Una voz interna.
A las cinco de la mañana Mateo se levantó de la cama, el día aún no comenzaba y ya era insoportable, preparó el desayuno y se lo llevó a su madre, lo dejó en la cama para que ella lo encontrara al despertar; partió a la escuela. A las nueve de la mañana ya sentía el cansancio por todo el cuerpo, las clases, las platicas con los amigos, sólo formaban parte de esos periodos que él sentía como una gran anestesia, donde nada era real ni falso, una fría sala de espera con deprimentes tapices grises y cafés en las paredes donde esperaba que llegara la hora de volver a casa a cuidar a su madre. Era extraño, pero últimamente sentía todo como una carga, las horas eran como arena, la comida era plástico, todo le producía una gran repulsión, un asco fatal; esas ideas de la gran anestesia llevaban varias semanas rondando en su cabeza y generalmente venían acompañadas por un gran odio, una rabia contra todo que no podía entender.
De pronto, poco antes de mediodía, esas ideas comenzaban a enflacar y desaparecer, la caricia de Imelda las alejaba como la escoba tras la puerta alejaba a los moustros de su niñez y todo comenzaba a ser un poco más feliz; Imelda era la única persona que lo comprendía y con la cual no le entraba su complejo de pobre niño que tiene que cuidar a su madre paralítica y muda; sabía que ella no lo veía como el resto de personas a su alrededor. Sin embargo, la ira, esa rabia indomable, estaba ahí presente, acechándolo y esperando atacar y destruirlo todo.
Algunas veces Mateo soñaba (cuando podía dormir), pensaba qué pasaría si de pronto mamá se levantara de esa cama, si volviera a hablar rompiendo ese silencio casi espectral que lo había acompañado casi toda su vida, si saliera de esa cama en la cual la había visto desde que era un niño; ese era un pensamiento que lo llenaba de terror, no podía soportar la idea de ver a su madre aliviada, para él era inimaginable, casi brutal pensar en una milagrosa mejoría. Esto le tenía muy intranquilo, se sentía muy egoísta por desear que su madre siguiera enferma para que las cosas no cambiaran y salieran de su zona de confort; pero era algo extraño, sentimientos encontrados, algo en su interior le decía que así debían ser las cosas, una voz le hablaba entre nubes y le decía que era lo mejor para todos, esa voz llevaba semanas hablándole, hablaba de la gran anestesia, de que su madre debía quedarse donde estaba, de que todo lo demás era basura, era algo que debía destruir y terminar, esa era la voz de sus pesadillas que lo perseguía a lo largo del día y no lo dejaba en paz, sólo cuando estaba en casa, cuidando a mamá, lo dejaba.
A la una de la tarde, un espasmo, un reflejo que no pudo evitar, una ira asesina se apoderó de él, sentía ganas de matar a todos, de destrozar todo, ideas que no podía sacar de su cabeza, todo era confuso, palabras oscuras y penetrantes, era como si quisiera salir de la anestesia. Trataba de destrozarlo todo, trataba de frenarse, pero la voz interna estaba ahí gritándole, exigiéndole que terminara con todo, incluida Imelda, sobre todo Imelda.
Ya por la tarde, al volver a casa, le contó todo a su madre como siempre hacía, era más como una terapia ya que ella no escuchaba, nada le aseguraba que pudiera pensar bien. Preparó la comida y comieron juntos, ella en la cama, él en la silla que tenía junto a la cama y que era donde había transcurrido la mayor parte de su vida; de pronto el sueño, después de la comida siempre cabeceaba y caía dormido en la silla, al parecer mamá también dormía porque nunca lo interrumpía hasta que despertaba para seguir con sus deberes.
Mateo cabeceó y cayó dormido a las cinco y media, a las seis menos veinte mamá se levantó de la cama y se colocó detrás, sobre la cabeza de su hijo, aclaró su garganta y comenzó despacio con esa voz que sonaba constantemente en la cabeza de Mateo…
- Bien Mateo, debes seguir así –susurraba la voz de las pesadillas- tienes que terminar con todo, destruye todo, destruye a Imelda, sólo así podrás liberarte de la Gran Anestesia… Sabes que es lo mejor, lo mejor para todos… Ella debe quedarse así, no debe levantarse, no debe abrir la boca, tú debes hacer todo por ella, ella es lo único y tú eres lo único que ella tiene… Es lo mejor… lo mejor… y también recuerda que Mamá te ama…
Pues espero sus opiniones al respecto. Todos los comentarios serán muy agradecidos...