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Los Traumaditos (Novela) capítulo 1

Arte7/3/2014
Este es el primer capítulo de mi primera novela. Los interesados en leer más o contar con un ejemplar, comunicarse a:

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Gracias!

Sexo y Mentiras

Esos aullidos de gatita en celo eran mentira. Lo sabía. En ese momento lo primero que vino a mi mente en medio de este vaivén venéreo es esa frase: No es sincera, pero te gusta oírla. ¿Y a quien no? ¿A quien no le gusta que la mujer que uno se encuentra amando gima como si fuese la primera vez? ¡A todos! El que diga que no, miente. Era deliciosa la escena, un torbellino de dos humanidades entrelazadas y sudando, cambiando de posiciones, emergiendo una de los confines de la otra, exclamando obscenidades hacia los cuatro puntos cardinales; aunque creo que ella lo hacía de lastima, solo por alguna clase de misericordia perversa que aun no logro entender ni descifrar. Sofía clavaba sus uñas en mi espalda pidiendo mas y mas, comencé a sentirme completamente desvirtuado y pequeño, mendigo de lastima, en algún punto humillado, lleno de pensamientos corrosivos respecto de mi amante, ya que no era nada mas que eso, una ocasional y vulgar amante, inclusive llegué a fraguar un plan para asesinarla, pero no tendría el valor para llevarlo a cabo; ese mundo terrible y caótico de sinapsis al vacío sucedía al tiempo y como consecuencia de que otro mundo completamente diferente se manifestaba en esa cama, en esa noche, con la luz de un farol de la calle y de los carteles de neón de los comercios como mudos testigos de todos esos hechos, de esa bestia de varios brazos y dos cabezas que conformaban ese par de anatomías allí, resquebrajando el silencio.
Minutos más, minutos menos, todo termino como empezó, con más penas que gloria. El techo capturaba la totalidad de mi atención, el silencio era forzado, un poco tenso. Nervios, ansiedad, mas silencio, me sentía vacío, las cosas fáciles nunca me agradaron, menos los favores al portador y la lastima. Comencé a cuestionarme que sentido tendría permanecer allí alimentando infiernos; mi amante encendió un cigarrillo y su cara en medio de la oscuridad y el color anaranjado del tabaco hecho brasas lucia espectral.
-¿Te pasa algo? – me preguntó ella, con una vocecita mimetizada con la ironía.
- ¿Por qué lo haces? ¿Te doy lastima? Decímelo, así me voy de acá.
Su rostro cambió radicalmente, arrojó con vehemencia el cigarrillo a medio fumar a lo que creía que era un cenicero o un tacho de basura, le dio exactamente igual. Tomó el control remoto y encendió la televisión. A las dos de la mañana lo único decente que hay para ver es alguna película bizarra en algún canal perdido, futbol retro y poco mas, la mayoría de los canales solo dan al pastor dando una bendición y tratando de lucrar con algún pobre diablo. Ella comenzó a darme la espalda, era demasiado obvio que lo que dije repercutió en ella, el televisor continuaba enviando imágenes a toda velocidad, tratando de vender de todo. Comencé a acariciar sus muslos desnudos lentamente, con la yema de los dedos.
-¿Lastima? En cierto punto si, sos merecedor de lastima – Sofía comenzaba los argumentos, que en realidad sonaban a acusaciones mientras se daba vuelta para verme fijo a los ojos- sos un ser infimo, minúsculo, microscópico, mendigo de amor, acarreando un autoestima mas pequeña que el ser que se la adjudica, arrastrado, débil, francamente poca cosa, sabes como se dio todo, pendejo y también sabes cuantas veces te advertí sobre como soy, pero vos insististe tanto una y otra vez que por ahí tenias ganas de probar un poquito de la amargura que reina en mi alma y conocer como sabe el resentimiento.
Pasaron varios minutos de silencio crueles, infinitos, demasiado para dos personas en el medio de la oscuridad, cerca, pero absolutamente lejanas.
De sus ojos comenzaron a brotar las primeras lagrimas, desaciendose entre mis dedos que eran rechazados, mis lagrimales exhibían también una actividad intensa, la tristeza corporizándose en pequeñas gotas, tangible, visible.
-Escuchame…
-Dejame en paz, ¿No me ves? Que vida de mierda, como me mataría…
No me sorprendió que ella comenzara a amenazar con suicidarse, recuerdo la primera vez que fui a su casa, era pleno invierno, salimos de la escuela bajo una lluvia torrencial, toda la tarde cayendo agua en todas las direcciones. Ella era la rara del curso, se sentaba sola, tenía la carpeta atiborrada de frases de Los Redondos y escribía los poemas mas oscuros que hasta este entonces he leído; no se trataba con nadie, demasiado idiotas para lidiar con ella, demasiado superada como para permitirse el trato con esa gente. De chica encontró su refugio en la lectura y al tiempo en la escritura, prácticamente por decantación natural, cuando el artista (sin saber aun que lo es) comienza a dejarse llevar por el arte, experimenta una suerte de revelación que resulta ser un antes y un después en dicha existencia, ya nada será igual, ya no alcanza con desglosar la creación ajena, hay que comenzar a crear.
-¿Vamos a mi casa? –Preguntó mientras prendía un cigarrillo, el humo del tabaco formaba figuras, una mujer de hermoso cuerpo, un arbol, un hongo nuclear, todo se esfumaba en cuestion de segundos.
No hace falta decir que mi respuesta fue un si instantáneo, creo que desde que la vi me sentí alucinado con ella, era la mas maravillosa droga a consumir, la creación mas inspirada de Dios (suponiendo que este existiera) y el motivo de mi desvelo y mi locura. Atravesamos la tormenta, avenidas llenas de poética suburbana, charcos como lagunas en medio de la ciudad, colectivos y autos a toda velocidad mojando peatones con el agua acumulada en las bocacalles y gambeteamos gente apurada por llegar hasta algún techo hasta que luego de una aventura prácticamente épica llegamos a su casa. Sacó la llave debajo de un felpudo que rezaba ¨bienvenidos¨ llena de bichos bolita que la custodiaban; un hombre de mediana a baja estatura, de unos cincuenta años aproximadamente y hablando castellano deficientemente nos recibió dentro.
-El es Wang, Wang Gengnian –presentó al oriental anfitrión Sofía, al mejor estilo James Bond.
De su parte un saludo bastante frío, apenas extendió su mano para saludarme, sumado a que todo el tiempo me observaba de pies a cabeza como inspeccionándome logró hacerme sentir bastante incomodo, luego hizo una seña para que ella lo siguiera.
Sofía desapareció detrás de una cortina de esas hecha con tapitas de gaseosa o cerveza y tanzas que llevaba al pasillo donde se desembocaba en las habitaciones; en el lapso de tiempo entre que ella se fue y regresó permanecí estático en mi baldosa, movilizado por la curiosidad comencé a mirar cada rincón del lugar donde me hallaba, cada mancha de humedad, cada cuadro, varios abanicos con motivos orientales y letras chinas, un banderín de algo que supongo será un club de futbol de la tierra de Mao Tse Tung. Absolutamente distraído, tratando de descifrar que sería cada cosa ubicada allí, mi atención viró hacia el ruido de la cortina donde minutos antes mi amiga había desaparecido, su deliciosa figura emergía una vez mas, esquivó unas sillas moviendo con gracia su cintura, como si bailara, se acercó a un mueble de donde sacó una torta en un platito de cerámica con dragones y mas inscripciones en chino.
Me invitó a seguirla a su habitación, acepté su convite, atravesamos la cortina y el Sr Wang me observaba con ojos desconfiados, estudiando cada actitud, cada gesto, cada movimiento de mi cara, lo cual intente ignorar para no sentirme aun menos a gusto con la situación. La pieza de Sofía era un extraño collage en gigante. Miles de fotos del Indio Solari en las paredes, otras tantas de Skay, fotos de gente y cosas que poco tenían que ver ni con el Indio ni entre si y creo que ni con ella tenían que ver, algunos graffittis con frases de sus poemas y stenciles con frases de los Redondos.
-Es todo parte del concepto –explicó ella deduciendo por mi cara que no comprendía con claridad que era todo eso que salía de las paredes.
-¿Qué concepto?
-Deja, no entendes nada…
Me entregó el platito con la torta ya cortada para que comiera, prendió un cigarrillo y una vez mas las formas que se desvanecían comenzaban a brotar de su boca: una flor, una ola en el mar, un jarrón, una vuvuzela; acercó el cenicero que estaba en el escritorio completamente repleto de colillas, aunque siempre había lugar para una mas, al lado un monton de cuadernos y papeles sueltos junto a una lata que oficiaba de portalápices y un diminuto portarretratos con una foto de una nena con papa y mamá. Me mantuve en silencio durante un tiempo, no se si fueron diez minutos o dos horas, pero necesitaba en algún punto dejarnos llevar por la situación, que todo fluyera, hacer apología a la espontaneidad, aunque se tornaba una empresa difícil de llevar a cabo cuando me carcomían miles y miles de preguntas acerca de, sobre todo, ese chino bastante hermético con el que vivía, que dicho sea de paso ingresó por breves instantes a dejarnos café sobre la mesa, en un arrebato de amabilidad que me dejo perplejo. Durante el primer sorbo advertí que al lado de la ventana poseía varias fotos de Jazmin Stuart a la altura de la cabecera de la cama.
-¿Te gusta Jazmin Stuart? –pregunté, ella levantó su mirada por sobre la taza, que escondía el resto de su rostro. Sus ojos mostraban un poco de pudor, sus mejillas también, media sonrisa como complice adornaba e iluminaba toda su humanidad, como un secreto que se acababa de develar.
-¿Si me gusta? –preguntó con timidez- Es mi gran fantasía, esa pequeña lesbiana que llevo dentro se desata cuando la veo. Mirala, es hermosa, sus ojos verdes y grandes son hermosos, su sonrisa es hermosa, es el resplandor de su alma, su diminuto cuerpo es una autopista a la lujuria, el mas dulce asfalto donde perderse. -dijo con la respiración que de a poco se iba agitando, casi entre jadeos, en ese momento parecía haber caído presa de su libido, sus dedos recorrían suavemente cada centímetro de piel al descubierto, primero los brazos, luego el cuello bajando lentamente por el pecho.
-Eh…Sofi…
-Perdón –dijo completamente ruborizada, sus manos se detuvieron por completo y parecían no encontrar objeto para canalizar lo embarazoso del momento. Me puse celoso, lo cual hacía a toda la situación absurda.
-¿Por qué? ¿Por qué tenias que arruinarme la vida? ¿Quién te da derecho a borrarme de un plumazo mis sueños? –le hubiese dicho a la dichosa Jazmin al tiempo que la tomaba de los brazos y la movía furiosamente si la hubiese tenido frente mío en algún momento. Mi cara cambio por completo, el día, que comenzaba a anochecer, cambió por completo, todo era completamente diferente. Diferente y lejano, como un mal sueño, todo tan repentinamente distinto a cada momento que no existía la posibilidad de asimilar algo cuando ya había mutado.
Me levanté, tome mi mochila llena de frases de canciones y mi abrigo y me dispuse a retirarme por donde vine, atravesar una vez mas la cortina de tapitas de cerveza, llegar al living repleto de objetos de origen asiático (chino mas precisamente) y, una vez sorteada la puerta, encontrarme con el felpudo que reza ¨Bienvenidos¨ que cobija miles de bichos bolita debajo del mismo.
-Espera… no te vayas –dijo Sofía con la voz quebrada, como quien está por llorar –sos prácticamente lo único que tengo, vos y la locura, en la escuela soy la loca, a los locos se los margina, se los repele, se los expulsa, se los emancipa, pero ¿Quién es el loco? ¿Alguien creativo? ¿Alguien que vive sin importarle el que diran? ¿Los que son felices con cosas simples? Hubo un sabio que dijo que una persona con ideas nuevas es un loco, hasta que sus ideas triunfan, todo un genio, todo un visionario, todo un loco… ¿Entendes? Si te vas me quedo sola con mi locura y mi soledad, por favor te lo pido, quédate, solo esta noche…
-La locura, la soledad y la noche inspiran, si me voy podes escribir, dejar toda tu locura y darle forma, hacerla de arcilla y moldear historias, dejar tu dolor en el papel, a mucha gente le salvo la vida…
-Tengo dieciseis toneladas de papel explicando mi dolor, mi soledad y mi locura, ¿Mi vida? No tiene salvación, sin ir mas lejos sos la primer persona que viene a mi casa sin un titulo que la habilite a practicar la psicología o sin prejuicios a hacerme compañía, aunque sea en silencio, creo que tus silencios son lo mejor que me pasó en mucho tiempo…
La abrace, sus lagrimas me mojaban el hombro, con una mano rodeaba su cintura, con la otra acariciaba su pelo en la cara posterior del cráneo, sus extremidades superiores se perdían entre ella y yo dando una sensación de mayor desamparo de su parte.
-Pero eso si… nunca, por favor nunca te ilusiones conmigo, no soy para vos, no soy para nadie… soy una montaña rusa de sufrimiento… solo lograría enloquecerte. De alguna manera que ni yo conozco se que puedo confiar en vos, por eso estas acá y ahora, por eso se que vas a estar siempre, mientras no me faltes, todavía vale la pena respirar. Pero no voy a poder hacerte feliz, nunca, ni a vos ni a nadie, el mundo esta lleno de imbéciles y vos vales la pena pendejo… nunca se te ocurra perder tu tiempo conmigo.
Permanecí mudo, siempre sin dejar de arroparla entre mis brazos, pero sin poder siquiera levantar la vista para contemplarla, el café se había enfriado, yacía helado en las tazas de vidrio marrón, pero poco me importaba en ese momento, ese detalle resultaba prácticamente anecdótico. Ella se alejó de mi cuerpo, prendió un nuevo cigarrillo y se dejó caer en la cama vencida por su existencia, retiro el cilindro de papel con tabaco de su boca y lo deposito entre los dedos medio e índice, su anatomía se hallaba con las rodillas a la altura de su pecho, acostada, y sus brazos abrazaban sus extremidades inferiores, siempre repitiendo lo mismo.
-Mamá, mamá…
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