Derox35
Usuario (Argentina)
Ideas de amigos Mientras miro una ventana le pongo el doble de azúcar al café, estoy tratando de endulzar mi vida, aunque un vestigio amargo no se va. Este sabor no es sólo un sabor, es una imagen, la de un garabato, es un sonido, el de un ruido, perturbando lo perfectamente perturbable. No se qué hacer, tal vez cambiar de meta, pero hacia el final todas las metas se reducen a la satisfacción. La desconfianza me incita, me quiere hacer creer cosas, es cruel y oscura, es la desconfianza contra mi mismo. Como una ciudad mal diseñada, una estructura errónea es su forma física que lo lamenta pero con pureza es su corazón. Así creo que soy, un sádico perseguidor de un masoquismo que me destruye y creo que merezco. Sugestionado por los complejos de ese infante niño que alguna ves fui y sigo siendo. Repitiendo siempre la misma cinta, seleccionando siempre las mismas fichas, apostando siempre al mismo número. Mis cálculos me dicen que ya jamás ganaré, si es que algún día lo hice. Mi otro yo me susurra que cambiar de números es aún más arriesgado. Parece que existe una especie de clisé es la vida anímica de las personas, aunque alguien más grande que yo ya ha escrito sobre eso hace ciento dos años. No es que mis intenciones sean robarme ideas, pero es que algunas letras son demasiado influyentes para un hombre tan trivial como yo. Empero podría decir teóricamente que me han plagiado muchas de las mías, desde tiempos en que era pequeño. Sólo teóricamente, pues muchas sombras con más ingenio que yo pensaron las mimas tesis en un mismo tiempo. Esto me transpone a la teoría que me comentaba un amigo una mañana. “Todo hecho y suceso en una civilización cumple un estricto nivel de inexorabilidad” ¿Porqué? Dirían los legos, pues porque ese momento lo ameritaba, lo exigía, las circunstancias condicionaban el destino de los eventos. Sólo los personajes son variantes, si alguien no actúa, no reúne el valor o está demasiado cuerdo para dar el gran salto, otro lo hará por él. Tal vez el motor de mi insatisfacción también sea necesaria en la época que me toco vivir. El inexorable padecimiento que muchos sufren es propio del tiempo. No se si es leve o es intenso, ya que el resultado sólo lo infiero a través de la comparación con otras épocas. Materialización de ideas, nunca fui bueno para poner en marcha los planes, aunque siempre es grato tener varios por si alguno falla. Lo paradójico es que los planes nunca fallan, son los hombres al ejecutarlos o inventarlos. Comprendí que los planes son sólo ideas. Todo conduce a la sobreestimación de representaciones simbólicas, cognitivamente hablando, los pensamientos, los recuerdos, los sentimientos, ideas y por sobre todo expectativas. Algunos tan cortos e intangibles que ni siquiera se podría decir que existieron. Otros tan acreditados que podrían alterar el futuro integro de una vida, o lo que excede más la imaginación, el futuro de un mundo hecho de sabiduría. Escribo y robo unas letras a un hombre que vivió hace mucho, cuantiosamente más sabio que yo, disfrutó de pasiones que ni siquiera conozco. Era un mal escritor al igual que quien les escribe pero tuvo eso que yo nunca tendré, un alma. Siendo sincero tuve una, de pequeño, como obsequio de mis padre. La verdad de cómo la perdí se encuentra en mi biografía de tomo y medio. Fue por las desventuras, ellas me la arrebataron, siendo yo un ingenuo por haber depositado fragmentos de mi persona en representantes erróneos. No podía predecir ni sabia que me abandonarían, y con ellos la poca luz que me iluminaba. Es probable que la teoría de otro amigo me ayude a comprender los artículos mundanos y silvestres que pretendo escribir. Cuando me doy cuenta que la olvidé. Se escapan de mí las soluciones, me condeno a mi mismo al purgatorio de espontaneas comprensiones. Lo que me resta escribir son las criticas de mis propios libros, sé de ante mano que no serán bien recibidos, ya que defraude a todos aquellos que me leyeron. No lo veo un fundamento lícito para dejar de escribir. Me tendré que conformar con esas pequeñas aventuras que se encuentran a diario, esas en que soy el héroe, en que puedo ofrecerle al mundo mi mejor esfuerzo, sin ser rechazado antes. Sueños, algunos le dicen. M.B
64,22 Camino por los corredores del espacio y del polvo. Veo algunas sublimes estrellas pero son muy pocas y ellas no me ven a mi. Puedo escuchar la risa de almas en esencia juiciosas, creo que hacen burlas hacia mis defectos. No apuro el paso, porque son almas marchitas y débiles y en el fondo sé que me temen. Lo que me produce cierto mal estar pero su temor tiene lógica. Ahora supongamos que todas las mentiras del mundo son ciertas ¿No seria un mundo más feliz? A veces la verdad hiere a las personas pero para algunos es aprovechable ¿Puedo usar verdades para hacer daño? Un hombre a veces presume sus virtudes intelectuales, de forma escondida y misteriosa, no es justificable la soberbia pero algunos sólo eso tenemos, nuestras ideas. Me saco el sombrero frente a pensamientos de otros espectros, en una ocasión estuve ocho horas seguidas de pie esperando a uno. Me entretuve pensando en muchas ecuaciones cuya X era igual a sesenta y cuatro coma veintidós. Recuerdo la ultima vez que fui en busca del diario de una hermosa musa. Tardé una noche entera y atravesé una bestial tormenta. El agua caía ferozmente sobre mis ojos, como nunca aprecie antes. En cierto punto lo disfrutaba, la lluvia es prodigiosa, era magia lo que caía a mi rostro. En un momento intenté volar pero las revoloteadas brisas no me lo permitían, fui a pie. Al hallar el diario me obsesioné, la mente de la musa que lo había escrito era sublime, ella era sublime. Por unos instantes enfrentarme al volátil carácter del clima había valido la mayor de las penas. Luego de una noche se esfumó, la preciosa musa se llevó el diario, lo robó de mis manos, viendo todo no pude darme cuenta ni hacer nada. Me quedé sentado en medio de una fila de edificios mal pintados. Coloreé las paredes con ecuaciones y otras cuentas, todas daban el mismo resultado, un número que empezaba con seis, al parecer lo olvidé. Después de un tiempo mis ánimos, también llamados amigos, me obligaron a levantarme con el pie derecho. Supongo que trataron de cuidarme. Cierto eudemonismo me incita a ser feliz. Es inexorable el serlo para esta filosofía que acabo de conocer. Trato de comprender pero el íntimo pensamiento catastrófico que me aconseja a veces me hace comprender que eso es insostenible. Vuelve a mí la idea de las verdades hirientes. Especulo que la felicidad demanda perfección, un concepto incomprensible para la humanidad. Una eterna condena a las épocas de la gran guerra parece que me trae esta nueva reflexión. Una resignación a nunca encontrar la felicidad completa, y una sentencia a buscarla perpetuamente. Una tarea épica es esta, digna de los sueños de heroísmo que me atormentan la vigilia últimamente ¿No es así mejor? No muchos se atrevería a decirme que no. El secreto de la felicidad es que es tan intangible como los otros diversos soles que explotan en los rincones del universo desconocido. Pero es tan visible como la misma luz de nuestra estrella madre. Todos a conciencia la vemos y reconocemos, sólo olvidamos su nombre y sus apodos. Lo que antes era un jardín del Edén ahora es un desierto marchito, que solo es útil para guardar recuerdos vacios ¿Por qué es aburrido? Tal vez sí pero seria mas provechoso recordar y admitir que la felicidad la poseemos todos. Buscar desde mi felicidad mucha más, una idea que me place en gran cantidad. Dejarme llevar por las mareas de ambición, al recóndito sitio de los que alguna vez fueron sórdidos para nuca mas volver a ello. Me hace pensar que la avaricia debería ser un mandamiento. Ahora deberé modificar los mapas de conquista en mis pretensiones. El entusiasmo es por comprensión un virus, la mejor de las plagas, por desgracia el miedo también los es. Creo que en mis deberes por demás está propagar entusiastas. Dejaré uno en cada hogar, tal ves el mundo aún se pueda salvar. Música y altruismo serán mis herramientas. Se me terminan las hojas así que no podre seguir fabulando, se me terminan los números, ya hice cuentas con la mayoría de los que existen. El día en que no pueda calcular más se romperán mis lápices. Pensar es trabajo de mi mente por ahora. Hacer un puente entre mis recuerdos y el extenuado fantasma, cauto y amigo de mi alma trataré. Recorriendo nubes, siguiendo huellas de un pasado tal vez interesante, conociendo otras mentes; aunque la mayoría no se dejan conocer. Sólo el destino sabrá y deparará el azaroso rincón de pared donde deba calcular para poder ver al fin. M.B