Camila, la amazona virgiliana
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La muerte de Camila, Pinelli ( Stories from Virgil , Church, 1882)
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—C a m i l a, la virgen cazadora, la intrépida batalladora italiana, es una de las más hermosas creaciones de Virgilio.
—En sentido objetivo e histórico el tipo a que esta creación poética se refiere, ha de buscarse en las antiguas amazonas, raza bélica de mujeres que figura en la mitología griega. Según tradiciones más o menos fabulosas, tuvieron su asiento, en remotas edades, cerca del Cáucaso: obedecían a una reina, y sólo de tarde en tarde se permitían relaciones con los hombres de tribus vecinas. Cuando nacían hijos varones, los devolvían a sus padres, o según otros, les daban muerte o los criaban en oficios serviles. A las hembras desde niñas las acostumbraban a ejercicios varoniles, en el laboreo de tierras, en la caza y en la guerra, y les cercenaban, o les quemaban, o según otros, les atrofiaban por medio de continua presión mecánica, el pecho derecho, a fin de ponerlas más expeditas para el manejo de las armas. Veneraban principalmente al dios de la guerra (Marte) y a la diosa de la caza (Diana). Alúdese en escritores antiguos a conquistas que hicieron, y a ciudades que fundaron, en Asia, África y Europa.
—Heródoto, que menciona a menudo a las amazonas, habla de una batalla en que fueron vencidas por los griegos, sobre el Termodonte; y Plutarco, en la vida de Teseo, refiere pormenores de otra batalla cerca de Atenas, de que conservó memoria un antiguo escritor llamado Clidemo. Dan también extensas y curiosas noticias sobre las amazonas Diodoro Sículo y Justino, Filóstrato, Jornandes y Quinto Curcio. Este último consigna la anécdota de la amazona Talestris, que solicitó de Alejandro la honra de volver a su tierra llevando en su seno la esperanza de un renuevo del invicto conquistador. Tales relatos abundan en pormenores a todas luces fabulosos; pero tan diversos y numerosos testimonios persuaden a muchos modernos, como persuadieron a Plutarco, que esta leyenda, lo mismo que otros muchos cuentos mitológicos, tiene fundamento remoto en algún hecho verdadero envuelto en las nieblas de la antigüedad. Nada tiene de imposible, verbigracia, la explicación de Justino sobre el origen de las amazonas: supone que fueron una tribu escita que se estableció en el Cáucaso; que exasperados con las incursiones que los hombres de dicha tribu hacían sobre el Euxino, los sármatas los persiguieron, los vencieron y pasaron a cuchillo a muchos, de donde resultó quedar pocos hombres en la tribu. Las mujeres, que entre los escitas eran robustas, y se enseñaban desde tierna edad a manejar armas, salieron a campaña, tomaron venganza de sus enemigos, proclamaron a una reina, y se constituyeron en sexo fuerte.
—Componíase la armadura de una amazona de casco, escudo pequeño, ligero y corvo (pelta lunata), arco y flechas, espada y hacha de dos filos (bipenis). Así aparece en un sarcófago del museo del Capitolio, en Roma.
Amazona con sus armas típicas, según el sarcófago que menciona el texto ( A dictionary of Roman and Greek antiquities , Rich, 1890)
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—Camila, la amazona italiana de Virgilio, tiene hasta cierto punto una precursora en Pentesilea, reina de las amazonas orientales, que figuró ya, según antigua tradición, en la guerra de Troya. En un cuadro de la galería que adornaba los muros del templo de Juno en Cartago, el náufrago Eneas (Eneida, libro I) descubre entre otras figuras conocidas la de la terrible guerrera escita. En el cuadro descrito por Virgilio, Pentesilea aparece «comandando la hueste de amazonas, armadas de corvos escudos: desnudo un pecho, terciado el cinturón de oro, mézclase enardecida en la revuelta liza, y combate mano a mano con esforzados guerreros».
—Completa exprofeso tan vaga noticia, Quinto Cálaber, o Smirneo, poeta griego del siglo V, autor de una continuación de la Ilíada, en que recogió noticias, probablemente consignadas en los antiguos y hoy desconocidos poemas cíclicos. En una partida de caza, mientras iba persiguiendo a un ciervo, Pentesilea sin pensarlo hiere mortalmente a su querida hermana Hipólita. Huyendo con dolor del teatro de aquel homicidio involuntario, y llevada de ardor aventurero y bélico, Pentesilea, con un escuadrón de doce compañeras, se aleja de las riberas del Termodonte, y llegando a las del Escamandro, término de su audaz correría, se declara auxiliar de los troyanos. La presencia de la infatigable hija de Marte, semejante a una divinidad, tan hermosa como terrible, reanima a los diezmados y abatidos defensores de Ilión. Y aquí comienza la historia de las hazañas prodigiosas de la tremenda heroína, narradas por Quinto, hasta que, empeñada en vengar a Héctor, desafía a Aquiles mismo, combate con él, y muere a sus manos.
—Mas ni los recuerdos de Pentesilea, «ni todas las adiciones y combinaciones del mismo tipo en el Tasso y en otros poetas modernos, nada —dice Sainte-Beuve— hará olvidar aquel perfil de Camila, tan preciso y tan puro, y a la par correcto y aéreo».
—Eneas, luego que llega al Lacio, guiado por la voz de los oráculos y por inspiración divina, solicita la alianza del rey latino y pide la mano de su hija Lavinia. Turno, pretendiente de la regia heredera, se opone al extranjero, e inflamado por las Furias y ayudado por la Discordia, pregona guerra al invasor, y convoca a todos los pueblos de Italia a la defensa nacional. Pasa muestra Virgilio (Eneida, libro VII) a los capitanes y tropas que acuden alborotadamente al llamamiento, y termina la enumeración de los ruidosos aprestos con estos versos, al través de los cuales vemos, alada y radiante, la figura de Camila:
———————————Con gallardo escuadrón la marcha cierra
——————————Camila, orgullo de la volsca gente:
——————————sus jinetes temblar hacen la tierra
——————————acorazados de metal luciente.
——————————No a hilar, no a tejer mimbres, mas en guerra
——————————a lidiar y a sufrir, manos y mente
——————————dio la animosa virgen, que en su vuelo
——————————vence el aura y apenas toca el suelo.
———————————Sobre campos y mieses pasaría
——————————sin mover las aristas la doncella
——————————en su rápido curso; cruzaría
——————————con planta enjuta y fugitiva huella
——————————hinchadas olas de la mar bravía
——————————como suspensa aparición. Por vella
——————————mozos, hembras, en campos y poblados,
——————————acuden a su paso embelesados.
———————————Y aun de lejos admiran cómo vuela
——————————gentil; cómo con púrpura los bellos
——————————hombros, terciando regio manto, vela;
——————————y cómo los undívagos cabellos
——————————en auríferos hilos encarcela;
——————————cuál, con licio carcaj, vibra destellos;
——————————y cuál blande con noble desenfado
——————————el mirto pastoral de hierro armado.
—Piérdese de vista la figura de Camila, y aparece de nuevo (libro XI) acompañada de su femenina guardia de honor a las puertas de Laurento, al frente de la caballería. Notable contraste el que va a ofrecer esta audaz guerrera con Lavinia, hija del rey, que roja de vergüenza y llena de miedo ni alza los lindos ojos ni profiere palabra. Ha llegado a la ciudad la nueva de que Eneas se aproxima: prepáranse ambos ejércitos a una batalla decisiva: y entonces es cuando
———————————acompañada de la volsca gente
——————————Camila al paladino se atraviesa
——————————al paso, y ya en las puertas, reverente
——————————a tierra salta la gentil princesa:
——————————dóciles a su ejemplo, incontinente
——————————se apean las demás con fácil priesa;
——————————y a hablar ella principia de este suerte:
——————————«Turno, si un pecho que se siente fuerte,
———————————»si un ánimo resuelto, confianza
——————————poner puede en sus fuerzas, yo de lleno
——————————contrastar del troyano la pujanza
——————————prometo, y sola arrostraré al tirreno.
——————————Deja que vaya a ejecutar venganza
——————————mi diestra, y de peligros fausto estreno
——————————haga esta vez en el combate duro;
—————————— y tú con los de a pie guarnece el muro».
———————————«¡Ornamento de Italia, denodada
——————————virgen! —Turno a su vez exclama, puesta
——————————en la fiera doncella la mirada—:
——————————¿Qué gracias dignas, qué cortés respuesta
——————————podré dar, a tu mérito adecuada?
——————————Mas ya que a todo riesgo estás dispuesta,
——————————obremos de consuno...»
—Turno da sus órdenes a Camila. El ejército aliado viene dividido en dos trozos: y Eneas quedó a retaguardia. Turno deja resguardados los muros y torres de la ciudad; Camila con los otros capitanes de caballería, ocupará una explanada, delante de la ciudad, para hacer frente a la vanguardia enemiga; mientras él, con un trozo de infantería, irá a dar una sorpresa a Eneas, al pasar éste por un peligroso desfiladero.
—Pronto se empeña el combate de caballería. Virgilio acomoda esta descripción a la táctica de su tiempo: embestidas y fugas simuladas precedían al rencuentro decisivo de las tropas que peleaban a caballo.
———————————He aquí a los muros el unido bando
——————————de etruscos y troyanos caballeros
——————————en ordenadas haces va marchando:
——————————huellan el campo indómitos y fieros
——————————sacudiendo las bridas y bufando
——————————los sofrenados brutos. ¡Cuál de aceros
——————————erizados los llanos se estremecen,
——————————y en puntas mil y mil arder parecen!
———————————Mesapo, en esto, enfrente a los troyanos
——————————asoma con los rápidos latinos,
——————————y el ala de Camila, y los hermanos
—————————— que mandan la legión de tiburtinos:
——————————van apretando en recogidas manos
——————————largas lanzas, y blanden dardos finos;
——————————acércanse, el furor que inspiran crece,
——————————y el bramar de los potros se enardece.
———————————Cuando uno y otro ejército venido
——————————hubo a tiro de dardo, ambos se paran;
——————————de ambas partes en súbito alarido
——————————prorrumpen, y al encuentro se preparan:
——————————cada uno a su corcel de ardor henchido
——————————anima con la voz; todos disparan
——————————arrojadizas armas a porfía
——————————cual densa nieve, y se oscurece el día...
———————————Y ya llegaban a las puertas, cuando
——————————veis que a la carga los latinos gritan,
——————————de los brutos volviendo el cuello blando:
——————————a su turno los otros ejercitan
——————————la fuga, y vuelan, rienda suelta dando.
——————————Dos veces los toscanos precipitan
——————————contra el muro a los rútulos guerreros;
——————————dos, cubriendo la espalda, huyen ligeros.
———————————Lo mismo en el vaivén de la marea
——————————el ponto, ora se avanza a la campaña,
——————————altos escollos espumoso albea,
——————————apartadas arenas crespo baña:
——————————ora retrocediendo raudo ondea,
——————————y riscos que rodó su hirviente saña
——————————torna a sorber, bajando, y se repliega,
——————————y las húmedas playas desanega.
———————————Mas así que principian el tercero
——————————encuentro, cada cual toma adversario,
——————————y entra en calcada pugna el campo entero;
——————————entonces fue el gemir, confuso y vario,
——————————los que mueren; y arnés y caballero
——————————nadar entre el estrago sanguinario
——————————confundidos; y a par de los varones
——————————semiánimes sucumben los bridones.
———————————. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
———————————Sangre acá y acullá negra se vierte,
——————————nada el acero talador perdona,
——————————y todos entre golpes van la muerte
——————————buscando, que gloriosa los corona.
——————————En medio a tanto horror activa y fuerte
——————————ufánase Camila, de amazona,
——————————la de aljaba gentil, la que desnudo
——————————presenta un pecho en el combate rudo.
———————————Y ya esparza la virgen animosa
——————————tantos astiles con que el aire llena,
——————————ya el hacha de dos filos poderosa
——————————esgrima, siempre a su hombro el arco suena;
——————————el arco de oro y armas de la diosa.
——————————Ella, aun huyendo en la tendida arena,
——————————vuelto el arco descárgale a deshora,
——————————hiriendo atrás con flecha voladora.
———————————Dan a la semidiosa compañía,
——————————flor de Italia y su corte, la doncella
——————————Larina, y Tula, y la que en liza impía
——————————la ferrada segur, hiriendo, amella,
——————————Tarpeya audaz: a quienes ella había
——————————para formar su comitiva bella
——————————elegido por damas auxiliares,
——————————fuese en paz, fuese en bélicos azares.
———————————Tal se ostenta, ya bata el Termodonte
——————————helado, ya el peligro en la pelea
——————————con armas vistosísimas afronte,
——————————la tracia hueste de amazonas; sea
——————————que a Hipólita circunden, o que monte
——————————en su carro triunfal Pentesilea;
——————————la tropa femenil saltando agita
——————————lunadas peltas, y en tumulto grita.
—La diosa, cuyas armas maneja Camila con tanta destreza, es Diana; en sus aras había hecho voto de perpetua castidad la bella cazadora, sobre cuyas sienes virginales se cierne ya la muerte. Diana lo ve, lo sabe, y no pudiendo contrastar el fallo del destino, resuelve vengar, apenas caiga en la lid, a la más amada de sus devotas, recoger su cuerpo para librarlo de toda profanación, y darle decorosa sepultura. Para comunicar sus órdenes a este fin, llama Diana a una de sus ninfas, Opis, y le refiere de paso la historia de Camila. Esta relación ha parecido a algunos extemporánea en boca de Diana, y piensan que Virgilio, en una revisión de la Eneida, habría retrotraído este episodio a otro lugar poniéndolo en estilo directo. De todas suertes es bellísimo:
——————————«¡Doncella! de mis armas el tesoro
——————————ciñe en vano Camila, y se abandona
——————————a una guerra crüel. ¡Camila, aquella
——————————que amo ante todas en mi corte bella!
———————————»Ni afecto es nuevo el que Dïana abriga
——————————y así a dulzura singular la mueve;
——————————a su hija tierna de Priverno amiga
——————————sacó, huyendo el furor de airada plebe,
——————————el tirano Metabo; amor le obliga
——————————a que por medio del tropel la lleve
——————————consigo; y alterando de Casmila,
——————————su madre, el nombre, la llamó Camila.
———————————»El destronado rey por compañera
——————————en su destierro la llevó consigo:
——————————conduciéndola en brazos va doquiera;
——————————con ella de agrios montes sin abrigo
——————————las yertas cimas prófugo supera;
——————————le estrecha en torno armado el enemigo:
——————————recorriendo los volscos la campaña
——————————por víctima le buscan de su saña.
———————————»He aquí que en medio de su fuga un día
——————————a la margen llegó del Amaseno:
——————————el agua rebosaba; tanta había
——————————caído en recia lluvia. El turbio seno
——————————quiso a nado pasar; mas, ¡ay!, temía
——————————por su carga preciosa: de afán lleno
——————————todo a un tiempo lo piensa, y de repente
——————————osado arbitrio avasalló su mente.
———————————»Iba empuñando, a la guerrera usanza,
——————————con nudos, y de sólida firmeza
——————————que el humo examinó, disforme lanza:
——————————de silvestre alcornoque en la corteza
——————————metió a la niña, al medio la afïanza
——————————del asta, y para el vuelo la adereza:
——————————blande en mano robusta el arma al viento,
——————————y esta plegaria eleva al firmamento:
———————————»“¡Oh de los bosques, tú, frecuentadora,
——————————alma virgen Latonia!, esta hija mía
——————————consagro a tu servicio desde ahora:
——————————ella a dudosas auras hoy se fía
——————————perseguida, y volando huye y te implora:
——————————tuya es, lleva tus armas; ¡tú la guía,
——————————sálvala tú!”. Y aquí con gran pujanza
——————————doblando el brazo despidió la lanza.
———————————»Suenan las ondas, y la pobre infante
——————————pasa sobre la rápida corriente
——————————no en vano asida al asta rechinante.
——————————Metabo, que ya encima el tropel siente,
——————————arrójase a las aguas, y triunfante,
——————————a un césped que vistió grama rïente
——————————(¡gran merced de la diosa, alta fortuna...!),
——————————arranca, el dardo con la intacta cuna.
———————————»Vaga, y ni aldea ni ciudad le asila;
——————————ni sufriera favor su índole brava:
——————————al modo rudo que el pastor estila,
——————————solitario en los montes habitaba;
——————————y con feral sustento a su Camila
——————————en madrigueras hórridas criaba:
——————————allí en sus tiernos labios, de bravía
——————————yegua las ubres exprimir solía.
———————————»Y aun los pasos primeros no ha ensayado
——————————con vacilante pie la tierna niña,
——————————sin que a sus plantas él dardo aguzado
——————————dé, y al hombro carcaj y arco le ciña;
——————————no, sin que en vez de manto y del tocado
——————————de oro, que el lujo cortesano aliña,
——————————desde la coronilla le suspenda
——————————sobre la espalda, piel de tigre horrenda.
———————————»¡Y qué era ver la bella cazadora
——————————venablos impeler con breve mano,
——————————o en torno de las sienes zumbadora
——————————el honda sacudir, y al cisne cano
——————————o ya la grulla derribar que mora
——————————orillas de Estrimón! En vano, en vano
——————————cien tirrenas matronas para nuera
——————————quisieron detenerla en su carrera.
———————————»Contenta con el culto de Dïana,
——————————ni de las armas la atención desvía
——————————ni la virginidad jamás profana
——————————a cuyo eterno amor su gloria fía.
——————————¡Oh, quién me diera que en contienda insana
——————————no hubiese ella de entrar en este día
——————————con los troyanos, y, a mi pecho cara,
——————————con vosotras aquí me acompañara!
———————————»Mas, ¡ay!, su acerba suerte se acelera...
——————————¡Ea! cruzando la región vacía
——————————tú al latino país baja ligera,
——————————ve al campo donde lid se enciende impía
——————————bajo auspicios infaustos; y quienquiera
——————————sea el que ofenda de la ninfa mía
——————————las carnes sacras, ítalo o troyano,
——————————pague el hecho a mis armas y a tu mano.
———————————»Recíbelas al punto, y de esta aljaba
——————————saca la flecha vengadora. A vuelo
——————————yo el cuerpo de la triste en nube cava,
——————————antes que le despojen, volverelo
——————————a la tierra que de hija tal se alaba,
——————————y tumba le daré». Dijo; y del cielo
——————————Opis se lanza en negro torbellino,
——————————y estruendosa en el aire abre camino.
—Son muchas las hazañas con que se señala Camila en aquella jornada. Mató primero a Euneo, después a Liris, a Pagaso, a Amastro; en fin:
——————————————cuanta flecha
——————————ella lanza, obediente a su deseo
——————————mata un frigio, ora a izquierda, ora a derecha.
—El incidente que sigue merece transcribirse íntegro; la virgen que vuela irritada, y asiendo de la rienda el caballo del fugitivo, que quiso burlarse de ella, le detiene, podría dar materia para un bonito cuadro; y este pasaje, y la muerte de la misma heroína, la han dado, en efecto, a Pinelli para dos de los diseños de estilo antiguo con que ilustró pasajes virgilianos (1781-1835):
Camila y el hijo de Auno, Pinelli ( Stories from Virgil , Church, 1882)
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———————————A parar cerca de ella entonces vino,
——————————y espantado suspéndese, el guerrero
——————————hijo de Auno, habitante de Apenino,
——————————que entre ligures ya no fue el postrero
——————————mientras sus fraudes protegió el destino.
——————————Ve que huir no le es dado el trance fiero,
——————————y ve también que de apartar no hay traza
——————————a la reina crüel que le amenaza.
———————————Arbitrios a idear comienza astuto,
——————————y dice: «Quien te aplaude, ¡oh cuánto yerra!
——————————No tú, mujer, más tu arrogante bruto
——————————autor es de tu gloria. Ven, más cierra
——————————el camino a la fuga; a pie disputo
——————————con las armas el campo: ¡ambos a tierra
——————————saltemos, y veamos, frente a frente
——————————si esa gárrula fama triunfa o miente!».
———————————Sintió del pundonor punzada aguda
——————————Camila; da el caballo a una escudera;
——————————e, igualando las armas, con desnuda
——————————espada, y parma sin divisa, espera.
——————————El mancebo del éxito no duda
——————————de su artificio, y huye; de ligera
——————————riendas ha vuelto, y con la espuela dura
——————————al veloz alazán volando apura.
———————————«¡Falso ligur, en vano el triunfo cantas
——————————de las perfidias que aprendiste! ¡En vano
——————————soberbio esperas que artimañas tantas
——————————a tu padre falaz te vuelvan sano!»
——————————Dijo la virgen; con aladas plantas
——————————pasa, cual rayo, al fugitivo, y mano
——————————delante del caballo que volaba,
——————————al freno pone, y del jinete traba.
———————————Y allí en la sangre de él venganza toma,
——————————con la facilidad con que en el cielo,
——————————desde alto pico abalanzado, asoma,
——————————ave sagrada, el gavilán, y a vuelo
——————————alcance da a la tímida paloma
——————————sobre las nubes; cae la sangre al suelo,
——————————mientras él las rapantes uñas ceba,
——————————y, las plumas que arranca, el viento lleva.
—No por ser guerrera invicta dejaba Camila de ser mujer; la vistosa vestidura de un sacerdote frigio la deslumbra: olvídase de todo, llevada del vivo deseo de adueñarse de aquellos despojos brillantes; y por modo indirecto, esta debilidad de su sexo ha de costarle la vida:
———————————Arrunte, a quien por suyo el hado sella,
——————————ganándola de mano, hábil espía
——————————con dardo a punto a la veloz doncella,
——————————y busca al golpe fiero fácil vía.
——————————Si furiosa enemigos atropella
——————————en medio de la bélica porfía,
——————————él vuelve allá solícitas miradas
——————————y le sigue callando las pisadas;
———————————y si es que ella a su campo victoriosa
——————————torna el paso, tras recias embestidas,
——————————él entonces allá con insidiosa
——————————mano convierte las ligeras bridas.
——————————En su mañera ronda no reposa,
——————————las entradas tentando y las salidas,
——————————en largo giro, y con secreto gozo
——————————blande el asta certera el cauto mozo.
———————————En tal sazón en medio a los tropeles
——————————con frigias armas luce rico y fiero
——————————Cloreo, consagrado ya a Cibeles,
——————————en bridón espumoso caballero:
——————————en oro entretejidas cubren pieles,
——————————emplumadas de láminas de acero,
——————————su caballo; y él mismo se engalana
——————————con los esmaltes de extranjera grana.
———————————Cretenses flechas lanza cuando tiende
——————————el arco licio; al hombro el arco de oro
——————————tiémblale al vate, y de oro el casco esplende:
——————————su clámide amarilla, y el sonoro
——————————undívago ropaje anuda y prende
——————————en áurea joya; bárbaro tesoro
——————————muslo y pierna guarnece, y de la aguja
——————————la arte sutil su túnica dibuja.
———————————Tras éste corre, pues, la virgen, ora
——————————colgar quiera sus armas por trofeo
——————————al templo, o ya vestir, de cazadora,
——————————cautivo, el oro del vistoso arreo.
——————————Mujeril impaciencia la devora,
——————————y en manos, ¡infeliz!, de su deseo,
——————————en la confusa lid con alma y ojos
——————————tras esa presa va y esos despojos.
———————————Arrunte, la ocasión llegada al dolo,
——————————el dardo aparejado, oró ferviente:
——————————«¡Oh tú, a quien los Hirpinos como a solo
——————————dios del Soracte protector, la frente
——————————humildes inclinamos, almo Apolo!
——————————¡Tú en cuyo honor cien pinos luz viviente
——————————en piras dan; y a cuya sombra santa
——————————ascuas hollamos con segura planta!
———————————»¡Numen de alto poder! préstame oído:
——————————matar a esa mujer, que es nuestra afrenta,
——————————concede a nuestras armas. Nada pido
——————————del triunfo para mí: ni tengo cuenta
——————————con los despojos, ni del prez me cuido;
——————————mi nombre de otros hechos se alimenta.
——————————¡Ella caiga, ella muera! más no anhelo;
——————————y vuelva yo inglorioso al patrio suelo».
———————————Parte oyó, y a la alada ventolina
——————————parte de la plegaria Febo entrega:
——————————que con muerte el mancebo repentina
——————————postre a la virgen arrojada y ciega,
——————————a eso la oreja y voluntad inclina:
——————————que a su alta patria torne, eso deniega
——————————al suplicante, y este dulce voto
——————————la borrasca le alzó, robole el Noto.
———————————Silba el dardo en el viento. En ese instante
——————————todos los volscos con espanto mudo
——————————fijan de su señora en el semblante
——————————ojos y mente. Ella saber no pudo
——————————de viento, silbo, ni asta amenazante,
——————————¡ay!, hasta que llegó bajo el desnudo
——————————izquierdo pecho a hincarse el hierro aleve,
——————————y la virgínea sangre entrando bebe.
———————————A recibir acuden a porfía
——————————a la reina temblando sus doncellas.
——————————Con mezcla de terror y de alegría
——————————se hurta, ante todos, a la vista de ellas
——————————Arrunte desalado: ya no ansia
——————————astuto perseguir ajenas huellas;
——————————sin que de más que de escapar se acuerde,
——————————en medio del tumulto huye y se pierde.
———————————Así aquel lobo que en el campo deja
——————————a un gran novillo, o al pastor sin vida,
——————————cobarde al punto del lugar se aleja,
——————————el alcance temiendo, en presta huida:
——————————la conciencia del hecho audaz le aqueja;
——————————medrosa bajo el vientre recogida
——————————vuelve la cola, y sin mirar por dónde
——————————en marañada selva entra y se esconde.
———————————Entre tanto la virgen moribunda
——————————arranca con la diestra el dardo hundido;
——————————en vano; entre los huesos con profunda
——————————llaga se ceba el hierro encrudecido;
——————————sombra de muerte su mirada inunda,
——————————fáltale ya la sangre y el sentido,
——————————y la color que tuvo purpurina
——————————desaparece de su faz divina.
———————————Ser llegada sintió su hora postrera,
——————————y a Acca se vuelve, de su corte dama,
——————————en leales afectos la primera,
——————————en cuya fe su corazón derrama.
——————————«¡Acca —dice—, mi dulce compañera!
——————————Ya se acabó de mi vivir la llama,
——————————a esta llaga no esperes que resista;
——————————toda es en torno oscuridad mi vista.
———————————»Ve, y di a Turno mi anhelo postrimero:
——————————que ocupe mi lugar, y a los troyanos
——————————de la ciudad repela. Adiós, yo muero».
——————————Calla, y huyen las riendas de sus manos;
——————————fría ya, desmayado el cuerpo entero,
——————————sucumbe renunciando a esfuerzos vanos,
——————————y el blando cuello y la sagrada frente
——————————reposa al fin la virgen falleciente.
La muerte de Camila, Antonio Tempestá (s. XVII, Biblioteca Nacional de España )
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—Muerta Camila, empéñase nuevo y recio combate. Ha llegado entretanto el momento de que Opis cumpla las órdenes de Diana:
———————————De la diosa ministra vigilante
——————————impávida testigo de la liza
——————————sentada en alto monte, allá distante
——————————Opis mirando está la horrenda riza.
——————————Mas viendo en el tropel vociferante
——————————la sentenciada ninfa que agoniza,
——————————su conmovido pecho no consiente
——————————moderación, y clama en voz doliente:
———————————«¡Pobrecita de ti! porque contraste
——————————hacer quisiste a la nación troyana,
——————————¡oh, en qué modo crüel tu error pagaste!
——————————¡Cuán cara te costó la guerra insana!
——————————¡En vano desde niña fiel honraste
——————————en solitarias grutas a Diana!
——————————¡En vano por las selvas dando asombro
——————————nuestro arco y flechas suspendiste al hombro!
———————————«Consuélate; no a muerte desastrosa
——————————a ti tu reina abandonar pudiera;
——————————de gente en gente sonarás famosa,
——————————y la mancha de inulta no te espera:
——————————gloria y venganza te dará la diosa,
——————————gloria y pronta venganza. ¡Oh, sí, quienquiera
——————————que haya sido el autor de tu desgracia,
——————————yo vengo al campo a castigar su audacia!».
———————————La tumba de Derceno, de Laurento
——————————antiguo rey, del monte al pie se empina
——————————en que Opis vigilaba, monumento
——————————de amontonada tierra, que una encina
——————————con sombra amiga cubre. En un momento
——————————su vuelo gentilísimo declina
——————————ágil la diosa allá, y en lo alto puesta
——————————a Arrunte busca con mirada presta.
———————————Con su marcial espléndido atavío
——————————marchar le ha visto, en vanagloria hinchado;
——————————y «¿A dónde, a dónde vas con tal desvío?
——————————revuelve —dice—; ¡aquí te llama el hado!
——————————Matador de Camila, yo te fío
——————————que llevarás el galardón ganado;
——————————a ti, también a ti se ha dado en suerte
——————————de armas divinas recibir la muerte».
———————————Y habiendo del carcaj, que de oro es hecho,
——————————sacado una saeta alada, apunta
——————————no sin ira la ninfa, a largo trecho
——————————tendiendo el arco, hasta que comba y junta
——————————entre sí los extremos ante el pecho,
——————————y, ambas manos en línea igual, la punta
——————————tocando está del hierro con la izquierda,
——————————y el seno con la diestra y con la cuerda.
———————————El disparado arpón que rasga el viento
——————————sintió Arrunte, y, a par del estallido,
——————————en sus carnes el hierro entrar violento.
——————————No se acordaron de él, y allí tendido
——————————los suyos en el haz del campamento
——————————lanzar le dejan el postrer gemido
——————————sobre el polvo ignorado. Alzando el vuelo
——————————Opis veloz restituyose al cielo.
—Con esto concluye el episodio de Camila. Los rútulos cejan, y corren a encerrarse en la plaza. Turno, noticioso de la muerte de Camila, desampara la asechanza puesta a Eneas, y vuelve precipitadamente a Laurento. Tras él, y de cerca, llega Eneas con sus tropas: la noche, suspendiendo las hostilidades, envuelve en oscuras sombras ambos campamentos. Y el poeta también toma aliento para empezar nuevo canto (XII y final de la Eneida).
—Eichhoff compara a Camila con Atalanta, tal como la pinta Apolonio, en la entrevista con Jasón (Argon. I), y con la ninfa Cirene (Píndaro, Pyth., IX) consagrada también al culto de Diana.
—Pero el punto de vista más interesante y característico es el de la muerte de Camila; y es precisamente el que adopta Sainte-Beuve para trazar un paralelo entre la amazona virgiliana y las mujeres de su clase que la precedieron o siguieron en la tradición legendaria o en la fantasía de los poetas —las Pentesileas y Clorindas.
—Apenas muere Pentesilea, Aquiles levanta el yelmo que cubría el semblante de la vencida guerrera, y al contemplar aquella faz, aunque difunta, todavía radiante, gime arrepentido de haber quitado la vida a tan peregrina, y al parecer sobrehumana hermosura.
—Es forzoso saltar por cima de Virgilio, y llegar a los poetas caballerescos para encontrar renovada y desenvuelta la alianza que aquel incidente ofrece, de las armas de Marte y de Venus. «Los modernos —dice el citado eminente crítico— cuando por rápida pendiente los arrastra la fantasía, no saben contenerse en los honestos términos que conocía Virgilio. Debido al espíritu galante que prevaleció en la Edad Media, nos hemos figurado que no ha de introducirse en un poema tipo de mujer que no entienda de amor y no fleche corazones». Prescindamos de las damas andantes de antiguos libros y poemas de trovadores: aun la Clorinda del Tasso, el tipo mas severo y noble, es sin quererlo blanco al deseo: dos veces combate con Tancredo, y dos veces vencida, en la primera el héroe le declara su pasión, en la segunda, torna a reconocerla lleno de amor y desesperación, tarde ya para volverla a la vida. «Tancredo en esa vez —dice Sainte-Beuve— es un segundo Aquiles; pero Aquiles fino, humanitario y cristiano».
—Tipos análogos reaparecen en los poemas españoles, desde el Bernardo del Obispo Valbuena, hasta el Esvero de Maury. Valbuena, describiendo a Arcangélica, define perfectamente el doble carácter de vencedora que ofrece la amazona de los modernos poetas:
——————————Un arnés se vistió de acero fino;
——————————y no con flaca y femenil espada
——————————la alta defensa de su honor previno,
——————————mas cual bella amazona se arrebata,
——————————y con belleza y armas rinde y mata.
—Y este doble modo de combatir no forma el carácter de la amazona virgiliana. Sainte-Beuve, con tanto acierto como delicadeza, decide que lo que distingue y caracteriza a Camila es la castidad severa, la ausencia de toda aventura galante:
————————————————Virginitatis amorem
———————————Intemerata colit.
—Ni es la única vez en que Virgilio consagra la castidad. ¿Quién no recuerda la magistral enumeración que hace nuestro poeta (Eneida, VI) de las clases de hombres que por las virtudes que ejercitaron en esta vida han de ir a gozar de bienhadado descanso en la otra? «Allí (en frondoso bosque de laureles que ensordecen las cascadas del Erídano) allí están; los que recibieron heridas lidiando por la patria; los sacerdotes que tuvieron una vida casta:
—————————————casti dum vita manebat;
los vates piadosos que cantaban versos dignos de Febo; los que perfeccionaron la vida con las artes que inventaron; y los que por sus méritos viven en la memoria de los hombres. Todos éstos llevan ceñidas las sienes de nevadas ínfulas». Ya De Maistre en su inmortal libro Del Papa recogió, entre otros muchos, este testimonio de Virgilio en honor de la castidad, y se burló donosamente de la sutileza con que el protestante Heyne trató de desenredarse de este anticipado homenaje tributado por un poeta gentil a un punto esencial de la disciplina católica.
—Permítasenos al adoptar aquí la opinión del crítico francés, copiar de nuevo sus palabras. «Virgilio —dice— que no podía desconocer los antecedentes literarios del tipo que describe, deliberadamente no quiso afear con ningún incidente exótico la virginal figura de Camila; y se guarda de traer a cuento una circunstancia perturbadora, que hubiera tentado a cualquiera otro poeta, que un Ovidio habría realzado y amplificado sin escrúpulo. De la antigua amazona no quiso tomar Virgilio para la suya sino el gallardo brío, los agraciados movimientos de leona, la marcial elegancia en los combates».
—Probable es, por lo demás, que esta encantadora creación de Camila tuviese algún fundamento en tradiciones latinas: así lo observa Heyne, refiriéndose a un pasaje de Catón (Origg.), citado por Servio. Aquella virgen salvada por milagro en sus tiernos años y desde entonces consagrada a Diana; aquel lío en que se oyen vagidos infantiles, atado por el fugitivo padre a un dardo, y con tanta intrepidez lanzado por él al otro lado de la corriente, son rasgos que Virgilio debió de sacar de alguna fábula admitida en el país de los volscos, donde habría acaso alguna tumba o monumento apellidado de Camila, como en Licia el de Sarpedón. «Comoquiera, Virgilio dio a su guerrera doncella, consagrada enteramente como Hipólito, a la casta deidad de los bosques, un carácter propio y singular que la distingue de todas las amazonas del mundo».
—Y no que carezca Camila del divino don de la belleza: todos los jóvenes y las madres todas salen de los caseríos y se precipitan a verla; pero sólo de lejos logran admirarla: prospectant euntem. Es esquiva, pero con la libre esquivez del instinto, no con suspicaz recelo, ni con aquella dura ingratitud engendradora de desesperadas pasiones que en fábulas o novelas pastorales pintaron Teócrito y el mismo Virgilio, Tasso y Cervantes. En la trágica historia de Dido, Virgilio había apurado el doloroso diagnóstico de una mujer enferma de amor, y nada quiso que tuviese en común con aquel infierno la hija de las selvas: Camila ni padece ni hace padecer; vive en una esfera de completa inocencia.
—Añadamos que Camila aparece en vida y en muerte, invicta e inviolable. No sucumbe como Pentesilea y Clorinda, en singular combate, bajo los golpes de armas más poderosas que las suyas: vencerla, nadie pudo; sólo a traición llega alguno a darle muerte.
—Y así convenía, para que el matador huya cobarde en vez de cebar primero las manos y después las miradas en la hermosísima víctima. Diana libra de toda profanación a su amada servidora: envuélvela en blanca nube, y róbala por siempre a los ojos de los hombres.
Miguel Antonio Caro
(Repertorio Colombiano, septiembre de 1882; Obras completas, vol. 3, pág. 201)
(Repertorio Colombiano, septiembre de 1882; Obras completas, vol. 3, pág. 201)