ManueGuisande
Usuario (España)
Bueno, bueno; nada más comenzar las Olimpiadas y ya tenemos el primer fallo. El asunto, después del penoso encendido de la llama, fue que cuando iban a jugar a fútbol femenino los equipos de Colombia y Corea del Norte, al lado del marcador de este último país figuraba la bandera de Corea del Sur, con lo cual las chicas del norte se mosquearon y, hombre como platos no, pero se quedaron con los ojos… Este fallo ha generado una protesta de la delegación de Corea del Norte; que si creen que lo han hecho apropósito, que si el sistema comunista, que si el capitalista, que si las envidias, que si… ya sabes, qué te voy a contar, el personal está de trallado… Yo en quien pienso es en Jimmy Stewart. Yo me imagino que ese Jimmy Stewart (un nombre ficticio) estaba en paro y a sus 22 años un día lo llamaron por teléfono para decir le que lo contrataban para las Olimpiadas porque había salido su nombre entre 100.000 millones de papeletas del súper por comprar aceitunas La Española. Me imagino que a Jimmy Stewart tras una reunión le dijeron: «Y tú te encargas de buscar las banderas». Y al Jimmy, que lo que le mola son los Rolling, Gym Class Hero o los Klass, además de un par de pintas por la mañana y nada de trapitos, se puso los cascos y buscó en Internet. Encontró un trapillo que pondría Corea; y ni norte ni sur, Corea joé, como suena CO-RE-A; la metió en una carpeta de Windows, la envió a sabe dios quién y en qué formato, que si gif jos o plof, y a ver las olimpiadas y a disfrutar de su trabajo con una camisa oficial y de caballero. Me imagino al Jimmy Stewart (Jaime Saavedra, para nosotros) contando su curre a todos los amigos; a sus padres; y los padres a los vecinos y los vecinos a otros vecinos y así manzana a manzana hasta Huelva, como si los Stewart hubieran batido un récord mundial de orgullo, molando por ahí de que su hijo curra en las Olimpiadas, que su trabajo es muy técnico, muy delicado, especial, que no vale cualquiera que… vamos como el mío, juntaletras, pero dándole más punto. Y al pobre de Jimmy, que mira que hay gente que curra en esto del Olimpo, va y el primer día…¡¡¡ hala !!! , un cirio de bemoles porque hay dos coreas y todos los medios de comunicación erre que erre con el fallo de las banderas. Que si es imperdonable, que si la organización empieza así que qué mal rollo, que qué desastre, que no están preparados, que si una protesta internacional, que si el Gobierno de Londres… joé, y el pobre rapaz, que solo hizo pin al ratón… cayéndole de todos los lados, pero de todos. Cosa que lee… unos niños que llevan banderas; hace zapping… Antonio Banderas; mira para un hotel de lujo… las banderas; va a la playa… las banderas; recuerda el año pasado sus vacaciones en España…¡¡¡ ostrás !!!!, las banderillas. Imposible, totalmente imposible. Y claro, así no hay quien se recupere y me imagino al pobre de Jimmy hecho polvo, desolado, destrozado, deprimido, abatido y sin pisar la calle porque la vida… que ya se sabe que cuando sale algo mal la gente se lo monta a la tremenda y este, como es un chaval…pues más, claro. Y yo comprendo a Jimmy; pero realmente no es para tanto; primero porque no es de Corea y se ha librado de unos 7.998 años de cárcel, que por buen comportamiento le podrían quedar en 5.325; y, segundo, porque a sus 22 años crear un conflicto internacional mola, no me digas que no; no me digas que no mola un cristo de esos por darle un pin a un ratoncillo… joé que si mola. Tengo yo 53 y el único conflicto que tengo es conmigo mismo… penoso.
(Cosas que suceden cuando te vas a vivir al campo) En la aldea pasan cosas inconcebibles y si las concibes… no le des vuelta tú no eres normal, puedes ser parecido, similar o asimilado a la realidad pero normal… no, ¡¡¡ qué vas a ser normal … !!! mira neniño, no mares y tómate el café. Hace unos días en la aldea entré en la casa de Maruja; ya sabes, esa buena vecina que cuando habla la oyen en el sureste de Kazajistan; pues bueno, entré y de repente oigo: «¡¡¡ El veñe hoxe de Canarias, veñe hoxe !!!, ¡¡¡ que su padre hace un año viño de Alemania, de Alemaniaaa !!!», repitió Maruja, que hasta me hizo pensar que los alemanes no es que se levanten pronto porque sean trabajadores, sino porque los despierta Maruja, pero bueno esto son cosas que se me ocurren que no las tengo muy claras. Investigaré. Yo la verdad, he de reconocerlo, no entendía nada de lo que decía Maruja y menos por la mañana, que estoy sopas total hasta las 12, así que seguí callado tratando de averiguar de qué hablaba porque la realidad es que a la aldea, en los últimos 10 años, el único que recuerde que vino fue un conductor que se perdió, y cuando salimos casi todos a indicarle por dónde regresar, el automovilista no nos hizo ni caso y salió escopetado. Mis vecinos dijeron que era un maleducado; yo la verdad callé, pero tal como salimos todos, a gritos y algunos con aperos de labranza con hachas en la mano, palas, picos y otras arma, no me extraña que se fuera, que estoy seguro que más que pensar que le estábamos señalando por donde tenía que ir, seguro que creyó que los íbamos a linchar; pero bueno, esto es otra historia. El caso es que Maruja, con un paño en la cabeza y sobre el paño un gorro, que parecía un tuareg, seguía contando: «Quen veñe es Raúl, que non, que non é Jonzalo, que é Raúl, que é o mais novo, o mais noviño, que antes estuvo en Suiza, ¡¡¡¡ en Suizaaaaa !!!!!», gritaba Maruja, que creo que los suizos se despiertan también a la misma hora que los alemanes. Por momentos, más que la aldea aquello me parecía más un aeropuerto, pero sin maletas, hablando de Argentina, de Suiza, de Alemania… como si fueran vuelos: unos que iban, tros que venían… pero como no veía balizas ni Torre de Control y olía a vaca como que estaba seguro que seguía en la aldea, que si estaba… De repente, Maruja me habló al oído y fue tal el toinnnnngggggg que sentí que no me fui a Urgencias de milagro, y aún estaba yo con un infinito sonido interior en el oído cuando pregunté entre contento y extrañado: ,«¿Pero quién es el que viene?, ¿quién viene de Canarias?. Y Maruja contestó: «Ti non o coñoces, ven Raúl, ven Raúl». «¿Qué Raúl?», volví a preguntar intrigado. Y entonces Maruja lo dejó meridianamente claro: «Veñe Raúl; bueno Raúl no, suas cenizas, as ceniza, que morreo hoxe». Joé con la aldea, viajar se viaja pero por lo visto, todo de una tacada y así… como que no mola.
(La felicidad de vivir en una aldea de 11 habitantes con unos vecinos maravillosos) Para Maruja mi vecina no hemos entrado en la Unión Europea ni historias. Ni euro, ni libra, ni yen, ni la petanca; ella sigue pagando como si hubiera pesetas y las compras las hace al estilo de los años 50: regateando; es decir, negociando. A ella le da lo mismo que en un escaparate una cosa valga 100, 120 que 840. Ella entra y… y es otro mundo. Y por eso de que es otro mundo, hace unos días fuimos a Betanzos (el pueblo más grande que hay al lado de mi aldea), que es como Nueva York aquí en el rural: 12.000 habitantes, más o menos. Y por eso de la vida, Maruja, la sioux (mi mujer) y yo entramos en un chino porque querían comprar no sé qué. Como ya lo veía venir todo me puse a observar lo que tenía que suceder porque… como te diría, hay cosas que son así y así son. Podía suceder comprar o no comprar, mirar o no mirar, entrar y salir, incluso ni entrar ni salir, quedarnos en la puerta, que para eso somos gallegos; pero yo lo tenía tan claro, pero tan claro, que las dejé a ellas juntas y me puse en un lugar estratégico frente a la cajera para ver qué pasaba. ¿Y que pasó?, pues lo que tenía que pasar. Miraron unas fundas para unos sofás y cuando Maruja preguntó el precio… la primera en la frente: «¿E isto en pesetas canto é?». Y tras la conversión a la extintayugoeslaviapeseta, en el chino se escuchó: «¡¡¡ Jasússssss !!!». Bueno, el «¡¡¡ Jasússssss !!!» se oyó en todo el local chino, en parte de Shanghai en las provincias de Qinghai y Henan, y quizás en alguna zona del ex sahara español y en el sureste del Serengueti. Entonces Maruja, si dar tiempo a que la empleada comentase nada, movió con sus manos la falda de izquierda a derecha y de deracha a izquierda hacia arriba, como si la remangara, y continuó: «¡¡¡¡ Si non e para min !!!!, ¡¡¡¡ que é para esta rapaza que é de fora y ten catro fillos e ainda no encontrou traballo !!!!». La sioux no entendía nada, yo, de verdad que todo, pero cuando digo todo… es todo, y cuando la sioux trataba de intervenir, Maruja decía: «¡¡¡¡ Cala ho !!!!, ¡¡¡¡ ti que saberás, déixame a min ho !!!!». Yo no sé si fue por lo de extranjera, por lo del trabajo o lo de los cuatro hijos, pero así de repente, las fundas de 40 euros bajaron a 35. Y tras una nueva conversión monetaria, Maruja siguió: «Pero non ves que acaba de chegar e que está empezando unha nova vida. Non te acordas cando tí e mais eu empezamos unha vida… ». Y mira, en confianza, yo no sé que pensó la dueña del chino, que no era china, por cierto, pero de 35 bajó a 30 euros y a mí como que me dio que más que por un sentimiento de solidaridad lo hizo para ver si de una vez se iban de allí y la dejaban en paz, que falta le hacía, si le vieras la cara… Ni qué decir tiene que yo a estas alturas de la compra-negociación ya no miraba nada. Estaba frente a una estantería como podía estar frente a una ensaimada, en Kazajistán o en Nairobi y lo único que pensaba era que Maruja si seguía así, hablando a grito pelado, iba a crear un conflicto internacional y que ya me veía yo escribiendo un suplemento especial en el periódico sobre cómo entramos en guerra con la China por culpa de unas funditas; vamos, un curre que no veas. Mientras había clientes que entraban, pagaban y salían; entre el «arredemo» y el «Jasús», no me digas a cuento de qué Maruja empezó a recordar la época del hambre en las aldeas, del frío que se pasaba, de enfermedades, de un hermano que se fue a la Argentina, de cómo un día que era joven fue a una fiesta y no sé qué pasó con un traje, de… mira, yo te prometeo que no conozco a Merkel ni al Sarkozy, pero que ponen a Maruja al frente del BCE y que no suben las primas de riesgo y que los inversores se las ven y las desean para cobrar… vamos, como hay Dios que la Maruja al frente del BCE arrasa. Total, que una compra que tendría que llevar unos 10 minutos duró casi una hora; y ya en la calle, Maruja estaba orgullosa de cómo había regateado; pero a mí me quedaba una duda porque según Maruja, la sioux acababa de llegar a España, estaba con cuatro niños, empezando una nueva vida, sin trabajo y entonces le pregunté a Maruja ¿y cómo no se te ocurrió decir que era viuda? Y ni que a Maruja le hubiera pegado un tiro oye; se quedó parada, quieta, pensativa, inmóvil y dijo: «Non o dixe, ¿ti estás seguro que non o dixe?». Y la verdad que seguro seguro, lo que se dice seguro no. Para mí que no dijo que la sioux estaba viuda, lo sé porque yo estoy vivo, pero que muy vivo; ahora de la de la tienda… de ella no respondo.
Yo te lo juro que para curarse de complejos no hay como mi aldea, y no porque allí estemos taladrados, que no lo estamos, que lo que estamos es aturdidos, que es distinto, sino porque allí entre mis 11 vecinos… aquello es otra cosa. ¿Te sientes como que no vales para nada, que eres un no eres, un desecho de la vida, como te diría yo… un gusanillo, una miñoca…?, ¡¡¡ pues nada hombre !!!, ven a mi aldea, que sales como nuevo, te lo digo yo. Por ejemplo, tú tienes unas gafas Ray Ban o, vamos a ponerlo más fácil, unos calzoncillos con florecitas; pues tú en mi aldea eres pionero; sí, pionero, que es decir que eres el primero que ha llegado con ellos, que parece una tontería, pero no. Porque tú ya puedes presumir de haber enseñado a mis vecinos, al Ser Humano, con lo trascendente que es eso, lo que son unas Ray Ban o cuando los cuelgas del tendal los calzoncillos con florecillas y eso te enorgullece, te hace sentir alguien importante y es como una terapia de choque para quien se siente mal. Yo cuando instalé Internet y me di cuenta que era eso, el primero, el único en el mundo que había puesto tan avanzada tecnología en mi aldea, ese día fue especial, muy especial. Miraba al infinito como buscando un algo, observaba las casas de mis vecinos, las puertas, las manillas, las flores, la hojarasca… pensaba en la existencia del ser humano, en lo divino, en el más allá y en el más acá y me decía en un silencio total:: «Dios, gracias Señor, gracias, soy el primero, soy pionero» y fue tal la felicidad que incluso creo que no oí a Maruja cuando al verme me dijo: «¡¡¡¡¡¡ Jisandeeeeee !!!!!», aun que sí cuando añadió «¡¡¡¡¡ queres facer casooooo oh»; pero no importaba, estaba tan ensimismado…. Pero a lo que iba, porque ser pionero es de alguna manera ser protagonista, pasar a formar parte de la Historia, aunque sea de una aldea, pero de la Historia, y cuando pasen los años y más años y alguien un día diga, por ejemplo: «¿Recordáis quién fue le primero que trajo un bolígrafo Bic de cuatro colores?», yo sé que todos dirán a una y con un grito no exento de emoción y éxtasis: «¡¡¡ Guisande !!!», y eso… eso emociona. Y a ti te puede pasar lo mismo. Que te apellidas Fernández… pues nada, cuando pasen los años y alguien pregunte: ¿Quién trajo por primera vez a la aldea unas katiuskas con elefantitos rojos?, todos dirán: «¡¡¡ Fernández !!!, ¡¡¡ Fernández !!!». Y esto lo mismo vale para un Fandiño que para un Álvarez, para un Guitérrez que para un Loureiro o un García. De verdad, si compromiso, si te encuentras mal, no lo dudes, ven a mi aldea y seguro que eres pionero, que te encontrarás mejor, seguro que… «¡¡¡¡¡ Jisandeeeeeeeeeeeeee, pero cómo se che ocurre pitar as patacas oh !!!!!!!». ¡¡¡ Señor, qué éxtasis !!!, otra vez pionero y sin darme cuenta, sino es por Maruja…
O me estoy quedando sordo o ellas hablan muy deprisa… o a ver si va a ser que me estoy quedando lelo, que no me extrañaría, que casi 30 años de periodismo pueden afectar al cerebro, pero mucho, porque eso inglés no es, ¡¡¡ qué va a ser inglés lo que hablan si nunca dice «Hello»… !!! No sé, yo lo que sé es que a mis hijas no las entiendo, no las comprendo, y aunque se llaman Alejandra (15 años) y Victoria (11), para mí son «¿Qué?». Sí, «¿qué?» porque me paso todo el día diciendo «¿qué, qué , qué?» y como respuesta suelo recibir un «bo… » o un «uummmm… », que no significa nada pero que lo dice todo. De verdad te juro que muchas veces, cuado hablan yo digo sí, pero digo sí ya por inercia, de forma inconsciente, espontánea, sin saber realmente porqué lo digo y, claro, después me llevo la sorpresa de… : «¡¡¡ Papá, dijiste que sí, dijiste que sí !!!» y yo interiormente me desespero porque no sé ni cuándo ni dónde dije sí, que por lo que me dicen respondo cada sí… tela, que es como si no tuviera juicio o que tienen un padre que es un pasao, un inconsciente, que de esto último algo hay. Yo a estos niños de ahora no los entiendo y además piensan de tal forma que creen que lo sabemos todo, como si fuéramos Google pero con pies: «¿Te acuerdas de Lorena?», pregunta Victoria, así de repente, y yo digo «sí» medio acongojado, con la mirada extraviada, con el pulso acelerado, y como en internet pienso: «Voy a tener suerte»; pero claro, como son muy listos y se las saben todas, te cuestionan: «¿Y quién es?» y en esos instantes te entra un frío en el cuerpo… que si fuera el de la Guardia Civil ná, pero como es el mío… Yo he descubierto, después de oír entre 700 y 854.000 veces «papá es que no me haces caso, es que no te enteras, es que… », que la respuesta a este tipo de preguntas te la puedes jugar al 50% diciendo: «Sí, esa niña que es rubia», porque es rubia o morena, no hay otra (bueno, está la pelirroja pero esa no cuenta); pero si quieres tener más posibilidades te lanzas a la «solución metro» diciendo, pero con confianza, eso siempre, con confianza, pase lo que pase: «¡Ah!, esa que es como tú de alta» y si es… alivio y si no…. siempre puedes negociar lo de la altura. Yo a mis hijas, como tú a las tuyas, las quiero, las adoro; sin ellas no podría vivir pero con ellas… ¡¡¡ tampocoooo !!!, me ponen en cada aprieto… Yo he llegado a un punto que ya no me atrevo a preguntar nada, ni si esa serie de la tele es tal o cual, si esa canción es de este o aquél grupo o si… todo me parece tan igual, excepto el «bo… » o el «uuummmm..», que me dicen ellas, que no significa nada pero que lo dice todo, bo…
El español lo que más aprecia en la vida es heredar, después tener un despacho y luego la familia; sí, la familia, no solo su mujer y sus hijos, no, la familia enterita: esa banda que te toca en suerte ¿qué no?, ¿qué se critica mucho a la parentela?… bo. Lo de heredar es para algunos una auténtica profesión. Un tío, español tiene que ser, claro, es capaz de estar veinte, treinta o 180 años al lado de quien sea con tal de que le dejen algo. Que el tipo es antipático… da lo mismo; que es aburrido y triste… da lo mismo; que incluso te trata mal o insulta… da lo mismo. El español, el auténtico español cumple su fin existencial cuando tras la defunción se abre el testamento y todo o casi todo queda para él. Que ya no lo puede disfrutar porque tiene reuma, artritis, colesterol, diabetes y un par de baipás… da lo mismo. ¿Qué ha hecho Eulogio Eduarte en su vida? Heredar. Feliz, fin cumplido. Y lo del despacho, otro caso. Para un español tener un despacho es lo máximo porque para él un habitáculo de esos, aunque entres de canto, es sinónimo de poder, de superioridad, de autoridad, de mando, pese a que no sepa que así como el traje es el féretro del espíritu (que te encorseta y te hace sentir antinatural), el despacho es el féretro del cerebro: en cuanto entras, tal cual loncha de jamón vives al vacío y no te enteras de nada, pero de nada de nada. ¿Tenía mucha valía Don Eulogio Eduarte? , «¡¡¡¡ buenoooooo !!!!, con decirle que tenía despacho… ». Feliz, sin enterarse pero feliz. Fin cumplido Y después de la herencia y el despacho, lo que más aprecia el español es la familia, y no es que la aprecie, la ama, la adora, la venera. Por ejemplo, tú tienes un familiar que es abogado, pues en cuestión de una generación la familia dice «yo creo que era secretario judicial»; cinco años más tarde… de creer nada, «era secretario judicial»; en la siguiente generación «yo creo que era juez» y unos años más tarde: «era juez, si lo sabré yo». ¿eso no es amor, eso no es defender a la familia, adorarla enaltecerla? Pero eso en todo. Que tienes un pariente que era albañil; pues en una generación… «yo creo que era aparejador»; cinco años más tarde ya no hay dudas, «era aparejador»; y en la siguiente generación… con dos bemoles… «era arquitecto, si lo sabré yo». Y me vas a decir que todavía aún que esto no es amor… pues sí lo es pero… solo hay un pero, una premisa: que el «juez» o el «arquitecto» estén muertos porque si viven… «va, un picapleitos de tres al cuarto», «pero si era un pringaillo que carreta ladrillos… ». Raros somos, pero amoris-mortiscausa familiaris tenemos pero que de sobra.
Eso de perder el tiempo es muy peligroso; pero mucho más de lo que te imaginas, y mira que tú eres descerebrado, pero cuando te pones a pasmar… todo es posible y más. Hace unos días estaba esperando a alguien y no me digas cómo me puse a mirar el escaparate de un supermercado y me quedé alelado viendo un bote de ColaCao… Mira que hay que estar aburrido para quedarse mirando y remirando el bote de Colacao, pues aquí lo tienes, ese soy yo, ya ves. Pues me pasé como 10 minutos viéndolo, y no te creas… llegué a la conclusión (esto sí que es triste, lo reconozco) que los botes de ColaCao no son cualquier cosa… no. Supongo que eso es lo que tiene el hacer tiempo mientras esperas a alguien, que tu mente vuela y no sabes dónde puede acabar y cuando lo hace… a saber; pues la mía terminó allí, viendo a las dos negritas con sus lazos en la cabeza y supongo que lo que tenían entre las manos sería cacao y hasta notaba un calor… No me digas cómo pero yo estaba en África, rodeado de vegetación, de palmeritas, de cacao por todas partes y me encontré con otros que les había pasado lo mismo, que se les había ido el cerebelo y habían acabado allí. Había gente de Suiza, de Alemania, de Portugal, de Finlandia, Israel… un ambientazo… una interrelación cultural… un «que yo me quedo aquí y no vuelvo… ». De verdad que estaba feliz. Nos juntamos varios, cogimos unas canoas y navegamos por un río inmenso; vimos leones, tigres, panteras, elefantes… buah, tela tela la aventura hasta que llegamos al lago Lacoste, donde había mogollón de cocodrilos con la boca abierta… La verdad que hubo un momento en el que pasamos miedo; es cierto, como cuando entramos en un poblado y los nativos nos amenazaron con unas lanzas; pero no sé que dijo el tipo de Israel que estaba con nosotros, que nada, unos minutos de tensión y luego… una fiesta saltando todos por encima de una inmensa hoguera, bebiendo un mejunje rojo, comiendo carne de unos bichos más raros. ¿Pero qué tiene que ver Rubalcaba y Rajoy con esto de África y los bichos?, joé, estás politizado pero que mucho. Total que estaba tan feliz cuando oigo: «¡¡¡¡Guisande !!!!!»; y ostrás, empecé a notar un frío que no veas, ¡¡¡ qué África ni historias !!!, ¡¡¡ estaba en Lugo !!!; sí, en Lugo, cerca de la estación del tren, a casi -2 grados centígrados y nada de guapas negritas…. ¡¡¡ que va !!!, unas tías enfundadas en unos abrigos que no se les veía ni la nariz y menos mal que reaccioné y que me pilla con esta edad, que es en otra y no sabría si estaba viendo ColaCao o estaba colocao, que todo sería posible.
A mí la verdad me encantaría ser el tío ese que en las playas pone las banderas para informar a los bañistas de si uno puede o no echarse al agua. Tiene que ser un placer eso de ir adonde están los trapillos de colores y pensar: «La verdad que hoy estoy animado, sí que lo estoy, y me encantaría que viniera mogollón de gente para charlar». Y entonces, pones la bandera verde y ¡¡ hala !!, miles de personas en el arenal y tú dando palique a unos y a otros. Pero que estás así como un poco harto porque es fin de semana y no van a dejar sito para tu toalla y vas a tener que aguantar a gente con sus aparatos de música, niños que te tiran arena, madres que gritan, imberbes que se pelean… con dos bemoles, bandera roja y aquí no entra nadie, van a entrar… si hombre… Que viene alguien y te dice que le extraña que esté la bandera roja cuando ve una calma chicha en el mar… pues, ya puestos, te creces y le dices que sí, que no es por el baño, sino que han visto unos tiburones. Bueno; eso si el que te pregunta es gallego, que de mar todos sabemos algo, que si es del interior y de mar ná, pero ná de ná, pues entonces ahí ya es lo que te apetezca, que el agua del mar está afectado por la enfermedad de la cría del mejillón, que hay una corriente interna peligrosa o si te apetece que el año pasado estando así el mar se ahogaron 10, 17 o 14.077 personas, que va a saber él si es de Salamanca y ha venido a pasar tres día… bo. Ah!, eso sí, digas lo que digas, no te olvides de la frase clave: «El mar es muy traicionero, muy traicionero». Y es cierto, el mar es traicionero pero el tío de las banderas es… tela.
Cansado de escribir estos días de Rajoy, te voy a contar una experiencia. Cuando viajas se aprende un montón de cosas, pero muchas. Por ejemplo, yo hace unas semana fui a Barcelona y tú sabes esas líneas blancas que hay en las carreteras, a ambos lados todas continuas y en el medio la mayoría discontinuas… pues yo pensaba que solamente las había en Galicia, que eran algo típico de aquí, y que eran blancas para que no desentonaran con el paisaje. Pues no, salí de Galicia y esas líneas blancas las hay en muchos sitios, pero en muchos; las seguí y me llevaron hasta Barcelona. Como te lo digo ¡¡¡ hasta Barcelona !!!, ¡¡¡ que hay más de 1.000 kilómetros !!!, no te creas que es ahí al lado… por eso el regreso a La Coruña fui muy fácil, solamente tenía que seguirlas… os lo digo por si os perdéis un día, pero bueno. Lo que es curioso, pero muy curioso, es que casi todas tienen la misma longitud, aunque al ir por Huesca creí que eran más grandes, pero pronto me di cuenta que no es que fueran más grandes, sino que por esa zona hay más curvas, yo iba más despacio y tardaba más en recorrerlas y lo sé porque hice el típico cálculo con eso que estudiamos de velocidad / espacio / tiempo y os aseguro que son iguales; bueno igual alguna no, pero la mayoría sí, palabra. Pues como digo había hasta a Barcelona. Mi familia vio la Sagrada Familia, el acuario, las Ramblas, la plaza de Colón, la de Cataluña, varios edificios de Gaudí… y yo también, pero de reojo no les quitaba la vista y cuando nos dijeron que en Tarragona había un coliseo romano a punto estuve por preguntar si había líneas blancas, pero no lo hice, estaba seguro de que sí. Y en efecto, también las había… es que estaba tan seguro… y acerté; pero no dije nada me fumé un cigarrillo y tan feliz, sí hombre, me iban a engañar… bo. A mi realmente lo que me preocupaba ya a estas alturas del viaje era de dónde salían tanta líneas; y de casualidad, viendo un mapa de España, me quedé petrificado cuando cerca de una localidad que se llama San Roque, hay otra que es La Línea de la Concepción. Más claro, agua, porque concepción es concebir, origen, nacimiento, creación, inicio, génesis y estoy seguro que es allí donde las fabrican. Supongo que en ese sitio no debe de haber paro, porque mira que hay líneas…. yo no sé, pero más de 5 millones hasta Barcelona puede haberlas. Ay sí, ay sí que las hay, porque en los cruces, lo hacía despacio y por allí también las había. Con esto de las líneas he de reconocer que los tres primeros días de vacaciones en Cataluña estaba bastante obsesionado y cuando ya me encontraba como un poco más tranquilo, más a mi aire… ¡¡¡ ostras !!!, descubrí leyendo un folleto que Barcelona, además de llamarle la Ciudad Condal, antiguamente, como en Madrid, le llamaban la Ciudad Lineal, y me entró otra vez un desasosiego, una angustia, una inquietud… Por suerte llegué a la aldea a Mortoares, en Oza dos Ríos (La Coruña) y allí como no hay líneas… joé, pues estaba ya como más sereno, más calmado. Y así me encontraba cuando me puse a escribir este artículo. Estaba de un tranquilo que no te lo puedes imaginar. Pero de repente se acerca mi hija Victoria y me dice: «Papá ¿qué haces?», «pues un artículo», contesté. Entonces ella se quedó a mi lado mirando la pantalla y de repente dijo: «Pues mira que has escrito líneas ». ¡¡¡ Líneas líneas líneas !!! Y os lo juro que no puedo más soy incapaz de acabar este escrito; a mí que me persiguen
En verano pasan cosas rarísimas. Preguntas en una agencia por un viaje y, tras contarte las maravillas del lugar que en principio has elegido, te espetan: «Y puede hacer rafting», «raffqué…», cuestionas así como con cara extrañada que no sabes si estas hablando con alguien o sueñas y hasta te miras por si estás en pijama. Y cuando te repite que «rafting», te preguntas: «Este dice rafting como podría decir vuelo rasante o escalada en familia ¿no?». Pero es que acaso yo soy campeón de España de tirarse a lo burro por un río abajo a lo que salga y no lo sé y el petardo este me lo está recordando, o es que gané tres medallas en las Olimpiadas encanutado y no me enteré…. «Rafting, rafting», te cuestionas; y qué tendrá que ver el rafting conmigo, que por mucho que me mire no va a encontrar más que a un tipo larguirucho de 1,80, que no llega a los 70 kilos y que de musculatura la justa para llevar los huesos… Y mientras ojeas un folleto con hoteles, que si pensión completa que si media pensión que si una habitación, que si dos, que si está cerca o lejos de… que nada, que ya puedes pasar mil hojas (si es un pastel aprovechas y te lo comes) que no se te va el rafting de la cabeza, que por mucho que lo intentas… imposible. Y así estás, que ya vas por la página 274 y sin darte cuenta estás en la del Amazonas y el del mostrador que espera una respuesta y como te ve pues eso, en la página do fermoso país do Brasil das garotas, que podrías estar perfectamente en la de Egipto o en la de las islas Caimán; entonces te dice que hay viajes muy baratos fuera de Europa, que hay unas ofertas que… y tú que reaccionas, que sacas la vista del librillo y piensas que seguro que va a haber allí también rafting. Y rafting no, pero te suelta que es una zona espectacular para el ala delta o la caza del león a lazo. Y tú ya entre el ala delta, el rafting y el león ese de los leones, como que hasta piensas que el tío deduce que tienes pelas y trabajas y que el pavo no es un agente de viajes. Un agente sí, pero un infiltrado, un agente del Gobierno, un espía, que te quiere convencer de todos los deportes de riesgo con una sola intención: que te mates y un parado ocupe tu puesto y baje la lista del Inem. Y al final, con dos bemoles, con un par, te dan ganas de decir con un grito que lo oyen en Oceanía: «¡¡¡¡¡¡¡ Antequera, quiero ir a Antequeraaaaaaaaa, joééééé !!!!!!» Y sinceramente te da lo mismo Antequera que Monforte de Lemos, Indonesia o las islas Cósmicas porque para viaje, para viaje viaje el que acabas de hacer mentalmente con el tipo del mostrador, que no hay agencia que lo oferte ni bolsillo que lo pague.