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Primer post: 29 jun 2012Último post: 2 ago 2013
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De un espíritu libre
De un espíritu libre
Ciencia EducacionporAnónimo8/2/2013

De un espíritu libre Primero que nada, ¡hola a todos!, la intención de crear éste Post, podría decirse que fue un instinto, casi primario, natural, diría yo, buscar la sana provocación de la reflexión, ¿y que es la reflexión?, sino es flexionarse sobre uno mismo, sobre nuestro espíritu. Como seres bípedo que somos, usemos las rodillas de nuestra experiencia, busquemos el pensamiento haciendo guiño al sentimiento místico, propio del ser humano, al ser metafísico que llevamos cada uno, como filosofar en la vereda con amigos. Pero mas que nada, darle espacio un descanso al espíritu, al arte, a la filosofía, y por decirlo de alguna manera: "dejar que nuestra alma baile descalza sobre los pasillos del mundo". Hoy en día, muy pocos se toman un mínimo de su tiempo para esa búsqueda del yo interior, de purgar tu pasiones y obsesiones. Hoy puedes decir BASTA!, puedes usar el ojo secreto que llevas dentro, que ve y contempla más allá de la percepción trivial, y te arroja lejos del rebaño para convertirte en lobo y en un impulso te lleva muy lejos, donde nunca pensaste que irías, es la hora ya, estás abortado del mundo ahora y dejas tras de ti, el nombre, el lugar donde siempre te escondes, donde juegas con el rol que te a tocado, y ya no sos quien normalmente eres, te animo, no mejor, te obligo!, por una hora al menos, una hora, A DEJAR DE SER QUIEN ERES, a cambiar algo que no te gusta de tu vida y tomar alternativas diferentes, alcanzar nuevas decisiones. Tómalo como un juego, una diversión, un recreo, porque sabes que te lo mereces, que lo necesitas, y no me refiero a salir de joda o algo parecido, me refiero a buscar la verdad de tu existencia, a una toma de conciencia, al estilo zen; porque en la actualidad estamos atrapados por la tecnología, por la holgazanería mental y la falta de espiritualidad o intelectualidad, (como lo quieran decir), deja bucear a la curiosidad sobre tu océano interno, y cuestionate, pregúntate: que sería de mi vida si yo hiciera esto o aquello; ¿se entiende?. Hemos sido atrapados por situaciones que no nos pertenecen a lo largo de nuestra vida, de momentos irreales, situaciones falsas y papeles que como pésimos actores fuimos forzados a interpretar. Si nunca lo intentaste, espabila: ESTE ES EL MOMENTO, y si no encuentras el interés, aléjate!, no sea que te apartes rápido de la mediocridad y te asustes. Y como dijo Pappo, ¡Que sea Rock! Quiero dejarles un par de cosas para ayudarlos a despegar: Algo de poesía y música para el arrebato El tigre Tigre, tigre, que te enciendes en luz Por los bosques de la noche ¿Qué mano inmortal, qué ojo Pudo idear tu terrible simetría? ¿En qué profundidades distantes, En qué cielos ardió el fuego de tus ojos? ¿Con qué alas osó elevarse? ¿Qué mano osó tomar ese fuego? ¿Y qué hombro, y qué arte Pudo tejer la nervadura de tu corazón? Y al comenzar los latidos de tu corazón, ¿Qué mano terrible? ¿Qué terribles pies? ¿Qué martillo? ¿Qué cadena? ¿En qué horno se templó tu cerebro? ¿En qué yunque? ¿Qué tremendas garras osaron Sus mortales terrores dominar? Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas Y bañaron los cielos con sus lágrimas ¿Sonrió al ver su obra? ¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo? Tigre, tigre, que te enciendes en luz, Por los bosques de la noche ¿Qué mano inmortal, qué ojo Osó idear tu terrible simetría? Quiero oír tu voz gritando desde tus entrañas Les dejo algo de mi amigo Henry... Siempre nos piden que entendamos Siempre nos piden que entendamos El punto de vista de los otros Sin importar si es anticuado Necio Asqueroso. A uno le piden Que entienda Amablemente Todos los errores de los otros, Sus vidas desperdiciadas, Sobre todo si son de edad avanzada. Pero su edad es lo único En lo que nos fijamos. Han envejecido mal Porque han vivido sin enfoque Se han negado a ver . ¿Que no es culpa suya? Se me pide que oculte Mi opinión ante ellos Por miedo a su miedo. La edad no es un crimen Pero la vergüenza de una vida Deliberadamente desperdiciada Entre tantas vidas Deliberadamente desperdiciadas Sí lo es. Porque hay tanto para decir, tanto por ver A Day in the Life/Un día en la vida (Lennon-McCartney) Hoy leí la noticia, oh amigo! De un hombre afortunado que batió un récord Y aunque la noticia era bastante triste No pude evitar reírme Vi la fotografía Se voló la cabeza en un auto No se dio cuenta de que el semáforo había cambiado Una muchedumbre se detuvo a mirar Habían visto su cara antes Nadie estaba seguro si era de la Cámara de los Lores Hoy vi una película, oh amigo! El ejército inglés acababa de ganar la guerra Un montón de gente apartó la vista Pero yo no pude evitar mirarla Había leído el libro Me gustaría "iniciarte" Me desperté Salí de la cama Me pasé el peine por la cabeza Baje la escalera y me tomé un té Y levantando la vista vi que era tarde Tome el abrigo y agarré el sombrero Llegué al autobús en unos dos Subí la escalera y pegué unas caladas Alguien habló Y caí en un sueño Hoy leí la noticia, oh amigo! Cuatro mil agujeros en Blackburn, Lancashire Y aunque los agujeros eran bastante pequeños Tuvieron que contarlos todos Ahora ya saben cuántos agujeros hacen falta para llenar el Albert Hall Me gustaría "iniciarte". Cuéntame John... Porque la vida es tan tan grande, y como tienes que tomártela? Comenten y puntúen.

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Vida de Alejandro Magno
Vida de Alejandro Magno
Ciencia EducacionporAnónimo6/29/2012

Mi primer post, decidí hacerlo sobre la carrera que estoy cursando , HISTORIA. Un trabajo que tuve que entregar y me gusto hacerlo, espero que les guste y les sirva. Esta elaborado de la obra del historiador antiguo, Plutarco, en su VIDAS PARALELAS Descendencia de Alejandro Plutarco nos relata que la descendencia de Alejandro, por parte de padre era Heraclida, descendiente de Carano (808 a. C. – 778 a. C.) de la dinastía de los Argeas que era un general macedonio, la tradición indica que descienden de un tal Telemo, tataranieto de Heracles (Hércules) y originario de la ciudad de Argos, de ahí el nombre de Argéadas. Por parte de su madre, Plutarco nos dice que era Eácida, en la Grecia Antigua, los Eácidas eran los hijos o descendientes de Éaco, hijo de Zeus y rey de Egina según la mitología griega. El primer Eácida fue Peleo, hijo de Éaco y la ninfa Endeis. Sin embargo, el personaje al que se alude más a menudo con este patronímico es Aquiles, hijo de Peleo y Tetis, llamado por ello igualmente el “Pelida”. Los reyes molosos de Epiro se autoproclamaron Eácidas, pues remontaban su descendencia a Neoptólemo, hijo de Aquiles y Deidamía y bisnieto de Éaco. Olimpia, madre de Alejandro Magno, pertenecía a esta dinastía, por lo que Alejandro afirmaba ser descendiente de Aquiles. Olímpiade (Olimpia) era niña huérfana de padre y madre, y Filipo se desposo con ella mientras ella era joven, por arreglo con el hermano de esta llamado Arimbas. La leyenda nos cuenta que la noche en que se unieron en el “tálamo nupcial”, según nos describe Plutarco, a Olimpia le cayó un rayo en el vientre, mientras en el cielo se escuchaba tronar, y que en la habitación comenzó un incendio instantáneo, hasta que las llamas se disiparon de inmediato. Filipo recurre a hablar con sus adivinos por un sueño que tuvo un de las noches siguiente a su matrimonio, en el sueño le pareció que sellaba el vientre de su mujer, y que en el sello tenia grabada la imagen de un león. Los adivinos le aconsejan que la visión le advertía de que necesitaba una vigilancia más atenta en su matrimonio, pero Aristandro de Telmeso dijo que significaba Olimpia estaba en cinta, pues lo que está vacío no se sella, afirmaba, y que estaba embarazada de un niño valeroso y parecido en su índole a los leones. También vio un dragón, que mientras Olimpia estaba dormida se le “enredo” al cuerpo y de ahí venia la idea mítica de la procedencia divina de Alejandro. También se nos cuenta de que había perdido un ojo Filipo por haber espiado por la rendija de la puerta, mientras el dios se “solazaba” con su mujer, teniendo este, la forma de un dragón. Nacimiento de Alejandro Alejandro nació en el sexto día del mes del Hecatombeón, que es el mes de las fiestas de la Hecatombe, al que llamaban los macedonios Loo, aproximadamente el 20 o 21 de Julio de 356 a.C. en la ciudad de Pella. Nos cuenta Plutarco que Alejandro siendo todavía muy joven, manifestó ya su continencia, porque aunque era osado y vehemente para todo lo demás, para sus placeres corporales era poco sensible y los usaba con gran sobriedad. Físicamente, Alejandro era de hermosa presencia, de baja estatura con cutis blanco, cabello ondulado de color castaño claro y ojos llamados: heterocromos (uno marrón y otro gris). Educación de Alejandro Su educación fue muy buena, por ser hijo del rey, era instruido por “nutricios”, “ayos” y maestros. Inicialmente fue alumno de Leónidas, pariente de Olimpia, este fue un estricto maestro macedonio, por él, Alejandro fue iniciado en los ejercicios físicos y en la parte educativa también; Lisímaco, tenía todo el aire y el aparato de ayo, procedente de Acarnania, profesor de letras y quien se llamaba así mismo Fénix y ganándose el cariño del Alejandro llamándolo Aquiles y el de su padre Filipo al llamarlo Peleo. Filipo envió llamar al filósofo de más fama y más extensos conocimientos que era Aristóteles, ya que habiendo observando a su hijo Alejandro que su carácter era poco flexible y de los que no pueden ser forzados, sino más bien persuadirlo con la razón y discurso decoroso y justo que mediante la fuerza, así como también procuro no dejar la educación de su hijo por maestros de música y demás habilidades comunes, por dicha razón busco la tutela de Aristóteles. Parece que Alejandro no aprendió solamente de ética y de política, sino que también estuvo en contacto con las enseñanzas esotéricas, o como lo describe Plutarco, “tomo conocimiento de aquellas enseñanzas graves reservadas, las que los filósofos llaman con nombre técnico, acroamáticas y apópticas, de las que el propio Alejandro, luego de haber cruzado al Asia y se entero de que Aristóteles publico en sus obras, algunas de estas doctrinas, y le escribió sugiriéndole de que no hacia bien en publicar estos conocimientos induciéndole a preguntase a sí mismo en ¿ en qué nos diferenciamos de los demás, si las ciencias en la que nos has instruido han de ser comunes a todos?, al cual respondió que no se preocupe, pues a pesar de haber sido publicadas que no las tenga por divulgadas, sino que en realidad sus tratados de metafísica no servían más que de índice o recuerdo a los ya adoctrinados. Se dice también que Aristóteles inspiro a Alejandro en la medicina, asistía a sus amigos enfermos y les prescribía el régimen y las medicinas convenientes. Alejandro era inclinado a las letras, a aprender y a leer, la Ilíada de Homero, corregida por Aristóteles, la Ilíada era su guía militar y junto con su espada colocaba debajo de su cabecera. Al no haber libros en Macedonia, le pidió a Hárpalo, consiguió los libros de Filisto, muchas copias de las tragedias de Eurípides, de Sófocles y de Esquilo y los ditirambos de Telestes y de Filóxeno. Bucéfalo Se le trajo a Filipo un caballo llamado Bucéfalo, al cual se le ofreció en trece talentos, pero cuando Filipo fue a probarlo en un descampado, el animal no se dejo montar, mostrándose áspero y enteramente indómito. Todo esto le causo disgusto a Filipo, y ordeno que se lo lleven, pero Alejandro, que contemplaba al animal, le pidió a su padre que se lo regale a él a condición de poder montarlo, y el padre le replico que si no podía hacerlo, cuál sería el castigo, y Alejandro respondió que pagaría, el precio del caballo él mismo, lo cual provoco la risa entre la gente, pero muy decidido, Alejandro tomo las riendas y lo puso frente al sol, ya que pensaba que el caballo parecía ponerse nervioso o temerle a su sombra, luego, paso su mano sobre él y hablándolo, logro montarlo sin dificultad, cuando vio que no había riesgo, le dio rienda suelta mientras le hablaba fuertemente y le animaba a marchar con sus talones. Cuando Filipo y los demás vieron que Alejandro manejaba el animal con soltura y facilidad, exclamaban a toda voz su hazaña, mientras se cuenta que su padre lloraba de gozo y al besarlo en la cabeza le decía: “Hijo mío, busca para ti otro reino, pues el que dejo (Macedonia) es muy pequeño para ti”. Alejandro y sus inicios en la carrera militar En el 340 a.C., Filipo lo asocio a tareas del gobierno nombrándolo regente, a pesar de su juventud. En el 338 dirigió la caballería macedónica en la batalla de Queronea, siendo nombrado gobernador de Tracia ese mismo año. Desde pequeño, Alejandro demostró las características más destacadas de su personalidad: activo, enérgico, sensible y ambicioso. Es por eso que, a pesar de tener apenas 16 años, se vio obligado a repeler una insurrección armada. Se afirma que Aristóteles le aconsejó esperar para participar en batallas, pero Alejandro le respondió: “Si espero perderé la audacia de la juventud”. El nuevo matrimonio de su padre con Cleopatra Eurídice de Macedonia, sobrina de Átalo, este noble griego, nuevo suegro de Filipo, embriagado en medios de los brindis, exhortaba a los Macedonios a que pidieran a los dioses que les concedieran a Filipo y Cleopatra un sucesor legítimo del reino. Todo esto, ofendió a Alejandro y arrojando una copa gritándole irritado le dijo,” ¿Y yo?, ¿Qué soy?, ¿Un bastardo?”; inmediatamente Filipo se levanto contra él, desenvainando su espada, pero por el alcohol y la cólera cayó al suelo, y a todo esto Alejandro exclamó a manera de insulto “Oh! Macedonios, es este el que prometió cruzar a Asia, pero no puede siquiera pasar de un lecho al otro sin caerse”. Este incidente le costó la ira de su padre, quien lo exilio, junto con su madre a Epiro, él se fue a habitar en Iliria, pero al tiempo, Filipo decidió perdonarlo, gracias al concejo que Demarato de Corinto, quien era huésped de la casa y hombre franco, él cual, hizo entrar en razón al rey macedonio. Alejandro y su ascenso al poder Tras el asesinato de su padre Filipo en el 336 a.C. por Pausanias, quien era miembro de su guardia real, en plena boda de su hija Cleopatra con su cuñado Alejandro de Epiro, la boda se realizo en el teatro Egas, y tras el asesinato, salió huyendo al encuentro con su cómplice, pero fue perseguido y ejecutado por la muerte del rey. Macedonia necesitaba un sucesor al trono, así que de inmediato, Alejandro, con tan solo veinte años, se encargo del reinado. Algunas polis griegas se levantaron en armas contra Alejandro, pensando que el reinado macedonio flaqueaba, tras la muerte de Filipo, pero él demostró una gran determinación y destreza militar atravesando Tesalia para someterla nuevamente, pues ésta, ya había sido conquistada por Filipo. Acto seguido venció a los griegos tomando y destruyendo Tebas, y obligando a Atenas a reconocer su supremacía haciéndose nombrar Hegemon, título que ya había ostentado su padre y que lo situaba como gobernante de toda Grecia, consolidando así la hegemonía macedónica, tras lo cual Alejandro se dispuso a cumplir su siguiente proyecto: “conquistar el Imperio Persa”. Alejandro y La Conquista Persa Consagrados los griegos decretaron marchar con Alejandro a la conquista de Persia nombrándole general. Alejandro quiso prepararse para la expedición con la aprobación de Apolo, así que paso por Delfos, y casualmente, los días en que llego eran nefastos, en los que no es permitido dar respuestas, y lo primero que hizo fue llamar a la sacerdotisa, quien se negó, advirtiendo la disposición de la ley, y viéndose vencida y traída por la fuerza exclamo diciéndole a Alejandro, “Eres invencible, oh joven”, al oír esto, el nuevo rey quedó satisfecho, era el presagio que necesitaba oír. Su ejército se dirigió al Helesponto, y bajando a Ilión (Troya), hizo sacrificio a Atenas y libaciones a los héroes, o sea a Aquiles, quien era su héroe de pequeño. Los generales de Darío habían juntado sus fuerzas para impedir el paso del río Granico, el ejército persa, bajo el mando combinado de sátrapas que contaba de numerosos mercenarios griegos comandados por el astuto Memnón de Rodas, Alejandro estuvo cerca de la muerte, pero logro salvarle la vida Clito el negro, hombre de confianza de Filipo, atravesando con su lanza a un general que se lanzaba contra él llamado Espitridates quien atacaba a Alejandro por la espalda y que había logrado penetrar el morrión con su azcona y alcanzando a tocarle el cabello con la misma, mientras Alejandro daba muerte a otro general llamado Resaces, y una y otra infantería, llegaron a las manos de los macedonios y el ejercito persa caía derrotado por Alejandro. Plutarco nos cuenta que la ciudad de Sardes, se puso a disposición de Alejandro junto los demás pueblos, a excepción de Halicarnaso y Mileto, a las que tomo por asalto. A finales de 334 a. C. decidió pasar el invierno en Gordión, antigua capital de Frigia. Allí se encontraba un famoso carro real, sujeto a un nudo muy complicado de deshacer. Según el oráculo de Gordión, quien supiera deshacerlo conquistaría Asia. No se sabe si Alejandro desató el nudo pacientemente o si lo partió con su espada. En cualquier caso, se interpretó como un claro signo de que Zeus daba su aprobación. Luego de tener noticias de la muerte de Memnón, el jefe mas acreditado de la banda naval de Darío III, quien lanzó una contraofensiva marítima en el Egeo, poniendo en riesgo la Grecia continental, de la que logro salir nuevamente victorioso, derrotando al ejercito persa en Isos, (pequeña llanura situada entre las montañas y el mar cerca de Siria) en el 333 a. C., en la cual, el rey Darío huyó amparado en la oscuridad de la noche dejando en el campo de batalla sus armas y su manto púrpura. El rey tomó conciencia de la amenaza y envió propuestas de negociación, que fueron desestimadas. Sin embargo, la familia de Darío III fue capturada en el interior de una lujosa tienda. Alejandro trató a todos con gran cortesía y les manifestó que no tenía ninguna cuestión personal contra Darío, sino que luchaba contra él para conquistar Asia. En la captura de la familia del rey Darío Plutarco nos relata su estadía ahí, ya que se encontraban cautivas la madre, la mujer de Darío y dos hijas doncellas, las cuales lloraban pensando que su padre, el rey había muerto, lo cual a todo esto, Alejandro mando a decirles que Darío no se hallaba muerto y que no debían de temerle, pues con Darío estaba en guerra por el imperio, y que mientras Alejandro reine a ellas se les atendería como corresponde, incluso dejo que entierren dignamente a sus muertos, en nada se les disminuyó, como tampoco de tener un trato de esclavos o prisioneros, sino mas bien apartadas dignamente de todo trato como si estuviesen en “puros y santos templos de vírgenes”. Podría decirse que este manejarse con sus enemigos fue la muestra de su magnanimidad, mas cabria decir su manera de actuar para con la mujer más hermosa de la familia real, la mujer del propio rey, e inclusive, con las demás cautivas, que según había expresado el propio Alejandro: “gran dolor de ojos son estas persas”, debido a la belleza de estas mujeres. Pero Alejandro, obedeciendo a su filosofía, afirmaba que un verdadero rey debía tener por más digno y mas alto deber, no el de dominar reinos y enemigos, sino el de dominarse a sí mismos, el dejarse vencer por los placeres era signo de debilidad, se mostraba muy sobrio a la hora de comer y en cuanto al vino actuaba igual, de lo que comúnmente se cree, y si parecía desmedirse, era debido a que entre conversación y conversación aún duraba con la misma copa. Se dice que cuando no tenía que hacer, se levantaba y realizaba sacrificios a los dioses y desayunaba sentado, se dedicaba a cazar zorras y aves, ejercitar a la tropa, resolver juicios militares, tirar al arco o leer. Alejandro conquistó fácilmente Fenicia, con excepción de la isla de Tiro, debiendo mantener un largo asedio para capturarla, 332 a. C., conocido como el asedio de Tiro. Al séptimo mes de tener sitiada a Tiro, con trincheras, maquinas y doscientas naves, Alejandro tuvo un sueño en el que Heracles le extendía la mano llamándolo, al igual que los Tirios les apareció entre sueños el dios Apolo se aliaba con Alejandro, por estar en desacuerdo con lo que pasaba en esa ciudad y estos respondieron como si se tratara de un hombre y no un dios que se les revelaba en sueños, encadenaron la estatua del dios y la clavaron a un pedestal llamándole alejandrista. Luego de tomar Tiro, sitiaba después a Gaza, la ciudad más popular de Siria, y luego Alejandro emprendió viaje al templo de Amón, esta empresa representaba dos peligros, ya que era un largo viaje por el desierto, podía haber escases de agua a por la duración de las jornadas y el de las tormentas de arena, como se dice sufrió el ejercito de Cambises pereciendo cincuenta mil hombres. Cuando paso el desierto, el profeta del dios Amón le anunció que lo saludaba de parte del dios, como de su padre, y él respondió que se había quedado sin poder castigar a los que les habían dado muerte, a lo que el profeta le repuso que tenga cuidado, porque su padre no era un hombre sino un dios, y cambiando el tono de la pregunta le dijo que si logro castigar a quien le había dado muerte a Filipo, y seguidamente pregunto nuevamente, si le concedía dominar a todos los hombres, y el dios le respondió favorablemente de que Filipo había sido bien vengado. Batalla en Gaugamela Según nos cuenta Plutarco, a diferencia de lo que muchos piensan, la batalla contra Darío no fue en Arbelas, sino en Gaugamelos, nombre que en dialecto persa significa “la casa de camellos”, por nosotros conocida como Gaugamela, en el año 331 a.C. fue la batalla decisiva que destruyó al ejercito persa definitivamente. Nos narra Plutarco, que al comienzo de la batalla, mientras aún no entraban en conflicto directo, Alejandro mientras anduvo disponiendo la formación o dando órdenes, o dando instrucciones o haciendo reconocimiento, montaba otro caballo, para no cansar a Bucéfalo que estaba viejo, pero cuando iba a entrar en batalla lo monto. Luego de animar a los Tésalos y a los griegos, Alejandro colocó la lanza en su brazo izquierdo y la derecha la alzó invocando a los dioses. La falange acelero el paso mientras la caballería marchaba corriendo al combate, y de tanto entrado en combate, los persas comenzaron a replegarse, procurando Alejandro de rodearlos en el centro, y viendo a Darío en la distancia, protegido y distribuidos alrededor del carro real, y los que iban cayendo cerca parecían cerrarle el paso, pensando en huir, ya que Alejandro se acercaba terriblemente a él, viendo que sus soldados estaban lejos para protegerle, emprende la huida, dejando las armas y el carro, huyendo en una yegua recién parida, según dicen, a lo que fue seguido por muchos soldados que huyeron también, pero aún así, no podría haber escapado, si Parmenión no pidiera ayuda a Alejandro, ya que las fuerzas enemigas estaban ofreciendo resistencia, sobre todo la caballería, que con fuerza tenaz aguantaba la falange macedónica. Darío huyó a las montañas de Media, con la esperanza de que Alejandro no lo persiguiera en aquellas regiones. En el ejército persa reinaba el mayor desorden, la caballería y la infantería se revolvían mezcladas. La mayoría de los soldados no habían presenciado siquiera la batalla, distinta era la situación en las filas macedónica, donde el ejercito macedónico tenía bien en claro el papel que debía cumplir, donde cada compañía, cada escuadrón y cada hombre sabía que tarea le correspondía y como debía desempeñarse en el campo de batalla. Alejandro en Babilonia Alejandro es aclamado rey de Asia, entregando sacrificios a los dioses y repartiendo entre sus amigos, tierras, casa y gobiernos. Alejandro creía en su estrella, y su fe iba acompañada de inteligencia y cualidades excepcionales, en tales condiciones, no se teme a nada en el mundo. La importancia de la victoria que consiguió dar el rey macedonio, no daba lugar a dudas, de que las dos grandes ciudades persas, Babilonia y Susa, abrieron sus puertas para recibirlo con todo su esplendor. Alejandro ordenó, de que cada pueblo se reinara bajo sus propias leyes, despojado de tiranos. Recorriendo la provincia de babilonia, lo que más llamó su atención fue la sima que hay en Ecbátana, como una fuente de fuego mantenida por una cantidad de nafta que formaba un estanque no muy lejos de la sima. Plutarco explica, que esta nafta era parecida al betún, y para mostrarle al rey su poder, según comenta Plutarco, echaron un par de gotas sobre un corredor que conducía al baño y vieron como al simple acercamiento de la llama se encendía tan rápido como el pensamiento. En Babilonia, Alejandro sacrificó a Marduk, como antes lo hiciera a los dioses egipcios, cuando lo proclamaron hijo de Amón. Aquí fue donde nombro a un persa para gobernar una ciudad conquistada. Alejandro dejó Babilonia y se encamino hacia Susa, que poseía mayores riquezas. En Susa, encontró en el palacio cuarenta mil talentos en moneda acuñada, y en lo demás, preciosidades y riquezas incalculables, pero aún menor que la hallada más tarde en Persépolis, la tercera capital persa, quizás unos ciento veinte mil talentos, fabulosa e inverosímil, incluso hoy en la actualidad. En esta ciudad corazón de Persia, mandó a incendiar los antiguos palacios reales, los maravillosos salones de madera de cedro labrada, donde los reyes persas habían residido y celebrado suntuosas fiestas, fueron también reducidos a cenizas, en simbólica venganza de lo que Jerjes hizo con los templos griegos. El mundo entero recibió con horror la noticia, los dioses de la Hélade, vengaban cumplidamente las ofensas recibidas. Alejandro no empezó a perseguir a Darío hasta haber entrado en la cuarta capital persa, Ecbatana, pero Darío no cayó vivo en manos de su enemigo. Cuando más desesperada era su situación, fue asesinado por un sátrapa, que se proclamó sucesor del rey difunto con el nombre de Artajerjes. Entonces, se planteo la lucha entre Alejandro y el falso Altajerjes, por la posesión de Persia, o sea, el actual Irán. Las tropas de Alejandro sostuvieron una larga y penosa persecución contra este enemigo, que cuando se veía vencido, en un lugar, desaparecía de pronto para aparecer en otro inesperado. Pero el genio de Alejandro, reorganizó su ejército y le dio más dinamismo, formando pequeñas divisiones, integradas por secciones más ligeras de caballería e infantería. Alejandro era tan rey de los persas como de los macedonios y pretendía que persas y griegos colaborasen en armonía. La meta que se proponía después de la guerra, era ajustar cuentas al falso Altajerjes, refugiado en el noreste de Persia. Tres años necesito Alejandro para someter al país hasta el río Yaxartes. Allí le entregaron al pretendido rey, donde el tribunal persa condeno al usurpador y le dio muerte con refinada crueldad oriental. Alejandro aseguró sus conquistas fundando ciudades, que hasta la actualidad son urbes prosperas, y dejando destacamentos macedónicos. Pero los griegos y los macedonio opinaban que Alejandro iba demasiado lejos, en la adopción de costumbres orientales, la oposición entre ambas provoco dramas políticos, el primero de ellos fue la ejecución de su amigo de infancia Filotas y su padre Parmenión, a manos de Clito. Luego Alejandro soñó que veía a Clito sentado, con vestido negro, entre los hijos de Parmenión, quienes estaban todos muertos, y en la cena comenzaron los cantos de los poetas, cuyo versos estaban compuestos para burla de los generales vencidos poco antes por los barbaros. Clito, ya demasiado caliente con el vino, se puso a cantar las hazañas de Filipo y a despreciar a Alejandro, afirmando que el rey debía todos sus éxitos a los macedonios, que por más desgraciados que hayan sido, refiriéndose a Parmenión, y extendiéndole su mano le dijo: “Recuerda, que fue esta mano, la que te salvo en Gránico, cuando ya tenías encima la espada de Espitridates, y a la sangre de los Macedonios, y a estas heridas debes el haberte elevado a tal altura, que te das por hijo de Amón, renunciando a Filipo.” Entonces Alejandro, luego de decirle injurias, y ambos continuar discutiendo, en un arrebato y sin medirse, le dio una puñalada a Clito, y quejándose entre gemidos, cayó muerto. Al ver a todos sus amigos quietos y sin voz, se apresuró a sacar la daga y queriéndolo apuñalar en el cuello nuevamente, los guardias y amigos lo forzaron, sacándolo y lo llevaron a la habitación. Alejandro y la invasión a Hindu Kush Tras muchas peripecias y conquistas, Alejandro había invadido la Sogdiana y la Bactriana, se había casado con la princesa Roxana, y llevaría a su ejército a atravesar el Hindú Kush y a dominar el valle del Indo, con la única resistencia del rey indio Poros en el río Hidaspes. Una tempestad, inundo las orillas del rio y pasando armados, con agua hasta el pecho enfrento a Poros, y puso en movimiento su ejército, Alejandro temiendo a los elefantes, y del gran número de los enemigos, dicen que se echo a la marcha en forma oblicua por el ala izquierda, dando orden a Ceno de que acometiese por la derecha. Tras la batalla, Alejandro quedó tan impresionado por la valentía de Poros que hizo una alianza con él y le nombró sátrapa de su propio reino al que añadió incluso algunas tierras que éste no poseía antes. Alejandro llamó Bucéfala a una de las dos ciudades que había fundado, en honor al caballo que le había traído a la India, y que habría muerto durante la contienda del Hidaspes. Alejandro siguió conquistando todos los afluyentes del río Indo. El combate de Poro desmoralizó mucho a los Macedonios, apartándolos de querer internarse más en la India: Pues no bien habían rechazado a éste, que les había hecho frente con 20.000 infantes y 2.000 caballos, cuando ya se hacía de nuevo resistencia a Alejandro, que se disponía a forzar el paso del río Ganges, cuya orilla opuesta estaba cubierta con gran número de hombres armados, de caballos y elefantes; porque se decía que le estaban esperando los reyes de los gandaritas y los preslos, con 80.000 caballos, 200.000 infantes, 8.000 carros y 6.000 elefantes de guerra. Alejandro, tras reunirse con su oficial Coeno, se convenció de que era mejor regresar. Alejandro no tuvo más remedio que dirigirse al sur. Por el camino su ejército se topó con los malios. Los malios eran las tribus más aguerridas del sur de Asia por aquellos tiempos. El ejército de Alejandro desafió a los malios, y la batalla los condujo hasta la ciudadela Malia. Durante el asalto, el propio Alejandro fue herido gravemente por una flecha malia en el pulmón. Sus soldados, creyendo que el rey estaba muerto, tomaron la ciudadela y descargaron su furia contra los malios que se habían refugiado en ella, llevando a cabo una masacre, y no perdonaron la vida a ningún hombre, mujer o niño. A pesar de ello y gracias al esfuerzo de su cirujano, Critodemo de Cos, Alejandro sobrevivió a esa herida. Después de esto, los malios supervivientes se rindieron ante las fuerzas macedónicas, y éstas pudieron continuar su marcha. Alejandro envió a la mayor parte de sus efectivos a Carmania (al sur del actual Irán) bajo el mando del general Crátero, y ordenó montar una flota para explorar el Golfo Pérsico bajo el mando de su almirante Nearco, mientras que él conduciría al resto del ejército de vuelta a Persia por la ruta del sur a través del desierto de Gedrosia (ahora parte del sur de Irán y de Makrán, en Pakistán). Alejandro dejó, no obstante, refuerzos en la India. Nombró a su oficial Peitón sátrapa del territorio del Indo, cargo que éste ocuparía durante los próximos 10 años hasta el 316 a. C., y en el Punjab dejó a cargo del ejército a Eudemos, junto con Poros y Āmbhi. Eudemos se convirtió en gobernador de una parte del Punjab después de que éstos murieran. Él y Peitón volvieron a Occidente en el 316 a. C. con sus ejércitos. En el 321 a. C., Chandragupta Maurya fundó el Imperio Maurya en la India y expulsó a los sátrapas griegos. Alejandro y su descenso Tras enterarse de que muchos de sus sátrapas y delegados militares habían abusado de sus poderes en su ausencia, Alejandro ejecutó a varios de ellos como ejemplo mientras se dirigía a Susa. Como gesto de agradecimiento, Alejandro pagó las deudas de sus soldados, y anunció que enviaría a los veteranos más mayores a Macedonia bajo el mando de Crátero, pero sus tropas malinterpretaron sus intenciones y se amotinaron en la ciudad de Opis, negándose a partir y criticando con amargura su adopción de las costumbres y forma de vestir de los persas, así como la introducción de oficiales y soldados persas en las unidades macedonias. Alejandro ejecutó a los cabecillas del motín, pero perdonó a las tropas. En un intento de crear una atmósfera de armonía entre sus súbditos persas y macedonios, casó en una ceremonia masiva a sus oficiales más importantes con persas y otras nobles de Susa, pero pocas de esas parejas duraron más de un año. Mientras tanto, en su regreso, Alejandro descubrió que algunos hombres habían saqueado la tumba de Ciro II el Grande, y los ejecutó sin dilación, ya que se trataba de los hombres que debían vigilar la tumba que Alejandro honraba. Muerte de Alejandro El 13 de junio del 323 a. C. Alejandro murió en el palacio de Nabucodonosor II de Babilonia. Le faltaba poco más de un mes para cumplir los 33. Existen varias teorías sobre la causa de su muerte, que incluyen envenenamiento por parte de los hijos de Antípatro (Casandro y Yolas, siendo éste último copero de Alejandro) u otros, enfermedad (se sugiere que pudo ser la fiebre del Nilo), o una recaída de la malaria que contrajo en el 336 a. C. Se sabe que el 2 de junio Alejandro participó en un banquete organizado por su amigo Medio de Larisa. Tras beber copiosamente, inmediatamente antes o después de su baño, le metieron en la cama por encontrarse gravemente enfermo. Los rumores de su enfermedad circulaban entre las tropas, que se pusieron cada vez más nerviosas. El 12 de junio, los generales decidieron dejar pasar a los soldados para que vieran a su rey vivo por última vez, de uno en uno. Ya que el rey estaba demasiado enfermo como para hablar, les hacía gestos de reconocimiento con la mirada y las manos. El día después, el día 28 por la tarde Alejandro ya estaba muerto. Al morir sólo dijo esto: "Preveo un gran funeral en mi honor". Y respondió la última pregunta unos minutos antes de morir: ¿Cuál es tu testamento? ¿A quién se lo dejas?, a lo que respondió: "Al más digno". Comenten y puntúen Gracias

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La guerra de las Galias de Julio César-Resumen
La guerra de las Galias de Julio César-Resumen
Ciencia EducacionporAnónimo12/9/2012

La guerra de las Galias Cayo Julio Cesar Libro I La Galia está dividida en tres partes: donde habitan los belgas, otra los aquitanos y la otra los celtas, llamados también los galos. Se diferencian todos en leyes, costumbres y lenguas, los más valientes son los llamados Helvecios, los galos están separados de los aquitanos por el río Carona y de los belgas el Marne y el Sena. Los Belgas al norte, los Celtas o Galos al centro y los Aquitanos al sur. Entre los Helvecios, el más noble y más rico fue Orgetorix, quien se ganó a la nobleza y persuadió a su pueblo de hacer una migración masiva. Sus líderes, que no estaban contentos con los límites de su territorio, rodeados por las tribus germánicas, decidieron por lo tanto, durante tres años, prepararse para la guerra. En términos diplomáticos, Orgétorix, negoció con los sécuanos y los heduos, y estableció también contactos personales y una alianza con Cástico y Dúmnorix, llegando incluso a casarse con la hija del último, César los acusó de ansiar ser coronador reyes los tres. La tribu de Orgétorix se dio cuenta de su ambición y juzgaron a su líder, logra escapar, pero al cabo muere y se dice que el mismo se dio muerte. Todo esto no evito que los helvecios llevaran a cabo sus planes, debido a sus luchas constantes y distancia, los helvecios eran una tribu guerrera y su gran número de habitantes representaba una gran amenaza para cualquiera que se les opusiera. Cuando se pusieron en marcha, incendiaron todos sus pueblos y villas para eliminar cualquier tentativa de retirada. Se unieron a ellos otras tribus vecinas también: los ráuracos, los tulingos, los latobicos y los boyos, señalado el día fijo donde debían congregarse a orillas del Ródano, el 28 de marzo. Al enterarse César de lo que pretendían hacer, apresura su marcha por su provincia, parte de Roma y se planta en Ginebra, da la orden a la provincia de prestarle el mayor número de milicias y manda a cortar el puente junto a Ginebra; al enterarse los Helvecios enviaron una embajada bajo el mando de Nameyo y Veruclecio para negociar el paso de su pueblo por su territorio, prometiendo no provocar ningún daño. César estancó las negociaciones, tratando de ganar tiempo para que sus tropas fortificaran sus posiciones al otro lado del río mediante una muralla de casi cinco metros de alto y una zanja que corría paralela a esta. Cuando la embajada regresó, César rechazó de manera oficial su petición y les advirtió que cualquier intento de cruzar el río por la fuerza sería contrarrestado. Se rechazaron inmediatamente varios intentos. Los helvecios regresaron sobre sus pasos e iniciaron negociaciones con los sécuanos para que los dejasen pasar pacíficamente. Tras dejar a su única legión bajo la dirección de su segundo al mando, Tito Labieno, César se dirigió rápidamente hacia Galia Cisalpina. Allí asumió el mando de las tres legiones situadas en Aquileya y reclutó otras dos nuevas legiones, la Legio XI y la Legio XII. Al frente de estas cinco legiones, César cruzó los Alpes por el camino más corto, atravesando territorios hostiles y enfrentándose a su paso a varias tribus. Mientras tanto, los helvecios ya habían cruzado el territorio de los sécuanos y saqueaban las tierras de los heduos, ambarros y alóbroges. Estas tribus, incapaces de enfrentarse a ellos, solicitaron ayuda a César como aliadas de Roma. César accedió y sorprendió a los helvecios cuando atravesaban el río Arar. Tres cuartas partes de los helvecios ya habían cruzado, pero el otro cuarto, los tigurinos (un clan helvecio), permanecía en la orilla oriental. Tres legiones, bajo el mando de César, emboscaron y derrotaron a los tigurinos en la Batalla del Arar, causándoles grandes pérdidas. Los tigurinos supervivientes huyeron al bosque cercano. Tras la batalla, los romanos construyeron un puente sobre el Arar para perseguir a los demás helvecios, estos enviaron una embajada liderada por Divicón, pero las negociaciones fracasaron. Los romanos mantuvieron su persecución durante quince días hasta que tuvieron problemas de suministros. Aparentemente, Dúmnorix estaba haciendo todo lo posible por retrasar la llegada de estos suministros, por lo que los romanos abandonaron la persecución y se dirigieron hacia la fortaleza hedua de Bibracte. La suerte había cambiado y los helvecios comenzaron a perseguir a los romanos, hostigando a su retaguardia. César escogió una colina cercana para plantar batalla y las legiones romanas se detuvieron para enfrentarse a sus enemigos. En la Batalla de Bibracte las legiones aplastaron a sus oponentes y los helvecios, derrotados, ofrecieron su rendición, a lo que César accedió. Sin embargo, 6.000 hombres del clan helvecio de los verbigenos huyeron para evitar ser capturados. Bajo órdenes de César, otras tribus galas capturaron y trajeron a los fugitivos, que fueron ejecutados. Los que se habían rendido recibieron la orden de regresar a sus tierras para reconstruirlas y organizar la provisión de suministros para alimentar a las legiones, puesto que eran un recurso muy útil como tapón entre los romanos y otras tribus del norte para permitir que migrasen a otra parte. Libro II César estaba en la Galia citerior y le informaron que los belgas se presentaban contra el pueblo romano porque pensaban que iban a someter al resto de los pueblos de dicha región. Esto hizo que se reclutasen dos nuevas legiones al mando de Q. Pedio que las guiaría a la Galia ulterior. Los remos enviaron a Icio y Andocumborio como muestra de que participaban por parte romana. Este pueblo era el encarado de proporcionar las provisiones a los romanos que estaban fortificando aún más su territorio. Los belgas se dirigieron a Bíbrax con la intención de expugnarla; pero sus defensores pudieron resistir, aunque acto seguido pidieron ayuda a César. Este envió apoyo con arqueros númidas y cretenses, y honderos baleares.Tras apropiarse de las tierras de los remos, los belgas mantuvieron un enfrentamiento con los romanos; del cual salieron perjudicados. Así, rendidos se retiraron los belgas. Se dirigió junto con parte del ejército romano a las tierras de los suesiones para expugnar la plaza fuerte de Novioduno; pero no pudieron tomarla. Al llegar a la plaza de Bratuspancio salieron muchos ancianos con las manos tendidas en señal de rendición. Los belovacos fueron reprimidos por el ejército romano, pero Diviciaco dijo que era injusto; y para honrar a Diviciaco, César cedió a su petición, pero recluyó rehenes y sometió a los ambianos que limitaban con los nervios. Al otro lado del río Sambre, los nervios apoyados por los arebates y viromanduos esperaban a los romanos. Estos se instalaron sobre una colina que descendía hasta el río Sambre; en la otra ribera había una colina en la que se encontraban los enemigos (de los romanos). El conflicto se llevó a cabo. César tuvo que encargarse de todo lo esencial para que el ejército funcionara bien. Hubodos factores que le ayudaron: la experiencia de los soldados y el haber prohibido que los legados se apartaran de su legión correspondiente antes de haber porticado el campamento. Durante el desarrollo del combate, muchos de los romanos se vieron derrumbados. En su ayuda acudieron los jinetes tréveros, pero al observar la situación, decidieron regresar a su patria (habían dado a los romanos como vencidos).Al tanto de la situación, César se adelantó a la primera fila llamando a los centuriones y ordenando al resto de los soldados a avanzar y ensanchar las filas para que pudieran servirse mejor de las espadas. Indicó a los tribunos de los soldados que se aproximaran a las legiones y a las banderas desplegadas para que cargaran contra el enemigo. A esto se le unió el apoyo recibido por las dos legiones que se habían mantenido a la retaguardia. Finalmente el enemigo quedó derrotado. Los atuatucos al enterarse de la victoria romana, regresaron a sus territorios pues no podrían ayudar a sus aliados los nervios. Los romanos se aproximaron al territorio ocupado por los atuatucos, los cuales quedaron aterrorizados ante la acción romana. Enviaron emisarios para comunicar su rendición, pero solamente sería posible si entregaban las armas. Entregaron parte de las armas que poseían, y entonces los romanos entraron a la ciudad. En la noche fueron atacados, pero consiguieron reprimirlos los romanos. Al día siguiente César vendió en subasta todo lo de aquella ciudad. De forma paralela, recibió noticias de que Publio Craso con una legión había sometido a varios pueblos marítimos como los venetos, osismos, cariosolites, esubios y redones. Finalizados todos los conflictos, César distribuyó las legiones en cuarteles de invierno por tierras de los carnutos, andes, turones y pueblos próximos a los lugares donde se había establecido recientemente la paz. En Roma se celebraron quince días de celebración por lo conseguido.5 Libro III. Tras la marcha de César, Servio Galba mandó con la duodécima legión y parte de la caballería a los nantuates, veragros y sedunos para mantener libre el camino a través de los Alpes para que los mercaderes pasaran tranquilamente. Galba recibió rehenes y determinó alojar dos cohortes en tierra de nantuates y él dirigirse a Octodura. Pasado ya gran parte del invierno, los galos huyeron a los montes circundantes que estaban ocupados por los sedunos y veragros debido a diversos motivos como por ejemplo el estar persuadidos con la idea de que los romanos trataban de ocupar las cumbres de los Alpes para su propia posesión. Al enterarse de ello Galba, comenzó a pedir opiniones; y la mayoría coincidió en esperar a los acontecimientos y en la defensa del campamento. Los enemigos comenzaron a atacar con gran ventaja debido a su posición y al número de combatientes. Como último recurso el centurión Publio Sexto Báculo y Vayo Voluseno se dirigieron a Galba y le hacen ver una única solución: romper a través de los enemigos. Según lo determinado, envuelven por todas partes a los que esperaban apoderarse del campamento y eliminan a más de la tercera parte de los atacantes enemigos. Acabada la batalla, Galba mandó incendiar la aldea y dirige la legión a la tierra de los nantuates, y de allí a la de los alóbroges. Una nueva batalla se desarrolla debido a que Publio Craso envió a los pueblos vecinos de los andes algunos prefectos para conseguir provisiones. Entre los que envió fueron a Tito Terrasidio a los esuvios, Marco Trebio a los corisolites y Quinto Velanio con Tito Silio a los vénetos. Estos últimos detuvieron a Silio y Velanio para así poder recuperar a los rehenes que habían entregado a Craso; y estos mismos fueron imitados por los otros pueblos. Informado de ello César, se presentó allí lo antes posible. Al conocer de la llegada de César, los vénetos junto con el resto de los pueblos se prepararon para la guerra. César no dudó en emprender el conflicto ya que tras la detención de los caballeros romanos, la rebelión tras la rendición y otros motivos debía imponerse ante ellos con severidad. Para evitar que sean apoyados por otros pueblos manda a gente de confianza a Aquitania, a la tierra de los tréveros, remos y belgas y a otras situaciones. Las ciudades que debían atacar estaban situadas estratégicamente de tal forma que era complicado llegar a ellas debido al movimiento de la marea. Tras varios intentos consiguieron hacerse de la situación e impedirles que huyeran. Con esta batalla marítima acabó la guerra de los vénetos y toda la región marítima. Mientras, Quinto Tituio Sabino llegó a la tierra de los únelos. Al frente de éstos estaba Viridóvix. Sabio se situó en un lugar ventajoso mientras que Viridóvix acampó a dos millas frente a él. Los enemigos se presentaban muy animados a vencer a los romanos quienes tenían una posición muy ventajosa sobre una colina. Al dirigirse contra los romanos, quedaron fatigados lo que les fue positivo a los romanos. Una nueva victoria consiguieron los soldados de Julio César. El enfrentamiento dirigido por Publio Craso también fue positivo para los romanos. Los bárbaros atemorizados ante lo sucedido comenzaron a enviar emisarios a todas partes para conjurarse y reclutar tropas. Así se organizó un nuevo conflicto que comenzó al amanecer. Los enemigos (bárbaros) no presentaban actitud de atacar pues creían que conseguirían la victoria cuando a los romanos le fueran escasas las provisiones. Ante tal situación, el ejército romano decidió atacar. Una vez más resultó a favor del bando romano. Casi finalizado el verano, César llevó al ejército a instaurar la paz entre morinos y menapios. Tras breves conflictos, distribuyó en campamentos de invierno al ejército para que mantuvieran la paz que se había establecido anteriormente. Libro IV. Al año siguiente, 56 a. C., César centró su atención en las tribus de la costa atlántica, principalmente en la tribu de los vénetos, que habitaban en la región de Armórica (la actual Bretaña). Esta tribu había reunido una confederación de tribus para combatir a Roma. Los vénetos eran un pueblo marítimo y habían construido una flota en el golfo de Morbihan, por lo que los romanos debieron construir galeras y realizar una campaña poco convencional por tierra y mar. Una vez más, César venció a los galos en la batalla del Golfo de Morbihan, saqueando el territorio de los derrotados.15 Entre el 56 y 55 a. C., las tribus germanas de los usípetes y téncteros (que sumaban de 150 a 180 mil personas, aunque según César eran 400 mil) cruzaron el Rin, estableciendo su campamento en el Mosa. Desde ahí, la caballería germana atacó un campamento romano y mató a unos 6000 romanos. César reunió su ejército y comenzó las negociaciones con los germanos; pero cuando la caballería de estos se alejó a pastar, el romano atacó el campamento enemigo, matando o capturando a 100.000 de ellos, su mayoría mujeres, niños o ancianos. En consecuencia, ambas tribus germanas volvieron a su país con los sobrevivientes. César condujo sus fuerzas al otro lado del Rin en 55 a. C. para llevar a cabo una expedición punitiva contra los germanos, con cerca de 40 mil hombres construyó un puente y cruzó el río, los germanos se retiraron ante el avance romano y no presentaron batalla. El propio César estimaba en 430 mil guerreros germanos la fuerza a combatir aunque hoy se considera una exageración. No obstante los suevos, contra quienes principalmente se había dirigido la expedición, jamás llegaron a ser combatidos. Posteriormente, César cruzó el Canal de la Mancha a la cabeza de dos legiones para realizar una expedición similar contra los britanos. La incursión en Britania casi finalizó en un desastre cuando el mal clima destruyó gran parte de su flota y la inusual visión de una inmensa cantidad de carros de guerra provocó confusión entre sus tropas. César logró desembarcar y venció en dos batallas a los britanos, pero al no tener su caballería como refuerzo y ante las cercanías del invierno, decidió retirarse del suelo britano para reorganizar sus fuerzas y planear una segunda expedición. De los britanos se aseguró una promesa de rehenes, aunque sólo dos tribus cumplieron con lo acordado. Tras retirarse, regresó al año siguiente con un ejército mucho mayor que venció a los poderosos catuvellaunos y los forzó a pagar tributo a Roma. El efecto de las expediciones no duró mucho, pero fueron una gran propaganda de las victorias de César. El pueblo de Roma consideraba a este general que había vencido a los extraños britanos y a los belicosos galos y germánicos como el mejor general de la historia, ensombreciendo a Pompeyo Magno, algo que finalmente se volvería en contra de César.16 Las campañas del año 55 a. C. y principios del 54 a. C. han causado gran controversia durante muchos siglos. Fueron incluso controvertidas en la época de los contemporáneos de César, y en especial entre sus opositores políticos, quienes las censuraron como un costoso ejercicio destinado al engrandecimiento personal. En épocas modernas, los expertos se han dividido entre quienes critican el claro plan imperialista de César y quienes defienden los beneficios generados en la Galia por medio de esta expansión del poderío romano. Libro V y VI. En el año 54 a. C., César estacionó una legión y cinco cohortes (una legión y media) durante el invierno en el país de los eburones, bajo el mando de sus legados Quinto Titurio Sabino y Lucio Aurunculeyo Cota. Los eburones, encabezados por sus dos reyes, Ambíorix y Catuvolco, y evidentemente ayudados por sus aliados los nervios, atacaron el campamento romano. Después de inducir a los romanos a abandonar su plaza fuerte con la promesa de poder pasar con libertad, masacraron a casi todos ellos (aproximadamente seis mil hombres). La legión también perdió su estandarte. Un ataque posterior a otro campamento, a cargo de Quinto Tulio Cicerón, hermano del famoso orador, fue frustrado por la intervención a tiempo de T. Labieno, uno de los más fieles generales de César. Mató al rey de los nervios, lo que quebró la resistencia, al menos por un tiempo. Ambíorix. Al año siguiente, César penetró en el país de los eburones y Ambíorix huyó. Cativolco se envenenó. El país de los eburones era difícil para los romanos, al ser boscoso y abundante en parte de ciénagas. César invitó a los pueblos vecinos a saquearlo, para salvar a sus propios hombres, y también, con la ayuda de ellos, para exterminar a esta nación. Los sugambros fueron unos de los principales saqueadores. Mientras César estaba devastando el territorio de los eburones, dejó a Q. Tulio Cicerón con una legión para proteger la impedimenta y los almacenes, en un lugar llamado Atuátuca, que nos dice que fue la ubicación del campamento de Sabino y Cota, aunque no había mencionado antes el nombre del lugar. Sitúa a Atuátuca hacia el centro del territorio de los eburones. César incendió cada villa y edificio que pudo encontrar en el territorio de los eburones, se llevó todo el ganado, y sus hombres y bestias consumieron todo el grano que el tiempo de la estación otoñal no había destruido. Dejó a aquellos que se habían ocultado, si quedó alguno, con la esperanza de que morirían de hambre en el invierno. Y así parece que ocurrió, pues no se volvió a oír nada sobre los eburones. Su país pronto fue ocupado por otra tribu germana, los tungros. Libro VII. En el año 52 a. C., el jefe averno Vercingetórix se rebeló uniendo a todos los pueblos galos bajo su mando, a excepción de los heduos, a quienes su magistrado Divicíaco los mantenía aliados a Roma. Vercingetórix y sus galos decidieron no hacer enfrentamientos directos, sino utilizar la táctica de tierra quemada. César, que se encontraba en la Cisalpina, al enterarse cruzó los Alpes, para encontrarse con que Vercingetórix invadía la Galia Trasalpina, mientras que los habitantes romanos de la Galia sometida por César eran asesinados. César marchó con dos legiones a Narbona, capital de la Trasalpina, y envió al legado Tito Labieno al norte para someter a los rebeldes de la región. Los que iban a invadir la Trasalpina, comandados por Lucrecio, al ver que César los enfrentaría, retrocedieron en busca de Vercingetórix. César aprovechó esto tomando las ciudades de las tribus rebeldes del sur de Galia, principalmente las de los carnutes y alobogres. Entonces, Vercingetórix decidió quemar todas las ciudades galas que sean difíciles de defender para privar de suministros a César. El jefe galo ordenó a la tribu de los biturigues que abandonaran y quemaran su capital, Avárico. Sin embargo, estos confiaban en sus murallas y se negaron. Ante esto, Vercingetórix acampó fuera de la población, pero no pudo impedir el sitio de los romanos. Los romanos construyeron murallas a lo largo de su campamento, mientras que los biturigues alzaban sus murallas a medida de que las torres de asedio romanas eran construidas. Un día lluvioso, cuándo los biturigues menos se lo esperaban, César atacó la ciudad, tomándola tras unas horas de combate. Este triunfo, le permitió recoger todas las provisiones que necesitaba. Tras la batalla de Avárico, Vercingetórix, que estaba a unos cuántos miles de pasos de la ciudad se retiró a la capital de los avernos, Gergovia, una ciudad situada en una colina de difícil acceso, y protegida por un muro, y doscientos mil soldados galos. César tomó seis legiones y marchó hacia Gergovia, pero se encontró con que Vercingetórix había quemado todos los puentes que había sobre el río Liger, por lo que se le dificultaba el acceso a Gergovia, ya que en caso de querer construir un puente, sería destruido por las tropas galas que estaban al otro lado del río, cerca de Gorgobina. Entonces, César, envió a la mitad de su ejército hacia el sur, para que el enemigo piense que se estaban retirando. Al ver esto, los galos marcharon hacia el sur para impedir que construyan un puente allí. Entre tanto, César y la otra mitad del ejército construyeron un puente y cruzaron el río. Al día siguiente, cuándo los galos se enteraron, fueron a enfrentarlo, dejando paso por el río a la otra mitad de los romanos. Al saber que estos también estaban de ese lado del río, huyeron a Gergovia. Cuándo César llegó a Gergovia, instaló dos campamentos, uno al pie de la cuesta y el otro en la mitad de esta. César esperaba recibir ayuda de sus aliados heduos, pero resultó que su magistrado Divicíaco había muerto y que el nuevo no era muy capaz. Sus enemigos políticos decidieron aliarse a Vercingetórix e inventaron que César había asesinado a algunos nobles heduos, y les dijeron a los refuerzos que debían llevarle a Vercingetórix la cabeza de César, pero cuándo los heduos se acercaban, este, a través de espías se enteró de lo planeado, y marchó hacia el campamento heduo con los nobles que según decían algunos, él había asesinado. Al ver que estos estaban vivos, se disculparon ante César y se le unieron. Tras esto, César observó que no sería difícil tomar una posición ventajosa más cercana a la ciudad. Entonces, ordenó atacar a la pequeña guarnición gala que se encontraba allí. Vencida esta, ordenó a sus soldados retirarse para no hacerlos combatir en terrenos desventajosos, pero solo la caballería y la legión décima le obedecieron, ya que el resto, ansiando una victoria rápida, se adelantó a las propias murallas de la ciudad. De allí salieron todos los galos, y poco a poco los romanos fueron cayendo. Viendo esto, César, envió a la legión que había dejado de reserva en su campamento a colocarse cerca de los galos, para proteger a las legiones que habían desobedecido al general romano, y facilitarles la retirada. Finalmente, César logró retirar de la zona de combate al ejército que había atacado por sí solo, al que, al día siguiente les explicaría que si desobedecían nunca podrían derrotar a los galos de Vercingetórix. En los días siguientes, solo hubo escaramuzas de jinetes, pero, en el país de los heduos, su magistrado decidió aliarse a Vercingetórix. Entonces, César, tras un combate favorable de la caballería, se retiró hacia el país de los heduos, pero no pudo evitar que entraran a la confederación gala de Vercingetórix. Los galos eran poderosos debido a su inmensa caballería, por lo que César pidió a sus aliados germanos que colaboren con algunos caballos, ya que podía usar legionarios como caballeros. Así, César logró obtener una inmensa caballería, y colocó sus tropas en una planicie cerca de la ciudad fortificada de Alesia. Los galos instalaron a sus caballeros en una colina cercana, y César decidió atacarlos, marchando con su caballería, y una legión oculta al encuentro de la caballería enemiga. Cuándo los jinetes enemigos los atacaron, los legionarios se dejaron ver, y con sus dardos mataron a muchos de los galos, quienes huyeron en desbandada al campamento de la infantería de Vercingetórix. Este, viendo la derrota de sus jinetes, decidió refugiarse en Alesia, esperando que pase lo mismo que en Gergovia. Cuando Vercingetórix llegó a Alesia, envió a unos soldados suyos a pedir refuerzos a los galos, ya que solo tenía ochenta mil hombres. César, que lo estaba persiguiendo, al ver las fortificaciones de la ciudad gala, dejó de lado la idea de atracarla y optó por sitiarla. Para ello, construyó siete campamentos fortificados, apoyados por reductos en los puntos claves. Luego, construyó un foso de seis pasos de profundidad sobre toda la circunferencia de Alesia para impedir la huida de los sitiados y al lado del foso, construyó una muralla de tres pasos de altura. Para impedir la llegada de refuerzos a los sitiados, construyó, a cien pasos de la otra muralla, tres fosos de seis pasos de profundidad, y una muralla de tres pasos de altura, situada arriba de un terraplén de cuatro pasos de altura. A las murallas, les colocó una torre cada veinte pasos y de diez pasos de altura. La muralla interior, aproximadamente, medía dieciséis mil pasos de longitud, mientras que la exterior medía veintiséis mil. Debido a la escasez de víveres, los sitiados expulsaron a las mujeres y a los niños, para ahorrar provisiones. Tras varias semanas, llegaron cuatrocientos mil galos de refuerzo comandados por un amigo de Vercingetórix, Comio, también averno. Comio realizó algunas escaramuzas de caballería, que fracasaron, así que decidió utilizar su inmensa infantería para atacar a César. A media noche, avanzaron los cuatrocientos mil hombres de Comio hasta la muralla que guarnecía a los cincuenta mil hombres de César. Al llegar, hicieron ruido, para que los sitiados salieran de Alesia y atacaran. Así se hizo, pero, luego de rellenar el foso, se retiraron. Al día siguiente, Comio, dividió a su ejército en dos, para que uno atacara a la muralla romana, y el otro marchó hacia una parte de la circunferencia que, por la naturaleza del terreno, los romanos no la habían podido fortificar, mientras que Vercingetórix salía de la ciudad, obligando a Julio César a combatir, no solo quintuplicado en número, sino a hacerlo por ambos flancos. El fuerte romano no protegido estaba defendido por dos legiones comandadas por el legado Labieno. Sin embargo, cuándo la muralla fue quemada por los galos, César tuvo que pelear difícilmente, y decidió ir en ayuda de Labieno, quién estaba siendo atacado por varios flancos. Entonces, César, envió al legado Marco Antonio con la caballería y dos legiones a salir del campamento por la parte que no estaba siendo atacada, y que atacara por la retaguardia a los galos de Comio, quienes, al ver a Antonio y sus jinetes, huyeron en desbandada, y los sitiados se rindieron, junto a su jefe, quién fue arrestado. Libro VIII. Lucterio, el jefe de los cadurcos, y Drapes, el líder de los senones, se habían retirado al interior de Uxeloduno, pretendiendo esperar hasta el fin del gobierno de César, después de lo cual podrían de nuevo rebelarse con fuerza. Uxeloduno, fuertemente fortificado por su posición natural, con un río dividiendo el valle debajo que casi rodeaba la empinada y escarpada montaña en la que Uxeloduno fue construido, no podía tomarse como Alesia lo había sido en el año 52 a. C. El legado a cargo de Uxeloduno, Gayo Caninio Rébilo, era consciente de que sus dos legiones no podían esperar repetir el éxito de César en Alesia, y se contentó con dividir sus legiones en tres campos situados en un terreno suficientemente alto para asegurar que una evacación secreta de Uxeloduno no podría tener éxito y que le permitiría clausurar la ciudadela gradualmente. Aquellos que estaban dentro del oppidum (lugar elevado, una colina o meseta, cuyas defensas naturales se han visto reforzadas por la intervención del hombre), percibieron la pretensión de Caninio, y Lucterio, que había estado en Alesia, les urgió para que incrementaran sus provisiones. Huyendo al amparo de la noche, Lucterio y Drapes dejaron dos mil hombres dentro de Uxeloduno, y se llevaron al resto a forrajear en busca de grano. Mientras algunos de los cadurcos les dieron provisiones libremente, otros se vieron obligados a entregarlas a la fuerza. Después de reunir una gran cantidad, intentaron meter subrepticiamente las provisiones en la fortaleza. Sin embargo, los centinelas de Caninio lo detectaron, y Caninio dirigió sus tropas a un fiero ataque contra los convoyes. Lucterio, a cargo del convoy, huyó sin advertirlo a Drapes. El resto de los hombres que acompañaban al convoy fueron masacrados hasta el último hombre (cerca de 12.000 galos fueron masacrados). Caninio, deleitándose en su buena fortuna, entonces dejó a una legión defendiendo los campos, y tomó la otra legión y toda la caballería para golpear a Drapes, consiguiendo matar o capturar a todos los galos, incluyendo al propio Drapes. Complacido por el hecho de que ya no tenía que preocuparse sobre refuerzos enemigos, dedicó sus hombres a completar el rodeo de Uxeloduno. Gayo Fabio, otro de los legados de César a quienes se le había asignado la tarea de someter a los senones, llegó poco después, y puso sus propias dos legiones a trabajar junto a las de Caninio. Mantuvieron informado a César de los acontecimientos en Uxeloduno, y se puso furioso cuando conoció que continuaba el desafío de la ciudad. Determinado a someter la Galia mientras aún era su gobernador, dejó detrás a sus legiones, y cabalgó junto con la caballería hacia Uxeloduno, moviéndose tan rápido como podían sus caballos. Sorprendiendo a sus legados, quienes no esperaban que se dedicara a esta revuelta en persona, rápidamente percibió que Uxeloduno no podía ser tomado por asalto. Habiendo sido informado de que la ciudad tenía mucha comida, a pesar del fracaso de Lucterio y Drapes para incrementar las reservas, César eligió privar a sus habitantes de agua y rápidamente ideó un método para hacerlo. La naturaleza del terreno le impedía desviar el río, pues corría muy próximo al pie de la montaña de manera que no podían excavarse canales de derivación en ninguna dirección. Pero esa misma inclinación también hacía difícil la vida para los defensores, pues la bajada al río era extremadamente difícil. Dándose cuenta de ello, César ubicó arqueros y balistas para golpear a cualquier defensor que intentara coger agua del río. La única fuente adicional de agua, un manantial que surgía de la escarpada montaña justo por debajo de los muros de Uxeloduno, parecía imposible de bloquear a los galos. El terreno era demasiado escabroso, y no podía ser tomado a la fuerza. Sin embargo, César conocía algunas de las fuentes del manantial. Ordenó a sus hombres que construyeran una rampa de tierra y piedras, en la cual poder apoyar una torre de asalto de diez pisos de alto para bombardear el manantial. Sin embargo, mientras se llevaba a cabo esta tarea, tuvo a hombres cavando minas en la tierra, con túneles que inexorablemente se acercaban a las fuentes del manantial. Los galos fueron engañados por la torre de asalto de César, y cuando vieron su altura, la atacaron fieramente. La torre pronto estuvo en llamas, y el frente limitado que permitía el terreno hizo que el combate se tornara sangriento. César ordenó a sus hombres que rodeasen la fortaleza y lanzaran un gran grito, como si estuvieran a punto de asaltar las murallas. Este segundo engaño tuvo éxito, y los galos se retiraron a Uxeloduno. El fuego fue apagado con éxito, el trabajo se reanudó en la torre, pero para cuando pudo haber sido usada, los minadores de César habían logrado desviar las fuentes del manantial. Cuando éste se secó, los galos dentro de Uxeloduno cayeron en la desesperación, convencidos de que los dioses los habían abandonado, y capitularon. Comenten y puntúen, gracias

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