Esta vez sÍ deme 2
El Complejo Teatral de Buenos Aires acaba de estrenar en el Teatro de la Ribera “Teatro Abierto X 2” que, con dirección de Hugo Urquijo, ofrece en un mismo espectáculo dos obras emblemáticas del movimiento de resistencia cultural contra la dictadura nacido en 1981.
Cualquier aniversario en número redondo está justificado por la convención. Pero a veces, lo recordable tiene más fuerza que la cifra terminada en cero. Parece ser el caso de Teatro Abierto, que 27 años después de aquel movimiento de resistencia cultural contra la dictadura, no necesita efemérides que convaliden su vigencia. Lo demuestra el reciente estreno de El acompañamiento, de Carlos Gorostiza y Gris de ausencia, de Roberto Cossa, que con dirección de Hugo Urquijo se ofrecen juntas, y bajo el título común de Teatro Abierto X 2, en el Teatro de la Ribera.
Sobre las razones de la renovada validez reflexionan los autores, el actual director y los actores de estas dos obras emblemáticas del mayor fenómeno estético político consumado por el teatro argentino del siglo XX. Desde la columna que acompaña esta nota dice lo suyo Tito Cossa. Para Gorostiza, las causas que impulsaron aquel acontecimiento no están tan lejanas: “La gente quería cantar y no la dejaban, quería hacerse oír contra todas las mordazas. Y hoy las cosas han cambiado menos de lo que creemos. El mundo sigue impidiendo el canto libre”.
Una semana antes del estreno, y mientras van llegando los actores a uno de los últimos ensayos, el director Hugo Urquijo repasa los significados de lo que fue y sigue siendo aquel movimiento. “Para empezar, me llena de satisfacción haber sido elegido por voluntad unánime de Tito (Cossa), Goro (Gorostiza) y Kive Staiff (director del Complejo Teatral de Buenos Aires). Estas dos obras están muy cerca de mi corazón y pegaron muy fuerte en su momento porque nos representan en nuestro imaginario y en nuestros sueños. Además, pensando en el público de menos de 40, el espectáculo incluirá una relatora, la actriz Monina Bonelli nacida en 1981, igual que Teatro Abierto, que aportará referencias al contexto histórico de la Argentina de entonces.” Sobre la gestación de Teatro Abierto, Urquijo
evoca que allá por mayo del 81, mientras participaba en una mesa redonda, Osvaldo Dragún se le acercó subrepticiamente y lo invitó a sumarse a un grupo de autores y directores que se reunían en casas particulares a tomar mate con facturas. “Era plena dictadura y estábamos en riesgo; todo se hacía en voz baja; las sirenas de la policía sonaban más fuerte que nuestras voces.” Dice que eligieron el Picadero porque era un espacio chico, 300 butacas, a la medida del proyecto. Pero en la primera semana los abonos se agotaron. El ciclo de 21 obras breves empezó el 28 de julio y a la semana, en la noche del 4 al 5 de agosto, se incendió el teatro. “Fue un acto de barbarie por parte del poder, uno más –define–, pero a la vez fue lo que potenció la indignación de la gente y dio lugar a una respuesta fenomenal. Hubo ofrecimientos de unos 20 teatros para seguir. Y en asamblea multitudinaria se eligió el Tabarís, de 700 butacas en plena calle Corrientes.” Recuerda que la gente hacía colas desde las cuatro de la tarde y que el teatro estuvo repleto durante los dos meses programados, que se prolongaron un mes más con El acompañamiento y Gris de ausencia. De ahí que estas dos obras quedaran unidas. Juntas se hicieron un año más en gira por el interior y el extranjero. “Pero casi todos los actores de esta nueva puesta participaron de aquella gesta y tienen recuerdos personales de lo que fue”, dice Urquijo, proponiendo testimonios del elenco.
Coprotagonistas de El acompañamiento, Antonio Grimau y Pepe Novoa se confiesan conmovidos de asumir los papeles que entonces interpretaron Carlos Carella y Ulises Dumont. “Era tan opresivo el clima político en los 70 y los primeros 80 –apunta Novoa– que los textos no podían hacer referencia directa a la dictadura. Pero esta obra es una metáfora. Habla de alguien agobiado por la frustración que elige escapar hacia el delirio. Y sueña con salvarse cantando como Gardel. La locura del personaje remite a tanta gente que era tomada por loca; pensemos en ‘Las Locas de la Plaza’.”
Entre los actores de Gris de ausencia, salvo la jovencísima Paloma Contreras Manso (heredera de la memoria de sus padres, Patricio Contreras y Leonor Manso), todos vivieron con intensidad la experiencia de Teatro Abierto. Juan Manuel Tenuta será aquí el Abuelo en una familia desarticulada por sucesivos exilios y la consecuente pérdida de identidad. “Creo tan oportuno este homenaje a Teatro Abierto como urgente insistir en la memoria. El vientre de aquel monstruo está fecundo todavía. Hay que reconocer las señales y estar atentos. Y las consecuencias de la persecución y expulsión que ha sufrido la sociedad a manos del autoritarismo militar, político y económico no son cosa del pasado. Las seguimos padeciendo.” Coincide con el pensamiento de Tenuta el resto del elenco integrado por Ricardo Díaz Mourelle, Marcela Ferradás y Mario Alarcón.
Para Hugo Urquijo, la intención política que impulsó el movimiento produjo a la vez un valioso aporte estético. “El formato elegido para el ciclo exigía
que se escribieran obras de entre media hora y 45 minutos, para ofrecer tres por función, empezando a las seis de la tarde. Eso obligó a la síntesis. La moción inicial había sido hacer obras eróticas, para desconcertar al censor. Luego prosperó la otra idea, pero era importante que fueran muchas obras, también entre otras razones, para desconcertar. ¿Dónde buscar la intención subversiva? ¿En cuál? Eso hizo que se constituyera en movimiento”, afirma. “Creo que fue el primer movimiento
cívico de resistencia potente, además de los recitales de rock y las revistas de humor. Era cuestión de encontrar vehículos para la metáfora.”
–¿Aquellas poéticas conservan su eficacia en esta época, acaso más despolitizada?
–Hoy hay que resistir desde un teatro que proponga contenidos y reflexión.
En su poema Arte poética dice Borges: “A veces en las tardes una cara / nos mira desde el fondo de un espejo. / El arte debe ser como ese espejo, / que nos revela nuestra propia cara”. Y estas obras nos revelan muchísimo sobre nosotros mismos. No son cuestiones que hayan envejecido. La crisis de 2002 fue una catástrofe que produjo éxodo y efectos brutales en la subjetividad. Fue otro momento de diáspora que generó mucha frustración. Pero a partir del arte y del psicoanálisis hemos desarrollado una gran capacidad de resistencia simbólica. Y no es momento de bajar la guardia. Que personajes como los represores Menéndez o Bussi puedan expresarse tan impune y obscenamente acaso indique que estamos en riesgo. Es un alerta que advierte sobre el avance de las derechas. Por eso, la oportunidad de Teatro Abierto.
Olga Cosentino