64,22
Camino por los corredores del espacio y
del polvo. Veo algunas sublimes estrellas pero son
muy pocas y ellas no me ven a mi. Puedo escuchar la
risa de almas en esencia juiciosas, creo que hacen burlas
hacia mis defectos. No apuro el paso, porque son
almas marchitas y débiles y en el fondo sé que me
temen. Lo que me produce cierto mal estar pero
su temor tiene lógica.
Ahora supongamos que todas las mentiras del
mundo son ciertas ¿No seria un mundo más feliz?
A veces la verdad hiere a las personas pero para algunos
es aprovechable ¿Puedo usar verdades para
hacer daño?
Un hombre a veces presume sus virtudes intelectuales,
de forma escondida y misteriosa, no es justificable la
soberbia pero algunos sólo eso tenemos,
nuestras ideas. Me saco el sombrero frente a pensamientos
de otros espectros, en una ocasión estuve ocho horas
seguidas de pie esperando a uno. Me entretuve
pensando en muchas ecuaciones cuya X
era igual a sesenta y cuatro coma veintidós.
Recuerdo la ultima vez que fui en busca del diario
de una hermosa musa. Tardé una noche entera y atravesé
una bestial tormenta. El agua caía ferozmente sobre mis
ojos, como nunca aprecie antes. En cierto punto lo
disfrutaba, la lluvia es prodigiosa, era magia lo que
caía a mi rostro. En un momento intenté volar pero las
revoloteadas brisas no me lo permitían, fui a pie.
Al hallar el diario me obsesioné, la mente de la musa
que lo había escrito era sublime, ella era sublime. Por unos
instantes enfrentarme al volátil carácter del clima había
valido la mayor de las penas.
Luego de una noche se esfumó, la preciosa musa
se llevó el diario, lo robó de mis manos, viendo todo no
pude darme cuenta ni hacer nada. Me quedé sentado
en medio de una fila de edificios mal pintados. Coloreé las
paredes con ecuaciones y otras cuentas, todas daban el
mismo resultado, un número que empezaba con seis, al
parecer lo olvidé. Después de un tiempo mis ánimos, también
llamados amigos, me obligaron a levantarme con el
pie derecho. Supongo que trataron de cuidarme.
Cierto eudemonismo me incita a ser feliz. Es inexorable
el serlo para esta filosofía que acabo de conocer. Trato de
comprender pero el íntimo pensamiento catastrófico que me
aconseja a veces me hace comprender que eso es insostenible.
Vuelve a mí la idea de las verdades hirientes. Especulo que
la felicidad demanda perfección, un concepto incomprensible
para la humanidad. Una eterna condena a las épocas de
la gran guerra parece que me trae esta nueva reflexión.
Una resignación a nunca encontrar la felicidad completa, y
una sentencia a buscarla perpetuamente. Una tarea épica
es esta, digna de los sueños de heroísmo que me atormentan la
vigilia últimamente ¿No es así mejor?
No muchos se atrevería a decirme que no. El secreto de la
felicidad es que es tan intangible como los otros
diversos soles que explotan en los rincones del universo
desconocido. Pero es tan visible como la misma luz de nuestra
estrella madre. Todos a conciencia la vemos y reconocemos,
sólo olvidamos su nombre y sus apodos.
Lo que antes era un jardín del Edén ahora es un
desierto marchito, que solo es útil para guardar recuerdos
vacios ¿Por qué es aburrido?
Tal vez sí pero seria mas provechoso recordar y
admitir que la felicidad la poseemos todos.
Buscar desde mi felicidad mucha más, una idea que
me place en gran cantidad. Dejarme llevar por las mareas
de ambición, al recóndito sitio de los que alguna vez fueron
sórdidos para nuca mas volver a ello. Me hace pensar que la
avaricia debería ser un mandamiento. Ahora deberé
modificar los mapas de conquista en mis pretensiones.
El entusiasmo es por comprensión un virus, la mejor
de las plagas, por desgracia el miedo también los es.
Creo que en mis deberes por demás está propagar entusiastas.
Dejaré uno en cada hogar, tal ves el mundo aún se
pueda salvar. Música y altruismo serán mis herramientas.
Se me terminan las hojas así que no podre seguir
fabulando, se me terminan los números, ya hice cuentas con la
mayoría de los que existen. El día en que no pueda calcular más
se romperán mis lápices. Pensar es trabajo de mi mente
por ahora. Hacer un puente entre mis recuerdos
y el extenuado fantasma, cauto y amigo de mi alma trataré.
Recorriendo nubes, siguiendo huellas de un
pasado tal vez interesante, conociendo otras mentes;
aunque la mayoría no se dejan conocer. Sólo el destino
sabrá y deparará el azaroso rincón de pared donde
deba calcular para poder ver al fin.
M.B
Camino por los corredores del espacio y
del polvo. Veo algunas sublimes estrellas pero son
muy pocas y ellas no me ven a mi. Puedo escuchar la
risa de almas en esencia juiciosas, creo que hacen burlas
hacia mis defectos. No apuro el paso, porque son
almas marchitas y débiles y en el fondo sé que me
temen. Lo que me produce cierto mal estar pero
su temor tiene lógica.
Ahora supongamos que todas las mentiras del
mundo son ciertas ¿No seria un mundo más feliz?
A veces la verdad hiere a las personas pero para algunos
es aprovechable ¿Puedo usar verdades para
hacer daño?
Un hombre a veces presume sus virtudes intelectuales,
de forma escondida y misteriosa, no es justificable la
soberbia pero algunos sólo eso tenemos,
nuestras ideas. Me saco el sombrero frente a pensamientos
de otros espectros, en una ocasión estuve ocho horas
seguidas de pie esperando a uno. Me entretuve
pensando en muchas ecuaciones cuya X
era igual a sesenta y cuatro coma veintidós.
Recuerdo la ultima vez que fui en busca del diario
de una hermosa musa. Tardé una noche entera y atravesé
una bestial tormenta. El agua caía ferozmente sobre mis
ojos, como nunca aprecie antes. En cierto punto lo
disfrutaba, la lluvia es prodigiosa, era magia lo que
caía a mi rostro. En un momento intenté volar pero las
revoloteadas brisas no me lo permitían, fui a pie.
Al hallar el diario me obsesioné, la mente de la musa
que lo había escrito era sublime, ella era sublime. Por unos
instantes enfrentarme al volátil carácter del clima había
valido la mayor de las penas.
Luego de una noche se esfumó, la preciosa musa
se llevó el diario, lo robó de mis manos, viendo todo no
pude darme cuenta ni hacer nada. Me quedé sentado
en medio de una fila de edificios mal pintados. Coloreé las
paredes con ecuaciones y otras cuentas, todas daban el
mismo resultado, un número que empezaba con seis, al
parecer lo olvidé. Después de un tiempo mis ánimos, también
llamados amigos, me obligaron a levantarme con el
pie derecho. Supongo que trataron de cuidarme.
Cierto eudemonismo me incita a ser feliz. Es inexorable
el serlo para esta filosofía que acabo de conocer. Trato de
comprender pero el íntimo pensamiento catastrófico que me
aconseja a veces me hace comprender que eso es insostenible.
Vuelve a mí la idea de las verdades hirientes. Especulo que
la felicidad demanda perfección, un concepto incomprensible
para la humanidad. Una eterna condena a las épocas de
la gran guerra parece que me trae esta nueva reflexión.
Una resignación a nunca encontrar la felicidad completa, y
una sentencia a buscarla perpetuamente. Una tarea épica
es esta, digna de los sueños de heroísmo que me atormentan la
vigilia últimamente ¿No es así mejor?
No muchos se atrevería a decirme que no. El secreto de la
felicidad es que es tan intangible como los otros
diversos soles que explotan en los rincones del universo
desconocido. Pero es tan visible como la misma luz de nuestra
estrella madre. Todos a conciencia la vemos y reconocemos,
sólo olvidamos su nombre y sus apodos.
Lo que antes era un jardín del Edén ahora es un
desierto marchito, que solo es útil para guardar recuerdos
vacios ¿Por qué es aburrido?
Tal vez sí pero seria mas provechoso recordar y
admitir que la felicidad la poseemos todos.
Buscar desde mi felicidad mucha más, una idea que
me place en gran cantidad. Dejarme llevar por las mareas
de ambición, al recóndito sitio de los que alguna vez fueron
sórdidos para nuca mas volver a ello. Me hace pensar que la
avaricia debería ser un mandamiento. Ahora deberé
modificar los mapas de conquista en mis pretensiones.
El entusiasmo es por comprensión un virus, la mejor
de las plagas, por desgracia el miedo también los es.
Creo que en mis deberes por demás está propagar entusiastas.
Dejaré uno en cada hogar, tal ves el mundo aún se
pueda salvar. Música y altruismo serán mis herramientas.
Se me terminan las hojas así que no podre seguir
fabulando, se me terminan los números, ya hice cuentas con la
mayoría de los que existen. El día en que no pueda calcular más
se romperán mis lápices. Pensar es trabajo de mi mente
por ahora. Hacer un puente entre mis recuerdos
y el extenuado fantasma, cauto y amigo de mi alma trataré.
Recorriendo nubes, siguiendo huellas de un
pasado tal vez interesante, conociendo otras mentes;
aunque la mayoría no se dejan conocer. Sólo el destino
sabrá y deparará el azaroso rincón de pared donde
deba calcular para poder ver al fin.
M.B