EuropaSoberana
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Llamar "mejoramiento" a la doma de un animal es algo que a nosotros nos suena casi como una burla. Quien sepa lo que pasa en los lugares donde se domestica a animales salvajes, dudará mucho que éstos sean "mejorados". (F. Nietzsche). El "progreso indefinido" es una idea de origen iluminista, que nació en Próximo Oriente con la misma civilización y se procuró legitimidad teórico-racional durante la ilustración francesa del Siglo XVIII. Se basa en la noción de que el ser humano procede de un pasado enfermo, sucio, ignorante y primitivo, y que poco a poco se dirige hacia un futuro sano, limpio, culto y "avanzado". La arqueología sugiere más bien lo contrario, a saber: que la civilización ha provocado la caída del ser humano del estado de gracia, haciéndole enfermar. La idea de las tradiciones religiosas era similar: existió una "edad de oro" edénica (Satya o Kritta Yuga para los hindúes) en la que el ser humano era más perfecto, y tras la cual advino un trauma que causó la degeneración humana y la aparición de la miseria y la enfermedad, culminando en la edad de hierro (Kali Yuga para los hindúes). A pesar de esto, la espiral industrial en la que estamos sumidos sigue propagando que el crecimiento económico infinito es viable, que la torre de Babel puede ascender indefinidamente, que las cosas van a mejor y, en suma, que el ser humano "ha mejorado". A lo largo de su historia evolutiva, el hombre ascendió en la pirámide alimentaria desde los arcaicos monos frugívoros, convirtiéndose en un depredador cada vez más eficaz y coronando la cima cuando, tras la revolución carnívora, dejó de ser víctima de otros depredadores. Sin embargo, con el fin de la edad de hielo y el advenimiento de la Revolución Neolítica, el hombre y el planeta cayeron bajo una nueva forma de depredación: la tecnología y el parasitismo de la Tierra; dos nuevos factores que violaron una ecuación holística hasta entonces armoniosa, y que transtornaron para siempre el equilibrio ecológico del planeta y la biodiversidad y calidad genética de la especie. El ser humano, o mejor dicho, un tipo humano desarraigado, alienado, mezclado y confuso, creía que la razón de su malestar y de su miedo era que el orden natural estaba mal diseñado. El frío glacial penetra hasta el tuétano, oprime el corazón, desmoraliza al timorato y no permite pensar en nada más. Los elementos y la vegetación azotan y arañan la piel. El suelo maltrata los pies. El sustento diario sólo se gana con atroz sacrificio y derramamiento de sangre. Las mujeres, acaparadas por los mejores cazadores y guerreros, son difíciles de conseguir. Cada minuto de vida es un minuto arrancado a duras penas a la muerte luchando contra el entorno y contra uno mismo. Y para colmo, en cada rincón acechan las fauces de un depredador o las afiladas puntas de sílex de una tribu enemiga que no tiene reparos en devorar alegremente a cuanto desgraciado caiga en sus manos. En cuanto a la tribu propia, es un organismo contundente, despiadado, frío y severo. No es una madre en cuyo blando regazo llorar en busca de consuelo y caridad, sino un padre estricto que impone obediencia, que se regodea con el sacrificio y que no perdona el error. Como mandos militares, los ancianos sabios marginan a los débiles de la vida reproductiva, premian sólo a los buenos cazadores y luchadores, exigen una lealtad y una entrega absolutas y no vacilan en dejar morir a los elementos menos valiosos de la colectividad por el bien del clan. Guste o no, estos son los factores que nos hicieron levantarnos por encima del hombre-simio y que escribieron nuestro genoma como una novela con letras de hielo, piedra, sangre, semen, carne y sudor. "Evoluciona o muere", decía el mundo en aquella época. Pero esa ley puede resultar muy dura para las víctimas de la voraz maquinaria evolutiva: vivir como carne de cañón de la selección natural no es vida. Por tanto, es necesario cuestionar este horrible estado de cosas, rediseñarlo todo desde cero, reorganizar la obra de Dios ―ya que Él no ha sabido organizarla al gusto del hombre―, huir del sufrimiento y erigir un mesiánico "nuevo orden". Nace la moral del esclavo y una especie de complejo de Edipo. Se debe construir un sistema (la civilización) dentro del Sistema (la Naturaleza), en el que el sustento diario no entrañe tanto esfuerzo y en el que la búsqueda del placer y de la comodidad prime sobre las virtudes alquímicas del ascetismo, el sacrificio y la fuerza de voluntad. La competitividad debe atenuarse y la ferocidad del depredador debe ser suavizada para hacerla encajar en el nuevo molde social pseudo-matriarcal. Para lograr semejante meta, se debe reclutar a personas de procedencias diversas, dispuestas a trabajar por un nuevo bien común ―por la persuasión o por la fuerza―, y abolir su bagaje de tradiciones e identidad ancestrales. Donde antes sólo existían las profesiones de madre, cazador, guerrero, pescador, recolector y chamán, ahora surgirán ocupaciones totalmente nuevas (alfarero, agricultor, pastor, mercader, prostituta, sacerdote, minero, sirviente, esclavo) que jerarquizarán a la sociedad en base a criterios que nada tienen que ver con la calidad de los genes: un hombre débil y cobarde puede ahora ser valioso si se dedica a mover objetos por las rutas comerciales; una mujer promiscua, antaño maldita por la tribu, ahora puede vender su cuerpo. La naciente sociedad debe ser un ente masificado en el que los fuertes tiren del carro, remolcando a los débiles con el sudor de su frente. Los valientes mueren en la guerra mientras los cobardes se multiplican en la retaguardia. No necesitan ya cazar; el pan sustituye a la carne y el vino a la sangre. Sólo existe un dios universal: el de la civilización. Todos los demás dioses son abominaciones. Quienes pertenezcan a esta especie de secta son los elegidos. Quienes no pertenezcan a ella son los paganos, los bárbaros, los profanos, los violentos, una masa humana ciega, salvaje e impura que vive en las tinieblas y que debe ser esclavizada e integrada en el sistema para que los elegidos puedan vivir sin trabajar. El pensamiento lineal, racional y lógico debe crecer monstruosamente hasta anular al pensamiento simbólico e instintivo. La civilización acabará dominando a la Naturaleza, descrifrando todos sus secretos, diseccionándola y finalmente sometiéndola, fagocitándola y domesticándola íntegramente, para que nada escape al control humano y para que el sistema sea predecible, mecánico y matemático. Esta filosofía debió arraigar muy tempranamente en Próximo Oriente y afectó a numerosos pueblos, entre ellos el judío ―que actualmente es con diferencia el grupo humano que lleva más tiempo viviendo bajo condiciones civilizadas. El Antiguo Testamento está salpicado de testimonios sobre el amanecer de la civilización, recogidos a lo largo de toda la Creciente Fértil, desde la ciudad sumeria de Ur hasta la egipcia de Menfis. En otro escrito hebreo, el Midrash Tanjuma, se nos brinda un ejemplo perfecto de ideología iluminista. Tiene lugar supuestamente antes de la revuelta de Bar Kojba. Turno Rufo, el gobernador romano de Judea, debate con el líder del sanhedrín, Akiva ben Yosef, y le pregunta: "¿La obra de quién es mas bella, la del Santo, alabado sea, o la del hombre, de carne y hueso?" El rabino le responde que la obra del hombre. Perplejo, el romano le replica: "Pero ¡mira el cielo y la tierra! ¿Puede acaso hacer el hombre algo semejante?". Akiva hace traer unos granos de trigo y un pastel: "Esto es obra divina y esto es obra humana", dice. "¿No es mejor el pastel que los granos de trigo?". Este tipo de razonamiento no difiere mucho del que les habría impulsado a Adán y Eva a probar del fruto del árbol de la ciencia... perdiendo para siempre el fruto del árbol de la vida. Está muy estudiado por la eugenesia que los entornos sociales civilizados ―al preservar las vidas de personas débiles y estúpidas que en un entorno natural serían incapaces de perpetuar su estirpe, y al lanzar a los fuertes e inteligentes a luchas fratricidas u ocupaciones aberrantes que minan su tasa de fertilidad y dilapidan su sangre― provocan irremisiblemente la degradación del código genético del ser humano. La Naturaleza tiene maneras muy retorcidas de vengarse de quienes le dan la espalda o pretenden dominarla. El registro fósil demuestra que en cuanto el hombre dejó de cazar y abrazó la agricultura, lo pagó con un tremendo descenso de su salud y de su calidad biológica, como vimos en el artículo sobre la Revolución Neolítica. Actualmente, la proliferación cada vez mayor de enfermedades degenerativas, alergias y desórdenes mentales ("la investigación de las enfermedades ha avanzado tanto que cada vez es más difícil encontrar a alguien totalmente sano", decía Huxley) es señal más que evidente de que no hemos dominando a la Naturaleza, sino que nos sigue dominando como siempre, sólo que esta vez nos ataca, porque no la estamos obedeciendo. La enfermedad y la degeneración son las maneras que tiene la Naturaleza de protestar y hacernos ver que no estamos ejercitando nuestras funciones humanas, que ignoramos la sabiduría reproductiva y que estamos respirando, bebiendo y comiendo cosas que no deberíamos. Si la civilización es como una serpiente que se muerde la cola, es porque es el resultado de la calidad genética y depende de ella, pero como una maldición, se vuelve en contra de la misma sustancia que la alimenta, cerrando el círculo de su propia perdición. Este "efecto boomerang" biológico es el verdadero motivo por el que todas las civilizaciones se derrumban tarde o temprano, y suscita una pregunta lógica e inquietante: si la próxima civilización humana será global, ¿qué vendrá después? La civilización ha supuesto el avance arrollador de la materia inerte (tecnología, comercio, consumismo, comodidad), y el retroceso absoluto de la materia viva (salud, cuerpo, código genético, mente, sacrificio), por no hablar de la caída de la espiritualidad. Hasta que los sistemas de poder humanos no adopten una perspectiva biocéntrica en general y antropocéntrica en particular, y mientras lo alto de la pirámide del poder mundial siga ocupado por la élite financiera internacional (los pastores que nos están domesticando, castrando, atontando y envenenando), la especie seguirá degenerándose a sí misma y al planeta. Talar bosques enteros para imprimir millones de ejemplares de la revista "Telva", enfermar a la gente para que tengan que comprar medicamentos a la industria farmacológica, cargarse la maternidad y la natalidad para que las mujeres trabajen a fin de ganar dinero para comprar cosas totalmente inútiles, o arrancar a millones de personas del Tercer Mundo para alimentar la maquinaria de las multinacionales, son cosas que sólo en un sistema económico equivocado y podrido podrían ser beneficiosas ―para unos pocos, y sólo a corto plazo. Mientras los Estados no se rebelen contra la economía de libre mercado y el comercio internacional apátrida, y mientras no intervengan resuelta y decididamente en la reproducción humana para detener la involución de la especie y mejorar su código genético, el ser humano va camino de convertirse en una forma de vida cada vez más ridícula y desarraigada. El mundo moderno necesita desesperadamente una serie de revueltas populares que derriben la economía financiera, global y de consumo, y establezcan una economía multipolar, austera y sencilla, más basada en la autosuficiencia, la autarquía de cada Estado, los bienes locales y aquellos estrictamente necesarios, y en la que el Estado, identificado con el pueblo trabajador, meta en cintura a los mercaderes, parásitos y prestamistas usureros. El actual estilo de vida no tiene nada que ver con las necesidades de la especie, sino con las exigencias de un sistema económico con vida propia, y que se encuentra en total contradicción con la naturaleza humana, con sus instintos innatos y con el verdadero papel del hombre libre en el concierto de la vida y del mundo. La recopilación de pasajes que se presenta no debe entenderse como un alegato contra la civilización ni contra la tecnología, sino contra la civilización mal entendida, contra la tecnología mal empleada, contra la economía usurera, libre-mercantil, parasitaria, consumista y de crecimiento indefinido, y a favor de un tipo radicalmente distinto de civilización, como por ejemplo lo fue en su día Esparta: un Estado, quizás el único de la historia, que con una clarividencia sin precedentes, se dio cuenta de que el oro corrompe y de que la civilización es un producto netamente peligroso al que hay que aproximarse con el látigo en la mano. Durante siglos, Esparta fue capaz de mantener viva la naturaleza y la tradición de sus ciudadanos, pero también pudo defender el entorno geopolítico más vulnerable de Europa contra enemigos infinitamente más avanzados económica y materialmente. A la hora de seleccionar los autores de estas citas, no se ha discriminado por motivos de raza, religión, sexo, orientación sexual o ideología. Aquí veremos a blancos, negros, judíos, nazis, anarquistas, fascistas, comunistas, franquistas, ateos, cristianos, paganos y homosexuales. La mayoría tienen en común el no compartir el infantil entusiasmo "progresista" y el mirar a la civilización con suspicacia, a la vez que paradójicamente son considerados grandes exponentes de la misma. Cronología de nuestra evolución desde la aparición del género Homo hasta la actualidad. La civilización industrial en rojo.

¡Cómo caíste del cielo, tú, Lucifer, hermosa estrella matutina! ¡Cómo has caído a la tierra, tú que dominabas a las naciones! Pues pensaste en tu corazón "quiero ascender a los cielos, quiero exaltar mi trono por sobre las estrellas de Dios, quiero sentarme en la montaña de la congregación en los confines del Norte, quiero escalar las cumbres de las nubes y ser semejante al altísimo". ¡Pero fuiste precipitado al abismo, a las profundidades del infierno! (Biblia, Antiguo Testamento, Isaías, 14: 12-15). La palabra del Señor llegó a mí por segunda vez en estos términos: "¿qué ves?" Yo respondí: "veo una olla hirviendo, que se vuelca desde el Norte". Entonces el Señor me dijo: "desde el Norte se desencadenará la desgracia contra todos los habitantes del país". (Biblia, Antiguo Testamento, Jeremías, 1:13-14). El nordicismo no nació con el colonialismo europeo ni con el auge de las ideas nazis en el período de entreguerras, sino que se trata de una tendencia que procede de la antigüedad clásica, que está estrechamente relacionada con el arte y con el modelo humano al que se debe aspirar, y que pretende responder a la pregunta de cuál es la fuente de la tradición indoeuropea y cuál es la raza humana que sentó las principales bases de Europa desde la época prehistórica. Sin embargo, el florecimiento nordicista que nos queda más cercano en el tiempo es el que tuvo lugar bajo el III Reich. Para comprender las ideas que subyacen en el nordicismo nazi, lo que se limitará a hacer este texto —además de aportar comentarios antes y después de la exposición propiamente dicha— es proporcionar una selección de fragmentos escritos procedentes de: - Adolf Hitler. - la doctrina SS. - ideólogos nazis (como Alfred Rosenberg). - estudiosos que, sin ser nazis, son considerados como precursores vanguardistas de una mentalidad que culminó con el nazismo (como Nietzsche). Se ha omitido a H. S. Chamberlain, puesto que él designa como "teutónico" lo que ha dado finalmente en llamarse "nórdico". - otros que nada tienen que ver con el nazismo (incluso se acabaron oponiendo a él), pero que tratan el tema de la raza nórdica (como Grant). - Además incluyo imágenes de personajes del nazismo, así como, a modo de ejemplo, propaganda y obras de arte de la Alemania nazi, en las que el tipo nórdico es representado como referencia, ideal y meta a perseguir. - Finalmente, se deja claro que Europa Soberana no comparte todas las opiniones vertidas en los textos representados. Este blog no comparte el origen nórdico de la civilización y considera que el concepto "nórdico" nazi era una idea aun bastante rudimentaria y arcaica (hacer click aquí para una explicación actualizada de las razas europeas), aunque con una clara coherencia antropológica y cultural. La única intención de este texto es mostrar el nordicismo nazi tal cual fue predicado por sus defensores y que la Alemania nacionalsocialista cultivaba un tipo humano determinado con vistas a adquirir influencia sobre la evolución de la especie humana. • ARTHUR SCHOPENHAUER (1788-1860), filósofo alemán que influyó, entre otros, en Nietzsche y Hitler, quien durante la I Guerra Mundial siempre llevaba consigo el libro "El mundo como voluntad y representación". La más alta civilización y cultura, aparte de los antiguos hindúes y egipcios, se encuentra exclusivamente entre las razas blancas; e incluso con muchos pueblos oscuros, la casta o raza dominante es de un color más claro que el resto y, por lo tanto ha, evidentemente, inmigrado, por ejemplo, los brahmanes, los incas y los soberanos de las Islas del Mar del Sur. Todo esto se debe al hecho de que la necesidad es la madre de la invención, porque aquellas tribus que emigraron pronto al Norte, y que allí gradualmente se hicieron blancos, tuvieron que desarrollar todos sus poderes intelectuales e inventar y perfeccionar todas las artes en su lucha contra la necesidad, el deseo y la miseria, que en sus muchas formas eran traídas por el clima. Esto lo tuvieron que hacer para compensar la parsimonia de la Naturaleza, y de todo esto salió su alta civilización. ("Palerga y Paralipomena", 1851, Volumen 2, Sección 92). Porcentaje de individuos con cabello claro en Italia, por zonas. • ARTHUR DE GOBINEAU (1816-1882), embajador francés, historiador y filósofo con una vastísima cultura y una gran intuición. Es conocida su innovadora y monumental obra "Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas", pero pocos aventuran que, además, Gobineau era "nordicista" en el sentido de que identificaba a los arios originarios con el tipo humano "nórdico". El color de los arios era blanco y rosado: así fueron los griegos y los persas más antiguos, tales se mostraron también los hindúes primitivos. Entre los colores de los cabellos y de la barba dominaba el rubio, y no puede olvidarse la predilección que por este color sentían los helenos: no concebían de otra manera a sus divinidades más nobles. (Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas", 1853 y 1855, Libro Tercero, Capítulo I). Fritz Todt. • F. NIETZSCHE (1844-1900), filósofo alemán que no precisa introducción. Es mayormente conocido por su afirmación de la vida ascendente con "Así habló Zaratustra" y su aniquilación de la moral del chandala con "El Anticristo". Son interesantes algunas frases suyas referidas a la razas, de las cuales las menos divulgadas son precisamente las que aluden al tipo nórdico. En la Alta Edad Media, cuando la Iglesia era realmente un lugar de doma de animales, se daba caza por todas partes a los mejores ejemplares de la "bestia rubia"; se "mejoró", por ejemplo, a los aristócratas germanos. ("El ocaso de los ídolos, 1889, 5, 2). Ferdinand Spiegel, "Marinero". • MADISON GRANT (1865-1937), conocido nordicista y eugenista estadounidense. Grant, a quien a veces se presenta como una suerte de hispanófobo, en realidad elogió la "sangre viril de los conquistadores españoles". Los nórdicos son, en todo el mundo, una raza de soldados, marinos, aventureros y exploradores, pero sobre todo de gobernantes, organizadores y aristócratas en agudo contraste con el carácter esencialmente campesino de los alpinos. El honor, la caballerosidad y la capacidad de supervivencia en las peores circunstancias, son rasgos característicos de los nórdicos. El feudalismo, las distinciones de clase y el orgullo de raza entre los europeos son atribuibles en su mayor parte al Norte. ("The Passing of the Great Race", 1916). La atleta sueca Carolina Kluft. Frente a estas posturas relativamente razonadas, tenemos, en cambio, a un verdadero exaltado nordicista que sí se puede considerar un radical: • KARL WEINLÄNDER, publicado en Nuremberg en 1933 con la asistencia de la Liga de Profesores Nacionalsocialistas: Todas las razas (alpina, dinárica, mediterránea, báltico-orientales) son simplemente los bastardos del cruce antinatural del hombre nórdico con las razas inferiores. Esta inferioridad natural de las razas no-nórdicas está atestiguada por el hecho de que el iris del ojo, el pelo, y en casos peores, incluso la piel, están pigmentados. El cabello no-pigmentado actúa como conductor de ondas de pensamiento invisibles. ("Rassenkunde des Deutschen Volkes" y "Rassenkunden Europas" • HERMANN GAUCH (1899-1978), teórico racial nazi. Se encuadra en los nordicistas más exaltados y fundamentalistas. Sus teorías eran consideradas demasiado radicales y extravagantes hasta en la Alemania nazi, hasta el punto que uno de sus libros fue censurado por las autoridades del Reich porque llamaba a los italianos "mitad simios". El hombre nórdico es (...) el creador de toda cultura y civilización. La salvación y preservación del hombre nórdico solo, salvará y preservará la cultura y la civilización. El éxito duradero, como es natural, sólo puede ser alcanzado a través de la unificación de toda la humanidad nórdica de los países germánicos, y un número de otras areas fuertemente nórdicas. ("Nuevos fundamentos de ciencia racial", publicado en 1934). Ejemplos de promoción del ideal nórdico en el arte y en la propaganda del III Reich. Nota: dejaré el articulo original para lo visite el que esté interesado, la verdad es muy extenso para siquiera subirlo a taringa. Para terminar: Este ideal de belleza nórdica como representante de la herencia más atesorada de un pueblo es común a todas las épocas y todas las civilizaciones indoeuropeas. Tanto los indo-iranios como los iranios, los helenos, los romanos, los germanos, los celtas, los eslavos, la Europa feudal o renacentista, los imperios coloniales, etc., consideraban el aspecto nórdico como ideal, "auténtico", aristocrático, puro e incontaminado, depositando en él las esperanzas para el porvenir. En nuestros días, normalmente sin darnos cuenta, el nacimiento de un niño rubio y de ojos azules es visto como un buen augurio de prosperidad y felicidad, por lo que simboliza, por nuestros instintos y por la carga cultural hereditaria que, inconscientemente, se arraiga en nuestro cerebro desde tiempos ancestrales.
Tras un fallido golpe de estado en Alemania en 1923, Adolf Hitler fue encarcelado. Durante su reclusión escribió Mein Kampf (Mi Lucha), un libro que sería una declaración de principios, donde Hitler estableció su ideología. En Mein Kampf, Hitler teorizó que el estado alemán le debía dar más énfasis a la educación física en las escuelas y especialmente a un deporte que era del agrado del Führer: el boxeo. “Hay un deporte que debe ser especialmente alentado, aunque muchas personas que se hacen llamar conservadoras, lo consideran brutal y vulgar, y ese es el boxeo. Es increíble la cantidad de nociones falsas que prevalecen entre las clases cultas. El hecho de que un joven aprenda esgrima y luego use su tiempo en duelos es considerado muy natural y respetable. Pero el boxeo lo consideran brutal. ¿Por qué? No hay otro deporte que, como este, iguale el espíritu militante, ni que demande una potencia de decisiones rápidas o que le dé al cuerpo la flexibilidad del buen acero. No es más vulgar que dos jóvenes diriman sus diferencias con sus puños que con dos afiladas piezas de acero. Alguien que es atacado y se defiende con sus puños no actúa con menos hombría que alguien que huye y clama la asistencia de la policía. Pero, sobre todo, un hombre joven debe aprender a resistir golpes duros”. Hitler asegura en Mein Kampf que el principio con el que intenta promover el boxeo puede parecer salvaje para quienes peleaban solo con las armas del intelecto, pero que considera que el ideal humano se encuentra en la “personificación osada de la fuerza masculina y en las mujeres capaces de traer hombres al mundo”. “Si nuestra clase superior no hubiera recibido una educación tan distinguida, y si, por el contrario, hubieran aprendido el boxeo, nunca habría sido posible para los acosadores, desertores y otros canallas hacer una revolución en Alemania. El éxito de esta revolución no se debió a las actividades valientes, enérgicas y audaces de sus autores, sino a la lamentable cobardía y indecisión de quienes gobernaban el estado alemán en ese momento. Pero nuestros líderes educados, solo habían recibido entrenamiento ‘intelectual’ y por lo mismo se encontraron indefensos cuando sus adversaries usaron el hierro y no las armas intelectuales”.
Occidente y la Raza Blanca, desde sus comienzos, han sufrido de esquizofrenia. A lo largo de su historia, esa esquizofrenia se ha manifestado en la forma de: Esparta — Atenas Grecia — Persia Roma — Los etruscos Roma — Cartago Roma — Judea Paganismo — Cristianismo Germania — Roma decadente Señor — Esclavo Fuerte y sano — Débil y enfermo Guerra y conquista — Paz y sosiego Anticristo — Krist Entrenamiento — Ocio Puritanismo — Promiscuidad Los eslavos — Los tártaros España ― Los moros El Sacro Imperio Romano-Germánico — El Vaticano La Orden Teutónica — La Iglesia El Imperio Bizantino — Los turcos otomanos Irmingod — Jehová Machismo — Feminismo Soldado — Hippie Skinhead — Guarro Nacionalsocialismo — Comunismo Y, sin embargo, creo poder reducir la esquizofrenia de Occidente y de la Raza Blanca a dos facetas o influencias principales: PATRIARCADO (ario) — MATRIARCADO (pre-ario) Puesto que el "New Age" o Nuevaerismo, junto con el "Código DaVinci", la propaganda feminista-marxista y demás, han emponzoñado este terreno y han vilipendiado al Patriarcado, procedo a su reconquista. MATRIARCADO Y PATRIARCADO ¿Qué es, en primera instancia, el Matriarcado? El Matriarcado no es una sociedad regida por mujeres —esto es, una ginarquía o ginecocracia—, como las ilusas feministas se empeñan en demostrar. De hecho, sociedades de ese tipo raramente se dieron, y constituyen excepciones muy exóticas, en los pueblos más primitivos, atrasados y débiles del mundo, como en el Amazonas o en Indonesia. Y si no encontramos ginarquías en el mundo moderno, es porque tales sociedades perecieron a manos de sociedades no-ginecocráticas, lógicamente más fuertes y luchadoras. El Matriarcado es, pues, una sociedad en la que la influencia predominante en el carácter colectivo del pueblo es la femenina, la idiosincrasia de la sociedad en su conjunto presenta más afinidad con la feminidad que con la masculinidad, todos los focos se dirigen a la mujer, y flota en el aire un claro olor a estrógeno espiritual. El Matriarcado se corresponde originalmente con las antiguas sociedades primitivas y con lo que se denomina "Civilización de la Madre". Hablamos de pueblos generalmente decadentes, agotados o deprimidos espiritual y fisiológicamente, en los que la primacía de culto religioso corresponde a la Madre Tierra —a la Gran Madre— y en los que se rinde culto al gozo material, a los placeres, al lujo, a la voluptuosidad y a la opulencia. Se otorga prioridad a los instintos compasivos, piadosos, conciliadores y caritativos. La regla a seguir es "disfruta", y el resultado es un comportamiento promiscuo en todos los sentidos —el hedonismo o la noción de "un mundo feliz" es típicamente matriarcal. ¿Dónde podemos encontrar vestigios de matriarcado? En los habitantes pre-arios de Europa, y en las razas orientales. Por ejemplo, los etruscos, en los vascones, en los pelasgos o en los minoico, o en zonas de influencia céltica donde acabó por predominar el carácter pre-indoeuropeo. Incluso en los turcos otomanos, en sus sultanes gordos, borrachos, retrasados o pervertidos, en la desmesurada influencia que llegaron a acaparar algunas de sus concubinas, o sus propias madres. ¿Qué es el Patriarcado? Todo lo contrario. Si el Matriarcado es libre albedrío y promiscuidad, el Patriarcado es organización, ritualismo y disciplina. ¿Qué pasó cuando las sociedades patriarcales se encontraron con las sociedades matriarcales? Hubo guerra. Y ―oh sorpresa―, los invasores patriarcales triunfaron siempre, a pesar de ser generalmente menos en número. El Patriarcado irrumpe en la Historia de una forma violenta, traído por las invasiones arias. Así, si la Cultura Danubiana y asentamientos afines entorno al Mediterráneo, en Oriente y en las Islas Británicas, eran matriarcales, en cambio la Cultura de los Túmulos, la Cultura de los Campos de Urnas, la Cultura del Hacha de Combate del Volga, las culturas bálticas, la Cultura Megalítica Nórdica, la Cultura de las Ánforas Globulares y la Cultura de la Cerámica Cordada, eran patriarcales, y se asocian ―oh sopresa II― con la expansión de la Raza Nórdica. De hecho, la intolerancia contra el Matriarcado fue probablemente la primera intolerancia religiosa y el primer fanatismo que nuestros antepasados aprendieron a adquirir en la Edad de Hierro. La misma mitología aria conserva retazos de la inmensa lucha que llevó al cabo nuestra Raza contra los siniestros cultos matriarcales, retazos que examinaremos después. En su decadencia, los arios absorbieron algunas costumbres de los pueblos subyugados —esa sutil, pegajosa y asquerosa suciedad blanda, hedonista y pacifista, con la que el Matriarcado infectó a la Arianidad ya antes del Cristianismo. * * * * * * * * - Matriarcado: la religiosidad y la visión del mundo · Se ve como fuente de vida exclusivamente al agua y a la Tierra. En la cosmogonía religiosa matriarcal de la Naturaleza, la vegetación no nace por ser regada por el Cielo y guiada por el Sol (y, naturalmente, albergada por la Tierra), sino exclusivamente empujada desde abajo por fuerzas ctonias procedentes del submundo. En esta misma línea, los terremotos son considerados como la ira de la Tierra. · La primacía del culto religioso le corresponde a la Madre Tierra, y todo en la sociedad matriarcal tiene una orientación ctonia. · Los calendarios toman como referencia el ciclo lunar y el vaivén menstrual que representa. · Los símbolos matriarcales son telúricos y tendientes a lo lunar, a lo acuático y al Inframundo. Abundan las líneas curvas más que las rectas. Como ejemplos, tenemos los laberintos, los ríos, los lagos, las cuevas, las serpientes, los pantanos, las estrellas y la noche. · Como ejemplos de divinidades típicamente matriarcales, tenemos a Cibeles, Perséfone, Deméter, Astarté, Tanit, Gea o Isis. Tales diosas a menudo se hallan complementadas por un compañero masculino castrado (que mucho me recuerdan a los calzonazos o pagafantas actuales), como Osiris o Atis, en un culto religioso aberrante y antinatural. · Las sacerdotisas matriarcales son hetairas que ofrecen servicios de "prostitución sagrada" y que se dedican a acumular dinero. Los sacerdotes a menudo son eunucos, como los sacerdotes del Templo de Éfeso, los de Cibeles, los de Astarté o como en los Misterios de Atis. · Los muertos se entierran, con lo cual simbólicamente son devueltos a la matriz de donde se considera salieron. Tanto en Grecia como en Roma, los plebeyos (descendientes de pueblos matriarcales) eran llamados precisamente "hijos de la Tierra" en contraposición con la casta dominante, que era de origen latino y se denominaba "hijos de los Dioses". La filosofía de fondo era "de la Tierra procedes y a la Tierra volverás", con lo cual se negaba cualquier ascensión, cualquier esencia superior enlazada al Cielo y cualquier responsabilidad de tener que rendir cuentas por nuestros actos. Tal filosofía es la que invita "a gozar, que la vida es corta", y actúa como redención para las mentes de quienes son incapaces de obedecer ningún dictado que provenga de lo alto. · Los lugares de culto religioso solían ser cavernas, zonas internadas en la matriz de la Tierra. · Hay un culto al sacrificio ritual malvado, particularmente al sacrificio morboso de una víctima pura e inocente. Así, en Fenicia y en Canaan, el primogénito recién nacido era quemado vivo, y algo similar sucedía en Cartago. Los etruscos tenían fijación con el sacrificio de un varón adolescente, y los judíos con el de niños arios, o bien especímenes adultos robustos. · Predominan las formas de arte grotescas: máscaras desproporcionadas, figuras totémicas demoníacas, carnicerías de sacrificios humanos o escenas orgiásticas en las que se come, se bebe, se folla y se duerme. Las antiquísimas figuras de "Venus" son el arquetipo por excelencia de la "Gran Madre" en la que estos pueblos veían su ideal de fertilidad y feminidad. Los cantos propios del Matriarcado son los lamentos (pensemos en la música árabe del desierto, o en el flamenco). Una imagen vale más que mil palabras: la "Venus de Willendorf", un ídolo matriarcal de la Cultura Danubiana. Igualita que una modelo de fitness o una diosa griega, eh. Dimensiones propias de un cachalote, tetas caídas, ausencia de rostro y caderas anchas como el Estrecho de Gibraltar. Todo un testimonio a la "bucólica", "pacífica" y "armoniosa" cultura primitiva matriarcal que tanto admira la actual progresía intelectualoide. - Patriarcado: La religiosidad y la visión del mundo · Se conserva la memoria de la invasión de un pueblo minoritario y heroico sobre un pueblo muchísimo más prolífico, pero poco dado a las luchas de honor. En las mitologías, se recuerda una lucha de un elemento heroico y viril contra un elemento telúrico, como los casos de Apolo contra la serpiente Pitón, Hércules contra las dos serpientes mandadas por Hera, Teseo contra el Minotauro, Indra contra Vitra o Thor contra la serpiente Iormugand. El héroe Hércules (llamado Heracles Misogenos), típicamente ario, siempre está en lucha contra las fuerzas mandadas por Hera, desde que, recién nacido, estranguló a dos serpientes que Ésta mandó para matarle. A menudo se nos dice que estos retazos tienen que ver con una simple "evolución social" que llevó del Matriarcado al Patriarcado, pero la realidad es que están relacionados con la invasión de un pueblo patriarcal (el ario) sobre un pueblo matriarcal (el ugrofinés, el dravídico, el semita, etcétera, según los casos) y la imposición del Patriarcado triunfante sobre el Matriarcado derrotado. · El Cielo representa el mundo del espíritu y de la luz. Se ve como fuente de vida al Sol (cielo sereno, luz) y a la tormenta (rayo, lluvia, cielo iracundo). No se desprecia u omite la Tierra, al contrario, lo que se hace es integrarla en un sistema de interacción Tierra-Cielo en el que el predominio corresponde al Cielo, y en el que el producto intermedio es el mundo natural de la vegetación verdeante y de la sangre roja. Los arios no ignoraban la importancia de lo telúrico y de la Madre Tierra. Deméter, Perséfone, Gaya, Erda y Mat Zemya lo atestiguan. · La primacía del culto religioso le corresponde al Padre Cielo, y todo en la sociedad patriarcal tiene una orientación más celeste (" olímpica " ) que terrestre. · Los calendarios toman como referencia el ciclo solar-heroico de nacimiento, cenit, sacrificio, muerte y renacimiento. · Los símbolos principales de las sociedades patriarcales son fálicos, celestes, bélicos y solares. Como ejemplos, tenemos la Esvástica, la montaña (convertida en un lugar santo como el Monte Fuji de Japón o el Monte Taigeto de Esparta, o incluso en morada de los Dioses, como el Monte Olimpo), el fuego, el árbol, el estandarte, la bandera, el Sol, la Cruz Céltica, las ruedas, el águila, el caballo, el rayo (considerado la contrapartida destructiva del poder creativo del Sol), el martillo, el hacha doble, la espada o la lanza. Priman las líneas rectas sobre las curvas —el mejor ejemplo de esto es el alfabeto rúnico y los alfabetos mayúsculos griego, latino y cirílico, de derivación rúnica. · Las divinidades patriarcales principales son representaciones guerreras de lucha, virilidad y fertilidad masculinas, incluso de una sutil pero cierta rebelión (Prometeo, Hércules, Sigfrido). Thor, como dios del trueno, de las lluvias y de las tormentas, esgrimidor del Martillo y azote de "gigantes" es probablemente el mejor ejemplo de divinidad masculina de fertilidad celestial y lucha contra las fuerzas ctonias. Asimismo, los dioses de panteones patriarcales se hallan regidos por un Padre Celestial. Como ejemplos de dioses típicamente patriarcales, tenemos a Odín, Tyr, Zeus, Apolo, Ares, Marte, Teutatis, Taranis, Thor, Dievs, Perun y Perkunos. El nombre latino de Júpiter (originalmente equivalente a Thor en su papel de esgrimidor del trueno) viene de "Dios Padre" (*Dyaus Piter). Sin embargo, el Patriarcado también tiene importantes divinidades femeninas: Friga, Atenea, Minerva, Artemisa, Diana y Dievana son diosas típicas del Patriarcado, distantes, serenas y llenas de dignidad austera. · El origen de las castas sacerdotales, allá donde las hay, está en la aristocracia guerrera. Las funciones sacerdotales a menudo son ejecutadas por los reyes, por los capitanes militares, por los patriarcas de los clanes, por los cabezas de familia o por los primogénitos del linaje familiar. La magia personal es considerada un asunto femenino, y el poder sobre la Tierra y sobre la materia son considerados cosa de hombres. Asimismo, las sacerdotisas de sociedades patriarcales (en contraposición a las hetairas matriarcales) son vírgenes, como lo eran las sacerdotisas de Artemisa en Esparta, la Pitia de Delfos o las vestales de Roma. · Los muertos se incineran, lo cual implica simbólicamente que su cuerpo se consume y que sus espíritus ascienden desde la Tierra al Cielo —al mundo del espíritu. A los soberanos o héroes se les deposita en el interior de túmulos, montañas o pirámides, es decir, monumentos celestes de materia vertical que, en su ordenación purificadora, se eleva al Cielo, con la idea subconsciente de conservarles en el seno terrestre para que retornen en un futuro momento de máxima necesidad. Se tiene bien presente que la muerte no es el fin, y que nuestros actos decidirán el futuro del muerto en el Más Allá. El mismo Más Allá no es concebido como un paraíso pacífico y feliz, es concebido como un lugar donde aguardan los viejos camaradas de armas, los hermanos de sangre y los antiguos patriarcas de la Raza, y donde la lucha es eterna. · Los lugares de culto eran originalmente las cumbres de las montañas —como entre los antiguos iranios— o lugares donde había dólmenes, menhires y otros signos verticales y "fálicos". Posteriormente, se erigieron túmulos, pirámides y templos, que eran concebidos como la envoltura material de la idea espiritual —la coraza material del fuego sagrado espiritual. · En el arte, prima la sobriedad y la tendencia al realismo y al idealismo. Se tiende a la representación de escenas de deporte, caza y guerra —es decir, de esfuerzo y heroísmo. En la arquitectura, es patente la orientación celeste: monumentos relacionados con el Cielo (dólmenes, menhires), obeliscos, columnas, pirámides, cúpulas, torres, triángulos, etcétera. · El culto al sacrificio de las sociedades patriarcales está centrado en la noción del deber, del ascetismo y del esfuerzo, especialmente en el campo de batalla. Los caídos en combate son elevados a la categoría divina y se convierten en objeto de culto. * * * * * * * * - Matriarcado: la familia y las relaciones entre los sexos · Los individuos viven en grandes hogares comunes, como las cuevas prehistóricas o las grandes casas de la Cultura Danubiana. · Prima la procreación de grandes números —lo cual da lugar a un repelente revoltijo. El Matriarcado subhumano convierte a la mujer en el objeto de un culto de abominación, deformación y promiscuidad. Los niños son excesivamente mimados y protegidos, hasta el punto de mermar su iniciativa y su espíritu emprendedor. En nuestros días vemos niños hasta los topes de abrigos, de bufandas, de jerséis, de guantes y de gorros, incluso cuando manifiestamente no hace frío en absoluto. Las madres les reprimen cuando muestran iniciativa o independencia, espíritu emprendedor, o cuando se arriesgan. · Como a menudo la promiscuidad es tal que nadie sabe quiénes son los padres, el apellido se transmite por vía materna. Incluso en los casos en los que hay matrimonio, el hombre a menudo toma el apellido de la mujer y va a vivir a casa de la mujer, como sucedía antiguamente entre los vascones. · Las familias no son sólidas ni definidas. Hay tendencias incestuosas y endogámicas. El ambiente fomenta la pederastia y la violación, como en tantas sociedades primitivas de hoy en día. Por estas prácticas, abundan los deformes y los defectuosos. · El Matriarcado no es amigo de las jerarquías, y todo tiende a difuminarse en la presencia del totem colectivo y de la masa. - Patriarcado: la familia y las relaciones entre los sexos · Los individuos viven en casas unifamiliares. · A pesar de conceder importancia a la fertilidad y a la natalidad, no prima el número de hijos, sino la calidad de cada hijo. Esto favorece la aparición de familias sólidas, de sistemas de selección eugenésicos y de esmerados métodos de entrenamiento y educación. "Quizás pocos, pero muy buenos", es la frase emblemática de esta mentalidad. En el Patriarcado se trata a los hijos como hombres desde que son niños, mientras que en el Matriarcado se les sigue mimando y tratando como niños cuando aun son adultos. Los padres y los veteranos del clan buscan maneras de "hacer hombres" a sus hijos mediante "iniciaciones" endurecedoras, y las madres no tienen nada que decir en cuanto a esto, pues se da por hecho que a partir de cierta edad (en Esparta y en las aristocracias medievales europeas, a los 7 años), el niño debe emanciparse de la influencia femenina. Se deja a los niños correr, lastimarse, ensuciarse e ir desabrigados para que crezcan sanos y duros. Se favorece que los varones desarrollen curiosidad, fascinación y respeto por la violencia. Es especialmente en los antiguos ejércitos arios donde la mentalidad de sacrificio, entrenamiento, ceremonia, lucha y entrega llega a su máximo apogeo. · La ceremonia del matrimonio ritual y solemne es una institución patriarcal. La familia sólida, el clan, la comunidad fuertemente cohesionada, son fenómenos patriarcales hasta la médula. La mujer toma el apellido de su marido al casarse, y los hijos tendrán el apellido del padre. Hay una tendencia a que los hijos adquieran el apellido "hijo de" refiriéndose a su paternidad. Esto es patente en los países anglosajones y escandinavos, con la adopción de apellidos acabados en -son o -sen, en los países eslavos con -vich o -witz, o en la misma España, con los sufijos -ez. · Con el Matriarcado se sabe exclusivamente quién es la madre. Con el Patriarcado, se conoce al padre y a la madre, y la limpieza del linaje queda garantizada mientras se respete la ley patriarcal. Los "patricios" formaron la aristocracia de Roma. El Patriarcado garantiza la pureza de la sangre, el Matriarcado garantiza su mestizaje. Surgen familias profundamente unidas y que prácticamente crean su propia tradición y mitología, incluso en cuanto a ascendencia divina. Florece el orgullo del linaje de los padres, el celo de pureza de sangre, el afán de conservación de la Raza —el Racismo. Se asientan la lealtad, el honor y la mesura, es decir, el instinto de protección hacia la esencia pura y espiritual. El Patriarcado ario es el único sistema social que considera que el honor también tiene que ver con las mujeres. · El Patriarcado tiende a formar jerarquías severas y a sistemas de castas separadas por un criterio genético, y que favorecen la distinción de los mejores elementos y la concentración del poder en sus manos. Como ejemplos, tenemos los sistemas de separación socio-racial que surgieron en India, en Irán, en Grecia, en Roma o en la Edad Media feudal. El Apartheid de Sudáfrica y Rhodesia constituye un ejemplo más moderno. * * * * * * * * - Matriarcado: La sociedad y la idiosincrasia · El Matriarcado se distingue por el hedonismo, la promiscuidad, la concupiscencia, la indulgencia, la narcosis, la pasividad, la pereza, la embriaguez y una recargada, opulenta y barroca sensualidad. · Todo está impregnado de "libre albedrío". · La influencia espiritual corresponde a las matriarcas. Las mujeres tienen una desproporcionada influencia en la sociedad gracias a la sugestión sexual y al acaparamiento de la educación de los hijos lejos de los padres. · Las cosas se callan por miedo a ofender. Nace la ambigüedad y la "corrección política". · Se otorga valor a las posesiones materiales y a las riquezas. · El tiempo libre está acaparado principalmente por danzas, comilonas, fiestas, orgías, saltimbanquis y bailarines. · Se valoran los adornos, los maquillajes, los vestidos, los colores, el lujo, el bienestar, las especias y los tintes. · El Matriarcado mima a los débiles. Florecen las colectividades pacíficas y débiles, demasiado arraigadas a su terruño e incapaces de conquistar, explorar, ser pioneros o soportar el desarraigo y la soledad. El Matriarcado arquetípico es una sociedad timorata, dócil, humanitaria, antiheroica, pacifista y pusilánime. Se ensalza la paz y todo el mundo fornica con todo el mundo. "Haz el amor y no la guerra" es un lema muy típicamente neo-matriarcal. · Se aprecia al hombre sin carácter, por su docilidad. El cobarde y débil es protegido como uno más del grupo. Nadie tiene derecho a castigar ni a recriminar, la autoridad se disuelve. · Se valora todo aquello que conserva la vida y que tiende a hacer la existencia más llevadera a los débiles. Se extirpa la dureza, todo se suaviza. Se tiene en mente como meta el gozo de una vida larga y llena de placer. · En el Matriarcado se tiende a disfrutar tranquilamente y sin compromisos, y se atrapa el placer al vuelo tan pronto como se presenta, en una mentalidad bastante pseudo-tropical. El "playboy", el "dandy" y el gordo son productos típicos del Matriarcado, e imposibles en una sociedad patriarcal de verdad. La búsqueda del placer fácil marca el tempo de los pueblos matriarcales. · Se busca proteger y conservar toda vida, incluso si ello implica aislarla de lo que es la crudeza del mundo real. Se busca el bienestar y la comodidad. · Los saludos son elaborados y con un toque promiscuo. Los modales son nerviosos, se tiende a la indiscreción, al manoteo y a acercarse demasiado al interlocutor. La voz se eleva en situaciones absurdas, pero se tiene miedo de gritar cuando la situación lo requiere. · El Matriarcado es portador de formas sociales igualitarias de carácter anarquista o comunista. Las hormigas y las abejas viven en Matriarcados pseudo-comunistas. La "Madre Iglesia", con sus sacerdotes castrados de virilidad, es otra figuración matriarcal, por mucho que choque a los códigodavincistas. · Se obedecen reglas y preceptos de carácter dogmático, utilitarista y materialista. La risa floja de las mujeres corrompidas y de los hombres sin carácter, la indulgencia y los miramientos, la mirada burlona, triste y vacía de los débiles, las toses de los enfermos, el lloriqueo, las depresiones, la inconstancia, el capricho de los niños sobre-mimados, el lamento de los desconsolados, los quejidos, la endogamia, la aberración y la neutralización de los instintos potentes y vitales, son rasgos característicos del Matriarcado y de una sociedad despojada de orden y de la influencia de hombres luchadores. - Patriarcado: la sociedad y la idiosincrasia El Patriarcado está marcado por el esfuerzo, la lucha, la voluntad, el propósito y la acción, y se distingue por el ascetismo, el autocontrol y la sobriedad. Las mujeres están excluidas de los procesos estatales o de toma de decisiones (véase el Senado de Roma, o los Thing germánicos), y son los hombres los que moldean a las nuevas generaciones a su antojo, aunque se da por hecho que normalmente un hombre no es completo hasta que no tiene a su lado un espíritu complementario femenino que lo inspire y le aporte cierta magia. · Todo está impregnado de orden, ritualismo, severidad y sencillez. En India, los invasores arios llaman "los sin-rito" a sus enemigos de raza oscura. · En el Patriarcado el hombre domina sobre la familia. Hay siempre una especie de patriarca supremo, líder, rey o emperador. A los niños se les hace crecer teniendo en mente su deber de relevar en el poder a la generación de sus padres. El primogénito depredador del poder es la esperanza del porvenir y es quien da el carácter a su sociedad. La hegemonía social corresponde al guerrero joven, vigoroso, de impulsividad agresiva, y sediento de poder y de dejar su sello sobre el mundo. · Se dicen las cosas de frente y de modo casi crudo (pensemos en los modernos países bálticos y eslavos). Abundan las peleas y los duelos de honor. · Se otorga valor al valor en sí, y las posesiones materiales sólo tienen valor en la media que expresan un estatus (como las armas, el escudo, la armadura, el caballo y el botín saqueado expresaban otrora la posición de la casta militar). Asimismo, se da gran valor a lo que es difícil de lograr, a aquello que está al alcance de la minoría selecta. · El tiempo libre se ocupa principalmente con el deporte, la caza, el estudio, la meditación religiosa y el entrenamiento militar, y ello resulta en un pueblo atlético, guerrero, vigoroso, espiritual, depredador y preparado para todo. · Se valora la sencillez, la tosquedad, la naturalidad, la austeridad y la dureza. Ello da lugar a vidas espartanas, de endurecimiento constante. · El Patriarcado mima a los fuertes y rinde directamente culto a la guerra, al valor, al arrojo, al riesgo y al heroísmo. Florecen las sociedades severas y agresivas, tendientes a invadir, conquistar y poseer tierras nuevas, bajo la mentalidad de que "la fuerza hace el derecho". De este modo, el Patriarcado es el sistema capaz de dar a luz a héroes: mediante una vida patriarcal, se forjan pioneros, exploradores, hombres buscadores e inquietos, rebosantes de ambición y de voluntad de poder. · Se odia a muerte al cobarde, al dócil, al inútil y al amanerado. Los niños desprecian a las niñas y las niñas temen a los niños. · Se valora la audacia, el honor y el valor. Se respeta la violencia, la dureza, la fuerza e incluso la brutalidad. Se acepta el riesgo con morbo, se juega con la muerte y con el dolor, y se coquetea con el malestar, con el estrés, con el horror y con el miedo, pensando que ello fortalece a los hombres. Se valora una vida con honor y con gloria, aunque sea muy corta (esta elección está condensada en la genial figura griega de Aquiles). Se rinde culto al heroísmo y al sacrificio, aunque ello implique una vida sufrida y esforzada. La eugenesia, la camaradería, la sacralidad de la relación maestro-alumno, la mors triumphalis y la eutanasia son ideales de la mentalidad patriarcal. · El placer y los lujos son tomados con suma desconfianza, y tratados con muchísimo cuidado, o hasta desterrados. La disciplina, el ascetismo, el autocontrol, la voluntad, el entrenamiento, el carácter altivo, rústico, agresivo y militar toman su lugar. Los fenómenos del soldado y del Militarismo, así como del Atletismo, son productos típicos de la acción social del Patriarcado a largo plazo. Esto da lugar a pueblos imperialistas que glorifican la guerra. La feminista Marilyn French (1929-) establece ("Beyond Power" ), no sin cierta repugnancia por su parte, que el Patriarcado es un sistema que "otorga preeminencia al poder sobre la vida, al control sobre el placer y al dominio sobre la felicidad." Podríamos añadir que el Patriarcado otorga también importancia al control sobre las emociones, los sentimientos, el sufrimiento y el dolor (a los niños se les dice que "los hombres no lloran" ), y al poder sobre la Tierra y sobre la materia. · Se busca endurecer y fortalecer la vida exponiéndola al malestar y blindándola así contra malas experiencias futuras. Las frases más representativas de esta mentalidad son "es por tu bien" y "en el futuro me lo agradecerás". La lucha y la ascensión prevalecen sobre la búsqueda del placer. · En el Patriarcado los saludos son sobrios y simples. Se tiende a la discreción, a la simplicidad y a los modos estáticos y solemnes, casi marciales en su rectitud rúnica. El Patriarcado está influenciado por la filosofía y el modo de hacer las cosas de las männerbunden ("sociedades de hombres", o ejércitos), que constituyen una de sus señales distintivas y piedras angulares. · El Patriarcado porta formas sociales jerárquicas de carácter fascista, en las que el orden lo decide todo. El Estado y el Imperio son instituciones originariamente patriarcales. En el reino animal, así como las hormigas y abejas son ejemplos cercanos al Matriarcado, los lobos viven en un sistema casi patriarcal, regido por los machos dominantes que se van renovando al paso de las generaciones. Toda la manada participa en el entrenamiento y el aprendizaje de los cachorros, y los padres expulsan del hogar a los hijos una vez que han alcanzado la madurez suficiente para buscarse su propio sustento. · Se obedecen principios y códigos de honor que tienen su procedencia en el mundo del espíritu y de las ideas y que tienen indiscutiblemente un fin práctico a largo plazo. Los mejores ejemplos de Patriarcado: las sociedades arias bárbaras (como los antiguos dorios o germanos), los antiguos iranios, la India védica, los griegos, los romanos, los antiguos japoneses, las vertientes "tradicionales" de la actual civilización occidental o la misma sociedad que se estaba gestando en el III Reich —especialmente en la Hitlerjugend y en las SS— así como la mentalidad militarista "prusiana" de todas las épocas. Los gritos de tropas enfervorizadas, la severidad para con las mujeres y los niños, el retumbar de los cascos de caballos, la sangre derramada sobre la nieve, el ardor guerrero de los hombres jóvenes, las armas, el glorioso arte idealista, el fuego y el bronce, el brillar del metal, el ruido de las botas negras, los desfiles militares, los cánticos y el estruendo de la artillería y de los fusiles, son las gloriosas manifestaciones del Patriarcado ario. link: http://www.youtube.com/watch?v=vSZMsqqpfro Un vídeo del YouTube vale más que mil imágenes: oración vikinga a la familia, al linaje, a los antepasados y a la muerte, sacada de la película "El Guerrero Nº13", en la que un pueblo nórdico patriarcal se enfrenta a un prolífico y siniestro pueblo matriarcal. Antonio Banderas, apestas. OPINIÓN DE NT (EUROPASOBERANA) La cultura europea en su totalidad es eminentemente patriarcal, pero incluso en el seno de Occidente creo poder observar el enfrentamiento entre la mentalidad patriarcal y la matriarcal, expresada en las naciones poseídas por estos conceptos. Así, Francia e Italia como naciones modernas representan tradicionalmente una mentalidad suave y decadente tendiente al Matriarcado, mientras que Rusia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos representaron la tendencia más patriarcal y agresiva. En el seno de nuestra civilización, pienso que es obvio e innegable que se debaten los dos principios, y que de un tiempo a esta parte, el Patriarcado está siendo anulado poco a poco en favor de un pseudo-Matriarcado. También me parece obvio que las sociedades patriarcales son superiores y más avanzadas que las matrialcales y, especialmente, tienen mucho mayor potencial. Simplemente, no hay punto de comparación en cuanto a logros y superioridad entre el ridículo Matriarcado pacifista y el glorioso Patriarcado arrollador y conquistador. A mí me basta con echar un vistazo por encima a la mitología, o con leer la "Ilíada", para sentir una profunda simpatía por las sociedades auténticamente patriarcales, además del hecho de que Patriarcado va inevitablemente asociado a ario o "indo-europeo". Como signo del "complejo de Edipo" que azota a nuestra civilización, tenemos las pasiones y temores que suscita la palabra "Fascismo" en el mundo moderno. Lo que los comunistas, los socialistas, los progresistas, los demócratas y demás ralea, realmente odian y temen del "Fascismo" es la severidad organizadora de una sociedad patriarcal que ponga a cada uno en su sitio. ¿Cuál creo yo que puede ser el futuro de este asunto? El actual aborto de Matriarcado está condenado a desaparecer en cuanto se desencadene el más mínimo tumulto. Por un lado, ha producido una sociedad débil e incapaz de defenderse a sí misma, y será arrollado por quienes no hayan caído en su lacra (por ejemplo, el Islam). Por otro lado, la actual sociedad pseudo-matriarcal está condenada a extinguirse por la simple razón de que quienes la profesan no predican la necesidad de tener hijos, cayendo en la más inmensa contradicción, pues una sociedad que cree estar indicutiblemente en posesión de la verdad absoluta (como la actual), debería predicar la descendencia con el fin de eternizarse y asegurarse un futuro a toda costa, frente a las sociedades que piensan de modo distinto, que son la mayoría. Con el tiempo, su utopía surrealista irá perdiendo posiciones en favor de la despiadada dureza de los tiempos venideros y finalmente, será reemplazado por una reacción patriarcal más amoldada a la realidad del mundo y del hombre, que es la necesidad de tener una descendencia abundante y fuerte. El despertar de la Raza Blanca vendrá, necesariamente, acompañado de una reelaboración del antiguo Patriarcado ario. Siento joderos la fiesta, oh rebaño de ganado decadente perfumado con Loewe, pero se acabaron las subnormalidades y se acabaron muchas de las cosas que disteis por sentadas. Llegará un día en el que tendréis que luchar hasta la muerte sólo para disfrutar del 1% de bienes que ahora os parecen normales. Vuestra asquerosa promiscuidad, vuestra vacuidad mental, vuestra superficialidad y vuestra rebuscada sofisticación burguesa serán extirpadas y ay de vosotros como lloréis, pataleéis o llaméis a Superman. Teniendo en cuenta la decadencia pasada y la situación catastrófica en la que la Raza ―que es lo único que importa en este mundo― se encuentra gracias a vuestra repelente bajeza moral y espiritual, la reacción venidera deberá ser exactamente todo lo contrario.