NoMolester
Usuario (México)

Relato zombie realista: Holocausto de los muertos Hola, soy NoMolester, creador de Holocausto de los Muertos. Como ya sabrán, nuestra protagonista es una mujer con un instinto de supervivencia insuperable lo que la ha mantenido viva hasta el momento, a pesar de que amigos y conocidos han sucumbido a la hecatombe mundial. En el relato jamás ha mencionado su nombre y pensé que sería buena idea que los lectores la bautisaran y le dieran un nombre. Este es un concurso para bautisar a la protagonista de Holocausto de los Muertos. Si tu nombre gana, así se llamará ella y así se presentará durante su lucha por la supervivencia ante cualquier persona que le pida su nombre. Estas son las reglas para el concurso: - Obviamente ningún nombre ofensivo o irreal como "qwary123". - Tiene que ser un nombre italiano o que sea común en Italia, no puede llamarse Xian-Li o Texcatlipocatl. -Pueden proponer varios nombres, pero debe ser un nombre por comentario, si quieren proponer 3 nombres, deben hacer 3 comentarios. - El nombre debe estar fundamentado, porjemplo, "Propongo Fulanita de Tal porque ella fue una guerrera italiana mediaval que combatió contra un muerto viviente según la leyenda". Se vale decir "Propongo Fulanita deTal porque simplemente me gusta ese nombre y quiero que así se llame" pero obviamente el primer argumento tiene más que ver con la historia y es más original así que tendrá más probabilidades de ganar. Por lo que les recomiendo que investiguen un nombre relacionado con los conceptos de la historia (zombies, holocausto, masacre, virus, apocalipsis, enfermedades, bacterias, etc). - Le voy a dar crédito al ganador (Algo así como "Holocausto de los Muertos por NoMolester, nombre de la protagonista por Fulanito". - Para decidir al ganador simplemente escriban en los comentarios de este post cómo quieren que se llame su protagonista y por qué. El nombre que tenga más manitas arriba ganará. Pueden votar los nombres que sean, no importa, al final gana quien tenga más manos arriba. -Si hay nombre repetidos, sus manitas arriba se sumarán como si fueran uno, porjemplo 5 puntos en un comment + 6 puntos en otro comment = 10 puntos en total para ese nombre. -Si gana un nombre repetido, se le dará el crédito a quien haya propuesto ese nombre primero. - Si quieren que la protagonista se mantenga anónima y sin revelar su nombre escriban "Anónima" en los comentarios o voten los comments que digan "Anónima". Si gana anónima no se le dará crédito a nadie y la protagonista nunca revelará su nombre. Ahora las características de la protagonista, para darles una mejor idea de cómo es ella: -Es pelirroja -Tiene 24 años (aunque en el relato no se menciona) -Levemente alta -Buenas calificaciones -Es italiana -Es de buena familia, sus padres son de clase media casi alta y tienen una casa en Milán y una casa de campo en el río Po. Ahora les dejo una foto que tomó Delia con su celular en el Hospital General antes que se lo requisaran: La muerte está viva...
ÍNDICE Parte 9: http://www.taringa.net/posts/paranormal/16021619/Relato-zombie-realista_-Holocausto-de-los-Muertos-_parte-9_.html (Sigue siendo el día 7) Estaba esperando que hundieran sus dientes en mi carne cuando un centenar de rayos y truenos empezaron a llover por toda la tienda. Abrí los ojos y vi sus dos cadáveres tirados en el suelo infestados de agujeros y boquetes que atravesaban sus cuerpos. Todos los productos de las estanterías estaban regados y las paredes estaban llenas de perforaciones humeantes. Había pasado el convoy justo a tiempo para llenarlos de plomo. Seguramente los habían visto desde la calle y los habían tiroteado al pasar con las calibre 50, yo había salido ilesa por puro milagro al estar acurrucada detrás de una estantería de galletas. Me puse de pie con el corazón todavía galopando pero, para mi desgracia, el empleado de la tienda se empezó a mover y se levantó como si aún tuviera vísceras y como si no le hubiera caído una tonelada de plomo encima, no podía entender como esa cosa no estaba muerta. Salí disparada hacia el automóvil y apenas me dio tiempo de echarme un clavado sobre el asiento del conductor. Al intentar cerrar la puerta de golpe, el empleado logró detenerla con su mano y no la pude cerrar, forcejeamos por unos segundos pero su fuerza era increíble y terminé soltando la puerta y cayendo hacia atrás por la inercia. Él gruñía y rugía envuelto en un frenesí caníbal. Metió su cuerpo en el auto y alcanzó a tomarme de un pie con sus manos, yo ya estaba saliendo por la puerta del otro lado y al sentir el jalón de mi pie caí del carro quedando con la mejilla en el suelo del estacionamiento y la pelvis torcida en el asiento del copiloto. El pánico me desbordó y comencé a gritar y a patalear como loca, por fortuna las patadas incontrolables golpearon al empleado del oxxo e hicieron que me soltara, logré salir del auto arrastrándome y le cerré la puerta en la cara antes que pudiera salirse él también. Comencé a pedir ayuda a gritos pero la ciudad estaba completamente sola y en silencio, ni siquiera ladraban los perros. Un edificio de departamentos enfrente de la calle tenía algunas luces prendidas y me pareció que alguien se asomaba desde una de las ventanas, al pedirle ayuda a gritos la sombra en forma de persona se alejó y la luz de esa ventana se apagó. Bastaron tres golpes para provocarle a la ventanilla del coche una grieta enorme, no golpeaba sólo con sus puños, azotaba todo su cuerpo contra el vidrio salvajemente dejando salpicadas manchas de sangre negruzca. No entendía por qué no salía del auto por la otra puerta que seguía abierta, parecía que el frenesí que sentía al verme nublaba su mente que sólo se concentraba en atacarme directamente, sin rodeos, y despedazar cualquier barrera que se interpusiera entre él y yo. Me alejé varios pasos hacia atrás sin saber qué hacer, no quería tener que regresar al departamento a pie y con la incertidumbre de que me estuviera siguiendo un maldito monstruo desfigurado. El carro me hacía sentir segura al desplazarme por la calle y además estaba cargado con 80 litros de agua purificada. Me escondí detrás de una minivan gris estacionada a unos diez metros del oxxo justo a tiempo para presenciar como reventaba la ventanilla en mil pedazos azotando su cráneo contra ésta. Le bastaron un par de segundos para deslizarse por el agujero y caer al suelo. Cuando se levantó tenía restos de vidrio y silicón incrustados en el rostro. Volteó de inmediato hacia mi posición y comenzó a avanzar hacia mí, yo me moví hacia el otro lado de la minivan pero él se dirigía hacia mí cambiando de dirección con la precisión de un misil. Esquivándolo como si se tratase de un juego de niños logré interponer la camioneta entre nosotros, cuando intentó rodearla para darme alcance rompí a correr hacia el automóvil con las llaves prestas en la mano, me metí y rápidamente inserté la llave. Esa cosa me venía siguiendo acercándose con un paso aparentemente lento pero sorprendentemente rápido. En cuanto encendió la marcha metí la reversa y aceleré todo lo que pude, por pura suerte el carro no se ahogó pues apreté el pedal con todas mis fuerzas, aunque sí se quejó con un rugido y una bocanada de humo. No me dio tiempo a esquivar al empleado del oxxo y alcanzó a asirse con su mano izquierda de la ventanilla rota del lado del copiloto. Al ver su cara asomándose por la ventana me espanté y di un volantazo equivocado. El auto se desvió del estacionamiento y fue a chocar de lado contra una de las columnas que soportaban el peso del oxxo con sus paredes de vidrio. El golpe fue del lado del copiloto y dejó literalmente embarrado en la columna al empleado que me perseguía. Desafortunadamente su mitad superior que se había asomado por la ventana no quedó embarrada y cayó sobre el asiento del copiloto. Alzó la mirada y comenzó a soltar mordidas y manotazos con el único brazo que le quedaba. No era más que una cabeza, un brazo y un pedazo de omóplato unidos por unas cuantas vértebras que colgaban de su cuello como la cola de un mono. Yo sentí unas ganas inmensas de bajarme del coche y salir corriendo, pero no podía. Intenté abrir la puerta y sacarlo de una patada pero su brazo era suficientemente largo para interceptar mi mano al intentar alcanzar la manija. Estaba pegada a la puerta del conductor lo más posible y apenas me alcanzaba el espacio para esquivar sus manotazos. Tuve que detenerme cuando estuve lo suficientemente lejos de aquel oxxo, bajarme del coche, abrir la puerta por el otro lado, volverme a subir y patearlo hacia afuera desde adentro. Detuve el carro de Delia justo en la entrada del edificio de departamentos, ni siquiera me paré a ver los daños, saqué los cuatro garrafones de agua y me dispuse a abrir la puerta de entrada del edificio. Al principio creí que me había confundido de llaves, pero luego me percaté de que habían atascado la puerta desde adentro. Me habían dejado fuera. Intenté llamar a los vecinos por el comunicador, pero nadie contestó. Algunas veces se encendía la lucecita verde de la cámara del comunicador indicando que algún vecino la prendía para ver quién tocaba, pero nadie contestaba ni abría a pesar de que les rogaba y les suplicaba, explicándoles que no era portadora. Después de cerca de una hora de estar insistiendo al menos tres veces en cada departamento, comencé a sentir miedo de estar tan vulnerable en medio de la nada y empecé a preocuparme por dónde iba a dormir. Ya se había hecho de noche desde que estaba en el oxxo y tenía la sensación de que no estaba sola. Empecé a sentirme más y más desesperada al punto de estar al borde de un colapso nervioso. Sin saber qué hacer, miré hacia ambos lados de la calle para asegurarme de que no estuviera nadie siguiéndome; como una broma perversa del destino, la sombra de una persona se acercaba tambaleante desde el extremo de la calle hacia mi posición, parecía no haberse percatado aún de mi presencia. Pocos metros más atrás otra sombra que se aproximaba con el equilibrio de un ebrio surgió de entre la oscuridad y lanzó un quejido aletargado. En ese momento la desesperación se adueñó de mi cuerpo. No había a dónde ir. Parte 11: http://www.taringa.net/posts/paranormal/16053609/Relato-zombie-realista_-Holocausto-de-los-Muertos-_parte-11_.html
ÍNDICE Parte 1: http://www.taringa.net/posts/paranormal/15817336/Relato-zombie-realista_-Holocausto-de-los-Muertos-_parte-1_.html Día 4: sábado 19 de enero de 2013 He visto en las noticias que en varias partes de Europa han declarado la ley marcial. He visto las imágenes de los soldats patrullando las calles en vehículos blindados de asalto. ¿Pero por qué sacarían a los soldados a las calles? Es una enfermedad, no una invasión; también he visto que todos los efectivos militares llevan toda clase de trajes anti contaminación, parecen de ciencia ficción. No creo que los disturbios hayan escalado a niveles de guerra civil, sobretodo no en países con un statu quo político tan monolítico como los de la UE. Mis padres me han vuelto a hablar, estaban histéricos, ambos. Me han dicho un montón de cosas fuera de este mundo. Me han preguntado sobre el regreso y les he dicho que no he podido hablar con el consejero de intercambios, que en cuanto se reanuden las clases hablaré con él. Se han puesto furibundos, me han ordenado que “en este mismo instante” tome un vuelo hasta Italia y un taxi hasta la cabaña sin hacer paradas ni interactuar con nadie (a excepción del taxista). Me han dicho que tengo poco tiempo, que el congreso se ha reunido en un cónclave y que en pocas horas declararán la ley marcial también en Italia, si declaran la ley marcial antes de que llegue, van a instaurar retenes y a prohibir los viajes interprovinciales y no podré verlos. Esto realmente me ha asustado, no puedo creérmelo. Esto debe ser algo más allá que una epidemia. Tal vez los gobiernos estén a punto de comenzar la tercera guerra mundial de forma sorpresiva y sólo estén usando el pretexto de la epidemia para prepararse sin levantar sospechas. No lo sé. Muchas cosas pasan por mi mente y ninguna de ellas vaticina buenas noticias. Ya he buscado en internet y no hay vuelos para hoy (realmente me suponía que esto iba a pasar) así que decidí ir al aeropuerto directamente y preguntar por alguna cancelación de último minuto. Como no tengo carro le he hablado a una amiga mía que vive en el piso justo debajo de mi departamento para que me dé un aventón al aeropuerto. Al llegar ahí nos encontramos con que el complejo aeroportuario estaba completamente cerrado, aunque parecía como si estuviera abandonado pero, por supuesto, eso era una estupidez. Decidí entrar de todas formas, aunque mi amiga, cuyo nombre es Delia, prefirió esperarme en su carro. Estaba segura de que debía haber algún encargado, además de los guardias del aeropuerto, pero estaba equivocada, ni siquiera los guardias del aeropuerto estaban. Ahora ya no me parecía tan estúpido; el aeropuerto, de hecho, había sido abandonado. Fue entonces cuando realmente caí en la cuenta de que algo realmente anómalo estaba sucediendo. Decidí llamar a mis padres, no pude esperarme a llegar a casa así que les hablé desde mi celular. Cuando les conté que era imposible que yo hiciera un viaje de once mil kilómetros, al menos hasta que pasara todo el desbarajuste, se pusieron a llorar. En ese momento el terror que sentía se convirtió en pánico y yo también lloré. En seguida me dijeron que fuera a un supermercado, que comprara todos los alimentos no perecederos que pudiera y que me encerrara en mi departamento sin abrirle absolutamente a nadie, también me dijeron que cargara mi teléfono celular con todo el dinero que tuviera disponible. No pude más que asentir, después se despidieron diciéndome lo mucho que me amaban y que rezarían todos los días por mí. Era como si la civilización fuera a colapsar. La Tercera Guerra Mundial. Lo sabía. Iban a aventarse bombas atómicas como si fueran confeti. Los chinos van a ganar. Regresé corriendo con mi amiga y al llegar al carro noté que la puerta del conductor estaba abierta, pero no la veía por ningún lado, me acerqué y me asomé al asiento del conductor y entonces me horroricé de lo que vi: Estaba acostada con la cabeza reposando en el asiento del copiloto y los pies todavía en los pedales empapada toda de sangre. Di un grito de angustia y llamé a que alguien me ayudase, pero no había absolutamente nada ni nadie en el amplísimo estacionamiento del aeropuerto. Supuse que habría tenido alguna clase de accidente. Llamé de inmediato a emergencias; los tres timbres me parecieron larguísimos y llegué a pensar que nadie iba a responder, pero finalmente alguien contestó y… era una maldita grabación. Lancé un gemido de desesperación al sentir como la impotencia y la angustia devoraban mi cuerpo. Di un salto cuando finalmente una persona me contestó, después de varias preguntas de todo tipo, desde mi ubicación hasta si había tocado al “accidentado”, me dijo que inmediatamente iban a enviar una ambulancia, que esperara allí y que no moviera ni tocara Delia. La ambulancia nunca llegó. Hablé una segunda vez y comenzó de nuevo el odioso ritual. Los tres tonos eternamente largos, la grabación, esta vez duré casi el doble en espera y la misma mujer con la nariz tapada respondiendo de la misma forma. -Habla a emergencias, ¿Cuál es su emergencia y en dónde se ubica? -Nuevamente me hizo las mismas preguntas y le di las mismas respuestas. -No, no la he tocado. Tampoco su sangre. Sí, está consciente. Sí, sí tiene pulso. -Si alguien está consciente es porque tiene pulso, ¿no? Me aconsejó no mover ni tocar al accidentado y me prometió una ambulancia en unos pocos minutos. Pero otra vez nada. Realmente entré en desesperación y entonces me percaté de que Delia intentaba decirme algo. Se veía muy débil, quizás por la pérdida de sangre (aunque estaba salpicada por todo el carro, realmente había poca sangre). Me acerqué a ella y sólo fue capaz de escupir la palabra “cuidado” de su boca sanguinolenta. Por alguna razón ese “cuidado” realmente me perturbó y, entonces, regresó a mi mente la pregunta: ¿Cómo se habría hecho esto? Ella misma no se lo había hecho, algo lo había causado y yo estaba segura que ese algo ya no estaba aquí. Se había movido. Seguía moviéndose. ¿Un vidrio roto? No. ¿Un objeto lanzado descuidadamente al aire? Altamente improbable. ¿Algún animal peligroso? En plena ciudad, nunca. ¿Una persona? Eso sí resultaba verosímil, pero, ¿qué clase de persona provocaría una herida tan grotesca? No había sido asaltada, simplemente le habían hecho daño y se habían ido. Moví a Delia al asiento del copiloto (en contra del consejo de la mujer del teléfono) y encendí el automóvil. No pensaba quedarme ni un minuto más allí, con esa “persona” o lo que fuera acechando. Decidí llevarla yo al Hospital General. Apenas salí del estacionamiento al acotamiento de entrada y comprendí que era lo que había pasado. Una persona completamente ensangrentada, tirada en el piso con las vísceras a la vista estaba siendo… ¿robada?, ¿apuñalada?, ¡no! Pude ver cuando pasé por un lado. ¡Devorada! Y nada menos que por una anciana todavía en piyama. Ella alzó la mirada y clavó sus ojos directamente sobre mí mientras pasaba con el auto. Su cara, arrugada y llena de sangre, presentaba un color enfermizo y su ojos proyectaban un vacío helado. Seguramente Delia la habría visto deambular y la había llamado para preguntar si se encontraba bien (con esa cara gris y varicosa estaría todo menos bien), había sido atacada por la vieja y el pobre hombre que ahora yacía debajo de ella habría querido ayudar a mi amiga logrando únicamente atraer su atención y hacer que lo persiguiera hasta darle alcance allí en el acotamiento. He recordado el panfleto y me ha venido a la mente una sola palabra, “agresividad”. No puedo creer que el Lyssavirus pueda convertir a una persona en un monstruo tan terrible. Ahora comprendo por qué mis padres estaban histéricos. Allá en Italia se han dado cientos de miles de casos. En el mundo han de haber millones. Millones. Ahora comprendo la ley marcial. Ahora comprendo el miedo. Ojalá hubiera sido tan sólo una guerra mundial. Ya en la avenida he podido ver a las demás personas seguir con sus vidas, esta vez mucha más gente lleva tapabocas o algún tipo de utensilio higiénico aunque no son mayoría. ¿Pero qué la gente no se da cuenta?, ¿acaso no han sido informadas de lo que esta sucediendo, ya no a once mil kilómetros, a tan sólo una cuadra de donde se encuentran? “Agresividad”, ¡pero qué estupidez!, eso no es agresividad, eso es brutalidad, es bestialidad, es canibalismo. No he tardado mucho en llegar al Hospital General, y allí las cosas eran muy diferentes, el estacionamiento estaba atestado y cundía un aire de nerviosismo. No había militares (aún) pero había policías y estaban equipados con armas largas. Pude ver a través de la entrada de cristal mientras nos acercábamos que mucha gente estaba apachurrada en el hall del hospital, varios de ellos presentaban heridas graves incluso muchísimo peores que los de Delia y los que no, estaban llorando intentando reconfortar a sus familiares y amigos agonizantes. Sabía que no nos iban a atender rápido. Delia estaba sangrando de una perforación, posiblemente una mordida, entre su clavícula y su cuello tal vez con la tráquea perforada. Comparada con varios de los que estaban esperando tratamiento, ella no estaba tan grave. Había gente con miembros amputados. Al entrar, un policía le colocó una estampita roja en la frente a mi amiga y a mi me preguntó si tenía alguna herida, yo le dije que no, y que tampoco había entrado en contacto con la sangre de nadie. El policía, tras unos momentos de duda, me tocó la frente con su pulgar. Volteé la cabeza hacia la entrada para ver mi rostro en el reflejo del vidrio, también era roja. Luego nos requisó los celulares. Me empecé a incomodar cuando me di cuenta de que absolutamente todas las personas dentro del hospital, estuvieran heridos o tan sólo estuvieran acompañando a alguien, tenían una estampita roja sobre la frente. Yo lo sabía, lo intuía. Los de rojo éramos los portadores. Ya no hacían distinción, no podían correr riesgos, para el hospital todos éramos portadores. Todo el que entrara al hospital era un portador. Habían dejado de usar las estampitas verdes desde hace horas, o quizá días. De nuevo recordé el panfleto. “Debe acudir de inmediato al hospital, es preferible que acuda al Hospital General.” Había dos hospitales más cerca del aeropuerto pero yo había elegido éste porque así me lo dijo el panfleto. Aquí estaban enviando a todas las personas sospechosas de portar el Lyssavirus y nos estaban tratando a todos por igual, portadores o no. Ya había encontrado un rincón en dónde acurrucarnos cuando vi algo todavía más anómalo, o más bien, no lo vi. No había médicos ni enfermeras. Ni uno solo. Sólo había personal de la policía fuertemente armado. Fue entonces cuando lo decidí, teníamos que salir de allí. Era fácil, sólo había que cruzar la puerta de entrada que estaba a cuatro metros de distancia; lo difícil era hacerlo sin que los policías se percataran. Estábamos en un campo de concentración y habíamos entrado por propia voluntad. No había trazado todavía un plan cuando dos policías federales salieron desde detrás de una puerta y entonces vi como eligieron a una pareja joven, se los llevaron y cerraron la puerta tras de sí. La pareja se veía aliviada y agradecida, sobretodo por el hecho de que los habían atendido rápido. Habían llegado justo después de nosotras y la muchacha no estaba tan grave como otras personas. Estaban eligiendo personas al azar, no por la gravedad de sus heridas ni por el tiempo de espera, al azar. Sabrá Dios que les estaría sucediendo detrás de esa puerta y no lo quería averiguar. Esto ya no era un hospital y Delia no iba a recibir atención médica en este sitio. Había nada menos que seis policías guardando la entrada y otros once más cuidando a la gente del hall. Caí en la cuenta de que todas las armas de los policías tenían los silenciadores puestos (muy posiblemente también los federales de antes) para disparar sin ser escuchados, sin levantar sospechas. Un frío invernal recorrió mi cuerpo. No había forma alguna, ni en este ni en ningún otro universo, de salir de allí sin alertar a los guardias. Y la gente seguía llegando por sí sola al hospital, más y más. Quién sabe cuantos habrían llegado en las últimas dos semanas. Y podría jurar que ninguno de ellos había vuelto a salir. Haciendo un recuento de los guardias, alcancé a ver a uno al fondo que me estaba mirando directamente. Serio. Ya llevaba mucho tiempo observándome cuando le planté la mirada. Me había visto contar a los policías, me había visto observar las estampitas de cada uno de los pacientes, me había visto fijarme en los silenciadores, conocía mis pensamientos y mis sospechas. En ese momento salieron otra vez los dos federales, encascados, vestidos de negro, con chaleco antibalas y portando armas largas con silenciadores en la punta todavía humeantes. El policía serio se acercó a ellos y le susurró algo a uno de los federales, él volteó y me miró directamente a los ojos, le dio una palmada en el hombro a su compañero y los dos empezaron a caminar hacia nosotras. Estábamos perdidas. Parte 3: http://www.taringa.net/posts/paranormal/15828574/Relato-zombie-realista_-Holocausto-de-los-Muertos-_parte-3_.html
Parte 13: (Sigue siendo el día 9) Después de analizar la infección y a los portadores en los laboratorios europeos y estadounidenses se llegó a la conclusión de que no era una bacteria ni cianobacteria sino una nueva especie del género Rhabdovirus. Los estadounidenses argumentaron que se trataba de una mutación del ébola; los europeos, de la rabia. Mientras seguían los debates sobre la naturaleza del virus, los casos aislados se convirtieron en casos regulares y se empezaron a registrar más y más casos aislados en países diferentes, desde Australia y Sudamérica hasta China y Japón. Los gobiernos estaban reacios a cerrar los aeropuertos por peligro a un colapso económico y logístico. Una semana antes de que la universidad suspendiera las clases se celebró la convención de Nueva York, donde todos los científicos que estudiaban el virus por separado compartieron información, teorías y muestras. Se llegó finalmente a la conclusión de que no era ni virus ni bacteria, ni rabia ni ébola, era… “una cosa rara”. Finalmente decidieron clasificarlo dentro de los Lyssavirus y se le llamó LG8. Un nombre ad hoc a mi parecer, Lyssa era la diosa griega de la demencia. Recuerdo también haber escuchado sobre la convención, a todo mundo en México le parecía algo tan lejano en ese entonces, otra guerra en algún rincón de oriente medio, otro “ataque terrorista” perpetuado por algún “dictador”, otra epidemia seguramente relacionada con los pollos. Los microbiólogos y virólogos de la convención de Nueva York elaboraron una serie de indicaciones y recomendaciones a seguir para los países afectados y un plan de acción para la ONU, la OMS y la UNESCO; sin embargo, a pesar de que los organismos internacionales siguieron las indicaciones a rajatabla, la mayoría de los países afectados hizo caso omiso de las indicaciones ya que muchos de sus puntos establecidos eran dañinos para la economía. En Italia y buena parte de Europa occidental la situación se volvió preocupante al poco tiempo de la convención. El primer disturbio ocurrió en París, una ciudad inmensa con una concentración grandísima de gente, la revuelta no era muy grande pero era extraña; no parecían tener un motivo o demanda claros ni había sido organizada por algún movimiento o partido político, se limitaban a destruir negocios y atacar peatones. En un principio el gobierno de Hollande envió granaderos y policías pero sólo consiguieron dispersar la masa por las calles de París haciendo más difícil la identificación y detención de los involucrados, muchísimos policías resultaron heridos. Pronto disturbios parecidos surgieron en Roma, Berlín, Milano, Colonia, Londres, Moscú, Atlanta, Nueva York, Los Ángeles, Tokio, Macau, Abu Dabi, Singapur… Mis padres, anonadados por los disturbios en Milano, decidieron mudarse a la casa de campo que le habían comprado a mi abuelo para que pasara su vejez. Todavía no se relacionaban los disturbios con la infección y los gobiernos estaban confundidos y asustados. Para cuando los gobiernos se percataron del verdadero origen de los disturbios y decidieron seguir las iniciativas de la convención de Nueva York era ya muy tarde. Incluso las acciones que tomaron fueron muy superficiales y aletargadas, cierres parciales de aeropuertos y puertos, descentralización de la iniciativa, burocracia, poco énfasis en la seguridad del manejo de cadáveres, etcétera. En México n se había tomado ninguna medida aún a pesar de que ya habían ocurrido disturbios en ciudad de México y se registraban casos de forma masiva en las principales ciudades del país. El viaje a la cabaña fue bastante desagradable, en Milán ya empezaba a reinar el caos, se registraban asaltos a plena luz del día y era muy peligroso salir a la calle. Mi padre se hizo una visita relámpago al supermercado y en cuanto volvió, mi mamá ya lo estaba esperando con las maletas, preferían comprar suministros para no tener que salir y arriesgarse a ser asaltados hasta que se hubiera calmado la situación, aun así fueron muy optimistas y sólo compraron despensa para un mes. Salir de la ciudad fue atemorizante, en algunas partes estaba completamente vacía, en otras se escuchaban disparos y actividad militar. Algunas personas deambulaban sin rumbo a tropezones y tambaleantes. No pudieron irse en tren pues una multitud de personas con la misma idea que mis padres se había conglomerado en la estación dos días antes y había sido atacada por los portadores, el gobierno tuvo que cerrar las instalaciones temporalmente pues toda el área quedó infectada con una alfombra de sangre y cadáveres, lo que les pareció extraño fue que metieron al ejército armado hasta los dientes para “limpiar” la estación y los túneles. Huir por carretera tampoco fue buena idea, había calles obstruidas con carros abandonados, avenidas con carabinieri que no dejaban pasar, otras tantas atascadas de tráfico, algunas con varias personas sospechosas deambulando torpemente, unas cuantas estaban salpicadas de cadáveres abandonados. Mi papá tuvo que escapar entre callejuelas, varias veces dio media vuelta en callejones sin salida. A la salida de la ciudad pasaron por un puesto de avanzada de los soldados, no parecían estar ahí para revisar a la gente, más bien parecía como una trinchera, la línea del frente. Parecía que estuvieran preparándose para sitiar Milano, y en efecto así era. Mis padres tuvieron suerte pues al día siguiente acordonaron la ciudad. El viaje por la campiña tampoco fue tranquilo. De vez en cuando encontraban carros abandonados, se oían disparos a lo lejos esporádicamente, intentaron pasar por tres poblados en los que la gente del pueblo se había atrincherado y no los dejó parar, en otro pueblo ni entraron pues había montañas de cadáveres quemados en las afueras y no querían averiguar qué había pasado; decidieron tomar la ruta larga sin paras por ningún asentamiento rodeando pueblos y aldeas. Aunque no escucharan disparos ni hubiera automóviles abandonados la carretera tenía una atmósfera tenebrosa, no se sentía solitaria, se sentía abandonada y, sin embargo, se sentían observados. Temían que en cuanto detuviesen el carro fueran atacados por los dementes. Al llegar al pueblo también lo encontraron abandonado, no parecía haber sido evacuado. Continuaron avanzando por la calle lentamente para ver si todavía había algún alma pero no encontraron a nadie, sin embargo no estaba solo, de la nada una mujer bañada en sangre se azotó contra la ventana de mi mamá dejado el vidrio manchado de rojo, mi madre pegó un grito al verla. Cuando me lo contó pude sentir el terror en su voz a través del teléfono. La mujer se azotaba con una brutalidad y violencia inhumana, cuarteó la ventanilla antes de que mi papá acelerara a toda velocidad. Los gritos de mi mamá al parecer atrajeron la atención de otros dementes, como ellos les decían, y los empezaron a perseguir, empezaron a salir por todos lados como hormigas, apenas lograban perder una docena y otra más aparecía desde un callejón. Mi madre, que no iba al volante, pudo verlos con más atención, estaban manchados de sangre y presentaban mutilaciones severas, un olor asqueroso penetró en el carro y mi madre no pudo más. Se desmayó. Cuando despertó ya estaba en la cabaña con su suegro y su enfermera la estaba atendiendo, mi padre nunca le quiso contar qué pasó después y cómo se libró de los dementes, a mí tampoco. La enfermera de mi abuelo era de ese pueblo y les contó que un buen día todos empezaron a devorarse entre sí, arrancándose pedazos con la boca; ella tuvo suerte pues debía estar las veinticuatro horas con mi abuelo en la cabaña que estaba alejada del pueblo, al otro lado del bosquecillo. El mismo día que llegaron a la cabaña me hablaron desesperados y me dijeron que me regresara de inmediato a Italia, a como dé lugar.