E

elmushka

Usuario

4
Posts
0
Puntos totales
198
Comentarios
C
Cuento: Untado de Ciudad
ArteporAnónimoFecha desconocida

Les presento un cuento algo escatológico, escrito por uno de mis mejores amigos, en el que confiesa una falsa coprofagia para protestar por el desaseo de los dueños de los perros en Bogotá. No apto para personas asquientas o susceptibles. UNTADO DE CIUDAD Por: ASLdeM Hacía eco al impulso de dar a mis pasos algún sentido ficticio. Pensaba, caminaba y pensaba. Era Chapinero y era una tarde soleada aunque ya próxima a su fin, cuando la casualidad me condujo a las puertas mismas de mi destino. Acababa yo de asentar mi pie derecho con soltura franca sobre el pavimento, y este, con maneras súbitas y bruscas, resbaló hacia el frente sin mediar aviso alguno. Un tirón en el tobillo, una instantánea pero dolorosa contracción de la columna y el envión al frente. Mientras intentaba en vano recuperar el control sobre el intempestivo movimiento, al que sin duda habrían de sobrevivir algunos restos de mis ideas inconclusas (ya saben, abrir el compás y balancear el peso sobre la rodilla opuesta), mi pie izquierdo se dobló sobre su peso y resbaló también, hacia atrás, a la izquierda. Finalmente, en cuestión de segundos, con mi equilibrio hecho añicos misteriosa y definitivamente, terminé tirado junto a los contadores del gas a los que el instinto llevó mis manos. Allí, en medio de una calle desierta, frente a los acusantes ventanales abiertos de un edificio del que en cualquier momento esperaba ver surgir los rostros acusantes y las voces burlonas, la esperanza dio pronto paso al intenso coraje en que me sumió la contemplación de mi torpeza. Dos enormes panecillos de mierda amarillenta, quemados, de lisa textura y algo húmedos por su frescura, descansaban medio aplastados sobre la que hasta hace pocos minutos fuese la ruta de mi despreocupación. Un tercero se deshacía en un grueso y mullido trazo que finalizaba en una de mis botas... Las cafés, las preferidas, de las que Ella dijera algún día que eran muy cool. Me levanté entre maldiciones, que intentaban conjurar mi timidez, y tras un vistazo alrededor me concentre en el daño. A pesar de que un par de trazos amarillentos cruzaban el betún brillante, los surcos de la suela parecían haberlo retenido todo. Caminé hacia el pasto. Me sostuve sobre un pie y restregué enérgicamente el otro sobre las frágiles cerdas verdes: Adelante, atrás, derecha, izquierda y hasta en diagonal. Seguía los caprichos del zapatero. A mi alrededor, cepas secas en variados tonos cafés, corroídas por el agua y secas por el viento, me obligaban a cuidar mis movimientos. Tras cambiar de pie y repetir la operación, los levanté alternadamente hacia mi rostro para ver los resultados. Pese mi esfuerzo el paté amarillento se aferraba a las intrincadas curvas de la geografía de mis suelas. En algunos sitios, el pasto parecía incluso haber pulido las superficies, compactando aun más la molesta carga. Me enfurecí, cerca estuve de emprenderla a pedradas contra el negro labrador de pañoleta azul que doblaba la esquina. Al final, una montaña de balasto fino me regresó a mis propósitos inmediatos. Mientras mis viscosos pasos me conducían hasta allí, pude oír como la dueña de Lucas, que así se llamaba el perrito, lo instaba a doblarse y contraerse para así cumplir con los propósitos del paseo. En un primer momento pareció irme bien con las diminutas piedritas. La lógica desesperada me llevó a suponer que la polvareda, que levantaba mi incisivo restregar, secaría y desprendería el engrudo adherido a mis zapatos. Al mirar de nuevo descubrí mi error. El polvo había en efecto endurecido la masa, pero ahora uno y otro se mezclaban aferrados al trazado de mis suelas. Golpee iracundo el suelo con ambos pies, ante la mirada cómplice de dos o tres personas que pasaban. La costra siguió fuertemente adherida a mis pies. Contemplé entonces lo inevitable de medidas más radicales. Resignado, me acerqué a un arbolito inocente y arranqué uno de sus tallos finos, aun no cubierto por más que unos pocos retoños. Luego, crucé la pierna derecha sobre la rodilla izquierda y repasé los recorridos de mierda en la suela de mis botas. Gracias al balasto, ahora cada milímetro de estos se hallaba cubierto hasta el ras por esta acuosa plastilina de indistintos visos grises y amarillentos. Logre quizás un par de pasadas netas por los surcos externos, empujando hacia afuera varios bloques compactados que resbalaron al suelo por entre mis dedos. Era sin embargo muy difícil lograr que el fondo más viscoso se desprendiera del caucho vulcanizado, pues se apelmazaba en las esquinas y los giros más pronunciados. El palito que usaba para intentar retirarlo fue cubriéndose de esta olorosa melcocha, hasta que al final opté por sustituirlo por un pedazo de vidrio, que hundí con fuerza hacia el centro del tacón de mi bota. Era la parte más complicada de la labor. La robusta flor de lis, tallada justo en la confluencia de todos los surcos, me obligaba a maniobrar diestramente. Cada curva habría de ser repasada con soltura, para que el vidrio no se enterrara en el caucho, al tiempo que se debía mantener la presión justa para empujar la costra. A esta operación se debían alternar pequeñas convulsiones, para evitar que la misma trepara por el vidrio hasta mis manos. Así estaba, frunciendo el rostro ante el olor penetrante que emergía de cada nuevo surco abierto, cuando un descuido forzó el recorrido del vidrio y este se clavó sobre mi palma abierta que intentaba asirlo. El reflejo fue instintivo y mi mano retrocedió violentamente, al tiempo que soltaba el puntiagudo y ahora ensangrentado resto de botella. En mi afán, la descargue con fuerza sobre la abundante flema medio desprendida, amarilla y gris, que aun quedaba en los bordes de los surcos abiertos. Mientras, el vidrio embadurnado resbalaba por la bota de mi pantalón cuan larga era. Y vi como resbalaba de forma tal que solo he visto una vez en mi vida, y lo untaba todo con su estela putrefacta. Y reparé en mi mano, sangrienta, ¡no!, cubierta por la mierda y el balasto que secaban la sangre, mi sangre, tan roja. Y sin siquiera meditar mi situación, nada desesperada si la miro desde la calma que ahora me embarga, corrí hasta mi casa. Escalón, pie, escalón. Abrí la puerta de mi apartamento y avancé rechinando, en puntas de pie, hasta mi cuarto. Me quité las botas, alcancé un cigarrillo, desparramándolos todos en mi afán por improvisar un manejo diestro de mi mano izquierda; y me tendí en la cama. Sudaba, aun mi mano untada sudaba. Y Yo no podía dejar de mirarla. Mirar los coágulos, mirar las gotas ocre que resbalaban por mis muñecas, mirar la herida abierta medio cubierta por el balasto y la flema, la sangre que manaba y se endurecía. Entonces sentí el olor. De mis botas volteadas en una esquina del cuarto emanaba un pesado aroma dulzón que llenaba mi cuarto cerrado. Yo exhalaba el humo hacia el olor, pero este parecía volver a untarme desde adentro a cada nueva inhalación. Fuerte olor a mierda de perro que parecía hacerme cosquillas justo más allá de la entrada de mis amplias fosas nasales. Me gustaba. Me levanté aterrado ante mi momentáneo desvarío. A trompicones alcancé la ventana y la abrí de par en par. Alcé mis botas y tomé un cepillo de dientes viejo de cerdas generosas. Corrí al baño. Recosté una de las suelas al grifo y dejé que el agua corriera, cerré la puerta y la ajuste con llave para evitar los curiosos, y con la mano aún untada, que había olvidado, comencé a cepillarlas con fuerza desde la punta. Estaban llenas de oloroso plaste, de quien sabe cuanto excremento acumulado en mi veloz carrera. Pronto el esmalte, y mis manos y mi camisa se llenaron de las gotas oscuras que levantaba mi desenfreno. El olor subió en oleadas fétidas y penetrantes que inundaban el baño. El desagüe comenzó a taparse con los trozos sólidos más grandes, y en el fondo, a donde también mi sangre fluía, fue formándose una sopa oscura. Metí mis manos, saque el tapón y el drenaje se llevó incluso los pedazos sólidos de la costra. Volví mis manos al rostro y me quedé mirándolas, cubiertas por la flema oscura que también resbalaba por el esmalte del baño, y que olía. Y así, sin poder quitar mis ojos de la sangre que manaba de la herida abierta, oliendo la mierda que colmaba el baño, oyendo el chispoteo del grifo abierto... Llevé los dedos a mi boca y los chupé. Primero mordisqueé sus puntas. Con los dientes exprimí su jugo y con la lengua recogí las gotas ácidas que resbalaban hacia abajo. Luego recorrí con la boca las palmas abiertas, la herida abierta, aún sangrante. “Porque la sangre es espíritu”... alcancé a recordar el nombre de un libro cuando ya mi rostro convulsionado, mis ojos anhelantes, mis labios sedientos y salpicados, se volvían hacia las untadísimas suelas de mis botas. ... Recorro a Bogotá en las noches, luego de estudiar, ver a mi novia y dejar mis gafas para no ser visto. Créanme, la poblada sabana abunda en parques, antejardines, separadores, andenes y aun bolardos, cubiertos con el fruto de mi deleite. En cada calle, cada cuadra y cada esquina parecen aguardarme racimos en flor que selecciono y almaceno. He logrado elaborar las bases para un inicial esfuerzo taxonómico, que no me extenderé en detallar. Y mientras tantos escojan las horas de esta ciudad congestionada para pasear sus peludas mascotas, dudo que pueda estar cerca el fin de mi ensoñadora Venecia de mierda.

0
0
T
Tres poemas míos
ArteporAnónimoFecha desconocida

TRES POEMAS MÍOS Algo sonrojado por la vergüenza que me produce el dar a conocer este material tan pobre desde la perspectiva literaria pero tan cargado de sentimiento y tristeza desde el punto de vista humano, les presento unos esbozos de poemas que escribí hace unos 15 ó 16 años. Ojalá a alguien le gusten, y si no… bueno, escríbanme un comentario de todos modos que de buen agrado recibiré los tomatazos! SEPARATA DE VIDRIO Hastiado de mentiras y falaces sutilezas, me recosté en una esperanza para soñar la vida y descubrí que para morir ahogado no necesito un mar, ni un río... basta una lágrima minúscula; que esa burda religión que dices profesar no es más que un tímido aplazamiento de aquello que ahora tienes en procura de lo que, tal vez, simplemente tal vez, algún día llegarás a tener; que la justicia es un manto que se tejió entrelazando hebras de codicia y falsedad, y ahora, convertida en mugriento y remendado harapo, cuelga, olvidada, en un rincón lejano, en donde a nadie abriga; que el olvido es un despiadado criminal que renace de sus propios despojos, asesino del odio y del amor; que amar la poesía es aventurarse a surcar el universo buscando ecos ajenos que al rozar el corazón lo inunden de quimeras y nostalgias; que la obsesión desbarata lo que la ilusión construye; que el espíritu canta a través de una mirada; que he caminado a ciegas por el mundo, con la luz de la conciencia apagada, pues su fulgor hiere mis ojos; que no importa lo que se haga por otro -simple ocurrencia del azar- sino lo que se llegaría a hacer por él; que prefiero la sinceridad del egoísmo al orgullo hipócrita de la humildad; que el suicida puede ser el más valiente entre los cobardes o el más cobarde entre los valientes; que somos víctimas de un tirano inexistente que se nutre de angustias que no le pertenecen; que no debo implorar perdón, menos aún si he sido castigado antes de cometer la falta; que el alma humana se alimenta de lujuria, de ambiciones, de sangre y de carroña, y también, algunas veces, de utopías; que temo y soy feliz de temer: temo a la soledad que acompaña al desamor, temo al insondable porvenir y a sus abstractas ramificaciones, temo a la decrepitud de la vejez; que la vida es un templo gigantesco construido con recuerdos y cimentado sobre ensoñaciones y fantasmagorías; y descubrí, también, que mis palabras no perdurarán, y que mi sueño no fue más que un espejismo. NADA MÁS QUE SOLEDAD “Nuestra mayor riqueza y nuestra mayor miseria consisten en sabernos dueños de nuestro propio destino” Nada rasga el silencio. Ni un murmullo, ni un insecto. Nada. En mi cabeza, ecos de voces ausentes repiten palabras marchitas, que caen lentamente en espiral, una y otra vez, formando un sórdido montículo de frases pronunciadas. Mórbido cementerio de pensamientos olvidados, de momentos mutilados, de sombras deformes que han perdido su significado. En noches sombrías –como ésta– la nostalgia me invade. Sin rasgar el silencio se introduce en mi mente y revolotea dentro como el cuervo de Poe. No la puedo ahuyentar. De pronto revive la esperanza de encontrarte. Aún no ha muerto –descubro–, simplemente se escondió, agazapada en la penumbra de un rincón de mi alma enferma. Espero que seas tú la secreta razón que la mantiene viva. ¿Existes? ¿O eres producto de mi imaginación febril? ¿Te tendré? Ojalá que no sea demasiado tarde, cuando se hayan derrumbado las moradas que albergaban la tibieza de los sueños y entre las ruinas no quede nada más que soledad. ÚLTIMA NOCHE (SONETO) El hado implacable se ha encargado de cumplir la funesta profecía: llora, en la soledad de la agonía, mi corazón, de muerte tapizado. En silencio la vida se ha escapado y no es mi cuerpo más que cárcel fría en donde la ilusión y la alegría son borrosos destellos del pasado. Ya espero la llegada de la muerte para con ella celebrar mis bodas, y en esta última noche yo te digo, que hasta enterrarme, lívido e inerte, no morirán mis ilusiones todas de aquellas bodas celebrar contigo.

0
3
M
Minicuentos de amor y desamor
OfftopicporAnónimoFecha desconocida

MINICUENTOS DE AMOR Y DESAMOR SENSACIÓN, por Nelson Osorio Marín Antes del adiós, tenías el mismo lenguaje de una casa deshabitada, su mirada patética, sus puertas entrecerradas pero infranqueables. Por eso en tus ojos me vi condenado a permanecer afuera, al borde de la locura. PAJARILLO, por Rodolfo Farcug – El amor –me dijeron– es como un pajarillo. Déjalo ir: si regresa, es tuyo. Si no regresa, nunca lo fue. Y yo solté a mi pajarillo, y el muy cabrón sólo regresa cuando tiene hambre. EL TRIÁNGULO AMOROSO, por Carlos Héctor La ballena macho estaba desolada porque su mujer se había enamorado de un submarino. ROMANCE (Anónimo) Estaban sentados en el mirador de La Calera, un sitio donde solo va la gente in de Bogotá. La luz tenue de la luna iluminaba el lugar. Pedro la miró fijamente a los ojos. Tomó una de sus manos, le acarició suavemente el cabello rubio y le dijo al oído: – “Mi barbie, ¿ves aquella lucecita amarilla que alumbra a lo lejos las tinieblas de la noche?” – “Sí”, dijo ella con un suspiro profundo. – “Es el Edificio Colpatria. Mi papi hizo los planos y se ganó una millonada, ¿ves?” MITILINE, por Miguel Ramírez Macías – “¡Al fin solas!” – “¡Al fin solas!”, dijo ella también a su simétrica manera. Y sin más preámbulo comenzó a desnudarse cálida y serenamente, disfrutando cada movimiento previo a aquel acercamiento en que, con inmenso placer, accedió a acariciar lenta, muy lentamente, su imagen en el espejo. EL BESO Y EL ADIÓS, por Ramón de Peñaflor – “Ha llegado el momento de separarnos, amor. Te prometo que algún día serás mía definitivamente...”, musitó Sebastián con un suspiro, tras estamparle un cálido y prolongado beso con toda la pasión de que pudo hacer acopio. La magia de aquel sublime instante fue rota sin miramientos por el tiránico vozarrón del dependiente: – “¡Hágame el favor de no babear las revistas si no las va a comprar!” INEVITABLE, por Carmen Cecilia Suárez Él era signo de fuego: destellante, chispeante, fascinante, centelleante, rutilante, llameante, fulgurante, eclipsante, jugueteante, tintineante, deslumbrante, volátil e inasible. Ella era signo de agua: ondulante, inundante, zigzagueante, provocante, esquivante, titubeante, amenazante, apabullante, ahogante, suave y fresca. La relación fue un corto circuito.

0
7
D
Dos reflexiones (edit)
OfftopicporAnónimoFecha desconocida

Hurgando entre mis papeles, encontré unas reflexiones nada serias acerca de la memoria y la evolución, de las que destaco algunos apartes. elmushka. DE LA MEMORIA: “Es curioso cómo algunos recuerdos se aferran tan sólidamente a la memoria, aunque se trate de cosas tan triviales como el olor de un pandeyuca... recuerdo algunas frases sin valor, o sin sentido, algunos nombres, lugares y rostros que no significan nada para mí, pero no logro precisar el momento exacto en que conocí a mis mejores amigos. Me pregunto si la elección de los recuerdos que prevalecerán se hace al azar o en virtud de algún extraño mecanismo subconsciente. ¿Cuántos valiosos bites de información están siendo ocupados por datos basura? Cuando se adquieran recuerdos nuevos habrá unos recuerdos viejos que quedarán desplazados. Tal vez el nombre de una actriz de televisión o algún gesto o conversación insulsa borre el recuerdo de una caricia de la abuela, o el armonioso trinar de un pajarillo en la ventana de mi habitación. Esa es básicamente, la motivación que me anima a escribir estas líneas: poder volver a recorrerlas, dentro de unos años, y saber que aún puedo evocar el abrazo de un amigo o un instante de pasión con la mujer amada. O tal vez el olor de un pandeyuca.” EVOLUCIÓN: “Para nadie es un secreto que nuestros antepasados lejanos no fueron más que una recua de micos bárbaros y salvajes, que con el tiempo, y muy, muy lentamente, comenzaron a realizar procesos mentales lógicos. Lo absurdo es creer que el proceso evolutivo se detuvo ya, y que la cima del pensamiento racional se encuentra reservada exclusivamente para el género humano. Los delfines, perros, gatos y chimpancés han dado muestras de una incipiente inteligencia que puede seguir desarrollándose. No sería raro que este proceso se acelerara por el ejemplo y la influencia de los hombres, e incluso por la manipulación genética, y que al término de unos cuantos siglos –o décadas– estos animales comenzaran a pensar, e incluso a hablar. ¿Cómo explicarle a un gatico angora noble, bondadoso y bien hablado que el Cielo está reservado solamente para nuestra raza? ¿Y qué decir del amor entre especies diferentes? No faltaría el adolescente que llegara a la casa dispuesto a enfrentarse a sus papás si no le permiten irse a formar un nidito de amor con la pastor Collie de la esquina: «Sí, yo sé que es una perra, pero es que conversa muy rico, es muy simpática y me entiende como nadie. Hasta se parece a Lassie. De verdad la amo y no me importa lo que digan. Y la próxima semana voy donde su padre a pedirle su pata en matrimonio…» ¿O qué tal que un delfín fuera el Gerente de Coca Cola, o de Microsoft? La ventaja sería que podrían pagarle un porcentaje de su astronómico sueldo con pescado y así lograr un considerable ahorro. Los gorilas probablemente optarían por ser choferes de microbús, porteros de discoteca o policías, y en estos casos todo seguiría siendo igual.” UN PAR DE FRASES SUELTAS SOBRE EL CATOLICISMO: “El Sacramento de la Confesión perdió vigencia porque es como pretender lavarse las manos con un jabón cuya asepsia se desconoce.” “Es muy fácil arrepentirse de lo malo que se ha hecho cuando no se tiene nada que perder. Es por eso que creo que la Extremaunción no tiene mérito alguno.”

0
1
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.