la huesa insana te inclinabas por fin pálida y sola, sin que el adiós de tu alma soberana se enlutara la cítara cubana ni gimiera la cítara española; al darte mis adioses, los adioses de la eterna y postrera despedida, sentí que algo de triste sollozaba de mi dolor en el oscuro abismo, y que tu sombra que flotaba arriba, al extinguirse y al borrarse iba llevándose un pedazo de sí mismo, y entonces al poder de los recuerdos borrando la distancia tendí mis alas hacia el nido blando de los primeros sueños de la infancia; llegué al rincón modesto donde tus dulces páginas leía a la fe y al amor siempre dispuesto y allí de pie frente a la blanca cuna donde en sus flores me envolvió el destino, busqué en su fondo alguna que aún no cerrara su oloroso broche, y en él hallé dormida, ésta con la que el alma agradecida viene a aromar las sombras de la noche. Deuda en mi cariño contraje desde niño con tu nombre, esa flor es el cántico del niño mezclada con las lágrimas del hombre; esta flor es el fruto de aquel germen que derramaste en mi niñez dichosa, y que al rodar sobre la humilde fosa donde tus restos duermen entre sus piedras ásperas se arraiga recogiendo su jugo en tus cenizas, y esperando en su cáliz a que caiga la gota de los cielos que le traiga la esencia y el amor de tus sonrisas. A UN ARROYO A mi hermano Juan de Dios Peza. Cuando todo era flores tu camino, cuando todo era pájaros tu ambiente, cediendo de tu curso a la pendiente todo era en ti fugaz y repentino. Vino el invierno con sus nieblas vino el hielo que hoy estanca tu corriente, y en situación tan triste y diferente ni aún un pálido sol te da el destino. Y así en la vida el incesante vuelo mientras que todo es ilusión, avanza en sólo una hora cuanto mide un cielo; Y cuando el duelo asoma en lontananza entonces como tú cambiada en hielo no puede reflejar ni la esperanza. SONETO Porqué dejaste el mundo de dolores buscando en otro cielo la alegría que aquí, si nace, sólo dura un día y eso entre sombras, dudas y temores. Porqué en pos de otro mundo y de otras flores abandonaste esta región sombría, donde tu alma gigante se sentía condenada a continuos sinsabores. Yo vengo a decir mi enhorabuena al mandarte la eterna despedida que de dolor el corazón me llena; Que aunque cruel y muy triste tu partida, si la vida a los goces es ajena, mejor es el sepulcro que la vida. A ASUNCIÓN Mire usted, Asunción: aunque algún ángel metiéndose envidioso, conciba allá en el cielo el mal capricho de venir por la noche a hacerle el oso y en un acto glorioso llevársela de aquí, como le ha dicho no sé que nigromante misterioso, no vaya usted, por Dios, a hacerle caso, ni a dar con el tal ángel un mal paso; estése usted dormida, debajo de las sábanas metida, y deje usted que la hable y que la vuelva a hablar y que se endiable, que entonces con un dedo puesto sobre otro en cruz, ¡afuera miedo! No vaya usté a rendirse ante el ruego o las lágrimas y a irse. . . que donde usted nos deje por seguir en el vuelo a su Tenorio, después irá a llorar al purgatorio sin tener quien la mime, aunque se queje. . . Conque mucho cuidado si siente usted un ángel a su lado, que yo, como su amigo, con tal que usted, Asunción, me lo permita, le aconsejo y le digo que después de Rosario y Margarita no admita usted más ángeles consigo. Estése usted con ellas compartiendo delicias e ilusiones todas las horas tienen que ser bellas; viva usted muchos años (como un humilde criado le diría) y mañana que sola o entre extraños se encuentre por desgracia en este día, si busca usted una alma que la ame, llame usted a mi pecho, y con que llame, si no estoy muerto encontrará la mía. A CH. . . Si supieras, niña ingrata, lo que mi pecho te adora; si supieras que me mata la pasión que por ti abrigo; tal vez, niña encantadora, no fueras tan cruel conmigo. Si supieras que del alma con tu desdén ha volado fugaz y triste la calma, y que te amo más mil veces, que las violetas al prado y que a los mares los peces; tal vez entonces, hermosa, oyeras el triste acento de mi querella amorosa; y atendiendo a mi reclamo, mitigaras mi tormento con un beso y un "yo te amo". Si supieras, dulce dueño, que tú eres del alma mía el sólo y único sueño; y que al mirar tus enojos, la ruda melancolía baña en lágrimas mis ojos; tal vez entonces me amaras, y con tus labios de niño mis labios secos besaras; y cariñosa y sonriente a mi constante cariño no fueras indiferente. Ámame, pues, niña pura ya que has oído el acento del que idolatrarte jura; y atendiendo a mi reclamo, ven y calma mi tormento con un beso y un "yo te amo". A LA PATRIA Composición recitada por una niña en Tacubaya de los Mártires, el 11 de septiembre de 1873. Ante el recuerdo bendito de aquella noche sagrada en que la patria aherrojada rompió al fin su esclavitud; ante la dulce memoria de aquella hora y de aquel día, yo siento que en el alma mía canta algo como un láud. Yo siento que brota en flores el huerto de mi ternura, que tiembla entre su espesura la estrofa de una canción; y al sonoroso y ardiente murmurar de cada nota, siendo algo grande que brota dentro de mi corazón. ¡Bendita noche de gloria que así mi espíritu agitas, bendita entre benditas noche de la libertad! Hora del triunfo en que el pueblo vio al fin en su omnipotencia, al sol de la independencia rompiendo la oscuridad. Yo te amo. . . y al acercarme ante este altar de victoria donde la patria y la historia contemplan nuestro placer, yo vengo a unir al tributo que en darte el pueblo se afana mi canto de mexicana, mi corazón de mujer. EL GIRO Romancero de la Guerra de Independencia I Medio oculta entre la selva como un nido entre las ramas, y medio hundido en el fondo tranquilo de una cañada, allá por aquellos tiempos hubo en Landín una casa que no por ser tan sencilla ni de un fecha tan larga, era menos pintoresca, ni tampoco menos blanca. Sombreaba su puerta un olmo de hojosas y verdes ramas, punto de citas de todas las aves de las montañas; y en uno de sus costados, brotando límpida y clara, estaba entre los terrones y entre las hierbas el agua, de noche siempre tranquila y eternamente callada. Apenas el sol naciente filtraba por sus ventanas, cuando estremeciendo el aire, sonaban dulces y claras, la voz de una cuna hablando de cuanto los niños hablan; la voz de una madre, rica de sentimientos y de alma, y la voz de un hombres que era la eterna voz de la patria, soñando ya con sus glorias y ya con sus esperanzas. Tez cobriza como aquellos primeros hijos de Anáhuac, que tantas veces hicieron temblar de miedo a la España, cuando la España atrevida midió con ellos sus armas; fuerte y ágil como todos los hijos de las montañas; como un labriego, robusto; como un patriota, entusiasta; como un valiente, atrevido, y como un joven, todo alma, el hombre de aquellas selvas, el hombre de aquella casa, era el eterno modelo de esas figuras sagradas que en el altar de los siglos hacen un Dios de una estatua. Veinticinco años apenas por ese tiempo contaba, y de sus nobles heridas la suma aún era más larga, que no hubo por el Bajío ningún combate ni hazaña donde su ardor no estuviera donde faltara su lanza, ni donde al grito de muerte sus huellas no señalara con el licor de sus venas o el de las venas extrañas. Y allí tranquilo y oculto su triste vida pasaba, lamentando en su impotencia la esclavitud de la patria que renunciando a la lucha, renunciaba a la esperanza: cuando una mañana, a la hora que el último sueño marca, despertó oyendo a lo lejos un ruido confuso de armas; y adivinando al instante la suerte que le amagaba, bajó del lecho al influjo de una decisión extraña; besa en los labios a su hijo, besa en la frente a su amada, clava los ojos ardientes en la entreabierta ventana, y al ver por sus enemigos ya casi envuelta su casa, salta a las rocas, y entre ellos se escapa por la montaña. II Aún no se alzaba del todo la niebla de la mañana, y aún no acertaban a darse cuenta de tamaña audacia los sitiadores furiosos que sorprenderle esperaban, cuando al galope y bajando camino de la cañada, vieron venir a lo lejos un grupo de gente armada, compuesto de ocho jinetes y el hombre que los mandaba; en mayor número que ellos y con superiores armas, seguros de la victoria fácil que se les aguarda, todos empuñan las riendas, todos afirman la lanza, todos ven al enemigo todos miden la distancia, y en silencio y todos ellos prontos a ponerse en marcha, sólo esperan a que llegue la hora de entrar en batalla. Los insurgentes en tanto viendo las huestes contrarias, más de coraje la encienden y más de amor la entusiasman, y ansiosos de dar su sangre por la salud de la patria, sobre el caballo inclinan, la floja rienda adelantan, y fijos los barboquejos y el sombrero hacia la espalda, entre la niebla y el polvo corren, y vuelan y avanzan, siguiendo entre los peñascos al hombre de la cañada. Y ya los de Bustamante su primer paso avanzaban, anhelando en su impaciencia cómo acortar la distancia que la interpuesta colina con un recodo aumentaba; cuando de pie en lo más alto de las rocas escarpadas, vieron alzarse a un jinete que con voz sonora y clara, "Yo soy el Giro –les dijo, -si al Giro es a quien aguardan; y el que lo busque que venga si tiene honor y tiene alma, que a todos espera el Giro frente a frente y cara a cara"- Dijo: y los fieros dragones al grito de "¡Viva España!" como un solo hombre treparon hasta donde el Giro estaba dispuesto como los suyos a sucumbir por la patria. . . Y fue la lucha, y terribles al dar la espantosa carga, insurgentes y realistas ardiendo en cólera y rabia, se entremezclaron sedientos de victoria y de matanza. . . Quiso la triste fortuna favorecer a la España, el brillo de sus fulgores negándole a nuestras armas, que ya de los insurgentes uno tan sólo quedaba a caballo todavía, pero ya herido y sin armas. Era el Giro, que entre doce dragones que le rodeaban, sin rendirse al desaliento ni inclinarse a la desgracia, luchaba y arremetía contra el que más se acercaba, convirtiendo a su caballo, a un tiempo en escudo y arma. Por fin un brazo atrevido clavó en su pecho una lanza, perder haciéndole el poco aliento que le quedaba; pero él aunque ya en el suelo, con fuerza siempre y con alma, coge la lanza, del pecho sin vacilar se la arranca, y estremecido y al grito de independencia y de patria, de pie sobre los peñascos a sus contrarios aguarda; y después de herir a todos los que acercársele ensayan, hace huir a los restantes que ante heroicidad tamaña se alejan, y desde lejos lo rematan a pedradas. III Mártir, que toda tu sangre supiste dar por la patria; tú, de los desconocidos que murieron por salvarla, ¡gracias por tu fortaleza, por tu sacrificio, gracias! HOJAS SECAS I Mañana que ya no puedan encontrarse nuestros ojos, y que vivamos ausentes, muy lejos uno del otro, que te hable de mí este libro como de ti me habla todo. II Cada hoja es un recuerdo tan triste como tierno de que hubo sobre ese árbol un cielo y un amor; reunidas forman todas el canto del invierno, la estrofa de las nieves y el himno del dolor. III Mañana a la misma hora en que el sol te besó por vez primera, sobre tu frente pura y hechicera caerá otra vez el beso de la aurora; pero ese beso que en aquel oriente cayó sobre tu frente solo y frío, mañana bajará dulce y ardiente, porque el beso del sol sobre tu frente bajará acompañado con el mío. IV En Dios le exiges a mi fe que crea, y que le alce un altar dentro de mí. ¡Ah! ¡ Si basta no más con que te vea para que yo ame a Dios, creyendo en ti! V Si hay algún césped blando cubierto de rocío en donde siempre se alce dormida alguna flor, y en donde siempre puedas hallar, dulce bien mío, violetas y jazmines muriéndose de amor; yo quiero ser el césped florido y matizado donde se asienten, niña, las huellas de tus pies; yo quiero ser la brisa tranquila de ese prado para besar tus labios y agonizar después. Si hay algún pecho amante que de ternura lleno se agite y se estremezca no más para el amor, yo quiero ser, mi vida, yo quiero ser el seno donde tu frente inclines para dormir mejor. Yo quiero oír latiendo tu pecho junto al mío, yo quiero oír qué dicen los dos en su latir, y luego darte un beso de ardiente desvarío, y luego. . . arrodillarme mirándote dormir. VI Las doce. . . ¡adiós. . .! Es fuerza que me vaya y que te diga adiós. . . Tu lámpara está ya por extinguirse, y es necesario. -Aún no.- Las sombras son traidoras, y no quiero que al asomar el sol, se detengan sus rayos a la entrada de nuestro corazón. . . -Y, ¿qué importan las sombras cuando entre ellas queda velando Dios? -¿Dios? ¿Y qué puede Dios entre las sombras al lado del amor? -¿Cuando te duermas ¿me enviarás un beso? -¡Y mi alma! -¡Adiós. . . ! -¡Adiós. . . ! VII Lo que siente el árbol seco por el pájaro que cruza cuando plegando las alas baja hasta sus ramas mustias, y con sus cantos alegra las horas de su amargura; lo que siente pro el día la desolación nocturna que en medio de sus angustias, ve asomar con la mañana de sus esperanzas una; lo que sienten los sepulcros por la mano buena y pura que solamente obligada por la piedad que la impulsa, riega de flores y de hojas la blanca lapida muda, eso es al amarte mi alma lo que siente por la tuya, que has bajado hasta mi invierno, que has surgido entre mi angustia y que has regado de flores la soledad de mi tumba. Mi hojarasca son mis creencias, mis tinieblas son la duda, mi esperanza es el cadáver, y el mundo mi sepultura. . . Y como de entre esas hojas jamás retoña ninguna; como la duda es el cielo de una noche siempre oscura, y como la fe es un muerto que no resucita nunca, yo no puedo darte un nido donde recojas tus plumas, ni puedo darte un espacio donde enciendas tu luz pura, ni hacer que mi alma de muerto palpite unida a la tuya; pero si gozar contigo no ha de ser posible nunca, cuando estés triste, y en el alma sientas alguna amargura, yo te ayudaré a que llores, yo te ayudaré a que sufras, y te prestaré mis lágrimas cuando se acaben las tuyas. VIII 1 Aún más que con los labios hablamos con los ojos; con los labios hablamos de la tierra, con los ojos del cielo y de nosotros. 2 Cuando volví a mi casa de tanta dicha loco, fue cuando comprendí muy lejos de ella que no hay cosa más triste que estar solo. 3 Radiante de ventura, frenético de gozo, cogí una pluma, le escribí a mi madre, y al escribirle se lo dije todo. 4 Después, a la fatiga cediendo poco a poco, me dormí y al dormirme sentí en sueños que ella me daba un beso y mi madre otro. 5 ¡Oh sueño, el de mi vida más santo y más hermoso! ¡Qué dulce has de haber sido cuando aun muerto gozo con tu recuerdo de este modo! IX Cuando yo comprendí que te quería con toda la lealtad de mi corazón, fue aquella noche en que al abrirme tu alma miré hasta su interior. Rotas estaban tus virgíneas alas que ocultaba en sus pliegues un crespón y un ángel enlutado cerca de ellas lloraba como yo. Otro tal vez, te hubiera aborrecido delante de aquel cuadro aterrador; pero yo no miré en aquel instante más que mi corazón; y te quise tal vez por tus tinieblas, y te adoré, tal vez, por tu dolor, ¡qué es muy bello poder decir que el alma ha servido de sol. . .! X Las lágrimas del niño la madre enjuga, las lágrimas del hombre las seca la mujer. . . ¡Qué tristes las que brotan y bajan por la arruga, del hombre que está solo, del hijo que está ausente, del ser abandonado que llora y que no siente ni el beso de la cuna, ni el beso del placer! XI ¡Cómo quieres que tan pronto olvide el mal que me has hecho, si cuando me toco el pecho la herida me duele más! Entre el perdón y el olvido hay una distancia inmensa; yo perdonaré la ofensa; pero olvidarla. . . . ¡jamás! XII ¡Ah, gloria! ¡De qué me sirve tu laurel mágico y santo, cuando ella no enjuga el llanto que estoy vertiendo sobre él! ¡De que me sirve el reflejo de tu soñada corona, ¡cuando ella no me perdona ni en nombre de ese laurel! La que a la luz de sus ojos despertó mi pensamiento, la que al amor de su acento encendió en mi la pasión; muerta para el mundo entero y aun para ella misma muerta, solamente está despierta dentro de mi corazón. XIV El cielo muy negro, y como un velo lo envuelve en su crespón la oscuridad; con un sombra más sobre ese cielo el rayo puede desatar su vuelo y la nube cambiarse en tempestad. XV Oye, ven a ver las naves, están vestidas de luto, y en vez de las golondrinas están graznando los búhos. . . El órgano está callado, el templo solo y oscuro, sobre el altar. . . ¿y la virgen por qué tiene el rostro oculto? ¿Ves?. . . en aquellas paredes están cavando un sepulcro, y parece como que alguien solloza allí, junto al muro. ¿Por qué me miras y tiemblas? ¿Por qué tienes tanto susto? ¿Tú sabes quién es el muerto? ¿Tú sabes quién fue el verdugo? INSCRIPCIÓN EN UN CRÁNEO Página en que la esfinge de la muerte con su enigma de sombrea nos provoca: ¿Cómo poderte descifrar, si es poca toda la luz del sol para leerte? LOS BEODOS Junto a una pulquería cuyo título es "Los godos" disputaban dos beodos la tarde de cierto día. Yo pasaba por fuera de la taberna predicha, me detuve y por mi dicha oí la disputa entera. -Oiga, amigo, no me abroche tan horrenda tontería, yo le digo que es de día. -Pos' yo digo que es de noche -Pos' yo el sol es lo que miro y no hay estrella ninguna. -Pos yo digo que es la luna y muy grandota dialtiro'. Es que asté' ya se le escapa toditito don Perfeuto' porque ya siente el efeuto' del maldecido Tlamapa. -¡Qué Tlamapa, ni qué nada! A mí el pulque no me aprieta, -Pos' yo apuesto una peseta. -Pos' yo apuesto mi frezada'. -¿Pos' con quién nos arreglamos? -Pos' con cualesquiera', vale, -Bueno, pero no me jale. -Bueno, pus' entonces vamos. Y entre diciendo y haciendo este par de tercos beodos, se salieron de "Los godos" casi, casi que cayendo. Y viendo pasar un coche al cochero se acercaron, y presto le preguntaron si era de día o de noche. Pero el salvaje cochero movió triste la cabeza y respondió con torpeza: señores: ¡soy forastero! POR ESO Porque eres buena, inocente como un sueño de doncella, porque eres cándida y bella como un nectario naciente. Porque en tus ojos asoma con un dulcísimo encanto, todo lo hermoso y lo santo del alma de una paloma. Porque eres toda una esencia de castidad y consuelo, porque tu alma es todo un cielo de ternura y de inocencia. Porque al sol de tus virtudes se mira en ti realizado el ideal vago y soñado de todas las juventudes; por eso, niña hechicera, te adoro en mi loco exceso; por eso te amo, y por eso te he dado mi vida entera. Por eso a tu luz se inspira la fe de mi amor sublime; ¡por eso solloza y gime como un corazón mi lira! Por eso cuando te evoca mi afán en tus embelesos, siento que un mundo de besos palpita sobre mi boca. Y por eso entre la calma de mi existencia sombría, mi amor no anhela más día que el que una mi alma con tu alma. RESIGNACIÓN ¡Sin lágrimas, sin quejas, sin decirlas adiós, sin un sollozo! cumplamos hasta lo último. . . la suerte nos trajo aquí con el objeto mismo, los dos venimos a enterrar el alma bajo la losa del escepticismo. Sin lágrimas... las lágrimas no pueden devolver a un cadáver la existencia; que caigan nuestras flores y que rueden, pero al rodar, siquiera que nos queden seca la vista y firme la conciencia. ¡Ya lo ves! para tu alma y para mi alma los espacios y el mundo están desiertos... los dos hemos concluido, y de tristeza y aflicción cubiertos, ya no somos al fin sino dos muertos que buscan la mortaja del olvido. Niños y soñadores cuando apenas de dejar acabábamos la cuna, y nuestras vidas al dolor ajenas se deslizaban dulces y serenas como el ala de un cisne en la laguna cuando la aurora del primer cariño aún no asomaba a recoger el velo que la ignorancia virginal del niño extiende entre sus párpados y el cielo, tu alma como la mía, en su reloj adelantando la hora y en sus tinieblas encendiendo el día, vieron un panorama que se abría bajo el beso y la luz de aquella aurora; y sintiendo al mirar ese paisaje las alas de un esfuerzo soberano, temprano las abrimos, y temprano nos trajeron al término del viaje. Le dimos a la tierra los tintes del amor y de la rosa; a nuestro huerto nidos y cantares, a nuestro cielo pájaros y estrellas; agotamos las flores del camino para formar con ellas una corona al ángel del destino... y hoy en medio del triste desacuerdo de tanta flor agonizante o muerta, ya sólo se alza pálida y desierta la flor envenenada del recuerdo. Del libro de la vida la que escribimos hoy es la última hoja... cerrémoslo en seguida, y en el sepulcro de la fe perdida enterremos también nuestra congoja. Y ya que el cielo nos concede que este de nuestros males el postrero sea, para que el alma a descansar se apreste, aunque la última lágrima nos cueste, cumplamos hasta el fin con la tarea. Y después cuando al ángel del olvido hayamos entregado estas cenizas que guardan el recuerdo adolorido de tantas ilusiones hechas trizas y de tanto placer desvanecido, dejemos los espacios y volvamos a la tranquila vida de la tierra, ya que la noche del dolor temprana se avanza hasta nosotros y nos cierra los dulces horizontes del mañana. Dejemos los espacios, o si quieres que hagamos, ensayando nuestro aliento, un nuevo viaje a esa región bendita cuyo sólo recuerdo resucita al cadáver del alma al sentimiento, lancémonos entonces a ese mundo en donde todo es sombras y vacío, hagamos una luna del recuerdo si el sol de nuestro amor está ya frío; volemos, si tu quieres, al fondo de esas mágicas regiones, y fingiendo esperanzas e ilusiones, rompamos el sepulcro, y levantando nuestro atrevido y poderoso vuelo, formaremos un cielo entre las sombras, y seremos los duendes de ese cielo. Rosario de la Peña y Llerena Nocturno a Rosario I ¡Pues bien! yo necesito decirte que te adoro decirte que te quiero con todo el corazón; que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro, que ya no puedo tanto al grito que te imploro, te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión. II Yo quiero que tu sepas que ya hace muchos días estoy enfermo y pálido de tanto no dormir; que ya se han muerto todas las esperanzas mías, que están mis noches negras, tan negras y sombrías, que ya no sé ni dónde se alzaba el porvenir. III De noche, cuando pongo mis sienes en la almohada y hacia otro mundo quiero mi espíritu volver, camino mucho, mucho, y al fin de la jornada las formas de mi madre se pierden en la nada y tú de nuevo vuelves en mi alma a aparecer. IV Comprendo que tus besos jamás han de ser míos, comprendo que en tus ojos no me he de ver jamás, y te amo y en mis locos y ardientes desvaríos bendigo tus desdenes, adoro tus desvíos, y en vez de amarte menos te quiero mucho más. V A veces pienso en darte mi eterna despedida, borrarte en mis recuerdos y hundirte en mi pasión mas si es en vano todo y el alma no te olvida, ¿Qué quieres tú que yo haga, pedazo de mi vida? ¿Qué quieres tu que yo haga con este corazón? VI Y luego que ya estaba concluído tu santuario, tu lámpara encendida, tu velo en el altar; el sol de la mañana detrás del campanario, chispeando las antorchas, humeando el incensario, y abierta alla a lo lejos la puerta del hogar... VII ¡Qué hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo, los dos unidos siempre y amándonos los dos; tú siempre enamorada, yo siempre satisfecho, los dos una sola alma, los dos un solo pecho, y en medio de nosotros mi madre como un Dios! VIII ¡Figúrate qué hermosas las horas de esa vida! ¡Qué dulce y bello el viaje por una tierra así! Y yo soñaba en eso, mi santa prometida; y al delirar en ello con alma estremecida, pensaba yo en ser bueno por tí, no mas por ti. IX ¡Bien sabe Dios que ese era mi mas hermoso sueño, mi afán y mi esperanza, mi dicha y mi placer; bien sabe Dios que en nada cifraba yo mi empeño, sino en amarte mucho bajo el hogar risueño que me envolvió en sus besos cuando me vio nacer! X Esa era mi esperanza... mas ya que a sus fulgores se opone el hondo abismo que existe entre los dos, ¡Adiós por la vez última, amor de mis amores; la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores; mi lira de poeta, mi juventud, adiós! Historia del Pensamiento Cuando a su nido vuela el ave pasajera a quien amparo disteis, abrigo y amistad es justo que os dirija su cántiga postrera, antes que triste deje, vuestra natal ciudad. Al pájaro viajero que abandonó su nido le disteis un abrigo, calmando su inquietud; ¡oh! Tantos beneficios, jamás daré al olvido durable cual mi vida será mi gratitud. En prueba de ella os dejo lo que dejaros puedo, mis versos, siempre tristes, pero los dejo asi; porque pienso, a veces que entre sus letras quedo, porque al leerlos creo que os acordais de mí. Voy, pues, a referiros una sencilla historia. Que en mi alma desolada, honda impresión dejó; me la contaron... ¿Dónde?... es frágil mi
Biografía Isaac Felipe Azofeifa Bolaños, (Costa Ric a, Heredia, Santo Domingo, 11 de abril de 1909 - San José, 3 de abril de 1997). Es uno de los más importantes intelectuales costarricenses. Se dedicó a la poesía, a la crítica literaria, a la docencia y a la política y en todos estos campos dejó una huella indeleble e imperecedera. Como poeta, Azofeifa cantó al amor, al erotismo, a la mujer, al dolor del prójimo y a las tribulaciones del mundo. Por eso, se le ha considerado como el poeta más importante del siglo XX en su país. Azofeifa fue además docente, primero en el Liceo de Costa Rica y luego en la Universidad de Costa Rica. Primeros años de vida De hidalga estirpe campesina, su obra refleja una fina sensibilidad contemplativa pero apasionada, que alterna el vuelo lírico con su conciencia social. Estilísticamente evolucionó desde el modernismo, sorbiendo de las vanguardias y del postmodernismo hasta conformar su propio verbo. En 1929 ingresó al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, donde se recibió como Profesor de Estado en Castellano. Formó parte del grupo vanguardista "Runrunismo" y convivió con poetas como Pablo Neruda, Juvencio Valle, y destacó dentro de sus amistades el poeta chileno Pablo de Rokha. En 1935 regresó a Costa Rica y dedicó su vida a la literatura, la educación y la política. Creó el Centro de estudios de los problemas nacionales, y la revista Surco. De 1943 hasta su jubilación, fue profesor de literatura en la Universidad de Costa Rica. Desde esta posición introdujo nuevos métodos de enseñanza y discutió el significado y la función de la educación. Vida literaria Joaquín Gutiérrez, Isaac Felipe Azofeifa y Fabián Dobles. Pilares de la Literatura Costarricense. Se estrenó en la literatura tras obtener el segundo lugar en un certamen de El Diario de Costa Rica. Sin embargo habrían de pasar muchos años antes de que publicara su primer libro de poemas, Trunca Unidad (1958). Con el tiempo se sumaron Vigilia en pie de muerte (1962), Canción (1964), Estaciones (1967), Días y territorios (1969), entre otros. En el campo del ensayo, fue pionero en los estudios de la literatura nacional. También buscó definir las características que definen la identidad del costarricense. Azofeifa obtuvo importantes distinciones y premios: Académico de la Lengua; Premio Nacional de Poesía, y en 1972 se le concedió el Premio Nacional de Cultura Magón. Vida política Políticamente, Azofeifa fue uno de los principales fundadores de la social democracia, destacando entre los fundadores del partido Liberación Nacional, en cuyas filas figuró, siendo embajador en Chile y la Unión Soviética durante los gobiernos de los presidentes Orlich (62-66) y Monge (82-86) y Arias Sanchez (86-87). En 1989, renuncia al partido Liberación Nacional y funda el Partido del Progreso, por el cual fue candidato a la presidencia de Costa Rica. Posteriormente, junto a disidentes de varios partidos funda el partido Fuerza Democrática, ambos con tendencia de centroizquierda, buscando consolidar una tercera fuerza política que neutralizara el bi-partidismo tradicional costarricense. Últimos años de vida En abril de 1996, y cuando revisaba su último poemario Orbita, sufrió un derrame cerebral que lo mantuvo en coma por un año. Y aunque, “todos los poetas son santos y se van al cielo”, como dice el escritor colombiano Cobo Borda, Isaac Felipe era humilde y declaraba: “El poeta es también un ser ordinario, común, y más semejante que los demás al hombre. Ama, come, duerme y es rencoroso y dulce y también trabaja como los honestos bueyes vencidos para ser útil y quizás por esto recordado”. Tres fueron sus rutas a lo largo de activos y prolíficos 87 años: la educación, la poesía y la política, entendidas las tres como acciones para mejorar la vida de todas las personas. En los tres campos brilló, supo ser innovador, fiel a su ideario humanista hasta el fin, y un hombre jovial y generoso con visión penetrante de la realidad, sus bellezas y sus injusticias. Obras Literarias Trunca Unidad (1958) Vigilia en pie de muerte (1962) Canción (1964) Estaciones (1967) Días y territorios (1969) Cima del gozo (1974) Cruce de vía (1982) Órbita (1996) Enlaces externos Editorial Costa Rica Letras Ticas ALGUNAS DE SUS OBRAS TRÓPICO VERDE Verde lluvia, vertiente y territorio. Verde el espacio. La luz verde. El clima verde. Verdes las colinas. Las hondonadas y los ríos verdes. Un lago verde el valle. La montaña verdeazul, verdemar, verdeprofundo. Lo cerca y lo lejano en aire verde. Verde lluvia, vertiente y territorio. Roto temblor el verde de los plátanos. Casi líquida lágrima, el verdor del sauce. El verde militar del café, el verdor húmedo de junco, caña y lirio. Verde música en el órgano -¡oh verde viento!- del bambú. La plata verde del eucalipto. El verdor silencioso de los pastos, las malvas, las legumbres. Verde lluvia, vertiente y territorio. De mi sangre saltó una estrella verde. Y verdín, verdinal y verdolaga, mayo estira su lluvia hasta diciembre en el trópico verde. ITINERARIO SIMPLE DE SU AUSENCIA Qué manojo de rosas olvidadas. Qué tibia pluma y mansa luz tu cuerpo como un árbol, como un árbol gritando, con tanto poro abierto, con tanta sangre en olas dulces elevándose. Oh, sagrado torrente del naufragio. Cómo amaría perderme y encontrarte. SE OYE VENIR LA LLUVIA La casa de mi infancia es de barro del suelo a la teja, y de maderas apenas descuajadas, que en otro tiempo obedecieron hachas y azuelas en los cercanos bosques. El gran filtro de piedra vierte en ella, tan grande, su agua de fresca sombra. Yo amo su silencio, que el fiel reloj del comedor vigila. Me escondo en los muebles inmensos. Abro la despensa para asustarme un poco del tragaluz, que hace oscuros los rincones. Corro aventuras inauditas cuando entro en el huerto cerrado que me está prohibido. En la penumbra de la tarde, que va cayendo lenta sobre el mundo, el grillo del hogar canta de pronto, y su estribillo triste riega en el aire quieto, paz y sueño sabrosos. Cuando venían las lluvias miraba los largos aguaceros desde el ancho cajón de las ventanas. Nunca huele a tierra tanto como esa tarde. Se oye la lluvia primero en el aire venir como un gigante que se demora, lento, se detiene y no llega, y luego, están ahí sus pies sobre las hojas, tamborileando, rápidos, mojando, y lavando sus manos deprisa, tan deprisa, los árboles, el césped, los arroyos, los alambres, los techos, las canoas. Pero también su llanto desolado, su sinrazón de ser triste, su acabarse de pronto, sin objeto ni adiós, para siempre en mi infancia, para siempre. Llueve en mi alma ahora, como entonces. AL ALBA SIEMPRE El alba es un camino. Por el alba se llega a la dulzura. El aviso general de los gallos abre a la luz las puertas de la tierra. El aire reparte una casta voz de campanas. Un trino de pájaro rompe el cristal del cielo y riega el silencio fresco de la madrugada. El árbol duerme vuelto hacia sí mismo. Tú, mi fiel compañía, dices palabras irreales para salvar el sueño que se aleja en el agua sutil de la noche. Despierta tiritando en el vacío un ángel retardado. Un fantasma, una sombra, un soplo, nada. Y amanece. Vida, mi vida, al alba siempre. OH, TEMPESTAD DE FORMAS Oh, tempestad, a dónde, a dónde me conduces, lleno de ti, girando en el vacío, arrebatado por tu cruel ventura. Yo quiero descansar, pero me avienta tu pulmón de violencia, me arrebata tu vértigo, a dónde, a dónde me conduces. Sobre tu móvil lomo avanzo, retrocedo, giro sobre mí mismo, todas las cosas que conozco y recuerdo se precipitan en tu vórtice. Ah, los pequeños animales que ahora están pegados a la tierra, que tu ímpetu ignoran, tu dominio, tu posesión voraz del hombre. Esta cima conquisto cada día, esta región de vendavales, este mundo infinito donde nada subsiste y todo permanece. Participo de este poder creador de seres, en sí mismo sin límites, me hundo en la pasión paridora del cosmos, me deseo, me elijo, desafío, asciendo entre castigos y catástrofes, y en lo alto, pongo mi libertad, la tuya, la de todos, la del mundo infinito. Oh, tempestad de formas! Que la estéril rutina no me encadene a su vil gramática, a su camino donde las estatuas ya son blancas vacas muertas, y los paseantes se saludan -qué tal, qué tal-, mientras adulan el pasado, y escupen juicios hacia el presente sin futuro, hasta que el día es una alberca de peces muertos y agua inmóvil. Dame la llama interior, dame la rebelión, dame lo real, dame la puerta abierta hacia los otros, dame aceptar activamente, libremente vivir aún lo que es necesario. Oh, aventura! De tus manos espero seguir recibiendo el bien perfecto de la súbita iluminación del rayo, de la ilusión que se derrumba como un muro. Dame vivir heroicamente, aunque este reto sea tan pequeño que cabe toda mi libertad en la forma interior de este verso. Vigilia en pie de muerte, 1962. YO SOY MI PROPIA PALABRA Yo soy mi propia palabra. Yo soy los libros que leo. Yo soy el pueblo que amo y que está hecho de miseria y palabras. Yo soy el mar de palabras y deseos que navego. ¡Oh savia viva, río de sangre, raíz mía! Yo soy don Quijote soñador, pero también Justo Sánchez, jornalero, y José Arcadio Buendía, loco de sueños como don Quijote, pero también Roque Chaves, que me trae lechugas y naranjas. Yo soy mi santo civil, García Monge, pero también Mendoza, mi ladino abogado, y soy mi Luis de Góngora, lengua de artífice irónico, pero también José Salvatierra, el albañil. Y Cortázar, Darío, Asturias, la Mistral, Carmen Lyra, y Neruda, pero también Antonio Siles, jardinero, y Unamuno, y Don Ramón del Valle Inclán, pero también la triste doña Emilce, doméstica, con su vocabulario desusado, y don Vito el sastre, y Jaime, el vendedor, y don Jacinto en su tienda, pero también los sonetos de Julián Marchena, y los cantos para niños de Carlos Luis, y la poesía de piedra y lumbre de Mario Picado, y la cólera cívica de Luis Barahona, que acaban de morir y ahora hojeo sus libros incorruptibles en el estanque de otro tiempo. Yo soy mi propia palabra. Herramienta de trabajo de Isaac Felipe, obrero de la lengua castellana, torcidos los renglones, y atareado de versos, lector sin hora de descanso, que cada amanecer sale a cazar metáforas semidormidas como un furtivo ladrón de estrellas poéticas y compone el poema escuchándose como músico y a veces también pide silencio universal como si estuviera ayudándole a Dios a crear una nueva criatura con trabajo digno de alegría y justo descanso, como acabo ahora, cuando amanece, este poema, y digo que entero, como persona, el hombre está en su palabra. El mundo se aclara y forma si el hombre da su palabra. Tiene dignidad de hombre el hombre por su palabra. La mentira le corrompe si no enfrenta su palabra. Dada en falso, le descubre, sin hombredad, su palabra. Tuvo el mundo su principio en una sola palabra. Y crea la patria humana el hombre, con su palabra. Ensayo sobre la palabra (en seis discursos líricos), 1988. VIVÍAMOS CERCA DEL CIELO Yo soy, me llaman, soy, me digo Isaac Felipe, nacido en Santo Domingo, una ciudad en medio del campo, una vieja ciudad fuera del tiempo, donde los años antes se medían por cosechas, y ahora sólo están las campanas de las iglesias y las golondrinas, que desclavan la corona de Cristo cada día, como antes. Ahí entonces hace mucho me nació el miedo de ser otra cosa que una simple criatura simple, y me dolía el vivir, como ahora. Pero en aquel tiempo la luz me confortaba largamente la llaga de los nervios, -Yo amo todavía la fresca claridad del verano- y aunque el invierno pertinaz prolongaba sus lluvias, me protegía su bandera verde sobre el campo. De todos modos, yo y la ciudad vivíamos cerca del cielo. SE OYE VENIR LA LLUVIA La casa de mi infancia es de barro del suelo a la teja, y de maderas apenas descuajadas, que en otro tiempo obedecieron hachas y azuelas en los cercanos bosques. El gran filtro de piedra vierte en ella, tan grande, su agua de fresca sombra. Yo amo su silencio, que el fiel reloj del comedor vigila. Me escondo en los muebles inmensos. Abro la despensa para asustarme un poco del tragaluz, que hace oscuros los rincones. Corro aventuras inauditas cuando entro en el huerto cerrado que me está prohibido. EN la penumbra de la tarde, que va cayendo lenta sobre el mundo, el grillo del hogar canta de pronto, y su estribillo triste riega en el aire quieto, paz y sueño sabrosos. Cuando venían las lluvias miraba los largos aguaceros desde el ancho cajón de las ventanas. Nunca hele a tierra tanto como esa tarde. Se oye la lluvia primero en el aire venir como un gigante que se demora, lento, se detiene y no llega, y luego, están ahí sus pies sobre las hojas, tamborileando, rápidos, mojando, y lavando sus manos de prisa, tan de prisa, los árboles, el césped, los arroyos, los alambres, los techos, las canoas. Pero también su llanto desolado, su sinrazón de ser triste, su acabarse de pronto, sin objeto ni adiós, para siempre en mi infancia, para siempre. Llueve en mi alma ahora, como entonces. EDAD MAYOR El hombre, ese ser confuso, rodeado de oscuridad y estrellado silencio, pero con voz y valeroso, marcha entre hombres semejantes a él, y junto a ellos halla su firmeza, su día claro, su ser libre, y finalmente, su apagarse de terca llama. Con el nombre de la mujer, con su vientre y su leche, empieza su sonrisa. La infancia es una voz mojada de ternura, un corazón de panal y una escala de sol por donde el niño sube al sueño y a la miel. El monte, el pueblo, el prójimo, entran de la mano del cielo cuando se abren de par en par los ojos de la casa con oficio de puertas y ventanas y el alma joven sale a descubrir su pueblo, a poner sus señales, a sumar sus raíces a raíces, a componer su voz con la de pájaros, la de ríos y vientos, la del pueblo profundo. Pero también la tierra entrega su redonda forma de fruta, y el hombre llega y muerde y conoce el demonio de la posesión, y le persigue la necesidad, su perra hambrienta, y le regala muerte su imagen, repetida del viento y los espejos, -falso país del nombre-, mientras el tiempo de discordia deja una arena estéril en sus manos y en el oído un canto triste. Finalmente, son uno solo el trabajo de la sangre y el canto. He aquí las manos operarias, su noble forma de herramienta y vaso. He aquí el agrio bullicio de la vida, su negra bilis de mercado. He aquí la forma y el color del mundo, su solar territorio, su alegría. He aquí los corazones juntos, su mágico círculo, su dorado anillo. He aquí el sueño, y el verso, y la esperanza. He aquí la llama y su inextinguible material de ceniza. He aquí la soledad. Así alcanzó el poeta su edad mayor de hombre. REPOSO A LA SOMBRA DEL ALMENDRO Por decir algo digo que un mar lentísimo se aparezca en su sueño y que un día sin nubes cae en el horizonte como un gran pez dorado en las redes del tiempo. El verano es un dios terrible sentado en la montaña mientras cunde el incendio de la luz, y en vano el agua saca contra la llama inútiles espadas de diamante. El viento es otro bañista delirante. Con un millón de manos frescas atraviesa la hoguera del cielo, rapta de ola en ola dulces sirenas distraídas, se moja de un oscuro adiós ausente en la vela que lejos... y se aquieta aquí cerca, donde una lenta voz desde hace cierto tiempo, -me parece-, repite una canción sin tema. El cuerpo de los paseantes tiene color de arena mojada o humedad aterida de caimito, y su voz es semejante a este golpe lerdo de la ola que arrulla el tiempo, como a un niño recién muerto. La sombra verde baja de los almendros y se instala en el sillón de mi pereza. Como y bebo sin prisa, duermo mucho y despierto despacio, entre gritos de niños sin escuela y pájaros salvajes. Y si quiero hacer algún esfuerzo, me abandono en la hora más suave, al mar, o dibujo algún sueño en la arena, o escribo versos como estos, casi un poema. AL ALBA SIEMPRE El alba es un camino. Por el alaba se llega a la dulzura. El aviso general de los gallos abre a la luz las puertas de la tierra. El aire reparte una casta voz de campanas. Un trino de pájaro rompe el cristal del cielo y riega el silencio fresco de la madrugada. El árbol duerme vuelto hacia sí mismo. Tú, mi fiel compañía, dices palabras irreales para salvar el sueño que se aleja en el agua sutil de la noche. Despierta tiritando en el vacío un ángel retardado. Un fantasma, una sombra, un soplo, nada. Y amanece. Vida, mi vida, al alba siempre. ITINERARIO SIMPLE DE SU AUSENCIA b Hoy no has venido al parque. Podría ponerme a recoger del suelo la luz desorientada y sin objeto que ha caido en tu banco. Para qué voy a hablar si no está tu silencio. Para qué he de mirar sin tu mirada. Y este reloj del corazón que espera golpeando y doliendo. c Esta noche de luna y tú lejana. Necesito a mi lado tus preguntas. Y encontrarte en aire vuelta brasa, vuelta una llama dulce, vuelta silencio y regazo, vuelta noche y reposo, como cuando guiábamos la luna nuestra hasta la casa. ch Qué manojo de rosas olvidadas. Qué tibia pluma y mansa luz tu cuerpo como un árbol, como un árbol gritando, con tanto poro abierto, con tanta sangre en olas dulces elevándose. Oh, sagrado torrente del naufragio. Cómo amaría perderme y encontrarte. POEMA VI ¿Tú me dejas aquí o partes conmigo? ¿Estoy dentro de ti o es que me llamas? ¿Vives única en mí o encuentro el mundo en ti, contigo? El orden de las cosas en que te amo, ¿dónde empieza o acaba? Ahora está el silencio aposentado en la rosa del aire y un árbol cerca trina entre los pájaros para sombrar tu sueño, ¿ o es mi sueño? ¿Es esta una prisión o acaso el vasto cielo empieza aquí donde tus pies tocan juntos la tierra, o es la luna? De pronto entro en la luz que ya habito y mis ojos se encuentran con tu frente. Busco salir de ti y te llevo dentro de mí, sin encontrarte. Sin cómo, dónde o cuándo Ciego en la luz con mi mirada abierta a tanta multitud de ti que ando extraviado en la noche en la mitad del día. Primer Dia El grito es lo más claro, todavía la piedra es una estatua oscura. El viento vaga sin arpa, solo. La Poesía es un enigma, un canto sin acento. El mismo sol, no halla aún su día. Hasta el tiempo se agota en su momento. Hay una agua sedienta. Hay una vía sin hombre aún, sin ser, sin movimiento. Un color, una luz, un solo aroma. Un estar sin sustancia, un vivir puro. Un aspirar que nada deja o toma. Un rumor extasiado, sin idioma. Un olvido celeste del apuro. Aquí nace el poema o la paloma
VIEJO ESTRIBILLO ¿Quién es esa sirena de la voz tan doliente, de las carnes tan blancas, de la trenza tan bruna? -Es un rayo de luna que se baña en la fuente, es un rayo de luna... ¿Quién gritando mi nombre la morada recorre? ¿Quién me llama en las noches con tan trémulo acento? -Es un soplo de viento que solloza en la torre, es un soplo de viento... Di, ¿quién eres, arcángel cuyas alas se abrasan en el fuego divino de la tarde y que subes por la gloria del éter? -Son las nubes que pasan; mira bien, son las nubes... ¿Quién regó sus collares en el agua, Dios mío? Lluvia son de diamantes en azul terciopelo... -Es la imagen del cielo que palpita en el río, es la imagen del cielo... ¡Oh, Señor! La belleza sólo es, pues, espejismo! nada más Tú eres cierto, sé Tú mi último Dueño. ¿Dónde hallarte, en el éter, en la tierra, en mí mismo? -Un poquito de ensueño te guiará en cada abismo, un poquito de ensueño... EL CELAJE ¿A dónde fuiste, amor; a dónde fuiste? Se extinguió en el poniente el manso fuego, y tú que me decías: "Hasta luego, volveré por la noche"... ¡No volviste! ¿En que zarzas tu pie divino heriste? ¿Que muro cruel te ensordeció a mi ruego? ¿Que nieve supo congelar tu apego y a tu memoria hurtar mi imagen triste? ¡Amor, ya no vendrás! En vano, ansioso, de mi balcón atalayando vivo el campo verde y el confín brumoso. Y me finge un celaje fugitivo nave de luz en que, al final reposo, va tu dulce fantasma pensativo. EN PAZ Artifex vitae artifex sui Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida, porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; Porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino; que si extraje las mieles o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: cuando planté rosales coseché siempre rosas. ...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: ¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno! Hallé sin duda largas las noches de mis penas; mas no me prometiste tan sólo noches buenas; y en cambio tuve algunas santamente serenas... Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz! RÉQUIEM ¡Oh, Señor, Dios de los ejércitos, eterno Padre, eterno Rey, por este mundo que creaste con la virtud de tu poder; porque dijiste: la luz sea, y a tu palabra la luz fue; porque coexistes con el Verbo, porque contigo el Verbo es desde los siglos de los siglos y sin mañana y sin ayer, requiem aeternam dona eis, Domine, el lux perpetua luceat eis! ¡Oh, Jesucristo, por el frío de tu pesebre de Belén, por tus angustias en el Huerto, por el vinagre y por la hiel, por las espinas y las varas con que tus carnes desgarré, y por la cruz en que borraste todas las culpas de Israel; Hijo del Hombre, desolado, trágico Dios, tremendo Juez: requiem aeternam dona eis, Domine, el lux perpetua luceat eis! Divino Espíritu, Paráclito, aspiración del gran Iavéh, que unes al Padre con el Hijo, y siendo El Uno sois los Tres; por la paloma de alas níveas, por la inviolada doncellez de aquella Virgen que en su vientre llevó al Mesías Emmanuel; por las ardientes lenguas rojas con que inspiraste ciencia y fe a los discípulos amados de Jesucristo, nuestro bien: ¡requiem aeternam dona eis, Domine, el lux perpetua luceat eis! SI UNA ESPINA ME HIERE... ¡Si una espina me hiere, me aparto de la espina, ...pero no la aborrezco! Cuando la mezquindad envidiosa en mí clava los dardos de su inquina, esquívase en silencio mi planta, y se encamina hacia más puro ambiente de amor y caridad. ¿Rencores? ¡De qué sirven! ¿Qué logran los rencores? Ni restañan heridas, ni corrigen el mal. Mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores, y no prodiga savias en pinchos punzadores: si pasa mi enemigo cerca de mi rosal, se llevará las rosas de más sutil esencia; y si notare en ellas algún rojo vivaz, ¡será el de aquella sangre que su malevolencia de ayer vertió, al herirme con encono y violencia, y que el rosal devuelve, trocado en flor de paz! EL TORBELLINO »Espíritu que naufraga en medio de un torbellino, porque manda mi destino que lo que no quiero haga; »frente al empuje brutal de mi terrible pasión, le pregunto a mi razón dónde están el bien y el mal; »quién se equivoca, quién yerra; la conciencia, que me grita: ¡Resiste!, llena de cuita, o el titán que me echa en tierra. »Si no es mío el movimiento gigante que me ha vencido, ¿por qué, después de caído, me acosa el remordimiento? »La peña que fue de cuajo arrancada y que se abisma, no se pregunta a sí misma por qué cayó tan abajo; »mientras que yo, ¡miserable!, si combato, soy vencido, y si caigo, ya caído aún me encuentro culpable, »¡y en el fondo de mi mal, ni el triste consuelo siento de que mi derrumbamiento fue necesario y fatal!» Así, lleno de ansiedad un hermano me decía, y yo le oí con piedad, pensando en la vanidad de toda filosofía..., y clamé, después de oír «¡Oh, mi sabio no saber, mi elocuente no argüir, mi regalado sufrir, mi ganancioso perder!» VIA, VERITAS ET VITA Ver en todas las cosas del Espíritu incógnito las huellas; contemplar sin cesar, en las diáfanas noche misteriosas, la santa desnudez de las estrellas... ¡Esperar! ¡Esperar! ¿Qué? ¡Quién sabe! Tal vez una futura y no soñada paz... Sereno y fuerte, correr esa aventura sublime y portentosa de la muerte. Mientras, amarlo todo... y no amar nada, sonreír cuando hay sol y cuando hay brumas; cuidar de que en el áspera jornada no se atrofien las alas, ni oleada de cieno vil ensucie nuestras plumas. Alma: tal es la orientación mejor, tal es el instintivo derrotero que nos muestra un lucero interior. Aunque nada sepamos del destino, la noche a no temerlo nos convida. Su alfabeto de luz, claro y divino, nos dice: "Ven a mí: soy el Camino, la Verdad y la Vida. ¡OH CRISTO! »Ya no hay un dolor humano que no sea mi dolor; ya ningunos ojos lloran, ya ningún alma se angustia sin que yo me angustie y llore; ya mi corazón es lámpara fiel de todas las vigilias, ¡oh, Cristo! »En vano busco en los hondos escondrijos de mi ser para encontrar algún odio: nadie puede herirme ya sino de piedad y amor. Todos son yo, yo soy todos, ¡oh, Cristo! »¡Que importan males o bienes! Para mí todos son bienes. El rosal no tiene espinas: para mí sólo da rosas. ¿Rosas de pasión?‚ ¡Que importa! Rosas de celeste esencia, purpúreas como la sangre que vertiste por nosotros, ¡oh, Cristo!» DEIDAD Como duerme la chispa en el guijarro y la estatua en el barro, en ti duerme la divinidad. Tan sólo en un dolor constante y fuerte al choque, brota de la piedra inerte el relámpago de la deidad. No te quejes, por tanto, del destino, pues lo que en tu interior hay de divino sólo surge merced a él. Soporta, si es posible, sonriendo, la vida que el artista va esculpiendo, el duro choque del cincel. ¿Qué importan para ti las horas malas, si cada hora en tus nacientes alas pone una pluma bella más? Ya verás al cóndor en plena altura, ya verás concluida la escultura, ya verás, alma, ya verás... UNO CON ÉL Eres uno con Dios, porque le amas, tu pequeñez ¡qué importa y tu miseria!; eres uno con Dios, porque le amas. Le buscaste en los libros, le buscaste en los templos, le buscaste en los astros, y un día el corazón te dijo, trémulo: "Aquí está", y desde entonces ya sois uno, ya sois uno los dos, porque le amas. No podrán separaros ni el placer de la vida ni el dolor de la muerte. En el placer has de mirar su rostro, en el valor has de mirar su rostro, en vida y muerte has de mirar su rostro. "¡Dios!" dirás en los besos, dirás "Dios" en los cantos, dirás "Dios" en los ayes. Y comprendiendo al fin que es ilusorio todo pecado (como toda vida), y que nada de Él, puede separarte, uno con Dios te sentirás por siempre: uno solo con Dios ¡porque le amas! JESÚS Jesús no vino al mundo de "los cielos". Vino del propio fondo de las almas; de donde anida el yo: de las regiones internas del Espíritu. ¿Por qué buscarle encima de las nubes? Las nubes no son el trono de los dioses. ¿Por qué buscarle en los candentes astros? Llamas son como el sol que nos alumbra, orbes, de gases inflamados... Llamas nomás. ¿Por qué buscarle en los planetas? Globos son como el nuestro, iluminados por una estrella en cuyo torno giran. Jesús vino de donde vienen los pensamientos más profundos y el más remoto instinto. No descendió: emergió del océano sin fin del subconsciente; volvió a él, y ahí está, sereno y puro. Era y es un eón. El que se adentra osado en el abismo sin playas de sí mismo, con la luz del amor, ese le encuentra. KALPA -¿Queréis que todo esto vuelva a empezar? -Sí -responden a coro. Also Sprach Zarathustra En todas las eternidades que a nuestro mundo precedieron, ¿cómo negar que ya existieron planetas con humanidades; y hubo Homeros que describieron las primeras heroicidades, y hubo Shakespeares que ahondar supieron del alma en las profundidades.? Serpiente que muerdes tu cola, inflexible círculo, bola negra, que giras sin cesar, refrán monótono del mismo canto, marea del abismo, ¿sois cuento de nunca acabar?... IDENTIDAD Tat tuam asi (Tú eres esto: es decir, tú eres uno y lo mismo que cuanto te rodea; tú eres la cosa en sí) El que sabe que es uno con Dios, logra el Nirvana: un Nirvana en que toda tiniebla se ilumina; vertiginoso ensanche de la conciencia humana, que es sólo proyección de la Idea Divina en el Tiempo... El fenómeno, lo exterior, vano fruto de la ilusión, se extingue: ya no hay pluralidad, y el yo, extasiado, abísmase por fin en lo absoluto, y tiene como herencia ¡toda la eternidad! BRAHMA NO PIENSA... Ego sum quo sum. Brahma no piensa: pensar limita. Brahma no es bueno ni malo, pues las cualidades en su infinita sustancia huelgan. Brahma es lo que es. Brahma, en un éxtasis perenne, frío, su propia esencia mirando está. Si duerme, el Cosmos torna al vacío: mas si despierta renacerá! LA SOMBRA DEL ALA Tú que piensas que no creo cuando argüimos los dos, no imaginas mi deseo, mi sed, mi hambre de Dios; ni has escuchado mi grito desesperante, que puebla la entraña de la tiniebla invocando al Infinito; ni ves a mi pensamiento, que empañado en producir ideal, suele sufrir torturas de alumbramiento. Si mi espíritu infecundo tu fertilidad tuviese, forjado ya un cielo hubiese para completar su mundo. Pero di, qué esfuerzo cabe en un alma sin bandera que lleva por dondequiera tu torturador ¡quién sabe!; que vive ayuna de fe y, con tenaz heroísmo, va pidiendo a cada abismo y a cada noche un ¿por qué? De todas suertes, me escuda mi sed de investigación, mi ansia de Dios, honda y muda; y hay más amor en mi duda que en tu tibia afirmación. LA PUERTA Por esa puerta huyo, diciendo: "¡Nunca!" Por esa puerta ha de volver un día... Al cerrar esa puerta, dejo trunca la hebra de oro de la esperanza mía. Por esa puerta ha de volver un día. Cada vez que el impulso de la brisa, como una mano débil, indecisa, levemente sacude la vidriera palpita más aprisa, más aprisa mi corazón cobarde que la espera. Desde mi mesa de trabajo veo la puerta con que sueñan mis antojos, y acecha agazapado mi deseo en el trémulo fondo de sus ojos. ¿Por cuanto tiempo, solitario, esquivo he de aguardar con la mirada incierta a que Dios me devuelva compasivo a la mujer que huyó por esa puerta? ¿Cuando habrán de temblar esos cristales empujados por sus manos ducales y, con su beso ha de llegarme ella cual me llega en las noches invernales el ósculo piadoso de una estrella? ¡Oh, Señor!, ya la Pálida está alerta: ¡Oh, Señor!, ¡cae la tarde ya en mi vía y se congela mi esperanza yerta! ¡Oh, Señor!, ¡has que se abra al fin la puerta y entre por ella la adorada mía! ¡Por esa puerta ha de volver un día! ÉXTASIS Cada rosa gentil ayer nacida, cada aurora que apunta entre sonrojos, dejan mi alma en el éxtasis sumida ¡nunca se cansan de mirar mis ojos el perpetuo milagro de la vida! Años ha que contemplo las estrellas en las diáfanas noches españolas y las encuentro cada vez mas bellas. Años ha que en el mar conmigo a solas, ¡y aún me pasma el prodigio de las olas! Cada vez hallo la naturaleza más sobrenatural, más pura y santa, Para mí, en rededor, todo es belleza: y con la misma plenitud me encanta la boca de la madre cuando reza que la boca del niño cuando canta. Quiero ser inmortal con sed intensa, porque es maravilloso el panorama con que nos brinda la creación inmensa; porque cada lucero me reclama, diciéndome al brillar: "Aquí se piensa, también aquí se lucha, aquí se ama." SI TÚ ME DICES VEN Si tú me dices ven, lo dejo todo... No volveré siquiera la mirada para mirar a la mujer amada... Pero dímelo fuerte, de tal modo que tu voz como toque de llamada, vibre hasta el más íntimo recodo del ser, levante el alma de su lodo y hiera el corazón como una espada. Si tú me dices ven, todo lo dejo... Llegaré a tu santuario casi viejo, y al fulgor de la luz crepuscular, más he de compensarte mi retardo, difundiéndome ¡Oh, Cristo! como un nardo de perfume sutil, ante tu altar. VIII Al oír tu dulce acento me subyuga la emoción, y en un mudo arrobamiento se arrodilla el pensamiento y palpita el corazón... Al oír tu dulce acento. Canta, virgen, yo lo imploro; que tu voz angelical semeja el rumor sonoro de leve lluvia de oro sobre campo de cristal. Canta, virgen, yo lo imploro: es de alondra tu garganta, ¡Canta! ¡Qué vagas melancolías hay en tu voz! Bien se ve que son amargos tus días. Huyeron las alegrías, tu corazón presa fue de vagas melancolías. ¡Por piedad! ¡No cantes ya, que tu voz al alma hiere! Nuestro amor, ¿en dónde está? Ya se fue..., todo se va... Ya murió..., todo se muere... Por piedad, no cantes ya, que la pena me avasalla... ¡Calla! A KEMPIS Ha muchos años que busco el yermo, ha muchos años que vivo triste, ha muchos años que estoy enfermo, ¡y es por el libro que tu escribiste! ¡Oh Kempis, antes de leerte amaba la luz, las vegas, el mar Océano; mas tú dijiste que todo acaba, que todo muere, que todo es vano! Antes, llevado de mis antojos, besé los labios que al beso invitan, las rubias trenzas, los grande ojos, ¡sin acordarme que se marchitan! Mas como afirman doctores graves, que tú, maestro, citas y nombras, que el hombre pasa como las naves, como las nubes, como las sombras..., huyo de todo terreno lazo, ningún cariño mi mente alegra, y con tu libro bajo del brazo voy recorriendo la noche negra... ¡Oh Kempis, Kempis, asceta yermo, pálido asceta, qué mal me hiciste! ¡Ha muchos años que estoy enfermo, y es por el libro que tú escribiste! V ¿Ves el sol, apagando su luz pura en las ondas del piélago ambarino? Así hundió sus fulgores mi ventura para no renacer en mi camino. Mira la luna: desgarrando el velo de las tinieblas, a brillar empieza. Así se levantó sobre mi cielo el astro funeral de la tristeza. ¿Ves el faro en la peña carcomida que el mar inquieto con su espuma alfombra? Así radia la fe sobre mi vida, solitaria, purísima, escondida: ¡cómo el rostro de un ángel en la sombra! VI Rindióme al fin el batallar continuo de la vida social; en la contienda, envidiaba la dicha del beduíno que mora en libertad bajo su tienda. Huí del mundo a mi dolor extraño, llevaba el corazon triste y enfermo, y busqué , como Pablo el Ermitaño, la inalterable soledad del yermo. Allí moro, allí canto, de la vista del hombre huyendo, para el goce muerto, y bien puedo decir como el Bautista: ¡Soy la voz del que clama en el desierto! XXIX Yo amaba lo azul con ardimiento: las montañas excelsas, los sutiles crespones de zafir del firmamento, el piélago sin fin, cuyo lamento arrulló mis ensueños juveniles. Callaba mi laúd cuando despliega cada estrella purísima su broche, el universo en la quietud navega, y la luna, hoz de plata, surge y siega el haz de espesas sombras de la noche. Cantaba, si la aurora descorría en el oriente sus rosados velos, si el aljófar al campo descendía, y el sol, urna de oro que se abría, inundaba de luz todos los cielos. Mas hoy amo la noche, la galana, de dulce majestad, horas tranquilas y solemnes, la nubia soberana, la de espléndida pompa americana: ¡La noche tropical de tus pupilas! Hoy esquivo del alba los sonrojos, su saeta de oro me maltrata, y el corazón, sin pena y sin enojos, tan sólo ante lo negro de tus ojos como el iris del buho se dilata. ¿Qué encanto hubiera semejante al tuyo, oh, noche mía? ¡Tu beldad me asombra! Yo, que esplendores matutinos huyo, ¡dejo el alma que agite, cual cocuyo, sus alas coruscantes en tu sombra! Si siempre he de sentir esa mirada fija en mi rostro, poderosa y tierna, ¡adiós, por siempre adiós, rubia alborada! doncella de la veste sonrosada: ¡que reine en mi redor la noche eterna! ¡Oh, noche! Ven a mí llena de encanto; mientras con vuelo misterioso avanzas, nada más para ti será mi canto, y en los brunos repliegues de tu manto, su cáliz abrirán mis esperanzas! XXXIII Amiga, mi larario está vacío: desde que el fuego del hogar no arde, nuestros dioses huyeron ante el frío; hoy preside en sus tronos el hastío las nupcias del silencio y de la tarde. El tiempo destructor no en vano pasa; los aleros del patio están en ruinas; ya no forman allí su leve casa, con paredes convexas de argamasa y tapíz del plumón, las golondrinas. ¡Qué silencio el del piano! Su gemido ya no vibra en los ámbitos desiertos; los nocturnos y scherzos han huído... ¡Pobre jaula sin aves! ¡Pobre nido! ¡Misterioso ataúd de trinos muertos! ¡Ah, si vieras tu huerto! Ya no hay rosas, ni lirios, ni libélulas de seda, ni cocuyos de luz, ni mariposas... Tiemblan las ramas del rosal, medrosas; el viento sopla, la hojarasca rueda. Amiga, tu mansión está desierta; el musgo verdinegro que decora los dinteles ruinosos de la puerta, parece una inscripción que dice: ¡Muerta! El cierzo pasa, y suspirando: ¡Llora! XLII Yo también, cual los héroes medievales que viven con la vida de la fama, luché por tres divinos ideales: ¡por mi Dios, por mi Patria y por mi Dama! Hoy que Dios ante mí su faz esconde, que la Patria me niega su ternura de madre, y que a mi acento no responde la voz angelical de la Hermosura, rendido bajo el peso del destino esquivando el combate, siempre rudo, heme puesto a la vera del camino, resuelto a descansar sobre mi escudo. Quizá mañana, con afán contrario, ajustándome el casco y la loriga, de nuevo iré tras el combate diario, exclamando: ¡Quién me ame, que me siga! Mas hoy dejadme, aunque a la gloria pese, dormir en paz sobre mi escudo roto; dejad que en mi redor el ruido cese, que la brisa noctívaga me bese y el Olvido me dé su flor de loto. INCOHERENCIAS Para José I. Bandera Yo tuve un ideal, ¿en dónde se halla? Albergué una virtud, ¿por qué se ha ido? Fui templado, ¿do está mi recia malla? ¿En qué campo sangriento de batalla me dejaron así, triste y vencido? ¡Oh, Progreso, eres luz! ¿Por qué no llena tu fulgor mi conciencia? Tengo miedo a la duda terrible que envenena, y que miras rodar sobre la arena ¡y, cual hosca vestal, bajas el dedo! ¡Oh, siglo decadente, que te jactas de poseer la verdad!, tú que haces gala de que con Dios, y con la muerte pactas, devuélveme mi fe, yo soy un Chactas que acaricia el cadáver de su Atala... Amaba y me decías: <analiza>, y murió mi pasión; luchaba fiero con Jesús por coraza, triza a triza, el filo penetrante de tu acero. ¡Tengo sed de saber y no me enseñas; tengo sed de avanzar y no me ayudas; tengo sed de creer y me despeñas en el mar de teorías en que sueñas hallar las soluciones de tus dudas! Y caigo, bien lo ves, y ya no puedo batallar sin amor, sin fe serena que ilumine mi ruta, y tengo miedo... ¡Acógeme, por Dios! Levanta el dedo, vestal, ¡que no me maten en la arena! LA CANCIÓN DE FLOR DE MAYO Flor de Mayo como un rayo de la tarde se moría... Yo te quise, Flor de Mayo, tú lo sabes; ¡pero Dios no lo quería! Las olas vienen, las olas van, cantando vienen, cantando irán. Flor de Mayo ni se viste ni se alahaja ni atavía; ¡Flor de Mayo está muy triste! ¡Pobrecita, pobrecita vida mía! Cada estrella que palpita, desde el cielo le habla asi: "Ven conmigo, Florecita, brillarás en la extensión igual a mí" Flor de Mayo, con desmayo, le responde: "¡Pronto iré!" ....................... Se nos muere Flor de Mayo, ¡Flor de Mayo, la Elegida, se nos fue! Las olas vienen, las olas van, cantando vienen, llorando irán... "¡No me dejes!" yo le grito: "¡No te vayas dueño mío, el espacio es infinito y es muy negro y hace frío, mucho frío!" Sin curarse de mi empeño, Flor de Mayo se alejó, Y en la noche, como un sueño misteriosamente triste se perdió. Las olas vienen, las olas van, cantando vienen, ¡ay, cómo irán! Al amparo de mi huerto una sola flor crecía: Flor de Mayo, y se me ha muerto... Yo la quise, ¡Pero Dios no lo quería! ENVÍO La canción que me pediste la compuse y aquí está: Cántala bajito y triste; ella duerme (para siempre); la canción la arrullará Cántala bajito y triste; cántala... PASAS POR EL ABISMO DE MIS TRISTEZAS Pasas por el abismo de mis tristezas como un rayo de luna sobre los mares, ungiendo lo infinito de mis pesares con el nardo y la mina de tus ternezas. Ya tramonta mi vida; la tuya empiezas; mas, salvando del tiempo los valladares, como un rayo de luna sobre los mares pasas por el abismo de mis tristezas. No más en la tersura de mis cantares dejará el desencanto sus asperezas; pues Dios, que dio a los cielos sus luminares, quiso que atravesaras por mis tristezas como un rayo de luna sobre los mares. YO VENGO DE UN BRUMOSO PAÍ S LEJANO Yo vengo de un brumoso país lejano regido por un viejo monarca triste... Mi numen sólo busca lo que es arcano, mi numen sólo adora lo que no existe; tú lloras por un sueño que está lejano, tú aguardas un cariño que ya no existe, se pierden tus pupilas en el arcano como dos alas negras, y estás muy triste. Eres mía: nacimos de un mismo arcano y vamos, desdeñosos de cuanto existe, en pos de ese brumoso país lejano, regido por un viejo monarca triste... AZRAEL Azrael, abre tu ala negra, y honda, cobíjeme su palio sin medida, y que a su abrigo bienechor se esconda la incurable tristeza de mi vida. Azrael, ángel bíblico, ángel fuerte, ángel de redención, ángel sombrío, ya es tiempo que consagres a la muerte mi cerebro sin luz: altar vacío... Azrael, mi esperanza es una enferma; ya tramonta mi fe; llegó el ocaso, ven, ahora es preciso que yo duerma... ¿Morir..., dormir..., dormir...? ¡Soñar acaso!
HAGAMOS UN TRATO Cuando sientas tu herida sangrar cuando sientas tu voz sollozar cuenta conmigo (de una canción de Carlos Puebla) Compañera usted sabe que puede contar conmigo no hasta dos o hasta diez sino contar conmigo si alguna vez advierte que la miro a los ojos y una veta de amor reconoce en los míos no alerte sus fusiles ni piense qué delirio a pesar de la veta o tal vez porque existe usted puede contar conmigo si otras veces me encuentra huraño sin motivo no piense qué flojera igual puede contar conmigo pero hagamos un trato yo quisiera contar con usted es tan lindo saber que usted existe uno se siente vivo y cuando digo esto quiero decir contar aunque sea hasta dos aunque sea hasta cinco no ya para que acuda presurosa en mi auxilio sino para saber a ciencia cierta que usted sabe que puede contar conmigo. ONCE Ningún padre de la iglesia ha sabido explicar por qué no existe un mandamiento once que ordene a la mujer no codiciar al hombre de su prójima. TÁCTICA Y ESTRATEGIA Mi táctica es mirarte aprender como sos quererte como sos mi táctica es hablarte y escucharte construir con palabras un puente indestructible mi táctica es quedarme en tu recuerdo no sé cómo ni sé con qué pretexto pero quedarme en vos mi táctica es ser franco y saber que sos franca y que no nos vendamos simulacros para que entre los dos no haya telón ni abismos mi estrategia es en cambio más profunda y más simple mi estrategia es que un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto por fin me necesites. TEORÍA DE CONJUNTOS Cada cuerpo tiene su armonía y su desarmonía. En algunos casos la suma de armonías puede ser casi empalagosa En otros el conjunto de desarmonías produce algo mejor que la belleza. HAGAMOS UN TRATO Compañera usted sabe que puede contar conmigo no hasta dos ni hasta diez sino contar conmigo. Si alguna vez advierte que la miro a los ojos y una veta de amor reconoce en los míos no alerte sus fusiles ni piense qué delirio a pesar de la veta o talvez porque existe usted puede contar conmigo. Si otras veces me encuentra huraño sin motivo no piense qué flojera igual puede contar conmigo. Pero hagamos un trato yo quisiera contar con usted es tan lindo saber que usted existe uno se siente vivo y cuando digo esto quiero decir contar aunque sea hasta dos aunque sea hasta cinco no para que acuda presurosa en mi auxilio sino para saber a ciencia cierta que usted sabe que puede contar conmigo. CHAU NÚMERO TRES Te dejo con tu vida tu trabajo tu gente con tus puestas de sol y tus amaneceres sembrando tu confianza te dejo junto al mundo derrotando imposibles segura sin seguro te dejo frente al mar descifrándote sola sin mi pregunta a ciegas sin mi respuesta rota te dejo sin mis dudas pobres y malheridas sin mis inmadureces sin mi veteranía pero tampoco creas a pie juntillas todo no creas nunca creas este falso abandono estaré donde menos lo esperes por ejemplo en un árbol añoso de oscuros cabeceos estaré en un lejano horizonte sin horas en la huella del tacto en tu sombra y mi sombra estaré repartido en cuatro o cinco pibes de esos que vos mirás y enseguida te siguen y ojalá pueda estar de tu sueño en la red esperando tus ojos y mirándote. NO TE SALVES No te quedes inmóvil al borde del camino no congeles el júbilo no quieras con desgana no te salves ahora ni nunca no te salves no te llenes de calma no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo no dejes caer los párpados pesados como juicios no te quedes sin labios no te duermas sin sueño no te pienses sin sangre no te juzgues sin tiempo pero si pese a todo no puedes evitarlo y congelas el júbilo y quieres con desgana y te salvas ahora y te llenas de calma y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo y dejas caer los párpados pesados como juicios y te secas sin labios y te duermes sin sueño y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo y te quedas inmóvil al borde del camino y te salvas entonces no te quedes conmigo. SI DIOS FUERA UNA MUJER ¿Y si Dios fuera una mujer? Juan Gelman ¿y si dios fuera mujer? pregunta juan sin inmutarse vaya vaya si dios fuera mujer es posible que agnósticos y ateos no dijéramos no con la cabeza y dijéramos sí con las entrañas tal vez nos acercáramos a su divina desnudez para besar sus pies no de bronce su pubis no de piedra sus pechos no de mármol sus labios no de yeso si dios fuera mujer la abrazaríamos para arrancarla de su lontananza y no habría que jurar hasta que la muerte nos separe ya que sería inmortal por antonomasia y en vez de transmitirnos sida o pánico nos contagiaría su inmortalidad si dios fuera mujer no se instalaría lejana en el reino de los cielos sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno con sus brazos no cerrados su rosa no de plástico y su amor no de ángeles ay dios mío dios mío si hasta siempre y desde siempre fueras una mujer qué lindo escándalo sería qué venturosa espléndida imposible prodigiosa blasfemia DESPABÍLATE AMOR Bonjour buon giorno guten morgen despabílate amor y toma nota sólo en el tercer mundo mueren cuarenta mil niños por día en el plácido cielo despejado flotan los bombarderos y los buitres cuatro millones tienen sida la codicia depila la amazonia buenos días good morning despabílate en los ordenadores de la abuela onu no caben más cadáveres de ruanda los fundamentalistas degüellan a extranjeros predica el papa contra los condones havelange estrangula a maradona bonjour monsieur le maire forza italia buon giorno guten morgen ernst junger opus dei buenos días good morning hiroshima despabílate amor que el horror amanece QUIÉN SABE ¿Te importa mucho que dios exista? ¿te importa que una nebulosa te dibuje el destino? ¿que tus oraciones carezcan de interlocutor? ¿que el gran hacedor pueda ser el gran injusto? ¿que los torturadores puedan ser hijos de dios? ¿que haya que amar a dios sobre todas las cosas y no sobre todos los prójimos y prójimas? ¿Has pensado que amar al dios intangible suele producir un tangible sufrimiento y que amar a un palpable cuerpo de muchacha produce en cambio un placer casi infinito? ¿acaso creer en dios te borra del humano placer? ¿habrá dios sentido placer al crear a eva? ¿habrá adán sentido placer cuando inventó a dios? ¿acaso dios te ayuda cuando tu cuerpo sufre? ¿o no es ni siquiera una confiable anestesia? ¿te importa mucho que dios exista? ¿o no? ¿su no existencia sería para ti una catástrofe más terrible que la muerte pura y dura? ¿te importará si te enteras que dios existe pero está inmerso en el centro de la nada? ¿te importará que desde el centro de la nada se ignore todo y en consecuencia nada cuente? ¿te importaría la presunción de que si bien tú existes dios quién sabe? ESE GRAN SIMULACRO Cada vez que nos dan clases de amnesia como si nunca hubieran existido los combustibles ojos del alma o los labios de la pena huérfana cada vez que nos dan clases de amnesia y nos conminan a borrar la ebriedad del sufrimiento me convenzo de que mi región no es la farándula de otros en mi región hay calvarios de ausencia muñones de porvenir / arrabales de duelo pero también candores de mosqueta pianos que arrancan lágrimas cadáveres que miran aún desde sus huertos nostalgias inmóviles en un pozo de otoño sentimientos insoportablemente actuales que se niegan a morir allá en lo oscuro el olvido está lleno de memoria que a veces no caben las remembranzas y hay que tirar rencores por la borda en el fondo el olvido es un gran simulacro nadie sabe ni puede / aunque quiera / olvidar un gran simulacro repleto de fantasmas esos romeros que peregrinan por el olvido como si fuese el camino de santiago el día o la noche en que el olvido estalle salte en pedazos o crepite / los recuerdos atroces y de maravilla quebrarán los barrotes de fuego arrastrarán por fin la verdad por el mundo y esa verdad será que no hay olvido (Seré curioso) En una exacta foto del diario señor ministro del imposible vi en pleno gozo y en plena euforia y en plena risa su rostro simple seré curioso señor ministro de qué se ríe de qué se ríe de su ventana se ve la playa pero se ignoran los cantegriles tienen sus hijos ojos de mando pero otros tienen mirada triste aquí en la calle suceden cosas que ni siquiera pueden decirse los estudiantes y los obreros ponen los puntos sobre las íes por eso digo señor ministro de qué se ríe de qué se ríe usté conoce mejor que nadie la ley amarga de estos países ustedes duros con nuestra gente por qué con otros son tan serviles cómo traicionan el patrimonio mientras el gringo nos cobra el triple cómo traicionan usté y los otros los adulones y los seniles por eso digo señor ministro de qué se ríe de qué se ríe aquí en la calle sus guardias matan y los que mueren son gente humilde y los que quedan llorando de rabia seguro piensan en el desquite allá en la celda sus hombres hacen sufrir al hombre y eso no sirve después de todo usté es el palo mayor de un barco que se va a pique seré curioso señor ministro de qué se ríe de qué se ríe. Pero Vengo Más de una vez me siento expulsado y con ganas de volver al exilio que me expulsa y entonces me parece que ya no pertenezco a ningún sitio, a nadie. ¿Será en indicio de que nunca más podré no ser un exiliado? ¿Qué aquí o allá o en cualquier parte siempre habrá alguien que vigile y piense, éste a qué viene? Y vengo sin embargo tal vez a compartir cansancio y vértigo desamparo y querencia también a recibir mi cuota de rencores mi reflexiba comisión de amor en verdad a qué vengo no lo sé con certeza pero vengo. Lento pero viene lento pero viene el futuro se acerca despacio pero viene hoy está más allá de las nubes que elige y más allá del trueno y de la tierra firme demorándose viene cual flor desconfiada que vigila al sol sin preguntarle nada iluminando viene las últimas ventanas lento pero viene las últimas ventanas lento pero viene el futuro se acerca despacio pero viene ya se va acercando nunca tiene prisa viene con proyectos y bolsas de semillas con angeles maltrechos y fieles golondrinas despacio pero viene sin hacer mucho ruido cuidando sobre todo los sueños prohibidos los recuerdos yacentes y los recién nacidos lento pero viene el futuro se acerca despacio pero viene ya casi está llegando con su mejor noticia con puños con ojeras con noches y con días con una estrella pobre sin nombre todavía lento pero viene el futuro real el mismo que inventamos nosotros y el azar cada vez más nosotros y menos el azar lento pero viene el futuro se acerca despacio pero viene lento pero viene lento pero viene lento pero viene link: http://www.youtube.com/watch?v=3Q4myDcshGY link: http://www.youtube.com/watch?v=GX9whZHdNSE&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=8IcYUtBqKLc&feature=related

SALUTACION DEL OPTIMISTA Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda, espíritus fraternos, luminosas almas, ¡salve! Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ámbitos; mágicas ondas de vida van renaciendo de pronto; retrocede el olvido, retrocede engañada la muerte, se anuncia un reino nuevo, feliz sibila sueña, y en la caja pandórica de que tantas desgracias surgieron encontramos de súbito, talismánica, pura, riente, cual pudiera decirla en sus versos Virgilio divino, la divina reina de luz, ¡la celeste Esperanza! Pálidas indolencias, desconfianzas fatales que a tumba o a perpetuo presidio, condenasteis al noble entusiasmo, ya veréis el salir del sol en un triunfo de liras, mientras dos continentes, abandonados de huesos gloriosos, del Hércules antiguo la gran sombra soberbia evocando, digan al orbe: la alta virtud resucita, que a la hispana progenie hizo dueña de siglos. Abominad la boca que predice desgracias eternas, abominad los ojos que ven sólo zodíacos funestos, abominad las manos que apedrean las ruinas ilustres o que la tea empuñan o la daga suicida. Siéntense sordos ímpetus en las entrañas del mundo, la inminencia de algo fatal hoy conmueve la tierra; fuertes colosos caen, se desbandan bicéfalas águilas, y algo se inicia como vasto social cataclismo sobre la faz del orbe. ¿Quién dirá que las savias dormidas no despierten entonces en el tronco del roble gigante bajo el cual se exprimió la ubre de la loba romana? ¿Quién será el pusilánime que al vigor español niegue músculos y que al alma española juzgase áptera y ciega y tullida? No es Babilonia ni Nínive enterrada en olvido y en polvo ni entre momias y piedras, reina que habita el sepulcro, la nación generosa, coronada de orgullo inmarchito, que hacia el lado del alba fija las miradas ansiosas, ni la que, tras los mares en que yace sepulta la Atlántida, tiene su coro de vástagos, altos, robustos y fuertes. Únanse, brillen, secúndense, tantos vigores dispersos: formen todos un solo haz de energía ecuménica. Sangre de Hispania fecunda, sólidas, ínclitas razas, muestren los dones pretéritos que fueron antaño su triunfo. Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espíritu ardiente que regará lenguas de fuego en esa epifanía. Juntas las testas ancianas ceñidas de líricos lauros y las cabezas jóvenes que la alta Minerva decora, así los manes heroicos de los primitivos abuelos, de los egregios padres que abrieron el surco prístino, sientan los soplos agrarios de primaverales retornos y el rumor de espigas que inició la labor triptolémica. Un continente y otro renovando las viejas prosapias, en espíritu unidos, en espíritu y ansias y lengua, ven llegar el momento en que habrán de cantar nuevos himnos. La latina estirpe verá la gran alba futura: en un trueno de música gloriosa, millones de labios saludarán la espléndida luz que vendrá del Oriente, Oriente augusto, en donde todo lo cambia y renueva la eternidad de Dios, la actividad infinita. Y así sea Esperanza la visión permanente en nosotros, ¡ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda! AL REY OSCAR Así, Sire, en el aire de la Francia nos llega la paloma de plata de Suecia y de Noruega, que trae en vez de olivo una rosa de fuego. Un búcaro latino, un noble vaso griego recibirá el regalo del país de la nieve. Que a los reinos boreales el patrio viento lleve otra rosa de sangre y de luz españolas; pues sobre la sublime hermandad de las olas, al brotar tu palabra, un saludo le envía al sol de medianoche el sol de Mediodía. Si Segismundo siente pesar, Hamlet se inquieta. El Norte ama las palmas; y se junta el poeta del fjord con el del carmen, porque el mismo oriflama es de azur. Su divina cornucopia derrama, sobre el polo y el trópico, la Paz; y, el orbe gira en un ritmo uniforme por una propia lira: el Amor. Allá surge Sigurd que al Cid se aúna; cerca de Dulcinea brilla el rayo de luna; y la musa de Bécquer del ensueño es esclava bajo un celeste palio de luz escandinava. Sire de ojos azules, gracias: por los laureles de cien bravos vestidos de honor; por los claveles de la tierra andaluza y la Alhambra del moro; por la sangre solar de una raza de oro; por la armadura antigua y el yelmo de la gesta; por las lanzas que fueron una vasta floresta de gloria y que pasaron Pirineos y Andes; por Lepanto y Otumba; por el Perú, por Flandes; por Isabel que cree, por Cristóbal que sueña y Velázquez que pinta y Cortés que domeña; por el país sagrado en que Herakles afianza sus macizas columnas de fuerza y esperanza, mientras Pan trae el ritmo con la egregia siringa que no hay trueno que apague ni tempestad que extinga, por el león simbólico y la Cruz, gracias, Sire. ¡Mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire, mientras la onda cordial alimente un ensueño, mientras haya una viva pasión, un noble empeño, un buscado imposible, una imposible hazaña, una América oculta que hallar, vivirá España! Y pues tras la tormenta vienes, de peregrino real, a la morada que entristeció el destino, la morada que viste luto sus puertas abra al purpúreo y ardiente vibrar de tu palabra: y que sonría, oh rey Oscar, por un instante, y tiemble en la flor áurea el más puro brillante para quien sobre brillos de corona y de nombre, con labios de monarca lanza un grito de hombre! LOS TRES REYES MAGOS ––Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso. Vengo a decir: La vida es pura y bella. Existe Dios. El amor es inmenso. ¡Todo lo sé por la divina Estrella! ––Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo. Existe Dios. El es la luz del día. ¡La blanca flor tiene sus pies en lodo y en el placer hay la melancolía! ––Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro que existe Dios. El es el grande y fuerte. Todo lo sé por el lucero puro que brilla en la diadema de la Muerte. ––Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos. Triunfa el amor, ya su fiesta os convida. ¡Cristo resurge, hace la luz del caos y tiene la corona de la Vida! CYRANO EN ESPAÑA He aquí que Cyrano de Bergerac traspasa de un salto el Pirineo. Cyrano está en su casa. ¿No es en España, acaso, la sangre vino y fuego? Al gran Gascón saluda y abraza el gran Manchego. ¿No se hacen en España los más bellos castillos? Roxanas encarnaron con rosas los Murillos, y la hoja toledana que aquí Quevedo empuña conócenla los bravos cadetes de Gascuña. Cyrano hizo su viaje a la Luna; mas, antes, ya el divino lunático de don Miguel Cervantes pasaba entre las dulces estrellas de su sueño jinete en el sublime pegaso Clavileño. y Cyrano ha leído la maravilla escrita, y al pronunciar el nombre del Quijote, se quita Bergerac el sombrero: Cyrano Balazote siente que es la lengua suya la lengua del Quijote. y la nariz heroica del Gascón se diría que husmea los dorados vinos de Andalucía. y la espada francesa, por él desenvainada, brilla bien en la tierra de la capa y la espada. ¡Bien venido, Cyrano de Bergerac! Castilla te da su idioma; y tu alma, como tu espada, brilla al sol que allá en sus tiempos no se ocultó en España. Tu nariz y penacho no están en tierra extraña, pues vienes a la tierra de la Caballería. Eres el noble huésped de Calderón. María Roxana te demuestra que lucha la fragancia de las rosas de España con las rosas de Francia; y sus supremas gracias, y sus sonrisas únicas, y sus miradas, astros que visten negras túnicas, y la lira que vibra en su lengua sonora, te dan una Roxana de España, encantadora. ¡Oh poeta! ¡Oh celeste poeta de la facha grotesca! Bravo y noble y sin miedo y sin tacha, príncipe de locuras, de sueños y de rimas, tu penacho es hermano de las más altas cimas, del nido de tu pecho una alondra se lanza, un hada es tu madrina, y es la Desesperanza; y en medio de la selva del duelo y del olvido las nueve musas vendan tu corazón herido. ¿Allá en la Luna hallaste algún mágico prado donde vaga el espíritu de Pierrot desolado? ¿Viste el palacio blanco de los locos del Arte? ¿Fue acaso la gran sombra de Píndaro a encontrarte? ¿Contemplaste la mancha roja que entre las rocas albas forma el castillo de las Vírgenes locas? ¿Y en un jardín fantástico de misteriosas flores no oíste al melodioso Rey de los ruiseñores? No juzgues mi curiosa demanda inoportuna, pues todas esas cosas existen en la Luna. ¡Bien venido, Cyrano de Bergerac! Cyrano de Bergerac, cadete y amante y castellano, que trae los recuerdos que Durandal abona al país en que aún brillan las luces de Tizona. El Arte es el glorioso vencedor. Es el Arte el que vence el espacio y el tiempo; su estandarte, pueblos, es del espíritu el azul oriflama. ¿Qué elegido no corre si su trompeta llama? y a través de los siglos se contestan, oíd: la Canción de Rolando y la Gesta del Cid. Cyrano va marchando, poeta y caballero, al redoblar sonoro del grave Romancero. Su penacho soberbio tiene nuestra aureola. Son sus espuelas finas de fábrica española. Y cuando en su balada Rostand teje el envío, creeríase a Quevedo rimando un desafío. ¡Bien venido, Cyrano de Bergerac! No seca el tiempo el lauro; el viejo Corral de la Pacheca recibe al generoso embajador del fuerte Moliere. En copa gala Tirso su vino vierte. Nosotros exprimimos las uvas de Champaña para beber por Francia y en un cristal de España. SALUTACION A LEONARDO Maestro: Pomona levanta su cesto. Tu estirpe saluda la Aurora. ¡Tu aurora! Que extirpe de la indiferencia la mancha; que gaste la dura cadena de siglos; que aplaste al sapo la piedra de su honda. Sonrisa más dulce no sabe Gioconda El verso su ala y el ritmo su onda hermanan en una dulzura de luna que suave resbala (el ritmo de la onda y el verso del ala del mágico Cisne sobre la laguna) sobre la laguna. Y así, soberano maestro del estro, las vagas figuras del sueño, se encarnan en líneas tan puras que el sueño recibe la sangre del mundo mortal, y Psiquis consigue su empeño de ser advertida a través del terrestre cristal. (Los bufones que hacen sonreír a Monna Lisa saben canciones que ha tiempo en los bosques de Grecia decía la risa de la brisa.) Pasa su Eminencia. Como flor o pecado en su traje rojo; como flor o pecado, o conciencia de sutil monseñor que a su paje mira con vago recelo o enojo. Nápoles deja a la abeja de oro hacer su miel en su fiesta de azul; y el sonoro bandolín y el laurel nos anuncian Florencia. Maestro, si allá en Roma quema el sol de Segor y Sodoma la amarga ciencia de purpúreas banderas, tu gesto las palmas nos da redimidas, bajo los arcos de tu genio; San Marcos y Partenón de luces y líneas y vidas. (Tus bufones que hacen la risa de Monna Lisa saben tan antiguas canciones.) Los leones de Asuero junto al trono para recibirte, mientras sonríe el divino Monarca; pero hallarás la sirte, la sirte para tu barca, si partís en la lírica barca con tu Gioconda... La onda y el viento saben la tempestad para tu cargamento. ¡Maestro! Pero tú en cabalgar y domar fuiste diestro, pasiones e ilusiones; a unas con el freno, a otras con el cabestro las domaste, cebras o leones. Y en la selva del Sol, prisionera tuviste la fiera de la luz; y esa loca fue casta cuando dijiste: «Basta.» Seis meses maceraste tu Ester en tus aromas. De tus techos reales volaron las palomas. Por tu cetro y tu gracia sensitiva, por tu copa de oro en que sueñan las rosas, en mi ciudad, que es tu cautiva, tengo un jardín de mármol y de piedras preciosas que custodia una esfinge viva. PEGASO Cuando iba yo a montar ese caballo rudo y tembloroso, dije: «La vida es pura y bella.» Entre sus cejas vivas vi brillar una estrella. El cielo estaba azul, y yo estaba desnudo. Sobre mi frente Apolo hizo brillar su escudo y de Belerofonte logré seguir la huella. Toda cima es ilustre si Pegas o la sella, y yo, fuerte, he subido donde Pegaso pudo. Yo soy el caballero de la humana energía, yo soy el que presenta su cabeza triunfante coronada con el laurel del Rey del día; domador del corcel de cascos de diamante, voy en un gran volar, con la aurora por guía, adelante en el vasto azur, ¡siempre adelante! A ROOSEVELT Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman, que habría de llegar hasta ti, Cazador, primitivo y moderno, sencillo y complicado, con un algo de Wáshington y cuatro de Nemrod. Eres los Estados Unidos, eres el futuro invasor de la América ingenua que tiene sangre indígena, que aún reza a Jesucristo y aún habla español. Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza; eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy. Y domando caballos, o asesinando tigres, eres un Alejandro-Nabucodonosor. (Eres un profesor de Energía como dicen los locos de hoy.) Crees que la vida es incendio, que el progreso es erupción, que en donde pones la bala el porvenir pones. No. Los Estados Unidos son potentes y grandes. Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor que pasa por las vértebras enormes de los Andes. Si clamáis, se oye como el rugir del león. Ya Hugo a Grant lo dijo: Las estrellas son vuestras. (Apenas brilla, alzándose, el argentino sol y la estrella chilena se levanta...) Sois ricos. Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón; y alumbrando el camino de la fácil conquista, la Libertad levanta su antorcha en Nueva-York. Mas la América nuestra, que tenía poetas desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl, que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco, que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió; que consultó los astros, que conoció la Atlántida cuyo nombre nos llega resonando en Platón, que desde los remotos momentos de su vida vive de luz, de fuego, de perfume, de amor, la América del grande Moctezuma, del Inca, la América fragante de Cristóbal Colón, la América católica, la América española, la América en que dijo el noble Guatemoc: «Yo no estoy en un lecho de rosas»; esa América que tiembla de huracanes y que vive de amor, hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive. Y sueña. Y ama, y vibra, y es la hija del Sol. Tened cuidado. ¡Vive la América española! Hay mil cachorros sueltos del León Español. Se necesitaría, Roosevelt, ser, por Dios mismo, el Riflero terrible y el fuerte Cazador, para poder tenernos en vuestras férreas garras. Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios! IX ¡Torres de Dios! ¡Poetas! ¡Pararrayos celestes que resistís las duras tempestades, como crestas escuetas, como picos agrestes, rompeolas de las eternidades! La mágica esperanza anuncia un día en que sobre la roca de armonía expirará la pérfida sirena. ¡Esperad, esperemos todavía! Esperad todavía. El bestial elemento se solaza en el odio a la sacra poesía y se arroja baldón de raza a raza. La insurrección de abajo tiende a los Excelentes. El caníbal codicia su tasajo con roja encía y afilados dientes. Torres, poned al pabellón sonrisa. Poned, ante ese mal y ese recelo, una soberbia insinuación de brisa y una tranquilidad de mar y cielo... XI Mientras tenéis, oh negros corazones, conciliábulos de odio y de miseria, el órgano de Amor riega sus sones. Cantan. Oíd: «La vida es dulce y seria.» Para ti, pensador meditabundo, pálido de sentirte tan divino, es más hostil la parte agria del mundo. Pero tu carne es pan, tu sangre es vino. Dejad pasar la noche de la cena ––¡oh Shakespeare pobre, y oh Cervantes manco! y la pasión del vulgo que condena. Un gran Apocalipsis horas futuras llena. ¡Ya surgirá vuestro Pegaso blanco! HELIOS ¡Oh rüido divino! ¡Oh rüido sonoro! Lanzó la alondra matinal el trino, y sobre ese preludio cristalino, los caballos de oro de que el Hiperionida lleva la rienda asida, al trotar forman música armoniosa, un argentino trueno, y en el azul sereno con sus cascos de fuego dejan huellas de rosa. Adelante, ¡oh cochero celeste!, sobre Osa y Pellon, sobre Titania viva. Atrás se queda el trémulo matutino lucero, y el universo el verso de su música activa. Pasa, ¡oh dominador, oh conductor del carro de la mágica ciencia! Pasa, pasa, ¡oh bizarro manejador de la fatal cuadriga que al pisar sobre el viento despierta el instrumento sacro! Tiemblan las cumbres de los montes más altos que en sus rítmicos saltos tocó Pegaso. Giran muchedumbres de águilas bajo el vuelo de tu poder fecundo, y si hay algo que iguale la alegría del cielo, es el gozo que enciende las entrañas del mundo. ¡Helios!, tu triunfo es ése, pese a las sombras, pese a la noche, y al miedo, ya la lívida Envidia. Tú pasas, y la sombra, y el daño y la desidia, y la negra pereza, hermana de la muerte, y el alacrán del odio que su ponzoña vierte, y Satán todo, emperador de las tinieblas, se hunden, caen. Y haces el alba rosa, y pueblas de amor y de virtud las humanas conciencias, riegas todas las artes, brindas todas las ciencias; los castillos de duelo de la maldad derrumbas, abres todos los nidos, cierras todas las tumbas, y sobre los vapores del tenebroso Abismo, pintas la Aurora, el Oriflama de Dios mismo. ¡Helios! Portaestandarte de Dios, padre del Arte, la paz es imposible, más el amor eterno. Danos siempre el anhelo de la vida, y una chispa sagrada de tu antorcha encendida, con que esquivar podamos la entrada del Infierno. Que sientan las naciones el volar de tu carro; que hallen los corazones humanos, en el brillo de tu carro, esperanza; que el alma-Quijote y el cuerpo-Sancho Panza vuele una psique cierta a la verdad del sueño; que hallen las ansias grandes de este vivir pequeño una realización invisible y suprema; ¡Helios! ¡Que no nos mate tu llama que nos quema! Gloria hacia ti del corazón de las manzanas, de los cálices blancos de los lirios, y del amor que manas hecho de dulces fuegos y divinos martirios, y del volcán inmenso, y del hueso minúsculo, y del ritmo que pienso, y del ritmo que vibra en el corpúsculo y del Oriente intenso y de la melodía del crepúsculo. ¡Oh rüido divino! Pasa sobre la cruz del palacio que duerme, y sobre el alma inerme de quien no sabe nada. No turbes el destino. ¡Oh rüido sonoro! El hombre, la nación, el continente, el mundo, aguardan la virtud de tu carro fecundo, ¡cochero azul que riges los caballos de oro! «SPES» Jesús, incomparable perdonador de injurias, óyeme; Sembrador de trigo, dame el tierno pan de tus hostias; dame, contra el sañudo infierno una gracia lustral de iras y lujurias. Dime que este espantoso horror de la agonía que me obsede, es no más de mi culpa nefanda; que al morir hallará la luz de un nuevo día, y que entonces oiré mi «¡Levántate y anda!» EN LA MUERTE DE RAFAEL NUÑEZ El pensador llegó a la barca negra; y le vieron hundirse en las brumas del lago del Misterio los ojos de los Cisnes. Su manto de poeta reconocieron, los ilustres lises y el laurel y la espina entremezclados sobre la frente triste. A lo lejos alzábanse los muros de la ciudad teológica, en que vive la sempiterna Paz. La negra barca llegó a la ansiada costa y el sublime espíritu gozó la suma gracia; y, ¡oh Montaigne!, Núñez vio la cruz erguirse, y halló al pie de la sacra Vencedora el helado cadáver de la Esfinge. III Por un momento, ¡oh Cisne!, juntaré mis anhelos a los de tus dos alas que abrazaron a Leda, y a mi maduro ensueño, aún vestido de seda, dirás, por los Dioscuros, la gloria de los cielos. Es el otoño. Ruedan de la flauta consuelos. Por un instante, ¡oh Cisne!, en la obscura alameda sorberé entre dos labios lo que el Pudor me veda, y dejaré mordidos Escrúpulos y Celos. Cisne, tendré tus alas blancas por un instante y el corazón de rosa que hay en tu dulce pecho palpitará en el mío con su sangre constante. Amor será dichoso, pues estará vibrante el júbilo que pone al gran Pan en acecho mientras su ritmo esconde la fuente de diamante. IV ¡Antes de todo, gloria a ti, Leda! Tu dulce vientre cubrió de seda el Dios. ¡Miel y oro sobre la brisa! Sonaban alternativamente flauta y cristales, Pan y la fuente. ¡Tierra era canto; Cielo, sonrisa! Ante el celeste, supremo acto, dioses y bestias hicieron pacto. Se dio a la alondra la luz del día, se dio a los búhos sabiduría, y melodía al ruiseñor. A los leones fue la victoria, para las águilas toda la gloria, y a las palomas todo el amor. Pero vosotros sois los divinos príncipes. Vagos como las naves, inmaculados como los linos, maravillosos como las aves. En vuestros picos tenéis las prendas que manifiestan corales puros. Con vuestros pechos abrís las sendas que arriba indican los Dioscuros. Las dignidades de vuestros actos, eternizadas en lo infinito, hacen que sean ritmos exactos, voces de ensueño, luces de mito. De orgullo olímpico sois el resumen, ¡oh blancas urnas de la armonía! Ebúrneas joyas que anima un numen con su celeste melancolía. ¡Melancolía de haber amado, junto a la fuente de la arboleda, el luminoso cuello estirado entre los blancos muslos de Leda! RETRATOS Don Gil, Don Juan, Don Lope, Don Carlos, Don Rodrigo, ¿cúya es esta cabeza soberbia? ¿Esa faz fuerte? ¿Esos ojos de jaspe? ¿Esa barba de trigo? Este fue un caballero que persiguió a la Muerte. Cien veces hizo cosas tan sonoras y grandes, que de águilas poblaron el campo de su escudo, y ante su rudo tercio de América o de Flandes quedó el asombro ciego, quedó el espanto mudo. La coraza revela fina labor; la espada tiene la cruz que erige sobre su tumba el miedo; y bajo el puño firme que da su luz dorada, se afianza el rayo sólido del yunque de Toledo. Tiene labios de Borgia, sangrientos labios dignos de exquisitas calumnias, de rezar oraciones y de decir blasfemias: rojos labios malignos florecidos de anécdotas en cien Decamerones. Y con todo, este hidalgo de un tiempo indefinido, fue el abad solitario de un ignoto convento, y dedicó en la muerte sus hechos: ¡Al olvido! y el grito de su vida luciferina: ¡Al viento! 2 En la forma cordial de la boca, la fresa solemniza su púrpura; y en el sutil dibujo de óvalo del rostro de la blanca abadesa la pura frente es ángel y el ojo negro es brujo. Al marfil monacal de esa faz misteriosa brota una dulce luz de un resplandor interno, que enciende en sus mejillas un celeste rosa en que su pincelada fatal puso el Infierno. ¡Oh, Sor María! ¡Oh, Sor María! ¡Oh, Sor María! La mágica mirada y el continente regio, ¿no hicieron en un alma pecaminosa un día brotar el encendido clavel del sacrilegio? Y parece que el hondo mirar cosas dijera especiosas y ungidas de miel y de veneno. (Sor María murió condenada a la hoguera: dos abejas volaron de las rosas del seno.) POR EL INFLUJO DE LA PRIMAVERA Sobre el jarrón de cristal hay flores nuevas. Anoche hubo una lluvia de besos. Despertó un fauno bicorne tras un alma sensitiva. Dieron su olor muchas flores. En la pasional siringa brotaron las siete voces que en siete carrizos puso Pan. Antiguos ritos paganos se renovaron. La estrella de Venus brilló más límpida y diamantina. Las fresas del bosque dieron su sangre. El nido estuvo de fiesta. Un ensueño florentino se enfloró de primavera, de modo que en carne viva renacieron ansias muertas. Imaginaos un roble que diera una rosa fresca; un buen egipán latino con una bacante griega y parisiense. Una música magnífica. Una suprema inspiración primitiva, llena de cosas modernas. Un vasto orgullo viril que aroma el odor di fémina; un trono de roca en donde descansa un lirio. ¡Divina Estación! ¡Divina Estación! Sonríe el alba más dulcemente. La cola del pavo real exalta su prestigio. El sol aumenta su íntima influencia; y el arpa de los nervios vibra sola. ¡Oh, Primavera sagrada! ¡Oh, gozo del don sagrado de la vida! ¡Oh bella palma sobre nuestras frentes! ¡Cuello del cisne! ¡Paloma blanca! ¡Rosa roja! ¡Palio azul! ¡Y todo por ti, oh alma! Y por ti, cuerpo, y por ti, idea, que los enlazas. ¡Y por Ti, lo que buscamos y no encontraremos nunca jamás! LA DULZURA DEL ANGELUS La dulzura del ángelus matinal y divino que diluyen ingenuas campanas provinciales, en un aire inocente a fuerza de rosales, de plegaria, de ensueño de virgen y de trino de ruiseñor, opuesto todo al rudo destino que no cree en Dios... El áureo ovillo vespertino que la tarde devana tras opacos cristales por tejer la inconsútil tela de nuestros males, todos hechos de carne y aromados de vino... y esta atroz amargura de no gustar de nada, de no saber adónde dirigir nuestra prora, mientras el pobre esquife en la noche cerrada va en las hostiles olas huérfano de la aurora... (¡Oh süaves campanas entre la madrugada!) TARDE DEL TROPICO Es la tarde gris y triste. Viste el mar de terciopelo y el cielo profundo viste de duelo. Del abismo se levanta la queja amarga y sonora. La onda, cuando el viento canta, llora. Los violines de la bruma saludan al sol que muere. Salmodia la blanca espuma: ¡Miserere! La armonía el cielo inunda, y la brisa va a llevar la canción triste y profunda del mar. Del clarín del horizonte brota sinfonía rara, como si la voz del monte vibrara. Cual si fuese lo invisible... Cual si fuese el rudo son que diese al viento un terrible león. TREBOL I DE DON LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE A DON DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ Mientras el brillo de tu gloria augura ser en la eternidad sol sin poniente, fénix de viva luz, fénix ardiente, diamante parangón de la pintura, de España está sobre la ves te obscura tu nombre, como joya reluciente; rompe la Envidia el fatigado diente, y el Olvido lamenta su amargura. Yo en equívoco altar, tú en sacro fuego, miro a través de mi penumbra el día en que al calor de tu amistad, Don Diego, jugando de la luz con la armonía, con la alma luz, de tu pincel el juego el alma duplicó de la faz mía. 2 DE DON DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ A DON LUIS DE GÓNGORA y ARGOTE Alma de oro, fina voz de oro, al venir hacia mí, ¿por qué suspiras? Ya empieza el noble coro de las liras a preludiar el himno a tu decoro; ya al misterioso son del noble oro calma al Centauro sus grotescas iras, y con nueva pasión que les inspiras tornan a amarse Angélica y Medoro. A Teócrito y Poussin la Fama dote con la corona de laurel supremo; que en donde da Cervantes el Quijote y yo las telas con mis luces gemo, para Don Luis de Góngora y Argote traerá una nueva palma Polifelilo. 3 En tanto pace estrellas el Pegaso divino, y vela tu hipogrifo, Velázquez, la Fortuna, en los celestes parques al Cisne gongorino deshoja sus sutiles margaritas la Luna. Tu castillo, Velázquez, se eleva en el camino del Arte como torre que de águilas es cuna, y tu castillo, Góngora, se alza al azul cual una jaula de ruiseñores labrada en oro fino. Gloriosa la península que abriga tal colonia. ¡Aquí bronce corintio, y allá mármol de Jonia! Las rosas a Velázquez, ya Góngora claveles. De ruiseñores y águilas se pueblan las encinas, y mientras pasa Angélica sonriendo a las Meninas, salen las nueve Musas de un bosque de laureles. «CHARITAS» A Vicente de Paul, nuestro Rey Cristo con dulce lengua dice: -Hijo mío, tus labios dignos son de imprimirse en la herida que el ciego en mi costado abrió. Tu amor sublime tiene sublime premio: asciende y goza del alto galardón que conseguiste. El alma de Vicente llega al coro de los alados Ángeles que al triste mortal custodian: eran más brillantes que los celestes astros. Cristo: «Sigue», dijo al amado espíritu del Santo. Ve entonces la región en donde existen los augusto s Arcángeles, zodíaco de diamantina nieve, indestructibles ejércitos de luz y mensajeras castas palomas o águilas insignes. Luego la majestad esplendorosa del coro de los Príncipes, que las divinas órdenes realizan y en el humano espíritu presiden; el coro de las altas Potestades que al torrente infernal levantan diques; el coro de las místicas Virtudes, las huellas de los mártires y las intactas manos de las vírgenes; el coro prestigioso de las Dominaciones que dirigen nuestras almas al bien, y el coro excelso de los Tronos insignes, que del Eterno el solio, cariátides de luz indefinible, sostienen por los siglos de los siglos; y el coro de Quembes que compite con la antorcha del sol. Por fin, la gloria de teológico fuego en que se erigen las llamas vivas de inmortal esencia. Cristo el Santo bendice y así penetra el Serafín de Francia al coro de los ígneos Serafines. NO OBSTANTE... ¡Oh terremoto mental! Yo sentí un día en mi cráneo como el caer subitáneo de una Babel de cristal. De Pascal miré al abismo, y vi lo que pudo ver cuando sintió Baudelaire «el ala del idiotismo». Hay, no obstante, que ser fuerte: pasar todo precipicio y ser vencedor del Vicio, de la Locura y la Muerte. X El verso sutil que pasa o se posa sobre la mujer o sobre la rosa, beso puede ser, o ser mariposa. En la fresca flor el verso sutil; el triunfo de Amor en el mes de Abril: Amor, verso y flor, la niña gentil. Amor y dolor. Halagos y enojos. Herodías ríe en los labios rojos. Dos verdugos hay que están en los ojos. ¡Oh, saber amar es saber sufrir, amar y sufrir, sufrir y sentir, y el hacha besar que nos ha de herir! Rosa de dolor, gracia femenina; inocencia y luz, corola divina, y aroma fatal y crüel espina... Líbramos, Señor, de Abril y la flor, y del cielo azul, y del ruiseñor; de dolor y amor, libranos, Señor. FILOSOFÍA Saluda al sol, araña, no seas rencorosa. Da tus gracias a Dios, oh sapo, pues que eres. El peludo cangrejo tiene espinas de rosa y los moluscos reminiscencias de mujeres. Sabed ser lo que sois, enigmas, siendo formas; dejad la responsabilidad a las Normas, que a su vez la enviarán al Todopoderoso... (Toca, grillo, a la luz de la luna, y dance el oso.) LEDA El cisne en la sombra parece de nieve; su pico es de ámbar, del alba al trasluz; el suave crepúsculo que pasa tan breve las cándidas alas sonrosa de luz. Y luego, en las ondas del lago azulado, después que la aurora perdió su arrebol, las alas tendidas y el cuello enarcado, el cisne es de plata, bailado de sol. Tal es, cuando esponja las plumas de seda, olímpico pájaro herido de amor, y viola en las linfas sonoras a Leda, buscando su pico los labios en flor. Suspira la bella desnuda y vencida, y en tanto que al aire sus quejas se van del fondo verdoso de fronda tupida chispean turbados los ojos de Pan. DIVINA PSIQUIS I ¡Divina Psiquis, dulce mariposa invisible que desde los abismos has venido a ser todo lo que en mi ser nervioso y en mi cuerpo sensible forma la chispa sacra de la estatua de lodo! Te asomas por mis ojos a la luz de la tierra y prisionera vives en mí de extraño dueño: te reducen a esclava mis sentidos en guerra y apenas vagas libre por el jardín del sueño. Sabia a la Lujuria que sabes antiguas ciencias, te sacudes a veces entre imposibles muros, y más allá de todas las vulgares conciencias exploras los recodos más terribles y obscuros. Y encuentras sombra y duelo. Que sombra y duelo encuentres bajo la viña en donde nace el vino del Diablo. Te posas en los senos, te posas en los vientres que hicieron a Juan loco e hicieron cuerdo a Pablo. A Juan virgen, ya Pablo militar y violento; a Juan que nunca supo del supremo contacto; a Pablo el tempestuoso que halló a Cristo en el viento, ya Juan ante quien Hugo se queda estupefacto. 2 Entre la catedral y las ruinas paganas vuelas, ¡oh Psiquis, oh alma mía!, -como decía aquel celeste Edgardo, que entró en el Paraíso entre un son de campanas y un perfume de nardo-. Entre la catedral y las paganas ruinas repartes tus dos alas de cristal, tus dos alas divinas. Y de la flor que el ruiseñor canta en su griego antiguo, de la rosa, vuelas, ¡oh, Mariposa!, a posarte en un clavo de Nuestro Señor. EL SONETO DE TRECE VERSOS De una juvenil inocencia, ¡qué conservar, sino el sutil perfume, esencia de su Abril, la más maravillosa esencia! Por lamentar a mi conciencia quedó de un sonoro marfil un cuento que fue de las Mil y una noches de mi existencia... Scherezada se entre durmió... El Visir quedó meditando... Dinarzada el día olvidó... Mas al pájaro azul volvió... Pero... No obstante... Siempre... Cuando... XV ¡Oh, miseria de toda lucha por lo finito! Es como el ala de la mariposa nuestro brazo que deja el pensamiento escrito. Nuestra infancia vale la rosa, el relámpago nuestro mirar, y el ritmo que en el pecho nuestro corazón mueve, es un ritmo de onda de mar, o un caer de copo de nieve, o el del cantar del ruiseñor, que dura lo que dura el perfumar de su hermana la flor. ¡Oh, miseria de toda lucha por lo finito! El alma que se advierte sencilla y mira clara- mente la gracia pura de la luz cara a cara, como el botón de rosa, como la coccinela, esa alma es la que al fondo del infinito vuela. El alma que ha olvidado la admiración, que sufre en la melancolía agria, olorosa a azufre, de envidiar malamente y duramente, anida en un nido de topos. Es manca. Está tullida. ¡Oh, miseria de toda lucha por lo finito! A PHOCAS EL CAMPESINO Phocás el campesino, hijo mío, que tienes en apenas escasos meses de vida, tantos dolores en tus ojos que esperan tantos llantos por el fatal pensar que revelan tus sienes... Tarda en venir a este dolor a donde vienes, a este mundo terrible en duelos yen espantos; duerme bajo los Ángeles, sueña bajo los Santos, que ya tendrás la Vida para que te envenenes... Sueña, hijo mío, todavía, y cuando crezcas, perdóname el fatal don de darte la vida que yo hubiera querido de azul y rosas frescas; pues tú eres la crisálida de mi alma entristecida, y te he de ver en medio del triunfo que merezcas renovando el fulgor de mi psique abolida. XVII ¡Carne, celeste carne de la mujer! Arcilla, -dijo Hugo-; ambrosía más bien, ¡oh maravilla! La vida se soporta, tan doliente y tan corta, solamente por eso: roce, mordisco o beso en ese pan divino para el cual nuestra sangre es nuestro vino. En ella está la lira, en ella está la rosa, en ella está la ciencia armoniosa, en ella se respira el perfume vital de toda cosa. Eva y Cipris concentran el misterio del corazón del mundo. Cuando el áureo Pegaso en la victoria matinal se lanza con el mágico ritmo de su paso hacia la vida y hacia la esperanza, si alza la crin y las narices hincha y sobre las montañas pone el casco sonoro y hacia la mar relincha, y el espacio se llena de un gran temblor de oro, es que ha visto desnuda a Anadiomena. Gloria, ¡oh Potente a quien las sombras temen! ¡Que las más blancas tórtolas te inmolen, pues por ti la floresta está en el polen y el pensamiento en el sagrado semen! Gloria, ¡oh Sublime, que eres la existencia por quien siempre hay futuros en el útero eterno! ¡Tu boca sabe al fruto del árbol de la Ciencia y al torcer tus cabellos apagaste el infierno! Inútil es el grito de la legión cobarde del interés, inútil el progreso yankee, si te desdeña. Si el progreso es de fuego, por ti arde. ¡Toda lucha del hombre va a tu beso, por ti se combate o se sueña! Pues en ti existe Primavera para el triste, labor gozosa para el fuerte néctar, ánfora, dulzura amable. ¡Porque en ti existe el placer de vivir, hasta la muerte y ante la eternidad de lo probable...! UN SONETO A CERVANTES A Ricardo Calvo. Horas de pesadumbre y de tristeza paso en mi soledad. Pero Cervantes es buen amigo. Endulza mis instantes ásperos, y reposa mi cabeza El es la vida y la naturaleza, regala un yelmo de oros y diamantes a mis sueños errantes. Es para mí: suspira, ríe y reza. Cristiano y amoroso caballero parla como un arroyo cristalino. ¡Así le admiro y quiero, viendo cómo el destino hace que regocije al mundo entero la tristeza inmortal de ser divino! MADRIGAL EXALTADO A Mademoiselle Villagrán. Dies irae, dies illa! Solvet saeclum in favilla cuando quema esa pupila! La tierra se vuelve loca, el cielo a la tierra invoca cuando sonríe esa boca. Tiemblan los lirios tempranas y los árboles lozanos al contacto de esas manos. El bosque se encuentra estrecho el egipán en acecho cuando respira ese pecho. Sobre los senderos es como una fiesta, después que se han sentido esos pies, y el Sol, sultán de orgullosas rosas, dice a sus hermosas cuando en primavera están: ¡Rosas, rosas, dadme rosas para Adela Villagrán! MARINA Mar armonioso, mar maravilloso: tu salada fragancia, tus colores y músicas sonoras me dan la sensación divina de mi infancia, en que suaves las horas venían en un paso de danza reposada a dejarme un ensueño o regalo de hada. Mar armonioso, mar maravilloso, de arcadas de diamante en que se rompe en vuelos rítmicos que denuncian algún ímpetu oculto, espejo de mis vagas ciudades de los cielos blanco y azul tumulto de donde brota un canto inextinguible: mar paternal, mar santo: mi alma siente la influencia de tu alma invisible. Velas de los Colones y velas de los Vascos, hostigadas por odios de ciclones ante la hostilidad de los peñascos: o galeras de oro, velas purpúreas de bajeles que saludaron al mugir del toro celeste, con Europa sobre el lomo que salpicaba la revuelta espuma. Magnífico y sonoro se oye en las aguas como un tropel de tropeles, ¡tropel de los tropeles de tritones! Brazos salen de la onda, suenan vagas canciones, brillan piedras preciosas, mientras en las revueltas extensiones Venus y el Sol hacen nacer mil rosas. CLEOPOMPO Y HELIODEMO A Vargas Vila. Cleopompo y Heliodemo, cuya filosofía es idéntica, gustan dialogar bajo el verde patio del platanar. Allí Cleopompo muerde la manzana epicúrea, y Hellodemo fía al aire su confianza en la eterna armonía. Mal haya quien las Parcas inhumano recuerde: Si una sonora perla de la clepsidra pierde, no volverá a ofrecerla la mano que la envía. Una vaca aparece, crepuscular. Es hora en que el grillo en su lira hace halagos a Flora, y en el azul florece un diamante supremo; y en la pupila enorme de la bestia apacible, miran como que rueda en un ritmo invisible la música del mundo, Cleopompo y Heliodemo. «¡AY, TRISTE DEL QUE UN DIA...!» ¡Ay, triste del que un día en su esfinge interior pone los ojos e interroga! Está perdido. ¡Ay del que pide eurekas al placer o al dolor! Dos dioses hay, y son: Ignorancia y Olvido. Lo que el árbol desea decir y dice al viento, y lo que el animal manifiesta en su instinto, cristalizamos en palabra y pensamiento. Nada más que maneras expresan lo distinto. XXIII En el país de las Alegorías Salomé siempre danza, ante el tiarado Herodes, eternamente; y la cabeza de Juan el Bautista, ante quien tiemblan los leones, cae al hachazo. Sangre llueve. Pues la rosa sexual al entreabrirse conmueve todo lo que existe, con su efluvio carnal y con su enigma espiritual. AUGURIOS A E. Díaz Romero. Hoy pasó un águila sobre mi cabeza; lleva en sus alas la tormenta, lleva en sus garras el rayo que deslumbra y aterra. ¡Oh, águila! Dame la fortaleza de sentirme en el lodo humano con alas y fuerzas para resistir los embates de las tempestades perversas, y de arriba las cóleras y de abajo las roedoras miserias. Pasó un búho sobre mi frente. Yo pensé en Minerva y en la noche solemne. ¡Oh, búho! Dame tu silencio perenne, y tus ojos profundos en la noche y tu tranquilidad ante la muerte Dame tu nocturno imperio y tu sabiduría celeste, y tu cabeza cual la de Jano, que, siendo una, mira a Oriente y Occidente. Pasó una paloma que casi rozó con sus alas mis labios. ¡Oh, paloma! Dame tu profundo encanto de saber arrullar, y tu lascivia en campo tornasol, y en campo de luz tu prodigioso ardor en el divino acto. (Y dame la justicia en la naturaleza, pues, en este caso, tú serás la perversa y el chivo será el casto.) Pasó un gerifalte. ¡Oh, gerifalte! Dame tus uñas largas y tus ágiles alas cortadoras de viento, y tus ágiles patas, y tus uñas que bien se hunden en las carnes de la caza. Por mi cetrería irás en jiras fantásticas, y me traerás piezas famosas y raras, palpitantes ideas, sangrientas almas. Pasa el ruiseñor. ¡Ah, divino doctor! No me des nada. Tengo tu veneno, tu puesta de sol y tu noche de luna y tu lira, y tu lírico amor. (Sin embargo, en secreto, tu amigo soy, pues más de una vez me has brindado en la copa de mi dolor, con el elixir de la luna celestes gotas de Dios...) Pasa un murciélago. Pasa una mosca. Un moscardón. Una abeja en el crepúsculo. No pasa nada. La muerte llegó. MELANCOLÍA A Domingo Bolívar. Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía. Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas. Voy bajo tempestades y tormentas ciego de ensueño y loco de armonía. Ese es mi mal. Soñar. La poesía es la camisa férrea de mil puntas crüentas que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas dejan caer las gotas de mi melancolía. Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo; a veces me parece que el camino es muy largo, ya veces que es muy corto... Y en este titubeo de aliento y agonía, cargo lleno de penas lo que apenas soporto. ¿No oyes caer las gotas de mi melancolía? ¡ALELUYA! A Manuel Machado. Rosas rosadas y blancas, ramas verdes, corolas frescas, y frescos ramos, ¡Alegría! Nidos en los tibios árboles, huevos en los tibios nidos, dulzura, ¡Alegría! El beso de esa muchacha rubia, y el de esa morena, y el de esa negra, ¡Alegría! Y el vientre de esa pequeña de quince años, y sus brazos armoniosos, ¡Alegría! Y el aliento de la selva virgen, y el de las vírgenes hembras, y las dulces rimas de la Aurora, ¡Alegría, Alegría, Alegría! DE OTOÑO Yo sé que hay quienes dicen: ¿Por qué no canta ahora con aquella locura armoniosa de antaño? Esos no ven la obra profunda de la hora, la labor del minuto y el prodigio del año. Yo, pobre árbol, produje, el amor de la brisa, cuando empecé a crecer, un vago y dulce son. Pasó ya el tiempo de la juvenil sonrisa: ¡dejad al huracán mover mi corazón! A GOYA Poderoso visionario, raro ingenio temerario, por ti enciendo mi incensario. Por ti, cuya gran paleta, caprichosa, brusca, inquieta, debe amar todo poeta; por tus lóbregas visiones, tus blancas irradiaciones, tus negros y bermellones; por tus colores dantescos, por tus majos pintorescos y las glorias de tus frescos. Porque entra en tu gran tesoro el diestro que mata al toro, la niña de rizos de oro, y con el bravo torero, el infante, el caballero, la mantilla y el pandero. Tu loca mano dibuja la silueta de la bruja que en la sombra se arrebuja, y aprende una abracadabra del diablo patas de cabra que hace una mueca macabra. Musa soberbia y confusa, ángel, espectro, medusa: tal aparece tu musa. Tu pincel asombra, hechiza: ya en sus claros electriza, ya en sus sombras sinfoniza; con las manolas amables, los reyes, los miserables, o los cristos lamentables. En tu claroscuro brilla la luz muerta y amarilla de la horrenda pesadilla, o hace encender tu pincel los rojos labios de miel o la sangre del clavel. Tienen ojos asesinos en sus semblantes divinos tus ángeles femeninos. Tu caprichosa alegría mezclaba la luz del día con la noche obscura y fría. Así es de ver y admirar tu misteriosa y sin par pintura crepuscular. De lo que da testimonio: por tus frescos, San Antonio; por tus brujas, el demonio. CARACOL A Antonio Machado. En la playa he encontrado un caracol de oro macizo y recamado de las perlas más finas; Europa le ha tocado con sus manos divinas cuando cruzó las ondas sobre el celeste toro. He llevado a mis labios el caracol sonoro y he suscitado el eco de las dianas marinas; le acerqué a mis oídos, y las azules minas me han contado en voz baja su secreto tesoro. Así la sal me llega de los vientos amargos que en sus hinchadas velas sintió la nave Argos cuando amaron los astros el sueño de Jasón; y oigo un rumor de olas y un incógnito acento y un profundo oleaje y un misterioso viento... (El caracol la forma tiene de un corazón.) AMO, AMAS... Amar, amar, amar, amar siempre, con todo el ser y con la tierra y con el cielo, con lo claro del sol y lo oscuro del lodo: amar por toda ciencia y amar por todo anhelo. Y cuando la montaña de la vida nos sea dura y larga y alta y llena de abismos, amar la inmensidad que es de amor encendida ¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos! SONETO AUTUMNAL, AL MARQUES DE BRADOMIN Marqués (como el Divino lo eres), te saludo. Es el Otoño, y vengo de un Versalles doliente. Había mucho frío y erraba vulgar gente. El chorro de agua de Verlaine estaba mudo. Me quedé pensativo ante un mármol desnudo, cuando vi una paloma que pasó de repente, y por caso de cerebración inconsciente pensé en ti. Toda exégesis en este caso eludo. Versalles otoñal; una paloma; un lindo mármol; un vulgo errante, municipal y espeso; anteriores lecturas de tus sutiles prosas; la reciente impresión de tus triunfos... Prescindo de más detalles para explicarte por eso cómo, autumnal, te envió este ramo de rosas. URNA VOTIVA A Lamberti. Sobre el caro despojo esta urna cincelo: un amable frescor de inmortal siempreviva que decore la greca de la urna votiva en la copa que guarda rocío del cielo; una alondra fugaz sorprendida en su vuelo cuando fuese a cantar en la rama de oliva, una estatua de Diana en la selva nativa que la Musa Armonía envolviera en su velo. Tal, si fuese escultor, con amor cincelara en el mármol divino que me brinda Carrara, coronando la obra una lira, una cruz; y sería mi sueño, al nacer de la aurora, contemplar, en la faz de una niña que llora, una lágrima llena de amor y de luz. PROGRAMA MATINAL ¡Claras horas de la mañana en que mil clarines de oro dicen la divina diana! ¡Salve al celeste Sol sonoro! En la angustia de la ignorancia de lo porvenir, saludemos la barca llena de fragancia que tiene de marfil los remos. Epicúreos o soñadores, amemos la gloriosa Vida, siempre coronados de flores ¡Y siempre la antorcha encendida! Exprimamos de los racimos de nuestra vida transitoria los placeres por que vivimos y los champañas de la gloria. Devanemos de amor los hilos, hagamos, porque es bello, el bien, y después durmamos tranquilos y por siempre jamás. Amén. OFRENDA Bandera que aprisiona el aliento de Abril, corona tu torre de marfil. Cual princesa encantada, eres mimada por un hada de rosado color. Las rosas que tú pises tu boca han de envidiar; los lises, tu pureza estelar. Carrera de Atalanta lleva tu dicha en flor; y canta tu nombre un ruiseñor. Y si meditabunda sientes pena fugaz, inunda luz celeste tu faz. Ronsard, lira de Galia, te daría un ron del; Italia te brindara el pincel, para que la corona tuviese, celestial Madona, en un lienzo inmortal. Ten el laurel cariño, hoy, cuando aspiro a que vaya a ornar tu corpiño mi rimado bouquet. link: http://www.youtube.com/watch?v=QkSAi3zAUPg

La comida "tica" no es muy condimentada, está constituida a base de arroz, frijoles, maiz, verduras, carne, pollo o pescado y suele servirse con tortillas de maíz. Dentro de nuestras comidas típicas que hoy se conservan tenemos: el exquisito bizcocho elaborado con harina de maíz, pan casero, las tortillas compañeras de un sin fin de platinos como: la sopa de mondongo, de albóndigas, la olla de carne, picadillo de papa, de chayote, arracache, plátano verde, guisos, frijoles mOlidos etc., contamos con gran variedad de arroces compuestos como: el famoso arroz con pollo, guacho, jardinero y el sencillo arroz blanco o con achiote. Los gallitos de fríjol molido, chicharrón de cerdo, chorizo y todas las combinaciones que usted desee es un plato exquisito y da la posibilidad de crear la combinación preferida. En diciembre toda las familia elabora los tradicionales "tamales" de Navidad -lo que no quiere decir que no pueda conseguitlo en cualquier época del año-, hechos con masa de maíz, pollo, carne de cerdo, arroz y vegetales. Los productos de mayor consumo en la dieta costarricense son: el maíz, la yuca, los frijoles, el plátano, la carne de cerdo, carne de res, pollo, las papas y, una gran variedad de frutas y verduras frescas. Uno de los platos típicos costarricenses es el "Casado", compuesto de carne o pollo en salsa, acompañado de arroz, frijoles, plátano maduro, ensalada y puré de papa. Se le puede comer, en ocasiones con un huevo o con aguacate, según la época de mayor abundancia de este último producto. En épocas festivas, principalmente en Semana Santa, las familias costarricenses hacen tamalitos de frijol, tamalitos de puré de papa, palmito asado, mazamorra y sopa de bacalao. Como bocadillos tanto dulces como salados están los prestiños, las cocadas, la conserva de chiverre, los suspiros, las quesadillas, los palitos de quesO, entre otros. ¡BUEN APETITO! Empanada de queso INGREDIENTES: 2 tazas de masa 1/2 cucharadita de sal 1/2 taza de queso blanco rallado Pizca de Tabasco, opcional PREPARACIÓN: Mezclar la masa con la sal y el Tabasco. Formar bolitas de 1 1/2 cucharaditas de masa. Poner entre dos hojas de plástico y presionar con una cacerola para formar una tortilla delgada. Poner 1 1/4 cucharaditas de queso rallado en el centro de la tortilla y doblar a la mitad. Sellar suavemente los bordes con la punta de los dedos y freír en aceite hasta que doren. Cerca de 2 docenas. Chorreadas INGREDIENTES: 2 tazas de maíz fresco 1/2 taza de azúcar 1/4 taza de harina 2 huevos 2 cucharadas de mantequilla 1/2 taza de leche 1/2 cucharadita de vainilla, opcional Aceite o mantequilla PREPARACIÓN: Combinar todos los ingredientes en una licuadora y licuar hasta que la mezcla esté grumosa. Freír en aceite o mantequilla formando tortillas. Servir caliente y con queso crema o natilla encima. Salen entre 12 y 20 según el tamaño. Ceviche de mango INGREDIENTES: 8-10 mangos verdes, pelados y cortados en trocitos 2 cucharadas de salsa de tomate (catsup) 1/2 cucharadita de mostaza 1/4 cucharadita de pimienta fresca molida 2 cucharadas de cebolla, finamente picada 1 cucharadita de sal 2 cucharaditas de Salsa Inglesa PREPARACIÓN: Combinar todos los ingredientes, refrigerar. Servir como entrada con galletas de soda. Gallo Pinto (I) El Gallo Pinto es propio del Valle Central de Costa Rica. Es el plato principal y obligatorio para todo desayuno del tico. Hay algunas variantes, especialmente en la región del Caribe, donde se le llama "Rice & Beans" y se prepara con aceite de coco. INGREDIENTES: Culantro 28 gramos Dientes de ajo 4 unidades Cebolla picada 40 gramos Chile dulce picado 40 gramos Salsa Lizano* 50 mililitros Margarina 30 gramos Comino en polvo 5 gramos Sal 15 gramos Arroz pilado 450 gramos Frijoles negros escurridos 275 gramos Caldo de frijol 100 gramos * Si no está disponible, puede sustituirse por salsa Worcestershire (inglesa) PREPARACION: Caliente la Margarina en una olla (salsera), agregue el ajo, el chile y la cebolla, y sofría hasta que suelte olor. Agregue el caldo de Frijol, salsa y comino. Deje que hierva, agregue los frijoles y de nuevo deje que hierva bien agregando luego el arroz. Revuelve bien y deje que llegue a una temperatura de por lo menos 160 grados Farenheit durante 3 minutos. Por último agregue un rollito de culantro (cilantro) picado brocho, retire del fuego y revuelva bien. Usualmente se sirve con Natilla y/o plátano frito. Gallo Pinto (II) INGREDIENTES: La base del gallo pinto son unos frijoles bien cocinados, que tengan buenos olores y jugo o caldo, también arroz blanco. 3 cucharadas de manteca de cerdo 1 taza de cebolla bien picada 230 gramos de chorizo de buena clase 3 tazas de frijol ya cocido 3 tazas de arroz PREPARACION: Ponga al fuego una sarten amplia con la manteca, sobre fuego mediano, caliente la manteca, agregue la cebolla, y fria moviendo por 5 minutos. Retire el pellejo del chorizo y agreguelo moviendolo para que se suelte y se cocine un poco, cerca de 10 minutos. Ahora agregue el arroz y mezcle bien por 3 minutos, de último ponga los frijoles con todo y caldo mezclado, deje que todo se caliente bien. Si fuera necesario para mantener una cierta humedad, agregue un poquito mas de caldo de frijoles. Sirva de inmediato en gallos con tortillas calientes. Si le agrada le puede poner chile picante o pasar una salserita o chilera con chile a su gusto. Gallo Pinto (III) INGREDIENTES: Arroz blanco (del día anterior) frijoles (del día anterior) culantro bien pitado apio bien picado chile bien picado salsa ínglesa (Lizano) aceite o manteca PREPARACION: Ponga a freír el apio, cebolla y chile en el aceite o manteca. Agregue el arroz, los frijoles y la salsa inglesa y revuelva bien todo. Por último, échele a la mezcla el culantro; así le dará más gusto. Arroz con Pollo INGREDIENTES: 2 kilos de arroz 1 pollo entero (previamente cocido con sal, ajo, cebolla, hoja de laurel, oregano y 1 rama de apio) 1 tomate 2 Zanahorias cortadas en rodajas 1/2 chile dulce rojo picado finamente 1 ramita de perejil Culantro 1 cebolla picada finamente 1 lata de hongos 1 lata de arvejas escurridas 2 cucharadas de Salsa Lizano 1 cucharadita de achiote 1 lata de pasta de tomate 2 hojas de laurel Aceite de cocinar Sal, pimienta y comino al gusto PREPARACION: Cocinamos el arroz con la zanahorias y le colocamos el achiote y el agua del pollo (previamente cocinado). Salsa: Se sofrie la cebolla, luego vamos poniendo el chile, apio, tomate, perejil, y el culantro junto con todas las especias, como son la pimienta, salsa lizano, comino, sal, y por último la pasta de tomate. Se deja sudar a fuego lento. El pollo lo desmenuzamos todo sin el pellejo y los huesos. Cuando la salsa esta lista, le colocamos el pollo y lo dejamos sudar por 2 minutos a fuego lento. Se le incorpora poco a poco el arroz y se revuelve muy bien. Por último se le pone los hongos y las arvejas. Se deja reposar un poco tapado para que sude. Olla de Carne (I) INGREDIENTES: Agua 4 litros Carne posta de res 400 gramos Costilla de res 450 gramos Sal 45 gramos Zanahoria 950 gramos Elote 5 unidades Yuca 610 gramos Plátanos 3 unidades Papa 575 gramos Tiquisque 580 gramos PREPARACION: Agregue el agua a una olla previamente colocada sobre el fuego. Agregue sal al gusto. Corte la carne en trozos y agreguela a la olla. Deje a fuego moderado por un lapso de 20 minutos para hacer la sustancia. Pelar las verduras y lavarlas en un recipiente con agua. Corte las verduras en trozos y agreguelas a la olla en orden de dureza, primero las más resistentes al cocido siguiendo el siguiente orden: Agreque la zanahoria, elote, plátano verde y la yuca. Deje reposar cinco minutos antes de agregar las demás verduras. Agregue el tiquisque, papa y camote. Tape la olla y déjela durante 25 minutos en fuego moderado, hasta lograr la consistencia en las verduras. Nota: Puede agregar más verduras, pero no olvide incluirlas de acuerdo con la resistencia al cocido (primero las más resistentes). Olla de carne (II) INGREDIENTES: 550 gr cecina 360 gr costilla de res 13 tazas de agua, 2 consomé de res 1 hoja de laurel 2 cdas chile dulce picado 2 cdas cebolla picada 3 cdas culantro picado 3 cdas apio picado 1 cda sal 150 gr zanahoria en trozos 200 gr de tiquizque en trozos 500 gr de camote en trozos 430 gr papas en trozos 445 gr yuca en trozos 1 chayote partido en 4 2 elotes en trozos 1/4 de repollo en trozos 4 guineos 3 zapallitos en trozos PREPARACION: Poner en Una olla con el agua la carne en trozos, con el consomé, el laurel, chile dulce, cebolla, culantro, y apio. Cocinar la carne a fuego lento tapada, cuando la carne está suave, se le agregán las verduras y la sal, hasta que éstas estén suaves. Sopa Negra (I) INGREDIENTES: (6 porciones) 2 tazas de frijoles negros escogidos y lavados 1 rollo de culantro 1 chile dulce en tiras 1/2 chile dulce picado muy fino 1/2 cucharadita de orégano 1 ramita de apio, ajos, sal y pimienta al gusto 1 cebolla picada PARA DECORAR: 2 huevos duros en tajadas o partidos en mitades a lo largo 1/2 cebolla picada 1/4 de taza de culantro picado PREPARACIÓN: Cocine los frijoles con los ajos, el rollo de culantro, el orégano, el apio, el chile dulce en tiras, la sal y la pimienta, en agua abundante (suficiente para que se cuezan los frijoles hasta quedar blandos). Cuando estén bien cocidos, muélalos o licúelos. En una olla fría un diente de ajo y una cebolla picada y el otro chile dulce bien fino. Cuando estén transparentes agrega los frijoles molidos y prueba la sazón (que esté bien condimentado con sal). Deja cocinar unos minutos más y si están muy espesos agrega agua caliente (esta sopa no debe quedar rala, pero tampoco como un atol). Sirve en platos individuales y adorna con el huevo, la cebolla y el culantro. Sopa Negra (II) INGREDIENTES: 2 tazas de frijoles negros 8 tazas de agua 2 cucharadas de cebolla, finamente picada 2 dientes de ajo, finamente picados 1 cucharadita de sal 2 cucharadas de culantro fresco, finamente picado 2 huevos duros, picados 1 cucharada Salsa Inglesa PREPARACIÓN: Cocinar los frijoles en agua con sal y culantro, cebolla y ajo por 45 minutos en olla de presión. Escurrir y dejar e! caldo aparte Licuar 1 taza de los frijoles y agregar al caldo. Añadir la Salsa Inglesa y el resto de frijoles. Hervir Adornar con los huevos duros picados Mejor si se hace el día anterior. 6 porciones Prestiños (I) INGREDIENTES: 100 cc. vaso de vino dulce 10 huevos 100 cc. vaso de azúcar 100 cc. vaso de anís 100 cc. vaso de aceite que haya sido freído 1 cucharada de semillas de anís 2 cucharaditas de levadura 2 tazas de harina PREPARACION: Se mezclan todos los ingredientes y se añade harina, hasta formar una masa que puedas manejar sin que se pegue a las manos. Se extiende sobre una superficie lisa y se van cortando. Luego Se fríen en abundante aceite y se rocían con azúcar molida o miel. Prestiños (II) INGREDIENTES: 2 Tazas de harina 1 Cucharadita de polvo para hornear 1/2 Cucharadita de Sal 1/4 Cucharadita de crémor tártaro 2 Cucharada de manteca 2 Huevos batidos 1/3 Taza de leche Aceite para freír Siropes de tapa o de maple PREPARACION: En un cuenco mezcle la harina, polvo de hornear, sal, crémor tártaro. Agregue la manteca hasta combinar bien. Haga un pozo en el centro de la mezcla. En un cuenco pequeño combine los huevos y la leche. Agréguelo a la mezcla de harina. Revuelva bien hasta formar una pasta pegajosa. Sobre una superficie ligeramente enharinada amase la pasta por dos minutos o hasta que esté suave. Divida la masa en 24 porciones iguales; forme bolitas. Cubra la masa y deje descansar por 15-20 minutos. Fría en una sartén con 2 centímetros de aceite a 190 grados centígrados. Escurra en toallas de papel. Rocíe con sirope de tapa o de maple. Pozol (I) INGREDIENTES: 1/2 kg de maíz cascado 1/2 kg de posta de cerdo 1/4 kg de costilla de cerdo 2 tomates 1 cebolla en cuadritos 2 dientes de ajo 1/2 taza aceite 2 cda de salsade tomate condimentos al gusto PREPARACION: La noche anterior se deja remojando el maiz. Al día siguiente se fríen las carnes en el aceite, con cebolla, ajos, orégano, sal y pimienta. Se añaden los tomates y se deja cocer hasta que este suave. Se desmenuza la carne, se le adiciona el maíz, se deja cocer todo 30 minutos. Pozol (II) INGREDIENTES: 1/2 kg de maíz cascado 1/2 kg de posta de cerdo 1/4 kg de costilla de cerdo 2 tomates 1 cebolla en cuadritos 2 dientes de ajo 1/2 taza aceite 2 cda de salsade tomate condimentos al gusto PREPARACION: Se toma el maíz cascado y se lava bien para asegurarse de que no tenga hollejilos. Cuando está bien lavado, se le pone en una olla con suficiente agua para que hierva. Una vez haya hervido un rato, se bota esta agua y se le pone agua nueVa caliente y se deja hervir más. Se le escurre esta agua y se le vuelve a poner agua caliente. Se le agrega dos libras de costillita de cerdo sin huesos y bien adobada con olores, dos dientes de ajo bien majaditos, dos tomates pelados y sin semillas, un chile dulce cortado en tiritas, sal, pimienta, comino, unas hojitas de culantro, un pedacito de pellejo de cerdo Cortado en tiritas y se deja hervir a fuego lento hasta que todo esté suave y el maíz bien reventado y que no tenga mucho caldo. Si se deja para el día siguiente, el caldo se espesa un poco más y el sabor es mucho mejor. Algunas personas le agregan yuca en trocitos o plátano verde en trocitos. Si se hace en olla de presión, en unos veinte minutos está el maíz suave. Cajeta de Coco INGREDIENTES: Leche condensada 2 latas Coco rallado 2 tazas Mantequilla sin sal 230 gramos Galleta seca de vainilla (María) 15 unidades PREPARACION: En una olla de fondo grueso ponga a calentar la mantequilla, la leche condensada y el coco rayado revuelva y dejelos hasta que tomen un color dorado. Retire del fuego y agregue las galletas desboronadas. Coloque de nuevo en el fuego y siga moviendo hasta que se despegue del fondo y tenga el espesor deseado. Se retira del fuego, y en estado tibio, se hacen bolitas que se colocan en cápsulas de papel. Si lo desea, al formar las bolitas se puede colocar coco rayado en las manos, y asi las cajetas quedarán forradas en coco. Tortillas de maíz Ingredientes: ¼ de kilo de masa ¼ de kilo de queso blanco y rallarlo 1 cda de margarina Sal al gusto Preparación: Se le agrega la margarina derretida, y sal al gusto. Mezclarlo todo bien. Se van haciendo bolitas, cada bolita se coloca sobre un trozo de plástico, encima, se le pone otro plástico, y con ayuda de un bolillo se aplana, luego se le quita el plástico de encima, y se le va dando forma alrededor de la tortilla.

María Isabel Carvajal Quesada(Carmen Lyra)1888-1949María Isabel Carvajal Quesada conocida como Carmen Lyra, nació en San José el 15 de enero de 1888. Ella popularizó su seudónimo por medio de los cuentos infantiles que escribió, obras que - posterior al movimiento modernista- marcan el advenimiento de la mujer en las letras hispanoamericanas.Sus estudios primarios los hizo en la escuela de su barrio, en el Edificio Metálico; los secundarios, en el Colegio Superior de Señoritas en cuya sección de pedagogía obtuvo el certificado de Maestra Normal en 1904 a los dieciseis años.Sus servicios profesionales en la escuela primaria la llevaron a servir en varias escuelas de San José y en la escuelita rural de El Montecito, provincia de Heredia.En 1906 por su vocación de servicio al prójimo trabajó en el Hospital San Juan de Dios en calidad de novicia religiosa, pero su condición de hija natural le impide continuar. En 1918 publica la novelas “en una silla de ruedas” y “Las fantasías de Juan Silvestre”, consideradas entre sus obras más representativas.En 1919 encabeza la lucha contra la dictadura de los Tinoco y en una manifestación de protesta iniciada por las maestras de San José, arenga a la multitud, la cual enardecida termina por quemar el diario del gobierno “La Información”. Es perseguida por la policía a la cual logra evadir disfrazada de vendedora de periódicos.Aprendió inglés y francés. Después de caer el régimen de los Tinoco asumió el poder Julio Acosta, cuyo gobierno la envió en 1920 a realizar estudios a Europa con el fin de ampliar sus conocimientos pedagógicos sobre las nuevas líneas de la educación primaria, especialmente las de María Montessori sobre los jardines infantiles. Viajó a París, Francia, donde realizó estudios en la Universidad de la Sorbona, visitó Italia y estuvo en Inglaterra. A su regreso de Europa dirigió la Escuela Maternal.Establecida en la Escuela Nornal de Costa Rica la cátedra de Literatura Infantil, fue Carmen Lyra la primera profesora de dicha asignatura en el país. Fuera de la Escuela sirvió en las siguientes instituciones oficiales: Biblioteca Nacional y Patronato Nacional de la Infancia.Para esa época fue expulsada, por sus ideas, de la Escuela Maternal Montessoriana, la cual ella misma había fundado con Luisa González. A partir de ese momento su casa de adobe en el Barrio Amón pasó a ser el centro de tertulia por donde pasarían los más importantes intelectuales y escritores de la época.En 1931 entró a formar parte del Partido Comunista, donde se integró con pasión y con alta exigencia intelectual. Formó, con Luisa González, el Sindicato Único de Mujeres Trabajadoras y propuso la creación de la Organización de Maestras Costarricenses.Es la escritora que más cerca está del realismo en sus inicios en nuestro país. Ha sido considerada la fundadora de la narrativa de tendencia realista social en nuestra patria, luego de escribir sus interesantes cuentos: "Bananos y Hombres" y "Siluetas de la Maternal" que le dieron un gran renombre en nuestra patria y en el extranjero. Sin embargo la obra más conocida en su trayectoria literaria es la popular "Cuentos de mi Tía Panchita", publicados en 1920 por su gran amigo Joaquín García Monge, y de la cual se han hecho numerosas ediciones. El resto de su obra quedó repartida en periódicos y revistas, entre ellas “Bananos y Hombres” (1933), cuento que inicia, con gran realismo la literatura de las bananeras.Muy joven inicia su labor literaria. En sus primeros escritos recibe la influencia de escritores franceses. Sus preocupaciones de educadora encarnaron en su obra cuando compuso teatro infantil (La niña Sol, Había una vez), cuando redactó temas para libros infantiles de texto, en su obra recopiladora y creadora de cuentos para niños o prosa de su propia invención, cuando escribió o dirigió una revista para estudiantes o docentes en general; por lo que como escritora resultó novedosa y ejemplar en nuestro medio literario.Sus primeros trabajos literarios aparecen en las revistas Páginas Ilustradas, Pandemonium, Ariel, Athenea, así como en Repertorio Americano. Posteriormente dirigió las revistas Renovación (artística y pedagógica), San Selerín - una de las primeras revistas infantiles en nuestro país fundada por ella y Lilia González en 1912 - y El maestro, órgano de la Secretaría de Educación, de 1926 a 1929. Al entrar a formar parte del Partido Comunista colabora con el periódico Trabajo, además en el Diario de Costa Rica, La Hora y La Tribuna.Su obra aparece fundamentalmente influida por los cambios ideológicos que se dieron en ella: desde los vaivenes iniciales del cristianismo al anarquismo, el antiimperialismo, su adhesión al socialismo científico y al partido de las clases obreras.Otras obras suyas son En una silla de ruedas (1918), Las fantasías de Juan Silvestre (1918), Obras completas (1972), La cucarachita mandinga (1976), Relatos escogidos (1977) y Los otros cuentos de Carmen Lyra (1985).Los últimos años de su vida se dedicó por entero a la actividad política, destacándose en este campo como periodista expositora de ideas y como hábil dirigente del Partido Vanguardia Popular (comunista). Luego de la caída del gobierno del presidente Teodoro Picado, al concluir la guerra civil de 1948, viajó fuera del país el 23 de abril y se exilió en México ya con su salud quebrantada. Un año más tarde solicitó su retorno, pero éste le fue denegado y el 14 de mayo de 1949 murió lejos de su país. Sus restos llegaron el 20 de mayo y fueron sepultados el 22 de mayo en el Cementerio General de la ciudad de San José.La Asamblea Legislativa la designó BENEMERITA DE LA CULTURA NACIONAL, por decreto No. 1679 de 28 de julio de 1976.A solicitud de la Junta de Educación de Cóbano, distrito del cantón central de Puntarenas, se acordó bautizar a la escuela de ese lugar con su nombre en 1962. Posteriormente la escuela de Concepción de Alajuelita adoptó también el nombre de Carmen Lyra.EN ESTA CASA NACIOY VIVIO PARA SU PUEBLOCARMEN LYRA1888 - 1949Placa que recuerda el lugar donde nació y vivió Carmen Lyraen San José, Barrio Amón, Avenida 7 entre calles 5 y 3.Cronología1888 El 15 de enero nace en San José.1904 Se gradúa de Maestra Normal en el Colegio Superior de Señoritas.1906 Trabaja en el Hospital San Juan de Dios en calidad de novicia religiosa. En este mismo año inicia su actividad literaria en los periódicos y revistas más importantes de la época, tales como PAGINAS ILUSTRADAS, PANDEMONIUM, ARIEL y ATHENEA.1914 Asume la dirección de la revista artística y pedagógica RENOVACION.1918 Se publican sus libros LAS FANTASIAS DE JUAN SILVESTRE y EN UNA SILLA DE RUEDAS.1919 El 13 de junio dirige la Manifestación de Maestros contra el gobierno de Tinoco, la cual termina con la quema del periódico "La Información".1920 Publica su conocida obra CUENTOS DE MI TIA PANCHITA. El gobierno de Julio Acosta la envía a Europa en viaje de estudios.1921 Desempeña la Cátedra de Literatura Infantil en la Escuela Normal de Costa Rica.1926 Funda en San José la Escuela Maternal Montessoriana.1931 Publica en "Repertorio Americano" su ensayo BANANOS Y HOMBRES. Entra a formar parte de la dirección intelectual del Partido Comunista y a colaborar con el periódico TRABAJO, órgano recién fundado de dicho Partido.1949 El 13 de mayo muere en la ciudad de México.Carmen Lyra en su casa.Fotografía de pasaporte 1920, con motivo de su viaje a Europa.Paso Llano, San José de la Montaña, 1940. En una reunión con un grupo de sus amigos, entre los cuales se encuentranel Lic. Manuel Mora V., Carlos Luis Sáenz, Arnoldo Ferreto, Adela Ferreto de Sáenz y Luisa González.LOS CUENTOS DE MI TIA PANCHITA, escritos por Carmen Lyra (María Isabel Carvajal), están considerados ya como clásicos dentro de la literatura infantil de Costa Rica y centroamericana. La gracia prodigiosa de que están animados, el sencillo y rico lenguaje poético que los adorna, y su proyección fabulosa desde las raíces mismas de la tradición e imaginería de los pueblos de Centromamérica, hacen de su lectura un permanente goce y regocijo estético, sólo posible por la mano diestra y madura de esta magnífica escritora costarricense, que supo encontrar con gran habilidad el hilo dorado de la fantasía que conduce al corazón de los niños. Primera edición, 1920 en Ediciones del Repertorio Americano; esta edición electrónica cuenta con las ilustraciones originales de Juan Manuel Sánchez.INDICEEL TONTO DE LAS ADIVINANZASUVIETAJUAN, EL DE LA CARGUITA DE LEÑAESCOMPONTE PERINOLALA MICAEL COTONUDOLA CUCARACHITA MANDINGALA SUEGRA DEL DIABLOLA CASITA DE LAS TORREJASLA FLOR DEL OLIVARLA NEGRA Y LA RUBIAEL PAJARO DULCE ENCANTOSALIR CON UN DOMINGO SIETECuentosdeTío ConejoTIO CONEJO Y TIO COYOTEPORQUE TIO CONEJO TIENE LAS OREJAS TAN LARGASCOMO TIO CONEJO LES JUGO SUCIO A TIA BALLENA Y A TIO ELEFANTEDE COMO TIO CONEJO SALIO DE UN APUROTIO CONEJO COMERCIANTETIO CONEJO Y LOS QUESOSTIO CONEJO Y LOS CAITES DE SU ABUELATIO CONEJO Y EL YURROTIO CONEJO Y EL CABALLO DE MANO JUAN PIEDRATIO CONEJO ENNOVIADOEL TONTO DE LAS ADIVINANZASabía una vez una viejita que tenía dos hijos: uno vivo y otro tonto. Al mayor lo creían vivo porque era trabajador, amigo de guardar su plata y de plantarse bien los domingos. El otro gastaba en tonteras cuanto cinco le caía en las manos, y no le importaba un pito andar hecho un candil de sucio; y le decían por mal nombre "El Grillo".Un día llegó un vecino y le dijo que en el pueblo andaba el cuento de que el rey ofrecía casar a su hija con aquel que pusiera a Su Majestad tres adivinanzas que no pudiera adivinar, y que le adivinaran otras tres que Su Majestad propondría.Otro día se levantó el tonto muy de mañana y dijo a la viejita:--Mama, sabe que he ideado ir yo onde el rey a ver si me gano l'hija. Quien quita que pueda yo sacarlos a ustedes de jaranas.--Jesús, apiate y mirá estas cosas, --contestó la viejita al oir a su hijo. --Callate, tonto de mis culpas, y no me volvás a salir con tus tonteras. Y lo trapió y le dijo unas cosas que no me atrevo a repetir.Pero el muchacho metió cabeza, y cuando la viejita lo vio fue ensillando a Panda, su yegua. Entonces, como no había más remedio, se puso a prepararle un almuerzo para el camino. Fue al solar a cortar unas hojitas de orégano para echarle a una torta de arroz y huevo que le hacía, pero como estaba medio pipiriciega no se fijó que en vez de orégano, cogía unas hojas de una yerba que era un gran veneno.-Por fin el hijo montó a Panda y dijo adiós a su madre y a su hermano, que habían hecho todo lo posible por convencerlo de que desistiera de su viaje.La pobre viejita salió a la tranquera a verlo irse y le dijo: --Que Dios te acompañe, hijó... Aquí nos dejás sólo Dios sabe cómo. Vas a ver que con lo que vas a salir es con una pata de banco.El muchacho no hizo caso y cogió el camino. Al mucho andar sintió hambre, desmontó y sacó de sus alforjas el almuercito que le hiciera su madre. Era en un lugar en donde no crecía ni una mata de hierba. Sintió lástima al pensar que la pobre Panda iba a tener que ayunar. Entonces, aunque le tenía mucha gana a la torta, la cogió y se la dio a su yegua y él se comió un gallito de frijoles que bajó con bebida. Apenas la yegua se tragó la torta, cuando cayó pataleando y enseguida murió a consecuencia del veneno de las hojas con que la viejecita quiso dar gusto a la torta, creyendo que eran de orégano.El muchacho se sentó al lado de su bestia a hacerle el duelo. En esto llegaron tres perros que se pusieron a lamer el hocico a la difunta. ¡Para qué lo hicieron! En seguidita cayeron también pataleando, y a poco murieron.El tonto hizo un hueco para enterrar a Panda y mientras la enterraba, llegaron siete zopilotes que hicieron una fiesta con los tres perros. A poco los siete zopilotes pararon la vista y cayeron tiesos.Entonces, el tonto que no era tan dejado como creían, secó sus lágrimas y se dijo: --No hay mal que por bien no venga... Ya tengo mi primera adivinanza.Siguió anda y anda y se encontró con una vaca que se había despeñado y que estaba en las últimas. La acabó de matar y halló entre su panza un ternerito que estaba para nacer. Lo sacó, asó parte de la carne del animalito y se la comió. Siguió su camino y allá en el peso del día, vio unas palmeras de coco cargaditas de frutas. Como tenía mucha sed, subió a una, cogió unos cocos y bebió su agua.Por fin llegó al palacio del rey se hizo anunciar como un pretendiente a la mano de su hija. Los criados y los señores se pusieron a hacerle burla:¡Lo que no han podido personas inteligentes lo va a poder este no-nos-dejes! --decían y se morían de risa.El rey le hizo algunas reflexiones: Que si no ganaba, lo ahorcaría y que esto y lo de más allá, pero él no hizo caso.La princesa se horrorizó al imaginar que tuviera que casarse con aquel tonto, y por un si acaso, le propuso que si se salía con la suya, se comprometiera a calzarse (porque era descalzo) y vestirse como los señores y, que si no, no habría nada de lo dicho. Y el tonto dijo que bueno.Se reunió un gran gentío en el salón del palacio: el rey con su hija en su trono, los ministros, los duques, los marqueses y cuanta persona que era gran pelota en el país. Y va entrando mi tonto muy en ello y con mucha tranquilidad, como si estuviera en la cocina de su casa, dijo: Allá te va la primera, señor rey:"Torta mató a Panda,Panda mató a tres;Tres muertos mataron a siete vivos".El rey se puso a reflexionar y fue de reflexionar como una hora, y no pudo dar en el chiste. Por fin se dio por vencido. El tonto explicó: --Panda, mi yegua, murió a consecuencia de haberse comido una torta envenenada; llegaron tres perros, le lamieron el hocico y enseguida murieron; bajaron siete zopilotes, se comieron los perros y también murieron.Luego el tonto dijo: --Allá te va la segunda: "Comí carne de un animal que no corría sobre la tierra, ni volaba por los aires, ni andaba en las aguas".Vuelta el rey a cavilar y al cabo de una hora se dio por vencido. El muchacho explicó: --Encontré una vaca que se había despeñado y que estaba boqueando, la acabé de matar y le saqué de la panza un ternerito que estaba para nacer. Lo asé y comí de su carne.Luego el muchacho dijo: --Allá te va la tercera: "Bebí agua dulce que no salía de la tierra, ni caía del cielo".Tampoco pudo esta vez adivinar el rey, y el tonto explicó: --Me bebí el agua de unos cocos y ya ves, señor rey, como al mejor mono se le cae el zapote.Le llegó el turno al rey de proponer sus adivinanzas.Mandó cortar a una chanchita el rabo y lo puso entre una caja de oro que presentó al tonto y le preguntó: -¿Adivinás lo que tengo aquí? --El se rascó la cabeza y al verse en este apuro, se dijo en voz alta: --"Aquí fue donde la puerca torció el rabo..."El rey casi se va de bruces.¡Muchacho! ¿Cómo has hecho para adivinar?El tonto comprendió que de pura chiripa había acertado, y como no era tan tonto, dijo haciéndose el misterioso: --Eso no se puede decir... Eso es muy sencillo para mí...Entonces el rey fue a su cuarto, cogió un grillo que cantaba en un rincón, lo encerró entre su mano y se lo presentó. -¿Qué tengo aquí?El muchacho se puso a ver para arriba, y viendo que nada se le ocurría, se dijo en voz alta: ¡Ah caray! ¡Y en qué apuros tienen a este pobre grillo! (como a él lo llamaban "El grillo"...)El rey se hizo de cruces, la princesa estaba en un hilo y la gente se volvía a ver, admirada.--¡Muchacho de Dios! ¿Cómo has hecho para adivinar?Otra vez los aires misteriosos para contestar:--Muy fácil, pero no se puede decir...Mandó a hacer el rey en un salón un altar con cortinas de oro y plata, candelabros de oro, candelas de cera rosada, floreros y muchos adornos, y sin que nadie lo viera, llenó un vaso de estiércol, lo envolvió bien en un paño de oro bordado con rubíes y brillantes y lo colocó en medio del altar. Hizo llamar al tonto y le preguntó:¿A que no me adivinás qué tengo en este altar?--¿Qué puede ser? ¿~Qué puede ser? --pensaba el muchacho sudando la gota gorda. --Lo que es ahora sí que no adivino... Lo que me voy a sacar es que me ahorquen... --Luego, casi desesperado, dijo: --Bien me lo dijo mi mama que buen adivinador de m... sería yo.El rey se quedó en el otro mundo.--¡Muchacho! ¿Cómo has adivinado? --Y él respondió: --¡Muy fácil! Si así me las dieran todas...Inmediatamente se comenzaron los preparativos para la boda. La princesa estaba que cogía el cielo con las manos. La pobre no tenía nadita de ganas de casarse con aquel gandumbas.Llamó al zapatero para que le tomara las medidas a su futuro esposo de unos zapatos de charol, pero le aconsejó se los dejara lo más apretados que pudiera. Lo mismo al sastre con el vestido y mandó a comprar un cuello bien alto.Cuando llegó el día del matrimonio, el tonto fue a vestirse de señor, pero todo fue ponerse aquellas botas de charol y comenzar a hacer muecas. Le pusieron tirantes, el cuello que casi no le dejaba respirar y las mangas de la leva le quedaban tan angostas que se veía obligado a tener los brazos tan encogidos que parecia un chapulín. Pero lo que no se aguantó fue que le pusieran guantes. Cuando lo vieron fue sacándose la leva y arrancándose el cuello y la corbata y tirando todo por la ventana. Los zapatos de charol fueron a dar a un tejado.--¡Adió! ¡Caray! --gritó al verse libre de todas aquellas tonteras. --¿Yo por qué voy a andar a disgusto?La princesa que estaba escondida detrás de una cortina, ya no podía de tanto reir.El muchacho se fue a buscar al rey y le dijo:--Mucho me gusta su hija, pero más me gusta andar a gusto. Me comprometí a casarme con ella si me vestía de señor, pero yo no sé cómo hacen para andar con los pies bien chimaos, con el pescuezo metido entre esta baina, bien echados para atrás, que les tiene que doler la caja del cuerpo... Prefiero volverme donde mi mama: allí ando yo como me da mi gana; y si me quedo aquí tendré que pasar mi vida como un Niño Dios en retoque. (*)Entonces el rey le dio dos mulas cargadas de oro y el tonto se volvió a su casa, donde lo recibieron muy contentos.(*) Parece que esas sonrientes esculturas que representan al Niño Dios, para retocarlas y trabajar sin dificultad, las aseguran con un tornillo que les meten por detrás.UVIETAues señor, había una vez un viejito muy pobre que vivía solo íngrimo en su casita y se llamaba Uvieta. Un día le entró el repente de irse a rodar tierras, y diciendo y haciendo, se fue a la panadería y compró en pan el único diez que le bailaba en la bolsa. Entonces daban tamaños bollos a tres por diez y de un pan que no era una coyunda como el de ahora, que hasta le duelen a uno las quijadas cuando lo come, sino tostadito por fuera y esponjado por dentro.Volvió a su casa y se puso a acomodar sus tarantines, cuando tun, tun, la puerta. Fue a ver quien era y se encontró con un viejito tembeleque y vuelto una calamidad. El viejito le pidió una limosna y él le dió uno de sus bollos.Se fue a acomodar los otros dos bollos en sus alforjitas, cuando otra vez, tun, tun, la puerta. Abrió y era una viejita toda tulenca y con cara de estar en ayunas. Le pidió una limosna y él le dió otro bollo.Dió una vuelta por la casa, se hechó las alforjas al hombro y ya iba para afuera, cuando otra vez, tun, tun, la puerta.Esta vez era un chiquito, con la cara chorreada, sucio y con el vestido hecho tasajos y flaco como una lombríz. No le quedó más remedio que darle el último bollo. --¡Qué caray! A nadie le falta Dios.A ya sin bastimento, cogió en camino y se fue a rodar tierras.Allá al mucho andar encontró una quebrada.El pobre Uvieta tenía una hambre que la mandaba Dios Padre, pero como no llevaba qué comer, se fue a la quebrada a engañar a la tripa echándole agua. En eso se le apareció el viejito que le fue a pedir limosna y le dijo: --Uvieta, que manda a decir Nuestro Señor, que qué querés; que le pidas cuanto se te antoje. El está muy agradecido con vos porque nos socorriste; porque mirá, Uvieta, los que fuimos a pedirte limosna éramos las Tres Divinas Personas: Jesús, María y José. Yo soy José. ¡Con que decí vos! ¡Cómo estarán por allá con Uvieta! Si se pasan con que Uvieta arriba, Uvieta abajo, Uvieta por aquí y Uvieta por allá.Uvieta se puso a pensar qué cosas pediría y al fin dijo: --Pues andá decirle que me mande un saco donde vayan a parar las cosas que yo deseo.San José salió como un cachiflín para el cielo y a poco estuvo de vuelta con el saco.Uvieta se lo echó al hombro. En esto iba pasando una mujer con una batea llena de quesadillas en la cabeza.Uvieta dijo: --Vengan esas quesadillas a mi saco.Y las quesadillas vinieron a parar al saco de Uvieta, quien se sentó junto a la cerca y se las zampó en un momento y todavía se quedó buscando.Volvió a coger el camino y allá al mucho andar se encontró con la viejita que le había pedido limosna. La viejita le dijo: --Uvieta, que manda a decir Nuestro Señor, mi hijo, que si se te ofrece algo, se lo pidás.Uvieta no era nada ambicioso y contestó: - No, Mariquita dígale que muchas gracias, con el saco tengo. Panza llena, corazón contento. ¿Qué más quiero?La Virgen se puso a suplicarle: --¡Jesús, Uvieta, no seas tan malagradecido! No me despreciés a mí. ¡Ajá, a José sí pudiste pedirle, y a mí que me muerda un burro!Entonces a Uvieta le pareció muy feo despreciar a Nuestra Señora y le dijo: --Pues bueno: como yo me llamo Uvieta que me siembre allá en casa un palito de uvas y que quienes se suba a él no se pueda bajar sin mi permiso.La Virgen le contestó que ya lo podía dar por hecho y se despidió de Uvieta.Este siguió su camino y encontró otro quebrada. Le dieron ganas de tomar agua y se acercó. En la corriente vió pasar muchos pecesitos muy gordos. Como tenía hambre dijo: --Vengan estos peces ya compuesticos en una salsa tan rica, que era cosa de reventar comiéndolos.Después siguió su camino y se salió un viejito que le dijo: -Uvieta, que manda a decir Nuestro Señor qué si se te ofrece algo. El no viene en persona porque no es conveniente, vos ves... ¡Al fin El es Quien es! ¡Qué parecía que El tuviera que repicar y andar la procesión!--Yo no quiero nada-- respondió Uvieta.--¡No seas sapance, hombre! Pedí, que en la Gloria andan con vos ten que ten. No te andés con que te da pena y pedí lo que se te antoje, que bien lo mereces.--¡Ay, qué santico este más pelotero! --pensó Uvieta y quería seguir su camino pero el otro detrás con su necedad y por quitarse aquel sinapismo de encima, le dijo Uvieta: --Bueno es el culantro pero no tanto. ¡Ave María! ¡Tántas aquellas por unos bollos de pan! Bueno, pues decile a Nuestro Señor que lo que deseo me deje morirme a la hora que a mí me dé la gana.Pero no siguió adelante, porque quiso ir a ver si deberas le habían sembrado el palito de uvas, y se devolvió.Anda y anda hasta que llegó, y no era mentiras: allí en el solarcito estaba el palo de uva que daba gusto. Al verlo, Uvieta se puso que no cabía en los calzones de la contentera.Bueno, pasaron los días y Uvieta vuelto turumba con su palo de uvas. Y nadie le cachaba.Ya todo el mundo sabía que el que se encaramaba en el palo de uva, no podía bajar sin el permiso de Uvieta.Un día pensó Nuestro Señor: --¡Qué engreidito que está Uvieta con su palo de uva! Pues después de un gustazo, un trancazo. --Y Tatica Dios llamó a la Muerte y le dijo: --Andá jalámele el mecate a aquel cristiano que ya ni se acuerda que hay Dios en los Cielos por estar pensando en su palo de uvas.Y la Muerte, que es muy sácalas con Tatica Dios, bajó en una estampida. Llegó donde Uvieta y tocó la puerta. Salió el otro y se va encontrando con mi señora. Pero no se dió por medio menos y como si la viera todos los días, le dijo:--¡Adiós trabajos! ¿Y eso qué anda haciendo comadrita?--Pues que me manda Nuestro Señor por vos.-- ¿Idiay, pues no quedamos en que yo me iría para el otro lado cuando a mí me diera la gana?--No sé, no sé, --contestó la Muerte. --Donde manda capitán no manda marinero.¡Ay! Como no se le vaya a volver la venada careta a Nuestro Señor. --Pensó Uvieta.--Bueno, comadrita, pase adelante y se sienta mientras voy a doblar los petates.La Muerte entró y Uvieta la sentó de modo que viera el palo de uvas que estaba que se venía abajo de uvas. - Aviaos que no le fueran a dar ganas de probarlas! --La Muerte al verlo no pudo menos que decir: --¡Qué hermosura, Uvieta!Y el confisgao de Uvieta que se hacía que estaba doblando los petates, le respondió: --¿Por qué no se sube, comadrita, y come hasta que no le quepan?La otra no se hizo de rogar y se encarmó.Verla arriba Uvieta y comenzar a carcajearse como un descosido, fue uno.--Lo que el sapo quería, comadrita --le gritó-- .A ver si se apea de allí hasta que a mí me dé mi regalada gana.La muerte quería bajar, pero no podía, y allí se estuvo y fueron pasando los años y nadie se moría. Ya la gente no cabía en la tierra, y los viejos caducando andaban dundos por todas partes, y Nuestro Señor como agua para chocolate con Uvieta, y recados van y recados vienen: hoy mandaba al gigantón de San Cristóbal, mañana a San Luis rey, pasado mañana a San Miguel Arcángel con así espada: --Qué Uvieta, que manda a decir Nuestro Señor que dejés apearse a la Muerte del palo de uva, que si no vas a ver la que le va a pasar.Y otro día: --Uvieta, que dice Nuetro Señor que por vida tuyita, dejés apearse a la Muerte del palo de uva.Y otro día: --Uvieta, que dice Nuetro Señor que no te vas a quedar riendo, que vas a ver. --Pero a él por un oído le entraba y por otro le salía. Y Uvieta decía: --¡Ah sí, por sapo que la dejo apearse!Por fin Tatica Dios le mandó a decir que dejara bajar la Muerte y que le prometía que a él no se lo llevaría.Entonces Uvieta dejó bajar a la Muerte, quien subió escupida a ponerse a las órdenes de Dios.Pero Nuestro Señor no había quedado nada cómodo con Uvieta y mandó al diablo por él.Llegó el Diablo y tocó la puerta: --Upe, Uvieta.El preguntó de adentro: --¿Quién es?Y el otro por broma le contestó: --La vieja Inés con las patas al revés.Pero a Uvieta le sonó muy feo aquella voz: era como si hablaran entre un barril y al mismo tiempo reventaran triquitrates. Se asomó por el hueco de la cerradura y al ver al diablo se quedó chiquitico.--¡Ni por la jurisca! ¡Si es el Malo! ¡Seguro que lo mandan por mí, por lo que le hice a la Muerte, ni más ni menos! ¿Ahora qué hago?Pero en esto se le ocurrió una idea y corrió a su baúl, sacó su saco, abrió la puerta y sin dejar chistar al otro dijo: --¡Al saco el diablo!Y cuando el pisuicas se percató, esta entre el saco de Uvieta.--¡Ahora sí, tío Coles-- le gritó Uvieta-- vas a ver la que te vas a sacar por andar de cucharilla!El demonio se puso a meterle una larga y una corta, pero Uvieta le dijo: --¡Ah! sí. ¡Qué te la crea tizote! --Y cogió un palo y le arrió sin misericordia, hasta que lo hizo polvo.A los gritos tuvo que mandar Nuestro Señor a ver qué pasaba. Cuando lo supo, prometió a Uvieta que si dejaba de pegar al diablo, a él nada le pasaría. Uvieta dejó de dar y Nuestro Señor se vió a palitos para volver hacer al diablo de aquel montón de polvo.Y el patas salió que se quebraba para el infierno.Ya Nuestro Señor estaba a jarros con Uvieta y mandó otra vez a la Muerte: --que no se anduviera con contumerias, ni se dejara tener conversona--. Agárralo ojalá dormido y me lo traes. Míra que si otra vez te dejas enñagar, quedás en los petates conmigo.A la Muerte le entró verguencilla y siguiendo los consejos de Nuestro Amo, bajó de noche y cuando Uvieta estaba bien privado, lo cogió de las mechas, arrió con él para el otro mundo y lo dejó en la puerta de la Gloria para que allí hicieran con él lo que les diera la gana.Cuando San Pedro abrió la puerta por la mañana, se va encontrando con mi señor de clucas cerca de la puerta y como con abejón en el buche.San Pedro le preguntó quién era, y al oír que Uvieta, le hizo la cruz. Si no hubiera estado en aquel sagrado lugar, le hubieran dicho: --¡Te me das de aquí, puñetero! --Pero como estaba, y además él es un santo muy comedido, le dijo: --¡Te me vas de aquí, que bastante le has regado las bilis a Nuestro Señor!-- ¿Y para dónde cojo?-- ¿Para dónde? Pues para el infierno, pero es ya, con el ya.Uvieta cogió el camino del infierno. El diablo se estaba paseando por el corredor. Ver a Uvieta y salir despavorido para adentro, fue uno. Además atrancó bien la puerta y llamó a todos los diablos para que trajeran cuanto chunche encontraran y lo pusieran contra la puerta, porque allí estaba Uvieta el hombre que lo había hecho polvo.Uvieta llegó y llamó pero antes usaban llamar las gentes cuando llegaban a una casa: --¡Ave María Purísima! ¡Ave María Purísima! --Por supuesto que al oír esto los demonios se pusieron como si les mentaran la mama.Y allí estuvo el otro como tres días, dándole a la puerta y ¡Ave María Purísima! ¡Ave María Purísima!Como no le abrían, se devolvió. Cuando iba pasando frente a la puerta del Cielo, le dijo San Pedro: --¿Idiai, Uvieta, todavía andás pajareando?--¿Idiai, qué quiere que haga? Allí estoy hace tres días dándole a aquella puerta y no me abren.--¿Y eso qué será? ¿Cómo llamás vos?-- ¿Yo? Pues: ¡Ave María Purísima! ¡Ave María Purísima!La Virgen estaba en el patio dando de comer a unas gallinas que le habían regalado, con el pico y las patitas de oro y que ponían huevos de oro. Cuando oyó decir: ¡Ave María Purísima! se asomó creyendo que la llamaban.Al ver a Uvieta se puso muy contenta.--¿Qué hace Dios de esa vida, Uvieta? Entre para adentro.San Pedro no se atrevió a contradecir a María Santísima y Uvieta se metió muy orondo a la Gloria y yo me meto por un huequito y me salgo por otro para que ustedes me cuenten otro.JUAN, EL DE LA CARGUITA DE LEÑAabía una vez una viejita que tenía tres hijos: dos vivos y uno tonto. Los dos vivos eran muy ruines con la madre y nunca le hacían caso, pero el tonto era muy bueno con ella y era el palito de sus enredos. Los dos vivos se pasaban en la ciudad haciendo que hacían, porque eran unos grandes vagabundos. Lo cierto es que el tonto no era nada tonto, pero como era tan bueno lo creían tonto, porque así es la vida.Pues señor; un día lo mandó la anciana a la montaña a traer una carguita de leña. El fue e hizo una buena carga, y cuando estaba rejuntando las burusquitas para que su madre no le costara encender el fuego por la mañana, se le apareció una viejita que traía una varillita en la mano.Ella le dijo:-- Mirá, Juan, aquí te traigo esta varillita de regalo. Es como un premio por lo sumiso que sos con tu mama.Juan preguntó: --¿Y para qué me sirve?--Para todo lo que se antoje: ¿que querés plata? Pues a pedírsela a la varillita. Y si no, mirá: cuando estés muy cansado, vas a tocar con ella la carga de leña y al mismo tiempo le decís: Varillita, varillita, por la virtud que Dios te dió, que mi carguita de leña me sirva de coche y me lleve a casa.Así lo hizo Juan; se sentó en la carga de leña y en un abrir y cerrar de ojos estuvo en su casa.Juan no dijo a nadie una palabra de lo que le pasara. Pero desde ese día no volvió a caminar por sus propios pies, sino que andaba para arriba y para abajo encajado en la carga de leña. Y cuando su madre o sus hermanos le preguntaban, se hacía el sordo.Sucedió que las hijas del rey venían de cuando en cuando a bañarse en una poza que había cerca de la casa de ellos. Un día de tantos, salió la menor en un vivo llanto del baño porque se le había caído en el agua su sortija. A cada una de las niñas le había regalado el rey un anillo nunca visto, y que se encomendara a Dios la que lo perdiera.A la noche llegaron los dos vivos con el cuento de que el rey estaba que se lo llevaba la trampa, porque la menor de las princesas había perdido su sortija en la poza, y que Su Majestad había ofrecido que aquel que la encontrara, sería el marido de su hija.Apenas amanaeció, corrieron los dos vivos a buscar en la poza, pero nada. Así que se fueron ellos, llegó el tonto con su varillita, tocó el agua y dijo: --Varillita, varillita, por la virtud que Dios te dió, reparame la sortija. --Y deveras, la sortija salió y se ensartó en la varillita. La guardó, tocó con su varillita la carga de leña, y pidió que ésta lo llevara al palacio del rey.Cuando estuvo ante la puerta, los soldados que estaban de centinelas, lo cogieron de mingo, y por supuesto, no querían dejarlo entrar.Pero el tonto armó un alboroto. El rey oyó y mandó a ver qué era aquella samotana y al saberlo ordenó que lo dejaran pasar.Y fue subiendo escaleras arriba, arrodajado en su carga de leña y así entró en el salón, en donde estaba el rey con toda su corte. Bajó de su vehículo alguillo chillado, sacó la sortija de su bolsa y dijo: --Señor rey, aquí traigo la sortija de la niña, y a ver en qué quedamos de casamiento.Todos al verlo entrar, reían a carcajadas y al oír sus pretensiones, quisieron echarlo a broma y a decir que la miel no se había hecho para los zopilotes. Pero cuando oyeron al rey decir que estaba dispuesto a cumplir lo prometido, se quedaron en el otro mundo.La pobre princesa comenzó a hacer cucharas y por último soltó al llanto.Las tres niñas se tiraron de rodillas ante su padre y se pusieron a rogarle, pero él les dijo: --Yo di mi palabra de rey y tengo que cumplirla.Luego cogió a su hija menor por su cuenta y se puso a aconsejarla con muy buenas razones, porque este rey no era nada engreído: --Vea, hijita a nadie hay que hacerle ¡che! en esta vida. No hay que dejarse ir de bruces por las apariencias. ¡Quién quita que le salga un marido nonis! Y en esta vida, uno se hace ilusiones de que porque a veces se sienta en un trono es más que los que se sientan en un banco. Pues nada de eso, criatura, que sólo Cristo es español y Mariquita señora...Y por ese camino siguió calmando a su hija, pero ella como si tal cosa, no dejaba su llanto y sus sollozos, porque no hallaba cómo casarse con aquel hombre tan infeliz. Y cuando recordaba que había entrado en el salón sobre una carga de leña y que todos se esmorecieron de la risa, sentía que se le asaba la cara de verguenza.Pero no hubo remedio y llegó el día del casorio.La madre y los hermanos del tonto estaban en ayunas de la que pasaba.Bueno, pues llegó el día del casorio, que sería a las doce del día en la Catedral.El tonto salió como si tal cosa, montado en su carga de leña, pero al ir a entrar en la ciudad, tocó la carga con su varita y dijo: -- Varillita, varillita, por la virtud que Dios te dió, que la carga de leña se vuelva un coche de plata, con unos caballos blancos que nunca se hayan visto, y yo un gran señor muy hermoso y muy inteligente--. Y la carga de leña se transformó en una carroza de plata y él, en un gran señor.Cuando la gente vió detenerse aquella carroza frente al palacio y bajar aquel príncipe tan hermoso se quedó con la boca abierta.La princesa estaba en un rincón y no tenía consuelo. Hasta fea estaba, ella que era tan preciosa, de tanto llorar: con los ojos como chiles y la nariz como un tomate.¡Ay, Dios mío, ¡Qué fue aquello! De pronto entra un príncipe muy hermoso, la coge de una mano, se la lleva y la mete en una carroza de plata. Sale la carroza que se quiebra para la Catedral y allí los casa el señor Obispo. Vuelven al palacio y ¡qué bailes y qué fiestas!La pricesa no sabía si estaba dormida o despierta. Cuando comenzó el baile, ella bailó con su marido y todo el mundo les hizo rueda, y no tanto por admirarla a ella como a él. Las otras dos princesas que se habían burlado antes del triste novio y de su carga de leña, estaban ahora con su poquito de envidia y no hallaban en donde ponerlo. Y todo el mundo: ¡ Juan arriba y Juan abajo!Juan se fue a un rincón, sobó su varillita y le dijo: --Varillita, varillita, por la virtud que Dios te dió, que la casilla de nosotros se vuelva un palacio de cristal y mi madre una gran señora.Y así fue: la viejita estaba en la cocina en pleitos con el fuego y echando de menos a Juan, que de unos días para acá se le había vuelto muy pata caliente, cuando oyó un ruidal y como que se mareaba: al volver en sí, se vió en una gran sala de cristal con muebles dorados y ella sentada en un sillón, vestida de terciopelo y abanicándose con un abanico de plumas; a su alrededor una partida de sirvientes que se querían deshacer por sonarle la nariz, por abanicarle y hasta por llevarla en silla de manos allá fuera. Por todas partes salían y entraban criados muy atareados. De pronto oyó ruidos de coches, y en la sala vecina comenzó a tocar una música que era lo mismo que estar en el Cielo. Por último ve entrar una pareja, como quien dice un rey y una reina ... ambos le echaron los brazos y la voz de Juan que dice: -- Mamita, aquí tiene a mi esposa. Y más atrás venían el rey, la reina, las princesas y cuanto marqués y conde había en el país.Allá al anochecer, estaba la fiesta en lo mejor, llegaron los hermanos que andaban de parranda. Juan los encerró en un cuarto, y otro día cuando estuvieron frescos, les contó lo que pasaba y que si se formalizaban, los casaba con las otras princesas. De veras, ellos se formalizaron y se casaron. Juan y su esposa fueron reyes y todos vivieron muy felices.ESCOMPONTE PERINOLAabía una vez un hombre muy torcido, muy torcido. Parecía que el tuerce lo hubiera cogido de mingo. Como era más torcido que un cacho de venado, le pusieron el apodo de Cacho de Venado y así todo el mundo le llamaba Juan, Cacho e´ Venao; pero con el tiempo, por abreviar, sólo le decían Juan Cacho.Creyendo hacer una gracia, se casó, pero la paloma le salío un sapo, porque la mujer tenía un humor que sólo el santo Job la podía aguantar. Parecía que el pobre Juan Cacho se hubiera puesto expresamente a buscar con candela la mujer más mal geniosa del mundo.Para alivio de males era peor que una cuila para tener hijos. Y no echaba las criaturas al mundo como Dios manda, sino que cada rato salía mi señora con guápiles. En un momento se llenaron de chiquillos. ¡Y había que ver lo que era mantener aquella marimba!.Luego, con ese tuerce, era rara la semana que Juan podía salir adelante, porque nada más que pichuleos era lo que encontraba. Y no era que el hombre de Dios fuera un atenido de esos que les gusta pasarse la vida rascándose la panza. No. Si era amigo de Gurrugucear el real por todo.El lo mismo le hacía a una cosa que a otra, y todo sabía hacer: él encalaba, él cogía goteras, él desyerbaba; él metía y picaba leña; él remendaba ollas; él jalaba diarios; él, para hacer barbacoas a las matas de chayote; él para sacar raíces.¿Que un remiendo de albañil? Allí estaba Juan Cacho. ¿Que componer una cumbrera? Allí estaba Juan Cacho. En fin, él hacía lo que podía pero nunca quedaba bien con aquella fierísima de su mujer. Había que ver las samotanas que le armaba los sábados, cuando llegaba con la mantención escasa... ¡Válgame Dios! La mujer le tiraba las cuatro papas y los frijolillos, el maicillo y la tapilla de dulce.Los chiquillos eran enfermizos, llenos de granos, sucios y con el ejemplo que les daba la Mama, también malcriados con el Tata.Por fin un día a Juan se le llenó la cachimba, como dicen, y no quiso aguantar más. Echó sus cuatro chécheres en un saco y se fue a rodar tierras.De camino se ganó unos rialitos y compró, para matar el hambre, un diez de pan y quince de salchichón. Anda y anda, le agarró la noche en despoblado y de ribete comenzó a llover. Se metió en un rastrojo en donde quedaba en pie una media agua de cañas y hojas. Encendió un fogón para calentarse, se arrodajó en el suelo y sacó de su morral el pan y el salchichón, dispuesto a no dejar ni una borona.Iba a echarse el primer bocado, cuando oyó que le dijeron:--¡Ave María Purísima!Levantó los ojos y va viendo un viejitico todo tulenquito hecho un pirrís, apoyado en un bordón. Tenía cuatro mechas canosas y una barbilla rala y todo él inspiraba lástima. Al viejito se le iba los ojos detrás del pan y del salchichón.--¡Sea por Dios! Y Juan Cacho tenía tanta hambre. Pero, ¡qué caray!, donde hay para uno hay para dos.--Aquí hay pa juntos, amigó, dijo Juan Cacho al viejito.El viejito no se hizo de rogar; se arrodajó también en el suelo y se puso a comer con una gana, que es veía que hacía su rato no probaba bocado. Y si Juan Cacho no se anda listo, no lo deja a oscuras.Así que comieron y medio se calentaron, se echaron a dormir sobre la hojarasca.Cuando comenzaron las claras del día, despertó Juan Cacho y vió al viejito dispuesto a darle agua a los caites. Hacía un frío que no se aguantaba. ¡Ah!, ¡un jarro de café bien caliente!, pensó Juan. El viejito, como si le estuviera leyendo el pensamiento, le dijo:--Hombré, ¿te gustaría tomar una tasa de café acabadito de chorrear? Por supuesto que con eso no hizo más que alborotarle las ganas. El viejito se fue sacando de la bolsa una servilleta blanquitica que daba gusto. No parecía que entre el montón de chuicas que era el viejo, pudiera haber un trapo tan limpio.--Tomá, le dijo, te voy a hacer este regalo.--¿Y para qué quiero yo esto?, pensó Juan Cacho. Será para limpiarme el hambre de la boca...Como si hubiera oído esta reflexión, el viejito le respondió:--No creás, hijó. Esta es una servilleta de virtud. Te la doy para premiarte tu buen corazón. Me diste la mitad de lo que tenías. Yo sé que te quedaste con hambre por mí.Juan se quedó viendo a su huésped y se puso en un temblor cuando se dió cuenta de que ya no era un viejito tulenquito, con una barbilla rala y cuatro mechas canosas, cubierto de chuicas, sino TATICA DIOS en persona, envuelto en resplandores. Juan se puso de rodillas y le rezó el Bendito Alabado. El señor le dijo:--Extendé la servilleta en el suelo y decí: “Servilletica, por la virtud que Dios te dió, dame de comer”.Entonces la servilleta se hizo un gran mantel y sobre él apareció una gran cafetera llena de café caliente y aromático; un pichel lleno de postrera amarillita y acabada de ordeñar; un cerro de tortillas de queso, doradas, de esas que al partirlas echan un vaho caliente que huele a la pura gloria y que al partirlas hacen hebras; un tazón de natilla; bollos de pan dulce con su corteza morena, de los que se esponjan al partirlos y se ven amarillos de huevo y de aliño; tarritos de jalea de membrillo y de guayaba; pollos asados, frutas , en fin, tanta cosa que sería largo de enumerar.Cuando Juan volvió a ver, ya Tatica Dios no estaba allí. Juan estaba muy asustado con la aparición, pero pudo más el hambre y se puso a comer todas aquellas ricuras con las que jamás había soñado su imaginación de pobrecito.Cuando terminó, todavía quedaban viandas como para una semana. Recogió la vajilla que era de oro y plata y de la más fina porcelana y puso todo lo que pudo en su saco, porque no creía que la cosa se repitiera. Luego se guardó la servilleta.Allá de camino, por tantear, la volvió a extender sobre el zacate y dijo: “Servilletica, por la virtú que Dios te dió, dame de comer”. Y otra vez apareció un banquete que se lo hubieran deseado los obispos y los reyes. Lo que hizo fue que en el primer rancho que encontró, avisó para que fueran a recoger todo aquello.Juan Cacho pensó en su chiquillos hambrientos, y a pesar de lo mal criados que eran , y de su mujer, creyó que su deber era volver a donde ellos y darles de comer. Y se puso a imaginarlos sentados alrededor de un banquete como los que había tenido enfrente. Lo que voy a hacer, pensó, es no dejarlos comer mucho, para que no se empachen.Al anochecer llegó a un sesteo. Bajo un gran higuerón y sentados alrededor de una gran fogata, había muchos boyeros y hombres que venían arreando ganado. Estaban tomando café que le habían comprado al dueño del sesteo. La verdad es que lo que vendía este hombre, no era café, sino agua chacha. Entonces Juan Cacho les dijo:--Boten esa cochinada y van a probar lo que es café. ¡Y no van a tomar café vacío!...Diciendo y haciendo, extendió en el suelo su servilleta y dijo: “Servilletica, por la virtú que Dios te dió, danos de comer”. Y aparecieron el café, y la postrera y la natilla y los pollos asados y vinos y las sabrosuras. Toda aquella gente acostumbrada a arroz, frijoles y bebida, no se atrevían a tocar los ricos manjares.Juan les dijo: “¡Ideay, viejos, aturrúcenle, que ahora es tiempo!”Los arrieros no se hicieron de rogar. A poquito rato se les habían subido los tragos y aquello era parranda y media.El dueño del sesteo era lo que se llama un hombre angurriento, de los que no pueden ver bocado en boca ajena, y en cuanto se dió cuenta del tesoro que era aquella servilleta, le echó el ojo.Apenas vió que Juan Cacho se había dormido, le sacó la servilleta y le puso otra en su lugar. Y Juan, que había caído como una piedra, tan rendido estaba, y que además andaba medio tuturuto con los tragos que se había tomado, no sintió nada.Antes de amanacer se levantó Juan Cacho ya fresco, se cercioró de que tenía la servilleta entre la bolsa y cogió para su casa. De camino se iba haciendo ilusiones, de la sorpresa que les iba a dar a su mujer y a sus chiquillos; de lo mansita que se le iba a poner la alacrana de su esposa y se imaginaba a cada una de sus criaturas con un pollo asado en la mano.Cuando llegó a su casucha, entró muy orondo, dándose aire de persona quitada de ruidos.En cuanto lo vió la chompipona de su mujer comenzó a insultarlo; pero él no le hizo caso y se fue derecho al fogón, y destapó la olla que tenía en el fuego. Al ver que lo que había en la olla eran cuatro guineos bailando en agua de sal, se echó a reír y los tiró a medio patio. La mujer y los chiquillos creían que el hombre se había chiflado.--¡Van a ver lo que les traigo de comer!, les dijo. En cambio de esa cochinada que tenían en el fuego, les voy a dar pollos, chompipes, vino y dulces, de caer sentados comiendo.Y ñor Aquel cogió los cuatro chunches que tenían sobre la mesa renca, los tiró por donde primero pudo; se sacó de la bolsa la servilleta; con mil piruetas la extendió sobre la mesa y, echándose para atrás, grito: “ Servilletica, por la virtud que Dios te dió, danos de comer”.¡Y nada!...Juan Cacho se quedó más muerto que vivo. ¡María Santísima! ¿Qué era eso? ¿Será que no le había oído la servilleta? Volvió a repetir. ¡Y nada! ¿Lo habría cogido de mona Tatica Dios? No podía ser. El no es de esos que cogen de mona a nadie. ¿Pues, y esto qué era?Entre tanto la mujer había vuelto a coger los estribos: agarró un palo de leña y se lo dejó ir con toda alma, que si no se agacha el hombre, le parte la jupa por la pura mitad. Y no fue cuento, Juan Cacho tuvo que salir por aquí es camino, mientras el culebrón y los chacalincillos le gritaban improperios.Bueno, Juan Cacho quiso ir a darle las quejas a Tatica Dios, de lo que le había pasado y se puso al caite, camino del lugar en donde se lo había encontrado. Llegó al anochecer, sin haber probado bocado y con abejón en el buche. Encendió un fogón y se sentó a esperar. Allá, al mucho rato, de veras fue llegando Nuestro Señor con un borriquito de diestro.--¿Ideay, hijó, qué estás haciendo aquí?; le preguntó.A Juan se le pegó el nudo.--¿Que qué estoy haciendo?... ¡Pero mi Señor Jesucristo, si vos debés saberlo!... Lo que es la tal servilleta, en mi casa no me sirvió sino para ponerme en vergüenza. Va de decile y decile y lo que hizo esta piedra, hizo ella. De allí salí que deseaba me tragara la tierra ... Había que ver a mi mujer que es más brava que un solimán, después, que le tiré los guineos al patio...--¡Oh, Juan, le dijo Nuestro Señor, vos sí que sos sencillo! En fin, aquí te traigo este borriquito... A ver, extendé en el suelo ese saco que traes.Juan lo extendió.--¡Ppp, Ppp!, hizo el Señor, animando al borriquito para que se parara sobre el saco.Cuando la bestia se colocó sobre el saco, Tatica Dios ordenó a Juan que fuera repitiendo con El lo que decía:--“Borriquito, por la virtud que Dios te dió, reparame plata”. No lo habían acabado de decir, cuando el animal se puso a echar monedas por el trasero; monedas en vez de estiércol.¡Ay, Dios mío!, ¿Qué era aquello?Cuando Juan levantó los ojos para ver a Tatica Dios, ya éste había desaparecido.Juan se puso a bailar en una pata de la contentera y no aguardó razones, sino que cogió el camino de vuelta.Cuando pasó por el sesteo, se sintió muy rendido y entró a pedir posada.Apenas lo vió el dueño, se quedó chiquitico, pensando que el otro venía a reclamarle.--¡Hola, compadrito! ¡Dichosos ojos! ¿Y qué viento lo trae por aquí?Y Juan, que no tenía pringue de malicia, le soltó:--¡Viera, viejo, lo que traigo! ¡Esto sí que es cosa buena! Vamos y tráigame una cobija o un trapo y va a ver usté...El hombre no se hizo rogar y cogió un pedazo de mantalona que estaba a mano. Juan hizo que el burro se colocara encima de la mantalona y dijo: --Burriquito, por la virtú que Dios te dió, reparame plata.Y al momento estaba el burro echando monedas de oro por el trasero, en vez de estiércol.Al hombre casi le da una descomposición del susto de ver aquel gran montón de monedas de oro. Y al momento se puso a pensar que este burro tenía que ser de él.Lo primero que hizo fue darle guaro a Juan para que se almadeara; luego lo llevó a acostarse. Pero en medio de la soca que se tenía, el pobre Juan no perdía del todo el sentido y no soltaba el mecate con que llevaba amarrado el burro. Al fin del cuento se privó y entonces el otro aprovechó la oportunidad para quitarle el burro y cambiárselo por otro muy parecido.Al día siguiente muy de mañana, se puso Juan camino de su casa. Como estaba de goma y él de por sí no era muy observador, no se fijó en que le habían cambiado el animal. Bueno, el caso es que llegó a la casa y se metió con todo y burro. Como se sentía muy seguro, no hizo caso de los denuestos con que lo recibió la gallota de su mujer. Juan se fue derechito a la cama, quitó la cobijilla colorada llena de churretes de candela con que todavía estaban cobijados los chacalincillos, la tendió en el suelo e hizo que el burro se encaramara sobre ella. Luego gritó entusiasmado:--Burriquito, por la virtú que Dios te dió, reparanos plata.¡Y nada!Volvió a decirle y nada. ¡Ayayay! ¿Qué era esto, María Santísima? Otra vez le gritó:--Burriquito, que por la virtú que Dios te dió repararme plata.Y lo que hizo el animal fue una buena gracia sobre la cobija. Por supuesto que eso fue el colmo. La mujer le tiró encima los tizones y luego los chiquillos cogieron los cagajones del burro y lo agarraron a cagajonazos.Al pobre Juan le faltaron pies para salir corriendo. Y, lejos, se sentó a recapacitar. ¿Pues y ésto qué será? ¿Será que Tatica Dios de veras se había querido burlar de él? No podía ser; Nuestro Señor no es de bromas, y menos con un triste como él. Entonces decidió volver allá arriba, al lugar en donde se le había aparecido. Quién quita que se le apareciera otra vez y le pusiera en claro aquello...Juan volvió a tomar el camino, anda y anda. Por fin llegó, ya oscureciendo, cansado, con hambre y todo achucullado. ¡Qué hombre más torcido era él, que hasta con Tatica Dios le iba mal! Se sentó, y no fue cuento, sino que largó el llanto, allí en la soledad, donde nadie lo podía ver.--Hombre, Juan, ¿qué es eso?Levantó los ojos y allí estaba Tatica Dios en persona, con un saco a la espalda, mirándolo, entre malicioso y compasivo.¿Y eso qué es, Juan? ¿Mariqueando como las mujeres? Se veía que le quería meter ánimo.--¿Pues no ves, Señor mío Jesucristo, que con el burro también me fue mal? Mientras la cosa era afuera, funcionaba muy bien, pero en cuanto llegué a mi casa, y había que enfrentarse a mi mujer, ¡adiós mis flores!... Lo que hizo fue una gracia en la cobija, y entre la mujer y los chiquillos me cogieron a cagajonazos. Y si no me las pinto, me matan.--Pues hijó, yo lo que encuentro es que vos no te das a respetar de tu mujer ni de tus hijos, y eso va contra la Ley de Dios. Allí quien debiera tener los pantalones es tu mujer. Bueno es culantro, pero no tanto, hijo. Bueno es que seas paciente, pero no hasta el extremo. Vos debés amarrarte esos calzones, Juan, si no querés que tus hijos acaben por encaramársete encima y tu mujer te ponga grupera. Y mirá, muchacho, hay que tener su poquito de malicia en la vida, si no querés salir siempre por dentro. Vos sos muy confiado con todo el mundo; crees que todos son tan buenos como vos, ¡y qué va! Ese hombre del sesteo te ha jugado sucio, hombre de Dios, y ... no te digo más. Aquí te traigo, para ver si sabés sacarle partido.Tatica Dios abrió el saco y sacó tamaña perinola que más parecía garrote que otra cosa.--Poné atención, Juan, a lo que voy a decir:--Escomponte, perinola.Y la perinola salió del saco y comenzó a arriarle a Juan sin misericordia.--¡Ay, ay, ayayay!, gritaba Juan. ¿Ideay, Señor, tras dao, meniao? Me arrea mi mujer y vos también, Señor. Qué esperanza me queda. ¡Ayayay!Nuestro Señor dijo:--Componte, perinola.Y la perinola se metió muy docilita entre el saco, como si tal cosa.--Es para que aprendás, Juan, a no dejarte. Es la última vez que te meto el hombro. Y si con esta no entendés, no tenés cuando, y mejor es que me dejés quieto. Yo no te digo que no seas bueno con tu prójimo, pero tampoco te dejés, porque eso es dejar lugar a que el egoísmo se extienda como una mata de ayote. Y no volvás por aquí, Juan y no te dejés.Juan oyó el sermón muy humildito, con los ojos bajos, se le había abierto como una hendija en los sesos y ahora iba comprendido... Tenía razón Tatica Dios. Estaba bueno lo que le había pasado, por tonto. Sí quién veía al dueño del sesteo tan labioso. Claro, para mientras se lo tiraba. Pero ahora que se encomendara. Y que se alistara su mujer, y que los chiquillos se fueran ensebando las nalgas. Y Juan Cacho se echó el saco a la espalda y comenzó a bajar la cuesta muy decidido, a grandes pasos.Llegó al sesteo y salió el hombre hecho una aguamiel, sin saber si el otro venía a reclamarle o a dejarle otra cosita.--¡Hola, compadrito! ¡Dichosos ojos! Pase adelante, debe estar muy cansadito. Voy a llamar a mi mujer para que me le aliste aunque sea un plato de arroz y frijoles.Juan Cacho no se hizo de rogar y se sentó a comer con el saco a un lado. El hombre estaba con una gran curiosidad de saber qué traía el otro en el saco.--¿Ideay, compadrito, no trae por ahí alguna novedad de las que usté acostumbra?Juan se le acercó y le dijo bajito:--Sí, mi estimado, pero es un gran secreto. Vamos para allá adentro, a un cuarto donde nadie nos oiga. Y advierta a su mujer y a su familia que oigan lo que oigan, no se asomen, porque entonces todo se nos echa a perder. De veras, el otro se fue allá adentro y le advirtió a todo el mundo que nadie se acercara al cuarto, oyera lo que oyera. Y dijo a su mujer, guiñándole un ojo:-- Voy a ver si hago con ñor Aquel otro negocito como el de la servilleta y el del burro. Ya vos sabés. Ve que nadie se acerque, ya te lo advierto.Si la cosa sale mal por tu culpa, por no cuidar bien para que no se acerquen, vos me la pagarás.Se fueron para el cuarto y se encerraron con llave. Juan fue abriendo poquito a poco el saco, y el otro hombre con una curiosidad... Estiraba el pescuezo para ver qué tenía entre el saco y parecía que tenía baile de Sanvito y quería meter la mano.--¡Ché!, No se asome, viejo, porque entonces no resulta, le advertía Juan, abriendo poquito a poco el saco.--¿Y dígame, compadrito, preguntó Juan Cacho, cómo le ha salido el burriquito?--¿Cuál burriquito?, preguntó el otro sobresaltado.--Pues el burriquito... usté sabe. ¿Y la servilletica, le ha servido de algo?--No sé de qué me está hablando.--¿Con que no lo sabe? Pues le voy a enseñar.Y Juan puso la boca del saco en dirección del hombre y gritó:--Escomponte, perinola.La perinola que parecía un garrote, salió del saco disparada y comenzó a arriarle al hombre sin misericordia y le dió tal garroteada que lo dejó negrito de cardenales. El hombre gritaba pidiendo socorro, pero como había advertido a la familia que oyeran lo que oyeran, no se asomaran, nadie acudió a su auxilio.Juan Cacho le preguntó:¿Sabés ahora de cuál servilleta y de cuál burro te hablo?--¡Sí sé! ¡Sí sé!, gritaba el hombre, y ahoritica mismo te los devuelvo, pero ve que ese garrote no me pegue más.--Cuando me devolvás mis cosas, entonces...La servilleta y el buroo le fueron devueltos. Cuando Juan Cacho se convenció de que eran los legítimos, se montó en su burro y con la servilleta entre la bolsa y el saco de la perinola al hombro, cogió camino para su casa. El hombre del sesteo se quedó en un quejido y su cuerpo parecía el de un crucificado.Juan llegó a su casa. Apenas lo divisó su mujer, le gritó:--¿Ya venís, poca pena? Vení acá y te contaré un cuento, gran atenido, que sólo servís para echar hijos al mundo y después no sabés mantenerlos. Y no te basta venir solo, sino que también traes el burro. De las costillas te voy a sacar mi cobija, gran tal por cual...¡Ave María! La mujer parecía un toro guaco. Y los chiquillos malcriados, haciéndole segunda.Juan Cacho no hizo caso y, tun tun, se metió en la casa, como sino fuera con él. La mujer y los chiquillos se metieron también insultándolo, Juan abrió el saco y cuando su mujer le iba a zampar ya la mano, gritó:--Escomponte, perinola.Y salió la perinola a cumplir con su deber y a darle a aquella alacrana. Hasta que sonaban los golpes: pan, pan... Y la mujer gritaba y gritaba pidiéndole auxilio.De cuando en cuando la perinola les daba a probar también a los gülas que se habían metido debajo de la cama. Los vecinos acudieron, y como no les abrían, echaron la puerta abajo y también salieron rascando.A la mujer, a punta de garrote, se le había bajado la cresta y muy humildita se puso a pedirle perdón a Juan y a decirle que no lo volvería a hacer, que en adelante iba a ser otra cosa.Juan se compadeció y gritó:--Componte, perinola.Y la perinola que parecía un garrote se metió muy docilita en el saco. Había que ver las chichotas y cardenales que tenían en el cuerpo la madre y los hijos. Juan se paseaba muy gallo por entre aquellas palomitas y corderitos, que le miraban con toda humildad.--Ahora, a comer, ordenó Juan, y extendió sobre la mesa renca la servilletica.--Servilletica, por la virtú que Dios te dió, danos de comer.Y la servilletica se volvió mantel y se cubrió de viandas exquisitas. Todos comieron y se chupaban los dedos. Juan mandó a repartir entre la vecindad y todavía quedó.Enseguida cogió la cobija, la tendió en el suelo y dijo:--Burriquito, por la virtú que Dios te dió, repáramos plata.Y la bestia echó por el trasero, no cagajones, como la vez pasada, sino monedas de oro.Después de eso la mujer tuvo que coger cama ocho días, tan mal parada había quedado con la garroteada; pero allí en la cama, mi señora parecía una madejita de seda.Juan compró una casa grande, hermosísima y los pobres se acabaron en ese pueblo, porque Juan no dejaba

Cuentos de mi Tía Panchita LA MICAabía una vez un rey que tenía tres hijos. Y el rey estaba desconsolado con sus hijos, porque los encontraba algo mamitas y él deseaba que fueran atrevidos y valientes. Se puso a idear cómo haría para sacarlos de entre las enaguas de la reina, quien los tenía consentidos como a criaturas recién nacidas y no deseaba ni que les diera el viento.Un día los llamó y les dijo -Muchachos, ¿por qué no se van a rodar tierras? Le ofrezco el trono a aquel que venga casado con la princesa más hábil y bonita. Y lo mejor será que no digan nada a su mama, porque ¿quién la quiere ver, si ustedes chistan algo de lo que les he propuesto?Y dicho y hecho: a escondidas de la reina los príncipes alistaron su viaje. Para no dar malicia, no salieron todos el mismo día: primero salió el mayor, un lunes; después el de en medio, el miércoles; y el menor, el sábado.El mayor cogió la carretera y anda y anda, llegó al anochecer a pedir posada a una casita aislada entre un potrero. Cuando se acercó, oyó unos gritos dolorosos, se asomó por una hendija y vió a una vieja que estaba dando de latigazos a una pobre miquita que lloraba y se quejaba como un cristiano, encaramada en un palo suspendido por mecates de la solera. El príncipe llamó: ¡Upe! ña María...La vieja se asomó alumbrando con la candela.Era una vieja más fea que un susto en ayunas: tuerta, con un solo diente abajo, que se le movía al hablar, hecha la cara un arruguero y con un lunar de pelos en la barba.El joven pidió posada y la vieja le contestó de mal modo que su casa no era hotel, que si quería se quedara en el corredor y se acostara en la banca.El príncipe aceptó, porque estaba muy rendido. Desensilló la bestia, la amarró de un horcón y él se echó en la banca y se privó.Allá muy a deshoras de la noche, se levantó asustado porque alguien le tiraba de una manga. Sobre él, colgando del rabo, estaba la mica, que se había salido quién sabe por dónde.Iba a gritar el príncipe, pero ella le puso su manecita peluda en la boca y le dijo: No grités, porque entonces va y me pillan aquí y me dan otra cuereada. Mirá, vengo a proponerte matrimonio y me sacás de esta casa.Al muchacho le cogieron grandes ganas de reir, y no fue cuento, sino que reventó en una carcajada.--Vos sos tonta-- le contestó--. ¿Cómo me voy yo a casar con una mica? Si querés te llevo conmigo, pero para divertirme.La pobre animalita se echó a llorar. --Así no, entonces no; yo sólo casada puedo salir de aquí. Y se puso a contar los malos tratos que le daba la vieja y a querer que le tocara su cuerpo y viera como lo tenía de llagado de los golpes. Pero el príncipe no la veía, porque se había vuelto a dejar caer y estaba dormido. Otro día muy de mañana se levantó y oyó otra vez a la vieja dando de escobazoz a la mica. No tuvo lástima y siguió su camino.Eso mismo le pasó al hijo segundo, quien siguió por la misma carretera. Este tampoco quiso cargar con la mica.El tercero tomó también la carretera y al anochecer llegó a la casita del potrero. Y la misma cosa: la vieja dando de palos a la mica. Pero éste tenía el corazón derretido y no podía con la crueldad. Abrío la puerta, le quitó el palo a la vieja y la amenazó con darle con él si no dejaba a aquel pobre animal.La vieja se puso como un toro guaco de brava y no quería dar posada al príncipe, pero él dijo que se quedaría en la banca del corredor y que allí pasaría la noche, aunque se enojara el Padre Eterno.Y de veras, allí pasó la noche.Allá en la madrugada lo despertaron unos jalonazos que le daban. Despertó azorado, restregándose los ojos. Una manita peluda le tapó la boca. Como ya comenzaban las claras del día, distinguió a la mica que se mecía sobre él, agarrada del techo por el rabo. Y la miquita se puso a llorar y a contarle su martirio. Luego le propuso matrimonio. Al principio el joven le llevó el corriente y quiso tomarlo a broma: le ofreció llevarla consigo y tratarla con mucho cariño, pero la mica comenzó a sollozar con una gran tristeza y por su carita peluda corrían las lágrimas.--Así no-- contestó-- es imposible. Esta mujer es bruja y sólo si hallo quien se case conmigo, podré salir de entre sus manos.Este príncipe, que siempre había sido de ímpetus, se decidió de repente a casarse con la mica. Donde dijo que sí, retumbó la casa y entre un humarasco apareció la bruja que gritaba: --¡Y ahora cargá con tu mica para toda tu vida!El sintió de veras como si una cadena atara a su vida la de aquel animal. El príncipe montó a caballo y se puso la mica en el hombro. Conforme caminaban reflexionaba en su acción, y comprendía que había hecho una gran tontería.A cada rato inclinaba más su cabeza. ¿Qué iba a decir su padre cuando le fuera a salir con que se había casado con una mona? ¡Y su madre, que no encontraba buena para sus hijos ni a la Virgen María! ¡Cómo se iban a burlar sus hermanos y toda la gente! La mica, que parecía que le iba leyendo el pensamiento, le dijo: --Mire, esposo mío. No vayamos a ninguna ciudad... metámonos entre esa montaña que se ve a su derecha y en ella encontraremos una casita que será nuestra vivienda.El otro obedeció y a poco de internarse, dieron con una casa de madera que no tenía más que sala y cocina, con muebles pobres, pero todo que daba gusto de limpio. Al frente estaba una huerta y atrás un maizal y un frijolar, chayotera y matas de ayote que ya no tenían por donde echar ayotes.La mica pidió al príncipe que fuera a buscar leña; ella cogió la tinaja y salió a juntar agua a un ojo de agua que asomaba allí no más. Un rato después, por el techo salía una columnita de humo y por la puerta, el olor de la comida que preparaba la mica y que abría el apetito.Y así fue pasando el tiempo.Los tres prícipes habían quedado en encontrarse al cabo de un año en cierto lugar.El marido de la mica siempre estaba muy triste y pensaba no acudir a la cita. Pero ella, cuando se iba acercando el día señalado, le dijo: --Esposo mío, mañana váyase para que el sábado esté en el lugar en que encontrará sus hermanos.El le preguntó: --¿Cómo sabés vos?Pero ella guardó silencio.De veras, otro día partió. La mica tenía los ojos llenos de agua al decirle adiós y a él le dió mucha lástima.Cuando llegó al lugar, ya estaban allí sus hermanos, muy alegres. Le contaron que se habían casado con unas princesas lindísimas, que tenían unas manos que sabían hacer milagros.El pobre no masticaba palabra y al oirlos, sentía ganas de que se lo tragara la tierra.--Y vos, hombre, contanos cómo es tu mujer-- le preguntaron.No se atrevió a confesar la verdad y les metió una mentira: --Es una niña tan bella que se para el sol a verla, y sabe convertir los copos de algodón en oro que hila en un hilo más fino que el de una telaraña.Y sus hermanos al escucharlo, sintieron envidia. Cuando llegaron donde sus padres, fueron recibidos con gran alegría. Cada uno se puso a poner a su esposa por las nubes.--Bueno-- les dijo el rey-- quiero antes que nada ver los prodigios que saben hacer. Cada una va a hilar y a tejer una camisa para mí y otra para la reina, tan finamente, que un muchachito de pocos meses las pueda guardar en su mano. A ver cuál queda mejor. Les doy un mes de plazo.Volvieron los príncipes donde sus mujeres y les explicaron el deseo del rey.Inmediatamente las princesas encargaron seda finísima y se pusieron a hilar. La mica no hizo nada, ni volvió a mentar la camisa. El marido la llamaba al orden, pero se hacía como si no fuera con ella y el príncipe se ponía cada vez más triste. El día de ir al palacio, lo despertó la mica muy de mañana; ya le tenía el caballo ensillado.--¿Para qué me has ensillado mi bestia? No pienso ir adonde mis padres, porque no puedo llevarles lo que me pidieron.Entonces ella le entregó dos semillas de tacaco.--Aquí están las camisas-- le dijo.El muchacho no quería creer, pro la mica le dijo que si al abrirlas ante su padre no tenía lo que deseaba, él quedaría libre de ella.Partió el príncipe y en el camino encontró a sus hermanos, que en cajas de oro, llevaban las camisas de un tejido de seda muy fino. Las costuras apenas si se veían y los botones eran de oro. Cuando el menor enseño sus semillas de tacaco, los mayores le hicieron burla. Al llegar ante el rey, se regocijó éste del trabajo de las dos nueras y se puso furioso cuando el otro le dió las semillas de tacaco. Como las cogió con cólera, las destripó y entonces de cada una salió una camisa de tela tan fina que una hoja de rosa se veía ordinaria a la par, y de una blancura tal, que parecía tejida con hebras hiladas del copo de la luna. Los botones eran piedras preciosas y las costuras no se podían ver ni buscándolas con lente. El rey y la reina casi se van de bruces y los hermanos salieron avergonzados y envidiosos.Bueno--dijo el rey--. Estoy muy satisfecho del trabajo de vuestras esposas. Ahora que cada una me envíae un plato. Quiero ver cuál cocina mejor. Les doy una quincena de plazo.El menor volvió muy contento donde su mica y le contó el nuevo capricho de su padre. La mica no volvió a mencionar el asunto, pero el príncipe esta vez esparó pacientemente. Eso sí, se sintió algo intranquilo cuando llegado el día, la vió coger para el cerco y volver con un gran ayote que echó a cocinar en la olla.--Me le va a llevar esto a su tata-- le dijo sacándolo y echándolo en un canasto.El no hallaba como ir llegando con aquello. Pero los ojillos de la mica estaban nadando en malicia. Entonces se decidió, cogió su canasta y echó a andar. En el camino encontró a sus hermanos que venían seguidos de criados cargados de bandejas de oro y plata, con manjares exquisitos preparados por sus esposas.Cuando lo vieron a él con su ayote entre un canasto, se burlaron y le hicieron chacota.Se sentaron a la mesa y comenzaron a servir los platos y el rey y la reina hasta que se chupaban los dedos. Pero cuando fueron entrando con el ayote entre el canasto, el rey se enfureció como un patán y lo cogió y lo reventó contra una pared. Y al reventarse, salió volando de él una bandada de palomitas blancas, unas con canastillas de oro en el pico, llenas de manjares tan deliciosos como los que se deben de comer en el cielo en la mesa de Nuestro Señor; otras con flores que dejaban caer sobre todos los presentes. ¡Ave María! ¡Aquello si que fue algazara y media!El rey les dijo: --Bueno, ahora quiero que me traigan una vaquita que ojalá se pueda ordeñar en la mesa, a la hora de las comidas. Les dió ocho días de plazo.Los príncipes se fueron renegando de su padre tan antojado. Llegaron de chicha a contar cada uno a su esposa el antojo del rey. Sólo el menor no dijo nada, porque la cosa le parecía imposible.A los ocho días fue entrando la mica con un cañuto de caña de bambú y lo entregó a su esposo: --Tome, hijo, y vaya al palacio. Tenga confianza y verá que le va bien. No lo abra hasta que llegue.El muchacho cogió el cañuto y partió. En el patio encontró a sus hermanos con una vaquitas enanas del tamaño de un ternero recién nacido y llenas de cintas. Al verlo entrar sin nada, se pusieron a codearse y a reír.A la hora del almuerzo fueron entrando con sus vacas y se empeñaron en que se subieran a la mesa, pero allí los animales dejaron una quebrazón de loza y una hasta una gracia hizo en el mantel. El rey y la reina se enojaron mucho y se levantaron de la mesa sin atravesar bocado.A la comida, el rey preguntó a su hijo menor por su vaquita. El sacó el cañuto de caña de bambú, lo abrió y va saliendo una vaquita alazana con una campanita de plata en el pescuezo y los cachitos y los casquitos de oro. Las teticas parecían botoncitos de rosa miniatura. Se fue a colocar muy mancita frente al rey sobre su taza, como para que la ordeñara. El rey lo hizo y llenó la taza de una leche amarillita y espesa. Después se colocó ante la reina e hizo lo mismo, y así fue haciendo en cada uno de los que estaban sentados. Todos tenían un bigote de espuma sobre la boca.Por supuesto que ustedes imaginarán cómo estaban los reyes con su hijo menor. ¡Ni para qué decir nada de esto!Los otros, que se veían perdidos, salieron con el rabo entre las piernas.--Ahora-- dijo el rey-- quiero que me traigan a sus esposas el domingo entrante.--¡Aquí sí que me llevó la trampa! --pensó el hijo menor. Por un si acaso, se fue a las tiendas y compró un corte de seda, un sombrero, guantes, zapatillas, ropa interior, polvos, perfume y qué sé yo.Y llegó con sus regalos adonde su esposa y le contó lo que deseaba su padre. La mica se hizo la sorda y en toda la semana trabajó nada más que en sus labores de costumbre: barrer, limpiar, hacer la comida y lavar.Cada rato el marido le decía: --Hija, ¿por qué no saca el corte que le traje y hace un vestido?Pero ella lo que hacía era encaramarse en su trapecio que estaba suspendido de la solera y hacer maroma colgada del rabo.Cuando la veía en estas piruetas al príncipe se le fruncía la boca del estómago de la verguenza... ¡Si su esposa no era sino una pobre mica!El sábado pidió a su marido que fuera a conseguir una carreta y que la pidiera con manteado para ir así a conocer a sus suegros. El quiso persuadirla de que era muy feo ir en carreta, menos adonde el rey; que se iban a reir de ellos; que la gente de la ciudad era rematada y que por aquí y por allá. Pero la mica metió cabeza y dijo que si no iba en carreta, no iría.El príncipe pensaba que eso sería lo mejor, y a ratos intentó no volver a poner los pies en el palacio, pero el caso es que fue a buscar y contratar la carreta.El domingo quiso que su esposa se arreglara y adornara, que se envolviera siquiera en la seda que él había traído, porque deseaba que no le vieran el rabo. La mica, que era cabezona como ella sola, no quiso hacer caso y le contestó:--Mire, hijo, para el santo que es con un repique basta--. Y se pasó la lenguilla rosada por el pelo.Lo mandó que se fuera adelante y ella se metió entre la carreta.El príncipe encontró de camino a sus hermanos que iban en sendas carrozas de cuatro caballos, cada uno con su esposa llena de encajes y plumas que pegan al techo del coche. Eran hermosotas, no se podía negar, y el joven volvió la cabeza y pegó un gran suspiro cuando allá vió venir la carreta pesada y despaciosa.--¿Y tu mujer? --preguntaron los hermanos.-- Allá viene en aquella carreta.Las señoras se asomaron y se taparon la boca con el pañuelo para que su cuñado no las viera reir. Los príncipes se pusieron como chiles, al pensar lo que podrían imaginar sus mujeres al ver que su cuñada venía entre una carreta cubierta con un manteado como una campiruza cualquiera.Llegaron a la puerta del palacio. El rey y la reina salieron a recibir a sus hijos. Las dos nueras al inclinarse les metieron los plumajes por la nariz. En esto la carreta quiso entrar en el patio, pero los guardias lo impidieron.--¿Y tu esposa? --preguntó el rey al menor de sus hijos, que andaba para adentro y para afuera haciendo pinino.--Allí viene entre esta carreta-- contestó chillado.--¡Entre esa carreta! Pero hijo, vos estás loco!Y el gentío que estaba a la entrada del palacio se puso a silbar y a burlarse, al ver la carreta con su manteado detrás de aquellas carrozas que brillaban como espejos.El rey gritó que dejaran pasar la carreta.Y la carreta fue entrando, cararán cararán... Se detuvo frente a la puerta...¡Al príncipe un sudor se le iba y otro se le venía! Deseaba que la tierra se lo tragara.Tuvo que sentarse en una grada, porque no se podía sostener. ¡Ya le parecía oir los chiflidos de la gente donde vieran salir de la carreta una mica!¡Pero fue saliendo una princesa tan bella que se paraba el sol a verla, vestida de oro y brillantes, con una estrella en la frente, riendo y enseñando unos dientes, que parecían pedacitos de cuajada!Lo primero que hizo fue buscar al menor de los príncipes. Le cogió una mano con mucha gracia y le dijo: --Esposo mío, presénteme a sus padres--. Cuando se los hubo presentado, los reyes se sintieron encantados porque hacía una reverencias y decía unas cosas con tal gracia, como jamás se había visto.El rey en persona la llevó de bracete al comedor y la sentó a su derecha. Durante la comida, sus concuñas, que no le perdían ojo, vieron que la princesa se echaba entre el seno, con mucho disimulo, cucharadas de arroz, picadillo, pedacitos de pescado y empanadas. Por imitar hicieron lo mismo. Después hubo un gran baile. Cuando empezaron a bailar, la princesa se sacudió el vestido y salieron rodando perlas, rubíes y flores de oro. Las otras creyeron que a ellas les iba a pasar lo mismo y sacudieron sus vestidos, pero lo que salió fueron granos de arroz, el picadillo, los pedazos de carne y las empanadas. Los reyes y sus maridos sintieron que se les asaba la cara de verguenza.Luego el rey cogió a su hijo menor y a su esposa de la mano y los llevó al trono. --Ustedes serán nuestros sucesores-- les dijo. Pero ella con mucha gracia le contestó: Le damos gracias, pero yo soy la única hija del rey de Francia, que está muy viejito y quiere que mi esposo se haga cargo de la corona.Al oir que era la hija del rey de Francia, el rey casi se va para atrás, porque el rey de Francia era el más rico de todos los reyes, el rey de los reyes, como quien dice. La princesa habló algunas palabras al oído de su marido, quien dijo a su padre:--Padre mío, ¿por qué no reparte su reino entre mis dos hermanos? Así estará mejor atendido.Al rey le pareció muy bien y allí mismo hizo la repartición. Los hermanos quedaron muy agradecidos. Luego se despidieron y se fueron para Francia en una carroza de oro con ocho caballos blancos que tenían la cola y las crines como cataratas espumosas. Esta carroza llegó cuando la carreta que trajo a la princesa iba saliendo del patio del palacio, y cuando estuvieron solos, la niña le contó que una bruja enemiga de su padre, porque éste no había querido casarse con ella, se vengó convirtiéndole a su hija en una mica la que volvería a ser como los cristianos cuando un príncipe quisiera casarse con esa mica.Y después vivieron muy felices. Y yo fui Y todo lo ví Y todo lo curiosee Y nada saqué.EL COTONUDOues señor, había una vez una viejita que tenía un hijo galanote e inteligente y además bueno y sumiso con ella, que parecía una hija mujer. La viejita era muy pobre y siempre tenía que andar corre que te alcanzo con el real; lo único que tenía era una casita en las afueras de la ciudad y sus fuerzas, con las que lavaba y aplanchaba, para ayudar a su hijo a quien se le había metido entre ceja y ceja estudiar para médico. Eso sí, que el pobre tenía que pesentarse en la escuela sabe Dios cómo: el vestido hecho un puro remiendo, nada de cuello ni corbata y con la patica en el suelo.Para ir a la escuela el joven pasaba todos los días frente al palacio del rey, y dió la casualidad que a esa hora se asomaba la hija del rey al balcón. A la princesa le llamó la atención aquel joven tan galán vestido pobremente, pero tan limpio que parecía un ajito, con los pies descalzos tan lavados y blancos, que daba lástima mirarlos caminar entre los barriales. ¿Adónde iría con sus alforjitas al hombro y sus libros bajo el brazo?Por fin un día no se aguantó y mandó a una de sus criadas a que lo llamara, y cuando lo oyó hablar con tanta sencillez y facilidad, se enamoró perdidamente del joven. Y desde entonces lo esperaba en el jardín para conversar con él.El joven también se había enamorado de la princesa quien era un primor de bonita: con una cabeza que era como ver el sol de rubia y en la que cada hebra era crespa como un quelite de chayote. Además era buena y noble, que no tenía compañera, y ella tan lo mismo trataba al pobre que al rico. Pero el joven se había guardado con candado su enamoramiento, porque ¿en qué cabeza podría caber que una princesa se casara con un chonete como él, que no se calzaba porque no tenía con qué comprar zapatos?Pero así es el mundo, y la princesa al ver que el muchacho no tenía trazas de decirle: "Tenés los ojos así y la boca asá", dejó a un lado la pena y un día, sin más ni más, le declaró que estaba enamorada de él. Al principio el joven creyó que era por burlarse, pero al fin acabó por convencerse de que le estaba hablando de deveras.Entonces le dijo: --Mire, es mejor que no pensemos en esto. Yo soy lo que se llama un arrancado. Es de las cosas que no hay que pensar dos veces, y lo mejor que yo puedo hacer es decirle adiós y no volver ni a pasar por esta calle.Pero la princesa, que también era muy cabezona, se le prendió como una garrapata y acabó por hacerlo aceptar una bolsa llena de oro para que se fuera a tantear fortuna. Ella le juraba esperarlo. El partió a rodar tierras. Un día se embarcó, naufragó el buque en que iba, y por un milagro de Dios quedó vivo para contar el cuento.Hecho un ¡ay! de mí, regresó a su país. Su madre lo recibió con gran alegría.Allá, entre oscuro y claro, se envolvió en un cotón, se puso un gran sombrero, las dos únicas cosas que trajo de su viaje, y fue a pasearse frente al balcón de la princesa, para ver si podía entregarle una carta en la que le contaba sus desgracias y la conveniencia de que no lo esperara y se casara con un príncipe. Los que lo encontraban se decían: --¿Quién será ese cotonudo?-- Consiguió lo que deseaba, pero la niña mandó a buscarlo y lo convenció de que debía recibir otra bolsa de dinero, pero en esta ocasión unos ladrones lo dejaron a buenas noches con cuanto llevaba.Volvió a su país y otra vez a ponerse el cotón y el gran sombrero y otra vez a buscar a la princesa. Los que lo veían se preguntaban: --¿Quién será este cotonudo?-- Y la criada de la princesa corrió a avisar a su ama que allí estaba "su cotonudo", y la princesa comprendió.En esta ocasión fue más difícil el convencerlo de que debía recibir otra bolsa de oro, y la pobre niña tuvo que arrodillarse y llorar para que él la recibiera.Se fue, se embarcó y por lo que se ve era más torcido que un cacho de venado, porque en una tempestad, el mar se tragó el barco en que iba, y a él lo arrojaron las olas a una isla desierta, sin más vestido que aquel con que Nuestro Señor lo echó a este mundo. Cuando volvió en sí, estaba tan desesperado que pensó que lo mejor que podía hacer era ahorcarse, y se puso a buscar unos bejucos resistentes y un palo en donde hacerlo. Halló las dos cosas. El árbol estaba a orillas de un río y antes de subir le dieron ganas de beber agua. Al acercarse vió en el centro de la corriente un joven muy galán sentado en una piedra. Le preguntó qué hacía allí, y el otro le contestó que era un príncipe a quien hacía muchos años tenían encantado. El recién llegado quiso saber si no habría medio de desencantarlo y el otro le dijo que sí, pero que era muy difícil hallar quien se comprometiera a ello, porque se necesitaba una persona muy valiente que fuera a sentarse en la piedra que él ocupaba, dispuesta a hacerle frente sin temblar a cuanto viniera.Entonces el cotonudo reflexionó que era mejor morir tratando de sacar de apuros a un prójimo, que ahorcado, y le dijo que él estaba dispuesto a probar si era posible librarlo de semejante situación. Y diciendo y haciendo, se metió en la corriente y obligó al príncipe a dejerle el lugar.Este se sentó en la orilla a aguardar su destino. De pronto se vió venir una creciente que arrastraba piedras enormes y troncos inmensos.El cotonudo pensó que hasta allí se la había prestado Dios, se santiguó y esperó tranquilamente que la corriente lo arrastrara. Pero con gran asombro suyo, el agua se apaciguó y vino muy sumisa, como un perro, a lamerle los pies e inmediatamente el río se secó. Luego vió venir hacia él, un tigre muy grande que echaba fuego por los ojos y le enseñaba los dientes. --Ahora sí que no me escapo-- se dijo. Volvió a santiguarse y con toda tranquilidad encomendó su alma a Dios.Pero el tigre se acercó, le lamió los pies como el agua y desapareció entre la montaña. Después fue un toro de aspecto temible, que hubiera hecho temblar al mismo San Miguel Arcángel, quien no le tuvo miedo ni al Diablo. Pero el muchacho pensó que seguramente pasaría como con la creciente y el tigre, y más bien se rió de los aspavientos del toro, que pasó a su lado cual un huracán, sin causarle el menor daño.Al punto se oyó un gran estruendo, la piedra en que estaba sentado dió una vuelta y se vió la entrada de una cueva. El príncipe se acercó, abrazó a su salvador y se arrodilló ante él llorando y le besó las manos. Luego lo llevó a la cueva que estaba llena de talegos de oro, de cajas llenas de brillantes, rubíes y toda clase de piedras preciosas, de conchas que encerraban perlas que parecían botoncitos de rosa.--Todo esto es nuestro-- dijo el príncipe. Un enano venía cada semana a darme de latigazos y a mortificarme, y me enseño una vez estos tesoros y burlándose, dijo que serían míos el día que hubiera quien me desencantara. Yo le pregunté por llevarle el corriente, que cómo haría en tal caso para sacarlos, y él me contestó que inmediantamente habría un barco en el puerto, del que yo podría hacer y deshacer.Se subieron a una altura y desde allí divisaron, efectivamente, un gran barco en el puerto.Comenzaron a transportar las riquezas y cuando terminaron, se hicieron a la vela. Manos invisibles ejecutaban todos los trabajos que se necesitan en un buque. Así llegaron hasta un puerto del reino del príncipe. Los reyes, sus padres, aún vivían, muy viejitos y siempre pensando en su hijo desaparecido hacía tantos años. El príncipe envió a su amigo a prepararlos... ¿Para qué hablar de la felicidad de los reyes? Lo cierto es que no se quedó campana que no repicó, ni grano de pólvora que no reventó, en señal de alegría por el regreso del príncipe a quien todos creían muerto. Los reyes dieron al pueblo todos sus toros y vacas para que los mataran y los asaran en las plazas públicas y sacaron de sus bodegas todo el vino para que el pueblo comiera y bebiera hasta caer sentado. Tres días duró la parranda.Al cotonudo lo querían casar con una de las hijas del rey, pero él les contó su compromiso y se despidió. El príncipe le dió un gran barco cargado con las dos terceras partes del tesoro sacado de la isla, y el rey y la reina una caja de oro que debía abrir el día de sus bodas.Por fin partió con las bendiciones de toda aquella gente y al cabo de unos cuantos días de navegar llegó a su país. Salió del buque de noche para que no lo conocieran. Halló a su madre en la misma casa y hecha en tacaquito la vieja. La pobre ya casi no veía, de tanto llorar por su hijo.¡Oh felicidad cuando reconoció a su muchacho!Otro día, entre oscuro y claro, se metió en su cotón, y se puso el gran sombrero (ambas cosas las había dejado guardadas en su casa) y se fue a rondar el palacio. Observó que en las calles había mucho movimiento, que el palacio estaba iluminado como para una fiesta, que a cada instante llegaban coches de los que bajaban señoras y caballeros con vestidos resplandecientes.Preguntó la causa de todo aquello y le contestaron que esa noche se casaba la hija del rey. Llamó a un criado y le dió cien pesos para que le llamara la viejita que había chineado a la princesa, quien lo quería mucho, y por supuesto el criado nos se hizo mucho de rogar. Vino la sirvienta y al ver al cotonudo se puso en un temblor. Lo llevó a un rincón y le contó que la princesa lo creía muerto, porque habían pasado varios años sin tener noticias suyas y que ahora el rey la obligaba a casarse con un príncipe muy viejo y más feo que un golpe en la espinilla. Le rogó que esperara allí un momento y corrió a avisar a su ama. A pesar de la emoción que le causó esta noticia, la princesa no se atarantó y dijo a su criada que por un pasadizo que sólo ellas conocían, lo llevara a la capilla y lo escondiera detrás de unas cortinas que estaban cerca del altar.Por fin entraron los novios y los convidados a la capilla. El cotonudo, que no tembló ante la creciente, ni ante el tigre, ni el toro, no se podía sostener al ver a su princesa tan linda, que parecía una luna nueva con su vestido de novia. ¡Y qué feo y qué viejo era el hombre que se la quería quitar!El señor obispo se acercó a los que se iban a desposar. Cuando preguntó a la niña: ¿Recibe por esposo y marido al príncipe don Fulano de Tal?, ella dió media vuelta, apartó la cortina, sacó a su cotonudo, y con voz muy clara dijo: --No, señor, al que recibo es a éste--. Y el señor obispo se vió obligado a echarles la bendición. Por supuesto, que aquello fue levantar un polvorín: la reina cayó con un ataque y el rey se puso como agua para chocolate, mandó que la cocinera trajera su vestido más tiznado y ordenó a su hija que se lo pusiera. Luego los echó puerta afuera. En ese momento pasaba un carbonero con su borriquito cargado de carbón que iba a vender a la próxima ciudad, porque otro día era el día de mercado. El rey hizo que quitaran al pobre hombre su borrico y sobre los sacos obligó a la princesa que se montara. Hecho esto, se metió en su palacio y les tiró la puerta encima.El cotonudo, con mucha cachaza, se aguantó todo aquello. Comenzó a arriar la bestia que llevaba a su mujer encima y a abrirse paso como podía entre la gente que los seguía burlándose y poniéndolos como un chuica.Tomaron el camino del puerto con aquel molote de gente que no los desamparaba y que no se cansaba de gritar: --¡La princesa, se ha vuelto loca! ¡Achará la princesa que se fue a casar con ese cotonudo! ¡Siempre el peor chancho se lleva la mejor mazorca!El cotonudo se hacía el tonto y como si no fuera con él, trun, trun, arriando el borrico.Pero, cuál fue la admiración de todos al verlo entrar en el muelle, detenerse frente a aquel hermoso barco, el más grande y hermoso que hasta entonces no llegara a este país y tocar en un pito a cuyo sonido salió toda la tripulación apresuradamente. Bajó el capitán con el sombrero en la mano y saludó al cotonudo de un modo que casi se le quebraba el espinazo. El cotonudo le dijo unas palabras al oído, subió el otro de estampía al barco y formó la tripulación en dos filas; todos los cañones comenzaron a disparar y la banda del barco a tocar la pieza más alegre que sabía. Entonces el cotonudo bajó del burro a su esposa, y sacó de entre su cotón un gran bolsillo lleno de monedas de oro y lo entregó al pobre carbonero que lo había seguido pie a pie, con la cara más triste que un viernes santo. Luego le dió unas palmaditas al burro y lo devolvió a su dueño.Entretanto, la gente estaba como en misa y todos no hacían más que abrir los ojos lo más que podían.La princesa estaba también sin saber qué pensar. Su marido la cogió de una mano y subió al barco entre las dos filas de marineros, que tenían la cabeza inclinada como si fuera pasando Nuestro Amo. Cuando estuvieron arriba, todos tiraron sus gorras por los aires y gritaron: --¡Que vivan el Cotonudo y su esposa!El cotonudo llevó a su mujer a un salón tan lujoso, que la princesa, con ser princesa, nunca ni se lo había imaginado. Allí estaba la caja de oro que los reyes, padres de su amigo, le habían dado para que la abriera el día de sus bodas. La abrieron y dentro de ella había dos vestidos como para un rey y una reina, pero tan maravillosos, que la princesa abrió su boquita de par en par y no dijo ni tus ni mus.Así que se vestieron, salieron para montar en una carroza de oro y plata que habían sacado del barco, tirada por ocho caballos a cual más copetón.Las gentes, al verlos, gritaban: ¡Son el sol y la luna! La princesa se ha casado con el rey más hermoso de la tierra! ¡Hizo bien la princesa en no casarse con aquel viejo que no es más que el cascarón! ¡Este sí que es ñeque!Montaron en la carroza y fueron por la viejicita madre del cotonudo, que estaba en la vela esperando a su hijo. Cuando vió todo aquello, creyó que se había quedado dormida en la silla y que soñaba. ¿Cómo iba a ser que este hermoso señor vestido de oro, y casado con la hija del rey, fuera su hijo, quien salió temprano de la noche, envuelto en su cotón?--¡Las cosas que sueña uno!, se decía. Y se metía pellizquitos ella misma y se preguntaba:--¿A qué hora voy a despertar?Volvieron al barco y a poco llegaron unos amigos del rey que ya había tenido noticias de las maravillas que estaban ocurriendo. El cotonudo envió a sus suegros un cofrecillo lleno de joyas tan bellas y ricas, que el rey también tuvo que abrir la boca y volver de su ataque, y sin esperar razones, se fueron para el barco, y así que hubieron visto y metido las manos entre todos los tesoros que contenía, agarraron a su yerno a abrazos y besos y desde ese día andaban con él santo, ¿dónde te pondré?Entre tanto la princesa no hacía más que consentir a la viejecita su suegra, la que se imaginaba que mientras dormía había muerto, que hora estaba en el cielo y que un ángel la ciudaba.Después los recién casados, mientras les construían un palacio, fueron en su barco a visitar a los reyes amigos.Y fueron muy felices y tuvieron muchos hijos y yo fuí y vine y no me dieron nada.LA CUCARACHITA MANDINGAabía una vez una Cucarachita Mandinga que estaba barriendo las gradas de la puerta de su casita, y se encontró un cinco.Se puso a pensar en qué emplearía el cinco.--¿Si compro un cinco de colorete? --No, porque no me luche.(luce)¿Si compro un sombrero? --No, porque no me luche. ¿Si compro unos aretes? --No, porque no me luche. ¿Si compro un cinco de cintas? --Sí, porque sí me luchen.Y se fue para las tiendas y compró un cinco de cintas; vino y se bañó, se empolvó, se peinó de pelo suelto, se puso un lazo en la cabeza y se fue a pasear a la Calle de la Estación. Allí buscó asiento.Pasó un toro y viéndola tan compuesta, le dijo: --Cucarachita Mandinga, ¿te querés casar conmigo?La Cucarachita le contestó: -- ¿Y cómo hacés de noche?--¡Mu....mu........!La Cucarachita se tapó los oídos:--No, porque me chutás.(asustás)Pasó un perro e hizo la misma proposición.--Y cómo hacés de noche? --le preguntó la Cucarachita.--¡Guau....guau....!--No, porque me chutás.Pasó un gallo: --Cucarachita Mandinga, ¿te querés casar conmigo?--¿Y cómo hacés de noche?--¡Qui qui ri quí!....--No, porque me chutás.Por fin pasó el Ratón Pérez.A la Cucarachita se le fueron los ojos al verlo:Parecía un figurín, porque andaba de leva, tirolé y bastón.Se acercó a la Cucarachita y le dijo con mil monadas:--Cucarachita Mandinga, ¿te querés casar conmigo?--¿Y cómo hacés de noche?--¡I, i, iii...!A la Cucarachita le agradó aquel ruidito, se levantó de su asiento y se fueron de bracete.Se casaron y hubo una gran parranda.Al día siguiente la Cucarachita, que era muy mujer de su casa, estaba arriba desde que comenzaron las claras del día poniéndolo todo en su lugar.Después de almuerzo puso al fuego una gran olla de arroz con leche, cogió dos tinajas que colocó una sobre la cabeza y otra en el cuadril, y se fue por agua.Antes de salir dijo a su marido: --Véame el fuego y cuidadito con golosear en esa olla de arroz con leche.Pero apenas hubo salido su esposa, el Ratón Pérez le pasó el picaporte a la puerta y se fue a curiosear en la olla. Metió una manita y le sacó al punto: --¡Carachas! ¡Que me quemo!--Metió la otra: ¡Carachas! ¡Que me quemo! --Metió una pata: --¡Carachas! ¡Que me quemo! --Metió la otra pata y salió bailando de dolor: --¡Demontres de arroz con leche, para estar pelando! --Pero como eran muchas las ganas de golosear, acercó un banco al fuego y se subió a él para mirar dentro de la olla...!El arroz estaba hierve que hierve, y como la Cucarachita le había puesto queso en polvo y unas astillitas de canela, salía un olor que convidaba.Ratón pérez no pudo resistir y se inclinó para meter las narices entre aquel vaho que olía a gloria. Pero el pobre se resbaló.... y cayó dentro de la olla.Volvió la Cucarachita y se encontró con la puerta atrancada. Tuvo que ir a hablarle a un carpintero para que viniera a abrirla. Cuando entró, el corazón le avisaba que había pasado una desgracia. Se puso a buscar a su marido por todos los rincones. Le dieron ganas de asomarse a la olla de arroz con leche.... y ¡Va viendo! ... a su esposo bailando en aquel caldo.La pobre se puso como loca y daba unos gritos que se oían en toda la cuadra. Los vecinos la consideraban, sobre todo al pensar que estaba tan recién casada. Mandó a traer un buen ataúd, metió dentro de él al difunto y lo colocó en media sala. Ella se sentó a llorar en el quicio de la puerta.Pasó una palomita que le preguntó: --Cucarachita Mandinga ¿por qué estás tan triste?La Cucarachita le respondió: --Porque Ratón Pérez se cayó entre la olla, y la Cucarachita Mandinga lo gime y lo llora.La palomita le dijo: --Pues yo por ser palomita me cortaré una alita.Llegó la palomita al palomar que al verla sin una alita , le preguntó: --Palomita, ¿por qué te cortaste una alita? --Porque Ratón Pérez se cayó entre la olla, y la Cucarachita Mandinga lo gime y lo llora ... Y yo por ser palomita me corté una alita.Entonces el palomar dijo: --Pues yo por ser palomar me quitaré el alar.Pasó la reina y le preguntó:--Palomar, ¿por qué te quitaste el alar? --Porque Ratón Pérez se cayó entre la olla, Y la Cucarachita Mandinga lo gime y lo llora ... Y la palomita se cortó una alita ... Y yo por ser palomar me quité mi alar.La reina dijo: --Pues yo por ser reina, Me cortaré una pierna.Llegó la reina renqueando donde el rey, que le preguntó:--Reina, ¿por qué te cortaste una pierna? --Porque Ratón Pérez se cayó entre la olla, y la Cucarachita Mandinga lo gime y lo llora ... Y la palomita se cortó una alita, el palomar se quitó su alar, y yo por ser reina, me corté una pierna.El rey dijo: --Pues yo por ser rey, me quitaré mi corona.Pasó el rey sin corona por donde el río, que le preguntó:--Rey, ¿por qué vas sin corona? --Porque Ratón Pérez se cayó entre la olla, y la Cucarachita Mandinga lo gime y lo llora ... Y la palomita se cortó una alita, el palomar se quitó su alar, la reina se cortó una pierna, y yo por ser rey, me quité la corona.El río dijo: --Pues yo por ser río, me tiraré a secar.Llegaron unas negras al río a llenar sus cántaros y al verlo seco, le preguntaron:--Río, ¿por qué estás seco? --Porque Ratón Pérez se cayó en la olla, y la Cucarachita Mandinga lo gime y lo llora... Y la palomita se cortó una alita, el palomar se quitó su alar, la reina se cortó una pierna, el rey se quitó su corona y yo por ser río, me tiré a secar...--Pues nosotras por ser negras, quebramos los cántaros.Pasaba un viejito, quien al ver a las negras quebrar sus cántaros, les preguntó:--¿Por qué quebráis los cántaros? --Porque Ratón Pérez se cayó entre la olla, y la Cucarachita Mandinga lo gime y lo llora... Y la palomita se cortó una alita, el palomar se quitó su alar, la reina se cortó una pierna, el rey se quitó la corona, el río se tiró a secar y nosotras por ser negras, quebramos los cántaros.El viejito dijo: --Pues yo por ser viejito, me degollaré.Y se degolló.Entre tanto llegó la hora del entierro.La Cucarachita quiso que fuera bien rumboso e hizo venir músicos que iban detrás del ataúd tocando. Los violines y los violones decían: --¡Por jartón, por jartón, por jartón se cayó entre la olla!Y me meto por un huequito y me salgo por otro para que ustedes me cuenten otro.LA SUEGRA DEL DIABLOabía una vez una viuda de buen pasar, que tenía una hija. La muchacha era hermosa y la madre quería casarla con un hombre bien rico. Se presentaron algunos pretendientes, todos hombres honrados, trabajadores y acomodados, pero la viuda los despedía con su música a otra parte porque no eran riquísimos.Una tarde se asomó la muchacha a la ventana, bien compuesta y de pelo suelto. (Por cierto que el pelo le llegaba a las corvas y lo tenía muy arrepentido). No hacía mucho rato que estaba allí, cuando pasó un señor a caballo. Era un hombre muy galán, muy bien vestido, con un sombrero de pita finísimo, moreno, de ojos negros y unos grandes bigotes con las puntas para arriba. El caballo era un hermoso animal con los cascos de plata y los arneses de oro y plata. Saludó con una gran reverencia a la niña, y le echó un perico. La niña advirtió que el caballero tenía todos los dientes de oro. El caballo al pasar se volvió una pura pirueta. Desde la esquina, el jinete volvió a saludar a la muchacha, que se metió corriendo a contar a su madre la ocurrido.A la tarde siguiente, madre e hija bien alicoreadas, se situaron en la ventana. Volvió a pasar el caballero en otro caballo negro, más negro que un pecado mortal, con los cascos de oro, frenos de oro, riendas de seda y oro y la montura sembrada de clavitos de oro. La viuda advirtió que en la pechera, en la cadena del reloj y en el dedito chiquito de la mano izquierda, le chispeaban brillantes. Se convenció de que era cierto que tenía toda la dentadura de oro. Las dos mujeres se volvieron una miel para contestar el saludo del caballero.Al día siguiente, desde buena tarde, estaban a la ventana, vestidas con las ropas de coger misa, volando ojo para la esquina. Al cabo de un rato, apareció el desconocido en un caballo que tenía la piel tan negra como si la hubieran cortado en una noche de octubre; las herraduras eran de oro y los arneses de oro, sembrados de rubíes, brillantes y esmeraldas.Las dos se quedaron en el otro mundo cuando lo vieron detenerse ante ellas y desmontar.Las saludó con grandes ceremonias. Lo mandaron pasar adelante, y la vieja que era muy saca la jícara cuando le convenía, llamó al concertado para que ciudara del caballo.El desconocido dijo que se llamaba don Fulano de Tal, presentó recomendaciones de grandes personas, habló de sus riquezas, las invitó a visitar sus fincas y por último, pidió a la niña por esposa. No había terminado de hacer la propuesta, cuando ya estaba la madre contestándole que con mucho gusto y llamándolo hjo mío.Desde ese día las dos mujeres se volvieron turumba; cada día visitaban una finca del caballero, cada noche bailes y cenas; no volvieron a caminar a pie, solo en coche, y regalos van y regalos vienen.Por fin llegó el día de la boda. El caballero no quiso que fuera en la iglesia sino en la casa y nadie se fijó en que al entrar el padre el novio tuvo intenciones de salir corriendo.Los recién casados se fueron a vivir a otra ciudad en donde el marido tenía sus negocios.Desde el primer día que estuvieron solos, el marido dijo a la esposa a la hora del almuerzo que él sabía hacer pruebas que dejaban a todo el mundo con la boca abierta y que las iba a repetir para entretenerla; y diciendo y haciendo se puso a caminar por las paredes y cielos con la facilidad de una mosca; se hacía del tamaño de una hormiga, se metía dentro de las botellas vacías y desde allí hacía morisquetas a su mujer; luego salía y su cuerpo se estiraba para alcanzar el techo. Y esto se repetía todos los días al almuerzo y a la comida. En una ocasión vino la viuda a ver a su hija y ésta le contó las gracias de su marido. Cuando se sentaron a la mesa, la suegra pidió a su yerno que hiciera las pruebas de que le había hablado su hija. Este no se hizo de rogar y comenzó a pasearse por el cielo y paredes y a repetir cuantas curiosidades sabía hacer. La vieja se quedó con el credo en la boca y desde aquel momento no las tuvo todas consigo.A los pocos días volvió a hacer otra visita a sus hijos, trajo consigo una botijuela de hierro, con una tapadera que pesaba una barbaridad. A la hora del almuerzo rogó a su yerno que las divirtiera con sus maromas. Después que éste se dió gusto con sus paseos boca abajo por el techo, le preguntó la tobijuela y le dijo. --¿Apostemos a que aquí no entra Ud?El otro de un brinco se tiró de arriba y se metió en la botijuela como Pedro por su casa.La suegra hizo señas a unos hombres que tenían listos con la tapadera, tras una cortina y éstos se precipitaron y taparon la botijuela. El yerno se puso a dar gritos desaforados y a hacer esfuerzos por salir. La esposa quiso intervenir para que le abrieran, pero la madre le dijo: --¿pues no ves que es el mismo Pisuicas? Desde la otra vez que estuve, eché de ver que tu marido no era como todos los cristianos. Le consulté a un sacerdote, quien me acabó de convencer de que mi yerno no era sino el Malo. Dale infinitas gracias a Nuestro Señor de que a mí se me ocurriera este medio de salir de él.Luego se fue en persona para la montaña, seguida de los hombres que cargaban la botijuela. Se hizo un hoyo profundo y allí dejó enterrada la botijuela con su yerno dentro. Este se quedó bramando de rabia y diciendo pestes contra su suegra.En efecto, aquél era el Diablo y desde el día en que la vieja lo enterró, nadie volvió a cometer un pecado mortal, sólo pecados veniales, aconsejados por los diablillos chiquillos. Y toda la gente parecía muy buena, pero sólo Dios sabía cómo andaba el frijol.Pasaron los años y pasaron los años en aquella bienaventuranza, y el podre Pisuicas enterrado, inventando a cada minuto una mal palabra contra su suegra. Un día pasó por aquel lugar un podre leñador que tenía por único bien una marimba de chiquillos, y tan arrancado que no tenía segundos calzones que ponerse. Le pareció oir bajo sus pies algo así como retumbos; se detuvo y puso el oído. Una voz que salía de muy adentro decía: --¡Quien quiera que seas, sacame de aquí...! El hombre se puso a cavar en el sitio de donde salía la voz. Al cabo de unas cuantas horas de trabajar, dió con la botijuela. De ella salía la voz que ahora decía: --Ñor hombre, sacame de aquí y te tiene cuenta.El preguntó: --¿Qué persona, por más pequeña que sea, puede caber dentro de esta botijuela?El que estaba en ella contestó: --Sacame y verás. Soy alguien que puede hacerte inmensamente rico.Esto era encontrarse con la Tentación y el pobre al oír lo de las riquezas, hizo un esfuerzo tan grande que levantó solo la tapadera. Cierto es que por dentro el Diablo empujaba a su vez con todas sus fuerzas. La tapadera saltó, con tal ímpetu, que desapareció en los aires; el Demonio salió envuelto en llamas y la montaña se llenó de un humo hediondo a azufre. El pobre leñador cayó al suelo más muerto que vivo. Cuando fue volviendo en sí, se le acercó el Diablo y le contó la historia de su entierro.--Para pagarte tu favor-- le dijo-- nos vamos a ir a la ciudad. Yo me voy a ir metiendo en diferentes personas, de las más ricas y sonadas, para que se pongan locas. Vos aparecerás en la ciudad como médico y ofrecerás curarlas. No tenés más que acercarte al oído del enfermo y decirme: "Yo soy el que te sacó de la botijuela", --y al punto saldré del cuerpo. Eso sí, cuando te acerqués y yo te diga que no, es mejor que no insistás porque será inútil. Ya te lo advierto.Y así fue. Partieron para la ciudad, el leñador se hizo anunciar como médico y a los pocos días cátate que un gran conde se puso más loco que la misma locura. Lo vieron los más famosos médicos del reino, y nada. De pronto se puso que un médico recién llegado ofrecía devolverle la salud. Llegó donde el enfermo y para disimular, se puso a darle cada hora una cucharada de lo que traía en una botella y que no era otra cosa que agua del tubo con anilina. A las tres cucharadas se acercó al oído del conde y dijo: --"Soy el que te sacó de la botijuela"--.Inmediatamente salió el Diablo y el conde quedó como si tal enfermedad no hubiera tenido. Toda la familia estaba agradecidísima, no hallaban donde poner al médico y lo dejaron bien pistudo.Siguieron presentándose casos de locura de diferentes aspectos y casi todos eran en el duque don Fulano de Tal, en la duquesa doña Mengana, en el marqués don Perencejo. Y todos fueron curados por el médico, que ya no tenía donde guardar el oro que ganaba. Por fin se puso mala la reina y ¡El señor me dé paciencia! Aquello sí que fue el juicio. La reina no tenía sosiego un minuto y ya el rey iba a coger el cielo con las manos y últimamente tuvieron que amarrarla porque ya no se aguantaba. Aconsejaron al rey que llamara al famoso médico y cuando llegó, le ofreció hacerlo su médico de cabecera y darle muchas riquezas si sanaba a su esposa. El otro, por rajón, le contestó que ya podía hacerse de cuentas de que la reina estaba curada y que si no sucedía así, le cortara la cabeza.Se acercó con su botella de agua y le dió las tres cucharadas. A la tercera le dijo al oído de la enferma: --"Soy yo, el que te sacó de la botijuela".El diablo respondió: --¡No!Al oír esto, el hombre se achucuyó. ¿Y ahora qué iba a hacer? Se acercó otra vez al oído de la enferma a suplicarle: -- ¡Salí por lo que más querrás! ¡Mirá que si no acaban conmigo! Por vida tuyita ...Pero de nada le servían las súplicas: el otro seguía emperrado en que no y en que no.Estaba, por lo que se veía, muy a gusto entre los sesos de la reina.Pidió al rey tres días de término y entre tanto, no hizo otra cosa que suplicar al Diablo que saliera, dar cucharadas de agua con anilina a la pobre reina y sobarse las manos. Cuando estaba para terminarse el plazo, se le ocurrió una idea: pidió al rey que hiciera traer la banda, que comprara triquitraques y cohetes, que a cada persona del palacio le diera una lata o algún trasto de cobre y la armara de un palo y que a una señal suya, la banda rompiera con una tocata bien parrandera, todos gritaran y golpearan en sus latas y se diera fuego a la pólvora.Y así se hizo. En este momento se acercó el leñador al oído de la reina y suplicó al Diablo: --¡Salí por vida tuyita...!En vez de contestar, el Diablo preguntó: --Hombre, ¿qué es ese alboroto? El otro respondió: --Aguardate, voy a ver qué es.>Inmediatamente volvió y dijo: --¡Que Dios te ayude! Es tu suegra que ha averiguado que estás aquí y ha venido con la botijuela para meterte en ella de nuevo.--¿Quién le iría con la cavilosada a la vieja de mi suegra? --dijo el Diablo. ¿Y patas para qué las quiero? Salió corriendo y no paró sino en el infierno. La reina se puso buena y el leñador, que ya era don Fulano y muy rico, mandó por su mujer y su chapulinada y todos fueron a vivir a un palacio, regalo del rey. Desde entonces la pasaron muy a gusto.LA CASITA DE LAS TORREJASabía una vez unos chacalincitos que quedaron huérfanos de padre y madre y sin nadie quien les dijera ni ¿qué hacen allí?Era la pareja: la mujercita, la mayor y la que había quedado de cabeza de casa. Eran muy pobres y un día no les amaneció ni una burusca con qué encender el fuego. Entonces decidieron irse a rodar tierras. Atrancaron la puerta y agarraron montaña adentro. Allá al mucho andar, se sintieron cansados; entonces se subieron a un palo para pasar la noche y se acomodaron en una horqueta. Así que anocheció, vieron allá muy largo una lucecita. No se atrevieron a bajar por miedo que se los fuera a comer algún animal, pero se fijaron bien en la dirección en donde quedaba.Apenas comenzó a amanecer, bajaron y anduvieron en dirección de la lucecita. Anda y anda, anda y anda, salieron al medio día a un potrero. A la orilla de la montaña había una casita; por el techo salía un mechoncito de humo y por la puerta y la ventana un olor como a miel hirviendo.Poquito a poco se fueron acercando y vieron en la ventana una cazuela con torrejas. Como estaban hilando de hambre, y el olor convidaba, no pudieron contenerse y se arrimaron a la ventana. La muchachita estiró la mano y se cachó una torreja. Del interior una voz ronca gritó: "¡Piscurum, gato, no me robés mis torrejas!"Los chiquitos se escondieron entre el monte y allí se repartieron su torreja, que lo que hizo fue alborotarles la gana de comer.Otra vez se fueron acercando y pescaron otra torreja. Y otra vez la voz que gritaba: "¡Piscurum, gato, no me robés mis torrejas!"Los muchachos se escondieron, se comieron las torrejas y quisieron volver por más, pero da la desgracia que por querer salir a la carrera, lo hicieron muy ateperetadamente y la cazuela se volcó. A la bulla, se asomó la vieja, la dueña de la casa, que era una bruja más mala que el mismo Patas. Vió por donde cogieron las criaturas, se les puso atrás y al poco rato las agarró por las orejas y las trajo arrastrando hasta la casa.Como estaban tan flacos que parecían fideos, la bruja les dijo que no se los comería,pero que los iba a engordar como a unos chanchitos, para darse cuatro gustos con ellos.Los encerró entre una jaba y cada día les echaba los desperdicios, y como los pobres no tenían otra cosa, no les quedaba más que convenir y tragárselos.Bueno, allá a los ocho días llegó la vieja y les dijo: --Saquen por esta rendija el dedito chiquito.A la niña se le ocurrió que era para ver como andaban de gordura y entonces sacó dos veces un rabito de ratón que se había hallado en un rincón de la jaba. Como la vieja era algo pipiriciega, no echó de ver el engaño, y se fue más brava que un Solimán, al sentir aquellos deditos tan requeteflacos.Y así fue por espacio de casi tres meses. Lo cierto del caso es que los chiquillos, quieras que no, no habían engordado con los desperdicios.Pero dió el tuerce que un día, la niña no agarró bien el rabito de ratón al ponérselo a la bruja para que tocara, y se le quedó a ésta en la mano. Se fue a la luz a mirar bien y al convencerse que los chiquillos la habían estado cogiendo de mona, se puso muy caliente: abrió la jaba y los sacó. Al verlos tan cachetoncitos, se le bajó la cólera.--Bueno-- les dijo-- ahora voy a ver si hago una buena fritanga con ustedes. Vayan a traerme agua a aquella quebrada para ponerlos a sancochar--. Por supuesto, que al oírla a los infelices se les atrevesó en la garganta un gran torozón. A cada uno le dió una tinaja para que la hinchera y ella se puso a cuidarlos desde la puerta.Cuando llegaron a la quebrada, les salió de detrás de un palo, un viejito que era tatica Dios, y les dijo: --No se aflijan, mis muchachitos, que para todo hay remedio. Miren, van a hacer una cosa: ahora van a llegar con el agua y se van a mostrar muy sumisos con la vieja. Y hasta procuren quedar bien: aticen el fuego, bárranle la cocina, friéguenle los trastos. Ella ha de poner una gran olla sobre los tinamastes y una tabla enjabonada que llegue a la orilla de la olla y apoyada en la pared. Les ha de decir que echen una bailadita sobre la tabla, pero es, que sin que ustedes se den cuenta, va a inclinar la tabla y ustedes se van a resbalar y van a ir a dar entre la olla; así la bruja no tendrá que molestarse oyéndolos gritar y hacer esfuerzos por escaparse.Y así que les aconsejó lo que debían hacer, el viejicito se metió en la montaña.Volvieron los chiquitos e hicieron lo que tatica Dios les aconsejara: barrieron, atizaron el fuego, y echaron muchos viajes a la quebrada con las tinajas, para llenar la gran olla en que los iba a sancochar.La vieja se puso muy complaciente con ellos, al verlos tan obedientes y tan afanosos. Por fin puso la tabla enajabonada y les dijo: --vengan mis muchitos y echen una bailadita en esta tabla.La niña se hizo la inocente, y dijo para sus adentros:--Callate pájara, que ya conozco tus cábulas.Hicieron que se ponían a ensayar en el suelo y que no podían.Si es que no sabemos. ¿Por qué no sube usted y nos dice cómo quiere?Y la vieja les creyó, y va subiéndose a la tabla. Y apenas volvió la cara para hacer la primera pirueta, los chiquillos inclinaron la tabla y la vieja fue a dar, ¡chupulún! a la olla de agua hirviendo.Después la sacaron y la enterraron. Registraron la casa y encontraron un gran cuarto lleno de barriles hasta el copete de monedas de oro.Por supuesto que todo le tocó a ellos.LA FLOR DEL OLIVARhttp://www.guiascostarica.com/alicia/abc/cape.gifn un país muy lejos de aquí, había una vez un rey ciego que tenía tres hijos. Lo habían visto los médicos de todo el mundo, pero ninguno pudo devoverle la vista.Un día pidió que lo sentaran a la puerta de su palacio a que le diera el sol. El sintió que pasaba un hombre apoyado en un bordón, quien se detuvo y le dijo:--Señor rey, si Ud. quiere curarse, lávese los ojos con el agua en donde se haya puesto la Flor del Olivar.El rey quiso pedirle explicaciones, pero el hombre se alejó, y cuando acudieron los criados a las voces de su amo y buscaron, no había nadie en la calle ni en las vecindades.El rey repitió a sus hijos la receta, y ofreció que su corona sería de aquel que le trajera la Flor del Olivar. El mayor dijo que a él le correspondía partir primero. Buscó el mejor caballo del palacio, hizo que le prepararan bastimento para un mes y partió con los bolsillos llenos de dinero.Anda y anda y anda hasta que llegó a un río. A la orilla había una mujer lavando, que parecía una pordiosera y cerca de ella, un chiquito, flaquito como un pijije y que lloraba que daba conpasión oirlo. La mujer dijo al principe: --Señor, por amor de Dios deme algo de lo que lleva en sus alforjas; mi hijo está llorando de necesidad.--¡Que coma rayos, que coma centellas ese lloretas! Todo lo que va en las alforjas es para mí--. Y continuó su camino. Pero nadie le dió razón de la Flor del Olivar. Se devolvió y en una villa que había antes de llegar a la ciudad de su padre, se metió a una casa de juego y allí jugó hasta los calzones.Al ver que pasaban los días y no regresaba el príncipe, partió el segundo hijo, bien provisto de todo. Le ocurrió lo que al hermano: vió la mujer lavando, con un niño esmorecido a su lado; le pidió de comer, y éste que era tan mal corazón como el otro, le respondió:--¡Que coma rayos, que coma centellas! Yo no ando alimentando hambrientos --. Tuvo que devolverse porque en ninguna parte le daban noticias de la Flor del Olivar. Se encontró con su hermano que lo entotorotó a que se quedara jugando su dinero.Por fin, el último hijo del rey, que era casi un niño, salió a buscar la Flor del Olivar.Tomó el mismo camino que sus hermanos y al llegar al río encontró a la mujer que lavaba y al niño que lloraba.Preguntó por qué lloraba el muchachito y la mujer le contestó que de hambre. Entonces el principe bajo de su caballo y busco de lo mejor que había en sus alforjas y se lo dió a la pordiosera. En su tacita de plata vació la leche que traía en una botella, con sus propias manos demigó uno de los panes que su madre la reina había amasado, puso al niño en su regazo y le dió con mucho cariño las sopas preparadas; luego lo durmió, lo envolvió en su capa y lo acosto bajo un árbol.La mujer, que no era otra que la Virgen, le preguntó en que andanes andaba, y él le contó el motivo de su viaje.-- Si no es más que eso, no tiene Ud. Que dar otro paso --le dijo la Virgen--. Levante esa piedra que está al lado de mi hijito, y ahí hallará la Flor del Olivar.Así lo hizo el principe y en una cuevita que había bajo la piedra, estaba la Flor, que parecía una estrella. La cortó, beso al niño, se despidió de la mujer, montó a caballo y partió.Al pasar por donde estaban sus hermanos, les enseño la Flor. Ellos le llamaron y le recibieron con mucha labia. Lo convidaron a comer y mientras fue a desensillar su caballo, ellos se aconsejaron. En la comida le hicieron beber tanto vino que se embriagó.Cuando estubo dormido, se lo llevaron al campo, lo mataron, le quitaron la Flor y lo enterraron. Sin querer le dejaron los deditos de la mano derecha fuera de la tierra.Los principes volvieron donde su padre con la Flor, que fue puesta en agua en la que se lavo el rey sus ojos, que al punto vieron. Entonces dijo sus hijos que al mor
La Definición de Software Libre El sistema operativo GNU Filosofía Licencias La Definición de Software Libre Mantenemos esta definición de software libre para mostrar claramente lo que debe cumplir un programa de software concreto para que se le considere software libre. De vez en cuando se revisa esta definición para clarificarla. Si usted desea revisar los cambios que hemos hecho, por favor consulte la sección Historial de abajo para más información. "El software libre" es un asunto de libertad, no de precio. Para entender el concepto, debes pensar en "libre" como en "libertad de expresión", no como en "cerveza gratis". El software libre es una cuestión de los usuarios la libertad para ejecutar, copiar, distribuir, estudiar, cambiar y mejorar el software. Más precisamente, quiere decir que programa los usuarios tienen las cuatro libertades esenciales: La libertad de ejecutar el programa, con cualquier propósito (libertad 0). La libertad de estudiar cómo funciona el programa y cambiarlo para que haga lo que quieras (libertad 1). El acceso al código fuente es una precondición para esto. La libertad de redistribuir copias para que pueda ayudar a tu vecino (libertad 2). La libertad de distribuir copias de tus versiones modificadas a otros (libertad 3). De esta manera usted puede dar a toda la comunidad una oportunidad de beneficiarse de los cambios. El acceso al código fuente es una precondición para esto. Un programa es software libre si los usuarios tienen todas estas libertades. Así pues, deberías tener la libertad de distribuir copias, sea con o sin modificaciones, sea gratis o cobrando una cantidad por la distribución, a cualquiera ya cualquier lugar. El ser libre de hacer esto significa (entre otras cosas) que no tienes que pedir o pagar permisos para hacerlo. Usted también debe tener la libertad de hacer modificaciones y utilizarlas de manera privada en tu trabajo u ocio, sin mencionar siquiera que existen. Si publicas tus cambios, no se debe avisar a nadie en particular, o de alguna manera en particular. La libertad de ejecutar el programa significa la libertad para cualquier tipo de persona u organización de usarlo en cualquier tipo de sistema informático, para cualquier tipo de trabajo y de la finalidad, sin tener obligación de comunicárselo al respecto con el promotor o cualquier otra entidad específica . En esta libertad, es el usuario propósito que importa, no el desarrollador fin; usted como usuario es libre de ejecutar el programa para sus propósitos, y si usted la distribuye a otra persona, ella es libre para ejecutarlo para sus propósitos , pero usted no tiene derecho a imponer sus propósitos en ella. La libertad de distribuir copias debe incluir tanto las formas binarias o ejecutables del programa, así como el código fuente, sean versiones modificadas o sin modificar. (Programas de distribución de modo ejecutable es necesario para que los sistemas operativos libres instalable.) Está bien si no hay manera de producir una forma binaria o ejecutable de un programa concreto (ya que algunos lenguajes no tienen esta capacidad), pero debe tener la libertad de distribuir estos formatos si encontraras o desarrollaras la manera de hacerlos. Para que las libertades 1 y 3 (la libertad de hacer cambios y la libertad de publicar versiones mejoradas) para que tenga sentido, debe tener acceso al código fuente del programa. Por lo tanto, la accesibilidad del código fuente es una condición necesaria para el software libre. Ofuscado el "código fuente" no es el código fuente real y no cuenta con el código fuente. Libertad 1 incluye la libertad de usar su versión modificada en lugar del original. Si el programa se entrega en un producto diseñado para funcionar de otra persona versiones modificadas pero se niegan a ejecutar la suya - una práctica conocida como "tivoización" o (a través de listas negras) como "arranque seguro" - la libertad 1 se convierte en una ficción teórica en lugar de una libertad práctica . Esto no es suficiente. En otras palabras, estos binarios no son software libre, incluso si el código fuente que se compilan a partir es gratuita. Una manera importante de modificar un programa es mediante la fusión de libre disposición subrutinas y módulos. Si la licencia del programa dice que no puede combinar manera adecuada en una licencia existente módulo - por ejemplo, si se le requiere para ser titular de derechos de autor de cualquier código que añadir - entonces la licencia es demasiado restrictiva para calificar como libre. Libertad 3 incluye la libertad de liberar sus versiones modificadas como software libre. Una licencia libre también puede permitir otras formas de liberarlos, es decir, no tiene por qué ser un copyleft licencia. Sin embargo, una licencia que requiere versiones modificadas que no libre no califica como una licencia libre. Para que estas libertades sean reales, deben ser permanentes e irrevocables mientras no hagas nada incorrecto; si el desarrollador del software tiene el poder de revocar la licencia, o con carácter retroactivo cambiar sus términos, aunque no le hayas equivocado de dar motivos, el software no es libre. Sin embargo, ciertos tipos de reglas sobre la manera de distribuir software libre son aceptables, cuando no entren en conflicto con las libertades centrales. Por ejemplo, copyleft (expresado muy simplemente) es la norma de que cuando se redistribuya el programa, no se pueden agregar restricciones para denegar a otras personas las libertades centrales. Esta regla no entra en conflicto con las libertades centrales, sino que los protege. "El software libre" no significa "no comercial". Un programa libre debe estar disponible para uso comercial, desarrollo comercial y distribución comercial. El desarrollo comercial del software libre ha dejado de ser inusual; el software comercial libre es muy importante. Es posible que haya pagado para obtener copias de software libre, o puede haber obtenido copias sin costo alguno. Pero independientemente de cómo hayas conseguido tus copias, siempre tienes la libertad de copiar y modificar el software, incluso para vender copias. Ya sea un cambio que constituye una mejora es un asunto subjetivo. Si las modificaciones se limitan, en esencia, a los cambios que otra persona considera una mejora, eso no es libertad. Sin embargo, las reglas acerca de cómo empaquetar una versión modificada son aceptables, si no limitar su libertad sustantiva para liberar las versiones modificadas, o su libertad de hacer y usar versiones modificadas en privado. Las reglas que "si usted hace su versión disponible de esta manera, debes hacerlo disponible también de esta manera" pueden ser igualmente aceptables, bajo la misma condición. (Observa que una regla así todavía te deja decidir si se debe publicar o no en absoluto.) Normas que requieren la liberación del código fuente a los usuarios de las versiones que se pone en uso público también son aceptables. También es aceptable que la licencia para requerir que usted identifique sus modificaciones como el tuyo, o que, si has distribuido una version modificada y el desarrollador anterior te pide una copia de la misma, debe enviar una. En el proyecto GNU, utilizamos "copyleft" para proteger estas libertades legalmente para todos. Pero el software libre noncopylefted también existe. Creemos que hay razones importantes por las que es mejor usar copyleft, pero si tus programas son software libre noncopylefted, sigue siendo básicamente ético. (Ver Categorías de Software Libre para una descripción de cómo "software libre", "copyleft" software "y otras categorías de software se relacionan entre sí.) A veces el gobierno los reglamentos de control de exportaciones y las sanciones comerciales pueden limitar tu libertad de distribuir copias de programas a nivel internacional. Los desarrolladores de software no tienen el poder de eliminar o invalidar estas restricciones, pero lo que puede y debe hacer es rechazar imponerlas como condiciones de uso del programa. De esta manera, las restricciones no afectarán a actividades y gente fuera de las jurisdicciones de estos gobiernos. Por lo tanto, licencias de software libre no deben requerir la obediencia a las regulaciones de exportación, como condición de cualquiera de las libertades esenciales. La mayoría de licencias de software libre se basan en derechos de autor, y que existen límites sobre qué tipo de requisitos se puede imponer a través de derechos de autor. Si una licencia basada en los derechos de autor respeta la libertad en las formas descritas anteriormente, es poco probable que tenga algún otro tipo de problema que nunca habíamos anticipado (aunque a veces lo hacen). Sin embargo, algunas licencias de software libre se basan en contratos, y los contratos pueden imponer una mayor gama mucho más de las posibles restricciones. Esto significa que existen muchas formas posibles de dicha licencia podría ser inaceptablemente restrictiva y no libre. Es imposible enumerar todas las formas en que podría suceder. Si una licencia basada en contrato restringe al usuario de una manera inusual licencias que, en base a derechos de autor no puede, y que no se menciona aquí como legítimo, tendremos que pensar en ello, y probablemente vamos a celebrar es no libre. Cuando habla acerca del software libre, es mejor evitar términos como: "regalar" o "gratis", porque esos téminos implican que lo importante es el precio, no la libertad. Algunos términos comunes tales como "piratería" conllevan opiniones que esperamos no apoyes. Ver Palabras y frases confusas que vale la pena evitar para una discusión de estos términos. También tenemos una lista de correcta la traducción de "free software" a varios idiomas. Por último, tenga en cuenta que los criterios como los expuestos en esta definición de software libre requieren pensarse cuidadosamente para interpretarlos. Para decidir si una licencia de software concreta es una licencia de software libre, lo juzgamos basándonos en estos criterios para determinar si tanto su espíritu como las palabras precisas. Si una licencia incluye restricciones contrarias a la rechazamos, aun cuando no hubiéramos previsto el problema en estos criterios. A veces un requisito de una licencia plantea una situación que necesita de una reflexión minuciosa, e incluso conversaciones con un abogado, antes de que podamos decidir si la exigencia es aceptable. Cuando llegamos a una conclusión acerca de un tema nuevo, a veces actualizamos estos criterios para que sea más fácil ver por qué ciertas licencias o no los requisitos. Si usted está interesado en saber si una licencia concreta es una licencia de software libre, mira nuestra lista de licencias. Si la licencia que te preocupa es que no figuran allí, usted puede preguntarle al respecto, enviándonos un correo electrónico a <[email protected]>. Si usted está contemplando un nuevo permiso por escrito, por favor comuníquese con la Fundación para el Software Libre primero por escrito a esa dirección. La proliferación de distintas licencias de software libre significa mayor trabajo para los usuarios en la comprensión de las licencias; es posible que podamos para ayudarle a encontrar una licencia de software libre existentes que satisfaga sus necesidades. Si eso no es posible, si realmente necesita una nueva licencia, con nuestra ayuda puede asegurarse de que la licencia es en realidad una licencia de software libre y evitar varios problemas prácticos. Más allá de Software manuales de software debe ser libre, por las mismas razones que el software debe ser libre, y porque los manuales son en parte efecto del software. Los mismos argumentos también tienen sentido para otros tipos de obras de uso práctico - es decir, obras que encarnan los conocimientos útiles, tales como obras educativas y obras de referencia. Wikipedia es el ejemplo más conocido. Cualquier tipo de trabajo puede ser libre, y la definición de software libre se ha extendido a una definición de las obras culturales libres aplicable a cualquier tipo de obras. Open Source? Otro grupo ha comenzado a usar el término "código abierto" para referirse a algo parecido (pero no idéntico) a "software libre". Preferimos el término "software libre", porque, una vez que han oído que se refiere a la libertad en lugar de los precios, hace pensar en la libertad. La palabra "abierto" nunca se refiere a la libertad. Historia De vez en cuando revisar esta definición de software libre que la aclare. Aquí proporcionamos una lista de estas modificaciones, junto con enlaces para ilustrar exactamente lo que ha cambiado, para que otros puedan revisarlos si les gusta. Versión 1.92: Clarificar que el código ofuscado no califica como código fuente. Versión 1.90: Clarificar que la libertad 3 significa el derecho a distribuir copias de su propia versión mejorada o modificada, no un derecho a participar en algún otro proyecto de desarrollo. Versión 1.89: Libertad 3 incluye el derecho a publicar versiones modificadas como software libre. Versión 1.80: Libertad 1 debe ser práctico, no sólo teórico, es decir, no tivoización. Versión 1.77: Clarificar que todos los cambios retroactivos a la licencia son inaceptables, aun si no es descrito como un reemplazo completo. Versión 1.74: aclaraciones sobre puntos no suficientemente explícito en Cuatro, o dicho en algunos lugares pero no se refleja en todas partes: "Las mejoras" no significa que la licencia puede limitar sustancialmente qué tipo de versiones modificadas puede soltar. Libertad 3 incluye la distribución de versiones modificadas, los cambios no sólo. El derecho a la combinación de correspondencia en los módulos existentes se refiere a aquellos que están debidamente autorizados. Explícitamente a la celebración del punto sobre el control de las exportaciones. La imposición de un cambio de licencia constituye la revocación de la licencia de edad. Versión 1.57: Añadir "Más allá de Software" sección. Versión 1.46: Clarificar cuyo propósito es significativa en la libertad de ejecutar el programa para cualquier propósito. Versión 1.41: Clarificar redacción basada sobre licencias de contrato. Versión 1.40: Explicar que una licencia libre debe permitir que utilice otro software libre disponible para crear sus modificaciones. Versión 1.39: Tenga en cuenta que es aceptable que la licencia para requerir que proporcione la fuente para las versiones del software que poner en uso público. Versión 1.31: Tenga en cuenta que es aceptable para una licencia de exigir que se identifique como el autor de las modificaciones. Otras aclaraciones menores en todo el texto. Versión 1.23: Dirección problemas potenciales relacionados con las licencias de base de contrato. Versión 1.16: Explicar por qué la distribución de binarios es importante. Versión 1.11: Tenga en cuenta que una licencia libre puede requerir que usted envíe una copia de las versiones que se distribuya al autor. Existen lagunas en los números de versión, porque hay muchos otros cambios que no afectan la sustancia de la definición en absoluto. En cambio, arreglar los enlaces, añadir las traducciones, y así sucesivamente. Si usted desea revisar la lista completa de cambios, puede hacerlo en nuestra interfaz de cvsweb. La Free Software Foundation es la organización principal patrocinador del sistema operativo GNU. Nuestra misión es preservar, proteger y promover la libertad de usar, estudiar, copiar, modificar y redistribuir el software, y para defender los derechos de los usuarios de Software Libre. Soporte GNU y la FSF por la compra de manuales y equipo, unirse a la FSF como miembro asociado o por hacer una donación. NOTA DEL AUTOR ORIDINAL Por favor, envíe a la FSF y el proyecto GNU investigaciones a <[email protected]>. También hay otras formas de contactar con la FSF. Por favor, envíe enlaces rotos y otras correcciones o sugerencias a <[email protected]>. Por favor vea la FSF para obtener información sobre cómo coordinar y enviar traducciones de este artículo. 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Gracias a las páginas de guías de Costa Rica les dejo está información... Area Turística de la Zona Norte Donde el desarrollo sostenible y la conservación de nuestros recursos naturales conviven en armonía perfecta La Zona Norte le ofrece un sin fin de lugares y actividades para realizar, sin importar cual sea su edad. • Cabalgatas • Paseos en el Lago Arenal • Expediciones al Volcán Arenal • Rafting • Canopy • Cavernas de Venado • Río Celeste • Diferentes actividades en el Lago Arenal • Tours a Caño Negro • Safari en el Río Peñas Blancas • Aguas Termales La Zona Norte es una región única de nuestro país, con alturas que van desde los 400 a 2,400 m.s.n.m., ofrece una gran variedad de hoteles, cabinas, restaurantes y todo lo necesario para disfrutar al máximo de unas perfectas vacaciones. INFORMACIÓN GENERAL CAÑO NEGRO El Refugio de Vida Silvestre Caño Negro es una zona húmeda considerada de las más ricas en biodiversidad en Costa Rica. Es posible encontrar en el área gran variedad de aves residentes y emigrantes, además tres especies de monos, ¡guanas, perezosos, caimanes y también tortugas. Algunas de las aves que encontramos en Caño Negro son muy abundantes y es posible verlas por centenares, especialmente en la estación seca. Entre ellas están el pato aguja, el cigüeñón, el jabirú y el cormorán neotropical. A lo largo del río es posible observar monos congo, monos araña, monos cariblancos, así como también al perezoso de tres dedos y algunos reptiles como caimanes, basiliscos y tortugas. VOLCÁN ARENAL El Volcán Arenal inició su actividad en julio de 1968 y desde entonces son constantes las emisiones de gases, vapores de agua y explosiones de materiales piroclásticos, en ocasiones por fuertes retumbos. La ceniza es acarreada por el viento y transportada a largas distancias, especialmente hacia las áreas ubicadas al noreste del volcán. Los materiales más grandes y pesados caen cerca del cráter y los flujos de lava son constantemente emitidos a temperaturas superiores a los 1OOO grados centígrados, que conforme descienden van perdiendo calor. Actualmente existen varios lugares para disfrutar de una grandiosa vista y deleitarse con las numerosas erupciones de este majestuoso volcán. CAVERNAS DE VENADO Las cavernas se formaron en el período del Mioceno, hace aproximadamente 15 ó 20 millones de años. Durante mucho tiempo estas cavernas estuvieron sumergidas en las profundidades oceánicas, sin embargo, debido al movimiento de las placas tectónicas, se elevaron hasta formar parte de la superficie. Las cavernas fueron descubiertas por los aborígenes Guatusos y la mayoría de ellas están constituidas por piedra caliza, estalactitas, estalagmitas y corales, así como por caprichosas formaciones rocosas producto de la acción erosiva del río subterráneo que las atraviesa. El recorrido dentro de ellas dura aproximadamente dos horas y es posible encontrar fósiles, murciélagos, arañas y grillos. LAGO ARENAL El Lago Arenal es el más grande e importante de Costa Rica. De origen artificial, fue construido en 1974 con el fin de obtener energía hidroeléctrica para el país. También es un lugar donde podemos encontrar variedad de aves residentes y migratorias, y en algunas ocasiones, es posible observar mamíferos como monos y perezosos en los alrededores del lugar. El Lago Arenal es un atractivo muy importante de la zona, ya que en él se practican diferentes deportes acuáticos como pesca deportiva y paseos en bote, entre otros. Además se ha convertido en el sitio perfecto para disfrutar de un día familiar. AGUAS TERMALES La Zona Norte de nuestro país cuenta con diversos lugares donde usted podrá disfrutar de las aguas termales, como por ejemplo La Fortuna, La Marina y Guatuso. Las aguas termales son aguas provenientes de conductos volcánicos y están constituidas por una gran variedad de minerales, por lo que se convierten en una buena opción para relajarse en una forma muy especial. En general, la Zona Norte es un área que abarca aproximadamente 10.000 km2, y se ha convertido en una región con mucho potencial turístico. Orientada a la conservación de nuestros recursos naturales en función de desarrollar proyectos de desarrollo sostenible, es ideal para disfrutar y compartir todos sus atractivos en unas perfectas vacaciones. Lago de Arenal San José - Puntarenas - Cañas - Tilarán - Arenal - Fortuna - San Carlos - Zarcero - Sarchí - Grecia - Alajuela- San José El paisaje, la campiña agrícola costarricense en la transición de la Meseta Central a las Bajuras, así como las Montañas y Llanuras forman parte del marco escénico que da inicio a este circuito sobre la ruta 1, que permite el desplazamiento terrestre al cantón de Cañas en donde es posible encontrar los ríos Cañas y San José, las cuales poseen playones en su cauce. La carretera Interamericana conduce a una desviación sobre la ruta 142. En donde es posible observar las áreas naturales en los alrededores de la Laguna del Arenal, gracias a las vistas panorámicas que ofrece la topografía del lugar. Muy cerca del Arenal, en una pequeña desviación de la carretera principal se encuentra el Lago Cote, cuya extensión es mayor a los 100 hectáreas y con una profundidad de 8 metros aproximadamente. Este lago permite la pesca de especies como el Guapote y otros de agua dulce. Retomando la carretera principal es posible observar a lo largo de ella la enorme Laguna de Arenal con una extensión de 80 kilómetros cuadrados, localizada en las faldas del Volcán del mismo nombre. El Volcán Arenal muestra un cráter fisural reciente en plena actividad, reflejado en las emanaciones de gases y lava que se producen constantemente. Este volcán ha recibido el nombre de Pan de Azúcar o Cerro de los Guatusos, se eleva a 1.633 metros y su base circular es de aproximadamente 4 km de diámetro. Prosiguiendo la ruta 162 se llega al distrito de Fortuna en donde se localizan la catarata La Fortuna, la Laguna y senderos Los Patos, la Laguna Cerro Chato y las aguas termales del balneario Tabacón. La carretera conduce a una desviación por la ruta 141 hacia ciudad Quesada en donde es posible encontrar el Zoocriadero La Marina que cuenta con especies endémicas de plantas y animalesla zona, el Parque Nacional Juan Castro Blanco en el cual nacen alrededor de 50 ríos, La Laguna Pozo Verde y las cataratas más grandes de Costa Rica tales como: Gorrión, Toro, Aguas Gatas y Río Claro siendo la última la mas alta con 190 metros de caída libre. También es posible encontrar la fuente termal La Palmera y la catarata San Carlos. Camino a Alfaro Ruiz se encuentra el hermoso Parque de Zarcero, famoso, por las formas decorativas de cipreses en el Parque, la Catarata Palmira sobre el río Tapezco, de unos 40 metros de altura, así como los diversos puestos de frutas y flores a lo largo de la carretera. Cercano a Naranjo se aprecia la Reserva Forestal El Chayote, la cual es de gran importancia por proteger gran cantidad de fuentes de agua, adecuada para generar hábitat de especies en peligro de extinción. Además se localiza el Mirador Natural del Cerro Espíritu Santo, con una espectacular vista de 360 grados siguiendo la carretera se toma la desviación hacia Sarchí en donde se ubica la catarata del río Agrio y la de Toro Amarillo sin olvidar los ríos de aguas sulfurosas. Valverde Vega se distingue por sus bellezas artesanales siendo esta región cuna de las mismas. Una vez en Grecia es posible visitar las cataratas Los Chorros y la Reserva Forestal de Grecia, importante por proteger los nacimientos de dieciséis ríos. Es importante destacar la importancia arquitectónica de la única Iglesia metálica del país, cuyos materiales fueron sido traídos de diferentes sitios Europeos, para su edificación. La ruta conduce hasta la carretera Interamericana que conduce a San José. Monteverde San José - Puntarenas - Sarmiento - Monteverde - Sarmiento - Las Juntas - Quebrada Grande - Tilarán - Arenal - Fortuna - Ciudad Quesada - Zarcero - Naranjo - Alajuela - San José En el recorrido de San José a Puntarenas es posible apreciar el tipo de paisaje agrario, donde se distinguen los cultivos de caña, café, maíz, hortalizas y otras frutas que son vendidas como conservas a la orilla de la carretera. Además se experimenta la variedad climática a lo largo del recorrido (templado, cálido lluvioso y cálido seco). Sobre la carretera Interamericana se encuentra una desviación que conduce a Monteverde (Bosque Nuboso), el cual se extiende tanto en el Atlántico como en el Pacífico. Dicha Reserva Biológica constituye un laboratorio viviente de flora y fauna debido a que cuenta con 80 familias de arboles, 400 de aves, 3.000 de insectos, 459 mariposas diurnas, 5.000 mariposas nocturnas, 129 de anfibios y reptiles y 100 de mamíferos. De regreso a la carretera principal, se continua la ruta hasta llegar a las Juntas, lugar en el cual se puede visitar el Ecomuseo de Abangares cuya colección consiste en un conjunto de ruinas y equipo asociado al auge minero de principio de siglo. Continuando la ruta 145 se ubica Tilaran cantón de topografía irregular, con ondulaciones en los cuales pasta una ganadería de excelente calidad. Al otro lado de la Cordillera se encuentra la Laguna Arenal y el Lago Cote. Dicha Laguna fue de origen Natural, pero por la actividad del Instituto Costarricense de Electricidad se convirtió en una gran Laguna de 80 kilómetros cuadrados. Permite la practica del Wind Surfing, Jet Sky, Pesca, etc. Por otro lado, el Lago de Cote es de dimensiones mas pequeñas ya que no es mayor a las 100 hectáreas, y su profundidad es de origen tectónico debido a que este formada por la depresión del Volcán Tenorio y el Arenal. Sobre la ruta 142 que va hacia lo largo de la Laguna del Arenal es posible observar el magnifico Volcán del mismo nombre famoso por su cono casi perfecto y sus erupciones. Una vez en la Fortuna es posible contemplar la catarata del lugar, cuya caída libre es de aproximadamente 60 metros, ubicada en las faldas del Volcán. No muy lejos de la Ciudad se encuentran las Aguas Termales de Tabacón y el Tucano, las cuales poseen propiedades curativas. También en la Fortuna se ubica de 4 hectáreas y su profundidad es de 4 metros aproximadamente. Muy cerca de aquí se encuentra la Laguna Tilapias cuya extensión es de 5 hectáreas y su profundidad es de 20 metros, ambas ubicadas en el sitio conocido como Junglay, Senderos Los Lagos. Llegando a Ciudad Quesada se localiza El Parque Nacional Juan Castro Blanco de donde nacen alrededor de 50 ríos. Dentro de este Parque se encuentra la Laguna Pozo Verde, rodeada de vegetación, y las cataratas mas grandes del País como lo son: Gorrión, Toro, Aguas Gatas y Río Claro, esta ultima con 190m de caída libre. El bosque que predomina es el Pluvial Montano. Otro atractivo con el que cuenta Ciudad Quesada lo es la Fuente Termal la Palmera. Es importante recalcar la belleza escénica que brinda las llanuras del Norte (Santa Clara y San Carlos). Retomando la carretera principal sobre la ruta 141 se llega al parque de Zarcero, cuyos jardines se encuentran rodeados por formas decorativas en ciprés. El cantón de Alfaro Ruiz , cuenta con una catarata de 40 metros de caída libre llamada Palmira y ubicada en el cauce del río Tapezco. Arribando a la ciudad de Naranjo, después de un pintoresco trayecto es posible visitar el Cerro Espíritu Santo, de donde se puede apreciar una vista de alrededor de 360 grados. Además se localiza la Reserva Forestal de Chayote importante por ser protectora de aguas. Desviándose sobre la carretera Principal se llega a la ciudad capital, San José. San Ramón-Arenal San José - Palmares - San Ramón - La Tigra - Fortuna - Arenal - Tilarán - Cañas - San Mateo - Atenas - San José Al abandonar la Ciudad de San José y después de haber transcurrido un corto trayecto ilustrado por paisajes agrarios, se llega a la ciudad de Palmares, la cual, según estudios geológicos, donde hoy se asienta la Ciudad, se localizó un lago, el que desaguaba por el caóon del Río Grande. Continuando nuestro viaje arribamos a la Ciudad de San Ramón, donde al desviarnos un poco de la carretera hallaremos la Reserva Forestal del mismo nombre, la cual es importante por ser fuente protectora de varias cuencas de agua. También podemos encontrar en el cause del río Barranca la catarata de las Musas, posee formaciones rocosas e instalaciones apta para la recreación. En la Tigra de San Carlos podemos encontrar la Laguna de Poco Sol y el Volcán Mal Genio, el cual en realidad es una fumarola donde se escuchan muchos ruidos y se producen emanaciones volcánicas, tanto el Volcán como la Lagunita están rodeados de selva virgen y potreros semiabandonados. Llegando a la Fortuna es posible disfrutar de la magnifica vista que brinda el conjunto paisajista que conforman la Laguna y el Volcán Arenal. Dicho Volcán muestra un cráter fisural reciente en plena actividad. La Laguna posee una extensión de 80 kms cuadrados, de esta forma se convierte en la mas grande del País. Al lado del Arenal se encuentra ubicado lo que fue un volcán activo hace muchos años; el cual al cubrirse dió origen al Volcán Arenal. Hoy día el Cerro Chato posee una Laguna en lo que fue su cráter principal. Posteriormente, cerca del Volcán se puede disfrutar de la vista panorámica y de las aguas de la Catarata de la Fortuna. Además de las fuentes de Aguas Termales en agua caliente y de Tabacón, así como también de la Laguna y senderos Los Lagos. La vía terrestre que bordea la Laguna del Arenal, que conduce a la ciudad de Tilarán, nos permite observarla casi en su totalidad, así como los distintos estratos de profundidad que esta posee. Cercano a la carretera principal podemos ubicar una carretera que nos conducirá al Lago de Cote en el cual se practican diversos deportes acuáticos y la pesca. Prosiguiendo el recorrido toparemos con uno de los mas aptos ríos para la práctica del Rafting (el Río Corobicí), en cuya cuenca media se practica el ya mencionado deporte. Así mismo, en Cañas, cerca de la hacienda La Pacífica hallaremos un Zoológico de Felinos propios de Costa Rica. Sobre la carretera Interamericana norte, se toma la ruta hacia Esparza y luego al desviarnos sobre la carretera, por la ruta 131 llegamos al cantón de San Mateo donde podemos disfrutar de las frescas aguas del río Machuca, el cual posee hermosas playones. Además sobre la ruta se puede apreciar el Puente las Damas sobre el río Jesús María. Sobre la carretera de Atenas encontraremos atractivos tales como: Laguito Phillips, la Represa de la Garita, la catarata de los Angeles, el Mirador natural: Cerro de la Bandera, y la Fiesta del Maíz, así como también el Zooave y el Zoológico La Garita. Esta misma ruta nos conducirá de regreso a la Capital (San José). Llanuras del Norte San José - Grecia - Sarchi - Zarcero - Ciudad Quesada - Fortuna - Arenal - Lago Cote - San Rafael de Guatuso - Venado - Muelle - Aguas Zarcas - Río Cuarto - Cariblanco - Varablanca - Heredia - San José Partiendo de la Ciudad de San José y dejando atrás un paisaje urbano tomaremos la carretera Interamericana la cual nos permite apreciar la actividad económica de todos los ciudadanos del Valle Central por medio de todas las Empresas Industriales y así como también, algunas de los principales Hoteles del País. Después de un largo camino sumamente atractivo que muestra un paisaje agrario modificado y desde el cual se puede apreciar la distribución geológica de los principales volcanes de la Cordillera Volcánica Central. Sobre la carretera que conduce a la Ciudad de Grecia se aprecia un Ingenio de caña de azúcar, siendo este uno de los principales cultivos de producción agrícola del cantón. Ubicándonos en el centro de la Ciudad se puede admirar la única Iglesia Metálica de Costa Rica cuyos materiales fueron importados de los principales Países Europeos. Encontramos otros atractivos tales como: los Trapiches, las cataratas Los Chorros, el Puente de Piedra sobre el río Grande y la Reserva Forestal de Grecia, de importancia por ser una zona protectora de aguas. Rumbo a Sarchí se aprecia un tipo de paisaje agrario modificado y una Ciudad impregnada del típico folklore Costarricense, donde se manifiesta por medio de sus obras artesanales la forma de ser de un Pueblo. También podemos encontrar la catarata del Río Agrio, la catarata del Río Toro Amarillo. En todos los ríos cercanos abundan los ríos sulfurosos. Continuando el viaje se arriba al Parque de Zarcero, importante por poseer figuras decorativas en ciprés, siendo este un marco de singular belleza así como también se puede visitar la catarata Palmira sobre el Río Tapezco. En Ciudad Quesada se admiran los siguientes atractivos: La catarata del Río San Carlos la cual posee una caída libre de 60 metros aproximadamente, también podemos ir al Zoocriadero de la Marina, el cual reproduce animales salvajes y gran variedad de plantas. La Fuente Termal La Palmera se encuentra cerca de Ciudad Quesada, las cuales poseen 42 Grados Centígrados. En la Fortuna se pueden visitar lugares tales como el balneario de Tabacon y Agua Caliente, ambos de aguas termales, la catarata de La Fortuna, con una caída libre de 60 metros, además se puede apreciar en la Laguna y Senderos Los Lagos, las lagunas los Patos y Tilapias. Tomando la carretera que lleva a Tilarán se puede observar el Volcán Arenal, el cual posee un cráter fisural reciente así como también la Laguna Arenal, la cual es semi artificial, y que por su gran extensión es la mas grande del país, en ella se puede practicar deportes acuáticos y a la vez constituye uno de los principales centros receptivos de pesca. Sobre la misma carretera encontramos un paisaje natural como es el Bosque Tropical Lluvioso en ciertos sectores y una vista panorámica de la Laguna . Desviándose de la carretera principal se encuentra el Lago de Cote, el cual posee una profundidad de 8 metros aproximadamente. Retomando la carretera toma la ruta hacia San Rafael de Guatuso, en donde es posible visitar las cavernas de Venado las cuales son de origen calcáreo y en su interior se pueden apreciar formaciones tales como, estalactitas y estalagmitas que en conjunto, en ciertos sectores o salas llegan a tener formas como de papaya, el portal o baños ,etc. Es importante recalcar que la parte interior es atravesada por, el río Venado el cual es un río subterráneo que permite la existencia de gran variedad de fauna Es posible desde Guatuso pagar viajes en pangas a través de río Frío, importante afluente que permite la comunicación entre varios centros urbanos al norte del País, además de ser un gran atractivo para la pesca. Sobre la ruta 4 se pasa a través de varios pueblos pintorescos, tales como, Muelle y Aguas Zarcas, hasta llegar a río Cuarto de Grecia donde se puede encontrar la Laguna el Misterio y la Laguna Kooper, en la primera encontramos una extensión de 200 hectáreas aproximadamente, es un mar mediterráneo cuya longitud es de 760 metros y su perímetro es de 2.260 metros, el ancho máximo de 610 metros, con una profundidad máxima 66 metros. Siguiendo la carretera llegamos a la Laguna Hule, la cual se encuentra entre San Miguel y Cariblanco, no muy lejos camino a Varablanca se puede apreciar al lado de la carretera la catarata La Paz y a unos 4 kilómetros de ahí, se localiza la del Angel. Es importante destacar las magníficos miradores naturales que se encuentran a lo largo del viaje, y la gran variedad de vegetación que corresponde al Bosque Tropical Húmedo y protegido por el Parque Nacional Braulio Carrillo, siguiendo la carretera se llega al cruce de Carrisal, en el cual el viajero puede escoger dos opciones por Heredia o por Alajuela. El camino que conduce a la Ciudad de Heredia esta conformado por Casas e Iglesias de origen Colonial, siendo estas los últimos vestigios que nos unen con el pasado, ejemplo de ello es la Ciudad de Barva. Una vez en Heredia se toma la carretera que conduce a la Ciudad Capital, rodeada de un panorama urbano. Dioses de Fuego San José - Santa Bárbara - Volcán Poas - Río Cuarto - Muelle Fortuna - Arenal - Tilarán - San Rafael de Guatuso - Upala - San José de Upala - Aguas Claras - Miravalles - La Unión - Bagaces - Cañas - Esparza - San Ramón - Alajuela - San José. Al empezar el recorrido sobre la carretera que conduce a la ciudad de Heredia se puede apreciar una de las principales concentraciones de la Industria del Valle Central, combinados con la típica arquitectura Colonial aun conservados en la provincia de Heredia, en aquellos cantones como Heredia con su Basílica, sus basamentos habitacionales, la Plazoleta del Fortín y otros de relativa importancia, así como también el cantón de Barva y Santa Bárbara y sus iglesias, donde el camino se va convirtiendo cada vez en un ascenso prolongado, acompañado de un nuevo tipo de paisaje: el rural, rodeado de plantaciones de café y terrenos dedicados a la actividad lechera, hasta llegar al Volcán Poas. El Volcán Poas es basáltico en el cual su cráter asemeja la Paila de un Trapiche de 1,5 kilómetros de diámetro, irregularmente presenta erupciones de tipo Geyser. Continuando el camino se pasa por el sitio conocido como Varablanca, el cual presenta en sus alrededores un tipo de vegetación similar al Bosque Tropical Húmedo, el cual constituye parte del Parque Braulio Carrillo. Por la vía que conduce hacia Río Cuarto se contemplará las cataratas de la Paz y el Angel. Al llegar al distrito de Río Cuarto es posible visitar la Laguna del mismo nombre, la cual posee una extensión de 200 hectáreas y una profundidad de 66 metros aproximadamente, así como también la Laguna Kooper de espectacular belleza. Rumbo a Aguas Zarcas se puede disfrutar de las aguas del río del mismo nombre. Posteriormente se arriba a Ciudad Quesada, en el cual se pueden visitar sitios como: La catarata del Río San Carlos, la cual posee una caída libre de aproximadamente 60 metros, además del Zoocriadero La Marina, el cual reproduce animales salvajes y protege plantas autóctonas, y la fuente Termal La Palmera. Retomando el Camino hacia la Fortuna de San Carlos es fácil observar las conocidas Llanuras de San Carlos, las cuales son geológicamente de origen sedimentario. Una vez en la Fortuna se puede visitar sitios como el Balneario de Agua Caliente y Tabacón ambos poseen Aguas Termales o el sitio conocido como Laguna y Senderos Los Lagos, el cual está constituido por: Laguna Los Patos, la cual posee 4 hectáreas de extensión y de profundidad tiene 4 metros. Laguna Tilapias la cual posee una extensión de 5 hectáreas y 20 de profundidad. Desde la Fortuna se puede observar el majestuoso Volcán Arenal, el cual se encuentra a unos cuantos kilómetros del lugar. El Volcán Arenal posee un cráter fisural reciente en plena actividad, algunas veces presenta Flujos de Lava. Hacia el Noroeste sobre la misma carretera se llega a la Laguna de Arenal, la más grande del País, con una extensión de 80 kilómetros cuadrados, y en la cual se puede practicar deportes acuáticos tales como: Cabotaje - Jet Sky, y la pesca de Guapote principalmente. Sobre la misma carretera es posible llegar al cantón de Tilarán, después de haber bordeado la Laguna del Arenal. En Tilarán se puede visitar la Laguna de Cote, la cual posee una extensión mayor a las 100 hectáreas y una profundidad de 8 metros aproximadamente, es de origen tectónico. Regresando hasta el sitio conocido como Nuevo Arenal, la ruta continua hacia San Rafael de Guatuso, con una distancia de 41 kilómetros y en donde se localiza las denominadas Cavernas de Venado, de origen Calcáreo las cuales poseen formaciones de estalactitas y estalagmitas; dentro de la caverna corre un río subterráneo el cual es propicio para la aventura. Sobre la carretera que conduce a Upala se aprecia un paisaje natural característico de la región, así como el desarrollo de la actualidad agrícola, el Frijol. Desde la Ciudad es posible trasladarse a la caída de agua El Santo, al Volcán Miravalles de 2.200 metros de altura y que presenta facilidad de acceso hasta el Cráter, en este Parque Nacional se pueden encontrar atractivos de gran calidad como lo son las pailas, además en esta zona se localiza el Proyecto Geotérmico (Guayabo) llevado a cabo por el ICE (Instituto Costarricense de Electricidad), el cual pretende ser otra fuente de energía eléctrica para el País. A escasos 15 kilómetros se localiza San José, pequeño centro de abastecimientos para los visitantes. Desviándose hacia el suroeste se llega a un Típico Pueblo Rural denominado Aguas Claras, donde su mayor atractivo es su paisaje y la sencillez de su gente. Continuando el recorrido se arriba a la Ciudad de Bagaces denominado el cantón ecológico, característico por su suelo blancuzco de origen volcánico. Desde la Ciudad es posible trasladarse al Parque Nacional Palo Verde, el cual se extiende sobre el margen del Río Tempisque, cerca de su desembocadura. Algunos de sus hábitat lo constituyen los manglares, los Bosques Ribereños, los Matorrales Ribereños, los Matorrales Espinosos, los Bosques de Cedros, Lagunas Salubres, los Bosques sobre Cerros calcáreos, etc. Inclusive es posible visitar la Reserva Biológica Lomas de Barbudal la cual es rica en especies de insectos especialmente abejas avispas y mariposas nocturnas y la mayor parte del Bosque. También se pueden visitar los asentamientos Bagatza y Llano de los Cortes. Rumbo a la Ciudad de Cañas se observa las fincas ganaderas, y los arrozales hasta llegar al lugar conocido como Río Corobicí en el cual se pueden practicar actividades como el Rafting y el Kayaking. Es imposible dejar de visitar el Zoológico de Felinos. Continuando el recorrido se llega al Ecomuseo de Abangares el cual es una exhibición de una colección permanente al aire libre de un conjunto de ruinas y equipo asociado al auge minero de principios de Siglo. Sobre la carretera Interamericana arribando al cantón de Esparza es posible adquirir o abastecerse de alimentos tales como son las ricas conservas de frutas, cajetas, pipas, etc. Hacia la ciudad de San José se atraviesa por diferentes cantones pintorescos como lo es el de San Ramón, cuyos atractivos principales lo constituyen la Reserva Forestal de San Ramón, de gran importancia por ser fuente protectora de aguas; la catarata Las Musas, la cual posee un pequeño Balneario; El Museo de San Ramón, refleja la forma de vida del costarricense campesino hace un Siglo, El Museo José Figueres y la Iglesia de San Ramón. Continuando el recorrido de regreso es posible contemplar el hermoso paisaje agrario que ofrecen los sembradíos, de caña de azucar, hortalizas, café, etc. Así como también la Fabrica Nacional de Licores, que se encuentra administrada por el Gobierno. Una vez en Alajuela se puede visitar el Museo Histórico Juan Santamaría, el cual muestra la Historia Republicana de Costa Rica, en la cual los ciudadanos tuvieron que defender su soberanía, La Catedral de Alajuela es una de las mas antiguas del País, principalmente su cúpula. De la ciudad de Alajuela a la ciudad de San José es posible observar el desarrollo urbano del Area Metropolitana. Caño Negro Caño Negro - Laguna Arenal Este circuito es una opción derivada del circuito Llanuras del Norte, en donde al llegar a San Rafael de Guatuso se toma una panga con motor fuera de borda, hasta arribar al Refugio de Vida Silvestre Caño Negro. Compuesto principalmente por la Laguna estacional de Caño Negro, de unas 80 hectáreas de superficie y siendo el área de rebalse del Río Frío que durante la breve estación seca llega a desaparecer casi por completo, es un sitio de descanso y abastecimiento de aves migratorias. En los caños abundan el caimán, tortugas, el tiburón y los gaspares. De regreso a San Rafael de Guatuso sobre las aguas del Río Frío se encuentra el Zoocriadero de caimanes y gaspares: Uju-Minica. Una vez de regreso a San Rafael de Guatuso es posible visitar la Reserva Indígena de Guatuso la cual está dividida en tres palenques: Tanjibe, Margarita y Sol, para luego retomar la carretera que va hacia el Muelle y seguir el circuito antes establecido.