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bachodelic

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Primer post: 23 ago 2009Último post: 30 nov 2009
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Tod fue dos sueños (Cuento propio)
ArteporAnónimo8/23/2009

Acá un relatito más, espero que les agrade. Todo fue dos sueños. El escritor llega y se sienta frente a la máquina, comienza despacio a teclear un relato que queda indeleble en el rígido blanco del papel: "Un hombre sueña que sueña una puerta, enorme y de color café oscuro, comienza despacio a acercarse a la puerta con una sensación de miedo a lo desconocido; al abrirla, descubre que todo se llena de violetas, violetas enormes y de todos los colores conocidos por el hombre, las paredes, el techo, las ventanas, todo se llena de violetas que inundan el ambiente con su aroma empalagoso; de pronto, una enorme comadreja cruza corriendo entre sus piernas, él sale corriendo tras de ella sin saber para qué y, justo cuando está a punto de atraparla, termina de golpe el sueño. El hombre despierta (del sueño dentro del sueño) y va corriendo a su estudio, se sienta en su gran silla de madera, acaricia el acolchado verde oscuro del respaldo (una especie de rito mientras escribe adquirido con los años) y comienza a escribir lo que soñó. En el momento en que escribe la palabra "violetas", el ambiente se llena del aroma empalagoso de la flor, entra va creciendo, casi se le puede ver como un humo espeso que entra por la ventana, por debajo de la puerta, por la ventilación; cuando escribe sobre la comadreja, la siente corriendo entre sus piernas una vez más. El hombre termina de escribir y sale al comedor, seguramente su mujer ya tendrá el desayuno. Esa misma noche, soñó (aún dentro del sueño) que una enorme serpiente criselefantina cono enormes ojos de rubí lo perseguía sobre la planicie de un desierto árido, las piernas le dolían, pero si se detenía, la serpiente lo devoraría. Al día siguiente corrió a su estudio, acarició el acolchado verde oscuro del respaldo, bebió un pequeño trago de su eterna taza negra de café con nada de azúcar ni leche y se dispuso a escribir el sueño de ese día. En el mismo instante en que escribió la palabra "serpiente", el ruido de la lengua bifurcada del animal de rastra llenó el lugar y un pavor se apoderó del escritor, quien sintió la garganta secarse y sudor inundar su frente cuando escribió sobre el desierto, el ruido de la serpiente acechándolo inundaba el lugar con un extraño eco. El hombre despierta finalmente del sueño en el que sus sueños se vuelven realidad al escribirlos, trata de ordenar sus ideas sobre un sueño en el que soñaba una puerta y escribía sobre violetas y serpientes de oro que se convertían en realidad. Se sacude la pereza y, sentándose en su estudio, acaricia el acolchado verde oscuro del respaldo, bebe un pequeño trago de su eterna taza negra con café, se quita los zapatos y comienza a escribir sobre un sueño extraño que tuvo esa noche. De pronto, sin esperarlo, su mente se desvió completamente hasta recordar a Ana (aquella chica delgada con la que había tenido un lance), los días en que estuvieron juntos y felices; momentos que su esposa nunca sospecharía. Una idea le llegó a la mente. Se levantó de su silla de madera, corrió a la enorme puerta de roble negra y creyó cerrar con llave, al volver a la máquina tecleó las tres letras del nombre de Ana y comprobó alegremente que Ana apareció en el justo momento de ser mencionada en el papel. Se contemplaron detenidamente sonriendo, comenzaron a acercarse, las bocas cerca, más cerca, en el justo momento en que sus labios se iban a unir en un beso anhelado durante meses..." La mujer del escritor entra al estudio donde su marido interrumpe su escritura, abre la gran puerta de roble negra (que no estaba cerrada con llave) y le avisa que la cena está lista. El hombre acaricia el acolchado verde oscuro del respaldo, bebe el último trago de su eterna taza negra, se vuelve a poner los zapatos y sale del estudio dejando inconcluso el relato de un sueño extraño. Camino al comedor pensaba qué nombre ponerle al relato inconcluso, después de pensarlo un rato, decidió nombrarlo "Todo fue dos sueños", porque en el relato el escritor llega y se sienta frente a la máquina, comienza despacio a teclear un relato que queda indeleble en el rígido blanco del papel: "Un hombre sueña que sueña... " Espero que les agrade, y sus comentarios.

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Una voz interna (Cuento propio)
ArteporAnónimo8/26/2009

Acá el tercero (y último) de la noche. Espero que les sigan gustando mis relatillos. Una voz interna. A las cinco de la mañana Mateo se levantó de la cama, el día aún no comenzaba y ya era insoportable, preparó el desayuno y se lo llevó a su madre, lo dejó en la cama para que ella lo encontrara al despertar; partió a la escuela. A las nueve de la mañana ya sentía el cansancio por todo el cuerpo, las clases, las platicas con los amigos, sólo formaban parte de esos periodos que él sentía como una gran anestesia, donde nada era real ni falso, una fría sala de espera con deprimentes tapices grises y cafés en las paredes donde esperaba que llegara la hora de volver a casa a cuidar a su madre. Era extraño, pero últimamente sentía todo como una carga, las horas eran como arena, la comida era plástico, todo le producía una gran repulsión, un asco fatal; esas ideas de la gran anestesia llevaban varias semanas rondando en su cabeza y generalmente venían acompañadas por un gran odio, una rabia contra todo que no podía entender. De pronto, poco antes de mediodía, esas ideas comenzaban a enflacar y desaparecer, la caricia de Imelda las alejaba como la escoba tras la puerta alejaba a los moustros de su niñez y todo comenzaba a ser un poco más feliz; Imelda era la única persona que lo comprendía y con la cual no le entraba su complejo de pobre niño que tiene que cuidar a su madre paralítica y muda; sabía que ella no lo veía como el resto de personas a su alrededor. Sin embargo, la ira, esa rabia indomable, estaba ahí presente, acechándolo y esperando atacar y destruirlo todo. Algunas veces Mateo soñaba (cuando podía dormir), pensaba qué pasaría si de pronto mamá se levantara de esa cama, si volviera a hablar rompiendo ese silencio casi espectral que lo había acompañado casi toda su vida, si saliera de esa cama en la cual la había visto desde que era un niño; ese era un pensamiento que lo llenaba de terror, no podía soportar la idea de ver a su madre aliviada, para él era inimaginable, casi brutal pensar en una milagrosa mejoría. Esto le tenía muy intranquilo, se sentía muy egoísta por desear que su madre siguiera enferma para que las cosas no cambiaran y salieran de su zona de confort; pero era algo extraño, sentimientos encontrados, algo en su interior le decía que así debían ser las cosas, una voz le hablaba entre nubes y le decía que era lo mejor para todos, esa voz llevaba semanas hablándole, hablaba de la gran anestesia, de que su madre debía quedarse donde estaba, de que todo lo demás era basura, era algo que debía destruir y terminar, esa era la voz de sus pesadillas que lo perseguía a lo largo del día y no lo dejaba en paz, sólo cuando estaba en casa, cuidando a mamá, lo dejaba. A la una de la tarde, un espasmo, un reflejo que no pudo evitar, una ira asesina se apoderó de él, sentía ganas de matar a todos, de destrozar todo, ideas que no podía sacar de su cabeza, todo era confuso, palabras oscuras y penetrantes, era como si quisiera salir de la anestesia. Trataba de destrozarlo todo, trataba de frenarse, pero la voz interna estaba ahí gritándole, exigiéndole que terminara con todo, incluida Imelda, sobre todo Imelda. Ya por la tarde, al volver a casa, le contó todo a su madre como siempre hacía, era más como una terapia ya que ella no escuchaba, nada le aseguraba que pudiera pensar bien. Preparó la comida y comieron juntos, ella en la cama, él en la silla que tenía junto a la cama y que era donde había transcurrido la mayor parte de su vida; de pronto el sueño, después de la comida siempre cabeceaba y caía dormido en la silla, al parecer mamá también dormía porque nunca lo interrumpía hasta que despertaba para seguir con sus deberes. Mateo cabeceó y cayó dormido a las cinco y media, a las seis menos veinte mamá se levantó de la cama y se colocó detrás, sobre la cabeza de su hijo, aclaró su garganta y comenzó despacio con esa voz que sonaba constantemente en la cabeza de Mateo… - Bien Mateo, debes seguir así –susurraba la voz de las pesadillas- tienes que terminar con todo, destruye todo, destruye a Imelda, sólo así podrás liberarte de la Gran Anestesia… Sabes que es lo mejor, lo mejor para todos… Ella debe quedarse así, no debe levantarse, no debe abrir la boca, tú debes hacer todo por ella, ella es lo único y tú eres lo único que ella tiene… Es lo mejor… lo mejor… y también recuerda que Mamá te ama… Pues espero sus opiniones al respecto. Todos los comentarios serán muy agradecidos...

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El Monstruo debajo de la cama (Cuento propio)
ArteporAnónimo9/2/2009

Bueno, acá está mi post número 20. Tal como les había comentado, éste cuento es uno de mis favoritos y, quienes lo han leído, me han dado buenos comentarios. Espero que les guste y que comenten (aunque no les guste). Bueno, aquí se los dejo: El Monstruo debajo de la cama. Lenta, desesperantemente lenta, transcurría la noche; afuera la lluvia se dejaba sentir sin piedad sobre la ciudad oscura y solitaria, adentro había una tormenta aún mayor que tampoco tenía piedad. Amalia suspiró enfadada, sabía que Norberto no la dejaría dormir a gusto una sola noche de su vida: siempre habría algún ruido a mitad de la madrugada, o prendería frenéticamente la luz de la habitación. Podía parecer muy simple, casi absurdo, pero para Amalia era un sufrimiento constante, sabía que toda su vida tendría que soportar los ruidos en la cama de abajo, y aún así, nunca dejaría de dormir en esa litera. Después de casi siete años soportando los ruidos y las luces y los golpes al colchón, había terminado acostumbrándose un poco (hasta donde fuera posible acostumbrarse) a todo, a no poder dormir. Sabía, que en el fondo, su hermano la quería aunque sea un poco. Algunas noches lograba dormir, pero sus sueños sólo eran reflejo de lo que pasaba en sus insomnios; en ese terreno onírico, ella se sentía completamente indefensa y temía por su vida, sabía que ahí sí era posible que el monstruo que habitaba debajo de la cama saltara sobre ella en mitad de la noche a atacarla y despedazarla, sabía que no habría nada que ella pudiera hacer para defenderse, a pesar de ser menor, él era hombrecito y siempre son un poco más fuertes que las nenas. En esas noches era preferible que algún ruido del monstruo la despertara y la trajera de vuelta al mundo en el que, al menos, le constaba que su hermano no iba a saltar de la cama de abajo para despedazarla. Mamá siempre le decía que eran puras figuraciones suyas, pero ella nunca estaría en su lugar, nunca sentiría el terror en las madrugadas. A sus dieciséis años, Amalia aún le temía al monstruo debajo de la cama, pero era muy diferente, éste monstruo era una persona, era su hermano, quien siempre estaría ahí, en la cama de abajo, rondándola, acechando. Podrían pasar años y él nunca la perdonaría, y mientras él no perdonara, ella no podría dejar de temer el esperado ataque nocturno: los ruidos y las luces sólo eran un anuncio, un recordatorio de que su venganza estaba próxima. Ella no había tenido la culpa, era sólo una niña en aquel entonces, pero eso no lo comprendía él, no podía hacer otra cosa más que culparla de todo y torturarla en las noches, esperando el momento de vengarse de ella sin saber que su venganza ya había comenzado a marchar desde el momento en que comenzó a torturarla por las noches con el terror y la sensación fantasmagórica de la persecusión. Él no se daba cuenta de cómo la afectaba pasar las noches en vela, temiendo al monstruo, sabiendo que nunca la dejaría vivir tranquila, que el resto de su vida quedaría congelado en aquella lejana noche de marzo. Si tan sólo supiera que fue Papá el único culpable. Lenta, desesperantemente lenta, transcurría la noche. Amalia no podía dormir, abajo su hermano, el monstruo debajo de la cama, se estaba vengando. Él nunca supo que fue Papá quien no armó la litera como debía ser, que no colocó los tornillos. Para él, Amalia será siempre la culpable y por eso no se alejará de ella nunca, su venganza durará para siempre. No se da cuenta que ella sólo era una niña y no tuvo, en ningún momento, la culpa del accidente, no tuvo la culpa de que la litera se derrumbara sobre él aquella noche. Amalia suspiró a causa de los recuerdos que la atormentaban pese a su inocencia, también porque sabía que no tendría fin nunca, mientras existiera la noche, el monstruo debajo de la cama la haría pagar por una culpa que no era suya. Por un asesinato que no cometió. En fin, esa noche sería igual de larga que todas las anteriores, mejor que se fuera acostumbrando... Espero sus comentarios, sean buenos o malos (nomás no comenten tonterías). Espero que les haya gustado. Saludos.

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Cadaver exquisito (Cadaver exquisito)
ArteporAnónimo11/30/2009

Bueno, acá les traigo un "poema colectivo" por llamarlo de algún modo. Resulta que algunos miembros de la comunidad Colectivo Lleno participamos de esta creación grupal de un poema. El resultado, aquí. Sobra decir que el credito no es mio (o al menos no sólo mio) sino de los que participaron de este ejercicio que intenta llevar más allá la expresión Inteligencia Colectiva: lamulataennegativo, Leelson, juanadolfo, waits, jerewolf, FerGilmour, AMO56, Emptiness y su servilleta (Bachodelic). Espero les agrade... Cadaver exquisito. Las luces y el alcohol se confundieron dando paso sutilmente a la figura que nos saluda del otro lado del puente... Vuelve la que viste sangrar sobre la nieve, ahogada entre el plumaje suave del invierno vuelve con las manos extendidas, llenas de... Historias incontables sucendiendo realmente pero siempre el presente es lo mas impresentable, a veces se me pierden por el tiempo las palabras pero se que para el resto, no es demasiado tarde... Sigo confundido, pensando en ese puente a paso lento, por empedrado camino miro e imagino, el olvido de una noche que he perdido... Perder lo no perdido como espejos sin reflejo, la imagen desvirtuada de un llamado del destino... Alma de sol y viento de muerte, la tristeza como un nido en llamas y una noche que se cierne sobre la esperanza, muerte y la desolacion de una bala con nombre, suenan las palabras del adios eterno... Un corazón que humea, ennegracido dentro del pecho que, marcado, se acorrala. El victimario graba un nombre con la oxidada punta de la navaja en su esternón, guarida ruin de puño sucio, de corazón que lleva el nombre de una bala... Ella me llama, más alla del tiempo ella me llama, más alla del alcohol ella me llama, desde su sangre ella me llama, el puente he de cruzar una bala, un olvido, podra perdonar? Cae sobre mi el sereno invernal como pútrido éxtasis corporal me arrastra al averno sin consuelo. Ella está lejos, más allá del rencor; mañana todo será sólo un recuerdo de licor... Bueno, eso es todo, espero que les agrade esta creación grupal, tan sólo una de las muchas cosas lindas e interesantes que se suceden en el Colectivo Lleno. Espero sus comentarios...

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La noche en que despertemos (Prosa poética)
ArteporAnónimo8/27/2009

Revisando entre mis cuadernos de la preparatoria, encontré este pequeñito texto que hice cuando fui actor de teatro. Espero que les agrade, o si no, pues al menos un comentario será bien recibido. La noche en que despertemos. Llegaremos, llegaremos corriendo, llegaremos morados, llegaremos con recuerdos y con recuadros, llegaremos cobrando, llegaremos al baile, llegaremos arrastrados, llegaremos a arrasar, llegaremos de amarillo y de amaranto, llegaremos temprano, llegaremos a un acuerdo, llegaremos todos, llegaremos al principio, llegaremos llegando y llorando, llegaremos cansados, llegaremos tarde, llegaremos a rezar, llegaremos al fondo del asunto, llegaremos como reyes, llegaremos descarriados, llegaremos muy pocos, pero siempre demasiados, llegaremos a la meta y a la mesa, llegaremos sin mapa, llegaremos a la hora de la cena, llegaremos y no necesitaremos un motivo para llegar, llegaremos de altamar, llegaremos de la Luna, llegaremos con las manos llenas de llagas, la cara de cicatrices, llegaremos y disfrutaremos la llegada, llegaremos a medias, pero llegaremos... La noche en que despertemos al fin llegaremos y sabremos a dónde llegar, porque sabremos a donde vamos caminando desde ahora. Y por fin llegaremos... Espero ansioso sus comentarios. Sean positivos o negativos, pero que sean en serio. Espero que lo disfruten.

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La llegada de los hombres (Cuento propio)
ArteporAnónimo8/28/2009

La llegada de los hombres. Llegaron un día, en silencio, de la nada, comenzaron a llegar y no pararon. Unos creen que llegaron del mar, otros creen que del desierto, hay quienes dicen que llegaron de el Líbano. El caso es que llegaron, y no llegaron solos, trajeron a sus mujeres, a sus niños. Llegaron en parejas, en grupos, solos y en manada. Llegaron desnudos y luego se vistieron, al verlos llegar, todos creyeron que eran buenos. Comenzaron a cazar, a comer y vestir pieles, comenzaron a podar y talar, comenzaron a competir. Comenzaron a construir edificios, automóviles; comenzaron a administrar y a contabilizar. Comenzaron a inyectar, a tomar pastillas, a poner enemas. Llegaron y siguieron llegando, y cada vez llegaban más. Comenzaron a variar de colores, de lenguas, de gustos, incluso de formas de matar. Comenzaron a avanzar, a crecer. Construyeron teléfonos, computadoras. Llegaron a jugar a Dios y a la Muerte. Se olvidaron de todos, salvo de ellos mismos. Acabaron con los árboles e inventaron árboles artificiales, animales de soya, plantas de plástico. Y de pronto un día, en silencio, de la nada, como llegaron, se fueron. Y no volvieron más. Espero que les agrade. Y espero sus comentarios y opiniones.

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Intento (Cuento propio)
ArteporAnónimo8/28/2009

Acá un relatín más. Espero sus opiniones. Intento. Tiene pereza, pereza de moverse, ni siquiera quiere mirar el reloj, le da pereza; al menos sabe la fecha en que está, si no, peor para él (el calendario está aún más lejos), miércoles, miércoles quince, miércoles, miedo, mirada, mientes, mierda, mucha mierda… Miércoles quince, que pereza, un día completamente normal, común y corriente hasta el más mínimo detalle, pereza pura, pureza pera, peraza paru, bah… Todo tan soberanamente plano, sin relieve, tan igual, tan lo mismo, el trabajo, la casa, los clientes… Un día normal, muy normal, tan normal que de pronto, de la nada, le pegaron las ganas de pegarse un tiro y tirarse y olvidarse de todo, sobre todo de que alguna vez estuvo vivo; a ver si así podía salir de su rutina enfermiza, al menos un poco, al menos por un rato… El momento decisivo, el que tanto esperaba, toda su vida había esperado un momento tan decisivo como ése y nunca, tal vez, estaría ante uno. Tan simple, tirar del gatillo, tan simple y tan decisivo, tan simple y tan hermoso, tirar del gatillo nomás, el resto se daba sólo. Será normal dudar en un momento así? Será normal un poco de miedo en esos momentos? Serán normales unas extrañas y repentinas ganas de vivir? Dudaba y sin embargo no quería dudar, era el momento más decisivo de su vida y esas dudas no eran lo más correcto. Respirar, aire, un poco de aire, olor a mierda, mucha mierda en un momento así de decisivo. Sin más temor, decidió entregarse, tirarse y pegarse el tiro, un rápido saludo al gatillo y adiós. Sabía de sobra que el destino a veces se reía en su cara, patadas en el culo por parte de la vida, el fracaso tan familiar para él; sin embargo, nunca pensó encontrar a su fracaso tan conocido en ese momento, no en ese momento tan decisivo y tan crucial como no había ocurrido ningún otro en su vida. Otra bala, otro fracaso, un bis, otro fracaso… Las balas, la soga, el gas, el gardenal, la daga, aquel martillo en la cabeza, es que nada pensaba funcionar? Comenzaba a alterarse y quiso probar las balas de nuevo, pero ya se las había terminado, su desesperación creció más, era una angustia infinitamente feliz ya para el décimo intento de acabar con todo. La calma y la angustia, la paz y la desesperación, todo muy nuevo para él; no podía pensar con claridad, no recordaba la hora, no recordaba la fecha, no recordaba que eran las tres menos veinte, no recordaba que era miércoles quince de abril, no recordaba nada de nada… No recordaba que es bien sabido por todos que el miércoles quince de abril a las dos con cuarenta minutos exactamente, la muerte tomaría unas largas y merecidas vacaciones. Ahora a esperar que terminen; mientras tanto la pereza y el miércoles y la mierda y todo eso por un rato más, al menos por un rato más… Espero sus comentarios con ansias...

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Casa sola (Cuento propio).
ArteporAnónimo8/26/2009

Acá un cuento propio, un relato juvenil. Espero que les agrade un poco. Casa sola. Cuando Natalia me dijo que fuéramos a su casa saliendo del colegio, me quedé inmóvil; dijo que no habría nadie, completamente sola. Ahí estaba yo, enamorado de ella como un cretino, escuchándola hacerme esa proposición. Incluso pensé en que nos saliéramos del colegio antes de entrar a laboratorio de Física, a las doce, para tener más tiempo a solas; pero ella no quiso, dijo que no fuera impaciente. Desde que entré al colegio, hace casi tres años, me enamoré de ella tan grave, tan fuerte como sólo se enamora un chico de secundaria. Esperé tanto tiempo para acercarme a ella, para hablarle; trabajé tan lenta y cuidadosamente en la confianza, en la amistad y ahora, más de dos años después, ahí estaba a punto de perder con ella mi virginidad, con todo y mis catorce, casi quince años a cuestas. No dejaría que la impaciencia arruinara todo, podría esperar una hora más. Cuando salimos de la clase de Inglés, ella se acercó a mí con toda la voluptuosa personalidad de una chica de quince años y me dijo muy bajo, al oído: «no va a haber nadie, completamente sola...», sólo eso fue necesario para ponerme la piel como de gallina. Se fue caminando con dirección al laboratorio de Física mientras yo me quedaba como un perfecto imbécil viéndola caminar. Completamente sola, era como una tierra prometida, una ilusión casi inalcanzable, un paraíso jamás comparable con cualquier satisfacción efímera, la perfección; la casa completamente sola era como una promesa impostergable, el sumo honor merecido. Claro que, a esa edad, poco hubiera sabido cómo aprovechar una casa completamente sola, una cama amistosa, pero lo importante no era eso, no era usarla bien o usarla mal, lo importante era poseerla, alcanzarla, conquistarla. Lo importante era estar los dos completamente solos en la casa, aunque después no supiera qué hacer, aunque actuara como un estúpido. Cuando terminó la última clase, sentí que el corazón se salía a través del uniforme y las rodillas comenzaban a temblar. Ella me miró y sonrió, ya casi. En realidad, yo de sexo sabía sólo lo que me había contado el Méndez (él ya lo había hecho), la gran mayoría era una duda para mí; pero no importaba: la casa completamente sola era como una promesa, una promesa de que nada, completamente nada iba a salir mal, era como un cielo ganado a costa de sacrificios y oraciones y diezmos. Se acercó a mí y salimos del colegio, caminamos por la Calle Mayor al sur (siempre al sur) con rumbo a su casa. Durante el camino hablamos poco, sólo para comentar alguna tarea y de vez en cuando yo le preguntaba «segura que no habrá nadie?» y ella me decía «completamente sola...». Yo sabía que no habría nadie, pero le preguntaba nomás por puro hedonismo, para volver a escuchar la promesa de perfección, nadie completamente. Llegamos a la callecita de su casa, no había nadie; llegamos al zaguán, completamente solo; parados frente a la puerta, ni una sola alma. Cuando entramos me quedé helado, inmóvil. Nunca la realidad había sido tan abiertamente decepcionante. Cuando entramos a la casi vi que era cierto: no había nadie, completamente sola. No estaba ella, ni siquiera estaba yo... Espero que les agrade un poco este relatin, un recuerdo de la juventud perdida. Espero comentarios.

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