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Al corazón, hay que tratarlo con amor Una buena dieta, ejercitarse constantemente y visitar al médico con regularidad ayuda a mantener fuerte el ritmo cardíaco La idea de que los males del corazón sólo son cosa de viejos cuando no tienen relación con el amor, es una idea equivocada. Mujeres y hombres, muchos jóvenes, enfrentan serios riesgos de caer víctimas de los males cardíacos. Y los ejecutivos son los más expuestos a estos ataques letales. Quienes ocupan puestos de decisión en áreas de ventas en sectores comercial y financiero “deben identificar sus factores de riesgo cardiovascular y modificarlos a la brevedad” para no recibir sorpresas desagradables, recomienda el cardiólogo Fernando Vidal, miembro de las Sociedades Mexicana y Española de Cardiología. La gente joven debe tomar cartas en el asunto, ya que en la última década la tasa de infartos se ha disparado en personas de entre 30 y 45 años, afirma. Y no hay misterio ante esta amarga realidad, en estas capas de población se ha elevado la carga de estrés y trabajo. Los cambios en el estilo de vida, la mala alimentación, el sedentarismo y la obesidad deben ser tan temidos como los amorosos. DATOS DE MIEDO En el historial clínico de las víctimas potenciales de estos males se encuentran las razones del peligro. El doctor Vidal dice que cuatro de cada 10 mexicanos mayores de 20 años presenta elevados índices de colesterol. Y de esta gente, hasta 80% desconoce la amenaza y menos de la mitad que sabe que padece de hipertensión arterial sigue algún tratamiento para controlarla. Además, sólo 20% de las personas con hipertensión sigue un tratamiento durante las 24 horas, por lo que en México las enfermedades cardiovasculares son la causa número uno de muerte. Cada año aumenta entre 2 y 3% el número de pacientes con enfermedades cardiacas, embolias o infartos cerebrales, y lo más inquietante de estas cifras es que se trata de jóvenes de entre 20 y 30 años, que conforman la población económicamente activa. Quienes sospechen que pueden sufrir hipertensión deben realizarse la prueba de tensión, y recibir tratamiento para 24 horas. Esto ayuda ante la creciente evidencia de que los accidentes vasculares cerebrales, los infartos y la muerte súbita cardiaca están influenciados por los ritmos circadianos con una máxima incidencia en la mañana, antes del despertar, y una declinación durante la noche, horas del sueño. PROTECCIÓN PERMANENTE Lograr controlar la presión arterial durante 24 horas, afirma el cardiólogo Fernando Vidal, es una meta terapéutica vital para la prevención del daño a órganos como el corazón, el cerebro, los riñones y los ojos. Tres estudios de la farmacéutica Boehringer Ingelheim, que incluyeron a más de 30 mil pacientes hipertensos, demostraron que el fármaco telmisartan proporciona un potente control de la presión arterial durante 24 horas continuas. Fuente: El Gráfico >>>VIDA
El monstruo que llevas dentro “Un ataúd es mi destino” escribió Miguel en la puerta de su cuarto. La frase no es suya, se la robó de una canción que le gusta. Su cuarto está lleno de pósters de Lacrimosa y su casa es un sitio que el describe como “el infierno”. No soporta a su madre porque siempre “se la pasa molestando”: deberías estudiar, ponte a trabajar, haz algo de provecho, deja de andar de vago. El se conforma con lo que le manda su papá mensualmente. Miguel es monocromático, aunque desconoce que significa eso: botas altas, holanes en la ropa, cabello largo, delineador en los ojos, uñas pintadas de negro. Cree en los vampiros, tiene pesadillas en la noche y su película favorita es Nosferatu, aunque no sabe dónde nació Murnau, ni ha leído a Rimbaud. Pero se la pasa escuchando esa rolita de Bauhaus que dicta “Bela Lugosi está muerto./ Los murciélagos han abandonado el campanario./ Las víctimas han sido sangradas,/ líneas rojas aterciopeladas en la caja negra,/ Bela Lugosi está muerto”, aunque Miguel no lo entiende porque está en inglés y, chale, qué flojera traducir. Dejó la escuela porque según él “es un sistema represivo” y sólo quieren “controlar tu mente”. Pero él no tiene control de sí mismo, se deja llevar por sus instintos. Si le preguntas por Heiddeger seguro responderá que es un cantante gótico. Le gustan los cómics y odia los libros porque no traen dibujitos. Su monstruo interior es la ignorancia. Y se alimenta de egoísmo, odio y falta de identidad. Dice pertenecer a un mundo donde lo material no tiene valor, pero ama las gabardinas de terciopelo porque lo hacen lucir bien. >>> Mayra vive rodeada de nadas. Nada es lo que tiene, nada es lo que quiere, nada es lo que entiende. Aborrece su nombre y prefiere que la llamen Cookie. Su fleco parece cortado en una estética para perros, dice que le gusta Sparta, My Chemical Romance y la mierda nada original de Panda, pero oculta que también escucha a Moderatto. Bien decía un crítico, y con razón: “Yo también me cortaría las venas si hiciera música tan mala”. A sus 20 años es tan inmadura como un estudiante de secundaria y reniega del sistema, de sus padres, de la escuela y hasta del futuro, pero ni siquiera tiene credencial para votar ni las ganas de mover un dedo. Vive estacionada en una pose de nadie-me-comprende. Es adicta a myspace.com y su estribillo favorito es “50 mil lágrimas he llorado./ Gritando, engañando y sangrando por ti/ Y aun así tu no me escuchas/ Me estoy hundiendo”, de Evanescense. No tiene la más mínima idea de quién es Niesztche, cree que Camus es una banda, ni siquiera sabe el significado de la palabra “quimera” y su lenguaje es muy limitado. Carece de identidad y es muy influenciable. Ella se define como emo, pero desconoce los orígenes del movimiento. Sólo se deja llevar por lo que dice su mejor amiga y se pone lo que está de moda: pantalones entallados, tatuajes de estrella, Converse negros o Vans rayados, y playeras que parecen de su hermano pequeño. Mayra no ha vivido lo suficiente, pero asegura que su filosofía es “perfeccionar el suicidio” aunque le tiene miedo a cosas tan simples como las inyecciones. Se cree autosuficiente, pero llora cuando su mamá la regaña y se encierra en su cuarto y se “araña” los brazos con un cutter. Luego abraza un muñeco de peluche y solloza en silencio. Lleva un monstruo en su interior y se llama ignorancia, que se alimenta de temores, inseguridad, soledad y falta de identidad. Vive rodeada de nadas y poco es lo que entiende. Fue educada por la televisión y sólo ha leído cuatro libros en su vida, incluido Juventud en éxtasis, así que ese no cuenta. No es sorprendente que se una a causas sin sentido, a modas que siempre serán pasajeras. No parece una mala chica, sólo está confundida. >>> “Los emos son basura”, se queja Gustavo, “y también los pinches darketos”. Sus argumentos son los que apestan: “todos los emos son puñales” o esa estupidez de que “además ni son originales”. Él mismo es un tributo a los clichés: playeras de Metallica o Slipknot, pulseras de cuero y pantalones de mezclilla sin lavar. Eso es lo malo de la imbecilidad: que todos se creen originales, distintos, siendo que en realidad se la pasan simulando ser lo que no son. Y se agrupan en clanes, en tribus urbanas, con la finalidad de esconderse entre multitudes porque les da miedo enfrentarse solos a la realidad. Tavo, como le dicen sus amigos, se esfuerza con la guitarra y sueña con triunfar con su banda, pero toca horrible y todo le da weba. Ni siquiera terminó la prepa. Y Tavo es tan imbécil que aún cree que algún día los astros se alinearán para bañarlo de gloria. Va de chico rudo por la vida, pero le teme a los perros y padece aracnofobia. En su cuarto no hay libros y eso explica que escriba canciones patéticas, con faltas de ortografía, que hablan de demonios y guerreros. Reniega del amor y le compone baladas a su chava. Su monstruo interior es la ignorancia. Y se alimenta de rabia, agresión, y falta de identidad. Se cree autosuficiente, pero su padre es el que lo mantiene y su madre le ruega para que se bañe. Es tan ignorante que cree que Oceanía es un país. Siempre alardea de que un día viajará por el mundo, pero sus papis lo regañan si no llega a dormir a casa. Fuente: El Gráfico

¿Padres o amigos de nuestro adolescente? No deberíamos ser amigos de nuestros hijos, sino sus guías, sus orientadores Por muy autoritario que parezca en un primer momento, los adolescentes requieren que sus padres les fijen reglas, les den un marco de acción y los guíen en el proceso de maduración personal. Por supuesto, también necesitan que se comuniquen con ellos y que demuestren un verdadero interés en su persona. La siquiatra Michele Barreau explica que los jóvenes se sienten protegidos y queridos cuando les establecen límites, ya que éstos les proporcionan un margen claro en el cual moverse, desarrollarse y autocontrolarse o regularse. Eso sí, es importante que al establecerse las normas, éstas sean conversadas entre los padres. Y sólo una vez que se han puesto de acuerdo, entonces se discutan con los hijos, dándoles un espacio importante de participación. “Es recomendable que se les enseñe a ser autónomos e independientes, para que ellos mismos aprendan a proponer y fijar sus propias reglas, ya que su identidad se va formando en la medida en que son capaces de cumplir lo que dicen”, recalca. La especialista destaca que no existen “recetas” y que cada familia debe proponer normas de acuerdo a sus propios valores. ¿Qué límites son los más complejos de fijar? Por lo general son los que tienen que ver con las salidas nocturnas, los horarios, los días de salida y las compañía. También los límites con respecto al alcohol o el cigarro, entre otros. Por muy difícil que parezca esta tarea, una buena forma de establecer pautas es a través del diálogo frecuente, en el que a los jóvenes se les explique la razón de las reglas y los posibles riesgos que pueden sufrir si no las cumplen. Límites para cada edad La idea es que el adolescente pueda expresar su opinión respecto a lo que se le esté planteando y que luego los padres den los argumentos que crean necesarios. Por supuesto, estos límites no deben ser los mismos para un adolescente de 14 años que para un joven de 21. Cuando ellos ya han entrado en los 20 y aún viven en el hogar paterno, es natural que pidan más espacio y, en este sentido, los papás tienen que ir negociando. Pero siempre como padres, como adultos y no como “amigos” de nuestros hijos. Cuando los adolescentes saben que tienen una autoridad en casa se sienten más seguros, hasta más confiados. Si como padres hablamos con ellos constantemente de sus problemas, de sus amigos, claro sin agobiarlos con preguntas, ellos sentirán más confianza y libertad para hablar con nosotros. Entendamos que los padres no somos o no deberíamos ser amigos de nuestros hijos, debemos ser sus guías, sus orientadores. “Sin embargo, debe perdurar cierto control, como que avisen si van a comer en casa o no y a qué hora van a llegar, que son reglas mínimas. Y esto es algo que se construye, no es de un día para otro; es un guiar desde que el hijo es pequeño”, afirma la especialista Barreau. Si no se establecen normas, algunos adolescentes se pueden desorientar. Pero también existe el caso contrario, donde son los propios jóvenes quienes se ponen límites, porque son capaces de autorregularse y tiene un proyecto de vida claro. “Pero muchos de ellos interpretan que sus padres no fueron lo suficientemente protectores o que no los querían tanto. Y pueden decirse a sí mismos: ‘yo tuve que quererme sola y ponerme mis propios límites’ o ‘nadie me cuidó y yo por eso soy un desastre”. Por esto, es importante que los padres reflexionemos sobre la importancia de fijar reglas y límites a nuestros hijos y en la trascendencia que tienen éstos en su maduración personal. La disciplina sigue siendo tan importante en la educación de un adolescente como lo fue durante la infancia. La diferencia es que conforme se van haciendo cada vez mayores, los adolescentes cuestionan cada vez más las normas y límites que sus padres les imponen. Sin embargo la disciplina es una herramienta básica en la formación de una persona responsable y estable.*María Rosas es autora del libro Sea un papá afectivo y efectivo, de Grupo Editorial Norma Fuente: El Gráfico >>>MUY PADRES
Cuidado con los días de sol y lluvia Calor y agua contaminada son una pareja de alto riesgo, aceleran la descomposición de los alimentos y elevan las infecciones estomacales Los días cálidos llegan acompañados de uno que otro día lluvioso y con ellos crecen los riesgos de enfermedades infecciosas capaces de trastocar gravemente la vida, entre ellas figura la salmonelosis. La prevención es la mejor forma de combatirla, pero es cierto que mucha gente no sigue las sencillas medidas higiénicas que la sacan del camino. Para los médicos, no comer en lugares callejeros ni en sitios que no se observen limpios, lo mismo que lavarse las manos cada vez que se va al baño o se come, son claves para cuidar la salud, lo mismo cocinar con higiene y comprar alimentos frescos y conservarlos en casa con sumo cuidado. Especialistas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) explican que la salmonelosis es una diarrea que ataca unas horas después de que se contrajo la infección y es origen de otro mal amenazante: la tifoidea, un padecimiento que se produce tras ingerir la bacteria salmonella tiphi. Una persona afectada por la tifoidea no se da cuenta de inmediato, ya que puede pasar un período de incubación de unos 14 días. Los síntomas son fiebre vespertina de magnitud creciente, que afecta el estado general del paciente, que sufre dolores musculares y óseos, diarrea y constipación, entre otros. ATAQUE GENERAL El doctor Gustavo Sánchez Huerta, jefe del Servicio de Pediatría del Hospital de Infectología del Centro Médico Nacional La Raza, cuenta que hay casos esporádicos de complicaciones de cuidado, debido a que la bacteria invade la sangre. Esto es poco común y se llega a dar en gente con bajas defensas, como recién nacidos, adultos mayores o personas con algún trastorno de inmunodeficiencia. La batalla contra estos males, dice el especialista, avanza por lo que ha disminuido el número de atenciones por diarreas, gracias a que en México cada día se extreman más las medidas higiénicas. La baja en el índice de padecimientos diarreicos por salmonelosis, se debe a que los médicos se han familiarizado más con el padecimiento y pueden diferenciarlo fácilmente de la tifoidea, enfermedad con la que comúnmente se le confundía. Sobre el punto, aclara que la salmonela no reside únicamente en el tubo digestivo humano, sino también en el de las aves y muchos otros animales, como tortugas, perros y gatos, además de que cualquier alimento cocinado de manera imperfecta o no cocinado, especialmente carne de res, puerco, ave, así como leche y huevos, son vehículo de transmisión del mal. La salmonelosis es un padecimiento autolimitado, es decir, que dura de cuatro a cinco días y, por lo general, se cura sin necesidad de medicamentos, menciona el doctor Sánchez Huerta. IDEAS FALSAS El especialistas del IMSS explica que existe la creencia de que el huevo es fuente principal de salmonelosis en el ser humano, cuando en realidad el organismo bacterial causante se localiza en las heces de una gallina portadora. Paradójicamente, el blanquillo se contamina cuando es lavado bajo el chorro de agua, ya que el agente portador penetra el cascarón y llega a la clara y la yema. La cubierta de ese alimento en sí, es su mejor protección, por lo que recomendó limpiar el cascarón suavemente con un trapo húmedo aunque si bien es cierto que el riesgo nunca es totalmente cero, sí disminuye considerablemente. El Gráfico >>>VIDA
ALAS DE UTILERÍA “Hace cuanto no haces el amor con una mujer de 19 años”, me dijo aquella chica. De inmediato percibí la cerveza en su aliento. Reí de la manera más estúpida. “No-o-o, nooo te rías, tonto”. Por supuesto, no me sentí ofendido. “Desde que tenía 16 no me acuesto con mujeres menores que yo”, aclaré. “Pues no sabes de lo que te pierdes”, se acercó a mi oído y juro que sentí su lengua húmeda. Un escalofrío recorrió mi cuello y bajó por mi hombro. La miré con malicia. Yo estaba en aquella reunión porque era cumpleaños de uno de mis mejores amigos y no conocía a la mitad de los invitados. “Te he estado observando y parece que no te merece el mundo. Te crees mucho”, indicó la chavita, “pero me gusta tu actitud”. Bebí un trago de mi cuba. “Tú lo has dicho. Es la actitud. Me quiero mucho”, intenté explicar. “¿A poco muy acá?”, preguntó. Volví a reír, consciente de lo que quiere decir “muy acá”. Le invité un cigarrillo, lo tomó, se lo llevó a la boca y me observó como lo haría un demonio con alas de utilería. Le ofrecí la llama del encendedor, tomó mi mano entre las suyas. Me arrojó la primera bocanada de humo, como si aquello fuera sensual. “No vuelvas a hacer eso, es de pésima educación”, le sujeté la mano en que llevaba el tabaco. “Me encantan los caballeros, pero me calientan los chicos malos” y me guiñó un ojo. “No me has dicho tu nombre, guapo”, soltó como en una mala película, igual que haría una mujer manipuladora. Ella me dio el suyo. “Soy Jennifer, pero me puedes decir Jenny, mi amor”, parecía tener prisa por conseguir algo, no me pregunten qué. “Mira, Jennifer, yo no soy tu amor y tampoco podría ser el hombre de tu vida”, aclaré con desgano. “Ashhh, que mamoncito eres, eh, me chocas”, hizo berrinche y se fue con el pretexto de buscar una cerveza, “porque aquí no hay hombres atentos. Es más, dudo que haya hombres”. Pinche loca. Se me acercó Paco y me preguntó que si me gustaba la cuñada de Álvaro. Le dije que dox dox. “No mames, wey, está bien buena”. Luego me pidió que lo acompañara a comprar hielos. “No huyas, no me tengas miedo”, otra vez la voz ebria de Jennifer cuando me dirigía a la puerta. La ignoré. Necesitaba aire fresco. >>> En el camino al Oxxo, Paco me puso al tanto. “Esa vieja es una zorrita, dice Álvaro que le encanta el desmadre, así que no te me apendejes, mi Robert” y se carcajeó. En cuanto regresamos a su departamento sentí ganas de estar en el mío. No me agradan las multitudes. Aún así, me serví otro trago. Fui hacia la terraza. Mientras observaba el edificio de enfrente sentí una mano en mi hombro. “Ya me vas a decir por qué eres tan mamón”, me provocó Jennifer. “Llámale como quieras. Yo le digo arrogancia. Es uno de mis defectos”, solté con monotonía. “Ah, sí, ¿y cuáles son los otros?”, se recargó en el barandal. “Sería muy estúpido si te los dijera. Prefiero promover mis virtudes”, dejé en claro. “Déjame adivinar. Eres perfecto en la cama”, intentó reírse a mis costillas. “Lo único que sé es que puedo ser el fogonero de tus noches en vela”, no pretendí que entendiera. “No me digas. Eres igual a todos, igual de presumido”, me harté de sus retos. “Lástima que no puedas comprobarlo, porque no me acuesto con niñas”, la dejé mientras me miraba con odio. Alguien puso una rola que me gustaba, así que saqué a bailar a una de mis amigas, aunque su novio me odiaba. Cuando acabó la canción me fui al baño. Me eché agua en la cara. Me miraba al espejo cuando entró Jennifer. No me extrañó. Me besó con fruición. Me dejé llevar. Una de sus manos bajó a mi entrepierna. Su lengua sabía decir mejores cosas en silencio. “Esta niña puede enseñarte algunos trucos”, advirtió mientras bajaba el zipper de mis jeans con habilidad. Intuí lo que seguía. Estuve a punto de detenerla antes de que se arrodillara, pero alguien tocó la puerta. “Ocupado”, advertí. Me subí el cierre, Jennifer se arregló el cabello. “Quiero irme contigo”, supongo que intuyó que ya quería largarme. >>> “Dime que te gusto”, gimió Jennifer, “dime que te gusto”, insistió antes de alcanzar el clímax. “Me encantas”, fue lo que musité. Era hermosa, aunque demasiado joven para mi gusto y tan llena de inseguridades. Hay mujeres que confían demasiado en la pasión y tan poco en el amor. Será porque están tan carentes de afecto que quieren compensarlo con el sexo. “¿Te gusto?”, preguntó Jennifer mientras se pintaba los labios. “Si no me gustaras, no estarías aquí”, aclaré. Volteó a verme. “Ashhh, me chocas. Sólo dime que te gusto”. Okay, okay, “eres hermosa”. Se acercó, me besó, y sus labios volvieron a estremecerme. “Si no tuviera que llegar a mi casa, me quedaba contigo”, sonó a promesa pero a mí me chocan las mujeres que se la pasan prometiendo. “No te preocupes, podré vivir con eso”, la aparté y me vestí para llevarla a su casa. En el camino casi ni hablamos. No le pedí su número de teléfono, aunque ella insistió en que le diera el mío. Antes de bajarse volvió a besarme. “Nunca podrás olvidarme”, sonó convencida, “nos vemos pronto, xoxo”. Su sonrisa me pareció sincera. Pero no creo en quimeras. Subí el volumen al radio. Inmigrantes cantaba eso de “Si hay infierno para mí,/ si hay infierno para vos,/ que nada nos separe por favor…/ Un graffiti en mi interior/ me dice que mañana es hoy”. Nada mal para una noche que prometía muy poco. Fuente: El Gráfico >>>Columnas
Relaciones peligrosas sexo en la adolescencia La información es clave a la hora de entrar al mundo de la sexualidad, los jóvenes deben conocer su cuerpo y los riesgos que enfrentan El primer encuentro sexual en la adolescencia puede ser crucial para el futuro, significa lanzarse por un camino nuevo y desconocido en la vida amorosa, horizonte en el cual es deseable que sea una experiencia planeada, preparada e informada, indica el doctor Samuel Santoyo Haro del CELSAM (Centro Latinoamericano Salud y Mujer). La primera relación, dice el experto, no siempre ocurre en las mejores circunstancias. ”Lo que pudiera ser un momento de plenitud y felicidad se convierte en un instante de culpabilidad, dudas e incertidumbre”. “Los mitos, la falta de información, las presiones sociales y una educación temerosa de tocar temas sobre el ejercicio responsable de la sexualidad en los jóvenes, son en gran medida culpables de que los adolescentes —al iniciar su vida sexual— estén en un alto riesgo de un embarazo no planificado, que en más de 60% se convierte en no deseado”. Las amenazas son las infecciones de transmisión sexual (ITS), incluido el temible VIH-sida. EDAD Y SEXO El doctor Santoyo deja en claro que “no existe una edad establecida para la primera relación sexual. Sabemos que los adolescentes inician su vida sexual cada vez a edades más tempranas, inclusive entre los 13 y los 15 años de edad. Vivir esta experiencia de manera exitosa requiere madurez y responsabilidad, y sobre todo, estar completamente seguro de que ‘es el momento’ y la persona indicada con quien se desea”. Llama la atención que llegar a la “primera vez” sin información sobre la sexualidad tiene graves repercusiones, sobre todo “si el adolescente se lanza al ruedo sin antes disipar dudas acerca de los métodos anticonceptivos que pueden usar para prevenir embarazos no planificados e ITS, incluyendo VIH-sida. Los números son un llamado de alerta en este terreno, pues la Encuesta Nacional de la Juventud 2005 apunta que en México los adolescentes —en promedio— inician su vida sexual entre los 15 y 19 años. Indica también que la mayoría de los jóvenes no utilizan ningún método anticonceptivo, lo cual se refleja en que 21% de los embarazos no planificados ocurren en mujeres menores de 20 años. VIDA PLENA El doctor Samuel Santoyo subraya que las relaciones sexuales significan responsabilidad compartida. Y la clave para llegar a la plenitud en el primer encuentro sexual es la información, orientación y educación. “La vida íntima involucra a dos personas, y como tal, la pareja debe platicar, informarse y acercarse a un profesional en salud para aclarar dudas y temores”, por ello CELSAM promueve la “Pareja Ideal”, el condón para prevenir ITS, incluyendo VIH-sida y un método de planificación familiar que sea el que mejor se adecue a sus necesidades. En palabras del médico: “Es importante tener presente que para ser responsable del cuidado de la vida de un nuevo ser, primero es necesario ser responsable de uno mismo. Por ello, tanto el hombre como la mujer adolescente deben adoptar un método para la regulación de la fertilidad y así poder disfrutar con confianza de una sexualidad plena, satisfactoria y sobre todo, libre, responsable e informada que complemente su vida, desde la primera vez". Fuente: El Gráfico >>>VIDA
Registrate y eliminá la publicidad! Ábrase en caso de emergencia Ximena renegaba de sus raíces españolas, no le gustaba su piel blanca y detestaba la constelación de lunares en sus brazos y espalda. Lo mejor era su sonrisa, "porque me la heredó mi padre, que era un ranchero de Chihuahua", solía aclarar. A mí me encantaba verla acostada boca abajo mientras mientras se carcajeaba con un cómic llamado Montadelo y Filemón. Tenía una caja llena de ellos, que le regaló su tía la Cande, que en realidad se llamaba Candela y es más fría que un médico forense. A mí sus parientes españoles no me hacían ni gracia, pero agradezco que siempre se mantuvieron alejados. Eso después de que un día su prima, la Monse, le dijo que cómo era posible que ella, tan guapa y tan altiva, andaba con un pobre diablo que ni siquiera tenía auto. Yo no tenía auto, desde luego, pero nunca he sido un pobre diablo. Tengo mis malas rachas, sí, pero sólo son temporales. Soy un mal administrador hasta de mi optimismo y cuando es época de bonanza lo disfruto y me vuelvo despilfarrador; pero si son tiempos austeros, me aguanto y hasta soy ahorrativo. Eso me ha acarreado algunas rupturas amorosas e infinidad de discusiones, pero así me educaron y eso parece que no puedo remediarlo. Pero estábamos en que Ximena era hermosa, aunque soy poco afecto a las güeras. Ella me amaba con locura, y cuando digo con locura me refiero a un modo en cierta forma afectado. Nada era normal con ella, todo se iba al extremo. Podíamos tener dos días de encierro, leyendo, mirando películas, bailando desnudos, follando hasta que amanecía. Y tambíen pasábamos semanas esnteras sin hablarnos, después de una pelea por sus estúpidos celos. >>> Aunque su madre era española, Ximena tenía todo de chilanga: era malhablada, desconfiada, sensible y segura de sí misma al mismo tiempo, siempre andaba a las prisas, y ningún hijo de papi la mareaba. Era imperfecta, como toda mujer hermosa los suele ser, pero cuando la mirabas desnuda no podías más que agradecer a los dioses por tenerla a tu lado. Pero la depresión la fue consumiendo. Era bipolar, también como la mayoría de los chilangos, pero lo peor era su autoestima. "Me veo horrible", decía después de tres días de encierro, "¿verdad que me veo horrible?". Yo la abrazaba y le repetía que me parecía hermosa, pero ella se empeñaba en tirarse al suelonomás para que la levantara, una y otra vez. Un día fue a visitar a su madre y no regresó más. Así pasaron algunos meses. Me negué a buscarla. Hasta que la instalaron en un siquiátrico luego de que intentó suicidarce un par de veces. No sé qué carajos andaba buscando, ni que tantas porquerías se había fumado antes de conocerme, ni cuánta basura llevaba acumulada en su alma, pero era desesperante verla hecha un guiñapo. Varias veces la visité en el hospital. Su madre siempre me pedía que ayudar a su hija, "porque te adora y contigo es con el que ha durado más tiempo". >>> Yo traté de ayudar a Ximena, paro nadie pudo hacer gran cosa."Eres un buen muchacho y sé que la amas", me dijo su jefa antes de que mis pasos se resistieran a volver a esa casa de techos altos y cortinas de terciopelo. Lo primero que me vino a la mente fue que ese no era un hogar, que hacía falta ventanas o que la luz tenía prohibido el paso. Entonces recordé las palabras de Ximena: "Tu casa está llena de discos, de libros, pero sobre todo de relámpagos y resplandores". Siempre fue algo rebuscada al hablar. De su infancia prefería no comentar mucho, sólo se limitaba a externar que fue una niña reprimida, triste, siempre atromentada por el fuego de ese infierno que eternamente prometen en los pecadores. Le encantaba leer, pero no hacía gran cosa. Le chcoaba estar en el negocio familiar, que era un par de panaderías, así que la mayor parte del tiempo se la pasaba en mi casa. Vivía de las rentas de su padre y malvivía de sus propias inseguridades. Odiaba el deporte, no le gustaba viajar, se quejaba de las multitudes, detestaba el futbol y nunca quiso tomar ni un un curso de fotografía. Hablaba bien inglés y algo de francés, porque vivió fuera un tiempo, pero creo que intuía que no andaría por aquí mucho tiempo. Fuimos pareja durante un año y la verdad ya no la extraño, pero de vez en vez encuentro una foto suya o una de esas frases que me escribía y es entonces que me gustaría tenerla otra vez en mi cama, aunque solo fuese para verla leyendo un cómic bocabajo. Escribo esto mientras observo un dibujito que me dejó un día y que se titulaba "Abrase en caso de emergencia". Era una máquina de golosinas, con algunos remedios contra la vida. Quizá deba dedicarle alguna plegaria o escribirle algún poema oscuro. Mejor me emborracharé oyendo alos Guasones, una y otra vez, mientras cantan eso que dice: "Fuimos mucho más que nada,/ fuimos la mentira, fuimos lo peor,/ fuimos los sábados a la madrugada/ por esa ambición./ Y ahora estoy en libertad/ y ahora que puedo pensar/ en no volver a ser ese mismo de antes./ Que tristeza hay en la ciudad, amor./ Sábado soleado/ y en el centro de la estatua del dolor/ me sentí parado.../ Fuimos mucho más que todos,/ reyes de la noche de esta tempestad.../ fuimos perros de la noche,/ oxidados de tristeza". Fuente: Periodico El Gráfico >>>Manual para Canallas
Ligue de cristal Miguel —Esto te va a poner feliz, está mucho más leve que una tacha. Bueno, tú sabes, es distinto —me dijo una amiga que me ofrecía cristal por primera vez—, me queda una, es la última, te la dejo a 80 sólo por ser para tí. Le pagué y organicé con mis cuates la ida al antro. Llegué con el cristal ya puesto porque no me iba a prestar a oír sermones de nadie. La música me entraba por la sangre y latía en mis sienes al ritmo de mi corazón. No podía dejar de bailar. Sudando como un marrano, me acerqué al mesero que nos estaba atendiendo, lo tomé de la solapa y le dije que trajera pronto tres botellas de agua. Dios mío, flotaba en la música. Me sentía despegar. —¿Te encuentras bien? —me preguntó el mesero que me trajo las aguas. —Mejor que nunca —le contesté al mesero, y me levanté a bailar de nuevo. Ya me sentía de por sí en el paraíso cuando me di cuenta que dos morras hermosas estaban bailando conmigo. Esto de verdad no parecía estarme pasando a mí… “De aquí soy” —afirmaba a gritos—. “Esto es lo mío, esto es lo mío” —les gritaba a mis amigos desde la pista, quienes tan sorprendidos como yo, me veían abrazado a ellas con un pegue que jamás en la vida soñé tener. —Sí, sí, sí, sí —comenzamos a brincar los tres dándonos de besos, yo a ellas, ellas a mí y ellas a ellas—. De aquí soy. Esto es lo mío —seguía yo gritando, agradeciendo al infinito ser yo, el nuevo yo que sí ligaba y ligaba. —Queremos estar contigo las dos. Vámonos a un sitio apartado donde estemos solos nosotros tres. —¡Putaaa!! —La idea de estar en la cama con esas dos princesas me volvía loco. Se hacía realidad mi sueño de ser por un día el agente Bond, y comencé a disparar bailando con el pulgar y el índice. “Dos para mí solito, soy Bond, Miguel Bond”. Nos fuimos los tres a sentar a un lugar escondidito, en lo que una me besaba, la otra me desabrochó el pantalón y cautelosa metió a Elver a su boca; la sola idea de que a los dos nos estén apapachando al mismo tiempo, de apretujarle las tetas a una y luego a la otra me iba hacer venir en cualquier momento. Por suerte la de abajo se detuvo. —¿Entonces qué? Tú dices, ¿nos vamos? Nosotras tenemos un rinconcito —volvieron a insistir, pero algo vi en sus ojos que me asustó; como que les vi en la mirada el demonio y lo que sentí fue miedo. Llegaron a mi mente los correos de gente a la que le quitan un riñón, a los que le sacan los ojos o terminan secuestrados. Gente que queda mutilada por irse con extraños. La paranoia entró a mi sangre cuando dejé de sentir la música y entonces el ritmo acelerado de mi corazón era quien mandaba. —Vengo con ellos —comencé a señalar a mis amigos conjeturando que algo estaba raro. Las dos chavas insistieron mucho, pero a mí me agarró la pálida y me comencé a sentir mal—. Vengo con ellos —seguí repitiendo hasta que dejaron de insistir. Cuando por fin me acerqué a la mesa, mis cuates me preguntaron por las reinitas, les dije que se habían ido, y no me bajaron de pendejo. Algo estaba raro… quizás el mesero les dio el pitazo a las chavas. La neta nunca he tenido éxito con las viejas, me he pasado hasta ocho meses sin coger, ¿por qué hoy dos? El resto de la noche me la pasé todo paranoico, con el cristal en la sangre corriendo a toda velocidad, solo y clavado en encontrar al mesero que nunca más volví a ver. > > >Ligue de Cristal
Canciones que hablan de nosotros Cada lunes y cada martes me cuesta demasiado trabajo sincronizar mi desinterés con mis obligaciones. Soy demasiado yo, y muy poco lo que los demás esperan que yo sea. Cuesta trabajo ponerme en marcha, a sabiendas de que preferiría quedarme tirado en cama, encerrado a merced de mis delirios, agobiado por mi falta de ambición. Tuve que ir a la escuela desde pequeño, lidiar con maestros neuróticos y con las angustias de mi madre. Durante décadas me enseñaron matemáticas, geografía y esa historia que escriben los vencedores, pero nadie nunca me dio un manual para comprender las cosas más elementales de la vida. Tampoco he encontrado un instructivo para lograr que embonen mis debilidades con mis escasas virtudes. Este que carece de ambiciones soy yo. Ya lo he dicho antes, no pretendo ser aconsejado, como tampoco ser asesor de nadie. Y aún así me sorprende que mis historias sean conocidas, que me lean al pie de la letra. Soy un cliente frecuente de la ansiedad. Bebo a solas y maldigo en público. Rehuyo a las multitudes, entiendo mejor a los individuos. Alguien me ha dicho que tengo muchos lectores emos. Otro alguien sugirió que soy misógino. Hay quienes sostienen que tengo 25 años, otros creen que son 40. Bastaría con decir que soy demasiado viejo para salir con quinceañeras, y muy joven para andar con cuarentonas. En el internet sobran teorías sobre el mayor de las canallas. Unos me imaginan como un tipo interesante, otros sólo me ven como un sujeto agradable, algunas chicas me idealizan, y sobran los novios celosos, los amigos envidiosos. Tengo tantos amigos como enemigos. Con los segundos puedo lidiar, pero los primeros me abruman. No soy tan bueno. Uno no es simplemente bueno o totalmente aborrecible. Es mucho más complejo. Las deudas me agobian, el sueldo no me alcanza, viajo en Metro, colecciono abandonos, me muerdo las uñas, reniego del gobierno y tengo pocas esperanzas en mi propio futuro. No me parezco al cantante de Café Tacvba, ni al guitarrista de Panteón Rococó y mucho menos a un integrante de Zoé. Soy ordinario y en mi trabajo me obligan a usar corbata. No tengo tatuajes, ni un piercing en la barbilla, ni tampoco llevo un arete en la oreja derecha. Ni uso cabello largo, pero tampoco me gusta corto. Mi sentido del humor es horrible, mis chistes apestan, y mi boca escupe sarcasmo. No soy rockero, no soy emo, tampoco simpatizo con la derecha, ni pertenezco a ningún club o asociación, porque reniego de los clanes y prefiero seguir mis propias reglas. Detesto las etiquetas, aborrezco los prejuicios. Los lunes y los martes no logro concentrarme. Sólo quisiera que las semanas comenzaran en miércoles. Y que nunca me faltaran cigarrillos, ni canciones de Sabina y Babasónicos, ni poemas de Roque Dalton, ni las caricias tibias, ni una mirada cómplice, ni tantas cosas que a veces se echan de menos. >>> Me sobran motivos para desconfiar de todo. Me faltan razones para creer en algo. Soy partidario de quemar los recuerdos. Soy enemigo de estacionarme en el pasado. Me sobrepasan las dudas. Me abruman los compromisos. Tiendo a alejar a la gente que me quiere y me maldigo por ser tan estúpido, pero hay cosas que parecen no tener remedio. Soy un desconocido para mi madre, un extraño para mis amigos, y un estúpido para mis contemporáneos. Sólo soy un poco raro, quizá distinto, acaso medio obsesivo. Una amiga me decía que lo interesante en mí es que siempre creo tener la razón, pero que lo excitante que casi siempre la tengo. Es lo malo de ser tan analítico, tan duro contigo mismo, tan gobernado por el corazón y asesorado por el cerebro. Mientras escucho esta canción, me reitero que ninguna mujer puede aguantarme. “Puedes tomarte el tiempo necesario,/ que por mi parte yo estaré esperando/ el día en que te decidas a volver/ y ser felices como antes fuimos./ Sé muy bien, que como yo estarás sufriendo a diario/ la soledad de dos amantes que al dejarse/ están luchando cada quien por no encontrarse”, cantan Café Tacvba y Celso Piña a un ritmo que aguijonea, “y no es por eso, que haya dejado de quererte un solo día./ Estoy contigo aunque estés lejos de mi vida,/ por tu felicidad a costa de la mía”. Te diría que suspiro, pero los tipos duros no bailan ni se permiten el lujo de acongojarse demasiado. Prefiero azotar a mis musas para que me dicten rimas forzadas o una canción a medias con esta vieja guitarra. Nunca es suficiente. Siempre te faltará algo, un poco de amor, algo de piedad, una mirada de bondad. Siempre querrás más. Nos educaron de manera pésima, en una familia disfuncional y rodeados de tristeza. Trataremos de curarnos a base de tropiezos, escuchando canciones que hablen de nosotros, abrazándonos a una mujer imperfecta, viajando de gorra hacia ningún lado, muriendo un poco en cada abandono, malviviendo con un pésimo sueldo, sobreviviendo a los lunes y los martes. De las madrugadas con los ojos abiertos mejor ni hablamos. Fuente: > > > Manual Para Canallas
Alzheimer, una amenaza temprana Diabetes y depresión, combinados con hábitos desordenados y una dieta pobre, disparan los riesgos del olvido La enfermedad que borra la memoria y arruina la vida, el Alzheimer, no es una tragedia que ocurra sólo a ancianos, también se puede dar en una etapa temprana y hace caer en el olvido a gente de entre 30 y 40 años, etapa en la cual es más difícil de diagnosticar. El proceso se relaciona con el cromosoma 19, conocido como APOE4, un factor de riesgo heredado, que provoca una serie de cambios metabólicos. El doctor Andrés Roche, especialista en sicogeriatría, explica que ese cromosoma tiene que ver con el metabolismo (producción de colesterol y aparición del síndrome metabólico) y provoca que la persona relativamente joven comience a sufrir deterioro en su capacidad de autonomía y de funcionamiento intelectual. En todo caso hay que mantener bien armada la defensa y no olvidar que “un problema de memoria siempre debe ser evaluado clínicamente”, realizar pruebas que exploran memoria y orientación temporal y espacial, también analizar —de modo sistemático— funciones como atención, concentración, lenguaje, articulación, dominio del habla y comprensión, así como tareas de planificación y ejecución, dice el especialista. DATOS ALARMANTES El médico indica que —de no cambiar la tendencia— en el 2020 habrá 20 millones de adultos mayores que necesitarán tratamientos por deterioro cognitivo. En México, 5% de los mayores de 65 años padecen Alzheimer, porcentaje que pareciera bajo, pero a partir de esa edad el número de afectados se duplica en cada bloque de cinco años y llega a ser de hasta 45% en gente de 90 años o más. El sicogeriatra Roche dice que el envejecimiento es un proceso para el cual los jóvenes deben prepararse y saber que hay factores genéticos, aunados al estilo de vida, salud, sedentarismo, mala dieta y estrés, que llevan al desarrollo de una demencia. Las demencias deben entenderse como trastornos de pérdida de la función cognitiva: disminución de la memoria y cambios de conducta, principalmente. Una depresión no tratada atrofia áreas cerebrales, como la del afecto, y eso a la larga genera problemas cognitivos y/o depresiones crónicas. TÚNEL DEL TIEMPO El doctor advierte que a partir de los 40 años, algunas personas pueden observar una disminución de la capacidad cognitiva, debido a algún accidente físico. Algunos estudios dejan ver que pueden tener como origen pequeños ataques cerebrales y sabe que los factores cardiovasculares tienen que ver con el desarrollo de demencias. Una cosa que nadie debe olvidar es que no todas las personas tienen como destino el olvido, “hay gente que tiene un estilo cognitivo más intuitivo, por ejemplo, que no se aprenden los nombres de las calles o personas, pero que siempre han sido así”, comenta. El problema real se da cuando personas jóvenes presentan disminución en su capacidad cognitiva notoria. La prevención es una defensa efectiva y las clínicas de la memoria ofrecen opciones. Entre ellas los gimnasios mentales, que ayudan a mantener la capacidad cognitiva funcional. Un estudio publicado por la revista Journal of the American Medical Association indica que el entrenamiento mental atrasa enfermedades como el de Alzheimer y otros trastornos de la memoria. Un diagnóstico temprano ayuda a los pacientes y sus familias a planear el futuro, les da tiempo para considerar las opciones de atención, como las dirigidas a tratar el problema cognitivo con terapias farmacológicas como la memantina, empleada por los médicos para inhibir la progresión del padecimiento en las etapas temprana, media y avanzada. Fuente: El Gráfico >>>VIDA