N

Neuronengesang

Usuario (Argentina)

Primer post: 26 may 2011Último post: 6 jul 2015
3
Posts
10
Puntos totales
96
Comentarios
N
Nuevo sistema de la naturaleza (Leibniz, 1695)
Ciencia EducacionporAnónimo7/6/2015

Bienvenidos señores, lo que traigo es un ensayo de G. W. Leibniz, aquí expone su nuevo sistema, que desde hacia años y hasta el fin de su vida vino gestando y que con muchas variantes desarrolladas a través del tiempo, es el mismo que delineó en varios de sus escritos, y sobre todo, en su Monadología, ya por sus últimos años. Interesa sobre todo porque la CIENCIA en aquellas épocas comenzaba a dividir sus terrenos y Leibniz representa con su filosofía unificadora y su visión profunda y luminosa de la CIENCIA. En fin, sobre la CIENCIA, siendo mostrada en pleno acto, se trata este post. Nuevo sistema de la naturaleza y de la comunicación de las sustancias, así como de la unión del alma y el cuerpo (1695) ___1. Ha ya muchos años que concebí este sistema, y que le comunique a algunos sabios, particularmente a uno de los primeros teólogos y filósofos de nuestro tiempo, quien, sabedor de algunas de mis opiniones por una persona de la más alta calidad, las calificó de paradójicas. Pero luego oyó mis aclaraciones, y se retractó de la manera más generosa y edificante del mundo; y después de aprobar una parte de mis proposiciones, retiró su censura respecto a otras en que no se puso de acuerdo conmigo. Desde entonces he continuado meditando, según se presentaba la ocasión, no queriendo que aparecieran al público opiniones que no hubieren sido perfectamente examinadas; y he procurado también satisfacer a los argumentos dirigidos contra mis ensayos de dinámica, que tanta relación tienen con esto. Por último, como personas respetables han manifestado deseos de que aclarara mis doctrinas, me he atrevido a publicar estas meditaciones, por más que no sirvan para la multitud, ni sean propias para agradar a toda clase de entendimientos. Me propongo principalmente en este punto aprovechar los juicios de las personas consagradas a estas materias; esquivando, sin embargo, el embarazo que sería para mí el buscar y requerir en particular a los que estén dispuestos a darme instrucciones, si bien las recibiré siempre con mucho gusto, con tal que aparezca en ellas el amor a la verdad, y no la pasión por opiniones en cuyo favor estén prevenidos. ___2. Aunque soy de los que han trabajado mucho en matemáticas, no por eso he dejado de meditar desde mi juventud en la filosofía; porque me pareció siempre que era posible afirmar en ella algo sólido por medio de demostraciones claras. Había penetrado muy adentro en el país de los escolásticos, cuando las matemáticas y los autores modernos me hicieron salir de él, siendo yo muy joven. La preciosa manera que tenían éstos últimos de explicar la naturaleza mecánicamente me encantó, y no pude menos de desestimar con razón el método de los que sólo empleaban para esto formas y facultades que no enseñan nada. Mas, después, como profundizara los principios mismos de la mecánica, para dar razón de las leyes de la naturaleza que la experiencia hacia conocer, comprendí que la sola consideración de una masa extensa no bastaba, y que era preciso emplear además la noción de la fuerza, que es muy inteligible, por más que sea de la competencia de la metafísica. Me parecía también que la opinión de los que trasforman o degradan las bestias convirtiéndolas en puras máquinas, aunque parezca posible, está fuera de toda probabilidad, y es hasta contraria al orden natural de las cosas. ___3. En un principio, cuando me vi libre del yugo de Aristóteles, me incliné al sistema del vacío y de los átomos, porque es el que satisface mejor a la imaginación; pero, volviendo en mí, después de muchas meditaciones me hice cargo de que es imposible hallar los principios de una verdadera unidad en la materia sola, o en lo que no es más que pasivo, puesto que todo ello no es más que una colección o amontonamiento de partes hasta el infinito. Y como la multitud recibe sólo su realidad de unidades verdaderas, que vienen de otra parte, y que no son otra cosa que los átomos de que lo continuo no puede componerse, me vi precisado, para encontrar estas unidades reales, a recurrir a un átomo formal, puesto que un ser material no puede ser al mismo tiempo material y perfectamente indivisible, o dotado de una verdadera unidad. Fue preciso, pues, recordar, y en cierto modo rehabilitar las formas sustanciales, tan desacreditadas en la actualidad, pero de una manera que se las haga inteligibles, y que se pueda separar el uso, que debe hacerse de ellas, del abuso que se hacía. Me encontré, pues, con que su naturaleza consiste en la fuerza, y que de esto se sigue algo que tiene analogía con el sentimiento y el apetito; y que era preciso, por tanto, concebirlas a imitación de la noción que tenemos de las almas. Pero así como el alma no debe emplearse en dar razón al pormenor de la economía del cuerpo del animal, creí de igual modo, que no debían emplearse estas formas para explicar los problemas particulares de la naturaleza, aunque sean necesarios para afirmar verdaderos principios generales. Aristóteles las llama entelequias primeras. Yo las llamo, empleando un término quizá más inteligible, fuerzas primitivas, las cuales no sólo contienen el acto o el complemento de la posibilidad, sino también una actividad original. ___4. Yo veía que estas formas y estas almas debían ser indivisibles, lo mismo que lo es nuestro espíritu, opinión que, en efecto, recordaba que era la opinión de Santo Tomas respecto a las almas de las bestias. Pero esta novedad reproducía las grandes dificultades sobre el origen y la duración de las almas y de las formas. Porque como toda sustancia que tiene una verdadera unidad, no puede tener su principio ni su fin por otro medio que por el milagro, se sigue de aquí que sólo podrían comenzar a existir por creación, y acabar por aniquilación. Y así, excepto las almas que km quiere Dios crear de una manera especial y expresa, me veía obligado a reconocer y sentar que las formas constitutivas de las sustancias han debido ser creadas con el mundo, y que subsisten siempre. Algunos escolásticos, como Alberto Magno y John Bacon, vislumbraron una parte de la verdad sobre el origen de tales sustancias. Y no debe tenerse esto por una cosa extraordinaria, puesto que a las formas sólo se les da, la duración que los partidarios de Gassendi conceden a sus átomos. ___5. Creía, sin embargo, que no debían mezclarse indiferentemente los espíritus ni el alma racional, que son de un orden superior y tienen incomparablemente más perfección que estas formas sumidas en la materia, siendo los primeros, respecto de ellas, como pequeños dioses, que están hechos a imagen de Dios, y tienen en sí algunos rayos de las luces de la divinidad. Por esta razón, Dios gobierna a los espíritus como un príncipe gobierna a sus súbditos, o como un padre cuida de sus hijos; en vez de que dispone de las demás sustancias al modo que un ingeniero maneja sus máquinas. Y así los espíritus tienen leyes particulares que los colocan por encima de las revoluciones de la materia; y puede decirse, que todo lo demás está hecho en obsequio de ellos, estando acomodadas esas mismas revoluciones para labrar la felicidad de los buenos y para castigo de los malos. ___6. Sin embargo, volviendo a las formas ordinarias almas materiales, esta duración, que es preciso concederles, en vez de la que había sido atribuida a los átomos, podría hacer dudar si tales formas pasan de unos cuerpos a otros; lo cual sería la metempsícosis, al modo, sobre poco más o menos, que han creído algunos filósofos respecto de la trasmisión del movimiento y de las especies. Pero esta aprehensión está muy distante de la naturaleza de las cosas. No hay tal tránsito de unos cuerpos a otros; y aquí cuadran bien las trasformaciones de Swammerdam, Malpighi y Leeuwenhoek, que son los mejores observadores de nuestro tiempo, las cuales, viniendo en mi apoyo, me han hecho admitir que ni el animal, ni ninguna otra sustancia organizada, comienzan a existir cuando nosotros creemos, y que su generación aparente no es más que un desenvolvimiento o una especie de ampliación. Además he visto que el autor de la Indagación de la verdad, Régis, Hartsoeker y otros hombres entendidos, no están muy distantes de esta opinión. ___7. Pero queda pendiente el problema más grave, que es el de saber qué se hacen estas almas y estas formas cuando tiene lugar la muerte del animal, o la destrucción del individuo o de la sustancia organizada. Este punto es muy embarazoso, puesto que parece poco conforme a la razón que las almas se queden inútilmente en un caos de materia confusa. Esto me hace creer, que no hay más solución racional posible que la siguiente: y es la de la conservación, no solo del alma, sino también del animal mismo y de su máquina orgánica; por más que la destrucción de las partes groseras la haya reducido a una pequeñez que se oculta a nuestros sentidos, no menos que se oculta aquella en la que estaba antes de nacer. Además, nadie puede fijar el verdadero momento de la muerte, la cual puede pasar por mucho tiempo por una simple suspensión de acciones notables, y en el fondo no es nunca otra cosa en los simples animales de lo cual son testimonio las resurrecciones de las moscas ahogadas y sumidas después bajo una capa de greda pulverizada, y otros muchos ejemplos semejantes, que dan a conocer sobradamente que hay otras resurrecciones y podría haber muchas más, si los hombres pudieran verse en situación de componer la máquina. Trazas hay de que el gran Demócrito, no obstante ser atomista, vio algo aproximado a esto, por más que Plinio se burle. Por consiguiente, es natural que, habiendo sido siempre el animal vivo y organizado (como personas de gran penetración comienzan a reconocerlo), permanezca siempre siéndolo. Y puesto que no hay primer nacimiento ni generación enteramente nueva del animal, se sigue que tampoco habrá extinción total, ni muerte completa, tomada ésta en el rigor metafísico; y por tanto, que en vez de la trasmigración de las almas, no habrá más que una transformación de un mismo animal, según que los órganos estén diferentemente plegados y más o menos desenvueltos. ___8. Sin embargo, las almas racionales siguen leyes que son muy superiores, y están exentas de todo lo que pudiera hacerlas perder la cualidad de ciudadanos de la sociedad de los espíritus, habiendo ordenado Dios las cosas de modo que los cambios de la materia no les privan de las cualidades morales de su personalidad. Y puede decirse que todo tiende a la perfección, no sólo del universo en general, sino también de estas criaturas en particular, las cuales están destinadas a tal grado de felicidad, que el universo mismo está interesado en ello, en virtud de la bondad divina que se comunica a cada una en cuanto la soberana sabiduría lo puede permitir. ___9. Con respecto al curso ordinario de los animales y de otras sustancias corporales, en cuya completa extinción se ha creído hasta ahora, y cuyos cambios dependen más bien de reglas mecánicas que de leyes morales, observo con gusto, que el autor del libro De la dieta, que se atribuye a Hipócrates, entrevió algo de esta verdad, al decir, en palabras terminantes, que los animales no nacen ni mueren, y que las cosas que se cree que comienzan y perecen, no hacen más que aparecer y desaparecer. Esta era también la opinión de Parménides y de Meliso, según Aristóteles; porque estos filósofos antiguos eran más sólidos de lo que se cree. ___10. Por mi parte, estoy perfectamente dispuesto a hacer justicia a los modernos, pero encuentro que han llevado la reforma demasiado lejos, como, entre otros casos, al confundir las cosas naturales con las artificiales, por no haber tenido una idea bastante grande de la majestad de la naturaleza. Piensan ellos que la diferencia que hay entre las máquinas de ésta y las nuestras, no es otra que la que hay entre lo grande y lo pequeño; lo que ha dado ocasión a que un hombre muy entendido, autor de las Conversaciones sobre la pluralidad de los mundos, dijera no ha mucho, que, mirando de cerca la naturaleza, se la halla menos admirable de lo que se había creído, no siendo otra cosa que el taller de un operario. Creo que no se da así una idea bastante digna de aquella, y sólo nuestro sistema es el que da a conocer la verdadera e inmensa distancia que hay entre las menores producciones y mecanismos de la sabiduría divina, y las obras maestras más notables del arte del espíritu limitado; consistiendo esta diferencia, no sólo en el grado, sino también en el género mismo. Es preciso tener presente, que las máquinas de la naturaleza tienen un número de órganos verdaderamente infinito, y están tan bien provistas y tan libres de todo accidente, que no es posible destruirlas. Una máquina natural subsiste siendo máquina en sus menores partes, y, lo que es más, subsiste siendo la misma máquina que ha sido siempre, y no hace más que transformarse a causa de los diferentes pliegues que recibe, reduciéndose luego y concentrándose, cuando se cree que se ha perdido. ___11. Además, por medio del alma o de la forma, hay una verdadera unidad que responde a lo que se llama yo en nosotros, lo cual no puede tener lugar ni en las máquinas, producto del arte, ni en la simple masa de la materia, por organizada que se la suponga, puesto que no se la puede considerar más que como un ejército o un rebaño, o un estanque lleno de peces, o como un reloj compuesto de resortes y ruedas. Sin embargo, si no hubiese verdaderas unidades sustanciales, no habría nada de sustancial ni de real en la colección. Esto fue lo que obligó a Cordemoy a abandonar a Descartes, y a seguir la doctrina de los átomos de Demócrito, para hallar una verdadera unidad. Pero los átomos materiales son contrarios a la razón, además de que ellos también se componen de partes, puesto que el enlace invencible de cada una de estas con las demás, (aun cuando se le pudiera concebir o suponer con razón), no destruiría su diversidad. Sólo los átomos de sustancia, es decir, las unidades reales y absolutamente destituidas de partes, pueden ser origen de las acciones, los primeros principios absolutos de la composición de las cosas, y como los últimos elementos del análisis de las sustancias. Podría llamárselos puntos metafísicos: tienen algo de vital y una especie de percepción, siendo los puntos matemáticos su punto de vista para expresar el universo. Mas, cuando las sustancias corporales se reducen, el conjunto de todos sus órganos no forman más que un punto físico a nuestra vista. Así que los puntos físicos sólo son indivisibles en apariencia: los puntos matemáticos son exactos, pero no son más que modalidades: sólo los puntos metafísicos o de sustancia (constituidos por las formas o almas) son exactos y reales; y sin ellos no habría nada real, puesto que sin las verdaderas unidades, no habría pluralidad. ___12. Después de haber sentado todas estas cosas, creía yo haber entrado en el puerto; pero cuando me puse meditar sobre la unión del alma con el cuerpo, me vi arrojado en alta mar. Porque no hallaba medio alguno de explicar cómo el cuerpo puede hacer pasar algo al alma, o vice-versa; ni cómo una sustancia puede comunicar con otra sustancia creada. Descartes abandonó esta cuestión, si hemos de juzgar por sus escritos; pero sus discípulos, viendo que la opinión comúnmente seguida es inconcebible, creyeron que nosotros sentimos las cualidades de los cuerpos, porque Dios hace que nazcan pensamientos en el alma con ocasión de los movimientos de la materia; y que cuando aquella quiere a su vez mover el cuerpo, creen que es Dios quien lo mueve según ella desea. Y como la comunicación de los movimientos les parece también inconcebible, creen que Dios da el movimiento a un cuerpo con ocasión del movimiento de otro cuerpo. Esto es a lo que llaman ellos sistema de las causas ocasionales, que ha estado muy en boga merced a las preciosas reflexiones del autor de la Indagación de la verdad. ___13. Es preciso confesar que se ha penetrado realmente la dificultad, al decir lo que no es posible, pero no se la ha resuelto al explicar lo que sucede efectivamente. Es muy cierto que no hay influjo real de una sustancia creada sobre otra, hablando dentro del rigor metafísico; y que todas las cosas, con todas sus realidades, son producidas continuamente por la virtud de Dios; mas para resolver problemas, no basta emplear la causa general, ni traer a la cuestión lo que se llama Deum ex machina. Porque hacer esto, sin aducir otra explicación que pueda tomarse del orden de las causas segundas, es propiamente recurrir al milagro. En filosofía, es preciso dar razón de las cosas, haciendo ver de qué manera se verifican estas mediante la sabiduría divina, conforme a la noción del sujeto de que se trata. ___14. Viéndome, pues, obligado a conceder que no es posible que el alma o cualquiera otra verdadera sustancia pueda recibir cosa alguna de fuera, como no sea por la omnipotencia divina, me vi insensiblemente conducido a una opinión que me sorprendió, pero que me pareció inevitable, y que tiene, en efecto, inmensas ventajas y bellezas muy atendibles. Y es, que es necesario decir que Dios ha creado desde el principio el alma, o cualquiera otra unidad real, en términos que todo nazca en ella de su propio fondo, como resultado de una perfecta espontaneidad respecto de sí misma, y sin embargo, en una perfecta conformidad con las cosas exteriores. Y que, por tanto, no siendo nuestros sentimientos interiores, es decir, los que están en el alma misma, y no en el cerebro, ni en las partes sutiles del cuerpo, otra cosa que fenómenos que recaen sobre los seres externos, o bien apariencias verdaderas y como sueños bien arreglados, es preciso que estas percepciones internas, que se dan en el alma misma, se realicen por su propia constitución original, es decir, por la naturaleza representativa (capaz de expresar los seres que están fuera de ella con relación a sus órganos) que le fue concedida desde su creación, y que constituye su carácter individual. Esto hace que, representando cada una de estas sustancias, exactamente todo el universo a su manera, y según un cierto punto de vista, y llegando las percepciones o expresiones de las cosas externas al alma como por coincidencia, en virtud de sus propias leyes, como en un mundo aparte, y como si solo existieran Dios y el alma (para servirme de la manera de hablar de cierta persona dotada de una alta elevación de espíritu y célebre por su santidad), resultará un perfecto acuerdo entre todas estas sustancias, cuyo efecto sería el mismo que se observaría, si se comunicaran entre sí por la transmisión de las especies o de las cualidades que el vulgo de los filósofos imagina. Además, expresándose la masa organizada, en la que está el punto de vista del alma, más próximamente, y encontrándose recíprocamente dispuesta a obrar de suyo, según las leyes de la máquina corporal, desde el acto que el alma lo quiere así sin que la una turbe las leyes de la otra, experimentando justamente en aquel acto los espíritus y la sangre los movimientos que necesitan para responder a las pasiones y a las percepciones del alma, esta relación mutua, arreglada de antemano en cada sustancia del universo, es lo que produce lo que nosotros llamamos su comunicación , y es lo único que constituye la unión del alma con el cuerpo. De esta manera se ve cómo el alma tiene su asiento en el cuerpo por una presencia inmediata, que no puede ser mayor, puesto que ella es en él lo que la unidad en el resultado de unidades que constituye la multitud. ___15. Esta hipótesis es muy posible; pues, ¿por qué Dios no ha podido dar desde el principio a la sustancia una naturaleza o una fuerza interna que pueda producir en ella ordenadamente (como un autómata espiritual o formal, pero libre cuando se trata de una dotada de razón), todo lo que habrá de sucederle, es decir, todas las apariencias o expresiones que ella habrá de tener, y esto sin el auxilio de ninguna criatura? Tanto más cuanto que la naturaleza de la sustancia exige necesariamente y envuelve por esencia un progreso o un cambio, sin el cual no tendría fuerza para obrar. Y siendo esta naturaleza del alma representativa del universo de una manera muy exacta, aunque más o menos distinta, la serie de representaciones que el alma se produce, responderá naturalmente a las series de los cambios del universo mismo; así como recíprocamente el cuerpo se acomodará también al estado del alma en las ocasiones en que se conciba a ésta como obrando al exterior, lo cual es tanto más razonable cuanto que los cuerpos están hechos para los espíritus, únicos capaces de entrar en sociedad con Dios, y de celebrar su gloria. Y así, desde que se ve la posibilidad de estas hipótesis de armonía entre las sustancias, se ve también que es la más racional, y que da una idea maravillosa de la armonía del universo y de la perfección de las obras de Dios. ___16. Tiene también otra gran ventaja, y es que, en vez de decir que sólo somos libres en apariencia y lo bastante en la práctica, como muchos hombres de entendimiento han creído, es preciso decir más bien, que sólo nos vemos arrastrados en apariencia, y que en rigor metafísico estamos en una perfecta independencia respecto del influjo de todas las demás criaturas. Lo cual pone en una admirable claridad la inmortalidad de nuestra alma y la conservación siempre uniforme de nuestro individuo, estando aquella perfectamente regulada por su propia naturaleza y al abrigo de todos los accidentes exteriores, cualquiera que sea la apariencia de que es lo contrario. Ningún sistema ha mostrado con mayor evidencia nuestra superioridad. Siendo todo espíritu como un mundo aparte, bastándose a sí mismo, siendo independiente de toda otra criatura, envolviendo el infinito y expresando al universo, es tan durable, tan subsistente, y, además, tan absoluto como el universo mismo de las criaturas. Y así debe creerse, que el papel que desempeña el espíritu, es el más propio para contribuir a la perfección de la sociedad de hilos los espíritus, que es lo que constituye su unión moral en la ciudad de Dios. También resulta de aquí una nueva prueba de la existencia de Dios, que es de una claridad sorprendente; porque este perfecto acuerdo entre tantas sustancias, que no tienen comunicación entre sí, solo puede proceder de la causa común. ___17. Además de todas estas ventajas que hacen recomendable tal hipótesis, puede decirse que es algo más que una hipótesis; puesto que no es posible explicar las cosas de otra manera más inteligible, y muchas dificultades de trascendencia, que hasta ahora han preocupado a los hombres, desaparecen desde el acto en que se comprenda bien mi doctrina. También es posible conciliar con esta los modos ordinarios de hablar; porque puede decirse que la sustancia, cuya disposición da razón del cambio de una manera inteligible (de suerte que puede pensarse que a ella han sido acomodadas todas las demás sustancias desde un principio, según el orden emanado de los decretos de Dios), es la que debe concebirse en este punto como una sustancia que obra luego sobre todas las demás. Y así la acción de una sustancia sobre otra, no es una emisión ni una trasplantación de una entidad, como lo concibe el vulgo, ni puede entenderse racionalmente de otra manera que como acabo de decir. Es cierto que se conciben muy bien en la materia emisiones y recepciones de las partes, mediante las que se explican con razón mecánicamente todos los fenómenos de la física; pero como la masa material no es una sustancia, es claro que la acción, respecto a la sustancia misma, no puede ser otra que la que acabo de explicar. ___18. Estas consideraciones, por metafísicas que parezcan, tienen también una maravillosa aplicación en la física para afirmar las leyes del movimiento, como nuestros dinámicos pueden mostrar. Porque puede decirse que, en el choque de los cuerpos, cada uno sólo experimenta el que nace de su propio impulso, y es causa del movimiento que obra ya en él. Y en cuanto al movimiento absoluto, nada puede determinarle matemáticamente, puesto que todo termina en relaciones; lo cual es causa de que haya siempre una perfecta equivalencia de las hipótesis, como en la astronomía; de suerte que cualquiera que sea el número de cuerpos que se tome, es arbitrario asignar el reposo cierto grado de velocidad al que se escoja, sin que los fenómenos del movimiento recto, circular o compuesto, puedan refutarlo. Sin embargo, es racional atribuir a los cuerpos verdaderos movimientos, según la suposición que da razón de los fenómenos de la manera más inteligible, siendo esta denominación conforme a la noción de la acción que acabamos de sentar.

10
0
Un poco de Poesía Barroca
Un poco de Poesía Barroca
ArteporAnónimo5/26/2011

Poesía del Barroco Traigo una pequeña selección de poemas barrocos para que se vea algo de eso por acá, que hace falta . No voy a pegar biografías o algo parecido, nada más voy a explicar algunos poemas, los más difíciles de comprender Francisco de Quevedo En crespa tempestad del oro undoso nada golfos de luz ardiente y pura mi corazón sediento de hermosura si el cabello deslazas, generoso. Leandro en mar de fuego proceloso su amor obstenta, su vivir apura; Ícaro en senda de oro mal segura, arde sus alas por morir glorioso. Con pretensión de fénix encendidas sus esperanzas, que difuntas lloro, pretende que su muerte engendre vidas. Avaro, y rico y pobre en el tesoro, el castigo y el hambre imita a Midas Tántalo, en fugitiva fuente de oro. Inscripción en el sepulcro del duque de Osuna Faltar pudo su patria al grande Osuna, pero no a la defensa sus hazañas; diéronle muerte y cárcel las Españas de quien el hizo esclava la fortuna. Lloraron sus envidias una a una con las propias naciones las extrañas; su tumba son de Flandes las campañas y su epitafio la sangrienta luna. En sus exequias encendió el Vesubio Parténope, y Trinacria al Mongibelo; el llanto militar creció en diluvio. Dióle el mejor lugar Marte en su Cielo, la Mosa, el Rin, el Tajo y el Danubio murmuran con dolor su desconsuelo. Famoso soneto, una de las muchas obras que dedico Quevedo al duque de Osuna; Dice Parténope por Nápoles, Trinacria por Sicilia, y Mongibelo por el Etna. Los tercetos son una imitación de varios poetas antiguos cuando hacían referencia a la muerte de César. Sor Juana Inés de la Cruz A un retrato suyo Este que ves, engaño colorido, que, del arte ostentando los primores, con falsos silogismos de colores es cauteloso engaño del sentido; Éste, en quien la lisonja ha pretendido excusar de los años los horrores, y venciendo del tiempo los rigores triunfar de la vejez y del olvido, Es un vano artificio del cuidado, es una flor al viento delicada, es un resguardo inútil para el hado: Es una necia diligencia errada, es un afán caduco y, bien mirado, es cadáver, es polvo, es sombra, es nada. Insinua su aversion a los vicios En perseguirme, Mundo, ¿Qué interesas? ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento poner bellezas en mi entendimiento y no mi entendimiento en las bellezas? Yo no estimo tesoros ni riquezas; y así, siempre me causa más contento poner riquezas en mi pensamiento que no mi pensamiento en las riquezas. Y no estimo hermosura que vencida, es despojo civil de las edades, ni riqueza me agrada fementida, teniendo por mejor en mis verdades, consumir vanidades de la vida que consumir la vida en vanidades. Juan de Tassis y Peralta Conde de Villamediana Inscripción en el sepulcro de Siringa Este frondoso honor, esta esculpida lámina verde en mármol animada, seppulcro es, piedad acreditada que a pastor infeliz prestó acogida. Siringa ninfa, un tiempo suspendida, hoy fístula de tronco, que animada, mudo es trofeo, pompa venerada del que ya muerto logra mejor vida. Sobre la urna está compadecido coro de ninfas, de la ninfa fiera el rigor en sus plectros repartido. Y porque muerta ya su voz no muera ultimando su acento dolorido, Eco le lleva a toda la ribera. Comienzo de la Fábula de Europa Era la verde juventud del año, bella madre de flores, y florida sazón de los amores, cuando la lumbre eterna tocaba ya de la deidad alterna la casa esclarecida, a los hijos de Leda construida; el ave peregrina precursora de mayo, alada prenda del templado rayo, en ya tépido día las voces exhortaba, que suaves Filomena, en su métrica armonía, informa dulces, articula graves; verde manto de rosas colorido en el prado tendido era esmeralda, si zafiro el cielo, convalecido del rigor del hielo, al que vieron los montes congelado, y en grillos de cristal, cristal atado, por el gélido exceso, en su materia impreso, obediente a la luz del mejor día forma narcisos, y jacintos cría purpureando Flora émulas rosas de la rosada Aurora. Pedro Soto de Rojas Primeros versos de la silva Confusión de amor, terminada en la muerte Ya mis penas crecidas, que en el castillo de mi pecho mudo, el ciego alcaide pudo tener tres veces con lealtad selladas; en lastimosas voces disfrazadas, saldrán (aunque sentidas) ya rompen puerta exenta las heridas de tu brazo, ¡oh tirana! tu brazo siempre armado de rigor contingente: siempre sin diferencia victorioso; la voz asida al llanto lastimoso conquistará piedad, de gente en gente, será de todos mi dolor notado; de nadie conocido, y ya que no al combate intermisión alguna desbarate, divertirán las voces el tormento, que humilla mi altivez; tu orgullo ufana. Ay! el temor violento, opresión al sentido, lazo a la lengua impone corregido; y porque así se ordena, que desmienta el silencio a la cadena, querer callar no puedo; huyendo pues la pena a mi discurso natural concedo de tanta confusión de luz hurtarme; pero mi genio centinela me restituye al punto, antes de verme, sin tu luz, difunto. Luis de Góngora Sobre la Fábula de Faetón que escribió el Conde de Villamediana Cristales el Po desata que al hijo fueron del sol, si trémulo no farol, túmulo de undosa plata; las espumosas dilata armas de sañudo toro contra arquitecto canoro que orilla el Tajo eterniza, la fulminada ceniza en simétrica urna de oro. Una décima en honor al poema de Villamediana; abunda en dificultades comunes de la poesía de Góngora, así que intentaré explicarlo: El primer verso dice que el río Po desata cristales, llora, se lamenta. Las lágrimas (del agua misma del río, se supone) fueron la tumba de Faetón, hijo de Apolo (el sol); no dice exactamente tumba, sino que fueron o trémulo farol o túmulo de plata undosa, entiendo yo que alude a los dos destinos que suelen tener los cadáveres: o son incinerados o enterrados; o enviados a una pira (el poeta juega con el modo que las aguas de un río reflejan la luz y el movimiento del fuego), o sepultados bajo un túmulo, en este caso, de agua. Dilata las armas de toro sañudo, o sea, los cuernos, los cuernos del río (por eso son espumosas). Esta representación de los ríos abunda en los poetas clásicos, pero ahora me parece más relevante Virgilio, que dice y en sus gemelos cuernos, áureo el rostro taurino / el Erídano, refiriéndose al mismo río, pero con nombre griego. Por otra parte, la bellísima imagen de un río que se indigna y se levanta para defenderse de las injurias, se encuentra desde la Ilíada hasta la Profecía del Tajo. Los últimos 4 versos se interpretan así: Arquitecto canoro es, naturalmente, un poeta, Villamediana, que eterniza la orilla del Tajo robando las cenizas de Faetón, llevándolas allí, y guardándolas en una urna de oro (un poema) Inscripción para el sepulcro de Dominico Greco Esta en forma elegante, oh peregrino, de pórfido luciente dura llave el pincel niega al mundo más süave que dio espíritu a leño, vida a lino. Su nombre, aun de mayor aliento digno que en los clarines de la fama cabe, el campo ilustra de este mármol grave: venérale y prosigue tu camino. Yace el Griego. Heredó Naturaleza arte, y el Arte estudio, Iris colores, Febo luces, si no sombras Morfeo. Tanta urna a pesar de su dureza lágrimas beba y cuantos suda olores corteza funeral de árbol sabeo. Comenten!

0
0
C
Camila, la amazona virgiliana
ArteporAnónimo5/11/2014

Camila, la amazona virgiliana. La muerte de Camila, Pinelli (Stories from Virgil, Church, 1882) ———— —C a m i l a, la virgen cazadora, la intrépida batalladora italiana, es una de las más hermosas creaciones de Virgilio. —En sentido objetivo e histórico el tipo a que esta creación poética se refiere, ha de buscarse en las antiguas amazonas, raza bélica de mujeres que figura en la mitología griega. Según tradiciones más o menos fabulosas, tuvieron su asiento, en remotas edades, cerca del Cáucaso: obedecían a una reina, y sólo de tarde en tarde se permitían relaciones con los hombres de tribus vecinas. Cuando nacían hijos varones, los devolvían a sus padres, o según otros, les daban muerte o los criaban en oficios serviles. A las hembras desde niñas las acostumbraban a ejercicios varoniles, en el laboreo de tierras, en la caza y en la guerra, y les cercenaban, o les quemaban, o según otros, les atrofiaban por medio de continua presión mecánica, el pecho derecho, a fin de ponerlas más expeditas para el manejo de las armas. Veneraban principalmente al dios de la guerra (Marte) y a la diosa de la caza (Diana). Alúdese en escritores antiguos a conquistas que hicieron, y a ciudades que fundaron, en Asia, África y Europa. —Heródoto, que menciona a menudo a las amazonas, habla de una batalla en que fueron vencidas por los griegos, sobre el Termodonte; y Plutarco, en la vida de Teseo, refiere pormenores de otra batalla cerca de Atenas, de que conservó memoria un antiguo escritor llamado Clidemo. Dan también extensas y curiosas noticias sobre las amazonas Diodoro Sículo y Justino, Filóstrato, Jornandes y Quinto Curcio. Este último consigna la anécdota de la amazona Talestris, que solicitó de Alejandro la honra de volver a su tierra llevando en su seno la esperanza de un renuevo del invicto conquistador. Tales relatos abundan en pormenores a todas luces fabulosos; pero tan diversos y numerosos testimonios persuaden a muchos modernos, como persuadieron a Plutarco, que esta leyenda, lo mismo que otros muchos cuentos mitológicos, tiene fundamento remoto en algún hecho verdadero envuelto en las nieblas de la antigüedad. Nada tiene de imposible, verbigracia, la explicación de Justino sobre el origen de las amazonas: supone que fueron una tribu escita que se estableció en el Cáucaso; que exasperados con las incursiones que los hombres de dicha tribu hacían sobre el Euxino, los sármatas los persiguieron, los vencieron y pasaron a cuchillo a muchos, de donde resultó quedar pocos hombres en la tribu. Las mujeres, que entre los escitas eran robustas, y se enseñaban desde tierna edad a manejar armas, salieron a campaña, tomaron venganza de sus enemigos, proclamaron a una reina, y se constituyeron en sexo fuerte. —Componíase la armadura de una amazona de casco, escudo pequeño, ligero y corvo (pelta lunata), arco y flechas, espada y hacha de dos filos (bipenis). Así aparece en un sarcófago del museo del Capitolio, en Roma. Amazona con sus armas típicas, según el sarcófago que menciona el texto (A dictionary of Roman and Greek antiquities, Rich, 1890) ———— —Camila, la amazona italiana de Virgilio, tiene hasta cierto punto una precursora en Pentesilea, reina de las amazonas orientales, que figuró ya, según antigua tradición, en la guerra de Troya. En un cuadro de la galería que adornaba los muros del templo de Juno en Cartago, el náufrago Eneas (Eneida, libro I) descubre entre otras figuras conocidas la de la terrible guerrera escita. En el cuadro descrito por Virgilio, Pentesilea aparece «comandando la hueste de amazonas, armadas de corvos escudos: desnudo un pecho, terciado el cinturón de oro, mézclase enardecida en la revuelta liza, y combate mano a mano con esforzados guerreros». —Completa exprofeso tan vaga noticia, Quinto Cálaber, o Smirneo, poeta griego del siglo V, autor de una continuación de la Ilíada, en que recogió noticias, probablemente consignadas en los antiguos y hoy desconocidos poemas cíclicos. En una partida de caza, mientras iba persiguiendo a un ciervo, Pentesilea sin pensarlo hiere mortalmente a su querida hermana Hipólita. Huyendo con dolor del teatro de aquel homicidio involuntario, y llevada de ardor aventurero y bélico, Pentesilea, con un escuadrón de doce compañeras, se aleja de las riberas del Termodonte, y llegando a las del Escamandro, término de su audaz correría, se declara auxiliar de los troyanos. La presencia de la infatigable hija de Marte, semejante a una divinidad, tan hermosa como terrible, reanima a los diezmados y abatidos defensores de Ilión. Y aquí comienza la historia de las hazañas prodigiosas de la tremenda heroína, narradas por Quinto, hasta que, empeñada en vengar a Héctor, desafía a Aquiles mismo, combate con él, y muere a sus manos. —Mas ni los recuerdos de Pentesilea, «ni todas las adiciones y combinaciones del mismo tipo en el Tasso y en otros poetas modernos, nada —dice Sainte-Beuve— hará olvidar aquel perfil de Camila, tan preciso y tan puro, y a la par correcto y aéreo». —Eneas, luego que llega al Lacio, guiado por la voz de los oráculos y por inspiración divina, solicita la alianza del rey latino y pide la mano de su hija Lavinia. Turno, pretendiente de la regia heredera, se opone al extranjero, e inflamado por las Furias y ayudado por la Discordia, pregona guerra al invasor, y convoca a todos los pueblos de Italia a la defensa nacional. Pasa muestra Virgilio (Eneida, libro VII) a los capitanes y tropas que acuden alborotadamente al llamamiento, y termina la enumeración de los ruidosos aprestos con estos versos, al través de los cuales vemos, alada y radiante, la figura de Camila: ———————————Con gallardo escuadrón la marcha cierra ——————————Camila, orgullo de la volsca gente: ——————————sus jinetes temblar hacen la tierra ——————————acorazados de metal luciente. ——————————No a hilar, no a tejer mimbres, mas en guerra ——————————a lidiar y a sufrir, manos y mente ——————————dio la animosa virgen, que en su vuelo ——————————vence el aura y apenas toca el suelo. ———————————Sobre campos y mieses pasaría ——————————sin mover las aristas la doncella ——————————en su rápido curso; cruzaría ——————————con planta enjuta y fugitiva huella ——————————hinchadas olas de la mar bravía ——————————como suspensa aparición. Por vella ——————————mozos, hembras, en campos y poblados, ——————————acuden a su paso embelesados. ———————————Y aun de lejos admiran cómo vuela ——————————gentil; cómo con púrpura los bellos ——————————hombros, terciando regio manto, vela; ——————————y cómo los undívagos cabellos ——————————en auríferos hilos encarcela; ——————————cuál, con licio carcaj, vibra destellos; ——————————y cuál blande con noble desenfado ——————————el mirto pastoral de hierro armado. —Piérdese de vista la figura de Camila, y aparece de nuevo (libro XI) acompañada de su femenina guardia de honor a las puertas de Laurento, al frente de la caballería. Notable contraste el que va a ofrecer esta audaz guerrera con Lavinia, hija del rey, que roja de vergüenza y llena de miedo ni alza los lindos ojos ni profiere palabra. Ha llegado a la ciudad la nueva de que Eneas se aproxima: prepáranse ambos ejércitos a una batalla decisiva: y entonces es cuando ———————————acompañada de la volsca gente ——————————Camila al paladino se atraviesa ——————————al paso, y ya en las puertas, reverente ——————————a tierra salta la gentil princesa: ——————————dóciles a su ejemplo, incontinente ——————————se apean las demás con fácil priesa; ——————————y a hablar ella principia de este suerte: ——————————«Turno, si un pecho que se siente fuerte, ———————————»si un ánimo resuelto, confianza ——————————poner puede en sus fuerzas, yo de lleno ——————————contrastar del troyano la pujanza ——————————prometo, y sola arrostraré al tirreno. ——————————Deja que vaya a ejecutar venganza ——————————mi diestra, y de peligros fausto estreno ——————————haga esta vez en el combate duro; —————————— y tú con los de a pie guarnece el muro». ———————————«¡Ornamento de Italia, denodada ——————————virgen! —Turno a su vez exclama, puesta ——————————en la fiera doncella la mirada—: ——————————¿Qué gracias dignas, qué cortés respuesta ——————————podré dar, a tu mérito adecuada? ——————————Mas ya que a todo riesgo estás dispuesta, ——————————obremos de consuno...» —Turno da sus órdenes a Camila. El ejército aliado viene dividido en dos trozos: y Eneas quedó a retaguardia. Turno deja resguardados los muros y torres de la ciudad; Camila con los otros capitanes de caballería, ocupará una explanada, delante de la ciudad, para hacer frente a la vanguardia enemiga; mientras él, con un trozo de infantería, irá a dar una sorpresa a Eneas, al pasar éste por un peligroso desfiladero. —Pronto se empeña el combate de caballería. Virgilio acomoda esta descripción a la táctica de su tiempo: embestidas y fugas simuladas precedían al rencuentro decisivo de las tropas que peleaban a caballo. ———————————He aquí a los muros el unido bando ——————————de etruscos y troyanos caballeros ——————————en ordenadas haces va marchando: ——————————huellan el campo indómitos y fieros ——————————sacudiendo las bridas y bufando ——————————los sofrenados brutos. ¡Cuál de aceros ——————————erizados los llanos se estremecen, ——————————y en puntas mil y mil arder parecen! ———————————Mesapo, en esto, enfrente a los troyanos ——————————asoma con los rápidos latinos, ——————————y el ala de Camila, y los hermanos —————————— que mandan la legión de tiburtinos: ——————————van apretando en recogidas manos ——————————largas lanzas, y blanden dardos finos; ——————————acércanse, el furor que inspiran crece, ——————————y el bramar de los potros se enardece. ———————————Cuando uno y otro ejército venido ——————————hubo a tiro de dardo, ambos se paran; ——————————de ambas partes en súbito alarido ——————————prorrumpen, y al encuentro se preparan: ——————————cada uno a su corcel de ardor henchido ——————————anima con la voz; todos disparan ——————————arrojadizas armas a porfía ——————————cual densa nieve, y se oscurece el día... ———————————Y ya llegaban a las puertas, cuando ——————————veis que a la carga los latinos gritan, ——————————de los brutos volviendo el cuello blando: ——————————a su turno los otros ejercitan ——————————la fuga, y vuelan, rienda suelta dando. ——————————Dos veces los toscanos precipitan ——————————contra el muro a los rútulos guerreros; ——————————dos, cubriendo la espalda, huyen ligeros. ———————————Lo mismo en el vaivén de la marea ——————————el ponto, ora se avanza a la campaña, ——————————altos escollos espumoso albea, ——————————apartadas arenas crespo baña: ——————————ora retrocediendo raudo ondea, ——————————y riscos que rodó su hirviente saña ——————————torna a sorber, bajando, y se repliega, ——————————y las húmedas playas desanega. ———————————Mas así que principian el tercero ——————————encuentro, cada cual toma adversario, ——————————y entra en calcada pugna el campo entero; ——————————entonces fue el gemir, confuso y vario, ——————————los que mueren; y arnés y caballero ——————————nadar entre el estrago sanguinario ——————————confundidos; y a par de los varones ——————————semiánimes sucumben los bridones. ———————————. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ———————————Sangre acá y acullá negra se vierte, ——————————nada el acero talador perdona, ——————————y todos entre golpes van la muerte ——————————buscando, que gloriosa los corona. ——————————En medio a tanto horror activa y fuerte ——————————ufánase Camila, de amazona, ——————————la de aljaba gentil, la que desnudo ——————————presenta un pecho en el combate rudo. ———————————Y ya esparza la virgen animosa ——————————tantos astiles con que el aire llena, ——————————ya el hacha de dos filos poderosa ——————————esgrima, siempre a su hombro el arco suena; ——————————el arco de oro y armas de la diosa. ——————————Ella, aun huyendo en la tendida arena, ——————————vuelto el arco descárgale a deshora, ——————————hiriendo atrás con flecha voladora. ———————————Dan a la semidiosa compañía, ——————————flor de Italia y su corte, la doncella ——————————Larina, y Tula, y la que en liza impía ——————————la ferrada segur, hiriendo, amella, ——————————Tarpeya audaz: a quienes ella había ——————————para formar su comitiva bella ——————————elegido por damas auxiliares, ——————————fuese en paz, fuese en bélicos azares. ———————————Tal se ostenta, ya bata el Termodonte ——————————helado, ya el peligro en la pelea ——————————con armas vistosísimas afronte, ——————————la tracia hueste de amazonas; sea ——————————que a Hipólita circunden, o que monte ——————————en su carro triunfal Pentesilea; ——————————la tropa femenil saltando agita ——————————lunadas peltas, y en tumulto grita. —La diosa, cuyas armas maneja Camila con tanta destreza, es Diana; en sus aras había hecho voto de perpetua castidad la bella cazadora, sobre cuyas sienes virginales se cierne ya la muerte. Diana lo ve, lo sabe, y no pudiendo contrastar el fallo del destino, resuelve vengar, apenas caiga en la lid, a la más amada de sus devotas, recoger su cuerpo para librarlo de toda profanación, y darle decorosa sepultura. Para comunicar sus órdenes a este fin, llama Diana a una de sus ninfas, Opis, y le refiere de paso la historia de Camila. Esta relación ha parecido a algunos extemporánea en boca de Diana, y piensan que Virgilio, en una revisión de la Eneida, habría retrotraído este episodio a otro lugar poniéndolo en estilo directo. De todas suertes es bellísimo: ——————————«¡Doncella! de mis armas el tesoro ——————————ciñe en vano Camila, y se abandona ——————————a una guerra crüel. ¡Camila, aquella ——————————que amo ante todas en mi corte bella! ———————————»Ni afecto es nuevo el que Dïana abriga ——————————y así a dulzura singular la mueve; ——————————a su hija tierna de Priverno amiga ——————————sacó, huyendo el furor de airada plebe, ——————————el tirano Metabo; amor le obliga ——————————a que por medio del tropel la lleve ——————————consigo; y alterando de Casmila, ——————————su madre, el nombre, la llamó Camila. ———————————»El destronado rey por compañera ——————————en su destierro la llevó consigo: ——————————conduciéndola en brazos va doquiera; ——————————con ella de agrios montes sin abrigo ——————————las yertas cimas prófugo supera; ——————————le estrecha en torno armado el enemigo: ——————————recorriendo los volscos la campaña ——————————por víctima le buscan de su saña. ———————————»He aquí que en medio de su fuga un día ——————————a la margen llegó del Amaseno: ——————————el agua rebosaba; tanta había ——————————caído en recia lluvia. El turbio seno ——————————quiso a nado pasar; mas, ¡ay!, temía ——————————por su carga preciosa: de afán lleno ——————————todo a un tiempo lo piensa, y de repente ——————————osado arbitrio avasalló su mente. ———————————»Iba empuñando, a la guerrera usanza, ——————————con nudos, y de sólida firmeza ——————————que el humo examinó, disforme lanza: ——————————de silvestre alcornoque en la corteza ——————————metió a la niña, al medio la afïanza ——————————del asta, y para el vuelo la adereza: ——————————blande en mano robusta el arma al viento, ——————————y esta plegaria eleva al firmamento: ———————————»“¡Oh de los bosques, tú, frecuentadora, ——————————alma virgen Latonia!, esta hija mía ——————————consagro a tu servicio desde ahora: ——————————ella a dudosas auras hoy se fía ——————————perseguida, y volando huye y te implora: ——————————tuya es, lleva tus armas; ¡tú la guía, ——————————sálvala tú!”. Y aquí con gran pujanza ——————————doblando el brazo despidió la lanza. ———————————»Suenan las ondas, y la pobre infante ——————————pasa sobre la rápida corriente ——————————no en vano asida al asta rechinante. ——————————Metabo, que ya encima el tropel siente, ——————————arrójase a las aguas, y triunfante, ——————————a un césped que vistió grama rïente ——————————(¡gran merced de la diosa, alta fortuna...!), ——————————arranca, el dardo con la intacta cuna. ———————————»Vaga, y ni aldea ni ciudad le asila; ——————————ni sufriera favor su índole brava: ——————————al modo rudo que el pastor estila, ——————————solitario en los montes habitaba; ——————————y con feral sustento a su Camila ——————————en madrigueras hórridas criaba: ——————————allí en sus tiernos labios, de bravía ——————————yegua las ubres exprimir solía. ———————————»Y aun los pasos primeros no ha ensayado ——————————con vacilante pie la tierna niña, ——————————sin que a sus plantas él dardo aguzado ——————————dé, y al hombro carcaj y arco le ciña; ——————————no, sin que en vez de manto y del tocado ——————————de oro, que el lujo cortesano aliña, ——————————desde la coronilla le suspenda ——————————sobre la espalda, piel de tigre horrenda. ———————————»¡Y qué era ver la bella cazadora ——————————venablos impeler con breve mano, ——————————o en torno de las sienes zumbadora ——————————el honda sacudir, y al cisne cano ——————————o ya la grulla derribar que mora ——————————orillas de Estrimón! En vano, en vano ——————————cien tirrenas matronas para nuera ——————————quisieron detenerla en su carrera. ———————————»Contenta con el culto de Dïana, ——————————ni de las armas la atención desvía ——————————ni la virginidad jamás profana ——————————a cuyo eterno amor su gloria fía. ——————————¡Oh, quién me diera que en contienda insana ——————————no hubiese ella de entrar en este día ——————————con los troyanos, y, a mi pecho cara, ——————————con vosotras aquí me acompañara! ———————————»Mas, ¡ay!, su acerba suerte se acelera... ——————————¡Ea! cruzando la región vacía ——————————tú al latino país baja ligera, ——————————ve al campo donde lid se enciende impía ——————————bajo auspicios infaustos; y quienquiera ——————————sea el que ofenda de la ninfa mía ——————————las carnes sacras, ítalo o troyano, ——————————pague el hecho a mis armas y a tu mano. ———————————»Recíbelas al punto, y de esta aljaba ——————————saca la flecha vengadora. A vuelo ——————————yo el cuerpo de la triste en nube cava, ——————————antes que le despojen, volverelo ——————————a la tierra que de hija tal se alaba, ——————————y tumba le daré». Dijo; y del cielo ——————————Opis se lanza en negro torbellino, ——————————y estruendosa en el aire abre camino. —Son muchas las hazañas con que se señala Camila en aquella jornada. Mató primero a Euneo, después a Liris, a Pagaso, a Amastro; en fin: ——————————————cuanta flecha ——————————ella lanza, obediente a su deseo ——————————mata un frigio, ora a izquierda, ora a derecha. —El incidente que sigue merece transcribirse íntegro; la virgen que vuela irritada, y asiendo de la rienda el caballo del fugitivo, que quiso burlarse de ella, le detiene, podría dar materia para un bonito cuadro; y este pasaje, y la muerte de la misma heroína, la han dado, en efecto, a Pinelli para dos de los diseños de estilo antiguo con que ilustró pasajes virgilianos (1781-1835): Camila y el hijo de Auno, Pinelli (Stories from Virgil, Church, 1882) ———— ———————————A parar cerca de ella entonces vino, ——————————y espantado suspéndese, el guerrero ——————————hijo de Auno, habitante de Apenino, ——————————que entre ligures ya no fue el postrero ——————————mientras sus fraudes protegió el destino. ——————————Ve que huir no le es dado el trance fiero, ——————————y ve también que de apartar no hay traza ——————————a la reina crüel que le amenaza. ———————————Arbitrios a idear comienza astuto, ——————————y dice: «Quien te aplaude, ¡oh cuánto yerra! ——————————No tú, mujer, más tu arrogante bruto ——————————autor es de tu gloria. Ven, más cierra ——————————el camino a la fuga; a pie disputo ——————————con las armas el campo: ¡ambos a tierra ——————————saltemos, y veamos, frente a frente ——————————si esa gárrula fama triunfa o miente!». ———————————Sintió del pundonor punzada aguda ——————————Camila; da el caballo a una escudera; ——————————e, igualando las armas, con desnuda ——————————espada, y parma sin divisa, espera. ——————————El mancebo del éxito no duda ——————————de su artificio, y huye; de ligera ——————————riendas ha vuelto, y con la espuela dura ——————————al veloz alazán volando apura. ———————————«¡Falso ligur, en vano el triunfo cantas ——————————de las perfidias que aprendiste! ¡En vano ——————————soberbio esperas que artimañas tantas ——————————a tu padre falaz te vuelvan sano!» ——————————Dijo la virgen; con aladas plantas ——————————pasa, cual rayo, al fugitivo, y mano ——————————delante del caballo que volaba, ——————————al freno pone, y del jinete traba. ———————————Y allí en la sangre de él venganza toma, ——————————con la facilidad con que en el cielo, ——————————desde alto pico abalanzado, asoma, ——————————ave sagrada, el gavilán, y a vuelo ——————————alcance da a la tímida paloma ——————————sobre las nubes; cae la sangre al suelo, ——————————mientras él las rapantes uñas ceba, ——————————y, las plumas que arranca, el viento lleva. —No por ser guerrera invicta dejaba Camila de ser mujer; la vistosa vestidura de un sacerdote frigio la deslumbra: olvídase de todo, llevada del vivo deseo de adueñarse de aquellos despojos brillantes; y por modo indirecto, esta debilidad de su sexo ha de costarle la vida: ———————————Arrunte, a quien por suyo el hado sella, ——————————ganándola de mano, hábil espía ——————————con dardo a punto a la veloz doncella, ——————————y busca al golpe fiero fácil vía. ——————————Si furiosa enemigos atropella ——————————en medio de la bélica porfía, ——————————él vuelve allá solícitas miradas ——————————y le sigue callando las pisadas; ———————————y si es que ella a su campo victoriosa ——————————torna el paso, tras recias embestidas, ——————————él entonces allá con insidiosa ——————————mano convierte las ligeras bridas. ——————————En su mañera ronda no reposa, ——————————las entradas tentando y las salidas, ——————————en largo giro, y con secreto gozo ——————————blande el asta certera el cauto mozo. ———————————En tal sazón en medio a los tropeles ——————————con frigias armas luce rico y fiero ——————————Cloreo, consagrado ya a Cibeles, ——————————en bridón espumoso caballero: ——————————en oro entretejidas cubren pieles, ——————————emplumadas de láminas de acero, ——————————su caballo; y él mismo se engalana ——————————con los esmaltes de extranjera grana. ———————————Cretenses flechas lanza cuando tiende ——————————el arco licio; al hombro el arco de oro ——————————tiémblale al vate, y de oro el casco esplende: ——————————su clámide amarilla, y el sonoro ——————————undívago ropaje anuda y prende ——————————en áurea joya; bárbaro tesoro ——————————muslo y pierna guarnece, y de la aguja ——————————la arte sutil su túnica dibuja. ———————————Tras éste corre, pues, la virgen, ora ——————————colgar quiera sus armas por trofeo ——————————al templo, o ya vestir, de cazadora, ——————————cautivo, el oro del vistoso arreo. ——————————Mujeril impaciencia la devora, ——————————y en manos, ¡infeliz!, de su deseo, ——————————en la confusa lid con alma y ojos ——————————tras esa presa va y esos despojos. ———————————Arrunte, la ocasión llegada al dolo, ——————————el dardo aparejado, oró ferviente: ——————————«¡Oh tú, a quien los Hirpinos como a solo ——————————dios del Soracte protector, la frente ——————————humildes inclinamos, almo Apolo! ——————————¡Tú en cuyo honor cien pinos luz viviente ——————————en piras dan; y a cuya sombra santa ——————————ascuas hollamos con segura planta! ———————————»¡Numen de alto poder! préstame oído: ——————————matar a esa mujer, que es nuestra afrenta, ——————————concede a nuestras armas. Nada pido ——————————del triunfo para mí: ni tengo cuenta ——————————con los despojos, ni del prez me cuido; ——————————mi nombre de otros hechos se alimenta. ——————————¡Ella caiga, ella muera! más no anhelo; ——————————y vuelva yo inglorioso al patrio suelo». ———————————Parte oyó, y a la alada ventolina ——————————parte de la plegaria Febo entrega: ——————————que con muerte el mancebo repentina ——————————postre a la virgen arrojada y ciega, ——————————a eso la oreja y voluntad inclina: ——————————que a su alta patria torne, eso deniega ——————————al suplicante, y este dulce voto ——————————la borrasca le alzó, robole el Noto. ———————————Silba el dardo en el viento. En ese instante ——————————todos los volscos con espanto mudo ——————————fijan de su señora en el semblante ——————————ojos y mente. Ella saber no pudo ——————————de viento, silbo, ni asta amenazante, ——————————¡ay!, hasta que llegó bajo el desnudo ——————————izquierdo pecho a hincarse el hierro aleve, ——————————y la virgínea sangre entrando bebe. ———————————A recibir acuden a porfía ——————————a la reina temblando sus doncellas. ——————————Con mezcla de terror y de alegría ——————————se hurta, ante todos, a la vista de ellas ——————————Arrunte desalado: ya no ansia ——————————astuto perseguir ajenas huellas; ——————————sin que de más que de escapar se acuerde, ——————————en medio del tumulto huye y se pierde. ———————————Así aquel lobo que en el campo deja ——————————a un gran novillo, o al pastor sin vida, ——————————cobarde al punto del lugar se aleja, ——————————el alcance temiendo, en presta huida: ——————————la conciencia del hecho audaz le aqueja; ——————————medrosa bajo el vientre recogida ——————————vuelve la cola, y sin mirar por dónde ——————————en marañada selva entra y se esconde. ———————————Entre tanto la virgen moribunda ——————————arranca con la diestra el dardo hundido; ——————————en vano; entre los huesos con profunda ——————————llaga se ceba el hierro encrudecido; ——————————sombra de muerte su mirada inunda, ——————————fáltale ya la sangre y el sentido, ——————————y la color que tuvo purpurina ——————————desaparece de su faz divina. ———————————Ser llegada sintió su hora postrera, ——————————y a Acca se vuelve, de su corte dama, ——————————en leales afectos la primera, ——————————en cuya fe su corazón derrama. ——————————«¡Acca —dice—, mi dulce compañera! ——————————Ya se acabó de mi vivir la llama, ——————————a esta llaga no esperes que resista; ——————————toda es en torno oscuridad mi vista. ———————————»Ve, y di a Turno mi anhelo postrimero: ——————————que ocupe mi lugar, y a los troyanos ——————————de la ciudad repela. Adiós, yo muero». ——————————Calla, y huyen las riendas de sus manos; ——————————fría ya, desmayado el cuerpo entero, ——————————sucumbe renunciando a esfuerzos vanos, ——————————y el blando cuello y la sagrada frente ——————————reposa al fin la virgen falleciente. La muerte de Camila, Antonio Tempestá (s. XVII, Biblioteca Nacional de España) ———— —Muerta Camila, empéñase nuevo y recio combate. Ha llegado entretanto el momento de que Opis cumpla las órdenes de Diana: ———————————De la diosa ministra vigilante ——————————impávida testigo de la liza ——————————sentada en alto monte, allá distante ——————————Opis mirando está la horrenda riza. ——————————Mas viendo en el tropel vociferante ——————————la sentenciada ninfa que agoniza, ——————————su conmovido pecho no consiente ——————————moderación, y clama en voz doliente: ———————————«¡Pobrecita de ti! porque contraste ——————————hacer quisiste a la nación troyana, ——————————¡oh, en qué modo crüel tu error pagaste! ——————————¡Cuán cara te costó la guerra insana! ——————————¡En vano desde niña fiel honraste ——————————en solitarias grutas a Diana! ——————————¡En vano por las selvas dando asombro ——————————nuestro arco y flechas suspendiste al hombro! ———————————«Consuélate; no a muerte desastrosa ——————————a ti tu reina abandonar pudiera; ——————————de gente en gente sonarás famosa, ——————————y la mancha de inulta no te espera: ——————————gloria y venganza te dará la diosa, ——————————gloria y pronta venganza. ¡Oh, sí, quienquiera ——————————que haya sido el autor de tu desgracia, ——————————yo vengo al campo a castigar su audacia!». ———————————La tumba de Derceno, de Laurento ——————————antiguo rey, del monte al pie se empina ——————————en que Opis vigilaba, monumento ——————————de amontonada tierra, que una encina ——————————con sombra amiga cubre. En un momento ——————————su vuelo gentilísimo declina ——————————ágil la diosa allá, y en lo alto puesta ——————————a Arrunte busca con mirada presta. ———————————Con su marcial espléndido atavío ——————————marchar le ha visto, en vanagloria hinchado; ——————————y «¿A dónde, a dónde vas con tal desvío? ——————————revuelve —dice—; ¡aquí te llama el hado! ——————————Matador de Camila, yo te fío ——————————que llevarás el galardón ganado; ——————————a ti, también a ti se ha dado en suerte ——————————de armas divinas recibir la muerte». ———————————Y habiendo del carcaj, que de oro es hecho, ——————————sacado una saeta alada, apunta ——————————no sin ira la ninfa, a largo trecho ——————————tendiendo el arco, hasta que comba y junta ——————————entre sí los extremos ante el pecho, ——————————y, ambas manos en línea igual, la punta ——————————tocando está del hierro con la izquierda, ——————————y el seno con la diestra y con la cuerda. ———————————El disparado arpón que rasga el viento ——————————sintió Arrunte, y, a par del estallido, ——————————en sus carnes el hierro entrar violento. ——————————No se acordaron de él, y allí tendido ——————————los suyos en el haz del campamento ——————————lanzar le dejan el postrer gemido ——————————sobre el polvo ignorado. Alzando el vuelo ——————————Opis veloz restituyose al cielo. —Con esto concluye el episodio de Camila. Los rútulos cejan, y corren a encerrarse en la plaza. Turno, noticioso de la muerte de Camila, desampara la asechanza puesta a Eneas, y vuelve precipitadamente a Laurento. Tras él, y de cerca, llega Eneas con sus tropas: la noche, suspendiendo las hostilidades, envuelve en oscuras sombras ambos campamentos. Y el poeta también toma aliento para empezar nuevo canto (XII y final de la Eneida). —Eichhoff compara a Camila con Atalanta, tal como la pinta Apolonio, en la entrevista con Jasón (Argon. I), y con la ninfa Cirene (Píndaro, Pyth., IX) consagrada también al culto de Diana. —Pero el punto de vista más interesante y característico es el de la muerte de Camila; y es precisamente el que adopta Sainte-Beuve para trazar un paralelo entre la amazona virgiliana y las mujeres de su clase que la precedieron o siguieron en la tradición legendaria o en la fantasía de los poetas —las Pentesileas y Clorindas. —Apenas muere Pentesilea, Aquiles levanta el yelmo que cubría el semblante de la vencida guerrera, y al contemplar aquella faz, aunque difunta, todavía radiante, gime arrepentido de haber quitado la vida a tan peregrina, y al parecer sobrehumana hermosura. —Es forzoso saltar por cima de Virgilio, y llegar a los poetas caballerescos para encontrar renovada y desenvuelta la alianza que aquel incidente ofrece, de las armas de Marte y de Venus. «Los modernos —dice el citado eminente crítico— cuando por rápida pendiente los arrastra la fantasía, no saben contenerse en los honestos términos que conocía Virgilio. Debido al espíritu galante que prevaleció en la Edad Media, nos hemos figurado que no ha de introducirse en un poema tipo de mujer que no entienda de amor y no fleche corazones». Prescindamos de las damas andantes de antiguos libros y poemas de trovadores: aun la Clorinda del Tasso, el tipo mas severo y noble, es sin quererlo blanco al deseo: dos veces combate con Tancredo, y dos veces vencida, en la primera el héroe le declara su pasión, en la segunda, torna a reconocerla lleno de amor y desesperación, tarde ya para volverla a la vida. «Tancredo en esa vez —dice Sainte-Beuve— es un segundo Aquiles; pero Aquiles fino, humanitario y cristiano». —Tipos análogos reaparecen en los poemas españoles, desde el Bernardo del Obispo Valbuena, hasta el Esvero de Maury. Valbuena, describiendo a Arcangélica, define perfectamente el doble carácter de vencedora que ofrece la amazona de los modernos poetas: ——————————Un arnés se vistió de acero fino; ——————————y no con flaca y femenil espada ——————————la alta defensa de su honor previno, ——————————mas cual bella amazona se arrebata, ——————————y con belleza y armas rinde y mata. —Y este doble modo de combatir no forma el carácter de la amazona virgiliana. Sainte-Beuve, con tanto acierto como delicadeza, decide que lo que distingue y caracteriza a Camila es la castidad severa, la ausencia de toda aventura galante: ————————————————Virginitatis amorem ———————————Intemerata colit. —Ni es la única vez en que Virgilio consagra la castidad. ¿Quién no recuerda la magistral enumeración que hace nuestro poeta (Eneida, VI) de las clases de hombres que por las virtudes que ejercitaron en esta vida han de ir a gozar de bienhadado descanso en la otra? «Allí (en frondoso bosque de laureles que ensordecen las cascadas del Erídano) allí están; los que recibieron heridas lidiando por la patria; los sacerdotes que tuvieron una vida casta: —————————————casti dum vita manebat; los vates piadosos que cantaban versos dignos de Febo; los que perfeccionaron la vida con las artes que inventaron; y los que por sus méritos viven en la memoria de los hombres. Todos éstos llevan ceñidas las sienes de nevadas ínfulas». Ya De Maistre en su inmortal libro Del Papa recogió, entre otros muchos, este testimonio de Virgilio en honor de la castidad, y se burló donosamente de la sutileza con que el protestante Heyne trató de desenredarse de este anticipado homenaje tributado por un poeta gentil a un punto esencial de la disciplina católica. —Permítasenos al adoptar aquí la opinión del crítico francés, copiar de nuevo sus palabras. «Virgilio —dice— que no podía desconocer los antecedentes literarios del tipo que describe, deliberadamente no quiso afear con ningún incidente exótico la virginal figura de Camila; y se guarda de traer a cuento una circunstancia perturbadora, que hubiera tentado a cualquiera otro poeta, que un Ovidio habría realzado y amplificado sin escrúpulo. De la antigua amazona no quiso tomar Virgilio para la suya sino el gallardo brío, los agraciados movimientos de leona, la marcial elegancia en los combates». —Probable es, por lo demás, que esta encantadora creación de Camila tuviese algún fundamento en tradiciones latinas: así lo observa Heyne, refiriéndose a un pasaje de Catón (Origg.), citado por Servio. Aquella virgen salvada por milagro en sus tiernos años y desde entonces consagrada a Diana; aquel lío en que se oyen vagidos infantiles, atado por el fugitivo padre a un dardo, y con tanta intrepidez lanzado por él al otro lado de la corriente, son rasgos que Virgilio debió de sacar de alguna fábula admitida en el país de los volscos, donde habría acaso alguna tumba o monumento apellidado de Camila, como en Licia el de Sarpedón. «Comoquiera, Virgilio dio a su guerrera doncella, consagrada enteramente como Hipólito, a la casta deidad de los bosques, un carácter propio y singular que la distingue de todas las amazonas del mundo». —Y no que carezca Camila del divino don de la belleza: todos los jóvenes y las madres todas salen de los caseríos y se precipitan a verla; pero sólo de lejos logran admirarla: prospectant euntem. Es esquiva, pero con la libre esquivez del instinto, no con suspicaz recelo, ni con aquella dura ingratitud engendradora de desesperadas pasiones que en fábulas o novelas pastorales pintaron Teócrito y el mismo Virgilio, Tasso y Cervantes. En la trágica historia de Dido, Virgilio había apurado el doloroso diagnóstico de una mujer enferma de amor, y nada quiso que tuviese en común con aquel infierno la hija de las selvas: Camila ni padece ni hace padecer; vive en una esfera de completa inocencia. —Añadamos que Camila aparece en vida y en muerte, invicta e inviolable. No sucumbe como Pentesilea y Clorinda, en singular combate, bajo los golpes de armas más poderosas que las suyas: vencerla, nadie pudo; sólo a traición llega alguno a darle muerte. —Y así convenía, para que el matador huya cobarde en vez de cebar primero las manos y después las miradas en la hermosísima víctima. Diana libra de toda profanación a su amada servidora: envuélvela en blanca nube, y róbala por siempre a los ojos de los hombres. Miguel Antonio Caro (Repertorio Colombiano, septiembre de 1882; Obras completas, vol. 3, pág. 201)

0
1
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.