estazz12
Usuario (Argentina)
Soñé que tenía el poder de ver el futuro. Me enteraba de eso leyendo un artículo en el diario donde aparecía mi nombre, junto a un titulo que, lejos de reconocerme como un prodigio, me citaba mas bien como un fraude. El artículo empezaba dando datos irrelevantes sobre mí: dónde nací, dónde crecí, donde vivo en la actualidad y por qué; qué números regían mi vida, de que signo soy, que gustos de helado pido y si prefiero el cucurucho o el vasito. Después de una interminable y absurda columna, pasaba a hablar de mi poder. Decía: “Este hombre, puede ver el futuro pero sólo desde su propia óptica y sólo puede ver períodos de 10 segundos del futuro, en momentos en los que su cuerpo, comienza a experimentar un orgasmo. […] Las visiones son exactamente eso, sólo visiones; este hombre no puede intervenir en su futuro, sólo es un observador desde sus propios ojos, y en un orgasmo”. El tono de decepción del articulo, cobraba sentido con estos datos: Yo sólo podía asistir a mis futuros orgasmos, y por un lapso máximo de 10 segundos, lo que en la mayor parte de mis viajes me servía como mucho (si es que llegaba a abrir los ojos), para ver con quien estaba, o con quien no estaba. En el sueño usé mi poder asistiendo a dos orgasmos que se desarrollaban frente a la pantalla de una computadora, los cuales se cumplieron con exactitud esa misma noche. De hecho, la mayor parte de mis orgasmos en ese entonces, tenían esas mismas características, lo cual no me convencía del todo si mis visiones correspondían a eventos del futuro, o a recuerdos del pasado. Cuando los hechos en el pasado y en futuro son similares, lo mismo da viajar a un lado a al otro, lo mismo da tener poderes o recuerdos. Fueron otras visiones (otros orgasmos) en las que aparecía acompañado por personas desconocidas hasta entonces para mí, los que me convencieron de la veracidad de mis poderes, dicho sea de paso, escasos de poder. De golpe, el sueño se esfumó y se reconstruyó nuevamente, pero esta vez cargado de una enorme angustia. El tiempo había pasado y las visiones habían desaparecido. Tenía unos 35 años, y estaba solo, sentado en el piso de una habitación vacía, con un cigarrillo en la mano izquierda y llorando de pena y de esfuerzo. Trataba de concentrarme para viajar una vez mas al futuro, pero no sabía muy bien como hacerlo. Me dolia la cabeza, y el puño de la mano derecha, que por lo visto habia descargado contra el piso en un gesto de bronca. No pude ver mucho más, me ganó el cansancio. Me desplomé en el piso de la habitación con la angustiosa duda de no saber si habia perdido mis poderes o mis orgasmos. Si ya no tendría mas visiones, o no tendría mas placeres. Ya muy cansado, empecé a recordar. El sueño, terminó de esa forma; sin el poder de viajar al futuro y cayendo entonces, en la debilidad de viajar al pasado, recordando mis últimos orgasmos (que eran también mis ultimas visiones) y que vaticinaron correctamente un amorío casual con Romi, un campamento de verano en Villa Gesell, y el principio de un libro de Dostoyevski.
El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve. Antonio Machado Soñé que prendía la computadora y me pedía actualizar a Windows 2364. Hacía unos años que Microsoft había vuelto a llamar a sus Windows con el año en que se lanzaban, empujado por una revolución estética que vino a modificar el marketing, más o menos en 2300. La revolución empezó con Masaru Matsuyama, un japonés que desarrolló lo que en las redes sociales se conocería como "la vista photoshopeada". Masaru creó una aplicación que funcionaba en conjunto con los "Google Glass" y que permitía aplicar filtros en tiempo real a lo que veíamos. Esto fue el principio de "la vista photoshopeada", ya que los Google Glass fueron un fracaso, en parte, por el desarrollo de otro japones, Toshiro Koizumi. Toshiro investigó las ondas RF de los teléfonos celulares, que en el siglo XX, se decía, podían provocar cáncer. Toshiro demostró que esas ondas, no sólo eran inofensivas, sino que ademas podía manipularse y afectar al nervio óptico. O sea, gracias a las que después se llamaron “ondas de Toshiro” podíamos enviar imágenes desde nuestro celular directo a nuestros ojos. Uno podía ver la hora, o una película, con el celular en el bolsillo. La aplicación de Masaru usaba las ondas de Toshiro, para poner un filtro en el nervio ocular y distorsionar lo que veíamos de la realidad. De a poco se desarrollaron diferentes filtros que permitían pulir imperfecciones en rostros, cambiar tonalidades en la piel o cambiar el tipo y color de pelo de la gente que veíamos. Al mismo tiempo podíamos vivir en atardeceres perfectos o ver auroras boreales en cualquier cielo. La aplicación de Masaru nos decía que ya no teníamos que embellecernos para los demás, sino que, a través de filtros, embellecíamos a los demás para nosotros. La aplicación no fue bien recibida en un principio, ya que nadie quería ser víctima de un constante engaño. El mismo Masaru se defendía: “Estamos modificando la forma en la que la gente se percibe. Venimos acostumbrados a modificar nuestra apariencia para engañar los sentidos de los demás: nos maquillamos, usamos accesorios, e incluso nos hacemos modificaciones en el cuerpo como tatuajes, o implantes de pelo o siliconas; pero no estamos acostumbrados a modificar la apariencia de los demás para que nos agraden, porque esto fue siempre muy invasivo. En el siglo XXI aprendimos a interactuar con la realidad a través de la tecnología que nos mostraba una realidad maquillada, retocada; incluso las conversaciones con otras personas no eran espontáneas. Nos acostumbramos tanto a esto que incluso tomábamos decisiones sobre un lugar a vacacionar o una persona con la cual iniciar una relación, basados en imágenes que ya sabíamos retocadas. Naturalizamos tanto el engaño, que ya no importa de dónde viene la belleza; si es una persona que se estiliza, o una aplicación que nos la muestra estilizada. Aceptamos como evolutivos los cambios que hacemos en el mundo que beneficien la forma en la que lo percibimos, ya no importa si el retoque es material, siempre y cuando lo percibamos como real. Hemos aceptado varios engaños, es sólo cuestión de tiempo, hasta que aceptemos uno más.” Masaru no podía estar más acertado. En pocos años, las ondas de Toshiro y la aplicación de Masaru, eran un estándar en todos los celulares y en los carteles publicitarios. La vida en las ciudades, no pudo ser posible sin un filtro de Masaru que nos modifique la vista. Si no nos afectaban las ondas de Toshiro de nuestro celular, nos afectarían las del celular de otro, o las de los carteles publicitarios, y siempre veríamos una realidad distorsionada. Esto llevó a la creación de un filtro llamado “La realidad”, que permitía ver el mundo como si no tuviéramos ningún filtro de Masaru aplicado. “La realidad” batió récords de descargas en sus primeros días, y funcionó bastante bien, hasta la versión 1.4, cuando se empezó a correr el rumor de que su creador le había vendido los derechos a un canal de televisión, a una iglesia evangélica, a Nike o a Coca-Cola... da lo mismo...

Buscando Auriculares inalambricos, no encontraba cual comprar, no queria gastar 500 pesos en unos Shenenennenrnintzer (Sennheiser) pero tampoco me convencian los baratos que hay en Mercadolibre (genericos de 50 pesos). Decidi arriesgar esos 50 pesos, y probar que tal andaban.. La realidad es que funcionan bastante bien, pero tienen un problema (y a esto viene el post). El auricular lleva dos pilas AAA, y LA BASE LLEVA OTRAS DOS PILAS AAA, un desproposito, para una base que va a estar quieta. Si bien vienen con una entrada para transformador, te los venden sin el trafo. El punto esta en que la base funciona a 4,5V. Para el que no sabe, los puertos USB, manejan 5V. La pregunta: ¿podre enchufarle un cable de la base al USB y que funcionen tomando voltaje desde ahi? La respuesta: si! anda barbaro.. La idea es la siguiente: Compras algun alargue de USB, o un cable de mini USB, o un mouse USB, o un IPod (esta ultima opcion te va a salir cara =S) y cortas el cable para usarlo de alimentacion. La idea es que quede algo como esto. El esquema de los usb es este: De los 4 cables que tiene el USB, solo nos interesa el rojo. La descarga a tierra, la hace a traves del mismo cable de audio. Sino, podes conectar el cable rojo y el negro, se complica mas, pero es lo que corresponde para hacerlo porlij.. porilj.. projl.. . ..para hacerlo bien.. Donde conectarlos: Inicialmente los conecte donde van las pilas de la base (abrí la base, saque los conectores de las pilas y conecte el USB), pero esto generaba ruido en la recepcion. Despues, simplemente, lo conecte a la entrada del trafo (sin abrir la base =S mucho mas facil y mas lógico =S), y ahi es donde mejor quedó.. ¿como? la entrada del trafo es la siguiente: como el pin es fino, simplemente podes "clavar" la punta del cable rojo a ese pin, quedando el pin cubierto por el aislante del cable y haciendo contacto con los filamentos del cable (¿seeeentendió?). Si el cable rojo es demasiado fino, podes poner un cable mas grueso que linkee entre el cable rojo del usb y el pin de entrada de la base del auricular. Y listo, enchufas el cable al usb a la compu y la base queda alimentada. A tener en cuenta: - Los USB frontales de las PCs, quizas no lleven los 5V necesarios, usa siempre los USB traseros. - El cable USB conviene que sea bueno, los muy muy berretas traen un cable muy fino, y se te va a complicar (podes usar algun cable de los de impresoras, que suelen ser mas gruesos que los mini USB)