juanitoblack
Usuario (Colombia)

Asesinado en el mundo de las bestias, nada cambiará hasta que desaparezcan “Me encantaba correr sin ninguna preocupación, jugaba hasta que mis pulmones pedían descanso, recién cumplía los tres meses de edad y el mundo era mi patio de juegos, perseguía a los pájaros, muchos se molestaban y arremetían en mi contra, pero eso no me importaba, también disfrutaba jugar con pequeños insectos y con otros como yo. Los grandes perros de la universidad, mi hogar, me miraban pasar sin el menor cuidado, no jugaban conmigo, una vez, uno de ellos me asustó tanto que atravesé todo el campus para esconderme en mi lugar secreto, desde donde podía observar a las bestias bípedas, siempre apuradas, algunas veces me acercaba sigilosamente y los escuchaba parlotear sobre lo mismo, una y otra y otra vez, solo que algunas bestias usaban frases más o menos elocuentes, a mi me confundían, me aburrían, mi existencia era pobre y rutinaria, pero siempre podía jugar, lo que jamás pensé que ocurriría ese día, en la Universidad del Valle, fue que todo terminaría así, con gran dolor e inmensa soledad a manos de la bestia bípeda que ríe y devora, que mata y ora, que es pura maldad, mientras se convence hasta más no poder, de que es bueno. Nací y morí en Univalle, a algunos les importó, la mayoría lo pasó por alto, es decir, ¿de que vale la vida de un gatito cuando tienes grandes preocupaciones sobre tu vida?, ya saben, del pasado que ya pasó y del futuro que es pura ilusión, por otro lado, la foto de mi pequeño cuerpo calcinado podría dañarles el apetito, por tanto, es mejor pasar por alto el asunto, lo ideal es seguir caminando en círculos. Todo pasó lentamente, quien me capturó me golpeó primero, luego, no contento con esto, echó ácido sobre mi cuerpo magullado, lloré y lloré con gran intensidad, con toda mi fuerza, pero creo que ese día debió haber una audición o una rumba, porque nadie me escuchó, solo estaba yo y mi asesino, lo miré buscando piedad, pero las bestias bípedas no conocen esa virtud, creen poseerla, pero es puro cuento, como lo es el amor y la libertad, por la cual se asesinan entre ellos desde el principio de los tiempos. Mis ojos lagrimeaban tanto, que casi no podía ver lo que ocurría a mi alrededor, mi saliva me quemaba y no podía respirar, solo podía escuchar mis propios y desgarradores gritos, por un momento la bestia se asustó - el miedo es la única emoción que ellos perciben, las bestias bípedas son y serán unos cobardes por siempre - , alguien se acercaba, me moví un poco, raspé el duro concreto con lo que quedaba de mis lastimadas garras, maullé muy despacito… no, solo era el sonido de una rama en la lejanía. Mi hocico me ardía, así como mis orejas y mi espalda, mis patas se rindieron, me encogí, pero el dolor solo crecía y crecía, escuché pasos, la bestia bípeda se alejaba, mientras reía nerviosamente, sabía bien lo que había hecho, y probablemente lo repetiría, en dos semanas toda la universidad habrá olvidado el crimen. Alcancé a ver su rostro, y solo se dibujaba una mueca de asco y burla. Me quedé quieto durante unos minutos, no pude más, la soledad y el frío me llenaron por completo, de repente comenzó a llover suavemente, gracias madre, pero tus lágrimas no pueden salvarme, llévame ahora, aléjame del sufrimiento, del infierno que las bestias llaman hogar… por fin, morí." Soy quien escribió lo anterior… poco queda por decir, violencia y dolor, violencia y dolor… maestro Vallejo, cuanta razón tienes: ni todo el mundo humano vale un segundo de sufrimiento de un perro callejero. Eso soy yo: violencia, eso puedo dar a cambio de la indignación que siento con inmensa furia, más violencia, y nada cambiará eso, ni idiotas creyendo que somos hijos de un barbudo que vive sobre una nube, ni la caja embriagadora de imágenes coloridas que llevan sólo a la muerte mental… escóndete, rézale a cristoloco y recuerda que los hombres no son montañas.

Satán soy yo La iglesia de Satán, que idea tan ridícula, el maestro no necesita hordas de cristianos frustrados que busquen seguridad en la idea contraria al dogma que acaban de abandonar, él no desea que se instaure ningún templo en su honor, él no busca una manada de cerdos ruidosos y sucios, a él lo buscan los leones, lo buscan las águilas; cualquiera puede arrodillarse, pero muy pocos pueden comprender. Al ver personas usando disfraces de “diablo” con cola y cachos mientras que con antiguos símbolos exhortan la presencia del dador de luz en una mezcolanza de ritos sin el más mínimo conocimiento de su poder y sentido, al observar como lastiman a los únicos seres inocentes del planeta en esos rituales cosidos con el hilo del tiempo, al vislumbrar el vacío de sus ojos y sus prácticas hedonistas, advierto que ellos no siguen al maestro, sino que más bien desean satisfacer simples placeres mundanos, como los que disfrutan sacerdotes pedófilos, fanáticos religiosos, líderes corruptos y gente conformista. La imagen de Satán ha llamado profundamente mi atención, muchos años han pasado… este ser mítico, representado en tantas culturas como pura maldad y con forma animal es tal vez, la divinidad más cercana a nosotros que existirá jamás, más que ningún Dios beatifico que promete, cual politiquero de turno, la antihumana paz, la antihumana libertad, el aburrido paraíso; no somos más que maldad, crueldad y desesperación, nos engañamos día a día con ideas utópicas de armonía y hermandad, evadimos la muerte, la vejez y la soledad mientras gastamos la vida pensando en un pasado vergonzoso e indestructible y en un futuro incierto, olvidamos con gran facilidad, me pregunto si recuerdas las guerras, las de ayer, las de hoy, ¿recordarás esta noche frente a la caja idiotizadora el hambre y la codicia?… no, es más sencillo huir de esa realidad, que delicia es drogarse con ideas e imágenes, con palabras y textos, con cánticos e incienso. Los escritos sagrados hablan de un fin, de la lucha entre el bien y el mal, se dice que el ser oscuro desea acabar con la humanidad, pues bien, si su objetivo final es el de purgar totalmente a este bello planeta del virus destructivo que representamos, pues entonces, me declaro a viva voz como el primer voluntario para servir con lealtad infinita a su ejército, soy un virus con conciencia. Si Satán existe -y espero que exista- le daría el poder de la comprensión solo a un grupo de elegidos merecedores de lo oculto, no atraería a gente torpe e influenciable, indiferencia recibirían del maestro, además las iglesias necesitan sus corderos, la barbacoa pronto estará servida; el ángel caído moraría sólo dentro del templo carnal de aquellos que desean destruir para permitir que el equilibrio vuelva. Qué visión tan encantadora, la de un planeta sin personas, en pocos años la madre naturaleza engulliría hasta el último recuerdo de mi mala especie, el aire estaría limpio, los ríos renacerían, el verde y el azul dominarían el horizonte, que alegría la de las aves, la de los peces, la de los perros y gatos callejeros, que alivio, por fin se fueron los violentos, los horribles, los horribles humanos, ganó el ejército de Satán, larga vida al dador de luz. Sigan lo oculto.