Maqui133
Usuario (Japón)

Panasonic desarrolla un traductor automático en forma de pendiente que estará perfeccionado para el año 2020 El día 10 de febrero del año 2015, Panasonic anuncia el desarrollo de varios artículos innovadores que estarán listos y perfeccionados para el año 2020, año en que se celebrarán las olimpiadas en la capital nipona, Tokyo. Omotenashi, será la palabra clave que distinga a estas olimpiadas. La palabra Omotenashi no tiene una traducción directa al castellano ni ningún otro idioma occidental pero puede ser entendida como "el sentimiento de agradecimiento para con los visitantes o clientes". El traductor automático será una de las innovaciones que sorprenderá al mundo. Se trata de un aparato que se colgará al cuello como a un pendiente, que se encargará de traducir todo lo que el usuario hable, de una manera automática, clara y fluida, a varios idiomas. El traductor automático que cuelga del cuello (fotografía 1 y 2) El traductor automático cuenta con un micrófono interior que detecta el contenido de la conversación del usuario y lo muestra en forma escrita en una pantalla. Al mismo tiempo, envía dicha información a un servidor donde se realiza la traducción, que regresa al dispositivo para su reproducción auditiva. Por ejemplo, si el usuario dice en inglés "I can not speak Spanish", el dispositivo se dejará escuchar automáticamente con la frase, "No puedo hablar español". El proceso de traducción se lleva a cabo en segundos. El proceso de traducción se lleva a cabo con tecnología del NICT (National Institute of Information and Communications Technology), que en conjunto con la tecnología de punta de Panasonic han conseguido crear éste dispositivo. En la actualidad existen diversas aplicaciones para Smartphones para traducción e interpretación, pero en todos los casos siempre existen diferencias entre los significados de las frases originales y las traducidas, siendo que son muy poco fiables y confiables. Panasonic se ha encargado de eliminar todas esas imperfecciones en los resultados además de haberle dado un cuerpo propio al software. Primeramente estará disponible para traducir entre 10 idiomas distintos, con lo cual se espera satisfacer al entre 70 y 80 por ciento de los visitantes extranjeros que se espera visiten Japón en 2020. También habrá viarios dispositivos extra que funcionen junto con el traductor automático de Panasonic como pantallas ajustables. El traductor automático no se encarga solamente de traducir el contenido gramático de las conversaciones, sino que también lee patrones de situaciones y utiliza información relacionada para crear resultados.
Parte I Primera Semana en la Vía Láctea De mis viajes por la sierra de Kumano en la provincia de Nara, en el verano del año 2012, he contado algunas cosas. Pero hay tantas y no menos importantes y mágicas que aún quedan por contar y que he decidido dejar por escrito ahora y antes de que queden en el olvido. A principios del séptimo mes del año estaba decidido a que pasaría las vacaciones de verano trabajando en la montaña, más exactamente en el pueblo llamado Tenkawa, que significa Río del Cielo, o también Vía Láctea. Como ya lo había hecho en años anteriores, permanecería en el Ryokan, u hotel tradicional, por un tiempo aproximado de un mes. Todos los preparativos estaban ya hechos para partir el día 20 de dicho mes. Mi equipo de estudio, el ordenador con toda la información necesaria que pude encontrar sobre la mística sierra. El equipo de campamento del cual daré detalles más adelante también estaba al cien por ciento completo y listo para la excursión. Mi compañero de viaje, cuyo nombre es Sato, saldría junto conmigo dicho día para trabajar juntos. El segundo objetivo de este viaje, además claro está del de trabajar, era el de adentrarnos en la sierra y recolectar información sobre la historia y la geografía de las numerosas montañas que conforman la sierra sagrada de Kumano. La sierra de Kumano es considerada sagrada puesto que es un recorrido de peregrinaje budista con ya más de mil años de antigüedad. Actualmente está catalogada como patrimonio cultural y natural de la humanidad por la Unesco. La historia de este camino comienza, como decía ya, hace poco más de un milenio con un personaje un poco fuera de lo común y también objetivo de la excursión. Se trata de un ermitaño que de la entonces jóven nación de Yamato, el antiguo y primitivo Japón que entonces sólo constaba de la actual prefectura de Nara. En el entonces Yamato, en la entonces provincia de Katsuragi, ahora ciudad con el mismo nombre y perteneciente a la prefectura de Nara, apareció (puesto no se puede decir que ha nacido, dado que no se encuentra ningún registroque pudiera comprobar el hecho) este personaje cuyo nombre es, o fue, después conocido como Ennogyoja, cuya traducción podría ser “El peregrino mensajero del altísimo” o “Peregrino servidor del altísimo”. El pueblo de Katsuragi tenía entonces su propio emperador y su propio castillo, ya que aún más antes se trataba de una nación independiente que después vino a formar parte del imperio de Yamato. Pero decía que por aquellos días vivía aquel hombre un tanto distinto. Durante temporadas desaparecía adentrándose en la montaña Katsuragi donde permanecía a solas dedicado a la meditación supuestamente, y, cuentan las historias, a comunicarse con el Buddha que le guiaba desde los cielos. Pasaban los años y las generaciones, y este hombre seguía en las historias populares. Ennogyoja cada vez permanecía más tiempo en las montañas. Los que entonces se hacían discípulos suyos se encargaban de registrar sus enseñanzas, transmitirlas a sus hijos, quienes también se harían discípulos de Ennogyoja. Y estos a su vez a su hijos, que harían lo mismo. Y así llegó la quinta generación. Pero como he dicho antes, Ennogyoja pasaba cada vez más tiempo en la montaña a solas, puesto que los discípulos no estaban autorizados para acompañarle en ninguna de sus excursiones. Las historias cuentan muchas cosas. Desde que en la cima de la montaña se encontraba con ángeles los cuales le enseñaban todo cuanto sabía, que era un loco, que no era de este mundo, que quizás era una especie de demonio, en fin, todo lo que la imaginación de aquella gente pudiera dar, por lo cual era temido y venerado. Un día, Ennogyoja avisó a sus discípulos que partiría hacia una montaña distinta, la cual debería ser tomada por sagrada. Indicó la ubicación de tal sitio y sus discípulos le advirtieron que sería un viaje largo, que tal vez le tomará semanas en completar. El respondió que ya no necesitaba los transportes convencionales ni de largas caminatas entre bosques y ríos. Al escuchar esto la gente le tomó aún más por loco. Llegado el día, Ennogyoja al despedirse de los suyos dió la orden de que le siguieran, en un peregrinaje que les llevaría semanas o meses, como ellos ya lo habían advertido, y él, les estaría esperando allí. Ennogyoja subió al monte Katsuragi, desde donde emprendió el vuelo, de alguna manera, hacia la que sería su nueva sede, el monte Ohmine, a 140 kilómetros al sureste de Katsuragi, donde no había poblaciones, solo montañas y bosque casi infinito. La luz que desprendió Ennogyoja al emprender el vuelo fue tal que fue visible desde el pie de la montaña y por toda la población, y como un rayo o una estrella fugaz cruzó el cielo hasta perderse en el horizonte. Los discípulos, a su vez, emprendieron el viaje. Cruzaron montañas, bosques, ríos, enfrentaron animales y a bandidos por el camino. Algunos perecieron y otros renunciaron, pero aquellos que lograron llegar a la montaña Ohmine pudieron realmente encontrarse con Ennogyoja. Ohmine es parte de una sierra, la susodicha Kumano. Los discípulos fundaron una población en una cima un par de kilómetros más al sur, donde continuaron aprendiendo las enseñanzas de Ennogyoja. Eran pocas, incluso contadas las veces al año que Ennogyoja aparecía ante sus discípulos bajando del Ohmine. Pasaron un par de generaciones más y la población crecía y veneraba a Ennogyoja. Así se cuentan muchas historias alrededor de este personaje, y que ya iré contando a su tiempo. Por ahora cierro esta referencia histórica con la desaparición del pueblo fundado por los discípulos. Una población en la cima de una montaña arrasada por algún desastre natural quizás. Misterio sin ser resuelto aún hoy en día. Los sobrevivientes, al parecer, fueron quienes dieron nacimiento al actual Dorogawa, la población actual más próxima al monte Ohmine y que también es paso para los actuales peregrinos y adoradores de la figura de Ennogyoja. En la actualidad Ennogyoja es considerado una especie de semi-dios, por algunos de los supuestos poderes sobrenaturales con los que contaba, según la religión y las historias. De su desaparición, o mejor dicho, de su última aparición, nada se sabe. Llegó el día 20 de Julio, un día lluvioso. Sato y yo cargados con todo el equipo partimos hacia las 16:39 con rumbo a “La Vía Láctea” en un viaje de 3 horas en tren y autobús. La actual Dorogawa, es ahora un centro turístico y religioso, alimentado en su mayor parte por peregrinos creyentes de los restos de lo que alguna vez fueron las enseñanzas de Ennogoyja. La principal fuente económica de Dorogawa son los Ryokan, u hoteles tradicionales que dan hospedaje a los cientos y cientos de peregrinos que arrivan cada año y en distintas temporadas. Además del turísmo ecológico, ya que la región es también patrimonio natural de la humanidad, y es en verdad un paraíso de bosques y ríos. Sato estaba impresionado ante la belleza del lugar, pocos son los lugares así en Japón, decía él. Y la verdad es que yo también gozaba de sorprenderme una y otra vez de mirar aquellos paisajes. El húmedo verano del Japón era insoportable en la ciudad, pero aquí, era disfrutable. Al llegar a Dorogawa, en el último autobús del día, el de las 17:15, la lluvia cesó, permitiéndonos caminar con holgura de tiempo para tomar referencias del rededor y buscar detalles. Llegamos al que sería nuestro hogar los próximos 30 días. El Ryokan, estaba aún vacío. Solo los dueños nos dieron la bienvenida al entrar. Enseguida buscamos y nos instalamos en la habitación que nos alojará, la cual era bastante amplia, y con dos ventanas con vistas muy privilegiadas. Una dando hacia el norte, desde donde se podía apreciar el templo budista de “El dios dragón” y en consecuencia las ceremonias y rituales que allí se celebran, y la otra hacia el este, donde se podía contemplar con toda claridad el monte Ohmine, detrás del cual saldría el sol cada mañana. Las nubes eran espesas pero altas, dejándonos contemplar al cien por cien la montaña. Tras instalarnos, cenamos con la pareja, dueños del Ryokan, los Ohnishi, quienes inmediatamente nos acogieron afectuosamente. El señor Ohnishi, de poca estatura y una complexión que pareciera que se rompería en cualquier momento era un hombre de unos 50 años de edad, pero su apariencia engañaba. La gente lugareña cuenta con una fuerza física bastante envidiable debida quizás a los tipos de trabajos que realizan durante toda su vida. Leñadores, carpinteros, agricultores y cazadores. Su esposa, la señora Ohnishi, de unos 40 años de edad aproximadamente, era un a mujer considerada muy bella entre las esposas de los demás Ryokan del pueblo. Sin embargo, también era muy conocida por su carácter infantil a ratos. El señor Ohishi, hijo del ex-gobernador del pueblo, y graduado en una de las universidades de mayor prestigio en Japón, la universidad de leyes de Waseda, en Tokyo, era un hombre de conocimientos vastos en varios campos. Tras cenar, el señor Ohnishi nos ha dado las indicaciones para el inicio del trabajo el día siguiente y nos deseó buena noche. Sato y yo de vuelta a nuestra habitación, pasamos lista del equipo, por si había algo olvidado, y nos dimos el resto de la tarde noche para descansar y entrar en las aguas termales. El día 21 comenzó a las 7 horas, con el calor del sol que entraba ya fuerte por la ventana este, a diferencia del día anterior hacía un buen clima. A la vez llegaron las trabajadoras de la cocina, mujeres en su mayoría de edades alrededor de los 60 y 70 años, solo una mujer más de 82 años de edad. Un total de 6 mujeres mayores. Todas vecinas o provenientes de poblaciones próximas. Tres hombres más, el señor Ohira, de 50 y algo años de edad y proveniente cómo nosotros de la ciudad, y los señores Sei y Kubo, ya pasados de los 60. Al encontrarme con ellos nos saludamos todos calurosamente, hacía tiempo ya que no nos encontrábamos. El señor Kubo quien con un abrazo me saludó diciendo “Bienvenido de vuelta” se le veía muy sano afortunadamente, ya que la última vez que lo ví padecía de su rodilla derecha, que lo imposibilitaba para trabajar muchas veces. Me dió gusto encontrarle de nuevo. Presenté a mi compañero Sato y así comenzamos la primera semana de trabajo... Borrador por continuar...
Un cartel luminoso con las palabras “Karaoke” destaca en la fachada de los edificios donde se puede encontrar este lugar de recreo. Lo primero que uno encuentra al entrar es la recepción. Una vez el cliente indica el número de personas y el tiempo que desea estar en el karaoke, será conducido a una habitación más grande o más pequeña, desde la que podrá pedir algo para beber y comer mientras canta sus canciones favoritas. Prácticamente todos los karaokes funcionan igual, con pequeñas diferencias dependiendo del fabricante. Para empezar a cantar sólo tenemos que buscar el número de referencia de la canción que queramos elegir en el grueso libro de canciones o en el menú del panel táctil. Después de seleccionar las canciones y enviarlas al dispositivo a través del panel táctil, aparecerán en la pantalla y empezarán a sonar en orden de manera automática. El libro de canciones contiene más de 100.000 nombres de artistas y temas, por lo que puede ser un tanto engorroso buscar ahí. No obstante, en el panel táctil podemos encontrar de manera sencilla las canciones buscando por el nombre del artista, de la canción, la década o alguna palabra clave de su título. Además de en japonés, hay canciones en inglés, chino, coreano y algunas en español, además de las populares “anison” (temas de series y películas de anime). Un sistema por horas con ofertas especiales Al principio los karaokes funcionaban con cintas magnetofónicas y tarjetas que incluían las letras de las canciones. Poco a poco fueron introduciendo imágenes y sistemas más sofisticados, hasta el punto que hoy cada canción viene acompañada de un vídeo y se puede leer la letra del tema que estemos cantando también en la pantalla. Además es posible cambiar la altura en la escala y el tempo, e introducir efectos, como el eco, de manera sencilla, así como elegir canciones en las que se puede oír la voz del cantante original para poder practicar. Algunas máquinas también evalúan y puntúan la habilidad del que canta, y para animar aún más la reunión algunos karaokes ofrecen al cliente instrumentos como panderetas y maracas. Normalmente el cliente puede cantar todas las canciones que quiera pagando la tarifa del tiempo que decida estar (una hora, por ejemplo) más una bebida. El precio del karaoke cambia dependiendo del horario. Por ejemplo, los días laborables al mediodía el precio es más barato, pero aumenta en horario nocturno y los fines de semana. También hay karaokes para personas con mayor poder adquisitivo, y habitaciones de distinta clase y amplitud y con diferentes servicios. Además, muchos de los karaokes funcionan durante 24 horas, por lo que se convierten en un lugar idóneo para continuar la fiesta después de ir de copas, o para que aquellos que han perdido el último tren pasen la noche entretenidos hasta la mañana. Aunque se cobra aparte de la tarifa de la habitación, también ofrecen una variedad de comidas y bebidas, algunos incluso con una oferta de “barra libre” de bebidas, por lo que se convierten en un lugar ideal para celebrar una fiesta en la que se puede beber, comer, bailar y cantar libremente. Es por esto que hay personas que pasan muchas horas en el karaoke. La idea del “karaoke box” nació de los contenedores de carga Al principio el karaoke era un entretenimiento de bares y hoteles, en los que se cantaba delante de toda la clientela. En 1985 apareció el primer “karaoke box” independiente en el que se utilizaban como habitaciones individuales unos contenedores de carga como los que se pueden ver en los puertos, aunque reformados, una idea que pronto se convirtió en un gran éxito. Obviamente la ventaja de este modelo de karaoke es que en la habitación solo están presentes amigos y compañeros, personas entre las que hay más confianza. Entre los japoneses hay muchas personas tímidas que no se sienten cómodas cantando delante de desconocidos, razón por la que estos “karaoke box” con habitaciones individuales han alcanzado estas cotas de éxito. Desde la década de 1990 ha venido aumentando el número de edificios que disponen de habitaciones individuales llamadas “karaoke room” en todo el país. Esto abrió las puertas a esta diversión para muchos jóvenes que aún no contaban con edad para beber alcohol, y por lo tanto no podían acudir a los tradicionales bares con karaoke. El extraño boom del karaoke para solitarios Aunque el éxito de los karaokes tiene su razón de ser en las personas que desean cantar y divertirse con sus amigos, en Japón también ha surgido un extraño boom de personas que disfrutan en soledad del karaoke. “Quiero liberar el estrés cantando libremente en soledad”, o “quiero practicar para cantar mejor” son algunas de las razones que pueden escucharse entre las personas que van solas al karaoke. Por ello están proliferando también en la actualidad habitaciones más pequeñas para una sola persona, donde uno puede concentrarse únicamente en cantar y divertirse.