Unterganga
Usuario (Argentina)
Resumen lvl 5: si te indignás por la muerte de animales, deberías indignarte por todas las muertes y hacerte vegetariano, sino sos un careta Se prohibieron las carreras de galgos en toda la Argentina. Todo el mundo indignado por la muerte del perro Chocolate. Qué bueno, ¿no? Dicen que los galgueros maltratan a los animales. Qué rabia esa gente que lastima y mata a unos pobres seres indefensos. Ahora, si estás en contra del maltrato, voy a contarte algunas cosas que pueden interesarte. Para que la vaca de leche, hay que inseminarla, metiéndole un brazo y una "pistola" por la vagina hasta el útero, con el que depositan el semen del toro. Después, queda preñada y engendra un ternero, que apenas nace es arrebatado del lado de su madre. El vínculo entre una vaca y su hijo es muy fuerte, por lo que separarlos supone severos traumas para los dos. Si no lo hicieran, el recién nacido se tomaría la leche que es para consumo humano. Así que la vaquita ve como su hijo es llevado lejos de ella, solo para conectarla a unas máquinas que la ordeñan todo el día. El ternerito es alimentado con un sustituto que contiene hormonas, pero carece de hierro, por lo que vive anémico y por eso su carne es más pálida. Las hembras correrán la misma suerte que su madre, y los machos serán engordados para llevarlos al matadero. Esto se produce una y otra vez en la vida del animal, que además, vive este proceso encerrado, sin ver la luz del sol, en condiciones de hacinamiento y suciedad, durante cinco o seis años, cuando podrían vivir veinte. La explotación los arruina, lo que hace que baje su productividad, que es cuando son enviados al matadero para ser salchichas o hamburguesas baratas. Lo mismo pasa con los huevos: las gallinas son colocadas en jaulas pequeñas, con otras gallinas, y ni siquiera pueden caminar o abrir las alas. Son miles de aves en un galpón, cagándose entre ellas, viviendo toda una vida de rutina, tortura y hacienamiento, casi sin moverse. Muchos pollitos machos son asfixiados apenas nacen, porque no sirven para la industria de los huevos. Las gallinas podrían vivir unos quince años, pero la industria avícola hace que vivan solo dos: una vez pasada su juventud o "eficiencia productora" son transportadas al matadero, donde son convertidas en comida para perros y gatos o caldos de gallina. ¿Y el resto de la carne? Los pollos, cerdos, vacas y otros animales son inmovilizados para que engorden rápidamente y cumplan lo más rápido posible las medidas de peso y altura necesarias para ser comidos. Luego son llevados al matadero, donde muchos mueren de manera dolorosa y poco cuidadosa. Generalmente les disparan con una pistola especial en la cabeza, o les pegan un martillazo en la frente, lo que los desmaya o los deja medio tontos. Después, son colgados de unos ganchos y degollados, hasta que se desangren y recién mueran. Con los pollos somos menos diplomáticos, se cuelgan vivos boca abajo y una cuchilla giratoria los decapita. A menudo los animales están conscientes durante todo el proceso. La vida y la muerte de ellos es un permanente infierno: hacinados, mutilados, alimentados artificialmente para engordarlos en tiempo récord. Muchos de ellos no ven nunca el sol, son obligados a producir y separarse de sus crías; y viven una corta vida marcada por el estándar técnico, que indican que están listos para ser comidos. Ahora, yo te pregunto. ¿Qué diferencia hay para vos entre un perro o un gato a un pollo, un cerdo o una vaca? La diferencia está en que no los ves y no querés pensar, porque no vas a dejar de comer un asado o una milanesa. Dejame decirte algo: si te indigna más una muerte que la otra, sos un hipócrita. Las gallinas, vacas, cerdos y demás seres sufren igual que los perros, los gatos o los caballos. A vos no te interesa el maltrato animal, porque te indignarías por el sufrimiento de todos los animales, y no solo los que te parecen lindos. Te indignás porque Garfunkel y Vanucci fueron a África a cazar leones, pero no te indignás por la vida de humillación, tortura y sufrimiento a la que son sometidos los animales que viven a diez kilómetros de tu casa. No te importa el maltrato animal, lo único que te importa es dejar tranquila tu conciencia, que te hace creer que sos un mejor ser humano cuando te jode que hagan correr a un perro, pero ni siquiera sabés lo sufrió el animal que estás comiendo. La ignorancia y la indiferencia te convierten en un ser igual o peor que los galgueros y los cazadores. Perdón si ofendí tu conciencia, y espero haberlo hecho.
Esta es una historia real: cuando trabajaba de mesero en Medellín (mesero, porque mozo en Colombia significa “amante” y teníamos prohibido decir esa palabra al frente de los clientes) me destaqué por una particularidad y aún soy recordado por ella pese a que pronto hará un año que dejé de trabajar allí. Soy demasiado torpe. Un amigo solía decirme que solo tengo el 40% de movilidad en el cuerpo. Siempre estoy pensando en otras cosas y no presto atención al momento presente. Eso me da algunas ventajas, pero es terrible si hay que trabajar en un restaurante. Como toda promesa, tuve un debut auspicioso: la primera vez que rompí algo fue el segundo día de trabajo y a lo grande. Ese día, todo salió bien. Primera vez que trabajaba en gastronomía, el segundo día es más relajado que el primero. Al final de la noche, después de celebrar el cumpleaños de una señora donde toda la familia vino a comer, apagamos la luz para prender las velas y cortar la torta. Todo perfecto, me felicitaron por la atención y me llamaron para prender las velas. Al volver pasé por detrás de todo con la mala fortuna de chocar con un soporte para vinos, tirándolo y rompiendo dos botellas. El piso se llenó de vino y el lugar de olor. Vamos bien, segundo día de trabajo. Después seguí rompiendo cosas: pudo haber sido una copa (rompí como tres o cuatro), vasos (como cinco o seis) o unas “cocas”, que son cuencos pequeños donde van las tortas fritas, el chimichurri, la salsa criolla y las berenjenas. Creo que rompí más de diez, sin contar las que se cayeron al suelo y no se rompieron. "Este chico es tonto", pensarán. Bueno, quizás si. Yo pienso que no presto atención a las cosas que estoy haciendo porque siempre pienso en otra cosa que yo considero más importante, ¿quién tiene tiempo de mirar la vereda para no tropezarse o saber dónde me saqué las medias? Un día se me cayó una jarra con agua sobre una mesa. Otro, rompí unas gaseosas y unos vasos. Ahí prescindí de usar bandeja y comencé a llevar todo con las manos. Una vez se me cayó un bife de chorizo encima de un cliente. Se resbaló de la pinza con la que lo sostenía y rebotó en su camisa, su pantalón y fue a parar el piso. Mi ex jefe se está enterando de esto. Perdón Joel, no lo hacía queriendo. Pero eso no fue lo peor. Lo peor fue cuando rompí veintiocho platos, unas copas y unas jarras. Si, puse bien. Fueron veintiocho platos. Era una mesa de un ochenta centímetros por ochenta, no con una pata en cada vértice sino una sola en el medio. Sobre ella, dos pilas de unos cincuenta platos en total (además de vasos, copas y jarras) esperaban ser rociados con alcohol y secados. En mi apuro por terminar el trabajo antes de que llegaran los clientes, tomé una de las pilas de platos y la puse arriba del mueble más cercano para empezar a guardarlos. Después, me di vuelta y mi cerebro comenzó a transmitir en cámara lenta. La mesa iba por la mitad del recorrido hasta el suelo, vencida por la única pila de platos, que quedó sin contrapeso. Juro que vi esa mesa caer en cámara lenta. El estruendo que hicieron esos veintiocho platos, vasos, jarras, copas y cubiertos al caer me dejaron sordo y mudo. Sólo atiné a mirar con las manos en la cabeza, mientras todos mis compañeros de trabajo corrieron a ver que pasó. Incluso el jefe. Estaba yo parado ahí, con las manos en la cabeza, mirando lo que acababa de pasar. Me descontaron cien mil pesos colombianos en dos cuotas de cincuenta mil. Cobré cincuenta mil menos durante dos semanas. "¿Por qué no me echaban?" Pensé ahora. En realidad, me daban muy buenas propinas, porque atendía bien a los clientes. Además, hablaba inglés y eso era útil. Ayer econtré un texto que escribí en Colombia mientras trabajaba y quise compartirlo. “Jueves 17 de Marzo de 2016. Medellín, Colombia. Voy a contar como es un día normal de trabajo: Ese día llegué al restaurante a las nueve y cincuenta y ocho. Saqué las tapas de la ventana y las guardé en la bodega, al lado del baño. Limpié las mesas cuatro, ocho y nueve, que habían quedado sucias de la noche anterior. Barrí la vereda, el porche y saqué las mesas nueve y diez, con dos sillas para la nueve y cuatro para las diez. Les pasé un trapo, y puse servilletas en cada una. Subí las sillas arriba de las mesas de adentro y trapeé las cuatro partes del salón. Bajé las sillas y lustré las veinte mesas con blem. Me ocupé de que cada una tuviera servilletas de lujo; las comunes eran para la cocina. Puse individuales, cuchillo, tenedor y cuchillo de carne en cada una de las mesas: para cuatro personas en la uno, para dos en la dos, para cuatro en la tres, para tres en la cuatro, para dos en la cinco, para cuatro en la seis, para dos en la siete, para cuatro en la ocho, para tres en la nueve y para cuatro personas en la diez. Las mesas de atrás estaban limpias porque nadie las usó la noche anterior. A veces si las usaban y era más trabajo, pero ese día era jueves y el miércoles estuvo tranquilo. Me puse a pulir la loza: veintiocho platos ovalados, cuarenta y nueve cuadrados, diecisiete de postre, veinticuatro copas de agua y diecinueve copas de vino. Setenta y ocho cuchillos, cincuenta y nueve tenedores, treinta y cuatro cuchillos de carne, veintidós cucharas, cincuenta y cuatro cucharitas, tres cucharones para las berenjenas, el chimichurri y la salsa criolla. Llevé el resto de las cosas que estaban en la cocina y que no se pulían a la barra: veintiún vasos de chopp, treinta y dos vasos de cerveza, veinticinco vasos de gaseosa, seis jarras de sangría con sus respectivas cucharas para revolverla. Limpié la cafetera con agua y jabón y preparé café del bueno, elque era para los clientes. Diez tazas en dos litros de agua. Fumé un cigarrillo en el patio mientras tomaba café. Me lavé los dientes, me puse perfume, me peiné. Enchufé el parlante de afuera: estaban pasando el Chaqueño Palavecino. Escuchábamos el Chaqueño todo el día, porque el pendrive de música argentina que pasan en el restaurante tiene un montón de canciones del Chaqueño. Al principio me alegré por escucharlo en Colombia, después me cansó y después lo odié. Al final volvió a gustarme y todo el mundo tomaba al Chaqueño como motivo de risa. Los colombianos también. Pipe, el encargado de la barra, solía decir que pasó toda su vida escuchando rock n’ roll solo para darse cuenta que lo mejor del universo era el Chaqueño. Otra vez dijimos de donar el salario de una semana para imprimir una gigantografía del Chaqueño que colocaríamos en el restaurante. Nuestro sueño era que el Chaqueño fuera a comer algún día. Amor salvaje. Como a las doce llegaban los clientes. Atendí a dos amigos que comieron una parrillada con papas fritas y tomaron cuatro Club Colombia dorada; a un matrimonio con un bebé que pidieron pastel de papa y bife de lomo medio con puré y limonadas de sandía; a tres amigos que ordenaron un vacío bragyú tres cuartos con puré, una bondiola de cerdo con pura ensalada y un ojo de bife medio con papas fritas, todo con vino tinto de la casa; a dos parejas que almorzaron cuatro menús tres pasos: entrada, plato fuerte y postre, que fueron dos empanas de res, una ensalada de mar y una tarta de berenjenas de entrada; un locro, un churrasco medio con papas fritas y dos pasteles andinos de plato fuerte; un flan, dos echando raíces y una mousse tentación de chocolate como postre. A tres personas que hablaban inglés y parecían estar en una reunión de trabajo que comieron pollo a las brasas con puré, cuadril tres cuartos con papas fritas y salmón a la parrilla con alcaparras, y tomaron naranjada de fresa y Águila light michelada. También pidieron café. Le llevé un menú a la chica del frente que se quedaba con los platos y después los devolvía. Tomé como tres tazas de café, casi hasta la hora del almuerzo, como a la una y media de la tarde. La comida fue fideos con salsa bolognesa. Cocina bien, el cordobés, hay que reconocerlo, hasta el arroz le sale riquísimo. También comí unas papas fritas que sobraron del ojo de bife medio, y el señor de la bondiola no sé en qué estaba pensando cuando dejó ese pedacito, que cosa más rica. El Bacha, que se llama Gregorio pero le decimos bacha porque está en la bacha de lavar los platos se comió el resto del pastel de papas y un pedazo de cuadril. En general tiramos la comida que sobra, salvo lo que viene con buena pinta, eso nos lo comemos. Lo mejor es cuando dejan la milanesa a la napolitana a la mitad o cuando sobran parrillada, desde pedazos de vacío o cuadril, patas de pollos o un pedazo de entraña si tenías mucha suerte. Otro de los trucos era robar una molleja cuando servís mollejas, ¡qué cosa tan espectacular, las mollejas! No entiendo como hay gente a la que no le gusta. La lengua a la vinagreta es una caricia al alma también, y una vez probé unos ñoquis con salsa de cuatro quesos que se me cayeron las lágrimas de pura nostalgia por mi país. Y mis manos temblorosas se quemaron, seducidas por el fuego de tu piel. Seguí atendiendo a clientes y levantando los platos de las mesas que terminaban de comer. Había que quitarles las sobras (y comer lo que se veía bien, pero sin que se entere Joel) y ponerlas en la bacha, para que el Bacha los lave y después nosotros los fajinemos, platos ovalados, cuadrados y de postre, jarras, vasos, copas, cuchillos, tenedores y cucharas, todo de nuevo, a veces hasta tres veces por día. Las copas necesitaban un proceso más sofisticado: se ponía alcohol en una frapera, se le echaba agua caliente y se sumergían las copas allí, para después pasarles una servilleta especial que las dejaba relucientes. Una vez un alemán que no comía ni tomate ni pimiento, y además era celíaco y alérgico a los mariscos y a las cosas rojas en general, se quejó porque dos copas estaban sucias, y tenía razón, porque las copas estaban sucias y fue raro, porque jamás estaban las copas sucias en ese restaurante. Hay que ver lo limpio que era. Seguro fue la chica nueva, la que duró un solo día. “No estoy en una etapa de mi vida en la que pueda sentir presión”, dijo, y se fue. Y nos vio la madrugada con ojeras, desvelados, diciéndonos adiós. Cuando se terminaron de ir los clientes y limpié todo me senté a doblar servilletas. Ahí llegó mi jefe y me dijo que estaba cansado de verme sentado y que a ver si me ponía de una vez a trabajar". Ya no trabajo en ese lugar y ni siquiera vivo en Medellín. Sin embargo un año después, me quedan algunos amigos allá y con frecuencia nos escribimos. El otro día me hablo Fernanda, y me dijo con frecuencia se acuerdan de mí. "Después de que te fuiste, cada vez que algo se rompe, alguien dice que es tu espíritu que anda dando vueltas." En lo personal, me gusta saber que me recuerdan por algo. Aunque sea por ser el mesero al que se le caían las cosas. Como una selva tropical nos incendiamos en un instante, sin saber que no dejamos ni una ramita de ilusión para después. Resumen lvl 5: pegué laburo como mozo en Colombia y como soy un pelotudo rompi un montón de cosas, le tiré un bife a un cliente y una vez rompí 28 platos de una, pero como atendía bien a los clientes, trabajaba como burro y hablaba inglés igual no me echaron.
Configuración, Cuenta, Privacidad, Última hora, Todos. Se fija la hora de su última vez en línea. Después realiza de nuevo el proceso y vuelve a ocultarse. ¿Con quién estuvo hablando diez minutos después de que le dijo que se iba a dormir? Mira su última conexión en Messenger y en su muro de Facebook, a ver si no subió nada nuevo. Todo el día con el celular. Se pelean. Una semana sin hablarse y bloquea el chat, pero siguen teniéndose como amigos. ¿Quién borra primero a quién? Ya es obvio que no se hablarán. Se fija si subió algo a Instagram o si la etiquetaron, si cambió el número de seguidores. Piensa en crearse una cuenta falsa para ver las historias de los amigos y amigas de ella. ¿Qué estará haciendo? Whatsapp, Messenger, Facebook, Instagram, Twitter y un proceso que se repite una y otra vez en una danza de stalkeo que parece no tener fin. ¿Por qué no me sigue de vuelta en Spotify? Tienen como amigos en común de Facebook a Pablo que conoció por Tinder, a Marcos que conoció por Happn y a Lautaro que conoció por Badoo. ¿Todas las redes sociales para coger tenía que tener? Él se promete que no vuelve a preguntar jamás de dónde conoce a tal y tal. Ella le pregunta por qué tiene a Marina, él le dice que una vez salió con otro grupo de gente y ahí estaba, pero no le dice que se la levantó. Ella le dice que jugaban juntas cuando eran niñas. Él se queda callado. Marina está embarazada de un tipo al que le metió los cuernos incluso con él, pero a eso no lo dirá nunca. Los amigos de él si saben y se burlan en el grupo de Whatsapp donde mandan capturas de la publicación en la que Marina sube fotos de la ecografía, seguidos de audios con risa descontrolada. ¿Sabrán las quinientas personas que le dieron “Me gusta” y “Me encanta” a la ecografía de Marina que le metía los cuernos al novio inclusive hasta poco tiempo antes de quedar encinta? Un grupo de Facebook de solos y solas por acá, un like en una foto de hace siete meses por allá. Le devuelve el like en otra foto vieja y ese mismo día diez personas más hacen lo mismo: ¡Facebook botón! Sube una selfie a Instagram pidiendo sexo, porque selfie pide sexo, y aparece una tropilla de pajeros dándole likes y comentando. ¡Qué fácil es subirse el autoestima en el siglo XXI! Cuando vuelve ebria del boliche se pone a repartir likes indiscriminadamente. Después dice arrepentirse, pero no deja de hacerlo. El amigo suyo defiende una teoría: cuando tiene ganas de tener sexo, le habla a diez mujeres aleatorias y siempre al menos una “cae”. Todo es muy rápido y voraz e insaciable y las relaciones se suceden una tras otra, porque sin siquiera conocer personalmente se puede saber todo de la vida de alguien, donde fue de vacaciones y que ropa que usa y quiénes son sus amigos y familia y qué música escucha, que libros lee, que películas ve y hace dos años estaba enamorada de Fulanito porque la descripción de la foto tiene una “frase profunda” dedicada vaya uno a saber quién. ¿Quiénes son todas esas mujeres que le ponen “Me encanta”? ¿Por qué esa mina le comenta absolutamente todo? Cuando está con ella pone el celular en modo avión. ¿Significa que ese avión trae más pasajeras? Trata de revisar el celular, pero tiene patrón de desbloqueo que cambia frecuentemente. Es amigo de la noche, los gatos y las trampas, cagador y celoso en proporciones similares. Chats triviales y provocativos con gente soltera, comprometida, de novio, casada, separada, viuda, homosexual, heterosexual, travestis, transexuales. ¿Quién sabe quién hay de otro lado de la pantalla? Mujer sube foto con el novio diciéndole públicamente que lo ama para después mandarle foto de las tetas a Menganito del gimnasio. Hombre manda indiscriminadamente fotos de su pene como un mensaje de difusión masiva. Otro amigo le escanea el código a la novia y descubre que lo está engañando con Pedro, un compañero de trabajo diez años más chico que él. No puede sacarse de la cabeza la imagen del "amor de su vida” realizándole sexo oral a ese hijo de puta, feo, petiso y mala clase de Pedro, para después llegar a la casa y besarlo. Se tortura a si mismo con esas imágenes que crea en su cabeza y no puede pensar en otra cosa. Otro amigo le da consejos para levantar por Happn y Tinder, que consisten en publicitarse asi: una foto con un animal, una foto tocando un instrumento, una foto vestido de saco y corbata, una foto en cuero. Amor por la naturaleza, amor por el arte, amor por el trabajo y buen físico. Nunca un hola como estás de presentación sino tratar de ser ocurrente, simpático y comentar algo sobre las fotos de ella. Descartar las probabilidades estadísticas y clink, caja, pasá a cobrar cualquier día hábil de 8 a 21. El grupo de amigos hombres sale al boliche y levanta casi siempre, eso si no se descontrolan con sustancias varias. Besos por acá, toques por allá, el alcohol, la juventud y las hormonas hacen su trabajo. El papá y la mamá piensan que el nene y la nena están estudiando. Después algunos no se acuerdan de los nombres, ni de las caras, ni de lo que hicieron. Otros se levantan en departamentos ajenos, el resto se pasa el Instagram o el Facebook: ya hay acceso a toda una vida. Dos semanas sin hablarse, aún están pendientes. Indirectas por Twitter, se cambia la foto de perfil, favea cosas para ponerlo celoso. El sábado no salió, pero puso el despertador a las ocho y cinco para que su última conexión fuese a esa hora. Domingo y última conexión a las ocho y cinco son sinónimos de una buena noche. ¿Las redes sociales arruinaron el amor o el amor arruinó las redes sociales? Su compañera de facultad le gustaba un montón hasta que se hizo las tetas y empezó a subir cuatrocientas fotos semi en pelotas y se acabó la magia y el misterio y ahora todos pueden verla y ya no le interesa. ¿En qué momento se arruinó todo y empezamos a jugar este juego? Mi generación ha montado un mercado estético en el cual no solo elegimos por teléfono y fotos a quien amar, sino también nos publicitamos como yogur o cereales o ravioles con envoltorios, fecha de elaboración, información nutricional y fecha de vencimiento, a disposición de todo el mundo con un cartel enorme en la frente que dice: ¡Cómanme, mírenme, ámenme, este soy yo, créanse el cuento que les estoy contando!” Y todos somos hermosos en Instagram y ocurrentes en Twitter y felices en Facebook, pero en la vida real pocos son capaces de mirar a la gente a los ojos. Y la felicidad es lo que nos hace animales: dormir, coger y comer. Porque humanizarse y cuidar el medio ambiente, cultivarse espiritualmente, instruirse y evolucionar hacia una especie más compasiva es muy aburrido. Que difícil es encontrarse como seres humanos y dejar de actuar sin tecnología ni alcohol ni boliche de por medio. Es dificil dejar el show. Qué miedo tenemos de vivir y de ser imperfectos. Y no importa nada si total consigo otra y otra y otra y otra y otra persona y no es resentimiento, es resignación ante un mundo indiferente que no te quiere y no sabe lo que tiene hasta que te pierde. Entonces comienza a desearte, porque no se puede desear lo que se tiene y entramos en un círculo vicioso del si te tengo no te quiero, si te quiero no te tengo. ¿Quién puede aceptar un amor así? ¿Por qué no podemos querer de otro modo? Total no importa, el fin de semana salgo y me porto mal o instalo Tinder y Happn o espero que se desarrollen androides sexuales en el que elegiremos el tamaño del pene y de los pechos y de los genitales y las posiciones sexuales y ya para qué voy a salir de mi casa. ¿La tecnología arruinó al amor o las personas arruinaron el amor con la tecnología? Configuración de la cuenta, Ajustes, Privacidad, Última hora, Todos. Mira su última conexión y realiza otra vez el proceso. Los pasos se repiten: Messenger, Facebook, Instagram, Twitter. Tres semanas sin hablarse y parece definitivo. Una vez escuchó que si Romeo y Julieta hubiese ocurrido hoy no se suicidaban sino que seguían stalkeándose. Yo creo que si Florentino Ariza hubiese tenido Tinder o Whatsapp o Happn o Twitter no habría esperado tantos años a Fermina Daza. ¿La tecnología arruinará a las historias? ¡En qué poco se convirtió el amor en los tiempos del Whatsapp! Para leer otros textos míos: http://www.viajoyescribo.com
Hola ejército de linces. ¿Cómo están? Soy Federico, de Córdoba, Argentina. Tengo 25 años y en el 2015 hice un viaje por Latinoamérica durante todo un año. Salí de Argentina y por tierra pasé por Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, México, Belice (y a la vuelta pasé por Chile también). En total fueron catorce países, en los cuales trabajé en hostels, en ferias de ropa, cambiando cubiertas de camiones, como lustrabotas, en una empresa de eventos, de mozo/mesero. También trabajé en Colombia como extra en una película con Tom Cruise (lo conocí personalmente!) que se estrena en septiembre de 2017 y en la cual quizás aparezca. Estuve entre los nativos en la selva de Panamá, entre los maras en El Salvador. Fue una experiencia increíble que decidí escribir y subir a una página. También añadí algunos consejos para mochileros de bajo presupuesto. Los invito a todos a leer mi blog: Responderé con gusto si tienen dudas sobre viajar o por cualquier otro motivo. Esta semana vuelvo a salir, esta vez para Paraguay. Una vez que empezás, se convierte en una adicción. Musica para ambientar: link: https://www.youtube.com/watch?v=DkFJE8ZdeG8 Espero que mientras leían lo anterior se hayan cargado las fotos, porque son varias. Si no dejá cargar las fotos, troesma. Esta es mi primera imagen, en el Cerro de los Siete Colores, Purmamarca, Jujuy. Norte de Argentina. El árido paisaje boliviano. Empezaba mi viaje. Este soy yo en las minas de Potosí. Al principio era medio Diamond, después bajé de rango con el correr del viaje La plaza principal de Sucre, Bolivia El impresionante lago Titicaca, Bolivia Cuzco, Perú Camino a Machu Picchu, Perú Llegado a Montaña Vieja (si quieren, lean en mi blog la historia de cómo llegué, es graciosa) Viajando por Perú Cartel de persuasión Máncora, noroeste peruano Baños, Ecuador En la Mitad del Mundo, Ecuador Montañita, Ecuador Medellín, Colombia Trabajando en Medellín, Colombia Caribe colombiano Ciudad de Panamá, Panamá Argentinos, mexicanos, venezolano. En la ruta no hay rivalidades idiotas como en internet Nos levantó este colectivo hippie Paisaje de Costa Rica Costa Rica es impresionante "Trabajando" En una destilería ilegal de alcohol Tomando birra en San Juan del Sur, Nicaragua Llegando a Honduras En una iglesia cristiana en El Salvador Aguante trabajar de lo que sea vieja, no me importa nada Un blanco lustrando botas por monedas a un negro en Belice Torta cubana = 60 pesos mexicanos, unos 50 argentinos (México) Akumal, Quintana Roo, México Tirando facha en CDMX, México Trabajando en CDMX, México (Porque la facha no es todo) Haciendo dedo en Chiapas, México Con el camionero que me levantó en Guatemala, Guatemala Lago Calafquen, Lican Ray, Sur de Chile (un paraíso) -13°C en Cristo Redentor, paso entre Chile y Argentina Bueno linces, espero que les haya gustado mi post. Si quieren leer la historia de mi viaje y de mi vida pueden hacerlo en http://www.viajoyescribo.com Muchos dicen que es adictivo, sobre todo la parte de Mi Historia. Estoy a su disposición por cualquier pregunta que tengan para hacerme sobre viajar (y que no esté en el blog). Saludos viajeros!! (esta semana me voy al Paraguay, quizás suba info si les interesa este post)