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Rastan86

Usuario (Argentina)

Primer post: 25 jul 2010Último post: 28 nov 2011
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Serial de Oro para Windows XP
InfoporAnónimo7/25/2010

Hola Gente este es mi Primer Post y Quiero Compartir esto Aunque sea poco como Agradecimiento a todas las Personas que Hicieron que Taringa sea la Mejor Pagina. Serial para Windows xp Funcionando D36RK-QDFFD-BTWWY-BT7KK-43MGM Tambien les Dejo la Solucion para Validar Office 2007 Vale para Todas las Versiones Instalen el Office con Cualquiera de estas Seriales. KGFVY-7733B-8WCK9-KTG64-BC7D8 W2JJW-4KYDP-2YMKW-FX36H-QYVD8 TT3M8-H3469-V89G6-8FWK7-D3Q9Q gwh28 dgcmp p6rc4 6j4mt 3hfdy B4MKP-KP9YP-7TBQ4-7T4XF-MTGWY TXF6Y-H24H8-H8YHX-46DY2-HCPCD B4MKP-KP9YP-7TBQ4-7T4XF-MTGWY RYY99-RYY2P-XXWF4-THW42-HX4MJ Una ves Instalado ir a C:Archivos de programa Luego a Archivos comunes Luego a Microsoft Shared Luego a OFFICE12 Luego a Setup Controller Alli Encontraran dos Carpetas con el Nombre Proof.en y Proof.es Editar los Archivos con el Nombre Proof de Ambas Carpetas de la Siguiente Manera. Donde dice SetupControllerFiles Cambiar AlwaysInstalled por NeverInstalled. Luego Ejecutar REGEDIT Hacemos Doble Clik en HKEY_LOCAL_MACHINE Hacemos Doble Clik en Software Hacemos Doble Clik en Microsoft Hacemos Doble Clik en Office Hacemos Doble Clik en 12.0 Hacemos Doble Clik en Registration Luego nos Vamos a la Carpeta 91120000-0011-0000-0000-0000000FF1CE Aqui Tenemos que Eliminar Las Entradas con el Nombre DigitalProductID ProductID Normalmente estan en Color Azul Luego Cerramos REGEDIT y Listo. Cualquier cosa Pregunten Suerte y de Nuevo Gracias a Todo Taringa Tambien me Gustaria Leer Comentarios

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Agregar texto a un gif con photoshop
Hazlo Tu MismoporAnónimo10/4/2011

Tutorial para aprender a insertar un texto (Subtitular) dentro de un gif.Recarga la pagina si las imagenes no cargan por completo.1:Abrimos el gif elegido2:Nos aseguramos de tener cuadro 1 y capa 1 seleccionados.3:Vamos a herramientas de texto horizontal y seleccionamos el lugar donde escribiremos nuestro primer texto y lo escribimos.4.Hemos creado una nueva capa de texto, ahora debemos subirla hacia arriba de todo para que se vea en todos los cuadros.5:En el cuadro 1 le damos a Duplica los cuadros seleccionados y duplicamos tan solo el primer cuadro.6:Seleccionamos la capa de texto mas Herramienta mover y procedemos a quitarle el texto uno por uno a los cuadros que le agregaremos el siguiente texto.Lo hacemos arrastrando el texto fuera del cuadro.7:Luego eliminamos el primer cuadro (El que habiamos duplicado)8:Le damos a Archivo/Guardar para web y dispositivos/Guardar.Elegimos un destino y guardamos.9:Cerramos todo y abrimos el gif que hemos guardado con el texto incrustado.10:Repetimos lo mismo empezando desde el paso 2.Escribimos el texto, arrastramos la capa de texto arriba de todo, duplicamos el primer cuadro, arrastramos el texto fuera del cuadro donde queremos que no aparezca, eliminamos el primer cuadro y finalmente lo guardamos.AntesDespuesAnte cuaquier duda o consulta pregunten nomas.Aca te dejo otros tutoriales que te pueden interezar.Todo para crear tus botones flash con sonidoTutorial basico para crear animacion flashTutorial banner de imagenes simple con FlashAgregar un gif en imagen fija con photoshop

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5 Reflexiones para el alma parte5
5 Reflexiones para el alma parte5
Salud BienestarporAnónimo11/21/2010

Historias de vida, pensamientos para enfrentar problemas, fortalecer el alma y el espíritu, un dulce maná de reflexiones para hacer de la realidad un sueño. Racimos de Uvas Cuenta la historia que un día llamaron a la puerta de un convento. Pedro, el portero, vio con asombro que un hortelano de tierras cercanas le entregaba un hermoso racimo de uvas. -Hermano: Te regalo este racimo de uvas en agradecimiento por la buena atención que me prestas cada vez que vengo al convento. El portero mientras lavaba el racimo, ya se imaginaba el gran festín que se daría. Pero, de pronto, se acordó de que en el convento había un hermano que había perdido el apetito debido a su enfermedad y pensó que si se lo regalaba, le ayudaría a reponerse y a recobrar el apetito. Sin pensar se lo llevó. El enfermo, al ver el racimo se sorprendió por su hermosura y agradeció a Pedro por su regalo. Pero una vez que Pedro se había marchado, el enfermo, decidió no comerlo y dárselo al hermano enfermero que con tanto amor y desvelo lo atendía todas las noches. Así que llamó al enfermero y le contó que el portero le había traído este hermoso racimo, pensando que le ayudaría en su enfermedad. “Cómelo tú, le dijo, yo no tengo nada de apetito”. El enfermero no quería aceptarlo, pero ante la insistencia del enfermo, decidió comerlo en su cuarto dando gracias por tan preciado regalo. Pero de camino a su habitación pensó que era mejor dárselo al cocinero que todos los días se esmeraba para que todos los frailes comieran lo mejor. Así que se dirigió a la cocina y le dijo al cocinero: Hermano este hermoso racimo es para ti, para que saborees estas exquisitas uvas. Y así el racimo fue pasando de hermano a hermano por todo el convento, hasta que llegó de nuevo a la portería donde Pedro, extrañado decidió que el racimo no diera más vueltas, lo comió con tal gusto que le parecieron las uvas más sabrosas, del mundo. “Cuando te interesas por el bien de los demás y compartes de lo tuyo para ayudar a otros, el Señor te lo devuelve, con la misma alegría que tú lo compartiste” Así es una mujer Cuando Dios se dispuso a hacer a la mujer, ya había llegado al sexto día de trabajo. Un ángel se le acercó y le dijo: - Dios, ¿Por qué dedicas tanto tiempo a esta criatura? -¿Has visto mi Hoja de Especificaciones para ella?, le respondió, fíjate bien: Debe ser completamente lavable. Debe tener más de 200 piezas movibles, todas cambiables y ser capaz de funcionar con una dieta basada en cualquier cosa. Tener un regazo que pueda acomodar cuatro niños al mismo tiempo. Debe ser capaz de dar besos que puedan curar desde una rodilla raspada hasta un corazón roto. Y tendrá que hacerlo todo, solamente con dos manos. El ángel se maravilló de los requisitos. -Solamente dos manos… ¡Imposible! -Es demasiado trabajo para un día, espera hasta mañana para terminarla , dijo el ángel. No, ni hablar, dijo el Señor. Estoy tan cerca de terminar esta creación, que por cierto, es mi favorita- que voy a terminarla hoy mismo. Además, esta criatura se cura sola cuando está enferma y puede trabajar jornadas diarias de 18 horas. El ángel se acercó más y tocó a la mujer. La has hecho muy suave, Señor. Sí, es suave dijo Dios, pero la he hecho también fuerte. No tienes ni idea de lo que puede aguantar o lograr. -¿Será capaz de pensar? preguntó el ángel. Dios contestó: -No solamente será capaz de pensar sino también de razonar, argumentar y negociar. El ángel entonces notó algo y extendiendo su mano tocó la mejilla de la mujer. -Señor, parece que este modelo tiene una fuga, dijo… Ya me parecía a mí que estabas tratando de ponerle demasiadas cosas. -Eso no es ninguna fuga, es una lágrima, contestó el Señor. -Y ¿para qué sirven las lágrimas, preguntó el ángel? -Las lágrimas son su manera de expresar su alegría, su pena, su desengaño, su amor, su soledad, su sufrimiento, y su orgullo. Esto impresionó mucho al ángel. -Eres un genio, Señor, pensaste en todo. La mujer es verdaderamente maravillosa. -Lo es; la mujer tiene detalles y capacidades que maravillan a los hombres. Aguantan dificultades, llevan grandes cargas, pero al mismo tiempo rebosan felicidad, amor y dicha. Sonríen cuando quieren gritar. Cantan cuando quieren llorar. Lloran cuando están felices y ríen cuando están nerviosas. Luchan por lo que creen. Se enfrentan a la injusticia. No aceptan un “no” por respuesta cuando ellas creen que hay una solución mejor. Se privan de cualquier cosa, para que su familia pueda tener aquello que necesita. Acompañan a sus amigas al médico cuando ellas tienen miedo de ir solas. Aman incondicionalmente. Lloran cuando sus hijos triunfan y se alegran cuando sus amistades consiguen premios. Son felices cuando otros también lo son. Sufren con la pérdida de un ser querido y cuando todos piensan que ya no les quedan más fuerzas, es cuando más fuertes son. Saben que un beso y un abrazo pueden ayudar a curar un corazón roto. “Sin embargo, la mujer tiene un gran defecto: a menudo se le olvida lo mucho que vale” Una buena Lección Un estudiante universitario y su profesor salieron a dar un paseo, los alumnos además de un buen maestro, lo consideraban un buen amigo. Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que estaba trabajando en un campo cercano. El alumno le dijo al profesor: ¿Por qué no escondemos los zapatos y nos ocultamos detrás de esos arbustos para ver cómo reacciona el hombre cuando no los encuentre? -Mi querido amigo, respondió el profesor, nunca tenemos que divertirnos a expensas de las personas humildes. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre, coloca una moneda de plata en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre. Eso hizo y ambos se ocultaron. El hombre, terminó sus tareas y vino en busca de sus zapatos y su abrigo. Pero al deslizar el pie en el zapato, sintió que había algo dentro y se encontró la moneda. Asombrado, miró a su alrededor y la guardó en el bolsillo. Al ponerse el otro zapato, no podía creerlo, había otra moneda. Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantando su vista al cielo agradeció a Dios por esa mano desconocida, que le había dejado el dinero suficiente para comprar medicamentos para su esposa enferma y alimentos para sus hijos. El estudiante quedó profundamente impactado por lo que escuchaba del anciano y sus ojos se llenaron de lágrimas. El profesor dijo: ¿No estás más complacido que si le hubieras hecho una broma? El joven respondió: Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo lo profundo del significado de la palabra “DAR” Inocencia Una niña, de unos 6 años, iba diariamente a su colegio caminando a través del bosque. Aquella mañana, había amanecido con un cielo amenazador. El viento y las nubes hacían presagiar un día de lluvia, pero la bella niña seguía su camino rumbo a la escuela, como si todo fuera normal. Durante el día, la tormenta fue aumentando en intensidad, por lo que se desató una tempestad con muchos rayos que podían verse desde varios kilómetros. La madre estaba preocupada por su pequeña hija que, como de costumbre, tenía que regresar sola atravesando el bosque. Sintió mucho miedo por lo que podría pasarle en medio de esa terrible tormenta. Así que rápidamente subió a su auto y se dirigió en dirección a la escuela. La oscuridad y el viento hacían poco visible el camino, por lo que le costaba encontrar a su hija, que en este momento podía estar en peligro. Las luces de su vehículo, le ayudaron a divisar a la distancia a su hija, entre relámpagos y truenos, la pequeña se encontraba sentada junto a un árbol mirando el cielo. En ese momento un relámpago iluminó todo el bosque, la niña se puso de pie sin dejar de mirar el cielo y con una sonrisa angelical, abrió sus brazos. La madre, viendo esta actitud, estaba perpleja, no entendía lo que pasaba, ya que la niña debería estar muerta de miedo. Salió corriendo de su auto y fue al encuentro de su hija. De regreso a su casa, la madre veía extrañada como su hija seguía mirando al cielo, sin dejar de sonreír. ¿Qué miras y por qué sonríes?, preguntó la madre. ¿Sabes por qué sonrío mami?, porque Jesús me está sacando fotos y esas son las luces de su enorme flash, algún día me gustaría mucho poder verlas. “Cuando veas relámpagos en el cielo, deja que Dios ilumine tu corazón, no tengas miedo, no te escondas, deja que te cautive la inocencia, quizás el Señor quiera sacarte unas fotos para su álbum” Un vaso de leche Un muchacho pobre, vendía mercancías casa por casa, para pagar sus estudios universitarios, un día vio que solo le quedaba una simple moneda de diez centavos, y tenía hambre. Decidió que pediría comida en la próxima casa, sin embargo, sus nervios lo traicionaron cuando una encantadora mujer le abrió la puerta; y en lugar de comida pidió un vaso de agua. Ella percibió que el joven tenía hambre, así que le trajo un gran vaso de leche. El lo bebió, y entonces preguntó: -¿Cuánto le debo?- -No me debes nada contestó ella, mi madre siempre nos enseñó que nunca debemos aceptar dinero por amar y ayudar al prójimo. El le dijo... -Entonces, le agradezco de todo corazón...! Cuando Howard Kelly se fue de esa casa, no solo se sintió más fuerte, si no que también su Fe en Dios y en los hombres era más sólida. Había estado listo a rendirse y dejarlo todo, pero la actitud de esa mujer le llevo a seguir adelante. Años después esa mujer enfermó gravemente. Los médicos locales no pudieron darle una solución y finalmente le enviaron a la gran ciudad y llamaron al Dr. Howard Kelly para consultarle. Cuando este oyó el nombre del pueblo de donde venía la paciente, se le iluminaron los ojos. El Dr. Kelly subió de inmediato para ver a la paciente, la reconoció enseguida y empezó a ver los estudios y análisis, para determinar cual era la mejor forma de salvarle la vida Desde ese día el prestó, la máxima dedicación a este caso. Después de una larga lucha, la mujer ganó la batalla..! Estaba totalmente recuperada..! Con preocupación y timidez, la mujer pidió que le trajeran la cuenta, y como el hospital era de categoría, pensó que tal vez tendría que trabajar toda su vida para pagar todo el tratamiento. Al cabo de unos minutos, recibió un sobre de la administración del hospital. Con nerviosismo, lo abrió, y para su sorpresa pudo leer lo siguiente: Esta factura fue pagada hace muchos años con un vaso de leche. (Firmado) Dr. Howard Nelly Lagrimas de alegría inundaron sus ojos y con su corazón lleno de felicidad, agradeció a Dios: “Gracias, Señor porque tu amor se ha manifestado en las manos y los corazones de los hombres” “Nada en la vida podrá separarnos del amor de Dios” Romanos 8:38 Texto sacado de los libros reflexiones para el alma de Jose Luis Pietro

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Dedicatoria de un padre a sus hijas
Salud BienestarporAnónimo11/3/2010

Esta es una cancion de un padre Dedicada a sus dos hijas tiene una letra muy hermosa y describe como es el maravilloso tesoro que conocen,disfrutan,sufren,valoran y sienten los afortunados padres."Dedicado a todos los padres"Aca la letraTengo dos excusas en mi mente,para recortar mi dia y a mi casa regresar,son un par de magicas princesas,con pijamas y con trenzas que juegan a ser mama.Ya se han dado cuenta que soy debil,y con solo una sonrisa pueden todo conseguir,de mi corazon se han vuelto dueñasy me alegran la existencia con solo en ellas penzar.Entre gimnasia y la tarea,van creciendo muy de prisa.Hay hay hay.Las quisiera detener,Pero un dia se iran de casay entre sus cosas llevaran un pedazo de mi vidaque jamas regresara,mientras tanto quiero darles tantas cosas,quiero darles tanto amor tanta atencion,y enseñarles cada dia su importancia y su valor,quiero cuidarles el corazon.Son como un jardin en primavera,que se viste cada dia de belleza y esplendor,son como palomas mensajerasque el Señor mando del cielopara hablarme de su amor.Entre gimnasia y la tarea,van creciendo muy de prisa.Hay hay hay.Las quisiera detener,Pero un dia se iran de casay entre sus cosas llevaran un pedazo de mi vidaque jamas regresara,mientras tanto quiero darles tantas cosas,quiero darles tanto amor tanta atencion,y enseñarles cada dia su importancia y su valor,quiero cuidarles el corazon.Hay hay hay.Las quisiera detenerAca el videolink: http://www.youtube.com/watch?v=dSdMyxOCfhg

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5 Reflexiones para el alma parte7 Final
Salud BienestarporAnónimo11/26/2010

Historias de vida, pensamientos para enfrentar problemas, fortalecer el alma y el espíritu, un dulce maná de reflexiones para hacer de la realidad un sueño. A pesar de los errores Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, estaba de mal humor. Te regañé porque estabas tardando demasiado en desayunar, te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta. Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furiosa te levanté por los cabellos y te empujé violentamente para que fueras a cambiarte de inmediato. Camino a la escuela no hablaste. Sentado en el asiento del auto llevabas la mirada perdida. Te despediste de mí tímidamente y yo sólo te advertí que no te portaras mal. Por la tarde, cuando regresé a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puestos unos pantalones nuevos y estabas sucio y mojado. Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos, porque parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte. Te hice entrar en la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mí te indiqué que caminaras erguido. Más tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa. A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furiosa porque no parabas de jugar. Con un golpe sobre la mesa grité que no soportaba más ese escándalo y subí a mi cuarto. Al poco rato mi ira comenzó a apagarse. Me di cuenta de que había exagerado un poco y tuve el deseo de bajar para hacerte una caricia, pero no pude. ¿Cómo podía una madre, después de hacer tal escena, mostrarse cariñoso y arrepentido? Luego escuché unos golpecitos en la puerta. "Adelante" dije adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación. Te miré con seriedad y pregunté: ¿Te vas a dormir? ¿Vienes a despedirte? No contestaste. Caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente. Te abracé y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito. Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suavemente en la mejilla. Sentí que mi alma se quebrantaba. "Hasta mañana, mamita" me dijiste. ¿Qué es lo que estaba haciendo? ¿Por qué me desesperaba tan fácilmente? Me había acostumbrado a tratarte como si fueras una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mí y ciertamente no eras igual. Tú tenías unas cualidades de las que yo carecía: eras legítimo, puro, bueno y sobre todo, sabías demostrar amor. ¿Por qué a mi me costaba tanto trabajo? ¿Por qué tenía el hábito de estar siempre enojada? ¿Qué es lo que me estaba ocurriendo? Yo también había sido niña. ¿Cuándo fue que comencé a contaminarme? Después de un rato entré en tu habitación y encendí una lámpara con cuidado, tú dormías profundamente. Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé. Me incliné para rozar con mis labios tu mejilla, respiré tu aroma limpio y dulce. No pude contener el sollozo y cerré los ojos. Una de mis lágrimas cayó en tu piel, pero tú seguiste durmiendo. Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio. Te cubrí cuidadosamente y salí de la habitación. “Si Dios me escucha y te permite vivir muchos años, algún día sabrás que los padres no somos perfectos, pero sobre todo, espero que te des cuenta de que, pese a todos mis errores, te amo más que a mi vida” ¡¡NO TE METAS EN MI VIDA!! Hoy que estoy profundizando mis estudios teológicos en la Familia; sus valores, sus principios, sus riquezas, sus conflictos, recordaba una ocasión en que escuché a un joven gritarle a su Padre: ¡¡NO TE METAS EN MI VIDA!! Ésta frase caló hondamente en mí, tanto, que frecuentemente la recuerdo y comento en mis conferencias para padres e hijos. ¿Si en vez de sacerdote, hubiese optado por ser padre de familia, qué le respondería a mi hijo, si él me hiciera esa pregunta? Esta podría ser una respuesta: ¡¡Hijo, un momento, no soy yo el que me meto en tu vida, tu te has metido en la mía!! Hace muchos años, gracias al profundo amor que mamá y yo nos tenemos, Dios permitió que llegaras a nuestras vidas y ocuparas todo nuestro tiempo. Antes de que nacieras, mamá se encontraba mal, no podía comer, y además debía guardar reposo, así que yo, tuve que encargarme de las tareas de la casa, además de mi trabajo. Los últimos meses, antes de que llegaras a este mundo, mamá no podía dormir y tampoco me dejaba dormir a mí. Antes de nacer los gastos aumentaron increíblemente, tanto que gran parte de nuestro salario se gastaba en ti, en el médico que atendía a mamá, en medicamentos y en comprarte lo mejor. Mamá quería cómprate todo lo que veía para bebes, las mejores prendas, y lo más lindo. Y tu, me dices: ¿¿NO TE METAS EN MI VIDA?? Llegó el día en que naciste y compramos un recuerdo para regalar a todos aquellos que vinieran a conocerte. Desde la primera noche no dormimos. Cada tres horas como si fueras un reloj nos despertabas para que te diéramos de comer, otras veces te sentías mal y llorabas todo el tiempo, sin que nosotros supiéramos que hacer, pues no sabíamos qué te sucedía y hasta llorábamos contigo. Y tu, me dices: ¿¿NO TE METAS EN MI VIDA?? Comenzaste a dar los primeros pasos y tuvimos que estar detrás de ti todo el tiempo, ya no podíamos sentarnos tranquilos a leer el periódico, a ver una película, ni podía ver el partido de mi equipo favorito, porque para cuando menos lo esperaba, te perdías de mi vista y tenía que salir tras de ti para evitar que te lastimaras. Y tu, me dices: ¿¿NO TE METAS EN MI VIDA?? Todavía recuerdo el primer día que fuiste a la escuela. Tuve que llamar al trabajo y decir que no podía ir, porque tuve que acompañarte al colegio y estar contigo. Tú no querías entrar, llorabas y me pedías que no me fuera, tuve que pedirle a la maestra que me dejara estar a tu lado, hasta que tomaras confianza. A las pocas semanas ya no me pedías que no me fuera, y unos pocos días mas tarde, hasta te olvidabas de despedirte cuando bajabas del auto corriendo para encontrarte con tus amiguitos. Y tu, me dices: ¿¿NO TE METAS EN MI VIDA?? Seguiste creciendo y nos pedías que te lleváramos al lugar en que te reunías con tus amigos, y que te dejáramos y te recogiéramos unas calles antes. Eras demasiado moderno y no se cuantas cosas más. No querías llegar temprano a casa, te molestabas que te pusiéramos límites o reglas, no podíamos hacer comentarios acerca de tus amigos, sin que te volvieras contra nosotros, como si los conocieras a ellos de toda la vida y nosotros fuéramos unos "desconocidos" para ti. Y tu, me dices: ¿¿NO TE METAS EN MI VIDA?? Cada vez sé menos de ti, y lo que sé, es a través de los demás, ya no quieres hablar conmigo, dices que siempre te estoy regañando. Todo lo que yo hago está mal y te burlas de mí. Y yo me pregunto, ¿Cómo con tantos defectos he podido darte todo lo que tienes? Mamá se queda despierta y no me deja dormir preguntándome si has llegado a casa, diciéndome que es muy tarde y que tu celular está desconectado, que ya son las 3:00 de la mañana y no has llegado. Solo cuando te oye entrar en casa y cerrar la puerta de tu habitación, podemos dormir. Y tu, me dices: ¿¿NO TE METAS EN MI VIDA?? Te aburre hablar con personas como nosotros, que no entienden el mundo de hoy, por eso sólo me buscas cuando hay que pagar algo, necesitas dinero para la universidad, o para tu diversión. Y tu, me dices: ¿¿NO TE METAS EN MI VIDA?? ¡¡Hijo, yo no me meto en tu vida… tu te has metido en la mía, y te aseguro que no me arrepiento de que lo hayas hecho y la hayas cambiado para siempre!! Mientras esté vivo, me meteré en tu vida, para ayudarte, para formarte, para amarte y para hacer de ti una persona de bien. Además si no lo hago yo, otros se meterán en tu vida y esa es una responsabilidad que me corresponde a mí. ¡¡ Sólo los padres que saben como meterse en la vida de sus hijos logran hacer de éstos, hombres y mujeres que triunfen en la vida y sean capaces de amar y ser amados!! “La paternidad no es un capricho o un accidente, es un don de Dios, que nace del Amor” El puente de los Hermanos No hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas contiguas, tuvieron un conflicto. Éste era el primer problema que tuvieron después de 40 años de cultivar las tierras hombro a hombro, compartir el duro trabajo y de intercambiar cosechas y bienes en forma continua. Esta larga y beneficiosa colaboración terminó repentinamente. Comenzó con un pequeño malentendido que fue creciendo hasta llegar a abrir una tremenda brecha entre ellos, que explotó en un intercambio de palabras amargas seguido de semanas de silencio. Una mañana alguien llamó a la puerta de Luis. Al abrir, encontró a un hombre con herramientas de carpintero. "Estoy buscando trabajo", dijo el extraño, "quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda serle de ayuda". "Sí", dijo el mayor de los hermanos, tengo un trabajo para usted. Mire, al otro lado del arroyo, en aquella granja, ahí vive mi vecino, es mi hermano menor. La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros y él tomó su buldózer y desvió el cauce del arroyo para que quedara entre nosotros. Bueno, él pudo haber hecho esto para enfurecerme, pero le voy a hacer una mejor. ¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero? Quiero que construya una cerca, de dos metros de alto, para no verlo nunca más. El carpintero le dijo: Creo que comprendo la situación. Muéstreme dónde están la madera, los clavos y las herramientas y le entregaré un trabajo que lo dejará satisfecho. El hermano mayor ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja por el resto del día para ir a comprar provisiones al pueblo. El carpintero trabajó duro todo el día midiendo, cortando, clavando. Cerca del atardecer, cuando el granjero regresó, el carpintero había terminado con su trabajo. El granjero quedó, perplejo con lo que vio. No había ninguna cerca de dos metros; en su lugar había un puente. Un puente que unía las dos granjas a través del arroyo. Era una verdadera obra de arte. En ese momento, su hermano menor, vino desde su granja, cruzando el puente, abrazó a su hermano, con los ojos llenos de lágrimas, le dijo: Eres un gran hombre, por construir este hermoso puente después de lo que te he hecho, gracias y perdóname. En silencio el carpintero guardó las herramientas y se dispuso a marchar, cuando Luis, el hermano que le había contratado grito: ¡No te vayas espera!, quédate, tengo muchos proyectos para ti. -Me gustaría quedarme dijo el carpintero, pero tengo muchos puentes por construir. “Dios y el hombre estaban separados por un abismo, pero como el carpintero, Jesucristo en la cruz se ofreció como puente. Tú no tienes que hacer nada, el puente ya está ahí. Crúzalo y podrás recibir el abrazo restaurador de Dios” De padre a Hijo Querido hijo, El día que me veas mayor y que ya no sea el que era, ten paciencia y procura entenderme. Cuando no pueda comer por mí mismo y me ensucie; cuando no pueda vestirme bien, ten paciencia. Recuerda las horas que pasé enseñándote a comer y vestirte. Si cuando hable contigo, te repito las mismas cosas vez tras vez, no me interrumpas y escúchame. Cuando eras pequeño, a la hora de dormir te tuve que explicar vez tras vez los mismos cuentos hasta que te quedabas dormido. No me avergüences ni me riñas, cuando no quiera ducharme. Acuérdate de las veces que tuve que perseguirte y las historias que tenía que inventar para que quisieras bañarte. Cuando veas mi ignorancia sobre las nuevas tecnologías, no te burles, dame tiempo y ayúdame a entender. ¿Recuerdas cuando empezaste a ir a la escuela? Te enseñé a hacer tantas cosas. Te ayudé a entender tantas cosas. Y sobre todo a saber como afrontar la vida. Muchas de las cosas que has aprendido en tu vida, son resultado del esfuerzo y la perseverancia de los dos. Cuando en algún momento pierda la memoria o el hilo de nuestra conversación, dame el tiempo necesario para recordar. Y si no puedo hacerlo, no te pongas nervioso, seguro que lo más importante no era mi conversación y lo único que quería era estar contigo y que me escucharas. Si alguna vez no quiero comer, no me obligues. Conozco bien cuando lo necesito y cuando no. Cuando mis piernas cansadas no me dejen caminar, tiéndeme tu mano, de la misma manera que yo lo hice cuando tu dabas tus primeros pasos. Y si algún día te digo que ya no quiero vivir, que quiero morir, no te enfades. Algún día entenderás que esto no tiene nada que ver contigo, ni con tu amor, ni con el mío. Intenta entender que a esa edad, ya no se está tan aferrado a la vida y el pensamiento y la voluntad están más cerca del cielo. Algún día descubrirás que pese a mis errores, siempre quise lo mejor para ti y que intenté preparar el camino que tú debías recorrer. No debes sentirte triste, enfadado o impotente por verme de esa manera. Sólo debes estar a mi lado, intentar comprenderme y ayudarme como yo lo hice por ti. En ese momento, te tocará a ti acompañarme en mi duro caminar. Ayúdame al final de mi camino, con tu amor y paciencia. Yo te pagaré con una sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido. Te quiero hijo. Tu padre Despedida En una ocasión, escuché la conversación de un padre y su hija momentos antes de separarse. Se anunciaba la salida del vuelo que ella iba a tomar y junto a la puerta la escuché decir: Papá, nuestra vida juntos ha sido suficiente. Tú me has dado siempre el amor que necesité. Hija, te deseo lo suficiente, respondió el padre. Se besaron y ella partió. Él, caminó hacia donde yo estaba sentado. Se quedó ahí mirando por la ventana, pero sin mirar. Era evidente que quería y necesitaba llorar. Intenté no ser un intruso en su privacidad, pero él me preguntó: ¿alguna vez dijo adiós sabiendo que será para siempre? -Sí, lo he hecho-, respondí. Le pregunté: ¿por qué piensa que es un adiós para siempre? -Soy viejo y ella vive muy lejos y sinceramente, creo que su próximo viaje de regreso será para mi funeral-, dijo. -Cuando le decía adiós le escuché decir: Te deseo lo suficiente, ¿qué significa? Comenzó a sonreír... -Esa es una frase que se ha dicho en nuestra familia, de generación en generación. Mis padres se lo decían a cualquier persona-. Hizo una pausa por un momento y continuó, diciéndome: Cuando nosotros decimos "Te deseo lo Suficiente", estamos deseándole a la otra persona que tenga una vida llena de suficientes cosas buenas que lo sostengan y continuó recitando lo siguiente: Te deseo el suficiente sol para mantener tu actitud brillante… Te deseo la suficiente lluvia para apreciar más el sol… Te deseo la suficiente felicidad para mantener tu espíritu vivo… Te deseo el suficiente dolor para que los pequeños placeres de la vida parezcan más grandes… Te deseo la suficiente ganancia para satisfacer tus deseos… Te deseo la suficiente pérdida para apreciar todo lo que posees… Te deseo los suficientes "holas" para que te lleven a través del "adiós final"... Te deseo la suficiente bendición de Dios, para que sea todo lo suficiente que necesites… Cuenta la historia que todos los fines de año, en Irlanda, brindan deseándose lo siguiente, que tengas: Suficiente felicidad para mantenerte dulce… Suficientes problemas para mantenerte fuerte… Suficientes pruebas para mantenerte en armonía… Suficientes esperanzas para mantenerte feliz… Suficientes fracasos para mantenerte humilde… Suficientes éxitos para mantenerte ansioso… Suficientes amigos para darte consuelo… Suficiente fortuna para cubrir tus necesidades… Suficiente entusiasmo para mirar hacia delante… Suficiente fe para desterrar las depresiones… Suficiente determinación para hacer que hoy sea mejor que ayer. Texto sacado de los libros reflexiones para el alma de Jose Luis Pietro

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5 Reflexiones para el alma parte3
5 Reflexiones para el alma parte3
Salud BienestarporAnónimo11/15/2010

Historias de vida, pensamientos para enfrentar problemas, fortalecer el alma y el espíritu, un dulce maná de reflexiones para hacer de la realidad un sueño. Más que un anillo de compromiso Un muchacho entró con paso firme a la joyería y pidió que le mostraran el mejor anillo de compromiso que tuvieran. El joyero le mostró una hermosa piedra solitaria que brillaba como un pequeño sol resplandeciente. El muchacho contempló el anillo, preguntó el precio y con una sonrisa se dispuso a pagarlo. -¿Se va usted a casar pronto? Preguntó el joyero. -¡No!, respondió el muchacho, ni siquiera tengo novia. Es para mi mamá, dijo el muchacho. Cuando yo iba a nacer estuvo sola; alguien le aconsejó que se hiciera un aborto, así se evitaría problemas. Pero ella se negó y me regaló la vida que hoy puedo disfrutar. Fue padre y madre. Amiga, hermana y maestra. Me hizo ser lo que soy. Ahora que puedo le compro este anillo de compromiso. Ella nunca tuvo uno. Yo se lo doy como promesa de que si ella hizo todo por mí, ahora yo haré todo por ella. El joyero, sorprendido, no dijo nada. Solamente ordenó a su cajera que hiciera al joven el descuento especial que sólo se hace a los clientes importantes. Reflexión: Tenemos casas más grandes, pero familias más chicas. Tenemos más compromisos, pero menos tiempo. Tenemos más medicinas, pero menos salud. Hemos multiplicado nuestras fortunas, pero interiormente estamos vacíos. Hablamos mucho, amamos poco y odiamos demasiado. Hemos llegado a la luna y regresamos, pero tenemos problemas para cruzar la calle y conocer a nuestro vecino. Hemos conquistado el espacio exterior pero no el interior. Tenemos mayores ingresos, pero menos moral y felicidad. Estos son tiempos con más libertad, pero menos alegría. Con más comida, pero menos nutrición. Son días en los que llegan dos sueldos a casa, pero aumentan los divorcios. Son tiempos de casas más lindas, pero más hogares rotos. Por eso, siéntate en la terraza y admira la vista sin fijarte en las malas hierbas; pasa más tiempo con tu familia y con tus amigos en el campo, en la playa; come tu comida preferida; visita los sitios que te gustan. La vida es una sucesión de momentos para disfrutar, no es sólo para sobrevivir. Escribamos aquella carta que pensábamos escribir. Digamos hoy a nuestros familiares y amigos cuánto los queremos. No retrases nada que agregue alegría y felicidad a tu vida. Cada día, hora y minuto pueden ser especiales. Los verdaderos milagros Tres personas iban caminando por el bosque. Uno era un sabio con fama de hacer milagros, otro un poderoso terrateniente del lugar y el tercero, que iba detrás de ellos escuchando la conversación, era un joven estudiante, alumno del sabio. El terrateniente comentó: -Me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa y que eres capaz de hacer milagros. -Soy una persona vieja y cansada... ¿Cómo crees que yo podría hacer milagros?, respondió el sabio. -Me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos. Esos milagros sólo los puede hacer alguien muy poderoso. -¡Ah! ¿Te refieres a eso?, dijo el sabio. -Tú mismo lo has dicho, esos milagros sólo los puede hacer alguien muy poderoso, no un viejo como yo. Esos milagros los hace Dios, yo sólo le pido a Él que le conceda un favor al enfermo, o al ciego; todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo. -Yo quiero tener la misma fe que tú, para poder realizar los milagros que haces. Muéstrame un milagro para poder creer en tu Dios. -¿Volvió a salir el sol esta mañana? preguntó el sabio. -¡Claro que sí!, exclamó el poderoso terrateniente. -Pues ahí tienes el milagro de la luz. -No, yo quiero ver un verdadero milagro, haz que se oculte el sol, saca agua de una piedra, sana a un animal herido tocándole con tu mano. Algo así quiero ver. -¿Quieres un verdadero milagro? ¿No es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos días?". -Sí, fue un varón y es mi primogénito, respondió el terrateniente. -Ahí tienes el segundo milagro, el milagro de la vida. -Sabio, tú no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro. -Fíjate bien, estamos en época de cosecha, ¿No hay trigo dónde hace unos meses sólo había tierra? -Sí, igual que todos los años. -Pues ahí tienes el tercer milagro. -Creo que no me he explicado bien, lo que yo quiero... el sabio le interrumpió. -Te has explicado bien, pero yo ya he hecho todo lo que podía hacer por ti. Si no encontraste lo que buscabas, lamento desilusionarte, pero no puedo hacer más. El poderoso terrateniente se retiró muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba. Cuando el poderoso terrateniente estaba lejos, el sabio se dirigió a la orilla del camino, tomó a un conejo enfermo y herido, sopló sobre él y sus heridas quedaron curadas; el joven estaba algo desconcertado. El joven dijo: Maestro, te he visto hacer milagros como éste casi todos los días, ¿Por qué te negaste a mostrarle uno al caballero?, ¿Por qué lo haces ahora que no puede verlo? -Lo que él buscaba no era un milagro, era un espectáculo. Le mostré tres milagros y no pudo apreciarlos. Para ser maestro, primero hay que ser alumno. “No puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día. El día que aprendas a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas más milagros que los que Dios te da todos los días sin que tú se los hayas pedido” El más Fuerte Un día, la piedra dijo: ¡Soy la más fuerte! Oyendo eso, el hierro dijo: Yo soy más fuerte que tú. ¿Quieres verlo? Los dos lucharon hasta que la piedra se convirtió en polvo. -¿Ves como yo soy más fuerte, dijo el hierro? Oyendo eso, el fuego dijo: Te equivocas, yo soy más fuerte que tú. ¿Quieres verlo? El hierro y el fuego lucharon hasta que el hierro se derritió. El fuego, dijo con orgullo, yo soy el más fuerte. Pero el agua le escuchó y dijo: Yo soy más fuerte que tú. ¿Quieres verlo? Los dos lucharon hasta que el fuego se apagó. Y el agua, dijo: Yo sí que soy fuerte. Oyendo eso, la nube dijo: Yo soy más fuerte que tú. ¿Quieres verlo? Y lucharon hasta que la nube hizo evaporar al agua. La nube, dijo: Yo soy la más fuerte. Pero el viento que los vio luchar y oyó el comentario de la nube, dijo: Yo soy más fuerte que tú. ¿Quieres verlo? Entonces los dos lucharon hasta que el viento sopló y la nube se esfumó. Entonces el viento, dijo: Yo soy el fuerte. Pero los montes le dijeron: Somos más fuertes que tú. ¿Quieres verlo? Lucharon hasta que el viento quedó atrapado entre los montes y éstos dijeron: Somos fuertes. En ese momento apareció un hombre y dijo: Yo soy más fuerte que ustedes. ¿Quieren verlo? Entonces el hombre, haciendo uso de su inteligencia, perforó los montes y liberó al viento, acabando así con el poder de los montes. Satisfecho el hombre dijo: Yo soy la criatura más fuerte que existe. Pero justo en este instante vino la muerte, y el hombre que se creía inteligente y lo suficientemente fuerte, con apenas un golpe, desapareció. La muerte todavía estaba de fiesta por su hazaña, cuando, de pronto, apareció otro hombre en escena. La muerte también acabó con él, pero a los tres días de su muerte, resucitó, venciendo de esta manera a la muerte. Ese Hombre es JESÚS, el Hijo de Dios. (No marca el acento en Jesús) Si conoces a alguien que sea más poderoso que ÉL, borra de tu mente este mensaje, pero si no, hazlo comunícalo a todas las personas que conoces. Jesús te dice: “Yo soy el que da la vida y el que hace que muertos vuelvan a vivir. Quien pone su confianza en mí, aunque muera, vivirá. Los que todavía viven y confían en mí, nunca morirán para siempre ¿Puedes creer esto?” Juan 11: 25-26 Él sabe lo que hace Se cuenta que en Inglaterra, había una pareja a la que le gustaba visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Una de sus favoritas era la de antigüedades y en una de sus visitas encontraron una hermosa tacita. -¿Me permite ver esa taza?, preguntó la Señora, ¡nunca he visto nada tan fino! En cuanto tuvo en sus manos la taza, ésta comenzó a hablarle: Yo no siempre he sido esta taza que estás sosteniendo. Hace mucho tiempo yo era sólo un montón de barro sin forma. Mi creador me tomó entre sus manos y me amoldó cariñosamente. Llegó un momento en que me desesperé y le grité: Por favor, déjame en paz. Pero sólo me sonrió y me dijo: Aguanta un poco más, todavía no he terminado. Después me puso en un horno. Yo nunca había sentido tanto calor. Me pregunté por qué mi creador quería quemarme, así que toqué la puerta del horno y a través de la ventana del horno pude leer los labios de mi creador que me decía: Aguanta un poco más, todavía no he terminado. Finalmente, mi creador me tomó y me puso en una repisa para que me enfriara. Así está mucho mejor, me dije a mí misma; pero apenas me había enfriado un poco, ya me estaba cepillando y pintando. El olor de la pintura era horrible. Sentía que me ahogaba. Por favor detente gritaba yo, pero mi creador sólo movía la cabeza haciendo un gesto negativo y decía: Aguanta un poco más, todavía no he terminado. Por último dejó de pintarme, pero otra vez me metió a otro horno. No era un horno como el anterior, sino que era mucho más caliente. Estaba segura que me sofocaría y que acabaría rompiéndome en mil pedazos, le rogué y le imploré que me sacara, grité, lloré, pero mi creador sólo me miraba diciendo: Aguanta un poco más, todavía no he terminado. Después de una hora de haber salido del segundo horno, me dio un espejo y me dijo: Mírate, ésta eres tú. Yo no podía creerlo, esa no podía ser yo. Lo que veía era realmente hermoso. Mi creador nuevamente me dijo: Yo sé que te dolió todo este proceso, pero si te hubiera dejado como estabas, sólo serías un trozo de barro seco. Sé que te causó mucho y dolor, que los gases de la pintura te causaron mucha molestia, pero de no haberte pintado no tendrías color. Y si yo no te hubiera puesto en el segundo horno, no hubieras sobrevivido mucho tiempo, porque tu dureza no habría sido lo suficiente para resistir. Ahora eres un producto terminado, eres exactamente lo que tenía en mi mente cuando te comencé a formar. “Dios sabe lo que está haciendo con cada uno de nosotros. Él es el artesano y nosotros somos el barro con el cual trabaja. Él nos amolda y nos da forma para que lleguemos a ser una pieza perfecta y podamos cumplir con Su voluntad” Romanos 8: 28 Y 29 El mago y el ratón Era un extraordinario y famoso mago. Un día, mientras paseaba vio a un ratoncito y se le ocurrió hacer algo realmente importante con él. Se dirigió entonces al frágil ratoncito y le dijo: -Has pasado por mi camino y me ha cautivado tu fragilidad, así que ya no serás más un ratón, te voy a convertir en la más bella de las mujeres, la más habilidosa y la más llena de todas las virtudes. Y al instante se convirtió, en una bella doncella. -Ahora ¿qué deseas?, pídeme lo que quieras. Le dijo el mago. La doncella, le respondió: -Quiero casarme con el ser más poderoso del mundo. Muy bien, dijo el mago: -Te casarás con el Sol, él es quién da luz y calor a todo el planeta. Pero entonces intervino el Sol y dijo: -No soy tan poderoso, piensa que unas cuantas nubes pueden cubrirme y ocultar mi luz y mi calor. EL mago reflexionó y dijo: -Es cierto, entonces, te casaras con las Nubes que son capaces de dejar sin luz y calor al Sol y que nos dan la lluvia tan indispensable para la vida. Pero las Nubes respondieron: -No es tanta nuestra fuerza o importancia, ya que el viento nos lleva de un lado al otro, a su antojo. Nuevamente el mago, dijo: -Es cierto, te casaremos con el Viento. Pero el Viento que estaba oyendo la conversación, dijo: -Yo no tengo tanto poder como pensáis. Una montaña puede detenerme e impedirme que pase al otro lado y solo puedo quedarme donde ella decida. El mago se quedó razonando nuevamente: -Entonces te casarás con la Montaña, nadie la podrá mover. Pero la montaña, respondió: -Yo no soy la más poderosa de la tierra. Date cuenta que un simple ratoncito puede excavar y roer donde más le gusta y hacer su madriguera dentro de mí. Después de escuchar al Sol, las Nubes, el Viento y la Montaña el mago sin decir ni una sola palabra convirtió a la bella mujer nuevamente en un ratoncito. El ratoncito viendo el mago alejarse comprendió que: "Nadie es más fuerte y nadie es mejor, Dios creo todo lo que existe de acuerdo a un plan divino desde la eternidad y ordenó todas las cosas en su lugar. Cada uno de nosotros somos parte de un plan estratégicamente diseñado, tanto el ratoncito, como tu y yo somos sumamente importantes para que todo se cumpla según su propósito” Texto sacado de los libros Reflexiones para el alma de jose luis pietro

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5 Reflexiones para el alma parte1
5 Reflexiones para el alma parte1
Salud BienestarporAnónimo11/9/2010

Historias de vida, pensamientos para enfrentar problemas, fortalecer el alma y el espíritu, un dulce maná de reflexiones para hacer de la realidad un sueño. El Conserje y el Presidente Había una vez un conserje que trabajó para la misma empresa durante cuarenta años. Jamás ascendió de puesto. Siempre fue el conserje y nunca tuvo a nadie a sus órdenes. Nunca pudo comprar un automóvil, ni una casa para su familia. Era un buen conserje. Se esmeraba por mantener en perfectas condiciones la entrada del edificio. Los objetos de metal relucían, las ventanas estaban impecables, las alfombras nunca se veían sucias. Además siempre tenía una sonrisa y palabras alentadoras para sus compañeros de trabajo. Durante todos los años que trabajó en esa empresa, nadie lo oyó quejarse. Las personas le preguntaban: ¿Por qué trabajas tanto? A lo que el conserje respondía: Mira mi trabajo, no sólo lo hago para los demás, lo hago como si lo hiciera para Jesús. Él es mi mejor amigo, lo amo y quiero hacer lo mejor para Él. Es lo menos que puedo hacer por alguien que dio su vida por mí. Algunos se reían y seguían su camino. Otros le preguntaban, extrañados: ¿Jesús, tu amigo? ¿Cómo puede ser Él tu amigo? Si ni siquiera se lo ve. El conserje, sin mediar palabra, respondía con una sonrisa, todos percibían un gran amor que se reflejaba a través de sus ojos cuando les contaba a sus compañeros como era su relación con Jesús. Nunca estaba demasiado ocupado o cansado para hablar del amor del Señor en su vida. En la misma empresa comenzó a trabajar al mismo tiempo que el conserje, otro hombre. Era un prestigioso profesional que fue ascendiendo, hasta llegar a ser vendedor, llegó a ser el mejor de su departamento. En un tiempo récord se convirtió en gerente de ventas, luego en gerente regional, después vicepresidente y finalmente, en el más joven presidente que había tenido la compañía. Estando a su cargo la empresa se expandió hasta llegar a ser líder internacional y bajo su dirección la compañía adquirió otras empresas que prosperaron muy rápidamente. En vista de sus evidentes aptitudes, talento y éxitos, con frecuencia le pedían que diera conferencias. Incluso lo visitaban ejecutivos y directivos de otras empresas para preguntarle el motivo de su éxito. Siempre daba la misma respuesta: En este país las oportunidades son ilimitadas, he puesto mucho esfuerzo, empeño y sobre todo he trabajado muchísimo. Lo que yo logré, ustedes también pueden hacerlo si lo creen posible. Al cabo de los años lo eligieron miembro del consejo rector de su antigua universidad y era un respetado miembro en la iglesia a la que asistía los domingos con su familia. Pero cada lunes, cuando su actividad comenzaba, se olvidaba de los sermones, que lo inspiraban a estar más cerca de Dios y de su familia, que del trabajo y los negocios y con el tiempo los negocios, las conferencias y toda actividad relacionada con su profesión, llegaron a ser su prioridad. Cuando llegó el momento, tras una larga y exitosa trayectoria y en medio de la admiración de las personas que lo conocían y rodeaban en sus negocios, se retiró. Curiosamente, los dos hombres, el conserje y el ejecutivo fallecieron el mismo día y cada uno compareció ante Dios para dar cuenta de lo realizado en sus vidas. El ejecutivo fue el primero. Dios le puso la mano en el hombro y le dijo: Has empleado bien tu vida. Te di inteligencia y oportunidades. Has trabajado mucho y aprovechado cuanto te puse delante. Tus logros son muchos. Sin embargo, debes dejar atrás todo lo que construiste. Tus casas y automóviles, tus empresas y tus actividades eran algo bueno, pero no son parte de mi Reino. Aquí no hace falta tu dinero. Has trabajado mucho, pero de forma imprudente, porque ganaste lo material, pero dejaste de lado muchas cosas importantes. El conserje estaba a corta distancia, observaba con humildad, temor y asombro. Si el Señor no elogiaba a todo un prestigioso profesional, ¿qué podría esperar un simple conserje? Estaba cabizbajo y por sus mejillas rodaban algunas lágrimas. De pronto, Jesús le puso una mano sobre el hombro y le dijo: Levanta tu cabeza y mírame a los ojos. El conserje obedeció y así por primera vez pudo ver el rostro de la persona que más amaba en el mundo. Con una sonrisa Jesús le dijo: Date la vuelta y mira. No podía entender lo que veía, una multitud se le acercaba y sus rostros reflejaban un amor y un gozo que jamás había visto. Miró a Jesús, y le dijo: Señor, sólo reconozco a unos pocos ¿Quiénes son los otros? Jesús le dijo: Los que reconoces son personas a las que les hablaste de mi amor. Los otros son personas que escucharon hablar de mi amor, pero no a través de ti, sino a través de las palabras de aquellos a quienes tú habías hablado. Todos ellos han venido a darte las gracias. Ve junto a ellos y disfruta del gozo que he preparado para todos aquellos que obedecieron mi palabra. A poca distancia, un coro de ángeles cantaba mientras el conserje y sus amigos, con una alegría inexplicable, disfrutaban de las maravillas que les había preparado el Señor. Los dos hombres tuvieron las mismas oportunidades. Uno dedicó su vida a los negocios, con el fin de ser millonario; el otro, puso su vista en las cosas del Señor, vivió sin importarle lo material. Su amor a Dios y al prójimo, fue su prioridad, por lo que se hizo rico y almacenó su fortuna en el banco de Dios. La fortuna del ejecutivo fue temporal, la del conserje fue eterna. ¿A cuál de los dos hombres quieres imitar? La decisión es tuya. Latif Latif era el hombre más pobre de la aldea. Cada noche dormía donde podía, bajo un improvisado techo o bien frente a la plaza del pueblo. Cada día se recostaba debajo de un árbol, con la mano extendida y la mirada perdida esperando que algún transeúnte le dejara una minima limosna y solo comía de lo que la gente del pueblo le traían. Sin embargo, a pesar de su aspecto y de su forma de vida, Latif por ser anciano era considerado como el hombre más sabio del pueblo. Una mañana el rey rodeado por sus guardias apareció en la plaza, caminaba entre los puestos con el deseo de hacer algunas compras y de repente tropezó con Latif, que dormía a la sombra de una encina. Alguien le dijo al Rey que Latif era el hombre más pobre del pueblo, pero que era muy respetado por su sabiduría. El rey se acercó al mendigo y le dijo: -Si me contestas una pregunta te doy esta moneda de oro. Latif lo miró, despectivamente, y le dijo: - No hace falta, puedes quedarte con tu moneda, para qué la querría yo. Dime, ¿cuál es tu pregunta? Había un problema que el rey no podía solucionar y hacía varios días que lo angustiaba. Un problema de bienes y recursos que sus analistas no habían podido solucionar. La repuesta de Latif fue justa y creativa. El rey se sorprendió dejó la moneda de oro a sus pies y se fue meditando sobre lo sucedido. Al día siguiente el rey volvió a ver a Lafit, este como de costumbre descansaba, debajo de un árbol. Otra vez el rey hizo otra pregunta, a lo que Latif la respondió sabiamente. El soberano volvió a sorprenderse de tanta sabiduría. Se sentó en el suelo frente a Latif, y le dijo: -Querido amigo te necesito a mi lado, estoy agobiado por las decisiones que como rey debo tomar. No quiero perjudicar a mi pueblo y tampoco ser un mal soberano. Te pido que vengas al palacio y seas mi asesor. Te prometo que no te faltara nada, y serás respetado. Después de pensar unos minutos, aceptó la propuesta del rey. Esa misma tarde llegó Latif al palacio, en donde inmediatamente le fue asignado un lujoso cuarto a escasos metros de la alcoba real. En la habitación, una tina llena de agua tibia con esencias lo esperaba. Durante las siguientes semanas las consultas del rey se hicieron habituales. Todos los días y a cualquier hora, el monarca mandaba llamar a su nuevo asesor para consultarle sobre los problemas del reino, sobre su propia vida o sobre sus dudas espirituales. Latif siempre contestaba con claridad y precisión. El recién llegado se transformó en el interlocutor favorito del rey. En poco tiempo ya no había decisión o asunto que el monarca no consultara con su preciado asesor. Esto desencadenó los celos de todos los cortesanos que veían en el mendigo una amenaza para su propia influencia y un perjuicio para sus intereses. Un día todos los demás asesores pidieron audiencia al rey. -Tu amigo Latif, como tú llamas, está conspirando para derrocarte, dijo uno de ellos. -No puede ser, dijo el rey. No lo creo. -Puedes confirmarlo tu mismo, dijeron otros. Todos los días a las cinco de la tarde, Latif se escabulle del palacio hasta llegar a un cuarto donde se reúne a escondidas, no sabemos con quién. Le hemos preguntado a dónde iba y ha contestado con evasivas. Esa actitud terminó de alertarnos sobre su conspiración. El rey se sintió defraudado y dolido. Debía confirmar esas versiones. Esa tarde en el horario previsto, lo aguardaba oculto en el recodo de una escalera. Desde allí vio cómo, Latif llegaba a la puerta, miraba hacia los lados, asegurándose de que nadie lo viera, abría la puerta y se escabullía sigilosamente dentro del cuarto. Seguido de su guardia personal el monarca golpeó la puerta. -¿Quién es? Dijo Latif. -Soy yo, el rey, dijo el soberano. Ábreme la puerta. Latif abrió la puerta. No había nadie allí. Ninguna puerta, o ventana, ninguna puerta secreta, ningún mueble que permitiera ocultar a alguien. Sólo había en el piso un plato de madera desgastado, en un rincón una vara de caminante y en el centro de la pieza una túnica raída colgando de un gancho en el techo. -¿Estás conspirando contra mi Latif? Pregunto el rey. -¿Cómo se le ocurre, majestad? Contesto Latif. De ninguna manera, ¿Por qué lo haría? -Vienes aquí cada tarde en secreto. ¿Qué es lo que haces aquí? ¿Para qué vienes a este deplorable cuarto en secreto? Latif sonrió y se acercó a la túnica rotosa y mal oliente que pendía del techo. La acarició y le dijo al rey: -Hace sólo seis meses cuando llegué, lo único que tenía eran esta túnica, este plato y esta vara de madera. Ahora me siento tan cómodo con la ropa que visto, es tan confortable la cama en la que duermo, es tan halagador el respeto que me das y tan fascinante el poder que regala mi lugar a tu lado, que vengo cada día para estar seguro de no olvidarme de quién soy y de dónde vine. “Nunca debemos olvidar quienes somos y de donde venimos, en cierto aspecto la vida se puede transformar en un bumerang podemos regresar siempre al mismo lugar” El Tazón del Abuelo El abuelo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años. Sus manos temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban. El abuelo y su familia se reunían todos los días para comer; pero sus manos temblorosas y la vista enferma le causaban dificultades para alimentarse. La comida caía de su cuchara al suelo y, cuando intentaba tomar el vaso, derramaba el contenido sobre el mantel. El hijo y su esposa se cansaron de la situación. "Tenemos que hacer algo con el abuelo", dijo el hijo. "Ya he tenido suficiente. Derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo". Así que el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor. Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba a la hora de comer. Como el abuelo había roto varios platos, su comida se la servían en un tazón de madera. De vez en cuando, miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver algunas lágrimas sobre su rostro triste, mientras intentaba alimentarse solo. Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida. El niño de cuatro años observaba todo en silencio. Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hijo estaba jugando con unos trozos de madera en el suelo. Le preguntó: "¿Qué estás haciendo, hijo?" Con la misma dulzura el niño le contestó: "Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que cuando sean como el abuelo, yo les pueda servir la comida en ellos. Sonrió y siguió con su tarea. Las palabras del pequeño golpearon muy fuerte a sus padres, quebrantando sus corazones de tal forma que quedaron sin habla. Las lágrimas rodaban por sus mejillas y a pesar de que ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer. Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupó un lugar en la mesa junto a ellos. Y, por alguna razón, el matrimonio no se molestaba más cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel. Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos siempre escuchan y sus mentes procesan todos los mensajes. Si ven que proveemos un hogar feliz para todos los miembros de la familia, ellos imitarán esa actitud por el resto de sus vidas. Los padres y madres deben escucharlos, ya que muchas veces Dios nos quiere llamar la atención o decirnos algo a través de ellos, no seamos orgullosos pensando que sólo son niños, tengamos la suficiente sabiduría para analizar y meditar el mensaje que un niño nos puede dar. Seamos constructores sabios y modelos a seguir. He aprendido que la actitud y las palabras de un niño, pueden cambiar una vida. He aprendido que aún tengo mucho que aprender. "Cuando derramas amor, las personas que lo reciben jamás olvidarán lo que les hiciste sentir” y habrás logrado lo más hermoso: la sonrisa y la aprobación de Dios” La bailarina Una joven había tomado clases de ballet durante toda su infancia, y había llegado el momento en que se sentía lista para convertir su afición en profesión. Deseaba llegar a ser una primera bailarina y quería comprobar si poseía las cualidades necesarias, de manera que, cuando llegó a su ciudad, una gran compañía de danza fue al teatro y habló con el director. -Quisiera llegar a ser una gran bailarina-, le dijo, -pero no sé si tengo el talento necesario o qué me hace falta para conseguirlo-. -Hazme una demostración, le dijo el director. Pero apenas había bailado unos segundos, la interrumpió, moviendo la cabeza en señal de desaprobación-. -No, usted no tiene las condiciones necesarias-, le dijo. La joven llegó a su casa con el corazón desgarrado, arrojó las zapatillas de baile en lo más profundo de un armario y no volvió a calzarlas nunca más. Se casó, tuvo hijos y cuando se hicieron un poco mayores, empezó a trabajar como cajera en un supermercado. Años después asistió a una función de ballet y a la salida se topó con el viejo director, ella lo saludó y le recordó la charla que habían tenido años antes, le mostró fotografías de sus hijos y le comentó de su trabajo en el supermercado, pero al final, antes de despedirse, le preguntó. -¿Cómo pudo usted saber tan rápido que yo no tenía condiciones de bailarina? -¡Ahhh! apenas la miré cuando usted bailó delante de mí, simplemente le dije lo que siempre le digo a todas, le contestó. -¡Pero eso es imperdonable! exclamó ella, ¡usted arruinó mi vida, pude haber llegado a ser primera bailarina! -No lo creo, repuso el viejo maestro. Si hubieras tenido las dotes necesarias y una verdadera vocación para bailar, no habrías prestado ninguna atención a mi comentario. “Sin duda, si te crees perdido, estás perdido y si crees que no puedes, no podrás. Si quieres hacer algo pero lo crees imposible, no creo que triunfes jamás. En la vida no sólo el valiente o el veloz triunfa, al final el que vence es el que cree que es posible” “¿Puedes confiar en Dios? Para el que confía en Él, todo es posible” Marcos 9:23 “Cristo me da fuerzas para enfrentarme a toda clase de situaciones” Filipenses 4:13 Un mal día Su esposa se lo había dicho antes de salir de casa, tenía un extraño presentimiento. Querido, hoy no va a ser un buen día, sería mejor que te quedaras en la cama descansando. Su esposo convivía con el peligro y la muerte, cualquier día podía ser el último que lo viera con vida. Y a sí fue, ese día detuvieron a su esposo. -"No debiste haberte casado con él, nunca fue un buen hombre", le dijo su madre, hoy estás pagando las consecuencias de una mala elección. Ella ya lo sabía, pero eso no impedía ni disminuía el amor que sentía por él. Su esposo era un ladrón y lo acababan de apresar. No la asustaba que estuviese preso, ya había pasado por esa situación antes. Lo dramático era que esta vez no habría misericordia del juez y la sentencia era inapelable. La condena que solicitaba el fiscal a un tribunal con sed de justicia, era de muerte y no una muerte cualquiera, sino muerte de cruz. La mujer que tanto amaba a su esposo no dejaba de darle vueltas en su cabeza. Tal vez lo perdieron las malas compañías, reflexionó mientras recorría la calle principal, porque su socio en las andadas, también sería crucificado junto con él. De todos modos ya no importa buscar culpables, lo cierto es que su esposo iba a terminar como ella había soñado y temido tantas veces. Iba a morir de la peor de las muertes, la más humillante, la más cruel y atroz. La mujer no pudo despedirse de su amado, para los ladrones no hay privilegios, ni concesiones. No hay piedad, ni un último deseo para los condenados al madero. En el horizonte se divisan tres cruces, la de su esposo, la de su compañero y la de un desconocido. Ella reconoce a su marido y al otro ladrón, pero le resta importancia al tercero; quizás sea otro que deje a otra viuda en el olvido y la desgracia. El cuadro es estremecedor. No la culpen a ella por no llorar, ya había gastado todas sus lágrimas en una vida miserable junto a quien le prometió amor eterno y ahora cuelga de una cruz. No quiere mirar a su esposo, está allí, prefiere recordarlo de otra manera. El otro de los ladrones insulta al desconocido de la cruz que estaba entre los dos. Y una voz conocida, pero imperceptible, pronuncia algunas débiles palabras. "Acuérdate de mi, cuando vengas en tu reino" Era la inconfundible voz de su esposo, sin duda, hablándole al desconocido. "Hoy estarás conmigo en el paraíso", le responde, como si en su condición pudiese prometer algo. La mujer levanta la vista por primera vez. Tal vez para mirar a los ojos de su esposo una última vez o tal vez para entender el diálogo tan extraño que acaba de oír. El socio de su esposo acaba de morir. El desconocido parece realmente un inocente que paga por algo que jamás cometió y su esposo sonríe. No tendría porqué hacerlo, no hay razones. Hizo de su vida un mundo miserable y está colgando de una cruz frente a miles de ciudadanos que claman justicia. Pero el ladrón se encuentra con la mirada de su esposa y le sonríe. Es como un último gesto queriéndole decir que todo estará bien, a pesar de todo. La mujer no entendió bien el diálogo de los condenados, pero presiente que algo había cambiado. Algo debe haber ocurrido allí en lo alto de aquellas cruces, porque de pronto empieza a pensar que su esposo finalmente encontró algo distinto. Su esposo cuelga de un madero, pero inexplicablemente, irracionalmente, sonríe. Ella le devuelve el gesto en silencio, ese que sólo pueden interpretar los que se han amado de verdad. Sabe que no puede implorar justicia y mucho menos misericordia y que su esposo está pagando por robos y crímenes cometidos durante muchos años. Pero ahora, la última sonrisa de su esposo le devuelve la calma. Por la sonrisa que se dibuja en su rostro no parece estar sufriendo en una cruz, al contrario, parece estar lleno de gozo y felicidad. Por la vida que llevó durante tantos años, no merecía ningún tipo de contemplación, ni de perdón, ni siquiera una digna sepultura. Pero alguien, tan condenado como él, le prometió el paraíso. Su esposo se había encontrado con la gracia en el minuto final, segundos antes de la muerte. Ese, no iba a ser un buen día y evidentemente no existía la posibilidad de que terminara bien. Su esposo ha dejado de respirar, pero nadie se explica por qué sonríe y ella sólo puede reflexionar: Si para llegar al paraíso tenía que pasar por la cruz, valió la pena haberse levantado. Jesucristo a través de su gracia y misericordia, espera tu decisión hasta tu último suspiro. Es posible que hayas tenido una vida llena de pecado, quizás has robado, asesinado, no importa. La Ley siempre te condenará, entre otras cosas, porque eres culpable, pero Jesucristo te está esperando para que puedas experimentar Su perdón, misericordia y amor incondicional. “Te aconsejo que no esperes a estar en una situación tan comprometida como el protagonista de esta historia” Texto sacado de los libros reflexiones para el alma de Jose Luis Pietro

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El dar engendra el recibir
Salud BienestarporAnónimo11/28/2011

Este post es aporte, solo debes leer y reflexionar Nada mas!!! Una buena Lección Un estudiante universitario y su profesor salieron a dar un paseo, los alumnos además de un buen maestro, lo consideraban un buen amigo. Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que estaba trabajando en un campo cercano. El alumno le dijo al profesor: ¿Por qué no escondemos los zapatos y nos ocultamos detrás de esos arbustos para ver cómo reacciona el hombre cuando no los encuentre? -Mi querido amigo, respondió el profesor, nunca tenemos que divertirnos a expensas de las personas humildes. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre, coloca una moneda de plata en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre. Eso hizo y ambos se ocultaron. El hombre, terminó sus tareas y vino en busca de sus zapatos y su abrigo. Pero al deslizar el pie en el zapato, sintió que había algo dentro y se encontró la moneda. Asombrado, miró a su alrededor y la guardó en el bolsillo. Al ponerse el otro zapato, no podía creerlo, había otra moneda. Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantando su vista al cielo agradeció a Dios por esa mano desconocida, que le había dejado el dinero suficiente para comprar medicamentos para su esposa enferma y alimentos para sus hijos. El estudiante quedó profundamente impactado por lo que escuchaba del anciano y sus ojos se llenaron de lágrimas. El profesor dijo: ¿No estás más complacido que si le hubieras hecho una broma? El joven respondió: Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo lo profundo del significado de la palabra “DAR” "Toda relación es una relación de dar y recibir" El dar engendra el recibir, y el recibir engendra el dar." Cuando das con todo tu corazón, estás destinado a obtener algo a cambio? Sabemos dar sin esperar nada a cambio? Podemos recibir sin sonrojarnos o sentir culpa? Sabemos pedir amorosamente lo que necesitamos? El universo opera por medio de un intercambio dinámico. Dar y recibir son aspectos diferentes del flujo de energía en el universo y si estamos dispuestos a dar aquello que buscamos, mantendremos la abundancia del universo circulando en nuestra vida... Afirmar que la vida es una transacción permanente, quizá sea una visión un tanto cínica, mercantil y, desde luego, escasamente poética, pero se acerca de forma bastante certera a la realidad. Transacción es el trato o negocio comercial, generalmente de compraventa, que se establece entre dos. Damos, y en la medida que lo hacemos, recibimos a cambio. Esto vale para cualquier relación interpersonal; desde un vínculo puramente profesional, hasta otro de carácter sentimental, de vecindad, de amistad y toda conexión que podamos establecer con otra parte. Una especie de "Ley de la reciprocidad" en la que para que todo funcione, se ha de producir un equilibrio entre lo que damos y lo que recibimos. El dar engendra el recibir y el recibir engendra el dar. "Dar y Recibir" son dos aspectos del fluir de la energía del Universo. Esto es tan simple como la idea de que debo dar lo que quiero recibir. Si deseamos alegría, démosles alegría a otros; si deseamos amor, aprendamos a dar amor; si deseamos atención y aprecio, aprendamos a prestar atención y a apreciar a los demás; si deseamos riqueza, ayudemos a otros a conseguir esa riqueza, si deseamos placer, demos placer, en realidad, la manera más fácil de obtener lo que deseamos es ayudar a los demás a conseguir lo que ellos desean La receta no puede ser más simple: ¿Qué quieres conseguir en la vida?, ¿cómo quieres ser tratado?, ¿qué tipo de relación has soñado?, ¿de qué contenido quieres llenar tus horas y días? Cualquier cosa que desees, entrégala antes tú, NO ESPERES NADA A CAMBIO y volverá a ti redoblada. "Todo hombre que te busca, va a pedirte algo. El rico aburrido, la amenidad de tu conversación; el pobre, tu dinero; el triste, un consuelo; el débil, un estímulo; el que lucha, una ayuda moral. Todo hombre va a pedirte algo, ¡Y tú osas impacientarte! ¡Y tú osas pensar: "qué fastidio"!¡Infeliz! La LEY escondida que reparte misteriosamente las excelencias, se ha dignado otorgarte el privilegio de los privilegios, el bien de los bienes, la prerrogativa de las prerrogativas: ¡DAR! ¡Tú puedes DAR! Dejar ir nuestro deseo de obtener una retribución es como construir un templo en nuestro interior en el que la Luz puede aposentarse, permitiéndonos así conectarnos a la realización y a todo lo bueno. En cambio, cuando buscamos qué podemos obtener a cambio, construimos un lugar para que el caos se instale. Esto se convierte en la fuente de todo lo que causa estragos en nuestra vida.

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