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ElGordoPierre

Usuario (Argentina)

Primer post: 7 ene 2011Último post: 3 jul 2014
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Primer Cadaver Exquisito On Line!!
ArteporAnónimo1/7/2011

¿Que es un cadaver exquisito? Cadáver exquisito es una técnica por medio de la cual se ensamblan colectivamente un conjunto de palabras o imágenes; el resultado es conocido como un cadáver exquisito o cadavre exquis en francés. Es una técnica usada por los surrealistas en 1925, y se basa en un viejo juego de mesa llamado "consecuencias"[cita requerida] en el cual los jugadores escribían por turno en una hoja de papel, la doblaban para cubrir parte de la escritura, y después la pasaban al siguiente jugador para otra colaboración. Lo que yo propongo es realizar uno via internet con esta dinamica: Me envian un email a: [email protected] con su parte de la obra y la misma sera puesta en el mismo orden en que llegaron los emails. la fecha limite es exactamente una semana a partir de hoy, es decir: 14/01/11 y a partir de alli subire a un post llamado: cadaver exquisito donde estara el resultado final. en fin, espero tener respuestas, la idea es fomentar la creatividad...

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Poesia Propia
ArteporAnónimo5/11/2012

Del Buscar, Del Encontrar Y Del Conformarse Respirando la vida, sin el factor muerte al alcance de mi alma Nadie me dijo que esto seria una larga agonia, sino no compraba este boleto ida y vuelta a tu estacion, pero lo bueno de estas vias es no saber a donde van, es aventurarse a conocer horizontes infinitos, en un infinito mar calmo y tempestuoso al mismo tiempo por demas. Corre sangre a velocidades de autopista por mis venas, en tu cuerpo y en tu mente va todo a velocidad de autopsia, estan velando tus sueños en la sala Nº2 de tu conciencia, pero nadie los llora, porque no hay nada que llorar (si nunca soñaste). Tengo que abrir los ojos a tiempo para no ser parte de un cuento Sin final feliz. Mi problema no es no saber buscar, Es que encuentro la aguja de mi brujula siempre en un lejano pajar Alla donde mis manos nunca llegan, alla donde los sueños huelen a asfalto caliente y el consumo consume la mente. Desde ya, gracias por comentar...

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Muchedumbre - Relato Propio
ArteporAnónimo6/29/2012

hola taringueros! les dejo aqui un nuevo relato. espero guste. Muchedumbre Fobia a las muchedumbres, en cada rincón de la ciudad, repulsión a las miles de personas que al mismo tiempo superpoblan avenidas y calles. Toda esa fuerza de toneladas de carne y hueso hechandose a andar tan vacías como sutiles, tan misteriosas como miserables, me producen escalofríos en todo el cuerpo, mi lomo se eriza como el de un gato delimitando su territorio. ¿Quién no se sentiría tan solitario asi? ¿Cuántos sumamente paranoicos? ¿Qué porcentaje de personas estaría observandome? Esa chica que abandonó los labios de su novio acaba de mirarme. En realidad no existen certezas de ello, solo levanto la vista y dentro de su campo visual entra mi figura, tan humana como taciturna, tan nocturna como desvelada. Me inquieta no saber que piensan, de que trivialidades conversarían, cuantos estarían juzgándome sin haberse tomado la molestia de conocerme. Me turba no saber quienes son, que historia tienen, cuantas otras esconden, que perfil psicológico acuñan, que rutinas siguen, si toman café o té, si lo acompañan con galletitas o tostadas, si leen, si ven televisión, si van a la cancha, que musica escuchan, si consumen drogas o si son histéricamente saludables y sobre todo, lo que mas estupor me genera, es el no saber si ninguno de ellos puede conocerme. Superficial o profundamente. ¿Cuántos estarían buscandome? ¿Cuántos esperando el momento justo de arrojarse para hacerme su presa? Estoy sudando demás, mis dedos se mueven perturbados, mi apariencia es perturbadora; lo se, sus ojos me miran, esa chica entre uno y otro beso mezclado con manoseo por parte de su chico me mira, la señora de mas allá me mira, los tacheros me están observando, vigilando. Solo se una cosa, no debo cruzar la calle, si pongo un pie en el asfalto soy hombre muerto. A nadie le importaría, pero hombre muerto al fin. Un bonito cadáver adornando las baldosas de la vereda. Eso es lo que en realidad ocurre, me siento vigilado por miles de millones de anónimos, solo que no lo saben; prefiero fantasear que estoy solo en el medio de la nada, es lo único que me tranquiliza. Mientras tanto todo sigue su curso, la chica sigue mirándome, su novio no se percata, pero ella me mira, me escanea, puedo sentir como lee mi pensamiento y rie, rie de mi, rie de mi calamidad. Ejecuto un extraño mecanismo de defensa y comienzo a reir para salir del paso. Prendo un cigarrillo, luego otro y seguidamente otro. La humanidad me da nauseas. Somos como cerdos. Vivimos alimentándonos de basura. Comemos comida chatarra en cantidades alarmantes para engordarnos y disminuir nuestra esperanza de vida, consumimos televisión basura solo para descomponer nuestro cerebro, nos revolcamos en el confort basura que creamos y en el que nos sentimos tan a gusto, tan plenos y satisfechos. Hay una cosa que es fundamental y la muchedumbre no lo sabe. Y es que voy a asesinarlos. La muchedumbre lo desconoce, quizás no lo entienda, pero es por su propio bien…

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Si te gusta el arte, entrá.
ArteporAnónimo8/3/2013

Hola! Les dejo un poema de mi autoría, espero que les guste. El Dilema de la Fisura Las almas van buscando su lugar, Imploran ¡Ya! Se inclinan ¡Ya! Rezan a un Dios de envase retornable, Dandose murra por el naso. Itinerarios de nocturnidad, Falsas miradas de ojos rotos, Ánimos caídos despiertan en la sombría nube Y ya nada te endereza. La escasez de coherencia desnuda las debilidades, Las nociones del desmadre van tomando formas primarias, Su límite es un concepto meramente teórico ¿Cómo detenerse ante la fisura inminente? La conciencia se hace humo, Existe un extracto de la realidad al que no perteneces, Mientras de tu sien se suelta una alarma, Y tu mandíbula cuelga inerte.

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Arte.
ArteporAnónimo8/6/2013

Hola amigos y amigas de taringa! les dejo a continuacion un cuento de mi autoría, espero que lo lean y si comentan que sea con fundamento, basado en algo que se llama sentido comun, les guste o no. Gracias! Algún Prejuicio Condiciona De chiquito ya disfrutaba la locura como nadie. Era mi mundo. Emulaba los videoclips de moda en los recreos o en el aula de la escuela, por supuesto el resto de los niños se burlaban, demostrando su falta de criterio y su diminuta mente. Podía hacer lo que quería donde quería: hacer equilibrio en el cordón de la vereda e imaginar que es una cuerda floja pendiendo entre dos montañas, con el vacío bajo mis pies; el total de personas a mí alrededor veían a un chico con cara de un terror extremo caminar por un cordón de vereda. Pero a mí no me importaba. ¿Qué podían saber ellos de la vida si no tenían un poco de imaginación? ¿Qué podrían aconsejarme entonces? Yo era feliz así y no molestaba a nadie. Me envidian, por eso hablan a espaldas mías, por eso me critican ¿Quién es tan libre? Porque la locura nos brinda libertad, nos libera, nos desprejuicia. A medida que fui creciendo me fui dando cuenta que no iba a ser posible convivir con eso mucho tiempo más. Tenía doce años y la pubertad se empezaba a mimetizar con la adolescencia, tiempos de cambio, tiempo de crisis efímeras, tiempo de cruciales definiciones. Una mañana, mientras el café con leche se enfriaba delante de mis ojos, al lado de un platito con tostadas, por la ventana podía verse lo que ocurría en la calle, el viento corría en ráfagas de cincuenta o sesenta kilómetros por hora, no podría precisarlo con exactitud. Sobre el borde de la acera, caminaba una chica que nunca había visto, la más hermosa que haya visto, al menos hasta ese momento. Su pelo onduladamente rubio llovía sobre sus omoplatos sin ningún tipo de gomita que lo sujete, cubriendo apenas sus ojos celestes como una tarde de primavera. Caminaba procurando no caer, colocando con cuidada decisión cada pie delante del anterior. Me levanté lentamente y caminé en dirección de la puerta ventana, quedé perplejo, adherido a la ventana como una mosca, respiraba con rapidez, como si me faltara el aliento, de a poco el vidrio se fue empañando cubriendo mis ojos de esa condensación sobre la superficie vidriada. Limpié rápidamente la mencionada bruma y ella había desaparecido. ¿Sería una invención más de mí mente? Di las dos vueltas de la llave que me impedía alcanzarla y abrí la puerta con una convicción que casi la destruye. -¿A dónde vas en remerita? –Gritó mi mamá. -Tengo cosas que hacer. –Respondí con urgencia, queriendo hacerme el grande. -Nada de eso, termina tu desayuno y déjate de bobadas. Caramba. Con un brusco empujón me devolvió a mi asiento forrado en cuerina, delante del café con leche que ya estaba frío. -¿Me lo calentás? –Pedí, casi como una súplica. Al principio estaba enojado, miraba a mi mamá con resentimiento y algo de rencor. Con el paso del tiempo este sentimiento se fue extinguiendo lentamente. Transcurrieron los que se supone que son los mejores años en la vida de uno. De día una vida entregada a las responsabilidades, de noche se me encontraba abocado a algunas irresponsabilidades, aunque eran esporádicas noches a la semana, lo cual no me afectaba en mi desempeño diurno. La secundaria finalizó con un promedio que si bien no me codeaba con los alumnos más destacados, pagaban la medallita barata que me colgaron en el cuello la directora y la vicedirectora del establecimiento una calurosa tarde de diciembre con dos lamparones de sudor estampados en las axilas de la camisa. Nunca me pude olvidar de esa niña. Por supuesto que a esta altura la pensaba alta, de piernas largas, desarrollada y, sobre todo, de mi edad. Imaginé cientos de veces su voz, aguda, pero no taladrante, sin perder la delicadeza. ¿Cuál de todas sería? ¿Cuál de todas esas que cruzan avenidas, puentes peatonales, multitudes aprisionadas como sardinas a gran escala en colectivos sin rumbo? ¿Cuál se bajaría de la unidad y se llenaría de pudor cuando se entere que el precipicio que se vertía bajo sus pies era tan solo un empedrado? El año siguiente a la culminación de mis estudios secundarios fue complejo. La universidad es un mundo con el cual mantengo una relación amor-odio bastante bipolar. Hay momentos en que las discusiones con mis compañeros son tan intensas que los hago perder la paciencia, tanto en las cátedras teóricas como en las prácticas. Lo hago a propósito, opinan en todos los temas para mostrar cuanto saben. Llego inclusive a contradecir mis principios más básicos, pero aun así, ver a un idiota perder los estribos, mientras yo argumento tranquilo y sereno, tiene una doble satisfacción. Una noche, al salir de Introducción a la Filosofía, bajaba las escalinatas de la facultad que daban al centro del predio universitario, en medio de árboles distribuidos equitativamente en toda la longitud del terreno y faroles colocados bajo la misma premisa. La noche estaba fría y me había olvidado la bufanda sobre la mesa de formica, al lado del mate, de la azucarera y del azúcar derramado sobre la mencionada mesa, por lo que opté por esconder la cabeza en el cuello de la campera, como si fuese una tortuga. A un costado, las puertas vidriadas de la facultad de de psicología se abrían dando paso a los alumnos y las alumnas de diversos niveles de esa carrera, parte de esas personas emprendían el regreso a casa solas o acompañadas, mientras que varias se juntaban en grupitos en el predio a conversar o a planificar la salida del fin de semana. Una chica rompía con todos los esquemas. Caminaba con los brazos formando una ve corta, con las manos unidas a la altura de la cremallera del jean, aprisionando una carpeta. De los bolsillos del pantalón asomaban capuchones de biromes azules, rojas y verdes, además de papelitos y un llavero con forma de pescado, que también era destapador. Sus ojos celestes como un mar paradisiaco eran el complemento ideal para sus blondas ondulaciones capilares. Tenía la mirada baja, el semblante extremadamente blanco, como si en realidad estuviera muerta. Caminó unos pasos y terminó de recorrer la escalera. Me acerqué lentamente, escondiéndome detrás de los árboles, apoyando la espalda sobre la corteza y mirando disimuladamente de reojo a la chica. El lote donde estaba emplazada la universidad parecía un campo minado (al menos yo lo vivía con esa intensidad) ya que mis movimientos parecían propios de una película de espionaje completamente fuera de contexto en relación a la ubicación de mi persona. Creo que varios de los que formaban semicírculos donde conversaban se voltearon para mirarme. No me importó. Ella seguía caminando, lentamente, pero decidida, se desplazaba en dirección mía, tenía puesto un jean ajustado que le quedaba como pintado en la piel y una remera musculosa blanca debajo de una camisa a cuadrillé desabotonada. Yo permanecía con las piernas tiesas, temblorosas, a punto de vencerse, cada baldosa que ella dejaba atrás era una baldosa menos que faltaba para nuestro encuentro, ella seguía con la mirada baja y yo con la espalda pegoteada con resina que sangraba del interior del árbol. -Disculpame, pero creo que nos conocemos. –Arremetí lleno de timidez. Ella se asustó al principio y luego reaccionó con sorpresa. -No te conozco. –Dijo, mirándome estudiosamente, actuando con superación. -Fue hace ocho años. Vos pasaste caminando por la vereda de mi casa, en realidad por el cordón, estabas como haciendo equilibrio, como si estuvieras sobre un abismo que en realidad era el asfalto. Fui a la puerta ventana para poder salir, pero cuando hubiese podido ya no estabas. Estos sincericidios tienen como resultado dos posibles conductas extremas por quien oficia de oyente: O bien la chica sale corriendo y nunca más vuelvo a saber de ella, cómo también puede que la misma actúe con ternura y me dé una oportunidad. Después de todo la esperé todos estos años con una paciencia penelopesca, me merezco una oportunidad. -Realmente no lo recuerdo. Yo era de hacer esas cosas, pero con el tiempo uno va creciendo, va abandonando algunas conductas conforme al desarrollo físico y mental y bueno, queda lo que queda. No se puede vivir sin superar algunas etapas, no se puede vivir en el ensueño, la vida no es un ensueño. Ella miró su reloj mientras el esqueleto que sostenía todos estos años se venía estrepitosamente abajo y todo comenzó a perder sentido, a volverse más frío. Luego finalizó su retórica: -Bueno, disculpame, se me hace tarde, chau. Un gusto hablar con vos. Se fue como apareció, caminando lento, con la mirada baja y la carpeta entre su cuerpo y los brazos formando una ve corta, uniéndose por las manos, a la altura de la cremallera. Se perdió cuando la devoró el contorno del predio formado por una extensión de siempre verde. La palabra decepción resonaba en mi cabeza al tiempo que lo hacía una melosa balada pop (me parece que era de Enrique Iglesias) que escuché en el kiosko mientras compraba un chocolate. El murmullo del resto de los estudiantes, que ya comenzaban a dispersarse, se entremezclaba con mis pensamientos. Mientras tanto el sol caía, un perro se acercó a uno de los accesos a la facultad y orinó sobre la puerta, otros alumnos comían medias lunas con mate y yo me sentía el más grande de los imbéciles sobre la faz de la tierra. Nunca más volví a disfrutar de la locura.

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Inconsciente Experimental - Poesia Propia
ArteporAnónimo6/6/2012

Inconsciente Experimental Silencio oscuridad, inercia llanto, Despido descuido, fecundación involuntaria. Sentido oculto ciber reposa Péndulo de occidental-oriental movimiento. Cerca detalle ancestro luz Cuerda, ciencia, lúgubre incienso. Desnudo cuelga, refracción sagrada Angel turbio incita demonio. Caída inevitable, vacío se llena Sinuoso camino, sortea austeridades. Inculcan miedos, paladares macabros Saborean calamidades y catan su maldición. Iniciando vulgaridades, inconscientes viajan Experimento cruel, analiza, desea…

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Los Traumaditos (Novela) capítulo 1
ArteporAnónimo7/3/2014

Este es el primer capítulo de mi primera novela. Los interesados en leer más o contar con un ejemplar, comunicarse a: https://www.facebook.com/LosTraumaditos?ref=hl https://www.facebook.com/vickysbooks?ref=hl Gracias! Sexo y Mentiras Esos aullidos de gatita en celo eran mentira. Lo sabía. En ese momento lo primero que vino a mi mente en medio de este vaivén venéreo es esa frase: No es sincera, pero te gusta oírla. ¿Y a quien no? ¿A quien no le gusta que la mujer que uno se encuentra amando gima como si fuese la primera vez? ¡A todos! El que diga que no, miente. Era deliciosa la escena, un torbellino de dos humanidades entrelazadas y sudando, cambiando de posiciones, emergiendo una de los confines de la otra, exclamando obscenidades hacia los cuatro puntos cardinales; aunque creo que ella lo hacía de lastima, solo por alguna clase de misericordia perversa que aun no logro entender ni descifrar. Sofía clavaba sus uñas en mi espalda pidiendo mas y mas, comencé a sentirme completamente desvirtuado y pequeño, mendigo de lastima, en algún punto humillado, lleno de pensamientos corrosivos respecto de mi amante, ya que no era nada mas que eso, una ocasional y vulgar amante, inclusive llegué a fraguar un plan para asesinarla, pero no tendría el valor para llevarlo a cabo; ese mundo terrible y caótico de sinapsis al vacío sucedía al tiempo y como consecuencia de que otro mundo completamente diferente se manifestaba en esa cama, en esa noche, con la luz de un farol de la calle y de los carteles de neón de los comercios como mudos testigos de todos esos hechos, de esa bestia de varios brazos y dos cabezas que conformaban ese par de anatomías allí, resquebrajando el silencio. Minutos más, minutos menos, todo termino como empezó, con más penas que gloria. El techo capturaba la totalidad de mi atención, el silencio era forzado, un poco tenso. Nervios, ansiedad, mas silencio, me sentía vacío, las cosas fáciles nunca me agradaron, menos los favores al portador y la lastima. Comencé a cuestionarme que sentido tendría permanecer allí alimentando infiernos; mi amante encendió un cigarrillo y su cara en medio de la oscuridad y el color anaranjado del tabaco hecho brasas lucia espectral. -¿Te pasa algo? – me preguntó ella, con una vocecita mimetizada con la ironía. - ¿Por qué lo haces? ¿Te doy lastima? Decímelo, así me voy de acá. Su rostro cambió radicalmente, arrojó con vehemencia el cigarrillo a medio fumar a lo que creía que era un cenicero o un tacho de basura, le dio exactamente igual. Tomó el control remoto y encendió la televisión. A las dos de la mañana lo único decente que hay para ver es alguna película bizarra en algún canal perdido, futbol retro y poco mas, la mayoría de los canales solo dan al pastor dando una bendición y tratando de lucrar con algún pobre diablo. Ella comenzó a darme la espalda, era demasiado obvio que lo que dije repercutió en ella, el televisor continuaba enviando imágenes a toda velocidad, tratando de vender de todo. Comencé a acariciar sus muslos desnudos lentamente, con la yema de los dedos. -¿Lastima? En cierto punto si, sos merecedor de lastima – Sofía comenzaba los argumentos, que en realidad sonaban a acusaciones mientras se daba vuelta para verme fijo a los ojos- sos un ser infimo, minúsculo, microscópico, mendigo de amor, acarreando un autoestima mas pequeña que el ser que se la adjudica, arrastrado, débil, francamente poca cosa, sabes como se dio todo, pendejo y también sabes cuantas veces te advertí sobre como soy, pero vos insististe tanto una y otra vez que por ahí tenias ganas de probar un poquito de la amargura que reina en mi alma y conocer como sabe el resentimiento. Pasaron varios minutos de silencio crueles, infinitos, demasiado para dos personas en el medio de la oscuridad, cerca, pero absolutamente lejanas. De sus ojos comenzaron a brotar las primeras lagrimas, desaciendose entre mis dedos que eran rechazados, mis lagrimales exhibían también una actividad intensa, la tristeza corporizándose en pequeñas gotas, tangible, visible. -Escuchame… -Dejame en paz, ¿No me ves? Que vida de mierda, como me mataría… No me sorprendió que ella comenzara a amenazar con suicidarse, recuerdo la primera vez que fui a su casa, era pleno invierno, salimos de la escuela bajo una lluvia torrencial, toda la tarde cayendo agua en todas las direcciones. Ella era la rara del curso, se sentaba sola, tenía la carpeta atiborrada de frases de Los Redondos y escribía los poemas mas oscuros que hasta este entonces he leído; no se trataba con nadie, demasiado idiotas para lidiar con ella, demasiado superada como para permitirse el trato con esa gente. De chica encontró su refugio en la lectura y al tiempo en la escritura, prácticamente por decantación natural, cuando el artista (sin saber aun que lo es) comienza a dejarse llevar por el arte, experimenta una suerte de revelación que resulta ser un antes y un después en dicha existencia, ya nada será igual, ya no alcanza con desglosar la creación ajena, hay que comenzar a crear. -¿Vamos a mi casa? –Preguntó mientras prendía un cigarrillo, el humo del tabaco formaba figuras, una mujer de hermoso cuerpo, un arbol, un hongo nuclear, todo se esfumaba en cuestion de segundos. No hace falta decir que mi respuesta fue un si instantáneo, creo que desde que la vi me sentí alucinado con ella, era la mas maravillosa droga a consumir, la creación mas inspirada de Dios (suponiendo que este existiera) y el motivo de mi desvelo y mi locura. Atravesamos la tormenta, avenidas llenas de poética suburbana, charcos como lagunas en medio de la ciudad, colectivos y autos a toda velocidad mojando peatones con el agua acumulada en las bocacalles y gambeteamos gente apurada por llegar hasta algún techo hasta que luego de una aventura prácticamente épica llegamos a su casa. Sacó la llave debajo de un felpudo que rezaba ¨bienvenidos¨ llena de bichos bolita que la custodiaban; un hombre de mediana a baja estatura, de unos cincuenta años aproximadamente y hablando castellano deficientemente nos recibió dentro. -El es Wang, Wang Gengnian –presentó al oriental anfitrión Sofía, al mejor estilo James Bond. De su parte un saludo bastante frío, apenas extendió su mano para saludarme, sumado a que todo el tiempo me observaba de pies a cabeza como inspeccionándome logró hacerme sentir bastante incomodo, luego hizo una seña para que ella lo siguiera. Sofía desapareció detrás de una cortina de esas hecha con tapitas de gaseosa o cerveza y tanzas que llevaba al pasillo donde se desembocaba en las habitaciones; en el lapso de tiempo entre que ella se fue y regresó permanecí estático en mi baldosa, movilizado por la curiosidad comencé a mirar cada rincón del lugar donde me hallaba, cada mancha de humedad, cada cuadro, varios abanicos con motivos orientales y letras chinas, un banderín de algo que supongo será un club de futbol de la tierra de Mao Tse Tung. Absolutamente distraído, tratando de descifrar que sería cada cosa ubicada allí, mi atención viró hacia el ruido de la cortina donde minutos antes mi amiga había desaparecido, su deliciosa figura emergía una vez mas, esquivó unas sillas moviendo con gracia su cintura, como si bailara, se acercó a un mueble de donde sacó una torta en un platito de cerámica con dragones y mas inscripciones en chino. Me invitó a seguirla a su habitación, acepté su convite, atravesamos la cortina y el Sr Wang me observaba con ojos desconfiados, estudiando cada actitud, cada gesto, cada movimiento de mi cara, lo cual intente ignorar para no sentirme aun menos a gusto con la situación. La pieza de Sofía era un extraño collage en gigante. Miles de fotos del Indio Solari en las paredes, otras tantas de Skay, fotos de gente y cosas que poco tenían que ver ni con el Indio ni entre si y creo que ni con ella tenían que ver, algunos graffittis con frases de sus poemas y stenciles con frases de los Redondos. -Es todo parte del concepto –explicó ella deduciendo por mi cara que no comprendía con claridad que era todo eso que salía de las paredes. -¿Qué concepto? -Deja, no entendes nada… Me entregó el platito con la torta ya cortada para que comiera, prendió un cigarrillo y una vez mas las formas que se desvanecían comenzaban a brotar de su boca: una flor, una ola en el mar, un jarrón, una vuvuzela; acercó el cenicero que estaba en el escritorio completamente repleto de colillas, aunque siempre había lugar para una mas, al lado un monton de cuadernos y papeles sueltos junto a una lata que oficiaba de portalápices y un diminuto portarretratos con una foto de una nena con papa y mamá. Me mantuve en silencio durante un tiempo, no se si fueron diez minutos o dos horas, pero necesitaba en algún punto dejarnos llevar por la situación, que todo fluyera, hacer apología a la espontaneidad, aunque se tornaba una empresa difícil de llevar a cabo cuando me carcomían miles y miles de preguntas acerca de, sobre todo, ese chino bastante hermético con el que vivía, que dicho sea de paso ingresó por breves instantes a dejarnos café sobre la mesa, en un arrebato de amabilidad que me dejo perplejo. Durante el primer sorbo advertí que al lado de la ventana poseía varias fotos de Jazmin Stuart a la altura de la cabecera de la cama. -¿Te gusta Jazmin Stuart? –pregunté, ella levantó su mirada por sobre la taza, que escondía el resto de su rostro. Sus ojos mostraban un poco de pudor, sus mejillas también, media sonrisa como complice adornaba e iluminaba toda su humanidad, como un secreto que se acababa de develar. -¿Si me gusta? –preguntó con timidez- Es mi gran fantasía, esa pequeña lesbiana que llevo dentro se desata cuando la veo. Mirala, es hermosa, sus ojos verdes y grandes son hermosos, su sonrisa es hermosa, es el resplandor de su alma, su diminuto cuerpo es una autopista a la lujuria, el mas dulce asfalto donde perderse. -dijo con la respiración que de a poco se iba agitando, casi entre jadeos, en ese momento parecía haber caído presa de su libido, sus dedos recorrían suavemente cada centímetro de piel al descubierto, primero los brazos, luego el cuello bajando lentamente por el pecho. -Eh…Sofi… -Perdón –dijo completamente ruborizada, sus manos se detuvieron por completo y parecían no encontrar objeto para canalizar lo embarazoso del momento. Me puse celoso, lo cual hacía a toda la situación absurda. -¿Por qué? ¿Por qué tenias que arruinarme la vida? ¿Quién te da derecho a borrarme de un plumazo mis sueños? –le hubiese dicho a la dichosa Jazmin al tiempo que la tomaba de los brazos y la movía furiosamente si la hubiese tenido frente mío en algún momento. Mi cara cambio por completo, el día, que comenzaba a anochecer, cambió por completo, todo era completamente diferente. Diferente y lejano, como un mal sueño, todo tan repentinamente distinto a cada momento que no existía la posibilidad de asimilar algo cuando ya había mutado. Me levanté, tome mi mochila llena de frases de canciones y mi abrigo y me dispuse a retirarme por donde vine, atravesar una vez mas la cortina de tapitas de cerveza, llegar al living repleto de objetos de origen asiático (chino mas precisamente) y, una vez sorteada la puerta, encontrarme con el felpudo que reza ¨Bienvenidos¨ que cobija miles de bichos bolita debajo del mismo. -Espera… no te vayas –dijo Sofía con la voz quebrada, como quien está por llorar –sos prácticamente lo único que tengo, vos y la locura, en la escuela soy la loca, a los locos se los margina, se los repele, se los expulsa, se los emancipa, pero ¿Quién es el loco? ¿Alguien creativo? ¿Alguien que vive sin importarle el que diran? ¿Los que son felices con cosas simples? Hubo un sabio que dijo que una persona con ideas nuevas es un loco, hasta que sus ideas triunfan, todo un genio, todo un visionario, todo un loco… ¿Entendes? Si te vas me quedo sola con mi locura y mi soledad, por favor te lo pido, quédate, solo esta noche… -La locura, la soledad y la noche inspiran, si me voy podes escribir, dejar toda tu locura y darle forma, hacerla de arcilla y moldear historias, dejar tu dolor en el papel, a mucha gente le salvo la vida… -Tengo dieciseis toneladas de papel explicando mi dolor, mi soledad y mi locura, ¿Mi vida? No tiene salvación, sin ir mas lejos sos la primer persona que viene a mi casa sin un titulo que la habilite a practicar la psicología o sin prejuicios a hacerme compañía, aunque sea en silencio, creo que tus silencios son lo mejor que me pasó en mucho tiempo… La abrace, sus lagrimas me mojaban el hombro, con una mano rodeaba su cintura, con la otra acariciaba su pelo en la cara posterior del cráneo, sus extremidades superiores se perdían entre ella y yo dando una sensación de mayor desamparo de su parte. -Pero eso si… nunca, por favor nunca te ilusiones conmigo, no soy para vos, no soy para nadie… soy una montaña rusa de sufrimiento… solo lograría enloquecerte. De alguna manera que ni yo conozco se que puedo confiar en vos, por eso estas acá y ahora, por eso se que vas a estar siempre, mientras no me faltes, todavía vale la pena respirar. Pero no voy a poder hacerte feliz, nunca, ni a vos ni a nadie, el mundo esta lleno de imbéciles y vos vales la pena pendejo… nunca se te ocurra perder tu tiempo conmigo. Permanecí mudo, siempre sin dejar de arroparla entre mis brazos, pero sin poder siquiera levantar la vista para contemplarla, el café se había enfriado, yacía helado en las tazas de vidrio marrón, pero poco me importaba en ese momento, ese detalle resultaba prácticamente anecdótico. Ella se alejó de mi cuerpo, prendió un nuevo cigarrillo y se dejó caer en la cama vencida por su existencia, retiro el cilindro de papel con tabaco de su boca y lo deposito entre los dedos medio e índice, su anatomía se hallaba con las rodillas a la altura de su pecho, acostada, y sus brazos abrazaban sus extremidades inferiores, siempre repitiendo lo mismo. -Mamá, mamá…

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Mito Sobre La Creación del Mundo - Cuento propio
ArteporAnónimo4/3/2014

Mito Sobre la Creación del Mundo Cuenta la leyenda que hace miles de años, en los rincones más descerebrados del éter un grupo de Dioses se reunían en ese tipo de reuniones de las que años después relataría Platón, comida, divagues y excesos de todas las naturalezas. Porque los dioses son humanos con cualidades formidables, pero humanos, con las debilidades de los humanos y con las tentaciones de los humanos y eso, con un poder enorme, es peligroso. El banquete era frondoso, una larga mesa repleta de los más diversos víveres a disposición engalanaban el par de caballetes y el tablón dispuesto para ese fin. Los detalles del nombrado banquete fueron ajustados en su totalidad por Cohglo, quien no privó a nadie de placeres. Los Dioses estaban turbados, nerviosos, fuera de sí mismos, impacientes. Cohglo, dios de lo grosero y lo zanguango (Porque, como los días, en esta mitología hay un dios para todo), fumaba de a seis cigarrillos a la vez, mientras insultaba dejando caer conceptos irreproducibles, dejando escurrir saliva por la cavidad bucal, hidratando el rostro del resto de las deidades. Santo Gujan ofrecía café a los presentes, el cual quedó aguado por culpa de una morisqueta de Rogi, dios de la travesura y la risa, el cual lo distrajo. Los pasos fuertes de Simbu, dios de la guerra, dieron por finalizada la plática estridente. Todos se abrieron dándole paso al mandamás de este Olimpo, quién ocupó pesadamente su trono de deidad de deidades. Bebió un trago de vino de un cáliz de oro, para aclarar la garganta, y luego si, estaban todas las condiciones dadas. -Nuestra existencia no es completa ¿Qué somos si no hay nadie en qué recaiga nuestro poder? Nadie que nos alabe, nadie que nos tema ¿Qué somos si no hay a quien llenarlo de crueldad, de brutalidad, de risa o de llanto? ¿Quién temerá nuestra ira? El dios de la locura hizo oír su voz, luego de levantar la mano y ser autorizado por Simbu a hablar. -Perdone, pero la locura tiene esa potestad ¿No tendría que encargarme yo de eso? Dentro mío somos un equipo. Simbu rió, luego retomó. -Usted es un loco y yo no soy tonto, jamás encargaría semejante tarea a un insano. -¿Y yo? –Preguntó el dios de las artes. -No. -¿Y yo? –Intentó el dios de la belleza. -No, los seres que creemos deben ser ruines, feos, dueños de una bajeza sin fin, inescrupulosos, desalmados, codiciosos, impiadosos, egoístas, narcisistas, alguien ideal para desatar una guerra. O varias. Hay que poner en ello lo peor de nosotros mismos ¿Alguna objeción? La puerta de salida se golpeó en medio del silencio, los dioses miraban en esa dirección para ver quien se había retirado, pero eran tantos que era imposible precisarlo. -¿Alguna objeción? –Insistió Simbu. El silencio parecía haberse instalado en el lugar, las deidades menores sentadas a la mesa volvieron la mirada hacia el trono, ubicado en la cabecera de la misma. El secretario de la reunión completó el libro de actas con los pormenores del encuentro, el cual firmaron todos, y se dispusieron a celebrar hasta caer borrachos al piso. En medio de una resaca imponente, algunos dioses pedían una aspirina, otros respondían ¿Qué es una aspirina? Santo Gujan repartía un café reparador, bastante mejor que el del día anterior mientras todos intentaban incorporarse para crear a la humanidad, que aún no se llamaba humanidad, que en realidad no era ni siquiera un boceto. Salió todo de una improvisación macabra, perversa. Siguiendo las indicaciones de Simbu, quien revisó personalmente todo el proceso de creación, fueron aportando cada uno la peor parte de su persona en el pequeño hombrecito hecho de un retazo de una nube de tormenta, que serviría de modelo para proliferarlo por toda la extensión de ese lugar al que otro grupo de dioses (El de las Artes y el de la Belleza entre otros) estaban formando y que pasaría a llamarse mundo a partir que los hombres tuvieran una mínima noción de donde estaban y que eran. Para saber a qué habían venido pasarían siglos y no le encontraron aún respuesta para esa pregunta. Mientras tanto, Kohibin (Dios de la esperanza), se levantó del rincón en el que se encontraba sentado, apartado del resto de sus pares y se dirigió con sigilo a la mesa de trabajo. Sin que nadie se diera cuenta, introdujo una pequeña lágrima de pena que derramó en silencio sobre el pequeño voodoo. Poco después el prototipo de ser humano estaba terminado. Cual demo fue enviado a la tierra, junto a su pareja femenina en la cual no escatimaron atributos de hermosura, pero un despecho que sería tan grande como la esfera de vida en la que estaban insertos cual hamsters en su bola hámster y el cual sería transmitido oralmente de generación en generación hasta el fin de los días. Si bien el modelo terminado fue tal y como lo esperaba Simbu, con el correr de los siglos y en contra de su propia naturaleza el hombre fue descubriendo el sentido de aquella lagrima derramada por Kohibin en el momento de su génesis. Sobre todo en situaciones adversas, como motivación para, a pesar de todo, tener fuerzas para intentar ser felices, aunque sean solo unas pocas veces en la vida y aunque sea tan breve que parezca no valer la pena intentarlo.

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