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Usuario (Argentina)

Primer post: 15 may 2008
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Coleccion revista los 70s (1º entrega)
Apuntes Y MonografiasporAnónimoFecha desconocida

Registrate y eliminá la publicidad! Revista Nº1 1ºquincena de junio de 1997 EL MUNDO EN LOS SESENTA La política, la economía, la resistencia y la militancia en un tiempo donde el obrero y el estudiante dieron fuertes cimbronazos al sistema imperante. En medio de un Estado de Bienestar en decadencia la insurgencia florecía en todo el mundo en respuesta a las intervenciones en Santo Domingo, Argelia, el Congo y Vietnam. Las calles de las ciudades se llenaban de protestas y los campos de Indochina ardían con napalm. "Pai, afasta de mim ese cálice de vinho tinto de sanghe" Chico Buarque (Cálice) "Una tuerca, un culo; una tuerca, un culo; una tuerca....." Gian Maria Volonté, en "La clase obrera va al paraíso" Cuando Juan Carlos Onganía asumió de facto el poder político en la Argentina, se hallaban en pleno desarrollo las tendencias --subterráneas o ya emergentes-- que llevarían al estallido que sacudió al mundo entre fines de los 60 y comienzos de los 70. La Guerra Fría daba paso a la distensión; la Unión Soviética, tras 40 años de stalinismo, había roto su aislamiento y fortalecía sus vínculos con el Movimiento de Países No Alineados; China era admitida en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y los Estados Unidos eran los garantes indiscutibles del capitalismo mundial, prestos a intervenir militarmente en cualquier lugar del planeta. El Occidente desarrollado disfrutaba las formas del Estado Social (o Estado Benefactor) con que había respondido a la influencia de la Revolución Rusa y al fantasma que recorrió Europa hasta la Segunda Guerra Mundial. Italia, Francia, Inglaterra, los Países Bajos y del norte europeo habían dejado atrás el tremendo dolor social de la acumulación capitalista de antes y después de la guerra. En los EE.UU., aunque ya declinaban los efectos de la "década de oro" de los 50, aún se vivía bajo la sensación del progreso infinito, el sueño del american way of life que el Apolo en la luna había renovado. El keynesianismo, que trajo la planificación normativa del desarrollo económico, la intervención activa del Estado en la relación entre el capital y el trabajo y la redistribución del salario social, era la fórmula que parecía alejar no sólo al comunismo sino también a la amenaza que latía en las entrañas mismas del sistema: las crisis cíclicas del capitalismo, la última de las cuales, el crack de 1930, había dejado una profunda huella en el mundo desarrollado. Sin embargo, ya a mediados de los 60 el modelo basado en la planificación económica, el Estado Social y la producción fordista comenzaba a ser cuestionado por los poderes económicos. El descenso en la productividad --que entrará francamente en picada en los 70-- preocupaba ya a Europa y a los EE.UU. Pero la fuerza de los sindicatos y, sobre todo, la politización de la economía, configuraban una poderosa oposición. Al fín y al cabo, el Estado Social había integrado la lucha de clases a su propio seno y era un campo donde ésta se libraba. Los nuevos actores sociales as políticas keynesianas, basadas en el crecimiento del mercado interno, habían configurado un actor social paradigmático: el obrero fordista, al mismo tiempo productor y consumidor de lo que producía. Charles Chaplin lo retrató genialmente en "Tiempos Modernos", caricaturizando los efectos de la línea de montaje y la producción continua en el trabajador. Es el obrero masa, compañero del otro actor social típico de los 60: el estudiante universitario, que había dejado de pertenecer a una elite y cuyo número había crecido enormemente con la extensión de la escolaridad gratuita y el explosivo aumento de la matrícula: la famosa "inflación de títulos" --son los diplomas quemados por los estudiantes en las barricadas de París-- que describió Rossana Rosanda al referirse al contexto del mayo francés y del otoño caliente italiano. Ambos, el obrero fordista y el estudiante masa, serán los actores centrales del movimiento social de fines de los 60 y principios de los 70. Serán, también, los protagonistas del Cordobazo, hijos, al fin y al cabo, del mismo modelo de acumulación capitalista que, junto con las transnacionales de la industria, había llegado a los países dependientes. A ellos se agregaba otro sector, el de los intelectuales críticos, constructores del discurso contestatario. En una época en que los gestos tenían una enorme fuerza moral, Jean Paul Sartre había rechazado el Premio Nobel de Literatura en 1964. En Francia, Michel Foucault ya denunciaba la presencia de los mecanismos del poder en el interior de las instituciones. En el santuario de La Sorbona, dos historiadores de enorme prestigio, el gaullista Fernand Braudel y el marxista Pierre Vilar, coincidían en el repudio a la política colonialista de Francia y, en los EE.UU., Harvard y Berkeley encabezaban la resistencia a la intervención de su país en Vietnam. En el campo del marxismo, el rescate de los teóricos de la Escuela de Frankfurth y de Antonio Gramsci, que había renovado la teoría marxista del Estado, replantearon un debate obturado por el dogmatismo. Violencia económica y terror militar A extramuros del Estado Social, la crisis de dominación -que abarcaba tanto al mundo capitalista como al socialista- impregnaba la década y, desde la periferia, los movimientos de autodeterminación cuestionaban tenazmente el reparto del mundo que habían sellado Yalta y Bretton Woods al final de la Segunda Guerra. En tres hechos de significación diversa, la Unión Soviética había enviado los tanques del Pacto de Varsovia a Budapest en 1956; doce años después, esos tanques acabaron con la primavera de Praga y, en China, Mao Ze Dong había lanzado los guardias rojos contra la vieja burocracia del partido y el Estado durante la llamada Revolución Cultural. En los EE.UU, la rebelión negra de Malcom X, Stokeley Carmichael y el pacifista Martin Luter King convulsionaban el corazón del Imperio, mientras el contestatario movimiento hippie se burlaba de los íconos más reverenciados del american way of life. Entretanto, al largo saqueo colonialista, que en muchos países de Africa, Asia y América latina había dejado sólo la tierra yerma, se agregaban nuevas formas de dominación mientras continuaba el intervencionismo de las grandes potencias. Ya se tratara de la ocupación militar y política directa o del sostenimiento de gobiernos nativos títeres -civiles o militares- o, como en el caso argentino, de la imposición de un modelo económico dependiente a través de las clases dominantes locales, la violencia económica y el terror militar laceraban los pueblos del Tercer Mundo. ¨Padre, aparta de mí este cáliz¨ Desde la década anterior, los movimientos de liberación nacional en las colonias y semicolonias de Asia y Africa avanzaban con suerte dispar. Tampoco América latina tenía tregua. En Cuba --cuya revolución era una espina clavada en el flanco sur de los Estados Unidos--, Angola, Mozambique, el Congo, Puerto Rico, El Salvador y muchos más, la lucha se libraba con distintos contenidos ideológicos pero con una sola demanda: la autodeterminación económica y política. El Che Guevara, Fidel Castro, el congoleño Patrice Lumumba, el brasileño Carlos Marighela, el uruguayo Raúl Sendic, el colombiano Camilo Torres, los puertorriqueños Lolita Lebrón y Rafael Cancel Miranda, el mexicano Lucio Cabañas, el venezolano Douglas Bravo, el guatemalteco Yon Sosa, eran los continuadores de la larga gesta de Emiliano Zapata, Juan Antonio Mella, Augusto César Sandino, Farabundo Martí, Pedro Albizu Campos, entre otros patriotas y revolucionarios del sur del Río Bravo. La insurgencia de América latina, mil veces ahogada y otras tantas renacida, cuestionaba la hegemonía estadounidense y amplificaba la denuncia antimperilista. Ya en 1961, John Kennedy había lanzado la Alianza la Alianza para el Progreso, destinada a atenuar los conflictos y asegurar la gobernabilidad en el subcontinente. Más de un centenar de intervenciones militares de los EE.UU. en América latina, desde principios de siglo en adelante, habían sido acogidas en silencio por las otras potencias. Sin embargo, cuando 15.000 marines desembarcaron en Santo Domingo en 1965 para imponer un gobierno títere de Washington, la indignación recorrió el mundo. Pero fue su intervención en Vietnam, verdadero escándalo moral, lo que desató un vasto movimiento social y político que, desde los propios EE.UU., desnudó ante propios y ajenos la iniquidad de esa intervención. El napalm, los bombardeos masivos, el tormento y el asesinato, el terror, en fin, se volvían progresivamente en contra de sus ejecutores. En la conciencia de los pueblos civilizados, la modernidad tornaba insoportable el horror de Argelia, Vietnam, el Congo. En el marco de la Guerra Fría, el fantasma de la revolución parecía provenir menos del proletariado de los países industrializados que del sur del planeta, la tierra de los postergados, allí donde se encontraron --de manera no siempre fácil-- el socialismo y el nacionalismo revolucionario o populista. También el cristianismo, que recuperaba la milenaria opción por los pobres, concurrió a ese encuentro de la cuestión nacional con la cuestión social. Poco años después, a la rebelión anticolonial y antimperialista se agregará la acción directa de los nuevos actores que, tanto en el corazón de los países centrales como en naciones dependientes, cuestionarán en las calles el orden social en los 70. Dardo Castro 2CV: PROLETARIADO Y COMBATIVO El Citroën 2CV en los 70 fue, sin dudas, un compañero más. En esta nota el ingenioso recuerdo de Orlando Rígoli sobre el liviano armatoste que a más de 80 km por hora saltaba como una mula salvaje. Por aquellos años pasaban cosas importantes. Las viejas y queridas utopías estaban cerca de hacerse realidad. La Habana era un faro que irradiaba su luz hacia toda Latinoamé, en el 63 el viejo Palacios ganaba la senaduría por la Capital y el grito de guerra de los jóvenes que habían posibilitado el triunfo era "en Cuba los barbudos y aquí los bigotudos". En el 67 la muerte del Che nos pegó en la línea de flotación y un año después el mayo francés renovó las ilusiones. Salvador Allende perdía por 12.000 votos las elecciones en Chile y los Beatles habían puesto la música patas para arriba. En aquella Argentina había por entonces siete fábricas de automotores; Ford, que colocó en el mercado el auto que se transformaría años después en el símbolo de la dictadura -al tristemente célebre Falcon- , Chevrolet, Kaiser, NSU, De Carlo, Auto Unión y Fiat, que por entonces no venía con los Macri incorporados. Pero estaba faltando algo. Esos años de cambio y sacudones reclamaban un coche para el grebanaje, para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero, un aparato de cuatro ruedas que se identificara con la Indoamérica sumergida. Y ese artefacto llegó finalmente a mis manos y a la de tantos como yo. Pergeñado en el tablero de Le Corbusier -nadie supo nunca si esto fue cierto- con techo de lona, asientos que semejaban hamacas, puertas que abrían al revés, una suspensión cabeceadora que hacía suponer que se estaba arriba de un zaino, un sistema de apertura de ventanillas que ponía a prueba la fortaleza del codo izquierdo cada vez que se caía (cosa que sucedía al cabo de algunos meses de uso), un motorcito que que sonaba como si fuera a desparramarse a cada instante y un tanque de 20 litros con el que se podía andar veinte días. Había nacido el 2 CV de Citroen, el Quasimodo de los autos. Había que tener cuidado de llevarse el que no correspondía, ya que todos eran iguales de feos y hasta estaban pintados del mismo color, un azul que no era ni francia, ni cielo. El 2CV era de aliento largo, de galope corto y tan fiel como una china cuartelera, pero algunos preceptos debían seguirse al pie de la letra: en primer lugar no debía quedarse sin batería. Si ello sucedía, hacerlo arrancar no era tarea fácil ya que su embrague centrífugo obligaba a empujarlo... pero a 40 kilómetros por hora. Segundo: adelantarse a quien nos precedía en la ruta era una aventura fascinante que requería tantos cálculos como los que anteceden al lanzamiento de una cápsula espacial. Si se iba por la ruta 2 a la altura de Chascomús y se tenía adelante un robusto Mercedes con acoplado era necesario asegurarse de que la mono contraria estaba libre hasta Dolores. Esto en condiciones ideales, porque si soplaba viento de frente el sobrepeso hacía aparecer el ascenso al Himalaya como un divertimento de fin de semana. Pero a despecho de ello y de las miradas socarronas de los que circulaban en coches convencionales, los integrantes de la cofradía citronera nos sentíamos orgullosos del engendro. La imaginería popular le agregaba a sus muchas virtudes, bolazos dignos de Don Verídico: "Un primo mío se quedó sin nafta en Cutral - Có y llegó hasta Viedma echándole garnacha", decía uno e inmediatamente el retruque, "Eso no es nada -agregaba un segundo- mi cuñado rompió la trasera izquierda ni bien salió de Córdoba, le ató con alambre una rueda de triciclo y de costeleta llegó a Cruz de Caña". Fantasía y realidad entremezcladas. Pero cuando en el 69, en pleno Cordobazo, me enteré de que los muchachos de la UTA que respondían al Negro Atilio López, entraron con ademanes poco versallescos a la agencia Tecnos -concesionaria Citroen en Córdoba- y se llevaron todos los 2CV para utilizarlos como apoyo, sentí que los Jaguar del Africa Korps y los Sherman de Patton eran unas verdaderas batatas. Querido 2CV, te ganaste tu lugarcito en los 70 y este recuerdo de alguien que hizo de vos uso y abuso. Orlando Rígoli LA HOGUERA TUCUMANA Así como hay una nueva topografía en los movimientos sindicales urbanos, con ocupación de calles y la presencia permanente del activismo en los locales sindicales también en el interior agrario hay modificaciones relevantes. La ocupación de fábricas y facultades, de rutas y propiedades agrarias, forman el paisaje cotidiano de un Tucumán convulsionado. La industria azucarera concentra el mayor número de sindicatos de la provincia, seguidos por más de cincuenta de menor tamaño, pertenecientes en su mayoría al sector servicios. Reconocida como un fortín justicialista, a pesar de las enconadas luchas de los 50 contra las medidas del segundo Perón, fue el lugar de convocatoria para el Plan de Lucha de la CGT lanzado por la conducción del textil José Alonso, de Buenos Aires, quien en 1964 convoca en el Club Luján a las 62 de Pie junto a Perón, un enroque destinado a tomar distancia y alimentar su propia influencia respecto de Vandor. Estos sindicalistas reciben masivamente y con algarabía al general Juan Carlos Onganía el 9 de Julio y, días después, en el mismo mes, la decisión de Salimei de cerrar l6 ingenios azucareros, dejando en la intemperie a doscientas mil familias que dependían. Las luchas callejeras se expanden y consolidan, uniendo a obreros desocupados, estudiantes de la intervenida Universidad Tecnológica Nacional y, poco después, la franja de obreros temporarios que inventa el onganiato en el llamado Operativo Tucumán. El cuadro de inactividad económica no se modifica con el arribo de algunos rubros que gozaban de prerrogativas fiscales y bancarias (textil, electrónicos, embotelladoras, procesadoras citrícolas). El sindicalismo se renueva en condiciones ahora críticas, siempre nucleados en torno a la FOTIA, que estaba prácticamente el comando de la CGT local. Ocupan el primer plano los dirigentes que se habían fogueado en la lucha de surco, talleres y sindicatos pobres. Benito Romano, Raúl Zelarayán, Isauro Arancibia, Leandro Fote, etc., reemplazan a los Aguirre o Aparicio, ocupando lugares centrales en los gremios de azucareros, docentes, gráficos, ferroviarios y lucifuercistas. Igualmente, la lucha estudiantil de los sectores reformistas y humanistas, teñida por la oposición laicos-libres, es absorbida por corrientes cuyo centro de interés se desplaza del campo universitario a la condición obrera y de los sectores populares. La FUA y su expresión local, la FUN, son casi olvidados por la el empuje y el afianzamiento de centros independientes --así denominados- que simpatizaban con un socialismo de signo nuevo. En ello se basa la confluencia, a fines de los 60, en la CGT de los Argentinos, de obreros y estudiantes que funcionan física y simbólicamente en el local de la FOTIA. Así como hay una nueva topografía en los movimientos sindicales urbanos, con ocupación de calles y la presencia permanente del activismo en los locales sindicales, también en el interior agrario hay modificaciones relevantes. Las localidades acompañan la protesta sindical por las fuentes de trabajo perdidas y por la casi nula compensación del Operativo Tucumán, desplazándose sobre las vías de acceso a la capital provincial. Estas luchas tienen, también, formas cada vez más violentas, pues son reprimidas incluso con armas de fuego. La muerte en las calles de Bella Vista de Hilda Guerrero de Molina constituye el paradigma de los sacrificios a los que se expone el nuevo Tucumán. Paralelamente, los sectores medios y chicos de cañeros independientes, nucleados en la UCIT --dato de importancia para comprender su comportamiento en relación al sector industrial concentrado en la CAR-- son arrojados a la crisis, produciéndose una confluencia con obreros y estudiantes jamás conocida. Ni las esporádicas reuniones del decenio anterior se asemejaron a la vitalidad espontá nea y sólida que emerge en este período. La ocupación de fábricas y facultades, de rutas y propiedades agrarias, forman el paisaje cotidiano de un Tucumán convulsionado. Sin embargo, en ningún caso puede atribuirse estos hechos a presiones externas de tipo ideológico, político o religioso. Al contrario, el nuevo marco en que se inscriben los dirigentes emergentes se subordina al criterio de la "unidad en la lucha", que es bandera de la hora. Los dos "tucumanazos", que cubrieron gran parte de la capital provincial de barricadas estudiantiles con apoyo popular --incluído los aledaños universitarios--, no obstante la muerte del estudiante Victor Villalba, de origen salteño, ocurrida en la Quinta Agronómica, cierran la década, mientras comienza la búsqueda de una salida electoral por parte de la Revolución Argentina. Héctor Marteau EL CRONOPIO REBELDE En mayo de 1967, el poeta cubano Roberto Fernández Retamar le solicitó a Julio Cortázar que sintetizara su opinión sobre la situación del intelectual latinoamericano. La conmovedora carta, que publicó el semanario Primera Plana en sus números 281/82 -un fragmento de la cual reproducimos- establece su concepto acerca de la ética del escritor contemporáneo. Hace veinte años veía yo en Paul Valery el más alto exponente de la cultura occidental. Hoy continúo admirando al gran poeta y ensayista, pero ya no representa nada para mi ese ideal. No puede representarlo quien a lo largo de toda una vida consagrada a la meditación y al a creación, ignoró soberanamente (y no sólo en sus escritos) los dramas de la condición humana que en esos mismos años se abrían paso en la obra epónima de un André Malraux y, desgarrada y contradictoriamente pero de una manera admirable precisamente por ese desgarramiento y esas contradicciones en un André Gide. Insisto en que a ningún escritor le exijo que se haga tribuno de la lucha que en tantos frentes se está librando contra el imperialismo en todas sus formas, pero sí que sea testigo de su tiempo como lo querían Martínez Estrada y Camus y que su obra o su vida (¿pero cómo separarlas?) den ese testimonio en la forma que les sea propia. Ya no es posible respetar como se respetó en otros tiempos al escritor que se refugiaba en una libertad mal entendida para dar la espalda a su propio signo humano, a su pobre y maravillosa condición de hombre entre hombres, de privilegiado entre desposeídos y martirizados. Para mi, Roberto, y con esto terminaré, nada de eso es fácil. El lento, absorbente, infinito y egoísta comercio con la belleza y la cultura, la vida en un continente donde unas pocas horas me ponen frente a los frescos de Giotto o los de Velázquez del Prado, en la curva de Rialto del Gran Canal o en las salas londinenses donde se diría que las pinturas de Turner vuelven a inventar la luz, la tentación cotidiana de volver como en otros tiempos a una entrega total y fervorosa a los problemas estéticos e intelectuales, a la filosofía abstracta, a los altos juegos del pensamiento y de la imaginación, a la creación sin otro fin que el placer de la inteligencia y de la sensibilidad, libran en mi una interminable batalla con el sentimiento de que nada de todo eso se justifica éticamente si al mismo tiempo no se está abierto a los problemas vitales de los pueblos, si no se asume decididamente de intelectual del tercer mundo en la medida en que todo intelectual, hoy en día, pertenece potencial o afectivamente al tercer mundo puesto que su sola vocación es un peligro, una amenaza, un escándalo, para los que apoyan lenta pero seguramente el dedo en el gatillo de la bomba. ............... Incapaz de acción política, no renuncio a mi solitaria vocación de cultura, a mi empecinada búsqueda ontológica, a los juegos de la imaginación en sus planos más vertiginosos; pero todo eso no gira ya en si mismo y por si mismo, no tiene ya nada que ver con el cómodo humanismo de los mandarines de occidente. En lo más gratuito que yo pueda escribir asomará siempre una voluntad de contacto con el presente histórico del hombre, una participación en su larga marcha hacia lo mejor de si mismo como colectividad y humanidad. Estoy convencido de que sólo la obra de aquellos intelectuales que responden a esa pulsión y a esa rebeldía se encarnará en las conciencias de los pueblos y justificará con su acción presente y futura este oficio de escribir para el que hemos nacido. Un abrazo muy fuerte de tu Julio <a href='http://207.182.129.178/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://207.182.129.178/www/delivery/avw.php?zoneid=58&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&amp;n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

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Primavera Camporista: Montoneros en el gobierno popular
Primavera Camporista: Montoneros en el gobierno popular
Apuntes Y MonografiasporAnónimo5/15/2008

LOS DOS MESES DEL GOBIERNO DE CAMPORA FAR, FAP y Montoneros en las oficinas del gobierno popular. Durante los dos meses del gobierno de Cámpora, en el 73, militantes Montoneros, FAP y FAR "coparon" los organismos públicos cumpliendo funciones en Universidades, organismos culturales y oficinas públicas que históricamente pertenecieron a hombres probos, de moral intachable e ideología coincidente con las costumbres occidentales y cristianas...como debe ser. Las medidas que se tomaron en esos dos meses, con nombre y apellido en algunos casos: -Horacio González (futuro compañero sentimental de Liliana Herrero), titular de la Cátedra tendenciosa Historia Nacional y Popular basaba sus clases en un método teatral, llegando a contratar a un grupo de teatro como docentes para representar el Rosismo. -El Pacto Social impulsado por Campora y su ministro de economía (comunista encubierto) José Ber Gelbard tomó medidas descaradas como el aumento salarial del 20% y rebaja en articulos de primera necesidad. Lo completaron con un paquete de 20 medidas económicas: inversiones extranjeras por contrato controladas por el Congreso "integradas a un proceso de reconstruccion", impuesto a la renta potencial de las tierras, nacionalización de depósitos bancarios, incremento de la participación estatal en la comercializacion de granos y carnes, la creación de una corporación para empresas nacionales y otra para el desarrollo de las Pymes, la promoción industrial, el fomento agrario y suspensión de desalojos rurales. A los pocos días se conocieron las cifras del INDEC: Los precios al consumidor habían bajado 3% y el poder adquisitivo del salario habia aumentado el 20% -El Departamento de Cultura y Comunicación de Masas (encabezado por Nicolás Casullo, autor del libro subversivo destruido por la dictadura "Para hacer el amor en los parques", que duró solo una semana en la calle) desarrollaba lo siguiente: 1) recuperación de la memoria cultural y política del país. 2) coordinación de docentes, artistas, periodistas y escritores para elaborar un programa extracurricular como acompañamiento de la escuela. Las ideas abarcaban la Revolución Cubana, la Nouvelle Vague francesa, el nuevo cine inglés, Peter Weiss, Solanas y Getino, Glauber Rocha, el teatro de protesta en la calle, el teatro independiente, las propuestas del DiTella, la literatura de denuncia, realismo y vanguardia, y lograr una relación estrecha entre vanguardia estética y vanguardia política. -El Ministerio se poblo de 60 personas de todos los sectores de la cultura. Se prepararon una serie de radioteatros sobre figuras latinoamericanas (Guevara, Tupac Amarú, Camilo Torres, Yrigoyen, Chacho Peñaloza) que protagonizarían Ana Maria Picchio, Laplace, Briski. -Una serie de 12 teleteatros con asesoría de Rodolfo Walsh y una serie de documentales dirigidos por Lautaro Murúa sobre Cooke, Jauretche, Saclabrini Ortiz, Marechal, Ingenieros, Palacios, Manzi, Discépolo y otros. -Una coleccion de discos rockeros y libros baratos de bolsillo sobre procesos revolucionarios en el Tercer Mundo. -La edicion del Diario de los Chicos dirigido por Carlos Ulanosky que tiraba 1 millon de ejemplares y llegaba a las escuelas de todo el país, festivales latinoamericanos de Cine y Teatro y Congresos de Filosofía en Mendoza, Historia en Cordoba y Literatura en Tucumán. <a href="http://ads.us.e-planning.net/ei/3/46bb/f9cfaf75666c1c8a?it=i&rnd=$RANDOM" target="_blank"><img width="728" height="90" alt="e-planning.net ad" src="http://ads.us.e-planning.net/eb/3/46bb/f9cfaf75666c1c8a?o=i&rnd=$RANDOM" border=0></a>

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El Silencio de Heidegger
El Silencio de Heidegger
Apuntes Y MonografiasporAnónimo11/18/2009

Martin Heidegger; palabra, silencio y política Autor: Dr. Alberto Constante - Universidad Nacional Autónoma de México Wo aber Gefahr ist wächst Das Rettende auch Hölderlin 1 Edmónd Jabès2 ha descrito con palabras justas esta nueva configuración del infierno en la sociedad contemporánea: “Auschwitz es el infierno donde millones de seres humanos fueron los mártires inocentes de una monstruosa empresa de inferiorización, de desvalorización, de rebajamiento sistemático del hombre ante los ojos espantados de la muerte, tan degradada ella misma, que por primera vez conoció el asco (...) Por eso las llamas que se elevaban en el humo de los hornos crematorios no eran las del infierno de San Pablo. Las llamas de Auschwitz no purificaban el alma de los deportados. Las devolvían más livianas a la nada.” Primo Levi3 también nos ofrece una imagen del infierno concentracionario4: “Esto es el infierno. Hoy, en nuestro tiempo, el infierno debe ser así, una sala grande y vacía y nosotros cansados teniendo que estar de pie, y hay un grifo que gotea y el agua no se puede beber, y esperamos algo realmente terrible y no sucede nada y sigue sin suceder nada. ¿Cómo vamos a pensar? No se puede pensar ya, es como estar ya muerto. Algunos se sientan en el suelo. El tiempo transcurre gota a gota.” Quizá por ello podamos preguntarnos, como Forster: “¿Qué palabras utilizar para intentar describir la trama del infierno? ¿Cómo volver a los textos ejemplares de la literatura allí donde el infierno era metáfora de una realidad imaginaria cuando, en Auschwitz, se ha vuelto manifestación de lo humanamente posible? Preguntas iniciales, simples marcas de una interrogación que no cesa de crecer en una época, la nuestra, que por diversos y extraños caminos vuelve a toparse con los relatos del horror, con la presencia, tan difícil de explicar, del mal absoluto asociado con el mal de la banalidad”5. Auschwitz es mucho más que el nombre de un campo de exterminio, que el lugar en el que se focalizó la barbarie genocida del nazismo; Auschwitz concluye el itinerario maldito de un Occidente que hizo del “judío” el paradigma de lo abominable, alquimia de deicidio y contumacia, cómplices del demonio, usureros de los poderosos y apátridas preparados para la traición. El “judío” permaneció irreductible, un otro que amenazaba el dominio absoluto de la cristiandad; figura de una persistencia insoportable que insistía en sustraerse a la gramática homogeneizadora del logos occidental. Primero se trató del “gran chantaje” formulado por San Pablo, los judíos como responsables de la postergación sin tiempo de la definitiva culminación de una historia de pecado y sufrimiento; reacios y negadores de la divinidad de Cristo que mientras persistieran en su rechazo seguirían provocando la presencia, entre los hombres, de la muerte y la penitencia6. El “judío” es quien mantiene como rehenes de su negación al conjunto de la humanidad. Trabajar para su conversión significa quebrar ese chantaje insoportable. Se trataba, para el dispositivo paulino, no de su eliminación física sino de su extraordinaria función en la economía de la salvación. Permanecer en “judío” significó un reto pero también una necesidad del propio cristianismo que, de ahí en más, tendrá a mano su chivo expiatorio, el sujeto perpetuo del desprecio, el errante por definición que ha perdido su hogar y que vaga por el mundo sin ser de ninguna parte. La figura del apátrida, del desterritorializado alcanzará un lugar prominente en la época del estado-nación, pero su sombra ya se extiende desde el vía crucis de Jesús. No existe ningún género de dudas acerca de esta realidad tan brutal que tiene sus orígenes en los capítulos 9 y 12 de la Epístola a los Romanos, donde San Pablo afirma que, con su renuncia al Mesías, los judíos toman como rehén, hasta al final de los tiempos, a la humanidad entera, algo que se convierte en su condición histórica. 2 Quise empezar situando algunas premisas que contuvieran la realidad de Auschwitz porque estoy convencido con Steiner de que la crisis sufrida por Alemania en 1918 fue mucho más profunda que la de 1945. La destrucción material, las revelaciones de inhumanidad que acompañaron el desplome del Tercer Reich embotaron la imaginación alemana. Las necesidades inmediatas de la simple subsistencia absorbieron lo que la guerra había dejado de recursos intelectuales y psicológicos. El estado de una Alemania leprosa y dividida era demasiado nuevo, la atrocidad hitleriana era demasiado singular para permitir alguna crítica o revaluación filosófica coherente. La situación de 1918 fue catastrófica, pero de un modo que no sólo conservó la estabilidad del marco físico e histórico, sino que además impuso a la reflexión y la sensibilidad los hechos de autodestrucción y de continuidad en la cultura europea. La supervivencia del marco nacional, de las convenciones académicas y literarias hizo factible un discurso metafísico-poético sobre el Caos. Esta cavilación me viene a la cabeza porque Gerardo de la Fuente advierte, al respecto del llamado “caso” Heidegger, lo que debemos preguntarnos es si la filosofía del rector nazi no es sino una forma de ambozamiento de un pensar igualmente nazi y de ahí que quedara en cuestión la posibilidad de su lectura. No es cosa menor lo que Gerardo de la Fuente nos apunta de la filosofía de Heidegger: la incapacidad de este pensador para poder decir algo no sólo de Auschwitz sino de todos los olvidados es algo que nos deja suspendidos en el dolor de la incomprensión, es decir, que el profesor del olvido del ser haya dejado del lado los olvidos irrenunciables de la humanidad. Lyotard ya había escrito “los judíos” en un plural indeterminado, para subrayar que no habla de lo judío como hecho político, ni religioso, ni filosófico., como nos afirma Gerardo de la Fuente pero, y esta es la pregunta ¿queda algo realmente de lo judío si se deja a un lado (se olvida) que su único y hasta ahora indoblegable lugar de pertenencia es la memoria y que esa memoria no hace otra cosa que repetir el fundamento religioso de su existencia? La memoria judía se enraíza: la Torá, el Talmud y los inacabables comentarios que les dan incesante vida. Lo judío tiene un punto de partida irreductible: el pacto sin precedentes impuesto por Dios a los hombres. Desde aquel entonces todo lo que se debe hacer es no olvidarlo: Benjamin nos recuerda, junto con Scholem, que la memoria es el deber inapelable y es la condición de existencia. La persecución a los judíos, desde siempre, tuvo como objetivo destruir la memoria: en la historia de los libros, tal vez ninguno haya sido tan condenado como el Talmud. Es probable que las cosas sean a la inversa de lo que imagina Lyotard y Europa haya sabido, siempre, qué hacer con los judíos: eliminarlos secando sus raíces, borrarlos borrando la memoria7. Podemos conjeturar que el nazismo tuvo el gesto más audaz y desesperado. Convencido de que era inútil el esfuerzo que llevaba dos mil años y creyendo que la memoria judía es indestructible, buscó la solución final: eliminar a sus portadores. Ninguna eternidad es posible si no existen seres que piensen en ella”8. San Pablo, y con él todo el cristianismo hasta la modernidad, comprendió que ese sujeto que permanecía fiel a la memoria, que habitaba un libro como si fuera una patria y lo volvía infinito y abierto, representaba el peligro, la presencia de una Otredad que el logos greco-cristiano no podía ni debía tolerar. Fuera de la historia, ajeno al mensaje salvador de Jesús, testigo de lo intolerable por inasimilable, el “judío” atravesó la historia europea siendo el portador de una marca despreciable cuyo destino no podía ser otro que el de la asimilación o la desaparición. Quemar el Talmud fue el comienzo de una historia que culminó en la gran hecatombe de los cuerpos judíos en la gigantesca hoguera que los nazis construyeron como corolario del insostenible lugar de esa figura huidiza y extranjera en el seno de una civilización fundada en lo igual a sí mismo, es decir, en un logos doblegador incesante de toda diferencia. Auschwitz, es posible decirlo así, culminó lo que desde un comienzo habitó la conciencia cristiana, allí donde el “judío” fue definido como el responsable de la ejecución de Cristo y el causante de la postergación del fin de la historia y su corolario salvífico. El otro, el extranjero, el judío describió su periplo por la geografía de Occidente recorriendo las tierras marginales, permaneciendo en el umbral a la espera de un tiempo continuamente postergado. Excluido pero instalado a tiro del poder, el judío constituyó en la Europa medieval ese personaje capaz de asumir en su figura demonizada todo el odio del pueblo; como si en el martirio al que fueron sometidos por turbas fanatizadas dirigidas por frailes y curas, se hubiera reproducido, en su forma contraria, el sufrimiento de Cristo. Hay ciertas frases cuyo destino en la historia contradice profundamente lo que quisieron decir sus autores. Frases que dibujan un itinerario que las aleja de su sentido original. En definitiva, no hay texto que pueda permanecer atado a un sentido pero hay algunos que se sustraen más dramáticamente a las intenciones de sus autores. Herder, por ejemplo, escribió una de ellas. Para él los judíos eran un pueblo “extranjero” en Europa, un pueblo que provenía del Asia. Claro que en Herder esta condición “extranjera” distaba de ser un reproche o de fundar una actitud de rechazo; se trataba, por el contrario, de un reconocimiento y hasta de un gesto de admiración. Los judíos alimentaban a Europa con su originalidad, su condición “extranjera” se volvía un beneficio. Y sin embargo, Europa no leyó con ese espíritu la frase de Herder, no quiso reconocer en ella el punto de encuentro de dos culturas ni la deuda contraída con el judaísmo. El judío se volvió literalmente “extranjero” en Europa, es decir, un otro negado y rechazado, un errante sin patria ni raíces. El “extranjero” fue la viva imagen, desde entonces, del temor ante el diferente. Lejos quedaba el significado bíblico del “extranjero” como aquel al que hay que ofrecerle albergue y al que hay que cuidar; sentido que todavía aparece en Herder pero que se vuelve inactual en su interpretación posterior. “El otro” como noción ha llevado a los propios judíos a tener que clausurar cualquier referencia a su condición genuina de “extranjeros” para volverse “nacionales”: judeo-alemanes, judeo-franceses, judeo-norteamericanos, judeo-argentinos, judeo-mexicanos y hasta judeo-israelíes, sin que ese pasaje haya impedido la continuidad del rechazo y, en pleno siglo XX, la tragedia del judaísmo europeo. Ya no hay lugar para lo simplemente judío, para aquello que representaba, según Herder, lo creativo y original, su presencia como “extranjeros” que son capaces de preñar otra cultura con su propio genio. Claro que Herder concluirá con la idea de que esa historia debe confluir, y negarse, en la nueva historia del presente. Se trata, tal vez, de que Europa vio desde siempre al judío como el portador de una amenaza, como aquel otro que se internaba en su seno sosteniendo una visión del mundo irreductible al universalismo de la razón greco-cristiano-ilustrada9. 3 Cuando uno se pregunta por esa suerte de complot de silencio que se levantó antes, durante y después de la Shoah parece no haber respuesta. Ese no hacer nada ante la muerte que se levantó en el corazón de Europa sigue marcando a fuego el fracaso de la racionalidad occidental y de sus promesas liberadoras. La destrucción de los judíos en los campos significó, también, el doblegamiento de la civilización occidental a la lógica del mal absoluto que no eludió sus raíces logocéntricas sino que las llevó a su extremo. Ese lugar imposible del “extranjero”, esa incapacidad de Europa de ser “hospitalaria” cala hondo en el devenir histórico del antisemitismo, entendiéndolo como el síntoma de una cultura imperial, universalista y reductora de toda diferencia. De la ecumene cristiana soñada por Pablo, pasando por la Iglesia medieval y el universalismo ilustrado, lo que quedó en el fondo del túnel fue Auschwitz, que no sólo representa el fin del judaísmo europeo sino que también supone la quiebra moral de toda una civilización. Descuidar, a la hora de intentar penetrar en los horrores de la Shoah, el largo proceso de construcción del imaginario antisemita tratando exclusivamente de limitar la lógica del exterminio al irracionalismo hitleriano, o al silencio de Heidegger ante Auschwitz, es perder de vista las condiciones que hicieron posible que pudiera destrozarse al judaísmo europeo sin que prácticamente nadie se haya opuesto. No obstante, Laura Himsworth, en una investigación, ha señalado que: “Fearing civil disorder, the Nazis once unexpectedly bowed to a public protest in Berlin and freed 2,000 Jewish husbands of Aryan wives”10. Asimismo, tampoco se podía protestar debido a que estaba prohibido agruparse abiertamente si no estaba relacionado con eventos del partido. Cualquier infracción a la ley se castigaba con la pena de muerte. “The White Rose group also began painting anti-Nazi slogans on the sides of houses. This included "Down With Hitler", "Hitler Mass Murderer" and "Freedom". They also painted crossed-out swastikas.” Más addelante sigue: ”The three members of the White Rose group appeared before the People's Court judge, Roland Friesler, on 20th February. Found guilty of sedition they were executed by guillotine a few hours later. Just before he was executed Hans Scholl shouted out: "Long live freedom!"11. “When the Nazi government escalated its attack on Jews by destroying their property, killing ninety, and sending thirty thousand to concentration camps during the infamous "Kristallnacht" on November 9-10, 1938, workers distributed tens of thousands of leaflets protesting Kristallnacht, and millions of other anti-Nazi leaflets. Red flags flew defiantly over factories, and posters attacked the regime. In working class districts, youth gangs painted anti-Nazi graffiti and regularly beat up members of the Hitler Youth.12 De igual forma, “Later, even with three million political prisoners in the camps, workers still refused to make peace with the regime. Industrialists reported thousands of examples of slowdowns, stoppages, and sabotage, as well as some strikes and mass protest meetings. During the war, the Krupp corporation alone reported to the Gestapo some five thousand examples of such "treason." Most work stoppages, the Nazis believed, were used as a safe way to protest their rule.”13 No habría que olvidar que cada vez que los alemanes tuvieron oportunidad de votar en contra de Hitler la gran mayoría así lo hizo: “Hitler ran for President in March, 1932 and got only 30% of the vote; in the run-off election the next month he got only 37%, versus 53% for the incumbent Field Marshal von Hindenburg”14. La Liga de las Naciones fue uno de los organismos en protestar ante la situación de los judíos en los ghettos, hubo boicots en los Estados Unidos y diferentes uniones en los mismos Estados Unidos como en otros países (Inglaterra y en la zona de palestina) ayudaron a los judíos a escapar. Desde luego que no deja de ser significativo y ejemplar, como nos lo dice Gerardo de la Fuente, por lo que ha implicado para la propia tradición filosófica, el silencio de Heidegger ante el exterminio de los judíos a manos de aquellos que instalaron su concepción homicida en el corazón de Alemania15. Lyotard ha intentado indagar en el silencio del autor de Sein und Zeit: cuando apunta que “el crimen de esta política reside no tanto en el compromiso nacionalsocialista del rector de Friburgo como en el silencio observado hasta el final por el pensador de Todtnauberg sobre el exterminio de los judíos (...). De ahí la paradoja, y hasta el escándalo: cómo pudo este pensamiento absolutamente dedicado a recordar lo que hay de olvido en todo pensamiento, en todo arte, en toda ‘representación’ del mundo, ignorar el pensamiento de ‘los judíos’, que en cierto sentido no piensa, no intenta pensar, más que eso; olvidarlo e ignorarlo hasta el punto de que calla hasta el final, que niega, la tentativa horripilante (e inane) de exterminar, de hacer olvidar para siempre lo que en Europa recuerda, desde el comienzo, que ‘hay’ Olvidado”16. “Olvido” de aquellos que han tejido su marcha por la historia con los hilos de la memoria; de aquellos que no pudieron sustraerse al mandato, a la Ley, al recuerdo. Es cierto, todo el pensamiento de Heidegger no tiene una sola palabra para nombrar a los olvidados de esa historia de sustracciones17. Heidegger calla. He ahí su complicidad. Lo demás, y estoy de acuerdo con Lacoue-Labarthe, con Lyotard y con Gerardo de la Fuente, es menos relevante y hasta puede ser atribuido a un error político como quiere Walter Biemel18 y tantos otros; lo que no puede obviarse es su silencio posterior, ante esto yo tampoco tengo palabras. Esto, por supuesto, es evadir o falsear lo obvio. Los pronunciamientos de Heidegger sobre el Verjudung, la “infección del judaísmo” en la vida espiritual alemana, son anteriores a la ascensión de Hitler al poder. Los discursos que pronunció en 1933 y 1934 elogiando al nuevo régimen, su trascendente legitimidad y la misión del Führer, perduran en la ignominia, así como la decisión de Heidegger de reimprimirlos —orgulloso de su integridad— en una edición de 1953 de su Introducción a la metafísica, la famosa definición de los altos ideales del nacionalsocialismo. Otra máxima, aún más célebre, ocurrió en una de las lecturas que Heidegger pronunció en Bremen en 1949. Ahí, Heidegger equipara la masacre de seres humanos (Heidegger evade tímidamente la palabra “judíos”) con la agricultura en serie y la tecnología moderna. Como la entrevista publicada por Der Spiegel en 1966 deja en claro, Heidegger simplemente no estaba dispuesto a expresar cualquier opinión directa sobre el Holocausto o sobre el papel que él desempeñó en la miasma retórica y espiritual del nazismo. El de él era un silencio formidablemente astuto. Permitió a Lacan declarar que el pensamiento de Heidegger era “el más encumbrado del mundo” e hizo posible que Foucault basara su modelo de la “muerte del individuo” en el “post humanismo” heideggeriano. Y, sin embargo, ¿deberíamos esperar una reflexión política cada vez que se publica o se debate un texto de Heidegger? ¿Deberíamos incluso exigir algún tipo de estrella negra, o protocolos o prólogos de rechazo, como ocurrió no hace mucho con algunas ediciones de Mein Kampf que rezaban así: “Por favor, no lean esto”? El problema es que el pensamiento de Heidegger influyó enormemente en el pensamiento contemporáneo, y que el efecto del nazismo todavía perdura. En efecto, Heidegger fue nazi y que los llamados “errores” de Heidegger pertenecen a los dos primeros años del régimen nacionalsocialista a partir de enero de 1933, pero estoy de acuerdo con Luis Tamayo en que Heidegger no fue el único en mostrar entusiasmo por el nuevo régimen como lo muestra el incremento del apoyo popular al partido: 2.6 por ciento en 1928 y un 43.9 por ciento en marzo de 1933. Heidegger tuvo que saberlo: en febrero de 1933, el incendio del Reichstag sancionó la ilegalidad del partido comunista; en marzo, la Ley de Habilitación instauró unos poderes de emergencia permanentes; en abril, se prohibieron a los judíos acceder a la administración pública, a los clubes deportivos y a otras instituciones; se lanzó una campaña contra los negocios judíos; en mayo, fueron los sindicatos alemanes; en julio, de prohibieron todos los demás partidos políticos y se estableció la esterilización forzosa. Heidegger dimitió de su cargo de rector en 1934 y también dimitieron sus discursos pro nazi. Por el lado de la Filosofía me cuesta encontrar esos vasos comunicantes que, por ejemplo, Farías, con su malvado libro quiso encontrar, pues las primeras inquietudes de Heidegger tuvieron relación con la teología y con la filosofía griega antigua; luego Aristóteles, Platón, San Agustín, la escolástica medieval, Lutero, Pascal, Kant, Kierkegaard, Dostoievsky, Nietzsche, Dilthey, el Conde de York, Brentano, Husserl, no creo que hubieran sido fundamentales para el nazismo, pero sí para Sein und Zeit. ¿Qué relación puede existir entre el pensamiento teórico de Heidegger y su apoyo público al nacional-socialismo? Estas reacciones se pueden considerar como motivadas por una valoración ética de la relación entre vida y obra de un filósofo. Algunos creen que la conducta moral de los científicos en nada afecta al resultado de las investigaciones, mientras que para ese tipo especial de intelectual que sería el filósofo el vivir sus ideas es lo que los hace atractivos o repulsivos y permitiría la formación de escuelas. Independientemente de que la cuestión si la filosofía sea o no inseparable de nuestro modo de vivir, que es en otros términos, el antiguo problema entre teoría y praxis, normalmente se considera que el filósofo debe actuar 'en consecuencia' con lo que dice y piensa. Hay pensadores como Habermas que sostienen que la teoría inevitablemente está traspasada y en algún sentido, dirigida por los intereses, creencias y deseos del investigador, incluso en las así llamadas ciencias 'duras'. Yo tengo algunas observaciones que me parecen necesarias: A) Heidegger realiza la crítica de la modernidad entendida como una apuesta filosófica por la subjetividad. En este sentido Heidegger ve en los fenómenos políticos y militares del totalitarismo la “consumación de la dominación moderno-europea del mundo”. Habla de la lucha por la ilimitada utilización de la Tierra como fuente de materias primas y por un uso, sin ilusiones, del material humano al servicio de una incondicionada potenciación de la “voluntad de poder". Esta racionalidad “totalitaria” y excluyente es el último período del nihilismo moderno, un giro donde se expresa una racionalidad funcionalista específicamente moderna que ha venido radicalizándose desde Descartes hasta Nietzsche. El hombre es el sub-iectum a toda objetualización, por tanto, se convierte en la medida y el centro del ente. La crítica de Heidegger va dirigida a una razón centrada en el sujeto, en ella ve su lado autoritario. La reacción de Heidegger frente a la centralidad del sujeto es una arremetida frontal contra toda forma de aparición de la razón como fundamento o no fundamento de la existencia humana. Para él daría igual, en esta etapa, el positivismo, el racismo o el nacionalismo en la medida que los ve como intentos de autopotenciación de la razón. B) Heidegger se mueve dentro del horizonte de la conciencia moderna en la medida que el comienzo de la modernidad se caracteriza por una “censura epocal” datada ab initium en el pensamiento de Descartes y luego radicalizada por Nietzsche. La modernidad sería el tiempo “novísimo” que se autocomprende como ruptura con las raíces heteronómicas del pasado y un nuevo comenzar para el pensar y la acción. La actualidad es vista como 'crisis' que puede resultar en una 'clausura de la historia occidental' o apertura a un 'nuevo comienzo. Se trata de decidir: "Si a Occidente le queda todavía aliento para crearse una meta por encima de sí y de su historia, o si prefiere hundirse”. C) Ser y Tiempo es una obra filosóficamente combativa, ella rompe denodadamente con cualquier esencialismo, con los empirismos y racionalismos de todo cuño; pone en cuestión el concepto de sujeto que fundamenta a la modernidad para dar una “vuelta de tuerca” al quehacer filosófico. Incluso los malhadados conceptos de auténtico o inauténtico que Adorno cree cercanos al fascismo y que para él contribuyeron al dominio social y autoritario de la época de los sesentas corresponden más a una teoría del héroe que a un buen o mal nazi. D) Contra las interpretaciones de aquellos que consideran que éste fue un “error” o un “desliz” luego corregido con su renuncia, podemos propone que el apoyo al nazismo está profundamente arraigado y es una consecuencia del pensamiento teórico de Heidegger; en este caso, que el nazismo no era una “aberración” del desarrollo “normal” del capitalismo, sino que como exceso revelaba la verdad del sistema. La “grandeza interior” del movimiento nazi estaba en que expresaba la realización del encuentro entre el hombre moderno y la tecnología. Su desilusión se debió en parte a que Heidegger consideraba que la ideología biologicista y racista actuaba como legitimación del nazismo, opacando su capacidad de revelar la esencia del hombre moderno. E) En general, para vislumbrar la posición de Heidegger respecto del nacionalsocialismo y su silencio ante la Shoa, puede comprenderse a partir de un análisis riguroso de las premisas que instituyen Ser y Tiempo pues en todo momento existe la confusión entre lo óntico y lo ontológico y esto no es cualquier cosa pues el planteamiento ontológico aleja los conocimientos ónticos como los de la economía y, sobre todo, de la política. F) Por otro lado, dotado de una sintaxis peculiarmente móvil y con la capacidad de fragmentar o de fundir palabras y raíces de palabras casi a su capricho, el alemán puede elegir solidaridades en su pasado, con el Maister Eckhardt, con Böhme, con Hölderlin, el Stern der Erlösung, los escritos mesiánicos de Bloch, las exégesis de Barth y, ante todo, Sein und Zeit son discursos-actos de la índole más revolucionaria. Tan sólo en este contexto lingüístico y emotivo resulta inteligible el método de Heidegger. Sein und Zeit es un producto inmensamente original, pero tiene claras afinidades con una constelación de lo apocalíptico. Como estas obras, superaría al lenguaje del pasado inmediato alemán y forjaría una nueva habla tanto por virtud de su invención radical cuanto por un retorno selectivo a fuentes “olvidadas”. Probablemente, Karl Löwith fue el primero en observar las similitudes de retórica y visión ontológica que relacionan el Stern der Erlösung con Sein und Zeit. Los giros del lenguaje y pensamiento de Karl Barth, especialmente la dialéctica de la ocultación y la revelación divinas, tiene su correspondencia en Heidegger cuando habla de la verdad, del ser, del fenómeno, del acontecer. En ambos textos, un violento existencialismo por referencia al enigmático “arrojamiento” del hombre a la vida acompaña a un sentido no menos violento de iluminación, de presencia “más allá” de lo existente. Como nos dice Steiner, “el lenguaje de Heidegger, totalmente inseparable de su filosofía y de los problemas que ésta plantea, debe verse como un fenómeno característico que brota de las circunstancias de Alemania entre el cataclismo de 1918 y el ascenso del nacionalsocialismo al poder. Muchas de las dificultades que experimentamos al tratar de oír y de interpretar hoy ese lenguaje brotan directamente de su intemporalidad, del hecho de que, inevitablemente tratamos de aplicar nuestra conciencia de la historia y del discurso tal como se desarrollaron durante las décadas de los años cuarenta y cincuenta a un anterior mundo del habla”19. Cabalmente Gadamer nos habla del Wortgenie, o “genio de la palabra” de Heidegger. El pequeño mago de Messkirch puede sentir y seguir las etimológicas “arterias hasta la roca primigenia del lenguaje”. El autor de Sein und Zeit, de las conferencias sobre el significado de la metafísica, de la Carta sobre el humanismo, de los comentarios sobre Nietzsche, Hölderlin o Schelling, es, como Platón y como Nietzsche, un estilista de incomparable potencia. Su manejo del lenguaje, esa forma tan peculiarísima de construir hasta llevarnos a una serie de resonancias misteriosas, engendraron el posestructuralismo y el deconstruccionismo. Heidegger pertenece a la historia del lenguaje y de la literatura tanto como a la de la ontología, de la epistemología fenomenológica, la estética y la hermenéutica. G) Solamente en un nuevo giro de su pensamiento, en su discusión con Nietzsche acerca del poder, Heidegger elabora su concepto de la técnica como Gestell y considerar al fascismo (tanto como al 'americanismo' y al comunismo), síntomas de la dominación metafísica ejercida por la técnica. En esta etapa tanto el Dasein que se afirma a sí mismo como el colectivismo nacionalista pierden su poder de abrir el Ser. La autoafirmación es vista ahora como pathos que es el rasgo fundamental que domina la modernidad. "En la segunda filosofía de Heidegger ese pathos es sustituido por el pathos del dejar-ser y de la obediencia", como dice Habermas Sabemos, gracias a Guido Schneeberger (1962); Otto Pöggeler (1987); Hugo Ott (1988) y Rüdiger Safranski (1994), y los anteriores como Lukács (1953), Habermas (1953), Adorno (1964) y Pierre Bourdieu (1975) que el affaire Heidegger no fue un desafortunado accidente sino que utilizó su puesto de rector para una incursión explícita y enérgica en el escenario político. Sus discursos fueron evidencia de su ambición política y el “Sieg Heil”, que aún resuenan en nuestros tímpanos ontológicos, lo refrenda, pero ¿lo es su filosofía? Deleuze, Foucault, Guattari, Derrida y Lacan, aunque con distintos acentos, fueron influidos por la filosofía de Heidegger. Las obras de estos pensadores presentan implicaciones políticas complejas y ellas han influido en contextos políticos declaradamente de izquierdas como los movimientos antipsiquiatría, los discursos feministas, la teoría del queer, entre otros. ¿Son todos ellos, por omisión, nazis? Que el núcleo de la filosofía heideggeriana sea nazi es una conclusión que la mayoría de los filósofos considera poco rigurosa y antojadiza. Excede los límites de la hermenéutica, porque entra a juzgar y a sacar conclusiones prematuras. No sólo es un juicio, sino que un prejuicio. Heidegger no habló nunca de Auschwitz, es cierto, pero esto no quiere decir que, como nos lo hace ver Derrida, su filosofía no fuera partícipe de una política de democracia y justicia que nos parece impensable. Derrida resalta la “monstruosidad” del nazismo de Heidegger, pero el pensamiento de Heidegger no puede rechazarse, al contrario, puede aplicarse, según Derrida, al nazismo de Heidegger. La deconstrucción de Derrida adopta la idea de Heidegger de “superar” la metafísica buscando alterar, interrumpir o desestabilizar los conceptos fundacionales, métodos y procedimientos de la filosofía y es ese pensamiento desestabilizador lo que tiene que ejercer presión sobre la política de Heidegger. Esto es: el pensamiento metafísico trata de deslindar territorios a fin de que todo quede límpidamente claro, nítido a fin de que cada cosa esté en su lugar; es, de hecho, un pensamiento que opone pues siempre está estableciendo algo contra algo, la verdad contra el error, el totalitarismo contra la democracia, tal es así porque lo que necesitamos es una certeza conceptual, tal y como nos la pedía el viejo Parménides y Descartes y Husserl. La deconstrucción insiste en las contaminaciones que colisionan y alteran los límites, ella pone de relieve fórmulas que no encajan exactamente en esos opuestos y que son subversivamente impredecibles. Estos recursos inspirados por Heidegger suelen influir en el pensamiento que indaga en el nazismo de Heidegger. ¿Y si nuestra noción de nazismo fuera uno de esos conceptos con los que la metafísica se afirma, con qué estaríamos tratando? Lo que nos llegan son discursos nazis y antinazis entrelazados, compartiendo sus rasgos, operando en una red de complicidad, aun sin quererlo. Entonces, no podríamos decir qué fue el nazismo. De ninguna manera se quiere perdonar o construir un velo para dejar de lado el horror de Auschwitz, sino sólo comprender desde otras categorías eso que Gerardo de la Fuente, junto con otros, llama el “Caso Heidegger”. Lo que es interesante es que al analizar Derrida el discurso inaugural del rector Heidegger se encuentra con el lenguaje de la metafísica. No puedo ahondar más en este punto. Sólo diré que la defensa del judío Derrida del nazi Heidegger es la más contundente y extraña resistencia al nazismo inspirada por el propio Heidegger. No se trata necesariamente de valoraciones equivocadas. Sobre todo porque cada vez más el pensamiento de Heidegger apuntala el desarrollo de la filosofía moderna. El post estructuralismo, la deconstrucción —Derrida habla conmovedoramente de que Heidegger lo “ampara”— y el posmodernismo son variaciones, incluso artificiosas, de la colosal obra de Heidegger. “Heidegger es, por supuesto, incomparable”, enseñaba en sus clases Leo Strauss, a la vez que prohibía mencionar el nombre de Heidegger en su seminario. El asunto sigue siendo inmensamente complicado. Sin duda hay vulgaridades y omisiones en muchas de las violentas embestidas “liberales” con que se ataca la reputación de Heidegger. Las líneas que relacionan su “nazismo privado”, una brillante definición a la que llegaron las autoridades de Berlín a finales de 1933, con los argumentos ontológicos actuales y con las revisiones de Aristóteles y Kant, todavía no han sido ventiladas con una precisión responsable. En lo que no hay duda es en la gravedad del caso, en lo profundo de las implicaciones de Heidegger en la catástrofe alemana, o en las tácticas de evasión con las que se aseguró su estatus después de 1945 y en que se erigió su encumbramiento global. Los sofismas de France-Lanord en su Paul Celan et Martin Heidegger le hacen flaco honor a Heidegger. Finalmente, negar a Jünger por su apoyo temprano a los nazis o a Ezra Pound, Jung, Cioran, Céline20, Pierre Drieu La Rochelle, Lucien Rebatet, Robert Brasillach y finalmente Heidegger, es olvidar que esas circunstancias históricas, si bien no deben repetirse, son sucesos que marcan la vida de los hombres, los destinos de los pueblos, el derrotero de camino pero que, en ningún caso eliminan o determinan el valor de las obras de estos pensadores que trascienden el desideratum político. En el fondo, se trata de entender que no puede dejar de leerse a un Francis Bacon por haber sido un funcionario corrupto o a un Jenofonte por servir como soldado mercenario en una guerra interna en Persia. 1 “Pero cuando aparece el peligro/Ahí crece también el poder de salvación” 2 Edmónd Jabès, “El infierno de Dante”, Nombres, año III, Núm. 3, Córdoba, sept. de 1993, p. 132. 3 Primo Levi, Si esto es un hombre, Muchnik, Barcelona, 1995, p. 32. 4 El infierno concentracionario es una concepción del espacio humano con el que se analiza antropológicamente a las diversas formas del totalitarismo, es de hecho, un territorio estable y sostenido en el tiempo, un "territorio" de excepción en el que "todo puede ocurrir", sin referencias externas. El campo no siempre está del otro lado del alambrado. El universo concentracionario es la rúbrica de nuestro tiempo. El universo concentracionario es en acto el mundo alternativo en que los seres humanos son ya superfluos por entero, están de más, sobran. 5 Ricardo Forster, “Después de Auschwitz: la persistencia de la barbarie”, www.ifs.csic.es/holocaus/textos 6 En su Epístola a los Romanos San Pablo despliega con especial intensidad la concepción del pueblo cristiano como rehén del “endurecimiento” judío y del rechazo de la condición mesiánica de Jesús. En 9: 6-13 el apóstol destaca la sumisión de los hijos de Israel a los portadores del mensaje de Cristo: “El mayor servirá al menor, como dice la escritura: Amé a Jacob y odié a Esaú.” La controvertida figura del hermano mayor que en la mayoría de los ejemplos bíblicos representa lo pervertido frente a la iluminante presencia del hermano menor (basta recordar el arquetipo originario señalado por Caín y Abel. Continúa la Epístola remarcando el endurecimiento de Israel, su profunda incomprensión del mensaje de Cristo (11: 5-10) culminando en ese texto que definió el lugar del judío en la economía de la salvación cristiana: “Pues no quiero que ignoréis, hermanos, este misterio, no sea que presumáis de sabios: el endurecimiento parcial que sobrevino a Israel, durará hasta que entre la totalidad de los gentiles, y así, todo Israel será salvo, como dice la Escritura: Vendrá de Sión el Libertador; alejará de Jacob las impiedades. Y ésta será mi Alianza con ellos, cuando haya borrado sus pecados.” (11: 25-27) [Biblia de Jerusalén, Bilbao, 1975, Nueva edición totalmente revisada y aumentada]. Podríamos decir que el cristianismo necesitó al “judío”, el nacionalsocialismo, en la época de la secularización y la muerte de Dios, ya no necesitará la presencia del pueblo errante, su destino quedará sellado allí donde el crepúsculo de lo sagrado liberó a la conciencia europea, particularmente la alemana, de los destellos de la teología paulina que, como lo hemos señalado, les otorgó a los hijos de Israel un lugar, terrible y precario pero lugar al fin, en la economía de la salvación. 7 J-F Lyotard, Heidegger y “Los Judíos”, ed. La marca, Buenos Aires, 1996, p. 17. Lyotard plantea esta cuestión del siguiente modo: “Lo más real de los judíos reales es que Europa, por lo menos, no sabe qué hacer con ellos: cristiana, exige su conversión; monárquica, los expulsa; republicana, los integra; nazi, los extermina. ‘Los judíos’ son el objeto del no ha lugar por el que los judíos, en particular, son golpeados realmente.” 8 Héctor Schmucler, “Formas del olvido”, Confines, Núm. 1, 1995. 9 Reyes Mate ha señalado la tendencia de la tradición cristiana, asumida luego por la ilustrada, de volver literalmente intolerable para su universalidad el lugar descentrado del judío: “La racionalidad occidental lleva el sello cristiano. Y por mucha secularización que se le eche, el sello sigue denotando el origen. Esa secularización, sin embargo, es tan profunda que la referencia al origen puede pasar inadvertida a cualquier post-cristiano, es decir, a cualquier hombre moderno. Pero no al judío.” Reyes Mate, Memoria de Occidente. Actualidad de pensadores judíos olvidados, Anthropos, Barcelona, 1997, p. 16. 10 Cfr. Laura Himsworth, Germans examine rare protest against Nazis, Reuters, http://uk.news.yahoo.com/040430/325/esh3z.html 11 White Rose Group, que fue una asociación formada por estudiantes de la Universidad de Munich en 1941. “It is believed that the group was formed after August von Galen, the Archbishop of Munster, spoke out in a sermon against the Nazi practice of euthanasia (the killing of those considered by the Nazis as genetically unsuitable)”. Cfr. http://www.spartacus.schoolnet.co.uk/GERwhiterose.htm 12 Ídem 13 http://interversity.org/lists/arn-l/archives/Jun2000/msg00480.html 14 http://newdemocracyworld.org/facing.htm 15 Vid., Reyes Mate, Heidegger y el judaísmo, Anthropos, Barcelona, 1998. Un libro que nos sirve para profundizar en una comparación entre la filosofía de Heidegger y el pensamiento judío, principalmente con el de Rosenzweig y Benjamin. De igual manera, para indagar la posible postura de Heidegger ante el exterminio y la terrible lógica de la Solución final, es muy sugerente el libro de J. L. Nancy, La experiencia de la libertad, Paidós, Barcelona, 1996, y los libros de Philippe Lacoue-Labarthe, La poésie comme expérience, Bourgois, París, 1986, p. 167, y La fiction du politique, Bourgois, París, 1988. 16 J-F. Lyotard, op. cit., p. 18 17 Sería bueno aclarar que el despliegue histórico de las políticas del olvido concluyó, no azarosamente, con el exterminio judío a manos de los nazis; como si en ese gesto milenario -cristiano, monárquico, republicano o nazi- ya hubiera estado, desde el principio, escrito el destino de los olvidados: el exterminio. 18 Walter Biemel, Martin Heidegger an Illustrated Study, Routledge y Kegan Paul, Londres, 1977. La influencia de Heidegger ya había penetrado en el pensamiento francés a lo largo de la década de los cuarenta. En diversos sentidos, Ser y tiempo fue considerado fundamental por Levinas, por Sartre y, más tarde, por Derrida. Jean Beaufret se volvió el portavoz del maestro de Messkirch. A pesar de la evidencia adversa, la guardia pretoriana francesa se agrupó en torno a la reputación política y humana de Heidegger. Hadrien France-Lanord es, con mucho, miembro de esta camarilla protectora y apologética. Por consiguiente, su tratamiento de la figura total de Heidegger, sin duda compleja, raya en el escándalo. Según él, la relación de Heidegger con el nazismo fue un breve “error”, esencialmente finiquitado y enmendado por su renuncia a la rectoría de la Universidad de Friburgo después de diez meses decepcionantes. Al cabo de lo cual, su permanencia fue una resistencia estoica, un esfuerzo incomparablemente profundo y clarividente por comprender al nazismo como un elemento de la enorme catástrofe del nihilismo occidental y de la tecnocratización. En el fondo, Heidegger nunca “olvidó su falta” pero eligió integrarla dentro de una crítica del destino del Ser, con lo cual el suyo fue un entendimiento único, profético. Los detractores de Heidegger son charlatanes malévolos o ideólogos contaminados con obsesiones radicales pro semitas. 19 George Steiner, Heidegger, Ed. FCE, México, 2000, p. 27 20 Maurice Sachs, fue uno de entre varios escritores franceses que se prestó a la colaboración con los nazis para denunciar a los judíos. Quizá fue uno de los más abyectos habida cuenta de que su condición de judío no le impidió convertirse en delator de los nazis. http://www.observacionesfilosoficas.net/heideggerpalabra.html

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Que es Ser Judio por Marcos Aguines
Que es Ser Judio por Marcos Aguines
Apuntes Y MonografiasporAnónimo1/2/2010

Adoro ser judío ¡Nunca hemos estado mejor! Son la televisión y los medios los que hacen pensar a la gente que el fin del mundo judío se avecina. Hace sólo 60 años, ellos dirigían a los judíos a su muerte como ovejas al sacrificio, sin País, sin ejército. ¡Hace 59 años! Todos los países árabes declararon la guerra al pequeño Estado ¡Con solo unas pocas horas de vida! ¡Éramos entonces 650,000 judíos! ¡Contra el resto del mundo árabe! Sin fuerza de Defensa Israelí, sin Fuerza aérea poderosa, y sin ningun pais amigo que nos ayudara. Éramos solo personas sin ningún lugar para ir. Líbano, Siria, Irak, Jordania, Egipto, Libia, Arabia Saudita, atacaron al unísono. El país que nos dieron las Naciones Unidas era 65% de desierto. Nuestro país empezó de la nada. ¡Hace 40 años! Combatimos a los siete ejércitos más fuertes en el Oriente Medio, y los dejamos fuera en seis días. Luchamos contra coaliciones diferentes de países árabes, contra sus modernos ejércitos, contra las cantidades de armas soviéticas, Y aún ganamos. Tenemos hoy: Un país, un ejército, una Fuerza aérea fuerte, una Tecnología y una Economía sólida exportando millones. Intel -Microsoft - IBM desarrollaron su material aquí. Nuestros médicos ganan mundialmente premios en desarrollo médico. Hicimos florecer al desierto. Vendemos naranjas y verduras a todo el mundo. ¡Israel ha mandado su propio satélite al Espacio! ¡Tres satélites juntos! Nos sentamos orgullosamente, con los EEUU, con 250 millones de personas, con Rusia, con 200 millones de personas, con China, con mil millones de personas, con los países europeos -Francia, Inglaterra, Alemania, con 350 millones de personas. ¡Los únicos países en el mundo que han puesto algo en el espacio! Israel es hoy parte de la poderosa familia nuclear. Con los EEUU, con Rusia, con la China, con la India, con Francia, y con Inglaterra. ¡Pensar que sólo hace 60 años, fuimos dirigidos vergonzosamente, sin esperanza, a nuestra muerte! Salimos lentamente de las cenizas y del ardor de Europa, ganamos nuestras guerras aquí con menos que nada, construimos un 'imperio' de la nada. ¿Quién diablos son los Palestinos para espantarnos? ¿Para hacernos sentir aterrorizados? ¡Ustedes nos hacen reír! La Pascua se celebró; no olvidemos lo que nos relata la historia: vencimos al Faraón, vencimos a los griegos, vencimos a los romanos, vencimos a la Inquisición en España, vencimos a los Pogromos en Rusia, vencimos a Hitler, vencimos a los alemanes, vencimos el Holocausto, vencimos a los ejércitos de los siete países árabes, vencimos a Saddam. Tómenla suave señores, ¡Venceremos también a los enemigos del presente¡ ¡No importa de qué parte de la historia humana se trate! Píenselo, para nosotros, los judíos, ¡Nuestra situación nunca ha sido mejor! Así que, permítanos mantener la cabeza en alto! Recordemos: ¡Cualquier nación o cultura que trató de desordenar nuestro alrededor fue destruida-mientras nosotros seguimos adelante! ¿Egipto? Cualquiera sabe donde desapareció su imperio ¿los Griegos? ¿ Alejandro de Macedonia? ¿los romanos? ¿Alguien habla latín hoy en día? ¿El Tercer Reich? ¿Alguien ha oído noticias acerca de ellos recientemente? ¡Observen a Israel, la nación de la Biblia, de la esclavitud en Egipto, aún estamos aquí, Hablando el mismo idioma! Aquí mismo, en este mismo momento. Los árabes no lo saben todavía, pero aprenderán que solo hay un Dios. Mientras mantengamos nuestra identidad, SOMOS ETERNOS. Así que, perdón por no preocuparnos, por no ser rencorosos, por no ser envidiosos, por no llorar, por no espantarnos. Las cosas están bien aquí. Seguramente podrían estar mejor. Pero todavía, no caemos en la basura de los medios de comunicación. Ellos no les dirán: Que nuestras fiestas continúan, Que nuestra gente sigue adelante, Que nuestra gente sigue saliendo, que siguen viendo amigos. Sí, nuestra moral anda por los suelos, es solo porque lloramos a nuestros muertos mientras ellos gozan la sangre derramada. Esta es la misma razón por la qué, finalmente ganaremos, después de todo. Reenvía esta autoestima a la comunidad judía entera, y quizá estas letras los ayuden a mantener la cabeza en alto. Y a todas las personas a través del mundo, díganles que no hay por que preocuparse Díganles que piensen en GRANDE, Y que vean todo el panorama antes de juzgar. Nos veremos el año próximo en Jerusalén. http://elcomandante.wordpress.com/2007/01/16/%C2%BFquien-es-judio-%C2%BFque-es-ser-judio/

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Estudio Sociologico de la Alemania Nazi
Estudio Sociologico de la Alemania Nazi
Apuntes Y MonografiasporAnónimo1/3/2010

Manipulación de las Masas y Propaganda en la Alemania Nazi 1) Principales causas del auge del nazismo Las causas del ascenso del poder del partido nazi es una de las cuestiones más abordadas por los historiadores a lo largo del siglo XX. Numerosos son los factores que se tienen en cuenta a la hora de intentar dar explicación a lo que luego devendría uno de los regímenes políticos más sanguinarios del siglo, provocando más o menos directamente la muerte de unos 60 millones de personas, entre víctimas de guerra y prisioneros ajusticiados en los infames campos de exterminio nazis; con el agravante de que toda esta cultura de la muerte tuvo lugar en el corazón de Europa, en uno de los países más cultos y respetados del viejo Continente, el cual, durante unos años, pareció abocado a un tipo de barbarie que se creía ya superada en la Europa occidental. Como no es nuestra intención hacer un estudio detallado de los orígenes del régimen nazi, sólo vamos a centrar nuestra atención en aquellos elementos que relacionan los inicios del nazismo con el mayor o menor apoyo popular con el que contaron, un apoyo que les llevó a convencer a un 37% del electorado en julio de 1932, lo cual no está nada mal para lo que empezó siendo un grupúsculo de nacionalistas minoritario que tenía su principal argumento en la reivindicación patriótica frente a la humillación que supuso el Tratado de Versalles y su principal instrumento de actuación en la violencia callejera. En primer lugar, no se entendería el partido nazi sin el que fue su líder carismático –que no fundador– hasta el mismo declive: Adolf Hitler. Sin entrar en factores como la aparente mediocridad de este aspirante a pintor fracasado, lo que nadie parece dudar es que entre sus virtudes políticas se encontraba una sobresaliente capacidad oratoria, que convirtió casi en un arte, al ser capaz de llevar a buena parte del público que le oía a un estado que rozaba la hipnosis. Hitler en persona fue el principal elemento propagandístico del régimen, y los discursos que pronunció durante la segunda mitad de los años 20 y principios de los 30 fueron los culpables, en buena parte, del auge del nazismo en Alemania. Hitler supo adaptar su discurso al avance de los tiempos: pasó de las reivindicaciones de guerra a la crítica de la República de Weimar. Según Evans: “A pesar de su complejidad y modernidad, la propaganda nazi tampoco logró todo lo que se propuso. Parece obvio, por ejemplo, que ni el anticapitalismo ni el antisemitismo fueron elementos suficientemente atractivos de la política nazi antes de 1933, pero la propaganda sí se apuntó tantos en su ataque contra la República de Weimar y todo lo que esta representaba. Consiguió apoyó, en parte, porque parecía la fuerza que contaba con más probabilidades de terminar con las instituciones políticas de la primera democracia de Alemania”. Y encontramos, precisamente aquí, otra de las causas evidentes que propiciaron el triunfo del nazismo: la propaganda nazi aprovechó el descontento general producido por las decisiones del Tratado de Versalles, para convencer a muchos de que el carácter democrático de la República de Weimar estaba asociado con la humillación nacional y, en efecto, durante la década de los 20 se fue instaurando en la sociedad alemana un cierto sentimiento antidemocrático, originado, principalmente por los dos extremos del espectro político. Alemania era un país sin tradición democrática y a pesar – o precisamente por ello– de lo avanzado a su época de la Républica de Weimar, esta acabó resintiéndose, debido sobre todo a la inestabilidad que originaban los constantes cambios y las frágiles coaliciones de gobierno que se formaban. A ello hay que añadir algunos factores de índole internacional: la inflación, la injerencia de ideologías extranjeras y sobre todo el crack económico de 1929 que sumergió a Alemania en la más grave crisis económica, política y social de su existencia con un nivel de paro en 1932 que alcanzó los 7 millones. Todos los votantes que no consiguió el partido nazi durante la década de los 20 le llegaron de repente en forma de masa social fragmentada y escarmentada de la nefasta experiencia democrática capitalista. Las arengas antidemocráticas de Hitler cobraban ahora sentido y actualidad. 2) Una nueva disciplina científica Como es sabido, los orígenes más inmediatos del nazismo se sitúan en la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial. La Gran Guerra supone el fin de las guerras románticas y la aplicación sistemática del nuevo poder de los medios de comunicación de masas (especialmente la prensa, la propaganda política a través de panfletos, carteles y octavillas y los nuevos medios recién aparecidos, el cine y la radio). Entre las variadas y múltiples consecuencias de la guerra, resulta de particular interés para nosotros en este momento la aparición de una nueva disciplina científica: la Teoría de la Comunicación de masas. Aunque el estudio de los medios de comunicación y de la propaganda política tiene raíces enormemente antiguas, la investigación se había producido a través del filtro de las más variadas disciplinas (especialmente la sociología y la psicología de las masas); la I Guerra Mundial supone un claro punto de inflexión en este proceso, según el cual la comunicación de masas comienza a emanciparse paulatinamente, bebiendo todavía,como es obvio, de disciplinas a ella asociadas. La observación de los estragos causados en la opinión pública por la manipulación propagandística, así como el shock que supuso para los investigadores el éxito de la Revolución Rusa, derivó en una concepción totalmente negativa de la sociedad de masas, en cuanto formada por individuos aislados y totalmente carentes de raciocinio, fácil pasto de la manipulación de los nuevos medios masivos. El éxito de sucesivos totalitarismos en los años veinte y treinta, entre ellos el nazismo, impulsados y fortalecidos por el uso indiscriminado de los medios de masas para asegurarse el apoyo popular, contribuyó poderosamente a que la primera teoría de la comunicación de masas, conocida como “Teoría hipodérmica” o “Teoría de la bala”, estableciera un modelo unidireccional de la comunicación, en el que todo el poder está en manos de los medios de masas y de las elites que se sitúan detrás de ellos. El modelo de la Teoría Hipodérmica, según lo define Mauro Wolf, sería el siguiente: Habría que hablar de una teoría de la acción, la elaborada por la psicología conductista. Su objetivo es estudiar el comportamiento humano con los métodos del experimento y de la observación típicos de las ciencias naturales y biológicas. El sistema de acción que distingue al comportamiento humano debe ser descompuesto, por la ciencia psicológica, en unidades comprensibles, diferenciables y observables (...) Estrechamente vinculada a los temores suscitados por el ‘arte de influenciar a las masas’ (...), la teoría hipodérmica (...) mantenía por tanto una conexión directa entre exposición a los mensajes y comportamientos: si una persona es alcanzada por la propaganda, puede ser controlada, manipulada, inducida a actuar. (1991: 27-29) El sistema propuesto por la teoría hipodérmica está enraizado con una corriente filosófica de carácter conservador que observa con pesimismo los resultados de la sociedad industrial, que tiende a atomizar el cuerpo social en individuos particulares e inconexos, fácil pasto de los mensajes centralizados de los medios de comunicación. Asimismo, en el contexto europeo se vive una época de incertidumbre provocada por la hecatombe de la guerra y por la constatación de que Europa está perdiendo a marchas forzadas el liderazgo mundial. Se alzan voces que exigen una reacción, explicitada en términos de lucha. Por ejemplo, Oswald Spengler advierte de que “La historia de esta época ya no es un juego ingenioso en buenas formas, con el fin de obtener más o menos, y del que cabe retirarse siempre. Resistir o morir: no hay otro término. La única moral que la lógica de las cosas nos permite hoy es la de un alpinista en la cresta empinada. Un instante de debilidad, y todo perece. La ‘filosofía’ no es hoy más que interno abandono y la esperanza cobarde de eludir los hechos merced al misticismo (...) Se trata de la época más difícil que conoce la historia de una gran cultura. La última raza ‘en forma’, la última tradición viva, el último jefe que tenga ambas cosas tras de sí, pasará vencedor y llegará a la meta”. (1998: 665-666). La búsqueda de una reacción a escala europea es, obviamente, mucho más acentuada en el caso alemán, donde la exigencia de un “hombre providencial” se convierte en razón de ser de una buena parte de la población, acuciada por los problemas económicos y la humillación de la derrota, dispuesta a seguir a cualquier hábil manipulador de la propaganda. Esto es lo que ofrecía Hitler, propaganda, movilización. Influido por tratados de psicología de las masas como el de Gustave Le Bon, por la experiencia de la Gran Guerra y la concepción negativa de los medios de masas, y muy especialmente por su experiencia personal como agitador de cervecería, Hitler edificará un partido nazi y un Estado alemán inseparables y basados en el culto al líder, impregnando la propaganda todos los resortes de la sociedad. 3) Estrategias de propaganda durante el nazismo: 3.1) La prioridad de la propaganda en el Estado nazi Las estrategias de propaganda que vamos a relatar aquí ya están presentes en el partido nazi desde sus inicios, pero hemos escogido el periodo 1933-1939, es decir, desde la llegada de los nazis al poder hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial, como época histórica en la que la utilización de la propaganda es más sistemática y alcanza a un mayor porcentaje de la población. El Estado nazi se configura como Estado autoritario desde el principio, y la propaganda será el sistema de mantenerse en el poder. Los nazis centralizan todo el poder de los medios de comunicación y los ponen a su servicio, estableciendo un férreo control y censura sobre sus contenidos. El ministerio más importante durante el nazismo, al que se le dedican más recursos, no es, como pudiera parecer, el de la Guerra, sino el nuevo ministerio de la Propaganda, encabezado por Joseph Goebbels. Desde este ministerio, Goebbels hará extensivo a la inmensa mayoría de los alemanes el culto a la personalidad reportado a Hitler entre los nazis, y los delirantes objetivos de éstos se convertirán en los objetivos de todo un país. 3.2) Importancia de los símbolos: las bases mitológicas La compleja simbología nazi va a beber de fuentes variadas, que generalmente remiten al pasado (como es el caso de la esvástica). El régimen nazi es un régimen milenarista, influido por diversos antecedentes, muchos de ellos de carácter mítico. Como indica Adrián Huici, “el III Reich incluye el milenarismo con su propio mito de las tres edades, combina las antiguas mitologías germánicas con las reflexiones de Carlyle sobre el héroe carismático y las de Sorel y Nietzsche sobre la necesidad de una violencia redentora. Apela a la imaginería del romanticismo alemán (...) para revitalizar la idea de los buenos tiempos antiguos (y sagrados), el espíritu de la nación germana y, naturalmente, se inventa el mito de la superioridad de la raza aria”. (1996:180) Los desfiles, las grandes manifestaciones públicas, los discursos de Hitler están investidos de una simbología encaminada a impresionar a las masas, a dotar de una especie de liturgia mística a lo que no es sino mera propaganda política. La combinación de la capacidad oratoria de Hitler con la parafernalia mítica que lo rodeaba en sus discursos contribuía a crear en el público un estado de receptividad especial. 3.3) Deificación del líder Todos los regímenes fascistas se basan en una persona, un líder que focalice todas las pasiones de las masas y todos los objetivos del régimen. Los sistemas no democráticos (incluso, en ocasiones, los democráticos) acaban cayendo inevitablemente en el culto a la personalidad, algo que en algunos casos (como en el estalinismo) es una degeneración de los postulados ideológicos originales, pero que en el caso del fascismo está en la misma raíz del sistema político. El líder ha de ser un hombre carismático, dotado aparentemente de todas las virtudes y, en consecuencia, de una especie de infalibilidad papal. Los que creían en la necesidad de un “hombre providencial”, que eran muchos en la Alemania de posguerra, eran fácil pasto de la propaganda hitleriana. La fidelidad ciega al Führer, como contrapartida a sus supuestas virtudes únicas, era exigida no sólo a los miembros del Partido sino a la totalidad de los alemanes, una vez que Estado y Partido quedaron fundidos en una misma entidad. De esta manera, los recursos del ministerio de la Propaganda se lanzaron a la creación de un mito más, el mito del Führer o caudillo del pueblo alemán, destinado a aliviar a los alemanes de la humillación de la derrota, primero, y a instaurar un Reich eterno basado en la supremacía racial, después. El liderazgo de Hitler, indiscutido en el partido nazi desde la “noche de los cuchillos largos”, fue elevado por Goebbels, a través de los medios de comunicación, a la categoría de lo divino. Sin embargo, todos los estudios referidos a Hitler coinciden en una cosa: la mediocridad del personaje. Esto, que en un principio causa perplejidad, se entiende mejor si tenemos presente que se trataba de una persona con una virtud (la oratoria) y una obsesión (la propaganda) que, juntas, producían un poderoso efecto de sugestión en las masas. Lo importante de los discursos de Hitler no eran sus contenidos, perfectamente banales y reiterativos, sino su “puesta en escena”, esto es, las estrategias retóricas utilizadas por él y la simbología que lo rodeaba. Como destaca Alejandro Pizarroso: La técnica oratoria de Hitler era algo perfectamente elaborado. No era un orador espontáneo. Preparaba sus discursos con antelación aprendiéndolos de memoria, pues leía mal en alta voz. La simple lectura de sus textos es insuficiente para comprender el efecto que conseguía en su audiencia. Estos discursos eran de larga duración. Se valía de la técnica del ‘crescendo’. Comenzaba lentamente con una voz monótona, comunicando casi indiferencia a sus oyentes, con una actitud relajada. Llegado un punto, acompañado de gestos de su mano derecha, el discurso se convertía en un torrente incontenible de palabras, vibrando su voz enfebrecida y concluyendo en un brusco final para volver a comenzar el proceso. (1993: 334) 3.4) Creación de enemigos interiores y exteriores El objetivo del nazismo es instaurar un nuevo Reich, el Tercer Reich, que durará mil años y que se constituirá sobre la base de la raza. Para conseguirlo, el nazismo observa la presencia de una necesidad (el espacio vital) y de dos doctrinas contrapuestas a sus objetivos: el marxismo y el sionismo. En palabras de Kershaw: “El darwinismo social, la interpretación racista de la historia, brindaba la justificación. ‘La política no es más que la lucha de un pueblo por su existencia’. ‘Es un principio de hierro’, proclama: ‘El más débil cae para que el fuerte gane vida”. Tres valores determinaban el destino de un pueblo: ‘valor de raza’ o ‘de sangre’, el ‘valor de personalidad’ y el ‘sentido de lucha’ (Kampsfsinn) o ‘impulso de supervivencia’ (Selbsterhaltungstrieb). Estos valores, encarnados en la ‘raza aria’, estaban amenazados por los tres ‘vicios’ (democracia, pacifismo e internacionalismo) que constituían la obra del ‘marxismo judío’ “. (1999: 294) De la misma manera que los nazis aprovecharon la Depresión de 1929 y la hiperinflación de principios de los años 20 para desatar su verborrea contra la débil república de Weimar, la doctrina del Lebensraum y la necesidad de una lucha final, de carácter militar y mitológico al mismo tiempo, contra el “sionismo internacional”, son los centros neurálgicos de la propaganda nazi en el poder, apoyos que sirven para entusiasmar a la población, ocultarles los eventuales problemas aparecidos durante el gobierno nazi y, sobre todo, descargar las iras y frustraciones de los alemanes sobre un chivo expiatorio, la comunidad judía, culpable de todos los males. La sociedad nazi está estructurada como un organismo del que todos forman parte, como corresponde a un Estado racial. Todos serán felices porque, por el mero hecho de pertenecer a la raza aria, forman parte de un conjunto; ya no están aislados. La propaganda nazi toca hábilmente el miedo al aislamiento de los individuos en las sociedades de masas, que no dudan en formar parte del proyecto, fascinados por el gigantismo de la puesta en escena hitleriana y manipulados por la eficacia de los mensajes propagandísticos de los medios masivos controlados por el Estado. En este cuerpo social, los judíos constituyen un cuerpo extraño, una sociedad ajena al proyecto del Tercer Reich y, por tanto, sospechosa y susceptible de ser eliminada. Como muy bien resaltan Adorno y Horkheimer: El fascismo es totalitario incluso en el hecho de que trata de poner la rebelión de la naturaleza oprimida contra el dominio directamente al servicio de este último. Este mecanismo necesita de los judíos. La visibilidad artificialmente potenciada de éstos obra como un campo magnético sobre el hijo legítimo de la civilización pagana. El arraigado, al advertir en su diferencia respecto al judío la igualdad, lo humano, siente brotar en él el sentimiento de la oposición, de la extrañeza. De este modo, los impulsos prohibidos, incompatibles con el trabajo en su ordenamiento actual, son traducidos en idiosincrasias conformistas. La posición económica de los judíos, últimos estafadores estafados de la ideología liberal, no proporciona ninguna protección segura contra este riesgo. Al ser ellos tan aptos para producir dichas corrientes de inducción anímica, se los prepara pasivamente para tales funciones. Ellos comparten el destino de la naturaleza rebelde, con la cual son identificados por el fascismo: son utilizados ciega y perspicazmente. (1997: 229) 3.5) Uso de los nuevos medios de masas: el caso del cine Entre 1919 y 1933 se desarrolló en Alemania lo que ha sido conocido con posterioridad como cine expresionista, casi un quinquenio que aglutina buena parte de las obras maestras con las que el cine alemán ha contribuido a la historia del cine. El esplendor de este modelo de cine acaba, en efecto, en 1933, coincidiendo no por casualidad con el ascenso al poder de los nazis. En los primeros años de la década de los 30 todavía se realizaron unas pocas obras maestras que alargaron el periodo de esplendor cinematográfico superando la rémora que supuso para este tipo de arte la abrupta irrupción del sonido allá por el año 29: El ángel azul (1930) de Stemberg; Cuatro de infantería (1930) de G.W.Pabst; M, el vampiro de Dusseldorf, de Fritz Lang; Vientres Helados (1932) de Slatan Dudow,; La luz azul de Leni Riefenstahl. Ya en 1933 El testamento del doctor Mabuse, de Fritz Lang. Vale la pena que nos detengamos mínimamente en esta película, ya que, no en vano, podría ser considerada algo así como la última película expresionista realizada en la República de Weimar y que sirvió de gozne para calibrar las diferencias entre los dos regímenes, hasta tal punto que el filme no llegó a estrenarse, pues fue prohibida por el Ministerio de Propaganda nazi. Tal hecho no es de extrañar si hacemos caso a lo que el propio Lang confiesa sobre su cinta: que el argumento de la misma era un pretexto para poder hacer una crítica al partido nazi, que en el momento de la elaboración del filme no gobernaba todavía, pero que ya empezaba a evidenciar rasgos de en lo que luego se convertiría. Siempre según Lang, con este filme pudo poner algunas frases que se podían oír en los mítines nazis en boca de un loco, a la sazón protagonista de El testamento del doctor Mabuse. La película fue prohibida por Goebbels porque “constituía una amenaza a la ley, el orden y la seguridad pública”, aunque la versión oficial que esgrimía el ministro de Propaganda eran siempre unos escuetos motivos políticos. En cualquier caso, Lang es representativo de una buena serie de directores germanos que durante aquella época abandonaron Alemania para unirse normalmente a la todopoderosa industria hollywoodiense, desde donde en más de un caso hicieron todo lo posible para desprestigiar el régimen nazi. Sin detenernos en todos los que se marcharon en la época sí citaremos a unos pocos de los más representativos: Murnau, Billy Wilder, Robert Siodmack, William Dieterle, Ernest Lubitsch, Josef Von Stemberg, Fred Zinneman, Douglas Sirk… Algunos de ellos huyeron por motivos políticos, eran contrarios al régimen de Hitler y a lo que este significaba y otros tantos lo hicieron por motivos artísticos, indisolublemente asociados a los anteriores: la censura impuesta por los nazis acababa con la libertad artística con la que contaban en el período de la República de Weimar. No sólo había censura, sino que además desde el partido se dieron unas consignas que se debían seguir a la hora de realizar películas acordes con el espíritu del nuevo régimen. “El 16 de Febrero de 1934 se dictó un nuevo reglamento cinematográfico que introdujo la censura previa de guiones y proyectos de nuevos filmes y endureció la censura a posteriori, para controlar los contenidos ideológicos de los mismos: se prohibieron de una manera especial los guiones que fuesen contra el espíritu de los tiempos o contra la sensibilidad nacionalista(…) se cuidaba que estos filmes reflejasen el espíritu nazi que sus productores perteneciesen a la raza aria”. Con todo, el resultado de este tipo de normas impuestas a las películas alemanas de la época distó de ser original, en realidad tiene pocas cosas propias. Desde el punto de vista estético no crea un estilo novedoso, sino que se limita a adoptar géneros y temas del cine del régimen anterior, reforzados convenientemente con una dosis de nacionalismo, a menudo demasiado evidente y simplista en sus planteamientos. El cine alemán pasará en estos años de ser privado a estar enteramente controlado por el régimen; mención especial merece la principal productora de la década anterior, la UFA, que vería como esta adquisición y control por parte estatal se convertiría en un mero instrumento de propaganda del régimen. Goebbels confiaba en el valor de los mensajes fílmicos para “ganar el corazón del pueblo y conservarlo”; le gustaba tanto el cine como la radio, considerándolos a ambos los dos instrumentos más efectivos de transmisión ideológica, ya que ambos le permitían llegar a la audiencia de una forma amplia y directa. Una prueba de la astucia del ministro de Propaganda se evidencia en su decisión de no hacer propaganda directa a través de la ficción, sabedor de que el público abandonaría en ese caso las salas de cine. Graba tus videos en con la Zx1 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=eRhvHxxBnrU Fue el cine informativo el destinado a la propaganda, mientras que el de ficción se destinó a ser un simple elemento de evasión, de huida de la realidad, sin dejar de ser, por supuesto un vehículo para la ideología social, moral o racial nazi. En este sentido, demostró más dominio de los métodos de persuasión que Hitler, quien prefería las películas propagandísticas, los documentales de guerra que, según su opinión conseguían ser mucho más directos y efectivos. Una vez situada la cuestión de las características del cine alemán de la época, en el que ya decimos, la gran mayoría eran historias simples de evasión, pasamos a continuación a detallar (por orden cronológico) algunas de las excepciones, películas importantes dentro de lo que podríamos llamar cine ideologizado y que servían de una manera más o menos sutil a los intereses propagandísticos del partido. Graba tus videos en con la Zx1 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=GkxAtsnddIE&feature=related El flecha Quex (1933) filmada por Konstantin Tschet, en la que se nos muestra a un joven militante hitleriano que es apuñalado por un comunista, sin embargo su muerte sirve de redención para sus demás compañeros que lo toman como ejemplo. La película promulga la lucha entre clases, denostando en especial a los comunistas y tiene un final que es toda una invitación a adherirse a las juventudes hitlerianas. Más peculiar es el caso de Morgenrot, estrenada apenas un día después del nombramiento de Hitler como canciller, quien asistió a su estreno y lo bautizó como el primer filme del partido. El tema obsesivo de la película es la exaltación de la muerte heroica: cuando para los diez ocupantes de un submarino que se está hundiendo sólo hay equipo de salvamiento para ocho, dos de ellos se suicidan para salvar la vida de sus camaradas. El capitán más tarde dirá: “Tal vez los alemanes no sepamos mucho de la vida, pero somos grandes a la hora de la muerte”. Según Kracauer: “Morgenrot no es un filme nazi. Pertenece más bien a la serie de películas de guerra que precisamente a través de su imparcialidad elevan la guerra al rango de una institución inobjetable”. Con todo, Kracauer establece un paralelismo entre Hitler y el capitán alemán y al filme como un presagio de lo que luego sería el régimen. El triunfo de la voluntad (1935) de Leni Riefenstahl es junto con Olimpiada (1936) una de las películas más famosas del cine nazi. En ambas el mensaje es muy contundente: la primera es una exaltación de la Convención del Partido celebrada en Munich en 1934; mientras la segunda se basa en los Juegos Olímpicos que organizó Berlín en 1936, siendo estos una excusa por parte de la directora para hacer una brillante exposición visual sobre la perfección del cuerpo y el ideal de belleza asociado con la ideología nacionalsocialista. El truinfo de la voluntad fue un encargo del propio Führer, quien había conocido personalmente a la realizadora, quedando fascinado con alguna de sus interpretaciones. El título hace alusión a la voluntad popular que se funde con la voluntad suprema del Führer y este sentimiento de unión casi mística entre pueblo y líder/ dios es lo que se intenta expresar durante el filme. Riefenstahl se encontró con el problema de convertir en movimiento el estado de estupefacción en el que se encontraban las masas reunidas en el campo, lo cual consiguió merced al montaje, disciplina en la que era una auténtica entendida. Para dar cuerpo a esta transfiguración de la realidad la película se dedica a enfatizar el movimiento incesante tanto de los objetos (llamas, banderas, estandartes) como de las cámaras que a través de numerosos travellings y panorámicas consiguen dotar de gran dinamismo al escenario, a la vez que logran que el espectador se vea envuelto por el espectáculo. El triunfo de la voluntad representa la transformación completa de la realidad, su completa absorción dentro de la estructura artificial de la Convención del Partido. No en vano los preparativos para la Convención del Partido se realizaron paralelamente a los trabajos de filmación. Es decir, la manifestación en sí ya era acto de propaganda que tenía como principal objetivo el filme de la directora germana. Por último, una película más tardía, El judío Juss (1940), año que supuso un viraje antisemita en los contenidos de algunas películas nazis. La película tuvo un éxito clamoroso y fue vista por 20 millones de alemanes. En las indicaciones de prensa no se podía hacer mención alguna a su antisemitismo. Con todo, el argumento era histórico (lo que provocaba una metáfora sutil pero evidente) y nos relataba la vida de un consejero judío del conde Karl Alexander von Württembertg quien es condenado a morir, no por intentar usurpar el poder del estado, sino porque se acerca como hombre judío a una doncella alemana prometida con un honrado escribiente. Todavía de un antisemitismo más flagrante fue El judío eterno (1940), un hipotético documental que en realidad no hace más que construir al enemigo, enfrentando el idealismo alemán al egoísmo judío. En el filme la raza judía es difamada en términos de “criminalidad internacional, parásitos y gorreros”, siendo comparados visualmente en una escena con unas ratas. Sin duda ambas películas manifestaban y expresaban una animadversión hacía los judíos que debería haber sido interpretada como lo que era, una declaración de intenciones de lo que luego dejaría de ser una ficción para convertirse en una vergonzosa realidad. El judío eterno (1940) On Line Subtitulada al Castellano Graba tus videos en con la Zx1 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=0W6SgWyAwZo&feature=related Graba tus videos en con la Zx1 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=zpnNRE3yDxQ&feature=related Graba tus videos en con la Zx1 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=wmfLPRB7vv4&feature=related Graba tus videos en con la Zx1 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=lnkyuFbVJlY&feature=related Graba tus videos en con la Zx1 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=zEjResdrclc&feature=related Graba tus videos en con la Zx1 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=WhmyWwQQFgE&feature=related Graba tus videos en con la Zx1 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=VEufO7kdisY&feature=related Graba tus videos en con la Zx1 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=B77CSojUCSI&feature=related Graba tus videos en con la Zx1 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=75zlIdsauzM Graba tus videos en con la Zx1 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=OOcl6RJyO7Q Artículo publicado en las Actas del V Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea, celebrado en Valencia en Mayo de 2000 Julián Echazarreta Carrión Guillermo López García Universitat de València

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Peronismo.Filosofía política de una obstinación argentina
Apuntes Y MonografiasporAnónimo11/18/2009

PRIMERA DE LAS ENTREGAS DE LAS CLASES Y REFLEXIONES DE JOSE PABLO FEINMANN SOBRE EL PERONISMO PRÓLOGO Esto es un ensayo. Es un libro sobre el peronismo. No es la desgrabación de un curso. Ni estará escrito como si el autor le hablara al lector y hasta dialogara con él. Esa experiencia ya fue ensayada con el proyecto anterior encarado desde este diario, los días domingo, cuando la gente quiere “cosas livianas” para leer después del asado o al borde de la piscina (pileta) o antes o después de jugarse un partido de fútbol o uno de tenis o jugar al truco o a la escoba de quince o a cualquier otra cosa. Esto es un libro con pretensiones desmedidas: historiar e interpretar al peronismo. No podemos seguir sin hacerlo. El peronismo sigue y hay que seguirlo de cerca. O retroceder y tomarle distancia. Tratarlo con frialdad. Como a un objeto de estudio, arisco y feroz. Lleno de sonido y de furia. Diferente, esquivo, no único, pero sin duda específico. Priva en él más la diferencia que el paralelismo con otros partidos de otros países. No es el varguismo. Todavía no es el PRI. No es –aunque tanto se empeñan en que lo sea– el fascismo. Ni menos aún esa pestilencia alemana que entre alientos nietzscheanos, invocaciones a la “bestia rubia” y a las “aves de rapiña”, a la pureza de la raza, a la biología de los héroes o a la respuesta creativa del Dasein comunitario a la técnica como caída (en Heidegger) se llamó nacionalsocialismo. Hay grandeza y profundas miserias en el peronismo. Hay demasiados muertos. Hay un plus de historicidad. Hay una historia desbocada. Hay líderes (sobre todo uno), hay mártires (sobre todo una), hay obsecuentes, alcahuetes, hay resistentes sindicales, escritores combativos, está Walsh, Ortega Peña, está Marechal, están Urondo y Gelman, están asesinos como Osinde y Brito Lima, fierreros sin retorno como el Pepe Firmenich, doble agente, traidor, jefe lejano del riesgo, del lugar de la batalla, jefe que manda a los suyos a la muerte y él se queda afuera entre uniformes patéticos y rangos militares copiados de los milicos del genocidio con los que por fin se identificó, hay pibes llenos de ideales, hay más de cien desaparecidos en el Nacional de Buenos Aires, está Haroldo Conti, muerto, Héctor Germán Oesterheld, muerto, Roberto Carri, muerto, y hasta Aramburu, muerto, está la opacidad de una historia de opacidades, de odios, venganzas, horrores, está la OAS, Henry Kissinger, el comisario Villar, formado en la Escuela de las Américas, cana puesto y avalado por Perón, el gran indescifrable, el Padre Eterno, el ajedrecista genial, el que volvería en el avión negro y volvió viejo y volvió malo, y le dio manija a López Rega, de cuya paranoia asesina no podía decirse inocente, porque nadie desconoce lo que tiene tan cerca, y si a eso que tan cerca tiene le da espacio y le deja las armas, y encima se muere y sabe que se muere y lo deja fuerte, consolidado, porque de cabo lo ascendió, en acto macabro y doloroso, a comisario general de la policía, y si a la mediocre y manipulable y matarife del cabarute la deja de vice, sabiendo, como sabía, que ella no era ella, que Daniel, el Brujo umbandista, la dominaba, le susurraba los discursos porque era él el que los había escrito, porque era él el que habría de ponerle las listas, el que habría de decirle hay que matar a éste, Chabela, y a éste y a todos los infiltrados marxistas de la juventud y a los combatientes de la guerrilla, hay que dar palo porque el quebracho es duro, y si esto, al Viejo general, le deteriora el prestigio, le erosiona el recuerdo, la memoria de los mejores años, de los años felices, del 53% por ciento del Producto Bruto Interno para los pobres, de las nacionalizaciones, del artículo 40, del Pulqui, del Estado generoso, del Bienestar estatal, del keynesianismo desbordante, de los sindicatos, de los abogados de los sindicatos, del Estatuto del Peón, de las vacaciones pagas, de la entrega de Evita hasta el aliento postrero, mala suerte, general, usted se lo buscó, vino y no tenía salud para venir, al ajedrez se juega de afuera, en política al menos, el Mago para ser Mago de la Historia, para ser Mito y Esperanza tiene que estar lejos, manejar los hilos desde la distancia, desde arriba, manejar las contradicciones sin ser una de ellas, pero si el Mito regresa el Mito se historiza, ya no maneja las contradicciones, él, ahora, es una más y tiene que tomar partido, y la historia se lo come, mito que regresa pierde porque ya no puede ser mito, el avión negro regresó y llegó entre el estruendo de las balas y los gritos de los muertos y los torturados y aterrizó en Morón, lejos del pueblo, en medio de los asesinos, de los franceses de la OAS, de Osinde, de Favio: el que nada vio, el que nada supo aunque estaba arriba, bien arriba en ese palco colmado de hienas y de buitres y vampiros, de los pretorianos que afilaban sus cuchillos para una de las noches más negras de la Argentina, que si no fue la más negra se debió a la que vino después, a la de los militares de la Seguridad Nacional, que encontraron el terreno fértil, las víctimas fáciles, los perejiles abandonados y sofocados por el miedo, y se dieron todos los gustos, pusieron a los Martínez de Hoz, a los Walter Klein, a los Juan Alemann, a los que exigieron a fondo la limpieza para aplicar el plan que tenían, el de las privatizaciones, el del Imperio, el de la Escuela de Chicago, el de Milton Friedman y el del ingeniero Alsogaray y ni por asomo el de Keynes, y el país fue una timba y se llenó de argentinos del deme dos, y la ESMA fue un infierno que nadie, ni en su peor pesadilla, pudo prever, y ahí torturaron, empalaron, violaron mujeres, torturaron niños frente a sus padres, quemaron vivos a pobres pibes que sólo habían alfabetizado en una villa miseria o que en un pizarrón indefenso enseñaron el vocabulario a niños ignorantes que siguieron así, ignorantes, porque sus púberes maestros se fueron de la noche a la mañana, se fueron para no volver jamás, y esos vuelos y esos sacerdotes que bendecían a los asesinos, y les decían hijo mío cumples con la Patria, Dios te absolverá porque tu tarea es purificadora, el Evangelio está contigo porque está con quienes hacen justicia aunque, a veces, la justicia, que es ciega, se parezca al horror porque tiene que ser impiadosa para el triunfo del bien, para el triunfo del Señor que te mira, te juzga y te perdona por medio de mi palabra, que es la Suya, sigue con esta tarea porque es la de la Patria y la del Dios cristiano, y la mayoría de los que morían eran peronistas jóvenes, inocentes todos, porque cualquiera que muera así, como un perro, es inocente, porque nadie, hombre o mujer, miliciano o perejil de superficie o sacerdote del Tercer Mundo o sindicalista o simple vecino del barrio al que se lo chuparon porque estaba en una libreta de direcciones o porque sí nomás y para meter miedo, merece morir de ese modo, como un perro, y ni siquiera un perro lo merece. ¡Qué centuriones tan despiadados se escondían en los pliegues de la patria! Quién lo hubiera dicho. Aquí, en la Atenas del Plata, encontrarlo a Trujillo multiplicado hasta el espanto. ¿Dónde quedó la Patria de los cincuenta? La que conquistó el corazón amargo de Discépolo. La que le dio alegría. La que le hizo olvidar la tristeza y los barrios pobres de los tangos y elegir los umbrales, porque en ellos estaban los novios, el portland porque por ahí caminaban felices los postergados de siempre, la abundancia, la comida y el chamamé de la buena digestión, la patria de los cincuenta quedó lejos, el peronismo se alejó del peronismo, y lo mató a Troxler a quien ni los centuriones de los basurales de José León Suárez supieron hacerlo, y lo mató a Atilio López con más de ochenta balazos, y a Silvio Frondizi y al Padre Mujica y a Rodolfo Ortega Peña, en una noche cruel, en una emboscada sórdida, tan sórdida e inesperada que Rodolfo, al caer moribundo, alcanzó a decirle a su compañera la frase del asombro, de la incredulidad, del final: “¿Qué pasa, flaca?” Eso, qué pasa. Qué pasó. Qué pasará. Porque esta historia sigue. Y contarla es aceptar el desafío de lo cósmico. Lo inabarcable. Lo infinitamente contradictorio. Una totalidad que no deja de destotalizarse y retotalizarse. De ganar un sentido y perderlo y engendrar –de pronto, entre alucinaciones– diez, quince, treinta sentidos. No digo que el peronismo sea incomprensible. Sólo digo que comprenderlo “en totalidad” es una tarea gigantesca, desaforada. Hacia ella vamos. INTRODUCCIÓN Se trata de partir de un hecho primario, comprobable por todos, aceptado por muchos aunque no siempre por los mismos, rechazado por otros tantos o por otros menos y también no siempre por los mismos, con lo que tal vez podríamos acceder a nuestra primera aseveración en un tema que no se caracterizará por ellas, dado que las elude constantemente: el peronismo perdura pero quienes se encuadran bajo su rótulo o quienes se deciden a apoyarlo varían según las diversas coyunturas históricas. Podría verificarse un matiz importante: se han acercado al peronismo o han trabado excelentes relaciones con él personas o sectores políticos o económicos que escasamente se han arrogado tal condición. Tomemos dos “abrazos históricos”. El dirigente radical Ricardo Balbín se abraza con Perón en 1972. Balbín fue un porfiado antiperonista a lo largo de su vida. Va a ver a Perón. Perón está en la residencia de Gaspar Campos. Al ser difícil el acceso, Balbín se encuentra ante la necesidad de “saltar” un muro. Lo hace. Luego se abraza con Perón. Tenemos dos acercamientos de Balbín a Perón: el “salto” del muro y el abrazo. Luego, muerto Perón, dice un discurso que él pretende sea “para la historia” y –aunque la historicidad de ese momento es de una densidad y un desbocamiento dramáticos, sofocantes– lo es. En el discurso Balbín dice: “Este viejo adversario hoy despide a un amigo”. Si algo no es Balbín aquí es lo que fue toda su vida: un antiperonista. Pareciera jugar dentro del campo del peronismo. Sin duda, contribuye a su perdurabilidad, a su capacidad inagotable de sumar, que es parte sustancial de su obstinación en “la patria de los argentinos” como solía decir ese líder radical que no le hizo a la patria un solo mal aunque acaso no le haya hecho ningún bien remarcable. (Nota: Sin embargo, dos males serios le ocasionó a “la patria de los argentinos”. Habló de “la guerrilla en las fábricas” poco antes del golpe del 24 de marzo de 1976. Y –cuando le dieron la cadena nacional de radiodifusión para que hiciera algo por frenar el golpe– acudiendo a ciertos aires de compadrito en que solía solazarse dijo “me piden soluciones” y contestó una burrada política fenomenal: “No las tengo”. Los militares habrían de tomar esa frase como una confesión de la “dirigencia civil” y justificarían, con ella, la necesariedad de apoderarse del Estado. Ellos sí tenían respuestas. En otro de sus dramatizados discursos, también por televisión, se dirigió a los jóvenes de la guerrilla. Usó a uno solo como figura de todos. “Muchacho”, le dijo, “contiene tu puñal. Y si yo no cumplo, entonces... clávamelo”. Al día siguiente de la tragedia de Chile le preguntan qué opina: condena el golpe y lamenta que “el presidente Allende se haya suicidado”. Le dicen que lo mataron. “No lo sé –dice–. Pero tenía un arma en las manos.” Le preguntan qué habría hecho él en esa situación. Pone su mejor cara de “guapo del 900” y dice: “Ah, no: a mí no me hacen eso”. “Eso” era el golpe de Pinochet. Regresa de un viaje y le preguntan por los desaparecidos: “Los desaparecidos están muertos”, responde, dando por inútil la consigna central de las Madres de Plaza de Mayo: “Con vida los queremos”. Le decían “Chino” porque –en sus mejores momentos– se parecía algo a Akira Kurosawa. Y “guitarrero” por su estilo oratorio. Hoy, todo él, es pasado y olvido. Con todo, yo sería injusto si no dijera que –en 1973– lo habría preferido a él como vice de Perón en lugar de Isabel, con el Brujo atrás. Y que no era ni habría podido ser un carnicero como López Rega o Videla, aun cuando se haya equivocado gravemente un par de veces. En un país en que ha corrido tanta sangre, en un país tan colmado de asesinos corresponde decir esto de alguien si decirlo es la verdad.) El “otro” abrazo es más inesperado y fue impensable hasta el grado del delirio, la insensatez o la blasfemia. Sucedió en una época que contenía todos esos matices de la condición humana, añadiéndoles los de la falsedad, el robo, la befa, la farandulización de la existencia toda y el canallismo jocoso, circense: la “fiesta” menemista. Otra variedad de la “obstinación” peronista cuyo análisis requerirá espacio, tiempo y templanza, si es que deseamos apartar de nosotros el único modo de recordarlo: el de la ira, el de una insoslayable y fiera vehemencia. Trataremos de hacerlo. Buscamos tornar transparente hasta lo posible nuestro objeto de estudio. Será sensato advertir que parte de esa transparencia estará en las pasiones, en las broncas, en las heridas aún abiertas porque fueron hechas para sangrar sin perecer, de las que estamos hechos. Este ensayo se escribe buscando todos los rostros del objeto al que asedia, pero ese “objeto” (el peronismo) ha provocado, en todos nosotros, desilusiones, tristezas, derrotas, pérdidas sin reparo, muertes que no debieron ser, pavores sorprendentes, ilusiones luminosas, desengaños en los que aprendimos la resistencia de la realidad, la dureza de lo imposible. Una amiga no peronista, que se aferró a la esperanza-Alfonsín, me contó que el mayor dolor de su vida, su mayor tragedia, fue la pérdida de dos amigos que cobijó en su casa en algún mes del año 1976. Eran dos jóvenes peronistas, se los llevaron y no los vio más. Todavía, al hablar de ellos, al contar esa historia, los ojos se le humedecen, se pone pálida y hasta tiene miedo otra vez. Prometemos, sí, asediar a nuestro objeto y estudiarlo con rigor. Pero no lo haríamos si dejáramos de lado las ilusiones que ese “objeto de estudio” despertó en nosotros, las desesperanzas, los espantos, y la prolija, fría idea de la muerte y la tortura. Volvemos al “segundo” abrazo. Fue, dije, durante la “fiesta” menemista. Alianza entre el peronismo y el establishment agrícola-ganadero, el establishment empresarial y financiero y las corporaciones transnacionales. Carlos Menem, en algún ágape de esos años de jolgorio, se encuentra con el Almirante Rojas, el inventor de la línea Mayo-Caseros, el más puro símbolo del gorilismo nacional, el que ordenó, junto con Aramburu, los fusilamientos del ‘56 y las masacres de esa “operación” que narrará Rodolfo Walsh. El “Jefe” lo ve al Almirante y se le acerca con su sonrisa de plástico. El Almirante hace lo que siempre ha hecho: lo mejor para su clase social, la oligarquía, y el brazo vigoroso que la custodia, las Fuerzas Armadas. Se abraza con el peronista Menem. Ahí están, mírenlos: el masacrador del 16 de junio de 1955 y el caudillo del interior federal postergado, el caudillo riojano en que se encarna el otro, el que cantó Sarmiento, el feroz Facundo, el Tigre de los Llanos. Este Tigre –sin embargo– se ha olvidado de los Llanos. Se recortó las patillas. Se viste alla Versace. Gobierna para las clases altas, para el Fondo Monetario Internacional y hasta ha enviado un cascajo que flota a la Guerra del Golfo, una guerra de Estados Unidos pero que él hace suya dado que con el gigante del Norte quiere relaciones cercanas, a las que llama “carnales”. Algunos dicen que no es peronista. Usan, para desautorizarlo, un concepto inesperado pero que hace historia: “menemismo”. El “menemista” Menem no será peronista pero todo el peronismo lo respalda. Durante su Gobierno, Ubaldini, el sindicalista que vivía haciéndole huelgas a Alfonsín, pierde visibilidad; tanta, que casi se torna invisible. No: Menem es peronista. Y hace todo lo que no hizo Perón. O digámoslo con mayor propiedad: des-hace lo que hizo Perón. Qué cosa el peronismo, caramba. Cómo diablos será posible entenderlo. El que mejor desperonizó al país (una obsesión que compartieron durante años la oligarquía y la izquierda revolucionaria o académica) fue un peronista. Y no uno que vino de arriba, de algún planeta exótico para hacer la tarea. No: un peronista de verdad. Con historia, militancia y discurso peronista. Bastaba oírlo hablar y uno advertía que el tipo, al manual de conducción política de Perón se lo sabía de cabo a rabo. A comienzos de 2003, cuando se baja del ballottage para restarle a Kirchner los seguros y frondosos votos que cosecharía en una segunda vuelta, dice, por televisión y con el propósito de justificar su alejamiento, un discurso en que palabras como “arte de la conducción”, “táctica”, “estrategia”, “información”, “control de la situación” y hasta “economía de fuerzas” van de aquí para allá, incesantes. Había hecho los deberes del buen justicialista: conocer la doctrina. No los había hecho por casualidad. Carlos Menem, el político que desarmó sin prisa, sin pausa y sobre todo sin piedad el Estado de Bienestar que Perón había construido desde 1943 y que ni los militares de la Seguridad Nacional habían logrado llevar a cenizas, era un peronista de larga historia, un caudillo de la más federal de las provincias, la de Facundo Quiroga, la de Ángel Vicente Peñaloza, La Rioja. Nada de esto impidió su abrazo con Rojas. Era más fuerte aquello que lo tornaba posible: un nuevo rostro del peronismo, un peronismo neoliberal, construido al calor de la caída del Muro de Berlín, del triunfo global de la democracia neoliberal de mercado, de la hiperinflación alfonsinista, del golpe de mercado oligopólico y de una época que encarnó la “ética indolora” (el concepto es de Gilles Lipovetsky) de la posmodernidad. Hasta posmoderno fue el peronismo. Luego de ser, como había sido, el símbolo de los valores de la modernidad en la Argentina: Estado fuerte, política, enfrentamiento de clases, inclusión social de las clases postergadas, nacionalismo, primacía de la industria sobre los productos primarios. Ese abrazo Menem-Rojas disparó una frase de un peronista de también larga trayectoria, hombre que transitó de la JP en los setenta a la Renovación en el 84/85 y al menemismo en los noventa. La frase fue: “El abrazo Menem-Rojas equivale al abrazo Perón-Balbín”. Le dije a otro peronista cómo era posible que Fulano dijera eso. Y me dijo: “Dejalo: dice eso y morfa un año entero”. Esto, también, es un elemento teórico. Y hasta lo es en la elección de la palabra “morfar” en lugar de “comer”. Un peronista morfa. Un oligarca come. Y esto, a los peronistas, los colma de orgullo. (Nota: Que un oligarca”come” se puede observar en ese inmenso libro de chismes que se publicó recientemente bajo el nombre de Adolfo Bioy Casares. Parece que habitualmente Borges visitaba a Bioy para “comer” en su casa. Ahí –con una maldad clasista de viejas oligarcas y obviamente ociosas– le comentaba todo tipo de cosas a su amigo, quien, acaso asombrosamente, las anotaba con pulcritud. Más asombroso es que se hayan publicado. Todavía más es que se lean. Como sea, la fórmula que Bioy utiliza para abrir la narración de las veladas con su compinche de mínimas charlas de cajetillas aburridos es: “Borges hoy come en casa”. O “Borges come en casa”. O “Come Borges en casa”. No sabemos si almuerza o cena. Ni lo sabremos, ya que es de mal gusto, de grasas y de negros peronistas, decir que alguien “almuerza” o “cena”. La gente comme il faut “come”. Algo similar a lo que ocurre con el “rojo” y el “colorado”. Lo correcto es “colorado”. Ha sido posible observar –desmintiendo esta modalidad– que cierta oligarquía no ha cesado de hablar del “trapo rojo” aludiendo a eso con que los “zurdos” pretenden reemplazar a la bandera de Belgrano. No hay nada como el odio para perder los modales.) A los peronistas nacional populares. A los que no fueron atrapados por eso que suele denominarse el “glamour de la oligarquía”. Con todo, en esto los peronistas no han cedido demasiado terreno. Menem llenó su década de esplendor invitando a comer (o a “morfar”) pizza con champán a sus más elegantes y rancios contertulios. Un peronista entrega a las clases dominantes el patrimonio nacional pero sigue citando a Jauretche. La izquierda ilustrada, en cambio, la izquierda –pongamos– “académica”, compra los valores y los símbolos de la oligarquía como parte de su “conversión”. La “socialdemocracia” de los ochenta, el alfonsinismo ilustrado incurrió en una incondicional adoración de Victoria Ocampo, Borges y Bioy, quienes fueron transformados en la cifra de nuestra cultura, el signo de su excelencia. He discurrido en otras ocasiones sobre estas modalidades de época. Los dos abrazos exhiben la amplitud del peronismo. Esta “amplitud” ya había sido largamente ejercida y teorizada por el mismo Perón: “En el peronismo, en cuanto a ideología, tiene que haber de todo. Me dicen que Cooke era muy izquierdista. Pero también lo tuvimos a Remorino que era de derecha”. El peronismo no es –entonces– una obstinación peronista. Es una obstinación argentina. Si la obstinación prosigue, si no se detiene, es porque todos la alimentan. Peronistas y no peronistas. No sólo los no peronistas que pactan con el peronismo o se le acercan en coyunturas en que “la patria lo reclama”. Sino (y muy poderosamente) los antiperonistas. Estamos aquí ante un fenómeno marcadamente argentino. O sea, casi indescifrable: el peronismo ha sido una y muchas cosas más. Tal vez ya no sea nada. Tal vez la identidad peronista se haya disuelto en las borrascas de la historia que a partir de ella (de quienes reclamaban encarnarla) se han desatado. Lo que no desapareció es el antiperonismo. Es un argumento que usó cierta vez, en mi contra, el malogrado y querido historiador Fermín Chávez. Yo había escrito un texto demostrando que la identidad peronista ya no tenía existencia. Era tanto que era nada. El ser y la nada (en el primer capítulo de la Lógica de Hegel) se identifican, son intercambiables: cuando algo es el todo es la nada porque las cosas se definen por aquello que las diferencia de las otras. El ser es diferencia. Lo han dicho los postestructuralistas –basándose en el sistema de la lengua de Ferdinand de Saussure– y tienen razón. Todo elemento se refiere a otro del cual se diferencia. Una estructura es una totalidad de diferencias. Nada es. Todo ser es diferencia. Todo ser, en su ser, se refiere a otro. Seamos, ahora, precisos: si el peronismo es todo, cuál es su diferencia. Tiene que existir algo que no sea el peronismo para que el peronismo sea algo. Cuando propuse la fórmula: El peronismo, al serlo todo, no es nada, Fermín Chávez me refutó. Dijo: Si el peronismo no es nada, si no tiene identidad, ¿cómo es posible que haya antiperonistas? Perfecto: otra incógnita demoledora. Uno ya no sabe qué es el peronismo. O tiene que estar tres horas para explicáserlo a alguien. Sobre todo a un extranjero. Pero antiperonistas hay por todas partes: sacan diarios prestigiosos, escriben concurridas columnas de opinión, publican libros, dan conferencias para empresarios, y hasta no faltan quienes se sienten “mártires” o “líderes” de la prensa libre agredidos por el “peronismo”. Incluso defienden a la “república” o a las “instituciones” que el “peronismo” agrede. Algo que ocurre porque –dicen– el gobierno que durante estos días gobierna es... peronista. Sin embargo, ese gobierno ha reducido a una expresión mínima los símbolos clásicos del justicialismo, las fotos de Perón, las de Evita o la ineludible entonación entusiasta de la marcha partidaria. Que sigue teniendo frases tan improbables como “combatiendo al capital” en un mundo en que nadie lo combate en ninguna parte. O afirma que la “Argentina grande con que San Martín soñó es la realidad efectiva que debemos a Perón” cuando, en rigor, los “grasitas” de Evita y los “negritos” de Perón andan por las calles pidiendo limosna o acarreando cartones y el pueblo de la Capital Federal votó al hijo de un empresario (que si no es peronista lo puede ser en cualquier momento) para que los limpie del paisaje urbano, los arroje a la periferia y arrase con esa villa, la 31, de la cual salen delincuentes y drogadictos (o delincuentes drogados) para alterar la placidez de la metrópoli opulenta. En suma, los antiperonistas son más obstinados que los peronistas. Entre unos y otros dibujan esa modalidad del ánimo (una modalidad subjetiva) con que se presenta el peronismo en nuestra historia: la obstinación. Hagamos, pues, la pregunta: ¿qué es una obstinación? La relevancia de la pregunta surge –en una instancia inicial– porque forma parte del título de este ensayo, que llama al peronismo “una obstinación argentina”. Después, se afirma en que nadie dudará acerca de la persistencia del fenómeno en nuestra historia: nace con el golpe militar del 4 de junio de 1943 y todavía sigue fuerte y una mujer que proviene del riñón de su historia, de una de sus facetas más tormentosas y castigadas (la izquierda de los ’70), acaba de ganar unas elecciones que la llevarán a la presidencia del país. Ella no luce excesivamente peronista: dio un discurso plural el día en que ganó, se reunió con un periodista del diario del establishment (un hombre que siguió día a día el gobierno de Néstor Kirchner con una obsesividad digna de algún prestigioso diván de la ciudad de Buenos Aires, desbordante de neuróticos y de psicoanalistas neuróticos que debieran mejorar a esos neuróticos o, en su defecto, medicarlos bien, y de todos los días en que anduvo tras él, criticándolo, encarnando odios, creando opiniones adversas, asumiendo el estrellato de su diario venerable, hijo dilecto de la pampa húmeda y de la Sociedad Rural, custodio de Occidente, de los capitales transnacionales, del ALCA, y ahora, a diferencia de otros irritables momentos de su historia en que reclamó hechos que –por el momento– olvidaremos, custodio de las libertades, de las de prensa sobre todo, y de las instituciones, y custodio, muy privativamente, de esa acuosa, impalpable entidad a la que se llama “la República” y en cuyo nombre se han cometido por estos lares las más horrendas tropelías, este periodista, decía, pasará a la historia como “el fiscal del kirchnerismo” pero –conjetura uno– al costo de haberle dedicado cuatro años de su vida al líder de esa tendencia, Néstor Kirchner, y al costo de verlo hasta donde no estaba o de encontrarlo, inesperadamente, en sus pesadillas, y en las peores) y citó escasa o nulamente a Perón y a Evita. De hecho, la presidenta Cristina Fernández pareciera haber elaborado mejor su relación con el peronismo que muchos antiperonistas, dado que en gran medida y no asombrosamente el peronismo vive más en el odio o el desdén o la obsesión de los antiperonistas que en la adhesión de los peronistas. Ocurre (y veremos intensivamente este aspecto) que en la mayoría de los antiperonistas, cuando se llega al fondo de ellos, al abismo de su repulsa, priva el odio al diferente encarnado en la figura del grasa, del pobre o del negro o del groncho. Y sus actuales manifestaciones: el piquetero, el villero, el pordiosero, los cartoneros y los chicos de la calle. Que, con el mero trámite de lanzarse a limpiar el parabrisas de los automóviles, arrojan al odio a sus conductores, al desborde y a la frase que la mayoría de la clase media de los “centros urbanos” destina al diferente cuando busca solucionar el problema que plantean a la serenidad, a la placidez, a la pulcritud de la polis: hay que matarlos a todos. En resumen, el antiperonismo es una obstinación argentina y esa obstinación alimenta al peronismo tanto (y a veces más) como él se alimenta a sí mismo. No obstante, la palabra obstinación pareciera cargar con una cuota excesiva de subjetividad. Si uno dice que el peronismo es una obstinación argentina está diciendo otra cosa que si dice: el peronismo es una persistencia argentina. Se puede hablar de la persistencia de los hechos. Hablar de la obstinación introduce una direccionalidad subjetiva en el análisis. Rechazamos toda idea de una continuidad en la historia. No hay un tiempo lineal, una temporalidad homogénea, no hay sentido ni sujeto interno de la historia. Estas son ya viejas discusiones y las hemos zanjado. (Nota: Hemos escrito en otro lugar: “No queremos una historia de la continuidad. Pero no queremos una historia de la exaltación del azar y lo discontinuo. Porque es cierto: no hay una historia de la continuidad. Pero hay continuidades en la historia. Hay persistencias en la historia. Las tenemos que rastrear. Las tenemos que develar. Esas persistencias deberán ser conquistadas entre las miríadas de sucesos que exaltan los foucaultianos, pero no bien las conquistemos deberemos establecerlas, no cosificarlas, pero tenerlas presentes para la praxis. No hay acción política que no se establezca sobre el develamiento de una continuidad”, JPF, La filosofía y el barro de la historia, suplementos publicados en este diario entre junio de 2006 y mayo de 2007. El libro completo y revisado aparecerá en abril del año próximo editado por Editorial Planeta.) Con todo, hemos elegido la palabra “obstinación” (y trataremos de hacer de ella un concepto) y no la palabra “persistencia”. Bien cierto es que el peronismo es una persistencia en nuestra historia. No lo es menos que establece continuidades. Pero nuestro propósito es deliberadamente humanista. La historia del peronismo es una historia hecha por los hombres. Bajo determinadas circunstancias, como pedía Marx. Pero nos resulta imposible no ver en la trama histórica del peronismo la acción de sujetos prácticos, de sujetos enfrentados, de sujetos constituidos por la historia y constituyentes de ella. Hay una sobredosis de humanismo histórico en el peronismo. De aquí que nuestra posición acerca de la filosofía política del movimiento habrá de recurrir (no solamente, desde luego) a las posiciones de Carl Schmmit. Este genial teórico alemán (cuyos compromisos con el nacionalsocialismo nadie ignora) se pregunta, en uno de sus trabajos esenciales, por el “concepto de lo político”, busca la especificidad de las categorías políticas, aquellos elementos por los cuales son “políticas” y no otra cosa. Y escribe: “Pues bien, la distinción específica, aquella a la que pueden reconducirse todas las acciones y motivos políticos, es la distinción de amigo y enemigo” (Carl Schmitt, El concepto de lo político, Alianza, Madrid, 2002, p. 56. Debe consultarse también el excelente ensayo de Chantal Mouffe: En torno a lo político, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2007. El libro es un derroche de lucidez, de inteligencia. Sin duda alguna, recurriremos a él no bien sea necesario.) Sobre esa Distinción esencial, que se expresa ya como contradicción o conflicto o antagonismo o guerra, elaboraremos nuestra filosofía política del peronismo. Pero buscaremos –en la distinción amigo y enemigo– la praxis que anima a cada uno de esos grupos. Los grupos están constituidos por sujetos. Los sujetos tienen subjetividades. Las subjetividades generan conceptos aptos para dar cuenta de ellas. Una persistencia de la historia nos revela algo que ocurre en la historia. Una obstinación (y soy consciente también del riesgo poético o literario de la palabra, que, a mí al menos, no me disgusta) nos revela algo más: algo que los hombres hacen. Los hechos no se obstinan. Los sujetos sí. Podríamos plantearlo de este modo: los hechos concretos de la filosofía política del peronismo expresan una persistencia histórica alimentada por una obstinación de los sujetos que la protagonizan. Volveremos sobre el tema. http://www.pagina12.com.ar/especiales/archivo/peronismo_feinmann/CLASE1.pdf

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Interpretación de El Huevo de la Serpiente (1977)
Interpretación de El Huevo de la Serpiente (1977)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo12/31/2009

Sobre el eterno tapiz de la noche. Así nos hemos visto todos alguna vez, asomados a la ventana observando cómo las nubes y la incertidumbre nos ganan lentamente la partida. Como un judío errante por las calles últimas de la Alemania libre, o quizá por los neones primeros del régimen de Hitler. "El huevo de la serpiente" habla del miedo, del nazismo, de la diferencia... pero sólo es una excusa para llenar las salas. En realidad esta película (como casi todo Bergman bien entendido) no es sino un canto a la soledad del corredor de fondo, a los pasillos vacíos, a los matrimonios que ya no tienen nada que decirse. Bergman es silencio, y sin embargo, en esta cinta apunta algo que quizá no aparezca en otras de sus producciones. La posibilidad de evitar el fracaso. La breve posibilidad, efímera (y condenada al fracaso) que durante un instante de nuestras vidas se nos otorga para comprender que vamos a dar el paso en falso. Bergman nos habla de la soledad, como siempre, pero quizá durante un segundo... Quizá durante un segundo se traiciona a sí mismo, casi sin darse cuenta, utilizando luego el título de la cinta para descubrir ante nosotros la parábola imposible del subtexto. En el debate final (¡magnífico!) entre David Carradine y el médico chiflado, queda de relieve el gran error que comete el médico, esto es, el gran error que cometió la historia: observar que la ascensión de Hitler al poder era un hecho inminente y sin embargo, creer que jamás podría tener lugar. El médico utiliza la siguiente metáfora: el primer nazismo no es sino las sombras de una serpiente proyectándose en su huevo, la breve silueta de la locura deslizándose entre la superficie del cascarón. Quizá (hete aquí mi apuesta, basada como siempre en lo personal) lo único que Bergman nos quiso decir es que nuestra particular tormenta sentimental, los celos, los errores, las noches sin dormir y los gritos no son sino las sombras sobre el cascarón de una serpiente mucho más terrorífica: el aislamiento sentimental. El fracaso de los protagonistas de "Secretos de un matrimonio" y "Pasión" (con Ullman en ambos casos) es el punto más extremo de lo que se avecina en "Un verano con Mónica" o "Juegos de verano". Después de todo, puede que el mejor Bergman sea aquel tan humano que refleje nuestra propia miseria... como en un espejo. http://elseptimosello.blogspot.com/2004/08/el-huevo-de-la-serpiente-ormens-agg.html

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Historia del Submarino 1578-1914
Apuntes Y MonografiasporAnónimo1/3/2010

Cautivado por el encanto de las profundidades del mar, el hombre siempre ha sentido intrigado por la exploración submarina y los misterios de las profundidades. La primera discusión seria de una embarcación "submarino" - diseñado para sumergirse y navegar bajo el agua - apareció en 1578, en la obra de William Bourne, un matemático y escritor de temas navales. Bourne propuso una embarcación de madera, enmarcadas bajo el agua cubierta de cuero impermeabilizado. Su concepto sugiere que la embarcación podrían quedar sumergidas bajo el agua mediante la reducción de su volumen de contratación de los lados a través de la utilización de los vicios de la mano. Bourne, sin embargo, en realidad no construir dicha nave. Cornelis van Drebel, un inventor neerlandés, se le atribuye la construcción del submarino de trabajo en primer lugar. Entre 1620 y 1624, maniobró con éxito su nave submarina sumergible a una profundidad de 12 a 15 pies bajo la superficie durante los ensayos repetidos en el río Támesis, en Inglaterra. Rey James I se dice que han pasado a bordo de las embarcaciones pequeñas para un viaje corto. Submarino Dreble's muy parecida a la propuesta por Bourne. Es casco exterior de cuero engrasado consistía en un marco de madera con remos extiende a través de los lados (herméticamente cerrado, con colgajos de cuero ajustado) para proporcionar propulsión. Un número de submarinos fueron construidos en los primeros años del siglo 18. En 1727 nada menos que 14 tipos había sido patentado en Inglaterra solamente. En 1747, un inventor como propuso un método ingenioso de sumergirse y volver a la superficie por la colocación de bolsas de piel de cabra para el casco. Cada piel conectada a una abertura en la parte inferior de la nave que permitió a la nave para sumergir al forzar el agua de las pieles. Este acuerdo fue un precursor de los modernos submarinos tanque de lastre. Aunque el hombre había estado jugando con la idea de un aparato bajo el agua durante algún tiempo, el primer submarino para ser utilizado como un arma ofensiva en la guerra naval fue el de tortuga durante la Revolución Americana (1775-1783). Bien llamada tortuga para su aparición, la de un hombre, incitado nave en forma fue diseñado por un patriota de Connecticut jóvenes, David Bushnell. El primer submarino nunca para ser utilizado en combate fue en realidad construida como una ocurrencia tardía. Bushnell y su compañero intelectual de la Universidad de Yale, Phineas Pratt, había concebido de la bomba bajo el agua con un tiempo de retraso detonador de chispa. De un hombre de Bushnell, la mano de propulsión de barril como buque de madera, que él llamó un "sub-marino", fue diseñado sólo para el transporte de la bomba al buque enemigo. La nave fue diseñada para sumergirse bajo el agua mediante el uso de una válvula de admitir agua de mar en un tanque de lastre, y la superficie cuando una bomba manual de vaciado del tanque. La tortuga también introdujo por primera vez la hélice. Esta máquina bajo el agua sólo tenía dos limitaciones - su propulsión era por el poder del hombre y tenía un suministro limitado de oxígeno. Debido a que carecían de un suministro de oxígeno bajo el agua, la tortuga sólo podía permanecer sumergidos durante media hora, limitando seriamente su eficacia. El plan era que los TORTUGA realizar una aproximación a un submarino británico de guerra, adjunte una carga de pólvora en el casco del buque por un dispositivo de tornillo operado desde dentro de la nave, y antes de dejar el cargo fue explotado por un tiempo fusible . En el ataque real, su operador, Continental sargento Ezra Lee, bajo la oscuridad de la noche del 6 de septiembre / 7, 1776, controlaban las tortugas por una serie de bielas y pedales, sumergida por debajo de la insignia de la armada británica, el HMS Eagle, y intento de colocar la mina contra el casco. La tortuga fue incapaz de obligar a los tornillos a través de la envoltura de cobre en el casco del barco de guerra. Tras un segundo intento fracasó, Lee impulsó la TORTUGA lejos, sólo para ser observado y perseguido. Para evitar su captura se puso la mecha y lanzó el reloj de la bomba en el agua que se tradujo en una explosión aterradora. A pesar de los esfuerzos para unir la mina, pero no todos, los británicos reconocieron la amenaza a sus barcos y se trasladó a toda la flota. Por lo tanto, la tortuga tomó su lugar en la historia como el primer combate submarino. En 1785, Thomas Jefferson enviaron cartas solicitando información sobre la tortuga. En respuesta, George Washington aprobó el uso de la tortuga y discutió el posible uso militar del submarino en una carta a Thomas Jefferson fecha 26 de septiembre de 1785. En esta carta, George Washington, dijo: "Bushnell es un hombre de las grandes potencias mecánicas, fértil en las invenciones y maestro de la ejecución ... Pensé entonces, y sigo pensando, que era un esfuerzo de genio, pero que muchas cosas eran necesarias para ser combinados, de esperar mucho de la cuestión en contra de un enemigo, que siempre estaban en guardia ". En octubre de 1787, Bushnell respondido a una otra de las cartas de Thomas Jefferson, escribiendo: "he ocultado cuidadosamente mis principios y experimentos", escribió, "tanto como la naturaleza de la materia permite, de todos, pero mis amigos elegido , persuadido de que era lo más prudente, incluso si deben o no probar suerte, aunque por el encubrimiento, nunca he fomentado las grandes expectativas de beneficios, o incluso de una indemnización por mi tiempo y gastos, la pérdida de lo que ha sido muy perjudicial para mí ". Con esta carta, Bushnell Jefferson envió una descripción completa de la tortuga y sus experimentos con ella y con sus minas. El 6 de septiembre de 1776 el sargento Ezra Lee realizó el primer ataque submarino de la historia. No tuvo éxito, las planchas de cobre que cubrían la carena del Eagle, que iba a ser su victima, fueron demasiado para su tosco taladro (era para madera) y fracasó. En 1797 y 1804, Robert Fulton, el inventor del primer barco a vapor (eso sería posteriormente a su pequeña traición) se presentó ante el Directorio primero y Napoleón después con un diseño de submarino. El Directorio lo rechazó pero Napoleón aceptó su oferta y así nació el Nautilus, el primer submarino que utilizaba un dispositivo explosivo. Afortunadamente, la Royale francesa, como todas las marinas de la época lo consideró un arma contraria a las viriles tradiciones de la guerra en el mar y torpedeó (nunca mejor dicho) el invento. En un país de Sagitario con forma de piel de toro dicha filosofia torpedearía los esfuerzos de Narciso Monturiol, el inventor del doble casco (Laubeuf NO fue su inventor, pero los franceses son muy suyos y disponen de mejores propagandistas) e Isaac Peral. Que inventen otros, yo me voy a los toros. Paradójicamente la actitud de la Marina francesa hizo que Fulton se hiciese lealista y presentó su invento a la Royal Navy con idénticos resultados, Tradición obliga. Así Inglaterra se convirtió de la mano de un inventor con tendencias políticas cuando menos curiosas en la introductora del vapor para su uso en la navegación, pero eso corresponde a otra historia. El Nautilus presenta los timones horizontales y verticales y una botella de aire comprimido que permite aproximadamente cinco horas de suministro de oxígeno. Como la tortuga, el Nautilus fue un submarino operado manualmente, sino que también incorpora un mástil y la vela colapso para el uso en la superficie. Al retirarse de su mástil, una mano-volvió hélice condujo el barco sumergido. Cuando los franceses rechazaron el proyecto, Fulton se dirigió a Gran Bretaña. En 1805, el Nautilus se hundió el DOROTHY bergantín en una prueba, pero la Royal Navy no apoyar sus esfuerzos. Fulton llegó a los Estados Unidos y logró obtener respaldo del Congreso a una nave submarina más ambiciosa. Este nuevo submarino debía llevar a 100 hombres y ser propulsado por un motor a vapor. Fulton murió antes de que la nave era realmente acabado, sin embargo, y el submarino, llamado MUTE, se pudrió, con el tiempo se hunde en sus amarres. Durante la guerra de 1812 entre Estados Unidos e Inglaterra, se cree que fue construido un segundo submarino tipo de tortuga, que en realidad atacó a la HMS RAMILLIES anclado en New London, Connecticut. Esta vez el submarino poco aburrido logrado un hueco en revestimiento de cobre del buque, pero el tornillo se desprendió que el explosivo que se concede al casco del buque. Según se informa, este pequeño submarino también fue responsable por el acoso a varios de los hombres británicos-en-caballo de guerra en el puerto de Nueva York. En 1863 el estadounidense Alstit encontró la solución propulsiva en la dirección correcta: vapor en superficie (el diesel aún no se habia inventado) y propulsión eléctrica en inmersión. La tecnología aún no permitía hallar la solución ideal, pero las ideas se iban perfilando. Aquí intervienen nuestros queridos vecinos con el Plongeur, el más difícil todavía si cabe: propulsión por motor de aire comprimido y torpedo de botalón. Mi teoría es que Dios protege al submarinista francés o bien reserva a sus ingenieros para el Club de la Comedia. Sinceramente, más difícil no se puede, si alguien quiere más pruebas, que se documente sobre la historia del torpedo de botalón, una forma de suicidio como otra cualquiera (soy vasco y no me gustan los franceses, ¿se nota, no?) antes de que Whitehead inventase el torpedo automóvil, que es como se llamó en la época. En 1861-1865 tuvo lugar la Guerra de Secesión norteamericana, que originó el primer uso masivo de medios subacuáticos en su vertiente militar y el primer buque hundido por un submarino. Fueron, cómo no, los sudistas, había que forzar el bloqueo de Lincoln a los puertos de la confederación. Los sudistas crearon la serie de semisumergibles “David”, con motor de vapor, flotando a flor de agua y con torpedo de botalón. El primer ataque lo realizó un “David” el 5 de octubre de 1863 frente a Charleston, que sufría asedio. Resultado: un “David” menos y el acorazado New Ironsides camino del astillero. No estaba mal, uno menos. Los Estados submarino confederado HL Hunley siempre ha sido un misterio. En 1864, el HL Hunley CSS se convirtió en el primer submarino a hundirse y barco enemigo en tiempos de guerra cuando se estrelló contra el Housatonic USS sparborne con un torpedo. Mientras el destino de la de la HL Hunley CSS sigue siendo empañado en un velo de misterio, según un diario de Carolina del Sur, uno de los muchos misterios que rodean la HL Hunley CSS parece haber sido finalmente resuelto. The Post and Courier informa de que los restos que se cree de la primera tripulación de la HL Hunley CSS se encuentran en el estadio de fútbol de la Ciudadela y el estacionamiento en Charleston, Carolina del Sur. Los informes locales dicen que las tumbas fueron descubiertas cuando una parte del estacionamiento se derrumbó in Varios días después del primer hallazgo, cinco más restos y artefactos fueron desenterrados en las gradas del estadio. La búsqueda continúa. El cementerio contiene sin marcar las víctimas de muchas causas, y algunos creen que son miembros de la tripulación Hunley primero. Se informó de que como la ciudad de Charleston creció, el cementerio fue rodeado y en la década de 1940 el progreso urbano cubría el pequeño cementerio, con 21.000 asientos de la Ciudadela Johnson Hagood estadio y el estacionamiento. Cuando se construyó el complejo del estadio, los contratistas de construcción se permite sólo para quitar las lápidas. Desde el descubrimiento, los voluntarios han continuado a excavar la zona del estadio donde se han encontrado catorce más cuerpos. La HL Hunley CSS parecía condenada desde el principio. De Desastres primero golpeó el 29 de agosto de 1863, cuando el submarino se hundió en veinte y cinco pies de agua en su punto de amarre de la estela de un barco que pasaba. En otro fatídico día, sus siete tripulantes, junto con el teniente John Payne, se zambulló el HL Hunley CSS con un pasajero, el teniente Charles E. Hasker, a bordo. Cinco hombres quedaron atrapados en la subregión y sus cuerpos estaban tan hinchados que tenían que ser desmembrada, colocados en un ataúd de gran tamaño, y rápidamente enterrado en el cementerio marino de la Confederación a lo largo del río Ashley. Se presume que la premura con la que el entierro tuvo lugar fue probablemente debido al secreto que rodea la HL Hunley CSS. Sólo Payne, Hasker, y dos de la tripulación sobrevivieron al desastre posterior. El 15 de octubre de 1863, su diseñador, Horace Lawson Hunley, y otros siete hijos valientes de la Confederación, también se ahogó en un ensayo de este barco submarino. Después de la trágica pérdida de su líder valiente y siete tripulantes, el teniente Dixon y otros siete asumió el papel de héroe, cuando el HL Hunley CSS fue nuevamente resucitado y restaurado. En la noche del 17 de febrero de 1865, Dixon y su tripulación intrépida figura en su último viaje histórico. Ellos también no fueron condenados a sobrevivir, sino que reivindicó su valiente capitán y validar los conceptos de diseño del submarino mediante la presentación de la Housatonic USS con la distinción de ser el primer hombre de guerra hundido por un ataque submarino. El funcionamiento de la Hunley era primitiva. Es la velocidad máxima se estima en 4 nudos. La tripulación del Hunley se sentó en el lado de babor de un banco corren a lo largo del interior. Frente a estribor, cada hombre se volvió una sola mano manivela del eje, que actuó como un cilindro y el pistón de un motor moderno, que fue el eje de la hélice real. Tres equipos de Hunley se perdieron durante la vida útil del buque, incluida la tripulación de la última Hunley, que fue responsable para con éxito el hundimiento del buque USS bloqueo Housatonic cerca de Charleston el 17 de febrero de 1864. El Hunley, sin embargo, no sobrevivieron a su misión de otra manera exitosa. Los restos del submarino fueron encontrados en veinte y ocho pies de agua a cuatro millas de la isla de Sullivan en mayo de 1995. Los franceses hicieron la primera demostración de un sumergible mínimamente canónico, el Gymnote, de propulsión eléctrica. A veces hasta hacen cosas que funcionan, la Ley de Probabilidades se cumple siempre, ésta es la prueba. Pesaba 31 toneladas y entre 1888 y 1889 fue sometido a evaluación con éxito, pero aún no era el tiempo. John P. Holland puede ser considerado como el diseñador del primer submarino militar viable de la historia. Era un estadounidense de origen irlandés e introdujo el motor de petróleo para propulsión en superficie y un cañón de aire comprimido que posteriormente sustituiría por el tubo lanzatorpedos. Empezó en 1875 con un submarino de propulsión “humana” (a pedales- esto es literal-) y siguió con los Holland II, que fue donde introdujo el motor de petróleo, el Holland III de 1879 y en 1893 la US Navy lo comisionó para crear un submarino para ellos, el Plunger, un ejemplo de qué puede pasar cuando un funcionario se mete a ingeniero. Toda modificación al proyecto original de Holland que introdujeron los funcionarios, alias comité de diseño, empeoró el proyecto. Holland entregó el engendro a la US Navy e hizo lo que todo ingeniero decente debe hacer: hacer el proyecto él solito, montarse una empresa con socios financieros (la Holland Boat Company) y construir el primer sumergible de la historia, el Holland VIII. Se haría rico. El Holland VIII tenía 16,4 metros de eslora, 3,16 metros de diámetro (interesante: en vez de la forma fusiforme del Gymnote francés que es la que seguiría todo el mundo, el uso una forma cilíndrica, muy similar al sólido de revolución del Albacore, que es la forma correcta, si es que cuando se hacen las cosas bien...moraleja: ¿funcionarios metidos a diseñadores? respuesta: estoy dejando el alcohol) y podía navegar durante cuatro horas bajo el agua a 5 nudos. Pensándolo bien, las cosas no han cambiado tanto después de todo. Durante el periodo que seguiría hasta el fin de la Primera Guerra Mundial, Holland sería el suministrador oficial de submarinos para la US Navy y sus productos llevarían también la Union Jack de la Royal Navy. Se construyó un señor chalet, alias mansión y se hizo multimillonario. En los albores del nuevo siglo, destacados dirigentes de la marina estadounidense reconoció que el submarino como una verdadera amenaza para las fuerzas de superficie internacionales y convenció a la Marina de los EE.UU. para adquirir su primer submarino. Dos inventores, John P. Holland y Simon Lake, estuvieron entre los que competían sus diseños. John P. Holland ganó el concurso de diseño y de 11 de abril 1900 vendió su último modelo. Este submarino de 64 toneladas, encargado como USS HOLLAND (más tarde asignó la denominación SS-1), estaba equipado con un motor de gasolina Otto-tipo de superficie de rodadura y los motores eléctricos para las operaciones de inmersión. Debido a la volatilidad de la gasolina, sus designios sumergibles pronto adoptó el motor diesel en 1909. Características generales, Holland "A" Class Constructores: Crestent Astillero, Elizabethport, NJ; Unión Iron Works, San Francisco, CA. Motor: Motor de gasolina (superficie); motor eléctrico y baterías (sumergido) Longitud: 63,4 metros Manga: 11,9 metros Displaceent: 120 toneladas Velocidad: 6 nudos Tripulación: 1 Oficial, 6 de Alistados Armamento: Una joven de 18 pulgadas de tubo de torpedos, tres torpedos Whitehead Expedición estimada: Émbolo, A-1 (SS-2) Adder, A-2 (SS-3) Grampus, A-3 (SS-4) Moccasin, A-4 (SS-5) Pike, A-5 (SS-6) Marsopa, A-6 (SS-7) Shark, A-7 (SS-8) Una vez se demostró que el tipo Holland era viable, todo el mundo procuró hacerse con algún ejemplar a modo de prototipo. Los condicionantes operativos fueron superándose gradualmente y se empezó a elaborar una doctrina de empleo. El primer uso del submarino fue como arma antibloqueo, situación en la que tendría que atacar en inmersión, por lo que se empezó a investigar en aceros especiales y diseños estructurales que permitiesen aumentar ésta. Cuando la tecnología empezó a ser fiable se consideró su empleo en alta mar como arma ofensiva, aspecto este en que Alemania llevó la delantera, con aportaciones de la escuela japonesa. El casco era simple, doble o doble parcial, el motor era de vapor o gasolina hast a que en 1911 la industria alemana desarrolló dos tipos de motor diésel para submarinos que fueron fiables. Como se consideraba que la mejor forma era la que imitaba a los peces, el casco era fusiforme. En principio el arma principal era el torpedo (Whitehead 1868), posteriormente complementado por piezas de artilleria en los submarinos de alta mar, como medio de ahorrar torpedos. En 1914 el calibre máximo de artilleria alemán era de 105mm. Hasta 1912-1913 en que unos importantes ejercicios de la Hochseeflotte de Tirpitz modificó el criterio, se pensaba que el tiempo máximo de patrulla de estos navíos era de tres días en el mar. Hasta 1914 la situación de las diversas flotas era la siguiente: los norteamericanos desarrollarían el tipo Holland, del cual dispondrían en 1914 de 87 ejemplares, una flota homogénea y muy efectiva. En 1901 construirían los siete “A” de 123 toneladas (todos los tonelajes son en condiciones de inmersión) a los que seguirían los “H” de 467 toneladas y la serie culminaría con los ocho “K” de 521 toneladas. Sus futuros enemigos en el Pacífico, los japoneses, los consideraban como un arma ofensiva de largo radio de acción, para lo cual contaban con buques nodriza de apoyo. Siguiendo la política de estos señores, se recurrió a comprar la mejor tecnología de la época y proceder, una vez aprendidos los principios de diseño, a desarrollar modelos propios. El modelo elegido fue el Holland, del cual se encargaron cinco ejemplares a Estados Unidos en al época de la guerra ruso-japonesa (1904-1905). A estos siguieron dos ejemplares de construcción propia. Para explorar otras tecnologías, se compraron cuatro submarinos clase “C” y dos “C mejorada” al Reino Unido, su mentor en temas navales. La situación se completaría con cinco submarinos de clase “C mejorada” de construcción nacional. Con todo lo cual, Japón dispondría de 13 submarinos operativos en 1914. Rusia compró aquí y alli, con lo que dispuso de una flota heterogénea y con muy pobre rendimiento. En 1903-1905 se procuró los tres “Bieluga” de estructura Holland y los “Shtorm” y “Plotva” con tecnología Lake, todos ellos costeros. A estos se añadirían los cuatro “Alligator” de 500 toneladas y los tres “Karp”, tecnología alemana de 1904 (420 toneladas). Ineficacia, hetereogeneidad y frecuentes averías fueron las características de dicha flota, características conservadas hasta 1945 (en su momento comentaré la historia del único “Heroe de la Unión Soviética” que en el mundo ha sido, parece mentira la eficacia de la propaganda soviética). El veredicto es un poco mejor, pero sólo un poco para la flota Austro-húngara. Su teatro de operaciones era el Adriático y desarrolló submarinos costeros, adaptados a dicho teatro de operaciones. En total en 1914 dispondría de siete ejemplares: dos tipo Lake de 1907 (ineficientes hasta decir basta), tres Holland de 1909-1911 y dos alemanes serie “U3” pertenecientes al tipo Germania-Krupp (1909). Durante la Gran Guerra su alianza con Alemania variaría este panorama. Italia destacó como un innovador y un magnífico constructor de submarinos, comenzando con el Delfino (1902) y los cinco “Glauco”. Las construcciones sucesivas utilizarían el sistema Laurenti y estudiarían y emplearían los motores diesel. Para que os hagáis idea, llegaron a exportar un submarino ¡A Alemania!. No todo lo italiano es malo, prueba de ello es la magnífica serie de los 21 “F”, que dominarían el Adriático en el conflicto subsiquiente y del cual la Armada española dispondría de algunos ejemplares, pero esta serie pertenece ya al período de la Gran Guerra. La pérfida Albión comenzaría su singladura subacuática con un Holland de 122 toneladas, al que le seguirían los tipos “N”, “A”, “A mejorada” que fueron experimentales. Con la serie “B” de 1905-1906, la Royal Navy dispondría de submarinos que podían compararse a los mejores. La tecnología propulsiva era motor de petróleo/eléctrico y la estructura en todos los casos era Holland, la mejor. A estas serie seguirían la “C”, la “C mejorada” y los “D” de 1910, el gran salto cualitativo de esta escuela de diseño, heraldos de la magnífica serie “E”, el terror de las aguas costeras del II Reich, los grandes forzadores de los Dardanelos. Dicha serie comenzaría su andadura en 1913. Ahora hablaré de mis queridos vecinos. Tubos lanzatorpedos supraacuáticos, motores de vapor, escasa profundidad de inmersión, record mundial de inmersiones en puerto con tripulación al completo...no me gustan, pero la verdad es que me lo ponen fácil. Dispongo de dos grabados de la época que reflejan dos accidentes mortales: el Pluviôse y el Farfadet. Tras hacer todo tipo de inventos, alguno de ellos correctos, como la compra de motores diésel a Alemania (Mariotte, 1908), Francia volvería la motor de vapor. Roland Morillot nunca debió haber sido condecorado a titulo póstumo, hubiera bastado con que le hubieran dado un arma en condiciones. En 1914 Francia dispondría de 52 submarinos. La serie empezó en 1902 con la clase “Sirène” a vapor de 213 toneladas y estructura Laubeuf. No haré sangre sobre el particular, que este texto sirva como homenaje a los submarinistas franceses de la época a los cuales se exigió lo imposible con medios absolutamente inadecuados. Roland Morillot no debió morir ahogado en su submarino en los Dardanelos, él hizo lo correcto. Al menos salvó a su tripulación. Para terminar el panorama hablaremos de los maestros en el uso, empleo y fabricación de submarinos: los alemanes. El diseño alemán empezó con el U1, de 1906 y propulsión a gasolina (un Körting de 400Hp). Desde el principio se apostó por el motor diésel como la tecnología idónea para la propulsión en superficie y en 1908 se convocó un concurso internacional sobre el particular. De dicho concurso saldrían los dos tipos de motor que propulsarían los submarinos del Kaiser: el “dos tiempos” de Germania Werk y el “cuatro tiempos” de Augsburg Maschinenfabrik, que serían instalados en las series U19, U27 y U31, empezadas en 1911-1912. La experiencia bélica haría que se abandonase el “dos tiempos”, siendo el “cuatro tiempos” la tecnología que, desde entonces propulsa a estos navíos. Se estudió con mucho cuidado la estructura de los submarinos, lográndose que un casco diseñado para sumergirse a 50 metros aguantase hasta los 80. Hasta 1912, el arma submarina alemana la componían 17 prototipos experimentales, no fue hasta 1911 con el tipo U19 que se dispuso de un tipo operativo. El cuadro pre-1914 lo compondrían dos buques nodriza y dos bases de submarinos: la principal, Wilhelmshaven y la secundaria de Helgoland, completadas en 1914. A esto hay que añadir una organización de construcción muy depurada que permitía encargar un submarino sin más que enviar un simple telegrama al astillero. En 1914 Alemania dispondria de 43 submarinos, alistados, en alistamiento o en construcción, hablaremos de ellos. Fin de los inicios, ya está todo listo para la Gran Tragedia. http://www.submarinehistory.com/GrampusPike.html

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Los Edificios del Führer por Albert Speer
Los Edificios del Führer por Albert Speer
Apuntes Y MonografiasporAnónimo1/4/2010

Los jefes de estado a menudo han alentado las artes, y en particular el arte de la construcción. Los príncipes rococó del siglo XVIII construyó palacios impresionantes y jardines, dando a los arquitectos de ese día la oportunidad de ejercer su creatividad. El Führer, también, es un jefe de Estado que construye, sino en un sentido totalmente diferente. Sus edificios más importantes que están empezando a aparecer en muchas ciudades son una expresión de la esencia del movimiento. Están destinadas a perdurar durante milenios y que forman parte del movimiento mismo. El Führer creado este movimiento, llegó al poder debido a su fuerza, y aún hoy determina el más mínimo detalle de su estructura. Él no construye en la manera de los jefes de Estado a principios de contrato que fueron prósperas-donantes o patrocinadores, se debe construir como un nacional-socialista. Del mismo modo que determina la voluntad y la naturaleza del movimiento, también se determina la simplicidad y la pureza de sus edificios, su fuerza de expresión, la claridad del pensamiento, la calidad del material, y lo más importante, el significado interior nueva y el contenido de sus edificios. El edificio no es simplemente una manera de pasar tiempo para que el Führer, en lugar de una manera seria de dar expresión en piedra a la voluntad del movimiento nacional-socialista. Es único en la historia alemana que en los momentos decisivos del Führer se ocupó no sólo con las grandes cuestiones relativas a la visión del mundo y la política de la nueva era, pero al mismo tiempo y con el conocimiento de un experto comenzaron a construir monumentos de piedra que se expresa su voluntad política y la capacidad cultural en los milenios venideros. Después de largos siglos de confusión, estos edificios expresan una claridad y fuerza que se traducirá en un estilo completamente nuevo de la arquitectura. Desde su juventud, el Führer estaba tan interesado en las cuestiones de la arquitectura como de la política social, como un pasaje que escribió en 1924 en "Mein Kampf" muestra: Como mi interés por las cuestiones sociales desarrollados, comencé a estudiar a fondo. Era un mundo nuevo y desconocido para mí. Era natural que yo también seguí a mi pasión por la arquitectura. Junto a la música, me parecía la reina de las artes. Trabajo a entender que no era "trabajo" para mí, más bien un gran placer. Pude leer o dibujar hasta altas horas de la noche, sin desfallecer. Mi fe mayor que después de muchos años mis sueños se hagan realidad. Yo estaba firmemente convencido de que ganaría fama como constructor. Él explica en "Mein Kampf" la importancia de estas impresiones de sus años en Viena fueron las siguientes: Durante este período he desarrollado una visión del mundo y una visión del mundo que se convirtió en la base de granito de mis acciones. He tenido que hacer sólo algunas adiciones a las opiniones que formaron entonces, pero sin cambios. Lo contrario, de hecho. Yo creo que hoy las líneas generales de pensamiento de una persona se determina en su juventud, por lo que tal pensamiento nunca se desarrolla. El Führer nunca renunció a su amor juvenil por el arte de construir. La guerra y la revolución, sin embargo, por lo que sacudió la vida gubernamental y nacional de Alemania que Hitler, que había vuelto cada vez más preocupados por cuestiones políticas como soldado, decidió convertirse en un político. Él dijo: "¿No sería ridículo para construir casas en esas circunstancias?" Estaba completamente en serio acerca de convertirse en un político, pero fue una decisión difícil de salir de la arquitectura que amaba. Se mantuvo fiel a ella, y siguió pensando en ello. Hoy, también, sigue siendo su gran amor. En los primeros años emocionantes de su lucha política, él estaba tan interesado en las expresiones simbólicas del movimiento como en su estructura. Él desarrolló la bandera con la esvástica - y por lo tanto la bandera nacional del pueblo alemán. Él desarrolló el águila símbolo del partido - y por lo tanto el símbolo del Tercer Reich. Propuso que los símbolos de las SA y las SS, y desarrollaron el formato original de sus numerosas reuniones de masas. También expuso el día de hoy las ideas que guían la construcción de todos los edificios de la Parte motivos Rally Reich en Nuremberg. A través de numerosas discusiones, expuso, no sólo las líneas generales de las reuniones de partidos, sino que también pasaba horas en desarrollo de las directrices precisas para la aparición de las formaciones individuales de la fiesta, para los desfiles con banderas y los adornos de los pilares individuales. La gente en Nuremberg hasta hoy conservar el Führer bocetos y dibujos de este período. En momentos de tensión cuando se dedica toda su energía a sus grandes objetivos, el tiempo dedicado a las artes no es "trabajo", pero "placer". En el momento apropiado, el destino le presentó a Paul Ludwig Troost, con la que una estrecha amistad pronto desarrollados. Profesor Troost tenido un impacto en él de arquitectura similar a la influencia de Dietrich Eckart tenía en su pensamiento político. El primer edificio que estos dos hombres también se trabajó en la primera y todavía pequeño edificio del movimiento, la "Brown House" en la calle Brienner en Munich. Era sólo una cuestión de la remodelación, a pesar de que el Führer dice a menudo más tarde, fue un esfuerzo importante para el partido en el tiempo. Ya se puede ver aquí las características de los edificios que siguió después de la toma del poder: austero y sencillo, pero nunca monótona. Era sencillo y claro, sin adornos falsos. Decoraciones fueron pocos, pero cada uno estaba en su lugar. El material, la forma, y las líneas eran elegantes. Los planes para la remodelación fue de estudio simple, el profesor Troost mismo en una calle de vuelta en Munich, del que los planes para más tarde llegó el Königsplatz en Munich, el Museo de Arte Alemán, y muchos de otros edificios del Führer. El Führer no revisó los planes para los edificios importantes en su oficina. Durante años, visitó el profesor Troost en su tiempo libre. Allí, libre de sus deberes políticos, fue capaz de sumergirse plenamente en los planes. El Führer estaba interesado no sólo en los planes generales, sino también en cada detalle, cada material utilizado, y mucho se ha mejorado como resultado de sus sugerencias. El Führer ha dicho a menudo que estas horas de la planificación en común eran sus horas más felices y le dio la más profunda satisfacción. Le dieron una nueva fuerza para sus planes de otros. Aquí tuvo la oportunidad de dedicarse a sus edificios en las pocas horas libres que sus funciones políticas le dejó. En los años antes de la adquisición, Hitler examinó los edificios que planeaba construir con Troost. Durante el invierno de 1931/32, se discutió la labor futura en Königsplatz de Munich, dando lugar a muchas propuestas de belleza. Antes de la toma del poder, la disposición final de la plaza se había decidido. El Palacio de Cristal se quemó en Munich en 1932. En medio de todas sus otras preocupaciones, el Führer tenía que preocuparse por la propuesta de suave el gobierno de entonces para sustituirlo, un plan que se inició antes de que asumiera el poder. Cuando se compara el modelo original con el de los actuales Troost de "Museo de Arte Alemán", se ve más claramente que en ninguna otra parte cómo las ideas del Führer influencia de sus edificios. Hasta su muerte, Paul fue el arquitecto Ludwig Troost insustituible del Führer. Troost entender cómo dar a sus ideas la forma arquitectónica adecuada. En su discurso en la sesión cultural del Reich en 1935 el Grupo de Rally, el Führer dio el profesor Troost el mayor elogio un arquitecto contemporáneo puede recibir: Debemos estar llenos de orgullo que el más grande arquitecto alemán Schinkel ya ha construido su primera y, lamentablemente, sólo monumentos para el nuevo Reich y para Alemania. Ellos se convertirán en monumentos de piedra de una arquitectura verdaderamente noble y germánica. Se da el placer Führer para ver los planes para un edificio, sino que es una gran alegría ver a los edificios va en aumento. Al visitar el sitio de un proyecto de construcción, acompañada a menudo de sólo unos pocos asistentes, él es un experto completo. Sus preguntas técnicas sobre la fundación, la fuerza de las paredes, y las dificultades de la construcción son claras y siempre frente a los problemas sin resolver. Después de los expertos han dudado de que una solución a un problema se puede encontrar, a menudo se hace una propuesta, aunque a diferencia de cualquier otra cosa, siempre resulta una solución clara y sencilla. Cada nuevo paso, cada detalle nuevo en un edificio gana su atención minuciosa y aprobación. En todo su placer en los detalles, nunca se olvida de las características generales que todos los edificios de su pantalla. Los edificios del Führer uso tallada a mano de piedra natural. La piedra natural y ladrillos nórdicos son nuestros materiales de construcción más duraderos. Aunque son más caros en el corto plazo, a largo plazo, que son los más económicos. La durabilidad es siempre el principio más importante. Los edificios de nuestro Führer hablará de la grandeza de nuestra época a milenios futuros. Como los edificios eterna de la subida de circulación en las diversas ciudades de Alemania, que serán los edificios de los cuales las personas pueden estar orgullosos. Sabrán que estos edificios pertenecen a todos, y por lo tanto a cada individuo. Los edificios del Führer determinará la naturaleza de una ciudad, no los grandes almacenes, edificios administrativos, bancos y corporaciones. El Führer tenía esto a decir sobre las ciudades del pasado y el futuro: En el siglo 19 las ciudades comenzaron a perder el carácter de los centros culturales y se convirtió en simplemente los asentamientos humanos. Cuando Munich es una ciudad de 60.000 habitantes, que quería ser uno de los principales centros de la cultura alemana. Hoy en día casi todas las ciudades industriales reclamaciones este honor, por lo general sin ser capaz de mostrar ningún logro significativo de su cuenta. No son más que colecciones de las casas y edificios de apartamentos. ¿Cómo puede un lugar tan insignificante tiene ningún recurso? Nadie tendrá la lealtad particular a una ciudad que carece de cualquier individualidad a todos, que evite cualquier cosa parecida a arte. Incluso las grandes ciudades son cada vez más pobres en verdaderas obras de arte, incluso a medida que aumentan en la población. La era moderna no ha hecho nada para aumentar el nivel cultural de nuestras grandes ciudades. Toda la gloria y los tesoros de nuestras ciudades son la herencia del pasado. Nuestras grandes ciudades de hoy no tienen monumentos imponentes que dominan la zona y que son símbolos de su época. Las ciudades de la antigüedad eran diferentes. Cada uno tiene un monumento en particular en la que tomó el orgullo. El carácter de las ciudades de la antigüedad no vino de los edificios privados, en lugar de los edificios de la comunidad que no fueron construidos para su edad, pero para la eternidad. No refleja la riqueza de un solo dueño, pero la grandeza y la importancia de la comunidad. La Edad Media germánica ejemplifica el mismo principio, aunque en una forma artística diferente. La catedral gótica cumplen el mismo propósito que la Acrópolis o el Panteón. Si Berlín iban a sufrir el destino de Roma, la posteridad pensaría que las expresiones características de nuestra cultura a los grandes almacenes de algunos Judios o los hoteles de algunos empresarios. Nuestras ciudades hoy en día carecen de un imponente símbolo de la comunidad, y uno no puede por tanto sorprendido de que uno la propia ciudad también carece de un símbolo. Uno tiene que ver los edificios más importantes del Führer en el Königsplatz, el Museo de Arte alemán en Munich, y los edificios del partido mitin en Nuremberg desde esta perspectiva. Se trata de un principio, pero es importante. En los proyectos de vivienda del Führer, también, estamos en el comienzo de nuevos desarrollos. Es natural que primero se piensa en los grandes proyectos si se considera los proyectos de construcción del Führer. Pero hay que saber que estos proyectos no agotan las actividades del Führer. Todo lo contrario. Sabemos de sus discursos la importancia de Hitler pone en la mejora de las condiciones sociales de todos los alemanes que les permita ser capaces de estar orgullosos de los logros más grandes de la comunidad. El Führer dejó en claro la importancia de la vivienda en "Mein Kampf". Él escribió: Me dí cuenta rápidamente de lo que había anteriormente no se entiende: la nacionalización de un pueblo que exige la creación de condiciones sociales sanas como base para la educación del individuo. Las estadísticas oficiales muestran el aumento de las viviendas nuevas y remodeladas en el Reich: 1932: 159.121 1933: 202.113 1934: 319.439 Estas cifras muestran con mayor claridad que las palabras el aumento de la vivienda digna bajo el gobierno del Führer. Esta tendencia va a continuar y aumentar de forma significativa una vez que "los proyectos necesarios para nuestra seguridad se han completado, los edificios que son necesarios y que no se puede posponer". Luego, los monumentos del nacional-socialismo torre como las catedrales de la Edad Media en apartamentos trabajadores sanos y de nuevas fábricas Las tareas que tenemos ante nosotros son enormes, pero el Führer nos dio todo su valor si sus palabras en la sesión cultural de la manifestación del Partido del Reich: Los hombres se elevarán a tareas tan grandes. No tenemos derecho a dudar de que si el Todopoderoso nos da el valor de luchar por la inmortalidad, también le dará a nuestro pueblo la fuerza para crear por la eternidad. http://www.calvin.edu/academic/cas/gpa/ahbuild.htm

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Dios por José Pablo Feinmann
Dios por José Pablo Feinmann
Apuntes Y MonografiasporAnónimo1/4/2010

Recuerdos de infancia. Mi infancia (que fue linda) se deslizó entre las sombras de un hecho asombroso. Era algo que no había hecho yo ni me había sucedido a mí, ya que eran pocas las cosas que me habían sucedido aún. Era algo que había sucedido mucho tiempo atrás y no a una persona, sino a un pueblo. La cuestión –en el aspecto que me incluía– radicaba en que ese pueblo era el mío, o yo pertenecía a él, o descendía de él. Era el pueblo judío. Que en mi barrio (Belgrano R), durante los años de mi infancia, los cincuenta eran, sin más, “los judíos”. Sé que esto lo narré en una novela, pero en la novela le acaece a Pablo Epstein, que no soy yo, que es un personaje de ficción al que le caen encima muchas de las cosas que a mí me cayeron durante, por decirlo así, “la vida”. Pero no soy yo en ese texto. En este sí. No hay ningún personaje de por medio. Estos aspectos sombríos y complejos de una infancia, por lo demás, según ha quedado establecido, buena, brotaban de una esquizofrenia religiosa a la que había sido arrojado y de la que nadie me sacaba, tirándome una cuerda o, al menos, una explicación. No, papá, que era judío, me llevaba a la sinagoga. Y mamá, que es católica, me metía en un colegio religioso para hacer el jardín de infantes. La cosa no venía fácil. Yo, sin embargo, no podía evitar ubicarme del lado oscuro de la calle. Por mi apellido. Por mi nariz. Porque papá era un tipo que no se podía soslayar, se imponía. Era, yo, entonces, como él, judío. Además siempre que empezaba a explicar que mamá era católica y también yo por haber nacido de ella y no de papá, me decían miedoso, mentiroso o callate judío. Uno, aquí, puede (digamos que es así de ingenuo) preguntarse por qué me preocupaba tanto “ser judío”. Uno) Porque no lo era. Dos) Porque ser por completo algo que se es en parte no es fácil. O sí, dado que con los años (y no necesité muchos) aprendí que uno se hace judío por el Otro. Circunstancia que habría aceptado con mayor liviandad y hasta con humor si no fuera por la cuestión del asesinato. Nosotros, los judíos, habíamos matado a Dios. ¿Cómo era posible? Si papá, cuando me llevaba a la sinagoga, le rezaba a El. Pero el Dios de papá no era como el de mamá. El de papá (deducía, yo) latía en unos libros enormes y se lo invocaba con asiduidad y se le decía Jehová. Pero verlo, uno no lo veía. Papá estaba muy orgulloso de ese ejercicio de abstracción. El Dios de mamá se veía sufriente, sangrante y habría necesitado atención médica. No la tuvo y murió. En una Cruz, clavado. Me horrorizaba imaginar lo que ese Dios habría padecido. “Lo hizo por nosotros”, decía mamá. “Para redimir nuestros pecados.” Mamá tenía una amiga: se llamaba Carmen y era la presidenta de la Acción Católica. Desconté que sabría muchas cosas sobre el Dios de mamá. Le pregunté quién o quiénes lo habían tratado tan mal, tan horriblemente a ese hombre flaco, triste y ensangrentado que estaba ahí, en esa Cruz del martirio. Doña Carmen se inclinó, buscó mi pequeña oreja y dijo: “No le digas a tu padre que te dije esto. Pero fueron los judíos. Los judíos mataron a Dios, querido”. Imborrable el recuerdo que tengo de doña Carmen: ella me reveló la Verdad. “Los judíos mataron a Dios.” Dios mío, ¡lo que había hecho papá! O peor: lo que yo había hecho. Matar a Dios. ¿A quién se le ocurre? Poco después me contaron un chiste. Un tipo le está pegando a otro. Viene un tercero y le pregunta por qué le pega. El tipo dice: “Porque es judío y los judíos mataron a Dios”. “Pero eso fue hace mucho”, alega el conciliador. “No importa. Yo me enteré hoy.” Y era así. Todos los días gente nueva se enteraba de eso, que los judíos habían matado a Dios. Todos los días alguien más –inevitablemente– me odiaba o era destinado a odiarme. Qué cosa, me apenaba yo. Y no tenía arreglo. Era así. No es fácil –lo aseguro– enterarse un sencillo día de su infancia que uno mató a Dios. ¿Cómo vivían juntos papá y mamá? ¿Sabría mamá que el pueblo del Dios de papá había matado a su Dios, lo había clavado, torturado, todo eso? Lo dijo Pedro Días atrás un artista plástico de nombre Ferrari (que judío no da) hizo una exposición que disgustó a la Iglesia del Dios de mamá. Nada es sencillo. Hay católicos que se enojan con la Iglesia y la Iglesia los trata como si hubieran matado a Dios. Pero me adelanto. Ferrari se peleó con una dirigente política que cree mucho en el Dios de mamá, Elisa Carrió se llama, y le recordó (Ferrari) algunas palabras de ese santo tan conocido de nombre Pedro. Ahí recordé. Yo también, lejanamente, había leído esas opiniones de Pedro. Las tenía algo olvidadas. Pero me vino bien recordarlas. Son, en verdad, imperdibles. “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.” Insiste en dirigirse a los “varones israelitas”. Insiste en ser definitivo y transparente. “El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis cuando éste había resuelto ponerle en libertad. Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis se os diese a un homicida, y matasteis al Autor de la vida (...). Así que arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos, 3, 4). En suma, los judíos crucificaron a Jesús, lo entregaron, lo negaron, prefirieron a un homicida y (homicidas ellos) mataron “al Autor de la Vida”. Lo dijo Pedro. ¿Cómo no iban a decir todos los chicos de mi barrio y la santa doña Carmen que los judíos habían matado a Dios? Esto no tuvo arreglo. No lo tiene. Ni lo tendrá. Pedro dio una mala información: jamás le alcanzó a un judío con convertirse o arrepentirse de lo que habían hecho sus mayores. Siempre que lo quisieron castigar por el pecado original cometido allá lejos y hace tiempo o ahora mismo si cualquiera decide actualizar la “culpa”, lo hicieron. Si Adán y Eva, quienes sólo “desobedecieron” a Dios, fueron expulsados del Paraíso, ¿de dónde no habrían de merecer ser expulsados quienes osaron matarlo, matar al Autor de la Vida? El Estado cristiano Pero el Dios de mamá se hizo poderoso. Se adueñó de tierras, monarcas, estados. Puso iglesias por todas partes. Y sobre todo fue representado por numerosos personajes que decían actuar en Su nombre, ya que el Dios de mamá (como, en general, Dios) tiene cierta habitualidad por el silencio. Esto es trágico: un Dios que no habla delega en Sus hablantes. El silencio de Dios es reemplazado por la estridencia de sus adoradores. Así, el Dios de mamá llegó a tener un poder terrenal desmedido. Ese poder terrenal se llamó Iglesia. Esta organización tomó a su cargo la palabra de Dios. Y también sus actos. Lo que condujo a una etapa que se llamó Inquisición y que consistía, en lo esencial, en hacerles a quienes no creían en el Dios de mamá lo que a El le habían hecho. Los torturaban. Importa ver cómo funcionó esto. El Dios de mamá había sufrido mucho, había sido mal-tratado. Esto autorizaba a sus representantes a mal-tratar, es decir, a torturar a quienes ahora lo ofendían. Hubo un poseído de nombre Torquemada que se obstinó en esta tarea. Torturar ante la Cruz legitimaba a Torquemada. Ahí, frente al torturado de hoy, estaba el torturado de ayer, el gran torturado, el torturado absoluto, el torturado eterno que reclamaba, desde su dolor, el dolor de los otros. A la Iglesia del Dios de mamá le funcionó muy bien este mecanismo. Aumentó su poder, su prosperidad, se transformó en un Estado bendecido por el Dios del Dolor y olvidó al Dios del Amor, o sólo lo enunció en exterioridad. Digamos: de la boca para afuera. También se aprendió a torturar y quemar vivos a los Otros en nombre del Amor. Para matar al Otro sólo hay que encontrar un valor absoluto. El Dios de mamá era Dios, era Dios sufriente y torturado y era Dios predicando el Amor. Quien no lo reconocía, quien no le rendía culto, no amaba. Es decir, no merecía amor. Aquí Torquemada prendía sus hogueras. Hegel, Marx y Nietzsche No creo que liquide este tema en estas líneas. Este tema nos va a liquidar a todos nosotros. Pero hagamos la prueba de decir algunas cosas. Hegel, en su período de Frankfurt (1797-1800), escribe El espíritu del cristianismo y su destino. Y no dice “los judíos mataron a Dios”. Era Hegel y decía las cosas de modo más complejo. Dice: “Lo absoluto pasó entre los judíos y los judíos lo desconocieron”. Dice que todo lo horrible que les pasó a los judíos en la historia “hasta las circunstancias mezquinas, sórdidas y miserables en que todavía se hallan hoy” (Capítulo primero: “El destino del pueblo judío”) responde “al despliegue de su destino original”. Atención ahora: “Por este destino –una infinita potencia a la que ellos se han opuesto y a la que nunca pudieron vencer– han sido tratados con dureza y seguirán siéndolo”. Lo dicho: la cuestión no tiene arreglo. El Dios de mamá era “una infinita potencia”, el pueblo del Dios de papá cometió el error de oponérsele y por eso lo han tratado mal y lo seguirán haciendo. La culpa metafísica del pueblo judío –en Hegel– reclama y legitima todo daño que se le haga. Marx, que era judío, es durísimo con los judíos. El alma del judío es el egoísmo. El egoísmo es la usura. La usura es el dinero. El dinero es la mercancía-fetiche a la que se remiten todas las otras mercancías para establecer equivalencias. Sin dinero no hay capitalismo. Sin judíos, tampoco. “El dinero es el celoso Dios de Israel, ante el que no puede prevalecer ningún otro. El dinero humilla a todos los dioses del hombre y los convierte en mercancía” (La cuestión judía). O también: “El Dios de los judíos se ha convertido en Dios universal. La letra de cambio es el Dios real del judío”. ¿Quiere emanciparse el judío? ¿Quiere liberarse? Pues (para liberar al judío y a todos los hombres) hay que eliminar el capitalismo, que es, sin más, la sociedad del judaísmo. Concluye, entonces, Marx: “La emancipación social del judío es la emancipación de la sociedad del judaísmo”. La sombra del Shylock shakespeareano surge aún más horrible entre las líneas del padre del socialismo científico (a quien uno tanto admira por tantas otras cosas). Nietzsche se entrevera con el cristianismo. Con el Dios de mamá devenido Iglesia de Pablo. Y lo lastima duramente. Odia los valores cristianos, la piedad, la compasión. Y resuelve reemplazarlos por los valores aristocráticos de los amos. Bien, todo esto resultó peor para el pueblo de papá. Sumemos: 1) los judíos mataron a Dios (Pedro); 2) los judíos desconocieron lo absoluto y se opusieron a él (Hegel); 3) los judíos son la usura, la usura es el dinero, el dinero es el capitalismo (Marx); 4) los judíos niegan las virtudes cristianas pero no tienen jerarquía de amos (Nietzsche). De la suma de todo esto sale el antisemitismo europeo, el antisemitismo germano y el nacionalsocialismo. Evitaré citas de Hitler en Mein Kampff, por toscas, groseras. Y también de Alfred Rosenberg en El mito del siglo XX. Pero el nacionalsocialismo arma su discurso así: el judío que mató a Dios es el ateo marxista, el judío de la usura y el dinero es el que se roba la riqueza alemana, el que ha hundido el país en la miseria y el materialismo de la República de Weimar y, en fin, el judío nietzscheano es ajeno a la moral de los aristócratas, es la negación de los valores del Übermensch. Aquí, racional y coherentemente, Auschwitz. Donde el pueblo de papá llegó a las cimas intolerables del dolor, del sufrimiento humano. El regreso de los dioses Pero los dioses de papá y mamá supieron vengarse. ¿Qué hizo la Iglesia? Utilizó el dolor de su Dios para infligirle atroces castigos a los Otros, a los infieles. Necesitó, para eso, poder terrenal. Un Estado desde donde castigar. Ese Estado fue la Iglesia. Y el Dios de papá hizo algo parecido. Utilizó el dolor de su pueblo para castigar desde su Estado, no bien lo tuvo. El señor Sharon levanta un Muro que Torquemada admiraría. El señor Sharon (y el Estado que administra, que valida la tortura) tiene un Otro, los palestinos, a los que castigar justificándose desde la no repetibilidad del sufrimiento deAuschwitz. La tortura de mi pueblo justifica y fundamenta mis actos de tortura, así razona el señor Sharon, socio de Bush, paradigma del torturador. Durante estos días el Estado de la Iglesia se ha tornado muy agresivo con un artista plástico de nuestro país. Quien lleva la Cruz y amenaza con la Espada es un cardenal. Bergoglio, se llama. ¿Qué lo autoriza a hacer lo que hace? Eso, que es un cardenal. ¿A quién responde un cardenal? Responde, en ultima instancia, al Papa. ¿Quién es el Papa? Es, se dice, el representante de Dios en la tierra. ¿Quién lo nombró? Dios, que le dio esa representación. ¿Cuándo fue? ¿Hay alguna prueba, algún contrato de representación? No. La cosa es así y quienes disienten son herejes. Qué cosa, cada día el Dios de mamá y el Dios de papá se parecen más. Sirven a una sola causa: el señalamiento del Otro. La intolerancia frente al Otro. Y, por fin, la muerte del Otro. ¿O no ha sido una muerte la clausura de la muestra de Ferrari? http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-45231-2004-12-26.html

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