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Neredes

Usuario (Argentina)

Primer post: 6 abr 2012Último post: 3 nov 2012
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Cazados: una historia de zombis - Capítulo 5
ParanormalporAnónimo4/6/2012

5 Amenaza Inminente - ¿Qué pasa, Tatiana? ¿Te comieron la lengua los ratones? – decíaCora mientras apretaba cada vez más el cuchillo contra mi cuerpo. - Sabía que eras una mierda. Siempre lo fuiste – no podía hablar demasiado. Esteban se acercó con cuidado y acomodó el cuchillo para poderclavarlo mejor. Nunca había sentido tanto miedo, ni siquiera cuando fuiatacada por el Infectado. Los latidos se aceleraban y mi respiracióncomenzaba a entrecortarse. Solo tenía una esperanza, pero Pablo parecíaestar en otra. El hombre se agachó y sentí como el cuchillo comenzaba a penetrarla bolsa. Trate de tirar mi estómago hacia atrás, pero Cora me loimpedía. Fueron solo segundos en los que vi aparecer una sombra cercade la carpa. No podía gritar, pero tenía que hacer algo antes de que elcuchillo me atravesara. Esteban se dio vuelta y vio que la sombra sacaba un arma. Cora miró sorprendida. ¿Quién era? - Tate – dijo al mismo tiempo que abrí el cierre. Lo que pasó a continuación fue rapidísimo. Algo que ni yo tuvetiempo de procesar. Cora me soltó y se volvió a esconder en la bolsa.Esteban no tenía otro lugar a donde ir, así que tiró el cuchillo, seguardó el walkie y se sentó delante de mí como si nada hubiese pasado. - Tatiana – volvió a decir Pablo cuando entró - ¿Todo bien? - Si, si… Ya terminé de hablar con Esteban, necesito un poco de aire. Intenté no sonar desesperada, pero la situación me superaba. Melevanté, y me limpié la cara con la maga de la remera. Estaba llorando(increíble). Salí de la carpa y seguí a Pablo. Por un rato ninguno delos dos dijo algo. Pero suponiendo que Pablo dedujo qué pasó no hacíafalta hablar. Entramos en la carpa que comparte con tres personas más y nossentamos. Me miró el cuello y movió la cabeza. Tenía un corte, mínimopero profundo. Recién empezaba a sangrar y Pablo trató de detenerla. - ¿Qué paso? – me preguntó en voz baja. - Tenía razón, Esteban está embrollado con alguien. Pablo, Cora es una traidora. - ¿¡QUÉ!? – no podía creerlo. - Si, los escuché teniendo sexo en el bosque y justo sonó elwalkie… Están con un hombre que se llama Gabriel – no podía hablar más,estaba a punto de quebrar en llanto. - Hay que decírselo a Marco. - No podemos. Hay que encontrar a ese grupo antes de que ellos nosencuentren a nosotros. Esteban quiere venganza y a este paso va alograrlo. - ¿Venganza? ¿De qué? - Hace dos meses, antes de asentarnos como campamento, Marco yEsteban fueron parte de una tragedia. Antes de llegar a acá, Marcotenía, digámosle, novia. María, se llamaba. Pero al parecer empezó atener una relación paralela con Esteban (según Marco) y el resultadofinal fue la muerte de María. Desde entonces Marco odia a Esteban y poreso nos separamos – traer al presente esos recuerdo me hacía mal. - Pero, ¿Por eso lo mataría? Levanté los hombros y miré hacia fuera. Esteban salía de la carpacon Cora. Sentía una rabia tremenda. Sin embargo, no todo estaba dicho.No podía contarle toda la verdad a Pablo. Nos catalogaría de monstruosy se uniría a la causa. Sigue sorprendiéndome que Esteban esté vivo.- Salí de la carpa y me fui a la del consejo. Por ahora la mejorcompañía era la de Verónica. Cuando entré me sorprendió haberla vistosonriendo. Digo, no es imposible, pero si improbable. Me senté en unade las sillas reclinables que encontramos buscando por el bosque y lamiré. Parecía perdida en un mundo inconsciente en donde los problemasdesaparecían. Verónica estaba drogada. - Vero, ¡Vero! – le grité. No me prestaba atención -. ¿Qué tomaste? - Nada, Cora me dio un caramelo. - ¿Caramelo? ¿Te fijaste la fecha de vencimiento? Sí, ya sé. Fue muy estúpido habérselo preguntado, pero necesitaba sacarle información de forma rápida. - No, pero sí se me deshizo en la boca. - Hay no… ¿Parecía un parche? – y vi que asentía - ¡Mierda, Verónica! Te dieron de probar Pepa. - ¿Qué? Era inútil. No podía mantener una conversación estable. Para elmomento, seguro que ya estaba viendo elefantes de colores. Me levanté ymiré a Ed. Ya le quedaba poco pelo y la piel parecía haber perdidomucha agua. Todavía respiraba, señal de que faltaba para que muera. Mevolví a sentar e hice un esfuerzo sobrehumano para quedarme despierta.Le peligro estaba por todos lados, y las cosas que había vivido en elmismo día no favorecían para nada. De a poco fui apagándome hasta que… * * * * * Sus manos huesudas intentaban traspasar la reja. Pero aun así, eraimposible. No sé cómo habíamos logrado escapar pero todavía teníamos unlargo camino por delante. Miré hacia atrás y todavía estaba allí,suplicante, pidiendo por ayuda. Debía darle la espalda al pasado ycaminar hacia un futuro misterioso. Un grito desgarrador fue lo único que escuché luego… ¿Cómo sobrevivió? * * * * * Me desperté de estrépito. Un ruido corto y fuerte fue mi alarma. Vique Verónica dormía placenteramente luego de que el alucinógeno hubiesesurtido todos los efectos posibles. Me levanté, me estiré y salí de lacarpa. La gente estaba reunida viendo algo. Me acerqué pero Marco me agarró del brazo y me llevó lejos de la gente. - ¿Y esto a que se debe? – le pregunté algo mal humorada. Me temía lo peor. - Cora, tiene un walkie. Por importante que pareciera lo que me dijo, me sentí aliviada. Por lo menos Pablo no le contó nada. - ¿Cómo te enteraste? - le pregunté, intentando sonar interesada. - La escuché hablando con un tal Guillermo… Tatiana, están viniendo para acá - ¿Lo estaba diciendo contento? - ¿Y por qué la sonrisa? - Si esa gente está con coches podríamos aprovecharnos y salir de acá lo antes posible. Además tenemos que movernos ¿no? - Se nota que no estás entendiendo – la cara me lo decía todo -. Marco, esa gente no viene con buenas intenciones. Me miró muy serio. - Marco, esto es todo un plan de Esteban para sacarte del mapa… Y lo va a llevar hasta las últimas consecuencias. La noticia lo dejó atónito. Su rivalidad con Esteban no era ningún secreto, pero ahora dejaba en claro que uno tenía que morir. Marco se había quedado sin palabras. No entendía que pasaba.Parecía haber hecho un retroceso a cuando María se había muerto. Volvíla mirada hacia atrás y vi que Esteban hablaba con la gente. Todo se meestaba yendo de las manos. Parecía que le estaban haciendo un funeral a Mara. Sebastián se veía muy acongojado. Su mirada estaba ausente. Algo había para hacer. Un último movimiento que no afectara anadie. Necesitaba despejar mi mente. Dejé a Marco solo y comencé acaminar por el bosque. Había tanas cosas que quería entender y no podía. ¿Para qué Corale dio la droga a Verónica? ¿Quién era esa gente? ¿Quién era Guillermo?¿Por qué tanto empeño en matar a Marco? Seguía inmersa en mispensamientos sin darme cuenta de que algo me perseguía. No de la formaque yo perseguía Esteban, sino que me seguía inconscientemente. Lo miré. Era un nene, que por cierto me parecía bastante conocido. - Hola – le dije. Pero no me respondió. Parecía inmerso en un mar de ideas. Tal cualcomo el nene de San Patricio… ¡El nene de San Patricio! Miré en todasdirecciones. No había rastro de los Infectados, pero eso significabaque estaban cerca. * * * * * Corrí como una condenada pero había logrado volver al campamento.Había caminado demasiado en el bosque y el nene me vio por lo que lascosas esas ya debían saber dónde nos encontrábamos. Me acerqué al grupo. Todos estaban tristes menos Cora y Estebanque me miraban de reojo. No iba a delatarlos. Teníamos que “unirfuerzas” si queríamos sobrevivir y seguir con nuestras misiones. - Escúchenme todos – dije irrumpiendo el momento emotivo -. No megusta dar malas noticias, pero los Infectados están cada vez más cerca. - Pero todavía tenemos tiempo para escapar, ¿no? - No lo sé... Un fuerte gruñido, como el que escuchamos en San Patricio, resonóen la lejanía del bosque. Todos se miraron entre sí. Verónica salió dela carpa (aún media perdida) y Mora y Carlos se integraron al grupo. - Eso responde tu pregunta.

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Cazados 2: Ut pacem ad mundi - Capítulo 5
Cazados 2: Ut pacem ad mundi - Capítulo 5
ParanormalporAnónimo11/3/2012

CAZADOS II ~5~ Enfermedad -¡TATIANA! -Grita Héctor. Me doy vuelta y le clavo el cuchillo en el ojo a un zombi. Estamos completamente rodeados, y estando a pocas cuadras de la entrada del Refugio. Jessica y Héctor se subieron a una camioneta blanca, mientras que yo estoy luchando por no caerme del Fiesta al que me subí. Los zombis están desesperados. Cada tanto alguno que otro se logra subir a la trompa del auto, pero se termina resbalando. Héctor y Jessica la están pasando peor. Los zombis, de tantos que hay, mueven la camioneta. Seis cuadras corrimos como locos hasta que Héctor cayó del dolor en una de sus piernas y tuvimos que recurrir a los autos. Además, corremos con desventaja. El Refugio está bajo tierra y es poco probable que vayamos a ser rescatados. -Miren -les digo, y señalo hacia un edificio. Un zombi, enterado de lo que estaba sucediendo abajo, empezó a pegarle a un ventanal viejo y roto. Pronto, logró romperlo del todo y se tiró al vacío. Una lluvia de vidrio vino acompañada de un cuerpo moribundo que terminó de vivir al chocar contra el piso. Un par de muertos se dan vuelta y se quedan “mirando” el espectáculo desplegado por uno de los suyos. Aunque son ciegos, el ruido les llamó la atención. No es suficiente distracción para poder escapar. En eso se me prende la lamparita. Sólo me quedan tres cartuchos para la escopeta, pero a causa del auto en el que me encuentro parada, no puedo intentar disparar sin preocuparme por ser mordida. Le grito a Héctor mi plan y lo comprende enseguida. Veo que se pone en posición y apunta, mientras Jessica intenta disipar cuanto más zombis pueda. Héctor dispara. La bala penetra en el parabrisas de un auto lejano. La alarma no suena. Mierda. Veo que intenta disparar a otro auto a la misma distancia y tampoco suena. Se da vuelta y me muestra su cara de preocupación. -Intentá una vez más -le grito. Asiente con la cabeza. Todo sucede muy rápido. Mientras Héctor se prepara para volver a disparar, Jessica clava un cuchillo en la cabeza de algún zombi. Sin embargo, se queda trabado y no puede soltarlo. Los zombis parecen moverse cada vez más y la camioneta en cualquier momento se caerá. Héctor tiene poco tiempo. Dispara. El auto al que le disparó hace un ruido ensordecedor. Los zombis se mueven en masa y logran derribar la camioneta. Ahora tenemos dos problemas. Un grupo se mueve hacia el auto, mientras que otro se mueve hacia la camioneta caída. Vamos de mal en peor, pienso. Jessica grita desesperada. Uso los cartuchos que me quedan para ayudarlos, pero es en vano. De repente, una marea de balas arremeten contra el grupo de zombis. Miro hacia la derecha. ¡Son los chicos! Daniel salta de detrás de una camioneta y se acerca a mi. Ayudo clavándole el cuchillo a algunos. Daniel está usando un traje blanco de pies a cabeza. -¡Salta! -Me grita. Con menos zombis alrededor, no lo pienso ni un segundo y salto. Caigo algo chueca en sus brazos y los dos salimos corriendo a ayudar a Jessica y a Héctor. Daniel me da una pistola y los dos empezamos a disparar. Pronto llegamos a los otros dos. No obstante, los zombis vuelven a encerrarnos. Escuchamos un ruido fuerte y vemos que Soria se lleva por delante a un par de zombis. Los cuatro saltamos dentro del auto y el hombre, manejado en reversa, nos lleva hasta el refugio. El auto en el que maneja está viejo y algo roto. Hay mucho olor a encierro y eso me marea. Los cinco nos bajamos. Soria golpea la puerta y Macarena nos abre. Ya estamos seguros. Por suerte nadie salió herido. * * * * * -Entonces, ¿qué fue lo que encontraron? -Pregunta Soria, mientras se apoya en la pared. Luego de habernos bañado y hacer todo para recomponernos, nos reunimos en el living para cenar. Como era de esperar, Soria y el resto nos iban a preguntar qué había pasado. Yo iba a tener que dar las explicaciones. -Era como unas bestias mejoradas -dice Jessica - ¿Cómo se llamaban, Tatiana? Todas las miradas recaen en mí. -Infectados... O por lo menos así les digo yo. -¿Un qué? -Un Infectado. Es una especie de zombi, pero más inteligente. El resto se mira entre sí. Es como si les estuviese contando una mentira. -¿Es un chiste, no? -Pregunta Macarena. -No. -¿Y cómo hicieron para escapar? -Soria estaba bastante cargoso. -Bueno, va a perecer raro pero... -El revolver de Tatiana tiene es una especie de bala milagrosa -dice Jessica de sopetón. -¡Jessica! -La reprendo. Tarde o temprano voy a tener que contarles toda la historia. El porqué de estar tan interesada en León. -Es verdad -digo al fin -, el revolver que les mostré el primer día que llegué nos salvó la vida a todos. Parece que los asusté. -¿Y cómo es eso? -Daniel, quien había permanecido callado hasta entonces, habló. -No sé. Cuando uno quiso atacarme le disparé y calló al piso, muerto. -¿Y cuándo descubriste que existían los Infectados? Mi cuerpo luchaba para dejar de hablar. Sin darme cuenta, los ojos se me empaparon. Tengo que dejar de ser tan dura conmigo misma y abrirme a otra gente. Pero no puedo. Daniel me mira con mala cara. Sabe que me pasa algo malo. -Fue hace algún tiempo en San Padro, es un pueblito que queda... -¿¡San Pedro!? -Dice Soria extrañado. Todos lo miramos. Ahora puedo concentrarme en otra cosa. -Si, ¿qué problema hay? -Ese lugar es un desierto. No vive nadie ahí desde hace unos cuarenta o treinta y cinco años. Una tormenta hizo que todos tuvieran que evacuarse y desde entonces nadie volvió a pisar el pueblo. -¿De dónde sabés eso? -Pregunta Macarena. -Bueno, antes trabajaba en la municipalidad de... Aprovechando el momento, me escabullí de la habitación y me fui hacia los cuartos. Quería tiempo para mi. Tiempo para pensar y seguir llorando. Me das asco, dice mi subconsciente. Ya llegando a mi habitación, escucho unos pasos. Es Daniel. Parece preocupado. -Te fuiste así de la nada. -Quería estar un rato sola. -¿Estas bien? -y me agarra de los brazos de forma cariñosa. -No. Pero en ese momento sentí que una sensación eléctrica me recorría los brazos. Una sensación tan buena como fuerte. Nunca antes me había sentido así, bueno en realidad sí, pero jamás de una forma tan cercana con alguien. Es como si mi cuerpo quisiera todo de Daniel. Lo miro y el me sonríe. -Desde que llegué o me secuestraron mejor dicho, vos fuiste el único con el que tengo un vínculo especial. No sé cómo llamarle a nuestra relación, pero en estas últimas semanas me di cuenta que solo no se puede sobrevivir. Quiero que sepas que siempre contás conmigo... Bajo la cabeza. Toma con su mano mi mentón y levanta mi cara. Parece estar relajado. Tiene ese brillo en los ojos. Mi cuerpo se siente raro. En estos casi cinco días jamás me había pasado esto. Es como si quisiera tomar control de la situación. Como si una fiera interior de la que jamás tuve noción que existiera, quisiera salir y arrasar con todo. La temperatura me sube y siento una sensación fea y cálida. Beso a Daniel. No quiero dejarlo ir, no por el momento. Lo tomo del cuello de la camisa y lo arrastro a la habitación. Quiero dar ese paso importante. Confío totalmente en él y hacer esto significa todo para mí. Cierro la puerta. Suspiro y lo vuelo a mirar. Un millón de cosas suceden al mismo tiempo: un cosquilleo tremendo en el estómago, algo dentro que se retuerce con placer y algo que no sé cómo describirlo. -¿Estás segura? -Me pregunta. -Si... Dejando el mundo de lado, nos entregamos al placer y dejamos que las caricias y besos nos dejen llevar. * * * * * Nunca antes me sentí igual. Al principio tuve un poco de miedo. Todavía no puedo creer que haya pasado esto. Me acomodo y me recuesto sobre el cálido pecho de Daniel. El olor a perfume impregnado en su piel me gusta. Puedo sentir cómo respira y el sonido de los latidos de su corazón. -¿En qué pensás? -Me pregunta. -Estuve soñando -le digo -. Estuve soñando en el día que todo esto terminara. Ya no había zombis y teníamos espacio suficiente para movernos. Aire puro y fresco y tiempo libre para hacer lo que nos placiera. Yo estaba en un campo verde, acostada sobre el húmedo pasto. Me sentía como la Novicia Rebelde pero sin canciones ni nazis. Daniel se ríe. El vínculo de confianza que se creó entre nosotros dos es más fuerte. -Es por eso que me gustas -y me da un beso en la cabeza -. ¿Puedo hacerte una pregunta? Asiento. -¿Por qué viniste a la ciudad de León? -Tarde o temprano llegaría. -Por recomendación de un amigo, Pablo. El que me dio el arma, ¿sabés? El me dijo, antes de morirse, que si quería encontrar respuestas tenía que venir a León. -¿Y? ¿Algún avance? -Mas o menos. El revolver tiene un símbolo. Cuando le preguntaba a Pablo sobre el dibujo me respondía con una frase en latín, creo. Estuve mucho tiempo con dudas hasta el día de hoy, que encontré ese símbolo en una pared en el edificio donde supuestamente se encontraba el “Sobreviviente Selecto”. -¿Sabés que significa la frase o el símbolo? -No, todavía no. Daniel me abraza fuerte, me da otro beso en la cabeza y pretende levantarse, pero alguien irrumpe en la habitación. Es Macarena. Avergonzada, me levanto y sintiéndome como en una película me tapo con las sábanas, aunque a Macarena mucho no le importa. -POR FAVOR, VENGAN -su voz suena desesperada -. ALGO LE PASÓ A HÉCTOR. Nos vestimos lo más rápido posible y salimos corriendo al living, donde los cuatro estaban jugando un juego de mesa. Monopoly, nunca lo entendí el juego. Héctor está tirado sobre el tablero, inmóvil e inconsciente. -¿Qué pasó? -Pregunta Daniel. -Estábamos jugando lo más tranquilo y de la nada se cayó. -¿Tiene pulso? -Sí Jessica está algo trastornada. No sé cuál es la relación que tiene con Héctor, pero está muy preocupada. Si sigue así le va a agarrar un ataque de nervios. Soria y Daniel lo trasladan a su cuarto. -¿Tenemos antibióticos o medicamentos? -Pregunto. -Muy pocos. Hay más cosas de primero auxilios como gasas y Pervinox. Hay antifebriles y algún que otro jarabe para la tos -contesta Macarena -. Por eso hacemos rondas de recolección en la ciudad, para buscar medicamentos y otras cosas que no tenemos o escasean. Daniel y Soria charlan en la puerta del cuarto. No saben qué le pasa a Héctor. Por favor no, por favor no, aunque mi subconsciente no quiera, yo sé muy bien que puede ser. Entro al cuarto y me siento al lado de él. Le tomo la pesada y cálida mano y lo miro. Héctor tiene un rostro cuadrado y pálido. Tiene el pelo muy negro y unas pestañas largas. Sobre el rostro, el cual aún cuanta con su juventud, hay una fina capa de vello. Tiene orejas pequeñas y una nariz recta y acorde con su rostro. -¿Por qué todo los que se relacionan conmigo terminan muertos o enfermos? Me acerco y veo que está transpirando como un chivo. Está muy caliente, demasiado. Sintiendo curiosidad, levanto uno de los párpados y veo que el ojo tiene un pequeño derrame a un costado. Inspeccionando más de cerca noto que la parte que debería ser blanca está un poco rosada. Por favor no. Abro el otro ojo y compruebo lo mismo. Ahora recuerdo que en el edificio tenía todo el rostro manchado con saliva de un Infectado. Salgo del cuarto y llamo a Daniel. -¿Qué pasa? -Puede que tengamos un intruso... Puede que Héctor se convierta en un zombi, o mucho peor, en un Infectado.

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