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Palabras de un aficionado a las ideas

Arte1/16/2014
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Camino por los corredores del espacio y

del polvo. Veo algunas sublimes estrellas pero son

muy pocas y ellas no me ven a mi. Puedo escuchar la

risa de almas en esencia juiciosas, creo que hacen burlas

hacia mis defectos. No apuro el paso, porque son

almas marchitas y débiles y en el fondo sé que me

temen. Lo que me produce cierto mal estar pero

su temor tiene lógica.



Ahora supongamos que todas las mentiras del

mundo son ciertas ¿No seria un mundo más feliz?

A veces la verdad hiere a las personas pero para algunos

es aprovechable ¿Puedo usar verdades para

hacer daño?



Un hombre a veces presume sus virtudes intelectuales,

de forma escondida y misteriosa, no es justificable la

soberbia pero algunos sólo eso tenemos,

nuestras ideas. Me saco el sombrero frente a pensamientos

de otros espectros, en una ocasión estuve ocho horas

seguidas de pie esperando a uno. Me entretuve

pensando en muchas ecuaciones cuya X

era igual a sesenta y cuatro coma veintidós.



Recuerdo la ultima vez que fui en busca del diario

de una hermosa musa. Tardé una noche entera y atravesé

una bestial tormenta. El agua caía ferozmente sobre mis

ojos, como nunca aprecie antes. En cierto punto lo

disfrutaba, la lluvia es prodigiosa, era magia lo que

caía a mi rostro. En un momento intenté volar pero las

revoloteadas brisas no me lo permitían, fui a pie.

Al hallar el diario me obsesioné, la mente de la musa

que lo había escrito era sublime, ella era sublime. Por unos

instantes enfrentarme al volátil carácter del clima había

valido la mayor de las penas.



Luego de una noche se esfumó, la preciosa musa

se llevó el diario, lo robó de mis manos, viendo todo no

pude darme cuenta ni hacer nada. Me quedé sentado

en medio de una fila de edificios mal pintados. Coloreé las

paredes con ecuaciones y otras cuentas, todas daban el

mismo resultado, un número que empezaba con seis, al

parecer lo olvidé. Después de un tiempo mis ánimos, también

llamados amigos, me obligaron a levantarme con el

pie derecho. Supongo que trataron de cuidarme.



Cierto eudemonismo me incita a ser feliz. Es inexorable

el serlo para esta filosofía que acabo de conocer. Trato de

comprender pero el íntimo pensamiento catastrófico que me

aconseja a veces me hace comprender que eso es insostenible.

Vuelve a mí la idea de las verdades hirientes. Especulo que

la felicidad demanda perfección, un concepto incomprensible

para la humanidad. Una eterna condena a las épocas de

la gran guerra parece que me trae esta nueva reflexión.



Una resignación a nunca encontrar la felicidad completa, y

una sentencia a buscarla perpetuamente. Una tarea épica

es esta, digna de los sueños de heroísmo que me atormentan la

vigilia últimamente ¿No es así mejor?

No muchos se atrevería a decirme que no. El secreto de la

felicidad es que es tan intangible como los otros

diversos soles que explotan en los rincones del universo

desconocido. Pero es tan visible como la misma luz de nuestra

estrella madre. Todos a conciencia la vemos y reconocemos,

sólo olvidamos su nombre y sus apodos.



Lo que antes era un jardín del Edén ahora es un

desierto marchito, que solo es útil para guardar recuerdos

vacios ¿Por qué es aburrido?

Tal vez sí pero seria mas provechoso recordar y

admitir que la felicidad la poseemos todos.



Buscar desde mi felicidad mucha más, una idea que

me place en gran cantidad. Dejarme llevar por las mareas

de ambición, al recóndito sitio de los que alguna vez fueron

sórdidos para nuca mas volver a ello. Me hace pensar que la

avaricia debería ser un mandamiento. Ahora deberé

modificar los mapas de conquista en mis pretensiones.



El entusiasmo es por comprensión un virus, la mejor

de las plagas, por desgracia el miedo también los es.

Creo que en mis deberes por demás está propagar entusiastas.

Dejaré uno en cada hogar, tal ves el mundo aún se

pueda salvar. Música y altruismo serán mis herramientas.



Se me terminan las hojas así que no podre seguir

fabulando, se me terminan los números, ya hice cuentas con la

mayoría de los que existen. El día en que no pueda calcular más

se romperán mis lápices. Pensar es trabajo de mi mente

por ahora. Hacer un puente entre mis recuerdos

y el extenuado fantasma, cauto y amigo de mi alma trataré.

Recorriendo nubes, siguiendo huellas de un

pasado tal vez interesante, conociendo otras mentes;

aunque la mayoría no se dejan conocer. Sólo el destino

sabrá y deparará el azaroso rincón de pared donde

deba calcular para poder ver al fin.







M.B
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