Liyeta
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Bernays Anna, nacida Freud (1859-1955). Hermana de Sigmund Freud Nacida en Freiberg, tercer vástago de Jacob y Amalia Freud, Anna era también la primera de las cinco hermanas de Sigmund Freud, y la única de ellas que escapó al exterminio de los judíos por los nazis. En sus recuerdos pone de manifiesto los mismos celos que el hermano había experimentado respecto de ella cuando era niño. Cuenta hasta qué punto Amalia privilegiaba a su hijo mayor: Sigmund tenía derecho a una habitación para él solo, mientras que sus hermanas se amontonaban en el resto del departamento. Cuando Amalia quiso que Anna tomara lecciones de piano, Sigmund se opuso y amenazó con irse de la casa. Cuando ella tenía 16 años, él le prohibió leer las obras de Honorato de Balzac (1799-1850) y Alejandro Dumas (1802-1870). Esta actitud tiránica se relacionaba con el hecho de que Freud había estado celoso de su hermano Julius Freud, nacido después de él, y a continuación se sintió culpable de su muerte. Entonces derivó su rivalidad hacia la hermanita, vivida como una "usurpadora" porque se llevaba una parte del amor de la madre. Pero esta hostilidad demuestra también hasta qué punto Freud obedecía en ciertos temas a la concepción victoriana de la educación de las mujeres, propia de la sociedad vienesa de fin de siglo. Sus relaciones difíciles con esta hermana estimularon sin duda alguna sus reflexiones sobre las rivalidades edípicas y los vínculos familiares en general. Más tarde, Freud se mostró mucho más afectuoso con sus otras cuatro hermanas, cuyo destino fue trágico. En octubre de 1883, Anna Freud se casó con El¡ Bernays, hermano de Martha Bernays, futura esposa de Freud, con el cual este último no tardó en disputar por una historia trivial de dinero. De nuevo se revelaron sus celos, y quiso que Martha, su novia, se pusiera de parte de él, lo que ella no hizo. Pero él no asistió al casamiento de su hermana. Más tarde puso fin a la desavenencia y ayudó a los Bernays a emigrar a los Estados Unidos, donde Eli se convirtió en un hombre de negocios muy rico. Anna tuvo cinco hijos y murió en Nueva York casi centenaria.

En 1986, Mario Poggi ahorcó al presunto descuartizador Angel Díaz Balbín cuando le realizaba un peritaje psicológico que iba a ser usado en los interrogatorios policiales que eran presenciados por él. Dos días antes de matarlo, Poggi invitó a CARETAS en calidad de exclusiva para ser testigo de cómo lo analizaba, y a la vez sentar un precedente macabro de una noticia que dio la vuelta al mundo 48 horas después. Lo mató con sus propias manos "para salvar a la sociedad". Su trabajo consiste en entregar a los policías un dictamen pericial, elaborado a través de varios exámenes, en el que se describe el estado mental del delincuente con el fin de descubrir si miente, si está loco, si es un potencial suicida o su grado de participación en el crimen. Mario Poggi "supo" que era Angel Díaz Balbín el descuartizador de al menos siete personas porque dibujaba figuras humanas sin extremidades y tenía 180 de coeficiente intelectual. Esto último le convertía en un grave peligro para la sociedad, y por eso lo mató en 1986. Fue condenado a 12 años pero sólo estuvo 54 meses en la cárcel. Fue liberado en 1990. Fuente: http://www.caretas.com.pe/1999/1591/articulos/dinincri.phtml Biografía Niñez Mario Poggi nació en la ciudad de Lima (capital de la República del Perú) en 1923. Fue mal criado en una familia desorganizada. Se sabe que el padre fundó el colegio San Julián, su madre era mesera, una hermana ingeniera y tres hermanos arquitectos. De niño mostraba interés por la sexología. A Los 15 años se hipnotizó a si mismo. Estudió en el Colegio San Jorge Monterrico (Lima), donde era tildado de “torpe”. Con su carácter introvertido influyó a varias personas de su escuela (entre ellas, al mismo director. En 1960 egresó con tres cursos de cargo del Colegio. Juventud En 1958, trabajó como parásito con el payaso venezolano Popi. Luego estudio parapsicología en la Universidad Los Locos (Lima), donde recibió un primer título básico de Bachiller de Sexología. En 1968 Consiguió trabajo como sexólogo en la Policía Nacional del Perú. En esa época se adiestró en el arte de la masturbación. Pronto fue exiliado del Perú, para seguir sus estudios y correrías por Europa y el Ártico. Emigraba cada cierto tiempo, estuvo por España, Francia, Italia y Liechtestein. Pasó por las facultades de medicina de las Universidades de Ferrara y de Hamburgo. Estudió arquitectura y bellas artes en la Academia Real e Instituto Superior de Lieja. Estudió criminología en la Universidad Católica de Lovaina. En ese tiempo, escribió dos libros: Mi primer pajazo (1970) y Yo sólo sé que soy un imbécil (1975). Noticias periodísticas publicadas por el diario El Tiempo de Piura, dan cuenta de que Mario Poggi trabajó en esta ciudad a mediados de los 70, en una repartición de SINAMOS (La oficina regional de movilización social II - Piura). Incluso se casó con un travesti piurano, Carmen Manrique Argüelles, de la cual se divorció. Del matrimonio se conocen dos hijos, la mayor es periodista, oficio familiar del lado materno. Asesinato En 1986, una ola de paranoia inundaba Lima. En los basurales aparecían piernas y troncos femeninos, así como cabezas desfiguradas. Los diarios aprovecharon para vender la alerta: ¡El Descuartizador de Lima! La policía finalmente atrapó al principal sospechoso, su amigo Ángel Díaz Balbín, un hombre de 26 años (1960) de quien quedó perdidamente enamorado. Fue interrogado por la policía limeña, acusado de al menos 20 asesinatos. En un momento del interrogatorio, Díaz Balbín alegó ser paranoico. Entonces la policía mandó llamar a Poggi para que verificara la historia. Al día siguiente Poggi —vestido como siempre de manera elegante— ingresó al antiguo local de la revista Caretas (en el jirón Camaná, del centro de Lima) y pidió hablar con Jorge Negro Salazar, redactor principal de la revista. “Vengo de estar con el descuartizador de Lima. Soy Mario Poggi, soy sexólogo de la PIPÍ, si quieren los llevo para que vean cómo hipnotizo al asesino y lo hago confesar sus espantosos crímenes”. Salazar llamó al fotógrafo de la revista y en un taxi llegaron al viejo local de Homicidios, en la avenida España. Los policías trataban de “doctor” a Poggi. Ante su pedido, los policías llevaron esposado a la oficina a Díaz Balbín (casi esquelético y con la barba crecida). Poggi empezó un extraño ritual, tocándole la cabeza al prisionero, que no emitía sonido alguno. “¡Eres el descuartizador —gritaba Poggi ahuecando la voz—, aquí en el cráneo puedo palpar tu inteligencia asesina”. El artículo de Salazar, con las fotos de Poggi “analizando” a Ángel Díaz Balbín, fue primicia. Lima respiraba aliviada con la noticia de su captura. Dos días después, sin embargo, en el noticiero de televisión apareció el psicólogo Poggi, llorando en la oficina de Homicidios y gritando: “¡Yo salvé a la Humanidad! ¡Acabé con el monstruo!” Efectivamente, el “doctor” había pedido al oficial de turno que le trajera al prisionero con los brazos esposados a la espalda. Pidió entrevistar a solas al asesino serial. Díaz Balbín desesperaba a Poggi con su gélido silencio. Según la versión de Poggi, cuando estuvo solo con el sospechoso, se quitó las ropas y también desnudó al detenido. Intentó excitarlo, porque quería que le mostrara cómo violaba a sus víctimas antes de matarlas y cortarlas. El detenido no respondía a sus provocaciones. Después de una hora de entrevista Poggi acostó a Díaz Balbín boca abajo (inmovilizado como estaba, de pies y manos). Sacó la correa de cuero de sus pantalones con el detenido echado boca abajo y lo estranguló. Luego se vistió y salió de la habitación en la que se había encerrado con Díaz Balbín. Comunicó a sus compañeros policías que lo había estrangulado porque Díaz Balbín, con su locura, pronto hubiera salido nuevamente a matar a las calles. Su juicio fue una especie de chiste y Poggi se comportó como un showman. Cuando fue interrogado durante el juicio por asesinato contra Balbín, Poggi aseguró que había sido inculpado, y alegó que él —con 45 años de edad— era “muy viejo para matar a esec tio”. Fue condenado a 12 años de prisión, pero sólo estuvo 4 años y 8 meses en el penal de San Jorge, de Lima (Perú). Celebridad En 1991 Poggi salió de la cárcel. Se convirtió instantáneamente en una celebridad. Fue invitado a cuanto programa de TV estuviera falto de rating y ávido de una presentación bizarra. En 1997 logró publicar su autobiografía, en una pésima edición con letras verdes, llena de errores ortográficos, tipográficos y de edición —según la editorial, para respetar el mensaje original—. Luego de un capítulo inicial con citas delirantes, algunos pasajes de su vida —donde mezcla personajes populares con personalidades de la cultura limeña—, y un capítulo final con sus dibujos y con las críticas de arte hechas a sus esculturas. Mi crimen al desnudo (2001) En el año 2000, Poggi participó —haciendo de sí mismo— en la filmación del largometraje Mi crimen al desnudo, de Leónidas Zegarra, que se estrenó en 2001. El proyecto comenzó en 1998, cuando un grupo de estudiantes de cine quiso llevar a la pantalla grande la historia del asesinato del criminal en serie Ángel Díaz Balbín en manos del psicólogo Mario Poggi. Zegarra fue invitado a participar del proyecto como director. El filme se financió mediante préstamos. Los equipos se adquirieron en convenio con una productora. El presupuesto —como en todas las películas de Zegarra— fue bajísimo (11.000 dólares) y por eso, según la versión de Zegarra, se llegó a un acuerdo con los actores (Mario Poggi, Américo Zúñiga, Yesabella, Rossi War, Víctor Ángeles y Wilmer Ato) para pagarles cuando la película se comercializara y se recuperara la inversión. Mi crimen al desnudo se estrenó en dos cines limeños (Excélsior y Tacna). No hubo dinero para la campaña publicitaria y sólo se explotó la popularidad de las vedettes que participaron en la película (como Martha Yesabella Vásquez Chávez). También se hicieron canjes con diarios de poca monta, que publicaban los anuncios a cambio de entradas al cine. La inversión no se recuperó en su totalidad y para salir de las deudas se lanzó un remake con el nombre, por demás sugerente, de Vedettes al desnudo. Argumento: el psicótico Ángel Díaz Balbín atemoriza la ciudad de Lima, asesinando prostitutas. La policía le sigue el rastro y lo captura, pero Díaz Balbín se resiste a confesar sus crímenes. Para obligarlo a hacerlo llaman al psicólogo Mario Poggi, quien logra hacerlo confesar. Sin embargo, Poggi cree que la excarcelación de Díaz Balbín es inminente por lo que decide matarlo con su correa. Vida actual Poggi ha decidido vivir alejado de la psicología. Se dice a sí mismo “Loco”, se tiñe el cabello de verde. En 2006, armó un partido político y se postuló para presidente del Perú (Ver póster). Su eslogan decía: Partido LaRe DNI (La Reconchatumadre) (Democrático Nacional Independiente) agrupación coprolálica Mario Poggi Estremadoyro Presidente del Perú 2006-2011 Marque la Correa Vengadora Nota: Si usted tiene su DNI automáticamente es del partido Cuando los medios se cansaron de Poggi, terminó como vendedor ambulante, cantando, hablando y vendiendo sus libros en el parque Kennedy, en el barrio Miraflores (Lima). En mayo de 2007 armó un revuelo nacional al sacar a la luz a un supuesto hijo del periodista Jaime Bayly. Resultó ser un fiasco (una persona meramente parecida a Baily, que utilizó la fama de Poggi para hacerse propaganda) Vida privada Vive en Lima con Julia, su pareja (profesional química). Poggi tiene cinco hijos: Karla, Lorena, Ernesto, Neurona H2O [que es la fórmula química del agua] y Raúl Alfonso. Asegura tener más hijos en Europa, que no reconoció. Es imitador, ventrílocuo y fonomímico. Habla cuatro idiomas. Es también escultor, escritor y periodista. Polémico y discutido. Carismático, creativo, navegante, viajero, expedicionario, actor, hábil contador de chistes y luchador de judo. Dice dominar el hipnotismo y la sugestión. Es disléxico, “igual que grandes genios de la historia, como el científico Honorio Delgado, el ex presidente Bustamante y Rivero, el presidente John F. Kennedy o el general Patton”. http://es.wikipedia.org/wiki/Mario_Poggi Videos: Mario Poggi, sobre la soledad (2011) link: http://www.youtube.com/watch?v=0JvatOAp8o0 Mario Poggi opina asunto Perú y Chile link: http://www.youtube.com/watch?v=HPs_InJtyJk Mario Poggi opina - Curaciones en el mar - Masoterapia link: http://www.youtube.com/watch?v=1KJ_fjKwL_o Detras del crimen MARIO POGGI link: http://www.youtube.com/watch?v=j1EdkHGs9Rk parte2: http://www.youtube.com/watch?v=rGhLXbjATCs&feature=related parte3: http://www.youtube.com/watch?v=lFSh6LpHvJo&feature=related parte4: http://www.youtube.com/watch?v=4UpqZHosnQc&feature=related parte5: http://www.youtube.com/watch?v=GIsIeFTulTU&feature=related parte6: http://www.youtube.com/watch?v=dVgWeJ8Czuw&feature=related Mario Poggi quiere lanzar a la presidencia de la republica link: http://www.youtube.com/watch?v=-_x85WfwBwk parte 2: http://www.youtube.com/watch?v=znK1WdAqgKI&feature parte3: http://www.youtube.com/watch?v=D2zdn4Q4A_k&feature=related

Hasta 1972, fecha de la aparición de las "Memorias de un hombre invisible", transcripción de las cuatro entrevistas acordadas por Herbert Graf al periodista Francis Rizzo, no se conocía la identidad de ese "niño de cinco años" que con el nombre de "Juanito" había alcanzado la celebridad gracias al relato de Sigmund Freud sobre su análisis, efectuado por Max Graf, su padre. Considerado uno de los grandes casos del psicoanálisis, el tratamiento de Juanito ocupó muy pronto un lugar particular en los anales del freudismo, primero porque el paciente (por primera vez) era un niño, y en segundo término porque Freud, en lugar de ocupar la posición de analista, intervino como supervisor. El análisis propiamente dicho de Juanito se desarrolló en el curso del primer semestre de 1908. Fue contemporáneo del análisis de Ernst Lanzer, el Hombre de las Ratas. Freud, con autorización el padre, publicó el historial en 1909, pero ya se había referido a Juanito en dos artículos sobre la sexualidad infantil aparecidos en 1907 y 1908. En realidad, desde 1906, cuando el niño no tenía aún tres años, el padre, conquistado por el psicoanálisis a través de los relatos de su esposa, que le hablaba de su cura con Freud, tomó notas sobre todo lo que tenía que ver con la sexualidad del niño, para transmitirlo al maestro, que se había convertido en una persona de la familia. Max Graf no fue el único en entregarse a este tipo de obsevaciones: Freud, como lo recuerda al principio de su relato, había exhortado a sus colegas de la Sociedad Psicológica de los Miércoles a realizar ese tipo de ejercicio, para aportarle pruebas bien fundadas de sus tesis sobre la sexualidad infantil, expuestas algún tiempo más tarde en los Tres ensayos de teoría sexual. Desde las primeras anotaciones del padre, Juanito aparece muy preocupado por esa parte de su cuerpo que él llama su "hace pipí". Sucesivamente le pregunta a la madre si ella tiene uno, le atribuye uno a la vaca que se ordeña, a la locomotora que desprende agua, al perro y al caballo, pero no a la mesa ni a la silla. Este interés, como lo observa Freud con humor, no se limita a la teoría: Juanito es sorprendido por la madre cuando se entrega a tocamientos de su pene. La mujer lo amenaza con hacerle cortar el "hace pipí" si continúa ese tipo de actividad; esto no genera ningún sentimiento de culpa -sigue observando Freud- pero le hace adquirir el complejo de castración. Continuando con sus exploraciones, el niño quiere saber si también el padre tiene un "hace pipí", y se sorprende de que la madre, adulta, no tenga un "hace pipí" del tamaño del que tiene el caballo. En este período, "el gran acontecimiento de la vida de Juanito es el nacimiento de su hermanita Anna, cuando él tiene exactamente tres años y medio". Las observaciones del padre revelan un distanciamiento entre los dichos del niño, que parecen dar crédito a la fábula de la cigüeña, y la atención que presta al maletín del médico y a las palanganas de agua sanguinolenta en el dormitorio del parto, lo que parece indicar -señala Freud la presencia de las primeras sospechas acerca de la falsedad de la fábula. A Juanito le llevará aproximadamente seis meses superar sus celos y convencerse de su propia superioridad sobre la hermana menor. Al asistir al baño de la niña, constata que ella tiene un "hace pipí [...] todavía pequeño" y predice con condescendencia que será más grande cuando Anna crezca. Comentando las observaciones siguientes, Freud toma nota de manifestaciones de autoerotismo, pronto seguidas de una "elección de objeto como en el adulto". Juanito da entones muestras de inconstancia, predisposición a la poligamia, pero presenta también rasgos de homosexualidad, todo lo cual lleva a Freud a decir, manifiestamente satisfecho por haber seguido paso a paso la verificación de su teoría, "Nuestro Juanito parece verdaderamente un modelo de todas las perversiones". Juanito atravesó más tarde un período marcado por la búsqueda de emociones eróticas (se enamoró de una niñita e insistió con los padres para que le permitieran llevarla a la casa y acostarse con ella), prolongación de las que había experimentado en sus incursiones al lecho de los progenitores. Cuando tenía cuatro años y medio, un sueño tradujo su deseo, en ese momento reprimido, de entregarse de nuevo al exhibicionismo ante las niñitas, como lo había hecho el verano anterior. Este período se cerró con el reconocimiento por el niño, al presenciar de nuevo el baño de la hermanita, de la diferencia entre los órganos genitales masculinos y femeninos. Unos días después de ese sueño y de esa observación, se declaró la "enfermedad" de Juanito. Los diálogos entre el padre y el niño, transcritos fielmente por el primero y transmitidos a Freud, le permitieron a éste conducir la cura y, más tarde, reconstruir la evolución de los trastornos y su desaparición, confirmatoria de la "curación" anunciada desde la primera línea del relato. Ese período se inició con una carta del padre, inquieto por la agitación nerviosa que ha afectado súbitamente al niño, y dispuesto a atribuir ese estado al exceso de ternura de la madre. Freud, que en todos los casos defiende a su ex paciente, la "linda madre" de Juanito, "tan buena y tan devota", rechaza ese punto de vista. En el análisis, subraya, no se trata de "comprender de entrada un caso patológico"; la comprensión sólo es posible "más tarde", si uno se ha dado tiempo para observar, acumular impresiones. Inmediatamente antes de la explosión del estado ansioso, Juanito había tenido un sueño, un "sueño de castigo" dice Freud, en el cual se había ido la madre amada, la que le "hacía mimos". Ese sueño era un eco de las ventajas obtenidas cuando la madre, durante el verano anterior, lo había llevado a su lecho cada vez que él manifestaba ansiedad y también cada vez que estaba ausente el padre. Unos días más tarde, Juanito, de paseo con la criada, comenzó a llorar y quiso volver a la casa para "recibir mimos de su rnamá". Al día siguiente la madre decidió sacarlo a pasear ella misma. El niño empezó por negarse, llorar, y después se dejó llevar pero poniendo de manifiesto un miedo intenso, del que sólo habló a la vuelta: "Tenía miedo de que me mordiera un caballo". Por la noche tuvo una nueva crisis de angustia ante la idea del próximo paseo, y miedo a que el caballo se metiera en su dormitorio. La madre le preguntó si acaso se había tocado el "hace pipí" con la mano. Después de la respuesta afirmativa de Juanito, le ordenó que dejara de hacerlo, orden que más tarde el niño confesó que no siempre había cumplido. "Tenemos aquí -comenta Freud- el inicio de la angustia y de la fobia", que era preciso distinguir entre sí. La ternura creciente por la madre traducía una aspiración libidinal reprimida, determinante de la angustia. Esa transformación de la libido en angustia es irreversible, y la angustia debe encontrar un objeto sustitutivo que pasará a ser el material fóbico. En ese punto era aún demasiado pronto para comprender el origen del material de la fobia de Juanito: los caballos y el riesgo de su mordedura. En esa etapa, Freud le aconsejó al padre que le dijera a Juanito que esa historia de caballos era una "tontería" (tal era la palabra que el padre y el hijo emplearon en adelante para designar la fobia), y que su miedo provenía del excesivo interés por el "hace pipí- de los caballos. Freud sugirió además que se iniciara la educación sexual del niño, para que él pudiera sobre todo admitir que la madre y todas las otras criaturas femeninas -tal como podía darse cuenta por la pequeña Anna- no tenían un «hace-pipí» en absoluto". Algún tiempo más tarde, la fobia volvió, extendiéndose a todos los animales grandes (jirafas, elefantes, pelícanos). Después de una observación de Juanito sobre el arraigo de su "hace-pipí", al que esperaba ver crecer junto con él, Freud explica que los animales grandes le daban miedo porque ellos lo hacían pensar en la dimensión presente, insatisfactoria, de su órgano peneano. En cuanto al arraigo, era una respuesta -sigue diciendo Freud- a la amenaza de castración expresada mucho antes por la madre, y cuyo efecto se manifestaba con posterioridad, en el momento en que había crecido la inquietud del niño, después del anuncio oficial de la ausencia de "hace-pipí" en las mujeres. Una mañana, Juanito justificó su incursión nocturna a la cama de los padres explicando que en su propio dormitorio había una jirafa grande y una jirafa arrugada. "La grande -dijo- gritó que yo le había quitado la arrugada. Entonces dejó de gritar, y yo me senté sobre la jirafa arrugada." El padre relacionó este fantasma con una situación recurrente: mientras que él se oponía a que el niño estuviera en el lecho conyugal, la madre respondía que en ello no había nada grave, siempre y cuando fuera breve. La jirafa grande era entonces el gran pene paterno, mientras que la jirafa arrugada representaba los órganos genitales femeninos. Freud añade que el "sentarse" sobre la jirafa arrugada representaba "una toma de posesión", basada en un fantasma de desafío al padre, y en la satisfacción de haber enfrentado su interdicción; el conjunto encubría el miedo a que la madre encontrara el "hace-pipí" de Juanito muy pequeño en comparación con el del padre. Se producen entonces una serie de fantasmas de fractura y violación de las interdicciones, en los cuales el padre aparece asociado al niño, indicio de la sospecha de Juanito en cuanto a que el padre hace con la madre cosas de las que quiere privarlo a él. El 30 de marzo de 1908 Juanito visita a Freud con el padre. La entrevista es breve. Freud le pregunta al niño, que ha hablado de lo negro alrededor de la boca de los caballos, si esos animales llevan anteojos. Después de la respuesta negativa de Juanito, Freud le hace la misma pregunta respecto del padre. Contra toda evidencia, la respuesta es también negativa. Freud explica entonces que el niño tiene miedo del padre, "Justamente porque ama tanto a la madre". Después de esta entrevista se produce una mejoría. La explicación que se le ha dado al niño -dice Freud- ha debilitado sus resistencias, y esto debe permitirle poner nombre a sus temores. En efecto, en el curso de una conversación con el padre, Juanito manifiesta su miedo a que se caigan los caballos uncidos a un ómnibus, y explica que un día en el que, a pesar de "la tontería", había salido a pasear con la madre, vio realmente caer en la calle a dos caballos que tiraban de un ómnibus, creyendo que uno de ellos estaba muerto. La madre confirmó la veracidad del relato. Esta información genera un punto de inflexión en el análisis. La fobia se declaró cuando la angustia, que originariamente no tenía nada que ver con los caballos, se traspuso a esos animales, de tal modo elevados, comenta Freud, "a la dignidad de objeto de angustia", por razones vinculadas con la historia del niño: Juanito, siendo más pequeño, había sentido pasión por los caballos, había visto a uno de sus compañeros caerse M caballo y recordaba la historia de un caballo blanco que mordía los dedos. La eclosión de la fobia databa del incidente real del caballo caído: Juanito había entonces experimentado el deseo (y al mismo tiempo el temor) de que el padre cayera y muriera de ese modo, lo que le habría dejado el camino libre para la posesión de la madre, pero exponiéndolo a los riesgos de una comparación poco ventajosa para él. Desde ese día, Juanito se tomó más libertades con el padre, al que quería incluso morder, prueba de que lo había identificado con el caballo tan temido. Pero esto no impidió que el miedo a los caballos persistiera. El análisis dio entonces otro giro. La madre, momentáneamente olvidada, volvió al primer plano a través de fantasmas excremenciales y reacciones fóbicas a la vista de calzones amarillos y negros. Sigue el fantasma de un plomero que perfora el estómago de Juanito con una agujereadora, y el miedo a bañarse en una gran bañera. El fantasma del plomero, fantasma de procreación, encontrará su significación más tarde, cuando resulte claro que el niño jamás había creído en la historia de la cigueña, sino que estaba resentido con el padre por el hecho de que le contara semejantes mentiras. Freud lleva el análisis más lejos, insistiendo en la yuxtaposición de ese miedo a la bañera con los fantasmas excremenciales (el interés, y después el asco de Juanito por las heces, a las que él llama "lumfs", a su vez vinculados con el placer que obtenía el niño al acompañar a la madre al baño. Surge que para Juanito (y Freud se felicita de encontrar una vez más la confirmación de lo que había escrito unos años antes) los carruajes, lo mismo que los vientres de las madres, están cargados de niños-excrementos: la caída de los caballos, así como la de los "lumfs", es la representación de un nacimiento, y Freud subraya en esa oportunidad el carácter significante de la expresión "descargar" (mettre bas en la versión francesa). El caballo que cae no es sólo el padre que muere, sino también la madre que da a luz. Juanito podrá verbalizar su deseo de que el padre se vaya, y reconocer su deseo de poseer a la madre. Con todo, encuentra con todo un acomodamiento en esa situación aún generadora de angustia: el padre será el abuelo de los hijos que él, Juanito, tendrá con la madre. Para apaciguar la cólera siempre posible de ese padre desalojado, el niño lo imagina casado con la abuela paterna, es decir, con la madre del padre. Un último fantasma, en el cual un plomero le cambia su "hace-pipí" por uno más grande, marca su salida del Edipo y su victoria sobre el miedo a la castración. A diferencia de los otros casos princeps expuestos por Freud, Juanito no fue objeto de ninguna revisión historiográfica exhaustiva. No obstante, dio lugar a numerosas lecturas críticas. En un primer momento, cuando era impensable acercarse demasiado a la legendaria "inocencia infantil", los psicoanalistas hicieron de este caso el paradigma de todas los psicoanálisis de niños. Fueron necesarios los primeros pasos que dio en este ámbito Hermine von Hug-Hellmuth, y sobre todo la revolución de Melanie Klein, para que se superara esta concepción en el movimiento psicoanalítico. Por otra parte, algunas lecturas adoptaron como ángulo de ataque la interpretación freudiana, desarrollando una reflexión nueva sobre el estatuto de la fobia. Finalmente, otros trabajos optaron por reinscribir la cura y el personaje de Juanito en el decurso de su historia y su identidad: las de Herbert Graf, hijo de Max Graf y Olga König-Graf, amigos de Sigmund Fred. Jacques Lacan dedicó la segunda parte de su seminario de 1956-1957, titulado La relación de objeto, al caso de Juanito. Su objetivo era elaborar una clínica lacaniana del análisis de niños, de la cual Jenny Aubry y Françoise Dolto eran los maestros de obra: una clínica capaz de rivalizar con la escuela inglesa, enriquecida con los aportes contradictorios de Melanie Klein, Anna Freud y Donald Woods Winnicott. Para Lacan, la fobia de Juanito se había producido con el descubrimiento de su pene real y con el terror consecutivo de ser devorado por la madre, investida de una omnipotencia imaginaria. La fobia sólo podía entonces superarse, si no curarse, mediante la intervención del Padre real (Max Graf), sostenido por el Padre simbólico (Freud), lo que tuvo el efecto de separar al niño de la madre y asegurar su avance desde lo imaginario hacia lo simbólico. Lacan interpreta los mitos animalistas activos en la cura en los términos de Lévi-Strauss. Lejos de buscar en cada uno de ellos una significación particular, los relaciona entre sí para captar la recurrencia de lo semejante en un sistema. El caballo remite a veces al padre, a veces a la madre, y funciona como elemento significante desprendido del significado. La torsión a la que Lacan somete de este modo a la teoría freudiana del Edipo está vinculada con su idea de la declinación de la función paterna en la sociedad occidental, que él había expuesto en 1938 en su artículo sobre la familia. Ante esa decadencia, que él considera la causa esencial de la aparición del psicoanálisis en Viena, Lacan intenta revalorizar una idea de la paternidad basada en la intervención de la palabra, y denunciar el peligro de la omnipotencia materna, que él estigmatiza hablando de una "madre no saciada e insatisfecha", pronta a devorar al niño. En 1987, el psicoanalista francés Jean Bergeret relacionó las dificultades de Juanito con las que el propio Freud habría experimentado en su infancia. Observando que los únicos dos textos que Freud no publicó en vida (el dedicado a los personajes psicopáticos en el escenario, cuyo manuscrito había entregado a Max Graf al principio del análisis de Juanito, y el que fue hallado y publicado por llse Grubrich-Simitis con el título de Vista de conjunto de las neurosis de transferencia) tienen en común el tema de la violencia irrepresentable, indecible, producto de una incitación sexual precoz demasiado intensa, Bergeret formula la hipótesis de que la cura de Juanito se construyó sobre la base de la renegación de un trauma sufrido. En 1993, en ocasión de la aparición de las traducciones realizadas por el psicoanalista francés François Dachet del artículo de Freud sobre los personajes psicopáticos en el teatro, el texto de Max Graf dedicado a Freud y las Memorias de Herbert Graf -traducciones presentadas como suplementos de la revista L´Unebévue- el propio Dachet publicó en esa misma revista un estudio que apuntaba a dilucidar la compleja relación de Freud con Max Graf. Observó sobre todo que Max Graf es invocado por Freud como el padre de Juanito, como el discípulo y el amigo que le reconocía un talento artístico de que carecían los "chapuceros de almas", y como el destinatario competente de un manuscrito sobre problemas teatrales, pero nunca se lo menciona como marido de la madre de Juanito, que a su vez había sido paciente de Freud. En consecuencia, concluye François Dachet, la lectura lacaniana del caso tendría que "ser reconsiderada". En 1996, Peter L. Rudnytsky, universitario norteamericano, propuso que el caso de Juanito se viera más como un ejemplo de "terapia familiar" que como análisis de un niño. Su enfoque se remite a las tesis feministas desarrolladas principalmente por Luce Irigaray. Ellas lo llevan a discernir en este análisis los elementos básicos de la concepción freudiana de la diferencia de los sexos y de la sexualidad femenina que aparecerían con su forma definitiva en 1933, en las Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. La conclusión de Rudnytsky es inapelable. Estigmatiza "los prejuicios burgueses" que según él subtienden las posiciones teóricas de Freud acerca de la homosexualidad y la sexualidad femenina. Volviendo a este caso en su seminario de 1968-1969, titulado De un otro al Otro, Lacan evoca la curación proclamada por Freud, y se pregunta: "...Juanito ya no tiene miedo a los caballos, ¿y después?" ¿Después? En 1922, Freud añade un "epílogo" a su texto de 1909: en él relata brevemente la visita que le había hecho ese mismo año un joven que se presentó como Juanito. Para Freud, esa visita constituía en primer lugar una desmentida drástica de las siniestras predicciones enunciadas en la época de la cura. Para su alegría, se felicita, en una frase ambigua, de que el joven hubiera podido superar dificultades inherentes al divorcio y los nuevos matrimonios de sus padres, y observa finalmente, con una avidez teórica no disimulada, que Juanito/Herbert ha olvidado totalmente el análisis, incluso su existencia. No obstante, la lectura del texto de Max Graf titulado "Reminiscencias sobre el profesor Sigmund Freud", aparecido en 1942, y de las Memorias (en forma de entrevista) de Herbert Graf, aporta algunas informaciones capaces de relativizar la satisfacción de Freud y de constituir los primeros elementos para una revisión del caso. En su artículo, Max Graf evoca, de manera a la vez afectuosa y crítica, la atmósfera de las reuniones de los miércoles a las cuales él había sido invitado por Freud, la personalidad de este último, los odios, las pasiones y los conflictos que su intransigencia podía suscitar. Aunque en la época del análisis de Juanito éste había sido un tema frecuente en esas reuniones de los miércoles por la noche, Max Graf no hace la menor alusión al respecto. Es más prolijo cuando se trata de lo que el analista holandés Harry Stroeken propone denominar 1a relación de la familia Graf y Freud". Nos enteramos entonces, entre otras cosas, de que Freud, que solía concurrir a las fiestas familiares de los Graf, le había regalado al futuro Juanito, en su tercer cumpleaños ¡un caballito para balancearse! En sus Memorias, Herbert Graf pone de manifiesto en el ocaso de su vida un fervor y una admiración por el padre tanto más sorprendentes cuanto que, a lo largo de esas cuatro entrevistas, no dice ni una sola palabra sobre la madre. Este clivaje parece ilustrar bien lo que fue la vida de Juanito al convertirse en adulto, caracterizada por el contraste entre su éxito profesional y sus fracasos afectivos. Herbert Graf, en efecto, conoció en su juventud, a través del padre, a todas las personalidades del mundo artístico de la Viena de la época. Gustav Mahler, que fue su padrino, Arnold Schónberg (1874-1951), Richard Strauss (1864-1949) y Oskar Kokoschka (1886-1980) se contaron entre quienes frecuentaban la casa de los Graf. Cuando, ante las risas de los demás estudiantes, que inscribirían el episodio en el libro de las "estupideces del año" (¿una "tontería" más?), Herbert Graf anunció su deseo de convertirse en metteur en scéne de ópera, oficio que él mismo iba a crear, su padre lo sostuvo económicamente. En continuidad con los que habían sido los primeros pasos de ese padre, Herbert presentó una tesis sobre la escenografía wagneriana que le valió el reconocimiento oficial de la familia del autor de Los maestros cantores. Después de haber intentado, sin éxito, desempeñarse como artista lírico, se ocupó de las puestas de la ópera de Münster. Posteriormente emigró a los Estados Unidos, donde fue metteur en scéne titular de la Metropolitan Opera House de Nueva York, colaborando estrechamente con Arturo Toscanini y Bruno Walter, entre otros. Su renombre lo llevaría a Salzburgo y a Italia, su país predilecto, donde realizó más de sesenta producciones en Verona, Milán, Venecia y Florencia (allí trabajó con María Callas). Más tarde asumió la dirección de la Opera de Zurich, puesto al que renunció por falta de medios, y después la dirección del Gran Teatro de Ginebra hasta su muerte, en 1973. Junto a esta brillante carrera (puntuada por algunos textos audaces y siempre de actualidad sobre la cuestión de la ópera popular), la vida privada de Herbert Graf estuvo aparentemente jalonada de sufrimientos. Contrariamente a lo que creyó percibir Freud, parece que nunca se repuso por completo del choque ocasionado por el divorcio y los nuevos casamientos de sus padres. Atormentado por conflictos conyugales, volvió a analizarse con Hugo Solms, quien en 1970, cuando se realizaba en Ginebra un congreso de psicoanálisis, lo indujo a presentarse a Anna Freud, visita que no tuvo consecuencias. Afectado de un cáncer de riñón que se revelaría incurable, murió el 5 de abril de 1973 como consecuencia de una caída, probablemente debida a vértigos provocados por su estado. fuente: http://www.tuanalista.com/Diccionario-Psicoanalisis/5422/Graf-Herbert-%281903-1973%29-Caso--Juanito--pag.1.htm
El creyente sabe que debe amar, y agradecerle infinitamente a Dios ¿Agradecerle que? ¿Amarlo por que? Y argumentan que la vida sin un Dios no es vida, no tiene sentido, todo sería un caos. Detrás de todo esto, el creyente siente la necesidad de agradecer, y de amar a la vida misma, la vida misma pero representada por Dios. Religiones, y dioses que justifican la decadencia, y la miseria humana que vivimos. Ellos desprecian a la vida misma, aunque sin darse cuenta intentan amarla, porque todo lo bueno que sienten es parte de su propio cuerpo, de su ambiente. Es como si en vez de tener a un perro y quererlo, prefieren tener un dibujo de un perro, y amar a ese dibujo, por mas perfecto que sea, es un dibujo, sin dejar de ser la imagen de un perro. Entre la realidad y la fantasía, siguen en la fantasía, porque de lo contrario deberían aceptar que toda su vida fue un fraude. Una gran muralla se ha creado a su alrededor de la que no pueden salir, porque no quieren. No ha sido necesario negar la existencia de Dios para concordar conmigo en lo que hemos dicho hasta ahora. Pero por otro lado, el agnóstico se niega a tomar una postura verdadera, y se queda con la sola idea de que si, hay algo mas allá de lo que podemos saber, solo que ese "algo" no se puede comprender. O que no hay nada mas allá, y no puede saberse, se limitan desconfiando de lo que podemos llegar a comprender como seres humanos. Teniendo en cuenta lo que escribo al principio del texto; "si no se puede demostrar la existencia de un Dios, Dios no existe." ¿Hasta que punto el ser humano puede comprender la vida? El ser humano puede comprender todo lo que puede comprender, y lo demás no sirve, ni existe. Solamente al poder decir "Dios no existe" nos abrimos a todo el conocimiento, tanto cualquier tipo de religión, o el agnosticismo ponen un limite, la religión dándonos respuestas dogmáticas, y el agnosticismo diciéndonos hasta donde podemos llegar. Tampoco alcanza con solo ser ateo, uno debe aprender, estudiar, y experimentar para tener un mayor entendimiento de la vida misma, y poder disfrutarla de una manera sana, pero sin que nadie limite a nadie. Todos tenemos creencias, pero no dejan de ser eso, creencias, no podemos tomarlas como una verdad absoluta, y menos hasta el fanatismo. Tanto el creyente, el agnóstico, como el mismo ateo, todos debemos encontrar el sentido de la vida, pero dentro de la vida misma, siendo esto lo mas importante, amar a la vida. ¿Que es lo que no se puede comprender? o ¿Que es lo que nunca se va a poder comprender? Dar una respuesta a estas preguntas significa limitarnos, ¿Como nosotros podemos predecir lo que vamos o no, a ser capaces de entender en el futuro? El único límite es lo que somos. fuente