A

avastj

Usuario (Venezuela)

Primer post: 15 feb 2011
2
Posts
1
Puntos totales
7
Comentarios
R
relatos de terror
ParanormalporAnónimo2/15/2011

primera historia El lado oscuro de la luz Avanzaba inexorable la noche, y las puertas de la Catedral fueron cerradas. El lugar quedó en el más absoluto silencio. Los dos últimos feligreses que durante largas horas habían permanecido postrados a la demanda de favores celestiales, traspasaban bajo el inalcanzable frontispicio y se perdían tan de súbito como llegaron. Por último, se escuchó el enorme ruido que provocó una de las tantas bancas de madera que sumaban procesión al altar. Fue un sonido agudo, comparable a la voz de soprano. Alguien habría tropezado con el mueble, camino a la salida posterior. De seguro se trataba del guarda que, antes de marcharse, clausuraba inevitablemente el templo. En ese momento consulté mi reloj. Eran las diez. Tenía aún que aguardar dos largas horas. ¿Qué haría con todo este tiempo por delante? Esa fue la primera pregunta que hice; después de todo, antes de la medianoche nada sucedería; y por consiguiente, no tenía motivo para seguir oculto. Afortunadamente, hacía unas semanas, el descomunal órgano había sido desmantelado, creo que fue enviado en partes a Europa para ser reparado, y los pequeños compartimentos bueno, pequeños para el cuerpo del órgano y no para las personas, sirvieron de cómodo escondite. Decidí que lo más sensato era utilizar la linterna, la que conservaba como el más querido recuerdo de mi fallecido padre, y tomar de una mano a Giovanna. Ella no hablaba. Sin duda estaba atemorizada. Desde que le conté cuáles eran mis propósitos y le expliqué el porqué de éstos, se opuso en el acto; sin darme la oportunidad de reflexionarlo siquiera. Me preguntó si yo perdí la razón e incluso me amenazó con terminar nuestra larga relación si no me olvidaba de la idea. Pero ahora que nos encontrábamos al interior del lugar, ya no decía más. Fue muy difícil convencerla, pero al final, después de tanto argumentar, accedió a acompañarme. Quizá en el fondo imaginaba que antes de que algo grave nos sucediera, lograría disuadirme de abandonar aquella arriesgada espera y salir huyendo juntos; pero en realidad, los dos sabíamos que esa posibilidad de evasión era remota. La decisión había sido tomada y ahora, nada ni nadie, evitaría el desenlace. Pasada la primera media hora, nos aventuramos a salir de nuestro improvisado refugio y deambulamos por una de las tres naves que hacen interminable el recinto; mientras pétreas imágenes de santos y arcángeles nos observaban caminar irreverentes, o quizá no podían notarnos. La verdad es que esto poco interesa. Lo fundamental era que faltaba algo menos de dos horas para el encuentro, y nosotros dos nos hallábamos encerrados deliberadamente en el interior de la Catedral. Distantes, muy distantes de algún salvador, de amigos, familiares o simplemente de la gente. Pasaron varios minutos, antes de que posáramos nuestros pies sobre los gastados escalones que ascienden al púlpito, aquél cuya columna aplasta la figura tallada del demonio. El estrépito que provocamos al contacto corporal contra la madera reseca, por el paso del tiempo, inundó todo el lugar. Pero no tenía importancia. Nadie nos escucharía. Nadie hasta la medianoche. En ese momento alguien me cuestionó. Era Giovanna, y lo que me dijo era el inicio de sus súplicas para que abandonáramos mi propósito. De mi parte, no me atreví a mirarla de frente. Sabía muy bien que ella tenía la razón de su lado; no obstante, no accedí a dar marcha atrás, y lo único que atiné a hacer, fue abrazarla y ceñirla contra mi pecho, decirle que la quería, ¡que la amaba con intensidad!, que sabía que no había sido fácil para ella permanecer a mi lado aquella noche. Pero también le confesé que su compañía me era necesaria. Que me daba el valor suficiente y que, sobre todo, me procuraba felicidad. Por un momento pareció comprender. Me regaló una hermosa sonrisa y creí verla apaciguar sus temores. Subimos hasta lo más alto que la estructura del púlpito nos permitió, y desde aquel lugar contemplamos todo lo que pudo alumbrar la linterna de papá. Era una ubicación inmejorable para esperar y atisbar a la medianoche. Divisábamos casi todo el panorama y, si bien no podríamos hacernos de la ayuda de nuestra luz, a la hora acordada, esto no debía preocuparnos. “Ellos” traerían las suyas... Transcurrió al menos otra media hora, antes que descendiéramos del púlpito, recorriéramos los rincones más olvidados del templo la entrada al coro, la capilla de las plegarias, las criptas de los clérigos, y volviéramos a subir a nuestra posición anterior, diez minutos antes de la medianoche. Durante los pocos minutos que nos quedaban, todo el lugar siguió en calma, tanta como la de un sepulcro, y ya estaba a punto de llegar la hora. Nos agazapamos detrás del resguardo tallado del púlpito. Giovanna apretó mi mano nerviosa. Escuchamos que desde el exterior el reloj de la torre dio las doce campanadas. ¡Entonces fue cuando aparecieron! Observamos cómo fueron congregándose uno tras otro, hasta formar una procesión de cientos. Todos desplazándose lentamente, sosteniendo sus luces, y el interior de la Catedral pareció volverse de día. No hubo lugar que no fuera invadido por aquella luz intensa. Por un segundo tuve mis dudas y lo razoné una vez más: Giovanna, expuesta inútilmente; la espera, una idea desquiciada; mis planes, totalmente inejecutables; “ellos”... y me invadió el terror, un terror como nunca antes lo experimenté. Sujeté la mano de Giovanna aún más fuerte de lo que ella lo hacía conmigo, y mientras fue posible, bajamos del púlpito y corrimos despavoridos hacia la puerta posterior del templo. Lo más probable era que estuviera clausurada; pero no teníamos otra posibilidad más que intentar. En esos momentos la linterna de papá se me cayó del bolsillo; Giovanna quiso detenerse y recuperarla; pero yo no se lo permití. Ya no era posible retroceder. Nos vieron. Seguimos huyendo y le grité que no mirara hacia atrás; gracias a Dios no hubo discusiones y nos pareció ver por delante que la salida lateral estaba milagrosamente abierta. Nos dirigimos hacia el pórtico, lo cruzamos y agradecimos al cielo que todo hubiera finalizado; aunque todavía no para “ellos”. segunda historia Pánico en la noche Lo que voy a contar me sucedió en el año 2.006 cuando me trasladé a Madrid a estudiar Medicina en su universidad. Estaba buscando un piso de alquiler barato por la zona céntrica, y cuando ya lo daba por algo imposible encontré la oferta de alquiler de una habitación, en pleno centro. No tenía pensado alquilar solo una habitación, y aunque el casero era un cincuentón desagradable el precio era tan bajo que decidí aceptar hasta que encontrara algo mejor. Me instalé a los dos días y tras pasar una semana en aquel lugar, decidí que me marcharía lo antes posible. Como sospechaba, el casero era una persona detestable, con la que intentaba hablar solo lo imprescindible, y si podía evitar encontrármelo, mejor. Sin embargo, el no era el principal motivo. Había algo en aquella casa que me inquietaba. Era una extraña sensación que flotaba en el ambiente, y que me ponía los pelos de punta. En mi habitación, la temperatura siempre era más baja que en el resto de la casa, y por las noches me invadía una sensación de frío que me impedía dormir bien. Todo crujía en aquel viejo caserón, y durante mis noches de insomnio podía escuchar el más mínimo sonido que hicieran los vecinos, el ruido lejano del ascensor, o el goteo de las cañerías. Me levantaba cansado y con ojeras, y apenas si podía estudiar por las mañanas de lo agotado que quedaba. Una noche me acosté tarde después de haber pasado varias horas estudiando, y como de costumbre, no pude dormir. Me entretuve escuchando el soniquete de un lejano programa de televisión, que algún vecino tenía puesto. En aquel momento creí escuchar una respiración entrecortada, y asustado dejé de respirar de golpe. Esperé un segundo...dos segundos...tres segundos...debía haber sido mi imaginación…y entonces, la escuché de nuevo. Era muy débil, casi un suspiro, y provenía del hueco de la cama que quedaba a mi izquierda. Me quedé paralizado como una piedra, escuchando aquella respiración entrecortada a menos de diez centímetros de mí. Tenía los ojos cerrados con fuerza, y el corazón latiéndome tan rápido que pensé que iba a darme un infarto. Una ráfaga gélida me recorrió el cuerpo entero, y me puse a temblar de forma incontrolada. Aquello no podía estar pasándome, no debía ser real y sin embargo estaba ocurriendo. Aunque el pánico me dominaba logré convencerme de que se trataba de una pesadilla causada por el insomnio, y que no había nadie a mi lado. Intenté moverme, pero estaba tan aterrorizando que tuve que hacer un esfuerzo para girar la cabeza poco a poco hacia mi izquierda, y sentí como la corriente gélida me helaba la cara. Aunque el miedo me estaba corroyendo por dentro, conté hasta diez, abrí los ojos de golpe y… Grité… grité con toda mi alma hasta desgarrarme las cuerdas bocales y hacer que mis alaridos resonaran por todo el bloque. Cuando el casero irrumpió en mi habitación yo aún estaba gritando en estado de shock. No podía quitarme de la cabeza lo que había visto… aquella mujer que me observaba con un gesto de terror indescriptible, y una mirada triste, tan triste… El casero me hizo callar a guantadas, y logré controlarme un poco. Me extraño mucho que el casero no me pidiera explicaciones por tantos gritos; se limitó a echarme la bronca por armar ruido y se marchó otra vez a su habitación. No estoy muy seguro, pero juraría que lo noté nervioso, quizás demasiado nervioso. A la mañana siguiente, yo aún seguía impactado por lo ocurrido por la noche, y me encontré al salir de la casa a Dolores, la única vecina del bloque que conocía, que me preguntó que tal me encontraba. Le respondí que bien, y estuvimos hablando un rato acerca del casero. Por lo visto, no le caía bien a nadie del bloque. Tenía fama de ser un maleducado y un violento, y al poco de estar hablando salió el tema de su mujer. La pobre Carmen, la de palizas que tuvo que aguantar de ese cerdo antes de que dejarnos….Comentó Dolores ¿Como murió?. La encontraron muerta en la habitación en la que duermes tú ahora. Dijeron que se había suicidado, pero a mi no me engañan. Estoy segura de que la mató su marido, y se las apañó para que pareciera un suicidio. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo y subí corriendo a la casa a recoger mis cosas. No pensaba pasar allí ni un solo día más. Cuando ya lo tenía todo listo para irme, revolviendo entre los cajones encontré una vieja foto bastante descolorida. Por la parte posterior de la foto, podía leerse en una letra bastante mala: Viaje de Carmen a Segovia, enero de 1.987 Se me heló la sangre al verla. Era ella, no cabía duda. La mujer que había visto cuando abrí los ojos, frente a mí, con su terrorífico gesto de terror, y su tristeza abrumadora. Guardé la foto en su cajón y huí de aquel lugar corriendo todo lo rápido que pude. Por temor a que me tomaran por loco no le conté lo que me había sucedido a nadie, y nunca más volví a saber de aquel casero, ni de su difunta mujer. Tras esta experiencia tuve varias crisis de insomnio, no podía dormir y estuve estar en terapia psicológica algunos meses. Ahora que han pasado casi dos años desde que pasó esto ya lo veo como algo lejano, que parece no haber ocurrido nunca. Sin embargo, en algunas noches frías de invierno aún me parece ver en sueños los ojos muertos de aquella mujer, y escuchar su respiración entrecortada al otro lado de la cama… tercera historia El bosque Noche cerrada... Ya habían pasado unas horas desde que se había perdido en aquel bosque, su madre le dijo centenares de veces que no tomase el camino del robledal para ir a casa, ella no la hacia caso, conocía ese bosque como la palma de su mano, iba con su padre desde que tenia cuatro años a recoger setas y a observar los pájaros de alegres colores durante horas... Hacia ya tres años que su padre había muerto, lo encontraron en el río, cinco kilómetros más allá, con el cuerpo lleno de sanguijuelas, desde entonces, ella había seguido recorriendo el bosque, para escuchar los sonidos de la naturaleza, para relajarse, pensar en sus cosas... Recordó también que allí tuvo una experiencia sexual con aquel chico, ¿Como se llamaba? Alfred, aquel joven guapo, con aquellos ojos negros que le atraían de forma incontenible, allí la había arrebatado su virginidad y le pareció lo más bello del mundo, luego, tres meses después el chico la dejó y no volvió a saber más de él, pero aquel acto le seguía pareciendo lo más bonito, ella le había entregado con todo su corazón. ¿Pero que era lo que le había pasado? Siempre tomaba aquel atajo para llegar a su casa, si tenia que seguir por la carretera principal tardaba más de dos horas, cortando por el robledal tardaba apenas una... Trata de recordar Se dijo a si misma ¿Que es lo que ha pasado? Te has quedado embobada, pensando en las cosas del trabajo, luego, te has dado cuenta de que los pájaros no cantaban, y después... ¿Después qué?... Recordaba que había apretado el paso, cada vez mas nerviosa, un temor le oprimía el corazón, miraba cada momento por encima del hombro y, tras pasar más rato del que podía recordar, se empezó a dar cuenta de que estaba perdida... Había dado media vuelta intentando desandar el camino, pero no reconocía nada de aquella parte del bosque, pero... ¿Como podía ser? en sus veintiún años de vida, nunca se había perdido, nunca... Cuando la luna asomó sobre las ramas de los árboles, se había dado completamente por vencida, se resignó a pasar allí la noche, supuso que su madre habría llamado a la policía y que pronto comenzarían la búsqueda, seria mejor para ella quedarse donde estaba que caminar sin rumbo fijo... Encendió otro cigarrillo y se dio cuenta, apesadumbrada que no le quedaba más tabaco ¡Genial! Pensó Hambrienta, sin tabaco y perdida en este maldito bosque... Las sombras de los árboles le comenzaron a parecer cosas que la acechaban, le pareció ver como si un demonio la mirara invitándola a acercarse, le vio por un momento la sonrisa en unos labios petrificados, con expresión de pura lujuria, aquellas cuencas vacías la hacían temblar. Miró hacia otro lado y vio cuerpos degollados, las ramas de los árboles, garras que la querían agarrar para atraerlas a la mas profunda oscuridad, un tormento interminable... Decidió que le iría bien moverse un poco, estirar las piernas y quitarse aquella idea de la cabeza, intentó pensar en cosas cotidianas, el trabajo, la ducha... ¡Dios que bien le sentaría una ducha! se sonrió, ya podía pedir estar en su casa, que ambas cosas eran inalcanzables para ella... Vio a su derecha el camino, a apenas cien metros vislumbró las luces de un coche que pasaba por la nacional, el zumbido del motor, le llegó a sus oídos un instante después, suspiró con alivio, si se daba prisa aún podía tomar el autobús de las doce y media y en poco tiempo se encontraría en su casa y podría abrazar a su madre... Sin saber por qué, se acordó de su padre, hacia unos años, cuando aún era una niña, le había ayudado a pintar el granero, ella le preparaba la pintura mientras él arreglaba las tejas, su memoria viajó un par de meses más adelante y se escuchó reír, mientras oía la voz de su padre alegre que le decía que siguiese así, que lo estaba haciendo muy bien, que no parase, la bicicleta iba más o menos recta mientras la niña, con una inmensa expresión de alegría iba encima de ella... Aun escuchaba la alegre risa en su mente, como si fuese una espectadora más... No, se dio cuenta de que aquella no era su risa, era un sonido que procedía del propio bosque, un poco hacia la izquierda de donde ella se hallaba, miró hacia allí y le pareció ver, a la luz de la luna a una niña, con un vestido blanco inmaculado que corría entre los árboles, con su pelo negro moviéndose al compás de sus saltos... La miro directamente, y le dedicó una sonrisa, una sonrisa gélida, le pareció un rictus de muerte: Ven a jugar conmigo... La niña le guiñó un ojo y se quedó esperando para ver su reacción, un escalofrío le recorrió la espalda Ven, te enseñaré el secreto del bosque... Iba a echarse a correr, en busca de la carretera, pararía a algún coche y le pediría que le llevase a su casa, que le pagaría la gasolina, pero en cuanto buscó el camino, se dio cuenta de que no estaba... ¿Qué demonios es esto? Imposible, no podía creérselo, no quería creerlo, hacia un momento estaba siguiendo el camino, tenia la carretera a apenas sesenta o setenta metros y ahora, ahora no había camino, no veía ninguna luz que le indicase el paso de un coche... Relájate Se dijo Te habrás desviado unos pasos mientras mirabas a aquella niña... ¡No! no se había movido del camino... ¿Entonces? ¿Qué demonios significaba eso? Aquellos árboles no estaban hacia veinte segundos y ahora le cerraban el paso Comenzó a correr siempre buscando la carretera, el aire se volvía cada vez más pesado, más sofocante, le costaba respirarlo, se sentía como si corriese sobre un montón de melaza, se raspaba los tejanos y la blusa rosa con las ramas y las rocas, las piernas le pesaban cada vez más, cada paso era una punzada de dolor que le recorría toda la espina dorsal hasta que al final no pudo más y tuvo que sentarse a descansar, necesitaba tomar aire y pensar en todo lo que le estaba pasando, estaba perdiendo los nervios, y con ellos, la cordura buscó un cigarrillo, se acordó de que el último se lo había fumado hacia ¿Cuanto? una hora... dos... una semana, el tiempo comenzaba a transcurrir de una manera muy extraña, se sentía como si no viese el Sol hacia una vida, necesitaba una señal para no volverse loca... Escuchó pasos detrás suyo y una voz familiar, pero al mismo tiempo como si hiciese años que no debería salir de aquella garganta le dijo: Sigue así, lo estas haciendo muy bien hija mía, pronto encontraras lo que necesitas, veras que el bosque te necesita, igual que tu has necesitado al bosque... Miró en la dirección en la que provenía la voz, y vio a su padre... O lo que había sido su padre en otro tiempo, ahora era un cadáver medio descompuesto, de la mandíbula le colgaban jirones de piel reseca y un limo verde le corría desde donde había estado su ojo derecho, algunas sanguijuelas todavía le colgaban de la garganta y su pecho, descarnado hacia años que había dejado de moverse, tenía el pelo enmarañado, húmedo y con restos de hojas mojadas, tosió y un chorro de agua putrefacta salió desde su boca desencajada en un rictus de dolor. Ven aquí hija mía, déjame ver lo que te hizo aquel muchacho... disfrutaste como una perra eh, ¡VEN AQUI! Ella corrió con lagrimas en sus ojos, no le quedaba un rastro de cordura, sólo corría como un becerro perseguido por lobos, la mandíbula desencajada, gritando sin emitir sonido alguno, perseguida por ese cadáver, escuchando el crujir de aquellos tendones resecos, y una risa ahogada por litros de agua estancada en unos pulmones encharcados, oliendo su pestilencia, ya no pensaba en su hogar, ni en ella como ser, sintió la necesidad de rendirse, de dejarse atrapar, de dejar que aquella cosa, su padre, la llevase con él a los infiernos... De repente se encontró en un claro, la trémula luz de la luna lo iluminaba, sin mas sombras, ella continuó corriendo presa del horror, de pronto, tropezó con una rama que hacia un momento no estaba allí y un estallido de dolor de recorrió las piernas y la muñeca derecha cuando se las rompió... Sin embargo, aquella agonía le había devuelto algo de su ser, vio un objeto que brillaba pálido más adelante y contempló con horror que era una muñeca de porcelana, una muñeca que tuvo hace tantos años... Una muñeca que siempre le había inspirado miedo, se deshizo de ella cuando ya no aguantaba más contemplar su sombra en su habitación y ahora estaba allí, sonriéndole con esos labios de color carmín pintados con tanta delicadeza, ¿Le había guiñado un ojo? estaba segura de que si. Se arrastró como pudo tras una roca y se recostó contra ella, no podía aguantar más, se sentía cada vez mas débil y ante sus ojos vio como todo el bosque se cerraba sobre ella, el claro que había atravesado hacia un momento ahora ya no existía, el bosque se cernía encima suyo, listo para apoderarse de ella, vio a la niña transportando su muñeca en brazos y sin embargo cuando la habló fue la horrible voz de su padre y sus ojos, eran las cuencas vacías de aquel demonio que había visto... Por fin tu necesidad se vera recompensada, el bosque quiere devolverte todo lo que le has dado, tu padre había escuchado la llamada y finalmente acudió, no sin antes haberte hecho sentir a ti esa misma señal, te sentías atraída por el bosque, le diste tu esencia, si hija mía, no se la diste a Alfred, me la diste a mi, se la diste al bosque y ahora el bosque te acogerá en su seno, para que seas siempre nuestra, para que ya no tengas que volver a vivir tu vida monótona, sin tener que preocuparte más por tu trabajo, sin ilusiones ni dolores, sin penas, sin causas, serás un todo con el bosque y lo alimentaras con tu pánico y cuando lo hayas saciado, serás una más entre todos los espíritus que aquí habitamos... ¿Tienes miedo? por supuesto querida... A él no le gusta de otra manera... Tres días después encontraron el cadáver de la joven desmembrado, parecía que tenia cientos de desgarros en su cuerpo y los ojos habían reventado. Parece que se los arrancó ella... El análisis postmortem indica un alto grado de adrenalina, ha muerto de miedo... No quiero imaginarme sus ultimas horas de vida... Esta noche habrá que volver para retirar el resto de pruebas... El forense encendió su cigarro, le pareció ver a una mujer con tejanos y una blusa rosa internándose en el bosque... cuarta historia El espejo Con un cuchillo entre las manos, me veo reflejado en el espejo de mi habitación, aquella imagen me mira con cara desafiante, señalándome y balbuceando crueles insultos contra mi físico, se pasa el viejo y oxidado cuchillo de mano en mano a una velocidad pasmosa mientras no deja de mirarme, sus ojos emanan rabia, dolor y sobre todo odio hacia mi persona, de repente empieza a llorar y caemos a la vez de rodillas al suelo sin dejar de mirarnos a la cara ni un solo segundo, tengo ganas de huir y de gritar pero mis piernas no me dejaran jamás salir de esa habitación. La hoja oxidada del cuchillo acaricia suavemente la cara, el cuello, el pecho y las muñecas de aquel loco reflejo, insinuando una y otra vez que me rajaría de arriba abajo, estaba totalmente dispuesto a llevar su plan a cabo y terminar de una vez por todas con mi cuerpo ya condenado a muerte. Era totalmente consciente que solo tenia que abrir mi mano para que aquella arma blanca amenazadora dejara de mostrarme mi cruel final, caería inofensivamente al suelo que había debajo de mis pies y de una vieja moqueta llena de heces de ratas, mi mente ordenaba la acción a mi mano derecha, pero esta no se inmutaba, aquel reflejo que seguía insultándome y amenazándome tenia total dominio sobre mis actos. Cada vez estaba mas nervioso y mas loco, mi final era inminente. Dejó por un instante de chillar y el silencio se hizo absoluto, solo se escuchaba mi respiración aterrada y mi corazón bombeando con mas fuerza que nunca el final agónico de su última sonata. Sin saber muy bien como, conseguí cerrar los ojos y durante varios segundos no vi mas que oscuridad, siempre la temí, pero en ese momento fue todo un alivio, aunque mis ojos sin dejarme disfrutar demasiado de mi apaciguadora oscuridad se abrieron mostrándome el mismísimo infierno. Una inmensa llanura rocosa de color rojo fuego se abría ante mi, plagada de cientos de cuerpos muertos putrefactos y manchas negras en el cielo, formadas por cuervos hambrientos. El calor era insoportable, el hedor aun mas, y las vistas eran totalmente grotescas, había cuerpos crucificados del revés, también empalados y desollados, a mis pies trozos de miembros humanos descuartizados que impedían ver el suelo y una autentica clase escolar con mas de treinta niños y dos profesores, todos totalmente uniformados con ropa de principios del siglo veinte, que me miraban fijamente mientras el viento mecía sus cuerpos ahorcados de las ramas de un gigantesco árbol como si de una macabra estampa navideña se tratase. El espejo y su reflejo habían desaparecidos, pero en su lugar me encontraba en un sitio aun peor. A mi espalda escucho claramente algo devorar ferozmente con ansia, me di la vuelta y allí estaba esa cosa a escasos metros de mi posición, el reflejo de minutos antes, mi reflejo, aunque esta vez era real, de carne y hueso. De pie, con el mismo cuchillo oxidado en su mano derecha y sujetando con la izquierda un trozo de pie humano totalmente podrido e infectado de gusanos, no me quita ni por un instante la mirada de encima a la vez que devora poco a poco su peculiar manjar. Por unos instantes, el miedo me paraliza todo el cuerpo, pero no es momento de permanecer allí quieto viendo como se aproxima mi muerte. Emprendo una huida veloz que me permita escapar a tiempo de ser asesinado y devorado por mi propio reflejo, pero en su lugar casi ni me inmuto, las piernas me pesan toneladas se mueven con una lentitud pasmosa, el pánico y el terror se hacen dueños de mi, solo consigo desplazarme inútilmente escasos centímetros, escucho sus pasos acercarse a mi, me doy por vencido, su mano me toca el hombro izquierdo, siento su aliento cálido en mi nuca, la punta del cuchillo recorre de arriba, abajo mi columna vertebral se que ese es mi triste final. Violentamente y sin esperarlo me agarró del pelo tirándome hacia atrás con mucha agresividad, me apretó con fuerza la hoja del cuchillo contra mi garganta y justo cuando se disponía a degollarme mis ojos me despertaron. Me encontraba en la litera superior de la celda sentado, empapado en sudor, temblando y respirando con mucha dificultad, al principio no supe donde estaba, asta que la tenue luz de la luna menguante de aquella noche mostraba ante mi la silueta de los barrotes de la ventana devolviéndome a la realidad, fue todo una extraña pesadilla. Bajé de la litera para refrescarme un poco la cara en el sucio y viejo lavabo de la habitación, al aproximarme a mi destino tropeze con algo que había en el suelo haciéndome caer de rodillas, grité en voz baja de dolor, rápidamente me percaté de que el suelo estaba mojado, me puse de pie, agudize la vista para ver que es lo que me había echo tropezar y pude ver en un inmenso charco de sangre, a mi compañero de celda tirado en el suelo, totalmente degollado y con algo parecido a un cuchillo en su mano derecha. Pensé por un momento que seguía durmiendo, pero no era así, grite como un loco pidiendo ayuda, siendo presa del pánico, mi voz debió de ser escuchada hasta en el último rincón de la prisión y no era porque mi compañero estuviera muerto, sino por que creía que aquel reflejo de mi pesadilla estaba allí e iba a matarme.

0
0
relatos de terror segunda parte
relatos de terror segunda parte
ParanormalporAnónimoFecha desconocida

quinta historia el panteon Bueno, en los panteones se encuentran las historias más espeluznantes de todo el mundo, por lo que esta historia está dedicada al un panteón que esta a unas calles de mi casa, el cual tuve la suerte y la desgracia de ir a visitar a las 12 de la noche con mi hermano y uno de sus amigos. El panteón no estaba vigilado en esa época, recuerdo que tenía como 15 años de edad, mi hermano mayor me había contado muchas historias que giraban en torno a este panteón, la primera trata de una mujer que todas las noches está sentada en su tumba, es una mujer muy hermosa, pero que cuando te acercas a ella sientes un frio espectral, la verdad no era ni la mitad de lo que habíamos imaginado, pues llegamos a la tumba de la susodicha, en la cual había un cuadro en donde estaba una carta de suicidio, mi hermano, yo y su amigo la vimos, lo poco que leímos decía que ella se quitaba la vida porque así lo quería y que no le echaba la culpa a nadie, al reverso de la carta, se dibujo a ella misma como un ángel, al ver su foto en vida, mi hermano, como cualquier hombre que le gustan las mujeres lindas dijo: Que lástima, era tan bella, como me hubiera gustado conocerla para hacerla mi novia – En eso sentimos como el aire estaba enfriándose más, de pronto vimos como alguien se acercaba, pensábamos que era el velador y la verdad nos fuimos a ocultar a una de las criptas que estaba apartada de la tumba, para que no nos viera, lo que contare, hace que se me congele la sangre, ya que vimos como una mujer que emitía luz como una luciérnaga, se acerco a la tumba y la verdad, nos sorprendimos mas cuando mi hermano la vio y quedó como hipnotizado, queriéndose acercar a ella, yo y su amigo lo agarramos y evitamos que pasara eso, la chica fantasma volteo hacia nosotros y con una sonrisa se desvaneció en la oscuridad, cuando mi hermano regreso en si nos dijo que ella no era mala y que en su trance vio la razón de su suicidio: Sólo puedo decir que ella no era feliz con su vida, no me quiso decir porque, pero ella prefiere estar en este lugar y me dijo que gracias por el cumplido, que ella también le hubiera gustado salir conmigo – Después de ese contacto aterrador, nos fuimos a la siguiente leyenda que se cuenta en mi colonia, sobre un niño que murió hace años y que en su tumba solo hay una pelota roja desinflada y vieja, pero que dicen muchos veladores que trabajan en ese lugar, que el niño en las noches siempre juega a la pelota e invita a las personas a jugar con él, fuimos a ese lugar y al llegar a la tumba de el niño fantasma, no sé qué paso, pero me perdí, en medio de las tumbas divise una pequeña imagen de una persona, pensé que era mi hermano que me estaba buscando y le grite: hermano, aquí estoy – De pronto, una voz de un pequeño me dijo: hola, ¿quieres jugar conmigo? – Eso hizo que se me helara la sangre y más cuando vi claramente que un niño con algo circular se acercaba, el pánico se apoderó de mi y no supe que paso después, pero al ser despertado por mi hermano, este me dijo que había quedado inconsciente en la tumba de el niño de la pelota roja, la verdad me sorprendí al ver su tumba, ya que la pelota que estaba en ese lugar era vieja y desinflada, les conté lo que paso, ellos me dijeron que no me preocupara y que por suerte, no me había pasado nada grave, la verdad mi hermano y yo nos queríamos ir, pero su amigo nos dije que todavía faltaba mucho que ver, a lo que nos guio a un lugar en donde se entierran a las familias, con todo y sus pertenecías, llegamos a esos lugares, pero su amigo nos dijo que viéramos solo de lejos, ya que podía ser peligroso, en eso, vimos como todas las criptas familiares estaban iluminadas como si hubiera velas en su interior y en esta se escuchaba música, la cual era muy rítmica y melodiosa como si hubiera una fiesta, al terminar de ver y escuchar todo, se nos puso la piel fría y los vellos del cuerpo se nos erizaron, en eso el amigo de mi hermano nos llevo a una cripta en la cual no había luz, en eso él le dijo a mi hermano: esta cripta es de mi familia, prométeme que me iras a ver de vez en cuando muera – Mi hermano se lo prometió y después nos fuimos a buscar la entrada a unas catacumbas que están en ese panteón, al llegar entramos y fuimos a buscar la tumba del demonio, que según dicen, los padres franciscanos lo encerraron para así poder evangelizar y ayudar a los nativos que Vivian en esos lugares, al llegar a la tumba, vimos como había una piedra enorme con unos grabados en forma de cruz, al verla sentí mucho temor, pero de pronto se escucho como empezaba a agitarse la piedra, a lo que su amigo de mi hermano grito: quiere salir y apoderarse del cuerpo de alguno de ustedes, corran, corran con todas sus fuerzas a la salida – Corrimos con mucha rapidez, pero al salir ya no encontramos a su amigo, pensábamos que tal vez se perdió en ese lugar o temíamos lo peor, mi hermano quería ir a buscarlo, pero le dije que no que era peligroso, que mejor llamáramos a la policía, en eso salíamos de el panteón para llamar a la policía, cuando, le hablaron de su celular, al contestar mi mama le dijo algo que se le helo la sangre y yo la verdad no pude dormir de lo que dijo: quien es – mama, dice que mi amigo, el que estaba con nosotros, acaba de morir en un hospital cercano a un accidente que tuvo en el taxi que iba al ir a este lugar – ¿Cómo era posible eso? La verdad lo vimos ese día y estaba más vivo que nosotros, pero la verdad, después de analizarlo bien, ¿Cómo sabia de las criptas familiares y porque la había hecho que le prometiera eso a mi hermano?, después de ir al velorio, mi hermano y yo decidimos no comentar de esto con nadie, después de un mes, mi hermano soñó a su amigo, el cual le dijo que lo fuéramos a ver ese día, fuimos en la tarde, vimos su cripta y le dejamos flores y cigarros, los cuales le gustaba mucho fumar, inexplicablemente sentimos como un viento cálido nos acariciaba, tal vez era el dándonos las gracias. Después, le dije a mi hermano que fuéramos a dejar la pelota que le había comprado al niño fantasma, era roja y muy bonita, se la deje en su tumba y en un rezo le di las gracias por conocerlo y por protegerme, por último, mi hermano me dijo que fuéramos a la tumba de la chica fantasma, a la cual fue a dejarle una rosa roja y acercándose a su retrato le dio un beso en la mejilla, dejándole a un lado de la carta de suicidio, una carta, después de eso me dijo: Llegaremos a un acuerdo, cada vez que mi amigo lo sueñe y me diga que vengamos a verlo, tu iras a ver a tu amigo y yo a mi novia, ya que en sueños yo también la soñé y tuvimos una cita, creo que si no hubiera muerto, ella hubiera sido tu cuñada – Yo accedí, desde ese entonces, cada vez que mi hermano sueña a su amigo, el va a ver a su novia fantasma y yo a mi amigo fantasma, él le llevaba cuando era soltero serenata, flores, chocolates y perfumes, además de que siempre llevaba una carta, la cual nunca supe que decían, yo en cambio le llevaba a mi amigo pelotas, juguetes que ya no usaba y mis rezos para que ya no penara y encontrara el camino a la luz. En la actualidad, a pesar de que mi hermano está casado, va a visitar a su novia, mis sobrinas lo toman a bien, ya que a ellas y a mi cuñada las llevó para que su novia las conociera, yo en cambio, solo lleve a una amiga para que conociera a mi amigo, pero cada vez los sueños son menos recurrentes, tal vez porque su amigo ya está en la gloria de dios o sencillamente ya no quiere que lo visitemos, pero, 9 años después de lo sucedido, he roto mi promesa, para decirles que después de la muerte, hay otra vida parecida a la nuestra, para algunos esto les causa miedo, para otros, no les interesa en lo absoluto, pero para mí me reconforta saber que aun después de muerto, veré a mis seres queridos de nuevo. sexta historia la belleza del averno Todo se apacentaba en una noche donde solo minutos antes calló una lluvia torrencial, todo el ambiente estaba húmedo, la temperatura descendía los grados bajo cero, y la luna llena se ponía sobre sus cabezas, eran dos vampiros con trajes de cuero negro, botas, y abrigos, de nombre Adam y Alice quienes merodeaban la noches, en busca de sus peores enemigos, los Lupinos o mas reconocidos como “hombres Lobo”…corrían con velocidad sobrehumana buscando, asechando, y asesinando al primero que les viera a sus ojos rojos. Al llegar a la calle Bain en el centro de la ciudad…se adentraron en un callejón donde sus eternos rivales estaban esperándoles para una sanguinaria batalla, entre la jauría de esas sucias bestias aparece Batossai el jefe de la manada y viejo amigo de Alice… quien para enardecer a los suyos comenzó aullar como grito de victoria…La pareja de vampiros peleó arduamente pero se dieron cuenta que eran demasiado para solo 2 vampiros y se tuvieron que dar a la fuga. 10 de 30 de la manada les perseguía encabezados por Batossai quien gritaba: “Alicee!!! …VAMOS A JUGAR COMO CUANDO ERAMOS NIÑOS!! JAJAJAJAJAJAJA y gritaba y reía con una voz gutural parte de esas bestias. El par de vampiros seguían huyendo de sus feroces enemigos, Batossai para atraer la atención de Alice gritaba: “ALICE SOMOS IGUALES TU NO ERES SOLO VAMPIRESA…SABES QUE ENTUS VENAS HAY SANGRE DE DEMONIO…SABES QUE DESAS ASESINAR…Y ACABAR CON TODA LA UBANIDAD…ERES UNA BESTIA Y YO SOY EL UNICO QUE TE CDOMPRENDE!! Adam seguía corriendo pero Alice poco a poco se fue deteniendo, sabia que lo que su amigo de antaño era verdad…que ella no solo era un vampiro si no que también llevaba sangre de un demonio y la sangre de un humano en sus venas, muy traumatizada y con Adam una cuadra mas lejos ella se quedo de rodillas en el suelo con la vista baja pensando: “ es verdad…” … Batossai ordenada en aullidos a los otros 10 alejarse…porque el quería darle una mordida…o mas bien el golpe de gracia a su vieja amiga… Adam corrió donde su amiga y desenfundando dos revolvers de color negro como su chaqueta, apuntaba a Batossai y gritaba: “DEJALA EN PAZ BESTIA”!! Batossai sin hacer caso dijo: “Si Te acercas o haces algo, mandare a mis 10 hombres mitad lobo para que la despedacen ante tus ojos”. Se le acercó…le susurró algo al oído…mientras ella se hallaba inmóvil por la conmoción de recordar lo que mas dolor le trae no hacia nada… La horrenda bestia acercó sus mandíbulas abiertas para sacarle un pedazo de carne del cuello… pero algo lo hizo detenerse… el ambiente se enturbió… Alice lo miró… y ya no era solo un vampiro… era un demonio… sus ojos parecían dos llamaradas incandescentes del infierno, su enemigo se alejó un poco y ella comenzó a gritar de dolor… como si en su espalda saliera algo. Todo era dantesco… Ya no era una vampiro…era una belleza diabólica…La diosa de la muerte que salió del infierno…Alice ahora poseía alas negras sus ojos eran incandescentes llamaradas en aquella oscuridad…y su mano derecha en vez de uñas unas afiladas y largas garras que parecían dagas. Adam se hallaba atónito sin poder hacer nada… Alice solo batió sus alas…y con una velocidad que superaba a al de su estado de vampiro…apareció al sentido contrario donde se hallaba…en menos de una fracción de segundo …Aparecían todos los cuerpos de los hombres lobo regados en el piso, con sus estómagos abiertos … Battosai rió fuertemente: JAJAJAJAJA NO LOGARSTE HACER NADa…pero su risa se detuvo cuando puso su mano en el pecho y se dio cuenta que su corazón le fue arrancado y cayó muerto instantáneamente…Adam miró a Alice asustado pero vio que ella perdía la fuerza vital mientras guardaba sus alas negras como esa noche…y la muchacha quien dejaba su estado de demonio volvía a ser un vampiro…un vampiro que perecía. El la sostenía en sus brazos preocupado porque su amiga a quien en secreto amaba moria sin remedio… entre sollozos ese joven vampiro le decia: “Alice…no me dejes…porfavor…he guardado esto en secreto pero te amo desde que la noche eterna nos unió”… Ella en sus últimos momentos de vida dijo: “A..a..adam…yo…tam…”…y soltó la mano de su amado sin poder completar su frase…falleciendo en los brazos de la única persona quien la había amado en aquella sobrenatural vida….Quedando solamente aquel joven vampiro en una masacre entre bestias del averno… septima historia ser espectral Ahora el horror porta una nueva cara... A pesar de que el auto de Marco Antonio llevaba las luces encendidas, una extraña bruma invadió por completo los carriles de la avenida Observatorio, al poniente del Distrito Federal. De esa pesada niebla, la silueta bien torneada de una figura femenina apareció de pronto en la acera. ¡Que raro! pensó el joven conductor al ver que pasaba la una de la mañana y la zona además de ser oscura, también peligrosa. Sin saber por qué, Marco redujó la velocidad y decidió orillarse para indagar el motivo de que una chica, de buen cuerpo y seguramente también muy hermosa, estaba en el peligro que representa la gran cuidad. ¿Te ocurre algo? preguntó intrigado mientras bajaba el vidrio de la ventanilla. Sin embargo, no recibió respuesta; la joven le dio la espalda, blanca, misma que terminaba en un par de caderas anchas. Levantó la mano y le hizo una seña para que la siguiera. Pensando en un problable romance, Marco descendió del auto y decidió comenzar una conversación. ¿Quieres que te lleve algún lugar? lanzó una invitación directa, pero ella sólo se volteó mostrando una negrísima mirada, penetrante y seductora. Sin decir nada, guiñó el ojo derecho; su rostro estaba cubierto con fino velo blanco, extendió sus manosinvitándolo a que la siguiera a las oscuras calles de la colonia. ¡Mejor vamos a tomar un café! exclamó al descubrir que en verdad, estaba frente a una hermosa mujer. Nuevamente, el misterio de esa dama lo obligó actuar sin pensar en que ese fugaz encuentro pudiera tener un final trágico. Comenzó a seguirla por los intrincados laberintos urbanos; al paso de ambos, los perros no paraban de ladrar entre un nube de vapor que no dejaba ver los dos cuerpos en su totalidad. ¡Espera por favor!, gritó un tanto cansado, pues el paso de la mujer era rápido y sin rumbo fijo ¡no te voy hacer nada, sólo quiero platicar contigo! Tras caminar varias cuadras, Marco se percató que se encontraban muy cerca de uno de los tanto cementerios de la zona. Decidió detenerse y regresar a su auto. ¡Tú ganas!, dijo respirando exaltado ¡mejor me regresó a mi coche! ¡Faltan unos cuantos metros! respondió ella con voz hueca y perdida, a pesar de que se podía distinguir que en verdad, era voz de mujer. Marco fue invadido por un intenso frío, logrando paralizar los musculos de las piernas. Sin dejar de dar la espalda, ella prosiguió su marcha, pero ahora más lenta. Raros rugidos emanaron de su respiración y una extraña luz grisácea cubrió el escultural cuerpo. ¿Te sientes bien? preguntó extrañado al escuchar esos espantosos sonidos. ¡Ya llegamos! respondió con una voz gruesa y cavernosa, justo a la entrada del camposanto. Seducido por las formas femeninas, Marco posó sus manos en las caderas de la mujer que estaba tiesa y fría, como si se tratara de un muerto. ¡Estás helada! exclamó sintiendo un enorme nudo en la garganta. El joven aventurero no se percató de que esas finas y delicadas manos se habían transformado en unas garras asquerosas, con uñas chuecas, enormes y bien afiladas. ¡Abrázame más! propusó aquel ente diabólico mientras lentamente se daba la vuelta para estar frente con su nueva víctima. ¡Dime quién eres! agregó él, envolviendo la gélida cintura de dama. Un escalofriante grito salió de la garganta del muchacho al ver que esa delicada silueta se había transformado en un ser infernal. El rostro de un ser de ultratumba, putrefacto y descarnado, no paraba de lanzar grotescas carcajadas, mientras los enormes dientes escupían un hediondo aliento. Como pudo, Marco escapó de esas fuertes garras que se clavaron en su espalada y corrió sin rumbo para ponerse a salvo. Para su desgracia, atravesó sin fijarse una ancha avenid, quedando a merced de un camión que circulaba por el lugar. El chofer frenó y trató de esquivarlo, el golpe fue inevitable, dejando el cuerpo de él tirado en medio de la calle, con las ropas llenas de sangre... ¿Dónde estoy? preguntó con voz débil, mientras miraba con pesadez sus brazos llenos de agujas y mangueras. ¡En el hospital! respondió su hermano que por fin, respiró a varios días después del accidente ¡Te atropelló un camión y casi te mueres! ¡Fue por esa mujer...! ¿Cuál mujer? preguntó extrañado al escuchar la versión ¡Te encontraron a las afueras del panteón!, estabas solo A penas cerró los ojos, las imágenes de ese ente sepulcral danzaron siniestramente en su memoria, alterando su pulso y llevándolo aferrarse a las sábanas. ¡Cálmate!, suplicó el hermano, tratando d explicar lo sucedido esa zona es muy peligrosa, ayer se mató un joven en su auto; perdió el control y se estrelló contra un poste... Te puedo asegurar que yo sé lo que ocasionó su muerte respondió con voz pesada, recordando al espantoso fantasma que recorre esa zona del poniente de la megaurbe. octava historia la cosa al final del pasillo Nunca hubiera pensado que en un lugar como en donde trabajo (un centro de investigación) iba a toparme con eso, pero allí estaba, al final del pasillo. Justo frente a mí. Tenía la idea de que tarde o temprano me iba a encontrar con algo similar, pero no esperaba que fuera a ser verdad, y menos tan pronto. Debía de haberme dado cuenta cuando encontré ese libro, pero me pareció estúpido como ahora me parece todo el asunto. No sé, nunca me pareció lógico ya que el doctor Gómez era un investigador serio. Uno de los más productivos de todo el lugar, era de verdad estúpido que él tuviera en su poder un libro de ese tipo, algo de magia negra. ¿Qué diablos hace un libro de magia negra en un laboratorio de investigación? ¡Absurdo! Así como esas macetas con un moño rojo en las plantas. Pero yo vi el libro en el escritorio del doctor. Ni siquiera le estaba buscando a él, era a su asistente a quien yo buscaba, ya que ella había quedado de prestarme un reactivo que necesitaba. Cuando llegué me dijo que la esperara en el despacho del doctor porque estaba platicando de algo más o menos privado, le dije que después volvía pero ella me insistió en que me quedara. Al entrar en el despacho, fue cuando lo vi, Era un libro muy antiguo al parecer por el color de las tapas. Me llamó la atención enseguida, era como si el maldito libro me llamara. No tenía nada impreso en la portada. De hecho, cuando lo abrí, pude ver que no tenía nada impreso, estaba todo escrito a mano en unas hojas amarillentas y una tinta descolorida pero legible. No estaba escrito en ningún idioma que yo conociera. Pero en la primera página tenía un rótulo en un lenguaje que sí entendí: “Vermis Misteries”. “¿Qué diablos es el misterio de los gusanos?” pensé “Gómez ni siquiera trabaja con lombrices o vermicomposta ni nada que se le parezca”. Hasta donde yo sabía hacía investigación sobre el efecto de ciertas drogas para prolongar la vida y juventud de las ratas. Lo que me dejó sorprendido, no fue el libro en sí, ni siquiera el hecho de que fuese sumamente antiguo, sino lo que el libro me hacía sentir. Lo primero que sentí, era una fuerte atracción hacia el libro, como si en él hubiera un secreto muy importante de que necesitara enterarme, y pronto. Pero en cuanto lo abrí me sentí lleno de repugnancia, con solo ver las palabras escritas, se me antojaba que se trataba de algo malsano, repugnante, ominoso. Algo por completo antinatural. Ni siquiera era capaz de leer las palabras, pero de solo verlas escritas en ese libro, me hacía sentir que había algo por completo equivocado al respecto. Sentí ganas de quemarlo, pero opté por dejarlo tal y como lo había encontrado. Finalmente me dieron el reactivo por el que había ido y me fui sin dejar de pensar en el libro. ¿Vermis Misteries? – Me preguntó Rolando cuando le hablé del libro – Me suena, me suena. ¡Ah, si! ¡Ya me acordé! Pero, ¿Dónde me dijiste que lo leíste? ¿Por qué? – Repliqué – De hecho, no lo leí, solo lo vi. Pues es que ese libro no existe. ¿Cómo que no existe? Apenas ayer lo vi. Pues ha de ser una imitación. Existen varias versiones del Necronomicón pero ese libro tampoco existe, es una “leyenda”. Lo inventó un escritor de terror y pues hubo quienes creyeron en su existencia hasta el grado de escribirlo. Pero esto no era un libro comercial, era muy antiguo como para ser la invención de un escritor moderno. Le di la información a mi amigo y él agregó que los fanáticos de esas cosas hacían imitaciones muy buenas. Bueno, de todos modos, ¿De qué se supone que habla? – Pregunté. No estoy muy seguro, creo que se trata de magia negra, algo así como la manera de resucitar muertos o como volver de la muerte y cosas por el estilo. Bueno Rolando, gracias por tu ayuda, nos vemos luego. Sale, nos vemos. No me preocupe o trate de no preocuparme más por el asunto. Pero debí de haberlo hecho, aunque ni aún así hubiera podido evitar lo que finalmente ocurrió. Las cosas comenzaron a suceder poco después de que yo viera el libro. El laboratorio en el que trabajo se encuentra cerca del laboratorio del doctor Gómez, así que en ocasiones me entero de lo que ocurre cuando alguien se pone difícil. Nada que el doctor Gómez no sea capaz de controlar. Lo que escuche ese día, no era una discusión con un estudiante problemático, me pareció que estaba gritándole a su asistente. Pero no estaban peleando, al parecer estaban persiguiendo una rata que se había fugado. ¡Me mordió! ¡Con una chingada! ¡Agárrala! ¡Se está escapando! Decidí salir a ayudarles pues me llevaba bien con ellos, pero cuando salí al pasillo y vi la rata a la que seguían, me detuve. Al parecer, era una rata común y corriente, de esas ratas blancas de laboratorio de no sé que cepa. Al principio intenté seguirla, pero la rata me vio directamente a los ojos y cambió todo. No puedo negarlo, tuve miedo. Ya que los ojos de esa rata no eran los ojos de un animal normal. Ni siquiera los ojos de un animal enfermo o enloquecido. No tenían ningún brillo. Eran los ojos de un animal muerto. Pero el maldito bicho se movía como si estuviera vivo, así que cuando sus perseguidores salieron, poco acostumbrados a correr como estaban, no lograron darle caza. ¿Eso qué era? – Les pregunté. Solo una rata. No quise saber más. Poco después, fui a entregar un material que me prestaron pero no estaba ni el doctor ni su asistente ni el técnico, así que le dije a uno de sus estudiantes que iba a dejarles el material con una nota en el despacho del doctor. Cuando entré, allí estaba el libro, justo al lado de la bitácora del doctor. Nuevamente me sentí atraído por el libro y pude darme cuenta que alguien lo había estado leyendo, incluso tenía una hoja dentro para señalar una página. Pero no pude evitar echarle un ojo a la bitácora del doctor. Allí me enteré del incidente de la rata desde otro punto de vista. Habían estado dándole un tratamiento que no explicaba correctamente, algo raro en el doctor “Esa sustancia que el libro describe es capaz de hacerlo, la rata comenzó a moverse después de 24 h. Me mordió cuando la estaba revisando y escapó. Debo tomar tratamiento.” No me atreví a leer más. El día siguiente fue cuando noté algo raro en el doctor. Su piel se notaba afectada, tenía las ojeras aún más marcadas que de costumbre y los ojos vidriosos. Cuando le pregunté sí le ocurría algo, respondió con evasivas. Ese mismo día, el doctor Gómez murió. Ocurrió un par de horas después de que yo hablara con él. Escuché un grito proveniente del pasillo y pude darme cuenta que algo no marchaba, porque un rumor comenzó a escucharse y enseguida un griterío. Todo se volvió un caos en cuestión de segundos. Y cuando salí al pasillo, alguien me dijo que Gómez había muerto. Vi su cadáver. No puedo decir que me haya espantado, pero lo que vi, no me resultó agradable. El cuerpo del doctor no era (o al menos no parecía) un cadáver reciente. Su piel estaba verdosa, y su cabello se desprendía con facilidad de su cabeza y sus ojos parecían a punto de disolverse. Su asistente insistió firmemente en que lo dejaran en el laboratorio antes de ser llevado a un hospital, solamente la escucharon cuando dijo que eso le había pedido el doctor y nadie se opuso pues al parecer, nadie quería contradecir la voluntad de un difunto reciente. El asunto resultó penoso… Penoso, vergonzoso y espantoso, porque cuando finalmente iban a retirar el cadáver del doctor, este había desaparecido. Su asistente tuvo muchos problemas ya que se le acusó de haberle hecho algo al cadáver. Ya que ella pidió que dejáramos solo al cadáver en el laboratorio, aunque hubo quienes se opusieron ya que querían acompañar los restos mortales del doctor, pero nuevamente volvió a usarse el argumento de que “era la última voluntad del doctor”, así que se dejó el cadáver sobre una de las mesas y se cerró la puerta del laboratorio. Veinte minutos después, cuando volvió a abrirse, el cadáver del doctor no estaba allí. Por fortuna para su asistente, ella estuvo todo ese tiempo en un laboratorio contiguo, hecha un mar de lágrimas. Nadie pudo probar que ella robó el cadáver del doctor, especialmente porque hubo quienes se quedaron haciendo guardia frente a la puerta del laboratorio. De la misma forma en que nadie pudo demostrar que ella robó el cadáver, tampoco nadie fue capaz de encontrarlo por más que se le buscó, solo quedaba un montón de mugre y un penetrante olor a putrefacción. El centro completo tuvo problemas con la policía, la investigación duró meses sin obtener resultados. Solo unos cuantos supimos como acabó todo, y espero que no vuelva a ser testigo de algo tan atroz. Esa noche me quedé porque uno de los equipos estaba teniendo problemas y se me pagó para que me quedara a vigilarlo, así que estaba yo entrando y saliendo constantemente del laboratorio y fue entonces cuando lo vi. Algo avanzaba hacia mí desde el final del pasillo. A lo lejos, tenía un enorme parecido con el fallecido doctor Gómez, así que me acerqué a verlo. Pero me detuve por el pestilente olor a podrido que despedía. Fue por ese que comencé a sentir miedo. Y por algún motivo, supe que a pesar de su gran parecido con el doctor, no era él. ¿Ocurre algo? – Le pregunté La cosa que tenía delante de mí, comenzó a agitarse y a farfullar algo sin sentido, hasta que finalmente entendí lo que decía, era la voz del doctor la que me dijo: No puedo… No puedo controlarlos… ¡Huye, antes que sea tarde! ¡Vete! Me quedé allí parado sin entender qué ocurría cuando el ser que tenía frente a mi se agitó y comenzó a reír, al principio despacio y muy por lo bajo, después con fuerza hasta que su risa se tornó en carcajadas, no la risa de alguien feliz, sino la risa de alguien que ha perdido la razón. Soltando un alarido, me atacó. Me embistió con su hombro y me derribó. Un espantoso detalle se me reveló en ese momento, que el rostro de la cosa que tenía frente a mí, no estaba formada por una sola pieza, sino de varios fragmentos. Gusanos fue la primera palabra que me vino a la mente. “¡Esta cosa me va a matar!” Pensé y comencé a moverme para alejarme, ¿Podrían dejar de hacer tanto escándalo? – Reclamó alguien que salió de un laboratorio cercano. Su rostro cambió de pronto de la furia a la más pura expresión de terror. La puerta del laboratorio se cerró. Yo ya estaba de pie en ese momento, dispuesto a pelear, de pronto escuché un disparo y observé como se formaba un agujero en el cuerpo de la cosa. En el otro extremo del pasillo, el vigilante apuntaba con su arma. ¡Es mejor que te detengas! – Gritó. La cosa comenzó a reír, se dejó caer al suelo y se fragmentó en una miríada de gusanos. El vigilante le disparó, pero las balas eran inútiles contra la inmunda legión de gusanos que se arrastraba por el pasillo. ¡Maldita sea! – Clamó el vigilante y salió en busca de algo, me pareció, por más balas. Regresé al laboratorio pues se me había ocurrido algo. Cuando salí al pasillo, la repugnante masa de gusanos había vuelto a unirse, pero aún no del todo, así que aproveché y le lancé un banco provocando que los gusanos volvieran a separarse, sin pausa, le vacié por completo la botella con alcohol que había sacado del laboratorio y le prendí fuego. Entonces llegó el vigilante junto con otros dos. Usted lo vio, ¿verdad? – me preguntó. Si – Respondí – Y espero no volver a verlo. Dígales que sí es cierto. Pregúnteles usted – Dije yo – de donde salieron esos gusanos. Uno de ellos tomó el extintor pero no se lo permití. No quería que uno solo de esos gusanos quedara vivo. Aunque se sentía un olor espantoso, no podía permitir que uno solo escapara. Media hora después, levanté las cenizas y las enterré. Nunca dije nada, por más que el vigilante habló de lo que había visto esa noche. La asistente del doctor me contó que él le había pedido ayuda para inocular a las ratas con algo, ella no sabía qué, y que una de las ratas, a su parecer, había muerto, y un día después, estaba moviéndose dentro de la jaula. Cuando la sacó el doctor para revisarla, la rata lo mordió y escapó. Me dijo que no sabía nada acerca del libro, de hecho, no había vuelto a verlo. Estoy preocupado por la desaparición del libro, pero hay algo que me tiene más inquieto: Debo estar al pendiente de las ratas. dejen puntines

1
2
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.