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Usuario (Argentina)
La depresión es una enfermedad mental grave, por lo que es recomendable que si sospechas que la padeces, acudas con un especialista. Sin embargo, todos pasamos por períodos complicados y podemos llegar a preguntarnos si estamos sufriendo de una depresión o de un momento de tristeza pasajera. La depresión se manifiesta en varios síntomas claves que debes conocer, ya sea para ti mismo o para poder enfrentar una situación de este tipo con algunos de tus seres cercanos. •Dificultad para concentrarse. •Problemas de memoria y dificultad para tomar decisiones. •Bajos niveles de energía y una sensación de cansancio. •Sentimientos de culpa y/o impotencia. •Poca valoración de uno mismo. •Problemas de sueño. Puede ser insomnio o despertarse muy temprano sin poderse volver a dormir o, bien lo contrario, un exceso de sueño. •Pesimismo generalizado y falta de esperanzas para el futuro. •Irritabilidad. •Cambios en los patrones de alimentación. Pérdida o aumento repentino del apetito que puede traer consigo cambios en el peso. •Falta de interés en las actividades que antes resultaban divertidas. •Dolores recurrentes en especial dolor de cabeza y problemas digestivos que no se van con tratamiento. •Tristeza, ansiedad o sentimiento de vacío. •Pensamientos de suicidio. La depresión se presenta en diferentes modalidades con sus propias particularidades y puede ser tratada. Es importante conversar con un médico acerca de las opciones que existen, naturales y científicas, para enfrentarse a este problema. Así que si reconoces uno o varios de estos síntomas en ti mismo o en otros, no dudes en acercarte a un profesional de la salud para mayor orientación. La buena noticia es que hoy en día la depresión se reconoce como una enfermedad en sí misma y que existe un tratamiento eficaz para combatirla. Recuerda que no hay sexo ni edad para padecer depresión y cada persona debe hallar el tratamiento que mejor se adapte a su estilo de vida y creencias.
A veces seguimos una dieta que nos hace el “milagro” de hacernos adelgazar lo que queremos, y lo más seguro, es que por un tiempo nos vamos a sentir en el paraíso disfrutando de nuestra nueva figura. Sin embargo, al cabo de un tiempo empezamos a subir nuevamente de peso y llegamos a lo mismo del principio, y hasta en algunos casos, la cosa es peor. Muchas veces no entendemos lo que pasó ni el porqué del retroceso en la dieta, y es ahí cuando nos sentimos perdidos y no sabemos qué hacer. Esto es muy frecuente y tiene muchas causas posibles, siendo la más fuerte la de comenzar a comer desmesuradamente sin cuidar los contenidos, porque pensamos que lo que obtuvimos será eterno y no merece cuidados permanentes. Pues tengamos presente que la dieta continuará por siempre, y quizás haya que tener mucho más cuidado que antes incluso. Otra causa, y que tiene que ver también con la anterior, es que no somos constantes en los hábitos, y esto nos puede llevar a abandonar una dieta, porque ya nos sentimos seguros con el nuevo peso y creemos que será eterno; ya hemos advertido que todo aquel que se somete a un régimen de pérdida de peso debe ser muy constante y seguir fielmente las indicaciones del nutricionista. Algunos pierden peso en dos o tres días de dieta, y seguramente con ello se sienten muy bien, pero lo que se hizo para conseguirlo fue privarse dramáticamente de la comida, cosa que tampoco es buena. Por una parte, porque cuando se vuelve a comer, uno se trata de recuperar de esta gran sensación de hambre, y por lo general, se incurre en excesos. Por otro lado, cuando el organismo no recibe las dosis necesarias de alimentos al día, lo más probable es que aproveche al máximo lo que reciba, además de que empieza a guardar grasas en cantidades mayores, porque supone que esto será recurrente y busca protegerse. Otra razón puede deberse a que no tenemos en nuestras vidas la suficiente actividad que requerimos para quemar las grasas, cosa que generalmente hacemos, porque ya nos sentimos regios con la nueva apariencia y creemos no necesitar nada más. Otras razones se pueden atribuir al estrés, ya que esto ocasiona que aplaquemos este momento comiendo algo que pensamos que no nos afectará; y finalmente, tenemos al metabolismo, que en algunos casos es más lento y no requiere tantas energías o grasas, situación que al desconocerla nos afecta directamente en el peso.

Aunque la caspa no es un problema serio de salud ya que sólo se trata de una descamación del cuero cabelludo, lo cierto es que genera un fastidio por cuestiones estéticas y de apariencia personal hasta el punto de querer desaparecerlo de inmediato. Hay casos en los que la caspa termina convirtiéndose en fuertes irritaciones debido a la picazón que produce, además todo puede derivar en serios problemas que podrían originarle hasta la caída del cabello. Es recomendable la hidratación constante para evitar estos problemas de resequedad, por lo que el consumo de agua se hace necesario, procurando beber de 8 a 12 vasos de agua al día. El lavado del cabello hasta tres veces por semana se hará necesario, utilizando de preferencia shampoo que contenga dosis de silicio y añadiendo dos cucharadas de bicarbonato de sodio en el último enjuague. La manzanilla también es recomendada para el lavado de su cabello, así como el romero y la sábila. En su alimentación incluya siempre alimentos frescos como las frutas cítricas junto con avellanas y nueces, además de huevos, legumbres y cereales integrales. Consuma pescados, mariscos y aceite de oliva. Pero evite alimentos grasosos y los que tienen muchos condimentos. Los masajes van a devolverle la circulación a la sangre en su cuero cabelludo, por lo que se recomienda su práctica agregando algunos componentes como el aceite de oliva y algún tónico capilar.
Muchas pueden ser las razones que originen la pérdida de cabello, por ello es importante reconocer algunas señales que nos indiquen las posibles causas, como la caspa o la picazón en el cuero cabelludo. La aparición de hongos en la cabeza es también frecuente, aunque a veces no lo llegamos a saber, lo cual producirá la caída de cabello en las zonas afectadas. Deficiencias en la sangre por la pobre nutrición, problemas de menstruación o disminución de hormonas, la tiroides, etc., pueden ser también causantes de esta afección. A continuación, algunas de las principales razones para estas pérdidas de cabello: Enfermedades: Cualquier alteración en nuestro organismo y en nuestra salud puede traer como consecuencia la caída de cabello, incluso alguna cirugía o el mismo parto. Tiroides: Las irregularidades en su funcionamiento es una de las principales causas, pero lo cierto es que cuando estas disfunciones se corrigen, el cabello vuelve a crecer al poco tiempo. Desnutrición: Una pobre alimentación que genere una carencia de nutrientes va a producir disminución de pelo, sin embargo, todo se puede revertir mejorando la calidad de sus comidas y el consumo adicional de suplementos vitamínicos como el complejo B y la biotina. Cambios hormonales: Los bajos niveles de estrógenos y los altos niveles de testosterona durante la menopausia, son motivos para la pérdida de cabello. Estrés: El excesivo y continuo estrés en la vida de las personas traen como consecuencia desórdenes hormonales que producen la caída de cabello. Otros factores también determinantes son la edad debido a la disminución de los folículos, la herencia genética, y hasta el uso de anticonceptivos o algún otro medicamento.

La preocupación de todas nosotras después de haber concluido una dieta para adelgazar es como poder mantener el peso logrado y no recuperar los kilos perdidos. Sucede muchas veces que algunos regímenes alimenticios conocidos dan como resultado el tan temido efecto “yo-yo”, dañando el sistema endocrino y el metabolismo. Por ello, la mejor manera para mantener un cuerpo saludable y atractivo es equilibrando las hormonas de forma natural. Según prestigiosos nutricionistas, el secreto del éxito de una dieta y su posterior mantenimiento es el retirar, recuperar y reequilibrar los alimentos que consumimos a diario. Retirar las toxinas. Debemos eliminar de nuestra cocina todos los alimentos procesados y los químicos sintéticos que han alterado el metabolismo. Igualmente, retirar algunos alimentos naturales que tienen un impacto negativo sobre nuestras hormonas. Agregar a la dieta alimentos integrales y frescos. Estos optimizan las hormonas. Concentrarnos en recuperar los grupos alimenticios que hacen trabajar nuestras hormonas quemadoras de grasa y que suprimen las hormonas que las almacenan. Cada uno de estos alimentos ayuda a tonificar los músculos, suaviza la piel, eleva la energía y ayuda a prevenir enfermedades y afecciones peligrosas como el cáncer, las deficiencias cardiacas, diabetes, el síndrome metabólico, presión arterial, etc. Cuida los horarios, raciones y niveles de estrés. Idear un plan personalizado fácil de seguir para ayudar a reequilibrar el consumo de alimentos y mantener el nivel de azúcar en la sangre balanceado y tener energía durante el día sin hambre ni antojos. Debemos aprender a consumir alimentos de manera que eleven la liberación óptima de hormonas, asegurándonos de obtener los nutrientes apropiados en raciones adecuadas para apoyar nuestro metabolismo. La relajación y el descanso tambien tienen un impacto mayor en el equilibrio hormonal, por lo tanto es necesario aprender a manejar el inevitable estrés y las horas de sueño. Para conseguir todo lo antes mencionado en primer lugar debemos hacer un plan para ingerir alimentación sencilla, real y de procedencia natural. Ello implica comer frutos y vegetales de cultivo orgánico, carne de animales alimentados con pasto, pescado fresco, pollo orgánico, cereales integrales, nueces, granos y semillas. Retirar alimentos. Las grasas hidrogenadas, granos refinados, endulzantes artificiales, colorantes y glutamatos; y reduce el consumo de vegetales almidonados, frutas tropicales deshidratadas o enlatadas, productos lácteos (leche entera) y carnes con grasa, alimentos enlatados, cafeína, y de alcohol. Convierte en indispensables en tu dieta alimentos como legumbres, cebolla, bayas, frutas y vegetales coloridos, incluyendo los de hojas verde oscuro, carne sin grasa, huevos, nueces y semillas, productos lácteos semi-desnatados y granos integrales. Reequilibra tu energía. Desayuna, comiendo cada cuatro horas, pero evitando hacerlo después de las nueve de la noche, tampoco debes consumir un exceso de carbohibratos por la noche.