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faquitoXD

Usuario (Argentina)

Primer post: 21 sept 2009Último post: 10 jun 2011
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Los tres músicos (reproducción hecha por mí)
ArteporAnónimo10/10/2009

Bueno, he aquí una famosa pintura de Picasso, perteneciente al cubismo; uno de los movimientos artísticos más trascendentes de toda la historia. Lo pinté para la clase de artística, es mi segunda pintura, sepan criticar bien, por favor. Soy principiante en ese tema, todavia no manejo bien lka pintura ni el pincel. Original Copia Comentenm y critiquen todo lo que quieran

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Lo inevitable (prosa propia)
ArteporAnónimo6/10/2011

Es larguito, pero vale la pena (iaaaa re creído) Lo inevitable Es así, levantarte a las 7 todos los días hábiles y seguir una rutina tediosa, increíblemente tan rutinaria y tediosa. Levantarse a las 7 de lunes a viernes se ha convertido en un infierno. Siempre es lo mismo, antes de dormir programas la alarma a las 6:45 sin que tu mujer se dé cuenta, y cuando te despiertas, apagas la alarma y dejas que tu esposa te diga que es hora de ir a trabajar, y vos tranquilo le pides que te deje 15 minutos más. En ese transcurso de 15 minutos, tu esposa ya se cambió para ir a la oficina, ya se pintó la cara, ya usó el inodoro y te preparó el desayuno, todo en 15 minutos. Eso se llama apuro por no levantarte temprano. Te levantas a las 7 en punto, te bañas, te vistes, desayunas y te vas a trabajar. En el trabajo nunca falta el que te carga por que su equipo de fútbol ganó y el tuyo no, más si es lunes y el partido fue ayer, domingo. Tampoco falta el tonto que no sabe prender su computadora y empieza a preocuparse porque ahí estaban todos sus archivos, todas sus cartas al editor de “El Liberal Times”, todas las carátulas judiciales de los acusados y encima que el jefe lo va a matar, que el jefe es intolerante y no sabe que el jefe sos vos mismo, y calladito le prendes la computadora y dejas que el tipo disfrute de las maravillas de la tecnología. Te sientas en tu silla, enciendes tu máquina y comienzas a escribir notas hasta las 12 de la tarde. Si por tu trabajo fuera, terminarías a las 10 de la mañana, pero nunca faltan los vagos que no hacen su trabajo, y te pagan $200 pesos por hacerlo, y vos que te quieres comprar un TV de plasma, sos el primero que los buscas para que fichen juntos, les hablas de trabajo forzado, de trabajo duro, de que es lunes, de que es viernes y que no vale la pena trabajar, entonces les viene el bajón y te piden que les hagas el trabajo. Es conveniente, pero tan rutinario que llega un momento en que te molesta, pero en ese momento, ellos te piden que les hagas el trabajo y vos les dices que no porque la importancia del trabajo duro, porque es lunes, porque es viernes, y de repente son tus amigos, y te piden encarecidamente que les hagas el trabajo, y sostienes tu no, y de repente sos un mal amigo, un mal compañero de trabajo... Es así. Llega la 1 de la tarde, momento de fichar para salir de ese lugar e irte a tu casa donde te espera tu esposa, que ya te preparó la comida y que te espera con una cara sonriente, y que tus hijos ya salieron del colegio y te están esperando impacientes porque quieren saber cómo estuvo tu día, y entonces, emocionado vas hacia tu Dodge modelo 56, estás media hora para hacerlo arrancar y vas hacia tu casa. Al llegar a tu humilde pero cómodo hogarcito, la impaciencia y las ganas de entrar y ver a tu familia y ser el centro de atención van creciendo momento a momento. Cuando entras gritas: ¡FAMILIA!... Nada... Nada... Ni un grito de ¡PAPÁ!. Bajas la cabeza y entras a tu acogedor hogar. Quieres saludar a tus hijos y no puedes porque el mayor está siendo esclavizado por la computadora, otro por la televisión, y tu amada y célebre cría hembra está hablando con el novio por teléfono. Ilusionado conque tu esposa por lo menos te salude preguntas al único hijo que tiene la cabeza en éste mundo por tu querida y añorada esposa. Como siempre, te contesta que mamá todavía está en la oficina porque se rompió una computadora y ella es la única con capacidades de arreglar un equipo tan delicado. Te sientas a la mesa esperando una rica comida y te traen milanesas de pollo compradas en la despensa del frente, y encima mal fritadas. Comes callado, soportando las bacterias que debe tener el pollo por estar mal cocinado. Entre tanto tus hijos ni bolilla, ni saben que llegaste de un día tedioso y pesado. Comes solo, tomas Prity sin que nadie se dé cuenta y cuando terminas te vas a acostar. Duermes hasta las 8 de la noche y tu esposa ni siquiera llegó a la casa porque resulta que fue a una reunión importante, en un restaurante, con sus compañeras de trabajo y “de paso” comen algo allí. Pero nadie se dio cuenta de que estás vivo siquiera, es por eso que empiezas a desenchufar todo, enojado. Le desenchufas el teléfono a tu hija que parece no haberse despegado del teléfono en todo el día, la computadora que te consume mucha energía eléctrica y EDESE no reconoce que tus hijos son los culpables y el televisor de tu hijito que vio NARUTO todo el día, ni siquiera hizo su tarea, solo el que tiene los pies en la tierra los hizo y fue el único que se preocupó por tu hambre y se ocupó de prepararte un poco de ensalada rusa y un asado espectacular, un lunes a la noche. Valoras su esfuerzo y después de comer lo felicitas, pero también te aseguras que no quede nada para tu esposa porque se supone que ya comió con sus amigas en la reunión. Son las 11 de la noche y mandas a tus hijos a dormir, te relajas un poco, te acuestas, te sacas los zapatos, te despeinas un poco y prendes la tele para ver el noticiero que siempre dice lo mismo: Inseguridad, fiebre porcina, dengue, Tinelli y Política Argentina sin sentido ni causa de existencia. Pero, la tele no se prende porque está desenchufado, y sin ganas de enchufarlo, te quedas con las ganas de ver el noticiero y comienzas a leer el diario que está en tu meza de luz, y cuando vas por la parte de política, te das cuenta de que esa nota ya la habías leído antes, y comienzas a sospechar de que el diario sea del día de ayer o que los políticos no tengas más que decir y repiten las mismas cosas. Te fijas la fecha y descubres que es de ayer, y que el de hoy se encuentra en el baño. Finalmente llega tu mujer y comienza a preguntar si limpiaron, si cocinaron, si regaron las flores, si le dejaron comida, y vos, que te enojas porque ni siquiera te saluda, le gritas unas palabras tan pensadas que ni Bécquer lo podría haber escrito: ¡¡¡MINGAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA QUE TE DEJO COMIDA!!!. Entonces tu esposa se enoja con vos porque le gritas, y se enoja más porque ni la saludas, y de repente sale tu hijo más chico llorando porque el hombre de la bolsa lo va a llevar porque no se comió el asado, y te arrepientes de haberle dicho eso. Te vas a dormir sabiendo que te queda Martes, miércoles, jueves y viernes por vivir. Pasas la semana haciendo lo mismo y lo mismo, todito igual, y cuando llega el viernes estás chocho porque el viernes llegó por fin a tu vida. Lo pasas igual que los otros días hasta que llega el sábado. Te levantas el sábado dispuesto a hacer cosas fuera de tu rutina, pero la rutina salta otra vez junto con tu esposa que quiere que le arregles la medianera o que pongas membranas en el techo porque hay probabilidades de lluvia. Y encima nunca llueve. Y llega el domingo, ilusionado porque hay asado y porque juega tu equipo: Chacarita Juniors. Pero siempre algo sale mal, el asado se te quema, se te moja o alguien te lo escupe, y como siempre, Chacarita pierde y encima te das cuenta de que el que nunca falta al trabajo te va a cargar porque es hincha de Huracán. Cansado de la agitada semana que tuviste, te vas a dormir, sabiendo que mañana es lunes, el tedioso y rutinario lunes llega a tu vida otra vez, y con él llega lo inevitable. lo de siempre: Antes de dormir programas la alarma a las 6:45 sin que tu esposa se dé cuenta, duermes, te levantas, desayunas, te vistes, te vas al trabajo, vuelves a tu casa, comes solo, duermes la siesta, te levantas, comes, ves tele, lees el diario, peleas un rato con tu amada esposa y te vas a dormir otra vez, sabiendo que todavía te quedan martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo... por el resto de tu vida. Abogado Penalista, he aquí tu vida. Das mucha pena.

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De pilas y varitas (cuento propio)
ArteporAnónimo6/24/2010

De pilas y varitas El otro día, mientras limpiaba el piso, se escuchó que un hombre viejo, barbudo y débil, pero con una voz muy clara y potente; pregonando a viva voz: “El príncipe brindará una fiesta, y todas las personas deben ir sí o sí con su mejor vestido. Será una noche de gala. No se lo pierda. Si se lo pierde, la sociedad inglesa no lo respetará más en toda su vida. Venga. Este sábado a las diez y media hasta que cante el gallo, en Complejo Carolina”. Entonces me propuse ir para ser reconocida por todos. Sabía que era difícil, pero debía ir. Mi belleza estaba pasando desapercibida porque no salía de ese casorio horrendo, salvo para encontrarme con otra persona. Una a la vez, y cada muerte de obispo. Fui con mi madrastra y le pedí permiso para que fuese a la fiesta del príncipe, pero me dijo que era muy impresentable, fea y gorda para ir, y me ordenó que siguiera limpiando el piso. Oficialmente, estaba perdida. Una vez más, me perdería de la genial fiesta del príncipe Sapo gracias a la maldad de mi madrastra. Decidí entonces, recurrir a alguna de mis hermanastras para que convencieran a mi madrastra, pero las muy malvadas no quisieron ayudarme. “Vos sos una persona que no merece diversión. Sos una tonta. Andá a trabajar”, me contestaron ambas. Me largué a llorar de la bronca. Me sentía sola, excluida, discriminada, odiada. Pensé en todas esas personas que lograrían conseguir dos horas de diversión, mientras yo limpiaba como una tarada el piso de la casa. Llegado el sábado, veía a mis hermanastras vestirse bien y peinarse mal. Solté una carcajada involuntaria, pues la imagen de mis hermanastras mal peinadas y bien vestidas me causaba una gracia extraña. Pero lo importante de ese momento fue que reí por primera vez luego de veinte años. Veinte años inundada en la tristeza, en la soledad, en la amargura, por fin se habían esfumado en dos segundos de risa. Me sentí plena, sosegada, totalmente calmada. Sentí que mi estómago se soltaba, mis músculos de la espalda se iban relajando de a poco y noté que mi postura erguida, originada por la tensión, se volvía una postura agachada, y solté un suspiro que dio cuenta a mis hermanas de que estaba espiándolas. --¿Qué estás haciendo? –replicó mi hermanastra mayor, Andrea. --Nada –le contesté. Y pensé en quedarme con esa respuesta, pero la risa me devolvió el ánimo de contestar ante las injusticias. –Simplemente me río de sus horribles peinados. --Más respeto a quienes te pueden matar con la mirada –dijo mi hermanastra menor, Giuliana. --Matame, entonces. No dijeron nada. Dejaron de tocarse el pelo y se reunieron con mi madrastra en la puerta de la casa. Estaban por partir. “Inútil”, me dijo mi madrastra, pero no le hice caso. Se fueron y las vi desaparecer por el horizonte. Al principio sentí que la tristeza volvía, pero recordé sin querer el peinado de mis hermanas y comencé a reírme otra vez. La risa tenía un sabor totalmente recomendable. Me hizo pensar que no todo pudiera estar perdido. Pensé y pensé. Y al fin di con la respuesta. Necesitaba magia, necesitaba el poder de una varita mágica para vestirme de gala, peinarme perfectamente, maquillarme como nunca y oler como flores. “Necesito un hada madrina”, dije. Pero luego recordé que yo misma lo era. Busqué mi varita mágica entre mis ropajes sucios y le encontré. Tenía un año de no ser usada, pero las pilas eran nuevitas, nuevitas. La activé y me convertí en una auténtica princesa. Peinado con rodete, mejillas rosadas, ojos verdes como selvas, noventa-sesenta-noventa en un vestido rosado y zapatos de cartulina. Allí descubrí que algo andaba mal. “¿Zapatos de cartulina?, me pregunté a mí misma. “No puede ser”. Pero así era. No importa, voy mejor de alpargatas. Entonces me puse las alpargatas. Eran las siete de la tarde y el baile comenzaría a las diez y media. Me di cuenta de que era demasiado temprano y me puse a leer. De repente sonó mi celular (que también lo conseguí con magia). Era Cenicienta. Llamaba para pedirme que la ayudara, pues su madrastra no la dejaba ir a la fiesta del príncipe. --Convertime en algo y mandame a la fiesta en un carruaje hecho de calabaza –me dijo. --Bueno, ya voy para tu casa. Ya en la casucha de Cenicienta, la encontré barriendo el piso. Por supuesto que ambas estábamos vestidas como sirvientas para lograr que la gente se sorprendiera cuando nos viese. Volví a reír porque nos veíamos como dos viejas chismosas hablando de temas que no importan. --Necesito que me vuelvas bella, y que me vistas hermosa, y que me peines divina y… --¡Bueno! –interrumpí-. Tranquila. La convertí en una mujer hermosa, pero por supuesto que no iba a permitir que me opacara, y le convertí una calabaza en un carruaje. --Pero los zapatos no son de cristal, son de cartulina –me dijo-. --Es que a mí también me pasó lo mismo. No sé lo que pasa. De repente, el vestido comenzó a desaparecer de a poco, pero intervine antes de que pasara a mayores. Esta vez, aparecieron zapatos de cristal. --Eso no tiene pilas –me dijo Cenicienta. --Son nuevas las pilas. --Está bien. Pero si pasa algo, te juro que te tiro pilas nuevas por la cabeza. --No olvides volver antes de las cinco de la mañana. Sino, te convertirás en lo que eres en realidad. Recibiendo esa amenaza, me fui a mi casa para prepararme otra vez. Llegué cuando faltaba media hora para las diez y media y tenía que volver a vestirme. Apunté la varita hacia mí y conjuré, pero no pasó nada. “Cenicienta tenía razón, ya no hay pilas”, me convencí. Comencé a revolver por toda la casa para buscar pilas. Encontré casi dos mil quinientas noventa y nueve pilas AA y me dispuse a cambiarlas. ¡Casi ninguna andaba! Era imposible, casi inútil. Perdí dos horas tratando de cambiar las pilas pero no pasó nada. Me resigné y me hundí en el sillón. Las horas pasaban y yo estaba allí, sentada. Amanecí allí, esperando algo que sabía que era nada, y que la nada no iba a llegar. Exactamente a las tres de la tarde, Cenicienta entró sin permiso a mi casa. Estaba vestida como sirvienta, con un solo zapato de cristal, despeinada y oliendo a perros mojados. --¡Rata de Cloaca! ¡Comprá pilas de vez en cuando! –Me dijo. Entonces me tiró con las pilas por la cabeza. Cerró la puerta y se fue. Y yo quedé allí, llorando de bronca, pero riendo a la vez por el peinado de Cenicienta: Era igual al de mis hermanastras. Facundo Gonzalo Gallego

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Paulo Coelho... ¿Por qué es tan buen escritor?
ArteporAnónimo1/19/2010

Leí anteriormente un post que hablaba sobre Paulo Coelho. El post decía que era muy mal escritor y basaba esa opinión en la cantidad de ventas y traducciones de sus obras. Me indigna que piensen que un escritor tan bueno sea tomado como un tarado que escribe cosas insignificantes y poco profundas porque, según ellos, si vendía tantas obras era porque son fáciles de entender y no había profundidad, y eso no se podía concebir en una sociedad tendida a la inculturalidad. Paulo Coelho, más que un escritor, es un filósofo que vuelca sus ideas en la literatura, y para el colmo lo hace muy bien. Es nu escritor modelo, así como lo son Juan Rulfo, Borges, García Márquez y tantos otros. Además, García Márquez ha vendido su obra "Cien Años de Soledad" en muchísimos otros idiomas, colocándolo en el tercer puesto de obras más traducidas, después de Don QUijote y de la Biblia, y su obra es para entendidos. Cien años de soledad no es facil de seguir, pero hay muchos que lo leen y lo releen hasta que lo entienden y aprenden de la obra, y no por eso García Márquez es un escrito pequeño e insignificante. Paulo Coelho es un escritor tremendo, y hay que tomarlo como tal. Leanlo y van a descrubrir lo que les digo. Porque ese post, les aseguro, ha sido escrito por un escritor frustrado que se ha convertido en un estúpido crítico que nomas critica sin leer la obra antes.

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Cuentos fantásticos cortos (propios)
Cuentos fantásticos cortos (propios)
TaringaporAnónimo9/21/2009

Cuestión de horarios El arbitro entró en el campo de juego acompañado de sus asistentes de campo. El cuarto árbitro, el que siempre señala cuantos minutos más se van a jugar o los cambios de jugadores, estaba un poco extraño ese día, se veía pálido y no podía mantener el equilibrio, pero aún así fue a dirigir el partido desde los bancos. Los directores técnicos lo veían mal, parecía que se estaba muriendo de a poco y de pie, pero cuando le preguntaron si estaba bien, el asintió con la cabeza. Trascurrían los primeros quince minutos del primer tiempo, cuando un jugador del equipo local sufrió una lesión y se anunció un cambio. El director técnico le dijo los jugadores que pensaba cambiar, pero el cuarto árbitro no anotó nada, estaba muerto de pie. El partido se detuvo para controlar la salud del árbitro, pero no había caso, estaba muerto. El juez de línea se dio vuelta para llorar por su buen amigo, pero lo vio salir del túnel por donde salen los equipos, con la indumentaria oficial para dirigir el partido. Al final, alegó que había llegado tarde porque se había equivocado con el horario. El Rey impostor Cansado de la vida, el Rey ordenó a su súbdito que lo azotase y que luego lo mandase a ejecutar. El súbdito tenía en claro que no debía contradecir al Rey bajo ninguna circunstancia, por eso obedeció la orden. Luego de azotarlo con el látigo y abofetearlo con los guantes de caballero, el súbdito envió al Rey a que lo ejecutasen. Llamó al arquero más hábil de todo el reino y lo puso frente al Rey. La Majestad le ordenó que le clavase una flecha en el pecho para acabar con su vida. El arquero tomó distancia, se cubrió la cara con su máscara, le pidió al Rey que también se cubriera la cara y disparó la flecha. El arquero fue y le sacó la máscara al muerto, descubriendo la cara del súbdito. Luego se sacó su máscara, delatando su cara de Rey. No comer basura Damián cayó por el pozo hasta que, fuertemente, impactó con un basural tremendo. La basura comenzó a devorarlo hasta que solamente le dejó el corazón sin latir y el cerebro con todas las neuronas. La basura tenía por ley no comer basura. Facundo Gallego "A la manera que se me cante"

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