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Primer post: 12 sept 2008Último post: 26 feb 2013
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¿Cuál es la explicación cientifica mas bella o elegante?
Ciencia EducacionporAnónimo2/6/2012

Elegantemente El sitio de Internet Edge.org reúne desde hace años a muchos de los mejores científicos, artistas, pensadores y especialistas en tecnología, todos atentos a pensar los cambios en el conocimiento y el modo de comprender el mundo y la vida. Como todos los años, el sitio los invita a responder una única pregunta. Las casi 200 respuestas son un increíble despliegue de agudeza, conocimiento y sensibilidad. Y como todos los años, Radar las leyó y reprodujo las 10 más notables y originales a la pregunta que inauguró el 2012: ¿Cuál es tu explicación favorita más profunda, bella o elegante? Por Federico Kukso En su reciente libro Crónicas de un amante de las ciencias (Dedalus Editores), Bruno Latour se queja. Entre un ensayo dedicado a la guerra de calcomanías (Darwin vs. Jesús) y otro sobre la diplomacia de las excavaciones arqueológicas y el respeto a los muertos, el tan celebrado como ácido sociólogo y antropólogo francés pregunta indignado: “¿Cómo forma el gran público su gusto científico? Los restaurantes tienen sus críticos, los films, las exposiciones tienen sus críticos, los autos, los tejidos, los perfumes, las carreras de caballos tienen sus críticos. ¿Y las ciencias?”. Obviamente, no es que escaseen las personas dispuestas a criticar todo lo que huela a científico. Basta con encender la televisión a la madrugada para ver a señores de dudoso portuñol asegurar que con sólo tocar un manto (y pagar su correspondiente ofrenda) cualquier persona puede curarse de inmediato de leucemia, cáncer y demás avatares modernos. Bruno Latour, más bien, está más en sintonía con su compatriota físico Jean-Marc Lévy-Leblond: pensar la difusión y reflexión sobre las tecnociencias no sólo desde una distancia crítica para desembarazarse de los peligros del fundamentalismo de la razón. También hacerlo desde un punto de vista artístico: reconocer que en cada investigación hay trazos de irracionalidad, momentos de creatividad pura. O que ciertas ecuaciones y leyes científicas –la ecuación de onda de Schrödinger, la ecuación de Dirac, las de Shannon, Yang-Mills, Drake, la fórmula de la entropía de Boltzman, la segunda ley de Newton y, claro, E=mc2– pueden leerse a la vez como poemas: declaraciones abstractas cargadas de belleza, universalidad y cierta fuerza elemental. Y también elegancia. Como escribió alguna vez Mario Bunge: “Algo es elegante cuando nos causa una emoción estética parecida a la que nos despierta la contemplación de algo bello y, al mismo tiempo, encontramos que se ajusta a nuestros cánones estéticos”. Así, elegantes serían tanto el David de Miguel Angel como un Rolls Royce, una catedral gótica, un smoking, un peinado, una buena tipografía, una tarjeta de presentación, un arrecife de coral, un libro, un fractal, un gol del Barcelona. ¿Pero una explicación elegante? Eso fue lo que se preguntó el editor John Brockman que, como todos los años, lanzó desde su sitio Edge.org –aquel faro para la llamada “tercera cultura”– una nueva pregunta para auscultar las grandes mentes del mundo científico, artístico, humanístico. “Parte de lo que hace a una teoría elegante es su poder de explicar mucho asumiendo poco –respondió el biólogo Richard Dawkins a la pregunta “¿Cuál es tu explicación favorita más profunda, bella o elegante?”–. En esto la teoría de selección natural de Darwin gana por goleada. Explica todo sobre la vida: su complejidad, la diversidad, la ilusión de que la naturaleza fue diseñada. Pese a su elegancia y a su profundidad estuvo oculta hasta mediados del siglo XIX.” El físico teórico Steve Giddings eligió, como todo buen alumno, la teoría de la relatividad de Einstein. Otros, en cambio, prefirieron respuestas menos obvias: el psicólogo Stephen Kosslyn optó por el condicionamiento pavloviano, el físico Nicholas A. Christakis se arriesgó con la explicación de por qué el cielo es azul y el especialista en gravedad cuántica Lee Smolin se orientó por el principio de inercia. Pero de entre las más de 180 respuestas, las argumentaciones más interesantes son las siguientes diez. Vidas paralelas Por Frank Tipler La idea más revolucionaria, elegante, hermosa e importante de los últimos 200 años es la de que la realidad está hecha de más de un universo. De hecho, de un número infinito de universos paralelos. Por “universos paralelos” me refiero a universos exactamente como el nuestro, que contienen individuos exactamente como cada uno de nosotros. Hay infinitos Frank Tiplers, individuos iguales a mí que escribieron ensayos sobre universos paralelos, leídos por infinitos individuos como usted, el lector. Y hay más: hay otros universos casi idénticos al nuestro pero que difieren en pequeños detalles. Por ejemplo, universos en los que usted –el lector– realmente se casó con su amor de secundaria y universos en los que no lo hizo. Es una idea verdaderamente alucinante porque, de ser cierta, expandiría aquello que llamamos realidad infinitamente más de lo que alguna vez hizo Copérnico con su revolución. Varios físicos de principios y mediados del siglo XX llegaron independientemente a esta idea: por ejemplo, los premios Nobel Erwin Schrödinger y Murray Gell-Mann. Sin embargo, sólo uno, un graduado de Princeton llamado Hugh Everett, tuvo el valor de publicar y deducir matemáticamente en 1957 que los universos paralelos son una consecuencia automática de la mecánica cuántica. Como la revolución Copernicana, la “revolución Everettiana” tardará décadas en ser aceptada y comprendida. La existencia de universos paralelos nos conducirá a repensar absolutamente todo. Frank Tipler es profesor de física-matemática de la Tulane University en Nueva Orleáns, Louisiana, Estados Unidos. Es autor de La física de la inmortalidad y de The Anthropic Cosmological Principle. El efecto Gandhi Por Howard Gardner En un planeta ocupado ahora por siete mil millones de habitantes, estoy sorprendido por la diferencia que puede hacer un solo ser humano. Piensen en la música clásica sin Mozart o Stravinsky; en la pintura sin Caravaggio, Picasso o Pollock; el drama sin Shakespeare o sin Beckett. Piensen en las increíbles contribuciones de Miguel Angel o Leonardo, o en los últimos tiempos, la efusión del sentimiento profundo provocado por la muerte de Steve Jobs (o Michael Jackson o la princesa Diana). Por desgracia, no todos los individuos hacen una diferencia positiva. La historia del siglo XX sería mucho más feliz si no hubiera existido Hitler, Stalin o Mao (o Bin Laden). Sin embargo, en reacción a estos individuos, a veces emergen figuras más alabadas: Konrad Adenauer en Alemania, Mikhail Gorbachov en la Unión Soviética, Deng Xiaoping en China. Estos sucesores también marcaron la diferencia. Considero a Mahatma Gandhi el ser humano más importante del último milenio. Sus logros en la India hablan por sí solos. Pero incluso si Gandhi no hubiera contribuido al liderazgo de su propio país, tuvo una influencia increíble en los resistentes pacíficos en todo el mundo: Nelson Mandela en Sudáfrica, Martin Luther King Jr. en los Estados Unidos, y aquel solitario hombre en la plaza de Tiananmen en 1989 y en la plaza Tahrir en el año 2001. A pesar de los esfuerzos laudatorios de los científicos para descubrir patrones en el comportamiento humano, me continúo asombrando por el impacto de un solo individuo, o de pequeños grupos, trabajando en contra de las probabilidades. Como académicos, no podemos y no debemos esconder estos casos bajo la alfombra de la investigación. Debemos tener en mente la famosa prescripción de la antropóloga Margaret Mead: “Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos comprometidos puede cambiar el mundo”. Howard Gardner es psicólogo de la Universidad de Harvard. Estamos hechos de estrellas Por Kevin Kelly ¿De dónde venimos? La explicación que dice que cada átomo de nuestros cuerpos se fabricó en el corazón de estrellas siempre me pareció profunda, elegante, hermosa. Somos los subproductos de la fusión nuclear. Elementos como el carbón, el nitrógeno, el oxígeno y el hierro no fueron creados al principio del tiempo. Fueron creados en los hornos nucleares de estrellas y la única manera para que terminaran en nuestros cuerpos fue que esas estrellas en algún momento estallaran. Todos somos polvo de estrellas. Y por una transformación elegante y extraordinaria, ahora somos capaces de mirar en la oscuridad de la noche y percibir otras estrellas brillando. Parecen remotas y distantes pero en realidad estamos muy cerca de ellas, sin importar la cantidad de años luz que nos separen. Kevin Kelly es fundador y director ejecutivo de la revista Wired. Es autor de los libros Out of control y What technology wants. El tiempo profundo Por Alun Anderson Hay una idea –simple y profunda– que me golpea con fuerza: la idea del tiempo profundo, aquella que afirma que la Tierra es extremadamente antigua y que el tiempo de nuestra especie sobre ella hasta el momento ha sido muy corto. Cuando esta idea surgió por primera vez se opuso a todo lo que se creía entonces. Eventualmente, iba a cambiar la concepción que tenían las personas de sí mismas tanto como el descubrimiento de que la Tierra giraba alrededor del Sol. Sabemos cuándo nació la idea del tiempo profundo gracias a un profesor escocés llamado John Playfair que escribió en 1788: “La mente parece crecer vertiginosamente al mirar tan lejos en el abismo del tiempo”. Playfair había viajado a las costas escocesas con su amigo el geólogo James Hutton, que luego resumiría sus ideas en un libro llamado Teoría de la Tierra. Hutton le había mostrado una serie de distintos patrones en las rocas que sólo se podrían explicar al asumir que la Tierra no tenía seis mil años como se concluía de los cálculos sacados de la Biblia. Fue un cambio enorme ver el mundo como lo hizo Hutton. Apreciar la inmensidad del espacio es fácil. Cuando miramos las estrellas la inmensidad del universo es a la vez evidente e impresionante. La inmensidad del tiempo, en cambio, no es del todo comprensible para la experiencia humana. La naturaleza, observada a escala humana, sólo pasa a través del ciclo repetido de las temporadas, interrumpido en ocasiones por terremotos catastróficos, erupciones volcánicas e inundaciones. Por eso las teorías creacionistas y catastróficas del origen de la Tierra parecían más plausibles que las explicaciones que hablaban de procesos lentos y graduales. Sin embargo, Hutton tenía fe en lo que veía en las rocas y exhortaba a otros a “abrir el libro de la naturaleza y leer en sus registros”. Sus pensamientos sobre el tiempo crearon tierra firme para otras grandes teorías. En estas grandes escalas temporales, procesos lentos e imperceptibles bien podrían haber moldeado el mundo natural. Después de Hutton apareció la geología moderna, luego la teoría de la evolución para explicar el surgimiento de nuevas especies y, finalmente, la teoría del movimiento gradual de los continentes. Todas estas teorías fueron consecuencia de la concepción del tiempo profundo. La belleza de su idea aún persiste. Si nos asomamos al abismo del tiempo, sentiremos nuestra propia insignificancia en los 4600 millones de años de historia terrestre. Alun Anderson es biólogo y autor de After the Ice: Life, Death, and Geopolitics in the New Arctic. Un universo en el multiverso Por Martin Rees Un concepto sorprendente ha entrado en la corriente principal del pensamiento cosmológico: la realidad física podría ser inmensamente más amplia que aquel parche del espacio y tiempo tradicionalmente conocido como “el universo”. Un nuevo giro copernicano podría estar en ciernes. Hemos aprendido que vivimos en un solo sistema planetario entre miles de millones, en una galaxia entre otras miles de millones. Pero ahora eso no es todo. Todo el panorama que los astrónomos observan podría ser solo una pequeña parte de las secuelas de “nuestro” big bang, que a su vez podría haber sido sólo una explosión en un conjunto tal vez infinito. Nuestro ambiente cósmico podría ser mucho más rico pero en escalas tan vastas que sólo tenemos acceso a un pequeño fragmento. No somos conscientes de la “gran imagen”, no más que un microorganismo acuático –cuyo universo es un litro de agua– está al tanto de la topografía y biosfera del mundo. Como sospechan muchos físicos teóricos, podría haber diferentes universos gobernados por diferentes leyes físicas. Estas leyes de la naturaleza, vistas en perspectiva, podrían ser tan sólo leyes locales. A finales de este siglo podríamos decir con tranquilidad que vivimos en un “multiverso” y cuánto varían entre sí los diversos universos que lo componen, como el nuestro, un universo “bio-friendly”, amigable con la vida. Martin Rees es astrofísico y presidente de la Royal Society de Londres. Los hijos del azar Por Samuel Barondes En la edad de oro de la filosofía griega Teofrasto, sucesor de Aristóteles, se preguntó algo por lo que aún es recordado: “¿Cómo puede ser que, teniendo Grecia el mismo clima y teniendo todos los griegos una educación similar, no tenemos todos el mismo carácter (o personalidad)?”. La pregunta es especialmente notable porque hace foco en lo que cada uno de nosotros sentimos que somos. Ahora sabemos lo suficiente como para ofrecer una respuesta: cada personalidad refleja las actividades de los circuitos cerebrales que se desarrollan gradualmente, bajo la dirección de la combinación de los genes y las experiencias de una persona. Esto conduce a la inevitable conclusión de que en las diferencias de personalidades influyen mucho los eventos fortuitos. Hay dos tipos de eventos al azar que influyeron en la contribución genética a nuestra personalidad. Primero, la más obvia: los eventos que reunieron a mamá y a papá. Cada uno de ellos tiene una colección particular de genes, una muestra personal de las variantes que se han acumulado en el genoma colectivo humano. El segundo evento fortuito fue la unión única de un espermatozoide con un óvulo en particular, cada uno de los cuales contiene una selección aleatoria de la mitad de las variantes de los genes de cada padre. Es la interacción de la mezcla resultante única de las variantes de genes maternos y paternos que juega un papel importante en el proceso de desarrollo de 25 años de duración, que construye el cerebro de la persona y la personalidad. Así que dos accidentes de nacimiento, los padres que nos concebieron, y las combinaciones de esperma y de óvulo que nos hacen, tienen una influencia decisiva en el tipo de personas que somos. Pero los genes no actúan solos. Las personas se adaptan al mundo físico y social. Por ejemplo, los circuitos cerebrales que controlan las características de la entonación se activan para ser influenciados por el medio ambiente durante una ventana limitada del desarrollo. Pero así como el azar influye en la combinación particular de genes que somos (y tenemos) al nacer, también influye el particular ambiente en el que nacemos. Nuestros genes nos inclinan a ser más o menos amigables y confiables. Y el lugar donde crecemos nos inclina a adoptar determinadas metas, a tener ciertas oportunidades y formas de comportarnos. Los aspectos más obvios de estas influencias ambientales son la cultural, la religión, lo social y lo económico transmitidos por padres, hermanos, maestros y pares. Por supuesto, azar no es destino. Reconocer que los eventos fortuitos contribuyen a las diferencias individuales de la personalidad no significa que cada vida esté predeterminada o que no haya libre albedrío. La personalidad que surge a través de estos accidentes biológicos y socio-culturales puede ser modificada deliberadamente en muchos sentidos, incluso en la adultez. Sin embargo, los eventos fortuitos que dirigen el desarrollo cerebral en nuestras primeras décadas dejan marcas permanentes. Samuel Barondes es neurobiólogo y autor de Making Sense of People. La inteligencia del enjambre Por Robert Sapolsky La respuesta más obvia debería ser la doble hélice. El descubrimiento de Watson y Crick en 1953 explicó los mecanismos de la herencia. Pero la doble hélice no me cierra como respuesta. Para cuando cursé biología en la secundaria, la doble hélice era ya historia antigua. A mí me interesan los conceptos de emergencia y complejidad, representadas en la llamada “inteligencia de enjambre”. Sólo basta con observar una hormiga solitaria. No tiene mucho sentido caminando en una dirección. Hasta que cambia de velocidad sin motivo aparente, completamente impredecible. Lo mismo ocurre con dos hormigas. Pero una colonia de hormigas es todo otro espectáculo: trabajos especializados, medios eficientes de explotar nuevas fuentes de alimentos, complejos nidos subterráneos con regulación de temperatura. Estas colonias no tienen un centro de comando. Cada individuo sabe lo que tiene que hacer. Esto, sin embargo, no es lo que se llama “sabiduría de la multitud”, donde un grupo de individuos razonablemente bien informados superan a un experto. Las hormigas no están razonablemente bien informadas acerca de todo el panorama. En cambio, cada hormiga está al tanto de un puñado de reglas para interactuar con el medio ambiente local y las demás hormigas locales. De esto surge una colonia altamente eficiente. Las colonias de hormigas son sistemas de autoorganización que se destacan por generar senderos que conectan localidades de la manera más corta posible. Con reglas simples, las hormigas saben cuándo y dónde establecer un rastro de feromona en el camino y lo que deben hacer cuando se encuentra un nuevo sendero. Estas colonias son sociedades complejas, sistemas adaptativos que no requieren de un diseño. Así como tampoco precisan de un arquitecto. Robert Sapolsky es neurocientífico de la Universidad de Stanford. La vida de los microbios Por Gregory Cochran La teoría microbiana de la enfermedad ha tenido mucho éxito, especialmente si te preocupan beneficios prácticos, como, por ejemplo, seguir vivo. Explica cómo una enfermedad puede propagarse rápidamente a un gran número de personas; por qué hay tantas enfermedades diferentes (distintas especies de patógenos), y por qué cierto tipo de contacto es necesario para la transmisión de la enfermedad. La mayoría de los síndromes de enfermedades resultan estar causadas por pequeñas máquinas autorreplicantes, cuyos intereses genéticos no están estrechamente en sintonía con los nuestros. De hecho, la teoría microbiana ha tenido tanto éxito que parece poco interesante. Una vez que entendimos las causas del cólera, de la neumonía y la sífilis, nos deshicimos de ellas, al menos en los países más ricos. Ahora estamos en un momento en el que ciertas personas se resisten a vacunarse básicamente porque no recuerdan estas amenazas. Todavía vale la pena estudiar esta teoría no sólo para luchar contra la próxima plaga, sino también porque ha sido un factor importante en la historia y evolución humana. Así como no podemos comprender a Cortez sin la viruela, no podemos comprender a Keats sin la tuberculosis. Gregory Cochran es físico y profesor de antropología de la Universidad de Utah. Es autor de The 10,000 Year Explosion: How Civilization Accelerated Human Evolution. El método científico Por Nathan Myhrvold Los humanos somos una especie de narradores de historias. A lo largo del tiempo, nos hemos contado historias como una de las maneras para comprender el mundo que nos rodea. Toda cultura tiene su mito de creación sobre cómo surgió el universo. Somos charlatanes y simplemente no podemos resistir contar historias. Pero por más convincentes y entretenidas que sean estas historias no llegan a ser explicaciones. Por cada hecho hay muchas versiones. En algún momento de la historia, sin embargo, ciertas historias comenzaron a ser cuestionadas escépticamente, testeadas con observaciones y experimentos. Si la historia sobrevivía estas pruebas al menos provisionalmente eran aceptadas como algo más que historias. Se convertían en teorías con real poder explicatorio. Las explicaciones siempre van a ser provisionales. No podemos bajar nuestra guardia escéptica. A este proceso de testeo lo hemos llamado el “método científico”. Para mí, el método científico es la explicación elegante más importante. Sin dudas, es la fundación última de cualquier cosa con pretensiones de llamarse “explicación”. No tiene sentido hablar de explicaciones sin tener un proceso de verificación que nos ayude a decidir cuáles son correctas y cuales están equivocadas. Esto nos parece ahora muy obvio pero a las personas les tomó varios miles de años desarrollar el método científico. Obviamente, aún quedan por responder varias preguntas. Nuestro conocimiento tiene muchas lagunas. Pero nos podemos confortar al saber que en algún momento del futuro nuevas explicaciones llenarán estos espacios en blanco, así como se generarán nuevas preguntas. Nathan Myhrvold es inventor y físico, CEO y director de Intellectual Ventures. Es autor del libro Modernist Cuisine. Piensan, luego existo Por Alana Conner y Hazel Rose Markus “Pienso, luego existo.” Cogito ergo sum. ¿Se acuerdan de la elegante y profunda idea de Principios de Filosofía de René Descartes? El hecho de que una persona contemple su existencia, argumentaba Descartes, es prueba de que esta persona existe. Con esta sola afirmación, Descartes unió dos ideas centrales de la filosofía occidental: 1) el pensamiento es poderoso, y 2) los individuos desempeñan un importante papel en la creación de su propio “yo”, es decir, su psique, mente, alma. La mayoría de nosotros aprendemos el “cogito” en algún momento de nuestra educación formal. Sin embargo, un número mucho menor de nosotros estudiamos una idea igual de profunda y elegante proveniente de la psicología social: el pensamiento de otras personas también moldea con fuerza nuestro yo. De hecho, en muchas situaciones el pensamiento de otras personas tiene un gran impacto en nuestros propios pensamientos, sentimientos y acciones. En otras palabras, gran parte del tiempo “Piensan, luego existo”. Para bien o para mal. Un ejemplo de esto es el llamado “efecto Pigmalión”. Los psicólogos Robert Rosenthal y Lenore Jacobson lo describieron en un estudio de 1963. Después de tomarles una prueba de coeficiente intelectual (CI) a unos estudiantes, los investigadores les indicaron a los maestros qué alumnos eran académicamente avanzados dado su alto CI. En realidad, los CI de estos estudiantes no eran más altos que el de los estudiantes “normales”. Al final del año escolar, los investigadores advirtieron que los “avanzados” habían obtenido mejores calificaciones que los “normales”. ¿La razón? Los maestros esperaban más de los “avanzados”: les daban más tiempo, atención, cuidado. ¿La conclusión? Esperá más de tus alumnos y conseguirás mejores resultados. Otro ejemplo de cómo nuestros pensamientos afectan los yo de otras personas son los estereotipos, nubes de actitudes, creencias y expectativas que arrastran un grupo de personas. Un estereotipo que pende sobre los afroamericanos es que son malos en la escuela. O que las mujeres son malas en matemática. El psicólogo social Claude Steele demostró en cientos de estudios que cuando los investigadores “conjuran” estos estereotipos –ya sea señalándoles sutilmente que informen su raza o género en un test– los estudiantes de los grupos estereotipados sacan peores notas que los grupos sin estereotipo. Los investigadores muestran que los estudiantes bajo la amenaza del estereotipo están tan ansiosos de confirmar el estereotipo que se ahogan en la prueba. Los pensamientos de otras personas que deforman los de estudiantes prometedores. A medida que el planeta se hace más pequeño y más caliente, saber que “Piensan, luego existo” podría ayudarnos a comprender cómo afectamos a nuestros vecinos y cómo nuestros vecinos nos afectan. Alana Conner es curadora del Tech Museum en San José, California. Hazel Rose Markus es profesora de ciencias conductuales de la Universidad de Stanford University.

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Madagascar
Madagascar
Ciencia EducacionporAnónimo7/23/2012

BIODIVERSIDAD, “PUNTOS CALIENTES” Y ESPECIES EN EXTINCION Madagascar Es la cuarta isla más grande del mundo, después de Groenlandia, Nueva Guinea y Borneo. El tamaño de Madagascar –587.041 kilómetros cuadrados– equivale al territorio comprendido por las provincias argentinas de Neuquén, Río Negro y La Pampa. Tierra exótica si las hay, está habitada por mil quinientas especies de plantas que no se encuentran en otras regiones, más de diez mil especies de aves, lémures, baobabs y varias rarezas. Por Raúl A. Alzogaray Hace doscientos cincuenta millones de años, en la Tierra había un único supercontinente rodeado por un mar inmenso. Con el paso del tiempo, el supercontinente se rompió en varios fragmentos que se alejaron unos de otros, moviéndose unos pocos centímetros por año sobre la materia caliente y fluida que se encontraba debajo de ellos. Hace ciento setenta millones de años, la India, que todavía estaba unida a la Antártida, se separó de Africa e inició un largo viaje hacia el norte que la llevaría a chocar con el continente asiático. Como consecuencia de ese choque se iba a formar la cordillera del Himalaya. Hace noventa millones de años, mientras la India todavía viajaba hacia el norte, un gran fragmento se desprendió de su costado sudoeste y quedó varado a varios cientos de kilómetros de la costa africana. Así se formó la isla de Madagascar. TIERRA EXOTICA Vista desde dos mil kilómetros de altura, Madagascar parece un zapato apoyado sobre el talón, con la suela mirando al sudeste. La suela es de color verde intenso, porque está cubierta con lo que queda de un bosque tropical que en otros tiempos abarcó un área diez veces más grande. La parte superior del zapato es de color leonado, debido a las tierras altas que se extienden de norte a sur y alcanzan un máximo de 2876 metros en el monte Maromokotro, ubicado cerca de la punta del zapato. Estas elevaciones impiden el paso de las nubes que vienen del este, determinando el clima seco que predomina en el centro y el oeste de la isla. El talón es un desierto donde crecen matorrales espinosos. En la parte de los cordones del zapato, la costa es irregular, llena de bahías que alguna vez fueron refugio de barcos piratas. Mientras permanecieron unidas, Africa y Madagascar estuvieron habitadas por las mismas plantas y animales. Después de que se separaron, los organismos del continente y de la isla siguieron sus propios caminos evolutivos. En Madagascar no hay avestruces, leones, cebras, elefantes ni otros animales que aparecieron en Africa después de la separación. Y la isla alberga 11.600 especies de aves, 144 de mamíferos, 181 de aves, 367 de reptiles, 229 de anfibios y 97 de peces que no existen en ninguna otra parte del planeta. Esta fauna única incluye rarezas como el camaleón más pequeño del mundo (descubierto en febrero de 2012, mide 2,9 centímetros); peces incoloros y ciegos que nadan panza arriba en las oscuras aguas de ríos subterráneos; tortugas radiadas, con líneas intensamente amarillas que parten del centro de cada placa del caparazón oscuro; cucarachas de ocho centímetros de largo; los únicos cocodrilos del mundo que viven en cavernas; el escarabajo jirafa, con el cuello varias veces más largo que el cuerpo, y el tenrec, un animalito con aspecto de erizo, único mamífero que se comunica mediante el sonido que produce al frotar unas espinas que lleva en la espalda. La lista de las especies que viven en la isla se podría extender páginas y páginas, y aun así estaría lejos de ser completa, porque en Madagascar, como en cualquier otra parte del mundo, las especies por descubrir son muchísimas más que las conocidas. Entre esta abundante y diversa vida salvaje, un animal –el lémur– y una planta –el baobab– son emblemáticos del lugar. El lémur es una criatura saltarina, de ojos muy abiertos, que se mueve con igual habilidad en tierra firme y sobre la copa de los árboles. Su figura se popularizó hace unos años a través de Zoboomafoo, una serie televisiva de origen canadiense que difundía las maravillas del mundo animal entre el público infantil. Sus conductores eran dos humanos y un lémur (que en algunos momentos del programa era real, y en otros, un muñeco parlante). Más recientemente, otros lémures (animados) debutaron en la pantalla grande como personajes de la película Madagascar. El baobab es un árbol muy grande, del que millones de personas habrán tenido noticia por primera vez al leer El Principito (cuyo protagonista se la pasaba arrancando brotes de baobabs del suelo, porque vivía en un planeta tan pequeño, que apenas había espacio para un árbol tan grande). ESPIRITUS NOCTURNOS Los lémures pertenecen al grupo de los primates, del que también formamos parte los humanos. Pero su parentesco con nosotros es lejano, ya que el último antepasado común que compartimos con ellos existió hace más de sesenta millones de años. Algunos lémures desarrollan sus actividades durante la noche. En la parte posterior de los ojos tienen una capa de tejido que actúa como un espejo, aumentando la cantidad de luz que llega hasta los receptores oculares. Esto les permite ver bien de noche y hace que sus ojos brillen en la oscuridad. Se comunican mediante un amplio repertorio de rugidos, gruñidos, resuellos y zumbidos. En el siglo XVIII, cuando el naturalista sueco Carl Linnaeus pensó qué nombre ponerles a estos animales, conocía bien sus características. La actividad nocturna, los ojos brillantes y los gemidos le recordaron a los lemures, espíritus malvados que, según los antiguos romanos, vagaban por la noche espantando a la gente. Los antepasados de los lémures llegaron a Madagascar hace sesenta millones de años, probablemente desde Africa. En aquel entonces, la isla estaba más al sur que ahora y existían corrientes marinas que fluían hacia ella desde la costa africana. Los viajeros podrían haber navegado en grandes “balsas” a la deriva, formadas con árboles arrancados por las fuertes tormentas tropicales. Los descendientes de aquellos animales colonizaron todos los rincones de la isla. Al ocupar distintos ambientes y adoptar diferentes costumbres alimentarias y sociales, se fueron diferenciando en subgrupos que dieron origen a decenas de especies. Hasta 2010 se habían identificado 101 especies de lémures vivos, de las cuales al menos treinta y nueve están en peligro de extinción. El tamaño de los lémures es muy variado. Los más pequeños miden menos de nueve centímetros y pesan treinta gramos; los más grandes se llaman indris y alcanzan los siete kilos. Hubo lémures de mayores dimensiones, pero ya no existen. Una especie que desapareció hace dos mil años tenía un tamaño similar al de los gorilas y pesaba doscientos kilos. Los “cantos” de los indris duran varios minutos y son audibles en un par de kilómetros a la redonda. Cuando un indri descubre que se acerca un halcón, ave devoradora de lémures, alerta a sus compañeros con un fuerte rugido (que también emite cuando pasa un avión o se escucha un trueno). Un zumbido suave informa que el grupo se va a desplazar. Otros sonidos ayudan a orientarse a los que se alejaron demasiado o proporcionan información acerca del estado reproductivo del grupo. Los indris habitan una estrecha franja boscosa en el noroeste de la isla y se encuentran en peligro de extinción. Los lugareños los consideran animales sagrados y un tabú prohíbe cazarlos. A pesar de esto, la gente pobre los caza para consumirlos o para vender su carne a restaurantes urbanos. EL ARBOL DE LOS ESPIRITUS Los baobabs son árboles altos, con ramas horizontales que crecen solamente en el extremo superior. Tienen troncos gruesos y cilíndricos que pueden contener cien mil litros de agua. Esto les permite sobrevivir en las zonas áridas del sudoeste de Madagascar. Se conocen ocho especies de baobabs: una crece en Africa continental, otra en Australia; las seis restantes, sólo en Madagascar (tres de ellas se encuentran en peligro de extinción). El baobab más grande del mundo está en Sudáfrica. Tiene seis mil años, mide veintidós metros de alto y cuarenta y siete de circunferencia. Aprovechando que el tronco es hueco y presenta una abertura natural, el dueño del terreno instaló en el interior del árbol un bar con capacidad para sesenta personas. La especie más grande de Madagascar se llama baobab de Grandidier, en honor al naturalista francés Alfred Grandidier, que exploró la isla durante la década de 1880. Esta planta produce grandes frutos ovalados, comestibles y ricos en vitamina C. De las semillas se extrae aceite para cocina; la madera es esponjosa y se usa para construir techos de viviendas; con la corteza se fabrican cuerdas para embarcaciones. Los lugareños creen que los baobabs están habitados por espíritus, por eso depositan junto a ellos ofrendas de ron y granos. UN PUNTO CALIENTE En 1988, el biólogo Norman Myers identificó varias regiones de la Tierra que comparten dos características: perdieron al menos el setenta por ciento de su vegetación original y están habitadas por mil quinientas especies de plantas vasculares que no se encuentran en ninguna otra parte del planeta (se llama vasculares a las plantas que poseen un sistema interno para el transporte de agua). Myers llamó a estos lugares “puntos calientes”. Madagascar y las islas que la rodean (Comoras, Mauricio, Seychelles y Reunión, entre otras) constituyen un punto caliente llamado “Madagascar e islas del Océano Indico”. La vegetación original de esta región cubría seiscientos mil kilómetros cuadrados, hoy abarca apenas sesenta mil. Los primeros asentamientos humanos en Madagascar ocurrieron hace apenas dos mil años. En ese momento, el lugar estaba habitado por grandes animales que luego desaparecieron. Había tortugas gigantes, hipopótamos pigmeos, varias especies de lémures y el pájaro elefante, un ave de tres metros de altura, que no volaba y ponía huevos de un metro de circunferencia (en el extremo sur de la isla hay una playa cubierta por miles de fragmentos de estos huevos, que llevan siglos en ese lugar). Apenas llegados a Madagascar, los humanos introdujeron la “tala y quema”, una de las actividades agrícolas más agresivas para el ambiente. Consiste en cortar los árboles de los bosques y quemarlos en el mismo sitio donde caen. De esta manera se despejan y al mismo tiempo se fertilizan terrenos que a continuación se destinan a la agricultura. La “tala y quema” todavía se practica en Madagascar y en millones de granjas de todo el mundo. La importación ilegal de madera es otra importante causa de deforestación. Uno de los árboles más afectados es el palo de rosa, cuya madera tiene el color de la remolacha. Los chinos son los principales compradores de esta materia prima, que usan para fabricar lujosos muebles artesanales. La destrucción de los bosques tiene un efecto perjudicial directo sobre la vegetación y un efecto indirecto sobre los animales que los habitan, porque destruye los lugares donde viven y las plantas de las que se alimentan. UNA TAREA DIFICIL La extinción de las especies es sólo uno de los muchos problemas que enfrenta Madagascar. Entre 1895 y 1960, la isla fue sucesivamente un protectorado, una colonia y un territorio de ultramar francés. El 26 de junio de 1960 proclamó su independencia y comenzó una etapa de gobierno democrático que ya ha sido interrumpida por dos golpes de Estado. El Producto Bruto Interno (PBI) es una medida del bienestar material de los habitantes de un país. Cuanto más alto es el PBI, mayor es el bienestar. En la lista del Banco Mundial de países ordenados en orden decreciente de PBI, Madagascar ocupa el lugar 171º sobre un total de 181 naciones. El setenta por ciento de sus veintidós millones de habitantes es extremadamente pobre. A comienzos del siglo XXI, el entonces presidente constitucional Marc Ravalomanana lanzó una iniciativa para recaudar fondos destinados a proteger la vida silvestre. Organizaciones no gubernamentales de distintas partes del mundo, bancos internacionales y otros gobiernos aportaron varios millones de dólares. Dos años después se creó el Fondo Fiduciario para la Biodiversidad. Ravalomanana fue derrocado en 2009, mientras ejercía su segundo mandato. En Madagascar hay cuarenta y ocho parques nacionales y reservas donde se intenta proteger a las especies en peligro de extinción (pero dentro de estas áreas se siguen practicando la caza y la tala no autorizadas). El conjunto de estos lugares representa menos del tres por ciento de la isla. En el resto del territorio, mientras no se encuentre una manera de armonizar las actividades humanas y la preservación del patrimonio biológico, los cultivos y el ganado seguirán reemplazando a los bosques y a los animales salvajes.

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Un cacho de cultura- Esta vez sÍ deme 2
ArteporAnónimo9/12/2008

Esta vez sÍ deme 2 El Complejo Teatral de Buenos Aires acaba de estrenar en el Teatro de la Ribera “Teatro Abierto X 2” que, con dirección de Hugo Urquijo, ofrece en un mismo espectáculo dos obras emblemáticas del movimiento de resistencia cultural contra la dictadura nacido en 1981. Cualquier aniversario en número redondo está justificado por la convención. Pero a veces, lo recordable tiene más fuerza que la cifra terminada en cero. Parece ser el caso de Teatro Abierto, que 27 años después de aquel movimiento de resistencia cultural contra la dictadura, no necesita efemérides que convaliden su vigencia. Lo demuestra el reciente estreno de El acompañamiento, de Carlos Gorostiza y Gris de ausencia, de Roberto Cossa, que con dirección de Hugo Urquijo se ofrecen juntas, y bajo el título común de Teatro Abierto X 2, en el Teatro de la Ribera. Sobre las razones de la renovada validez reflexionan los autores, el actual director y los actores de estas dos obras emblemáticas del mayor fenómeno estético político consumado por el teatro argentino del siglo XX. Desde la columna que acompaña esta nota dice lo suyo Tito Cossa. Para Gorostiza, las causas que impulsaron aquel acontecimiento no están tan lejanas: “La gente quería cantar y no la dejaban, quería hacerse oír contra todas las mordazas. Y hoy las cosas han cambiado menos de lo que creemos. El mundo sigue impidiendo el canto libre”. Una semana antes del estreno, y mientras van llegando los actores a uno de los últimos ensayos, el director Hugo Urquijo repasa los significados de lo que fue y sigue siendo aquel movimiento. “Para empezar, me llena de satisfacción haber sido elegido por voluntad unánime de Tito (Cossa), Goro (Gorostiza) y Kive Staiff (director del Complejo Teatral de Buenos Aires). Estas dos obras están muy cerca de mi corazón y pegaron muy fuerte en su momento porque nos representan en nuestro imaginario y en nuestros sueños. Además, pensando en el público de menos de 40, el espectáculo incluirá una relatora, la actriz Monina Bonelli nacida en 1981, igual que Teatro Abierto, que aportará referencias al contexto histórico de la Argentina de entonces.” Sobre la gestación de Teatro Abierto, Urquijo evoca que allá por mayo del 81, mientras participaba en una mesa redonda, Osvaldo Dragún se le acercó subrepticiamente y lo invitó a sumarse a un grupo de autores y directores que se reunían en casas particulares a tomar mate con facturas. “Era plena dictadura y estábamos en riesgo; todo se hacía en voz baja; las sirenas de la policía sonaban más fuerte que nuestras voces.” Dice que eligieron el Picadero porque era un espacio chico, 300 butacas, a la medida del proyecto. Pero en la primera semana los abonos se agotaron. El ciclo de 21 obras breves empezó el 28 de julio y a la semana, en la noche del 4 al 5 de agosto, se incendió el teatro. “Fue un acto de barbarie por parte del poder, uno más –define–, pero a la vez fue lo que potenció la indignación de la gente y dio lugar a una respuesta fenomenal. Hubo ofrecimientos de unos 20 teatros para seguir. Y en asamblea multitudinaria se eligió el Tabarís, de 700 butacas en plena calle Corrientes.” Recuerda que la gente hacía colas desde las cuatro de la tarde y que el teatro estuvo repleto durante los dos meses programados, que se prolongaron un mes más con El acompañamiento y Gris de ausencia. De ahí que estas dos obras quedaran unidas. Juntas se hicieron un año más en gira por el interior y el extranjero. “Pero casi todos los actores de esta nueva puesta participaron de aquella gesta y tienen recuerdos personales de lo que fue”, dice Urquijo, proponiendo testimonios del elenco. Coprotagonistas de El acompañamiento, Antonio Grimau y Pepe Novoa se confiesan conmovidos de asumir los papeles que entonces interpretaron Carlos Carella y Ulises Dumont. “Era tan opresivo el clima político en los 70 y los primeros 80 –apunta Novoa– que los textos no podían hacer referencia directa a la dictadura. Pero esta obra es una metáfora. Habla de alguien agobiado por la frustración que elige escapar hacia el delirio. Y sueña con salvarse cantando como Gardel. La locura del personaje remite a tanta gente que era tomada por loca; pensemos en ‘Las Locas de la Plaza’.” Entre los actores de Gris de ausencia, salvo la jovencísima Paloma Contreras Manso (heredera de la memoria de sus padres, Patricio Contreras y Leonor Manso), todos vivieron con intensidad la experiencia de Teatro Abierto. Juan Manuel Tenuta será aquí el Abuelo en una familia desarticulada por sucesivos exilios y la consecuente pérdida de identidad. “Creo tan oportuno este homenaje a Teatro Abierto como urgente insistir en la memoria. El vientre de aquel monstruo está fecundo todavía. Hay que reconocer las señales y estar atentos. Y las consecuencias de la persecución y expulsión que ha sufrido la sociedad a manos del autoritarismo militar, político y económico no son cosa del pasado. Las seguimos padeciendo.” Coincide con el pensamiento de Tenuta el resto del elenco integrado por Ricardo Díaz Mourelle, Marcela Ferradás y Mario Alarcón. Para Hugo Urquijo, la intención política que impulsó el movimiento produjo a la vez un valioso aporte estético. “El formato elegido para el ciclo exigía que se escribieran obras de entre media hora y 45 minutos, para ofrecer tres por función, empezando a las seis de la tarde. Eso obligó a la síntesis. La moción inicial había sido hacer obras eróticas, para desconcertar al censor. Luego prosperó la otra idea, pero era importante que fueran muchas obras, también entre otras razones, para desconcertar. ¿Dónde buscar la intención subversiva? ¿En cuál? Eso hizo que se constituyera en movimiento”, afirma. “Creo que fue el primer movimiento cívico de resistencia potente, además de los recitales de rock y las revistas de humor. Era cuestión de encontrar vehículos para la metáfora.” –¿Aquellas poéticas conservan su eficacia en esta época, acaso más despolitizada? –Hoy hay que resistir desde un teatro que proponga contenidos y reflexión. En su poema Arte poética dice Borges: “A veces en las tardes una cara / nos mira desde el fondo de un espejo. / El arte debe ser como ese espejo, / que nos revela nuestra propia cara”. Y estas obras nos revelan muchísimo sobre nosotros mismos. No son cuestiones que hayan envejecido. La crisis de 2002 fue una catástrofe que produjo éxodo y efectos brutales en la subjetividad. Fue otro momento de diáspora que generó mucha frustración. Pero a partir del arte y del psicoanálisis hemos desarrollado una gran capacidad de resistencia simbólica. Y no es momento de bajar la guardia. Que personajes como los represores Menéndez o Bussi puedan expresarse tan impune y obscenamente acaso indique que estamos en riesgo. Es un alerta que advierte sobre el avance de las derechas. Por eso, la oportunidad de Teatro Abierto. Olga Cosentino Fuente: http://www.carasycaretas.org/2226/n6.asp

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'Aquel tipo del cuervo...'
'Aquel tipo del cuervo...'
ArteporAnónimo3/17/2012

Se abrio un interesante debate entre los escritores (y lectores) anglosajones y aquellos de otras lenguas sobre la importancia de la mitica figura de Poe. Yo estoy de este lado y celebro siempre el genio de este gran escritor pero es muy interesante escuchar las opiniones de ingleses y norteamericanos sobre el porque casi de su menosprecio por este autor. Espero que lo disfruten. 'Aquel tipo del cuervo...' -Los anglosajones dicen de Poe que fue 'el peor de los grandes escritores' -Críticos, traductores y escritores explican el agravio "Edgar Allan Poe: el peor de los grandes escritores", anunciaba anteayer un titular en 'Prospect Magazine', una revista de crítica del Reino Unido. Y nosotros, chicos de provincias literarias, nos quedamos un poco desconcertados. ¿Poe, mal escritor? Las pruebas, al parecer, se basan en un puñado de citas de autoridad: Aldous Huxley lo llamó "vulgar"; Kingsley Amis, "execrable"; George Orwell, "enfermizo, en un sentido clínico". Y hasta Arthur Conan Doyle presumía de ser bastante mejor escritor que el autor de Baltimore, frase que escandalizará a muchos lectores españoles. El artículo, en el fondo, estaba dirigido a ensalzar la figura de Poe más allá de sus zonas débiles y recordaba que el desdén hacia su obra es un asunto del mundo anglosajón, ya que en la Europa continental su buen nombre no está en duda. Pero, ay, ya nos dejaron la duda en la cabeza. "Lo interesante del tema es que leí ayer un articulo sobre Dickens y el autor utilizaba citas de Huxley y de Orwell bastante parecidas a las mencionadas en el articulo que me mandas...", explica François Monti, crítico y traductor de literatura española al francés. "El periodista explicaba el desdén hacia Dickens como un menosprecio del modernismo vigente en esta época hacia la literatura de finales del XIX. ¿Ocurre lo mismo con Poe? No lo sé, yo tampoco sabía que no lo tomaban en serio. Es verdad que Poe tiene una imagen un pelín gótica y que eso puede explicar cosas. Pero para mí, Poe es el hombre traducido por Baudelaire y defendido por Mallarmé, no puedo no tomar su trabajo en serio...". El novelista Alberto Olmos también está entre los desconcertados: "Poe no es un autor al que haya dedicado muchas horas. Sin embargo, no parece discutible que se trata de un autor esencial. Lo que sé es que, prácticamente, fundó el género policial, que ya es decir mucho. Aunque siento una mayor inclinación por Ambrose Bierce como autor del género de terror, no se podría entender ni a Bierce ni algunas piezas de Kipling ni, después, al propio Borges, sin Poe. Mi relato favorito de Edgar Allan es 'La caída de la casa Usher'. Su influencia es casi insoportable en la literatura fantástica posterior. Me parece digno de mención que en Japón un autor de cuentos de terror imitativos de los de Poe cambiara su nombre para firmarlos como Edogawa Rampo (que es como se leería a la japonesa Edgar Allan Poe). Piglia ha escrito algunos ensayos apasionantes sobre el detective en Poe. Su famoso poema 'El cuervo', sin embargo, me parece un poco literatura de sacristía, demasiado protocolario en su ranciedad (no en vano era una pieza mecánica perfecta, como él mismo explicaba en 'Filosofía de la composición'). A Poe le debemos el mejor consejo del mundo para escribir cuentos, eso sí: trata de concentrarte en transmitir una sola emoción". 'Poe es para los americanos uno de esos autores que nos obligaron a leer en el bachillerato', explica Scott Esposito. Más impresiones para el desagravio: Javier Villán, poeta y crítico teatral de EL MUNDO, publicó ayer mismo una pieza entusiasta de 'Desaparecer', montaje de Calixto Bieito con texto de Poe. Quien conozca a Villlán, sabrá que es un entusiasta obsesivo del escritor estadounidense. "Poe es una cosa de aúpa. En el mundo anglosajón quizá lo desdeñen por lo que tiene de insólito, pero es un escritor superdotado como ningún otro para la narración del infierno. Uno vuelve a releer 'El cuervo' y ve el mismo prodigio de misterio. Ese 'never more' que expresa la idea de amenaza, desarraigo y maldad en sólo dos sílabas...". Villán recuerda también el hilo que une a Poe con los malditos franceses. Y por ahí se dirige también el poeta Antonio Lucas, redactor en la sección de Cultura de este diario. "Lo que sucede con Poe es extraordinario. Abrió campo en varios frentes: novela policiaca, fantástica, de terror gótica, incluso ensanchó a su modo el simbolismo con aquel poema, 'El cuervo'... Y todo, probablemente, muy regado de whisky malo. Baudelaire lo tradujo al francés y dejó al descubierto un mundo que tiene mucho de fascinante, de explosivo en lo oscuro. En la prosa de Poe hay una psicología extremada del pavor, de la fragilidad y de la crueldad al mismo tiempo... Y luego están sus poemas, aquellos que no son 'El cuervo', como el titulado 'Anabel Lee', con su sonoridad, con sus capas de significado, con su 'esoterismo' incluso. Poe significa una forma de entrar a saco en los miedos del ser humano, quizá una senda aún sin desbastar que va a dar tiempo después en Kafka, en Lovecraft, en todo aquello que nombra la penumbra de la vida, donde tantas cosas suceden... Cuando uno lee a Poe por primera vez se queda en Poe. Hace poco se celebró el 200 aniversario de su nacimiento y regresó tímidamente. Es uno de esos autores que ya está ahí, sin marcha atrás. Quizá una moda pasajera lo empuja y le hace escaparate, pero sin que eso suceda sigue siendo Edgar Allan Poe, un tío muy extraño que entendió con un talento prodigioso que el hombre es, en definitiva, un puñado de gente rara". Está bien. Seguimos siendo de Poe. Pero entonces, ¿de quién es el malentendido? ¿De los anglosajones ingratos? ¿O de nosotros, europeos continentales, llenos de pajaritos en la cabeza? Javier Villán: 'Uno vuelve a releer 'El cuervo' y ve el mismo prodigio de misterio' "Si quieres, puedo pedir más sobre el tema a un colega americano, un crítico", escribe François Monti. 'Yes, please'. Al cabo de unos minutos, Scott Esposito, editor de la revista de crítica literaria 'The Quarterly Conversation' manda un correo con la explicación definitiva. "A Poe lo leímos todos en ell bachillerato junto a un montón de autores de ese periodo (todo lo que va de Harriet Beecher Stowe y Washington Irving a Mark Twain, Walt Whitman, Emily Dickinson, etcétera), así que tendemos a pensar en él como 'uno de esos escritores' que te obligaron a leer. En realidad, era una literatura enseñada más en el contexto de la historia de EE UU que como literatura... Después, la verdad, no es un autor muy leído. Diría que no está en el programa de los grandes departamentos universitarios de literatura en inglés; pocos de mis amigos lo han leído con atendión o le tienen en mucha consideración. Su imagen es la del tipo aquel que escribió un poema sobre el cuervo y un par de historias de terror bien conocidas por sus adaptaciones de Disney. De modo que lo que no suena es la película, más que los cuentos... Sé que Michel Houellebecq escribió un libro sobre su devoción por H.P. Lovecraft, que probablemente sea lo más parecido a Poe que tenemos en el siglo XX... Y que es igual de ignorado. Así que sí, diría que Poe es más querido por los escritores franceses, españoles o argentinos (puede que hasta por los mexicanos) más que por nosotros". Luis Alemany | Madrid Actualizado miércoles 14/03/2012

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Entrevista de Paco Urondo a Cortázar.
ArteporAnónimo2/26/2013

"El escritor y sus armas políticas." Entrevista de Urondo a Cortázar Urondo -Usted acaba de sostener que las diferencias sociales podían ser el común denominador para los países de América Latina. Antes, había hablado de un destino socialista de esos países. El hecho de ir caminando hacia el socialismo, ¿es otro punto común, otro parámetro? Cortázar-Yo no diría caminando. Diría que a esta altura de las cosas, después de lo que ha hecho Cuba y de lo que estamos viendo en Chile (y las tentativas más tímidas pero interesantes en Bolivia y en Perú), parecería que cada vez más hay, aunque parezca una paradoja, una toma de conciencia inconsciente por parte de las grandes masas que, durante mucho tiempo, aceptaron su situación sin mayores protestas, salvo los grupos de choque. Pero toda esa masa indiferente, ese campesinado, fue sometida al régimen de gamolnales, de los patrones y de los grandes capataces. Ahora tengo la impresión de que eso se está quedando rápidamente atrás, es decir que el último peoncito tiene ya en el fondo de la cabeza la noción de que algo puede pasar, de que algo va a pasar: un individuo que puede ser perfectamente incorporable a un movimiento que vaya hacia el socialismo. Y se irá en la medida en que tengamos los hombres, las vanguardias. Yo soy muy desconfiado del concepto de caudillo: cuando sale un Fidel Castro, vale la pena, pero cuando salen... bueno, para qué nombrarlos, los Somoza, los Trujillo y "compañía limitada"... Por eso no es fácil decir que estamos en camino hacia el socialismo. Yo creo que hay una cierta tendencia. Parecería que se están empezandoa cumplir algunas condiciones básicas que facilitarían -que van a facilitar, de eso estoy convencido- un avance hacia la izquierda. Sería una ruptura de la alienación, del estado de enajenación de las grandes masas latinoamericanas. - Habló usted también de la desnivelación social. ¿Cree que los problemas del hombre de América estarían resueltos con una nivelación económica? -No, no lo creo. Por empezar, creo que esa nivelación se puede lograr, pero solo a través de la revolución, como consecuencia de una revolución; pero yo dudo mucho que se pueda lograr por una vía reformista o progresista. - ¿Tiene entonces dudas sobre el proceso chileno? -Me parece que el gobierno de Chile, tal como se autodefine, puede tomar una serie de medidas y dar una serie de pasos bastante importantes y algunos bastante radicales. Pero tendremos que ver que pasará el día -si ese día llega- en que el gobierno intente o procure realmente dar el gran paso hacia un socialismo auténtico y no institucional. En ese momento creo que habrá toda clase de tentativas para echar abajo el gobierno, para neutralizarlo. Tentativas internas y tentativas con las complicidades externas obvias. Creo que en Chile puede darse un caso parecido al que se da en llamar el socialismo en Argelia. No conozco muy bien los problemas de Argelia, pero es obvio que el socialismo de Boumedienne es un socialismo bastante tímido. -Si se concretase la liberación económica -sea como fuere- del continente, ¿cree que allí terminaría el proceso? -No, por supuesto. Es fundamental que la gente coma, pero de que serviría que la gente coma y eso le dé un cierto equilibrio si es que sigue tan alienada como antes y sometida, por ejemplo, a la influencia yanqui en todos los aspectos. Viviría el mismo drama que viven las sociedades de consumo. (...) -En estos últimos ocho largos años que pasó fuera del país, han ocurrido estas cosas, estos cambios en América Latina y en usted. Al cabo de todo eso, usted ha regresado. ¿Cómo lo ve? -Esto hará sonreír irónicamente a todos los que reprochan mi alejamiento. Afectivamente, sigo estando tan vinculado con la Argentina como cuando me fui. De aquí se podría inferir que cuando me fui yo no estaba muy vinculado y es verdad en alguna medida; yo me creo un argentino y he tenido siempre con la Argentina una relación de tipo amoroso, esa clase de vínculo con una mujer con la cual se tienen relaciones difíciles, profundamente amorosas, pero difíciles, continuos choque, continuas repulsas. Y cuando digo la Argentina, quizá tenga que decir América Latina, y Cuba también: en mi temperamento hay un montón de cosas que se adecuan mejor con lo europeo que con lo latinoamericano. Y me complace decirlo porque no decirlo sería una cobardía; es la verdad. Me importa un bledo que a partir de aquí vuelvan a acusarme de europeo disfrazado de latinoamericano. Por ejemplo, he llegado aquí a Buenos Aires, hace dos o tres días; todo el mundo me decía que Buenos Aires estaba muy cambiado. Pero por lo poco que he andado por la calle no veo la ciudad nada cambiada: me siento como si mañana tuviera que dar examen en el Mariano Acosta, igual que cuando era estudiante. Es exactamente igual, no han pasado treinta años. A lo mejor es porque mi sentimiento del tiempo es un tantoanormal; yo vivo en untiempo que es evidentemente distinto. Cada uno es loco a su manera, y yo tengo mi locura: mi espacio y mi tiempo son diferentes. Entonces vengo aquía la Argentina y ya no digo ocho años: son veinte años los que están abolidos. Tengo que hacer un esfuerzo para aceptar que la confitería London ya no está como estaba, porque, en el fondo, me sigue pareciendo que está. -Cuando usted vio la esquina y las obras de refacción, recordó que ahí empezaba y terminaba su novela Los Premios. Luego dijo que lo había entristecido verla así. -Claro, me entristeció porque es el café de mi juventud, ese café donde yo me juntaba con todas mis novias y donde me encontraba con mis amigos y donde todos los mozos eran mis amigos. Y no sé, había una cosa en ese café que me gustaba. Ese café y el Boston, que desapareció antes; bueno, y que sé yo, y algunos Paulistas. Son "los cafés" y los cafés son un poco para mí como las galerías cubiertas en mis cuentos y en mis novelas: lugares mágicos de pasaje. Uno entra en un café y es una tierra de nadie, un punto donde uno va a encontrarse con alguien o a buscar algo, y cuando se sale siempre ha sucedido algo o puede suceder algo: los cafés son para mí una especie de puente.Entonces, claro, me entristecióver que ya no es el London. -Si, y parece que esta vez su esquema se hubiese dado al revés: es el café el que cambió; lo de afuera está como estaba. -Una ciudad es muchas cosas, pero la estructura general de la ciudad, es decir, la cara de la ciudad, me ha parecido la misma. Lo vi al salir del subte. Me quedé asombrado al ver la calle Florida: estaba el monumento a Sáenz Peña, la casa Etam con su cartel luminosos, tal como yo los he visto siempre, tal como estaban hace veinte años. -¿Y recordó que la palabra Etam era "mate" al revés? -Si, yo juego mucho con dar vuelta las palabras, porque además es un medio de conocimiento. Creo que los cabalistas tenían razón: en las palabras hay cosas muy extrañas. -Además de los cabalistas, los reos usan el "vesre". -Y seguro, porque los reos por algo son reos; no cualquiera es reo. Es una cosa que hay que merecerla, como ser loco. Desde luego: abogado es cualquiera, pero reo no es cualquiera; es una cosa muy importante. -¿Usted se considera un reo? -Bueno, yo soy muy bien educado, como se habrá podido dar cuenta. -¿Pero se considera un tipo auténticamente de barrio? -¡Cómo no! Me crié en un suburbio, en Banfield, y me eduqué en el barrio de Once; viví en Villa del Parque y en Villa Devoto, que eran bastante espesos en esa época. He sido un tipo de andar por los cafés de La Paternal y de Villa Urquiza, que tienen lo suyo. Son esas las zonas de Buenos Aires que conozco mejor. Y el centro también. -¿Tipo del centro también? -Si, sobre todo a partir de cierta edad. -Tipo de barrio, tipo de centro; usted es tipo internacional, de mundo, si se quiere. Creo que esto tiene mucho que ver con usted y con su lenguaje, donde parecen hablar a veces esos reos y locos, por citar personajes que le resulten respetables. Me llamó la atención cómo el otro día se interesó cuando yo dije la palabra "yeite". -Claro, porque para mí era "guille", "yeite" es una novedad. Las denominaciones del dinero, por ejemplo; la primera vez que oí la palabra "luca", no supe lo que era, porque en mi tiempo no se decía "luca". -Creo que esto también tiene que ver. Que todo tiene que ver con todo. -Yo también. (Entrevista de Urondo a Cortázar, publicada en revista Panorama, 1970)

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Lisandro Aristimuño, 2 entrevistas de esta semana.
Lisandro Aristimuño, 2 entrevistas de esta semana.
ArteporAnónimo8/2/2012

"No me sale ser malo y rockero" Paso a paso, disco a disco, este cantautor de Río Negro fue creciendo en popularidad. Ahora presentará su nuevo álbum en el Gran Rex, donde antes subió como invitado de Fito, Drexler y Dread Mar-I.Durante la última década, el nombre de Lisandro Aristimuño pasó de ser un secreto a voces a ser una figura reconocida por un público cada vez más masivo. Por: Marcelo Fernández Bitar También por colegas como Teresa Parodi y Liliana Herrero, que grabaron temas de su primer álbum Azules turquesas, de 2004. Otros artistas, como Fito Páez, Jorge Drexler y Dread Mar-I, lo invitaron a sus recitales en el Gran Rex, el mismo teatro donde ahora tocará el propio Aristimuño para presentar su último disco, Mundo anfibio. Justamente este quinto disco es un paso importante en su carrera, no sólo por consolidar gran parte de su trabajo casi artesanal, independiente y de autogestión. Además, y esto es lo realmente importante, se trata de un álbum bello, original e impactante desde su tapa misma, una pintura de Gabriel Sainz. Si hubiera que calificarlo o buscar comparaciones, sin dudas que ya es uno de los mejores discos del año y de esta década que recién empieza, y candidato a convertirse en uno de los grandes trabajos del rock argentino. Antes de iniciar una gira por el Sur que desembocará en el Gran Rex de este viernes, Lisandro Aristimuño contó detalles de la producción y del concepto de sonido, donde suena más rockero que nunca, sin dejar de lado los arreglos orquestales ni el uso de electrónica. –Un disco con una tapa tan linda no puede ser feo. ¿Cuáles recordás que te hayan gustado? –Hay un montón de tapas que me gustaron cuando aparecieron. Últimamente me está gustando mucho la estética que están usando las bandas de Islandia, como Sigur Ros, que es medio sepia y amarillenta, vieja. La tapa de Mundo anfibio, por ejemplo, está inspirada en Animals de Pink Floyd, con las chimeneas. De hecho, se la mostré a Gaby para que vea eso, además de cosas de El Bosco. Quería que hubiera muchas situaciones dentro de un mismo cuadro. –Después del último disco hubo muchos viajes y colaboraciones con otra gente. ¿Cómo desembocan esas experiencias en este álbum? –Un poco la idea con Mundo anfibio era cortar con una parte mía de influencias folklóricas. Mi lado argentino venía más por ahí, porque las otras influencias eran sobre todo de afuera. Y tuve la necesidad de investigar un poco más sobre el rock argentino y poder mostrarme con mi música en la faceta argentina pero desde ese lado, con esa influencia. Toda mi vida escuché rock nacional, pero nunca lo incorporé como influencia en mis canciones, salvo quizás por el Flaco para usar la poesía para expresarme en letras. Pero no sé si en lo musical. Entonces quise que este disco tuviera esa crudeza del rock. Por eso empecé a escuchar discos de otra manera, porque toda mi vida escuché discos de rock nacional, pero nunca pensando en ver los detalles e investigar qué sonidos estaban usando. ¡Bien de obsesivo: viendo las fechas de grabación y lo que estaba pasando en el país en esa época! Un laburo de investigación más periodístico. –¡Te pusiste a bucear! –Sí. Por eso el disco tiene que ver con la influencias de Canción animal y Ciudad de pobres corazones. –Escuchándolo, hasta pensaba en lo ambicioso y bello de El amor después del amor. –Es que estoy menos contaminado. (Risas) Quizás un arreglo sucio mío puede sonar dulce, porque no soy un tipo tan sucio. No me sale ser malo y rockero. ¡Es como si fuera un chiste de Capusotto: un tipo que es tan dulce que no puede ser rockero! (risas) Pero intenté mostrar también una parte más pop, si se quiere, de mi corta carrera. –En el disco se combinan orquestas, electrónica y rock. –Me gusta manejar el audio cinematográficamente, sobre todo por el tema de las fronteras: el mundo tiene fronteras, pero la música no. ¡Y con Internet menos! Me gusta conseguir audios raros e insertarlos. Soy mucho de grabar audios afuera, todo el tiempo. Cuando voy de gira grabo charlas, sonidos de la naturaleza. O ahora el audio de mi bebé en la panza. Eso está en el disco camufladísimo. Mi hija que nació este año hizo coros desde la panza. –Con este álbum y el hecho de tocar en un gran teatro, ¿te asusta hablar en las notas de "haber llegado" o es un escalón más? –Lo bueno de la independencia y la autogestión es que vas viendo todos los pasos, los pisás vos y hacés vos los escalones. A mí me ofrecieron hacer el Rex hace dos años atrás y dije que no, que faltaba un escalón. Es distinto cuando sos el albañil de tu propia casa, porque ya sabés que la piscina se pone después que las ventanas y los remaches. No le temo a eso porque es parte de lo que tenía que venir. –¿Te cuesta delegar? –Es un tema delegar. Yo soy un tipo al que no le resulta fácil delegar. Soy muy bueno encontrando la gente indicada, como el que armó el equipo de Brigada A, pero no puedo delegar. Yo cumplo esa función de dirigir y hacer los arreglos y todo. Soy solista y las ideas son algo que salen muy de adentro mío. –Hacer todo vos también puede ser como una “deformación profesional” por haber hecho todo de manera independiente, a solas. –Está buenísimo lo que decís, porque tiene mucho que ver con andar solo por la selva y te queda el instinto de que no tenés a nadie atrás. Y eso que ahora tengo a una productora asociada y aun así me cuesta delegar, pero está planteado desde el vamos que no se hace nada sin mi supervisión. Tengo la suerte de que sea así. Esperé quizás en su momento, porque si me hubieran agarrado antes no podría hacer las cosas así. –¿Por qué Mundo anfibio? –La temática del disco era mi hija, la panza, el agua, todo ese proceso. Me volvía loco pensar que ella estaba ahí adentro. También tiene que ver con la falta de consideración hacia la naturaleza. Todo lo que estamos viviendo hoy. Tenía ganas de contar eso. La minería, la iglesia y el hecho que no vamos a tener más espacio y vamos a tener que hacer casas bajo el agua. Un apocalipsis raro. « El arte de tapa de mundo anfibio, digno de vinilo Artesanal y prodigioso. El universo que encierra Mundo anfibio aparece retratado por el artista plástico Gabriel Sainz en el arte de tapa, cuyo nivel de detalle es digno de un vinilo. De hecho, se hicieron algunas reproducciones del tamaño de un LP, para sacarse las ganas. "Es un laburo muy lindo –dice Lisandro– el que hizo Gaby, medio en conjunto. No quería laburar sin que yo le tirara algunas pautas e incluso me pidió el demo con las canciones del disco. Lo escuchó mucho, y también le di algunas fotos mías de lagos y paisajes, porque a lo largo de toda la gira anterior estuve pensando en el concepto de este disco. –¿Cómo se conocieron? –Él hizo toda una muestra de obras inspiradas en Las crónicas del viento, y ahí lo conocí. Me mandó mails preguntando si podía usar la música en la muestra y le dije que sí. Cuando me mandó por mail algunas fotos de sus cuadros, sentí una afinidad muy grande, vi mi música con esa estética y me pareció muy interesante. Componer sin sufrir ni torturarse La dinámica de trabajo. Lisandro Aristimuño dice que ya tenía todos los arreglos de Mundo anfibio terminados antes de entrar al estudio. ¿O sea que hizo todo mientras estaba de gira con Las crónicas del viento? "Siempre hago eso –cuenta– porque cuando sale un disco ya estoy pensando en otro. No es un esfuerzo, eh, sino que es como un instinto. Tengo la suerte de no padecer mi oficio y disfruto cuando hay que preparar un álbum nuevo. Incluso me pongo ansioso para que salga un disco, para que se me vacíe el cuerpo, para volver a cargarlo. ¡Puedo borrar el rígido y cargarlo con otras cosas! Disfruto mucho del hecho de la edición, pero no para ver la repercusión, sino porque me vacía a mí". –Siendo tan perfeccionista, ¿Cuándo sale el disco estás realmente conforme? –¡Súper conforme! Con ningún disco me pasó de arrepentirme de algo o quedar disconforme. Me encanta cómo están y hasta hay discos donde han quedado temas afuera y no los voy a tocar nunca. Son de ese momento y por algo no quedaron. Los invitados Amigos y colegas. Cada uno de los invitados especiales de Mundo anfibio aporta su talento y estilo a las canciones en que participan. Ricardo Mollo, por ejemplo, canta en "Un dólar, un reloj y una frase sin sentido." –¿Cómo surgió invitarlo? –Lo conocí en FM La Tribu, cuando tenía mi programa, y una vez nos vimos en una charla pública en la Universidad de Comunicación Social. Justo él estaba saliendo de las multinacionales y queriendo sacar su disco en forma independiente, charlamos y quedamos con buena onda. Me pareció que encajaba justo para estar en un tema así. Qué mejor que un ex-Sumo diga: "El mundo alrededor se quedó sin testigos, la prensa se olvidó de contarlo en su titular". Pensé en su voz para el tema, y cuando fue al estudio le dije que hiciera lo que quería, y me dijo: "No, producime, decime lo que tengo que hacer". ¡Yo no lo podía creer! –También está Boom Boom Kid. –Sí. Me encanta su voz y soy un fan suyo, cosa que nadie puede creer. Me gustan sus ideas, su ideología y su forma de trabajar. Siempre le pispeaba los pasos, y de pronto se comunicó conmigo porque se enteró que era independiente y de autogestión, y entró por ahí el vínculo, por lo ideológico y militante. Nos empezamos a mandar mails e intercambiar contactos. A la canción "How Long?", que dice "¿O acaso también se paga?", le quise poner al punk más hermoso, dulce y a la vez guerrero. Ya nos habíamos invitado en vivo. Me parece un tipo re interesante y me encantaría hacer un disco juntos. Me encanta desestructurar al que me escucha. Sacar los prejuicios que hay con los músicos y con la música. No lo hago de loquito, sino que me encanta jugar con eso. –En "Donde vayan tus pies" canta Hilda Lizarazu. –Sí. Es muy lindo que de pronto te encontrás con gente que dice que te escucha en su auto. Me dijo: “Tengo 39º en el auto y no lo puedo sacar.” Es muy llamativo que lo diga gente de otros estilos, y por eso disfruto no pertenecer a un estilo o género musical. Para mí, que me inviten Teresa Parodi y Fernando Ruiz Díaz o Dread Mar-I es como un golazo, el premio mayor, porque son colegas. Hay músicos de quienes yo cantaba sus covers y quería imitarlos, así que imaginate la felicidad que me da. El tema con Hilda tiene una cosa muy Charly, medio Lennon también, y le mandé un mail a ver si quería participar. Es como un hada madrina que entra en la mitad del tema, como si fuera Campanita. Diario Tiempo Argentino, 01.08.2012 Lisandro Aristimuño: "Lucho por contemplar el silencio" El cantautor habla de “Mundo anfibio”, el disco que presenta en el Gran Rex. Dice que su sonido ha mutado por otro más crudo y carnal, sin dejar de ser optimista. POR JUAN MARIA FERNANDEZ Lisandro Aristimuño presenta “Mundo anfibio” Cuando era pequeño, Lisandro Aristimuño pasaba las tardes con su guitarra criolla, sacando temas de los Beatles en una habitación perdida en Viedma, Río Negro. Tal vez por eso, por su origen patagónico, su música fue una bocanada de aire fresco para la escena porteña. En sus composiciones, el cantautor trenza, con una naturalidad sorprendente, ritmos folclóricos, samplers , incursiones electrónicas y toda una tradición de rock nacional. El quinto disco de Aristimuño, el flamante Mundo anfibio , muestra su costado más roquero. Según él mismo dice, sus canciones están atravesadas por una misma problemática: la capacidad humana de adaptarse a la hostil vida moderna y sus continuas agresiones a la naturaleza. Aunque algunas de sus letras delinean un paisaje desolador (“todo se hunde en la noche”, canta en la intensa “Elefantes”), Aristimuño sostiene que el disco no tiene un tono pesimista. “Por el contrario, me parece que es muy realista y positivo. La posibilidad de mutar y revertir lo que el sistema dicta, no implica una mirada pesimista, sino más bien esperanzadora”, dice. Esta semana, el músico se presentará en Buenos Aires en el marco de la Gira Anfibia, que lo llevará a tocar en varias provincias, Chile y Uruguay. ¿Qué determinó el sonido de “Mundo anfibio”? El sonido del disco es, quizás, más directo, crudo y carnal que el de mis trabajos anteriores. Quise poner en primer plano las guitarras eléctricas, la batería y las cuerdas. Intenté que el sonido fuera preciso y parejo y que el mensaje lírico no tuviera dobles sentidos. Cada disco tiene su personalidad. El capítulo dos de Las crónicas del viento , mi disco anterior, tiene un audio limpio y acústico, sin contaminación, porque su temática es la niñez. En este caso, es música para un mundo anfibio. ¿Por qué quiso hacer un álbum atravesado por un mismo concepto? En los cinco discos que llevo editados, traté de trabajar bajo una temática o un concepto que funcione como un disparador de ideas, letras, sonidos y ambientes. Me gusta pensar los discos como películas y generar historias, personajes y una escenografía para cada canción. Me resulta más fácil verlo desde ese lugar. En este trabajo tuvo mucho que ver el nacimiento de mi hija Azul. Pude cerrarlo contemplándola en su hábitat acuático. A lo largo de la vida, uno va madurando, creciendo y mutando, y eso repercute en el oficio. Es este caso, en mi música. ¿Le resulta más fácil escribir con una idea clara en mente? Sí, claro. Cuando tenés una idea y un guión –por decirlo de alguna manera– es más cómodo escribir, elegir los invitados, producir, etcétera. En Mundo anfibio la temática que quería abordar era muy clara: la mutación del hombre en el sistema. De todos modos, escribir las letras me demanda muchísimo. Es el campo en el que menos capaz me siento y, a veces, sufro mucho por no encontrar el vocabulario adecuado. Para escribir algunas canciones, puedo pasar meses tachando, reescribiendo y tirando papeles. En las letras repiten imágenes de animales, ¿hay alguna razón? Estoy en contra del asesinato de animales, de los mataderos, de la explotación. Cada día me estruja más el corazón la falta de humanidad del hombre en su trato con la naturaleza y con los animales en particular. Incluir figuras de animales deformados es una manera de manifestarme y colaborar desde mi pequeño mundo. La idea es dar alerta de todo el mal que le estamos haciendo a nuestro planeta. ¿Cambia de algún modo su percepción de los temas al tocarlos en vivo? Siempre intento que, en vivo, los temas tengan una vuelta de rosca más y suenen aún más directos. En los recitales hago versiones de mis canciones porque me gusta que suenen diferentes al disco. Si quisiera que suenen iguales, preferiría que se escuchen las grabaciones, que tienen un arduo trabajo de estudio encima. Sobre el escenario, uno vive más que nada la comunicación con la gente. Creo que eso es lo que más me importa y lo más valioso de mi oficio como músico. Viniendo de Río Negro, ¿tiene algún significado particular emprender una gira por las provincias? Siempre intenté llegar a todo el país. El hecho de ser del interior me ayudó a construir esa visión. La gira de Mundo anfibio involucra a un staff de 15 personas: hay ocho músicos en escena, más los técnicos y los responsables de los efectos visuales. En los conciertos de esta gira vamos a contar con el equipo completo; no vamos a tocar con formaciones reducidas. Habrá cuerdas, percusión, muchas máquinas, guitarras... Vive en Buenos Aires desde hace ya una década, ¿qué cosas ganó y perdió en este tiempo? Acá atravesé muchas situaciones distintas y creo que todas fueron muy positivas. Lograr vivir de mis canciones es algo muy importante. Conocer de tan cerca a músicos que admiro y aprender de ellos, también es maravilloso. Quizás perdí un poco de calma, pero lucho todos los días por bajar la marcha y poder contemplar el silencio. Revista Ñ, 02.08.20012

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