Cuento corto que considero "en bruto". Narrado en primera persona.
La Caja de Madera
Autor: Cocuy para ustedes, anónimo para el resto.
Una caja de madera se para desafiante en mi porche. No tengo idea de cómo llegó allí, mucho menos que se supone que debo hacer con ella. No debe tener más de tres horas en el sitio o no la noté cuando salí de casa hace tres horas exactamente. Ahora la tengo frente mío, en el suelo la arropo con mi sombra. No hay nada destacada sobre ella más que es de madera y está en mi porche. Ya no se ven cajas de madera, por esto no creo que me quedaría parado con cara de idiota frente a una de cartón.
Me acerco brevemente a examinarla. No lleva ningún papel o escrito en ninguna de las caras o tapa. Pero sigue en el mismo lugar, tan inanimada como solo una caja de madera podría estarlo y como solo esta lo está.
Ahora quisiera saber: ¿Qué clase de cosas pueden haber dentro de una caja de madera? ¿Y si la vida de alguien depende del contenido de la caja? De ser así: ¿Por qué no me hacen llegar la caja directamente a mis manos? ¿Por que dejan algo de tal importancia en el suelo del porche? Solo pude concluir que ninguna vida dependía del contenido de la caja.
Desde la ventana de la entrada me asomo para ver si sigue en el mismo lugar que la vi por primera vez, el lugar en donde fue dejada por aquel que permanecerá desconocido para siempre porque ya se ha ido, se fue hace 2 días atrás y me dejó esta caja. Eso si es un misterio que no podré resolver por mis propios medios. Pero el misterio de la caja y su contenido es algo que puede ser resuelto con la ayuda de una palanca.
Así que me fui a la cama y olvidé por completo el asunto de la palanca.
La mañana siguiente, decidido a no pensar en el dilema de la caja: agarro un martillo de uña para acuñar la tapa. Fue entonces que me di cuenta de cómo había fracasado. Derrotado, camino hacia la puerta balanceando el martillo con mi mano derecha, dejando colgar el mango de madera entre mis dedos mientras se mece. Entonces pienso en la palanca y en lo mucho mejor adaptadas para este tipo de trabajos, sin duda mejores que un martillo de uña. De regreso para hacerme con una mejor herramienta, me ruge el estómago. Es temprano y no tengo nada en la nevera.
La última vez que salí de casa, hace 3 días, me conseguí un objeto extraño en la puerta de mi casa al regreso. ¿Qué pasaría si me voy ahora? ¿Seguiría ahí la caja? Seguramente: si. Ya esta caja me ha traído suficientes angustias como para permitirme un riesgo como ese. Mejor permanezco vigilante a cualquier cosa que pueda pasar en el porche.
Desisto de la idea de la palanca nuevamente para concentrarme en el asunto de la vigilia. Terminé de conciliar todos los detalles durante mi desayuno fuera. El plan consiste en atrincherarme detrás del ventanal de la entrada para observar cualquier evento. No deberé, bajo ningún motivo, dejar la caja sola… Derrotado y aterrado regreso junto a la caja a toda prisa. Compruebo que no pasara nada durante mi ausencia. Entro a la casa.
Debo tener más cuidado. Todo este asunto de la caja me tiene distraído. Salí de la casa por la puerta trasera antes de ir a desayunar. Seguramente mi inconsciente tiene algo que ver. Estoy evitando la caja con todas mis fuerzas. ¿Por qué lo evado de esa forma tan tonta? No puedo creer que resolviera en salir por la puerta trasera para no ver la caja y que así no me preocupase. Como si algo tan tonto como eso resolviera ese problema.
Ya empiezo a notar la influencia de la caja en mí. Incluso llego al extremo de ignorarla volteando la cara para no verla. ¡Qué pérdida de tiempo¡ Una caja no debería tener esa clase de poderes, no importa de que estén hechas, son solo cajas. Soy yo el que le está dando poderes que no tiene. Porque no es ella la que me asusta, soy yo el que le temo, y de una manera totalmente injustificada, cabe destacar.
Me propongo un plan de acción, esta será la última vez que me asustará. Esta vez buscaré la palanca, saldré por la puerta principal, me inclinaré sobre ella y la abriré.
Tengo la palanca ya en mi mano y estoy de camino a la caja. Las manos me sudan a chorros y ya no tengo fuerzas en las piernas. Logro llegar a ella. Trato de acuñar la tapa pero en cada intento, la palanca resbala de mis manos sudadas. Los nervios están jugando en mi contra ahora. Con cada intento de acuñar la tapa dejo marcas con la barra en la madera blanda. Tiemblo como una hoja hasta que, por fin, logro ajustar la barra en donde la quería. Acuño una esquina, después otra y ya con la tercera esquina acuñada, me deshago de la palanca y doy el último tirón con mis dos manos. Y final mente, el contenido deja de ser un misterio para mí.
Si les gusta les invito a revisar mis otros post