Ideas de amigos
Mientras miro una ventana le pongo el
doble de azúcar al café, estoy tratando de
endulzar mi vida, aunque un vestigio amargo
no se va.
Este sabor no es sólo un sabor, es una imagen,
la de un garabato, es un sonido, el de un ruido,
perturbando lo perfectamente perturbable.
No se qué hacer, tal vez cambiar de meta, pero hacia
el final todas las metas se reducen a la satisfacción.
La desconfianza me incita, me quiere hacer
creer cosas, es cruel y oscura, es la
desconfianza contra mi mismo.
Como una ciudad mal diseñada, una
estructura errónea es su forma física que lo lamenta
pero con pureza es su corazón. Así creo que soy, un
sádico perseguidor de un masoquismo que me
destruye y creo que merezco.
Sugestionado por los complejos de ese infante
niño que alguna ves fui y sigo siendo.
Repitiendo siempre la misma cinta, seleccionando
siempre las mismas fichas, apostando siempre
al mismo número.
Mis cálculos me dicen que ya jamás ganaré,
si es que algún día lo hice. Mi otro yo me
susurra que cambiar de números es aún más
arriesgado.
Parece que existe una especie de clisé es la vida
anímica de las personas, aunque alguien
más grande que yo ya ha escrito sobre eso hace
ciento dos años.
No es que mis intenciones sean robarme ideas,
pero es que algunas letras son demasiado influyentes
para un hombre tan trivial como yo. Empero
podría decir teóricamente que me han plagiado
muchas de las mías, desde tiempos en que era pequeño.
Sólo teóricamente, pues muchas sombras con más
ingenio que yo pensaron las mimas tesis en un
mismo tiempo.
Esto me transpone a la teoría que me comentaba
un amigo una mañana. “Todo hecho y suceso en una
civilización cumple un estricto nivel de inexorabilidad”
¿Porqué? Dirían los legos, pues porque ese
momento lo ameritaba, lo exigía, las circunstancias
condicionaban el destino de los eventos. Sólo los
personajes son variantes, si alguien no actúa, no reúne el valor
o está demasiado cuerdo para dar el gran salto, otro
lo hará por él.
Tal vez el motor de mi insatisfacción también
sea necesaria en la época que me toco vivir.
El inexorable padecimiento que muchos sufren es
propio del tiempo. No se si es leve o es intenso, ya que
el resultado sólo lo infiero a través de la comparación
con otras épocas.
Materialización de ideas, nunca fui bueno para
poner en marcha los planes, aunque siempre es grato
tener varios por si alguno falla. Lo paradójico es que
los planes nunca fallan, son los hombres al ejecutarlos
o inventarlos. Comprendí que los
planes son sólo ideas.
Todo conduce a la sobreestimación de representaciones
simbólicas, cognitivamente hablando, los
pensamientos, los recuerdos, los sentimientos, ideas
y por sobre todo expectativas. Algunos tan
cortos e intangibles que ni siquiera se podría decir que
existieron. Otros tan acreditados que podrían
alterar el futuro integro de una vida, o lo que excede
más la imaginación, el futuro de un mundo hecho de sabiduría.
Escribo y robo unas letras a un hombre que vivió hace
mucho, cuantiosamente más sabio que yo, disfrutó de
pasiones que ni siquiera conozco. Era un mal escritor al igual que
quien les escribe pero tuvo eso que yo nunca tendré, un alma.
Siendo sincero tuve una, de pequeño, como obsequio de
mis padre. La verdad de cómo la perdí se encuentra
en mi biografía de tomo y medio.
Fue por las desventuras, ellas me la arrebataron, siendo
yo un ingenuo por haber depositado fragmentos de mi persona
en representantes erróneos. No podía
predecir ni sabia que me abandonarían, y con ellos la
poca luz que me iluminaba.
Es probable que la teoría de otro amigo me ayude a
comprender los artículos mundanos y silvestres que pretendo
escribir. Cuando me doy cuenta que la olvidé.
Se escapan de mí las soluciones, me condeno a mi
mismo al purgatorio de espontaneas comprensiones.
Lo que me resta escribir son las criticas de mis propios
libros, sé de ante mano que no serán bien
recibidos, ya que defraude a todos aquellos que me leyeron.
No lo veo un fundamento lícito para dejar de escribir.
Me tendré que conformar con esas pequeñas
aventuras que se encuentran a diario, esas en que soy el héroe,
en que puedo ofrecerle al mundo mi mejor esfuerzo, sin ser
rechazado antes. Sueños, algunos le dicen.
M.B
Mientras miro una ventana le pongo el
doble de azúcar al café, estoy tratando de
endulzar mi vida, aunque un vestigio amargo
no se va.
Este sabor no es sólo un sabor, es una imagen,
la de un garabato, es un sonido, el de un ruido,
perturbando lo perfectamente perturbable.
No se qué hacer, tal vez cambiar de meta, pero hacia
el final todas las metas se reducen a la satisfacción.
La desconfianza me incita, me quiere hacer
creer cosas, es cruel y oscura, es la
desconfianza contra mi mismo.
Como una ciudad mal diseñada, una
estructura errónea es su forma física que lo lamenta
pero con pureza es su corazón. Así creo que soy, un
sádico perseguidor de un masoquismo que me
destruye y creo que merezco.
Sugestionado por los complejos de ese infante
niño que alguna ves fui y sigo siendo.
Repitiendo siempre la misma cinta, seleccionando
siempre las mismas fichas, apostando siempre
al mismo número.
Mis cálculos me dicen que ya jamás ganaré,
si es que algún día lo hice. Mi otro yo me
susurra que cambiar de números es aún más
arriesgado.
Parece que existe una especie de clisé es la vida
anímica de las personas, aunque alguien
más grande que yo ya ha escrito sobre eso hace
ciento dos años.
No es que mis intenciones sean robarme ideas,
pero es que algunas letras son demasiado influyentes
para un hombre tan trivial como yo. Empero
podría decir teóricamente que me han plagiado
muchas de las mías, desde tiempos en que era pequeño.
Sólo teóricamente, pues muchas sombras con más
ingenio que yo pensaron las mimas tesis en un
mismo tiempo.
Esto me transpone a la teoría que me comentaba
un amigo una mañana. “Todo hecho y suceso en una
civilización cumple un estricto nivel de inexorabilidad”
¿Porqué? Dirían los legos, pues porque ese
momento lo ameritaba, lo exigía, las circunstancias
condicionaban el destino de los eventos. Sólo los
personajes son variantes, si alguien no actúa, no reúne el valor
o está demasiado cuerdo para dar el gran salto, otro
lo hará por él.
Tal vez el motor de mi insatisfacción también
sea necesaria en la época que me toco vivir.
El inexorable padecimiento que muchos sufren es
propio del tiempo. No se si es leve o es intenso, ya que
el resultado sólo lo infiero a través de la comparación
con otras épocas.
Materialización de ideas, nunca fui bueno para
poner en marcha los planes, aunque siempre es grato
tener varios por si alguno falla. Lo paradójico es que
los planes nunca fallan, son los hombres al ejecutarlos
o inventarlos. Comprendí que los
planes son sólo ideas.
Todo conduce a la sobreestimación de representaciones
simbólicas, cognitivamente hablando, los
pensamientos, los recuerdos, los sentimientos, ideas
y por sobre todo expectativas. Algunos tan
cortos e intangibles que ni siquiera se podría decir que
existieron. Otros tan acreditados que podrían
alterar el futuro integro de una vida, o lo que excede
más la imaginación, el futuro de un mundo hecho de sabiduría.
Escribo y robo unas letras a un hombre que vivió hace
mucho, cuantiosamente más sabio que yo, disfrutó de
pasiones que ni siquiera conozco. Era un mal escritor al igual que
quien les escribe pero tuvo eso que yo nunca tendré, un alma.
Siendo sincero tuve una, de pequeño, como obsequio de
mis padre. La verdad de cómo la perdí se encuentra
en mi biografía de tomo y medio.
Fue por las desventuras, ellas me la arrebataron, siendo
yo un ingenuo por haber depositado fragmentos de mi persona
en representantes erróneos. No podía
predecir ni sabia que me abandonarían, y con ellos la
poca luz que me iluminaba.
Es probable que la teoría de otro amigo me ayude a
comprender los artículos mundanos y silvestres que pretendo
escribir. Cuando me doy cuenta que la olvidé.
Se escapan de mí las soluciones, me condeno a mi
mismo al purgatorio de espontaneas comprensiones.
Lo que me resta escribir son las criticas de mis propios
libros, sé de ante mano que no serán bien
recibidos, ya que defraude a todos aquellos que me leyeron.
No lo veo un fundamento lícito para dejar de escribir.
Me tendré que conformar con esas pequeñas
aventuras que se encuentran a diario, esas en que soy el héroe,
en que puedo ofrecerle al mundo mi mejor esfuerzo, sin ser
rechazado antes. Sueños, algunos le dicen.
M.B