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Registrate y eliminá la publicidad! Tres notas sobre el conflicto entre Israelies y Palestinos publicadas por la Corriente Socialista El Militante (ARG) nos da una vision clara del conflicto y proponen un salida revolucionaria y obrera. Las recomiendo. Saludos para todos. Israel declara la "guerra total" contra Gaza Escrito por Comité de redacción de Militaant (periódico de la Corriente Marxista Iraní) martes, 06 de enero de 2009 Mientras la mayoría de los trabajadores en Europa y América están ocupados celebrando las navidades, la burguesía sionista comenzaba una campaña de bombardeos, desde hace tiempo planificada, contra Gaza que según Ehud Barack, el ministro de defensa, será una "guerra total" contra Hamás. En común con otros regímenes reaccionarios de la región, como Turquía que bombardeó las bases del PKK dentro de Iraq, el régimen iraní que detuvo a muchos activistas obreros, Israel ve los períodos de vacaciones en occidente como una buena oportunidad para asesinar y subyugar a los trabajadores y a los oprimidos, sin una gran respuesta del movimiento obrero internacional y los socialistas. El 27 de diciembre las Fuerzas de "Defensa" Israelíes comenzaron los bombardeos contra el gobierno de Hamás y civiles indefensos de Gaza, utilizando aviones F-16, helicópteros Apache y aviones automáticos. Además de asesinar a muchos militantes de Hamás, incluidos tres de sus dirigentes, han asesinado a más de 430 personas, entre ellos muchas mujeres, niños y otros civiles. El número de heridos, actualmente unos 2.200, es una prueba clara de que la campaña de bombardeos de ninguna manera es una medida "defensiva", no tiene nada que ver con una respuesta "proporcionada" al lanzamiento de cohetes Qassam y morteros. La lista de víctimas israelíes es de sólo 4, es decir, una ratio 1:100 comparada con los palestinos, ¡este hecho demuestra claramente la naturaleza desproporcionada del ataque! La lista de objetivos también deja claro que esta medida realmente significa debilitar la resolución del pueblo palestino y Hamás (incluso puede que derribarlo). Los israelíes han bombardeado edificios de Hamás, comisarías, los ministerios de educación, interior, justicia, la Asamblea Legislativa, el Edificio de Defensa Civil, la Universidad Islámica y dos mezquitas. Gaza: ¿el territorio ‘no ocupado'? Se ha dicho mucho de la "retirada" israelí de la Franja de Gaza en 2005. Los apologistas del sionismo incluso intentaron presentarla como un paso hacia la creación de un Estado palestino. Pero el ejército israelí ha seguido controlando el espacio aéreo de Gaza, sus costas y fronteras. Además, los preparativos de esta "retirada unilateral" incluyeron el asesinato de muchos dirigentes y activistas palestinos de Gaza, y el derribo de docenas de casas próximas a la frontera egipcia. Después se les dijo a los palestinos de Gaza que oficialmente "no estaban ocupados" y que ¡el ocupante sionista ya no era un "problema"! Eso dejó a los imperialistas israelíes libres para buscar otro escenario para sus aventuras militares en Líbano en julio-agosto de 2006. Pero su humillante derrota a manos de Hezbolá exacerbó aún más su crisis interna, les hizo regresar a Gaza con la esperanza de una victoria rápida y fácil frente un contrincante más débil. Los actuales bombardeos llegan después de dieciocho meses de bloqueo israelí (con la ayuda de Egipto) que ha significado el cierre de casi el 95 por ciento de las fábricas de Gaza. Una asfixia de la economía que ha provocado un desastre humanitario para los 1,5 millones de habitantes: el desempleo está próximo al 49 por ciento y el 51,8 por ciento de la población vive por debajo de la línea de la pobreza. El bloqueo estaba destinado a poner de rodillas a los palestinos de Gaza, hacerles aceptar que son un "pueblo derrotado", obligarlos a rechazar a Hamás y elegir dirigentes más aceptables para el imperialismo. ¡Eso es lo que dio el sionismo a los palestinos a cambio de seis meses de alto el fuego! Israel: ¿el guerrero poderoso? La crisis en Israel no es nueva. Además de los escándalos de corrupción de políticos como Ariel Sharon (y sus hijos) en los años noventa, los que implicaron al presidente Moshe Katsav en 2005 y al primer ministro Ehud Olmert; la sociedad israelí sufre una crisis económica y política importante. Este hecho ha tenido un impacto grande en la cohesión social de la "patria judía" y ha reducido drásticamente su peso militar y diplomático en la región. Durante los años 2003 y 2005, el desempleo israelí fue superior al 10 por ciento. Desde entonces ha caído un 0,6 por ciento al año y actualmente es un 7,6 por ciento. Para los jóvenes entre 2002 y 2004 la desocupación fue superior al 20 por ciento. Aunque la situación económica en general ha mejorado, en gran medida gracias a la masiva ayuda económica norteamericana desde 2004 a 2006. Incluso así, más del 21 por ciento de la población aún vive por debajo de la línea de la pobreza. (Oficialmente el imperialismo norteamericano ahora sólo proporciona ayuda militar a Israel. Y desde el 2007 recibirá 3.000 millones de dólares anuales durante diez años). Además está la humillante guerra contra Hezbolá en Líbano que llevó a que altos mandos del ejército y Amir Peretz (¡el sindicalista ministro de guerra!) perdieran sus empleos. Olmert y el gobierno encabezado por el Kadima quedaron debilitados. Las elecciones programadas para el 10 de febrero de 2009 se suponía que iba a resolver la debilidad del gobierno de coalición. Sin embargo, el Likud de Benjamín Netanyahu ya está en cabeza en las encuestas y los dirigentes del Kadima (Tzipi Livni) y del Laborismo (Ehud Barak) compiten entre sí para ver quién consigue más bancas en el Knesset (parlamento). Después del veto de George Bush al bombardeo de instalaciones nucleares iraníes (debido a las implicaciones que este ataque tendría para EEUU en toda la región), sin capacidad militar para lanzar este ataque por sí solo, Israel ahora ha tenido que elegir un objetivo más fácil para salvar su posición. La burguesía sionista no tiene una estrategia clara, incluso aunque algunos de los objetivos sí lo son: redención del stablishment militar y político después del fiasco de 2006 en Líbano (y cubrir totalmente cuatro años de retórica belicista y de preparativos de largo alcance para atacar Irán); impulsando al Kadima y al Partido Laborista a costa del Likud, debilitando a Hamás y estableciendo nuevos "hechos sobre el terreno" antes de que se acuerde el próximo alto el fuego, y mejorar su posición antes de que llegue al cargo el gobierno Obama. Sin embargo, en lugar de conseguir la unidad nacional y fortalecer la coalición Kadima-Laborismo, la campaña de Gaza ha sacado a la luz las diferencias que existen dentro del gabinete. Ehud Barak, el ministro de defensa y líder del Partido Laborista, maniobra para conseguir ventaja frente a Tzipi Livni, la ministra de exteriores y nueva líder del Kadima. Según un funcionario israelí, entrevistado por The Financial Times (3 de enero): "... Livni está a favor de la pura disuasión". Esto significa bombardear masivamente objetivos de Hamás y después advertir a Hamás de que si "no dejan de lanzar cohetes regresarán y los golpearán aún más duro". Ehud Barak está a favor del "posicionamiento internacional". Esto significa "... no parar hasta que consigamos algún tipo de acuerdo con respaldo internacional que suministre monitores u otras garantías para reducir considerablemente los ataques de Hamás". Barak está tan entusiasmado que a principios de esta semana informó a periodistas israelíes de una propuesta francesa de alto el fuego (aunque hay versiones contradictorios de lo que él dijo exactamente). Este hecho fue negado rápidamente por Olmert y Livni. Los desacuerdos han llegado a tal punto que el viernes 2 de enero Haaretz, el periódico "liberal", incluso ¡llamó a un "alto el fuego por arriba" en el gobierno israelí! Los regímenes árabes y la bancarrota del nacionalismo árabe El bombardeo sistemático de Gaza deja de nuevo al descubierto la bancarrota total del nacionalismo palestino y del nacionalismo árabe en general. Para los palestinos, como para los árabes, la ‘lucha armada' sin sentido del primer período que duró hasta la expulsión de la OLP del Líbano en 1982, y las numerosas negociaciones posteriores sobre las fronteras impuestas por los ladrones y saqueadores imperialistas, han llevado a una brutalidad cada vez mayor, al hambre y la desesperación para las masas. A cambio, esta desesperación ha fructificado en los confusos y, en última instancia, inútiles actos de los nuevos movimientos guerrilleros. La bancarrota de la vieja política ahora se ha sustituido por los atentados suicidas de los grupos islámicos que repiten los mismos errores de la anterior generación de una forma cruel y que desperdicia sus vidas sin ningún avance en la lucha de masas. A pesar de todos sus intentos, los israelíes no conseguirán socavar a Hamás ni a otros grupos palestinos que defienden la resistencia contra el ataque sionista. Los sionistas realmente lo que hacen es fortalecer este tipo de movimientos, como ocurrió con Hezbolá en 2006. Por esa razón estos movimientos, por ahora, se han convertido en la única esperanza para las masas oprimidas y explotadas. Como hemos visto, las principales bajas políticas han sido la "Autoridad Palestina", Abu Mazen y su grupo Fatah; todos los regímenes reaccionarios árabes que el imperialismo considera "moderados", sobre todo el egipcio (con su papel directo en el bloqueo de Gaza) y Arabia Saudí; y la Liga Árabe con sus palabras vacías. Estos regímenes y movimientos son vistos claramente como instrumentos del imperialismo para aplastar las luchas de la región. La "comunidad internacional" La "comunidad internacional", los países imperialistas y sus distintos lacayos enmascarados como los adalides internacionales de la democracia, se han apresurado a condenar la violencia de ambas partes. Sin embargo, olvidan convenientemente mencionar que la violencia del Estado imperialista israelí no se puede igualar con las acciones de las masas palestinas o de las embrionarias estructuras estatales de Hamás. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el comité coordinador de los países imperialistas, celebró una reunión el 28 de diciembre y publicó una declaración de prensa, ni siquiera una resolución, y "expresaba su seria preocupación por la escalada de la situación en Gaza y pedía un cese inmediato de toda la violencia". De esta manera igualaba también la violencia del opresor con la del oprimido. También "... pedía a todos los partidos que se ocuparan de las serias necesidades económicas y humanitarias de Gaza y tomasen las medidas necesarias, incluida la apertura de los pasos fronterizos, para asegurar la provisión continua de suministros humanitarios, incluida comida, combustible y medicinas". Además de Israel, el gobierno egipcio tampoco ha tomado nota de este consejo. Por supuesto, incluso las resoluciones adoptadas por la ONU, como la 242 después de la Guerra de los Seis Días en 1967, y las peticiones de "retirada de las fuerzas armadas israelíes de los territorios ocupados en el conflicto reciente", pasan desapercibidas para Israel. (Hay una larga lista de resoluciones de la ONU y convenciones internacionales, como el Artículo 147 de la Cuarta Convención de Ginebra, que Israel ignora y la "comunidad internacional" cierra los ojos antes este desafío). La "comunidad internacional" no quiere que se descubran las verdaderas causas de los problemas de la región. Éstas se remontan al menos a hace noventa años, a los acuerdos de Sykes-Picot que desmembraron el derrotado Imperio Otomano y lo dividieron entre el imperialismo británico y el francés; dividiendo a los árabes en muchos Estados y negando a los kurdos su propio estado nacional. Después llegó el mandato británico sobre Palestina y la declaración de Balfour. Más tarde, en 1947, la ONU recompensó al terrorismo y la "limpieza étnica" de los sionistas, aprobando y sancionando la creación de un Estado colonial-colono que se convertiría en la base más fiable del imperialismo en la región (a partir de ese momento y hasta el día de hoy apoyó constantemente todas sus agresiones y violencia). Todos estos acuerdos forman la base de la dominación y explotación actual de los trabajadores de la región. No obstante, el comportamiento de los imperialistas durante estos últimos seis años ha destrozado las ilusiones de muchos en la región. Las masas han visto cómo con el pretexto de promover la democracia, el imperialismo norteamericano ha derribado el régimen baathista en Iraq, han hecho la vista gorda a los abusos de sus amigos y aliados, y ha apoyado aún más descaradamente la política israelí. El gobierno Bush incluso cuestionó e ignoró aquellos resultados electorales que no le gustaban. Muchas personas en la región ahora saben que la burguesía de los países imperialistas es la causa de sus problemas y que, por tanto, no pueden formar parte de una posible solución. Cualquier dirigente que intente crear esperanzas en conversaciones, o peor aún, en conversaciones sobre conversaciones, con los ladrones y saqueadores imperialistas no conseguirán la confianza. Incluso aquellos que guardan silencio ante los abusos de los imperialistas y los sionistas han perdido la mayor parte de su apoyo y autoridad. El punto muerto ofrecido por Hamás Los israelíes, incluso con el último bombardeo y despliegue de tropas dentro de Gaza, no serán capaces de derrocar a Hamás. Este movimiento surgió de la inevitable necesidad del pueblo palestino de resistir la ocupación sionista y de la negativa de los derechos humanos y nacionales básicos después de la rendición de Fatah ante las necesidades del imperialismo en la región. (Esto también se aplica a la Yihad Islámica y a otros grupos fundamentalistas islámicos). La alternativa surgió de la necesidad. Las masas palestinas necesitaban de manera urgente alguien que las protegiera de los ataques israelíes, mientras los burócratas y funcionarios corruptos de Fatah y de la "Autoridad Palestina" estaban ocupados llegando a acuerdos con los imperialistas y los sionistas en Madrid, Oslo, Camp David, Wye River, Sharm al-Sheikh y Annapolis. Sin embargo, este movimiento alternativo, que más tarde se convirtió en la dirección de las masas, se basaba en la misma retórica islámica reaccionaria que durante décadas fue la mejor salvaguarda del imperialismo contra el desarrollo del marxismo revolucionario como fuerza material dentro de las masas. La ideología que el imperialismo norteamericano, bajo el gobierno demócrata de Jimmy Carter, comenzó, financió y promovió en Afganistán seis meses antes de la invasión soviética. La misma ideología que ahogó en sangre la revolución iraní e impidió a los trabajadores tomar el poder. La CIA y los saudíes fundaron la "resistencia islámica" a la invasión estalinista de Afganistán y al "régimen revolucionario islámico" en Irán, que se convirtieron en importantes bases para el desarrollo y extensión del fundamentalismo islámico (en distintas formas) hasta tan lejos como Filipinas, Indonesia, Argelia o Marruecos. Después del colapso de la Unión Soviética y el descrédito de todas las formas de socialismo y comunismo, esta ideología se convirtió en un campo abierto para extender su dulce veneno. Y no había más sedientos que los pueblos más oprimidos entre los musulmanes: las masas palestinas y los chiíes del Líbano. Los efectos a largo plazo de esta ideología sobre los palestinos serán devastadores. La dirección de Hamás está siguiendo la misma estrategia nacionalista en bancarrota de Fatah, pero con un nuevo barniz islámico. No sólo no liberarán a las masas, sino que terminarán cometiendo los mismos errores y llegarán a los mismos acuerdos con el enemigo. Los métodos que Hamás y otros grupos islámicos utilizan para llevar a cabo su política islámica renovada y en bancarrota, son aún más destructivos y están aún más condenados que los utilizados por Fatah (y los demás grupos de la OLP) en los años setenta. Es importante para todos aquellos que se han manifestado contra las atrocidades de la semana pasada, en todo el mundo, en Asia y en Oriente Medio (incluido Israel), Europa, y tanto en Norteamérica como en Sudamérica, que aunque nosotros apoyemos plenamente los derechos del pueblo palestino y su resistencia contra el imperialismo y el sionismo, no apoyamos a la dirección de Hamás bajo ningún concepto o forma. Debemos hacer una distinción clara entre las masas y la dirección apoyada, por ahora, en su oleada de radicalismo. La alternativa marxista revolucionaria La única salida para todos los trabajadores, explotados y masas oprimidas de la región, ya sean árabes, judíos, kurdos, turcos u otras nacionalidades, es luchar conjuntamente contra las fronteras artificiales impuestas por el imperialismo que las han separado y debilitado. La eliminación de estas fronteras están vinculada al derrocamiento de los títeres del imperialismo, ya sean sheijs, reyes o "presidentes hereditarios". Aplastar el yugo imperialismo en la región y el derrocamiento del capitalismo es parte de la misma lucha. La "hoja de ruta" para la verdadera paz y la liberación de los trabajadores y las masas explotadas comienza con el establecimiento de una federación de Estados obreros en la región. Cualquier avance significativo para las masas palestinas debe y sólo vendrá del desarrollo de una alternativa marxista revolucionaria regional a las ideologías y movimientos fracasados que han intentado buscar soluciones "nacionales" a un problema que trasciende las fronteras de la región. Una alternativa que movilice a los trabajadores, a todas las masas explotadas y oprimidas para luchar por el derrocamiento del capitalismo en Oriente Medio. Este movimiento sólo debe condenar el actual ataque de Israel sobre Gaza y las masivas bajas que ha provocado, también al imperialismo norteamericano por su apoyo continuo e incondicional a los sionistas contra las masas palestinas; a todos los demás gobiernos imperialistas, a la ONU y a la "comunidad internacional" con su complicidad en estas atrocidades mediante el silencio, la indiferencia e incluso culpando a los palestinos; a la dirección de los regímenes árabes reaccionarios, particularmente Egipto y Arabia Saudí, por seguir los dictados de Washington; a la dirección de los regímenes "radicales" como la República Islámica de Irán y Siria que explotan de manera cínica la cusa palestina para sus propios intereses; a la dirección de los palestinos, Fatah y Hamás, por su política nacionalista en bancarrota que nunca liberará a las masas; a Hamás y demás grupos islámicos por no ofrecer otra cosa que sufrimiento y sacrificio en una lucha que está aislada de la lucha de clases de los trabajadores y masas explotadas de la región, una lucha condenada al fracaso debido a su ideología islámica reaccionaria y a sus métodos autodestructivos. Un movimiento marxista revolucionario regional defendería la solidaridad internacional con las masas palestinas en su lucha por la justicia y la libertad a un nivel superior. Esperamos con ilusión el día en que la resistencia de las masas palestinas a la política sionista esté vinculada a la lucha de los trabajadores de la región para derrocar al capitalismo y crear una sociedad socialista Más barbarie israelí en Gaza Escrito por Dekel Avshalom (Israel) martes, 06 de enero de 2009 La semana pasada, en un ataque sorpresa, la fuerza aérea israelí entró en la Franja de Gaza y comenzó el ataque. El sábado, la fuerza aérea estuvo acompañada por los ataques de la armada, la entrada de tanques y soldados en la franja, provocando una muerte y destrucción de dimensiones horribles. Hasta ahora, la lista de muertos palestinos está en 526 personas, con 2.500 heridos. Los portavoces israelíes, en particular el ministro de defensa Ehud Barak, nos recuerda que "sólo es el principio". Los medios de comunicación israelíes se regocijan insistiendo en que la "mayoría" de las víctimas son soldados de Hamás. No sabemos exactamente cómo definir un "soldado de Hamás", pero el hecho de que 107 de las víctimas asesinadas fueran niños hace que nos cueste creer este tipo de excusas. La naturaleza de este ataque es evidente. Parece ser que desde la guerra de 1967 Israel no utilizaba este tipo de ataque aéreo masivo. Este ataque estuvo precedido por una serie de maniobras engañosas por parte de Israel para pillar por sorpresa a Hamás. Israel seguía con la pretensión de mantener negociaciones sobre el alto el fuego e incluso permitió la entrada de mercancías en Gaza. Este engaño no debería sorprender a nadie que conozca la forma de pensar de Ehud Barak, utilizó las mismas tácticas engañosas para tranquilizar la situación con los colonos derechistas judíos de Hebrón antes de evacuarles por la fuerza. Un político en una posición tan alta normalmente no utiliza estas tácticas a menos que esté desesperado. La desesperación de Barak es lo que está detrás de este ataque sin precedentes. Aparentemente el ataque llegó en un momento especial para Barak, porque podría ayudarle a mejorar su posición en las encuestas ante las próximas elecciones generales. Estas encuestas mostraban que su partido podría recibir en las próximas elecciones el menor número de votos conseguidos hasta la fecha. Durante mucho tiempo Barak retrasó el ataque para no dar la impresión de que actuaba bajo la presión de sus oponentes. Quería llevarse él todos los honores. Barak planea basarse en una ola de sangre palestina para conseguir un mayor número de escaños en el parlamento. En muchos sentidos, este ataque guarda similitudes con el fiasco libanés de 2006. También es un fracaso asombroso para Israel desde el mismo momento en que se gestó en las mentes retorcidas de Barak y sus generales. Como en Líbano, también aquí el ejército no ha conseguido detener los cohetes lanzados sobre Israel. Hamás lanzó cientos de ellos ininterrumpidamente, asesinando a 3 israelíes en un día e hiriendo a varios. Tampoco sería sorprendente si lo que quiere el ejército es incitar a los israelíes contra los palestinos y mantener su apoyo para esta operación. Como en Líbano, también aquí la operación no tiene un propósito concreto. Es obvio que no puede destruir a Hamás, que seguramente se rearmará dentro de unos meses cuando termine la operación. Todo apunta a un ataque de violencia aleatoria por parte del ejército y sin otra razón obvia que la simple venganza. La diferencia entre esta operación y la libanesa es que ahora los medios de comunicación están llenos de alabanzas al ministro de defensa y al ejército. Colaboración con el imperialismo ¿Cómo explicar una situación donde han agitado tanto a las masas israelíes como para crearles una situación mental vegetativa y miope cuyo objetivo es "vengarse" de los palestinos? No se debería subestimar es la psicología belicista de la elite dominante israelí que ha estado inculcando a las masas israelíes. Los medios de comunicación, el ejército y los políticos han estado colaborando para dar la impresión de que el lanzamiento de cohetes desde Gaza ha convertido los asentamientos israelíes en algo similar a una zona de guerra. En realidad, desde 2004, mucho antes del inicio de esta operación militar, el número de israelíes asesinados por estos cohetes es inferior a 15. Para situar las cosas en perspectiva, el número de trabajadores israelíes muertos en accidentes laborales en este mismo período fue 10 veces superior a ese número. Este dato también es similar al número de israelíes que mueren en accidentes de tráfico en menos de dos semanas. Si Barak realmente quiere proteger las vidas israelíes a través de métodos militares, debería movilizar a la fuerza aérea contra la burguesía israelí y los burócratas estatales responsables de la seguridad en el transporte y no contra las masas palestinas. El ejército convierte la vida de los israelíes de los asentamientos colonos de Gaza en algo realmente temeroso. Les induce un sentimiento de pánico utilizando para ello medios como las sirenas, medidas arbitrarias de "defensa" como agacharse y ocultarse, obligando a la población a refugiarse en los refugios antiaéreos, todo como respuesta a unos cohetes que representan una amenaza mínima para la seguridad. Todo este horror está diseñado con un objetivo: hacer que los israelíes corrientes apoyen la continuidad del control de Israel sobre Gaza, y de esta manera presionar o ayudar a políticos elegidos democráticamente para que sigan la línea que corresponde con los intereses imperialistas. En la actual crisis económica, el control de Gaza es crucial para el imperialismo israelí, más aún que durante la primera insurrección palestina de 1987. Sobre todo, satisface el hambre que tiene el ejército de gasto en armamentos. El ejército y los políticos bajo su influencia, han demostrado estar muy dispuestos a hacer la guerra en cualquier período cuando sus prerrogativas fiscales están en peligro. Lo más crucial para el imperialismo israelí, sin embargo, es mantener la estabilidad de la OLP "moderada" en Cisjordania que proporciona a Israel numerosos recursos en términos de una de las manos de obra más baratas del mundo, un mercado cautivo del que depende la absorción del excedente israelí, además de la tierra y el agua que necesita desesperadamente Israel. Eso requiere "pacificar" Gaza para garantizar que el terrorismo no se desliza a Cisjordania y socava el régimen de la OLP. Esto no quiere decir que Gaza no tenga ningún valor para Israel. A pesar de sus masivos niveles de pobreza, la realidad es que las masas de Gaza dependen de las mercancías que llegan desde Israel y que da a los capitalistas israelíes una ventaja en cuanto se trata de un mercado cautivo, es decir, como perspectiva a largo plazo. Esto también podría explicar por qué el ejército israelí ha hecho muchos esfuerzos para destruir los túneles por los que se pasaban mercancías de contrabando procedentes de Egipto y que fueran los primeros objetivos de la operación. ¿Qué quiere Hamás? A diferencia del reduccionismo económico del sentido común que muchos en la izquierda comparten, los grupos terroristas no sólo nacen de la pobreza. Como en el caso de la OLP, Hamás tiene su origen en la pequeña burguesía palestina. Utilizan a las masas y su sufrimiento sobre todo como un instrumento para conseguir sus intereses de clase que en este contexto incluyen puestos y empleos más lucrativos. Después de que Israel coaptara a la OLP, colaborando con empleos creados especialmente para miembros de la OLP (los empleos creados bajo la capa de la "Autoridad Palestina", Hamás quería también su pedazo de pastel. Comenzó reuniendo el apoyo de muchos palestinos frustrados ante la traición de la OLP, utilizando entre otras cosas actos terroristas de venganza contra los israelíes. Al mismo tiempo, utilizaba tácticas similares al terrorismo para convencer a Israel de que se sentara a negociar, corriendo el riesgo de la venganza militar, más que diplomática, de Israel. Como la clase dominante israelí, Hamás también se beneficia de la ocupación. La utiliza para conseguir apoyo por los mismos métodos populistas de la retórica y acciones violentas utilizadas por los políticos israelíes. También disfruta de los beneficios políticos y económicos a través del control del contrabando de mercancías en Gaza, como Israel, es decir, se beneficia también del mercado cautivo de Gaza. En esta situación algunos en la izquierda internacional sienten la tentación de apoyar a Hamás. Normalmente dicen que a pesar de la ideología reaccionaria de Hamás, se debe apoyar debido a su "lucha progresista contra el imperialismo israelí". La locura de esta idea resulta obvia si analizamos a Hamás desde un punto de vista materialista y nos preguntamos ¿qué ocurriría si Hamás ganase este conflicto? ¿Debilitaría al imperialismo israelí como pretenden los idealistas de izquierda? Una victoria de Hamás sólo podría significar que Israel tendría que negociar con ella y dar concesiones políticas similares a las que tiene la OLP. La relación imperial de Israel hacia los palestinos podría adoptar una forma distinta, pero seguiría intacta. Como bajo el capitalismo Palestina no puede estar totalmente separada de Israel y siempre dependerá de este país, un movimiento de liberación nacional que se limite a luchar dentro de los límites del capitalismo no puede ir en ninguna otra dirección. Además, los líderes burgueses y pequeño burgueses del movimiento de liberación nacional normalmente tienden a empujar al proletariado de la nación oprimida para que acepten su dirección, porque son conscientes del poder político de los trabajadores. Fue esta alianza entre los trabajadores sudafricanos y los dirigentes del ANC (Congreso Nacional Africano) lo que derribó el régimen del apartheid. Pero aquí Hamás ha hecho muy pocos esfuerzos para conseguir una alianza con los trabajadores palestinos. Hasta el momento lo que ha hecho sobre todo es acosar a sus sindicatos. Así que Hamás sólo tiene el poder del terrorismo y los enfrentamientos con el ejército israelí para conseguir concesiones de Israel. Se basa en un junco roto y sus credenciales "antiimperialistas" parecen algo exageradas. ¿Hay salida? Estamos entrando en otro ciclo de violencia entre la clase dominante israelí y Hamás. Estos ciclos comenzaron con la apertura de Israel a la OLP en 1994. Cada ciclo provoca en Israel una respuesta más violenta. Sin embargo, el ejército no tiene intención de mantenerse durante mucho tiempo enredado en Gaza. Esta operación podría ser un poco más larga y mucho más violenta que la de sus predecesores porque la campaña electoral de Barak tiene esto en consideración. Aunque también es cierto que una vez termine, la operación siempre deja tras de sí los requisitos previos para la siguiente operación. El chauvinismo sionista que caracterizó los primeros días de la operación, poco a poco es sustituido por el miedo a otra debacle como la de Líbano. Los periodistas preguntan constantemente a los líderes políticos y militares por los objetivos reales que pretende conseguir esta operación. Las respuestas son siempre vagas e ilusorias, como "cambiar radicalmente la situación de disuasión". En ese contexto, el anuncio que hizo Barak el sábado era especialmente alarmante. Dijo que la operación sería larga y que costaría numerosas víctimas. Nadie sabe el porqué de esta operación, pero sí será un peligro para la futura estabilidad del sistema político israelí: después de que desaparezca el chauvinismo, la lista de muertes aumentará y las masas comenzarán a hacerse muchas preguntas. Para consternación de la clase dominante israelí, miles de judíos y palestinos se manifestaron contra la guerra este sábado en Tel Aviv. Este es un hecho sin precedentes. En la guerra libanesa costó dos meses de conflicto sangriento para que apareciesen las primeras protestas. Los manifestantes son constantemente acosados por contra-manifestantes sionistas que demuestran estar muy asustados por el incipiente movimiento de protesta israelí. Por ahora es pequeño, pero los sionistas son conscientes de que se trata de la verdadera clave de su caída. En muchas ocasiones hemos repetido que no puede haber solución alguna dentro de los límites de la política burguesa, ni para éste ni para cualquier otro conflicto político importante en el mundo. No obstante, por ahora Israel y Palestina están privados de cualquier otra forma de política. Mientras persista esta situación continuarán estos ciclos de violencia. Podemos estar seguros, a partir de la imposibilidad de una solución a esta situación bajo el capitalismo, surgirán nuevas fuerzas políticas en ambos lados. La naturaleza de estas fuerzas es imposible de prever en esta etapa. Pero si no se basan en la colaboración revolucionaria de los trabajadores y pobres, palestinos e israelíes, contra sus mutuos opresores, no habrá ningún cambio progresista dentro de las fronteras palestino-israelíes. Nuevo genocidio en Gaza. ¡Paremos la agresión imperialista israelí contra el pueblo palestino! escrito por Juana Cobo miércoles, 31 de diciembre de 2008 De nuevo la clase dominante israelí ha lanzado una ofensiva militar contra el pueblo palestino en Gaza, provocando una de las mayores masacres de los últimos años. La excusa utilizada por el gobierno sionista para justificar esta matanza es "impedir" que Hamás siga lanzando cohetes contra territorio israelí, pero incluso el periódico norteamericano The New York Times (nada sospecho de ser anti-sionista, más bien lo contrario) reconoce que el lanzamiento de cohetes había descendido "de cientos a 15 o 20 al mes", sin cobrarse ninguna víctima civil. En cualquier caso, la respuesta israelí deja clara cuál es la auténtica intención de la agresión. En la incursión se ha desplegado una parte considerable de la capacidad destructiva del ejército sionista: Aviones F-16, helicópteros Apache, más de 100 toneladas de bombas lanzadas en un solo día, el 27 de diciembre. El saldo es brutal: casi 400 muertos en el momento de escribir este artículo, entre ellos mujeres y niños, y más de 1.000 heridos. Se trata de la mayor ofensiva militar contra suelo palestino desde la guerra de 1967. Preparativos para una intervención terrestre Parece que el imperialismo israelí no se limitará a bombardear Gaza. Se han desplegado cientos de soldados en la frontera, junto con decenas de tanques y equipamiento militar. El gobierno ha movilizado ya a 6.500 reservistas y la invasión terrestre puede empezar en cualquier momento. El gobierno israelí ha puesto en marcha la máquina de propaganda para intentar justificar ante el mundo su ataque contra un pueblo indefenso: "sólo bombardeamos objetivos militares", "si hay civiles es porque Hamás pone a civiles en enclaves militares", "se trata de nuestra seguridad". Son los mismos argumentos repetidos por los imperialistas para justificar sus guerras, igual que la clase dominante norteamericana cuando inició su aventura imperialista en Iraq y Afganistán. En la página web de Aljazera se podían leer los relatos de ciudadanos de Gaza explicando su pesadilla. Un estudiante de la Universidad Islámica de Gaza, Majed Badra, explicaba: "La situación es muy mala... Se centran en los civiles. Es lo más fácil para ellos. Nada funciona en Gaza y no tenemos nada. Mi familia y yo estamos dentro de la casa. Todas las familias hacen lo mismo. "Estamos acostumbrados a estos ataques aéreos, todo el mundo lo está pero no tenemos ninguna manera de protegernos. Sólo permanecer dentro de nuestras casas, escuchar las noticias, escuchar donde se producen los ataques, a los F-16 y los Apaches, y esperar a ver qué ocurrirá". "Muchos fueron asesinados y otros muchos resultaron heridos, sobre todo en los dos primeros días (...) Están utilizando todo tipo de bombas. Lanzan bombas de 500 kilogramos que pueden destruir un edificio de quince pisos en un segundo, como si fuera un terremoto. Todo el mundo vive con miedo", explica Amin Asfour, médico en un hospital público de Gaza. El relato del sufrimiento y los horrores que están padeciendo los palestinos en Gaza sería interminable. Miseria y pobreza en Gaza Desde que Hamás ganó las elecciones, en enero de 2006, La clase dominante israelí ha intentado, por todos los medios, avivar el fuego de la guerra civil entre palestinos. De hecho, estas maniobras culminaron en junio de 2007 cuando Hamás derrotó el intentó de Fatah de recuperar por la fuerza el control de Gaza, intento que contó el apoyo de la burguesía y el ejército israelí. Desde entonces, hace ya dieciocho meses, el estado israelí intensificó su bloqueo económico sobre Gaza exacerbando la pobreza y miseria en la que vive la población palestina, como el medio para desalojar del poder a los integristas de Hamás. Las consecuencias del bloqueo y la ocupación de Gaza son terribles. El agua y la luz están 16 horas al día cortadas, el 80 por ciento de la población vive con menos de dos dólares al día, la tasa de paro supera el 50 por ciento. De las 3.900 fábricas que hay en Gaza sólo 195 están abiertas. En agosto se paralizó el 98 por ciento de las actividades industriales debido a la falta de combustible. 40.000 trabajadores agrícolas han perdido su fuente de ingresos debido a la prohibición que ha impuesto Israel a todas las exportaciones palestinas. Son tales las restricciones económicas que a principios de diciembre cerraron los bancos y cajeros automáticos de Gaza por falta de dinero en efectivo, incluso la ONU ha tenido que suspender la ayuda económica que daba a 94.000 palestinos. Es decir, en la práctica, el imperialismo israelí intenta que la economía de Gaza regrese casi a la edad de piedra. Objetivo: desviar la atención de la grave situación económica y social El nuevo ataque imperialista israelí contra Gaza sólo se puede entender si tenemos en cuenta cuál es la situación política, social y económica de Israel. Desde la creación del estado de Israel, hace sesenta años, la burguesía israelí se ha mantenido en el poder fomentando el miedo y el chovinismo entre la población, recurriendo a la guerra cuando ha sido necesario para desviar la atención de los jóvenes y trabajadores, evitando así una posible explosión social que pusiese en peligro el sistema capitalista y al régimen sionista. No es casualidad que la clase dominante israelí haya recurrido de nuevo a la guerra, justo cuando se encuentra atrapada en medio de una crisis de gobierno que ha desembocado en la convocatoria de elecciones generales el próximo 10 de febrero. Y como es habitual, en la campaña electoral el tema principal es la cuestión de la seguridad del país y todos los enemigos externos que le acechan. Los tres principales candidatos: Livni (actual primera ministra y candidata del Kadima), Netanyahu (Likud) y Barack (Partido Laborista), han centrado su campaña en intentar demostrar quién es el más duro. Livni, incluso, defiende públicamente la creación de un estado palestino en Cisjordania y llevar allí a todos los ciudadanos árabes israelíes para tener así un estado puramente judío. Esta idea no es casualidad sino que está motivada porque el crecimiento demográfico de la población árabe israelí, que dentro de 15 o 20 años será mayoritaria. Toda esta retórica reaccionaria y chovinista tiene como objetivo desviar la atención de la grave situación social y económica que desde hace un tiempo sufren los trabajadores y jóvenes israelíes. La economía israelí empieza a sufrir las consecuencias de la crisis económica mundial. Durante la última década, la economía experimentó un crecimiento importante, pero éste se centró en sectores como la banca, seguros, fondos de pensiones y sobre todo en la tecnología de la información (que creció un 47 por ciento), mientras que la industria tradicional sólo crecía un 6 por ciento en ese mismo periodo. Ese crecimiento, como en el resto del mundo capitalista, no sirvió para disminuir las desigualdades sociales, sino todo lo contrario, durante ese período aumentó la desigualdad en el reparto de la renta. Recientemente el Adva Center (Centro para la Información sobre la Igualdad y la Justicia Social en Israel), publicaba un informe en el que se podía leer: "La década estuvo marcada por un descenso de la igualdad y la justicia en la sociedad israelí". El famoso paraíso de leche y miel prometido por la clase dominante sionista cuando se creó el estado de Israel se ha convertido en una pesadilla para los jóvenes y trabajadores. Hoy el 23,8 por ciento de la población vive por debajo del umbral de pobreza (1,63 millones de personas y la mitad son niños), como reconoce el mismo Ministerio de Bienestar Social. En total, 1,2 millones de personas necesitan ayuda del Estado para poder subsistir y se espera que esa cifra aumente entre 100.000 y 150.000 personas más en los próximos meses. Quizás uno de los datos más impactantes sea que un tercio de las víctimas del holocausto vivan en la más absoluta pobreza. Además la situación se agrava con el coste económico que representa la ocupación de Palestina y el mantenimiento de la poderosa maquinaria militar israelí. Adva Center publicó un informe titulado: El coste de la ocupación. En él se explicaba que 1 de cada 5 familias israelíes es pobre (frente a 1 de cada 10 en la década de los años setenta), y que uno de los factores era el coste de la ocupación y el consiguiente recorte del gasto social para poder pagar los gastos de defensa. La cuantía del presupuesto de defensa en su mayor parte es secreta, pero según Adva Center los gastos militares han restado 8.000 millones de dólares a la economía israelí en los últimos veinte años, más que el presupuesto de educación para este año. Esta situación económica ha desencadenado durante los últimos dos años una oleada de huelgas y protestas que han abarcado a prácticamente todos los sectores de la sociedad. En primer lugar a los estudiantes que protagonizaron una oleada de movilizaciones de masas a principios de este año, seguidos por varias huelgas del sector público, aerolíneas, ferroviarios, profesores, estibadores y movilizaciones de pensionistas entre otros. Precisamente el Histradut en estos días amenazaba con la convocatoria de una huelga general contra el recorte del gasto público. Presionar a EEUU Otro factor importante para lanzar este ataque ahora es precisamente la elección de Obama como presidente de EEUU. Los diferentes gobiernos de EEUU, y especialmente el de Bush, han apoyado a Israel en todas y cada una de sus aventuras militares, las han justificado y financiado con miles de millones de dólares. Israel es el principal aliado del imperialismo estadounidense en la región. En esta ocasión no ha sido diferente y la moribunda administración Bush ha justificado la agresión contra los palestinos como el derecho de Israel a la "autodefensa". Pero la clase dominante israelí quiere asegurarse que el tono de la administración norteamericana no cambie cuando Obama llegue al cargo, el próximo 20 de enero, aunque es poco probable ya que Obama en plena campaña electoral visitó Israel, condenó el lanzamiento de cohetes por parte de Hamás, defendió el derecho de Israel a defenderse y apoyó una ayuda de 30.000 millones de dólares de EEUU a Israel para los próximos tres años. Además, uno de sus principales asesores, Rahm Emanuel, es un sionista reconocido que no dudó en alistarse en el ejército israelí durante la primera Guerra del Golfo. Consecuencias en el mundo árabe El ataque israelí ha provocado una oleada de repulsa e indignación en todo el mundo. Una vez más se ha podido ver la hipocresía de la clase dominante de los distintos países que, aunque de manera hipócrita lamentan el sufrimiento palestino, han justificado también la agresión israelí alegando el derecho a su autodefensa frente a los ataques de Hamás. Pero lo más importante son las repercusiones que está teniendo en el mundo árabe donde muchedumbres han salido a las calles para protestar contra este brutal ataque. Miles de palestinos se manifestaron en Cisjordania, miles de personas salieron a las calles de Egipto, Yemen, Jordania, Iraq, Siria, Sudán, Indonesia y Líbano. Incluso en Israel miles de personas convocadas por el Partido Comunista de Israel se manifestaron para protestar contra este ataque. Las manifestaciones en el mundo árabe no sólo han ido dirigidas contra la clase dominante israelí, sino también contra sus propias clases dominantes corruptas a las que culpan de consentir y cerrar los ojos ante la situación de opresión en la que viven los palestinos. Precisamente este hecho es una prueba palpable de que el mundo árabe no es ajeno a la radicalización que se está produciendo entre la clase obrera y la juventud de todo el mundo, cuya principal causa es la crisis mundial del capitalismo y sus consecuencias sociales. El genocidio contra el pueblo de Palestina, igual que contra el pueblo de Iraq o de Afganistán, es una prueba concluyente de que bajo el capitalismo y el dominio imperialista no habrá jamás una salida para los pueblos de Oriente Medio. Pero esta experiencia también es extensible a los Estados Árabes, gobernados por una oligarquía corrupta de capitalistas y terratenientes ligados por mil lazos materiales y políticos a los poderes imperialistas occidentales. Todos estos regímenes no pueden ofrecer nada a sus pueblos. Esta situación, y la bancarrota política de las organizaciones reformistas de la izquierda (especialmente los viejos partidos nacionalistas y estalinistas), crearon el caldo de cultivo para la fortaleza y el desarrollo de las tendencias integristas, de Hamás o Hezbolá. Pero el integrismo también ha demostrado sobradamente su carácter reaccionario y su incapacidad para librar la batalla en defensa de las masas oprimidas. Las organizaciones integristas no tienen ninguna alternativa para derrocar el capitalismo pues se basan, precisamente, en la existencia del capitalismo del que también extraen sus fuentes de poder y financiación (en Irán, en Paquistán, en Líbano, en Afganistán). La única salida a la actual pesadilla es la lucha conjunta de la clase trabajadora por encima de divisiones nacionales, de los trabajadores palestinos, egipcios, jordanos e israelíes, para derrocar sus respectivas clases dominantes y barrer a los imperialistas. Solo hay un programa realista que puede traer la paz a la zona y la fraternidad entre los pueblos: la lucha por la transformación socialista de la sociedad y por una Federación Socialista de Oriente Medio, ¡Retirada inmediata de las tropas israelíes de Gaza! ¡Alto a la masacre imperialista contra el pueblo palestino! ¡Por el derrocamiento de la burguesía israelí y la corrupta oligarquía del mundo árabe! ¡Por la unidad de la clase trabajadora! ¡Por la Federación Socialista de Oriente Medio! Notas linkeadas de: http://argentina.elmilitante.org
Escrito por Alan Woods jueves, 02 de octubre de 2008 Crisis global Vivimos tiempos excepcionales. El pánico financiero en EEUU está provocando olas que amenazan con hundir todo el mundo. Este acontecimiento está transformando rápidamente la conciencia de millones. Ayer, 25 de septiembre, el Central Labour Council de Nueva York (federación sindical) convocó una manifestación y movilizó a unos mil trabajadores, incluidos muchos trabajadores de la construcción, metalúrgicos, peones, plomeros y trabajadores del gas, además de profesores, trabajadores municipales y otros sectores. El objetivo de la manifestación, convocada con menos de dos días de antelación, era protestar contra el plan del Presidente Bush destinado a sacar de apuros a Wall Street con una ayuda de 700.000 millones de dólares de dinero público. Así es como informaba la agencia Reuters de la protesta: "Obreros de la construcción, trabajadores de transporte, mecánicos, profesores y otros sindicalistas se congregaron el jueves a un paso de la Bolsa de Nueva York, para protestar contra la ayuda propuesta por el gobierno de EEUU a Wall Street. Varios cientos de manifestantes mostraron un apoyo entusiasta cuando los dirigentes sindicales desacreditaron el plan propuesto de 700.000 millones de dólares destinado a revigorizar los mercados del crédito aliviando a las instituciones financieras de deudas peligrosas. "'La administración Bush quiere que paguemos la carga que supone la ayuda de Wall Street cuando ni siquiera comienza a solucionar las causas raíces de nuestra crisis', estas son las palabras del presidente nacional de la central sindical AFL-CIO, John Sweeney. Queremos que los dólares de nuestros impuestos vayan a manos de los millones de trabajadores que viven en Main Street y no que se entrege como limosna a una banda privilegiada de ejecutivos bien pagos. "En las pancartas se podía leer ‘No a los cheques en blanco para Wall Street' y ‘No nos van a arrebatar nuestras pensiones ganadas con el trabajo duro'. Los manifestantes secundaron repetidos llamamientos para que el gobierno gaste el dinero en educación, salud y vivienda, de la misma manera que se propone hacer con Wall Street. ‘Sabemos que la situación económica debe resolverse'. Pero queremos un rescate responsable, no una ayuda oportunista', estas fueron las palabras de Randi Weingarten, presidente del Sindicato de Maestros. ‘Y eso significa, como cuando los patrones me hablan sobre la responsabilidad de los profesores en nuestro trabajo, que entonces eso también debería ser responsabilidad de Wall Street'". El ambiente de los manifestantes era de furia, como demuestra la enorme reacción positiva a la convocatoria de una huelga general si el rescate sólo beneficiara a los ricos. Este acontecimiento representa el inicio del cambio en la conciencia de la clase obrera, y no sólo en EEUU. "Una vez cada 100 años" Lo que ha ocurrido en los mercados financieros durante estos últimos meses no tiene precedentes en la historia reciente. Los mismos economistas burgueses que anteriormente negaban la posibilidad de una recesión ahora hablan de la crisis más seria en sesenta años. Alan Greenspan, antiguo presidente de la Reserva Federal norteamericana, ha descrito la actual crisis financiera como "uno de esos acontecimientos que ocurre una sola vez cada 100 años". Realmente, deberían decir 79 años porque en 1948 no hubo ninguna crisis. Pero los economistas son personas supersticiosas y temen mencionar 1929, como los antiguos israelitas tenían miedo de mencionar el nombre de su dios, por si acaso pudiese ocurrir algo desagradable. Todos están preocupados por la confianza en los mercados, porque ellos creen fervientemente en que la confianza (o su ausencia) es la causa real de los booms y las recesiones. En realidad, los booms y las recesiones tienen su origen en las condiciones objetivas. El ascenso y la caída de la confianza refleja las condiciones reales, aunque pueden entonces convertirse en parte de estas condiciones, ayudando a impulsar el mercado hacia arriba o, como en este caso, a su caída. En los últimos meses, AIG, Bear Stearns, Fannie Mae, Freddie Mac, Lehman Brothers y Merrill Lynch, empresas antes consideras demasiado grandes como para que fracasaran, todas han entrado en bancarrota y después fueron "rescatadas" por el gobierno, o nacionalizadas. Cuando la población comience a percibir la seriedad de la crisis económica, en la sociedad se preparará un ambiente no visto en muchos años. Esta mañana (26 de septiembre) llegaban noticias del colapso de otro banco norteamericano, el Washington Mutual, cerrado por el gobierno estadounidense. Se trata de la mayor bancarrota de un banco norteamericano, y sus activos bancarios fueron vendidos a J. P. Morgan Chase por 1.900 millones de dólares. Es el equivalente financiero a un tsunami devastador, y no ha terminado. Las estimaciones de los economistas son revisadas constantemente a la baja. Hace seis meses, el Fondo Monetario Internacional calculaba las pérdidas del sector financiero en más de 1 billón de dólares y pronosticaba una profunda recesión de la economía global. La mayoría de los economistas criticaron esta perspectiva por ser demasiado pesimista. Ahora tocan una melodía diferente. Dominique Strauss-Khan escribe lo siguiente en el Financial Times: "Pero con gran parte de las pérdidas aún no contabilizadas y con la crisis financiera ya agudizada, ha quedado claro que sólo el milagro de una solución sistémica -lucha global contra el aluvión inmediato y amplia para combatir sus causas- permitirá a la economía, en EEUU y globalmente, funcionar con una apariencia de normalidad". (Financial Times. 22/9/2008). Sí, en realidad, la economía norteamericana ya no funciona con "una apariencia de normalidad". De hecho, está sufriendo un gran frenazo, al menos en lo que concierne a Wall Street. En el momento de escribir estas líneas los mercados financieros en EEUU están prácticamente paralizados a la espera de la confirmación de una gran inyección de dinero gubernamental que las autoridades esperan "restaurará la confianza". El simple hecho de que el "libre mercado" dependa para su supervivencia de ingentes donativos del contribuyente norteamericano es una prueba suficiente de su total bancarrota, en el sentido más literal de la palabra. Aquí está la respuesta final a toda la retórica sobre la "mano invisible del mercado", el espíritu de la empresa privada y todo lo demás. En el momento de la verdad, los valientes empresarios de Wall Street y de la City londinense tienen que ir como los mendigos, con una gorra en la mano, al gobierno y pedir seguridad social. Sólo que estos mendigos son multimillonarios y exigen dinero con amenazas. ¿Qué queda de la "apariencia de normalidad" cuando la administración republicana encabezada por un fanático del libre mercado nacionaliza importantes bancos de inversión norteamericanos? ¿O cuando el Tesoro de EEUU concede un gigantesco subsidio de aproximadamente 1 billón de dólares para hacer lo mismo? El domingo, Morgan Stanley y Goldman Sachs renunciaron a permanecer como los dos únicos bancos de inversión independientes y se convirtieron en sociedades "financieras de cartera" para conseguir ampliar el acceso a los depósitos bancarios y el apoyo permanente de liquidez por parte de la Reserva Federal. La eliminación de dos de las instituciones más prestigiosas de Wall Street fue una indicación de la extrema seriedad de la crisis. La velocidad con la que Morgan Stanley se fue a Asia en busca de capital subraya lo rápidamente que la riqueza del mundo se aleja de EEUU. El Congreso vacila y el Secretario del Tesoro norteamericano, Henry Paulson (que, en opinión de algunos comentaristas, es ahora de facto el presidente de EEUU) está furioso. Mientras tanto, los mercados continúan con su caída y nadie puede pararlos. Otro argumento que se puede escuchar insistentemente en el Congreso es: nos estás pidiendo que entreguemos todos estos miles de millones sin controles ni garantías. Aparte del hecho de que se trata de recompensar a los banqueros por su pésima gestión, ¿quién dice que esta medida tendrá el efecto de frenar la caída del mercado? Es una pregunta excelente a la que ni Paulson ni Bush, ni nadie más, tienen respuesta. Es bastante asombroso ver a los antiguos defensores de la santidad del libre mercado rebuznar ahora por la intervención del gobierno para que salve al mercado de sí mismo. Pero están condenados por su propia lógica, que sólo es la lógica insana de la economía de libre mercado. La actual crisis financiera, que hace mucho fue pronosticada por los marxistas, es el resultado directo del largo período de especulación incontrolada que provocó la mayor burbuja de la historia. El viernes, cuando el gobierno anunció su plan de rescate de 700.000 millones de dólares para el sector financiero los mercados se regocijaron. Pero después el ambiente se volvió en su contrario cuando el Congreso retrasó la aprobación de esta masiva limosna. Hasta el lunes, el dólar se había mantenido sorprendentemente alto a pesar del torbellino de Wall Street. Pero finalmente cayó debido a la preocupación por el costo del rescate y la frágil situación del sistema bancario norteamericano, disparando el precio de las mercancías en dólares. El dólar perdió un 2 por ciento frente a la canasta de principales divisas, el euro subió un 2,6 por ciento hasta alcanzar los 1,48 dólares. El precio del petróleo ha adquirido un carácter febril, con violentas subas y bajas. Cuando el dólar se devaluó, las bolsas se hundieron y el precio del petróleo volvió a subir después de su abrupta caída previa. El lunes 22 de septiembre subió un 17 por ciento, el mayor aumento diario de su precio jamás visto antes, y mayor que durante la invasión de Iraq. Pero el martes el precio del petróleo había caído de nuevo 3 dólares, a 106 dólares el barril, y existen buenas razones para esperar que los precios energéticos sigan bajando. Estos vaivenes violentos sin duda reflejan, por un lado, el movimiento del dólar y, por otro, la actividad de aquellos implicados en la especulación de mercancías. Hasta hace poco, los capitalistas especulaban en el mercado inmobiliario. Cuando este colapsó, buscaron otros sectores para explotar, cualquier otro que pudiera ser más rentable: petróleo, obras de arte, comida. A pesar de todas las quejas y exigencias de regulación, esta especulación no se puede controlar. Es como una hidra: si le cortas la cabeza aparecerán otra docena de cabezas. Socialismo, para los ricos Como resultado de las convulsiones económicas y sociales, muchas personas comienzan a cuestionarse la naturaleza de un sistema económico que produce este tipo de abominaciones. Cuando el mismo Estado capitalista se ve obligado a nacionalizar instituciones financieras, se comienza a generalizar una idea: ¿para qué necesitamos banqueros y capitalistas privados? Por esta razón, los políticos evitan la palabra nacionalización como le ocurre al demonio con el agua bendita. A toda costa, buscan formas a través de las cuales el Estado pueda proporcionar capital a los bancos y que no impliquen su nacionalización. Luchan por inventar nuevas formas de capital que dejen la propiedad y el control en manos privadas. Pero al final, se ven forzados contra su voluntad a tomar posesión de bancos enfermizos para evitar su colapso. Es una acusación irrefutable contra la propiedad privada de uno de los sectores claves de la economía. Aunque puede parecer una paradoja, no es una coincidencia que el país donde los políticos están gritando más alto contra los pecados del mercado y la codicia de los financieros sea precisamente EEUU. La tierra de la libre empresa, el país donde la psicología del capitalismo ha echado raíces profundas entre la población, es la tierra donde probablemente se dé la reacción más profunda en contra de la gran empresa. Este hecho se reflejaba en los discursos de los políticos, sobre todo en los candidatos en las elecciones presidenciales. Y el candidato republicano es incluso más elocuente en su retórica que el demócrata. Esto se debe a que le gustaría ganar. McCain ve que existe una reacción contra los sueldos exorbitantes de los integrantes de los consejos de administración de las grandes empresas y la escandalosa especulación de Wall Street, por eso dice lo que a la mayoría de las personas les gusta oír. ¿No resulta grotesco que los empresarios del difunto Bear Stearns amasaran fortunas mientras emprendían estrategias empresariales arriesgadas que han llevado la empresa al colapso? ¿Por qué los contribuyentes norteamericanos, la mayoría de los cuales no son tan ricos, tienen que hacer frente a los 700.000 millones de dólares para el rescate de las grandes instituciones financieras? El 30 de septiembre de 2007, el gobierno federal tenía un agujero fiscal de 53 billones de dólares, equivalente a 455.000 dólares por familia y 175.000 dólares por persona. Esta carga aumenta cada año en 6.600-9.900 dólares por norteamericano. El Medicare representa 34 billones de dólares de este déficit y al fondo fiduciario relacionado con la obra social pública, el Medicare, se le acabará el dinero en diez años. Quienquiera que gane las elecciones presidenciales y quienquiera que controle el Congreso, tendrá que presidir profundos recortes de los niveles de vida. Los mismos capitalistas que han tomado miles de millones del gobierno y de la Reserva Federal están exigiendo mayor control presupuestario, recortes del gasto federal, una reforma amplia (léase reducción) del derecho a los gastos de salud. No hay dinero para el Medicare ni para escuelas o pensiones para los ancianos. Pero hay mucho dinero para los grandes bancos y los ricachones. Esta flagrante contradicción está agitándose en la conciencia de millones de norteamericanos y tendrá consecuencias enormes en el futuro. La pesada carga de la deuda recaerá sobre los hombros de las venideras generaciones que pagarán el precio con caídas de los niveles de vida y recortes del gasto social. Esto inevitablemente provocará un cambio profundo de su conciencia. Para la opinión pública norteamericana la lección no pasará desapercibida. No hay dinero para escuelas, enfermos o ancianos pero cuando se trata de las grandes empresas (y no hay mayor empresa que la banca) el Estado dispone de un cheque en blanco. Para el sufrimiento de los pobres la administración Bush sólo tiene desprecio. En la tierra de la libertad, todo ciudadano tiene el derecho a enriquecerse, si la gente insiste en ser pobre, ¡es su problema! Que muestren un poco más de iniciativa o si no que se arrastren hacia la zanja y se mueran. Ese es el severo mensaje del Mesías republicano del libre mercado. Pero cuando se trata de los super-ricos, George W. Bush demuestra la más sensible preocupación. Pero ya estaba escrito antes: "Porque a cualquiera que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia; pero a cualquiera que no tiene, aun lo que tiene se le quitará". (Mateo 13:12). Ya sabemos que el presidente Bush es un firme creyente en el Libro Sagrado. Pero sospechamos que sus motivos para intervenir en la crisis financiera no están totalmente relacionados con la caridad cristiana, tiene más que ver con la desesperación. La clase dominante en EEUU ve que se está abriendo bajo sus pies un abismo y se ve obligada a adoptar medidas de pánico en un intento frenético de evitar una recesión global. Por eso, un fanático del libre mercado como el presidente se ve forzado a lanzar setecientos mil millones de dólares del dinero de los contribuyentes a los bancos. Esta iniciativa extraordinaria recibió inmediatamente los aplausos del mercado, nacional e internacionalmente. El Grupo de las Siete naciones industrializadas dijo a sus miembros: "bienvenidas las extraordinarias acciones adoptadas por EEUU". Sin embargo, otras naciones dijeron que no veían la necesidad inmediata de crear sus propios fondos para comprar valores en peligro. Los capitalistas de Europa y otras partes prefieren recostarse y dejar que los norteamericanos se esfuercen. Después de todo ¿no fueron ellos en primer lugar los responsables de crear este caos? La misma pregunta se hace en EEUU, en cada esquina y en el Capitolio. El presidente inmediatamente se topó con un problema en el Congreso norteamericano. No es que los congresistas estén menos dispuestos a garantizar la supervivencia del capitalismo que el actual inquilino de la Casa Blanca, pero están aún más dedicados a su propia supervivencia. El problema es que sienten la creciente reacción que existe contra el capitalismo, el mercado, los banqueros, Wall Street y todas sus acciones. La inmensa donación (eso es lo que es) habla por sí sola. Significa que se tomará del bolsillo de cada contribuyente estadounidense el equivalente a 9.400 dólares y se depositarán en las cuentas de las mismas personas que provocaron la crisis financiera. Este hecho por sí solo sirve para aclarar estupendamente las ideas de los miembros del Congreso, especialmente cuando las elecciones están a la vuelta de la esquina. Los Demócratas han estado pidiendo una segunda ronda de medidas para recuperar la economía norteamericana, centrada en estimular el gasto en infraestructuras, ayuda para costear la factura energética de los hogares y, posiblemente, más cheques descuento para los consumidores. Pero la Administración y muchos Republicanos se resisten ¿Dinero para los banqueros? ¡Por supuesto! ¿Dinero para los norteamericanos corrientes? ¡La cuenta está al descubierto! Esto es demasiado para las almas amables del Capitolio que gastan todo su tiempo en vigilar los intereses de la nación. El ambiente en el Congreso fue tenso, los congresistas se gritaban y casi llegan a las manos. ¿Alguien puede recordar este tipo de escenas en el Capitolio? Entonces ¿cómo hay quien no pueda ver a EEUU en una situación de debacle económica? ¿Puede alguien recordar a la población norteamericana en esta situación de rebelión y furia? La razón del comportamiento de los congresistas es que sienten que las llamas queman ya sus traseros. Cualquier cosa que hagan estará equivocada. Si firman el acuerdo se ganarán el odio de millones de estadounidenses. Una mujer, entrevistada la noche pasada por la televisión británica, cuando le preguntaron qué pensaba sobre el plan de rescate respondió desconsoladamente: "Acabo de salir de un turno de once horas y trabajo 60 horas semanales ¡Ahora quieren tomar 2.300 dólares de mi salario para dárselo a los banqueros!" Esta debe ser la actitud típica de millones de personas corrientes en EEUU. Pero si se niegan a firmar, provocarán una caída aún más profunda de las bolsas en EEUU y con ello la amenaza de un colapso total en las líneas de 1929. En otras palabras, estarán entre la espada y la pared. Pesimismo de la burguesía La burguesía sufre de ataques maniaco depresivos periódicos, pasando rápidamente del optimismo extremo al abismo de la desesperación. En ambos lados del Atlántico, donde anteriormente había "exuberancia irracional", ahora hay oscuridad y condena. Siempre fue así: la burguesía siempre se balancea entre los dos extremos del carácter maniaco depresivo. En determinado momento la fiesta está en plena efervescencia y consiguen enormes fortunas, al momento siguiente, todo se desinfla y abunda la miseria. Cuando llega finalmente el colapso es como la mañana después de una fiesta salvaje. La noche antes, la gente está feliz embriagada sin preocuparse por el mundo. Ahora, con la fría luz del día la historia es diferente. Hombres y mujeres son terriblemente conscientes de los excesos de la noche anterior, juran con solemnidad que nunca volverán a tomar, y son bastante sinceros, hasta la fiesta siguiente . El colapso ignominioso del último boom especulativo no es una excepción a la norma general. Es destacable sólo por la profundidad de la tristeza, que es un reflejo de las cotas vertiginosas desde las que ahora están cayendo. Sencillamente fue el mayor boom especulativo de la historia (o burbuja). Fue mucho más grande que el boom que precedió al colapso de Wall Street. A pesar de la severidad obvia de la crisis, los economistas burgueses aún intentan reconfortarse con el pensamiento de que las cosas podrían haber sido mucho peores. Recientemente el Financial Times comentaba: "La Gran Depresión comenzó hace menos de 80 años pero, para ser sinceros, estamos en un siglo diferente. Sea o no la peor crisis a la que se enfrentará el mundo entre este momento y el año 2099, lo destacable es el hecho de que no haya sucedido nada tan malo como la Gran Depresión entre los años treinta y el momento actual". Este comentario es interesante por dos cosas: las mismas personas que durante años han estado negando cualquier posibilidad de una repetición de 1929 y la Gran Depresión ahora, sin inmutarse, dicen que no sólo es posible, sino que lo destacable es que no haya ocurrido aún. Dominique Strauss-Kahn escribe: "[...] y por qué no ha ocurrido, al menos todavía, en la economía general el comienzo de una severa recesión. Quizá fue la ausencia de esta última lo que llevó a muchos a tranquilizarse considerando el pinchazo de la burbuja inmobiliaria como una corrección, los impagos de las hipotecas subprime norteamericanas como una desgracia y el fracaso de importantes instituciones financieras como un daño colateral". (Ibíd). La caída de los precios durante una crisis simplemente compensaba su anterior inflación, en ese sentido se puede hablar de una "corrección". Sin embargo, nosotros hace tiempo dijimos cómo los economistas burgueses habían cambiado repetidamente la terminología que describe una recesión económica para que parezca algo menos serio. En determinado momento utilizaron la palabra pánico, después crisis, hasta que finalmente han llegado a corrección. Después de todo, si aceptamos los milagrosos poderes sanadores del mercado, que por arte de magia se regula sin ninguna participación humana consciente, ¿cómo puede objetarse la "autocorrección" del mercado? Sobre este tema escribimos lo siguiente en Perspectivas Mundiales 2008: "Se podría decir lo mismo sobre un terremoto: también puede ser presentado como una ‘corrección' necesaria que simplemente reajusta la corteza terrestre. Finalmente, todo vuelve a la normalidad y la vida continúa como antes. Pero este análisis reconfortante no tiene en cuenta la terrible estela de daños provocada por el terremoto: pueblos que desaparecen, árboles arrancados, cosechas destruidas, miles de muertos y heridos. Además, la vida normal no se recupera tan fácilmente después de un terremoto. Algunos pueden ser tan devastadores y dejar tal reguero de destrucción que los efectos se sienten durante años". Estas líneas describen con precisión las consecuencias de esta "corrección". La dictadura del capital financiero Nuestra época es la del capitalismo monopolista, una de cuyas características es el dominio completo del capital financiero. Este dominio, en EEUU y Gran Bretaña, ha llegado más lejos que en cualquier otro país importante. Gran Bretaña, el antiguo taller del mundo, se ha transformado en una economía rentista parasitaria que produce muy poco y está dominada por las finanzas y los servicios. Hasta hace muy poco se decía que esto representaba algo positivo que podía proteger a Gran Bretaña de la turbulencia de la economía mundial. Pero se ha convertido en su contrario. Al seguir de manera servil el modelo norteamericano, Gran Bretaña se ha visto arrastrada hacia la recesión siguiendo los pasos de EEUU y probablemente se verá mucho más afectada. Como un gusano parásito, engorda a costa del resto del organismo anfitrión, el sector financiero se ha hecho demasiado grande con relación a la economía, minando su fortaleza y amenazado con socavarla completamente. Es una proposición elemental que todo lo que sube debe bajar. Durante años la economía norteamericana parecía desafiar las leyes de la gravedad económica. Ahora debe pagar el precio. La caída ha llegado, y es más abrupta por la altura vertiginosa que alcanzó debido a la especulación en el sector inmobiliario durante el período que la precedió. Ya es mucho más intensa que la caída de los precios inmobiliarios en la Gran Depresión. En el primer trimestre de 2008 los precios inmobiliarios en EEUU cayeron oficialmente un 14,1 por ciento. Por contraste, en 1932, en el momento más alto de la depresión, los precios inmobiliarios cayeron un 10,5 por ciento. Además, estas cifras no reflejan la seriedad real de la situación. Algunos economistas sitúan la cifra de la caída de los precios inmobiliarios durante el primer trimestre en el 16 por ciento en términos reales. Y la caída de los precios inmobiliarios está lejos de haber terminado. Esto significa que las enormes sumas de dinero que van a regalar a los banqueros no tendrán el efecto de detener la caída, o en el mejor de los casos pueden tener solamente un respiro temporal antes de nuevas y más profundas caídas. Esta es la lógica del mercado que no obedece a ninguna ley excepto a sí mismo. Los supuestos planes de estabilización no son nada que se le parezca. Todo lo que se habla de regular los mercados es una estupidez. El sistema capitalista es anárquico por naturaleza. No se puede planificar ni regular. El intento de estabilizar el sector financiero inyectando grandes cantidades de efectivo sólo conseguirá enriquecer aún más a los ya mega-ricos. Pero no tendrá un efecto duradero sobre el mercado. La insolencia de los banqueros es bastante asombrosa. Exigen al gobierno que compre sus deudas malas, mientras ellos se quedan con los valores rentables. Nadie sabe cuál es el valor real de estos activos. Un viejo refrán dice que nunca se puede comprar a ciegas. Es un consejo acertado, pero se espera que el gobierno entregue una inmensa cantidad de dinero a la burguesía sin mirar lo que hay en el paquete. La crisis del sistema bancario es el resultado de una estafa masiva en la que todos los banqueros han participado alegremente durante las últimas dos décadas. Se han hecho fabulosamente ricos pero ahora han dejado una enorme cantidad de deuda y de capital ficticio en los libros de cuentas de las instituciones financieras. ¿Cómo resolver este pequeño problema? ¡Fácil! Pasándole la factura al contribuyente. El gobierno crea una agencia para comprar estos valores y los mantiene hasta que "maduren" y se puedan vender al sector privado. Esto significa nacionalizar las pérdidas y privatizar los beneficios o, por utilizar una maravillosa expresión de Gore Vidal, "socialismo para el rico y economía de libre mercado para el pobre". Los capitalistas pretenden hacernos creer que ellos también están haciendo sacrificios; pero lo que quieren decir es que sacrifican un poco de sus infladas ganancias, mientras que los trabajadores sacrifican su vida y su casa. Los banqueros gritan con dolor y los gobiernos corren con un cheque en blanco a sus manos. Esto se conoce como "provisión de liquidez". El problema es que el Estado no posee liquidez alguna. Sólo puede conseguir el dinero de los contribuyentes. Pero los impuestos reducen la demanda, algo que ya está cayendo en EEUU. Esto podría temporalmente aliviar el "sufrimiento" de los super-ricos, pero sólo a costa de incrementar el sufrimiento de millones de estadounidenses corrientes. Eso, en sí mismo, no sería nada preocupante, por supuesto, ya que el destino de todos los norteamericanos patriotas es sufrir por la gran causa del mercado. Desgraciadamente, esto tendrá efectos más serios en la economía. Un nuevo recorte de la demanda aumentará el desempleo. Las empresas entrarán en bancarrota. Más personas no podrán pagar sus hipotecas y deudas de la tarjeta de crédito, profundizará la crisis y será más difícil de resolver. Además, EEUU es los años recientes ha pasado de ser la nación acreedora más grande del mundo a ser el mayor deudor mundial. La compra por parte del gobierno de valores sin valor e inyecciones de capital a las instituciones financieras aumentará enormemente este endeudamiento colectivo. Provocarán una nueva caída del valor del dólar con relación a otras monedas y esta situación consiguientemente causará más convulsiones en los mercados monetarios mundiales. Se supone que los bancos centrales deben vigilar a los bancos e instituciones financieras para garantizar a los depositarios que sus depósitos bancarios estén a salvo, y proporcionar la liquidez en las instituciones financieras frente a daños colaterales. Pero los recursos de los bancos centrales tienen un límite y se está alcanzado muy rápidamente. Probablemente ya han hecho más de lo que podían hacer. En el caso de una nueva crisis bancaria no podrán hacer nada. Como nadie tiene la más mínima idea de a cuánto ascienden las deudas malas que están envenenando el sistema financiero mundial, esta crisis en el próximo período será inevitable. Más pronto que tarde terminará en el colapso de uno u otro de los bancos importantes, que puede provocar una conmoción letal en toda la economía mundial, como ocurrió con el colapso del banco austriaco más grande, el Kredit-Anstalt, en mayo de 1931. Esto sucedió dos años y medio después del crack de Wall Street en EEUU y marcó el principio del colapso financiero de Europa Central y después, más allá. Es totalmente posible que veamos algo similar en el próximo período. Marx sobre el capital ficticio La escasez de dinero no es la causa de la crisis, al contrario, la crisis es la que provoca escasez de dinero. Los economistas burgueses, con su mentalidad de banqueros, confunden la causa con el efecto, la apariencia con la esencia. Cuando la economía entra en crisis, el crédito se agota y la gente exige en su lugar dinero en metálico. Este es el efecto de la crisis, pero a su vez se convierte en causa, reduciendo la demanda y creando una espiral descendente. Los banqueros y sus amigos en el gobierno insisten en que la causa de la crisis es que el sistema financiero tenía demasiado poco capital. Es una declaración asombrosa. Durante las últimas dos décadas se ha visto un enorme carnaval de rentabilidad donde los bancos han conseguido ingentes ganancias ¡Ahora dicen que no tienen suficiente capital! En realidad, durante el boom hubo en circulación una cantidad enorme de préstamos y esta superabundancia de capital demostraba por sí misma los límites de la producción capitalista. Había enormes sumas de capital disponible para la especulación que no podía encontrar una salida en el sector productivo y la burguesía tuvo que encontrar otra forma de utilizarlo. Marx señaló hace mucho tiempo que el ideal de la burguesía era hacer dinero del dinero, sin tener que pasar por el proceso doloroso de la producción. En el último período parecía que habían conseguido esta idea (excepto en China donde sí ha habido un desarrollo real de las fuerzas productivas). En EEUU, Gran Bretaña, España, Irlanda y en muchos otros países, los bancos invirtieron billones en especulación, sobre todo en el sector inmobiliario. Esta fue la base sobre la que se edificó y floreció el escándalo de las hipotecas subprime, generando cantidades inimaginables de capital ficticio. Ya en la época de Marx existían grandes cantidades de capital circulante, que es el capital que forma la base del capital ficticio. En aquella época también hubo estafas crediticias, el equivalente a los actuales "derivados" [Nota de El Militante: Los "derivados" consisten básicamente en apuestas sobre el precio futuro de las materias primas, las monedas, el valor de las acciones, bonos de la deuda pública, etc. Representa la forma más extrema de especulación económica capitalista; es decir, de conseguir una ganancia sin crear un átomo de riqueza]. Sin embargo, cuando se compara con la situación actual palidece todo el significado de especulación. La cantidad total de especulación a escala global es pasmosa. Tomemos sólo un ejemplo: el mercado de los créditos llamados credit default swap. Este mercado permite que dos partes apuesten sobre la probabilidad de que una empresa incumpla el pago de su deuda. Han crecido hasta cerca de 90 billones de dólares las cantidades de capital ficticio asegurado. Es decir, probablemente más que el doble del crédito pendiente de pago en todo el mundo. Pero los contratos no están anotados en ninguna parte excepto en los libros de los socios. Nadie sabe el volumen real de la transacción, por lo tanto, eso expone a la economía mundial a un enorme riesgo. Eso explica el pánico en Wall Street y en la Casa Blanca. Temen, correctamente, que cualquier vaivén severo pueda derribar todo el edificio inestable de las finanzas internacionales, con consecuencias difíciles de prever. Incluso en el siglo XIX, en la cima del boom, cuando el crédito era fácil y la confianza aumentaba, la mayoría de las transacciones se hacían sin ningún dinero real. Al principio de cada ciclo hay abundancia de capital y los tipos de interés son bajos. El tipo de interés bajo empuja las ganancias de las empresas en el primer momento del ciclo y anima el crecimiento. Más tarde, el tipo de interés alcanza su nivel medio en el momento álgido de prosperidad. Aumenta la demanda de crédito y por tanto los tipos de interés en el pico de un boom deberían subir, pero en el último boom no ha ocurrido así. En los años recientes, la Reserva Federal ha aplicado una política de mantener deliberadamente bajos los tipos de interés (en una etapa fueron incluso negativos en términos reales, considerando el nivel de inflación). Se trataba de una irresponsabilidad desde un punto de vista capitalista. Creó una burbuja inmobiliaria y de este modo se pusieron las bases para la crisis actual. Pero en la medida que se conseguían grandes ganancias y los inversores estaban felices, a nadie le importaba. Todos se unieron contentos a este loco carnaval de rentabilidad. Los banqueros más respetables y los economistas más doctos unieron sus manos y bailaron al coro de: "Come, bebe y sé feliz, ¡mañana estaremos muertos!" La razón por la que ahora se quejan de que no tienen un capital suficiente es porque una gran parte de sus activos son ficticios, el resultado de una estafa sin precedentes en todo el sector financiero. Mientras el boom continuaba a nadie le importaba. Pero ahora que el boom se ha terminado, todos estos activos están bajo sospecha. Los banqueros, que ayer estaban dispuestos a comprar grandes cantidades de deuda de los demás, ya no están dispuestos a hacerlo. La desconfianza y la sospecha se han generalizado. El viejo optimismo acomodadizo se ha sustituido por una actitud tacaña a la hora de prestar y tomar prestado. Todo el sistema bancario, del que depende la circulación de capital, está a punto de paralizarse. A menos y hasta que los malos activos sean eliminados, muchas instituciones carecerán del capital necesario para extender el crédito fresco en la economía. Marx hace mucho que describió esta etapa del ciclo: "Está claro que hay escasez de medios de pago durante un período de crisis. La convertibilidad de las letras de cambio sustituye a la metamorfosis directa de las mercancías, tanto más cuanto que precisamente en estos períodos aumenta el número de las casas comerciales que trabaja simplemente a crédito. Y una legislación bancaria ignorante y errónea, como la de 1844-45, puede contribuir a acentuar todavía más la crisis. "En un sistema de producción en que toda la trama del proceso de reproducción descansa sobre el crédito, cuando éste cesa repentinamente y sólo se admiten los pagos al contado, tiene que producirse inmediatamente una crisis, una demanda violenta y en tropel de medios de pago. Por eso, a primera vista, la crisis aparece como una simple crisis de crédito y de dinero. Y en realidad, sólo se trata de la convertibilidad de las letras de cambio en dinero. Pero estas letras representan en su mayoría compras y ventas reales, las cuales, al sentir la necesidad de extenderse ampliamente, acaban sirviendo de base a toda la crisis. Pero, al lado de esto, hay una masa inmensa de estas letras que sólo representan negocios de especulación, que ahora se ponen al desnudo y explotan como pompas de jabón; además, especulaciones montadas sobre capitales ajenos, pero fracasadas; finalmente, capitales-mercancías depreciados o incluso invendibles o un reflujo de capital ya irrealizable. Y todo este sistema artificial de extensión violenta del proceso de reproducción no puede remediarse, naturalmente, por el hecho de que un banco, el Banco de Inglaterra, por ejemplo, entregue a los especuladores, con sus billetes, el capital que les falta y compre todas las mercancías depreciadas por sus antiguos valores nominales. Por lo demás, aquí todo aparece al revés, pues en este mundo hecho de papel no se revela nunca el precio real y sus factores, sino solamente barras de oro, dinero metálico, billetes de banco, letras de cambio, títulos y valores. Y esta inversión se pone de manifiesto sobre todo en los centros de que se condensa todo el negocio de dinero del país, como ocurre en Londres; todo el proceso aparece como algo inexplicable, menos aún en los centros mismos de producción". (Carlos Marx. El Capital. Volumen III. Capítulo XXX. Capital dinero y capital efectivo). Los capitalistas deben sacar todo este capital ficticio del sistema. Como un hombre cuyo cuerpo ha sido envenenado o un drogadicto que lucha contra los efectos de su adicción, deben expulsar el veneno del organismo o perecerán. Pero es un proceso doloroso y crea nuevos peligros para el organismo. Cuando el sistema se reduce y el crédito se agota, los capitalistas retiran de circulación sus deudas. Aquellos que no pueden pagar entrarán en bancarrota. Como resultado crece el desempleo y esto, a su vez, reduce la demanda, provocando nuevas bancarrotas y nuevas deudas que no se pueden pagar. De esta manera, todos los factores que impulsaron la economía hacia adelante durante el último período se convierten en su contrario. CONTINUA EN: <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
Registrate y eliminá la publicidad! Evo Morales: "Es la lucha histórica entre ricos y pobres, entre socialismo contra capitalismo" El drama de la revolución y la contrarrevolución en América Latina sigue desarrollándose sin pausa. En Bolivia, la movilización masiva de los trabajadores y campesinos frustró hace unas semanas un plan de golpe de Estado contra el gobierno de Evo Morales, quien venía de arrasar en el referéndum revocatorio de agosto con el 67% de los votos. En Venezuela fue desmantelada una trama golpista, con la implicación de altos mandos militares, cuyo objetivo era asesinar al presidente Hugo Chávez mediante el derribo del avión presidencial con lanzacohetes portátiles. El turno de Ecuador La revolución ecuatoriana enfrenta las mismas vicisitudes que sus pares venezolana y boliviana. La población votó masivamente a favor de la nueva Constitución que, como la venezolana, será una de las más avanzadas del mundo. Pero ningún papel escrito da automáticamente a las masas trabajadoras viviendas, empleos, comida, ni desarrollo cultural. Mientras las palancas económicas fundamentales (monopolios, bancos y latifundios) permanezcan en manos de los oligarcas y las multinacionales, ningún problema fundamental será resuelto a favor de aquéllas. Y mientras el viejo aparato estatal (policía, ejército, judicatura) no sea purgado de elementos contrarrevolucionarios y fascistas, como paso previo a su sustitución por un nuevo organismo estatal de control, gestión y dirección obrero y popular, siempre será una fuente de conspiraciones golpistas. Es necesario, por lo tanto, terminar con el poder económico y estatal de la oligarquía, que lo utilizará una y otra vez contra el pueblo trabajador para desabastecer y boicotear el desarrollo económico del país y preparar golpes contrarrevolucionarios ¿No es éste, acaso, el cuadro que vemos desarrollarse en Venezuela y Bolivia desde hace años? ¿Cómo defender la revolución latinoamericana? La arremetida de la derecha y del imperialismo en Bolivia a mediados de septiembre, que culminó en la masacre de decenas de campesinos en la región de Pando y en la toma de edificios públicos por bandas fascistas en el oriente del país, generó una ola de repulsa en toda América Latina y a nivel internacional. Hablemos claramente. Quienes detuvieron el accionar golpista en Bolivia fueron las masas trabajadoras por medio de la acción directa: paros, marchas, bloqueos de rutas, enfrentamientos físicos con los fascistas, etc. que contrastaron con los llamados lastimeros e inútiles del gobierno boliviano al cese de la violencia fascista y a la negociación. Lo mismo pasó fuera de Bolivia. Con la excepción de Venezuela, que expulsó al embajador estadounidense en solidaridad, casi todos los gobiernos latinoamericanos e instituciones inútiles como UNASUR, se limitaron a expresar lamentos hipócritas. La verdadera solidaridad exterior vino de las masas trabajadoras y de las organizaciones populares y de izquierda que convocaron marchas y actos de protesta en gran cantidad de países. Para los trabajadores y campesinos latinoamericanos no es indiferente el destino de las revoluciones en Venezuela, Bolivia o Ecuador. Si en estos países se impusieran el imperialismo y la oligarquía, sería un tremendo golpe a las aspiraciones de liberación y transformación social que está dándose en todo el continente latinoamericano. En cambio, si la revolución socialista triunfara definitivamente en alguno de estos países, el camino hacia la revolución en todo el continente y en el mundo estará mucho más despejado. Por eso es necesario redoblar la solidaridad con la revolución en Venezuela, Bolivia, Ecuador y el resto de América Latina. Hay que organizarse para romper la intensa campaña de mentiras de los medios de comunicación patronales contra las mismas y llegar a los barrios, escuelas, universidades y fábricas para explicar lo que está ocurriendo. La Campaña internacional de solidaridad "Manos Fuera de Venezuela", impulsada por la Corriente Marxista Internacional, ha desarrollado una labor intensísima en estas semanas en todo el mundo, en solidaridad con Venezuela y Bolivia, alcanzando países tan lejanos entre sí como México, Brasil y Canadá en América; España, Gran Bretaña y Austria en Europa; o Pakistán e Indonesia en Asia. En cada país, debemos obligar a los dirigentes de los sindicatos de clase y de las organizaciones obreras de masas a levantar su voz contra el imperialismo y a posicionarse con los trabajadores y campesinos latinoamericanos en lucha. Y es necesario organizarse también en cada país, porque los mismos que oprimen a las masas trabajadoras en Venezuela, Bolivia y Ecuador son los que quieren descargar el peso de la crisis económica que se avecina sobre nuestras espaldas, con despidos, recortes de los gastos en educación y salud, y ataques a nuestros derechos democráticos. Crisis del capitalismo en Latinoamérica y en el mundo La completa incapacidad del llamado "libre mercado" para resolver los problemas básicos de la población, y el saqueo de las oligarquías locales y las multinacionales, es lo que está llevando a sectores cada vez más amplios de las masas trabajadoras latinoamericanas a sacar la conclusión de que el capitalismo no sirve, de que es necesario luchar por una sociedad diferente. ¿Pero, acaso esta incapacidad del capitalismo de hacer avanzar la sociedad y resolver los problemas de la mayoría, no está revelándose también claramente en los países desarrollados? Es evidente que sí: la crisis económica, la pobreza, el desempleo, la desintegración social, la corrupción y la violencia afectan al mismo corazón del sistema: Estados Unidos y Europa. La recesión económica que está fraguándose no hará sino acentuar todavía más el carácter putrefacto del capitalismo en todo el planeta. El proceso revolucionario que hoy vemos en América Latina es el anticipo de lo que ocurrirá, más temprano que tarde, en Europa, EEUU, Japón, China, etc. El fracaso del estalinismo, que nada tuvo que ver con el socialismo, no puede ocultar ahora el fracaso del capitalismo en todas partes. Pero tenemos que hablar claro. El Socialismo hace eje en dos aspectos básicos. Por un lado, la nacionalización de las palancas fundamentales de la economía; y, por el otro, el control y la gestión democráticas por las mismas masas trabajadoras de esas palancas económicas y del conjunto de la sociedad. Sin estas dos premisas, hablar de Socialismo, y particularmente de Socialismo del Siglo XXI, es un engaño y un fraude. El presidente Chávez ha planteado en numerosas ocasiones que el futuro pertenece al socialismo. El mismo presidente boliviano, Evo Morales, afirmó en un reciente discurso en la ONU que lo que vemos en el mundo "es la lucha histórica entre ricos y pobres, entre socialismo contra capitalismo" (Clarín, 24 septiembre). Estamos completamente de acuerdo con esto. Pero ahora, de lo que se trata, es de pasar de las palabras a los hechos. ¡Alto a las conspiraciones golpistas contra Bolivia, Venezuela y Ecuador! ¡Fuera las manos imperialistas de América Latina! ¡Por la transformación socialista de la sociedad! Fuente: http://argentina.elmilitante.org/content/view/3784/33/ <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
Registrate y eliminá la publicidad! Viene de :http://www.taringa.net/posts/info/1618114/El-capitalismo-mundial-en-crisis-(-1ra-parte).html Bancarrota de la economía burguesa Los economistas se aferran insistentemente a la vieja ilusión de que era imposible una recesión mundial, que habían aprendido las lecciones del pasado (como un borracho aprende la lección después de la resaca). Decían que la crisis financiera se limitaría sólo a EEUU, que la economía norteamericana de alguna manera se "desacoplaría" del resto del mundo (así contradecían todo lo que antes habían dicho sobre la globalización), que Europa y China se convertirían en las nuevas fuerzas motrices de la economía mundial, y así otras cosas por el estilo. stock_chart.jpg¡Qué vacíos suenan hoy estos argumentos! Los precios de los bienes raíces están cayendo globalmente. La economía global se está desacelerando. Las economías europeas ya están apreciablemente desaceleradas y, con la inevitabilidad de nuevos fracasos bancarios y la escasez de capital disponible y crédito, este proceso continuará. Es verdad que las llamadas economías emergentes han continuado su crecimiento, pero es impensable que puedan permanecer apartadas de la crisis general cuando la afluencia de capital se agota y los precios de las mercancías retroceden. Por supuesto, este proceso tardará un tiempo y será desigual. Algunos países entrarán más pronto en crisis, otros más tarde. Pero al final, todos se verán arrastrados. Es indiferente en qué país comience la crisis, lo principal es que en las condiciones modernas ésta pasará de un país y continente a otro. En este caso comenzó en EEUU, que es el país que había llevado hasta su máximo extremo la manía crediticia. Pero poco después, y contra todos los pronósticos de los economistas, se extendió a Irlanda, España, Gran Bretaña y a toda Europa. Sus repercusiones alcanzarán América Latina, Asia y África. Un país detrás de otro caerá como si se tratara de un dominó. China no escapará aunque por el momento sigue avanzando. En una crisis los capitalistas están obligados a recurrir a medidas extraordinarias para acaparar una parte del mercado mermado. Recurren a la venta con descuento, al dumping y otros métodos para socavar a sus competidores. Con eso, agravan la crisis porque fomentan una espiral deflacionaria descendente. La gente retrasa sus comprar a la espera de precios más bajos y de esta manera empujan los precios aún más a la baja. Vemos este fenómeno más claramente en el mercado inmobiliario. El contagio se extiende como una epidemia incontrolada de un país a otro. Será evidente que cada país ha sobre-exportado (es decir, sobreproducido) y también sobre-importado (sobre-comerciado). (Ver El Capital. Volumen 3. p. 481. En la edición inglesa). Será evidente que cada uno de ellos ha estirado el crédito demasiado y avivado las llamas de la inflación y la especulación, que ahora deben extinguirse, no importa a qué costo. Es decir, no es cuestión de este o ese país, de este o ese banco, de este o ese especulador individual, sino del propio sistema. Es verdad que ninguna recesión dura eternamente. A largo plazo, se alcanzará un nuevo equilibrio, los precios se estabilizarán, se restaurará la rentabilidad y comenzará un nuevo ciclo. Pero no hay ningún síntoma de esto a la vista. La crisis aún no ha terminado, apenas acaba de comenzar. Nadie sabe cuándo terminará. Y, de cualquier manera, como dijo Keynes, "a largo plazo todos estaremos muertos". Es fácil ser sabio después que pasaron los acontecimientos. Los economistas burgueses son excelentes pronosticando las cosas cuando ya han ocurrido. En este aspecto se parecen a los autores de Viejo Testamento que pronosticaban con una precisión infalible acontecimientos históricos que habían ocurrido varios cientos de años antes. La gente crédula, como los Testigos de Jehová, están muy impresionados por ello, lo citan como una prueba de la inspiración divina de la Biblia. Otros, de una persuasión más escéptica y científica, dan la bienvenida a estas "predicciones" con grandes carcajadas. Las mismas personas que ridiculizaban a los marxistas y nos aseguraban que no habría más crisis, ahora gimen y agitan las manos. Nos dicen que es la crisis más profunda desde los años treinta, y esperan que nadie se dé cuenta de la flagrante contradicción entre esto y lo que decían solamente ayer. La realidad es la siguiente: que durante los últimos veinte o treinta años los economistas burgueses no han comprendido nada, no han anticipado nada y no han previsto nada. Han sido incapaces de pronosticar los booms ni las recesiones. Han pasado décadas intentando convencernos de que el ciclo económico había desaparecido, que el desempleo de masas era algo del pasado, que el monstruo de la inflación se había domesticado, y así otras cosas por el estilo. Todos los políticos reformistas, naturalmente, aceptaban este sinsentido como una moneda buena. En Gran Bretaña, Gordon Brown alardeaba: "El ciclo de boom y recesión ha desaparecido". Ahora ha tenido que tragarse sus palabras porque la economía británica se desliza hacia la recesión. Todo esto demuestra que la economía burguesa no es adecuada para nada excepto para justificar un sistema degenerado y en bancarrota. Lo que nosotros pronosticamos Comparemos las perspectivas de los marxistas con las que trazó la burguesía. En contraste con los economistas burgueses que cometieron el grave error de creer su propia propaganda, la corriente marxista explicó la realidad de la situación en el documento Al filo de la navaja: perspectivas para la economía mundial¸ escrito en 1999, donde escribimos lo siguiente: "En el pasado se decía que el papel de la Fed (Reserva Federal de EEUU) era llevar el cuenco de ponche cuando la fiesta estaba en pleno apogeo. Pero ya no es este el caso. Mientras públicamente hablan al público de fidelidad y austeridad, Alan Greenspan tolera la formación de la mayor orgía de especulación financiera de la historia, aunque debería ser consciente de los peligros que ello implica. Es como el emperador Nerón, que se divertía mientras Roma se quemaba. En realidad, subiendo los tipos de interés un miserable cuarto de punto, ha echado más leña al fuego de la especulación bursátil. De esta forma, el viejo dicho de ‘a quién los dioses desean destruir, primero lo vuelven loco' es totalmente correcto". Y seguimos leyendo: "Las barreras fundamentales para el desarrollo de las fuerzas productivas en la época moderna son la propiedad privada de los medios de producción y el Estado nacional. Sin embargo, durante un tiempo el sistema pudo superar parcialmente estas barreras por una serie de medios, como el desarrollo del comercio mundial y la expansión del crédito. Hace tiempo Marx explicó el papel del crédito en el sistema capitalista. Es un medio a través del cual el mercado puede ir más allá de sus límites normales. En el mismo sentido, la expansión del comercio mundial puede proporcionar una salida durante un tiempo, a costa de preparar una crisis catastrófica aún mayor en el futuro: " 'La producción capitalista está ocupada constantemente en el intento de superar sus barreras innatas, pero superarlas por medios que luego harán que estas mismas barreras adquieran un tamaño formidable. La barrera real de la producción capitalista es el propio capital' " (El Capital, vol. 3). "El circuito de la producción capitalista depende entre otras cosas del crédito. La solvencia de un eslabón de la cadena depende de la solvencia del otro. La cadena se puede romper por numerosos puntos. Más pronto o más tarde, el crédito debe saldarse en efectivo. Con demasiada frecuencia aquellos que se endeudan durante el proceso de auge capitalista se olvidan de este hecho. En la primera fase de expansión capitalista, el crédito actúa como un estímulo de la producción: ‘el desarrollo del proceso productivo se alarga por el crédito, y éste conduce a una extensión de las operaciones comerciales o industriales' (El Capital, vol. 3). "Ésta es sólo una cara de la moneda. La rápida expansión del crédito y la deuda empuja el mercado más allá de sus límites normales, pero en un cierto momento esto vuelve a su posición original. Durante el boom, el crédito parece no tener límites, como el Cuerno de la Abundancia de la antigua mitología griega. Pero tan pronto como aparece la crisis la ilusión se desvanece. Los reembolsos se retrasan, las mercancías no se venden en los mercados ya abarrotados y los precios caen. El desarrollo del mercado mundial no altera este proceso fundamental, salvo en que cuando se manifiesta lo hace con un alcance inmensamente mayor. La acumulación de deudas en última instancia hace más profunda y más prolongada la crisis de lo que hubiera sido de otra forma. La reciente historia de Japón es más que suficiente para confirmar esto. Después de una década de boom, caracterizada por el aumento rápido de los precios de los activos y las acciones, la burbuja estalló finalmente debido a un marcado aumento de los tipos de interés. La situación fue muy similar a la de EEUU en la actualidad. El 25 de diciembre de 1989, el Banco de Japón subió los tipos de interés causando una profunda caída de la Bolsa, pero como los precios del suelo aún continuaban subiendo fue necesario una nueva suba de los tipos de interés. En total, los tipos subieron un 6% y a final de año los precios de las acciones cayeron un 40%. A pesar de todo, el Banco de Japón mantuvo los tipos de interés elevados, medida entonces alabada por los economistas, que destacaron el prudente manejo de la economía por parte de la entidad japonesa. El resultado fue prolongar la recesión durante una década. "Con la globalización y la abolición de las restricciones al crédito y las transacciones financieras, el alcance de la expansión nunca antes fue tan grande, ni tampoco el potencial para un crash a escala mundial. Sin embargo la crisis no se origina por el capital ficticio, por las estafas de la Bolsa y el uso excesivo del crédito. Marx lo explica en el tercer volumen de El Capital: "'También ignoramos estas falsas transacciones y especulaciones que favorece el sistema crediticio. Entonces, una crisis sólo se puede explicar como resultado de una desproporción de producción entre el consumo de los capitalistas y su acumulación. La sustitución del capital invertido en producción depende en gran medida del poder de consumo de las clases no productivas; mientras, el poder de consumo de los trabajadores está limitado, en parte por las leyes salariales, en parte por el hecho de que son utilizados en la medida que son rentables para la clase capitalista. La razón última para todas las crisis reside en la pobreza y el consumo restringido de las masas frente al vigor de la producción capitalista en desarrollar las fuerzas productivas como si sólo el poder de consumo absoluto de la sociedad fuera su límite'" (El Capital, vol. 3) "La expansión del comercio mundial y la apertura de nuevos mercados en Asia también proporcionaron un estímulo temporal, pero sólo a costa de provocar un colapso incluso mayor". (Fundación Federico Engels. Marxismo Hoy. Nº 7) Estas líneas fueron escritas hace casi una década, cuando la aplastante mayoría de los economistas burgueses aún negaban la posibilidad de una recesión mundial. Así que tenemos todo el derecho a preguntar: ¿Quién comprendió mejor los procesos de la economía mundial y quién hizo predicciones correctas? ¿Los economistas burgueses o los marxistas? ¿Puede China salvar al mundo? Hay un viejo refrán que dice que un hombre ahogándose se agarra a un junco de paja. La burguesía y sus apologistas, alarmados por la profundidad de la crisis, buscan alrededor un junco de paja que los salve de hundirse más. Hasta hace poco sus esperanzas descansaban en Asia, China en particular. Pero la economía china ahora está empotrada firmemente al mercado mundial y reflejará toda su volatilidad. Un reciente artículo de Geoff Dyer en el Financial Times llevaba el elocuente título: La carga de Pekín. Una desaceleración de China es un mal agüero para la economía mundial. A pesar de la recesión en EEUU, las exportaciones han continuado creciendo con fuerza, expandiéndose un 22 por ciento durante los primeros ocho meses de 2008. Parte de la explicación es que las empresas chinas han seguido encontrando nuevos mercados para sus productos en otras economías en desarrollo que experimentan un auge económico. Pero esto sólo retrasa lo inevitable. Después de la crisis en Wall Street y el estancamiento en Europa y Japón, los inversores comienzan a preguntarse si China podría entrar también en crisis. Después de cinco años de rápido crecimiento, la economía china muestra incluso ahora claramente una desaceleración. Una tasa de crecimiento inferior al ocho por ciento tendría grandes implicaciones para China y la economía global. Los economistas también están preocupados por el sector bancario en China. Ya hay síntomas de problemas en el mercado exportador. La industria del vestido en Guangdong sufre una intensa tensión. Según las estadísticas provinciales, las exportaciones de prendas de vestir y accesorios de enero a julio cayeron un 31 por ciento respecto al mismo período del año pasado, a 13.300 millones de dólares. Las exportaciones de productos plásticos, juguetes y lámparas también están estancadas o descendiendo. Esto ha coincidido con una demanda débil de EEUU, donde las ventas al por menor cayeron en julio y de nuevo en agosto. El crecimiento global de las exportaciones de Guangdong a EEUU cayó al 6,3 por ciento durante los primeros siete meses de este año. Eso no puede ser una coincidencia. Un euro fuerte y un 27 por ciento de aumento de las exportaciones de Guangdong a Europa han compensado un dólar débil y el hundimiento del mercado norteamericano. Pero ahora es evidente la profunda y creciente contracción en Europa, que también es uno de los mercados más grandes de China. Esto finalmente tendrá un impacto sobre las exportaciones chinas. "Esto podría ser la calma que precede a la tormenta", dice Stephen Green, un economista de Standard Chartered de Shanghái. Son cada vez mayores las preocupaciones por el mercado inmobiliario, que ha sido uno de los principales componentes del boom de inversión de la economía china durante los últimos años. Las ventas han caído y la superficie en construcción cayó en agosto, mientras que la producción de acero, cemento y aparatos de aire acondicionado fue plana o bajó en ese mes, otro síntoma de actividad débil. Los analistas dicen que las hipotecas aprobadas también han caído profundamente en los últimos meses. "Creemos que la probabilidad de un desastre del sector inmobiliario en China es elevada", dice Jerry Lou, un analista de Morgan Stanley en Shanghai. Si el mercado inmobiliario cae a lo largo del próximo año eso tendrá serias consecuencias para el sector bancario. Si el crecimiento del producto nacional bruto cae muy por debajo del 8 por ciento el próximo año, eso causaría una caída aún más profunda de los precios inmobiliarios, acompañada de un colapso de la inversión en el sector privado. Las consecuencias sociales y políticas serían considerables. Hay signos de advertencia en otras partes de la economía. El crack en el mercado bursátil ha tenido un efecto negativo sobre la confianza del consumidor. Este año ha caído mucho la tasa de aumento de los ingresos urbanos. Las ventas de automóviles han caído el mes pasado un 6 por ciento y los viajes en avión también han sido bastante más bajos este verano. Gome, el vendedor al por menor de electrónica más grande del país, dijo que las ventas por metro cuadro en sus tiendas han caído un 3 por ciento en el segundo trimestre. El gobierno ha bajado los tipos de interés, eso indica que teme una crisis. Sin embargo, su margen de maniobra en la política monetaria es limitado por el miedo a que reaparezca la inflación, ésta alcanzó su tasa máxima anual de un 8,7 por ciento en febrero, antes de que cayera al 4,9 por ciento en agosto. Zhou Xiaochuan, jefe del banco central, dijo este mes: "La inflación en realidad se ha desacelerado durante los últimos meses, pero no podemos relajarnos porque la tasa puede rebrotar". Una recesión en China, o incluso una desaceleración seria del crecimiento, tendría un efecto muy serio sobre el mercado mundial, comenzando con los países productores de mercancías de África, Oriente Medio y América Latina. Los precios del cobre, por ejemplo, han caído un 23 por ciento en los dos últimos meses, en parte debido a los temores sobre el consumo chino del metal, que ha caído más de la mitad este año. Vividores y especuladores Existe furia y hostilidad crecientes hacia "el mercado", es decir, hacia el capitalismo. Como reacción a este ambiente, políticos burgueses como Alec Salmond del Partido Nacional Escocés, intenta dirigir la rabia de la opinión pública fuera del propio capitalismo y hacia un sector específico de la clase capitalista, los "vividores y especuladores" de las altas finanzas. De repente, se ha puesto de moda entre los políticos condenar a estos misteriosos individuos que se han sentado sobre venerables instituciones como el Banco de Escocia. Esta respetable entidad, nos dicen, ha estado presente durante trescientos años y ha sobrevivido a la Guerras Napoleónicas, al crack de Wall Street y a la primera y segunda guerra mundial, sólo para ser destruido por una banda de tiburones codiciosos con trajes de diseño y gafas oscuras. Este tipo de "explicación" no dice nada en absoluto. ¿Cómo un pequeño número de ávidos individuos posee un poder tan fenomenal? ¿Quiénes son estas personas? ¿Cuáles son sus nombres? ¿Dónde viven? Nadie lo sabe. Pero siempre es útil en una crisis poder culpar a alguien y si este alguien es perfectamente anónimo e ilocalizable, pues mucho mejor. Repentinamente, estos "vividores y especuladores" comienzan a jugar en la economía el mismo papel que juega Al Qaeda en la política internacional. En realidad, todos los banqueros y capitalistas son vividores y especuladores. Debe ser porque el sistema capitalista se basa en ser un vividor y en la especulación. También se basa en la codicia. Negar la codicia es negar el funcionamiento de la economía mundial, que se basa en la ganancia; es decir, en la codicia. La codicia de ganancias es lo que, en última instancia, mueve el sistema capitalista y ha sido la fuerza motriz desde su nacimiento. Sí, ¡pero se han vuelto demasiado codiciosos y ganan demasiado! Eso es lo que David Walker, presidente y ejecutivo jefe de la Peter G. Peterson Foundation y antiguo auditor general de EEUU tiene que decir: "¿Hay lecciones de la crisis de las subprime? La respuesta es sí. Las medidas que ha adoptado el gobierno recientemente no consiguieron establecer una estructura reguladora efectiva con relación a las hipotecas, derivados y otros valores. La codicia es rampante. Fannie Mae y Freddie Mac de su misión original pasaron a centrarse en la ganancia y el ingreso personal más que en su propósito público. Los lobbies de Wall Street facilitaron la relajación sobre la presión de Fannie Mae y Freddie Mac". (Financial Times. 22/9/2008). Esto es perfectamente cierto. Mientras que los trabajadores cobran de acuerdo con los resultados, los empresarios se pagan unas cantidades obscenas independientemente de los resultados. Cuando una empresa lo hace bien los trabajadores pueden conseguir algo más de salarios o de primas, pero los empresarios cobran millones en dádivas. Cuando una empresa va mal, los trabajadores no cobran nada, pero los empresarios aún cobran generosamente. Y cuando la empresa entra en bancarrota, los trabajadores son despedidos con poca o ninguna compensación (a menudo sin ni quiera pensión), mientras que los empresarios que han arruinado la empresa se van con un extravagante y dorado apretón de manos. Estos hechos son bien conocidos. Durante años los trabajadores han estado murmurando entre dientes por la injusticia y la desigualdad. La economía avanzaba y el mercado parecía dar resultados para todos (aunque muy desiguales), la opinión pública estaba sometida a un coro ensordecedor en los periódicos y la televisión, y los políticos de cada partido eran unánimes, aceptaban como bueno el argumento de que "lo que era bueno para los ‘creadores de riqueza' (empresarios) es bueno para mí". La estupidez de Brown A este lado del Atlántico los procesos que vemos en EEUU se reproducen, pero sólo en la forma de una caricatura torpe y patética. En la conferencia del Partido Laborista, Gordon Brown gimió sobre la "irresponsabilidad" de la City y dijo que las primas, en algunos aspectos, eran "inaceptables". Alistair Darling, ministro de economía, se hizo eco de los comentarios del primer ministro. Pero sus "ataques" parecían los de un hombre golpeando a un rinoceronte con un plumero. Comparado con los comentarios mordaces de John McCain y Barack Obama sobre Wall Street parecen muy débiles. Las medias tintas de Brown y Darling en el congreso del Partido Laborista indican que han pasado mucho tiempo arrastrándose por la City londinense y que ahora ya no son capaces de enderezar la espalda. En una situación donde cientos de miles de trabajadores de repente están amenazados con perder sus empleos, sus casas y ahorros, incluso el reformista menos ingenioso sería capaz de darse cuenta de que una denuncia de las estafas y la codicia de los banqueros sería inmensamente popular. Esto es una prueba de la total bancarrota y de la estupidez de estos presuntos líderes laboristas que no son capaces de adoptar los ataques demagógicos de las grandes empresas que sí han hecho Obama y McCain. Ni siquiera son tan radicales como la Iglesia de Inglaterra, cuyas dos figuras más veteranas han condenado las prácticas corruptas de los tratantes financieros. En un artículo aparecido en The Spectator, el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, atacó las "transacciones de papel sin resultado concreto más allá del beneficio para sus negociantes". Según él cuando este comercio empezó a ir mal, provocó un "daño real y devastador". Williams llamó la atención sobre el comercio de deudas de la industria financiera, que ha dicho se hizo "sin responsabilidad... siendo el motor de una conquista financiera astronómica para muchos en los últimos años". Dijo que la crisis financiera actual "demuestra el elemento de irrealidad básica de la situación, la realidad es que se ha generado una riqueza casi inimaginable a niveles igualmente inimaginables de ficción, transacciones en papel sin un resultado concreto más allá del beneficio para los comerciantes". El arzobispo continuaba: "Dado que el riesgo para la estabilidad social general en estos procesos ha demostrado ser enorme, no es útil pretender que el mundo financiero puede mantener indefinidamente el grado de inmunidad y la desregulación que ha disfrutado". (El entrecomillado es mío). Aquí tenemos la esencia de la cuestión. Los representantes del capitalismo (incluidos los religiosos) pueden sentir cómo la tierra tiembla bajo sus pies. Temen las consecuencias sociales y políticas de la crisis, que representan un riesgo enorme para la estabilidad social, apelan al gobierno y a los empresarios para que hagan algo antes de que sea demasiado tarde. ¿Pero cuál es el propósito de Williams? Dice que "desentumecer el régimen financiero" es a veces necesario para impulsar la empresa y crear riqueza que permita "sacar a poblaciones enteras de la pobreza". Es una noble aspiración, y algo que es totalmente imposible de conseguir sobre esta tierra pecaminosa. Incluso más mordaz ha sido su colega Sentamu, el arzobispo de York. Lloyds TSB, un importante banco británico, había anunciado la semana anterior que había aceptado adquirir HBOS por 12.200 millones de libras después de que sus acciones se hundieran. Desde la adquisición, los comentaristas han criticado a los que vendieron las acciones prestadas por debajo de su precio actual, consiguiendo que los precios cayeran más antes de que las compraran. Sentamu dijo lo siguiente en una cena anual de la Workshipful Company of International Bankers: "Nos encontramos en un sistema de mercado que parece haber tomado sus reglas de comercio de Alicia en el país de las maravillas". Y continuaba: "Para un espectador como yo, aquellos que deliberadamente han conseguido 190 millones de libras vendiendo por debajo de su precio las acciones de HBOS, a pesar de su fuerte base de capital, y que lo han arrojado en brazos de Lloyds TSB, son claramente ladrones de bancos y fraccionadores de valores". Este lenguaje tan fuerte procedente de un hombre de Dios fue totalmente inesperado y sin duda tuvo un efecto desafortunado en la digestión de los que cenaban en la Workshipful Company. Los banqueros allí reunidos tampoco quedaron muy contentos al escuchar los comentarios del arzobispo sobre el plan del Tesoro norteamericano de dedicar 700.000 millones de dólares a comprar la deuda mala que tienen los bancos y otras instituciones financieras. El arzobispo habló de la necesidad de sistemas financieros estables si se quería erradicar la pobreza pero añadió: "Una de las ironías de esta crisis financiera es que ha demostrado que adoptar medidas contra la pobreza es totalmente asequible. Costaría 5.000 millones de dólares salvar la vida de seis millones de niños. Los líderes mundiales podrían encontrar 140 veces esa cantidad en el sistema bancario en una semana. ¿Cómo pueden decirnos que la ayuda para los más pobres es demasiado cara?" Cuando escribí este artículo, los líderes mundiales se reunían en EEUU para marcar un avance en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, una serie de objetivos destinados a reducir la pobreza global y mejorar los niveles de vida para el año 2015. Podría depositar mi fe en el Señor y esperar que las duras amonestaciones del arzobispo hayan tenido el efecto deseado, pero toda la experiencia nos lleva a dudar de que ese sea el caso. Incluso The Financial Times observaba: "Incluso en tiempos de boom, pocas personas ríen calurosamente cuando contrastan sus modestos ingresos con las enormes primas de unos pocos afortunados. "Sencillamente la envidia ahora se vuelve furia justificable, primero ante el daño que el caos financiero ha infligido a los inocentes, y ahora la serie de cheques en blanco de los contribuyentes que se extienden a estas entidades. La reacción en cadena está en marcha. Merece la pena distinguir las primas excesivas de los sueldos y que son las que fomentan la imprudencia. Los acuerdos salariales opulentos son una cuestión que sólo importan a los accionistas que los financian. Pero recompensar la imprudencia es un problema para todos nosotros. "Demasiados gestores de inversión han cobrado por representar lo que parecía impresionante pero que tenía las semillas de la catástrofe. La catástrofe ha llegado, los inversores han quedado en la ruina, los contribuyentes son los siguientes y todavía los administradores mantienen las primas que recogieron en los años de plenitud". Pero después rectifica el balance y añade: "Debemos decir a su favor que, Mr. Brown y Mr. Darling no se han centrado en los altos salarios sino en los planes de retribución que recompensa a los jugadores". La realidad es que los que compran y venden acciones son todos jugadores y ese juego en la bolsa es su negocio que se pasa por alto discretamente. Los periodistas del Financial Times (que por alguna razón consiguen mantener la cara seria) continúan: "El siguiente paso ahora está en la Autoridad de Servicios Financieros, el regulador de la City, pero el problema es más fácil señalarlo que solucionarlo. El desafío es pagar a los gestores de inversión y de negocios por su verdadero rendimiento. Si eso fuera fácil, los accionistas lo harían de manera rutinaria. Una aproximación imperfecta es condicionar algunas primas a los resultados a largo plazo, retrasando el pago hasta que el polvo haya desaparecido, o insistir en que los gestores arriesguen su propia riqueza. Pero es difícil de imaginar reglas rígidas. "La salida más práctica es que la ASF considere los planes de incentivos como parte de su revisión global de la estabilidad de las empresas financieras. Es optimista excepto porque se requiere demasiado esfuerzo, pero una legislación sobre primas de la City sería totalmente contraproducente, estas leyes son fácilmente sorteadas ocultando los riesgos o enviándolos al exterior". La política del "Nuevo Laborismo" está claramente dictada por las últimas editoriales del Financial Times. "Economía concentrada" Lenin dijo que la economía era política concentrada. La crisis económica que recorre el mundo está teniendo efectos muy serios sobre la psicología de todas las clases, empezando por los propios capitalistas. En un período en que el capitalismo avanzaba, la presión de las ideas burguesas sobre la clase obrera y sus organizaciones se redobló. En Gran Bretaña no ha habido una recesión económica seria durante más de dos décadas. Por lo tanto, los argumentos de los políticos burgueses y economistas (los dos trabajan en equipo) sobre las cualidades milagrosas del "libre mercado" encontraron eco incluso entre la clase obrera, pero particularmente en su dirección. Estas fueron las bases materiales para la total degeneración de la socialdemocracia y los partidos "comunistas" en Europa y de los dirigentes sindicales en todas partes. En Gran Bretaña, que estaba en la vanguardia de la contrarrevolución capitalista durante las tres décadas pasadas, fue el suelo donde el "Nuevo Laborismo" floreció bajo la dirección del reverendo Anthony Blair. Para los activistas del movimiento obrero, este período fue una pesadilla que parecía no tener fin. No había límites para la degeneración de los dirigentes de las organizaciones de masas, no había profundidad en la que no se hundieran, ni ninguna acción infame que no fueran incapaces de cumplir para complacer a la clase dominante y, por supuesto, al mercado. El pesimismo de los activistas llevó a la apatía y al vacío de las organizaciones tradicionales de masas, que se llenaron de arribistas de clase media en busca de empleo y promoción. Esto a su vez llevó a un nuevo bandazo a la derecha, que profundizó aún más la desilusión de los trabajadores. Fue un círculo vicioso que se retroalimentaba y que ha durado hasta ahora. Pero las cosas comienzan a cambiar rápidamente. La conciencia humana en general es conservadora. La gente normalmente teme el cambio y se aferra a lo que es familiar. El hábito, la rutina y la tradición pesan mucho sobre la conciencia de las masas, que va por detrás de los acontecimientos. Pero en momentos críticos de la historia, los acontecimientos se aceleran hasta el punto crítico en que la conciencia se dispara. Ahora hemos llegado a ese punto crítico. Lo que es verdad para las naciones industrializadas del mundo es diez veces más verdad de lo que algunas veces parece para el "tercer mundo". El número de los que viven en la extrema pobreza está aumentando rápidamente en Asia, África y América Latina. Un informe publicado recientemente por las Naciones Unidas decía que una cuarta parte de todos los niños en el mundo subdesarrollado tienen peso insuficiente; más de 500.000 mujeres mueren cada año en el parto o por las complicaciones del embarazo; un tercio de la creciente población urbana en los países en vías de desarrollo vive en villas miseria. Un informe del Banco Interamericano de Desarrollo avisaba de que el aumento de los precios empujaría a 26 millones de personas en América Latina a unas condiciones de absoluta penuria. Esta era la situación después de un largo período de crecimiento económico a escala mundial. Fue lo mejor que podía ofrecer el capitalismo. ¿Qué ocurrirá en condiciones de crisis? Por lo tanto, nos enfrentamos a un fenómeno mundial que está lleno de implicaciones revolucionarias. De esta manera, la globalización se manifiesta como una crisis global del capitalismo. ¿Cuál es la solución? Dicen que la crisis actual es el resultado del fracaso regulador para vigilar el excesivo riesgo que tomaba el sistema financiero, especialmente en EEUU. Además dicen que "debemos asegurarnos de que no vuelve a suceder". ¡Resulta irónico! Durante las últimas tres décadas los economistas y políticos burgueses precisamente han defendido lo contrario: que todas las regulaciones eran malas para los negocios y que se deberían abolir (se defendía particularmente en el sector financiero). Las declaraciones demagógicas sobre la necesidad de frenar las primas excesivas y la regulación de los sueldos de los miembros de los consejos de administración son sólo humo ¿Qué se puede conseguir con estos milagros? ¿Con qué mecanismo? Los banqueros tienen mil maneras de eludir las inspecciones. Ocultan los libros de cuentas y hacen todo lo posible para que los inspectores no puedan descubrir sus actividades fraudulentas. Incluso el gobierno norteamericano utiliza trucos similares que encubren las verdaderas dimensiones de su déficit presupuestario. El argumento a favor de regular los mercados es absurdo, como fue la decisión de prohibir (temporalmente) la práctica de "vender en corto" [la obligación de retener durante un mínimo de tiempo las acciones de una empresa antes de revenderlas. Nota de EM]. Para que los mercados puedan funcionar es necesario que se compren y vendan acciones, y debe hacerse sobre la base de calcular si el precio de la acción va a subir o bajar. La idea de que es permisible comprar acciones sólo cuando van a subir es evidentemente una idea absurda. Las agencias de credibilidad crediticia, que se supone distinguen los buenos créditos de los malos, dieron credibilidad a paquetes hipotecarios garantizados sin mirar la debilidad de las hipotecas subyacentes. De la misma manera, los compradores de deuda norteamericana emitida por Fannie Mae y Freddie Mac asumieron con despreocupación lo que les garantizaba el gobierno norteamericano. El resultado es que el contribuyente estadounidense ahora tiene detrás más de 5 billones de dólares en hipotecas y es demasiado pronto para decir cuál será la factura final. La conclusión es bastante clara. O tenemos libre mercado basado en la búsqueda de la ganancia o tenemos economía nacionalizada planificada. Pero el "capitalismo regulado" es una contradicción. En otro artículo, el Financial Times plantaba la cuestión de una manera más clara: "no importa qué ideas políticas disparatadas sugieran frenar los controvertidos paquetes salariales de los directivos, las mentes brillantes de las finanzas encontrarán la manera de sortearlos o salir de la parte regulada de la industria". Es necesario abolir estos grotescos casinos que deciden el destino de millones de personas y sustituir la anarquía capitalista por una sociedad racional basada en la economía planificada. Dicen que las medidas adoptadas por Bush y Brown representan la nacionalización. Pero estas medidas no tienen nada que ver con la idea socialista de nacionalización. No pretenden eliminar el poder económico de las manos de los adinerados parásitos que constituyen una carga monstruosa para la sociedad y un obstáculo en el camino del progreso. Todo lo contrario, representan un intento de proteger el interés de estos parásitos dándoles enormes ayudas, sacadas de los bolsillos de la clase obrera y la clase media. Los socialistas se oponen radicalmente a estas políticas, que no tienen nada que ver con la verdadera nacionalización y que sólo son una especie de capitalismo de Estado, que pretenden salvaguardar el sistema capitalista. Llevarán inevitablemente a un aumento de la monopolización, a despidos en masa, a cierres bancarios, a hipotecas más altas y otras medidas antiobreras. Los banqueros son recompensados por el Estado por sus actividades viles, que les compra todas sus pérdidas, después gasta enormes cantidades del dinero de los contribuyentes para volver a hacer rentables a los bancos, y cuando lo han conseguido, los devuelven de nuevo a los banqueros, que cometerán un doble delito a costa de la sociedad. Pueden reanudar su especulación y robo una vez más. Es necesario arrebatar los puestos de mando de la economía de las manos privadas, nacionalizar los bancos, las empresas aseguradoras y las grandes compañías con una compensación mínima y sólo si está basada en casos de necesidad comprobada. Sólo cuando las fuerzas productivas estén en manos de la sociedad, será posible establecer un plan socialista racional de producción, donde las decisiones se tomen en interés de la sociedad, y no de un puñado de ricos parásitos y especuladores. Ese es el objetivo fundamental del socialismo. Es una idea que ahora será comprendida y bienvenida por millones de personas que anteriormente la consideraban como algo extraña y ajena. La gente que se manifestó en las calles de Nuevo York contra el plan Bush no eran socialistas. Hace doce meses probablemente aún eran defensores del libre mercado. Nunca han leído a Marx y sin duda parecen patriotas norteamericanos. Pero la vida enseña y en situaciones como ésta, la gente aprende más en pocos días que en toda una vida. La clase obrera de EEUU está aprendiendo rápido. Y como decía Víctor Hugo: "Ningún ejército es tan poderoso como una idea cuando su tiempo ha llegado". 26 de septiembre de 2008. http://argentina.elmilitante.org/content/view/3779/56/ <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
Pánico en los mercados mundiales Alan Woods El Militante El pánico se ha apoderado de los mercados mundiales. La situación está completamente fuera de control y no hay nada que los gobiernos puedan hacer o decir para detenerlo. Como en 1929, cada vez que se pensaba que lo peor estaba por llegar, se producían inmediatamente nuevas caídas. Nadie sabe hasta dónde pueden llegar los precios de las acciones. La economía mundial se encuentra ahora en mar abierto. "Estamos mucho más allá de los fundamentos", dice Chris Orndorff, jefe estrategia de valores de Payden & Rygel, de Los Ángeles. "Esto es sólo puro pánico, eso es todo". Nadie tiene la más mínima idea de adónde va todo y cómo terminará. Pero todas las luces están parpadeando en señal de peligro. Hoy en el mercado londinense todas las acciones han caído severamente, incluso las acciones de las farmacéuticas, que podrían ser consideradas seguras. Ayer en EEUU el Dow Jones Industrial Average cayó por debajo de los 9.000 puntos por primera vez desde 2003. Hubo caídas similares por toda Europa, París cayó un 8,4 por ciento y Alemania un 9,1 por ciento. La bolsa de Viena suspendió sus operaciones hasta el viernes por la tarde. La presuntuosa burguesía rusa, que imaginaba que se libraría de la crisis mundial, ha tenido una dura sorpresa con la caída repentina de los precios del petróleo. En Moscú la bolsa sigue suspendida debido al exceso de volatilidad. La bolsa estadounidense está en camino de registrar su peor año desde 1937. "Nunca he visto un pánico como este", decía David Wyss, economista jefe de Standard & Poor. "He visto caer los mercados, pero no un pánico global". En el Washington Post podíamos leer hoy: "El temor y la aprensión se apoderaron el jueves de Wall Street, cuando el mercado cayó de nuevo y los inversores se convencieron de que la nación estaba al borde de una recesión profunda y prolongada". El enorme paquete de 700.000 millones de dólares que pretendía recuperar de nuevo el préstamo interbancario claramente ha fracasado en su objetivo. El tipo de interés a tres meses que utilizaban los bancos para prestarse entre sí dólares (conocido como Libor) ha subido al 4,8 por ciento. Cuando llegó el clima de terror se vieron caídas duras en todos los mercados de Asia. En Tokio los precios de las acciones cayeron más de un 10 por ciento y se suspendieron las operaciones de algunas acciones y opciones. Los precios de las acciones alcanzaron su nivel más bajo desde junio de 2003. El Banco de Japón reaccionó inyectando un total de 4,5 billones de yenes (66.600 millones de dólares) en los mercados monetarios. Las acciones en Australia registraron su peor semana desde el crack bursátil de 1987. El índice Kospi de Corea del Sur alcanzó su nivel más bajo desde el 23 de junio de 2006, mientras que el hundimiento de los futuros desencadenó la paralización de las operaciones. Era el octavo día comercial consecutivo en que el banco central japonés inyectaba dinero a los mercados para intentar garantizar una afluencia de efectivo vital para el sistema financiero. Pero no ha tenido efecto. Las acciones en Tokio en una semana bajaron un 24 por ciento, el doble que la caída semanal que tuvo durante el crack bursátil de 1987. "La venta es imparable en Nueva York y Tokio", decía Yutaka Miura, veterano estratega de Shinko Securities de Tokio. "Los inversores son presas del miedo". En toda Asia vemos la misma historia. El punto de referencia de Hong Kong, el índice Hang Seng, alcanzaba su punto más bajo en ocho años mientras que los precios de las acciones filipinas caían más de un 8,3 por ciento. En Indonesia se suspendieron los planes de reabrir la bolsa para evitar lo que el presidente del mercado calificó como "pánico profundo". Las operaciones se detuvieron durante dos días a principios de esta semana. En India, el Mercado de Mumbai se hundió un 6,5 por ciento nada más empezar las operaciones. Poco después, el banco central indio inyectaba otros 12.800 millones de dólares en los mercados monetarios. Las acciones australianas cerraron con una bajada del 8,3 por ciento. Debemos recordar que no hace mucho se suponía que Asia era el factor mágico que evitaría una recesión global. Y había almas cándidas dispuestas a creérselo. Gran Bretaña en crisis Tony McNulty, ministro en el gobierno de Gordon Brown, ayer se convirtió en el primer ministro que reconoce que Gran Bretaña se encamina hacia la recesión. Dijo que el éxito de la gigantesca limosna los bancos británicos "será el precursor [sic] de lo larga y profunda que será la recesión". Además añadió: "Lentamente nos acercamos a una etapa donde la desaceleración podría convertirse técnicamente en una recesión y después hablaremos sobre la naturaleza y profundidad de la recesión". Estos comentarios pesimistas contrastan mucho con las anteriores afirmaciones (no hace mucho escuchadas) de que el regalo del gobierno británico a la banca resolvería la crisis del crédito. De la noche a la mañana, su audaz afirmación cambió. En lugar de "resolver la crisis del crédito", se dice que su propósito es "evitar el colapso del sistema bancario". En total, Brown y Darling han puesto unos 500.000 millones de libras a disposición de los banqueros. La mayor parte en forma de préstamos y otro tipo de garantías, que según ellos serán devueltos (aunque cuándo exactamente no lo dicen). Está la cantidad de 50.000 millones de libras que esperan será devuelta pero no tienen ni idea de cómo o cuándo. La esperanza, por supuesto, es algo maravilloso. Todo jugador espera que la próxima jugada le haga rico. Y esta esperanza particular tiene poca base. Lo que es verdaderamente asombroso es cómo estos caballeros hablan de pasmosas sumas de dinero como si se tratara de calderilla. 50.000 millones de libras es una cantidad enorme. Es cinco veces lo que se espera que cuesten los Juegos Olímpicos de 2012 y un tercio de todo el dinero recibido a través de impuestos el año pasado en Gran Bretaña. También es un 60 por ciento más de lo que el gobierno ha pedido prestado el último año impositivo. Esta cantidad es mucho mayor de lo que se recauda por impuestos y de lo que se pedirá prestado. Supone aumentar enormemente el nivel de endeudamiento de la economía británica. Significará una carga pesada sobre el contribuyente e impondrá severas restricciones al gasto público en el futuro previsible. Gordon Brown pretende que se trata de una inversión que finalmente se pagará por sí misma. El argumento es que ya se ha hecho en Escandinavia. Pero aunque es verdad que Noruega consiguió recuperar el dinero, en cambio Suecia y Finlandia sufrieron pérdidas. Como cualquier inversión se trata de un juego y su éxito o fracaso depende totalmente de si los bancos se recuperan. Pero no hay señal de ello. Por otro lado, esta medida no ha tenido el efecto de restaurar la confianza en los mercados financieros. El mismo día del anuncio el FTSE experimentó una caída de cinco puntos y desde entonces ha seguido bajando. Esta situación confirma los comentarios hechos en la Cámara de los Comunes por Colin Burgon, parlamentario laborista por Elmet: "Lo que vemos es la mano invisible del mercado metiendo la mano en el bolsillo del contribuyente y cogiendo 50.000 millones de libras y quizá poner dos dedos más". Las medidas suponen una nacionalización parcial. Pero en los consejos de administración de los bancos "nacionalizados" no hay nadie que represente los intereses de los contribuyentes y, por lo tanto, no hay un control real sobre los banqueros. En la Cámara de los Comunes, los conservadores y los liberales respaldaron el plan del gobierno. ¡Es natural! En una crisis todos los hombres y mujeres se unen por el bien de la causa, es decir, por la causa del Capital. Los líderes de todos los partidos mostraron su lealtad a la City de Londres. Pero el líder conservador, David Cameron, no pudo resistirse en ganarle el punto a su rival nuevo laborista. Con el tipo de cinismo amable que sólo puede dar años de práctica habitual, exigió que no se pagase a los banqueros este año ninguna bonificación. Esta petición, que pretendía llegar al a amplia audiencia, cogió desprevenido al pobre Gordon (no es difícil conseguirlo). En una muestra de ineptitud parlamentaria asombrosa incluso para su propio nivel, el primer ministro habló entre dientes algo sobre la necesidad de "premiar la competencia" o palabras sobre ese tema. En un momento en que todo el mundo sabe que estos "competentes" banqueros han destrozado todo el sistema financiero mundial, estos comentarios del líder laborista no le servirán para ganar muchos nuevos admiradores dentro o fuera de la madre de todos los parlamentos. Es verdad que al día siguiente nuestro Gordon (sin duda aconsejado por sus asesores) decidió hacer unas declaraciones públicas sobre los banqueros "irresponsables" que deberían ser "castigados", aunque no quedó claro exactamente cuál sería este "castigo". Quizás les obliguen a escuchar los discursos de Alistair Darling sobre la "probidad" financiera durante todo un fin de semana. Probablemente preferirían renunciar a sus gratificaciones anuales. Islandia, una nación en bancarrota Aunque las profundas caídas de los mercados mundiales era el signo más visible de la profundización de la crisis, otro más significativo fue el aumento de los tipos de interés de los préstamos interbancarios a corto plazo, a pesar de la reducción de tipos de interés que el miércoles acordaron los principales bancos centrales del mundo. Esto demuestra que los bancos a lo que más temen es a prestarse dinero entre ellos. La reducción del crédito presagia un desastre no sólo en el sistema financiero, sino también en la industria productiva, en el consumo e incluso para naciones enteras. Hoy The Washington Post señalaba el daño que ya se ha infligido a la industria manufacturera norteamericana: "Unos de los más perjudicados han sido los fabricantes de automóviles estadounidenses. J. D. Power y Associates dijeron que la industria automovilística en conjunto podría experimentar un ‘colapso absoluto' en 2009. Después S & P Ratings Agencia ponía en situación de alerta a GM por su deuda. Las acciones de GM cayeron un 31 por ciento, a 4,76 dólares, su nivel más bajo desde 1950, y las de Ford cayeron un 22 por ciento". Esto significa que las grandes empresas en un futuro próximo entrarán en bancarrota, con el consiguiente aumento del desempleo, que supondrá una contracción significativa del mercado provocando aún más bancarrotas. El artículo continúa: "Mientras tanto, los nubarrones se han trasladado a nuevos sectores de la economía. Problemas en sectores como la producción de acero y maquinaria pesada, que hasta hace poco crecían con energía, lo que ha contribuido a apuntalar la idea de que la economía estadounidense ha caído en una recesión significativa. Los economistas pronostican que la economía se contraerá hasta mediados del año 2009". Incluso la profunda caída de los precios del petróleo fueron malas noticias para el mercado y las acciones energéticas cayeron. Exxon Mobil y Chevron bajaron cada una un 12 por ciento. Durante el tercer trimestre los consumidores norteamericanos han reducido mucho su gasto, en lo que será el primer trimestre de declive en los 17 años que el gobierno lleva publicando estas cifras. Esta es la cuestión más decisiva. El mercado estadounidense solía absorber una enorme cantidad de mercancías producidas en otros países. Una reducción profunda de la demanda en EEUU significa que estos productos no se podrán vender. Todo el parloteo de los economistas burgueses sobre el "desacople" de la economía estadounidense del resto del mundo ha demostrado ser una estupidez. Como una roca pesada lanzada sobre un lago, la crisis está provocando ondas. El tsunami financiero que comenzó hace dieciocho meses en EEUU ahora ha golpeado a Islandia, donde el banco de internet Icesave ha anunciado que congelará todas las cuentas de sus clientes; eso significa que quien tenga dinero en el banco tendrá que solicitar una compensación para recuperar su dinero. Un banco matriz de Icesave, Landsbanki, fue nacionalizado por las autoridades reguladoras islandesas. Los intentos de conseguir dinero por parte de las autoridades de Reikiavik han fracaso por la sencilla razón de que Islandia está en bancarrota. Islandia siguió el ejemplo de Gran Bretaña y EEUU durante el último período y su economía, por lo tanto, dependía mucho de la industria de servicios y productos financieros. Como resultado, estaba muy expuesta al mercado subprime. Esto ha llevado a todo el país a la ruina. La insolvencia afecta a unos 350.000 ahorradores británicos y holandeses, con aproximadamente 4.500 millones de libras en depósitos. Las autoridades locales y otras instituciones públicas británicas han perdido más de mil millones. Como el gobierno británico no consiguió garantías de Reikiavik de que Islandia pagaría ese dinero (siempre es difícil sacar sangre de una piedra), ha dado un paso sin precedentes congelando los bienes islandeses en Gran Bretaña, recurriendo a la ley antiterrorista para justificar su acción. Esto ha provocado un incidente diplomático entre Reikiavik y Londres. Hay claros síntomas de desesperación, lo que no es sorprendente. Cuando el gobierno británico dio 500.000 millones de libras a los bancos, realmente se trataba de una jugada desesperada. Ahora ha utilizado todas sus reservas y hundido a la nación más aún. La economía británica está incluso más expuesta ahora a los efectos de la crisis internacional de lo que estaba antes. Nick Louth escribe lo siguiente en MSN Money (8/10/08): "Sin embargo, para todos nosotros el mayor riesgo ahora es la economía en general. Arrojando la inflada deuda de los bancos al bote salvavidas nacional, la economía está hundiéndose más en el agua y es mucho más vulnerable a las olas recesivas". Mientras que formar parte de la zona euro protege a países como Irlanda, afligido por la misma debilidad bancaria y caída de los precios inmobiliarios, la libra esterlina es muy vulnerable. Al pedir prestado 50.000 millones de libras extras, muchas de ellas al extranjero, el gobierno británico ha socavado aún más la confianza en el valor de la moneda. La libra esterlina ya ha caído tanto frente al dólar como respecto al euro. La libra caerá incluso más, reflejando así la debilidad de la economía británica que ya está en recesión. Muchas pequeñas empresas se enfrentan a la bancarrota debido a la congelación del crédito. Seguirán las grandes. Ahora el desempleo comienza a subir. Anarquía capitalista Los economistas burgueses expresan su absoluta perplejidad. Robert Solow, ganador del Premio Novel en 1987 por su trabajo sobre el crecimiento económico, manifestó al The Washington Post que el "potencial para la inestabilidad siempre estaba allí" pero se había sorprendido por la magnitud de los problemas. "Estoy tan confundido como los demás (...) No tengo ninguna sabiduría particular para vender". Estas palabras expresan de forma adecuada la psicología actual de la burguesía y sus ideólogos, que están, por utilizar una expresión de Trotsky, "deslizándose hacia el desastre con los ojos cerrados". En un intento desesperado de evitar la amenazadora catástrofe, los políticos económicos globales se reúnen en Washington hoy 10 de octubre para las reuniones anuales del FMI y del Banco Mundial, para intentar encontrar respuestas coordinadas. Pero todas las medidas que se tomen serán en vano. Los mercados continúan su incansable movimiento descendente. Incluso cuando el ministro británico, Alistair Darling, y otros ministros de economía del grupo G7 llegaban a Washington para discutir los planes para restaurar la "confianza", como hemos visto, el índice Dow Jones de las principales acciones ya caía por debajo de los 9.000 puntos por primera vez desde 2003. El objetivo declarado del gobierno británico en esta cumbre es empujar a otros países hacia una "aproximación comprensiva" para resolver la crisis financiera y un esfuerzo renovado para el fortalecimiento de la coordinación económica internacional. Pero en primer lugar, cuando un ejército se dirige en el campo de batalla y grita: "sauve qui peut" (¡Sálvese quien pueda!) es inútil intentar restaurar un sentido de disciplina colectiva y espíritu de equipo. En segundo lugar, hoy el gobierno británico no está en situación de empujar a nadie a hacer algo. En realidad, ya tiene suficientes problemas obligando a la pequeña Islandia a reembolsar varios miles de millones de libras de los depósitos perdidos. El Secretario del Tesoro norteamericano, Henry "Hank" Paulson intenta ampliar la reunión al G20, incluyendo además de las economías desarrolladas del G7 a países como Rusia, China, India y otros que han crecido rápidamente, sigue el viejo principio de "la miseria no viene sola". Juntos contaría con la gran mayoría del PIB mundial y Paulson espera que todos estén dispuestos a compartir el dolor común, principalmente ayudar a EEUU a salir de su miseria. La reunión del G7 llega al final de una tumultuosa semana donde los mercados han caído por todo el planeta. Lo que aquí vemos es miedo. El pánico que ha arrastrado a los mercados amenaza con aplastar todos los intentos de los gobiernos para contener la crisis. Ninguna de las medidas desesperadas adoptadas por la Fed, los gobiernos europeos y británico, y los bancos centrales, han conseguido detener la estampida. Hay una vieja ley, el instinto de manda, que gobierna la conducta de los mercados. El apenas perceptible olor de un león merodeando en un arbusto enviará una señal a una manada de ñus que, presas del pánico, no habrá nada que los pueda detener. Este es el tipo de mecanismo que determina el destino de millones de personas. Esta es la cruda realidad de la economía de mercado. El presidente Bush hoy 10 de octubre tiene prevista hacer una declaración sobre la crisis en el Rose Garden. También dará el paso nada habitual de reunirse con los ministros de economía del Grupo de los Siete países industrializados el sábado. La jefa de prensa, Dana Perino, dijo que Bush "garantizaría al pueblo norteamericano que debían tener confianza en que las autoridades económicas emprenderían todas las medidas enérgicas necesarias para estabilizar nuestros sistema financiero". La suposición, como siempre ocurre con la burguesía, es que la crisis está provocada por la falta de confianza. Pero la "confianza" refleja las condiciones económicas objetivas. Ningún discurso confortable de presidentes, banqueros centrales o el Papa de Roma marcará la más mínima diferencia. La lucha de clases en el orden del día Igual que un ñu es capaz de oler a un león, los mercados pueden oler la inminencia de una recesión. Una vez esto ocurre nadie puede detenerlo. Todos los discursos, todos los recortes de tipos de interés y todos los rescates a bancos, no tendrán ningún efecto en los mercados financieros. Verán que los gobiernos y bancos centrales tienen miedo, por tanto sacarán las conclusiones necesarias. Ayer, 9 de octubre, hubo insinuaciones de que el Tesoro norteamericano estaba dispuesto a nacionalizar parcialmente algunos bancos importantes de EEUU. Este gesto extraordinario, que va en contra de todos los preceptos de la "economía de libre mercado", pretendía calmar los nervios. Naturalmente no lo consiguió. El problema es que lo que comenzó como una crisis bancaria ahora afecta a la economía real. El director del FMI, Dominique Strauss-Kahn, dijo ayer que "estamos en la cúspide de una recesión global" y pidió un programa de fondos de emergencia para países que experimentan dificultades. Sin embargo, se negó a nombrar ninguno de los futuros receptores de la ayuda del FMI, resulta obvio que los principales contendientes son las naciones ricas, Islandia, ha dicho que no busca estos fondos. En cualquier caso, el FMI posiblemente no puede asegurar a todo el mundo. Y la crisis, que ahora nos mira fijamente a la cara, es mundial. Ningún país puede escapar. La crisis sin duda afectará más duro a los países pobres de África, Oriente Medio, Asia y América Latina. Además del colapso de las exportaciones, que golpeará a todas las mercancías (excepto el oro y la plata), incluido el petróleo, se enfrentan a la subida de precios de los alimentos, que en gran parte es el resultado de la especulación. Un informe reciente del Banco Interamericano avisaba de que el aumento de los precios de los alimentos empujaría a 26 millones de latinoamericanos a la absoluta pobreza. Rober Zoellick, presidente del Banco Mundial, avisó de que los más pobres del mundo se enfrentan a un "triple peligro" de alimentos, combustible y finanzas: "No se puede pedir a los más pobres que paguen el precio más elevado. Calculamos que otros 44 millones de personas más este año sufrirán malnutrición debido al aumento de los precios de los alimentos. No podemos permitir que la crisis financiera se convierta en una crisis humanitaria". Son palabras amables delicadas, pero como dice un viejo refrán, obras son amores, que no buenas razones. Incluso en el boom la aplastante mayoría ha conseguido poco o ningún beneficio. Se ha producido una extrema polarización entre ricos y pobres en todos los países. El dos por ciento de la población del planeta tiene ahora más de la mitad de la riqueza mundial. 1.200 millones de hombres, mujeres y niños viven en condiciones de absoluta pobreza. Ocho millones cada año mueren a consecuencia de la pobreza. Esto es lo mejor que el capitalismo ha podido ofrecer. ¿Qué ocurrirá ahora? En todas partes el ambiente de las masas está cambiando. En América Latina existe fermento revolucionario que se intensificará y extenderá a otros continentes. En Gran Bretaña, EEUU y otras naciones industrializadas, muchas personas que antes no se cuestionaban el orden social existente ahora comienzan a hacer preguntar. Ideas que antes eran escuchadas por un pequeño número encontrarán un eco entre una audiencia mucho más amplia. Se está preparando el terreno para una explosión sin precedentes de la lucha de clases a escala mundial.
¡Que la crisis la paguen sus responsables: los capitalistas! ¡Expropiar a la banca y los monopolios bajo control de los trabajadores es la única solución! ¡Por una alternativa auténticamente socialista! La hecatombe del sistema financiero mundial es un hecho de tal magnitud, con tantas repercusiones en el plano económico, político, social y militar, que es difícil predecir todas sus consecuencias. En cualquier caso hay algunas incuestionables. Primero, que la economía del conjunto del planeta se encuentra al borde del abismo, precipitándose hacia la recesión más profunda desde la Segunda Guerra Mundial. En segundo lugar, y exactamente igual de trascendente que la anterior, el colapso económico está desvelando el auténtico funcionamiento de la llamada "democracia" burguesa, en realidad la dictadura del gran capital. Una dictadura en la que los gobiernos de EEUU y Europa -formados por individuos con sueldos espectaculares que velan por los intereses de la clase dominante-, están conspirando para que los costos de esta brutal crisis los paguen las familias trabajadoras en todo el mundo. Un cataclismo histórico Un resumen somero de los acontecimientos proporciona una idea de la trascendencia de las jornadas que estamos viviendo. 1. La mayoría de bancos de inversión, aseguradoras y cajas de ahorros de EEUU han quebrado o se han colocado al borde de la suspensión de pagos. Hay que remontarse al crac de 1929 para encontrar algo semejante. Para evitar un colapso aún mayor, el gobierno Bush se lanzó a una gigantesca operación de rescate, que no evitó el desplome de los mercados durante todo el mes de septiembre.1 2. El terremoto, como era inevitable en una economía mundializada y con unos mercados financieros integrados a una escala nunca vista, ha contagiado a Europa que se arrastra hacia el precipicio.2 Las declaraciones de los gobiernos de Irlanda y Gran Bretaña asegurando por dos años los depósitos de los ahorradores, indican la extrema gravedad de la situación. 3. Desde agosto de 2007 hasta el 21 de septiembre de 2008, la administración norteamericana ha gastado más de ¡900.000 millones de dólares! y no ha logrado evitar el caos. A esta cantidad descomunal se suman las inyecciones de liquidez en el mercado interbancario por parte de la Reserva Federal de EEUU (FED), el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Inglaterra o el Banco Central de Japón, que superan generosamente el billón de euros. Pero todas estas aportaciones de capital no han conseguido ni restaurar la confianza ni evitar el estrangulamiento del crédito. Por un lado, las montañas de deudas bancarias y empresariales acumuladas en estos años de orgía especulativa son muy difíciles de recuperar en un momento en que la economía real, productiva, se desliza con fuerza hacia la recesión. Refinanciar la deuda de empresas en dificultades, cuyas expectativas de negocio van hacia abajo, no es una operación muy rentable. Éste es el caso de todas las grandes de la construcción y las inmobiliarias cuyos activos se han depreciado a un ritmo de vértigo y sus valores se derrumban en la bolsa. Al mismo tiempo los grandes bancos de todo el mundo, que están pillados en el apalancamiento generalizado de las últimas décadas, no tienen ninguna garantía de recuperar sus créditos; su pasivo aumenta y la capacidad de obtener liquidez en el mercado interbancario mengua porque nadie se fía de nadie. Los ladrones no se fían de los ladrones. En estas condiciones y después de la experiencia vivida en este último año ¿Por qué razón va a funcionar el último plan de la administración Bush si es más de lo mismo? ¿Acaso 700.000 millones de dólares, que no tienen como destinatario la inversión productiva sino salvar los negocios de un puñado de especuladores y magnates, pueden resolver o modificar la tendencia general hacia la recesión de la economía real? 4. Los valores bursátiles de las empresas financieras, bancos de inversión, bancos comerciales, constructoras, eléctricas, telecomunicaciones, aeronáuticas, automoción..., vamos, del conjunto de la economía, se han construido sobre una montaña de créditos que ahora son impagables. El parón de la economía productiva, el descenso en las ventas, el crecimiento del desempleo y de la morosidad y, por supuesto, el crac financiero, han puesto punto y final a la fiesta. Tan sólo en un año (de agosto de 2007 a septiembre de 2008), las bolsas mundiales han perdido el 22% de su valor, una caída equivalente a 12,4 billones de dólares. Si se suma el desplome acumulado en septiembre la pérdida se acerca a los quince billones. En las bolsas estadounidenses se han evaporado cerca de cinco billones de dólares, una cantidad que supera el PIB de América Latina y el Caribe en 2007. Por más que intenten transmitir confianza, el sistema capitalista está inmerso en un crac de proporciones difícilmente cuantificables. Sólo una cosa es completamente segura: el pánico se extenderá en las próximas semanas. Como se incubó la catástrofe Tan sólo hace veinte años, el colapso del estalinismo en la URSS y en Europa del Este provocaba la euforia de la burguesía mundial. No era para menos. Intoxicados por sus éxitos aparentes, los imperialistas norteamericanos se lanzaron en tromba para imponer su doctrina en todos los rincones del mundo: liberalización económica, privatizaciones, desregulación de los mercados financieros, saqueo de los países pobres, extensión de la precariedad laboral y aumento de la explotación, caída de los salarios, intervenciones militares y guerra al "terrorismo"... En un contexto semejante, los "teóricos" de la economía y la sociología burguesa sentenciaron el fin de las crisis y de la historia; los políticos y los gobernadores de los bancos centrales hablaban sin recato de un "círculo virtuoso" de crecimiento sin fin; y los premios Nóbel de economía eran contratados por los grandes bancos de inversión para que aplicasen sus fórmulas matemáticas al negocio del dinero. La confianza lo inundaba todo. La OCDE en su documento de Perspectivas Económicas Mundiales de 1999 afirmaba: "Estamos en el umbral de una atractiva oportunidad: la posibilidad de un sostenido y largo boom de la economía mundial que se prolongará en las primeras décadas del próximo milenio (...) Una confluencia de factores podrían unirse para propulsar importantes mejoras en la capacidad de creación de riqueza y bienestar a escala mundial...". Han pasado veinte años, un suspiro en la historia de la lucha de clases, y todas las expectativas se han transformado violentamente en su contrario arrasando con todas las certezas que parecían inexpugnables y barriendo la confianza de la clase dominante. El pesimismo y la incertidumbre son totales. En medio de la euforia, los marxistas denunciamos las enormes contradicciones que el boom económico estaba creando en los cimientos del sistema. Nuestros análisis eran considerados con desprecio y altanería por los sabihondos socialdemócratas, hipnotizados por los magníficos "resultados" de las cuentas de beneficios. También éramos despachados por los ex marxistas que pululan por los intersticios del movimiento obrero, esos escépticos desmoralizados que se impresionaron por los brillos del boom y que culpabilizaron a los trabajadores por su "bajo nivel de conciencia". Los hechos han respondido con claridad a todos estos elementos que abandonaron un punto de vista de clase. Durante estos años, los marxistas hemos señalado que este boom económico no podía comparase, en ningún caso, con la época dorada del auge capitalista de la posguerra. Desde 1945 hasta 1970 los países capitalistas avanzados, especialmente EEUU y Europa Occidental, registraron tasas de crecimiento asombrosas, impulsando un desarrollo espectacular de las fuerzas productivas, del comercio mundial y de la división internacional del trabajo sin parangón en ningún otro periodo de la historia del capitalismo. El motor de este crecimiento fue, sin lugar a dudas, las grandes inversiones en capital que hicieron aparecer nuevas ramas de la producción y multiplicaron la capacidad de crear manufacturas en masa. A diferencia de lo que plantean ahora los defensores de la "regulación", no fue la intervención del Estado en la economía lo que movió el sistema hacia adelante, sino la reinversión masiva en el proceso productivo de la plusvalía acumulada. Pero esta fase de ascenso también fue liquidada por las contradicciones insalvables del capitalismo, dando pasó a la recesión de los años setenta y sus consecuencias revolucionarias en todo el mundo. El descrédito de las teorías keynesianas, teorías que por otro lado no ponían en riesgo la propiedad capitalista, fueron reemplazadas por las viejas ideas del liberalismo y el monetarismo. Aunque no disponemos de espacio para analizar en detalle la historia económica de estos últimos veinte años, un hecho sobresalía por encima de todos. En contraste con los años dorados de la posguerra, la rentabilidad que ofrecía la inversión productiva durante las últimas dos décadas se hacía cada vez menos atractiva para el capital. A pesar de la aparición de mercados como China, que atrajeron fuertes inversiones occidentales y suavizaron los efectos negativos de la recesión del sudeste asiático a mediados de los años noventa, la acumulación chocaba con los límites de un mercado mundial que reflejaba la tendencia a la sobreproducción. El fortalecimiento de China como potencia exportadora de manufacturas baratas agudizaba esta tendencia. Así, la sobreacumulación de capitales fortaleció el movimiento ascendente hacia la especulación y forzó una desregulación absoluta del mercado financiero. Como en su momento reconoció Alan Greenspan se trataba de un fenómeno imposible de parar en un sistema que se basa en la obtención del máximo beneficio. La euforia en la que ha vivido la burguesía internacional creó, dialécticamente, las condiciones para el desastre. Miles de millones de dólares que no encontraban una colocación rentable en la producción de mercancías fluyeron con fuerza hacia el sector inmobiliario y provocaron un alza espectacular de los precios, que era sostenido a su vez por una masa de créditos baratos concedidos indiscriminadamente a particulares y empresas. A pesar de los serios avisos de entonces (la crisis asiática, el estancamiento de Japón o el hundimiento de los valores tecnológicos y de las empresas puntocom en el 2000), la gigantesca deuda hipotecaria que se iba generando era vendida como un "activo" sólido en el mercado bancario y bursátil, gracias a la intervención de la "ingeniería financiera creativa" (subprime y demás fondos basura). Se trataba de una dinámica enloquecida: la espectacular burbuja inmobiliaria responsable de una cuarta parte del PIB norteamericano, de cuatro de cada diez empleos creados en EEUU en la última década, de la mitad del consumo doméstico y de una parte sustanciosa de los beneficios capitalistas, espoleaba la especulación bursátil y un endeudamiento empresarial y bancario sin precedentes en la historia. Desde finales de la década de los noventa y de manera cada vez más intensiva, el crédito y el endeudamiento se convirtieron en el factor decisivo para garantizar y sostener la producción y el consumo, a la vez que creaban las condiciones para el estallido actual.3 El capital ficticio se hizo omnipresente dando cumplido sentido a la máxima aspiración de todo capitalista: obtener capital del capital sin tener que pasar por la experiencia dolorosa de invertir en el proceso productivo. Esta masa flotante de billones de dólares de capital ficticio se elevó de tal manera por encima de la economía real que, finalmente, se ha transformado en una pesada losa justo en el momento en que la sobreproducción se ha hecho presente. Debido a esto no hay ninguna duda de que la recesión adquirirá una dureza, extensión y profundidad formidable. ¿Quiénes fueron los responsables? Todos los análisis de la prensa burguesa intentan presentar, como causa de la crisis, a la codicia de algunos banqueros sin escrúpulos y la ausencia de controles y de regulaciones en el mercado. Pero esta forma de envolver las cosas forma parte de toda una campaña para crear una cortina de humo que disculpe al conjunto del sistema. La burbuja especulativa que ha estallado fue animada y celebrada, en primer lugar, por George W. Bush que facilitó una desregulación generalizada del sistema financiero internacional. El gobierno norteamericano y la Reserva Federal, con Greenspan al frente, fueron imitados, a su vez, por todos los gobiernos europeos, ya fueran conservadores o socialdemócratas. Desde Reagan hasta Margaret Thatcher; desde Helmult Kohl, hasta Chirac, pasando por Bush, Blair, Felipe González, Aznar, Schröder, Berlusconi, Sarkozy o Zapatero, todos han apoyado sin fisuras la política de desmantelamiento de empresas públicas vendidas a precio de saldo a los grandes monopolios (gas, agua, electricidad, telefonía, autopistas, siderurgias, minas, textil); han aplaudido entusiastamente la privatización de servicios sociales esenciales, como la sanidad y la educación, que se han transformado en un negocio lucrativo para los capitalistas. Todos ellos han aprobado reformas del mercado laboral, de las pensiones, y propiciado el hundimiento de los salarios; durante años se han vanagloriado de los pelotazos inmobiliarios y las megafusiones empresariales, aunque supusieran la destrucción de miles de empleos... Y todos ellos recibían en los palacios, sedes del gobierno, parlamentos y celebraciones oficiales a delegaciones nutridas de banqueros y empresarios que se han llenado los bolsillos en esta orgía sin fin. El papel más despreciable en todo esto, ¡cómo no!, lo han jugado los dirigentes socialdemócratas que afirmaban, un día sí y otro también, que los cimientos estaban sólidos y que no había que preocuparse porque el capitalismo era el mejor sistema de los posibles. Según su esquema, los beneficios insultantes que acumulaban las grandes corporaciones, la gran banca y los especuladores eran la garantía de las inversiones de mañana y los puestos de trabajo de pasado mañana. Ahora que pintan bastos, muchos de ellos intentan ocultar el rastro de sus actos y se presentan cual inocentes corderitos. Es el caso de personajes como Felipe González, quien publicó un artículo en El País titulado ‘El capitalismo en el espejo': "Es una crisis extraña, incluso para reaccionar con una mínima coherencia" nos dice Felipe, "Por el momento ha liquidado la extendida creencia de que el mercado lo arregla todo y solo. Es decir, la teoría dominante desde los años noventa del ‘todo mercado', con un rechazo fundamentalista a la intervención regulatoria". ¡Que cinismo! El mismo individuo que protagonizó la liquidación de cientos de empresas públicas en el Estado español, que alentaba a las multinacionales españolas para que no dejaran pasar las oportunidades que brindaba la globalización, que aconsejó a sus colegas en Latinoamérica que se desprendiesen de sus prejuicios ideológicos y privatizaran a precio de saldo el sector estatal para mayor beneficio de bancos, multinacionales y especuladores de toda ralea... ahora nos dice que es una crisis "extraña". ¡Que cara más dura! Lo que Felipe González no comprende es que sus consejos, tan escuchados por la oligarquía latinoamericana, pusieron su granito en la explosión revolucionaria que recorre Venezuela, Bolivia, Ecuador, México... De hecho, desde el inicio del nuevo siglo, las decisiones estratégicas de la burguesía mundial han roto cualquier equilibrio político y social, espoleando una escalada de la lucha de clases en todo el mundo: huelgas generales en Europa, el movimiento de decenas de millones contra la guerra imperialista, la polarización social y política en EEUU y la mayoría de los estados europeos, el No francés e irlandés en los referéndum sobre la constitución europea, la derrota del PP en el Estado español después de movilizaciones masivas de la población... En definitiva, el hundimiento de la economía sólo ha confirmado el profundo cambio que ha experimentado toda la situación mundial. Siguiendo con otros propagandistas del "capitalismo de rostro humano", hay una buena cantidad de economistas "progresistas" que sacan pecho con la actual crisis. Para ellos, la intervención de la FED y el Tesoro norteamericano intentando salvar Wall Street, confirma que el capitalismo tiene que "regularse". Lo que no dicen estos amigos es que la intervención del gobierno estadounidense, como la de los gobiernos europeos, tiene como único beneficiario a los capitalistas, a los cuales se les quiere cambiar sus bonos "tóxicos", es decir, insolventes, por dinero contante y sonante. Un dinero que saldrá del bolsillo de las familias trabajadoras estadounidenses, del recorte de los gastos sociales, de la sanidad y la educación pública, del seguro de desempleo..., y que no evitará la destrucción masiva de puestos de trabajo en todos los sectores productivos o el desahucio de millones de familias que no pueden hacer frente a sus hipotecas. Una vez que se desvela el truco de estas "nacionalizaciones", que sólo pretenden salvar a los inversores a costa del dinero de todos, es explicable que la rabia y la furia de la población ocupen espontáneamente las calles de EEUU, y la enorme presión que existe sobre sus señorías en la cámara de representantes. Pero quienes se llevan la orla en el cuadro de honor de los defensores del capitalismo de "rostro humano", son los dirigentes de los sindicatos. Hace pocos días, en el Foro Nueva Sociedad, el secretario general de UGT, Cándido Méndez, reclamó un "capitalismo renano o decente, el modelo europeo social de mercado". ¿No parece increíble? ¿Acaso Cándido Méndez no se ha enterado de los despidos en Volkswagen, Audi, Deutsche TeleKom, Deutsch Bank...? ¿No le llegaron las noticias sobre los recortes en el gasto social que aprobó el anterior gobierno socialdemócrata de Schröder y que ahora completa y profundiza el gobierno de coalición con los democristianos? Si Méndez se refiere al "capitalismo productivo" de los años sesenta está reclamando algo que no llegará. En medio de una caída general de las ventas, ¿qué puede empujar a los capitalistas a invertir en aumentar la producción o contratar a más trabajadores? No, los capitalistas guardarán sus capitales a buen recaudo y los dedicarán a fines más lucrativos. Expropiar a los expropiadores: la única solución es la revolución socialista Si queremos encontrar un responsable de la crisis no es difícil: es el propio capitalismo, la propiedad privada de los medios de producción y distribución, la dictadura tiránica del capital financiero, que impide que la inmensa riqueza creada con el trabajo de miles de millones de hombres y mujeres en todo el mundo se utilice para resolver las necesidades de la mayoría. El problema es de un sistema que, para asegurar el lujo obsceno en el que vive un puñado de multimillonarios que acumulan un patrimonio equivalente a los ingresos de dos terceras partes de la humanidad, no duda en destruir planificadamente la riqueza del mundo amputando una parte considerable de la capacidad productiva de la industria. Un sistema que provoca la barbarie saqueando continentes o iniciando guerras de rapiña en las que mueren cientos de miles de inocentes, si con eso se garantizan los sacrosantos beneficios de las grandes corporaciones. La auténtica causa de la crisis está claramente identificada: es la búsqueda del máximo beneficio en el espacio de tiempo más corto posible. Estamos ante acontecimientos históricos. La crisis del capitalismo norteamericano se ha convertido en una crisis global, y nada impedirá que se extienda hasta el último rincón del planeta. Los sueños de que China o la India podrían sacar del atolladero al sistema y evitar la recesión se han esfumado con la rapidez con que se disipa el humo de un cigarro. La depresión del consumo en EEUU y Europa prepara un escenario de pesadilla para China, y esto profundizará a su vez la caída general. La sacudida que ha empezado hará temblar los cimientos del capitalismo. Millones de trabajadores, de jóvenes, de campesinos se están preguntando hoy, ahora mismo, qué sentido tiene mantener este sistema decrépito. La crisis abrirá paso a las ideas de la revolución, a la necesidad de derrocar a la oligarquía financiera que nos gobierna y sus instituciones farsa. Y, por supuesto, fortalecerá a la revolución allí donde ya se ha iniciado, como en el caso de Latinoamérica. Las ideas de Marx, Engels, Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburgo han demostrado ser cien veces correctas. Sí, hay una solución a esta crisis, pero no es la de un capitalismo de rostro humano ¡Tal cosa no existe, es una vana utopía reaccionaria! La alternativa está en la lucha organizada de la clase trabajadora y la juventud, de todos los oprimidos, hasta conseguir la expropiación de los banqueros, de los grandes monopolios, de los terratenientes, y colocar la riqueza del mundo bajo el control democrático de la mayoría de la sociedad. Ésta es la única alternativa realista, expropiar a los expropiadores, y construir las bases de una economía planificada y socialista, donde la lucha por el máximo beneficio y la propiedad privada de los medios de producción sea enviada al basurero de la historia. En estas condiciones sería absolutamente viable garantizar el pleno empleo, el derecho a una vivienda, a una sanidad y a una educación pública de calidad y, por supuesto, a la auténtica democracia, la democracia obrera. Con el control de las palancas fundamentales de la economía en manos de la clase obrera, la pesadilla de trabajar sesenta horas a la semana, tal como exigen ahora los capitalistas, sería eliminada de un plumazo. La reducción de la jornada, sin merma del salario, nos permitiría a la mayoría de la población poder participar de manera real en la vida social, controlando la política, la economía y la cultura, que dejarían de ser el monopolio de la clase dominante. Sí, hay una alternativa para utilizar toda la creatividad maravillosa de la que es capaz el género humano y esa alternativa se llama SOCIALISMO MUNDIAL. ¡Organízate con la Corriente Marxista Internacional para luchar por el socialismo! ¡Proletarios de todos los países, uníos! NOTAS 1. Antes del verano fue Bear Stearn, vendida a precio de saldo con el aval del tesoro Público, y la intervención en IndyMac Bancorp. Después de las vacaciones, el colapso en bolsa de las grandes hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac (que concentraban la mitad de los créditos hipotecarios de los EEUU, 5,5 billones de dólares) obligó al gobierno a hacerse con el control de ambas asegurando una inyección de liquidez cercana a los 200.000 millones de dólares. En horas, la erupción arrastró a Merrill Lynch, que fue adquirida in extremis por Bank of America, y empujó el hundimiento de Lehman Brothers. La bancarrota de este banco centenario ha sido la más grande de la historia de los EEUU: 453.200 millones de euros. 48 horas después de la quiebra de Lehman, el gobierno norteamericano desembolsó 60.490 millones de dólares para hacerse con el control de 79% de las acciones de AIG (American internacional Group), la mayor aseguradora del planeta. 2. Luxemburgo, Holanda y Bélgica nacionalizaron las pérdidas del banco Fortis, uno de los grandes de Europa, y decidieron una inyección de 11.200 millones. En Bélgica, el gobierno extendió la operación de rescate al banco franco-belga Dexia, entidad especializada en financiación de administraciones locales, que tiene además unos 5,5 millones de clientes particulares. El alemán Hypo Real Estate fue rescatado, gracias a un crédito de 35.000 millones de euros, por un consorcio bancario y una garantía del Estado. En Dinamarca el Banco Central colocó bajo su garantía el banco Roskilde. En Gran Bretaña se nacionalizó Bradford & Bingley, mientras HBOS tuvo que fusionarse precipitadamente con Lloyds TSB para evitar su caída. HBOS cuenta con unos depósitos de 370.000 millones de euros, el 20% del total del país, pero más de 650.000 millones de euros prestados en el mercado inmobiliario (sus acciones cayeron en tres días de septiembre más de un 50% por miedo a una escalada descontrolada de impagos). 3. Algunas cifras pueden ilustrar el alcance del fenómeno: A) La gran banca recaudó en el año 2006 un 40% del total de las ganancias empresariales de los EEUU. En las décadas de 1950-60 este porcentaje era del 10-15%. B) La capitalización bursátil de todas las bolsas de EEUU pasó de 5,4 billones de dólares en 1994, a 17,7 billones en 1999 y 35 billones en 2007. A su lado, la especulación en Wall Street de los años veinte parezca un juego de niños. C) El déficit por cuenta corriente de EEUU es de un billón de dólares, por lo que necesita ingresar más de 100.000 millones al mes para financiarlo. D) El 90-95% de los movimientos actuales de capitales no responden a operaciones comerciales o de inversión, son puramente especulativos. En el caso de AIG , los datos son asombrosos: de una cartera contra posibles impagos de 441.000 millones de dólares que la compañía ofrecía como garantía a sus asegurados (bancos de inversión y fondos), AIG tenía colocados en el mercado de fondos ¡307.000 millones de dólares! Este mercado llamado Credit Default Swaps (CDS), mueve la friolera de 58 billones de dólares en las bolsas mundiales, sin ningún tipo de control o regulación. El mercado mundial de "derivados" mueve 500 billones de dólares, diez veces más que la producción mundial de bienes y servicios Fuente: http://argentina.elmilitante.org/content/view/3787/56/