Satán soy yo
La iglesia de Satán, que idea tan ridícula, el maestro no necesita hordas de cristianos frustrados que busquen seguridad en la idea contraria al dogma que acaban de abandonar, él no desea que se instaure ningún templo en su honor, él no busca una manada de cerdos ruidosos y sucios, a él lo buscan los leones, lo buscan las águilas; cualquiera puede arrodillarse, pero muy pocos pueden comprender.
Al ver personas usando disfraces de “diablo” con cola y cachos mientras que con antiguos símbolos exhortan la presencia del dador de luz en una mezcolanza de ritos sin el más mínimo conocimiento de su poder y sentido, al observar como lastiman a los únicos seres inocentes del planeta en esos rituales cosidos con el hilo del tiempo, al vislumbrar el vacío de sus ojos y sus prácticas hedonistas, advierto que ellos no siguen al maestro, sino que más bien desean satisfacer simples placeres mundanos, como los que disfrutan sacerdotes pedófilos, fanáticos religiosos, líderes corruptos y gente conformista.
La imagen de Satán ha llamado profundamente mi atención, muchos años han pasado… este ser mítico, representado en tantas culturas como pura maldad y con forma animal es tal vez, la divinidad más cercana a nosotros que existirá jamás, más que ningún Dios beatifico que promete, cual politiquero de turno, la antihumana paz, la antihumana libertad, el aburrido paraíso; no somos más que maldad, crueldad y desesperación, nos engañamos día a día con ideas utópicas de armonía y hermandad, evadimos la muerte, la vejez y la soledad mientras gastamos la vida pensando en un pasado vergonzoso e indestructible y en un futuro incierto, olvidamos con gran facilidad, me pregunto si recuerdas las guerras, las de ayer, las de hoy, ¿recordarás esta noche frente a la caja idiotizadora el hambre y la codicia?… no, es más sencillo huir de esa realidad, que delicia es drogarse con ideas e imágenes, con palabras y textos, con cánticos e incienso.
Los escritos sagrados hablan de un fin, de la lucha entre el bien y el mal, se dice que el ser oscuro desea acabar con la humanidad, pues bien, si su objetivo final es el de purgar totalmente a este bello planeta del virus destructivo que representamos, pues entonces, me declaro a viva voz como el primer voluntario para servir con lealtad infinita a su ejército, soy un virus con conciencia.
Si Satán existe -y espero que exista- le daría el poder de la comprensión solo a un grupo de elegidos merecedores de lo oculto, no atraería a gente torpe e influenciable, indiferencia recibirían del maestro, además las iglesias necesitan sus corderos, la barbacoa pronto estará servida; el ángel caído moraría sólo dentro del templo carnal de aquellos que desean destruir para permitir que el equilibrio vuelva. Qué visión tan encantadora, la de un planeta sin personas, en pocos años la madre naturaleza engulliría hasta el último recuerdo de mi mala especie, el aire estaría limpio, los ríos renacerían, el verde y el azul dominarían el horizonte, que alegría la de las aves, la de los peces, la de los perros y gatos callejeros, que alivio, por fin se fueron los violentos, los horribles, los horribles humanos, ganó el ejército de Satán, larga vida al dador de luz.
Sigan lo oculto.
La iglesia de Satán, que idea tan ridícula, el maestro no necesita hordas de cristianos frustrados que busquen seguridad en la idea contraria al dogma que acaban de abandonar, él no desea que se instaure ningún templo en su honor, él no busca una manada de cerdos ruidosos y sucios, a él lo buscan los leones, lo buscan las águilas; cualquiera puede arrodillarse, pero muy pocos pueden comprender.
Al ver personas usando disfraces de “diablo” con cola y cachos mientras que con antiguos símbolos exhortan la presencia del dador de luz en una mezcolanza de ritos sin el más mínimo conocimiento de su poder y sentido, al observar como lastiman a los únicos seres inocentes del planeta en esos rituales cosidos con el hilo del tiempo, al vislumbrar el vacío de sus ojos y sus prácticas hedonistas, advierto que ellos no siguen al maestro, sino que más bien desean satisfacer simples placeres mundanos, como los que disfrutan sacerdotes pedófilos, fanáticos religiosos, líderes corruptos y gente conformista.
La imagen de Satán ha llamado profundamente mi atención, muchos años han pasado… este ser mítico, representado en tantas culturas como pura maldad y con forma animal es tal vez, la divinidad más cercana a nosotros que existirá jamás, más que ningún Dios beatifico que promete, cual politiquero de turno, la antihumana paz, la antihumana libertad, el aburrido paraíso; no somos más que maldad, crueldad y desesperación, nos engañamos día a día con ideas utópicas de armonía y hermandad, evadimos la muerte, la vejez y la soledad mientras gastamos la vida pensando en un pasado vergonzoso e indestructible y en un futuro incierto, olvidamos con gran facilidad, me pregunto si recuerdas las guerras, las de ayer, las de hoy, ¿recordarás esta noche frente a la caja idiotizadora el hambre y la codicia?… no, es más sencillo huir de esa realidad, que delicia es drogarse con ideas e imágenes, con palabras y textos, con cánticos e incienso.
Los escritos sagrados hablan de un fin, de la lucha entre el bien y el mal, se dice que el ser oscuro desea acabar con la humanidad, pues bien, si su objetivo final es el de purgar totalmente a este bello planeta del virus destructivo que representamos, pues entonces, me declaro a viva voz como el primer voluntario para servir con lealtad infinita a su ejército, soy un virus con conciencia.
Si Satán existe -y espero que exista- le daría el poder de la comprensión solo a un grupo de elegidos merecedores de lo oculto, no atraería a gente torpe e influenciable, indiferencia recibirían del maestro, además las iglesias necesitan sus corderos, la barbacoa pronto estará servida; el ángel caído moraría sólo dentro del templo carnal de aquellos que desean destruir para permitir que el equilibrio vuelva. Qué visión tan encantadora, la de un planeta sin personas, en pocos años la madre naturaleza engulliría hasta el último recuerdo de mi mala especie, el aire estaría limpio, los ríos renacerían, el verde y el azul dominarían el horizonte, que alegría la de las aves, la de los peces, la de los perros y gatos callejeros, que alivio, por fin se fueron los violentos, los horribles, los horribles humanos, ganó el ejército de Satán, larga vida al dador de luz.
Sigan lo oculto.