chicadelsur
Usuario (Argentina)
Andube escribiendo. Y simplemente eso. De alguna forma está conectado con un texto anterior, aunque habla de algo completamente distinto. Salí de un comercio y observé la calle ¿Dónde está el empedrado? Como de costumbre la imagen del lugar en el que creía estar no coincidía con la realidad: estaba dormida. Un instante antes (dentro de mi irrealidad) había intercambiado unas pocas palabras con el comerciante dentro de ese local, era un hombre de poco más de 40 años que lucía abatido frente a un cuaderno y una lapicera, noté que los números no le daban, y creí entender que le habían robado y que no tenía ánimos ni medios para recomenzar. Traté de expresarle mis buenos deseos, y me fui pensando en la sonrisa resignada de ese hombre, ojalá pudiera ayudarlo, pero nisiquiera logro resolver del todo mis propios problemas. Caminé prestando atención (aunque sin pensarlo demasiado) a los detalles del lugar: no se parecía en absoluto a la localidad que se suponía que era, y a pesar de esto yo me desplazaba tranquila, como si conociera aquella calle principal, aunque apacible y bastante silenciosa, como si hubiera poca gente viviendo en ese lugar…como si el espacio olvidara que se encontraba a 20 minutos de la ciudad más bulliciosa del país. Apenas había caminado un poco cuando me acordé de él, ¡hacía tanto no lo veía! ¿Por qué no llamarlo? Bastaría acercarme a un teléfono publico, decirle “Acá estoy” y él vendría a mi encuentro, como siempre. No me moví, me sentía paralizada y me invadió la sensación de que me encontraba a cien metros de todo horizonte, que el mundo terminaba muy cerca mio y que no había forma de alejarme de donde estaba: algo me hizo sentir que no existía nada más que esa calle por la que yo caminaba. Entonces apareció el deseo, el deseo de verlo, de que mágicamente salga de alguno de los comercios, o se abra alguna de las puertas que daban a la calle y él estuviera ahí. A veces resultaba eso de desear algo con intensidad: varias veces había sucedido lo que yo deseaba. Recordé estar llegando en el colectivo, (pensando que lo primero que haría sería llamarlo) y al bajar y doblar una esquina encontrármelo cara a cara, abrazándome entre risas al confesarme que había seguido al colectivo anterior, porque aseguraba haberme visto ahí. El reflejo del sol se volvió de un tono más dorado, y es que mi mente es un poco repetitiva en cuanto a algunos detalles, miré la calle, alrededor mio y me percaté de que seguía parada en la esquina, de frente a la ochava formada por la puerta de vidrio del mismo comercio del principio, de espaldas al cruce de las calles ¡no me moví en absoluto! Miré hacia mi derecha y la ilusión volvió a nacer, una bicicleta venia hacia mi, su bicicleta, esa que (ahora que recuerdo despierta) le robaron hace varios años ya. Y ahí venia él, como tantas otras veces, directo hacia donde yo estaba, presentí su sonrisa, su abrazo, su calor y morí sólo en eso porque su presencia fue casi un espejismo: cuando llegó hasta mi apenas frenó la bici, sin mirarme a los ojos me besó con un beso que parecía el roce de una mariposa, ya que sus labios apenas se posaron en los míos, y, diciéndome algo que preferí no entender se esfumó entre la niebla, esa que habita a veces en mis sueños no muy felices. Me quedé esperándolo, sin querer comprender lo que había sucedido. Recién al día siguiente soporté la idea de que hay que seguir adelante, sin embargo estaba convencida de que eso era algo que había asumido bastante tiempo atrás ya. Por lo visto, no lo había asumido lo suficiente. Aunque no haya sucedido de verdad el dolor es verdadero, quizá no se pueda retener en los sueños a quien uno alejó de su realidad.
La sala de espera del veterinario estaba llena, o más que llena. Y tampoco es correcto decir sala, ya que se trataba de una gran tribuna de cemento al aire libre, en un patio. Era algo muy poco común, pero ¿Quién soy yo para juzgar la forma de trabajo de este profesional? Supongo que el método le debe dar resultado, ya que de esa forma evita la condensación de olores propia de la acumulación de animales en un espacio cerrado. Lo curioso es que nadie parecía sorprenderse de esto, y la gente se acomodaba pacientemente en alguno de los escalones, dispuestos a esperar. Lo normal en un lugar así sería entretenerse viendo la variedad, cantidad y estado de los animales que a uno lo rodean, pero yo estaba demasiado ocupada soportando las miradas de los demás, ya que al parecer, mi flamenco rosado llamaba demasiado la atención. Sí, mi flamenco rosado, que se acicalaba con orgullo sus magníficas plumas que iban del más puro y radiante blanco a un intenso e inquietante color fucsia, similar al tono que se puede apreciar en las nubes durante un atardecer en el que el cielo se tiñe de colorado. Desde todos los extremos de la tribuna los ojos apuntaban a mi mascota y yo. Incluso una pareja aguardaba su turno de pie de frente a la tribuna, conversaban en voz alta y bajaron un poco el volumen cuando levantaron la vista y nos vieron, poniéndose a comentar casi escandalizados cosas sobre animales con plumas, y que porqué hay gente que no se compra un caniche como todo el mundo. Habían bajado el volumen de la conversación, pero no tuvieron ni las minimas intenciones de disimular la mirada ni la charla que mantenían. Mi flamenco se mantenía al lado mio, reposando su cabeza sobre mi hombro de a ratos como si se adormeciera, o pasando suavemente su pico entre mi cabello como si hiciera de cuenta que yo soy un ave y mi cabello plumas que él acicalaba con cariño. Esperando en ese patio perdí la noción del tiempo, sentí que esperábamos durante horas, y el sol que nos iluminaba no parecía moverse jamás de su sitio. ¿Entró alguien antes que nosotros? Creo que no, pero nos indicaron que nos tocaba entrar, a pesar de que a nuestra llegada ya había mucha gente ahí dentro. El veterinario me saludó muy amablemente, y no pude dejar de prestar atención al detalle de su guardapolvo largo que era de una blancura impecable al igual que su amplia sonrisa. No se mostró sorprendido por mi mascota y eso me agradó: -¿Cuál es el motivo de la consulta? – Preguntó sin que su sonrisa se apague al decir estas palabras. -Fue atacado, y tengo miedo de que esté herido gravemente. -Atacado por qué, o por quién? Usted vió el ataque? – A la par que hablaba comenzó a examinar con extrema delicadeza las alas de mi flamenco. -No vi el ataque, pero lo encontré tirado en el piso, como si estuviera muerto. Ya van dos o tres veces que lo encuentro así y la última vez vi, creo que era un perro, alejarse corriendo y una pluma rosada volaba en dirección a dónde ese malbicho se fue. -Vamos a ver.- Por un instante perdí de vista sus dientes. – No hay rastros de golpes, ni lastimaduras…solo, acá hay una pluma que fue cortada, ¿Acostumbrás cortarle las alas? -¿Cómo? – Me tuteó y me desorientó. -Si le cortaste las alas recientemente. -No, no hago eso. -Bien, podés quedarte tranquila, que está todo bien. -Pero, lo atacaron – Me inquietaba la respuesta que me dio. -Sí, es verdad, lo atacaron, pero él hizo creer que estaba muerto, o quizá malherido para que lo dejen en paz. Lo importante es que cada vez que esto pase no se vaya a convencer de que su actuación es cierta. A veces es conveniente que otros crean que te destrozaron para que se vayan contentos, pero acordate siempre de que no es así. Estás perfecta así. – En ese momento no presté mucha atención a lo que dijo, es que ¡esa sonrisa otra vez! Lo saludé y salí del consultorio, no dejaba de observar a mi flamenco que caminaba a la par mia con su elegante cuello estirado, sus plumas blancas me recordaban la sonrisa del veterinario. Era bastante joven, apenas llegaría a los treinta años. “No tengo su teléfono” pensé, pero al volverme lo encontré ya ocupado, entreabrió la puerta y apenas me escuchó: -Estás perfecta, vos y tu amor propio, y si no me creés miralo vos misma. Señaló detrás mío, giré y apenitas pude distinguir el vuelo de un ave, estilizada…como un flamenco. . . . Desperté. Feliz de un sueño sin nieblas, con la satisfacción de saber que todo está bien, puedo defenderme haciéndoles creer que habían logrado lo que querían. Aunque lamento que el veterinario haya sido producto de mi imaginación. O a lo mejor no: dicen que uno no sueña con gente que no haya visto; así que me disculpan, pero tengo que salir a buscar al dueño de esa sonrisa que evidentemente vi sin haberme dado cuenta.
Hace pocos días escuché esta canción en la radio, y me sorprendió completamente que se aplique a tantos momentos y lugares diferentes de la historia de nuestro querido mundo. Sólo les pido que dejen de lado sus ideas, simpatías u rencores políticos, y la lean, o escuchen, les aseguro que vale la pena. Siempre me gustaron las cosas claras y concisas, y, aunque me acusen de crap, creo que esta sola y simple canción merece ser posteada de esta manera. El autor Luis Aguilé. Luis María Aguilera Picca (* Buenos Aires, Argentina, 24 de febrero de 1936 - † Madrid, España, 10 de octubre de 2009), conocido artísticamente como Luis Aguilé, fue un cantante y autor de música pop. Activo desde los años cincuenta, y siendo ya famoso en toda Latinoamérica, se estableció en 1963 en España. Grabó más de 800 canciones, la mitad de ellas de su autoría, y algunas se han convertido en estándares de la música popular en castellano, como Cuando salí de Cuba, quizá su canción más conocida, grabada por muchos otros artistas. También compuso canciones para niños y publicó varios libros. En 2007 Aguilé se vio involucrado en un escándalo político de corrupción, a causa de una colaboración suya con autoridades del Partido Popular de Castellón. Ese mismo año lanzó un tema nuevo, titulado Señor Presidente. La canción es un mensaje mordaz dirigido a un Presidente a quien Aguilé dice haber votado, al que le hace saber sus quejas, para pedirle que cumpla las promesas de campaña y que "mi humilde voto no caiga en su olvido". Durante la promoción del disco, algunos periodistas le preguntaron si la canción estaba dirigida al Presidente de España José Luis Rodríguez Zapatero. Aguilé aceptó que podría aplicársele, pero declaró también que su destinatario era el Presidente de Venezuela Hugo Chávez. También declaró que la canción había sido prohibida en Venezuela y censurada en Argentina y Guatemala, sin mayores precisiones. Aguilé sostuvo entonces que él "había sido más perseguido que Serrat". Aqui el video: link: http://www.youtube.com/watch?v=a8VLXlFpyzs Sr. Presidente Yo soy un ciudadano, común y corriente, sólo tengo un voto, Que usted me ha pedido, como a tanta gente, a la que ha convencido. Y yo se lo he otorgado, esperando confiado, a que llegue ese día, En que vea cumplido, al pie de la letra, lo que ha prometido. Sé muy bien que no es fácil, gobernar todo un pueblo, sin tener problemas, Repartir la riqueza, llevándole a todos, el pan a sus mesas. Y vamos a esperar, que usted pueda lograr, sin hacer excepciones, Que a la cárcel irán, los que deben pagar, todas sus corrupciones. Que se imponga la Ley, no queremos perder nuestra forma de ser. Somos gente de paz, que no tenga ocasión, de ganar el ladrón. Porque usted nos juró……….. ¡Proteger la Nación! Me han venido a encuestar, porque quieren saber, qué esperamos de usted. Que la inSeguridad, con la que hay que acabar, sea una prioridad. No sigamos igual, esto va para mal, hay que entrar en razón, Esto debe cambiar, venga usted a gobernar, con firmeza y acción. Usted irá protegido, entre luces y motos, por la policía, Y nosotros estamos, expuestos al crimen, de noche y de día. No se puede salir, no se puede vivir, de una forma decente, Ya no somos nación. Ahora somos el Reino de los Delincuentes. Que se imponga la Ley, no queremos perder nuestra forma de ser. Somos gente de paz, que no tenga ocasión, de ganar el ladrón. Porque usted nos juró……….. ¡Proteger la Nación! Cuando llegue a mandar, no sólo ha de ayudar, a los de su partido, No se quiera quedar, para toda la vida, como un elegido; No se deje llevar, por esa tentación, de cambiar la Nación; Y arreglar a su hechura, y a su conveniencia, la Constitución. Y ahora sólo le pido, que mi humilde voto, no caiga en su olvido; Cuando asuma el poder, tiene a mano la gloria, y entrar en la historia. No nos mienta jamás, no use la demagogia, engañando a la gente. Cumpla usted con honor, va con todo respeto, Señor presidente.

En las tardes de radio hace uno o dos años, escuchaba estos pequeños sketch radiales que me alegraban la tarde. Acá les dejo una muestra de que se puede hacer humor, sin ayuda de la imagen, y sin caer en lo común. PANDILLAS DE MAR DE AJO: Una familia italiana que vive en Mar de Ajo, donde tienen su propia pizzeria y se meten en problemas continuamente, todo se resuelve a los tiros.Nada más lindo que la familia unida!!! link: http://www.goear.com/files/external.swf?file=fe4c0c9 link: http://www.goear.com/files/external.swf?file=d8f9e1e link: http://www.goear.com/files/external.swf?file=fb5860f link: http://www.goear.com/files/external.swf?file=6817050 link: http://www.goear.com/files/external.swf?file=621172a link: http://www.goear.com/files/external.swf?file=5204e7e link: http://www.goear.com/files/external.swf?file=2f91947 link: http://www.goear.com/files/external.swf?file=1a50974 Bueno, espero lo hayan disfrutado y les haya arrancado una sonrisa.Saludos!