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JessCeballos

Usuario (México)

Primer post: 9 abr 2013Último post: 3 mar 2014
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Bukowski... born into this.
InfoporAnónimo10/28/2013

Me encontré con este documental de Charles Bukowski hace pocas horas, se los comparto en general, sobre todo a esas personas que como yo, gozan tanto de su literatura y a las que no lo conocen, se den la oportunidad de hacerlo. Va con una pequeña nota de su vida para abrir un poco más el panorama histórico. Saludos y espero que les guste. Nota: Documental sobre "Un viejo verde, bebedor y gran escritor Charles Bukowski”. Charles Bukowski, bautizado como Heinrich Karl Bukowski (Andernach; 16 de agosto de 1920 - Los Ángeles; 9 de marzo de 1994), fue un escritor y poeta estadounidense nacido en Alemania. A menudo fue erróneamente asociado con los escritores de la Generación Beat, debido a sus similitudes de estilo y actitud. La escritura de Bukowski está fuertemente influida por la atmósfera de la ciudad donde pasó la mayor parte de su vida, Los Ángeles. Fue un autor prolífico, escribió más de cincuenta libros, incontables relatos cortos y multitud de poemas. A menudo es mencionado como influencia de autores contemporáneos y su estilo es frecuentemente imitado. Murió de leucemia en 1994, a la edad de 73 años. Hoy en día es considerado uno de los escritores estadounidense más influyentes y símbolo del “realismo sucio” y la literatura independiente. Ver documental en el siguiente link: link: http://www.youtube.com/watch?v=AuTJB3GbF80

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¿Así que, quieres ser escritor?
ArteporAnónimo2/22/2014

Si no te sale ardiendo de dentro, a pesar de todo, no lo hagas. A no ser que salga espontáneamente de tu corazón y de tu mente y de tu boca y de tus tripas, no lo hagas. Si tienes que sentarte durante horas con la mirada fija en la pantalla del ordenador o clavado en tu máquina de escribir buscando las palabras, no lo hagas. Si lo haces por dinero o fama, no lo hagas. Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama, no lo hagas. Si tienes que sentarte y reescribirlo una y otra vez, no lo hagas. Si te cansa sólo pensar en hacerlo, no lo hagas. Si estás intentando escribir como cualquier otro, olvídalo. Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti, espera pacientemente. Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa. Si primero tienes que leerlo a tu esposa o a tu novia o a tu novio o a tus padres o a cualquiera, no estás preparado. No seas como tantos escritores, no seas como tantos miles de personas que se llaman a sí mismos escritores, no seas soso y aburrido y pretencioso, no te consumas en tu amor propio. Las bibliotecas del mundo bostezan hasta dormirse con esa gente. No seas uno de ellos. No lo hagas. A no ser que salga de tu alma como un cohete, a no ser que quedarte quieto pudiera llevarte a la locura, al suicidio o al asesinato, no lo hagas. A no ser que el sol dentro de ti esté quemando tus tripas, no lo hagas. Cuando sea verdaderamente el momento, y si has sido elegido, sucederá por sí solo y seguirá sucediendo hasta que mueras o hasta que muera en ti. No hay otro camino. Y nunca lo hubo. Charles Bukowski.

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Poema No. 12
ArteporAnónimo2/28/2014

Se miran, se presienten, se desean, se acarician, se besan, se desnudan, se respiran, se acuestan, se olfatean, se penetran, se chupan, se demudan, se adormecen, despiertan, se iluminan, se codician, se palpan, se fascinan, se mastican, se gustan, se babean, se confunden, se acoplan, se disgregan, se aletargan, fallecen, se reintegran, se distienden, se enarcan, se menean, se retuercen, se estiran, se caldean, se estrangulan, se aprietan, se estremecen, se tantean, se juntan, desfallecen, se repelen, se enervan, se apetecen, se acometen, se enlazan, se entrechocan, se agazapan, se apresan, se dislocan, se perforan, se incrustan, se acribillan, se remachan, se injertan, se atornillan, se desmayan, reviven, resplandecen, se contemplan, se inflaman, se enloquecen, se derriten, se sueldan, se calcinan, se desgarran, se muerden, se asesinan, resucitan, se buscan, se refriegan, se rehúyen, se evaden y se entregan. Oliverio Girondo.

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Otra carta - Jaime Sabines.
ArteporAnónimo3/3/2014

Siempre estás a mi lado y yo te lo agradezco. Cuando la cólera me muerde, o cuando estoy triste —untado con el bálsamo para la tristeza como para morirme— apareces distante, intocable, junto a mí. Me miras como a un niño y se me olvida todo y ya sólo te quiero alegre, dolorosamente. He pensado en la duración de Dios, en la manteca y el azufre de la locura, en todo lo que he podido mirar en mis breves días. Tú eres como la leche del mundo. Te conozco, estás siempre a mi lado más que yo mismo. ¿Qué puedo darte sino el cielo? Recuerdo que los poetas han llamado a la luna con mil nombres —medalla, ojos de Dios, globo de plata, moneda de miel, mujer, gota de aire— pero la luna está en el cielo y sólo es luna, inagotable, milagrosa como tú. Yo quiero llorar a veces furiosamente porque no sé qué, por algo, porque no es posible poseerte, poseer nada, dejar de estar solo. Con la alegría que da hacer un poema, o con la ternura que en las manos de los abuelos tiembla, te aproximas a mí y me construyes en la balanza de tus ojos, en la fórmula mágica de tus manos. Un médico me ha dicho que tengo el corazón de gota -alargado como una gota- y yo lo creo porque me siento como una gruta en que perpetuamente cae, se regenera y cae perpetuamente. Bendita entre todas las mujeres tú, que no estorbas, tú que estás a la mano como el bastón del ciego, como el carro del paralítico. Virgen aún para el que te posee, desconocida siempre para el que te sabe, ¿qué puedo darte sino el infierno? Desde el oleaje de tu pecho En que naufraga lentamente mi rostro, te miro a ti, hacia abajo, hasta la punta de tus pies en que principia el mundo. Piel de mujer te has puesto, Suavidad de mujer y húmedos órganos en que penetro dulcemente, estatua derretida, manos derrumbadas con que te toca la fiebre que soy y el caos que soy te preserva. Mi muerte flota sobre ambos y tú me extraes de ella como el agua de un pozo, agua para la sed de Dios que soy entonces, agua para el incendio de Dios que alimento. Cuando la hora vacía sobreviene sabes pasar tus dedos como un ungüento, posarlos en los ojos emplumados, reír con la yema de tus dedos. ¿Qué puedo darte yo sino la tierra? Sembrado en el estiércol de los días miro crecer mi amor, como los árboles a que nadie ha trepado y cuya sombra seca la hierba, y da fiebre al hombre. Imperfecta, mortal, hija de hombres, verdadera, te ursupo, ya lo sé diariamente, y tu piedad me usa a todas horas y me quieres a mí, y yo soy entonces, como un hijo nuestro largamente deseado. Quisiera hablar de ti a todas horas en un congreso de sordos, enseñar tu retrato a todos los ciegos que encuentre. Quiero darte a nadie para que vuelvas a mí sin haberte ido. En los parques, en que hay pájaros y un sol en hojas por el suelo, donde se quiere dulcemente a las solteronas que miran a los niños, te deseo, te sueño. ¡Qué nostalgia de ti cuando no estás ausente! (Te invito a comer uvas esta tarde o a tomar café, si llueve, y a estar juntos siempre, siempre, hasta la noche.) Jaime Sabines - La señal (1951).

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Mátame con razón
FemmeporAnónimo5/21/2013

Mátame y hazme el favor, pero mátame de una buena vez y libérame del dolor. Entiérrame muerta porque en vida ya lo estoy, o incinérame hasta que el último polvo de mi desgraciada existencia deje de sucumbir a lo aterrador. Dispara tu indiferencia hacia arriba y con suerte en la cabeza recibiré lo que me manda el caliente cañón, incinerante y mortal que destruye alas que te levantan cual vapor. Desaparece mi presencia que tanto se detesta y de paso, lleva a la niebla lo poco que queda de mis absurdas penas. Rompe mis recuerdos que jamás hicieron feliz a nadie y que al contrario trajeron penurias andantes. Malgasta mis prendas y diles que fueron de una pordiosera grotesca y así entonces, no habrá forma de reconocerme ni de que valga un duro en la vida de alguien. Así de sencillas son las cosas cuando les hablas de alguien que jamás existió y que por lo pronto, ya se murió en ese sucio sillón... sola y de fondo con una triste canción que siempre la acompañó para recordarle la maldita y verdadera versión que no vio por la venda que tuvo en el corazón.

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De aquí y allá...
FemmeporAnónimo7/30/2013

Cuando vas caminando por la calle rumbo a una de tus actividades diarias (trabajo, escuela, supermercado, banco, entre otros) puede suceder que te detengas repentinamente a observar, en forma detallada, sin importar lo lejos o cerca, aquél hermoso árbol que te queda de paso y por la prisa no habías sido capaz de admirar, ya sea porque te trajo recuerdos, te impresionó su tamaño y/o forma o simplemente, porque llamó tu atención. De pronto y después de un largo rato de contemplarlo, te das cuenta de la hora y continuas con tu camino. Se hizo algo tarde y tomas de nuevo la velocidad de tu andar. Pensamientos bombardean tu mente y comienzas a estresarte (pagar el alquiler, hacer un trabajo escolar, comprar la despensa del mes, organizar tu alcoba). Pareciera como si la paz que sentiste al admirar aquél árbol no hubiera durado por mucho y un suspiro entra a tu cuerpo. Comienzas a ordenar nuevamente tus ideas pero vuelve a suceder algo parecido pero no con un árbol, sino con un hermoso ejemplar canino que algunas veces has visto pasar por el vecindario. Se encuentra quieto, como si esperara algo pero sin importar, te acercas y decididx a acariciarlo. "Tal vez me muerda o huya de mi", piensas mientras te acercas. Pero sorpresivamente no sucede tal cosa, al contrario, comienza a lamer tu brazo y ríes en automático. Después de todo, no fue tan malo como lo imaginabas. Retomando tu camino y cerca de tu destino, comienzas a olvidar la fuente de tu ansiedad y a recordar ese viejo árbol y a ese perro color miel que cautivaron tus ojos. Piensas en que tal vez son señales y debes plantar alguna especie de planta o que al contrario, comprar una nueva mascota para hacer llevaderos tus días. Finalmente, mientras planeas, observas que el sol comienza a ocultarse y la tarde se acerca. Tu cuerpo se tambalea por no ser capaz de cumplir con las actividades y/o tareas asignadas y ahora si comienzas a preocuparte. En un intento de recordar lo pendiente, volteas al cielo y tu mirada se torna en una especie de hipnosis: un hermoso atardecer se manifiesta ante tus ojos como si fuera una fiesta de colores que dan el previo a la noche. Se iluminan tus ojos y quedas mudx ante tal espectáculo. Después de todo, aquello que dejaste pasar por la rutina, por fin recibe ese destello de interés de tu parte y es valorado como tal. "Las cosas más hermosas de la vida están a tu alrededor, sólo es cuestión de que te detengas y mires en su interior". J.G.C.J. ... pero lo mejor es que, son gratis.

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Poema de la escritora Pita Amor
FemmeporAnónimo9/10/2013

''Mi pensamiento siempre tan constante, hay momentos que aterra por su hondura, pues se agiganta en ritmo y en altura y provoca un infierno desbordante de angustia y caótica locura. Todo en él se proyecta con tortura, las ideas de atrás pasan delante, los placeres se fingen amargura, las penas dramatizan el instante. En un desfile eterno y enervante van pasando las ansias de mi vida, y comparten la lucha maldecida de esta gran pesadilla de mi mente, que piensa que no existe lo existente."

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"El qué dirán"
FemmeporAnónimo8/3/2013

Si una de las cosas que menos te importan en la vida tiene que ver con "el qué dirá la gente", entonces ¿por qué te esfuerzas tanto en quedar bien? Cuando empiezas a conocerte, te das cuenta del placer que te provoca sacarte los mocos sin importar si alguien te ve o no. Sucede más cuando eres niñx y sin embargo, lo haces. Incluso, te pones a pensar que en la calle no tendrías problema en hacerlo, pero ¡sorpresa! Una vez que te encuentras en el mundo real, un poco más creciditx, sacas el pañuelo desechable para rascarte y al final, fingir que te la limpias. O por ejemplo, dices ser una persona "cariñosa" cuando se trata de demostrar tu afecto con tu pareja sin importar el lugar y/o el momento, eso si no al punto de exhibirte (eso ya depende de las preferencias), pero cuando se encuentran incluso apenas a unos cuantos pasos de la calle, él/ella está a punto de darte una inocente nalgada y/o colgarse de tu cuello y ¿qué haces? Lo que haces es decirle "no hagas eso, la gente nos puede ver". ¡Por dios!, ¿quién te entiende entonces? Y así continúa la historia. Por otro lado, dices que no te importa "el qué dirán", cuando con tu familia eres una persona grosera, mal agradecida además de irresponsable al no ayudar en las labores del hogar, pero cuando estás con personas con la cuales no compartes lazos sanguíneos o incluso no te consideran alguien importante dentro de su "selecto" círculo social, te desvives por ser amable, agradecida y graciosa según tú que "para quedar bien y ser aceptadx", ahora si diría ¡¿qué demonios te sucede!?... Ahora ¿estás segurx que en verdad no te importa "el qué dirán las personas"?

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No te enamores de...
FemmeporAnónimo2/13/2014

"No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe... No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma. No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne; y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música. No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y sienta un inmenso horror por las injusticias. Una que no le guste para nada ver televisión. Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo. No te enamores de una mujer intensa, lúdica, lúcida e irreverente. No quieras enamorarte de una mujer así. Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, jamás se regresa...". Martha Rivera Garrido, poeta dominicana.

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Te quiero a las 10 de la mañana.
FemmeporAnónimo2/16/2014

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí. Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño. Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío? Jaime Sabines.

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