¿Padres o amigos de nuestro adolescente?
No deberíamos ser amigos de nuestros hijos, sino sus guías, sus orientadores
No deberíamos ser amigos de nuestros hijos, sino sus guías, sus orientadores
Por muy autoritario que parezca en un primer momento, los adolescentes requieren que sus padres les fijen reglas, les den un marco de acción y los guíen en el proceso de maduración personal. Por supuesto, también necesitan que se comuniquen con ellos y que demuestren un verdadero interés en su persona.
La siquiatra Michele Barreau explica que los jóvenes se sienten protegidos y queridos cuando les establecen límites, ya que éstos les proporcionan un margen claro en el cual moverse, desarrollarse y autocontrolarse o regularse. Eso sí, es importante que al establecerse las normas, éstas sean conversadas entre los padres.
Y sólo una vez que se han puesto de acuerdo, entonces se discutan con los hijos, dándoles un espacio importante de participación. “Es recomendable que se les enseñe a ser autónomos e independientes, para que ellos mismos aprendan a proponer y fijar sus propias reglas, ya que su identidad se va formando en la medida en que son capaces de cumplir lo que dicen”, recalca. La especialista destaca que no existen “recetas” y que cada familia debe proponer normas de acuerdo a sus propios valores.
¿Qué límites son los más complejos de fijar? Por lo general son los que tienen que ver con las salidas nocturnas, los horarios, los días de salida y las compañía.
También los límites con respecto al alcohol o el cigarro, entre otros. Por muy difícil que parezca esta tarea, una buena forma de establecer pautas es a través del diálogo frecuente, en el que a los jóvenes se les explique la razón de las reglas y los posibles riesgos que pueden sufrir si no las cumplen.
Límites para cada edad
La idea es que el adolescente pueda expresar su opinión respecto a lo que se le esté planteando y que luego los padres den los argumentos que crean necesarios. Por supuesto, estos límites no deben ser los mismos para un adolescente de 14 años que para un joven de 21.
Cuando ellos ya han entrado en los 20 y aún viven en el hogar paterno, es natural que pidan más espacio y, en este sentido, los papás tienen que ir negociando. Pero siempre como padres, como adultos y no como “amigos” de nuestros hijos.
Cuando los adolescentes saben que tienen una autoridad en casa se sienten más seguros, hasta más confiados. Si como padres hablamos con ellos constantemente de sus problemas, de sus amigos, claro sin agobiarlos con preguntas, ellos sentirán más confianza y libertad para hablar con nosotros. Entendamos que los padres no somos o no deberíamos ser amigos de nuestros hijos, debemos ser sus guías, sus orientadores.
“Sin embargo, debe perdurar cierto control, como que avisen si van a comer en casa o no y a qué hora van a llegar, que son reglas mínimas. Y esto es algo que se construye, no es de un día para otro; es un guiar desde que el hijo es pequeño”, afirma la especialista Barreau.
Si no se establecen normas, algunos adolescentes se pueden desorientar. Pero también existe el caso contrario, donde son los propios jóvenes quienes se ponen límites, porque son capaces de autorregularse y tiene un proyecto de vida claro.
“Pero muchos de ellos interpretan que sus padres no fueron lo suficientemente protectores o que no los querían tanto. Y pueden decirse a sí mismos: ‘yo tuve que quererme sola y ponerme mis propios límites’ o ‘nadie me cuidó y yo por eso soy un desastre”.
Por esto, es importante que los padres reflexionemos sobre la importancia de fijar reglas y límites a nuestros hijos y en la trascendencia que tienen éstos en su maduración personal.
La disciplina sigue siendo tan importante en la educación de un adolescente como lo fue durante la infancia. La diferencia es que conforme se van haciendo cada vez mayores, los adolescentes cuestionan cada vez más las normas y límites que sus padres les imponen. Sin embargo la disciplina es una herramienta básica en la formación de una persona responsable y estable.*María Rosas es autora del libro Sea un papá afectivo y efectivo, de Grupo Editorial Norma
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