Antes que nada quiero aclarar que no tengo nada en contra con religión alguna, lo único que destaco de ese texto es el carácter enfermizo de aquel padre.
Esto es un escrito de un padre de la Iglesia que desaconsejaba a sus cristianos las crueles voluptuosidades de los espectáculos públicos.
Pero quedan todavía otros espectáculos, aquel ultimo y perpetuo día del juicio, día no esperado por las naciones, día del cual se mofan, cuando esta tan grande decrepitud del mundo y tantas generaciones del mismo ardan en el fuego común ¡Que espectáculo tan grandioso entonces! ¡De cuantas cosas me sombrare! ¡De cuantas cosas me reiré! ¡Allí gozare! ¡Allí me regocijare, contemplando tantos y tan grandes reyes, de quienes se decían que habían sido recibidos en el cielo, gimen en profundas tinieblas junto con el mismo Júpiter y con sus mismos testigos! ¡Viendo también como los presidentes perseguidores del nombre del Señor se derriten en las llamas más crueles que aquella con que ellos mismos se ensañaron contra los cristianos! ¡Viendo además como aquellos sabios filósofos se llenan de rubor ante sus discípulos, que con ellos se queman, a los cuales convencían de que nada pertenece a Dios, a los cuales aseguraban que las almas no existen o no volverán a sus cuerpos primitivos! Y viendo asimismo como los poetas tiemblan, no ante el tribunal de Radamanto ni de Minos, sino ante el de Cristo, a quien no esperaban! Entonces oiré mas a los actores de la tragedia, es decir, serán mas elocuentes hablando de su propia desgracia, entonces conoceré a los historiadores, mucho mas agiles a causa del fuego, entonces veré el auriga, totalmente rojo en el carro de fuego, entonces contemplare a los atletas, lanzando las jabalinas no en los gimnasios, sino en el fuego, a no ser que entonces no quisieran que estuviesen vivos y prefiriesen dirigir una mirada insaciable a aquellos que se ensañaron con el Señor. Este es, diré, el hijo del carpintero o de la prostituta, el destructor del sábado, el samaritano y endemoniado. Este es a quien comprasteis a Judas, este es quien fue golpeado por la caña y con bofeteadas, humillado con silvazos, a quien diste a beber hiel y vinagre. Este es aquel que sus discípulos robaron a escondidas, para que se dijese que había resucitado, o a quien el dueño del huerto retiro de allí, para que la gran influencia de quienes iban y venían no estropease sus lechugas. La visión de tales espectáculos, la posibilidad de alegrarte de tales cosas ¿que pretor o cónsul, o cuestor, o sacerdote, podría ofrecértela, aun con toda su generosidad? Y, sin embargo, en cierto modo ya tenemos estas cosas por la fe representada en el espíritu que la imagina. Por lo demás, ¿Cuáles son aquellas cosas que ni el ojo vio, ni el odio oyó, ni entraron en corazón de hombre. Creo que son mas agradables que el circo, y el doble teatro, y todos los estadios.
Esto es un escrito de un padre de la Iglesia que desaconsejaba a sus cristianos las crueles voluptuosidades de los espectáculos públicos.
Pero quedan todavía otros espectáculos, aquel ultimo y perpetuo día del juicio, día no esperado por las naciones, día del cual se mofan, cuando esta tan grande decrepitud del mundo y tantas generaciones del mismo ardan en el fuego común ¡Que espectáculo tan grandioso entonces! ¡De cuantas cosas me sombrare! ¡De cuantas cosas me reiré! ¡Allí gozare! ¡Allí me regocijare, contemplando tantos y tan grandes reyes, de quienes se decían que habían sido recibidos en el cielo, gimen en profundas tinieblas junto con el mismo Júpiter y con sus mismos testigos! ¡Viendo también como los presidentes perseguidores del nombre del Señor se derriten en las llamas más crueles que aquella con que ellos mismos se ensañaron contra los cristianos! ¡Viendo además como aquellos sabios filósofos se llenan de rubor ante sus discípulos, que con ellos se queman, a los cuales convencían de que nada pertenece a Dios, a los cuales aseguraban que las almas no existen o no volverán a sus cuerpos primitivos! Y viendo asimismo como los poetas tiemblan, no ante el tribunal de Radamanto ni de Minos, sino ante el de Cristo, a quien no esperaban! Entonces oiré mas a los actores de la tragedia, es decir, serán mas elocuentes hablando de su propia desgracia, entonces conoceré a los historiadores, mucho mas agiles a causa del fuego, entonces veré el auriga, totalmente rojo en el carro de fuego, entonces contemplare a los atletas, lanzando las jabalinas no en los gimnasios, sino en el fuego, a no ser que entonces no quisieran que estuviesen vivos y prefiriesen dirigir una mirada insaciable a aquellos que se ensañaron con el Señor. Este es, diré, el hijo del carpintero o de la prostituta, el destructor del sábado, el samaritano y endemoniado. Este es a quien comprasteis a Judas, este es quien fue golpeado por la caña y con bofeteadas, humillado con silvazos, a quien diste a beber hiel y vinagre. Este es aquel que sus discípulos robaron a escondidas, para que se dijese que había resucitado, o a quien el dueño del huerto retiro de allí, para que la gran influencia de quienes iban y venían no estropease sus lechugas. La visión de tales espectáculos, la posibilidad de alegrarte de tales cosas ¿que pretor o cónsul, o cuestor, o sacerdote, podría ofrecértela, aun con toda su generosidad? Y, sin embargo, en cierto modo ya tenemos estas cosas por la fe representada en el espíritu que la imagina. Por lo demás, ¿Cuáles son aquellas cosas que ni el ojo vio, ni el odio oyó, ni entraron en corazón de hombre. Creo que son mas agradables que el circo, y el doble teatro, y todos los estadios.