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Aquí entrego dos poesías de mi autoría. Nacieron en medio de la noche, entre la música de Luis Eduardo Aute. Mis poesías son sudarios, en si mismo. La razón por la que deje de llamarlas poesías, se encuentra en la misma palabra Sudario. Su significado es el que se acopla o refuerza mi idea de lo que debe ser una poesía. Manía circular En este lecho de palabras abandonadas, mi lengua es la amante inexperta del lenguaje. El miedo a no poder decir lo que precede al acto de desnudar los sentidos, es tan milenario, en mi, como la piel del frío en la muerte de una hoja en blanco. La yacente, la que se quedo en el umbral, recoge las flores del insomnio, creando así un cuadro que evoca un espejo roto. Reflejo o memoria por donde regresa a buscarse. Nos encontramos, mutuos, afluentes, sonoros, deseosos de escribir con lilas, un silencio que merezca ser habitado. Volver Espacios perdidos, como episodios borrosos vienen, hasta mi, para recuperar su condición de imprescindibles. Quisiera acallar sus voces, sus lamentos, sus angustias de terrenos baldíos; pero solo puedo escribir de lo que no se, de lo que me llega sin que yo lo anuncie siquiera. El niño de los espejos juega su inocencia ante mi incapacidad por nombrar lo que no existe. Hace mucho perdí la posibilidad de nombrar mi propia inocencia. Todo es tan confuso, tendrías que estar hablando de las sombras y no obstante buscas la esperanza. Quizás sea tiempo de abrir el bosque y permitir que aquello que vuelve sea, se recree en mi, con la violencia de un recién iniciado. Paul Leonard
Sudario N° 9 Puedo escribir amor y decir: duele. Puedo decir dolor y escribir: amo . Pero escapan de mí las palabras, como una manadas de cebras ahuyentadas por leones. Sacrificada en la ceremonia del viento mi lengua es la yacente leona, que deja caer en el hueco del silencio una lágrima a modo de fisura. Paul Leonard
Dos poesías de mi autoria. Una habla de la revolución, de la trova, del ser humano como inspiración. La otra habla del matíz del rostro, del alma. Espero les guste. Saludos a todos. Como la guitarra. A veces intento penetrar este bosque de huesos olvidados, de aromas encerrados en el miedo, de voces que se vuelven sombras en la niebla. Este pequeño lugar infinito, construido de horas y días, que parecen ecos salidos de tumbas circulares. Este subversivo espacio, ametrallado, esclavizado, encarcelado, pero que siempre es verde, si lo revive la guitarra. Este bosque a donde llego cuando la nada es todo y el mundo se cubre de gritos, de balas silbando y de macabras melodías en pos de la opresión. Porque como la guitarra, tampoco podría olvidar la memoria del hombre, la memoria de la tristeza, la memoria de los que siguen caminando. El cuarto de los espejos Esta noche de palabras cristalinas. Como gotas de lluvia, como a llanto; respiran dentro mio en busca de un terreno virgen, en donde soltar sus amarras de sentidos y sonidos. Mi sola presencia al borde de una pared, como asomada al precipicio o al principio de la nada, es lo mismo, da lo mismo. Ella sola establece en mi, vínculos que asemejan memorias de alguien que ya vivió, quizás del futuro, quizás en mi próximo no vivir. El lamento se vuelve una epopeya, un festejo demasiado sombrío, una sombra en demasía, un intento por gestar la comunicación, entre lo que ya no fui y la próxima linea en blanco. Esta noche me quisiera asemejar a tu soledad en la boca, o a tu sendero de piel recorriendo tus manos, o ha tu primitiva condición en estado de involución crónica. Esta noche se hace de día en la memoria de lo que calla, mi rostro de esperar recupera su felicidad de puerto abandonado. Y recurro al lenguaje para establecer mi morada y dormir, simplemente dormir y dormir, hasta que no quede más que sentidos en el plumaje del pájaro del miedo. Paul Leonard