carboncho
Usuario (Argentina)
Aunque la economía mejore, como se prevé, el descenso de la natalidad y el envejecimiento de la población presagian graves dificultades para la sociedad japonesa en las próximas décadas. Si no aumentan los nacimientos, la única salida será abrirse a la inmigración; pero esto sigue siendo una píldora amarga que la mayoría de los japoneses se resisten a tragar. Cifras verdaderamente alarmantes El problema de la población japonesa no es sólo que se reduce, sino que envejece y que cada vez tiene menos jóvenes. Actualmente hay unos cuatro japoneses de 15 a 64 años por cada jubilado. Las previsiones dicen que en 2025 la proporción será de 2 a 1. El peligro está en que el peso, cada vez mayor, de la responsabilidad de mantener a la población inactiva puede llegar a desmoralizar a los más jóvenes, provocando un círculo vicioso de débil actividad económica y la caída en un nuevo estancamiento, lo que agravaría la carga que debe soportar la población productiva. Hacerse cargo de los ancianos trae consigo, por otra arte, una serie de problemas típicos de las sociedades envejecidas, todavía pendientes de resolver. Uno de estos problemas, como apunta Naohiro Ogawa, profesor de demografía de Nihon University, en el semanario The Nikkei Weekly, es que “el sistema actual para cuidar de los ancianos, que depende principalmente de mujeres de mediana edad, de la misma familia o contratadas, será imposible de mantener a medio o largo plazo, lo que tendrá graves consecuencias, especialmente en zonas rurales poco pobladas”. Por ejemplo, los pronósticos para algunas de esas zonas apartadas de la isla de Kyushu son de sólo cuatro mujeres de 40 a 59 años por cada 100 residentes mayores de 65 años, en 2025. Por otra parte, a medida que la población se contraiga, se reducirá también el consumo y la fuerza laboral disminuirá de forma drástica. La población activa llegó a un máximo de 87,17 millones en 1995 y desde entonces ha venido disminuyendo de año en año: se prevé por debajo de 70 millones en 2030 y alrededor de 54 millones en 2050. La mano laboral extranjera parece imprescindible Desequilibrio social Pero los efectos del descenso de la natalidad van todavía más lejos. La sociedad en sí estará cada vez más desequilibrada a medida que decrezca el número de gente joven y suba el de ancianos. En la actualidad uno de cada seis ciudadanos es mayor de 65 años, y en 2050 la proporción será de 1 a 3. La pregunta obvia que se hacen los responsables de formular la política nacional es: ¿quién se hará cargo de esa multitud de ancianos, y cómo podrá el maltrecho fondo público de pensiones evitar desmoronarse totalmente? La solución a primera vista parece clara: facilitar el aumento de la población haciendo subir el índice de natalidad –evitando, por ejemplo, la discriminación laboral de la mujer y mejorando los servicios de guarderías infantiles–, o facilitar la inmigración. Las dos cosas se presentan difíciles. La inmigración es una píldora amarga para la sociedad japonesa, pero probablemente inevitable. Si en las próximas décadas no se logra el aumento de la natalidad, Japón no tendrá más remedio que buscar ayuda en el extranjero, facilitando la inmigración. Un informe reciente de las Naciones Unidas estima que Japón necesitará aceptar 17 millones de inmigrantes antes de 2050. Por cultura la mujer carga con la casa ¿Por qué baja la natalidad? En cuanto a la disminución de la natalidad, parece evidente, a la vista de las estadísticas, que los japoneses no quieren tener hijos. Sin embargo, una encuesta llevada a cabo por el National Institute of Population and Social Security Research sugiere que las razones son un poco más complejas. A la pregunta de cuál piensan que sería el tamaño ideal de la familia, la mayoría de los matrimonios dicen que les gustaría tener tres hijos (la media es de 2,56). Si los matrimonios quieren tener hijos, ¿por qué baja la natalidad? La razón principal que alegan la mayoría de los matrimonios es que encuentran demasiado difícil compaginar la responsabilidad de un trabajo serio con la crianza de niños. Esto es especialmente cierto en el caso de las mujeres que trabajan, que en Japón llevan todavía casi todo el peso del cuidado del hogar y de los hijos. En los últimos años el gobierno japonés está empezando a tomar medidas para tratar de resolver estos problemas, aunque hasta el momento los resultados no parezcan demasiado alentadores. Según una encuesta del Ministerio de Sanidad, una de cada cuatro mujeres que tuvieron su primer hijo en 2001 tuvo que dejar el empleo por no poder superar las dificultades para compaginar trabajo y familia. Facilitar la maternidad Fomentar la fecundidad En septiembre de 2002 se hizo pública una iniciativa llamada “Plus One Proposal to End the Low Birthrate”, que presentaba un proyecto de ley para hacer más fácil la vida a los matrimonios jóvenes que trabajan y tienen hijos pequeños. El programa propone mejorar, por parte del gobierno, el acceso a guarderías infantiles y la extensión de subsidios a las parejas que buscan terapia contra la infertilidad. La Dieta aprobó en julio pasado una nueva legislación en este sentido y recomendó a las empresas dar las ventajas que la ley ofrece a los nuevos padres (permisos por maternidad o paternidad y otras prestaciones), así como poner guarderías infantiles en los centros de trabajo y permitir flexibilidad de horarios a los nuevos padres. De hecho, cada vez más grandes empresas proporcionan servicios de guardería para sus empleados y crece también el número de guarderías privadas. En el caso de las grandes empresas, prácticamente todas actúan así porque saben que no podrían retener en sus puestos de trabajo a empleadas cualificadas si no les facilitaran una ayuda efectiva en la crianza de los hijos. El problema, por desgracia, está en que los directivos de empresas medianas y pequeñas no prestan, o no pueden prestar, la atención debida a esta cuestión por el coste adicional que les supondría mantener esos servicios.

Entre 1988 y 1989, Tsutomu mutiló y mató a cuatro niñas, de cuatro a siete años; después abusó sexualmente de sus cadáveres y, con su tercera y cuarta víctima, devoró partes de los cuerpos… Este asesinó japonés nació con una deformidad en las manos que lo acomplejó e hizo ser marginado, además de que tenía un miembro anormalmente pequeño, por lo que evitaba a las mujeres. Refugiado en el anime, los cómics y la pornografía, su único vínculo cálido era su abuelo, por lo que al morir éste, él se convirtió en asesino necrófilo de niñas… La vida de Tsutomu Miyazaki comenzó en Itsukaichi, Tokio, un fatídico 21 de agosto de 1962, día en que éste nació prematuramente. Pesaba apenas 2,2 kg, y las articulaciones de sus manos estaban fusionadas del tal forma que le era imposible doblar las muñecas hacia arriba. Aquello marcó su vida. Cuando tenía cinco años, un compañero de clase se burlaba con frecuencia de sus “manos divertidas.” Debido al complejo que desarrolló con respecto a sus manos, siempre evitaba mostrarlas en las fotos familiares. Tsutomu-Miyazaki-secundaria Tsutomu en la escuela secundaria Desde el momento en que llegó a la escuela primaria Itsukaichi, Miyazaki fue en cierto modo invisible, por lo que sus compañeros y profesores lo recuerdan como un niño tranquilo, solitario e incapaz de hacer amigos. Pero Tsutomu, al igual que otros niños, tenía sueños para su futuro, tal y como muestra en estas palabras de un ensayo escrito en tercer grado: ‹‹Cuando sea grande, quiero comprar un coche e ir conduciendo. Me detendré en un restaurante y comeré un poco de curry, arroz o algo. Incluso podría visitar a mis parientes››. Sin embargo, lo cierto es que muchas veces terminaba culpando a sus manos deformes por no conseguir sus metas. Se sentía frustrado, y su refugio eran las historietas y el manga, que leía avidamente hasta altas horas de la noche. Por otra parte, Tsutomu era definitivamente un niño inteligente. Encerrado en su propio mundo, estudió duro y llegó a alcanzar la mayor puntuación entre los estudiantes que dieron el examen de ingreso para entrar en la Meidai Nakano High School. Cada día, por tres años, Tsutomu dedicó dos horas al estudio, consiguiendo siempre altas calificaciones. No obstante, posteriormente empezó a desmotivarse por los estudios y, en lugar de unirse a los grupos de estudios, se retiraba a dibujar cómics en un rincón apartado. En cuanto a la universidad, inicialmente Tsutomu planeaba, sobre todo en base a su alto rendimiento en Inglés, ingresar a la Universidad de Meiji, afiliada a su colegio; sin embargo, tras su desmotivación académica acabó en el rango 40 de los 56 estudiantes de su aula, cosa que le impidió entrar en la Universidad de Meiji, pero él no se dio por vencido y se puso a estudiar Fotografía Técnica en una universidad local, graduándose en 1983, para posteriormente ingresar a trabajar en una imprenta que pertenecía a un conocido de su padre. Tsutomu-Miyazaki-joven Tsutomu estudió Fotografía Técnica y, tras ahorrar dinero en su trabajo inicial, fue a vivir con su familia, en un apartamento junto a la casa principal, con una hermana Después trabajar algunos años en la imprenta y ahorrar más de 3 millones de yenes, Tsutomu se trasladó de nuevo a la casa familiar, donde compartió con su hermana mayor una habitación doble anexada a la casa principal, cerca de los negocios de impresión de su padre. Adicionalmente Katsumi Miyazaki, padre de Tsutomu, poseía el _Akikawa Shimbun_, un importante periódico local en el área de Itsukaichi, la zona más interior de Tokio, donde la familia Miyazaki gozaba de una significativa influencia política. Pese al status de la familia de Tsutomu, ésta tuvo poca influencia sobre él, quizá por lo distante que se mostraba pues, por ejemplo, su padre y su madre eran dos adictos al trabajo, y eso conllevaba una falta de contacto que intentaban compensar con cosas materiales como el sedán Nissan Langley que le regalaron, y que usó para sus crímenes… “Si hubiese tratado de hablar con mis padres acerca de mis problemas, ellos me habrían ignorado”, diría Tsutomu tras su captura, agregando que incluso llegó a “pensar en el suicidio”. Setsuko y Haruko, las dos hermanas menores de Tsutomu, lo encontraban repulsivo… Únicamente su abuelo Shokichi, hombre reconocido que había servido en el consejo de la ciudad, se mostró interesado en él. Paralelamente, Tsutomu evitaba el contacto con las mujeres de su edad, no solo por el complejo de sus manos deformes sino por una especie de sentimiento de inferioridad sexual; y es que, según contó sobre él uno de sus compañeros de secundaria: “Su pene no era más grueso que un lápiz ni más largo que un palillo de dientes”. Pese a dicha falencia, Tsutomu presentaba un apetito sexual más elevado que el promedio, al punto de que en la universidad solía aprovechar los partidos de tenis para fotografiar o filmar la entrepierna de las jugadoras… Como era de imaginarse, su vida sexual era un asunto puramente onanista, aunque terminó en el sendero de la parafilia porque, cansado de la pornografía normal, en 1984 empezó a consumir pornografía infantil. Se volvió pedófilo, tal y como suele sucederle a quienes sufren sentimientos de inferioridad sexual. “Cuando era niño, él no hizo amigos cercanos, por lo que no consiguió información sobre el sexo en el mundo real. En cambio, se volvió hacia los vídeos, los cómics, y la pornografía.”, dijo sobre Tsutomu el Dr. Oda. ¿Cómo pues, los vicios antinaturales que tenía Miyazaki lo llevaron a matar? Según el profesor Ishii de la Universidad Aoyama Gakuin, “la gente crece en ambientes similares pero nunca se convierte en asesina” El detonante de los asesinatos parece haber sido la muerte del abuelo de Tsutomu en mayo de 1988, tres meses antes del primer asesinato. Su abuelo era el único vínculo humano cálido que tenía Tsutomu en su vida adulta, y su muerte marcó una ruptura con la sociedad, significando un episodio tan doloroso en su vida que, tras la cremación de su abuelo, ingirió parte de sus cenizas para encarnarlo en alguna forma… La muerte del abuelo también alejó a Tsutomu de su familia, con la que ya venía mostrándose agresivo. Por ejemplo, una vez su hermana más joven lo pilló espiándola mientras se bañaba, e indignada le gritó, pero él montó en cólera, entró al baño, la agarró de los pelos y le golpeó la cabeza contra la bañera, golpeando después a su propia madre cuando ésta, tras enterarse, le dijo que debía pasar más tiempo trabajando y menos tiempo con sus vídeos… En el fondo Tsutomu se sentía desamparado, por lo que tras salir a la luz sus crímenes él dijo: “Me sentía solo, y cada vez que veía a una niña jugando sola, era casi como verme a mí mismo.” La bestia detrás del otaku Entre 1988 y 1989, Tsutomu mutiló y mató a cuatro niñas, de cuatro a siete años; después abusó sexualmente de sus cadáveres y, con su tercera y cuarta víctima, devoró partes de los cuerpos… Durante el día, Miyazaki era un hombre tranquilo, y un empleado afable y obediente, pero ese mismo otaku descente y aparentemente inofensivo, fue el monstruo que seleccionó más o menos de forma azarosa a cuatro inocentes niñas, siendo incluso tan cruel que, con el mismo cinismo burlón con que Albert Fish envió una carta a la madre de una de sus víctimas, mandó cartas a las familias de las víctimas, describiendo mórbida y detallosamente lo que hizo en cada caso… Crónica de los horrores de Miyazaki Tsutomu-Miyazaki2 Entre 1988 y 1989, Tsutomu mutiló y mató a cuatro niñas, de cuatro a siete años; después abusó sexualmente de sus cadáveres y, con su tercera y cuarta víctima, devoró partes de los cuerpos… Poco después de las 3 pm del 22 de agosto de 1988, la pequeña Mary Konno de cuatro años de edad, salió de su casa ubicada en el complejo de apartamentos Iruma, en Saitama. Ella supuestamente iba a jugar con una amiga, pero ya eran las 6:23 pm y no regresaba, por lo que su padre, el arquitecto Shigeo Konno, llamó a la Policía para notificar su desaparición, sin saber que, mientras alguien atendía su llamada, su hija estaba siendo estrangulada a unos 50 kilómetros, en medio del silencio cómplice de los árboles… Volviendo en el tiempo, Mary estaba caminando en medio del complejo de apartamentos a inicios de la tarde, cuando de pronto un Nissan Langley se detuvo cerca, el vidrio del conductor se bajó y un hombre joven de mirada apacible le preguntó: “¿No te gustaría ir a un lugar más fresco?”. Hacía sol, así que Mary asintió con la cabeza y se sentó junto al desconocido. En su gran inocencia, Mary jugaba alegremente con los botones de la radio del coche, mientras Tsutomu avanzaba hacia Hachioji, al oeste de Tokio. Justo antes de llegar al puente Musashino, Tsutomu giró a la derecha, en dirección a Itsukaichi. Había transcurrido una hora cuando Tsutomu se detuvo en un estrecho camino tierroso, en medio de los bosques que rodeaban la central Shintama, un complejo de adusta apariencia, que se alzaba en medio de la vegetación cual si fuera una inmensa y profética lápida. El hombre y la niña se bajaron del coche y caminaron, hasta donde comenzaba el camino a Komine Pass, por un sendero montañoso rodeado de árboles hinoki y sugi. Las cigarras saltaban por uno y otro lado y el ruido de las palomas se escuchaba en medio de aquel verdor impregnado por un calor sofocante. En este punto cualquier criatura habría corrido o llorado, pero el corazón de Mary era tan blanco como las nubes, y ésta siguió caminando con el monstruo hasta que, tras unos 20 o 30 minutos, ambos se sentaron al borde del desolado sendero. Mary estaba cansada y algo perturbada, de modo que empezó a sollozar. Tsutomu entró en pánico: ¿qué pasaba si la niña gritaba y alguien venía? Para prevenir eso, mejor era matarla de una vez, así que el monstruo colocó las manos en el cuello de la niñita mientras el rostro de ésta esbozó una mueca de pánico antes de congelarse para siempre… Moría la niña y nacía el asesino de 26 años, quien ahora tomaba el cuerpo inerte de la pequeña, lo desnudaba, lo acariciaba con lascivia, incapaz de sentir remordimiento o pesar alguno… Finalmente tomó las prendas de vestir de la niña, la dejó en posición de reposo y regresó a su coche. Después de su desaparición, los patrulleros de la Policía advertían con altavoces a los padres sobre el peligro de no mantener vigilados en todo momento a sus hijos pequeños. A pesar de que fue etiquetado oficialmente como un caso de desaparición, desde el principio la Policía inició la investigación como si de un asesinato se tratase. La búsqueda infructuosa de Mary Konno finalmente disminuyó después de cuatro semanas; pero, apenas transcurridas dos semanas desde el decline de la búsqueda, Tsutomu volvió a cobrarse una vida inocente la tarde del 3 de octubre de 1988, cuando vio a la niña Masami Yoshizawa de siete años caminando al borde de una carretera ubicada en la prefectura de Saitama. Entonces la convenció de subir al coche y se dirigió a las colinas de Komine Pass, donde cometió su primer asesinato. Allí, viendo que no hubiera ningún testigo y en un momento en que la niña estaba desprevenida, el asesino le apretó el cuello, la desnudó una vez muerta y abusó sexualmente del cadáver; sin embargo, se llevó un gran susto al ver que el cuerpecito de la niña, aparentemente inerte, se estremeció súbitamente. En ese momento no pudo seguir, y aterrado corrió al coche y se marchó antes de que el sol cayese, dejando el cadáver de Masami a una distancia aproximada de apenas 100 metros del cadáver de Mary. Tras reportarse la desaparición, grupos de búsqueda locales se repartieron por toda la zona, y pronto la cara de Masami apareció en cientos de carteles emitidos por la Policía, que terminaría entrevistando a unos 2.300 residentes locales. Otra vez más, no se encontraron pistas sobre el paradero de la víctima. El 12 de diciembre, el asesinato de una niña de cuatro años de edad, originaria de Kawagoe, haría la diferencia y pondría a Tsutomu en peligro de ser capturado, en gran parte porque el cadáver aparecería poco después del asesinato, y eso desataría una enorme cacería policial bajo la sospecha de que también Mary y Misami habían caído por la misma causa: un asesino serial de niños… Y es que Tsutomu nunca había mostrado mucho aprecio por la vida: ya antes, había estrangulado un perrito con alambre, lanzado al río un gato y hervido en agua a otro… Como explicó el Dr. Oda, su inmersión en el insano mundo de cierto tipo de vídeos, le había “quitado la conciencia de la realidad”, de modo que “todo se convirtió en un elemento para él, incluyendo a las personas”, por lo que a fin de cuentas, “las niñas que mató no eran más que personajes del libro de comics de su propia vida”… El caso del 12 de diciembre antes aludido era el de Erika Namba, quien regresaba de la casa de un amigo cuando el asesino la metió en su coche y, sin hacer caso de sus lágrimas, condujo hasta el área de aparcamiento de la Casa de la Joven Naturaleza, en Naguri. Allí, Tsutomu obligó a Erika a desnudarse en el asiento trasero, y empezó a fotografiarla con luz estroboscópica, hasta que otro coche pasó cerca, iluminando momentáneamente el rostro de Tsutomu y haciendo que Erika solloce de nuevo, cosa que encolerizó al asesino, el cual la estranguló, quitándole la vida a eso de las 7 pm. Tras matarla, el asesino envolvió cuidadosamente el cadáver en una sábana y lo puso en el baúl del coche, se deshizo de la ropa de la víctima dejándola en el bosque cerca de la zona de estacionamiento, y dejó el cadáver con las manos y los pies atados, a unos 50 km de la casa en donde alguna vez fue una niña alegre y llena de vida… Tsutomu-Miyazaki-portada Portada de una película japonesa inspirada en el asesino, que llegó a causar gran revuelo social y mediático, no solo por los asesinatos sino porque, entre otras cosas, envió cartas a las familias de las víctimas, y a una familia hasta le mandó los restos carbonizados de la niña junto a una foto… Al día siguiente el cadáver de Erika fue encontrado y quinientos policías antidisturbios exploraron el bosque en busca de más pistas, pero no encontraron nada. Sin embargo ya estaba claro que todas las chicas eran de la Prefectura de Saitama y todos los cadáveres estaban cercanos entre sí, por lo cual, como dijo un periodista, “tan pronto como encontraron el cuerpo de la tercera chica, empezaron a tratar el asunto como un caso de asesinato en serie”. Las anteriores no eran las únicas pistas raras, ya que la Policía encontró que las familias de las víctimas tenían algo en común: todas habían sido molestadas por llamadas telefónicas inusuales, en que el teléfono sonaba pero la persona al otro lado de la línea no decía nada, siendo capaz de timbrar por unos 20 minutos hasta que se le contestase, solo para comunicar ese incómodo silencio. Así mismo, tanto los Namba como los Konno habían recibido tarjetas postales con alusiones a sus niñas muertas… Debido a la histeria popular desatada tras la muerte de Erika, Tsutomu no volvió a matar hasta el siguiente verano, pero antes cometió algunas atrocidades. Así, el 6 de febrero el padre de Mary encontró una caja con restos humanos calcinados, 10 dientes de leche, pantaloncitos de niña, sandalias y una prenda infantil de ropa interior, además de una hoja de papel con estas palabras: “Mary. Huesos. Cremación. Investigar. Probar” El siniestro envío desató una serie de investigaciones, alboroto social y alarma mediática, pero en ese marco de acontecimientos se dudaba de que los restos fueran de Mary, por lo que el asesino, en un gesto desmedido de megalomanía criminal, envió una confesión escrita de 3 páginas el 11 de febrero. Junto a la carta de 3 páginas, adjuntaba una foto de la víctima y, entre otras cosas, escribía lo siguiente: ‹‹Puse la caja de cartón con los restos de Mary delante de su casa. Hice todo. Desde el inicio del incidente Mari hasta el final. Vi la conferencia de prensa de la Policía, donde dijeron que los restos no eran Mary. Ante las cámaras, su madre dijo que el informe le dio nuevas esperanzas de que Mary aún podría estar viva. Supe entonces que tenía que escribir esta confesión para que la madre de Mary no siguiera esperando en vano. Lo repito: los restos son de Mary››. La carta estaba firmada por un tal “Yoko Imada”, nombre evidentemente ficticio que había sido elegido porque hacía juego de palabras con “ahora te diré” en japonés. La confesión causó gran alboroto. Peritos en caligrafía examinaron la nota de confesión, pero no pudieron establecer el sexo del autor. Más de medio millón de folletos que citaban la confesión, fueron entregados por la Policía en hogares de las zonas donde vivieron las víctimas. La Policía posteriormente identificó que la cámara con que se tomó la foto adjuntada a la confesión era una Mamiya 6×7, y que el tipo de letra de las postales estaba hecha con fotocomposición. El 11 de marzo de 1989 se efectuó el funeral de Mary con los restos devueltos por el asesino; pero, cuando los Konno volvían del funeral, encontraron otra carta del tal Yuko Imada, en la que notificaba, a manera de una especie de crónica forense, los cambios que fue sufriendo el cadáver de Mary… Pero… ¿Por qué Tsutomu hacía todas esas cosas? ¿Quería llamar la atención y vengarse? ¿Acaso había un sentido social en todo eso? Según el profesor Akira Ishii: “Nada de eso tenía un significado social, para él era como jugar a un videojuego, además del punto de causar sensación. No estaba tratando de obtener el reconocimiento de la sociedad. Tenía una sociedad en su mente, de la cual él era el núcleo” En el verano de 1989, la inquietud de Tsutomu había crecido y él trabajaba menos y pasaba más tiempo editando sus cintas de vídeo. En el primer día de junio, vio a las niñas jugando cerca de la Escuela Primaria Akishima, y convenció a una de ellas para fotografiarle las bragas. Cuando empezó a fotografiarla, algunos vecinos lo vieron y lo persiguieron. Él escapó, pero cinco días después volvería con mucha más fuerza. El 6 de junio, en un parque de Ariake cerca de la bahía de Tokio, Tsutomu se encontró con la niña Ayako Nomoto de cinco años. La niña jugaba sola, y el monstruo se acercó y la convenció de dejarse fotografiar, a lo que ella accedió tomándole muchas fotos de forma tal que ella se acostumbrase, se divirtiese y cogiese confianza. Entonces finalmente le dijo para tomarle más fotos en el interior de su coche, y la inocente niña aceptó. El asesino estacionó el coche a unos 800 metros y le entregó a la niña un palo de goma, pero ésta, al ver las manos deformes de Tsutomu, lanzó un comentario que al asesino le pareció ofensivo… Lleno de ira, Tsutomu se puso unos guantes de vinilo, exclamó “¡esto es lo que sucede con los niños que dicen cosas así!”, gruñó, la agarró por el cuello, la estranguló y, habiéndola matado, pateó y pateó el cadáver por unos cuatro o cinco minutos, tras los cuales se calmó y envolvió el cuerpecito inerte en una sábana, poniéndolo después en el maletero del coche. Esta vez, el enfermo no se deshizo del cadáver sino que fue, alquiló una cámara y se llevó el cuerpo a su apartamento, donde esperó dos horas, lo puso en una mesa, lo abrió de piernas para destacar la vagina, y comenzó a tomar fotografías y a filmar mientras se masturbaba. Posteriormente y tras saciarse, ató las manos y pies del cadáver con nylon Esta vez, tomó el cuerpo a casa, con parada en una tienda de video en Koenji alquilar una cámara. La casa estaba a oscuras cuando se estacionó al lado del bungalow de dos habitaciones. Esperó dos horas, luego llevó el pequeño cadáver en el interior, donde se quitó la ropa y se limpió con una toalla. Él la puso sobre la mesa baja _kotatsu_, extendió las piernas y se pega la vagina aparte. A continuación, tomó fotografías y vídeos mientras se masturbaba. Dos días más tarde, el olor del cadáver se hizo insoportable. Tsutomu sabía que debía deshacerse del cadáver, así que le cortó la cabeza, las manos y los pies, dejando el torso en un baño público del cementerio de Hanno, tostando las manos y comiendo un poco de éstas en su patio trasero, y arrojando todo el resto en una colina del bosque de Mitakeyama, a unos 230 metros de su casa. No obstante lo último tampoco resultaba seguro ya que la Policía podía encontrar los restos fácilmente, por lo que, unas dos semanas después del crimen, fue a la colina, rescató los restos, los metió en una bolsa que guardó detrás de su habitación, y finalmente esparció esos restos por el bosque, quemando el pelo del cadáver, la ropa, las sábanas usadas para envolverlo anteriormente y la bolsa de plástico. Cinco días más tarde, después que la Policía había distribuido 10.000 folletos con la descripción y la fotografía de Ayako Nomoto, el torso mutilado de la niña fue encontrado en el cementerio e identificado como perteneciente a ella tras los exámenes forenses. Tsutomu-Miyazaki-asiste-policia-1989 Tsutomu asistiendo a la Policía en la revisión de la escena del crimen, en el año 1989. Con toda la alarma policial y la preocupación social que existía en torno al problema, Tsunomo debió desistir de sus crímenes, pero ni con eso se abstuvo de volver a la acción el domingo 23 de julio de 1989. En ese día, Tsutomu vio a dos hermanas que jugaban cerca de un lavado público en Hachioji, tras lo cual detuvo su coche y se bajó. “Quédate aquí”, dijo la niña mayor a la menor cerca de un río, tras lo cual salió corriendo a casa de su padre, quien inmediatamente corrió hacia el lugar de los hechos solo para encontrar a su hija menor desnuda junto a un desconocido que le fotografiaba la vagina… Furioso, el padre de la niña agarró a Tsutomu y lo tiró al suelo, pero éste se apartó y salió corriendo hacia la orilla pantanosa del río, sobre la que corrió hasta volver a su coche, pero allí estaban esperándolo algunos policías que lo detuvieron bajo el cargo de “obligar a una menor a cometer actos indecentes” El fin de Tsutomu Miyazaki Tsutomu-Miyazaki-cuarto Éste era el cuarto del asesino, en el que habían más de 5000 vídeos, mucho anime, manga, pornografía y fotos de víctimas… Tras capturarlo, la Policía creía haber encontrado por fin a su asesino en serie. Diecisiete días más tarde, Miyazaki confesó haber asesinado a Ayako Nomoto, cuyo cráneo fue hallado al día siguiente en las colinas de Okutama. También confesó el asesinato de Erika Namba y el de Mari Konno, de los cuales los videoclips fueron encontrados entre las 6.000 cintas en la habitación de Miyazaki. Posteriormente, el 6 de septiembre se encontraron los restos de Masami Yoshizawa en los bosques cerca Komine Pass, en Itsukaichi. En 1989, Tsutomu Miyazaki fue declarado culpable de lo que se conoció como “Los crímenes del Otaku” Después de la condena de su hijo, el padre de Tsutomu, que se había negado a pagar la defensa legal de su hijo por razones morales, no toleró el deshonor y, como es relativamente habitual entre los japoneses que experimentan el oprobio público, se suicidó. Durante la década de 1990, Tsutomu permaneció encarcelado mientras se lo sometía a una serie de evaluaciones psiquiátricas, concluyéndose, en 1997, por parte de un equipo de psiquiatras de la Universidad de Tokio, que Miyazaki, a pesar de que sufría de trastorno de personalidad múltiple y esquizofrenia extrema, aún era consciente de la gravedad moral y de las consecuencias humanas de sus crímenes, y por ende era responsable de ellos. Poco después se lo condenó a muerte en la horca. Sin embargo estuvo en el corredor de la muerte por muchos años, intentando reducir su condena a cadena perpetua, además de que solicitó que, si lo matan, le apliquen inyección letal y no ahorcamiento, pena a la cual temía profundamente. En cuanto a su vida en prisión, siguió siendo la misma que antes: leyó mangas, cómics, y vio series y películas de anime, en la pequeña tv donde esperó la condena inapelable de la muerte, ratificada por la Corte Suprema de Justicia el 17 de enero del 2006, y aplicada en junio del 2008, mes en el cual un martes, junto a dos criminales más, Miyazaki fue ahorcado, ya que la Corte Suprema de Justicia consideró, en base a los análisis psiquiátricos, que el asesino no tenía ningún trastorno mental cuya naturaleza lo pudiese librar de responsabilidad penal.
La cultura ha sido fundamental en todos los procesos históricos contemporáneos, desde los logros de las economías más exitosas en lo económico-social, como las nórdicas, hasta el fracaso en gran escala de Wall Street y la crisis mundial actual. Veamos cómo opera, en algunos casos de alta relevancia actual. ¿Por qué países como los escandinavos tienen muy baja presencia de corrupción, un flagelo que azota al mundo y a América latina? Se podría suponer que deben tener un sistema legal draconiano que vigila cada comportamiento de los actores de la sociedad y que las penas para la corrupción son las máximas. No es así. Tienen una legislación normal y las penas usuales. Pero tienen algo muy importante: un desarrollo cultural en el que la corrupción es inadmisible culturalmente como comportamiento social. Si apareciera un corrupto, su esposa y sus hijos le harían la vida difícil, sus amigos lo erradicarían de su círculo social y la sociedad toda lo excluiría. La corrupción es deslegitimada por la cultura de esas sociedades. Eso no es magia. La cultura se construye, es un ejercicio permanente a través de familia, de la educación de los medios, de los modelos de referencia y de instituciones concretas. Así, el primer ministro de Noruega instituyó en 1998, en la misma época en que los antivalores éticos florecían en la gestión pública en la Argentina, una Comisión Nacional de Valores Humanos, dedicada a promover su aplicación en la toma de decisiones y la vida cotidiana. Su mandato era el siguiente: “El principal objetivo de la comisión consiste en contribuir a una amplia movilización a favor de los valores humanos y de la ética social, con el fin de enaltecer los valores positivos compartidos y fortalecer la responsabilidad por el ambiente y la comunidad. Es importante trabajar para contrarrestar la indiferencia y promover la responsabilidad personal, la participación y la democracia”. Entre otros logros, la comisión promovió que en los 434 municipios del país y en las escuelas se discutiera los nuevos desafíos éticos de esa sociedad. Noruega ha generado códigos de ética altamente exigentes en las políticas públicas, las empresas y las relaciones comerciales y financieras con el mundo en desarrollo para garantizar niveles de coherencia ética Así, el Fondo de Inversión Petrolera de Noruega, uno de los mayores del mundo, con 300.000 millones de dólares, asombró publicando en los principales medios mundiales en el 2007 una lista de trece empresas multinacionales de las que decidió retirar sus inversiones por prácticas reñidas con los valores éticos de la sociedad noruega. Comprendían, entre otras, la producción de minas de guerra, el apoyo a dictaduras, el uso de mano de obra infantil, la discriminación de género, la prohibición de formar sindicatos y el deterioro del medio ambiente. TheNew York Times enfatizó: “En Noruega, su dinero sigue a su ética”. Son sociedades que cultivan sistemáticamente esos valores y eso les ha significado, entre otros, los resultados tan positivos en términos de erradicación de la corrupción. Por otra parte, esos países (Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca), lo que se llama el modelo nórdico, son los líderes en desarrollo humano del mundo, según la tabla de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas. Sobre 180 países, en los últimos diez años el número uno es Noruega y los otros están dentro de los primeros. Uno de los pilares de sus logros son sus altos niveles de equidad. Tienen el coeficiente Gini (de desigualdad en la distribución del ingreso) más bajo del planeta: 0,25. Se podría pensar que en los países nórdicos hay decretos que dicen que las distancias sociales entre lo que ganan unos y otros deben ser reducidas. En Noruega, por ejemplo, lo que gana un empresario privado respecto de lo que ganan los operarios es tres a uno. La distancia entre el 10 por ciento más rico y el más pobre es en Noruega de 5 veces, y en Suecia y Dinamarca de 6 veces. En Chile y México es 500 por ciento veces mayor. Y en las sociedades más desiguales, como Guatemala, Panamá y Colombia, está cerca de ser el 1.000 por ciento. No hay en el mundo nórdico decretos al respecto. Los dirigentes de la Central de Empresarios Privados de Noruega suelen explicar que los empresarios privados del país ganan mucho menos que los empresarios privados promedio de los países desarrollados, pero no tiene ninguna duda en este comportamiento, porque “la equidad” es un valor central de la cultura de estos países. Su cultura valora la igualdad: igualdad de oportunidades e igualdad real. Esto es vida cotidiana. En un encuentro con el autor, señalaban que los noruegos tienen normalmente un bungalow para pasar los fines de semana, en las afueras de Oslo, y dicen que sería mal visto tratar a toda costa de tener un bungalow de calidad superior a la de los otros. Rechazan la ostentación. Decían que en Noruega, en definitiva, “está muy mal visto ser muy rico”. Este valor cultural ha sido construido a través de procesos educativos sistemáticos. En diversos países de la región, las tendencias fueron en las últimas décadas en sentido opuesto: la cuasilegitimación de la corrupción y de las grandes desigualdades.
¿Que harías con mucho dinero? ¿Para que sirve el dinero? Estas son preguntas particulares que he realizado entre mis conocidos. Algunos me miraban con cara de burla, otros se creían que yo estaba loco, pero no me dieron respuestas muy convincentes. ¿Se han preguntado ustedes alguna vez para qué sirve el dinero? ¿Nos da más felicidad que infelicidad? “Si yo tuviera mucho dinero”, me dijo uno de ellos, “no trabajaría”. O sea, que el dinero sirve para no trabajar. La gente trabaja por dinero. Esto parece una verdad de Pero Grullo..., pero a veces ese señor se equivoca. Veamos: “Todos tenemos necesidad de comer y dormir, y todo lo demás son lujos”, me dice otro de los encuestados. A este el dinero le sirve para sobrevivir. Pero MUCHO dinero no le sirve de nada, agrega después: “Viajar, tener cosas, hacer que otros hagan cosas por ti, no te dará la felicidad. En todas partes a las que vayas siempre estarás tú, y si te quedas aquí tienes las mismas probabilidades de encontrarte a ti mismo que si te vas a Japón, sólo que allí estarás más cansado y no te entenderás con la gente. Tener muchas cosas te hace dejar de apreciar cada una de ellas. Un papel y un lápiz”, continúa, “son mis más preciadas posesiones. Con ellos puedo diseñar mundos y vivir en ellos. Mundos mucho más bonitos que este en el que si no hablas mal de alguien o le perjudicas de alguna manera no eres nadie”. “El dinero sólo sirve”, me dice otro encuestado, “para estimular la codicia y otros instintos aún más bajos. Elimina el dinero del mundo y habrás eliminado el noventa por ciento de los delitos”. Pero si no hay dinero, le digo, ¿para qué trabajar? ¿Volvemos al trueque, al cambalache? Así también se puede engañar a la gente. De hecho el dinero proporciona un intercambio de esfuerzo más justo... “Pues no”, me dice muy categórico: “el trueque es lo mismo que comprar y vender, es como dinero sin moneda, es el comercio en que las propias mercancías son el dinero. Una sociedad sólo puede funcionar sin dinero si cada uno hace lo que tiene que hacer”. ¿Y cómo se hace eso?, le apostrofo yo, si no hay un Gran Hermano que obligue a los gandules a trabajar e impide a los acaparadores a guardar lo que les sobra? ¿Volvemos al comunismo, a la Dictadura del Proletariado? “La verdad es que eso ya ha fracasado. La solidaridad y el altruismo son virtudes que se pueden promocionar, pero no imponer por decreto, porque eso genera infelicidad y el fracaso del sistema”. ¿Cuál es tu solución, pues?” “Muy sencillo: esa sociedad amonetaria funcionará sólo si cada uno hace lo que puede, pero no menos, y recibe lo que necesita, pero no más. Los medios de producción son de todos, y el resultado del trabajo de cada uno, también”. Utopía, le digo. Eso fracasaría también: siempre habrá golfos y gandules que se querrán aprovechar del esfuerzo de todos os demás... “¿De verdad?”, me dice muy seguro, “El dinero es un valor universal ahora mismo. Un valor hueco, porque en realidad no tiene nada dentro. Todos hemos convenido que el dinero es valioso, y todos queremos dinero, porque dando dinero compramos el esfuerzo de los demás. Por eso no se puede quitar el dinero y no poner nada a cambio. Yo pondría dos valores en su lugar, dos valores que valen mucho más que el dinero, pero que ya existen, o sea que no estoy inventando nada: el altruismo y la bonhomía. Son el remedio para curar a esta sociedad enferma, y hacer que se reelabore a sí misma: una sociedad en que la autoridad emane del saber hacer y saber estar y no de títulos o rangos no tiene sitio para el dinero, ni para la plusvalía, la estafa y el fraude. Porque el dinero, no lo olvidemos es una metáfora vacía de contenido, porque representa algo que no existe. Antes se decía que representaba una cantidad determinada de oro que sí existía en la realidad, pero ahora, con tantas devaluaciones, ya ni siquiera figura esa leyenda en los billetes de banco, y en ningún lado te dan nada de oro a cambio de ese dinero, aunque es cierto que el oro te lo pueden vender, pero como cualquier otra mercancía, sean patatas o un coche”. El último encuestado, menos idealista, le argumentó: “Pues si el dinero no vale, dame todo el que tienes”. “¿Darte?”, fue la contestación espontánea, “te daré cosas más útiles y valiosas que metal o papel escrito y usado: te daré la forma de hacer lo que necesitas, te haré favores, te daré cariño y amigos. Pero no te daré un arma cargada de holgazanería, algo con lo que tu vida se llenará de hastío y la vaciedad de tener la certeza de que jamás harás nada por los demás y por lo tanto nada te merecerás. Sí, no seas tan pobre que sólo tengas dinero. Tu respeto por ti mismo vale mucho más. Y la satisfacción de saber que haces lo correcto, que trabajas en lo que te gusta, que te gusta lo que haces y que sirve para el bien común. Todo eso es algo que no se puede pagar con dinero, porque no habría dinero en todo el mundo para igualar esos valores. Este mundo dejará de ser perro cuando todo no se reduzca a valores que se compran por cuatro perras”.

La forma de hacer política, sus resultados, así como los procesos históricos de los países nórdicos, se han vuelto objeto de análisis Tras leer y escuchar día con día la incertidumbre que existe en torno a la situación económica en las diversas regiones del mundo, el futuro se nubla cada vez más. Ante este panorama, para muchos la respuesta parece encontrarse en los países nórdicos. Su forma de hacer política, sus resultados, así como sus procesos históricos, se han vuelto objeto de análisis, no sólo por economistas, sino también por hacedores de política y la misma sociedad en general. Un reflejo de ello es el reporte especial que publicó en estos días el semanario inglés The Economist titulado The Nordic countries. The next supermodel (Los países nórdicos. El próximo supermodelo). En dicho reporte, se brinda un espacio al análisis económico, político, cultural y educativo de esta región al norte de Europa conformada por Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca. Este cuarteto de países no sólo tiene como denominador común inviernos muy fríos (-20°C) y noches muy largas (a las 4:30 pm obscurece en esta estación), sino que en la mayoría de los estudios y encuestas sobre desarrollo humano, igualdad económica, competitividad global, confianza en las instituciones, educación (por ejemplo, la prueba PISA) y transparencia, por lo regular estos países figuran en los primeros lugares. Para muchos, es aquí donde se encuentra el Estado de Bienestar en su máxima expresión. Como resultado, la pregunta urbi et orbi es ¿Qué han hecho estos países nórdicos que no estamos haciendo nosotros? De acuerdo con The Economist, puede decirse que existen dos rubros que diferencian a esta región del resto de los países: el papel del sector público en la economía y el lugar que se le ha brindado a la innovación como fuente de crecimiento económico. El papel del sector público es crucial para estos países. En el 2005, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el porcentaje del sector público con respecto al PIB fue de 53% para Dinamarca, 50% (Finlandia), 42% (Noruega) y 51% (Suecia). En contraste, la participación del sector público en Estados Unidos es del 36% y en México del 22 por ciento. Es interesante, además, que a pesar de la alta participación del sector público, sus problemas de déficit y deuda son mínimos. Por ejemplo, en Suecia el porcentaje de deuda pública bruta con respecto al PIB para 2012 fue de 37% (México cuenta con niveles similares de deuda). Es más, los inversionistas consideran a esta región tan segura que prefieren no obtener rendimiento en su compra de bonos con tal de poder invertir sin riesgo alguno. Otro dato peculiar es que contrario a lo que podría pensarse, estos países permiten la interacción entre sector público y privado para proveer servicios de seguridad social y educación. Por ejemplo, en la provisión de servicios públicos, en Dinamarca y Noruega las empresas privadas pueden manejar los hospitales públicos. En temas de competencia, en Suecia se permite que escuelas privadas compitan con escuelas públicas. O bien, la “flexiseguridad” en Dinamarca que hace fácil para los empleadores correr a un trabajador, mientras que el gobierno brinda un apoyo y capacitación mientras éste se encuentra desempleado Un aspecto importante de estos gobiernos que no puede soslayarse es el papel de la transparencia, supervisión y la rendición de cuentas. Todas las escuelas y hospitales son supervisados para medir su desempeño. Suecia debe brindar libre acceso a los registros oficiales. Y sin dejar la eficiencia a un lado puedes pagar tus impuestos hasta con un mensaje de texto. Sin embargo, a cada gasto le corresponde un ingreso. Podría decirse que algunos impuestos son menores como aquel que grava al capital, pero esa es más bien la excepción. Por tal motivo, es un hecho que muchas empresas o emprendedores emigran hacia otros países en busca de obtener un mayor beneficio con menores impuestos. Un dilema que estos países aún deben resolver: gravar más para proveer más o gravar menos para incentivar más. Es en este contexto donde adquiere importancia el papel de la innovación. Suecia no sólo es conocida por sus novelas policiacas como “La chica del Dragón Tatuado” del sueco Steig Larsson, sino por sus aportes tecnológicos y de servicios como Skype del cofundador Niklas Zennström y de aquellas tiendas de autoservicio famosas en Europa como IKEA. O Finlandia antes con Nokia que en el 2000 llegó a representar 4% del PIB y ahora con empresas como Rovio Entertainment creadora del video juego Angry Birds que gracias al iPad ha podido expandirse aún más. Sin embargo, estas innovaciones hasta el momento no han abierto nuevos campos de producción, sino que se desarrollan en campos ya existentes y generados en otros países. No obstante lo anterior, la innovación aún es una característica incipiente en estos países nórdicos. Por ello, el gobierno busca crear agencias para emprendedores (start ups). A esto debe añadirse que aquellos empresarios que han logrado crecer sus empresas deciden emigrar hacia otros países y no continúan con el negocio en sus países de origen. Como el cofundador de IKEA, Ingvar Kamprad, quien ahora vive en Suiza. El fundador de Tetra Pak, Hans Rausing, y el de Skype quienes viven en Inglaterra. Y todas aquellas empresas incipientes, pero exitosas que son vendidas a extranjeros, principalmente estadounidenses. Tal vez, una de las razones se encuentra en los altos impuestos que se les cobra en sus países. Ante este panorama, podría pensarse que efectivamente el modelo nórdico es el mejor. Su protección social, el buen manejo de sus finanzas públicas, sus buenas intenciones para fomentar la innovación, su transparencia, etcétera son características que como tal todos los países deberían seguir. Sin embargo, no todos piensan igual. Los economistas Acemoglu, Robinson y Verdier en un interesante artículo llamado Choosing your own capitalism in a globalised world (La elección de tu propio capitalismo en un mundo globalizado) argumentan que países como Estados Unidos no deben seguir esa misma línea. Sostienen, primero, que en el campo tecnológico existe interdependencia entre los países, siendo algunos los países más avanzados quienes más contribuyen a expandir la frontera de la tecnología, permitiendo que otros países puedan servirse de la misma para innovar y crecer. Segundo, consideran que el fomento de actividades innovadoras requiere de incentivos que se traducen en un diferencial de recompensas a dicho esfuerzo. Por ello, la brecha se amplía entre aquellos empresarios exitosos y no exitosos, lo que contribuye a expandir la frontera tecnológica. Esto a pesar de crear una mayor desigualdad. Y tercero, la estructura de recompensas y la protección social están determinadas por los planeadores nacionales (llámese gobierno). Países como Estados Unidos tienen un sistema de incentivos que torna difícil adoptar un sistema como el nórdico. Son estos incentivos (podría decirse que el que más trabaja, más gana) los que permiten ampliar la frontera tecnológica. Pero también son estos incentivos los que fomentan una mayor desigualdad económica y una exigua protección social. Por el contrario, los países nórdicos no llevan a cabo este sistema de incentivos y tan sólo adoptan aquella tecnología avanzada que exportan países como Estados Unidos. En su lugar, el gobierno se permite fomentar un sistema más igualitario, sin brechas, de mayor bienestar social. A esto, los tres economistas plantean que dado que en el largo plazo todos los países tienden a converger a una misma tasa de crecimiento, los demás países del mundo optan por el “estilo nórdico” en lugar del “estilo americano”. Sin embargo, se cuestionan: ¿Estados Unidos debería seguir a los nórdicos? La respuesta es no, pues si no existe un país (o un sector de países) que amplíe la frontera tecnológica, el crecimiento económico en el mundo se reducirá, dejando de ser atractivo el “estilo nórdico”. En conclusión, el semanario The Economist plantea el “estilo nórdico” como un modelo que se encuentra libre de conflictos económicos y políticos como los que se viven actualmente en el mundo. Sin embargo, a los ojos de los tres economistas ya mencionados, esto conllevaría a graves consecuencias económicas que deberían tomarse en cuenta. Una disyuntiva que, tal vez, debería ponerse sobre la mesa al momento de decidir cuál es el tipo de modelo que debería adoptar un país en tiempos de crisis.