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El capitalismo mundial en crisis ( 2da parte)

Info10/6/2008

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Bancarrota de la economía burguesa

Los economistas se aferran insistentemente a la vieja ilusión de que era imposible una recesión mundial, que habían aprendido las lecciones del pasado (como un borracho aprende la lección después de la resaca). Decían que la crisis financiera se limitaría sólo a EEUU, que la economía norteamericana de alguna manera se "desacoplaría" del resto del mundo (así contradecían todo lo que antes habían dicho sobre la globalización), que Europa y China se convertirían en las nuevas fuerzas motrices de la economía mundial, y así otras cosas por el estilo.

stock_chart.jpg¡Qué vacíos suenan hoy estos argumentos! Los precios de los bienes raíces están cayendo globalmente. La economía global se está desacelerando. Las economías europeas ya están apreciablemente desaceleradas y, con la inevitabilidad de nuevos fracasos bancarios y la escasez de capital disponible y crédito, este proceso continuará. Es verdad que las llamadas economías emergentes han continuado su crecimiento, pero es impensable que puedan permanecer apartadas de la crisis general cuando la afluencia de capital se agota y los precios de las mercancías retroceden. Por supuesto, este proceso tardará un tiempo y será desigual. Algunos países entrarán más pronto en crisis, otros más tarde. Pero al final, todos se verán arrastrados.

Es indiferente en qué país comience la crisis, lo principal es que en las condiciones modernas ésta pasará de un país y continente a otro. En este caso comenzó en EEUU, que es el país que había llevado hasta su máximo extremo la manía crediticia. Pero poco después, y contra todos los pronósticos de los economistas, se extendió a Irlanda, España, Gran Bretaña y a toda Europa. Sus repercusiones alcanzarán América Latina, Asia y África. Un país detrás de otro caerá como si se tratara de un dominó. China no escapará aunque por el momento sigue avanzando.

En una crisis los capitalistas están obligados a recurrir a medidas extraordinarias para acaparar una parte del mercado mermado. Recurren a la venta con descuento, al dumping y otros métodos para socavar a sus competidores. Con eso, agravan la crisis porque fomentan una espiral deflacionaria descendente. La gente retrasa sus comprar a la espera de precios más bajos y de esta manera empujan los precios aún más a la baja. Vemos este fenómeno más claramente en el mercado inmobiliario.

El contagio se extiende como una epidemia incontrolada de un país a otro. Será evidente que cada país ha sobre-exportado (es decir, sobreproducido) y también sobre-importado (sobre-comerciado). (Ver El Capital. Volumen 3. p. 481. En la edición inglesa). Será evidente que cada uno de ellos ha estirado el crédito demasiado y avivado las llamas de la inflación y la especulación, que ahora deben extinguirse, no importa a qué costo. Es decir, no es cuestión de este o ese país, de este o ese banco, de este o ese especulador individual, sino del propio sistema. Es verdad que ninguna recesión dura eternamente. A largo plazo, se alcanzará un nuevo equilibrio, los precios se estabilizarán, se restaurará la rentabilidad y comenzará un nuevo ciclo. Pero no hay ningún síntoma de esto a la vista. La crisis aún no ha terminado, apenas acaba de comenzar. Nadie sabe cuándo terminará. Y, de cualquier manera, como dijo Keynes, "a largo plazo todos estaremos muertos".

Es fácil ser sabio después que pasaron los acontecimientos. Los economistas burgueses son excelentes pronosticando las cosas cuando ya han ocurrido. En este aspecto se parecen a los autores de Viejo Testamento que pronosticaban con una precisión infalible acontecimientos históricos que habían ocurrido varios cientos de años antes. La gente crédula, como los Testigos de Jehová, están muy impresionados por ello, lo citan como una prueba de la inspiración divina de la Biblia. Otros, de una persuasión más escéptica y científica, dan la bienvenida a estas "predicciones" con grandes carcajadas. Las mismas personas que ridiculizaban a los marxistas y nos aseguraban que no habría más crisis, ahora gimen y agitan las manos. Nos dicen que es la crisis más profunda desde los años treinta, y esperan que nadie se dé cuenta de la flagrante contradicción entre esto y lo que decían solamente ayer.

La realidad es la siguiente: que durante los últimos veinte o treinta años los economistas burgueses no han comprendido nada, no han anticipado nada y no han previsto nada. Han sido incapaces de pronosticar los booms ni las recesiones. Han pasado décadas intentando convencernos de que el ciclo económico había desaparecido, que el desempleo de masas era algo del pasado, que el monstruo de la inflación se había domesticado, y así otras cosas por el estilo. Todos los políticos reformistas, naturalmente, aceptaban este sinsentido como una moneda buena. En Gran Bretaña, Gordon Brown alardeaba: "El ciclo de boom y recesión ha desaparecido". Ahora ha tenido que tragarse sus palabras porque la economía británica se desliza hacia la recesión. Todo esto demuestra que la economía burguesa no es adecuada para nada excepto para justificar un sistema degenerado y en bancarrota.


Lo que nosotros pronosticamos

Comparemos las perspectivas de los marxistas con las que trazó la burguesía. En contraste con los economistas burgueses que cometieron el grave error de creer su propia propaganda, la corriente marxista explicó la realidad de la situación en el documento Al filo de la navaja: perspectivas para la economía mundial¸ escrito en 1999, donde escribimos lo siguiente:

"En el pasado se decía que el papel de la Fed (Reserva Federal de EEUU) era llevar el cuenco de ponche cuando la fiesta estaba en pleno apogeo. Pero ya no es este el caso. Mientras públicamente hablan al público de fidelidad y austeridad, Alan Greenspan tolera la formación de la mayor orgía de especulación financiera de la historia, aunque debería ser consciente de los peligros que ello implica. Es como el emperador Nerón, que se divertía mientras Roma se quemaba. En realidad, subiendo los tipos de interés un miserable cuarto de punto, ha echado más leña al fuego de la especulación bursátil. De esta forma, el viejo dicho de ‘a quién los dioses desean destruir, primero lo vuelven loco' es totalmente correcto".

Y seguimos leyendo:

"Las barreras fundamentales para el desarrollo de las fuerzas productivas en la época moderna son la propiedad privada de los medios de producción y el Estado nacional. Sin embargo, durante un tiempo el sistema pudo superar parcialmente estas barreras por una serie de medios, como el desarrollo del comercio mundial y la expansión del crédito. Hace tiempo Marx explicó el papel del crédito en el sistema capitalista. Es un medio a través del cual el mercado puede ir más allá de sus límites normales. En el mismo sentido, la expansión del comercio mundial puede proporcionar una salida durante un tiempo, a costa de preparar una crisis catastrófica aún mayor en el futuro:

" 'La producción capitalista está ocupada constantemente en el intento de superar sus barreras innatas, pero superarlas por medios que luego harán que estas mismas barreras adquieran un tamaño formidable. La barrera real de la producción capitalista es el propio capital' " (El Capital, vol. 3).

"El circuito de la producción capitalista depende entre otras cosas del crédito. La solvencia de un eslabón de la cadena depende de la solvencia del otro. La cadena se puede romper por numerosos puntos. Más pronto o más tarde, el crédito debe saldarse en efectivo. Con demasiada frecuencia aquellos que se endeudan durante el proceso de auge capitalista se olvidan de este hecho. En la primera fase de expansión capitalista, el crédito actúa como un estímulo de la producción: ‘el desarrollo del proceso productivo se alarga por el crédito, y éste conduce a una extensión de las operaciones comerciales o industriales' (El Capital, vol. 3).

"Ésta es sólo una cara de la moneda. La rápida expansión del crédito y la deuda empuja el mercado más allá de sus límites normales, pero en un cierto momento esto vuelve a su posición original. Durante el boom, el crédito parece no tener límites, como el Cuerno de la Abundancia de la antigua mitología griega. Pero tan pronto como aparece la crisis la ilusión se desvanece. Los reembolsos se retrasan, las mercancías no se venden en los mercados ya abarrotados y los precios caen. El desarrollo del mercado mundial no altera este proceso fundamental, salvo en que cuando se manifiesta lo hace con un alcance inmensamente mayor. La acumulación de deudas en última instancia hace más profunda y más prolongada la crisis de lo que hubiera sido de otra forma. La reciente historia de Japón es más que suficiente para confirmar esto. Después de una década de boom, caracterizada por el aumento rápido de los precios de los activos y las acciones, la burbuja estalló finalmente debido a un marcado aumento de los tipos de interés. La situación fue muy similar a la de EEUU en la actualidad. El 25 de diciembre de 1989, el Banco de Japón subió los tipos de interés causando una profunda caída de la Bolsa, pero como los precios del suelo aún continuaban subiendo fue necesario una nueva suba de los tipos de interés. En total, los tipos subieron un 6% y a final de año los precios de las acciones cayeron un 40%. A pesar de todo, el Banco de Japón mantuvo los tipos de interés elevados, medida entonces alabada por los economistas, que destacaron el prudente manejo de la economía por parte de la entidad japonesa. El resultado fue prolongar la recesión durante una década.

"Con la globalización y la abolición de las restricciones al crédito y las transacciones financieras, el alcance de la expansión nunca antes fue tan grande, ni tampoco el potencial para un crash a escala mundial. Sin embargo la crisis no se origina por el capital ficticio, por las estafas de la Bolsa y el uso excesivo del crédito. Marx lo explica en el tercer volumen de El Capital:

"'También ignoramos estas falsas transacciones y especulaciones que favorece el sistema crediticio. Entonces, una crisis sólo se puede explicar como resultado de una desproporción de producción entre el consumo de los capitalistas y su acumulación. La sustitución del capital invertido en producción depende en gran medida del poder de consumo de las clases no productivas; mientras, el poder de consumo de los trabajadores está limitado, en parte por las leyes salariales, en parte por el hecho de que son utilizados en la medida que son rentables para la clase capitalista. La razón última para todas las crisis reside en la pobreza y el consumo restringido de las masas frente al vigor de la producción capitalista en desarrollar las fuerzas productivas como si sólo el poder de consumo absoluto de la sociedad fuera su límite'" (El Capital, vol. 3)

"La expansión del comercio mundial y la apertura de nuevos mercados en Asia también proporcionaron un estímulo temporal, pero sólo a costa de provocar un colapso incluso mayor". (Fundación Federico Engels. Marxismo Hoy. Nº 7)

Estas líneas fueron escritas hace casi una década, cuando la aplastante mayoría de los economistas burgueses aún negaban la posibilidad de una recesión mundial. Así que tenemos todo el derecho a preguntar: ¿Quién comprendió mejor los procesos de la economía mundial y quién hizo predicciones correctas? ¿Los economistas burgueses o los marxistas?


¿Puede China salvar al mundo?

Hay un viejo refrán que dice que un hombre ahogándose se agarra a un junco de paja. La burguesía y sus apologistas, alarmados por la profundidad de la crisis, buscan alrededor un junco de paja que los salve de hundirse más. Hasta hace poco sus esperanzas descansaban en Asia, China en particular. Pero la economía china ahora está empotrada firmemente al mercado mundial y reflejará toda su volatilidad. Un reciente artículo de Geoff Dyer en el Financial Times llevaba el elocuente título: La carga de Pekín. Una desaceleración de China es un mal agüero para la economía mundial.

A pesar de la recesión en EEUU, las exportaciones han continuado creciendo con fuerza, expandiéndose un 22 por ciento durante los primeros ocho meses de 2008. Parte de la explicación es que las empresas chinas han seguido encontrando nuevos mercados para sus productos en otras economías en desarrollo que experimentan un auge económico. Pero esto sólo retrasa lo inevitable. Después de la crisis en Wall Street y el estancamiento en Europa y Japón, los inversores comienzan a preguntarse si China podría entrar también en crisis. Después de cinco años de rápido crecimiento, la economía china muestra incluso ahora claramente una desaceleración. Una tasa de crecimiento inferior al ocho por ciento tendría grandes implicaciones para China y la economía global. Los economistas también están preocupados por el sector bancario en China.

Ya hay síntomas de problemas en el mercado exportador. La industria del vestido en Guangdong sufre una intensa tensión. Según las estadísticas provinciales, las exportaciones de prendas de vestir y accesorios de enero a julio cayeron un 31 por ciento respecto al mismo período del año pasado, a 13.300 millones de dólares. Las exportaciones de productos plásticos, juguetes y lámparas también están estancadas o descendiendo. Esto ha coincidido con una demanda débil de EEUU, donde las ventas al por menor cayeron en julio y de nuevo en agosto. El crecimiento global de las exportaciones de Guangdong a EEUU cayó al 6,3 por ciento durante los primeros siete meses de este año. Eso no puede ser una coincidencia.

Un euro fuerte y un 27 por ciento de aumento de las exportaciones de Guangdong a Europa han compensado un dólar débil y el hundimiento del mercado norteamericano. Pero ahora es evidente la profunda y creciente contracción en Europa, que también es uno de los mercados más grandes de China. Esto finalmente tendrá un impacto sobre las exportaciones chinas. "Esto podría ser la calma que precede a la tormenta", dice Stephen Green, un economista de Standard Chartered de Shanghái.

Son cada vez mayores las preocupaciones por el mercado inmobiliario, que ha sido uno de los principales componentes del boom de inversión de la economía china durante los últimos años. Las ventas han caído y la superficie en construcción cayó en agosto, mientras que la producción de acero, cemento y aparatos de aire acondicionado fue plana o bajó en ese mes, otro síntoma de actividad débil. Los analistas dicen que las hipotecas aprobadas también han caído profundamente en los últimos meses. "Creemos que la probabilidad de un desastre del sector inmobiliario en China es elevada", dice Jerry Lou, un analista de Morgan Stanley en Shanghai.

Si el mercado inmobiliario cae a lo largo del próximo año eso tendrá serias consecuencias para el sector bancario. Si el crecimiento del producto nacional bruto cae muy por debajo del 8 por ciento el próximo año, eso causaría una caída aún más profunda de los precios inmobiliarios, acompañada de un colapso de la inversión en el sector privado. Las consecuencias sociales y políticas serían considerables.

Hay signos de advertencia en otras partes de la economía. El crack en el mercado bursátil ha tenido un efecto negativo sobre la confianza del consumidor. Este año ha caído mucho la tasa de aumento de los ingresos urbanos. Las ventas de automóviles han caído el mes pasado un 6 por ciento y los viajes en avión también han sido bastante más bajos este verano. Gome, el vendedor al por menor de electrónica más grande del país, dijo que las ventas por metro cuadro en sus tiendas han caído un 3 por ciento en el segundo trimestre.

El gobierno ha bajado los tipos de interés, eso indica que teme una crisis. Sin embargo, su margen de maniobra en la política monetaria es limitado por el miedo a que reaparezca la inflación, ésta alcanzó su tasa máxima anual de un 8,7 por ciento en febrero, antes de que cayera al 4,9 por ciento en agosto. Zhou Xiaochuan, jefe del banco central, dijo este mes: "La inflación en realidad se ha desacelerado durante los últimos meses, pero no podemos relajarnos porque la tasa puede rebrotar".

Una recesión en China, o incluso una desaceleración seria del crecimiento, tendría un efecto muy serio sobre el mercado mundial, comenzando con los países productores de mercancías de África, Oriente Medio y América Latina. Los precios del cobre, por ejemplo, han caído un 23 por ciento en los dos últimos meses, en parte debido a los temores sobre el consumo chino del metal, que ha caído más de la mitad este año.


Vividores y especuladores

Existe furia y hostilidad crecientes hacia "el mercado", es decir, hacia el capitalismo. Como reacción a este ambiente, políticos burgueses como Alec Salmond del Partido Nacional Escocés, intenta dirigir la rabia de la opinión pública fuera del propio capitalismo y hacia un sector específico de la clase capitalista, los "vividores y especuladores" de las altas finanzas.

De repente, se ha puesto de moda entre los políticos condenar a estos misteriosos individuos que se han sentado sobre venerables instituciones como el Banco de Escocia. Esta respetable entidad, nos dicen, ha estado presente durante trescientos años y ha sobrevivido a la Guerras Napoleónicas, al crack de Wall Street y a la primera y segunda guerra mundial, sólo para ser destruido por una banda de tiburones codiciosos con trajes de diseño y gafas oscuras. Este tipo de "explicación" no dice nada en absoluto. ¿Cómo un pequeño número de ávidos individuos posee un poder tan fenomenal? ¿Quiénes son estas personas? ¿Cuáles son sus nombres? ¿Dónde viven? Nadie lo sabe. Pero siempre es útil en una crisis poder culpar a alguien y si este alguien es perfectamente anónimo e ilocalizable, pues mucho mejor.

Repentinamente, estos "vividores y especuladores" comienzan a jugar en la economía el mismo papel que juega Al Qaeda en la política internacional. En realidad, todos los banqueros y capitalistas son vividores y especuladores. Debe ser porque el sistema capitalista se basa en ser un vividor y en la especulación. También se basa en la codicia. Negar la codicia es negar el funcionamiento de la economía mundial, que se basa en la ganancia; es decir, en la codicia. La codicia de ganancias es lo que, en última instancia, mueve el sistema capitalista y ha sido la fuerza motriz desde su nacimiento. Sí, ¡pero se han vuelto demasiado codiciosos y ganan demasiado! Eso es lo que David Walker, presidente y ejecutivo jefe de la Peter G. Peterson Foundation y antiguo auditor general de EEUU tiene que decir:

"¿Hay lecciones de la crisis de las subprime? La respuesta es sí. Las medidas que ha adoptado el gobierno recientemente no consiguieron establecer una estructura reguladora efectiva con relación a las hipotecas, derivados y otros valores. La codicia es rampante. Fannie Mae y Freddie Mac de su misión original pasaron a centrarse en la ganancia y el ingreso personal más que en su propósito público. Los lobbies de Wall Street facilitaron la relajación sobre la presión de Fannie Mae y Freddie Mac". (Financial Times. 22/9/2008).

Esto es perfectamente cierto. Mientras que los trabajadores cobran de acuerdo con los resultados, los empresarios se pagan unas cantidades obscenas independientemente de los resultados. Cuando una empresa lo hace bien los trabajadores pueden conseguir algo más de salarios o de primas, pero los empresarios cobran millones en dádivas. Cuando una empresa va mal, los trabajadores no cobran nada, pero los empresarios aún cobran generosamente. Y cuando la empresa entra en bancarrota, los trabajadores son despedidos con poca o ninguna compensación (a menudo sin ni quiera pensión), mientras que los empresarios que han arruinado la empresa se van con un extravagante y dorado apretón de manos.

Estos hechos son bien conocidos. Durante años los trabajadores han estado murmurando entre dientes por la injusticia y la desigualdad. La economía avanzaba y el mercado parecía dar resultados para todos (aunque muy desiguales), la opinión pública estaba sometida a un coro ensordecedor en los periódicos y la televisión, y los políticos de cada partido eran unánimes, aceptaban como bueno el argumento de que "lo que era bueno para los ‘creadores de riqueza' (empresarios) es bueno para mí".


La estupidez de Brown

A este lado del Atlántico los procesos que vemos en EEUU se reproducen, pero sólo en la forma de una caricatura torpe y patética. En la conferencia del Partido Laborista, Gordon Brown gimió sobre la "irresponsabilidad" de la City y dijo que las primas, en algunos aspectos, eran "inaceptables". Alistair Darling, ministro de economía, se hizo eco de los comentarios del primer ministro. Pero sus "ataques" parecían los de un hombre golpeando a un rinoceronte con un plumero. Comparado con los comentarios mordaces de John McCain y Barack Obama sobre Wall Street parecen muy débiles.

Las medias tintas de Brown y Darling en el congreso del Partido Laborista indican que han pasado mucho tiempo arrastrándose por la City londinense y que ahora ya no son capaces de enderezar la espalda. En una situación donde cientos de miles de trabajadores de repente están amenazados con perder sus empleos, sus casas y ahorros, incluso el reformista menos ingenioso sería capaz de darse cuenta de que una denuncia de las estafas y la codicia de los banqueros sería inmensamente popular. Esto es una prueba de la total bancarrota y de la estupidez de estos presuntos líderes laboristas que no son capaces de adoptar los ataques demagógicos de las grandes empresas que sí han hecho Obama y McCain.

Ni siquiera son tan radicales como la Iglesia de Inglaterra, cuyas dos figuras más veteranas han condenado las prácticas corruptas de los tratantes financieros. En un artículo aparecido en The Spectator, el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, atacó las "transacciones de papel sin resultado concreto más allá del beneficio para sus negociantes". Según él cuando este comercio empezó a ir mal, provocó un "daño real y devastador".

Williams llamó la atención sobre el comercio de deudas de la industria financiera, que ha dicho se hizo "sin responsabilidad... siendo el motor de una conquista financiera astronómica para muchos en los últimos años". Dijo que la crisis financiera actual "demuestra el elemento de irrealidad básica de la situación, la realidad es que se ha generado una riqueza casi inimaginable a niveles igualmente inimaginables de ficción, transacciones en papel sin un resultado concreto más allá del beneficio para los comerciantes". El arzobispo continuaba: "Dado que el riesgo para la estabilidad social general en estos procesos ha demostrado ser enorme, no es útil pretender que el mundo financiero puede mantener indefinidamente el grado de inmunidad y la desregulación que ha disfrutado". (El entrecomillado es mío).

Aquí tenemos la esencia de la cuestión. Los representantes del capitalismo (incluidos los religiosos) pueden sentir cómo la tierra tiembla bajo sus pies. Temen las consecuencias sociales y políticas de la crisis, que representan un riesgo enorme para la estabilidad social, apelan al gobierno y a los empresarios para que hagan algo antes de que sea demasiado tarde. ¿Pero cuál es el propósito de Williams? Dice que "desentumecer el régimen financiero" es a veces necesario para impulsar la empresa y crear riqueza que permita "sacar a poblaciones enteras de la pobreza". Es una noble aspiración, y algo que es totalmente imposible de conseguir sobre esta tierra pecaminosa.

Incluso más mordaz ha sido su colega Sentamu, el arzobispo de York. Lloyds TSB, un importante banco británico, había anunciado la semana anterior que había aceptado adquirir HBOS por 12.200 millones de libras después de que sus acciones se hundieran. Desde la adquisición, los comentaristas han criticado a los que vendieron las acciones prestadas por debajo de su precio actual, consiguiendo que los precios cayeran más antes de que las compraran.

Sentamu dijo lo siguiente en una cena anual de la Workshipful Company of International Bankers: "Nos encontramos en un sistema de mercado que parece haber tomado sus reglas de comercio de Alicia en el país de las maravillas". Y continuaba: "Para un espectador como yo, aquellos que deliberadamente han conseguido 190 millones de libras vendiendo por debajo de su precio las acciones de HBOS, a pesar de su fuerte base de capital, y que lo han arrojado en brazos de Lloyds TSB, son claramente ladrones de bancos y fraccionadores de valores".

Este lenguaje tan fuerte procedente de un hombre de Dios fue totalmente inesperado y sin duda tuvo un efecto desafortunado en la digestión de los que cenaban en la Workshipful Company. Los banqueros allí reunidos tampoco quedaron muy contentos al escuchar los comentarios del arzobispo sobre el plan del Tesoro norteamericano de dedicar 700.000 millones de dólares a comprar la deuda mala que tienen los bancos y otras instituciones financieras.

El arzobispo habló de la necesidad de sistemas financieros estables si se quería erradicar la pobreza pero añadió: "Una de las ironías de esta crisis financiera es que ha demostrado que adoptar medidas contra la pobreza es totalmente asequible. Costaría 5.000 millones de dólares salvar la vida de seis millones de niños. Los líderes mundiales podrían encontrar 140 veces esa cantidad en el sistema bancario en una semana. ¿Cómo pueden decirnos que la ayuda para los más pobres es demasiado cara?"

Cuando escribí este artículo, los líderes mundiales se reunían en EEUU para marcar un avance en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, una serie de objetivos destinados a reducir la pobreza global y mejorar los niveles de vida para el año 2015. Podría depositar mi fe en el Señor y esperar que las duras amonestaciones del arzobispo hayan tenido el efecto deseado, pero toda la experiencia nos lleva a dudar de que ese sea el caso.


Incluso The Financial Times observaba:

"Incluso en tiempos de boom, pocas personas ríen calurosamente cuando contrastan sus modestos ingresos con las enormes primas de unos pocos afortunados.

"Sencillamente la envidia ahora se vuelve furia justificable, primero ante el daño que el caos financiero ha infligido a los inocentes, y ahora la serie de cheques en blanco de los contribuyentes que se extienden a estas entidades. La reacción en cadena está en marcha. Merece la pena distinguir las primas excesivas de los sueldos y que son las que fomentan la imprudencia. Los acuerdos salariales opulentos son una cuestión que sólo importan a los accionistas que los financian. Pero recompensar la imprudencia es un problema para todos nosotros.

"Demasiados gestores de inversión han cobrado por representar lo que parecía impresionante pero que tenía las semillas de la catástrofe. La catástrofe ha llegado, los inversores han quedado en la ruina, los contribuyentes son los siguientes y todavía los administradores mantienen las primas que recogieron en los años de plenitud".

Pero después rectifica el balance y añade:

"Debemos decir a su favor que, Mr. Brown y Mr. Darling no se han centrado en los altos salarios sino en los planes de retribución que recompensa a los jugadores".

La realidad es que los que compran y venden acciones son todos jugadores y ese juego en la bolsa es su negocio que se pasa por alto discretamente.

Los periodistas del Financial Times (que por alguna razón consiguen mantener la cara seria) continúan:

"El siguiente paso ahora está en la Autoridad de Servicios Financieros, el regulador de la City, pero el problema es más fácil señalarlo que solucionarlo. El desafío es pagar a los gestores de inversión y de negocios por su verdadero rendimiento. Si eso fuera fácil, los accionistas lo harían de manera rutinaria. Una aproximación imperfecta es condicionar algunas primas a los resultados a largo plazo, retrasando el pago hasta que el polvo haya desaparecido, o insistir en que los gestores arriesguen su propia riqueza. Pero es difícil de imaginar reglas rígidas.

"La salida más práctica es que la ASF considere los planes de incentivos como parte de su revisión global de la estabilidad de las empresas financieras. Es optimista excepto porque se requiere demasiado esfuerzo, pero una legislación sobre primas de la City sería totalmente contraproducente, estas leyes son fácilmente sorteadas ocultando los riesgos o enviándolos al exterior".

La política del "Nuevo Laborismo" está claramente dictada por las últimas editoriales del Financial Times.


"Economía concentrada"

Lenin dijo que la economía era política concentrada. La crisis económica que recorre el mundo está teniendo efectos muy serios sobre la psicología de todas las clases, empezando por los propios capitalistas. En un período en que el capitalismo avanzaba, la presión de las ideas burguesas sobre la clase obrera y sus organizaciones se redobló. En Gran Bretaña no ha habido una recesión económica seria durante más de dos décadas. Por lo tanto, los argumentos de los políticos burgueses y economistas (los dos trabajan en equipo) sobre las cualidades milagrosas del "libre mercado" encontraron eco incluso entre la clase obrera, pero particularmente en su dirección.

Estas fueron las bases materiales para la total degeneración de la socialdemocracia y los partidos "comunistas" en Europa y de los dirigentes sindicales en todas partes. En Gran Bretaña, que estaba en la vanguardia de la contrarrevolución capitalista durante las tres décadas pasadas, fue el suelo donde el "Nuevo Laborismo" floreció bajo la dirección del reverendo Anthony Blair.

Para los activistas del movimiento obrero, este período fue una pesadilla que parecía no tener fin. No había límites para la degeneración de los dirigentes de las organizaciones de masas, no había profundidad en la que no se hundieran, ni ninguna acción infame que no fueran incapaces de cumplir para complacer a la clase dominante y, por supuesto, al mercado. El pesimismo de los activistas llevó a la apatía y al vacío de las organizaciones tradicionales de masas, que se llenaron de arribistas de clase media en busca de empleo y promoción. Esto a su vez llevó a un nuevo bandazo a la derecha, que profundizó aún más la desilusión de los trabajadores. Fue un círculo vicioso que se retroalimentaba y que ha durado hasta ahora. Pero las cosas comienzan a cambiar rápidamente.

La conciencia humana en general es conservadora. La gente normalmente teme el cambio y se aferra a lo que es familiar. El hábito, la rutina y la tradición pesan mucho sobre la conciencia de las masas, que va por detrás de los acontecimientos. Pero en momentos críticos de la historia, los acontecimientos se aceleran hasta el punto crítico en que la conciencia se dispara. Ahora hemos llegado a ese punto crítico.

Lo que es verdad para las naciones industrializadas del mundo es diez veces más verdad de lo que algunas veces parece para el "tercer mundo". El número de los que viven en la extrema pobreza está aumentando rápidamente en Asia, África y América Latina. Un informe publicado recientemente por las Naciones Unidas decía que una cuarta parte de todos los niños en el mundo subdesarrollado tienen peso insuficiente; más de 500.000 mujeres mueren cada año en el parto o por las complicaciones del embarazo; un tercio de la creciente población urbana en los países en vías de desarrollo vive en villas miseria. Un informe del Banco Interamericano de Desarrollo avisaba de que el aumento de los precios empujaría a 26 millones de personas en América Latina a unas condiciones de absoluta penuria. Esta era la situación después de un largo período de crecimiento económico a escala mundial. Fue lo mejor que podía ofrecer el capitalismo. ¿Qué ocurrirá en condiciones de crisis?

Por lo tanto, nos enfrentamos a un fenómeno mundial que está lleno de implicaciones revolucionarias. De esta manera, la globalización se manifiesta como una crisis global del capitalismo.


¿Cuál es la solución?

Dicen que la crisis actual es el resultado del fracaso regulador para vigilar el excesivo riesgo que tomaba el sistema financiero, especialmente en EEUU. Además dicen que "debemos asegurarnos de que no vuelve a suceder". ¡Resulta irónico! Durante las últimas tres décadas los economistas y políticos burgueses precisamente han defendido lo contrario: que todas las regulaciones eran malas para los negocios y que se deberían abolir (se defendía particularmente en el sector financiero).

Las declaraciones demagógicas sobre la necesidad de frenar las primas excesivas y la regulación de los sueldos de los miembros de los consejos de administración son sólo humo ¿Qué se puede conseguir con estos milagros? ¿Con qué mecanismo? Los banqueros tienen mil maneras de eludir las inspecciones. Ocultan los libros de cuentas y hacen todo lo posible para que los inspectores no puedan descubrir sus actividades fraudulentas. Incluso el gobierno norteamericano utiliza trucos similares que encubren las verdaderas dimensiones de su déficit presupuestario.

El argumento a favor de regular los mercados es absurdo, como fue la decisión de prohibir (temporalmente) la práctica de "vender en corto" [la obligación de retener durante un mínimo de tiempo las acciones de una empresa antes de revenderlas. Nota de EM]. Para que los mercados puedan funcionar es necesario que se compren y vendan acciones, y debe hacerse sobre la base de calcular si el precio de la acción va a subir o bajar. La idea de que es permisible comprar acciones sólo cuando van a subir es evidentemente una idea absurda.

Las agencias de credibilidad crediticia, que se supone distinguen los buenos créditos de los malos, dieron credibilidad a paquetes hipotecarios garantizados sin mirar la debilidad de las hipotecas subyacentes. De la misma manera, los compradores de deuda norteamericana emitida por Fannie Mae y Freddie Mac asumieron con despreocupación lo que les garantizaba el gobierno norteamericano. El resultado es que el contribuyente estadounidense ahora tiene detrás más de 5 billones de dólares en hipotecas y es demasiado pronto para decir cuál será la factura final.

La conclusión es bastante clara. O tenemos libre mercado basado en la búsqueda de la ganancia o tenemos economía nacionalizada planificada. Pero el "capitalismo regulado" es una contradicción. En otro artículo, el Financial Times plantaba la cuestión de una manera más clara: "no importa qué ideas políticas disparatadas sugieran frenar los controvertidos paquetes salariales de los directivos, las mentes brillantes de las finanzas encontrarán la manera de sortearlos o salir de la parte regulada de la industria".

Es necesario abolir estos grotescos casinos que deciden el destino de millones de personas y sustituir la anarquía capitalista por una sociedad racional basada en la economía planificada. Dicen que las medidas adoptadas por Bush y Brown representan la nacionalización. Pero estas medidas no tienen nada que ver con la idea socialista de nacionalización. No pretenden eliminar el poder económico de las manos de los adinerados parásitos que constituyen una carga monstruosa para la sociedad y un obstáculo en el camino del progreso. Todo lo contrario, representan un intento de proteger el interés de estos parásitos dándoles enormes ayudas, sacadas de los bolsillos de la clase obrera y la clase media.

Los socialistas se oponen radicalmente a estas políticas, que no tienen nada que ver con la verdadera nacionalización y que sólo son una especie de capitalismo de Estado, que pretenden salvaguardar el sistema capitalista. Llevarán inevitablemente a un aumento de la monopolización, a despidos en masa, a cierres bancarios, a hipotecas más altas y otras medidas antiobreras. Los banqueros son recompensados por el Estado por sus actividades viles, que les compra todas sus pérdidas, después gasta enormes cantidades del dinero de los contribuyentes para volver a hacer rentables a los bancos, y cuando lo han conseguido, los devuelven de nuevo a los banqueros, que cometerán un doble delito a costa de la sociedad. Pueden reanudar su especulación y robo una vez más.

Es necesario arrebatar los puestos de mando de la economía de las manos privadas, nacionalizar los bancos, las empresas aseguradoras y las grandes compañías con una compensación mínima y sólo si está basada en casos de necesidad comprobada. Sólo cuando las fuerzas productivas estén en manos de la sociedad, será posible establecer un plan socialista racional de producción, donde las decisiones se tomen en interés de la sociedad, y no de un puñado de ricos parásitos y especuladores.

Ese es el objetivo fundamental del socialismo. Es una idea que ahora será comprendida y bienvenida por millones de personas que anteriormente la consideraban como algo extraña y ajena. La gente que se manifestó en las calles de Nuevo York contra el plan Bush no eran socialistas. Hace doce meses probablemente aún eran defensores del libre mercado. Nunca han leído a Marx y sin duda parecen patriotas norteamericanos. Pero la vida enseña y en situaciones como ésta, la gente aprende más en pocos días que en toda una vida. La clase obrera de EEUU está aprendiendo rápido. Y como decía Víctor Hugo: "Ningún ejército es tan poderoso como una idea cuando su tiempo ha llegado".



26 de septiembre de 2008.


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