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cocuy

Usuario (Venezuela)

Primer post: 8 feb 2011Último post: 24 ene 2012
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Una película corta de fundiciones
Una película corta de fundiciones
Ciencia EducacionporAnónimo1/24/2012

Esto lo hice para un proyecto de metalurgia de mi universidad. Fue algo bien sencillo que sirvió de apoyo audiovisual en una conferencia.La película muestra el proceso de fabricación de tapas de alcantarillado paso a paso con fundición gris de hierro... No lo hice explicado porque, como antes dije, era material de apoyo audiovisual. Espero que les sirva y estoy para cualquier duda o pregunta sobre el tema.... Es que soy un pipe!

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Lo malo de ser proactivo
Lo malo de ser proactivo
ArteporAnónimo2/18/2011

Acabo de recibir una llamada. Como es natural, querían algo de mí, algo que no les puedo dar. ¡Cállate! ¿Como estoy? Molesto, ¿Por qué? Reclaman por mi acción voluntaria. “Acción” está de más, yo diría asesoría o presencia, pero no acción ya que no llevo nada a cabo desde hace mese, no he tenido el tiempo y no lo tendré por las siguientes semanas, pensé que eso había quedado bastante claro. Cuando regrese, lamentarán haberme reclamado jamás. Los callaré y será grato para todos. Grato por las contribuciones que serán resultado de mi tiempo y dedicación a lo que hago. Los callaré como nadie nunca los había callado. Quieren mi cerebro y lo tendrán. Usaré el tiempo de una manera muy inteligente. Poco será el que sea dedicado a callarlos y hacer que se regocijen en su silencio cuando jueguen con mis creaciones. Su silencio también será mi regocijo. El único sonido que emitirán será de admiración, un sonido que se emitirá íngrimo y solo para convertirse en el último de su clase por un par de meses. En paz, finalmente podré ser perturbado de nuevo por otros asuntos. Solo espero poder callarlos a todos ellos también. ¿De qué hablas?: De la labor del estudiante, ¿Cómo?: con prosa poética, ¿Por qué?: Porque puedo, ¿Cuándo traes más?: ¡Cállate!

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Poema: Esta noche
ArteporAnónimo2/8/2011

Esta noche Autor: Cocuy para ustedes, anónimo para el resto. Esta noche, como otras, la hago mía. La tomo por los hombros y la domino para ponerla a mi merced. Durara lo que yo diga y amanecerá cuando decida dejar de escribir. El aire frio y seco de mi habitación mantiene el estado inerte que necesito. El tiempo se suspende y el universo está en mi mano, con mis dedos lo voy a interpretar así tenga que hacer de esta una noche eterna. El universo no se percibe a través de ninguno de los sentidos a los que estamos habituados, se necesita algo mas, algo que todos tenemos pero no conocemos. Necesitamos el poder de comunicarnos con nosotros mismos, con nuestro cuerpo, la única parte del universo que nos pertenece y a la que le pertenecemos por completo. Solo por medio de él podremos empezar a descifrar la gran incógnita y encontrar la verdad. Pero ¿Qué es la verdad sino una palabra?. El hombre ha buscado la verdad desde que notó que caía agua del cielo o se fijó en las estrellas y cada paso que avanza en la dirección de la iluminación, más profundo dentro de una cueva de respuestas se adentra. No hay tal cosa como la verdad, la verdad es esta si eso quieres, no me importa. Y buscarla no es más que un desperdicio de ceños por fruncir a cosas más terrestres. No quiero usar la palabra terrenal, es como numerar algo y parar en uno. De plano, estúpida. Está diseñada para explicarle categorías a una clase especial de gente, limitada, que desperdicia frunciduras de ceños como si les doliera pensar. Todo es terrenal. No hay contraparte que le de validez a esa palabra, por eso es estúpida y no pienso usarla. A los que todavía no ofendo, les pido perdón. No hay mejor manera de deshacerse de los cerebros reptiles que refutando sus grandes verdades y restregándoles un claro trastorno en la jeta. Y si eso es suficiente para tener que perdonarme, por favor, saluden a su madre de mi parte y díganle que dejó su cepillo de dientes en mi baño. Este es uno de mis pocos poemas, escrito en prosa y que evidencian que no soy poeta. Mi estilo va más por lo de los relatos, humor y algo que yo llamo filosofía de pote (filosofía barata para el que no sepa que es un pote). Espero que le saquen provecho y una que otra fruncida de ceño

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La Caja de Madera (Cuento Corto)
ArteporAnónimo2/13/2011

Cuento corto que considero "en bruto". Narrado en primera persona. La Caja de Madera Autor: Cocuy para ustedes, anónimo para el resto. Una caja de madera se para desafiante en mi porche. No tengo idea de cómo llegó allí, mucho menos que se supone que debo hacer con ella. No debe tener más de tres horas en el sitio o no la noté cuando salí de casa hace tres horas exactamente. Ahora la tengo frente mío, en el suelo la arropo con mi sombra. No hay nada destacada sobre ella más que es de madera y está en mi porche. Ya no se ven cajas de madera, por esto no creo que me quedaría parado con cara de idiota frente a una de cartón. Me acerco brevemente a examinarla. No lleva ningún papel o escrito en ninguna de las caras o tapa. Pero sigue en el mismo lugar, tan inanimada como solo una caja de madera podría estarlo y como solo esta lo está. Ahora quisiera saber: ¿Qué clase de cosas pueden haber dentro de una caja de madera? ¿Y si la vida de alguien depende del contenido de la caja? De ser así: ¿Por qué no me hacen llegar la caja directamente a mis manos? ¿Por que dejan algo de tal importancia en el suelo del porche? Solo pude concluir que ninguna vida dependía del contenido de la caja. Desde la ventana de la entrada me asomo para ver si sigue en el mismo lugar que la vi por primera vez, el lugar en donde fue dejada por aquel que permanecerá desconocido para siempre porque ya se ha ido, se fue hace 2 días atrás y me dejó esta caja. Eso si es un misterio que no podré resolver por mis propios medios. Pero el misterio de la caja y su contenido es algo que puede ser resuelto con la ayuda de una palanca. Así que me fui a la cama y olvidé por completo el asunto de la palanca. La mañana siguiente, decidido a no pensar en el dilema de la caja: agarro un martillo de uña para acuñar la tapa. Fue entonces que me di cuenta de cómo había fracasado. Derrotado, camino hacia la puerta balanceando el martillo con mi mano derecha, dejando colgar el mango de madera entre mis dedos mientras se mece. Entonces pienso en la palanca y en lo mucho mejor adaptadas para este tipo de trabajos, sin duda mejores que un martillo de uña. De regreso para hacerme con una mejor herramienta, me ruge el estómago. Es temprano y no tengo nada en la nevera. La última vez que salí de casa, hace 3 días, me conseguí un objeto extraño en la puerta de mi casa al regreso. ¿Qué pasaría si me voy ahora? ¿Seguiría ahí la caja? Seguramente: si. Ya esta caja me ha traído suficientes angustias como para permitirme un riesgo como ese. Mejor permanezco vigilante a cualquier cosa que pueda pasar en el porche. Desisto de la idea de la palanca nuevamente para concentrarme en el asunto de la vigilia. Terminé de conciliar todos los detalles durante mi desayuno fuera. El plan consiste en atrincherarme detrás del ventanal de la entrada para observar cualquier evento. No deberé, bajo ningún motivo, dejar la caja sola… Derrotado y aterrado regreso junto a la caja a toda prisa. Compruebo que no pasara nada durante mi ausencia. Entro a la casa. Debo tener más cuidado. Todo este asunto de la caja me tiene distraído. Salí de la casa por la puerta trasera antes de ir a desayunar. Seguramente mi inconsciente tiene algo que ver. Estoy evitando la caja con todas mis fuerzas. ¿Por qué lo evado de esa forma tan tonta? No puedo creer que resolviera en salir por la puerta trasera para no ver la caja y que así no me preocupase. Como si algo tan tonto como eso resolviera ese problema. Ya empiezo a notar la influencia de la caja en mí. Incluso llego al extremo de ignorarla volteando la cara para no verla. ¡Qué pérdida de tiempo¡ Una caja no debería tener esa clase de poderes, no importa de que estén hechas, son solo cajas. Soy yo el que le está dando poderes que no tiene. Porque no es ella la que me asusta, soy yo el que le temo, y de una manera totalmente injustificada, cabe destacar. Me propongo un plan de acción, esta será la última vez que me asustará. Esta vez buscaré la palanca, saldré por la puerta principal, me inclinaré sobre ella y la abriré. Tengo la palanca ya en mi mano y estoy de camino a la caja. Las manos me sudan a chorros y ya no tengo fuerzas en las piernas. Logro llegar a ella. Trato de acuñar la tapa pero en cada intento, la palanca resbala de mis manos sudadas. Los nervios están jugando en mi contra ahora. Con cada intento de acuñar la tapa dejo marcas con la barra en la madera blanda. Tiemblo como una hoja hasta que, por fin, logro ajustar la barra en donde la quería. Acuño una esquina, después otra y ya con la tercera esquina acuñada, me deshago de la palanca y doy el último tirón con mis dos manos. Y final mente, el contenido deja de ser un misterio para mí. Si les gusta les invito a revisar mis otros post

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Retro-Analítica y Centavo de plata (cuento corto)
ArteporAnónimo2/10/2011

Puede ser visto como crónica Retro-Analítica y Centavo de plata Autor: Cocuy para ustedes, anónimo para el resto. Ayer: Retro-Analítica, vestida del siglo XIX, viaja por el tiempo y conoce a Centavo de plata. Retro-Analítica muere ipso facto. Hoy: Centavo de plata vale tres unidades completas de oro e Ironía ocupa la oficina de Retro-Analítica. FIN

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"Sobre mi" (ensayo)
ArteporAnónimo2/8/2011

Esto es algo que escribí hace tiempo. Es un ensayo dirigido a todos aquellos que escriben o desean hacerlo. Espero que les sirva de ayuda y les guste. Sobre mi Aún no le he contado a nadie que trato de escribir. Cuando le dices a alguien algo por el estilo, no suelen tomarte en serio y no necesito que me desconcentren o influencien mi escritura por ahora. Prefiero sentarme en la oscuridad a escribir tan delicadamente como me es posible. Que el sonido de las teclas no llegue a la habitación de al lado, a los oídos de mi hermano, es mi prioridad en estos momentos. Casi puedo asegurar que Guille estaría encantado con mi iniciativa como cuando encontró un cuento que había escrito en 2004. No podía parar de hacerme preguntas y de alentarme. Eso es precisamente lo que no quiero. Los halagos me desconcentran, principalmente porque me gustan tanto que no los dejo de recordad en ningún momento. Sé que me pintaría mejor decir que los halagos me irritan a sobremanera, pero ese no soy yo. Si alguien hace algo para ser apreciado de alguna manera, es lógico que le gusten los halagos, rechazarlos sería hipócrita o la toma de alguna medida de la cual desconozco finalidad válida. Escribo en la oscuridad para que no me vean a través de mis ligeras cortinas de algodón. Escribo en silencio para que no me escuchen en el pasillo. Escribo entrada la noche para que las probabilidades de que lo anterior no curra sean altas. Guille acaba de tocar la puerta y el corazón casi se me para. Quería la clave de la red inalámbrica. Eso me recuerda: escribo con el seguro pasado para que no entren los que no dejan pasar la descortesía. Como ya podrán suponer: Escribo en secreto. Pero no hay nada de secreto en mi escritura. Trato de escribir todo lo cotidianamente que me permito. Particularmente, el escribir en silencio me ha estado molestando últimamente porque quiero escribir a máquina. Pasé la tarde de ayer consultando los precios de las maquinas de escribir en línea. Ciertamente no podría escribir en silencio con una de esas pero la sensación mecánica brindan es inigualable. Cada letra que escribes tiene valor. Valor que crece exponencialmente con cada pulsación acertada, y lo pierde por completo al errar. En realidad pasé parte de la tarde poniendo en funcionamiento, con éxito, una máquina Olimpia que perteneció a mis abuelos maternos. Es una máquina de las buenas pero es muy grande y todavía me cuesta mucho escribir en ella. Pensaba comprar una de esas máquinas portátiles, pequeñas y ligeras, que pudiera transportar con facilidad y usar en cualquier parte. A finales de esta semana, es muy probable, que adquiera una fabricada en suiza que me gustó mucho y me pareció muy económica. Así tenga que ocultarla hasta que esté listo para dejar de escribir en silencio y todo mi método caiga consecuentemente. Hace un año, más o menos, conocí a una poeta de la zona que hacía un ruido terrible, y eso que no usaba máquina. No llevaba dos horas de haberme conocido cuando me estaba secando el sudor con sus poemas. Me los había puesto en la cara y quería que los leyera. Esto me causó una impresión terrible. Era una tarde realmente caliente. Ella, Ricardo y yo, Salíamos de la universidad para regresar a nuestras respectivas casas. Hablábamos con facilidad. Hasta entonces todo iba muy bien con ella, era muy agradable y simpática pero su sonrisa evidenciaba el anhelo de aceptación, un manto de inseguridad cubría su rostro y no lo noté hasta después de que todo había pasado. Nos subimos en el autobús que pasaba por La Municipal y sucedió todo. Ella sostenía las hojas tipo examen, con sus escritos en lápiz claro, frente mí. Mi cara y la mano que me agarraba del sucio asidor plástico del asiento, estaban cubiertas en sudor. No tenía escapatoria, al menos no cortésmente. Sin embargo, agarré las hojas y las leí mientras ella miraba fijamente como trataba leer dentro de ese sucio y caliente autobús que se movía bruscamente, al menos yo me vería así en ese momento. No recuerdo mi respuesta cuando terminé de leer, sé que fue una respuesta vaga y mecánica pero estúpidamente aprobatoria. No digo que los poemas fueran malos, seguramente no lo eran, pero no había manera que los leyera bajo tales condiciones. Ricardo ya me había hablado muy bien de sus poemas, pero incluso el no pudo evitar voltear la cara y reír a sus adentros cuando vio como me ponían las hojas en la cara. Creo que el primer manuscrito que dejaré ver será este. Un manuscrito así habría justificado la acción de la poeta – al menos ante mí –. Si de alguna manera ofendo o exaspero al lector, le pido mi más sincera disculpa por haberle restregado mis papeles en la cara.

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