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El efecto Dunning-Kruger es un fenómeno psicológico descrito por científicos de la Universidad de Cornell (Nueva York, EEUU) según el cual las personas con escaso conocimiento tienden sistemáticamente a pensar que saben mucho más de lo que saben y a considerarse más inteligentes que otras personas más preparadas. El fenómeno, rigurosamente demostrado en una serie de experimentos desarrollados por los psicólogos Justin Krugger y David Dunning publicados en The Journal of Personality and Social Psychology en diciembre de 1999, se basa en los siguientes principios: 1. Los individuos incompetentes tienden a sobreestimar sus propias habilidades 2. Los individuos incompetentes son incapaces de reconocer las verdaderas habilidades en los demás. Tanto Kruger como Dunning habían investigado anteriormente sobre el fenómeno conocido por los psicólogos según el cual la mayoría de la gente tiende a valorarse a sí misma muy por encima de la media, cuando es estadísticamente imposible: así, es difícilmente comprensible que el 98% de los catedráticos de Universidad, según un estudio, esté convencido de que trabaja mejor que los demás. Siguiendo estos indicios, los profesores Krugger y Dunning diseñaron un experimento consistente en medir las habilidades intelectuales y sociales de una serie de individuos y pedirles una posterior evaluación. Una vez finalizados los test, los resultados fueron realmente reveladores: - Los estudiantes más brillantes, muy superiores a sus compañeros, estimaron que estaban por debajo. - Los estudiantes mediocres se consideraron por encima de la media - Los estudiantes rematadamente malos se mostraron convencidos de estar entre los mejores: de hecho, cuanto más inútil era el individuo, más seguro estaba de que hacía las cosas bien. Así pues, los más incompetentes, según la doctora Kruger, sufrían un doble agravio: “no sólo llegan a conclusiones erróneas y toman decisiones desafortunadas, sino que su incompetencia les impide darse cuenta de ello”. En todo caso, y como se ha apuntado frecuentemente, el efecto Dunning-Kruger es una especie de refrendo de la vieja máxima de Charles Darwin: “La ignorancia engendra más confianza que el conocimiento”. Extraído de: http://fogonazos.blogspot.com/2007/06/autoestima-y-estupidez-el-efecto.html Fuentes: http://en.wikipedia.org/wiki/Dunning-Kruger_effect http://www.elmundo.es/salud/2000/412/976094792.html

El mito del diez por ciento Benjamin Radford* The Skeptical Inquirer, March-April 1999 Traducción de Alejandro Borgo Alguien le robó la mayor parte del cerebro y Ud. probablemente no lo sabía. Bueno, no significa exactamente que le hayan quitado el cerebro, pero han decidido que Ud. no lo usa. Se trata del viejo mito, escuchado una y otra vez, que dice que la gente usa sólo el diez por ciento del cerebro. Mientras que para aquellos que repiten ese mito esto probablemente sea verdad, los demás felizmente usamos todo el cerebro. El mito y los medios Ese supuesto resto del diez por ciento aparece todo el tiempo. El año pasado, los avisos publicitarios de la revista nacional para la U.S. Satellite Broadcasting mostraban el dibujo de un cerebro. Debajo figuraba la leyenda: “Ud. sólo usa el 11 por ciento de su potencial”. Bien, estuvieron más cerca que el mito del diez por ciento, pero todavía les faltó un 89. En julio de 1998, la cadena de televisión ABC emitió unos spots promocionales del programa The Secret Lives of Men (“Las vidas secretas de los hombres”), para la temporada de otoño. El spot consistía en una propaganda en la que se podía leer, “Los hombres sólo usan el diez por ciento del cerebro” ocupando toda la pantalla. Una de las razones por las cuales este mito ha permanecido, es que ha sido adoptado por videntes y otros integrantes del mundo paranormal para explicar los poderes parapsíquicos. En más de una ocasión he escuchado a videntes que le dicen a la audiencia “Solamente usamos el 10 por ciento de la mente. Si los científicos no saben lo que hacemos con el 90 por ciento restante, ¡entonces debemos estar usándolo para los poderes parapsíquicos!” En Reason To Believe: A Practical Guide to Psychic Phenomena (Razón para creer: guía práctica para los fenómenos parapsíquicos), el autor Michael Clark menciona a un hombre llamado Craig Karges. Karges cobra un montón de dinero por su programa Intuitive Edge (Al filo de la intuición), el cual está diseñado para desarrollar habilidades parapsíquicas naturales. Clark cita a Karges diciendo: “Normalmente utilizamos sólo del 10 al 20 por ciento de la mente. Piense cuán diferente sería su vida si Ud. pudiera usar ese otro 80 ó 90 por ciento, que conocemos con el nombre de mente subconsciente” (Clark 1997, 56). También ésta fue la razón que dio Caroline Myss intentando explicar sus poderes intuitivos en una sección de Eye to Eye with Bryant Gumbel (Ojo a ojo con Bryant Gumbel, o Frente a frente con Bryant Gumbel), que se emitió en julio de 1998. Myss, que ha escrito libros sobre el desarrollo de los “poderes intuitivos”, dijo que todo el mundo tiene dones intuitivos, y lamentó que usáramos tan poquito del potencial de la mente. Para empeorar las cosas, apenas una semana antes, en el mismo programa, se había presentado información correcta acerca del mito. Entre el programa y la publicidad, aparecía en pantalla un spot con una breve encuesta: ¿Qué porcentaje del cerebro usamos? Las respuestas, tipo multiple-choice (de elección múltiple) iban desde el 10 hasta el 100 por ciento. Apareció la respuesta correcta, lo cual me alegró. Pero si los productores sabían que lo que había dicho una de las entrevistadas era clara y manifiestamente erróneo, ¿por qué permitieron que saliera al aire? ¿El cerebro derecho no sabe lo que está haciendo el cerebro izquierdo? Tal vez la entrevista a Myss era una repetición, en cuyo caso los productores presumiblemente chequearon los hechos después de que se emitió al aire y sintieron la responsabilidad de corregir el error en la emisión de la semana siguiente. O posiblemente las emisiones se difundieron en secuencia y los productores simplemente no se preocuparon y emitieron a Myss y a su desinformación de todos modos. Incluso Uri Geller, quien construyó su carrera tratando de convencer a la gente de que podía doblar metales con la mente, salió al ruedo con esta perlita. Esto aparece en la introducción de su libro Uri Geller’s Mind-Power Book (El libro de los poderes mentales de Uri Geller): “Nuestras mentes son capaces de proezas notables, increíbles, y todavía no las utilizamos en su plenitud. De hecho, la mayoría de nosotros usamos sólo cerca del 10 por ciento del cerebro, con suerte. El otro 90 por ciento está lleno de habilidades y potenciales aún no descubiertas, lo cual significa que nuestras mentes operan en forma muy limitada en lugar de funcionar a pleno. Creo que alguna vez tuvimos pleno poder sobre nuestra mente. Lo hacíamos para sobrevivir, pero a medida que el mundo se sofisticó y se hizo más complejo nos olvidamos de muchas habilidades que alguna vez tuvimos” (énfasis en el original). Evidencia en contra del mito del diez por ciento El argumento que dice que los poderes parapsíquicos provienen de la vasta parte del cerebro no utilizada se basa en la falacia lógica del argumento por ignorancia. En esta falacia, la falta de pruebas para sostener una posición (o simplemente la falta de información) se usa para tratar de apoyar una suposición determinada. Aunque fuera cierto que la mayor parte del cerebro humano no se usa (lo cual no es cierto), eso de ninguna manera implica que haya alguna capacidad extra que pueda darle a la gente poderes parapsíquicos. Esta falacia surge constantemente en las afirmaciones paranormales, y prevalece especialmente entre los partidarios de los OVNI. Por ejemplo: dos personas ven una extraña luz en el cielo. El primero, un creyente en los OVNI, dice, “¡Mira allí! ¿Puedes explicarme eso?” El escéptico contesta que no, que no puede. El creyente en los OVNI se regocija. “¡Ja! ¡No sabes lo que es, por lo tanto debe tratarse de extraterrestres!” dice, argumentando desde la ignorancia. Lo que sigue son dos de las razones por las cuales el mito del diez por ciento resulta sospechoso. (Para un análisis más extenso y detallado del tema, véase el capítulo de Barry Beyerstein en el nuevo libro Mind Myths: Exploring Everyday Mysteries of the Mind, 1999 [Mitos de la mente: explorando los misterios cotidianos de la mente]). 1) Las técnicas de investigación por imágenes tales como los PET (Tomografía por emisión de positrones) y la fMRI (resonancia magnética funcional por imágenes) muestran claramente que la mayor parte del cerebro no permanece inactiva. En verdad, aunque ciertas funciones menores pueden utilizar sólo una pequeña parte del cerebro en un momento determinado, cualquier conjunto de actividades o patrones de pensamiento complejos usarán muchas partes del mismo. Así como una persona no utiliza todos los músculos a la vez, tampoco utilizan todo el cerebro a la vez. Para ciertas actividades, tales como comer, mirar televisión, o leer The Skeptical Inquirer, usted puede usar unas pocas partes específicas del cerebro. Sin embargo, en el transcurso del día se utilizarán casi todas las partes del cerebro. 2) El mito presupone una localización extrema de las funciones cerebrales. Si las partes “usadas” o “necesarias” estuvieran dispersas por todo el órgano, esto implicaría que de hecho se necesita gran parte del cerebro. Pero el mito implica que la parte “utilizada” del cerebro es un área discreta, limitada, y la parte “no utilizada” es como un apéndice o amígdala, que ocupa espacio pero es esencialmente innecesaria. Pero si todas esas partes del cerebro no se usan, el hecho de remover o dañar las partes “no usadas” no conllevaría grandes efectos o ni siquiera se notaría. Sin embargo las personas que han sufrido traumas cerebrales, un infarto, u otro daño cerebral, frecuentemente se encuentran severamente impedidos. ¿Ha escuchado Ud. a algún médico decir, “afortunadamente cuando la bala penetró en el cráneo, solamente dañó el 90 por ciento del cerebro, que no usaba”? Por supuesto que no. Variantes del mito del diez por ciento El mito no es simplemente algo estático o un malentendido. Tiene diversas formas, y su adaptabilidad le da una vida más prolongada que la que tiene un spam laqueado. En su versión básica el mito afirma que años atrás un científico descubrió que nosotros utilizamos verdaderamente sólo el 10 por ciento del cerebro. Otra variante se refiere a que sólo el 10 por ciento del cerebro ha sido mapeado, y que esto se malinterpretó mapeado por usado. Antes, Craig Karges había presentado una tercera variante. Ésta dice que, de alguna manera, el cerebro se encuentra ingeniosamente dividido en dos partes: la mente consciente que se usa del 10 al 20 por ciento del tiempo (presumiblemente a plena capacidad); y la mente subconsciente, en donde el restante 80 ó 90 por ciento del cerebro permanece inutilizado. Esta descripción revela un profundo malentendido de la investigación de las funciones cerebrales. La larga vida del mito se debe en parte a que si una variante resulta incorrecta, la persona que cree en ella puede simplemente cambiar la razón de su creencia y apoyarse en otra base, mientras la creencia misma permanece intacta. Así, por ejemplo, si a un individuo se le muestra un examen PET en donde se observa actividad en todo el cerebro, todavía puede seguir argumentando que lo del 90 por ciento se refiere a la mente subconsciente, y por lo tanto la figura del mito queda a salvo. Independientemente de la variante, el mito se repite y se expande, sea por gente bien intencionada o por aquellos que mienten deliberadamente. La creencia que permanece es, entonces, lo que Robert J. Samuelson denominó un “psico-hecho (psycho-fact), una creencia que, a pesar de no estar sólidamente basada en los hechos, se toma como real porque su constante repetición cambia la manera en que experimentamos lo que vivimos”. El lego va a repetirlo una y otra vez hasta que, tal como sucede con la advertencia de no tirarse al agua después de comer, termine por convertirse en una creencia ampliamente difundida. (“Triumph of the Psycho-Fact”, Newsweek, May 9, 1994.) Los orígenes del mito no son del todo claros. Beyerstein, del Laboratorio de comportamiento cerebral de la Universidad Simon Fraser en British Columbia, lo ha rastreado hasta principios del siglo veinte. En una reciente columna de la revista New Scientist también se sugirieron otras fuentes, incluyendo a Albert Einstein y Dale Carnegie (Brain Drain 1999). Probablemente tenga un sinnúmero de fuentes, principalmente la malinterpretación o malentendido de los hallazgos científicos legítimos así como los gurúes de autoayuda. El más poderoso atractivo del mito es probablemente la idea de que podemos desarrollar poderes parapsíquicos o al menos lograr ventajas competitivas tales como mejorar la memoria y la concentración. Todo esto se encuentra a nuestra disposición, como dicen los avisos, si aprovechamos el más poderoso de nuestros órganos, el cerebro. Ya es tiempo de desechar este mito, aunque si ha sobrevivido casi un siglo, seguramente continuará vivo en el próximo milenio. Quizá la mejor manera de combatirlo sea contestar a nuestro interlocutor, cuando lo mencione, “Ah, ¿y qué parte no usas?” *Benjamin Radford es Jefe de Edición de la revista The Skeptical Inquirer y es graduado en psicología Agradecimientos Estoy en deuda con el Dr. Barry Beyerstein por sus sugerencias y ayuda en la investigación. Referencias Beyerstein, Barry. 1999. Whence cometh the myth that we only use ten percent of our brains? In Mind-myths: Exploring Everyday Mysteries of the Mind and Brain, edited by Sergio Della Sala. New York: John Wiley and Sons. Brain Drain. 1999. The Last Word (column). New Scientist 19/26 December 1998-2 January 1999. Clark, Michael. 1997. Reason to Believe. New York: Avon Books. Geller, Uri, and Jane Struthers. 1996. Uri Geller’s Mind-power Book. London: Virgin Books. Fuente: http://www.geocities.com/escepticosvenezuela/radford.htm PD: Primer post, espero que les guste.
Tu cuerpo como nano-granja por diversión y dinero Título original: Nanofarm your body for fun and profit ATENCIÓN: ¡Contiene fotos que pueden herir tu sensibilidad! Si alguna vez pensaste que vender tu riñon, tus óvulos o tu esperma era una forma accesible de conseguir un dinero extra, es hora de que consideres prestar tu cuerpo como granja. Las fotografías de Michael Burton muestra cómo los avances en la biotecnología cambiarán cómo los humanos tratan y se relacionan con sus cuerpos. Después de todo, si podemos vender nuestros órganos, células reproductivas y cabello, ¿qué va a impedir que hagamos crecer partes adicionales por todo nuestro cuerpo? Burton acota que, mientras hay ciertos tabúes contra la comodificación del cuerpo humano, hay ciertos lugares en el mundo que permiten la venta de órganos, dando lugar a la industria turística del transplante. Y algunas personas ya tratan sus cuerpos como granjas, haciendo crecer cabello para luego cortarlo y venderlo. Pero si la nanotecnología nos da la capacidad de hacer crecer partes del cuerpo y productos farmacéuticos directamente en nuestra piel, más humanos serán capaces, y quizás hasta animados, a participar en esa comodificación: Cita :¿En realidad tenemos una alternativa en nuestro futuro? ¿Cómo influirán las tecnologías futuras en la evolución del cuerpo en ciertos extremos socioeconómicos? ¿Bajo qué circunstancias considerarías usar tu cuerpo como fuente de ingresos? Un subconjunto de fotografías, titulado "Stem" (NdeT: Tallo ó Pie), fue inspirado en recientes avances en la recolección de células madres de tejido adiposo, suponiendo que podría ser una forma temprana de utilización del cuerpo como granja. También trae a la mente un escenario más fantástico traído de la ciencia ficción: link: Traducido por fraika ORIGINAL: MÁS FOTOS: <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

Olvídense de las clases de biología y latín: pongan a los estudiantes de medicina a jugar 'Call of Duty'. La rama médica de la Universidad de Texas en Galveston descubrió que jugadores de videojuegos adolescentes son mejores en cirugías simuladas que residentes médicos (enlace en inglés). El estudio utilizó las máquinas que simulan las técnicas quirúrgicas en directo, como suturas, y encontró que adolescentes de secundaria que juegan un promedio de dos horas de juegos de video por día tienen "mejor rendimiento que nuestros médicos en formación", comentó el Dr. Sami Kilic de la Universidad de Texas. "Nuestros médicos en formación ya han participado en casos reales. Esto indica que los juegos de computadora son de gran ayuda para transferir los conocimientos y habilidades adquiridas en los juegos de computadora." La investigación preliminar corrobora una década de evidencia de que los videojuegos recreacionales mejoran la inteligencia visual (enlace en inglés). Los prometedores resultados han inspirado escuelas autónomas centradas en videojuegos, como GameDesk en Los Angeles (enlace en inglés), para encontrar maneras más productivas de implementar la aplicación de videojuegos en la currícula más que reemplazar el recreo con 'Mario Kart'. Video del estudio: link: http://www.youtube.com/watch?v=9hhnG-uwq4o Traducido por fraika
Japón está en medio de ejecutar un plan gigantesco para hacer de los robots parte integrante de la vida diaria. Para compensar la escasez de jóvenes trabajadores que estén dispuestos a hacer tareas poco importantes, la Asociación Japonesa de Robots, el gobierno y varias instituciones tecnológicas han presentado un anteproyecto formal para crear una sociedad en que los robots vivan codo a codo con los humanos para el año 2010. Antes que nada, un poco de historia: en enero, ingenieros en robótica soltaron a un robot humanoide de cinco pies de altura conocido como Robovie en un famoso centro comercial en Osaka. La misión de Robovie era la de ayudar a los compradores perdidos a encontrar sus destinos. Usando dieciséis cámaras, seis localizadores de rango láser, y nueve lectores RFID (del inglés: Radio Frequency Identification, Identificación de Frecuencia por Radio), Robovie juzgó el comportamiento de todos los clientes, veinte por vez, se le acercó a aquellos que parecían desorientados y les indicó la dirección correcta. Y por si eso no fuera poco, mientras los clientes le agradecían y se alejaban, también les recomendó nerviosamente una lista de restaurantes cercanos en caso de que tuvieran hambre. En la actualidad vemos robots humanoides en Japón conduciendo ceremonias religiosas, preparando sushi, plantando arroz, contestando teléfonos en oficinas corporativas, tomando el lugar de compañeros de baile y alimentando a ancianos cuyas habilidades motoras empiezan a desmejorar. Los robots animales también se han mostrado como un gran avance —desde el Tamagochi digital hasta Paro la peluda foca terapéutica, el pueblo japonés es experto en saciar su necesidad de compañía o asistencia a través de amigos mecánicos de bajo o poco mantenimiento. Apodos como Reino Robótico o Nación Robótica, que se han usado para describir a Japón desde la década de los ochenta, son más relevantes ahora que nunca— con una fuerza laboral decreciente, una disminución del índice de nacimientos y una población envejecida, la demanda de ayuda robótica en hospitales, hogares de cuidados, oficinas y otros espacios comerciales llega hasta el cielo. Los investigadores en Japón tienen confianza de que, en unos pocos años, los humanos y los robots coexistirán felizmente en una sociedad hombre-máquina completamente integrada. ¿Entonces cómo es exactamente que estos ambiciosos ingenieros en robótica planean hacer esto? ¿Y es verdad que va a suceder como ellos dicen que será? Takayuki Furuta, director del Centro de Tecnología y Futuro de la Robótica en Chiba, nos cuenta que ya están manos a la obra. Declara que una primera meta de colaboración es la de establecer estándares internacionales para el software y hardware de los robots humanoides -en una manera similar a la que los técnicos entusiastas determinaron la información detallada y los programas básicos que comprenderían una computadora estándar hace muchos años atrás. La Fase 1 (planeación) y la Fase 2 (hardware) están completas para finales de marzo del 2008; la Fase 3 (software) comenzará este mes. "Vamos a ser el primer país en el mundo con un ministerio oficial de robótica", declara. En los Estados Unidos, explica, hay un fuerte énfasis en desarrollar software, como inteligencia artificial y programas para herramientas y armas militares. Pero Japón no tiene ejército, por lo que la investigación de robótica se dirige a aplicaciones de la vida diaria. Y como Japón es un país densamente poblado con muy pocos lugares cómodos para vivir, el desarrollo de hardware compacto para humanoides utilitarios se hace infinitamente más importante. Quizá la razón más importante por la que Japón se convertirá perfectamente en el primer país en el mundo con un ministerio oficial de robótica es porque los japoneses no le tienen miedo a los robots. Desde la década de los cincuenta, la idea de robots como amigos se ha instalado en la psique nacional a través de personajes animados como Astro Boy. "En Estados Unidos, no se tiene una imagen muy positiva de los robots humanoides," dice. "¡Miren Terminator! En Japón, los robots son nuestros amigos. Es parte de nuestro trasfondo cultural". Una encuesta llevada a cabo el año pasado demostró que un 40% de las mujeres japonesas entre la edad de veinte y treinta años hablan con sus computadoras, mientras que un 10% les pone nombre. Uno podría pensar sin temor a equivocarse que los japoneses tienen una afición por darle vida a objetos inanimados. Pero más importante, no se considera ni extraño ni raro para nada. Hace varios años, se esperaba que las mujeres solteras que vivían solas compartieran sus hogares con un Furby. Más recientemente, las familias que no podían poseer perros buscaban compañía de sus Aibos. Cuando se lo ve de este modo, es casi natural que el siguiente paso sea la integración completa de los robots en la vida diaria en una escala masiva. La iniciativa no se termina en el 2010, pero es el año de referencia para el que planean tener robots haciendo trabajo como porteros, en seguridad, cuidados de niños, de coordinación y sillas de ruedas inteligentes a escala nacional. Los deberes robóticos se expandirán a todo lo demás -conducir autos, preparar la cena, producir programas de televisión y unir a humanos en matrimonio- para el año 2020. Traducido por fraika
El mito de las "cero calorías" Hay malas noticias para aquellos que piensan que pueden tomarse todas las bebidas "cero calorías" y no ganar nada de peso. Científicos de la Universidad de Purdue han descubierto que los modelos de laboratorio acaban consumiendo más calorías al consumir edulcorantes artificiales que naturales. En una serie de experimentos, los científicos de la Universidad de Purdue compararon ganancia de peso y hábitos de alimentación en ratas cuyas dietas se complementaron con comida endulzada conteniendo sacarina "cero caloría" o azucar. "Los estudios sugieren que los edulcorantes artificiales interrumpen de alguna forma la capacidad del organismo para regular las calorías entrantes. Aún es un misterio la razón de que aumenten de peso, pero definitivamente tenemos evidencia de que los animales que comen yogurt artificialmente endulzado terminan consumiendo más calorías que los que consumen yogurt endulzado naturalmente," comenta Susan Swithers, profesora de ciencias psicológicas en la Universidad de Purdue. El informe, publicado en Neurociencia de Comportamiento, presenta lo que parecen ser hallazgos contrarios a lo que el sentido común sugiere. Los animales que se alimentaron con yogurt artificialmente edulcorado durante un período de dos semanas consumieron en realidad más calorías y ganaron más peso en forma de grasa que los animales que comieron yogurt endulzado con glucosa, elemento edulcorante natural y de altas calorías. Este reciente estudio es una continuación del trabajo del grupo de Purdue iniciado en 2004, cuando informaron que los animales que consumían líquidos y distintos alimentos endulzados con sacarina tendían a comer más que los animales alimentados con comidas endulzadas y de altas calorías. Susan Swithers, co-autora de ese mismo estudio, sugiere que los edulcorantes artificiales interfieren en la capacidad del cuerpo para regular las calorías entrantes. Para algunos, esta noticia no es tan sorprendente. Las bebidas "lights" o de dieta han sido vinculadas a la obesidad en humanos en estudios anteriores. Los colorantes, sabores y edulcorantes artificiales tienden a no ser nunca mejores alternativas a las contrapartidas naturales que intentan imitar. El uso de edulcorantes de "cero" o bajas calorías en alimentos o bebidas se ha duplicado en los últimos 20 años, al mismo tiempo que la obesidad. Swithers comentó al LA Times que los sabores dulces inmediatamente "alertan" al sistema digestivo del cuerpo para que se prepare a procesar comida con calorías. Pero cuando las calorías no llegan porque el sabor dulce era artificial, eventualmente el organismo aprende a no encender el motor metabólico. Con el tiempo ese ajuste dificulta la quema de calorías y la pérdida de peso. Por lo tanto, los alimentos de baja y "cero" calorías ayudarían a que la gente gane peso en lugar de perderlo. Otros posts relacionados: