¿Que harías con mucho dinero? ¿Para que sirve el dinero?
Estas son preguntas particulares que he realizado entre mis conocidos. Algunos me miraban con cara de burla, otros se creían que yo estaba loco, pero no me dieron respuestas muy convincentes. ¿Se han preguntado ustedes alguna vez para qué sirve el dinero? ¿Nos da más felicidad que infelicidad?
“Si yo tuviera mucho dinero”, me dijo uno de ellos, “no trabajaría”. O sea, que el dinero sirve para no trabajar. La gente trabaja por dinero. Esto parece una verdad de Pero Grullo..., pero a veces ese señor se equivoca. Veamos:
“Todos tenemos necesidad de comer y dormir, y todo lo demás son lujos”, me dice otro de los encuestados. A este el dinero le sirve para sobrevivir. Pero MUCHO dinero no le sirve de nada, agrega después: “Viajar, tener cosas, hacer que otros hagan cosas por ti, no te dará la felicidad. En todas partes a las que vayas siempre estarás tú, y si te quedas aquí tienes las mismas probabilidades de encontrarte a ti mismo que si te vas a Japón, sólo que allí estarás más cansado y no te entenderás con la gente. Tener muchas cosas te hace dejar de apreciar cada una de ellas. Un papel y un lápiz”, continúa, “son mis más preciadas posesiones. Con ellos puedo diseñar mundos y vivir en ellos. Mundos mucho más bonitos que este en el que si no hablas mal de alguien o le perjudicas de alguna manera no eres nadie”.
“El dinero sólo sirve”, me dice otro encuestado, “para estimular la codicia y otros instintos aún más bajos. Elimina el dinero del mundo y habrás eliminado el noventa por ciento de los delitos”.
Pero si no hay dinero, le digo, ¿para qué trabajar? ¿Volvemos al trueque, al cambalache? Así también se puede engañar a la gente. De hecho el dinero proporciona un intercambio de esfuerzo más justo...
“Pues no”, me dice muy categórico: “el trueque es lo mismo que comprar y vender, es como dinero sin moneda, es el comercio en que las propias mercancías son el dinero. Una sociedad sólo puede funcionar sin dinero si cada uno hace lo que tiene que hacer”. ¿Y cómo se hace eso?, le apostrofo yo, si no hay un Gran Hermano que obligue a los gandules a trabajar e impide a los acaparadores a guardar lo que les sobra? ¿Volvemos al comunismo, a la Dictadura del Proletariado?
“La verdad es que eso ya ha fracasado. La solidaridad y el altruismo son virtudes que se pueden promocionar, pero no imponer por decreto, porque eso genera infelicidad y el fracaso del sistema”.
¿Cuál es tu solución, pues?”
“Muy sencillo: esa sociedad amonetaria funcionará sólo si cada uno hace lo que puede, pero no menos, y recibe lo que necesita, pero no más. Los medios de producción son de todos, y el resultado del trabajo de cada uno, también”.
Utopía, le digo. Eso fracasaría también: siempre habrá golfos y gandules que se querrán aprovechar del esfuerzo de todos os demás...
“¿De verdad?”, me dice muy seguro, “El dinero es un valor universal ahora mismo. Un valor hueco, porque en realidad no tiene nada dentro. Todos hemos convenido que el dinero es valioso, y todos queremos dinero, porque dando dinero compramos el esfuerzo de los demás. Por eso no se puede quitar el dinero y no poner nada a cambio. Yo pondría dos valores en su lugar, dos valores que valen mucho más que el dinero, pero que ya existen, o sea que no estoy inventando nada: el altruismo y la bonhomía. Son el remedio para curar a esta sociedad enferma, y hacer que se reelabore a sí misma: una sociedad en que la autoridad emane del saber hacer y saber estar y no de títulos o rangos no tiene sitio para el dinero, ni para la plusvalía, la estafa y el fraude. Porque el dinero, no lo olvidemos es una metáfora vacía de contenido, porque representa algo que no existe. Antes se decía que representaba una cantidad determinada de oro que sí existía en la realidad, pero ahora, con tantas devaluaciones, ya ni siquiera figura esa leyenda en los billetes de banco, y en ningún lado te dan nada de oro a cambio de ese dinero, aunque es cierto que el oro te lo pueden vender, pero como cualquier otra mercancía, sean patatas o un coche”.
El último encuestado, menos idealista, le argumentó: “Pues si el dinero no vale, dame todo el que tienes”.
“¿Darte?”, fue la contestación espontánea, “te daré cosas más útiles y valiosas que metal o papel escrito y usado: te daré la forma de hacer lo que necesitas, te haré favores, te daré cariño y amigos. Pero no te daré un arma cargada de holgazanería, algo con lo que tu vida se llenará de hastío y la vaciedad de tener la certeza de que jamás harás nada por los demás y por lo tanto nada te merecerás. Sí, no seas tan pobre que sólo tengas dinero. Tu respeto por ti mismo vale mucho más. Y la satisfacción de saber que haces lo correcto, que trabajas en lo que te gusta, que te gusta lo que haces y que sirve para el bien común. Todo eso es algo que no se puede pagar con dinero, porque no habría dinero en todo el mundo para igualar esos valores. Este mundo dejará de ser perro cuando todo no se reduzca a valores que se compran por cuatro perras”.
Estas son preguntas particulares que he realizado entre mis conocidos. Algunos me miraban con cara de burla, otros se creían que yo estaba loco, pero no me dieron respuestas muy convincentes. ¿Se han preguntado ustedes alguna vez para qué sirve el dinero? ¿Nos da más felicidad que infelicidad?
“Si yo tuviera mucho dinero”, me dijo uno de ellos, “no trabajaría”. O sea, que el dinero sirve para no trabajar. La gente trabaja por dinero. Esto parece una verdad de Pero Grullo..., pero a veces ese señor se equivoca. Veamos:
“Todos tenemos necesidad de comer y dormir, y todo lo demás son lujos”, me dice otro de los encuestados. A este el dinero le sirve para sobrevivir. Pero MUCHO dinero no le sirve de nada, agrega después: “Viajar, tener cosas, hacer que otros hagan cosas por ti, no te dará la felicidad. En todas partes a las que vayas siempre estarás tú, y si te quedas aquí tienes las mismas probabilidades de encontrarte a ti mismo que si te vas a Japón, sólo que allí estarás más cansado y no te entenderás con la gente. Tener muchas cosas te hace dejar de apreciar cada una de ellas. Un papel y un lápiz”, continúa, “son mis más preciadas posesiones. Con ellos puedo diseñar mundos y vivir en ellos. Mundos mucho más bonitos que este en el que si no hablas mal de alguien o le perjudicas de alguna manera no eres nadie”.
“El dinero sólo sirve”, me dice otro encuestado, “para estimular la codicia y otros instintos aún más bajos. Elimina el dinero del mundo y habrás eliminado el noventa por ciento de los delitos”.
Pero si no hay dinero, le digo, ¿para qué trabajar? ¿Volvemos al trueque, al cambalache? Así también se puede engañar a la gente. De hecho el dinero proporciona un intercambio de esfuerzo más justo...
“Pues no”, me dice muy categórico: “el trueque es lo mismo que comprar y vender, es como dinero sin moneda, es el comercio en que las propias mercancías son el dinero. Una sociedad sólo puede funcionar sin dinero si cada uno hace lo que tiene que hacer”. ¿Y cómo se hace eso?, le apostrofo yo, si no hay un Gran Hermano que obligue a los gandules a trabajar e impide a los acaparadores a guardar lo que les sobra? ¿Volvemos al comunismo, a la Dictadura del Proletariado?
“La verdad es que eso ya ha fracasado. La solidaridad y el altruismo son virtudes que se pueden promocionar, pero no imponer por decreto, porque eso genera infelicidad y el fracaso del sistema”.
¿Cuál es tu solución, pues?”
“Muy sencillo: esa sociedad amonetaria funcionará sólo si cada uno hace lo que puede, pero no menos, y recibe lo que necesita, pero no más. Los medios de producción son de todos, y el resultado del trabajo de cada uno, también”.
Utopía, le digo. Eso fracasaría también: siempre habrá golfos y gandules que se querrán aprovechar del esfuerzo de todos os demás...
“¿De verdad?”, me dice muy seguro, “El dinero es un valor universal ahora mismo. Un valor hueco, porque en realidad no tiene nada dentro. Todos hemos convenido que el dinero es valioso, y todos queremos dinero, porque dando dinero compramos el esfuerzo de los demás. Por eso no se puede quitar el dinero y no poner nada a cambio. Yo pondría dos valores en su lugar, dos valores que valen mucho más que el dinero, pero que ya existen, o sea que no estoy inventando nada: el altruismo y la bonhomía. Son el remedio para curar a esta sociedad enferma, y hacer que se reelabore a sí misma: una sociedad en que la autoridad emane del saber hacer y saber estar y no de títulos o rangos no tiene sitio para el dinero, ni para la plusvalía, la estafa y el fraude. Porque el dinero, no lo olvidemos es una metáfora vacía de contenido, porque representa algo que no existe. Antes se decía que representaba una cantidad determinada de oro que sí existía en la realidad, pero ahora, con tantas devaluaciones, ya ni siquiera figura esa leyenda en los billetes de banco, y en ningún lado te dan nada de oro a cambio de ese dinero, aunque es cierto que el oro te lo pueden vender, pero como cualquier otra mercancía, sean patatas o un coche”.
El último encuestado, menos idealista, le argumentó: “Pues si el dinero no vale, dame todo el que tienes”.
“¿Darte?”, fue la contestación espontánea, “te daré cosas más útiles y valiosas que metal o papel escrito y usado: te daré la forma de hacer lo que necesitas, te haré favores, te daré cariño y amigos. Pero no te daré un arma cargada de holgazanería, algo con lo que tu vida se llenará de hastío y la vaciedad de tener la certeza de que jamás harás nada por los demás y por lo tanto nada te merecerás. Sí, no seas tan pobre que sólo tengas dinero. Tu respeto por ti mismo vale mucho más. Y la satisfacción de saber que haces lo correcto, que trabajas en lo que te gusta, que te gusta lo que haces y que sirve para el bien común. Todo eso es algo que no se puede pagar con dinero, porque no habría dinero en todo el mundo para igualar esos valores. Este mundo dejará de ser perro cuando todo no se reduzca a valores que se compran por cuatro perras”.