LEOBURGA
Usuario (Perú)
El 05 de junio de 1992, a las 00:02 horas de la madrugada. Se produjo un atentado terrorista contra las instalaciones de Canal 2. En dichas circunstancias, un camión, vehículo perteneciente a la Marina de Guerra, cargado con explosivos y abandonado ante la puerta principal de Canal 2, en la avenida San Felipe, estalló en lo que constituiría el “atentado terrorista” más importante y dañino, antes que ocurriera Tarata. La explosión del camión de la Marina destruyó el local ubicado en la avenida San Felipe, en el distrito de Jesús María, donde minutos antes había culminado la emisión del noticiero 90 Segundos. El coche bomba tuvo como consecuencia la muerte de 3 personas: Alejandro Pérez, Jefe de Redacción de Prensa y los agentes de seguridad Javier Requis Arellano y Teddy Hidalgo Ruiz. Las instalaciones quedaron destruidas. Fue una noche oscura para los medios de comunicación social, pues con esta acción los terroristas pretendieron amedrentar y silenciar a todos los medios de comunicación. Nunca se hizo una investigación seria en torno al tema, sin embargo la versión oficial adjudicó de inmediato el hecho a Sendero Luminoso. La prensa calificó el ataque como una expresión vesánica del terrorismo subversivo ejecutado por los cabecillas comandados por Abimael Guzmán. A continuación se presenta una entrevista hecha a Javier Benavides, un testigo del incidente. Por: Leonardo Burga Sempértegui Javier Benavides, arequipeño de nacimiento, reside en el distrito limeño de Jesús María desde hace veintiocho años exactamente en la cuadra 6 del jirón Hermilio Valdizan, ubicada a dos cuadras del edificio de Canal 2 “Frecuencia Latina”, nos cuenta lo que recuerda de la noche del 5 de junio de 1992, día en el que ocurrió el atentado terrorista a Frecuencia Latina. ¿Cómo recuerda su vida en Lima durante la época de terrorismo? Lima se había convertido en el infierno, no se podía caminar tranquilamente porque sabías que en cualquier momento estallaría una bomba, los policías te detuvieran o que cualquier carro aparcado explotara, siempre se esperaba lo peor. Recapitulando, ¿Cómo fue aquel día para usted? Habría sido un día normal, uno común y corriente de no haber sido por lo acontecido. ¿Recuerda a qué hora ocurrió el atentado? No lo recuerdo con exactitud, pudo haber sido entre las 11:30 pm o 12:00 am. ¿Dónde se encontraba en el momento del incidente? ¿Qué hacía? Me encontraba en mi departamento, está en el segundo piso al fondo y abajo del mismo hay un pequeño jardín, estaba leyendo la Biblia y rezando. Cuénteme qué es lo que vivió. Todo empezó con un apagón de luz general, ya estaba acostumbrado así deje de rezar y me dispuse a cerrar la biblia. Un instante después todo se ilumino y sentí una enorme fuerza que me tiro al suelo seguido del sonido de una explosión, los vidrios explotaban y cayeron algunos objetos, esto según mi impresión ocurrió en dos segundos. Cuando me repuse un poco y mire por la ventana observe que en la dirección de Frecuencia Latina salía humo en forma de hongo, algo así como una pequeña bomba atómica. ¿Qué paso después? Inmediatamente después escuche gritos y llantos de los vecinos, además de disparos, imagino que eran los vigilantes de la zona que asustados intentaban amenazar a los terroristas culpables y así mismo proteger sus propias vidas. La desesperación e intriga hacían que quisiera salir del edificio a indagar pero sabía que era una locura, por esto, me limite a preguntar a mis vecinos y estos me contaron que se decía que los “terrucos” habían volado el Canal 2. Volví a entrar en mi casa e inspeccione mi casa para analizar los daños, algunas cosas estaban caídas, el marco de la ventana de mi cocina amenazaba con caer al jardín del primer piso, agradecí estar vivo y que no había pasado gran cosa exceptuando los vidrios y el marco de mi cocina. A las 3 am prendí mi radio de transistores y me entere que efectivamente el atentado fue contra Canal 2, se supo además que lo que impactaron era un camión lleno de dinamita, según creo con detonador. No pude dormir. ¿Qué hizo al día siguiente? Una vez calmado salí a caminar en dirección al Canal 2, la vista era horripilante: árboles arrancados de raíz, pájaros, sobre todo palomas, desperdigados y muertos de manera cruel, edificios y casas sin techo, no vi personas pero sabía perfectamente que muchos vigilantes o “guachimanes” habían muerto, el pequeño muro que protegía el interior ya no existía, solo cimientos. Luego fui a visitar a unos amigos que vivían justo al frente del edificio y cuyo hijo vio al camión avanzar y estrellarse pero estaba a punto de perder la vista por culpa de los vidrios que se le incrustaron en los ojos, al niño se lo llevaron a Colombia, ahí lo trataron, ahora es adulto y ve perfectamente, su familia viene muy pocas veces a Perú ahora, viven en el extranjero. ¿Cuál es su opinión general sobre el conflicto armado? No quisiera volver a vivir algo parecido en la vida, luego sobre Sendero Luminoso opino que tuvieron algunos puntos buenos, pero la manera en la que intentar hacer las cosas no fue la correcta, tal vez hubieran tenido mayor acogida en las personas si hubieran actuado por ejemplo como Gandhi o Mandela, lograron algunas cosas pero a costa de la sangre de muchos. El MRTA era un grupo de brutos y sanguinarios, la verdad no creo que hayan tenido ninguna idea positiva ni rescatable, tomar una embajada fue muy tonto, alocado y temerario de su parte. En cuanto al Estado, creo que Belaunde y García son los principales culpables de que todo haya pasado, si hubieran tenido mano firme e interés por trabajar, tú y yo no estaríamos reunidos aquí contándote mi horrible experiencia, hablaríamos de cualquier otra cosa, lo que hicieron después los militares también fue una completa masacre, no fue del todo un desastre pues al menos acabaron con los terroristas, tarde pero lo hicieron. Considero que los jóvenes deben conocer lo que ha pasado, de otro modo se puede repetir la historia, mira al MOVADEF, eso ocurre porque los terroristas ya están saliendo libres y nunca se les fue la ideología, deberían tener cadena perpetua. Para finalizar digo que los jóvenes deben estar más conscientes de lo que paso y eso sinceramente no pasa.
Al amanecer del 26 del 26 de enero de 1983, siete periodistas de diarios limeños y un periodista de un diario ayacuchano, partieron de la ciudad de Ayacucho en un taxi, rumbo a la comunidad campesina Uchuraccay. Luego de dos horas de viaje Octavio Infante, periodista del periódico ayacuchano Noticias, recomienda dejar el taxi y continuar a pie hasta el pueblo de Chacabamba, lugar donde tenía familia. Al llegar fueron atendidos por Juan Argumedo, medio hermano de Octavio, y su familia. Juan accedió a guiarlos hasta la cumbre de Wachwaqasa de donde es fácil llegar al pueblo. La caminata iba a ser muy larga y empinada así que, Argumedo presto una mula a Jorge Sedano, periodista de la República, el cual tenía 52 años y sobrepeso, y un caballo en el que cargaron los maletines y cámaras fotográficas. Partieron a las 11:30 am. Mientras que los periodistas realizaban la larga travesía, la gente en Uchuraccay se sentía preocupada, puesto que, pocos días antes ajusticiaron a cinco miembros de SL, por eso temían ser atacados por terroristas con sed de venganza. En Uchuraccay, hacia las 3:00 o 4:00 pm, las autoridades locales se hallaban reunidas en casa de Fortunato Gavilán García, teniente gobernador de la comunidad, discutiendo sobre las posibles represalias de SL y bebiendo alcohol, el cual había sido entregado por Severino Huáscar Morales y su pariente, estos habían sido acusados y detenidos por colaborar con SL, el alcohol era la retribución del joven por el perdón otorgado. En esos instantes se oyeron gritos de alarma: “Los terroristas están viniendo”. La casa del teniente gobernador se hallaba justamente en dirección al camino por donde se aproximaba el grupo de periodistas. Salieron corriendo hacia la cumbre cerca de la cual los acorralaron, mientras otros comuneros llegaban desde los alrededores del pueblo. Otro grupo salió en persecución del guía, quien según lo acordado con los periodistas retornaba hacia Chacabamba luego de haberlos guiado hasta la cumbre de Wachwaqasa. Los campesinos portaban sus propios instrumentos de trabajo como armas de defensa: palos, hachas, piedras y lazos. Los periodistas asustados no podían articular palabra, por esto tampoco pudieron hablar con los campesinos. No fue un problema de idioma, porque entre los periodistas había tres quechua hablantes y entre los campesinos más de dos hispanohablantes. Los periodistas intentaron explicar que no eran terroristas, pero el diálogo fue imposible. Los periodistas buscaron la mediación de un joven de la comunidad, quien vestía ropa de ciudad y hablaba castellano, para que les hiciera comprender a los comuneros el motivo de su visita. Sin embargo, no fue posible, al joven que intentó mediar en el diálogo, una de las autoridades lo sacó a golpes acusándolo de apoyar a los forasteros. Frente a esa incapacidad de diálogo, los periodistas sugirieron a las autoridades los entregaran a la policía de Tambo. Sin embargo, cuando parecía haberse llegado a ese acuerdo, Silvio Chávez Soto, secretario de la comunidad, ordenó matarlos convencido de haber capturado a terroristas. Habrían participado en la matanza unas cuarenta personas, entre varones y mujeres, jóvenes y adultos, muchos de ellos bajo la presión de las autoridades. La matanza duró treinta minutos. Esa misma noche mataron al guía Juan Argumedo y a Severino Huáscar Morales, a este último, por su vínculo con SL. Los cuerpos de los periodistas fueron depositados muy cerca de la plaza, a sólo 200 metros, sin ningún afán de ocultamiento. Debido a que caía la noche y había que mantener la vigilancia, sólo pudieron cavar cuatro fosas no muy profundas, en las cuales fueron colocados los ocho cadáveres. No ocurrió lo mismo con los cuerpos de Severino Huáscar Morales y Juan Argumedo. El primero fue enterrado en la parte trasera de su casa, en Huantaqasa, y el segundo al lado de un riachuelo.
Despierto abruptamente, me encuentro acostado sobre una superficie dura y fría. No logro recordar nada, no sé quién soy, donde estoy, como llegue a aquí y mucho menos como se llama el idioma en el que estoy pensando. Observo el ambiente en el que me encuentro, es una habitación iluminada y polvorienta, además de la ventana por la que se filtra la luz y la puerta por la que debo haber entrado, no hay más objetos. Lo que sentía duro y frío es el suelo, he dormido sobre él por alguna razón, cansancio quizá. Decido incorporarme, no lograre recordar nada si permanezco inactivo, me examino detenidamente, mi ropa está limpia a pesar del polvo y no noto alguna herida visible, decido salir inmediatamente sin mirar por la ventana, necesito saber quién soy, como es mi vida y por qué termine tirado en este cuarto. El resto de la casa es igual, solo hay polvo, busco algún indicio de vida pero no encuentro alguno, inspecciono el suelo en busca de rastros que haya dejado al entrar en la alcoba donde desperté pero es en vano, como si hubiera pasado mucho tiempo desde que entré. Pensando bien en la situación noto que a pesar de la suciedad mis pies tampoco están dejando huellas. Me desespero y vuelvo a regresar y entrar al sitio donde comenzó todo y tampoco hay indicios de que algo estuvo tumbado sobre el piso mucho tiempo, mi ropa esta impecable. Pasó el dedo contra una de las paredes y tampoco se mancha, simplemente todo es extraño en esta residencia maldita, si sigo permaneciendo aquí, terminare por enloquecer. Salgo por fin de la vivienda y me alejo rápidamente, siento que si hubiera permanecido ahí un segundo más adentro, aquella sería mi morada eterna y mi cordura se extinguiría, pero yo estoy vivo y cuerdo, lo importante es que sigo vivo. Una vez en la calle, camino intentando recordar o reconocer algo pero es imposible, el idioma que hablan las personas es incomprensible para mí, si no puedo entender que dicen, cómo pude vivir tanto tiempo aquí, o acaso alguien me trajo contra mi voluntad y me golpeo tan fuerte que me genero amnesia, es una idea descabellada pero en este momento no sé con certeza que es lógico y que no. Un momento, escucho que alguien atrás mío habla en palabras que entiendo, volteo, me está llamando, no puedo expresar la emoción que siento. Corro en su dirección y noto mejor las facciones del hombre, su cara me produce escalofríos, pero no hay de otra, es la única persona que puede explicarme que pasa aquí. Falta poco para llegar a él, me dedica una sonrisa macabra, de pronto siento que me arrastran, nadie me está cogiendo, ¿será algún fantasma?, no lo creo esas cosas no existen, me olvido por un momento del otro sujeto y corro en busca de algo en que sujetarme para que ese algo no me lleve, me aferro a un poste y entonces volteo a ver al tipo. Lo que veo es algo imposible, él comienza a levitar y vuela en dirección de una casa, es aquella casa lo que estaba atrayéndome, debo avisarle que si se deja llevar se quedara encerrado para siempre ahí y enloquecerá, no, ya es tarde, la casa lo absorbe, veo como se introduce por una ventana y de pronto todo es tranquilo de nuevo, creo que él quería eso, parecía que se iba a divertir mucho, camino valientemente hasta la fachada del edificio y lo espero, pasa el tiempo y sigue sin salir, escucho gritos dentro de la vivienda, seguro es él, huyo antes de que aquel lugar endemoniado también quiera robarme la vida. Emprendo la retirada, prefiero ir lento, por si me necesite. Espera a pesar de todo el esfuerzo físico no me siento cansado, ni hambriento y menos sediento, esto es raro pero a la vez fantástico solo debo procurar no morir, tengo mucho miedo a la muerte. Creo que iré un poco por ahí sin rumbo, procurando evitar todo aquello que parezca una vivienda obviamente, buscare una explicación a todo esto, si eso hare, buscar una explicación a todo lo que está pasando y recuperar mis recuerdos. Siento que tengo toda la eternidad por delante.
Para mí es como si todos los tiempos estuvieran combinados, sucediendo a la misma vez, mezclo mi pasado, presente y futuro sin casi darme cuenta. Planifico cosas, siempre lo hago, calculo todo como si estuviera jugando ajedrez y quiero ganar posición, material o la partida, la partida de mi vida. De todos los tiempos de mi vida, a veces quiero vivir una vez más el pasado, otras retener el presente y otras adelantar el futuro, todo depende de que quiera. Siempre siendo precavido, imaginando hasta las peores situaciones, ¡qué sería de mí si no estoy preparado para algo!, el cielo me libre, eso jamás me ha pasado y no debe pasar, no. Últimamente me siento preocupado, sospecho que existe una situación fuera de mi control y eso es inadmisible. Escribo esto porque realmente no sé de qué manera afrontarlo, la situación es esta: Cada vez que duermo, sueño conmigo, vestido con una ropa anticuada, tanto que solo la he visto en fotos de personas de inicios del siglo XX, estoy en una casa muy vieja y pulcra, todo está en su lugar, quisiera explorar la casa pero no, desconozco como es su distribución, podría perderme y eso no estaría planificado, tampoco sabría que encontrare y si quiero encontrarlo, impensable. He pensado en quedarme en el salón parado hasta que acabe el sueño, pero tampoco es buena idea, puede que pase algo si lo hago, como puede que no. Puedo planificar esperar cualquier cosa pero en caso que pase algo, qué haré después, es imposible esperar reaccionar igual frente a tu peor miedo que a algo placentero, y tampoco puedes decidir cómo reaccionar ante algo, no serías humano si pudieras. Lo peor es que durante la siesta de ayer hice un descubrimiento revelador, no estoy solo en esa casona de pacotilla, escuche a una mujer cantando en la habitación de arriba, y a dos hombres discutiendo en el comedor, así como a un niño susurrando atrás mío. Quiénes son, qué quieren de mí, son los dueños de la casa, qué canta aquella mujer, de qué discuten aquellos tipos, estarán molestos o será otra cosa, qué dice el niño, es mi sueño y exijo saber que pasa. Tanto pensar me deja agotado, creo que dormiré un poco. Ahora lo recuerdo, siempre lo recuerdo al dormir y lo olvido al despertar, esto no es un sueño cualquiera, es algo real, él me lo explico cuando termino de enseñarme como manipular mi vida y controlarla a mi antojo, la mujer está bajando las escaleras, su canción es extraña, un verso no tiene relación alguna con el anterior ni el siguiente; los hombres discuten sobre temas extraños en una lengua que no conozco, esto no debe pasar, es mi sueño, no puedo soñar con algo que desconozco, el niño se acerca también lo escucho murmurar aunque a veces baja más la voz, otras eleva su timbre, dentro de poco los cuatro estarán aquí delante mío. ¿Qué debo hacer?, no tengo nada planeado.
Era una tarde lluviosa de diciembre como cualquier otra. Mis amigos y yo habíamos salido a pasear por el lado sur de Carañique, aprovechando que desde aquel día ya no tendríamos que preocuparnos por el colegio durante dos meses, estábamos felices, teníamos apenas trece años y en aquella época sólo queríamos divertirnos. Pasamos por delante del cine Acuario, nos detuvimos y empezamos a discutir sobre si quedarnos a ver una de las películas de la cartelera o seguir con nuestro camino. Entonces, lo escuchamos, eran ladridos débiles y desesperados. Todos nos quedamos fríos pero, inmediatamente Pedro se dirigió hacia el montón de basura que estaba delante de nosotros y sacó con suavidad a un cachorro negro. Estaba mojado y sucio, sin embargo, no tenía herida alguna y estaba gordito. Nos dimos cuenta de que había sido recientemente abandonado, llevaba apenas unas dos horas en esa caja a lo mucho, pero fue el destino, el suyo y el nuestro, que nos encontráramos. Nos acercamos a Pedro para ver mejor al cachorro, era hermoso, en ese momento me di cuenta que yo quería quedármelo pero no era el único. Matías, Sandra, Laura y el mismo Pedro también querían llevárselo a su casa, claro, Pedro lo había recogido y él era quien debía decidir si dárselo o no a uno de nosotros, ese era su derecho. Lo que pasó en ese momento es algo que jamás voy a olvidar, Pedro me miró a los ojos y me lo entregó. Moro lo hubiera querido así, me dijo, me quede mudo, abracé al cachorro y decidí llamarlo Volcán. Pedro era mi mejor amigo y estaba enamorado de Sandra, yo sospechaba que se lo regalaría a ella sin embargo, no fue así, felizmente. Eventualmente ellos llegaron a tener una relación, la cual prosperó tanto que se comprometieron y hubieran contraído matrimonio, pero… En aquel entonces, mi familia aún vivía en el departamento de Los cipreses, no era muy grande pero nos habíamos arreglado para tener primero a Sultán, un viejo pastor alemán que pertenecía a mi padre, y luego a Moro un perro mestizo, blanco y muy peludo. Moro fue un regalo que nos hizo una amiga de la familia y lo tuvimos durante diez años hasta que lo envenenó algún desconocido. No entiendo porque lo hizo si después de todo él era muy educado y manso, jamás molesto a nadie y lamentablemente tampoco tuvo descendencia. Apenas habían pasado dos meses de su partida cuando el nuevo perro llegó a nuestras vidas. María, mi hermana menor, fue la que más rápido se encariño con Volcán.