Soñé que tenía el poder de ver el futuro. Me enteraba de eso leyendo un artículo en el diario donde aparecía mi nombre, junto a un titulo que, lejos de reconocerme como un prodigio, me citaba mas bien como un fraude.
El artículo empezaba dando datos irrelevantes sobre mí: dónde nací, dónde crecí, donde vivo en la actualidad y por qué; qué números regían mi vida, de que signo soy, que gustos de helado pido y si prefiero el cucurucho o el vasito.
Después de una interminable y absurda columna, pasaba a hablar de mi poder. Decía: “Este hombre, puede ver el futuro pero sólo desde su propia óptica y sólo puede ver períodos de 10 segundos del futuro, en momentos en los que su cuerpo, comienza a experimentar un orgasmo. […] Las visiones son exactamente eso, sólo visiones; este hombre no puede intervenir en su futuro, sólo es un observador desde sus propios ojos, y en un orgasmo”.
El tono de decepción del articulo, cobraba sentido con estos datos: Yo sólo podía asistir a mis futuros orgasmos, y por un lapso máximo de 10 segundos, lo que en la mayor parte de mis viajes me servía como mucho (si es que llegaba a abrir los ojos), para ver con quien estaba, o con quien no estaba.
En el sueño usé mi poder asistiendo a dos orgasmos que se desarrollaban frente a la pantalla de una computadora, los cuales se cumplieron con exactitud esa misma noche. De hecho, la mayor parte de mis orgasmos en ese entonces, tenían esas mismas características, lo cual no me convencía del todo si mis visiones correspondían a eventos del futuro, o a recuerdos del pasado. Cuando los hechos en el pasado y en futuro son similares, lo mismo da viajar a un lado a al otro, lo mismo da tener poderes o recuerdos.
Fueron otras visiones (otros orgasmos) en las que aparecía acompañado por personas desconocidas hasta entonces para mí, los que me convencieron de la veracidad de mis poderes, dicho sea de paso, escasos de poder.
De golpe, el sueño se esfumó y se reconstruyó nuevamente, pero esta vez cargado de una enorme angustia. El tiempo había pasado y las visiones habían desaparecido. Tenía unos 35 años, y estaba solo, sentado en el piso de una habitación vacía, con un cigarrillo en la mano izquierda y llorando de pena y de esfuerzo. Trataba de concentrarme para viajar una vez mas al futuro, pero no sabía muy bien como hacerlo. Me dolia la cabeza, y el puño de la mano derecha, que por lo visto habia descargado contra el piso en un gesto de bronca. No pude ver mucho más, me ganó el cansancio. Me desplomé en el piso de la habitación con la angustiosa duda de no saber si habia perdido mis poderes o mis orgasmos. Si ya no tendría mas visiones, o no tendría mas placeres. Ya muy cansado, empecé a recordar.
El sueño, terminó de esa forma; sin el poder de viajar al futuro y cayendo entonces, en la debilidad de viajar al pasado, recordando mis últimos orgasmos (que eran también mis ultimas visiones) y que vaticinaron correctamente un amorío casual con Romi, un campamento de verano en Villa Gesell, y el principio de un libro de Dostoyevski.
El artículo empezaba dando datos irrelevantes sobre mí: dónde nací, dónde crecí, donde vivo en la actualidad y por qué; qué números regían mi vida, de que signo soy, que gustos de helado pido y si prefiero el cucurucho o el vasito.
Después de una interminable y absurda columna, pasaba a hablar de mi poder. Decía: “Este hombre, puede ver el futuro pero sólo desde su propia óptica y sólo puede ver períodos de 10 segundos del futuro, en momentos en los que su cuerpo, comienza a experimentar un orgasmo. […] Las visiones son exactamente eso, sólo visiones; este hombre no puede intervenir en su futuro, sólo es un observador desde sus propios ojos, y en un orgasmo”.
El tono de decepción del articulo, cobraba sentido con estos datos: Yo sólo podía asistir a mis futuros orgasmos, y por un lapso máximo de 10 segundos, lo que en la mayor parte de mis viajes me servía como mucho (si es que llegaba a abrir los ojos), para ver con quien estaba, o con quien no estaba.
En el sueño usé mi poder asistiendo a dos orgasmos que se desarrollaban frente a la pantalla de una computadora, los cuales se cumplieron con exactitud esa misma noche. De hecho, la mayor parte de mis orgasmos en ese entonces, tenían esas mismas características, lo cual no me convencía del todo si mis visiones correspondían a eventos del futuro, o a recuerdos del pasado. Cuando los hechos en el pasado y en futuro son similares, lo mismo da viajar a un lado a al otro, lo mismo da tener poderes o recuerdos.
Fueron otras visiones (otros orgasmos) en las que aparecía acompañado por personas desconocidas hasta entonces para mí, los que me convencieron de la veracidad de mis poderes, dicho sea de paso, escasos de poder.
De golpe, el sueño se esfumó y se reconstruyó nuevamente, pero esta vez cargado de una enorme angustia. El tiempo había pasado y las visiones habían desaparecido. Tenía unos 35 años, y estaba solo, sentado en el piso de una habitación vacía, con un cigarrillo en la mano izquierda y llorando de pena y de esfuerzo. Trataba de concentrarme para viajar una vez mas al futuro, pero no sabía muy bien como hacerlo. Me dolia la cabeza, y el puño de la mano derecha, que por lo visto habia descargado contra el piso en un gesto de bronca. No pude ver mucho más, me ganó el cansancio. Me desplomé en el piso de la habitación con la angustiosa duda de no saber si habia perdido mis poderes o mis orgasmos. Si ya no tendría mas visiones, o no tendría mas placeres. Ya muy cansado, empecé a recordar.
El sueño, terminó de esa forma; sin el poder de viajar al futuro y cayendo entonces, en la debilidad de viajar al pasado, recordando mis últimos orgasmos (que eran también mis ultimas visiones) y que vaticinaron correctamente un amorío casual con Romi, un campamento de verano en Villa Gesell, y el principio de un libro de Dostoyevski.