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Magno10

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Primer post: 5 feb 2009Último post: 29 sept 2013
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La caida del ore
La caida del ore
HumorporAnónimo2/5/2009

Registrate y eliminá la publicidad! supongo que todos van a decir que soy un estupido por esto pero bueno, creo que todos hacemos huevadas resumen: fui a lo de joel (un amigo) y estaban llenando la pileta y me dijo que se habian estado tirando con una patineta con volante (si una patineta con volante) y yo corajudo me tiré y asi terminé tambien. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=d0_O8ocFzxM Saludos Fuente: youtube

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Genios militares: Napoleón (megapost)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo9/17/2009

Napoleón nació el 15 de agosto de 1769 en Ajaccio, capital de la actual Córcega, en una familia numerosa de ocho hermanos, la familia Bonaparte o, con su apellido italianizado, Buonaparte. Cinco de ellos eran varones: José, Napoleón, Lucien, Luis y Jerónimo. Las niñas eran Elisa, Paulina y Carolina. Al amparo de la grandeza de Napolione -así lo llamaban en su idioma vernáculo-, todos iban a acumular honores, riqueza, fama y a permitirse asimismo mil locuras. La madre, María Leticia Ramolino, era una mujer de notable personalidad, a la que Stendhal eligió por su carácter firme y ardiente. Carlos María Bonaparte, el padre, siempre con agobios económicos por sus inciertos tanteos en la abogacía, sobrellevados gracias a la posesión de algunas tierras, demostró tener pocas aptitudes para la vida práctica. Sus dificultades se agravaron al tomar partido por la causa nacionalista de Córcega frente a su nueva metrópoli, Francia; congregados en torno a un héroe nacional, Paoli, los isleños la defendieron con las armas. A tenor de las derrotas de Paoli y la persecución de su bando, la madre de Napoleón tuvo que arrostrar durante sus primeros alumbramientos las incidencias penosas de las huidas por la abrupta isla; de sus trece hijos, sólo sobrevivieron aquellos ocho. Sojuzgada la revuelta, el gobernador francés, conde de Marbeuf, jugó la carta de atraerse a las familias patricias de la isla. Carlos Bonaparte, que religaba sus ínfulas de pertenencia a la pequeña nobleza con unos antepasados en Toscana, aprovechó la oportunidad, viajó con una recomendación de Marbeuf hacia la metrópoli para acreditarlas y logró que sus dos hijos mayores entraran en calidad de becarios en el Colegio de Autun. Los méritos escolares de Napoleón en matemáticas, a las que fue muy aficionado y que llegaron a constituir una especie de segunda naturaleza para él -de gran utilidad para su futura especialidad castrense, la artillería-, facilitaron su ingreso en la Escuela Militar de Brienne. De allí salió a los diecisiete años con el nombramiento de subteniente y un destino de guarnición en la ciudad de Valence. Juventud revolucionaria A poco sobrevino el fallecimiento del padre y, por este motivo, el traslado a Córcega y la baja temporal en el servicio activo. Su agitada etapa juvenil discurrió entre idas y venidas a Francia, nuevos acantonamientos con la tropa, esta vez en Auxonne, la vorágine de la Revolución, cuyas explosiones violentas conoció durante una estancia en París, y los conflictos independentistas de Córcega. En el agitado enfrentamiento de las banderías insulares, Napoleón se creó enemigos irreconciliables, entre ellos el mismo Paoli, al romper éste con la Convención republicana y decantarse el joven oficial por las facciones afrancesadas. La desconfianza hacia los paolistas en la familia Bonaparte se fue trocando en furiosa animadversión. Napoleón se alzó mediante intrigas con la jefatura de la milicia y quiso ametrallar a sus adversarios en las calles de Ajaccio. Pero fracasó y tuvo que huir con los suyos, para escapar al incendio de su casa y a una muerte casi segura a manos de sus enfurecidos compatriotas. Un joven Napoleón Bonaparte Instalado con su familia en Marsella, malvivió entre grandes penurias económicas que a veces les situaron al borde de la miseria; el horizonte de las disponibilidades familiares solía terminar en las casas de empeños, pero los Bonaparte no carecían de coraje ni recursos. María Leticia, la madre, se convirtió en amante de un comerciante acomodado Clary, el hermano José se casó con una hija de éste, Marie Julie, si bien el noviazgo de Napoleón con otra hija, Désirée, no prosperó. Con todo, las estrecheces sólo empezaron a remitir cuando un hermano de Robespierre, Agustín, le deparó su protección. Consiguió reincorporarse a filas con el grado de capitán y adquirió un amplio renombre con ocasión del asedio de Tolón, en 1793, al sofocar una sublevación contrarrevolucionaria apoyada por los ingleses; el plan de asalto propuesto a unos inexperimentados generales fue suyo, la ejecución también y el éxito infalible. En reconocimiento a sus méritos fue ascendido a general de brigada, se le destinó a la comandancia general de artillería en el ejército de Italia y viajó en misión especial a Génova. Esos contactos con los Robespierre estuvieron a punto de serle fatales al caer el Terror jacobino, el 9 Termidor, y verse encarcelado por un tiempo en la fortaleza de Antibes, mientras se dilucidaba su sospechosa filiación. Liberado por mediación de otro corso, el comisario de la Convención Salicetti, el joven Napoleón, con veinticuatro años y sin oficio ni beneficio, volvió a empezar en París, como si partiera de cero. Encontró un hueco en la sección topográfica del Departamento de Operaciones. Además de las tareas propiamente técnicas, entre mapas, informes y secretos militares, esta oficina posibilitaba el acceso a las altas autoridades civiles que la supervisaban. Y a través de éstas, a los salones donde las maquinaciones políticas y las especulaciones financieras, en el turbio esplendor que había sucedido al implacable moralismo de Robespierre, se entremezclaban con las lides amorosas y la nostalgia por los usos del Antiguo Régimen. Allí encontró a la refinada Josefina Tascher de la Pagerie, de reputación tan brillante como equívoca, quien colmó también su vacío sentimental. Era una dama criolla oriunda de la Martinica, que tenía dos hijos, Hortensia y Eugenio, y cuyo primer marido, el vizconde y general de Beauharnais, había sido guillotinado por los jacobinos. Mucho más tarde Napoleón, que declaraba no haber sentido un afecto profundo por nada ni por nadie, confesaría haber amado apasionadamente en su juventud a Josefina, que le llevaba unos cinco años. Entre sus amantes se contaba Barras, el hombre fuerte del Directorio surgido con la nueva Constitución republicana de 1795, quien por entonces andaba a la búsqueda de una espada, según su expresión literal, a la que manejar convenientemente para el repliegue conservador de la república y hurtarlo a las continuas tentativas de golpe de estado de realistas, jacobinos y radicales igualitarios. La elección de Napoleón fue precipitada por una de las temibles insurrecciones de las masas populares de París, al finalizar 1795, a la que se sumaron los monárquicos con sus propios fines desestabilizadores. Encargado de reprimirla, Napoleón realizó una operación de cerco y aniquilamiento a cañonazos que dejó la capital anegada en sangre. La Convención se había salvado. Asegurada la tranquilidad interior por el momento, Barras le encomendó en 1796 dirigir la guerra en uno de los frentes republicanos más desasistidos el de Italia, contra los austríacos y piamonteses. Unos días antes de su partida se casó con Josefina en ceremonia civil, pero en su ausencia no pudo evitar que ella volviera a entregarse a Barras y a otros miembros del círculo gubernamental. Celoso y atormentado, terminó por reclamarla imperiosamente a su lado, en el mismo escenario de batalla. Militar exitoso Aquel general de veintisiete años transformó unos cuerpos de hombres desarrapados hambrientos y desmoralizados en una formidable máquina bélica que trituró el Piamonte en menos de dos semanas y repelió a los austríacos más allá de los Alpes, de victoria en victoria. Sus campañas de Italia pasarían a ser materia obligada de estudio en las academias militares durante innúmeras promociones. Tanto o más significativas que sus victorias aplastantes en Lodi, en 1796, en Arcole y Rívoli, en 1797, fue su reorganización política de la península italiana, que llevó a cabo refundiendo las divisiones seculares y los viejos estados en repúblicas de nuevo cuño dependientes de Francia. El rayo de la guerra se revelaba simultáneamente como el genio de la paz. Lo más inquietante era el carácter autónomo de su gestión: hacía y deshacía conforme a sus propios criterios y no según las orientaciones de París. El Directorio comenzó a irritarse. Cuando Austria se vio forzada a pedir la paz en 1797, ya no era posible un control estricto sobre un caudillo alzado a la categoría de héroe legendario. Napoleón en la campaña de Egipto (Antoine Jean Gros) Napoleón mostraba una amenazadora propensión a ser la espada que ejecuta, el gobierno que administra y la cabeza que planifica y dirige, tres personas en una misma naturaleza de inigualada eficacia. Por ello, el Directorio columbró la posibilidad de alejar esa amenaza aceptando su plan de cortar las rutas vitales del poderío británico -las del Mediterráneo y la India- con una expedición a Egipto. Así, el 19 de mayo de 1798 embarcaba rumbo a Alejandría, y dos meses después, en la batalla de las pirámides, dispersaba a la casta de guerreros mercenarios que explotaban el país en nombre de Turquía, los mamelucos, para internarse luego en el desierto sirio. Pero todas sus posibilidades de éxito se vieron colapsadas por la destrucción de la escuadra francesa en Abukir por Nelson, el émulo inglés de Napoleón en los escenarios navales. El revés lo dejó aislado y consumiéndose de impaciencia ante las fragmentarias noticias que recibía de Europa. Allí la segunda coalición de las potencias monárquicas había recobrado las conquistas de Italia y la política interior francesa hervía de conjuras y candidatos a asaltar un Estado en el que la única fuerza estabilizadora que restaba era el ejército. Por fin se decidió a regresar a Francia en el primer barco que pudo sustraerse al bloqueo de Nelson, recaló de paso en su isla natal y nadie se atrevió a juzgarle por deserción y abandono de sus tropas, mientras subía otra vez de Córcega a París, ahora como héroe indiscutido. Primer Cónsul En pocas semanas organizó el golpe de estado del 18 Brumario (según la nueva nomenclatura republicana del calendario: el 9 de noviembre) con la colaboración de su hermano Luciano, el cual le ayudó a disolver la Asamblea Legislativa del Consejo de los Quinientos en la que figuraba como presidente. Era el año de 1799. El golpe barrió al Directorio, a su antiguo protector Barras, a las cámaras a los últimos clubes revolucionarios, a todos los poderes existentes e instauró el Consulado: un gobierno provisional compartido en teoría por tres titulares, pero en realidad cobertura de su dictadura absoluta, sancionada por la nueva Constitución napoleónica del año 1800. Napoleón, Primer Cónsul (Óleo de Antoine Jean Gros) Aprobada bajo la consigna de «la Revolución ha terminado», la nueva Constitución restablecía el sufragio universal que había recortado la oligarquía termidoriana, sucesora de Robespierre. En la práctica, calculados mecanismos institucionales cegaban los cauces efectivos de participación real a los electores, a cambio de darles la libertad de que le ratificasen en entusiásticos plebiscitos. El que validó su ascensión a primer cónsul al cesar la provisionalidad, arrojó menos de dos mil votos negativos entre varios millones de papeletas. Pero Napoleón no se contentó con alargar luego esta dignidad a una duración de diez años, sino que en 1802 la convirtió en vitalicia. Era poco todavía para el gran advenedizo que embriagaba a Francia de triunfos después de haber destruido militarmente a la segunda coalición en Marengo, y emprendía una deslumbrante reconstrucción interna. Napoleón, Emperador La heterogénea oposición a su gobierno fue desmantelada mediante drásticas represiones a derecha e izquierda, a raíz de fallidos atentados contra su persona; el ejemplo más amedrentador fue el secuestro y ejecución de un príncipe emparentado con los Borbones depuestos, el duque de Enghien, el 20 de marzo de 1804. El corolario de este proceso fue el ofrecimiento que le hizo el Senado al día siguiente de la corona imperial. La ceremonia de coronación se llevó a cabo el 2 de diciembre en Notre Dame, con la asistencia del papa Pío VII, aunque Napoleón se ciñó la corona a sí mismo y después la impuso a Josefina; el pontífice se limitó a pedir que celebrasen un matrimonio religioso, en un sencillo acto que se ocultó celosamente al público. Una nueva Constitución el mismo año afirmó aún más su autoridad omnímoda. Napoleón coronado emperador (Cuadro de J. A. D. Ingres) La historia del Imperio es una recapitulación de sus victorias sobre las monarquías europeas, aliadas en repetidas coaliciones contra Francia y promovidas en último término por la diplomacia y el oro ingleses. En la batalla de Austerlitz, de 1805, abatió la tercera coalición; en la de Jena, de 1806, anonadó al poderoso reino prusiano y pudo reorganizar todo el mapa de Alemania en la Confederación del Rin, mientras que los rusos eran contenidos en Friendland, en 1807. Al reincidir Austria en la quinta coalición, volvió a destrozarla en Wagram en 1809. Nada podía resistirse a su instrumento de choque, la Grande Armée (el 'Gran Ejército'), y a su mando operativo, que, en sus propias palabras, equivalía a otro ejército invencible. Cientos de miles de cadáveres de todos los bandos pavimentaron estas glorias guerreras. Cientos de miles de soldados supervivientes y sus bien adiestrados funcionarios, esparcieron por Europa los principios de la Revolución francesa. En todas partes los derechos feudales eran abolidos junto con los mil particularismos económicos, aduaneros y corporativos; se creaba un mercado único interior, se implantaba la igualdad jurídica y política según el modelo del Código Civil francés, al que dio nombre -el Código Napoleón, matriz de los derechos occidentales, excepción hecha de los anglosajones-; se secularizaban los bienes eclesiásticos; se establecía una administración centralizada y uniforme y la libertad de cultos y de religión, o la libertad de no tener ninguna. Con estas y otras medidas se reemplazaban las desigualdades feudales -basadas en el privilegio y el nacimiento- por las desigualdades burguesas -fundadas en el dinero y la situación en el orden productivo-. La obra napoleónica, que liberó fundamentalmente la fuerza de trabajo, es el sello de la victoria de la burguesía y puede resumirse en una de sus frases: «Si hubiera dispuesto de tiempo, muy pronto hubiese formado un solo pueblo, y cada uno, al viajar por todas partes, siempre se habría hallado en su patria común». Esta temprana visión unitarista de Europa, quizá la clave de la fascinación que ha ejercido su figura sobre tan diversas corrientes historiográficas y culturales, ignoraba las peculiaridades nacionales en una uniformidad supeditada por lo demás a la égida imperialista de Francia. Así, una serie de principados y reinos férreamente sujetos, mero glacis defensivo en las fronteras, fueron adjudicados a sus hermanos y generales. El excluido fue Luciano Bonaparte, a resultas de una prolongada ruptura fraternal. A las numerosas infidelidades conyugales de Josefina durante sus campañas, por lo menos hasta los días de la ascensión al trono, apenas había correspondido Napoleón con algunas aventuras fugaces. Éstas se trocaron en una relación de corte muy distinto al encontrar en 1806 a la condesa polaca María Walewska, en una guerra contra los rusos; intermitente, pero largamente mantenido el amor con la condesa, satisfizo una de las ambiciones napoleónicas, tener un hijo, León. Esta ansia de paternidad y de rematar su obra con una legitimidad dinástica se asoció a sus cálculos políticos para empujarle a divorciarse de Josefina y solicitar a una archiduquesa austriaca, María Luisa, emparentada con uno de los linajes más antiguos del continente. Napoleón con sus hijos Sin otro especial relieve que su estirpe, esta princesa cumplió lo que se esperaba del enlace, al dar a luz en 1811 a Napoleón II -de corta y desvaída existencia, pues murió en 1832-, proclamado por su padre en sus dos sucesivas abdicaciones, pero que nunca llegó a reinar. Con el tiempo, María Luisa proporcionó al emperador una secreta amargura al no compartir su caída, ya que regresó al lado de sus progenitores, los Habsburgo, con su hijo, y en la corte vienesa se hizo amante de un general austriaco, Neipperg, con quien contrajo matrimonio en segundas nupcias a la muerte de Napoleón. El ocaso El año de su matrimonio con María Luisa, 1810, pareció señalar el cenit napoleónico. Los únicos Estados que todavía quedaban a resguardo eran Rusia y Gran Bretaña, cuya hegemonía marítima había sentado de una vez por todas Nelson en Trafalgar, arruinando los proyectos mejor concebidos del emperador. Contra esta última había ensayado el bloqueo continental, cerrando los puertos y rutas europeos a las manufacturas británicas. Era una guerra comercial perdida de antemano, donde todas las trincheras se mostraban inútiles ante el activísimo contrabando y el hecho de que la industria europea aún estuviese en mantillas respecto de la británica y fuera incapaz de surtir la demanda. Colapsada la circulación comercial, Napoleón se perfiló ante Europa como el gran estorbo económico, sobre todo cuando las mutuas represalias se extendieron a los países neutrales. El bloqueo continental también condujo en 1808 a invadir Portugal, el satélite británico, y su llave de paso, España. Los Borbones españoles fueron desalojados del trono en beneficio de su hermano José, y la dinastía portuguesa huyó a Brasil. Ambos pueblos se levantaron en armas y comenzaron una doble guerra de Independencia que los dejaría destrozados para muchas décadas, pero fijaron y diezmaron a una parte de la Grande Armée en una agotadora lucha de guerrillas que se extendió hasta 1814, doblada en las batallas a campo abierto por un moderno ejército enviado por Gran Bretaña. La otra parte del ejército, en la que había enrolado a contingentes de las diversas nacionalidades vencidas, fue tragada por las inmensidades rusas. En la campaña de 1812 contra el zar Alejandro I, Napoleón llegó hasta Moscú, pero en la obligada retirada perecieron casi medio millón de hombres entre el frío y el hielo del invierno ruso, el hambre y el continuo hostigamiento del enemigo. Toda Europa se levantó entonces contra el dominio napoleónico, y el sentimiento nacional de los pueblos se rebeló dando soporte al desquite de las monarquías; hasta en Francia, fatigada de la interminable tensión bélica y de una creciente opresión, la burguesía resolvió desembarazarse de su amo. La batalla resolutoria de esta nueva coalición, la sexta, se libró en Leipzig en 1813, la «batalla de las Naciones», una de las grandes y raras derrotas de Napoleón. Fue el prólogo de la invasión de Francia, la entrada de los aliados en París y la abdicación del emperador en Fontainebleau, en abril de 1814, forzada por sus mismos generales. Las potencias vencedoras le concedieron la soberanía plena sobre la minúscula isla italiana de Elba y restablecieron en su lugar a los Borbones, arrojados por la Revolución, en la figura de Luis XVIII. Su estancia en Elba, suavizada por los cuidados familiares de su madre y la visita de María Walewska, fue comparable a la de un león enjaulado. Tenía cuarenta y cinco años y todavía se sentía capaz de hacer frente a Europa. Los errores de los Borbones, que a pesar del largo exilio no se resignaban a pactar con la burguesía, y el descontento del pueblo le dieron ocasión para actuar. Desembarcó en Francia con sólo un millar de hombres y, sin disparar un solo tiro, en un nuevo baño triunfal de multitudes, volvió a hacerse con el poder en París. Pero fue completamente derrotado en junio de 1815 por los vigilantes Estados europeos -que no habían depuesto las armas, atentos a una posible revigorización francesa- en Waterloo y puesto nuevamente en la disyuntiva de abdicar. Así concluyó su segundo período imperial, que por su corta duración se ha llamado de los Cien Días (de marzo a junio de 1815). Se entregó a los ingleses, que le deportaron a un perdido islote africano, Santa Elena, donde sucumbió lentamente a las iniquidades de un tétrico carcelero, Hudson Lowe. Antes de morir, el 5 de mayo de 1821, escribió unas memorias, el Memorial de Santa Elena, en las que se describió a sí mismo tal como deseaba que le viese la posteridad. Ésta aún no se ha puesto de acuerdo sobre su personalidad mezcla singular del bronco espadón cuartelero, el estadista, el visionario, el aventurero y el héroe de la antigüedad obsesionado por la gloria. Cronología de las guerras: 1803 18 de mayo * Inglaterra rompe la paz del Tratado de Amiens y declara la guerra a Francia. * Una fragata inglesa cañonea y captura a un buque francés cerca de la Bretaña. 19 de octubre * Se firma un tratado que obliga a España a financiar las campañas de Napoleón. 1804 Napoleón Emperador, obra de Ingres. Batalla de Trafalgar, J. M. W. Turner (pintura de 1806). 18 de mayo * Napoleón Bonaparte es coronado Emperador de Francia en la Catedral de Notre Dame de París. 5 de agosto * Inglaterra apresa cuatro barcos españoles procedentes de América con el fin de presionar a España para que deje de financiar a Napoleón o bien se decante por un bando y declare la guerra. Este apresamiento es la culminación de una campaña de hostigamiento contra el comercio español. 14 de diciembre * España declara la guerra a Inglaterra. 1805 abril de 1805 * Inglaterra y Rusia firman la Tercera Coalición contra Francia, a la que se unirá posteriormente Austria. 25 de septiembre * Comienza la Batalla de Ulm. 21 de octubre * Batalla de Trafalgar. La flota inglesa intercepta y vence a la flota combinada franco-española cerca de Cádiz. 2 de diciembre * Batalla de Austerlitz. Napoleón destroza los ejércitos austriacos y termina con la Tercera Coalición. 26 de diciembre * Tratado de Pressburg. Venecia pasa a control italiano, y el Tirol a control de Baviera. 1806 1 de abril * José Bonaparte es nombrado Rey de Nápoles. 20 de junio * Luis Bonaparte es nombrado Rey de Holanda. 12 de julio * Se crea formalmente la Confederación del Rin en París, desligando a numerosos principados alemanes del Sacro Imperio Romano Germánico. 6 de agosto * El Sacro Imperio Romano Germánico queda disuelto por el Emperador Francisco II de Austria. 24 de agosto * Tratado de paz entre Francia y Rusia. 9 de octubre * Prusia declara la guerra a Francia. Se inician las guerras de la Cuarta Coalición. 14 de octubre * Batalla de Jena. Napoleón derrota al ejército prusiano. * Batalla de Auerstädt. El mariscal Davout derrota al ejército prusiano. 27 de octubre * Napoleón entra en Berlín, tras una campaña fulgurante. 1 de noviembre * Se decreta el Bloqueo Continental contra Inglaterra. Se inicia la Guerra Comercial. 1807 7 de febrero * Batalla de Eylau. Victoria de Francia frente a Rusia. 19 de febrero * España entra en el Bloqueo Continental contra Inglaterra. 22 de abril * España envía un contingente a Dinamarca al mando del Marqués de la Romana para apoyar las operaciones francesas. 14 de junio * Batalla de Friedland. Definitiva derrota rusa, que se ve obligada a firmar un armisticio. 7 de julio * Paz de Tilsit. El Zar Alejandro I de Rusia firma el fin de las hostilidades con Francia. 18 de agosto * Jerôme Bonaparte es nombrado Rey de Westfalia. 2 de septiembre * Segunda Batalla de Copenhague. Inglaterra fuerza a Dinamarca a entrar en guerra. 18 de octubre * Con el pretexto de atacar a Portugal, las tropas francesas inician la invasión de España con el beneplácito de la corona española. 30 de noviembre * Las tropas francesas entran en Lisboa. 1808 Los fusilamientos del 3 de mayo de 1808, de Francisco de Goya. El alzamiento popular contra la invasión francesa el 2 de mayo de 1808 dio lugar a la Guerra de la Independencia Española, que finalizó en 1814 con la expulsión del trono de José Bonaparte y la restauración de la monarquía borbónica en la figura de Fernando VII. La Rendición de Bailén. José Casado del Alisal. Museo del Prado. 16 de febrero * Ocupación francesa de Pamplona. 20 de febrero * Ocupación francesa de Barcelona. 17 de marzo * Motín de Aranjuez. Destitución de Godoy. 19 de marzo * Abdicación de Carlos IV y proclamación de Fernando VII como Rey de España. 23 de marzo * Ocupación francesa de Madrid. 20 de abril * Fernando VII es apresado en Bayona por Napoleón. 2 de mayo * Levantamiento popular en España contra la invasión francesa. Comienza la Guerra de la Independencia Española. 8 de junio * Ocupación francesa de Córdoba. 14 de junio * Primer Sitio de Zaragoza. 19 de julio * Batalla de Bailén. Primera derrota de las tropas francesas en España y en Europa. 22 de julio * Primer sitio de Gerona. 16 de agosto * Ocupación francesa de Bilbao. 27 de septiembre * Congreso de Erfurt. División de Suecia y creación del Gran Ducado de Finlandia. 29 de septiembre * revuelta. en la zona suroeste de la isla de santo domingo de guzman. 23 de noviembre * Batalla en Tudela de Navarra. Victoria de los franceses a manos de Jean Lannes. 30 de noviembre * Batalla de Somosierra. Clamorosa derrota española frente a las tropas polacas de Napoleón. 1809 * Se crea la Quinta Coalición, de Reino Unido y Austria contra Francia. 16 de abril * Batalla de Sacile. Un empate táctico entre franceses y austriacos que cuesta más de 4.000 vidas. 19 de abril * Batalla de Radzyn. Derrota austriaca en el Gran Ducado de Varsovia. 20 de abril * Batalla de Abensberg. Retirada del Archiduque Carlos de Austria hacia el este. 13 de mayo * Napoleón entra en Viena. 21 de mayo * Batalla de Aspern-Essling. Primera derrota táctica de Napoleón. 5 de julio * Batalla de Wagram. Decisiva derrota austriaca, que retrocede hasta Moravia. 29 de julio * Expedición Walcheren. Inglaterra desembarca una fuerza de 39.000 hombres en los Países Bajos en apoyo del ejército austriaco vencido en Wagram. Sin embargo, la expedición se convierte en un desastre a causa de la enfermedad conocida como fiebre de Walcheren. 14 de octubre * Tratado de Schönbrunn. Fin de las guerras de la Quinta Coalición. 1812 23 de junio * Napoleón invade Rusia. Comienza la Gran Guerra Patriótica. 7 de septiembre * Batalla de Borodino. Las fuerzas francesas derrotan al ejército ruso. 14 de septiembre * Napoleón no llega a tomar Moscú debido al frío que el y su ejército sufría 1813 Napoleón y Josef Antoni Poniatowski en Leipzig, pintura de January Suchodolski. 2 de mayo * Batalla de Lützen. Napoleón inflinge una gran derrota al ejército prusiano. 20 de mayo * Batalla de Bautzen. Segunda gran derrota de Prusia. 21 de junio * Batalla de Vitoria. Las tropas francesas abandonan definitivamente el suelo español. 16 de octubre * Batalla de Leipzig o Batalla de las Naciones. Derrota de Napoleón, que por primera vez debe defender el suelo francés de la invasión aliada. 1814 30 de marzo * Las fuerzas aliadas entran en París. 6 de abril * Napoleón Bonaparte abdica del trono imperial y es desterrado a la Isla de Elba. 1 de octubre * Congreso de Viena. Se sientan las bases de la futura europa post-napoleónica. 1815 1 de marzo * Napoleón abandona su exilio en Elba. 16 de junio * Batalla de Ligny. Napoleón derrota a los prusianos. * Batalla de Quatre Bras. El mariscal Ney contiene con éxito a Wellington. 18 de junio * Batalla de Waterloo. Napoleón es derrotado por las fuerzas anglo-prusianas. 22 de junio * Napoleón es obligado a abdicar de su trono por segunda y última vez, y es exiliado a la Isla de Santa Elena. Documental en Youtube: link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=JzYkGIaZdjg link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=bXCSKNoGJSE&feature=related link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=Yc0AZipOp-8&feature=related link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=OcBA3Ta_j_0&feature=related link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=m-4Ct5bjq_o&feature=related link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=3Vh_sB2n3Xc&feature=related Batalla de Trafalgar: link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=3fcKfyER5jo&feature=channel Batalla de Waterloo link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=UZl7ox3nme0 Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Cronolog%C3%ADa_de_las_Guerras_Napole%C3%B3nicas http://www.biografiasyvidas.com/monografia/napoleon/

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El homicida Cupido - El álter ego del amor.
El homicida Cupido - El álter ego del amor.
ArteporAnónimo4/22/2011

Él sonreía por dentro. Lo sabía, indudablemente saldría perdiendo nuevamente. Sin embargo, eso no causaba sufrimiento en él, sino que sentía una satisfacción placentera; había actuado de manera correcta. Analiza la situación y comprende la realidad. Sabe que tiene posibilidades, no obstante, su conciencia le pide a gritos que haga lo correcto, lo que define la situación. Siente un pesar en él, cree que su destino es terminar perdiendo aunque tenga posibilidades de triunfar. Pero no lo hace por desconfianza en si mismo, lo hace por amor. Exacto, amor. No el amor como todos lo creen conocer, ese amor vulgar y sin valor verdadero. Sino el amor puro, fraternal, hacia si mismo y hacia los demás. No podía vencer a su conciencia. Sin embargo, luego de actuar, se sentía traicionado por sí mismo. Le dolía de verdad, pero el consuelo de haber actuado de manera correcta lo gratificaba de una manera inexplicable. Él tenía la certeza de que iría al cielo. Sonará tonto, pero eso es lo que el creía. Tenía una visión única del mundo y sus valores. Había creado una interpretación propia de la religión. El abismo, inmenso y atormentador, se expandía dentro de sí, carcomiendo sus pensamientos, convirtiéndolos en dudas. ¿Por qué tengo que ser así? ¿Por qué a mí? Sabía que debía pagar un precio muy grande por lo recibido, pero no sabía que tan grande tenía que ser la cuantía. ¿Hasta cuando uno debe resignarse? ¿Era resignarse? La seguridad en sí mismo decía presente y le susurraba al oído: actuaste de manera regia. ¿Eso le alcanzaba? A veces creía que si, a veces que no. Era un tormento eterno. Sin embargo, su entrega lo hacía feliz. A veces creía que el problema era que su corazón y su cerebro no se ponían de acuerdo. Debía definirse: si ser un ser racional, o ser un ser sentimental. Claro, como si fuera tan fácil. Esa elección no sería tan difícil si todo fuera blanco o negro, bueno o malo. No había elección errónea, como tampoco elección correcta. Ansiaba un día despertarse y pensar lo básico. Ser un inocente romántico. Pero no, él sabía que nunca iba a ocurrirle. Por eso mismo, hizo un contrato con su alter ego, ese ser que convivía dentro suyo y le hacía hacer el bien: dejaría todo en manos del destino. Porque quiera o no, las galimatías que brotan de él en formas de palabras, también se presentan en formas de actos. Se engaña a sí mismo y se esfuerza por convertirse en un ingenuo. Luego de un período, mientras camina tranquilamente, va pensando, casi como un inocente romántico, que los corazones no se rompen porque si, seguramente Cupido está preso por varios homicidios culposos. Lucas N. Diez

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La muerte de mi abuelo
ArteporAnónimo9/29/2013

Siempre me imaginé la vida en tiempos pasados como si se tratara de una película en blanco y negro. Cómo si mis ojos miraran a través de una pantalla, por cierto algo sucia y antigua, aquellos rostros ilegibles de personas que no veré nunca más, transitando en dirección contraria por una calle cualquiera de una ciudad cualquiera. Ésta historia no es la excepción. Se apagan las luces. Al encenderse nos encontramos en una calle de tierra. Pareciera ser que estamos aproximadamente más de 50 años atrás. Dos niños manejan un carro tirado por un caballo. Cirujas, linyeras, crotos, podríamos ponerle más de cien apodos. Uno de ellos, el mayor, se baja y, mientras camina, revisa la basura que encuentra a su paso. El menor sostiene las riendas con las dos manos, con un control envidiable de la monta. Suelta un poco las riendas y el caballo retoma nuevamente el paso, como si se tratara de una danza coordinada entre el animal y el pequeño jinete, donde cada uno sabe cuál será el próximo paso del otro. Ahora el menor siente el repique constante que emite el caballo con su trote sobre el piso y se pregunta ¿Por qué? ¿Por qué me tocó esta vida a mí? Como si existiese un culpable de su desdicha. Su pelo se está oscureciendo hacia un grisáceo opaco –recordemos que ésta historia ocurre en blanco y negro- y opone poca resistencia al viento que fuerte golpetea su cabellera. Intenta acomodarlo con sus pequeñas manos, pero el frío les ha quitado sensibilidad y apenas reconoce con el tacto la escarcha que se ha formado sobre sus cabellos. Aunque las bajas temperaturas no son nada comparado con su angustia. Siente que el dolor se le atravesó en la garganta y que su mamá lo ayudará a sacarlo como quien descorcha con sus manos una botella de vino. Sus reflexiones se ven interrumpidas cuando su hermano mayor, Tito –apenas un año y medio mayor-, le dice que se apure: recién comenzaron y quedan muchas calles por recorrer. Juan José Diez, quien sería Pichón para sus amigos, agita las riendas y el carro cargado de botellas y chatarra redobla la apuesta, avanzando a paso firme y demostrando que ese caballo tiene una fuerza sobrenatural. El niño todavía es muy chico pero pareciera que su cuerpo huesudo no va a mutar mucho a lo largo de su vida, da la impresión que cualquier ráfaga de viento podría doblar su cuerpo como lo hacen las palmeras ubicadas en una zona costera cuando pasa un tornado. Pichón va haciendo ruidos con su boca, sus zapatitos golpean el piso de madera del carro al compás de la melodía que tararea. Le gusta ir jugando distraído, ya que no le gusta ver las expresiones de “las personas de bien” cuando lo ven pasar. Cada mirada es un puñal, como echándole la culpa por su propio destino. El niño busca abstraerse y se reconforta pensando que después de un largo día de trabajo su hermano le dibujará una historieta que para él será el mejor regalo del mundo. Las ruedas oxidadas comienzan a girar, pero Pichón no puede despejarse. Hoy, al igual que otros tantos, es un día jodido. Se pregunta y re pregunta porque su papá se tuvo que ir y los abandonó. Aún no entiende el significado de ello, pero su mamá le avisó que no va a poder volver a verlo ¡Y él que lo quería tanto a su papá! ¡Papito mío ojalá estuvieras acá! Inmerso en sus pensamientos estaba cuando vislumbra a pocos metros de él una gran cantidad de hierros apilados. La felicidad en él aumenta de forma considerable y baja del carro de un solo salto como impulsado por una fuerza extraña. Sus 5 cortos años de vida parecen no ser un impedimento para que él solo suba una parte de aquel chatarrerío. Pichón sonríe: seguramente hoy su hermanito mayor le regalará un dibujo mientras lo despeina con una sonrisa cómplice. Todo se torna obscuro nuevamente. De pronto, las luces se encienden. Las ruedas siguen girando, pero ya pasaron algún tiempo. Pichón tiene 12 años. Es físicamente flaco. Si, esa es la definición. Nuestro presagio no estaba errado. Le gusta pararse de espaldas al sol y mirar su sombra ínfima reflejada en el suelo. Era como una rayita fina: mirar a su sombra le hacía acordar a la figura de un fósforo. Su rostro era muy expresivo, su mirada denotaba ciertas características aguileñas. Y su sonrisa fácil dejaba en evidencia su picardía y espontaneidad. Aquel día fue la excepción a su sonrisa. No podía parar de llorar. La primera pérdida: el abandono por parte de su padre y su posterior defunción fue tomada como algo extraño: él era muy chico y muy ajeno para entenderlo del todo. Esta vez Pichón comprendía mejor lo que estaba sucediendo. Su fiel compañero de aventuras, su caballo, había fallecido. Y con él se iban mil historias, compañero de desdichas. Con él, se iba parte de su vida. Y quizás desde una visión un tanto sesgada y simplista pueda parecer una situación normal y de menor importancia, pero si nos sumergimos en aquella realidad donde el no tener nada lo hacía valorar todo a un niño que para comer tuvo que pelearle a la vida, teniendo como padre a un hermano, la pérdida constituye como el extravío mismo del alma propia. En éste contexto lloraba, desconsolado el joven Pichón. Lloraba, gritaba e insultaba a la vida por haberle quitado algo que tanto quería, sentado en un descampado en la esquina de las calles Liniers y Mendoza en Luis Guillón. La tierra agrietada cedía al paso de los años y la gramilla estaba desgastada por el constante tránsito de caballos que elegían a aquel descampado como lugar para pastar. Pichón escondía su rostro entre sus rodillas mientras apretaba con su mano una ramificación de una ortiga que encontró allí. Como por obra de mandinga o del destino –si es que son dos cosas distintas- se acercó una nena de 8 años a preguntarle al joven por qué lloraba. Cuando él le contestó que lloraba por la muerte de su caballo, la nena no pudo contener la risa y, no contenta con ello, comenzó a cargarlo diciéndole que los nenes no lloran. Pichón, en búsqueda de venganza, tomó la rama de ortiga que tenía entre las manos y golpeó fuertemente a la niña en sus piernas. La nena corrió como si de ello dependiera su vida, gritando por el dolor como consecuencia del golpe y vociferando risas por la situación al mismo tiempo. Pichón tenía otro motivo más –además de la muerte de su caballo- para seguir insultando. Se baja nuevamente en telón negro. Al levantarse, podemos visualizar una sociedad de fomento barrial donde se está llevando a cabo una fiesta. El mismo se ubica en Llavallol y los que allí asisten lo han bautizado “La tierrita” en clara alusión a la composición de su superficie. Han pasado aproximadamente algunos años desde el último episodio. Es carnaval y muchos jóvenes de Llavallol y Guillón se encuentran en aquella cancha de fútbol de tierra, donde se nota el esfuerzo de los organizadores por decorarla y estilizarla. De día, los muchachos gambetean rivales en una carrera estrepitosa, esquivando patadas, a veces con una estrategia elaborada y otras no tanto, corriendo desesperadamente hacia el arco rival con un objetivo claro: superar al equipo contrario y meter un gol. Se nota a primera vista que todos los jugadores son distintos, hay algunos más habilidosos que otros e incluso hay quienes tienen un don especial para ello. A éstos últimos los llamamos los distintos. De noche, la cosa no cambia mucho. Todos los jóvenes hacen muestra de su galantería y hombría, los habilidosos con mayor énfasis que los rudimentarios. Esquivan a rivales y encaran a las damas haciendo gala de sus atributos y habilidades. No siempre llegan al éxito, a veces el resultado es un fracaso rotundo, otras veces la pelota pega en palo y se va en parte responsabilidad del artillero y en parte culpa del destino, pero esas veces que se da, el goleador se enorgullece de su acierto mientras la tribuna vitorea su nombre y lo festeja como si el triunfo fuera propio. En aquella noche, y mientras todas las parejas estaban bailando, un grupo de caqueritos (se les decía así a lo que hoy podríamos asimilar a los rockeros) entró por la puerta principal, todos montando sus respectivas motos y entraron a la pista donde se encontraban las parejas mientras daban vueltas en círculos alrededor de los testigos de tal acontecimiento. Entre los arriesgados conductores se encontraba Pichón con 18 años cumplidos. A su lado estaba Eduardo, uno de sus mejores amigos, conocido en todas las zonas aledañas por su habilidad para imitar al cantante Rosamel Araya en todos los eventos sociales a los que asistía, sumado a su gran fanfarronería. Aquellos muchachos comprobaban que la rebeldía podía ser una de las tantas habilidades en el juego de la seducción y se preocupaban por mantener dicha reputación. Todos descendieron de sus motos y se quedaron parados en el centro de la pista, respondiendo a las pautas de la época en la que los hombres permanecían parados sobre la pista de baile, mientras las mujeres esperaban sentadas en los laterales que algún muchacho las invitara a bailar. Para sacar a bailar a una mujer había dos maneras de hacerlo: ir a buscarla hasta donde estaba sentada y preguntarle si quería bailar o hacerle señas desde el centro de la pista para que se acercara. María Isabel, Chabela para sus afectos, se encontraba sentada cuando su amiga le dijo que tenga cuidado con un caquerito que les tomaba el pelo a las mujeres invitándolas a bailar y que, cuando la mujer se acercaba, él se hacía el distraído y se alejaba -todo esto señalando a Pichón que se encontraba en el medio de la pista rodeado por sus amigos-. Los “caqueritos” se vestían todos de una forma similar y con los pelos relucientes peinados con gomina hacia atrás. Sacos de pana combinados con unos pantalones que se ensanchaban a partir de la rodilla. Un look un tanto peculiar. Pasó algún rato y Pichón invitó a Chabela a bailar. Para hacerlo optó por hacerle señas desde la distancia. Chabela, distraída, que no había recordado el consejo de su amiga, se levantó del asiento y se comenzó a aproximar a Pichón cuando éste se dio vuelta y comenzó a caminar en dirección contraria como haciéndose el desentendido. Chabela reaccionó a tiempo y agarró a un conocido que cruzó a mitad del camino y se puso a bailar. La broma de Pichón no había resultado y la tribuna silbaba y vociferaba múltiples adjetivos calificativos negativos a Pichón quien se reía de la resolución de la señorita. Silencio. Oscuridad. Luz, actividad. Pasó algo de tiempo, Pichón está sentado en el comedor de su casa hablando con su esposa del pasado. El ambiente no es muy grande. Está modestamente decorado. Podríamos decir que nos encontramos ante una casa de clase media-baja tipo. Sentado en la mesa, aprovecha a dialogar con su esposa mientras sus cuatro hijos duermen otorgando apenas algunas horas de tranquilidad. En el ambiente se alcanza a visualizar a lo lejos una radio que sintoniza un programa de tango, más allá, en el piso aún permanecen tirados algunos juguetes de los chicos. Pichón comienza a hablar pausadamente mientras su boca esboza una sonrisa. Recuerda cuando se conocieron. Se nota que no perdió su sentido del humor ya que realiza bromas sobre su antiguo poder de seducción. Su esposa, contesta de forma similar. Sin saber cómo llegaron a ese tema, comenzaron a hablar de su etapa de juventud. Su esposa le recuerda un episodio que había vivido de pequeña: una vez había visto a un nene llorar porque se le había muerto su caballo y, ante sus risas y cargadas, el niño la golpeó con una ortiga. La cara de Pichón se transformó y, entre una mezcla de sensaciones, expresa: ¡Ese nene era yo, Chabela! Noche. Día. Pichón tiene aproximadamente 40 años. Está tirado en su cama. Arriba de su cabeza y colgado sobre la pared se encuentra la figura de Cristo, clavada sobre una cruz por sus pies y manos. Él cree entender a Jesús y opina que la cruz que él debe llevar no es de madera, sino que es el cáncer que lo está devorando. Ya se realizó todos los estudios. Su familia le dijo que salió todo bien y que se va a recuperar. Su cuerpo le dice que no es así. Perdió mucho peso y casi no tiene fuerzas. Siente que el final se aproxima y que no puede hacer nada para impedirlo. Pero eso no le da miedo, no. Lo que lo asusta y por lo que pelea es porque está dejando a su familia a la deriva. Deja a su mujer y a sus cuatro hijos –todos menores de edad- en el centro de una tormenta muy fuerte. Eso lo aterra. En medio del calvario, le pide a su mujer que llame a su hijo mayor, Marcelo, que quiere hablar a solas con él. Sabe que no le queda mucho tiempo de vida y no quiere irse sin despedirse y pedir perdón de alguna manera por lo que va a venir. Cuando su hijo se acerca a su cuerpo cadavérico le pide que le preste atención. Le indica que quería hablar con él porque la cosa se iba a poner jodida. Que le pedía que cuide a su mamá y a sus hermanos porque la situación iba a ser muy complicada para todos. Y que le pedía disculpas por ser el responsable de lo que iba a tener que vivir. Que él no se quería morir pero no podía hacer nada por impedirlo. Su hijo se apura en contestar que todo iba a salir bien, que los médicos decían que se iba a recuperar. Pichón, entre lágrimas le dice que no es así, que en cualquier momento se va a morir y que le pedía perdón nuevamente por ello. Y por último, para tranquilizarlo, le dijo que no sufra ya que su vida iba a seguir y que debía disfrutarla siendo feliz. Y que, con el tiempo, su hijo lo iba a olvidar como se olvida a un muerto. Se baja el telón. Se sube el telón. Yo no tuve el placer de conocerlo a Pichón, mi abuelo, pero puedo asegurar con toda convicción que se equivocó. Yo, que incluso no lo conocí, no puedo apartarme de la construcción que realicé sobre él. Su muerte dejó marcas, sí. Definitivamente dejó marcas en toda la familia. Como aquella piedra esculpida por los golpes del mar. No obstante, cada vez que realizo un acto tengo el presentimiento de que mi abuelo me está espiando desde arriba y, si bien se enorgullece o se enoja –dependiendo de la situación-, siempre le dice a sus pares eternos que yo soy su nieto. Se agotan los caracteres. En éste momento no se si poner un punto final o escribir tres puntos suspensivos. Se apagan las luces y elijo, al final, tres puntos suspensivos… Lucas N. Diez

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