Robles89
Usuario (Argentina)
Ophiocordyceps unilateralis es un hongo que presenta un medio de dispersión extremadamente curioso. Infecta un grupo de hormigas denominadas carpinteras y provoca un cambio en su comportamiento que las induce a alejarse del hormiguero y morir en soledad. Conocido desde hace tiempo, se ha especulado sobre si tal dispersión obedece a un mecanismo de selección de grupo donde la hormiga enferma se sacrificaba en soledad para evitar otras infecciones en el nido, al igual que se ha descrito en otras infecciones similares de las que ya nos hemos ocupado en este mismo blog. Sin embargo, otros estudios parecen apuntar a una consecuencia directa de la infección, donde el hongo alteraría el sistema nervioso de la hormiga haciendo que se alejara para perecer en lugares que favorecerían la dispersión de sus esporas, una vez germinado. No es de extrañar que a Ophiocordyceps se le haya apodado “hongo de las hormigas zombie”. Recientemente, Harry Evans y colaboradores (2011), han publicado en PLosONE un estudio donde muestran que estos hongos presentan una diversidad mayor de la que se pensaba, y que en realidad Ophiocordyceps unilateralis es un complejo de especies que parecen presentar una gran especificidad. Esto se desprende del estudio de cuatro especies de hormigas carpinteras (Camponotus rufipes, C. balzani, C. melanoticus y C. novogranadensis) en una región selvática de Brasil, donde han encontrado que cada una de ellas es parasitada por una especie diferente. Los autores no descartan que tal especificidad pueda ocurrir en otras especies que infectan hormigas y otros insectos. link: http://www.youtube.com/watch?v=aLnZvvrLXxA
Antes que nada quiero aclarar que no tengo nada en contra con religión alguna, lo único que destaco de ese texto es el carácter enfermizo de aquel padre. Esto es un escrito de un padre de la Iglesia que desaconsejaba a sus cristianos las crueles voluptuosidades de los espectáculos públicos. Pero quedan todavía otros espectáculos, aquel ultimo y perpetuo día del juicio, día no esperado por las naciones, día del cual se mofan, cuando esta tan grande decrepitud del mundo y tantas generaciones del mismo ardan en el fuego común ¡Que espectáculo tan grandioso entonces! ¡De cuantas cosas me sombrare! ¡De cuantas cosas me reiré! ¡Allí gozare! ¡Allí me regocijare, contemplando tantos y tan grandes reyes, de quienes se decían que habían sido recibidos en el cielo, gimen en profundas tinieblas junto con el mismo Júpiter y con sus mismos testigos! ¡Viendo también como los presidentes perseguidores del nombre del Señor se derriten en las llamas más crueles que aquella con que ellos mismos se ensañaron contra los cristianos! ¡Viendo además como aquellos sabios filósofos se llenan de rubor ante sus discípulos, que con ellos se queman, a los cuales convencían de que nada pertenece a Dios, a los cuales aseguraban que las almas no existen o no volverán a sus cuerpos primitivos! Y viendo asimismo como los poetas tiemblan, no ante el tribunal de Radamanto ni de Minos, sino ante el de Cristo, a quien no esperaban! Entonces oiré mas a los actores de la tragedia, es decir, serán mas elocuentes hablando de su propia desgracia, entonces conoceré a los historiadores, mucho mas agiles a causa del fuego, entonces veré el auriga, totalmente rojo en el carro de fuego, entonces contemplare a los atletas, lanzando las jabalinas no en los gimnasios, sino en el fuego, a no ser que entonces no quisieran que estuviesen vivos y prefiriesen dirigir una mirada insaciable a aquellos que se ensañaron con el Señor. Este es, diré, el hijo del carpintero o de la prostituta, el destructor del sábado, el samaritano y endemoniado. Este es a quien comprasteis a Judas, este es quien fue golpeado por la caña y con bofeteadas, humillado con silvazos, a quien diste a beber hiel y vinagre. Este es aquel que sus discípulos robaron a escondidas, para que se dijese que había resucitado, o a quien el dueño del huerto retiro de allí, para que la gran influencia de quienes iban y venían no estropease sus lechugas. La visión de tales espectáculos, la posibilidad de alegrarte de tales cosas ¿que pretor o cónsul, o cuestor, o sacerdote, podría ofrecértela, aun con toda su generosidad? Y, sin embargo, en cierto modo ya tenemos estas cosas por la fe representada en el espíritu que la imagina. Por lo demás, ¿Cuáles son aquellas cosas que ni el ojo vio, ni el odio oyó, ni entraron en corazón de hombre. Creo que son mas agradables que el circo, y el doble teatro, y todos los estadios.
Causa y efecto. A lo que nos eleva sobre los niveles del conocimiento y las ciencias anteriores a los nuestros llamamos explicación, pero es descripción. Describimos mejor, pero explicamos igual de poco que cuanto nos precedieron. Allí donde, en culturas anteriores a la nuestra, el hombre e investigador ingenuo solo veía dos cosas, causa y efecto, como solía decirse, nosotros hemos descubierto una sucesión múltiple, perfeccionado la imagen del devenir. Pero mas allá de la imagen, ni tampoco hemos llegado a lo que pueda haber detrás de ella. La serie de las causas esta mucho mas completa ante nosotros en todo caso, e inferimos así: esto otro tiene que preceder para que aquello siga. Peo nada hemos comprendido con ello. La cualidad, por ejemplo con todo devenir químico aparece hoy al igual que antaño, como un milagro, y lo mismo todo movimiento local. Nadie ha explicado el choque. ¡Como íbamos a poder hacerlo! Operamos con puras cosas que no hay, con líneas, superficies, cuerpos, átomos, tiempos divisibles, espacios divisibles: ¡como va a ser posible la explicación, si empezamos haciendo de todo una imagen, nuestra imagen! Es suficiente contemplar la ciencia como humanacion de las cosas lo mas fiel posible, aprendemos a describimos a nosotros cada vez con mayor exactitud cuando describimos las cosas y su sucesión. Causa y efecto: una dualidad tal no la hay probablemente nunca, en realidad tenemos ante nosotros un continuum del que aislamos un par de trozos, al igual que nunca percibimos el movimiento de otro modo que como puntos aislados, y así pues propiamente no lo vemos, sino que lo inferimos. El carácter súbito con el que muchos efectos se destacan nos extravía, pero es solamente un carácter súbito para nosotros. En ese segundo de lo súbito hay una cantidad infinita de procesos que se nos escapan. Un intelecto que viese la causa y efecto como continuum, no, a nuestro modo, como un estar dividido y troceado arbitrariamente, que viese el flujo del devenir, rechazaría el concepto de causa y efecto y todo estar condicionado por otra cosa.